Escribo lo más rápido que puedo, después de meses sin actualizar v.v ¡¡¡INTERNED!!!

¿Por que me abandonaste? T-T Meg-chan llora por la falta de tecnología pero aquí esta luchando por entregarles los capítulos con eficacia. Please o.o no me abandonen y lean mi fic, déjenme su opinión, mis queridos lectores… v.v

Son of War: An idyllic love

Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen, son propiedad exclusiva del grandioso mangaka Nobihuro Watsuki.

Datos de Interés

"…" Lo que dice un personaje

"cursiva" Lo que piensa un personaje

"" Cambio de escena.

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Capitulo # 7: Perdidos

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- Dime algo… ¿Qué es el amor para ti? O sea, ¿Cómo sabes que amas a una persona pero como tu pareja? – pregunto curiosa una jovencita de ojos azules, mientras apoyaba su barbilla entre sus manos. Acostada en la grama viendo el cielo, recordaba imágenes efímeras de sus sueños. Miro interrogante al joven pelirrojo que seguía viéndola sorprendido por la pregunta sin saber que responderle - Porque, para mi fue muy fácil, tan solo tuve que verte - al decir esto pudo ver como el pelirrojo se tenso y solo atino a sonreír.

- No creo que sea algo que te pueda expresar con palabras, además… - dijo el pelirrojo perdiendo el tono frío de sus ojos para mostrar destellos de violetas en un profundo ámbar – A través de los años, he vivido en un mundo donde solo veo destrucción y muerte. En cambio aquí, solo se respira paz, y junto a ti… - Sus palabras se rehusaban a salir, miedo al rechazo o simplemente a sentirse ajeno a ellas, palabras llenas de afecto.

Bajo la mirada sintiéndose apenado por ser observado ávidamente por dos orbes azules, acompañados de un rostro angelical. Miro sus manos apoyadas en sus piernas nervioso, no quería continuar con esa plática y mucho menos, mirar aquellos ojos sin primero tranquilizarse.

- Estamos unidos por sangre y lágrimas, por un latido y una sonrisa, en alma y cuerpo… - susurro acercándose a él – Nunca temas de lo que sentimos, nuestro amor es lo único que nos mantiene unidos.

Cerró sus manos con fuerza y subió su mirada, encontrándose con dos ojos azules. Su respiración chocaba contra sus mejillas, estático miraba los labios rosados que estaban delante de él sin atreverse a reclamar por ellos. Ella sonrió ante su nerviosismo, y con un movimiento lento, rodeo con sus brazos al pelirrojo hasta sentirlo por completo suyo.

- Cuando despiertes, solo recuerda que siempre estaré esperando a que vengas por mí – dijo Kaoru con voz suave y baja – Mi corazón apacible como el mar duerme, dentro de mi cuerpo para despertar en la tormenta. Con el vaivén de las olas, con el salado de las lagrimas. Rodeado de muerte en el sabor metálico de la sangre, con un rayo de luz como guía, que siempre espera aquel gesto, aquella caricia, que lo vuelva celeste como el cielo; que en una utopía pretende alcanzar el infinito con sus manos.

Permaneció en silencio mientras ella pronunciaba aquellas palabras, su aliento chocando contra su rostro como si se tratase de una tortura, su nívea piel se perdía entre sus torneados brazos y su cabellera rojiza. Escucho el suave ritmo de su respiración y los latidos de su corazón, formando una melodía para sus oídos mientras su aroma lo envolvía dejándolo encantado.

Como podía decirle que su piel lo atormentaba, que él era de carne y hueso, que sentía cada suspiro que se escapa de sus dulces labios, que su aroma era un afrodisíaco irresistible. Ella era inocente, que podía sospechar o si quiera saber de los deseos que despertaba en él. Lo miraba con insistencia y se apegaba más a él quizás huyendo del frió que rondaba en el aire en forma de niebla. La presión que ejercían sus senos contra su pecho lo obligo a separarse de ella inmediatamente antes de que perdiera la razón. Ojos azules lo miraban con incredulidad por la brusquedad con que fueron apartados, quizás temiendo haberle herido u ofendido con su cercanía.

- Te amo, Kaoru – atino a decir al verla tan triste por su momentánea separación – Espero que pronto, pueda ser capaz de despertarte – le miro esta vez triste, Kenshin.

- Cuando abras los ojos yo no recordare nada, solo cuando estamos en este mundo podemos hablarnos libremente, este es el espacio que he creado para que nuestras almas se unan. Sé que dentro de ti hay muchas dudas. Quisiera siempre estar junto a ti, pero no estoy preparada para salir de este mundo, el poder del Corazón de Levis aun duerme dentro de mi y mis sentimientos y poderes con él – Una lagrima oscura recorría la mejilla de la pelinegra con insistencia, tiñendo de oscuro su piel, señal de dolor o quizás un sentimiento que escapaba buscando tranquilidad – Despiértame pronto – deposito un beso en la frente de Kenshin, ante una mirada violeta llena de amor y resignación.

- Me pides que olvide lo obvio ante mis ojos, y que ignore el dolor que me produce verte mirar a otro con amor, me pides demasiado y me das tanto para luego despertar en la nada… - dijo afligido el pelirrojo, en reclamo mientras en su desesperación, de sus ojos salían sus emociones en forma cristalina, una lagrima se deslizaba por sus mejillas – ¿Cómo puede doler tanto amar a alguien? – pregunto alzando la voz, haciendo que Kaoru lo mirara llena de culpa.

- Si supieras leer mis ojos como yo he aprendido a leer tu alma, nunca dudarías de mí – dijo la pelinegra como ultimas palabras antes de mirarlo fijamente.

En su mente pasaron tres palabras antes de abrir los ojos agitado y cubierto de sudor.

"Abre los ojos"

Se levanto de golpe sujetando su cabeza con brusquedad, busco con desesperación el rostro de Kaoru y lo encontró durmiente con la misma lágrima que antes había visto en sus sueños. En un aspaviento dejo ver su asombro al ver que quizás no todo era un simple sueño, ella estaba con él todas las veces que descansaba, sanándolo, amándolo. Quizás solo haya llorado por el dolor de sus heridas. Siempre sería inane pensar en semejante tema, trataba de elucidar sus ideas sin ningún éxito. La miro una segunda vez detallando el color de su piel y lo atrayente que era para él su cuello, zarandeo su cabeza intentando alejar esos pensamientos y sus instintos dejarlos de un lado. Con un poco de trabajo se apoyo del árbol que había escogido para descansar anteriormente y se dejo caer sobre él, suspiro incrédulo ante la reacción que ella le causaba a cada milímetro de su ser. Parpadeo insistente tratando de acostumbrarse a la luz de la fogata, el crepitar del fuego y las respiraciones de sus compañeros. Agradeció internamente haberse levantado, después de haberla tenido entre sus brazos y el efecto que había causado en su cuerpo, no había nada mejor que tomar un baño. Se puso de pie dispuesto a abandonar por unos minutos el campamento.

Giro su rostro encontrándose con Shogo y Aoshi. Tomo en cuenta de que no estaba solo, Shogo lo miraba extrañado por lo súbito de su despertar y dedujo que se debía tratar de una pesadilla, en cambio Aoshi, noto de inmediato como el vampiro dirigió sus ojos ámbares al frágil cuerpo de Kaoru confirmando su presencia. Megumi no se encontraba entre ellos.

- Dentro de unas horas saldrá el sol, no seria prudente abandonar el campamento – Aoshi lo seguía con su mirada, causando por primera vez nerviosismo en las acciones del vampiro – No te acerques a Kaoru, esta descansando, su cuerpo aun se encuentra débil – apresuro a decir el ojiazul al verlo a escasos pasos de Kaoru, pero bajo el tono de voz al ver que Misao se movía inquieta recostada en sus piernas.

Kenshin solo suspiro resignándose a esperar por el amanecer, si más era cierto, sin la protección de su grupo seria una montaña de cenizas para cuando el sol saliese. Movía nerviosamente sus dedos, mirando esquivamente a Kaoru repetidas veces. Lucia tan débil y pálida, quería saber si estaba bien y sobre todo que sucedería si ambos compartían los sueños que tanto lo perseguían.

- Battousai, ven a aquí – escucho decir con persistencia de su padre, entonces cayo en cuenta de que Saito lo miraba desde que se había levantado. Miro con desconfianza la invitación de su padre, pero Shogo tratando de alivianar el ambiente de inmediato.

- En cuanto Megumi y Kaoru-san se estén listas partiremos, no esta de más hablar con tu padre, después de todo no lo has visto en días – profirió risueño Shogo, esforzándose en sonar familiar.

