Aquí les tengo otro capitulo de este fic, gracias por el apoyo y espero que siga en un futuro. Sé que este capitulo ha demorada DEMASIADO en ser publicado, pero les informo, me estoy preparando para mi prueba de admisión a Medicina y NO TENGO INTERNED T-T. Pero lo hice bastante largo intentando retribuir un poco todo lo que demorado, espero sea de su agrado. Ya saben que los reviews son el combustible de los escritores, además de una estimulación para esforzarse mucho más por sus lectores. Este capitulo esta dedicado también a Al Shinomori y Arcasdrea, dos personas muy especiales que siempre me acompañan. Y también es para todos aquellos que lo lean y me hagan saber su opinión. Gracias por todo.
POR FAVOR, LOS POEMAS O PEQUEÑOS VERSOS ESCRITOS SON CREADOS POR LA MENTE DE MEG-CHAN, SI QUIEREN UTILIZARLOS AVISENME. DIGANLE NO AL PLAGIO
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Son of War: An idyllic love
Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen, son propiedad exclusiva del grandioso mangaka Nobihuro Watsuki.
Datos de Interés
"-…-" Lo que dice un personaje
"-cursiva-" Lo que piensa un personaje
"" Cambio de escena.
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Capitulo # 6: Muerte
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---------------------Idyllic love --------------------
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Transeúntes inocentes somos,
por sus oscuros propósitos en las oquedades del alma.
Devora lentamente el tiempo en nuestra incertidumbre,
Con melodías oscuras de fondo, anunciando un funeral,
que solo ella sabe cuando se celebrará..
Con manos frías nos acaricia,
llevándonos a un sueño interminable e impalpable,
que en su deleite nos provoca,
incitándonos a caer en la eternidad de sus brazos.
Obsequia Edén para los inocentes
y fuego para los protervos..
Nunca la conoceré,
para mí esta prohibida.
Y siempre me preguntaré si la espero.
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La bóveda teñida de colores oscuros, era abandonada por las estrellas como castigo a su soberbia, relucía como el petróleo en aquel lugar. La torre del ala oeste del castillo, desgastada y maltratada por el tiempo, con tan solo dos habitaciones en el punto más alto. El viento murmuraba un mensaje, siendo el guía de un par de plumas quienes perdidas buscaban cumplir un sueño. Ascendieron hasta llegar al balcón de la habitación más alta de la torre y con suavidad entraron sin ser percibidas por los vampiros que custodiaban la entrada.
Buscaron al dueño de sus sueños encontrándolo inconsciente y atrapado en un ataúd rodeado de una barrera de veneno. Las plumas rozaron ligeramente a los vampiros que se pusieron en guardia al sentir la presencia de un intruso en aquel elegante calabozo del Rey, quedando instantáneamente en cenizas sobre el suelo al ser purificados.
Las plumas brillaron en dorado cayendo sobre el seguro que mantenía cerrado el ataúd, purificando la barrera. Se escucho un estruendo al estallar la tapa del ataúd para descubrir al vampiro semiconsciente. Largas uñas acompañadas de manos fuertes se apoyaron de los bordes del cofre para luego ver la figura erguida de un hombre. Sin duda alguna, el Rey de Citnea había despertado para volver y esta vez, sentirían su furia.
Una sonrisa acompañada de afilados colmillos se plasmo en su rostro al ver los vestigios de los que una vez fueron vampiros, en ambos lados de la entrada. Camino con pasos fuertes hasta la puerta, y antes de que abandonase la habitación, sintió una aroma conocido para él. Su corazón palpitaba desenfrenado en su pecho esperando que al voltearse, pudiera ver a aquella mujer que era su única razón de vivir. Se volteo buscándola y vio su silueta dibujaba entre las cortinas, el viento azoto fuerte contra las puertas del balcón abriéndolas de par en par y envolviéndolo hasta solo quedar un suave pero perceptible olor a jazmines.
Cayó de rodillas sintiéndose débil por el veneno que seguía circulando por sus venas y extrañado, su atención fue llamada por dos objetos que brillaban al lado del ataúd, sin duda eran de ella. Al tocarlas todo quedo claro para él y sin perder tiempo, se puso de pie. Salio de la habitación caminando con rapidez, ella le necesitaba.
Transido y confuso se encontraba luego de escuchar la divina voz femenina que lo libero de el letargo inducido por su peor enemigo, aquella que duerme a su lado. Entrecerró sus ojos ámbares intentando enfocar con claridad el camino que lo conduciría a la salida de aquella pagoda, sus torpes pasos y las gotas de sudor que caían por su frente, entorpecían su propósito. De su bolsillo resaltaban dos hermosas plumas color perla. Aquellas que habían emprendido un largo camino con la misión de romper el sello de la prisión en la que había permanecido inmóvil bajo los efectos de los eficientes venenos de su reina, al ser considerado un riesgo demasiado alto para correr, no ahora que tenía en su dominio al monarca de Lumen. Veneno, producto de un artífice en la materia, cada vez más efectivo en sus venas, sus fuerzas eran escasas y sus habilidades fueron reducidas, incluso menores a las de un ser humano. Con pasos tambaleantes y solamente con el sonido de su respiración, avanzaba por el pasillo apoyando sus manos en las paredes distinguiendo difícilmente el camino. Alcanzo a ver la escalera y los peldaños en descenso, la imagen en forma de caracol y su estropeada visión provocaron una extraña sensación en su estomago, nauseas. Quedo de rodillas tratando de llenar sus pulmones de aire nuevamente, en sus sienes sentía como la sangre aceleraba cada vez más su paso y el dolor de cabeza no permitía el desenvolvimiento correcto de sus dones de vampiro. Negándose al fracaso, intentaba sentir la presencia del monarca de Lumen sin éxito, luego de ver cercano su encuentro esperado desde hace ya diecinueve años. Conturbado golpeo la pared, aquel sentimiento indeleble palpitaba con más fuerza y le exigía verla con ansias, mas no tenía las fuerzas para ayudarla. Sabia que peligraba, podía sentir su aroma cada vez más débil, desvaneciéndose en cada rincón de la gran ciudad de Citnea.
En el vitral de la hermosa pagoda, colores púrpuras y rojizos mezclados con blanco se hicieron ver con incandescencia, una luz lo cegó momentáneamente. A través de las hendiduras, pudo ver el cielo, la bóveda oscura con matices rojos había sido pintada de un nuevo color, blanco. El espectáculo llamo la atención de los orbes dorados del Rey, y sin ninguna explicación, su cuerpo se alivio por unos momentos. Una hermosa pluma descendió del cielo cubierto por el manto oscuro de la noche eterna. Lentamente, bailaba con las corrientes de aire siendo seguida por ambos orbes dorados hasta caer en la alfombra roja, apacible, indeleble. Gris, era su color.
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"No me gusta que pongas esa cara, mi esposo es un Rey… el mejor de todos…
Eres tan impredecible, detrás de aquellos ojos ocultas tantas cosas,
Es lo que más me gusta de ti… Ámbar.
¿Crees que alguna vez te pueda ver llorar?
Siempre tienes que ser tan orgulloso, pero te amo, Hajime"
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En sus dedos sostenía la pluma que manchaba con su color brillante el rojo carmesí de la alfombra. Recuerdos bañados por la dulce voz de su esposa, siempre llena de amor mientras le colocaba los broches que sostenían la oscura capa que cubría su espalda, en cada ocasión especial en donde ambos hablaban al pueblo de Lumen, como rey y reina. Coloco la hermosa pluma en la palma de su mano y la resguardo, se apoyo en sus puños y logro quedar erguido. Veía difícilmente, sin embargo, ignoro la deficiencia de su campo visual teniendo una nueva fuerza, en su mente siempre recordaría la sonrisa que ella le obsequiaba cada vez que tenía dificultades, aquella que le había mostrado en la inenarrable noche en la que la perdió y la dejo en los brazos de su hermano como una de sus últimas peticiones. Una noche llena de adioses y verdades sin contar.
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---Flash Back---
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El ámbar se perdió en un océano de decepción, el vivido recuerdo de tres meses era todo lo que quedaba en esa noche llena de desgarradores gritos de terror y el sofocante calor que rodeaba al Templo por los ataques en la ciudad. Miraba la decepción en los ojos azules de su esposa luego de detenerla, siempre supo que su felicidad no duraría mucho, pero ella supo hacerlo el hombre más feliz del mundo en un corto plazo. Sus ojos alargados se cerraron y tomaron una decisión, sonrió calmado.
Tokio al ver la expresión en el rostro del vampiro, camino hasta él intentando salir de la habitación. Pero este la tomo por los brazos, y con tono firme y bajo le hizo saber que todo había llegado a su fin.
- Sabias que esto sucedería, después de tantos esfuerzos… y todo lo que me diste, sigo siendo un vampiro y tu, la Monarca de Lumen. – Saito suavizo el agarre por unos momentos, estaba buscando el tono adecuado o las palabras correctas para hacerle saber aunque sea un poco de la verdad que albergaba en su corazón. Cerró los ojos y acaricio la blanca piel de su esposa hasta llegar a sus manos, era la última vez que la acariciaría. - Lo siento, pero esta pelea debió darse antes y lo sabes. Quisiera haberte dado un poco de lo que tu me diste, Tokio, pero todo tiene fin y el de nosotros no será el mejor – finalizo con pesar. La miro con intensidad sintiéndose vil por lo que le haría al corazón de aquel ángel que solo le había brindado paz, tomo sus manos y sin decir más, se aparto de ella. Con pasos firmes camino hasta el tálamo en donde brillaba su espada sin funda, aprecio el filo teniéndola entre sus manos mientras en su interior, tomaba la decisión que cambiaria el curso de la historia.
Tokio abrió sus ojos y con tristeza vio como Saito tomaba la espada. Enmudeció al ver como ahora la veía con ojos fríos, los que poseían solo los asesinos de la noche. Deslizo sus manos siguiendo el mismo recorrido de las manos de Saito, disfrutando de aquel adiós silencioso que su amado le había escrito en la piel. Gimió de tristeza al ver el final de su relación, él había asumido ya su posición de combate. El Gatotsu se enfrentaría a la pureza del Pilar de Lumen, toda concentrada en el especioso báculo de plata hecho de las lágrimas de Shogo al perder a su hermana. Abrió sus alas respirando profundo, buscando determinación y fuerza para hacer algo de lo cual se arrepentiría. Ojos azules llenos de admoniciones confusas y suplicas, gritaban por una explicación a la actitud repentina de su esposo, aquel ser que amaba, pero sus palabras la forzaron a afrontar la realidad.
- ¡No hay tiempo que perder, Tokio! – exoro Saito mientras desaparecía en la oscuridad de la habitaciónsus ojos ámbares era lo único que se distinguía acechándola en silencio.
El cuarto estaba sumido en un silencio sepulcral, la respiración de ambos era lo único que escuchaban mientras veían los ojos de su enemigo. La jueza de la Ira desplegó sus alas con fiereza dispuesta a dar su castigo a quien obstruyera su camino mientras en el otro lado de la habitación, se escucho un sonido gélido como el metal. Ojos azules analizaban los movimientos tras una gama de ámbar y negro en el aire. El cielo anunciaba el fatídico destino que les esperaba, colores naranjas y oscuros cubrían la bóveda celeste, que fue cubierta por el espesor de la lluvia, quizás lagrimas por las vidas que sin compasión, eran arrebatas.
La oscuridad se apodero totalmente de la habitación, y solo el sonido del metal rompía el silencio. Ambos esquivaban los ataques con dificultad, mas ningún rasguño se anunciaba en sus cuerpos, una cascada azabache danzaba en el aire tras cada ataque acompañada de dos luces efímeras que brillaban ámbares en sus cuencas al acercarse el golpe. Y sin preverlo, ambos se detuvieron, analizándose en la oscuridad.
- "Me atacas… siempre seremos enemigos… aun así, yo creí que me amabas" – apretó con sus manos el báculo de plata con una piedra roja incrustada. En esos momentos traición se hacia presente en el corazón de la arcángel, siendo la mayor prueba para el amor de aquellos que juraban una eternidad juntos.
Destellos de ámbar comenzaron a rodear la habitación como si de un espejismo se tratase, acercándose cada vez más a su objetivo. El brillo del metal se dejo ver, supo que era el momento adecuado de atacar. Escucho su nombre y apretó el báculo contra su pecho antes de cerrar los ojos, sabia que no podía poner en riesgo el futuro de las almas que pesaban sobre sus hombros. Esquivo el ataque de su enemigo inclinándose hasta quedar apoyada en una sola rodilla, así quedando el abdomen y el pecho del vampiro a merced del poder del rubí que emanaba en la punta de su arma. El poder del báculo atravesó totalmente el pecho del vampiro. Saito cerro sus ojos al sentir como un rayo de luz destrozaba su pecho para luego sentir el frió metal atravesarlo para purificar su esencia, un grito mudo de su boca se escapo esparciendo sangre en el aire. Sus brazos quedaron suspendidos en el aire casi sin vida, abrió los ojos al sentir como el arma que antes lo había atravesado era sacada con rapidez. Ella seguía en la misma posición con el báculo en sus manos, cubierto con una espesa sustancia roja, que goteaba y se deslizaba hasta llegar a las manos de su dueña. Saito entrecerró los ojos y la vio con dulzura, comprendía que era su deber. Sus rodillas cedieron a su peso y con sus brazos la rodeo intentando sentirla por última vez. Los ojos azules de la pelinegra mostraban innata sorpresa y se abrieron aun más al ver que la espada de aquel hombre yacía abandonada en la esquina opuesta de la habitación. Pero el sonido que había escuchado antes fue vuelto a escuchar. De las manos del hombre cayo el pequeño medallón de plata con la piedra azul que ella le había regalado. Ya era muy tarde para arrepentirse, el destino ya había sido escrito y el engaño del vampiro tenía dos propósitos: la salvación de los humanos y la condenación de su propia alma.