Kenshin miro con desidia al arcángel, cotejar tan temprano sus problemas no era una opción muy apetecible. No estaba preparado para hablar con su padre, y mucho menos decirle que no estaba dispuesto a renunciar a la mujer que ambos veían como el objeto de su afecto. Camino dando pasos certeros y firmes, respiro calmadamente dejando atrás los celos y las rencillas que habían provocado verlo con Kaoru. Siempre había pensado que el orgullo era mal consejero.

- Me alegro que te hayas recuperado, padre – comento Kenshin impertérrito sentándose a su lado, sin cambiar su rostro inmutable, no sucumbiría ante la sagaz mirada de su padre – Ahora podremos luchar juntos, imagino – agrego con desgano ante la idea de tenerlo siempre cerca, evitando que pudiera progresar con Kaoru.

- No te esfuerces en sonar sincero, no esta en tu naturaleza decir mentiras, sabes que siento aversión por la hipocresía, prefiero que seas frió y directo como siempre, por lo menos así sé que me dices la verdad en todo momento – lo regaño Saito al ver como sus ojos decían una cosa y sus labios otra.

- Lo siento, padre – los ojos ámbares del pelirrojo eran llenados de las llamas que subían y bajaban constantemente dándole un aspecto misterioso y sobre todo tenebroso a sus dorados ojos – Supongo que no debo ocultar el porque me molesta en estos momentos hablar contigo – agrego sin esperar más.

- Vaya, no esperaba que lo dijeses tan directo pero que más da. A mi también me molesta que te hayas fijado en la mujer que he esperado por años – dijo Saito con una apenas perceptible sonrisa en la comisura de sus labios.

- De tal palo, tal astilla… tienes buenos gustos padre – agrego tratando de sonreír, Kenshin ante la mirada de su padre, que ahora lo miraba alegre y sobre todo, sorprendido por lo inadecuado y jocoso del comentario.

- Mocoso insolente – agrego Saito fingiendo estar enojado sin poder ocultar su risa – Nunca dudes de mis gustos, siempre me ha gustado lo mejor, por eso tu madre nunca fue mi favorita – dijo dejando de sonreír.

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----------- Idyllic love ------------

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Si tu luz me envolviera,

no sentiría miedo en medio de esta oscuridad.

Que la soledad solo es una palabra

si estas junto a mi.

Que tu piel es mi abrigo

Y tu corazón mi alimento.

Tu cuerpo me refugia de la crueldad de la noche

Y tus senos son mi descanso eterno.

Si todo es un sueño,

Entonces estoy muerto a tu lado,

Por que tu amor se ha ido con la primavera

Y mis sueños yacen en el perfume de tu cabello.

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El bosque descansaba con la oscuridad que le proporcionaba el sol, que orgulloso se deleitaba mostrando su compañera al mundo, plateada y reluciente cada noche. El sonido de las hojas sucumbiendo ante el peso de sus pies era insoportable, no quería ser descubierta por él. Camino lentamente hasta que pudo verlo, giro su cabeza para asegurarse que ninguno de sus compañeros la había seguido.

Remojo sus labios ante la ansiedad de verlo, se sentía emocionada y a la vez llena de estupor. Acomodo sus cabellos mientras se apoyaba de los troncos para avanzar en el espeso bosque siguiendo la esencia de su amado, la luz que este irradiaba a kilómetros. Entonces lo pudo ver, retrocedió al ver que se encontraba con un demonio, la duda quiso tomar un lugar en su corazón al ver la forma femenina de dicho demonio.

Se llevo una mano a su boca tratando de ocultar un gemido de dolor, abrió sus ojos desorbitada al reconocer a la acompañante. Ato cabos fácilmente al descubrir a la súcubo sirviente de la reina de Citnea, lo vio tomándola por el cuello y exigiéndole una carta.

- Si aprecias tu vida, dame la carta que Yumi-san te encomendó darle al traidor que reside en Lumen. Mi paciencia no es basta el día de hoy, te recomiendo pienses con rapidez antes de que no veas más la luz de la luna – dijo Sanosuke a Kamatari como amenaza, quien habia seguido al grupo al ver que iban rumbo a Lumen por el camino normal. Que mejor oportunidad para infiltrase mientras ellos mismos le abrían las puertas.

- Mátame si prefieres, serafín, esta carta morirá entre mis cenizas y su secreto se ira con mi alma en el viento – espeto con desprecio, Kamatari.

Megumi lucia descompuesta y confundida, si era cierto todo lo que había escuchado, el enemigo que tanto buscaban era uno de ellos. Aoshi y los demás debían saber que el traidor era un ser de luz desviado en los caminos de la maldad, quizás por soberbia y rebeldía, no seria ni la primera ni la ultima vez que los ángeles se revelaban a la voluntad de su creador.

Dio un paso hacia atrás intentando alejarse de aquel lugar, el sonido se las hojas al pisarlas sonó claramente para Sanosuke quien voltio al instante a verla. En aquellos ojos no había sorpresa ni mucho menos enojo. Quedo estática ante su mirada, había sido ilusa al pensar que él no sabia que ella esta presente.

Kamatari no paso por alto el descuido del serafín y sin demorar, de su muñeca veneno se esparció cegando momentáneamente a Sanosuke. Al sentir como la fuerza disminuía en su cuello, la súcubo aprovecho para escapar, dejando atrás a su captor y pensando que huía con su más valioso secreto.

- Es peligroso que estés aquí, muchos espíritus malvados rondan estos bosques en busca de almas débiles o confundidas y dentro de ti, puedo sentir claramente la lucha interna que aun te empeñas en librar – dijo Sanosuke un poco agitado sin mirarla, con sus mejillas enrojecidas por el contacto del veneno, de su mano goteaba sangre y un papel manchado de aquella sustancia, brillo hasta desaparecer entre su vestidura.

- No pude desistir de verte, aun más cuando sentí una presencia maligna cerca de ti – comento Megumi intentando caminar con normalidad.

- ¿A qué viniste, Megumi? – Pregunto con voz quebrada, Sanosuke mientras cerraba su puño con fuerza – No puedes ver que duele – la miro triste y decepcionado – Otra vez desconfiaste de mí, al verme con ese demonio – cerro los ojos lleno de dolor, culpabilidad por haber expresado de forma tan absoluta sus sentimientos sin importar que la heriría. Suspiro y suavizo el agarre de su mano - ¿Qué quieres de mí? – pregunto casi desesperado ante la mirada angustiante y el silencio que le proporcionaba Megumi – Soy débil, no puedo seguir así, no quiero… no quiero seguir así – la miro por ultima vez, dio un paso hacia atrás al ver como ella se acercaba a él.

- Vine… yo vine – Megumi lo miraba llena de emoción, verlo tan frágil por una sola palabra de sus labios, saber que la amaba tanto que dependían uno del otro. El amor siempre ha sido el sentimiento más poderoso y hermoso, pero también el más doloroso, pero como podía importarle en esos momentos aquel dolor cuando cada vez que se rozaban, la pasión que se desataba en sus interiores sobrepasaba cualquier lagrima, cualquier angustia dejando solamente satisfacción y paz.

- Nunca cambiarás, y lo peor de todo es que no quiero que lo hagas – dijo Sanosuke dejando escapar un suspiro, extendiendo sus brazos para alojarla entre ellos – Me conformo con que estés a mi lado y que nunca me apartes de ti – su mano acaricio su cabello hasta llegar a su espalda, causando que Megumi temblara tenuemente antes de sonreír y apoyar su frente en el pecho masculino, embriagándose de su aroma y firmeza.

- Sabes que siempre te amaré, aunque suela ser testaruda y no comprenda muchas cosas – dijo Megumi apartándose lo necesario para ver los hermosos ojos de Sanosuke que ahora era castaños con destellos verdes – Son hermosos – agrego viendo con detenimiento sus ojos, mientras ponía su mano en su mejilla y este besaba su mano. Se preocupo al ver como por la frente de Sanosuke se deslizaba una pequeña línea de sangre al igual que su mano herida manchaba el piso de aquel liquido carmesí – Sanosuke… - dijo preocupada.

- Tranquila, no es nada comparado al dolor de no tenerte cerca… - fue lo ultimo que dijo antes de ahogar la sonrisa de Megumi en un beso.

Al ver que el sol amenazaba con salir, ambos se separaron. Megumi no podía contener todas sus emociones, era extenuante tener que despedirse y mucho más para enfrentarse al consejo en cuanto llegaran a Lumen.

- Diles que pronto nos veremos, que el nombre del culpable de este enfrentamiento será descubierto a su debido tiempo… Por favor ten mucho cuidado y sobre todo, dile a Aoshi que muchas veces es mejor ser el primero en brindar – término de decir Sanosuke antes de brillar al contacto de los rayos de luz que emitía el sol.

Megumi escucho cada palabra confundida mas no le dio importancia – Muchas veces es mejor ser el primero en brindar… ¿Qué clase de recomendación es esa? – se cuestiono con hilaridad ante lo ilógico del mensaje – Mejor regreso antes de que tomen en cuenta mi ausencia – Megumi se dispuso a regresar al campamento.

Mientras en lo profundo del bosque, Sanosuke la veía partir. En la comisura de sus labios se anunciaba la sangre y en su frente la delgada línea de sangre era reemplazada por un grueso surco - No podré verte vivir feliz, pero seré el medio de alcanzar tu felicidad, Megumi – dijo triste sabiendo que su tiempo se agotaba y que pronto vendría el final.

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----------- Idyllic love ------------

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El oleaje golpea su corazón,

agua salada mezclada con lágrimas.

Solo dos estanques azules contemplan el cielo,

en el anocher de las perfidias,

en el nacimiento del recelo.

Cuantas veces la luz del faro excluirá su alma,

dejando a la oscuridad dominar sobre sus costas.

Frota sus brazos buscando calor en la soledad,

esperando a que llegue a su puerto aquel con su promesa

Y con su sentencia de muerte.

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Daba pasos lentos y torpes sin darse cuenta, por sus brazos un cosquilleo la atormentaba en señal de adormecimiento. Trataba de mover sus dedos, pesados y de tonalidad morada colgando de sus manos. Su cabello negro le cubría la cara, no quería que nadie viera su rostro preocupado y consternado por la salud de su cuerpo, Kaoru caminaba en silencio con la ayuda de Aoshi, mientras Misao la miraba preocupada tomando su mano en el extremo contrario. Shogo, Megumi y Saito caminaban tres pasos más atrás con la vista fija en los tres que los lideraban, y al final, Kenshin la seguía con semblante pensativo y distante. Quizás pensando en las últimas palabras que compartieron Shogo y Kaoru, presintiendo que él estaba envuelto en cada frase.

Con el paso de los minutos le era más difícil seguir adelante, miro a Aoshi cuidadosamente sin ser vista y seguido a Misao, sus ojos azules retenían lágrimas. Contrajo sus dedos intentado darle vida y calor a sus extremidades. Misao llamo su atención apretando levemente su mano y sonrió para ella, pero en su rostro lo único que podía reflejarse era la preocupación, y sin poder corresponderle a aquella sonrisa, solo bajo la mirada esperando no enfrentar las preguntas de Misao.

Hace una hora que caminaban por los Bosques de Kibrot-hataava, tierra de espíritus malditos por sus ambiciones, atravesado por un rió de color oscuro y sospechoso donde las almas transitaban llenas de dolor cumpliendo su condena. Este bosque delimitaba los territorios de Citnea y luego de ello solo se veía arena, hermosa arena hasta llegar a Lumen, que al este delimitaba con el mar.

Aoshi aun seguía enojado por la reciente disputa, ya que a su parecer, era demasiado riesgoso recorrer el resto del bosque a pie en el estado de Kaoru. Shogo les había pedido no utilizar la tele-transportación para mayor seguridad, ya que se tenían graves sospechas sobre infiltrados en Lumen, y en dicha técnica se utilizaba energía dejando un rastro claro de sus movimientos. Todos apoyaron al ojiazul por lo peligroso de esa decisión, ya que estarían abiertos a cualquier ataque, pero Kaoru decidió respaldar el sabio consejo de Shogo atribuyendo que además, su cuerpo no resistiría el viaje en esos momentos.

- ¿Kaoru? – la voz firme de Aoshi la hizo despegar su vista de sus cansados pies.

- ¿Qué sucede, Aoshi-sama? – respondió con una sonrisa fingida y conturbada, la pelinegra.

- ¿Quieres descansar? – pregunto, Aoshi, al ver el rostro pálido de Kaoru cubierto con gotas de sudor.

- No se preocupe, Aoshi-sama, continuemos un poco más. Yo estaré bien – dijo Kaoru con tono indolente e inexpresivo, con su vista concentrada en los extraños árboles que rodeaban el camino apenas visible en la tierra. El sol apenas perceptible entre las ramas de los árboles era lo único que evitaba que su cuerpo no sucumbiera ante el inminente frió que se apoderaba de ella.

Aoshi se detuvo al instante al notar su respiración agitada, Misao con un gesto le dio su aprobación y decidió decirle con calma a Kaoru que se sentará por un tiempo.

- Kaoru-sama, por favor siéntese antes de que colapse – pidió preocupada Misao tocando levemente la espalda de Kaoru, para incrementar la sinceridad en su petición.

Kaoru miró seria a Misao y está se sorprendió al ver esa expresión nunca antes vista en el rostro de la monarca. Misao intento explicarle que no debía esforzarse pero antes de que pudiera proferir palabra alguna, Kaoru soltó su mano con brusquedad al igual que la de Aoshi e increpo en voz alta.

- ¡Basta! Dejen de tratarme con lastima, si nos detenemos estaremos en peligro. He dicho que puedo seguir caminando y seguiremos – finalizo, Kaoru, tratando de normalizar su respiración.

Todos la veían absortos y confundidos por su reciente cambio de actitud. Shogo la escudriño con la mirada analizando su comportamiento desde que habían iniciado su jornada. Aoshi enojado intento reprenderla por su terquedad, pero la suplicante mano de Megumi lo hizo detenerse. El arcángel de ojos azules miro lleno de confusión a Megumi que ahora caminaba con pasos lentos hacia Kaoru.

- Dime, Kaoru, ¿En serio crees que puedes continuar sin antes tomar un descanso? – Megumi la miro maternalmente y se acerco más a Kaoru confiada – No es lastima lo que sentimos, es preocupación que es distinto, no seas orgullosa y descansa – dijo Megumi mientras acercaba su mano a la de Kaoru, pero a pesar de sus dulces palabras, su mano fue rechazada por está quien ahora le daba la espalda y continuaba caminando.

Kaoru cerró sus ojos llena de tristeza, nadie entendía su dolor y mucho menos entenderían que tenía miedo a quedarse inmóvil y morir. Su sangre fluía con dificultad provocándole un intenso dolor en el pecho, sus articulaciones respondían luego de un gran esfuerzo y cuando dejaba de hacer actividad física su cuerpo se enfriaba con rapidez. Había probado la muerte, y como era de esperar, su cuerpo humano no había resistido los siete minutos de haber estado sin vida.

- No la molesten, los motivos de su aparente soberbia van más allá de su entendimiento – dijo con sapiencia, Shogo quien ya sospechaba de la situación de la monarca de Lumen. A diferencia de ellos, ella si sentía el dolor de las heridas, sangraba y aun más difícil, poseía un cuerpo humano. Como arcángeles que eran, no comprendían ese tipo de dolor ni mucho menos las limitaciones de poseer un cuerpo de dicha naturaleza.

Saito también sospechaba del estado de Kaoru, pero conociendo a la perfección como era de obstinada su esposa cuando se encontraba en una situación compleja y que podría ocasionarle daño a personas ajenas a ella, no había quien la hiciera cambiar de opinión. Cerró los ojos recordando el rostro de Tokio, su mirada se concentro nuevamente en Kaoru quien movía frenéticamente sus brazos intentando darle calor a su cuerpo, si ella supiera cuantas ganas tenia de ir a abrazarla, pero no era adecuado con su hijo presente. No seria justo actuar de esa manera egoísta, y sin saber el porque, sus pensamientos se concentraron en el pelirrojo, comenzó a caminar de espacio hasta quedar a la par de Battousai, quien cavilaba perdido en si mismo. El pelirrojo lo miro de reojo al ver a su padre acompañándolo, por unos minutos olvidarían sus rivalidades como lo había hecho la noche anterior. Saito al ver la sonrisa de su hijo, comprendió que era aceptada su compañía, lo que le dio la confianza de iniciar una conversación incomoda pero necesaria.

- Ahora que estoy recuperado, y sobre todo por lo inminente de esta guerra, quiero que sepas mis verdaderas intenciones, Enishi por muchas razones no merece ser el futuro Rey de Citnea, ni siquiera por derecho como primogénito – dijo escueto, Saito.

- Pensé que ya sabía todo sobre Enishi, pero además de ser nuestro enemigo, ¿Qué más debo saber? – dijo fríamente Battousai.