- Te amo – dijo Saito antes de caer rodeando el delgado cuerpo del arcángel al no soportar más el peso de su cuerpo.
Un grito desgarrador se escucho de la garganta del arcángel. Lágrimas de angustia vana corrían libremente por sus mejillas confundiéndose con la sangre que había manchado su rostro al dar el golpe final, retrocedió poniendo sus manos en su cara, una sustancia carmesí mancho sus dedos al contacto y miro aterrorizada como había acabado con aquel vampiro; Y aun más al saber que él nunca tuvo intenciones de atacarla. El pánico se apodero de sus facciones mientras veía su túnica blanca manchada de aquella sustancia carmesí, miro sus manos con aversión llenas de la sangre de su esposo, vergüenza y arrepentimiento salían en forma cristalina por sus ojos. Sentía como si la quemase en sus manos, así tiro el báculo lleno de sangre. Corrió hacia él al ver que seguía con vida. El vampiro sonreía con dificultad intentando respirar al sentir la sangre en su boca, mientras ella acomodaba con delicadeza su cabeza en sus piernas.
- Perdóname... - dijo Tokio con sus ojos llenos de lagrimas, sus manos temblaban sobre la herida del hombre que ahora estaba recostado en sus piernas - No mueras... - suplicaban sus labios al no ver efecto de sus poderes en la herida que ella misma había causado.
- No te preocupes, así debía de ser, yo nunca te hubiera lastimado... Nunca - dijo Saito difícilmente mientras la sangre se aglomeraba más en su boca - Gracias por darme paz, aun sin merecerla... Mi querida Tokio - dijo alzando su mano, el ambarino. Deseaba tocarla por última vez, pero el destino siempre había sido cruel con aquellos que se amaban siendo prohibido.
Antes de que llegase a su destino, aquellos ojos ámbares, se opacaron al ser abrazados por la muerte. Su mano fue detenida en el aire por dos manos blancas como la porcelana, Tokio tomo su mano y la apego a su mejilla llena de lágrimas mezcladas con aquella sustancia que ahora escapaba sin darle la oportunidad de vivir a la persona que tanto amaba.
- Si tu mueres... si tu mueres... solo sufrirás eternamente - le dijo Tokio al ver como Saito era llevado por la muerte - Aunque me hayas aceptado en tu corazón, no te has arrepentido ni has pedido perdón por tus pecados... yo... no puedo... no permitiré que sufras, te amo demasiado para verte sufrir - Sus ojos azules derramaban lagrimas grises.
- Si solo mi vida puede traerte de vuelta... entonces, que así sea, mi querido Hajime - Tokio cerro sus ojos y unió sus manos aun con la de Saito entre ellas - Por favor, obséquienle más vida, Ángeles de la muerte, en recompensa, yo les daré mis alas... escuchen mis plegarias... - Su cuerpo empezó a brillar hasta que sus alas desaparecieron, en el aire levitaba una esfera dorada. Esta descendió hasta introducirse en el pecho del vampiro.
- Gracias - dijo Tokio antes de caer casi sin vida al lado del cuerpo de Saito, uniendo su mano a la de él.
La muerte esta prohibida para aquellos que traicionan la luz, aquellos que pierden su vida terrenal sin haberse arrepentido, sufrirán eternamente sin derecho al perdón. Saito era un vampiro sin importar que habitase Lumen. ¿Cuantas veces no había deseado morir para así descansar en paz? No importaba nada si con su muerte podía encontrar aquella tranquilidad que siempre había deseado. ¿Acaso algo había cambiado? ¿Ella era la paz que había buscado durante tres siglos?
Su rostro lo impulsaba a vivir cada día que despertaba, sus recuerdos pasaban tan rápido por sus ojos inundados por aquella sonrisa que ahora se ahogaba en la sangre que fluía libremente por su herida. Quería tocar su rostro por última vez, sentir su piel y aquel corazón latiendo nervioso por sus caricias, pero las fuerzas lo abandonaron y lo último que pudo distinguir fueron sus lágrimas sobre su rostro...Muerte.
Un extraño dolor invadió su pecho, la oscuridad lo rodeaba hasta que escucho su voz. Ella lo llamaba, pero la escuchaba tan triste, tan débil... él había muerto, entonces... ¿Por qué ella estaba desapareciendo? Abrió sus ojos desorbitados al sentir como la vida volvía a su cuerpo. Tomo bocanadas de aire sin fuerzas. Confundido y desorientado por estar vivo.
- Hajime... estas vivo, ya puedo... - las palabras se ahogaron en su garganta al sentir como su ser moría lentamente.
Saito escucho la voz de Tokio y un escalofrió recorrió todo su ser, giro su cuerpo con dificultad para poder verla. De su espalda salía abundante sangre y donde estaban sus alas solo había dos grandes heridas. Las palabras que había escuchado en su letargo tuvieron sentido para él, ella había dado su vida por él.
- Tokio... - susurro Saito mientras se arrastraba hasta donde ella yacía acostada viéndole, con una sonrisa - Tokio... ¿Qué importancia puede tener mi vida en comparación a la tuya?... Solo soy un vampiro, nada… ¿Como pudiste hacer esto? No merezco vivir, solo le causo sufrimiento a los que tu tanto amas - llego hasta ella y apoyo su frente en su hombro.
- Tómalo - dijo Tokio estirando su brazo y alcanzando el collar que había caído de las manos de Saito antes de morir - Así me recordarás siempre y te podré proteger, Hajime - sus ojos azules se llenaron de lagrimas nuevamente y dejo caer su cabeza, la que antes había alzado para ver los ojos del vampiro que ahora agarraba el hermoso zafiro entre sus ensangrentadas manos.
- No mueras, no me puedes dejar... no aquí, no en esta soledad - dijo Saito desesperado mientras colocaba su cabeza en el pecho de la pelinegra aferrándose a su túnica, empapándola con la sufrimiento.
- Mi querido vampiro, toma el Corazón de Levis, con esto, siempre estaré a tu lado... me recordarás para siempre - Tokio cerro sus ojos al sentir como el dolor desaparecía para darle paso a una extraña tranquilidad embriagadora.
- Si tan solo me brindarás un minuto de tu luz - Saito acerco sus labios a los de ella, fríos y temblorosos, que intentaron corresponderle sin ningún éxito - Si tan solo me brindaras un beso más, si me dejaras hacerte mía nuevamente... - el ambarino la apego a su cuerpo y pausadamente le dijo al oído - Esta vida que me has obsequiado, nunca recompensara el amor del cual me has privado... Mi querido Arcángel, en esta noche eterna que has dejado caer sobre mi, solo tu eras mi luz... solo tu me protegías de esta frialdad, no mueras, es lo único que pido - Saito unió sus labios una ultima vez a los de Tokio - Sin ti, ¿que haré? – susurro mientras la apartaba para ver por ultima vez el color de sus ojos, zafiro, que brillaban más que nunca y solo para él.
- Te amaré para toda la eternidad - dijo Tokio antes de besarlo y tomar la mano donde Saito guardaba el medallón. Las manos de ambos temblaron al tratar de dominar el poder que contenía el collar. Saito la vio sonreír triste y confuso, solo pudo verla sin entender el verdadero significado de aquel gesto - " Dile a Aoshi que siempre será mi pequeño hermano, entrégale mi cuerpo… Te prometo que nos volveremos a ver... Mi querido Hajime" - Tokio cerró sus ojos y ambos brillaron, emitiendo un resplandor que recorrió cada centímetro de Lumen acabando con cada vampiro que habitara la ciudad.
Saito abrió los ojos con debilidad y observo el cuerpo de su esposa pálido sobre él, su cabello caía sobre su rostro haciéndola ver hermosa incluso en su lecho de muerte. Con cuidado, la acomodo en sus brazos, ya erguido iba con aquella hermosa mujer como si fuera su más preciado tesoro. Borro de sus mejillas toda macula de muerte y tristeza al ver su rostro marcado por la batalla, quería que su esposa fuera recordada tan hermosa como siempre, así se dirigió a la pared de cristal a ver como se encontraba la ciudad. Todo lo que llenaba la vista del vampiro era muerte, la ciudad estaba en llamas y los cuerpos de los vampiros calcinados abundaban en las calles. Lagrimas se asomaron en sus ojos, y perdió el equilibrio momentáneamente al ver el producto de sus errores. Pasos apurados sus sentidos agudos captaron, por la puerta de la habitación apareció un joven de cabello negro y ojos azules; con vestigios de sangre en el rostro y su ropaje goteante rasgado.
Aoshi corría bajo la lluvia en busca de su hermana desde que la energía de esta había acabado con todos los vampiros para luego desaparecer. Sus ojos llenos de desesperación buscaban rastro alguno de vida en el Pilar de Lumen, pero cuando llego al cuarto, supo que sus sospechas eran ciertas. En el centro de la habitación, en donde siempre brillaba el alma de Tokio, había una pequeña criatura llorando. Se acerco con cuidado y tomo en sus brazos al pequeño bebe de ojos azules iguales a los de su hermana. El ojiazul lloro mientras abrazaba a la criatura y la dejaba en las manos de Shogo quien había ido tras de él. Sus pasos lo llevaron hasta donde dormía su hermana en matrimonio con aquel repulsivo vampiro, abrió la puerta y su mente se estremeció ante la escena.
- Aoshi… Tokio me pidió… ella quería, que pusieras su cuerpo en donde brillaba el Pilar de Lumen – dijo Saito al ver como el pelinegro miraba el cuerpo de su hermana sin vida. Sabía que de nada serviría explicarle los verdaderos hechos tras la muerte de Tokio, nunca le creería.
Aoshi no podía moverse, aquellos orbes azules se llenaron de lágrimas al ver el delicado cuerpo de su hermana sin vida. Escucho la petición del vampiro y reacciono ante su voz. Se lleno de ira en contra del vampiro, lo culpaba por la muerte de cada ciudadano y ahora, la de su querida hermana.
- ¡Suéltala! – Ordeno Aoshi acercándose hasta donde Saito yacía de rodillas y quitándole el cuerpo de su hermana - ¡Tú la mataste! – grito antes de desatar su ira en una de las mejillas del vampiro.
- … - Saito permaneció impávido lleno de dolor sin emitir palabra alguna. Sus ojos llenos de culpa miraban con comprensión al hermano menor de su esposa. Se levanto con dificultad y miro por última vez el cuerpo de Tokio, era lo único que podía hacer por ella, recordarla.
Camino adolorido y débil por el pasillo hasta llegar al centro del Pilar donde Shogo cargaba al pequeño bebe que ahora seria la ultima esperanza para Lumen. Sus ojos alargados miraron con admiración a la pequeña criatura. Ojos azules tan profundos como el océano, cabello negro azabache y piel perlada, igual a su fallecida esposa.
- "Nos volveremos a ver, tan solo espera por mi. No estarás solo" – la voz de Tokio lleno los pensamientos del vampiro que ahora salía de la gran ciudad de cristal con un solo pensamiento, esperar por el reencuentro con su querida Tokio. En su cuello llevaba el Corazón de Levis.
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---Fin del Flash Back---
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Una sonrisa se hizo ver en el rostro del vampiro, había llegado al último peldaño con gran esfuerzo. Giro para poder ver la escalera y cuando retomo su camino, alguien lo esperaba.
- Espero poder ayudarlo en algo, Saito-san - se escucho la voz grave de un hombre desde la oscuridad del pasillo - Kaoru ha sido trasladada a los aposentos de Kamatari, creo prudente que se apresure, ella planea utilizar sus poderes, o mejor dicho, su sangre - finalizo, no sin antes dejarse ver.
-Demoraste más de lo acordado, el veneno de Yumi empeoro mi condición más rápido de lo que pensábamos, sin la ayuda de ella no hubiera sobrevivido a las artimañas de aquel demonio. Purifica mi esencia hasta que pueda ver a Kaoru – dijo Saito al conocer la identidad de aquel misterioso sujeto que aguardaba por él.
- Para eso he venido, ya hemos esperado suficiente. Ella esta lista, Tokio-san me lo ha hecho saber, aunque debemos tener cuidado, tengo dudas aun sobre su resistencia ante la influencia de Yumi en su corazón – dijo dudoso mientras colocaba su mano derecha en su barbilla, el sujeto que aun permanecía protegido en la oscuridad.
- Aquel día que se la entregue a Aoshi, pensé que nunca la volvería a ver… ella me recordará, sé que lo hará – dijo Saito ante el miedo que sentía por no ser recordado por aquella persona que era especial para él.
- No olvide, Saito-san, que ella posee sus recuerdos y habilidades, mas no la madures para controlarlos… ¿Cree correcto estar con Kaoru? Battousai siente fuertes sentimientos hacia ella – el sujeto avanzo tres pasos, la iluminación del lugar revelo su rostro. La alta estatura y el hermoso juego de alas que lo acompañaban, hacian del joven alguien interesante y a la vez de temer. Avanzo hasta Saito y en sus manos, yacía el Corazón de Levis que pendía del cuello de Kaoru.
- ¿Un segundo Corazón de Levis? – miro asombrado Saito al ver el collar en la palma de su mano.
- Cuando Kaoru halla experimentado las emociones humanas podrá unir los dos collares y terminar con todo esto. Hasta ahora solo ha experimentado la Tristeza, Anhelo y Amistad, no sabemos como tomara Despecho, Odio y peor aun, Traición – anuncio con gran preocupación, agitando sus alas, el joven de castaña mirada.
- Anhelo… si, sus deseos de verme me sacaron de la habitación donde Yumi me había encerrado, pero aun no comprendo porque la hacen vivir todo esto – reclamo Saito con las plumas color perla de Kaoru en sus manos – Ella tendrá que experimentar Amor y Sacrificio, no es justo – cerro sus manos con las plumas en ellas.
- No me preocupan ninguna de las pruebas que acabas de mencionar, estoy seguro que ella las superará, Valor será la más fácil, pero… - Quedo en silencio, pensando si era correcto informarle al vampiro de su mayor temor – La muerte también es una de las pruebas, sabemos que Tokio-san la experimento en sus últimos momentos con usted, y no logró superarla ya que no esta con nosotros… Este es mi temor, que tenga que pasar por ella, incluso aunque Tokio-san la haya experimentado en su vida pasada – cerro sus ojos repasando cada momento desde que Tokio había muerto. No sabia que sucedería y no le agradaba perder el control.
- Ya me quitaron a Tokio una vez, no me la quitaran ahora, no lo permitiré – dijo Saito iracundo, cansado de todos los obstáculos que siempre se interponían en su felicidad. Miro con resignación las plumas de Kaoru y en su otra mano, la gris que habia caído antes.
- Sólo Hiko y yo, además de usted por supuesto, hemos tenido contacto con Tokio-san. Hay una posibilidad de que Aoshi también, pero no se han comunicado directamente, por eso… - el arcángel fue callado por Saito.
- Sé muy bien lo que tengo que hacer, Tokio me especifico sus intenciones, no diré nada acerca de las lágrimas, aunque presiento que en sus territorios están acogiendo al enemigo. También veo una debilidad, Hiko le ha tomado gran cariño a todos tus amigos y veo que tu también – dijo sonriendo, el ambarino – Tan solo espero que no cometa los mismos errores que tu cometiste, ya que solo ustedes pueden hacer realidad la profecía y aunque sea obvio, Sanosuke, en tus condiciones, ya dejaste de ser el candidato predilecto - finalizo Saito analizando el semblante enojado de Sanosuke. Éste solo lo miro severamente y le dio la espalda para emprender el camino hacia los aposentos de Kamatari.
- Una ultima cosa, Saito-san, por el bien de todos, no mencione nada acerca de Tokio-san, ellos no saben nada sobre las condiciones en la que murió y mucho menos, deben saber sobre el verdadero propósito de la existencia de Kaoru - advirtió Sanosuke, al detenerse sin verlo. Para Sanosuke, Saito no era una persona agradable, pero se merecía su respeto por mantener su posición a pesar de haber perdido toda esperanza y tras de todo, teniendo a su propia familia como enemigo. Las palabras de Tokio vinieron a su mente, de reojo miraba la cara de Saito mientras recordaba ver aquellos ojos llenos de esperanza en una cara más juvenil y cubierta por un espeso cabello rojizo.
"Cuando pasado y presente se unan, formando una sola emoción, se abrirá paso a la creación de Zión… del Mar vendrán sus poderes y de la oscuridad surgirá su salvador aplacando su furia"
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"El amor para algunos es un pecado, pero ¿puede algo tan hermoso ser un pecado aunque seamos enemigos?"
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El Templo de la Lujuria, constaba con una hermosa estructura de tres pisos y una cascada en su interior rodeada de un jardín de cerezos, lugar donde solo los jueces y los miembros del Consejo de Sabios podían meditar o purificarse si era necesario. Sus mosaicos de mármol grises eran delineados por los dedos juguetones de una linda pelinegra, un par de ojos esmeraldas veían divertidos las figuras talladas en las columnas rodeada de un agradable olor a flores. Corrió hasta el barandal para observar como Aoshi era purificado por Megumi y Hiko, se sonrojo al ver como Aoshi se quitaba la túnica ceremonial al terminar el ritual después de tres extensas horas, quedando cubierto solo por un hakama de color azulCon paso apurado llego a los jardines y con la punta de sus dedos disfruto del contacto del agua. Tres fuentes con hermosas flores de loto rodeaban la cascada y en una enorme piedra en forma cónica situada a un lado de la caída del agua, en donde estaban los jueces meditando. -(Para los que no saben, Hakama es un pantalón amplio utilizado en Japón)-
- Aoshi-sama – dijo Misao al verlo acercarse a ella.
- No deberías estar aquí, lo sabes, es peligroso - profirió Aoshi en tono severo antes de que dijese otra palabra, por lo que Misao bajo la mirada y lo siguió en silencio.
- Discúlpeme, tan solo quería saciar mi curiosidad, siempre me habían comentado sobre los hermosos jardines del Templo de la Lujuria, pero como a los ángeles no se les esta permitido entrar, me resignaba a imaginármelos – dijo con una gran sonrisa, Misao, intentando suavizar el semblante de Aoshi – Pero ahora que he tenido la oportunidad de verlos con mis propios ojos, siento una inmensa alegría por poder disfrutar de este glorioso paisaje – agrego mientras acomodaba su cabello, ya se había acostumbrado a tenerlo ondulado y ahora era un poco difícil mantenerlo en un solo lugar con la constante brisa que refrescaba el hermoso jardín.
- No tienes que disculparte – dijo Aoshi mientras la veía de reojo, acomodándose el cabello – Pero no vuelvas a entrar si no estas en mi compañía, este lugar esta prohibido y en tus condiciones podría ser incluso mortal – Aoshi se detuvo sin dar aviso y Misao choco con su espalda. Se quedo así, la yema de sus dedos tocaban la espalda masculina, disfrutando del contacto. Apenada, se alejo poniendo sus brazos detrás de ella mientras Aoshi daba la vuelta quedando frente a una tímida Misao que se rehusaba a mirarlo.
- Lo siento, Aoshi-sama – se excusó Misao al ir distraída. Sus ojos se abrieron al ver como Aoshi se acercaba a ella, sus rostros se acercaron, instintivamente cerró los ojos. Sintió una agradable calidez rodeando sus mejillas y luego el cuerpo musculoso muy cerca de ella. Para su sorpresa, dos mechones de su cabello eran amarrados con un broche dorado con azul por las ágiles manos de Aoshi.
- Creo que ya no te molestara más – dijo Aoshi aun cerca de Misao – pero no deberías estar tan nerviosa, no pienso hacer nada que te incomode– agrego el pelinegro mientras acariciaba con su mano derecha la mejilla de Misao.
- … - Misao no articulo palabra alguna, solo cerro los ojos y disfruto de la caricia – Gracias, Aoshi-sama – dijo con voz suave, cuando vio alejado al pelinegro de ella.
- Es extraño… - dijo en un tono melancólico, Aoshi, enfocando su mirada azul en el amplio pabellón lleno de esculturas, en su mayoría de ángeles. Pero aquellas esculturas eran de parejas, talladas por Sanosuke como obsequio a Megumi.
- ¿Qué sucede, Aoshi-sama? – pregunto, Misao preocupada al ver como los ojos azules de Aoshi ahora están empañados por una gran tristeza. Este la miro nuevamente al pronunciar su nombre como lo hacia Kaoru.
- Siempre he sabido como actuar, como reaccionar a cada emoción… - Aoshi cerro sus ojos mientras respiraba profundo – He vivido tantos años, sin embargo, estaba acostumbrado a suprimir mis emociones – agrego tornando su mirada azul en Misao.
Misao se sobresalto ante la declaración del ojiazul. Aoshi se acerco a ella hasta dejarla contra la pared de mármol. Por su mente, viajo rápidamente el recuerdo de su primer beso con el Juez de la Avaricia. Sus manos nerviosas tocaron la pared y giro su rostro evitando la cercanía del pelinegro.
- Creo que me esta agradando verte en esta posición – dijo sonriendo mientras Misao se sonrojaba cada vez más - ¿Tienes miedo? – le pregunto a Misao al ver que esta no se atrevía a verle a los ojos.
- No… - susurro Misao antes de mirarlo y relajarse un poco – Solo pienso que no es justo que se aproveche de mi tamaño – dijo fingiendo enojo.
- Es imposible no sacarle ventaja a tu aparente desventaja, aunque yo no lo veo así, para mi es una exquisitez difícil de resistir – dijo Aoshi mientras estrechaba las manos de Misao que permanecían contra la pared.
Ambos sonrieron antes de unir sus labios y besarse tiernamente. Aoshi la tomo en sus brazos y profundizo el beso mientras ella se aferraba a él con sus pequeñas manos intentando buscar apoyo. Para Misao era algo nuevo, la piel de Aoshi era calida y le transmitía toda clase de emociones, sus besos eran profundos, pero siendo desconocido ese mundo para ella, solo podía corresponder a sus besos. Sus pequeñas manos bajaron lentamente por la espalda de Aoshi dejando un camino rojizo por donde habían pasado sus uñas, hasta que él se detuvo al ver como temblaba por la falta de aire.
- No es justo – dijo Misao respirando agitada, recuperándose mientras Aoshi la mantenía apegada a él sin mostrar ninguna señal de agotamiento.
- Podría quedarme así por mucho tiempo, pero para ti, el aire es vital – agrego sonriendo el ojiazul – Cuando todo esto acabe, podremos estar juntos – dijo Aoshi antes de besarla nuevamente.
- Si – susurro Misao apoyando su mejilla en el amplio pecho masculino.
Aoshi cerró sus ojos y la abrazo acabando con el poco espacio que quedaba entre ellos, disfrutando de la pausada respiración de Misao en su pecho y de la tibies de su piel. Dejo que el pequeño cuerpo que permanecía entre sus brazos tocara el piso al escuchar el sonido de las campanas que indicaba el final del juicio que Megumi, como jueza de la lujuria, había impartido a un hombre infiel.
La aparto un poco y acaricio su mejilla aprovechando mientras apartaba un mechón de cabello negro que se aventuraba siempre por la frente de Misao, intentando privarlo de aquel esmeralda cristalino que lo tenía obsesionado.
- ¿Qué haremos ahora, Aoshi-sama? – pregunto Misao al ver como Aoshi se apartaba un poco de ella. Misao se sorprendió al ver como del cuerpo de Aoshi desaparecían las marcas hechas por sus uñas y al no ver señal de sangre en sus mejillas ni labios, a diferencia de ella que aun seguía sonrojada y agitada. Bajo la mirada avergonzada al recordar que él era un arcángel y que ella poseía un cuerpo terrenal.
- Megumi nos espera, ella es la única que puede decirnos la verdad acerca de tu nuevo estado –agrego Aoshi tomando la mano de Misao, pero algo en su mirada cambio - Los vampiros no pueden convertirse en ángeles, Misao… Por eso, es imposible que ahora que posees un cuerpo humano, sigas gozando del privilegio de la santidad como si fueras un ser de luz – agrego con tono melancólico, Aoshi.
Misao permaneció callada pensando en las palabras de Aoshi mientras subían hasta el tercer piso del Templo, donde los esperaba Megumi. La habitación estaba cubierta por una delicada alfombra hecha con hilos de oro, y en el fondo, un hermoso jardín con árboles de cerezo rodeaba el trono hecho de cristal, en donde el Juez de la Lujuria imponía el debido castigo según la falta que se cometiera. Aoshi apretó su mano y le indico que siguieran, Misao estaba embelesada por el lugar, el mármol blanco le daba un aspecto pulcro, las brillantes alfombras y las esculturas a sus costados eran hipnotizantes, por las paredes se deslizaba agua que caía en canales que recorrían todo el pasillo. Su vista se deslumbro al llegar al final del inigualable recorrido, sus pies abandonaron el mármol fino para sentir la delicada grama que brillaba verde ante sus ojos esmeraldas, y en el centro del hermoso edén, un pequeño templo hecho de cristal sostenido de cuatro columnas corintias. Ambos distinguieron la figura femenina tras las cortinas blancas que protegían al juez de la mirada de los pecadores mientras debatía por cual castigo era el adecuado.
- Megumi, hemos llegado – dijo Aoshi sin dar un paso más allá de los escalones que conducían al trono.
- Me alegra que estés aquí con la pequeña Misao, no sabes cuanto me ha servido haber purificado tu esencia, me ha facilitado enormemente sentir tu presencia – dijo Megumi abandonado su trono de jueza y dejándose ver ante Aoshi y Misao con su túnica gris, que en el pecho tenia grabado en una placa su rango de juez en la jerarquía del consejo.