- Cuando llegue el momento, quiero que seas mi heredero, aunque pienses que él posee tal derecho, el reino de Citnea te corresponde a ti, eres el único con el derecho a ser Rey – dijo Saito sin ver los ojos desmesurados de su hijo, que caminaba a su lado – Si muero, hazte cargo de mi ciudad, sé que lo harás bien puesto que lo has hecho durante mi recaída. No puedo confiar mi legado a mejor persona – admitió, Saito, sin cambiar su semblante frió y distante.

Saito miro de reojo a su hijo que seguía petrificado ante su declaración y siguió caminado junto a Megumi no sin antes reírse interiormente de la expresión en el rostro del pelirrojo. Kenshin cerró los ojos y se alegro, ya que tras esas palabras frías, su padre le había dicho que confiaba plenamente en él y eso, para él, significaba una muestra de afecto, Algo muy extraño en el Rey de Citnea.

Kaoru había visto la escena de reojo al sentir el Corazón de Levis brillar ante el acercamiento de los actuales dueños. Se alegro al verlos juntos, disipando la culpabilidad de haber separado a padre e hijo por una rivalidad sin sentido, ya que ni ella sabia que sentía realmente. Volvió su vista al frente y un escalofrió recorrió su espina, su piel se erizo al sentir la cercanía de alguien muy conocido para ella y a la vez peligroso.

- ¡Saito-san! ¡Kenshin! Es él – grito Kaoru al sentir la presencia acercándose desde Citnea a gran velocidad - ¡Cuidado! – trato de advertirles al ver la cizalla que iba directo al cuello de Saito.

El arma se detuvo a diez centímetros de su objetivo convirtiéndose en cenizas, al instante de entrar en contacto con los ojos ámbares de Saito que ahora emitían un brillo aterrador y lleno de furia. Una sonrisa macabra retumbo en los odios de los presentes haciéndoles saber la posición exacta del culpable del ataque. Delante de ellos, Enishi los esperaba. El príncipe yacía de pie con elegancia, acompañado de una mirada llena de poder y osadía.

- Haz vuelto, padre – dijo Enishi caminando estoicamente hasta su procreador – Admito que estaba fuera de mis planes enfrentarte, pero… - sonrió mientras veía con fogosidad a Kaoru – Tienen algo que me pertenece y exijo que me sea devuelto, además padre, no veo que conseguirás oponiéndote a la caída de Lumen – agrego enojado e indignado.

- Siempre has sido impulsivo y por demás, egocéntrico. Tus planes nunca han tenido futuro, ya que nunca serás Rey de Citnea, te olvidas que no es un reino de humanos, es de vampiros y nosotros vivimos por toda la eternidad – dijo Saito con voz suave y controlada – Primero tendrías que matarme y ni siquiera tu madre pudo lograrlo. Tu deseo de poder es lo que te hará caer y para mi infortunio tendré que estar presente - agrego lacónicamente, hiriendo el aparente orgullo de su hijo mayor.

- Nunca olvides este momento, cuando estés muriendo y solo puedas ver mi pie en tu garganta, te arrepentirás de haberme rechazado. Te quitare las dos cosas que más quieres y acabare con ellas antes de que llegue tu final – grito fuera de si, Enishi, apuntándole con su espada a Saito.

Los arcángeles permanecían en silencio, los tres protegerían a sus espaldas a Kaoru y Misao de cualquier posible ataque. Sin embargo, Kaoru apretaba sus puños al sentirse inútil ante la nueva amenaza, sus ojos estaban llenos de impotencia mezclados con lágrimas. Alzo su mirada llena de decisión y tan solo le tomo unos segundos hacer aparecer su báculo, espero ansiosamente por el ataque del hijo mayor del Rey de Citnea, sus manos apretaban el arma ante la espera.

Battousai estaba detrás de Saito viendo con rencor a su hermano mayor, sabia perfectamente que entre sus objetivos estaba Kaoru y eso era algo que no le permitiría. Su katana empezó a brillar dentro de su funda, por lo que tomo el mango sintiendo como el poder de la espada recorría su cuerpo, era un arma de Lumen hecha especialmente para él.

– Te arrepentirás de haber escogido a Battousai como tu sucesor – observo con innato odio a su hermano antes de darle la espalda y caminar hacia donde Kaoru era protegida por Aoshi, Megumi y Shogo.

Enishi tenia clavada su mirada gris en Kaoru, mientras ella solo lo miraba tranquila al saber que aquel demonio dentro de sí tenia salvación, sus sentimientos y deseos habían sido mal encaminados por su madre, quien se encargo de envenenar su alma. Sus ojos azules estaban perdidos en los grises de Enishi, estudiando su interior, en su corazón algo le decía que no era tan malo como aparentaba.

- Puede caminar bajo la luz del sol, príncipe Enishi, sus secretos y técnicas no me atemorizan, esta de más decir que sospecho que no es hijo de Saito-san, por eso nunca podrá heredar Citnea, en su sangre corre el poder de la luz así como el de la oscuridad. Dígame que puede querer de mí, no tuvo suficiente con nuestro primer encuentro o debo insistir en cortar su cuello nuevamente – dijo atrevidamente, Kaoru quien daba pasos lentos hasta quedar delante de Enishi. Aoshi estaba dispuesto a detenerla junto con Shogo, pero está puso un campo a su alrededor evitando que se acercasen a ella.

- ¿De quien más seria hijo, sino de mi padre? Aun más, ¿Cómo podría un demonio como yo tener el poder de la luz en mi sangre? Creo que esta vez sus ojos le han jugado una broma, a pesar de su hermosura no son muy certeros – dijo Enishi quien desconocía de sus verdaderos orígenes.

- No miento y mucho menos me equivoco, la resistencia al sol y a los ataques de luz no son por mera experiencia o a su extraordinaria fuerza por ser príncipe. No sea tan vanidoso para vanagloriarse de su condición, todo es producto de su provechoso nacimiento y si quiere salir de sus dudas, la reina de Citnea podría esclarecer mis palabras. Por ahora le pido que desista de atacarnos, ya que su único oponente cuando llegue el momento seré yo como monarca de Lumen – desafió Kaoru esperando que Enishi no se atreviese a acercarse a ella.

Enishi seguía confundido y sobre todo indeciso. La miro con insistencia, perdiéndose en esos imperturbables ojos azules.

- Espero que sus palabras tengan algo de verdad – agrego Enishi con cierto cinismo, ocultando su desconcierto – Ya que comprobaré cuanta resistencia tengo a los poderes de luz

– dijo acercándose a ella, no sin antes ver a su hermano y padre tensarse – Qué mas puedo querer de ti…– finalizo acariciando con el torso de su mano la enrojecida mejilla de Kaoru.

Ágilmente se aparto de ella desenfundado su espada, la hermosa hoja plateada brillaba haciendo notar las escrituras negras en lenguas antiguas. Enishi blandió su espada acercándose a Kaoru dispuesto a atacar, sus miradas se cruzaron hasta que un resplandor lo cegó por completo. Parpadeo débilmente tratando de definir figura alguna, automáticamente salto hacia atrás tratando de cubrirse de aquella luz hasta que todo se normalizo. Pudo ver entonces el báculo de Kaoru brillando en sus manos, protegiéndola de su ataque.

- Si usted no tuviera resistencia a la luz, en estos momentos estuviera muerto – dijo Kaoru acercándose apuntando con su báculo a Enishi – Este báculo es capaz de irradiar luz tan fuerte como el sol, esta arma es capaz de darle forma a mi esencia y purificar cualquier ser maligno. ¿Se atreve a decir que me equivoco aun sabiendo esto? Príncipe, usted ha vivido igual que Kenshin, engañado por su madre – Kaoru quedo a escasos pasos de Enishi utilizando su báculo como apoyo.

Enishi bajo sus brazos, la miraba desafiante hasta que se acerco a él. Esa mujer tenia la habilidad de desarmarlo sin tocarlo, de tranquilizarlo en segundos, de domarlo sin poner resistencia. Durante años había vivido apegado a un solo ideal, tan solo una regla, no enamorarse de nadie ni dejarse dominar por los impulsos del corazón. Chasqueo sus dientes por haber bajado su guardia y someterse a tal situación, era obvio que ella estaba en ventaja.

- Si son ciertas tus palabras, entonces termina conmigo, seria peligroso dejarme vivo… ¿O acaso quieres que permanezca a tu lado? – profirió Enishi. Al ver la duda en los ojos de Kaoru, aprovecho su confusión para golpear el báculo que está tenia entre sus manos, desviándolo de su cuello. Agarro su espada con rapidez y la agito con fuerza con el único propósito de alejarla de él, su presencia lo confundía, tenia que ponerle un alto al dominio que ejercía sobre él.