- ¿Megumi-san? – dijo extrañada Misao al ver a Megumi con la túnica de juez.
- Misao, para poder descubrir la naturaleza de tu momentánea conversión en ángel, debo seguir las reglas impuestas para este ritual y entre ellas esta mi túnica, ya que se me fue concebida como distintivo ante los tronos, cierra los ojos y escuches lo que escuches, no los abras, ni siquiera intentes soltarme – advirtió Megumi al saber del peligro que corría si Misao se soltaba mientras exploraba su mente.
- Ten cuidado, Misao – Misao sintió como su mano fue agarrada por la de Aoshi, sus ojos azules estaban llenos de preocupación. No entendía que sucedía.
- ¿Aoshi-sama? – cuestiono Misao mientras Megumi la acostaba en un pequeño altar y mojaba su cabello.
- Cierra los ojos, Misao, es hora de recordar – le ordeno Megumi cerrando los ojos de Misao con sus manos - ¿Estas seguro de esto, Aoshi? Acaba de salir de un momento traumático y no creo que debamos remover cicatrices tan pronto – advirtió Megumi antes de seguir adelante.
- Confió que me la devuelvas sana y salva – dijo Aoshi antes de tocar el broche que adornaba el pecho de Misao.
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---Sueños de Misao---
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Misao abrió sus ojos, al sentir el olor a cadáveres que despedía la tierra supo de inmediato que estaba en Citnea. Su respiración se acelero y los nervios se apoderaron de ella. Corría con desesperación por las calles de la oscura ciudadela, viendo como los vampiros impuros que al igual que ella intentaban huir, mientras algunos eran capturados y llevados al castillo donde se les daba el debido entrenamiento como soldados. Se detuvo cansada y lloro en silencio, no podía creer que había vuelto a aquel lugar.
- ¡¡Aoshi-sama!! – Grito Misao tratando de encontrar al Juez de la Ira – Por favor… - no podía soportar estar en ese lugar. En su mano sintió levemente un agarre, la miro extrañada y una apacible ola recorrió su cuerpo como energía.
A lo lejos, un destello llamo su atención y se dirigió al lugar de donde emergía dicho resplandor. Abrió sus alas para llegar más rápido ocasionando una distorsión en tiempo, al aterrizar se horrorizo al ver a una figura conocida para ella. Kaoru estaba herida y sostenía su báculo enfrentado una vez más a Enishi.
- ¿Estoy viviendo todo de nuevo? – dijo desesperada Misao mientras intentaba detener a Enishi como lo hizo en un pasado. Con sus ojos busco a Aoshi al saber que estaba atrapada en una ilusión – Aoshi-sama… Aoshi-sama – susurraba su nombre con gran temor.
La habitación se hizo más oscura hasta que Kaoru y Enishi fueron indivisibles para ella, con sus manos trataba de alcanzarlos. Pero sus esfuerzos fueron inútiles hasta solo quedar ella sumida en una absoluta oscuridad.
- No quiero estar en este lugar… esto no es real, pero… no puedo evitar temerle – dijo Misao mientras tomaba su mano nuevamente al sentir presión en ella, cerro los ojos y sintió la esencia de Aoshi con ella, él tomaba su mano.
- Tranquila, sé que deben dolerte pero debes calmarte, tuviste suerte de que te enviaran a este pabellón – la voz de un hombre la despertó – Eras un ángel, es una lastima que hayas caído en estos territorios, creo que nos entenderemos muy bien – dijo el vampiro que con una peculiar calma, pasaba un trozo de tela húmeda por su frente limpiando sus heridas.
- Señor… ¿Cómo se llama? – dijo una asustada Misao con heridas en su rostro, al tratar de escapar de los reclutadores de soldados en sus primeros días de vampiro.
- Sanosuke, soy el guardián del príncipe y también entrenador de los soldados… Otra cosa, no me llames señor, puedes llamarme Sano – dijo el castaño haciendo ameno el ambiente para Misao, quien en esos momentos, había sido llevada a Citnea por primera vez.
- No estuve sola en mi estancia en Citnea, Sanosuke-san siempre me protegió hasta donde alcanzaba su poder – dijo con una sonrisa melancólica en su rostro, Misao.
Cuando abrió sus ojos, a sus pies se iniciaba el cementerio donde siempre se le eran asignadas sus misiones. Camino con calma y suspiro al ver la misma escena, ella recibiendo el mensaje de obtener sangre del monarca de Lumen, aunque horas después le informaron que no era necesario debido a la pronta visita voluntaria que haría el monarca.
- Misao, dime como obtuviste de vuelta tus alas… - la voz de Megumi interrumpió sus recuerdos
Por su mente pasaron los recuerdos de sus últimos momentos en Citnea, las manos de Kaoru sobre las suyas dándole el broche mientras veía con asombro la muñeca de Misao. De las manos de la pelinegra un destello emergió hasta llegar a las manos de Misao. Y sin saber porque, de los labios de Misao salio una frase que aclaro las dudas de Megumi.
- Mis alas… sus alas… - dijo Misao antes de recordar como había sido tele transportada por Kaoru.
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---Fin de los Sueños de Misao---
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Megumi abrió los ojos, así rompiendo el enlace que había hecho por medio del broche de Misao. Aoshi fue sorprendido por el repentino abrazo de Misao y lo rápido que Megumi había acabado con la conexión.
- Misao, dime que paso – dijo Aoshi mientras acariciaba su cabello – Tranquila, solo fue una ilusión, estas a salvo, conmigo – Aoshi la aparto tan solo un poco para poder secar sus lagrimas con cuidado.
- Volví a aquel lugar – dijo Misao con un tono de tristeza grabado en su voz – No pude evitar sentir miedo, quiero ser fuerte, Aoshi-sama… quiero volver a ese lugar con la frente en alto y demostrarles que mi lugar es a su lado – Misao lo abrazo nuevamente siendo aprisionada contra el pecho de Aoshi.
- Te pido disculpas por hacerte revivir aquellos momentos, pero ahora tenemos una misión que cumplir. Debemos recuperar a Kaoru lo antes posible, la condición de Misao es simple, esta ocurriendo el mismo fenómeno que sucedió con Sanosuke – dijo Megumi anunciando la seriedad del problema que ahora enfrentaban – Kaoru siempre ha tenido la habilidad de sentir el dolor de las personas que la rodean y hasta cierto punto, intercambiar su condición sana con la de la persona por instantes – agrego Megumi para quedar en silencio.
- Estas tratando de decirme que, Kaoru le cedió momentáneamente su privilegio a Misao… ósea que ella, ahora mismo carece del don de la divinidad – dijo Aoshi mientras sentía como Misao se aferraba más él.
- Las alas de Misao no son más que la proyección de protección que Kaoru ha hecho caer sobre ella, para que, en efecto, la luz no le haga ningún tipo de daño y mucho menos pueda ser purificada ocasionándole la muerte… Temo decir que en estos momentos, Kaoru solo esta siendo protegida por su propia esencia y fuerza. Si esto se mantiene por más tiempo, el cuerpo de Kaoru puede colapsar… ella es humana, no es como nosotros – agrego Megumi con gran preocupación mientras se acercaba al barandal y veía el Pilar de Lumen – Y como podrás ver, aun sigue protegiendo a Lumen – señalando al Pilar que brillaba en medio de la ciudad.
- No te has equivocado en ningún detalle, Megumi – dijo Hiko quien había escuchado todo en silencio, mientras abandonaba su cómoda posición recostado en una de las columnas sin ser visto – En estos momentos, Kaoru es una simple humana con poderes sobrenaturales. Su estado puede ser una ventaja para nosotros al estar cautiva, pero también es un gran riesgo. El cuerpo humano es débil y tiene un tiempo limitado de vida. Los poderes que Kaoru esta utilizando en estos momentos para mantener a Lumen iluminada, y proteger simultáneamente a Misao, pueden ocasionarle la muerte. Confió en su fortaleza pero no podemos dejar que esto se de por mucho tiempo. En Citnea estamos recibiendo ayuda, y con suerte podremos recuperarla sin más problemas… - Hiko permaneció en silencio mientras esperaba que sus discípulos asimilaran la información que se les otorgaba como una nueva oportunidad – Saito estará esperándolos, Aoshi, ahora que has sido purificado, tus poderes han resurgido al máximo… No me decepciones cuando veas al esposo de tu hermana, él ha pasado por momentos difíciles al igual que todos nosotros. Megumi… te encargo a Battousai; Y a ti, Misao, regrésale sus alas con éxito a Kaoru – finalizo las instrucciones de su misión, el robusto Juez del Orgullo, quien sonreía para ellos dándole su completa confianza. Cruzo sus brazos y se dispuso a marcharse.
- Hiko-sama – Misao miro a Aoshi y este dejo que fuera donde Hiko, que se detuvo al escuchar su voz – Sé que volveré a ser un vampiro cuando las alas de Kaoru-sama sean devueltas, pero… no puedo evitar preguntarme siempre, por el significado del símbolo en mi muñeca. Kaoru-sama lo vio y no se sorprendió, incluso se alegro al verlo. Aoshi-sama y Megumi-san no han podido verlo desde que llegue aquí… pero usted si – dijo Misao mientras le enseñaba a Hiko su muñeca provocando que el símbolo que en ella se encontraba grabado brillara como fuego en su piel.
Hiko tomo su muñeca y con sus dedos, formo una pequeña corriente en ascenso formando una espiral con los movimientos de sus dedos – Por supuesto que puedo verlo, aunque tu cuerpo aya sido contaminado con sangre de vampiro, no fuiste mordida directamente, por eso tu alma sigue intacta. Eso lo sabias perfectamente… Este es tu mayor temor, ser convertida por completo en un vampiro – dijo Hiko acortando la cercanía entre Misao y él, para ver sus ojos.
- Kaoru sabia que tú eras…- los ojos de Hiko se abrieron en sorpresa, para luego sonreír con picardía - Mi discípula es igual de inteligente que yo, Aoshi y Megumi no pueden verlo porque ellos son seres de luz, no tienen nada de humanos en ellos… solo sus emociones – le hizo saber Hiko a Misao.
- Hiko-san… ¿Usted tiene algo de humano en usted? – la pregunta inocente de Misao no se hizo esperar.
- No, pequeña Misao, pero no es necesario… ya que nosotros te escogimos como el Ángel guardián de las conexiones entre humanos y los cielos, tu eres como Kaoru. El Creador a decidido que los humanos tienen que ayudar en su propia salvación, por eso ustedes tendrán que luchar con cuerpos humanos y con una fortaleza espiritual superior a la de un ser de luz – la respuesta de Hiko solo causo más preguntas e incertidumbre en el corazón de todos los presentes – Ahora, si me permiten, iré a buscar a nuestro pequeño nuevo integrante que necesitaba reponerse adecuadamente – dijo jocosamente Hiko antes de partir haciendo un ademán con la mano.
- Si Kenshin lo escuchará… - dijo sonriendo sonoramente, Megumi, mientras correspondía al gesto de Hiko moviendo su mano en signo de despedida.
- Creo que te has acostumbrado a ese vampiro muy rápido, Megumi – reprocho, Aoshi, dándole la espalda a Megumi, quedando al frente de Misao.
- ¿Vam…vampiro? – cuestiono con un poco temor, Misao, buscando en los ojos de Aoshi seguridad.
- No hay porque alarmarse, es de los nuestros, tú lo debes conocer como Battousai, el hijo menor del Rey Saito – Aoshi se acerco a Misao al ver en su semblante temor. Ella se sorprendió un poco al escuchar el tono de preocupación en la voz de Aoshi. Sonrió para él y tomo su mano indicándole que no se preocupará por ella.
- … - Aoshi dudo un poco al sentir la mano de Misao sobre la suya, dentro de él comenzaba a nacer un nuevo sentimiento acompañado de la sorpresa al denotar lo que había hecho. Apretó un poco la mano que seguía entre las suyas y le devolvió la sonrisa a la cariñosa mujer que había llegado hace unas horas a su vida, pero que se estaba convirtiendo en algo especial. Su semblante cambio un poco al recordar que apenas ocho horas esa jovencita había llegado a él pidiendo ayuda, la miro interrogante sin saber como se había ganado su confianza tan rápido y como aquel sentimiento que ahora palpitaba en su interior había surgido en cuestión de minutos.
Sabia que la mujer que estaba delante de él era pura y perfecta, su corazón se lo gritaba cada vez que la tocaba y su necesidad de estar junto a ella crecía en copiosidad con tan solo oler el delicioso perfume a azucenas. La miro nuevamente tratando de convencerse de que todo estaba bien, quizás solo fuera su mente insensata que siempre se negaba la felicidad por miedo.
El agarre de su mano menguo y noto los constantes cambios en su mirada, aquellos ojos azules la miraban con desconfianza, en su interior, un gran dolor baño su ser al ver como su arcángel, ese ser perfecto de ojos azules del cual se había enamorado desde que lo vio por primera vez, se apartaba de ella con duda en sus ojos. Sus labios temblaron y aquellos orbes esmeraldas se llenaron de lágrimas, bajo la mirada para que él no viera sus ojos. ¿Qué podía hacer?
Él era un arcángel, un juez aun más importante, y ella, un vampiro. Un gemido se escapo de su garganta no pudiendo contener el dolor que le provocaba saber que no era digna de él. Sus ojos se abrieron en sorpresa al sentir un reconfortable calor envolviendo su mano, subió su mirada encontrándose con dos ojos azules que la miraban con preocupación. Sonrió, pues, ese era el arcángel que ella amaba, esos eran los ojos que siempre adoraría ver y esa era la expresión que daría su vida por ver cada día de su vida. Se sintió nerviosa al caer en cuenta de que Megumi los veía divertida y sin saber que decir, dijo lo primero que se le vino a la cabeza.
- El Príncipe Battousai siempre me trato con indiferencia, nunca me hizo daño, prefería mantenerse alejado de los campos de entrenamiento, aunque muchas veces escuche su voz al ser Sanosuke-san su guardián – dijo Misao con una sonrisa, tomando la mano de Aoshi entre las suyas.
Lo miro intensamente, buscando en sus ojos aquel sentimiento que vio desaparecer momentos atrás. Aoshi correspondió mirándola con la misma intensidad. En su rostro se formo una sonrisa, él había tomado la decisión de arriesgarse por ella, pero sabia que ella había percibido su duda y eso significaba, que la había lastimado.
Solo ellos entendían lo que había sucedido en cuestión de segundos, con tan solo miradas y silencio. Abrió sus brazos invitando a Misao y esta se acerco a él aceptando su abrazo, y sin que más nadie escuchara, de sus labios se escapo una frase. Misao se estremeció entre sus brazos comprendiendo el significado que aquella disculpa, cerró los ojos permitiendo que una lágrima se derramara y lo miro dulcemente, moviendo sus labios sin emitir sonido, pronunciando un te amo silencioso.
Megumi aclaro su garganta sintiéndose incomoda ante el silencio que se había formado entre aquellos dos. Miro al cielo y agradeció por ver a su amigo feliz, por ver que Aoshi sonreía y vivía por alguien.
Aoshi y Misao se miraron entre si sonrojados. Ambos miraron a Megumi, quien sonreía ante la esena.
El pelinegro se aclaro la garganta - Sanosuke a movido muchas cartas sin nuestra presencia – Aoshi suspiro sintiéndose aliviado por pronunciar una oración con sentido – Siempre ha sido así – resignado el pelinegro dijo. Megumi seguía riendo al ver como se esforzaba por parecer serio.
- Muy tierna la escena, considerando que mis ojos ven a un Juez y a una vampiresa – Una voz grave y fría se hizo escuchar desde la entrada del salón. Con pasos elegantes y estudiados, un joven de tez blanca, cabello café y rasgos finos, se acercaba dando pequeños aplausos en signo de irrisión.
- Ahora que se les ha informado de su nueva misión, vengo a quitarles esa infantil venda de los ojos…– Sus ojos carmesí veían con mofa la expresión de molestia en el semblante de los presentes al verlo llegar sin previo aviso – Que lastima que les moleste mi presencia, nunca me han agradado ni espero que me tengan aprecio, pero… es hora de que sepan quien es realmente su salvadora – fue lo ultimo que dijo antes de que sus ojos brillaran rojo sangre.
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No puedo seguir así…
Su cuerpo comenzaba a resentirse al esforzarse por mantener su alma purificada y el Pilar.
Saito-san…
De sus ojos salían lágrimas que se confundían con el agua que la rodeaba.
No puedo respirar en este lugar… duele.
En la cámara en la cual estaba aprisionada, tubos se conectaban con sus brazos.
No los dejaré… Tokio-san...
Afuera de la cámara, podía escuchar la voz de una mujer.
Mi sangre es un privilegio, ellos no la obtendrán.
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Yumi camino hasta los aposentos de Kamatari, la amplia habitación decorada en púrpura era en realidad un laboratorio, en donde realizaban sus experimentos con humanos y convocaban demonios a partir de esencias malignas. Luego de dar escasos pasos, la habitación cambiaba siendo las paredes de metal y dando un cambio súbito en la temperatura. Las seis mesas estaban colocadas a cada extremo de la habitación, metal manchado con rojo y gruesos surcos del mismo color cubrían las mesas que poseían correas de cuero donde en algunas, eran utilizadas para inmovilizar a sus conejillos de indias. Los ojos grises de aquel demonio se enfocaron en el fondo de dicha habitación, una enorme cámara llena de agua mantenía al monarca de Lumen en un estado de inconciencia. Se acerco y coloco su mano en el vidrio, siguió el camino de las burbujas hasta el rostro de una durmiente Kaoru. Un semblante torvo, conturbado e indómito se dibujaba en su rostro al verla, llena de rabia, golpeo iracunda el cristal que rodeaba el cuerpo de su presa.
- ¡¡Maldita!! – Exclamo, Yumi – Tiene el mismo rostro de esa maldita, es ella… solo que más joven. La odio… la odio, ¿Por que tiene que tener semejante parentesco?… ¿Por qué? – su voz se hizo delgada. Ávida de atención se sentía ante su esposo, que a pesar de estar a su lado nunca la había amado.
- Yumi-sama, tranquila. La mente es el peor enemigo, los recuerdos nos martillan en los momentos menos indicados… sea como sea, el corazón de una mujer nunca olvida – en sus hombros, dos manos femeninas se hicieron sentir.
- Es cierto, Kamatari, alguna vez fui una mujer. Pero me enamore de una persona que nunca me correspondió, incluso con mis poderes de demonio, él nunca me regalo una mirada de afecto… En cambio, cuando ve el collar que esa repugnante Arcángel le regalo… su rostro… - dijo llena de rencor, Yumi, mientras cerraba sus puños contra el cristal.
- Ya no importa, Yumi-sama, usted tiene al Señor… Él siempre esta para usted y la ayudara a ser la absoluta dueña de todo lo que sus ojos alcanzan a ver – dijo Kamatari.
La risa soez de Yumi se hizo escuchar en toda la habitación, agradeció a su sirviente palpando suavemente su mano dos veces. Dio la vuelta y una hermosa mujer se encontraba al frente de ella.
Kamatari al igual que ella era un súcubo, su largo cabello chocolate ondulado tapaba su espalda. Esta llevaba un delgado traje de encajes púrpura como su habitación, dejando gran parte de sus senos, abdomen y sus piernas al descubierto. Llevaba siete años en compañía de Yumi, quien la consideraba su única amiga aunque para ella este término no era más que una fantasía creada por los humanos al considerar a la soledad algo intolerable y hasta mortal. Una capa negra tapaba su cuerpo de la vista de todos, y más si era el Rey quien estaba en la habitación.
Kamatari se gano la confianza de Yumi con gran facilidad al demostrarle sus habilidades como científica, trabajando con venenos y con sangre humana, creaba maldiciones poderosas para los ángeles y soldados de menor rango pertenecientes a Lumen. Pero esta vez su objetivo era la sangre de Kaoru.
- Mi señora, por alguna razón, su sangre no fluye por los tubos que he conectado a su cuerpo – dijo consternada, Kamatari.
- Tranquila, esta chiquilla esta deteniendo su sangre, pero sobretodo… que ilusa es al pensar que podrá resistir sin dejar de proteger a Lumen – dijo mordaz, Yumi burlándose de las intenciones de Kaoru – Veamos que sucede si hago esto – declaro maliciosa mientras acercaba su mano al cristal - ¿Crees que eres más fuerte que yo? Solo eres una niña, producto de la desidia de Tokio… morirás. Solo eres un objeto en las manos de esa mujer mentirosa, eres una nimiedad en mi camino – dijo ufana, Yumi, mientras el liquido que rodeaba a Kaoru se tornaba rojo.
- Señora, el Rey Saito esta cerca – dijo Kamatari desde la puerta del laboratorio, viendo nerviosa las figuras que se acercaban a paso firme – Y viene acompañado de un ser de luz poderoso – agrego preocupada al sentir como la piel se quemaba en sus manos, las cuales presionaban el candado que evitaba el paso de ambos hombres.
- Kamatari, déjalos pasar…Le arruinare su encuentro de ensueño a mi marido, por ahora… Solo observa – dijo Yumi mientras le daba la espalda al cristal que protegía el cuerpo de Kaoru, jalando se una cuerda provocando que la cámara donde se encontraba Kaoru, fuera cubierta por dos cortinas oscuras.
Kamatari soltó el enorme candado y las puertas se abrieron de golpe dejando ver a Saito, detrás de él, Sanosuke lo precedía con su túnica de arcángel, dejando ya el disfraz de vampiro y tomando su verdadera identidad en la batalla que apenas estaba por comenzar.
- ¡Kaoru! – grito Saito al sentir la presencia tan parecida a la de Tokio en la habitación, con su mirada la busco mas no la encontró.
- No te habrás equivocado de nombre… no será que estas buscando a Tokio, esta niña tiene que saber que solo es una creación de una mujer pueril, llena de miedos – dijo Yumi burlándose de Saito y en conocimiento de que Kaoru podía escuchar cada una de sus palabras.
- Demonio, venimos por el Monarca de Lumen, no te interpongas en nuestro camino. Te aseguro que no eres rival para mi – declaro Sanosuke quien ahora daba un paso adelante quedando al lado de Saito.
- Tranquilo, Arcángel…pueden verla aunque ya sea demasiado tarde, pero no estoy tan segura de poder complacerte con tu ultima petición – dijo sonriendo, Yumi.
- ¿Arcángel? – Dijo con una sonrisa, Sanosuke - ¿Quién dijo que en esta habitación había un arcángel?
Sanosuke dejo ver sus tres pares de alas y con gran velocidad ataco a Yumi, este la tomo por el cuello. Su cuerpo brillaba en dorado y sus ojos ahora chocolates con destellos verdes veían con furia a Yumi quien trataba de zafarse del fuerte agarre de Sanosuke. La desafiante súcubo ahora estaba llena de pánico al saber la naturaleza del guardián de su hijo. ¿Quien pensaría que el amigable entrenador seria nada menos que un serafín?
- Tu no tienes ni el poder ni mucho menos la autoridad para desafiar mis ordenes, deja libre al Monarca de Lumen o te pesará caro – le dijo sin paciencia, Sanosuke.
- ¿Un serafín? Ustedes no pueden habitar este plano, no pueden mezclarse con los humanos… tu no puedes ser un serafín – dijo aterrorizada, Yumi, intentando soltarse del agarre de Sanosuke.
- Te olvidas acaso de las palabras de la profecía, es inútil que intentes si quiera vencerme o librarte de mi agarre, si quieres seguir en este plano, libera a Kaoru… sé que yace oculta tras esa cortina – dijo señalando la cortina que cubría la cámara donde permanecía Kaoru.
Saito al escuchar las palabras de Sanosuke, camino apresurado hasta quedar al frente de las cortinas y de un jalón dejo ver la cámara llena de agua.
- Kaoru… - dijo, Saito en un aspaviento. Sus ojos llenos de emoción tocaron el cristal, intento liberarla pero fue detenido por el grito de Sanosuke - ¡¡NO!! – grito al ver el color del agua y las heridas en los brazos de la jovencita que permanecía inconsciente.
- No puede ser – susurro Sanosuke con semblante preocupado, miro a Yumi quien sonreía triunfante a pesar de no poder respirar con facilidad. Miro a Saito quien lo miraba interrogante – La sangre y el veneno que este demonio mezcló con el agua la matarían… Kaoru… y en estos momentos… ella no es un arcángel – declaro resignado y abatido al no sentir la abrumadora esencia de Kaoru rodeándolos.
Saito dejo de ver a Sanosuke para centrar su mirada en Kaoru, sus ojos ahora consternados admiraban el delicado cuerpo femenino rodeado de tubos, luchando contra la energía maligna de Yumi.
- Te juro que te sacare de aquí, Kaoru… - dijo Saito colocando su mano en el cristal. Una pequeña corriente de energía recorrió su mano y cuando abrió sus ojos al sentir la presencia de Kaoru más fuerte, pudo ver que ella había colocado su mano en el mismo lugar que la de él. Las alas que Saito habia guardado en su bolsillo ahora brillaban fusionándose.
Los ojos de Yumi se llenaron de tristeza. Para Sanosuke esto no paso inadvertido, pero estaba confundido ante la reacción que tuvo el cuerpo de Kaoru ante la presencia de Saito incluso sin emitir señales de vida. Sus pensamientos fueron sacudidos, su mano tembló al sentir como Yumi abría sus ojos ahora llenos de rencor hacia Kaoru.
- ¡La Reina de Citnea soy yo! ¡Yo soy tu esposa! – grito iracunda antes de dirigirle una ráfaga de veneno a la cámara donde Kaoru permanecía cautiva.
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Ironías y mentiras,
enemigas de la razón de los hombres.
Destructivas y adictivas
llegan a ser en un alma llena de evasivas cobardes.
Inofensivas e invisibles
Son para aquellos que navegan en la pureza de la vida.
Siempre velare por un descuido, y si caes
mis palabras pueden llegar a lacerarte sin compasión.