Kaoru instintivamente trato de esquivar el ataque de Enishi, pero su cuerpo se congelo por la falta de energía provocando que la espada cortara levemente parte de su abdomen.

- ¿Este ataque es digno de un Príncipe? – exclamo Kaoru indignada, viendo sus manos manchadas de sangre.

Kenshin intento acercarse pero el campo de Kaoru lo hizo retroceder al instante, quemando levemente sus brazos. Saito respiraba fuerte y trataba de ocultar cuanto le enojaba el hecho de no poder ayudarla.

Enishi por unos momentos se arrepintió se haberlo hecho, había deducido que lo esquivaría con facilidad. Observo como la espada se fundía hasta quedar deforme al tener contacto con la sangre de Kaoru. Se levanto y la observo desorbitado, sus instintos le decían que la atacara sin tregua, pero se rehusaba una parte de su ser.

- ¿Qué me has hecho? – susurro Enishi tomando su cabeza con la mano izquierda mientras en la derecha movía su espada aunque esta estuviera inservible – No debo… no puedo… esto esta mal – sus ojos grises la veían repetitivamente, extasiados por sus mejillas sonrojadas y su rostro brillante.

Sin pensarlo comenzó a atacarla con sus manos, arrojando la espada a un lado. Sus garras afiladas se hicieron ver y sus colmillos se asomaron al tomar por completo su cuerpo el estado de vampiro. Kaoru tambaleo por unos segundos, su vista se oscureció sin poder evitarlo. Tomo su báculo y con un gran esfuerzo logro cubrirse del ataque directo de Enishi.

- Ha sucumbido tan fácil ante su demonio interno que ni siquiera puede controlar su poder – dijo con gran esfuerzo, Kaoru, quien trataba de resistir ante la fuerza de Enishi, ya que este sujetaba el báculo tratando de ganarle a su poder.

- ¡¡Cállate!! Deja de confundirme – grito Enishi sin querer oír las palabras de Kaoru.

Kaoru aumento su fuerza y el báculo rechazo la esencia demoníaca de Enishi lanzándolo a metros de distancia. La pelinegra cayó de rodillas exhausta, respiraba con dificultad mientras miraba el cuerpo inconsciente de Enishi cerca del campo que ella mantenía. Se levanto y camino hasta él, su respiración era normal, su rostro pacifico haría creer a cualquiera que dormía.

- Príncipe, lo que buscas en mi no lo encontraras, mi corazón amor no puede darte ni mi alma consolarte – Kaoru se agacho y curo sus heridas provocando que este abriera levemente sus ojos – Ve y esclarece tus dudas, encuentra la verdad tras tus ambiciones y si tu corazón decide enmendar sus huellas, buscadme – se disponía a levantarse cuando Enishi tomo fuerte de su muñeca.

- Confías demasiado en los demás, no siempre encontraras la misma respuesta en los corazones de las personas que te rodean. Admito que me haz derrotado, pero no pienso detenerme, te buscaré, no lo dudes ni por un segundo – le dijo en tono apenas perceptible, Enishi.

Kaoru se soltó de su agarre al sentir las pequeñas punzadas de dolor en su muñeca, lo miro confundida y luego lo vio cerrar sus ojos. Se levanto y sonrió mientras caminaba hacia Aoshi y Megumi quienes preocupados se acercaron al campo.

- Ni en el cielo ni en la tierra se habían escuchado sus nombres, y como truenos sonaron marcando el final de una era y el nacimiento de otra. Los reinos de los hombres caen y suben en los torrentes del tiempo pero solo uno permanecerá… Esas son las palabras de mi padre… - dijo Kaoru antes de caer en los brazos de Megumi.

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El sonido seco resonó en la habitación, el estrado había sido golpeado provocando que los papeles que en el reposaban yacieran ahora esparcidos en el suelo. Ojos carmesí veían con fastidio y enojo los papeles, mientras sus pies no encontraban tranquilidad caminando de un lado para otro al esperar noticias de sus compañeros, aunque no tuviera ningún apego por ellos.

Volvió a golpear con fuerza la madera y froto su frente nervioso, así permanecía desde que en la lejanía, el Pilar de Lumen se había extinguido sin su consentimiento. Pensar que podía dejar todo en manos ajenas fue una estupidez, pero ahora sabía que todo dependía de él.

- Si no fuera tan impulsa y celosa, todo estaría bien – gruño enojado mientras le daba la décima vuelta a la sala del consejo.

- Shishio, tranquilízate – escucho la voz de un anciano a su espalda – Ellos vendrán pronto, aunque me atrevo a suponer que tu desesperación no es por el bienestar de mis queridos estudiantes – termino de hablar, Genzai, quien era el más sabio de todos los jueces.

- El Pilar de Lumen se apago ayer en el periodo nocturno, Genzai-sama, ¿Cómo puede seguir confiando en ellos? Son débiles y han arriesgado el Corazón de Levis – dijo Shishio frustrado, quería tener el control sobre la protección del Corazón de Levis y no se lo permitían.

- ¿Que es lo que mas te perturba, Shishio? – se escucho desde la puerta, la voz gruesa y firme de un hombre – ¿Que no te puedas acercar a Kaoru o que no tengas poder alguno sobre ella? – se dejo ver el dueño de aquella voz, mostrando su cuerpo fornido y tallado por el trabajo constante de los entrenamientos.

- Hiko… - espeto con gran rencor, Shishio.

- Ellos vienen en camino, Kaoru esta a salvo y han recuperado el Corazón de Levis con éxito – agrego Hiko, diciéndolo mas para Genzai que para Shishio.

- ¿A que precio lo han obtenido? – dijo con enfado Shishio quien se negaba a callar – La han dejado morir y osas a decir, con éxito? – espeto lleno de cinismo.

- A veces creo que deberías ser un demonio y no un arcángel, tus comentarios llenos de cinismo y cizaña no pueden tener otro objetivo que el de perjudicar – dijo tranquilamente, Hiko, rodeando a Shishio mientras caminaba a su alrededor.

- Guarda tus palabras, han llegado y esta vez no me negaran ver al Corazón de Levis – fue lo ultimo que pronuncio antes de marcharse rumbo a los portones de cristal en donde le daban la bienvenida al Monarca de Lumen.

Genzai miro con profundidad la actitud de Shishio y luego miro a Hiko. Ambos asintieron sabiendo la verdad que ocultaba y rieron al ver como caía en cada trampa que le ponían. Mientras en las cercanías del Pilar de Lumen, tres arcángeles entraban precedidos de dos vampiros y en los brazos del Juez de la Ira, el monarca de Lumen dormía placidamente.

Caminaba velozmente entre los ciudadanos de Lumen, sus ojos carmesí estaban llenos de ansiedad por ver frente a frente a su objetivo. Casi dieciocho años de vivir en la misma ciudad y nunca le habían permitido verla o acercársele, pero esta vez todo seria diferente. Podía percibir como Hiko lo seguía sin apuro entre la multitud, sonrió cínicamente pensando en la sorpresa que se llevarían cuando el preciado Corazón de Levis desapareciera.

Por las majestuosas puertas de cristal, entraba Aoshi con Kaoru en sus brazos. Se paralizo al instante al ver a la dueña de aquel tesoro invaluable, la única alma que lo podía llevar a la victoria, la única mujer capaz de cambiar el rumbo de la historia. Entendía por que el repentino interés de Saito en cuanto la vio, el de Battousai e incluso de su hermano bastardo, no podía culparlos ni mucho menos decir que no estaba creciendo el mismo interés, pero a diferencia de ellos, la utilizaría para fines superiores a una vaga felicidad.

Megumi caminaba al lado de Shogo y Misao, quien sonreía por poder entrar nuevamente a Lumen con la capa de protección que Megumi le había obsequiado, la que hace muchos años había usado Saito para entrar en la ciudad en busca de su prometida.

- Megumi-san, ¿Kaoru se pondrá mejor cierto? – Pregunto Misao con la esperanza de una respuesta afirmativa – Ella es fuerte – agrego sonriente mientras veía a "Kaoru-sama" como ella le llamaba para luego desviar su vista al apuesto arcángel que con delicadeza se había ofrecido a llevar al Pilar de Lumen.

- No te preocupes, eso si, ten mucho cuidado, Misao… - dijo Megumi con el presentimiento de que las palabras de Sanosuke pronto tendrían un significado y todo indicaba que tenia que ver con la pequeña que ahora sonreía ante ella. No podía culpar al arcángel por posar sus ojos sobre ella. Esa niña era una ternura en toda la expresión de la palabra y todo lo que implicaba el adjetivo.