- Gracias…- fue lo único que dijo Battousai al ver la copa llena de ese líquido vital para él. Sus ojos destellaron en ámbar por unos segundos mientras disfrutaba de su festín. Por su garganta se deslizaba la dulce sangre de una de las sacerdotisas de Lumen y podía sentir como su poder era recuperado.
- Tsubame, ve a descansar, después de esto debes estar débil y perdóname por hacerte esta petición – dijo Hiko sonriendo para Tsubame quien lo veía con ojos cansados.
- No se preocupe, Hiko-sama, espero poder ayudar a su amigo – dijo la hermosa sacerdotisa del Templo de la Gula antes de retirarse – Por favor, salude a Yahiko-kun de mi parte – agrego antes de irse y bostezar sin poder evitarlo.
- Ahora si que me siento bien, no había comido en dos días – Battousai limpiaba de sus labios aquella deliciosa sustancia carmesí para los vampiros.
- Esto es un inconveniente, no puedo estar pidiéndole sangre a todos los humanos cada vez que te hambre – dijo Hiko mientras veía con fastidio al pelirrojo.
- Soy un vampiro, he dejado bien claro que no deberían considerarme su compañero, solo tenemos… "objetivos similares" – espeto con tono frío y despectivo, Battousai.
- Baka deshi –gruñó Hiko antes de levantarse molesto por la arrogancia que algunas veces podía mostrar aquel vampiro.
- ¿Cómo dices? – le pregunto enojado ante el apelativo, el pelirrojo.
Durante todo el camino Hiko permaneció callado y él, enojado por el sobrenombre nada adecuado a su suponer. El collar de Levis perdía su intensidad y calor mientras pasada el tiempo, pero el ambarino desconocía este acontecimiento. Hiko le indico que entrara, estaban al frente del Templo de la Lujuria y por su mente, no pudo evitar pensar en mujeres quizás un poco descubiertas. Se asombro por su belleza y por supuesto, las sacerdotisas del templo lo admiraban aunque las miradas estaban concentradas en el Juez del Orgullo al ser más poderoso y aun más importante, un ser de luz y no un vampiro.
- ¿Qué pretende ese sujeto ahora? – dijo Hiko enojado antes de apurar su paso y dejar atrás a Battousai, quien lo siguió fastidiado y ofendido al ser olvidado con facilidad.
Cuando se detuvieron, pudo ver a Megumi, Aoshi y detrás de este, alguien conocido para él. Al frente de Hiko, un sujeto con ojos carmesíes los miraba desafiante.
- Hiko, veo que te unes a la reunión – dijo en tono de superioridad el sujeto de extraña mirada para Battousai, quien se asombro al ver como lo miraba con rencor. Al principio escucho sus lascivas palabras acompañadas de frases escuetas y lacónicas capaz de empequeñecer a cualquier ser si este no fuese centrado. No entendía porque atacaba a sus semejantes ni el propósito de dicha conversación en momentos como ese. Desprovisto de armas o información sobre el desconocido en cuestión, decidió analizar cada palabra a través de aquellos opales ámbares que nunca fallaban cuando miraban fría y calculadamente una situación.
- Shishio, si piensas que los provocaras, estas equivocado. Déjalos en paz, en estos momentos tienen que partir hacia Citnea – dijo con desidia, sin expresión en su rostro, Hiko. Muy diferente al que todos conocen.
- Yo solo quería entablar una conversación seria con los jueces, pero veo que siempre te interpones en el camino de la verdad… o quizás ya sabes que si analizo el fondo de sus corazones, puede que la encuentren, y no solo las fantasías que tu les haces creer a este grupo de incompetentes – dijo acercándose a Hiko, Shishio, con la intención de desafiarlo.
- Habla si eso es lo que quieres – dijo Aoshi preparado para encarar sus fantasmas.
- ¿En serio quieres escuchar la verdad, Aoshi? – dijo Shishio mientras sus ojos brillaran carmesíes.
- Si, dinos todo y déjate de juegos – esta vez quien hablo fue Megumi.
- Les diré algo que Hiko nunca les ha querido decir, pero que es mejor que sepan si no quieren seguir encariñándose con esa niña – las palabras de Shishio hicieron que Aoshi apretara sus puños – Kaoru sólo es un arma.
- ¡Cállate! –ordenó Hiko.
- ¿Un arma? – cuestiono Aoshi sintiéndose incomodo al dirigirse de esa forma a la persona que había cuidado desde que era pequeña.
- Si logran que esa niña una los dos corazones, luego de la creación de Zión, ella morirá. Solo es un recipiente para contener los sentimientos humanos y purificarlos hasta su máxima expresión, es solo la viva imagen de la debilidad de Tokio al no poder resistirse ante los encantos de los vampiros. Kaoru fue su forma de escapar a su muerte, y aunque para ustedes sea difícil, esa niña tiene que morir para poder formar el verdadero Corazón de Levis – espeto con rabia ante la ignorancia en la que estaban sumergidos a causa de los secretos de Hiko.
- Eso no es cierto… - susurro Aoshi – Ella vivirá… – dijo alzando por el cuello a Shishio quien solo disfruto aun mas y reía sonoramente.
- En serio crees que podrá, con un grupo tan patético como ustedes. A esa niña solo le espera la muerte. Un arcángel débil que su único fuerte es la curación, y tu Aoshi, quien sientes ese abominable amor hacia esa niña a pesar de que es la viva imagen de tu hermana – Shishio no pudo decir más, el puño de Aoshi lo hizo callar.
- Mis sentimientos por Kaoru, no son de tu incumbencia y te aseguro que la amo, pero siempre será como mi pequeña hija, el recuerdo de la hermana que me arrebataron. No intentes empañar su memoria y mucho menos ofenderme con tus sucias palabras – dijo ahora tranquilo, Aoshi.
- La verdad duele – dijo Shishio agarrando la mejilla resentida por el golpe de Aoshi – Pero si además ahora compartes tu vida con un vampiro, y te hago saber que eso es clasificado como traición – Aoshi dio un paso pero fue detenido por Misao quien le suplico que lo ignorara – Hasta esta niña es más inteligente que ustedes. Tan solo espero que no olviden que por ahora es imposible que la profecía se lleve a cabo, ya que gracias a Megumi no tenemos uno de los serafines – agrego sonriendo mientras veía como Hiko le decía con la mirada que su detuviera.
- ¿Pero que cosas dices? Yo que tengo que ver en esto, nunca he… - Megumi se detuvo al recordar las palabras de Sanosuke, con sus manos tapo su boca inconscientemente.
"Soy un vampiro, Megumi, nuestro amor y aquel mundo que una vez soñamos juntos, fue destruido por la guerra y mi origen."
- El día que se suscito la batalla entre vampiros y arcángeles, Sanosuke tenia prohibido intervenir en cualquier muerte. Estas son las verdaderas razones por la cual él murió al defenderte. Ahora sabes que por seducir a Sanosuke para obtener tu promoción a Juez, nos has dejado sin uno de los serafines, aun desconozco quienes son los otros dos, pero, te aseguro que pagaras caro esta ofensa y la obstrucción en el cumplimiento de la profecía – dijo disfrutando de la expresión de horror que Megumi tenia.
- ¿Sanosuke… un serafín? – se escucho la voz de Battousai.
- Sanosuke y otros dos fueron enviados al mundo de los humanos para ayudar al monarca de Lumen a acabar con la oscuridad de este mundo. La identidad de los otros será revelada a su debido tiempo. Es hora de que sepan que Sanosuke no los podrá ayudar en sus batallas, puede aconsejarlos y acompañarlos pero, los serafines son demasiados poderosos para este plano. Para eso fueron enviados los arcángeles y los ángeles a este mundo, estamos aquí para poner orden y llevar el mensaje de nuestro creador a los humanos que se desvíen del camino. Desde el final de los tiempos, los humanos que no obtuvieron la gracia de nuestro creador, se les dieron la oportunidad de demostrar que podían ser merecedores del perdón. Por eso se crearon cuatro ciudades, hermosas y diferentes. Citnea era gobernada por Saito como ya saben, este cegó por la sed de poder y su ciudad fue condenada a vivir en la oscuridad, yo gobernaba la tercera ciudad, pero me uní a Tokio en su lucha y juntos formamos Lumen. La cuarta ciudad fue destruida por Saito. Cabe decir que Genzai es un serafín como ustedes saben, por eso permanece sentado en el centro del Templo de Lux, él no puede ayudarnos ni mucho menos pelear, solo nos aconseja y toma las decisiones más difíciles. Y no se equivoquen, él no es ninguno de los serafines que esperan. Kaoru inevitablemente tendrá que experimentar toda clase de pruebas, es lo único que pide nuestro creador, que un humano demuestre que puede ser merecedor de la vida eterna, y que no importa lo que experimente puede mantener su pureza – dijo Hiko develando la verdad que por tanto tiempo había ocultado.
- ¿Ella morirá? – pregunto Battousai acercándose a Hiko. Aoshi y todos los demás esperaban la respuesta de Hiko.
- No puedo responder esa pregunta, Kaoru deberá pasar por diferentes pruebas, experimentar sentimientos negativos y positivos, y si su alma permanece pura significara que es la escogida para la creación de Zión – se limito a decir, Hiko.
- Diles la verdad – bufo Shishio quien permanecía cruzado de brazos disfrutando de la confusión que había creado en los corazones de los presentes – Para unir pasado y presente se necesita pasar por la ultima prueba, la muerte es una etapa que los humanos experimentan, por eso, ella debe morir voluntariamente. Sacrificio y muerte son la ultima prueba que ella afrontará, incluso aunque sea fuerte, ni Tokio pudo superarlas… ¿Qué les hace creer que esta niña podrá? Tendrá que vencer a los ángeles de la muerte, ser superior incluso que un serafín en pureza para poder renacer como uno. Si ella sobrevive tendrá que regir Zión, pero… - se detuvo – Si su corazón es manchado por la impureza, el Corazón de Levis puede ser utilizado para destruir este mundo o regirlo en tinieblas – agrego viendo la reacción de cada uno de los presentes.
- Por eso debemos protegerla, no podemos dejar que los vampiros la contaminen. Lo que él dice es verdad, pero no podemos dejar que esto nos haga decaer. Kaoru es fuerte y confió en que ella hallará la forma de volver a nosotros – dijo Hiko perdiendo por primera vez la potencia de su voz – Todos hemos perdido algo valioso en esta guerra, no podemos dejar que esto nos baje los ánimos – agrego tratando de animar a sus discípulos.
- Me puedes decir como este vampiro nos ayudará. Dudo que quiera volver a su estado original. Es débil y llena de miedos, su presencia solo les estorbará luego de que devuelva las alas. Y te advierto Aoshi, que pienses dos veces en elegirla, ya que los vampiros pueden manipular las emociones de sus adversarios, quien sabe y a influido en tu corazón para poder agarrarte desprevenido – Shishio seguía envenenado el ambiente con sus palabras.
- Guarda silencio si desconoces su desgracia, para sobrevivir a los Calabozos de Fatums hay que ser fuerte, incluso para los vampiros y ella lleva meses ahí. La apartaron de su hogar y desconocía todo lo que rodeaba, es natural que para los ojos de seres como nosotros fuera una presa fácil, pero incluso ejecuto misiones de alto rango. No juzgues a las personas ni intentes escabullirte en nuestros corazones porque solo estas viendo por encima y no lo que realmente sentimos – dijo enojado, Battousai al ver la prepotencia de Shishio en cada palabra que despedían sus labios.
- Battousai… - dijo con gran rencor, Shishio – Me sorprende que la defiendas, tu no amas a nadie. Si sientes algo por esa niña es por la sangre que corre por tus venas y el collar que Saito dejo en tu poder. Además… es inútil que intentes acercarte a Kaoru, ya que tu padre es el verdadero dueño del Corazón de Levis. Lo sabes… sabes que si ella ve a tu padre lo preferirá por encima de ti – finalizo antes de irse y mirar por ultima vez los ojos llenos de resentimiento de Hiko.
- Kenshin... – la voz de Hiko interrumpió los pensamientos del pelirrojo – No dejes que sus palabras te hagan dudar de tus sentimientos hacia Kaoru, el Corazón de Levis es cierto que pertenece a Saito, pero solo él que cuelga de tu cuello, ya que representa el corazón de Tokio – las palabras de Hiko eran escuchadas con atención por Battousai – Kaoru es diferente a ella, sabes que tienes la oportunidad de demostrarle que el nuevo dueño del Corazón de Levis eres tu, aquel que tiende del cuello de Kaoru, en tus manos esta ser el dueño del corazón de Kaoru – agrego Hiko mientras se acercaba al grupo.
- Sanosuke… - Megumi se dejo caer pesadamente - ¿Qué he hecho, Hiko-san? – dijo antes de tomar entre sus manos el hermoso dije que Sanosuke habia forjado para ella.
Megumi se sentía culpable por la muerte y la perdida de unos de los serafines que ayudarían en la salvación de aquel mundo que amaba, sus amigos miraban triste la escena. Ella había perdido a Sanosuke hace años atrás por un descuido, debido a su debilidad en el campo de batalla. El destino había cambiado y condenado su amor antes de que este existiese por el origen de sus progenitores.