- Tu también presientes la desgracia que se avecina – comento Shogo con voz baja a Megumi – Pero todo tiene un motivo, nada es casualidad. Por ningún motivo interfieras, sabrás a que se refiere Sanosuke cuando llegue el momento – agrego antes de tomar la delantera dejándola con Misao y los dos vampiros atrás.

- Ahora como sabe que hable con Sanosuke… - dijo enojada Megumi – estos si son chismosos… - dijo con un mohín provocando que Misao se burlara por unos minutos de la expresión infantil de la arcángel.

- Megumi-san, no sabe como me alegra verla mejor, esa caminata en medio del bosque ayudo mucho – dijo en tono cómplice, Misao.

- ¿Qué? – dijo asombrada, Megumi. Acaso todos sabían lo que había sucedido, no podía creer lo predecible que podía llegar a ser uno cuando esta enamorado.

Misao seguía caminando con tranquilidad hasta que sus ojos chocaron con la mirada carmesí de Shishio, un escalofrió recorrió su cuerpo y por unos segundos pudo leer su mente. Una mirada llena de desesperación fue dirigida a Kaoru, Misao entendía que él era el traidor del que Aoshi hablaba con Megumi. Cuando todos estuvieran reunidos tenia planeado desenmascararlo, dejo de mirarlo rápidamente evitando así que descubriera que ella sabia de sus planes.

- Shogo-san, por favor adelantémonos – dijo Misao suplicante, quería alejarse del alcance de aquel sujeto.

- De acuerdo – alcanzo a decir, Shogo, caminando rápidamente con Misao de la mano.

Shishio la seguía con mirada – Siempre has sido un obstáculo, pero ahora me has dado la oportunidad perfecta para acabar contigo, antes de que rebeles mis intenciones antes de lo debido – Sus labios curvados en una sonrisa lucían llenos de maldad, sellos de un secreto nada agradable.

- Después de todo tu presencia aquí será provechosa – profirió tomando la mano de Yumi – aunque me hallas desobedecido, todo será olvidado si logras despejar de mi camino a la pequeña traicionera. Ya no es necesaria en nuestros planes, ya se como obtener su sangre y alma sin la necesidad de mantenerla con vida.

- Dime tus intenciones, que su vida se extinguirá antes de que de tus labios escape un suspiro – se acerco tentadoramente, Yumi a su amante.

- Toma, ya verás lo que sucederá después – ordeno a Yumi, entregándole un hermoso envase plateado con un listón rojo.

- Así será, Mi señor – dijo llena de un deseo que nunca seria correspondido. Shishio nunca la amaría como ella esperaba.

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Aoshi estaba recostado del barandal un poco pensativo, entre sus manos acariciaba la de Misao. Pensaba en las palabras que Megumi les había dicho. Sabía que era una advertencia, algo que definiría el destino de ambos. Chasqueo enojado al pensar en Sanosuke y sus adivinanzas, no entendía porque no le dijo que sucedería simplemente sin dar tantos rodeos. Misao lucia débil aunque sonriera a su lado, la miro de reojo mientras ella disfrutaba como siempre de la vista.

Cuantas veces había soñado con estar así junto a alguien, por siquiera tener sus labios. Nunca se hubiera imaginado que seria de una vampiresa ni mucho menos que tuviera el corazón de Misao. Ella era la prueba de que siempre eran escuchados los deseos de su corazón, que su creador nunca lo había abandonado y que siempre cumple cuando se confía ciegamente en él. Acaricio su cabello robando una sonrisa de sus labios. Lo miro como siempre, atravesando su alma con aquella mirada esmeralda, explorando cada recoveco de su corazón. Solo atino a sonreír ante su expresión inocente y llena de amor, pero eran tan solo para él.

Lucia un poco cansada, sabia que ella nunca le diría que necesitaba sangre pero su debilidad iría en aumento si no la ayudaba, como siempre se callaba para no preocuparlo pero también por miedo a su aceptación, se sentía culpable por ser vampiro, pero como podía culparla si sabia que aquel ángel que había llegado a su vida no había escogido su destino, como decirle que por ser fuerte y llena de vida se había enamorado de ella sin pensarlo. Aun no estaba listo para que ella lo leyera como un libro abierto. Sin embargo, no tenía miedo de demostrarle que la amaba no importando su naturaleza.

- ¿Estas bien? – dijo Aoshi tomando su rostro entre sus manos, sintiendo su piel fría.

- No se preocupe, Aoshi-sama, creo que estoy un poco débil por estar en este lugar – profirió sin mucho convencimiento, Misao.

- Eres mala para decir mentiras, no me ocultes nada, por favor – le dijo obligándola a mirarlo – Sé perfectamente que como vampiresa necesitas sangre y nos probado bocado desde que llegaste a Lumen y nos vimos por primera vez – anuncio Aoshi ante la mirada llena de culpabilidad que le brindaba Misao.

- No sabia como decirle o si quiera expresar tal necesidad tan ajena a usted – dijo apenada, Misao.

- Tranquila, ya he enviado a Yahico por un poco de sangre. Cuando mi hermana contrajo matrimonio con aquel vampiro era igual, así que no sientas miedo o pena de decirme cualquier cosa. Ya estoy acostumbrado por decirlo – le dijo Aoshi sonriendo para ella, mientras sus labios se acercaban a su frente depositando tranquilidad y amor en su piel.

- No quiero despertar nunca – susurro Misao apegándose a él.

Aoshi la miro confundido, pero entendía que en su mente, luego de vivir momentos tan difíciles aun era algo tan lejano o imposible que todo estuviera bien. Suspiro abrazándola y dejando que se recostara sobre él. Lentamente Misao fue sintiéndose mejor al sentir como Aoshi la envolvía en sus brazos y la reconfortaba con su esencia, la frialdad y aquella debilidad que había sentido desaparecía momentáneamente causándole felicidad, una que para ella era inalcanzable al lado de aquel arcángel.

- Aoshi-sama… - tan solo pudo emitir su nombre, el apoyo su barbilla en su cabello y con tono suave le pregunto si pasaba algo – Usted siempre estará conmigo…¿Cierto? – pregunto con miedo a despertar en cualquier minuto.

- ¿Puedes sentirme? – le dijo apartándola mientras la miraba fijamente y ambos unían sus manos – Esto es real, no estas soñando, lo que sentimos es real. Sé que tienes miedo por tu naturaleza, pero a que le debemos temer más que a nuestros propios miedos y corazones, y si nos alejáramos nunca nos abandonaríamos por que somos uno – Ambos cerraron sus manos uniéndose, sus frentes unidas y rozándose levemente sus narices, disfrutando de la cercanía, de su amor, sintiendo que en cualquier momento alguien vendría a separarlos.

Sentía miedo, no importaba si ella moría pero si a él le pasaba algo por su causa, no lo soportaría nunca. Él estaba ahí con ella, suspiro pensando si podría existir algo más reconfortante que estar en los brazos del hombre que su corazón había escogido amar. Le encantaba cuando se aprovechaba de su tamaño y fuerza, o cuando la besaba y no cerraba los ojos. A pesar del poco tiempo de haberlo conocido, era tal la conexión entre ellos que su alma simplemente había deducido que siempre había esperado por él, incluso sin saber de su existencia.

Permanecieron así, viendo los hermosos jardines sin apartarse uno del otro. Aoshi la abrazaba apoyando su barbilla en su cabello y rodeándola con los brazos desde atrás. Para ella era agradable el ligero peso que ejercía la barbilla de Aoshi, y más cuando la movía y la abrazaba más fuerte. Recordándole que él seguía a su lado.

Misao pudo escuchar los pasos de alguien acercándose, era una hermosa mujer con una túnica verde olivo. En apariencia lucia como un ángel, pero algo le decía que no era buena.

- Aoshi-sama, Misao-san, me han enviado a avisarles que pronto iniciara la reunión y que deben estar presentes – dijo la extraña mujer haciendo una reverencia y marchándose.

- Aoshi-sama, ¿Es necesario que vayamos a la reunión? – pregunto Misao presintiendo lo peor.

- Misao, es nuestro deber presentar tu condición y solicitar que tu estadía sea permanente aquí. No podemos ser arbitrarios y dejarte quedarte sin el permiso de los Sabios del Consejo – le explico sin perder la calma ante la petición de Misao. Él también pensaba que lo mejor seria no ir, mas no era lo correcto.

Con sus brazos la aparto suavemente de él y luego tomo su mano acercándola nuevamente. Sus labios se unieron por unos segundos, Misao le brindo una sonrisa pensando en lo injusto que llevaba a ser Aoshi. Ante tal chantaje como podría oponerse a cualquier petición.

Ambos se tomaron de las manos y caminaron por los pasillos del Templo de la Ira, los esperaban en el Templo de Lux todos los jueces, y él como uno que era debía estar presente. Bajo la mirada, por su mente pasaron brevemente imágenes desoladoras de su futuro, Misao en un féretro dormida. La miro sin saber que hacer o decir, pero impediría a toda costa que algo malo le sucediese a la persona que era dueña de su corazón y de su alma. Y si de ser necesario, él tomaría su lugar.

- Aoshi, haz llegado con la dulce Misao – dijo Hiko al verlos entrar juntos.

El ojiazul miro a Misao y soltó su mano indicándole que esperara por él - Hiko, en estos momentos somos un blanco abierto a cualquier ataque, Sanosuke nos ha informado de un traidor y sobre todo de alto rango – dijo Aoshi un poco alejado del grupo con Hiko.

- Esta será la última reunión del Consejo, Aoshi, sé perfectamente a quien se refiere Sanosuke pero no es prudente atacar a nuestro enemigo sin estudiar la mejor estrategia – emitió Hiko con una tranquilidad perturbadora.

- Siempre has sabido la identidad de este traidor y aun así nos expones al peligro sin decir palabra alguna – exclamo enojado ante la actitud de Hiko.

- Lo único que debes saber es que, en los momentos más difíciles, siempre debemos hacerle caso a nuestro corazón y no a nuestros impulsos. El día de hoy será tu prueba más grande, tú decidirás el futuro de ambos. Tan solo recuerda que el amor es un sacrificio sin egoísmos y que su poder va más allá de cualquier otra arma. No te dejes absorber por la oscuridad, Aoshi… Ella no soportaría perderte ni mucho menos su alma un ataque como ese, tan solo recuerda el poder que tiene tu alma y nada sucederá – se hicieron escuchar las sabias palabras de Hiko ante un Aoshi atónito.

Hiko cerró los ojos y suspiro confiando en su alumno, sabia que no seria fácil, pero así comprendería muchas cosas respecto a la muerte de su hermana y sobre todo, su alma seria purificada. Le dio un par de palmadas y se alejo dejándolo pensar por unos momentos.

- Siento como si entendiera cada palabra, como si estuviera dispuesto desde hace mucho tiempo a hacer algo que desconozco, pero todo será por ti Misao… por ti – dijo Aoshi dejando escapar su primera lágrima de amor.

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- Caminen con cuidado, todo debe quedar listo antes de que lleguen todos los jueces. ¡¡Apresúrense!! - gritaba nerviosa Tsubame quien arreglaba el salón principal donde se llevaría a cabo la reunión.

Detrás de ella, un sonriente Yahico la miraba agitada y con el cabello un poco desordenado después de todo el trabajo que había realizado en minutos. En su opinión, a pesar de ser humana, era única en belleza y sobre todo trabajadora.

- Yahico-kun, todo quedara listo en cinco minutos, se lo aseguro. Por favor vaya a ver como se encuentra Kaoru-sama y luego me dice, ¿Si? – dijo Tsubame nerviosa, no podía trabajar con su mirada sobre ella, y para su ventaja, sus mejillas ahora rojas eran disfrazadas por el cansancio en vez de su obvio estupor.

- Iré a ver a Kaoru-san, no te preocupes, te diré todo en cuanto regrese – dijo Yahico tranquilo sin sospechar de las verdaderas intenciones del repentino interés de Tsubame en la condición de Kaoru.

Miro resignada al piso, él nunca sospecharía de su amor ni mucho menos tenia la oportunidad de ser su pareja ya que era humana. Tenia muy claro lo que sucedería si ella declaraba sus sentimientos. Una simple sacerdotisa no podía enamorarse de un arcángel y tentarlo a probar la carne. Sus pensamientos fueron inundados por una galería de tragedias de las personas que habían desafiado esa regla por amor, y Tokio-sama era una de ellas.

Siguió caminando y ordenando a los trabajadores que debían hacer, pero su mente volaba muy lejos de donde debía. En una de las bancas se sentó sin esperar y observo su trabajo orgullosa. Los minutos habían pasado desde que envió a Yahico a ver el estado de Kaoru y se sorprendió ante tal pensamiento, ella una simple humana le había ordenado a un Juez, un arcángel y sobre todo, él sonriente le obedeció.

- Niña, no crees que debes seguir trabajando en vez de estar pensando en estupideces – escucho la voz de una mujer al frente de ella. Tsubame abrió los ojos encontrándose con una túnica verde y subió la mirada al ver que era un ángel, pero nunca la había visto ni mucho menos la conocía, cosa que la extraño.

- Disculpe, solo descansaba las piernas un rato, me sentía mareada – Tsubame se intento excusar.

- Ese recipiente que llevas, te lo encomendó aquel niño, ¿cierto? – pregunto la extraña mujer sin dar rodeos, provocando que Tsubame abrazara sobre-protectoramente la vasija que Yahico le había encomendado entregar únicamente a Misao cuando llegase el momento.

- Es mi obligación hacer entrega de este recipiente, el Juez de la Gula me lo ha encomendado y usted no tiene autoridad sobre él – se defendió, Tsubame ante la mirada altanera y turba del ángel.

- No pensaba quitarte tu tarea, eso si, cambiare un poco el contenido de tu linda vasija… - dijo antes de dormir a Tsubame con veneno y agregar cuidadosamente el contenido oscuro a la vasija que aun abrazaba la sacerdotisa – Cuando despiertes, no recordaras nada… Cuando despiertes, cumplirás tu tarea al pie de la letra - agrego amarrando en la muñeca de Tsubame el listón rojo que antes colgaba del envase de la posición.

En el segundo piso del Templo de Lux, Yahico volteo súbitamente ante la imagen de Tsubame pidiéndole ayuda. Respiro y se tranquilizo, vería como se encontraba Kaoru y luego regresaría donde Tsubame, todo estaría normal… ¿Qué podía sucederle estando en el Templo de Lux?

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Kaoru abrió lentamente los ojos, a su lado se encontraba Kenshin tomando su mano. Cuando iba a preguntarle donde estaban este la callo poniendo un dedo en sus labios y le pidió guardara silencio. Apoyándose en sus brazos observo el Pilar de Lumen brillando en el centro de su habitación.

- He regresado…- dijo aliviada, Kaoru.

- Tranquila, aun no te has recuperado. Tu cuerpo no esta sanando debidamente – dijo Kenshin con voz suave y baja, sorprendiendo aun más a Kaoru quien se preguntaba como había conseguido entrar sin que Aoshi o Shogo lo sacarán. Estaba feliz de verlo al fin a solas, y tomo su mano besándola con delicadeza, agradeciendo su preocupación y compañía.

- Veo que no pierdes el tiempo, Battousai – dijo Hiko quien entraba con las vendas que Megumi había bendecido e impregnado de su poder. Ella no podía estar presente ya que debía acompañar a Genzai en todo momento.

- Hiko-sama… dijo tranquila Kaoru viendo como este se acercaba preocupado a ella – No se preocupe, me pondré bien – en su rostro reinaba una sonrisa.

Hiko correspondió el gesto y triste removió juguetonamente el cabello de Kaoru comprendiendo que solo lo decía para no verlo preocupado. La ayudo a sentarse mejor en la cama y Kenshin lo ayudo a traer un poco de agua. Kaoru hizo un gesto de dolor que intento ocultar de inmediato, pero el Juez del Orgullo lo noto inmediatamente y supo que sucedía al quitar sus manos y notar que había coagulo un sus brazos. De inmediato la soltó sabiendo que al ayudarla a sentarse quizás se había excedido en su fuerza.

- Usted no tiene la culpa – dijo Kaoru al ver el semblante de Hiko, asustado y viendo sus manos – No debí pensar que soportaría estar sin mis poderes, fui muy orgullosa para saber que aun me falta mucho – profirió triste al sentirse débil.

- Sabias del origen de Misao, y la importancia de que ella permanezca junto a nosotros. Has sido fuerte y valiente, ahora solo descansa, en unos minutos Kenshin me ayudara a llevarte al Salón del Consejo – dijo Hiko de manera paternal – Ahora te dejare a solas con mi futuro baka-deshi, es un cabeza dura pero me agrada, no demoren, Shogo viene en camino y también Yahico.

- Gracias, Hiko-sama… - dijo Kaoru al ver a su protector salir por la puerta mientras Kenshin lo miraba interrogante por la oportunidad que les había obsequiado.