- Hiko-san, ¿Podremos ser felices? Todo siempre esta en nuestra contra… - susurro Megumi mientras sus ojos se enfocaban en Misao y Aoshi – Mis queridos amigos, un arcángel y un vampiro… ¿Cómo puede ser traición algo tan hermoso? – sus ojos buscaron al pelirrojo de cabeza gacha que ahora apretaba sus puños – Kenshin… Siempre será un idilio, como Tokio-san y Saito, ambos se amaban con locura, pero corto fue el ensueño en manos de un destino despiadado – término tapando sus ojos con sus manos tratando de entender las pruebas que les designaban a medida que más se esforzaban.
- Un idilio… - dijo Battousai – Ella me dijo que en mis manos estaba el destino de nuestro amor, que yo podía cambiar su corta duración, por eso iré a buscarla y demostrarle que ni mi hermano ni mi padre son los dueños de su corazón. Kenshin lo es… yo soy él único capaz de salvarla y acabar con todo esto – dijo Kenshin tomando el collar que guindaba de su cuello y sorprendiéndose de su color.
Hiko se acerco a Megumi y la levanto sosteniéndola por ambos brazos. La pelinegra miro avergonzada a su maestro, nuevamente estaba siendo egoísta ante el sufrimiento ajeno. Pensó en todo lo que sus amigos habían vivido y superado.
- Ayúdeme a entrenar, Hiko-sama, para reencontrarme con él y demostrarle que yo también lo amo tanto como él a mí. Que sus sacrificios no han sido en vano, maestro… Quiero sobrevivir para verlo una vez más y decirle que no debemos temerle a este sentimiento – dijo Megumi apoyándose de los fuertes brazos de Hiko.
- Te ayudaré, pero ten cuidado con los verdaderos motivos de esta decisión. Eres un arcángel, no un humano, nuestra fuerza viene del interior no de lo físico. – sentencio Hiko esperando que nada sucediera cuando esta llegase a Citnea. Un mal presentimiento abarco su ser – "Megumi, sigues sin entender que tu fortaleza es tu corazón, no ninguna técnica de batalla, por eso Sanosuke se enamoro de ti"
- Vayamos a Citnea y recuperemos a Kaoru – dijeron todos al unísono, menos Kenshin que observaba preocupado el collar entre sus manos al no sentir la característica calidez y el poder que siempre rodeaba el medallón.
Sonrieron viéndose unos a los otros, pero lo que no esperaban era que justo cuando se despedían de la gloriosa ciudad de Lumen, el pilar comenzó a apagarse.
- Kaoru… - fue el nombre que nombro cada uno de los integrantes al ver como se extinguía su esperanza.
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De soledad y muerte,
murmura el viento.
Sobre un amor que murió
y palpita en su alma durmiente.
De lágrimas e impotencia,
cantan las aves en este amanecer.
Con notas de dolor cantan en su inconciencia.
De un adiós y un engaño,
viven los temores mientras el corazón llora.
Solo no dejes que sea realidad esta parábola,
Que ellos cuentan sobre nuestro amor.
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Los pequeños trozos del cristal se esparcieron con el impacto del rayo, Saito quien para protegerse había utilizado sus brazos como escudo ahora veía la cámara destruida sin rastros del cuerpo de Kaoru.
- Hace años te sostuve de esta misma forma – un voz masculina, firme pero agradable al oído se hizo escuchar – Estabas igual de débil, sólo eras una niña – sus ojos verdes veían con ternura el delicado cuerpo de Kaoru rogando por que se aferrara a la vida. Sostuvo la mano de Kaoru entre las suyas, frías, sin vida.
- Shogo…- dijo Sanosuke con gran alivio al ver a su amigo con Kaoru, poniéndola a salvo del veneno de Yumi.
Saito recordó aquel momento de su pasado, y aunque ella estuviera en esos precisos momentos en los brazos de otro hombre, no sintió celos al ver en la mirada de aquel arcángel amor y ternura por aquella jovencita, la misma mirada que le dirigió cuando la tenia en sus brazos de bebe.
Sanosuke y Saito se acercaron al ver en el semblante de Shogo preocupación ante la falta de respuesta de Kaoru. Aquel delicado cuerpo era dueño de una palidez alarmante. Shogo la movió con insistencia entre sus brazos, rogando por que sus ojos de abrieran. Los minutos eran eternos para ellos hasta que un milagro se suscito, Shogo pudo sentir como respiraba nuevamente.
La respiración de Kaoru era apenas perceptible y su cuerpo frío intentaba encontrar calor en los brazos de su nuevo salvador. Abrió los ojos encontrándose con un apuesto joven de cabello chocolate y ojos verdes. Sonrió y tomo el relicario que colgaba de su cuello mientras cerraba sus ojos.
- Gracias… - murmuro casi sin fuerzas Kaoru sonriendo para aquel joven que le resultaba familiar.
Yumi que ahora estaba en el suelo con una mano en el cuello tratando de aliviar el dolor, aun más furiosa por la intromisión de aquel arcángel. Aprovechando que toda la atención estaba concentrada en el monarca de Lumen, se arrastro aun débil hasta donde Kamatari quien permanecía inmóvil viendo consternada como los planes de su ama habían fracasado. La súcubo al ver a su ama acercándose a ella con cautela, se apresuro a ayudarla.
- Ama, ¿Qué haremos ahora? – pregunto Kamatari preocupada.
- Tan solo observa, esa chiquilla sigue siendo humana y el veneno que contenía el agua sigue rodeando sus heridas… Solo debemos esperar, por ahora, lo mejor será retirarnos. Quiero que le avises de todo, yo iré por Enishi – dijo Yumi con una insólita calma mientras se retiraba con Kamatari sin ser vista.
Sanosuke camino hasta donde Saito permanecía tranquilo viendo como el recién llegado ayudaba a Kaoru. Sus ojos ámbares rebosaban de calma y amor mientras observaba el cuadro frente a él, recordando imágenes del pasado al verla indefensa tratando de luchar contra algo más fuerte que ella, pero sin perder las esperanzas.
Shogo acostó con cuidado a Kaoru en el suelo quien seguía débil, lo que comenzó a preocupar al arcángel al ver como de sus heridas comenzaba a fluir la sangre. Kaoru apretó la mano del arcángel al sentir el ardor del veneno en sus heridas y grito tratando de desahogar su dolor.
- ¿Qué sucede, Kaoru? Dime que sucede – dijo Shogo acercándose a ella.
- Perdóneme, pero creo que mi cuerpo no es tan fuerte, no debí ser tan inmadura… tan orgullosa para creer que soportaría, he arruinado todo por lo que ustedes han luchado durante tanto tiempo – susurro Kaoru perdiendo las fuerzas por la efectividad del veneno en su sangre.
Sanosuke miro a Saito y este comprendió lo que estaba sucediendo. Ambos se acercaron a Shogo y Kaoru.
- El veneno de ese demonio recorre su torrente sanguíneo, debemos curarla inmediatamente – dijo Sanosuke acercándose a ella, pero se sorprendió al ver que sus poderes no tenían efecto sobre ella.
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"Puedes aconsejarlos en su jornada y velar por ellos, pero si utilizas tus poderes para interferir en el curso de sus destinos serás castigado con la muerte"
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Sanosuke apretó sus puños, y se puso de pie para poder ver el Pilar de Lumen extinguiéndose en la lejanía una vez más. Pero la presencia de Tokio lo tranquilizo y le hizo saber de sus intenciones. Mientras, Saito se acerco hasta donde Shogo tomaba la mano de Kaoru, el ambarino tomo el cuerpo de Kaoru y la recostó contra él.
- He esperado por ti tanto tiempo que me parece una ilusión tenerte entre mis brazos – le susurro Saito mientras acomodaba el cabello de Kaoru tras sus orejas al tenerlo mojado – No puedes morir, me lo prometiste – suplico al sentir como su cuerpo de aquella jovencita se ponía más frió con el paso del tiempo.
Kaoru escucho una voz tan conocida para ella, era como si estuviera sumergida en otro de sus sueños. Esa persona era… - Saito-san… - abrió sus ojos con dificultad y pudo verlo tan cerca de ella que solo atino a sonrojarse aun en el estado en el que se encontraba. Las manos de ambos se unieron provocando que el Corazón de Levis que yacía en el poder de Sanosuke brillara.
Sanosuke observo el collar en la palma de su mano y sonrió. Camino hasta la pareja y le entrego a Kaoru su collar, el cual él había tomado para proteger que cayera en las manos de Yumi. Su semblante se torno serio al recordar a sus enemigos y más al ver por el ventanal a uno de los súcubo huyendo.
Kamatari corría con todas sus fuerzas hasta los portones negros de la Ciudad de Citnea, y en sus manos un pergamino con el sello del trono. De su espalda, dos alas esqueléticas negras la elevaron. Pero no pudo evitar preocuparse al ver como cuatro personas entraban a paso apurado por los portones que ella antes había atravesado.
- "Yumi-san tendrá más problemas de los que pensaba… Dos arcángeles y el príncipe… creo que no todo esta saliendo como ella pensaba" – pensó, Kamatari mientras partía al lugar donde le informaría de la situación a la persona que estaba controlando todo desde un lugar seguro.
Kenshin iba al frente del grupo, por lo que, cualquier vampiro que intentaba detener el paso de los arcángeles que lo acompañaban eran detenidos por su mirada ámbar. Su desesperación se iba acrecentando a medida que pasaba el tiempo, ella no podía estar muerta, le había prometido permanecer con él. Sus puños se contrajeron y con solo su aura abrió violentamente las puertas de metal que protegían el castillo. Se concentró en las personas que lo acompañaban, el arcángel de ojos azules llevaba en sus brazos a la pequeña que antes había llegado a Lumen sin previo aviso al desmayarse luego de debilitarse el Pilar de Lumen. Megumi dio un paso adelante y lo miro con gran cariño.
- Estoy segura que ella te esta esperando – dijo la pelinegra sonriéndole – Hay cosas que solo las mujeres podemos sentir – agrego antes de tomar en sus manos el dije que Sanosuke le había obsequiado – Confía en mí, no todo esta perdido – agrego Megumi antes de tomar la mano de Kenshin y correr hacia donde su corazón le decía que encontraría a Sanosuke.
-
"A veces siento que voy a morir si te sigo amando con la intensidad con la que te amo, pero moriría feliz si muero a tu lado…
¿Tu sientes lo mismo?"
-
Sanosuke observo nuevamente el cuerpo de Kaoru y giro su vista hacia la Ciudad de Lumen en la lejanía. Por unos momentos el Pilar de Lumen brillo con una intensidad increíble, para luego brillar fuerte como siempre. Como una ráfaga, la energía de Kaoru recorrió el cuerpo de cada habitante de Citnea hasta llegar a Lumen. En su rostro una sonrisa se dibujo.
- Ella vive – dijo Aoshi sonriendo mientras Misao abría los ojos sorprendiéndose de estar en los brazos masculinos del apuesto arcángel – No te hubiera perdonado que me abandonarás – agrego Aoshi antes de dejar a Misao caminar por si sola.
-
"Aoshi, te prometo que cuando te enamores no dejarás que le suceda
nada a esa persona especial.
Cuando eso suceda, entenderás por que tome la decisión de casarme
y porque ahora tengo que dejarte. Mi querido hermano"
-
Kaoru estaba de pie luego de recuperar el Corazón de Levis y ahora estaba hipnotizada ante la mirada ámbar de Saito quien la tenía aun en sus brazos. Por alguna razón no podía respirar con naturalidad y pequeños espasmos recorrían su espalda ante el toque sutil de las manos gruesas del vampiro en su piel húmeda.
- Me recuerdas… - dijo con esperanzas el ambarino al observarse reflejado en los ojos azules de Kaoru.
- He soñado con usted tantas veces… he escuchado su voz y esperado conocerlo desde que tengo memoria, pero mi ser se ha llenado de una inmensa tristeza… ¿Por qué? – le pregunto Kaoru con voz delgada.
Saito se lleno de remordimiento al ver aquellos ojos llenos de angustia, pero no permitiría que ella llorara frente a él. Lo ultimo que quería recordar de esa noche, eran aquellos zafiros llenos de lágrimas gracias a él. Aunque hubieran pasado casi dos décadas desde su separación, él recordaba la medicina perfecta para aquellos ojos azules. Sus manos bajaron lentamente hasta rodear la estrecha cintura de la pelinegra y con delicadeza la acerco a él. Kaoru cerró los ojos y acerco sus labios a los de vampiro quien la esperaba. Sus cuerpos se estremecieron ante la esperada unión y brillaron elevados por unos segundos hasta que de la espalda de Kaoru emergieron nuevamente sus alas y del cuerpo de Saito fue eliminado todo rastro de la influencia de Yumi.
- Te amo – le dijo Saito a Kaoru mientras la abrazaba.
- Saito-san… ¿Esta seguro que esas palabras son dirigidas a mí, yo no soy Tokio-sama – le respondió nostálgica Kaoru al ver los ojos de Saito llenos de ilusiones por el reencuentro con su fallecida esposa.
- Es cierto, pero eres todo lo que ame de ella y por eso, no he podido evitar enamorarme de ti – le susurro el vampiro mientras la abrazaba nuevamente.