Kenshin no pudo hacer más que mirar divertido lo poco que comprendía a ese sujeto y lo extraño que siempre procedía, a veces reprendiendo y otras complaciendo los caprichos ajenos. Era como el padre del lugar, sin notarlo ya sentía cierto apego hacia ese sujeto.

- Es cierto, todos lo queremos mucho, al igual que tu también lo harás – dijo Kaoru mientras le pedía que se acercará.

- ¿Cómo sabes lo que estaba pensando? – Kenshin se acerco a ella confundido.

- Hay Kenshin, no sé lo que pensaste exactamente pero, tu mirada te delata – le dijo Kaoru intentando sonreír mientras se recostaba.

- Por lo menos ya no te diriges a mí como príncipe… - agrego el pelirrojo sonriendo.

- Es cierto, Príncipe Battousai… - dijo Kaoru para molestar a Kenshin.

La miro feliz y no pudo evitar acercarse a su rostro. Sus mejillas encendidas por su cercanía le parecían gloriosas. Ella dudo por unos segundos al verlo tan cerca de su rostro, se tenso al instante mas al unirse sus labios sus hombros descansaron dándole la bienvenida calidamente a su lengua que parecía insistir en explorar territorios desconocidos. A medida que se profundizaba el beso, Kenshin fue poniendo sus manos a ambos lados de Kaoru, quedando encima de ella sin apoyar su peso.

Era nuevo y excitante esa forma de tratarla, pero le agradaba, y aun más desconcertante, en su interior crecía un calor agradable y envolvente a medida que sus cuerpos de acercaban más. Para ella era un descubrimiento la capacidad que tenia su cuerpo al estar tan cerca de él, y sin pensarlo lo obligo a caer encima de ella, quería sentirlo por completo como nunca antes. Kenshin fue sorprendido por las ágiles manos de Kaoru abriendo sus ojos y viendo la calida expresión en su rostro, ella no tenia idea de lo que estaba haciendo ni mucho menos que seguiría.

- Te amo, Kaoru – dijo separando sus labios de ella antes de seguir con algo que de seguro, su cuerpo no conocía – Y por eso debemos ir con calma – Kenshin aun dudaba si se podía oponer a sus labios hinchados haciéndolos mas tentadores o a su rostro sonrojado, su pecho subía y bajaba rápidamente, llamando la atención de sus ojos violetas.

- Entiendo, tan solo déjame disfrutar de tu cercanía – dijo Kaoru siendo abrazada por Kenshin – Esperare a que estés dispuesto a enseñarme cosas que desconozco, mi cuerpo es humano, lo sé, pero no siento hambre o tengo las mismas necesidades que otros tienen. Se que te detuviste por mi bien, lo siento… creo que no podré satisfacer tus necesidades si logramos estar juntos – termino diciendo mientras en sus ojos se asomaban lagrimas.

- Shhh… - Kenshin la miro con ternura, era cierto que ella despertaba muchas cosas dentro de él, pero esperaría lo necesario con tal de tenerla a su lado – Ya me das todo lo que necesito – le susurro el pelirrojo antes de ver como sonreía y dormía en sus brazos placidamente.

La recostó con cuidado, no quería que se despertase y aun más porque Hiko se estaba demorando. Se levanto dejándola por unos momentos, dando pasos quedos y silenciosos hasta llegar al mirador donde se podía apreciar en toda su expresión la Colosal Ciudad de Lumen. Apoyo su frente en el cristal, cavilaba en que haría para obtener el permiso del consejo, lucharía por contraer matrimonio con ella, eso haría…

- No puedes apartarte de ella ni un segundo – Kenshin escucho como alguien se dirigía a él enojado.

- Esta durmiendo como vez, no la he molestado – dijo Kenshin en tono inexpresivo.

- Hiko vendrá en unos momentos y yo lo ayudare a llevarla al Salón Principal, ya no se requiere de tu presencia, y en cuanto llegues busca a tu padre. No sabe que has estado aquí y ha preguntado por ti – dijo Shogo en tono de mando, analizando la mirada impávida del vampiro. Que extraño llegaba a ser ese vampiro, hace unos segundos antes de que notase su presencia en sus ojos se anunciaban un torrente de emociones sin cause y ahora, nada… Nada expresaba esa mirada ámbar, vacía.

- Hiko fue quien me dijo que cuidara de ella, pero no haré una escena. Me retiro – dijo Battousai sin dar mas problemas.

- Que extraños pretendientes tienes, Kaoru-chan – dijo lacónicamente, Shogo al ver partir a Battousai.

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Misao ya había tomado su lugar al lado de Aoshi, quien se encontraba parado detrás de un estrado de caoba con la placa de Juez de la Avaricia y la Ira. A su lado derecho se encontraba Megumi en un estrado similar pero en su placa decía Lujuria. Habían cinco estrados y uno de ellos estaba vació, el del Orgullo. Estaba nerviosa, y aun más al ver como el sujeto de mirada carmesí sonreía mientras tomaba su lugar detrás del estrado con la placa que relucía nombrándolo Juez de la Envidia.

Las puertas del Consejo fueron abiertas y de ellas emergieron la figura de tres personas. Shogo y Hiko entraban con una durmiente Kaoru al salón, que luego fue colocada en un altar al frente de los dos estrados principales, los Sabios del Consejo. Uno era ocupado por un anciano de noble mirada, había escuchado cuando claramente Megumi le había llamado Genzai-sama y el otro fue ocupado por Hiko.

- Aoshi-sama, tengo que decirle algo muy importante y seria mejor si usted le diera la noticia al consejo, ya que por mi naturaleza, quizás duden de la veracidad de mis palabras – le dijo Misao preocupada a Aoshi.

- Tranquila, cuando sea el momento, Hiko solicitara que des tu testimonio – dijo Aoshi tomando su mano, intentando tranquilizarla sin éxito.

Tres sacerdotisas entraron con bandejas, en estas llevaban copas para cada uno de los jueces así como para los sabios. Tsubame entro de ultima un poco desorientada sin saber cuando se había dormido o que había pasado.

Delante de Aoshi y Misao, se detuvo Tsubame quien le brindo una copa con sangre a Misao – Disculpe la demora, Yahico-kun me dijo que le trajera esto – profirió Tsubame quien se retiro rápidamente.

Misao miro por unos momentos la copa, dudando si bebería su contenido, pero al ver el rostro sin malicia de Tsubame sonrió y dedujo que solo era su imaginación.

- Es hora del brindis, ahora que estamos todos reunidos, iniciemos con el pie derecho esta sesión – dijo Genzai alzando una hermosa copa entre sus manos.

Sus ojos azules se desorbitaron al recordar las palabras de Sanosuke, Misao lentamente acercaba la copa a sus labios cuando las manos de Aoshi tomaron las suyas, no pudo ver en que momento le había quitado la copa, tan solo pudo ver como Aoshi ahora bebía la sangre que le habían entregado sin saber por que.

Cayo de rodillas en el suelo, su cuerpo estaba perdiendo su luminosidad poco a poco. Misao gritaba que le ayudaran pero solo podía leer sus labios. Alzo la vista viendo la cara de Shishio llena de rencor y supo de inmediato que él era el perpetuador de aquella traición. Sus labios se movieron por inercia y pronuncio su nombre a Megumi, quien se había acercado a él preocupada, intentando curarlo.

Todos miraron a Shishio con miradas acusatorias y de inmediato trataron de atraparlo.

- Maldita la hora en que esa mocosa puso un pie en Lumen – exclamo lleno de rencor hacia Misao.

Aoshi veía todo lentamente, hasta que Shishio emitió un rayo de poder hacia Misao. Sus rodillas flaquearon pero insistió hasta quedar frente a ella, Misao lo miro triste y confundida, su Aoshi ahora estaba casi sin vida, aun así estaba dispuesto a defenderla. Aoshi la miro como si fuera la ultima vez que la tendría en sus brazos y la beso.

Sus ojos se cerraron al sentir el impacto del rayo contra su cuerpo, el grito femenino retumbo en la habitación y la sangre mancho el suelo. La oscuridad se apodero de su cuerpo mientras sentía las lágrimas de aquella pequeña en su rostro, pero era muy tarde. Había escogido abandonar ese mundo para poder darle luz a su dulce corazón

El alma de Aoshi la envolvió, dándole un obsequio que jamás había imaginado. Sus lágrimas cristalinas ahora manchaban su túnica blanca, Aoshi se había sacrificado para regresarle sus alas con su vida.

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Es corto pero aquí esta otro capitulo, espero les guste mucho. Gracias por su apoyo¡¡¡

Sobre todo a Blueazulacero, Alis-chan y Andrea¡¡ Las quiero mucho.