Kaoru se lleno de tristeza al escuchar que aquel vampiro solo la amaba por lo que veía de otra persona en ella. Con sus delicadas manos lo aparto débilmente para poder ver en sus ojos algo más que sus anhelos por ver a aquella mujer del pasado en ella, pero no encontró respuesta alguna entristeciéndola aun más.
Los ojos azules de la pelinegra se abrieron al sentir la presencia de cierto pelirrojo acercándose, al notar Saito la reacción de Kaoru, sus ojos se endurecieron y oponiéndose a que ella se alejara de él, tomo su rostro obligándolo a verle.
A medida que iban avanzando podían sentir la presencia de Kaoru y Sanosuke con más fuerza. Las manos de Kenshin abrieron las puertas que conducían al Laboratorio de Kamatari, dejando ver a Kaoru muy cerca de su padre.
Los ojos de Aoshi se llenaron de nostalgia al ver la escena, era como había sucedido hace diecinueve años. Por unos segundos su mente le hizo una mala jugada confundiendo a Kaoru con su hermana.
Kenshin camino lentamente hasta ver los ojos de su padre quien lo veía distante mientras tomaba la mano de Kaoru. Había tomado la decisión de luchar por ella, apretó sus puños y comprendió que su padre sentía lo mismo que él por el monarca de Lumen. En esos momentos se retractaba de haber ayudado a su padre y por primera vez deseo que su padre que no existiese, sorprendiéndose de sus propios pensamientos.
- Creo que nos parecemos en mucho más, padre – susurro al ver como Saito había demostrado con aquel gesto que no le permitiría estar al lado de Kaoru. Kenshin sintió como se oprimía su pecho al ver las manos de Kaoru y Saito unidas, aparto la vista evitando verlos juntos. Sin embargo, no pudo evitar verla y reprocharle con la mirada su decisión.
- Kenshin – dijo Kaoru feliz al verle sano y salvo, mas sorprendida por la mirada que este le dirigía.
Kenshin pudo sentir como su piel se erizaba al sentir la emoción con la que Kaoru lo llamo y supo que su batalla no estaba pérdida, seria difícil e incomodo competir contra su propio padre pero valía la pena por la mujer que amaba. No provocaría más problemas, así decidió dejar a su padre con Kaoru por el momento. Él habia sido testigo del amor que su padre le profesaba a la mujer que ahora era reemplazada por la pelinegra de la cual él se habia enamorado.
Shogo estaba enojado por ver como aquellos dos solo indisponían a Kaoru. Él la protegía al igual que Hiko a una prudente distancia, y cuando su amigo le pidió que fuese a Citnea para evitar una desgracia, aprovecho para mostrarse ante ella como el segundo de sus guardianes. Se acerco con semblante molesto y los miro a ambos reprendiéndolos. Tomo la mano de Kaoru y con mucha amabilidad le pido que lo acompañase hasta donde sus amigos la esperaban.
- Por favor, acompáñame, Aoshi y todos estaban muy preocupados por ti – dijo Shogo con una sonrisa mientras la ayudaba a caminar al notar que la debilidad aun no abandonaba el pequeño cuerpo de Kaoru.
Megumi se acerco a ella y acaricio maternalmente su cabello, froto sus hombros intentando darle calor al verla mojada y temblando. Kaoru sonreía por ver nuevamente a la mujer que ocupaba en su vida el papel de una madre, la abrazo y agradeció su preocupación al ver en sus ojos una tristeza muy ajena a su situación. Aoshi observaba a su pequeña siendo atendida por Megumi y en sus labios se dibujo una sonrisa, sin embargo, al ver como momentáneamente tambaleo al tratar de llegar a él, sintió culpabilidad y rabia por exponerla a un peligro tan grande como lo era la muerte. Sus ojos azules ocultaron sus emociones, pero Misao apretó su mano al detectar tristeza en los ojos del juez y lo alentó a sonreír para alegrar a Kaoru.
- Aoshi-sama – dijo Kaoru llena de alegría al verlo – Misao, me alegra ver que aunque hayas vuelto a tu antiguo estado, no has perdido tu hermosa aura – agrego con una sonrisa al verla con su túnica de ángel aunque ya no fuera uno.
Aoshi beso la mano de Misao y la miro, en el momento en el que se habia convertido nuevamente en vampiro, ella habia pensado que él la rechazaría pero seguían juntos. Este la miro una ultima vez antes de acercarse a Kaoru y poner el broche que ella le habia enviado con un mensaje.
- "Sólo el sol puede opacar aquellas letras, así como el latido de tu corazón superar su sonido" – dijo por medio de telepatía tan solo para Kaoru, al ser cómplices del mensaje que Kaoru había dejado en el broche.
Kaoru estaba feliz al ver los ojos de su maestro llenos de alegría, y en un impulso lo abrazo. Pidiéndole perdón por preocuparlo y sobretodo, por no poder ayudar en nada más a Misao para que ambos fueran felices.
- Kaoru, gracias por enviármela. Nunca más dudare de que no estoy solo, te tengo a ti y ahora a Misao – le dijo el ojiazul mientras acariciaba su cabello como lo hacia desde pequeña.
Sanosuke veía también la escena muy contento mientras de reojo en ocasiones miraba a Megumi, quien permanecía distante. Se acerco a ella e intento hablarle, pero ella lo miro triste y con palabras duras lo callo.
- Ahora sé la verdad, sólo te hice daño – dijo sin titubear, Megumi.
- Tú nunca me has hecho daño – dijo Sanosuke tratando de acercarse a ella, pero esta rechazo el contacto de sus manos.
- ¡Eres un serafín! No lo ocultes más… Ahora sé por que nunca te he merecido. Comprendo por que no me podías amar, pero no entiendo como te enamoraste de alguien tan cobarde como yo. Quiero que entiendas que entrenare hasta ser digna de ti, por estar al nivel de un serafín… Pero antes, por favor. Tan solo esperame mientras intento alcanzarte. No quiero perjudicarte, ni muchos menos renunciar a ti, es hora de que cambie y luche a tu lado, no puedes siempre protegerme – dijo con determinación, Megumi.
Por primera vez, Sanosuke se sintió herido por ella. Su cabeza comenzó a dolerle al igual que su herida. Dio un paso hacia atrás al ver como se había debilitado, ya que su permanencia en ese mundo dependía de dos condiciones y Megumi estaba rompiendo una de ellas. Lo único que podía destruir al poderoso serafín era la intromisión en el curso de las cosas y su propio corazón. Y para él, Megumi era su centro. Los serafines son seres poderosos e inigualables por estar hechos de amor, un amor incomparable y divino, los únicos que tienen el privilegio de estar cerca del Creador por la naturaleza de su corazón.
- Nunca me he arrepentido de lo que hice, ni tú deberías sentirte culpable de mi muerte. El amor es sacrificio y si con mi vida podía salvarte lo haría de nuevo. No creas que soy más fuerte tan solo por mi rango, yo siempre te esperare y te amaré porque tú eres mi fuente de poder. Nunca digas que me perjudicas, sin ti seria débil, sin ti no me quedaría ninguna razón por la cual luchar. Y si piensas que no eres digna de mí en estos momentos, entonces que tendré que hacer si te vuelves más fuerte que ahora y no necesites de mí… ¿Que propósito tendría mi existencia si me dejas de querer por madurar demasiado rápido? No te pido que no te fortalezcas, solo no desvíes los motivos de tus metas por pensar que eres inferior, ya que yo me enamore de una mujer fuerte capaz de salvar vidas con solo el poder de su corazón, no por lo que puede hacer con un arma – le dijo antes de marcharse, Sanosuke.
Para él, habia sido triste escuchar las palabras de Megumi y sentirse rechazado por ella. Él habia decidido volver a aquel mundo por el amor que le tenia incluso siendo prohibido. Megumi no intento detenerlo cuando le dio la espalda ocasionando que se volteara a verla nuevamente, la inseguridad se había apoderado de él. En los diecinueve años de estar lejos de ella, nunca antes había sentido ganas de llorar como lo hacia ahora, y es que para él su indeferencia era mucho peor que no verla. Por sus mejillas se deslizaron lagrimas rojas y con dolor la miro por ultima vez. Debía reflexionar sobre las palabras que ella les habia hecho saber. Así, desapareció envuelto en sus alas para dirigirse hasta el lugar donde evitaría que el contenido de la carta que llevaba Kamatari, llegara a las manos del enemigo.
Megumi permaneció en silencio, por dentro su ser estaba en pedazos por ver las primeras lagrimas de Sanosuke y ocasionadas por ella. No podía creer que habia errado nuevamente sacando conclusiones sobre los motivos que impulsaban a Sanosuke. Pero ahora sabia que no debía esforzarse solo por ser más fuerte, sino por vivir y poder permanecer a su lado en cada batalla. Para poder ser el motor de su corazón como él, era el de ella. Sus manos permanecían alzadas al cielo, intentando tocar la imagen de Sanosuke, la cual ya se había desvanecido.
Kenshin se acerco a Megumi a quien le tenía confianza y puso una mano en su hombro – Creo que no deberías ser tan impulsiva con tus palabras, pero te felicito por tu ahínco y tu determinación en seguir adelante. Te recomiendo que la próxima vez que lo veas, no lo distancies de ti – finalizo el pelirrojo, quien se quedo callado a su lado.
Kaoru escucho la conversación y no podía sentirse mas feliz de verlo sano, al lado de su maestra como su amigo. Nada podía ser más perfecto en esos momentos hasta que cayo de rodillas nuevamente provocando que Kenshin y Aoshi se acercaran preocupados al verla débil.
- Su cuerpo ha experimentado la muerte por un corto plazo, pero la experimento. Ella es humana y el poder que utilizo para proteger a Lumen desgasto su condición física. Regresemos a Lumen y esperemos que el Pilar junto con los poderes de curación de Megumi la ayuden a recuperarse – dijo Shogo acercándose a Kaoru quien lo veía por segunda vez.
- Usted… usted fue la primera persona que mis ojos vieron, por eso… Tokio-san lo envió para que cuidara de mí, pero creo que aun no soy merecedora del Tridente Escarlata… Siento decepcionarlo Shogo-sama – dijo Kaoru sin saber porque esas palabras salían de sus labios.
Shogo la miro fijamente sorprendido de que ella supiera sobre el Tridente y sobre todo su nombre, sin esperar más le pregunto – Entonces ya sabes lo que sucederá cuando estés preparada para recibir el Tridente Escarlata… ¿No sientes miedo? – cuestiono Shogo, intentando saber hasta donde llegaba el conocimiento de Kaoru.
Kaoru entendía perfectamente la pregunta, con su mirada le pidió la ayudase a levantarse. Shogo soltó su mano una vez la vio de pie y esta, camino hasta el pelirrojo sorprendiéndolo. Kaoru acaricio su rostro sonriendo, y luego tomo la mano de Kenshin entre las suyas poniéndola en su pecho.
Kenshin abrió sus ojos en asombro y escucho la suave de voz de Kaoru en su mente – "Conserva contigo siempre la plegaria que cada día pide mi corazón, aquella que me robaste en nuestro primer encuentro junto con mi alma… No tengas miedo, ni siquiera la muerte nos separara" – Entonces, el pelirrojo recordó aquel papel celeste que apareció en sus manos el día que llego a Lumen. Intento acercarse a ella, pero Kaoru negó con la cabeza y se acerco a Shogo.
- A lo único que le tengo miedo, Shogo-sama, es a perderme mientras él cumple su labor… Sé que si no logró traerlo de vuelta a mi lo único que me esperara será la… - susurro con tristeza, Kaoru mientras veía a la cara de Kenshin llena de confusión, como la de todos lo que escuchaban su conversación.
- Muerte… - dijo Shogo antes de acercarse a ella, al ver como perdía el conocimiento.
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Otro cap¡¡¡ Lo hice largooo para tratar de compensarlos por la demora vuelvo y lo repito, me he ido a un Cyber a publicar este cap .
Mi compu yace sin MODEM¡¡ sin Internet T-T sin tecnología mi vida es nada, me preparo para mi prueba de admisión en Medicina v.v es difícil la vida no?
En el próximo cap abra mucho Ken/Kaoru/Saito, y Enishi no se hará esperar.
Shogo de guardaespaldas poniéndole las cosas difíciles a Kenshin jejeje.
Y alguien será gravemente herido… ¿Quién será?
"Sus ojos se cerraron al sentir el impacto del rayo contra su cuerpo, el grito femenino retumbo en la habitación y la sangre mancho el suelo. La oscuridad se apodero de su cuerpo mientras sentía las lágrimas de aquella pequeña en su rostro, pero era muy tarde. Habia escogido abandonar ese mundo para poder darle luz a su dulce corazón"
"No importa, siempre estaremos juntos si nuestras almas laten como una sola en una noche donde el tiempo es nuestro enemigo y nuestras caricias, la única esperanza de que esta llama siga encendida… El amor que compartimos es más que un eco sin respuesta, mas que un corazón sin dueño, mas que una lagrima sin consolador. Nosotros podemos vivir conforme a nuestras decisiones si luchamos por eso, solo por eso, hoy serás mía aunque mi alma sea condenada por la eternidad"
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