Primer encuentro

,

Los Jads son y siempre serán lugares sin ningún tipo de leyes, pero una ciudad no puede subsistir de crimen. Es por eso que el comercio existe incluso en los Jads: poseen tanto tabernas como tiendas y existen sitios que son un poco más seguros que otros. Una persona fácilmente puede arreglárselas para sobrevivir siempre y cuando evite los bajos fondos, evite salir por las noches y, no cause conflictos.

Por desgracia, para los fugitivos no era una opción el vivir en otro sitio que no sean los bajos fondos. En especial si dicho fugitivo causo una masacre entera cuando escapaba de la prisión.

Marche no tenia muchas opciones, sabia que con el tiempo tendría que comenzar a moverse por otras zonas. Su idea principal era la de ocultar su rostro y evitar cualquier tipo de peleas, al fin y al cabo su escape no parecía algo que se hubiese echo publico. Suponía que dada la delicadeza de la situación a nadie le convenía que se supiese que estaba libre. Especialmente a él.

Aunque para él no seria fácil el no llamar la atención un, su actitud se había deteriorado hasta el punto en que no perdonaba si alguien lo miraba gracioso, lo que pasaba frecuentemente si se toma en cuenta su guardarropa, (aunque de esta solo se burlaban los estúpidos que creían que solo era pintura roja para intimidar). Y no muchos estaban dispuestos a abrir sus tiendas a un espadachín con ropas cubiertas de sangre, eso sin mencionar la atención que llamarían esas ropas si salía del Jad. Pensó en robarlas, pero no le convenía llamar la atención por un simple robo. Esos templarios se concentraban más en los barrios altos que en los bajos y no quería ser rodeado por ellos en pleno acto de presencia.

Para ocultar su rostro se había hecho con un simple casco de hierro que cubría toda su cara, era terriblemente incomodo y el calor que sentía era infernal, pero era más conveniente que ir enseñando su cara. Los templarios parecían conocerla muy bien y, si fueron enviados para capturarlo entonces no solo tendría que ocultar su cara, ¡tenia que salir de hay!

Pero con el aumento de sus atributos, pareciese que su suerte se había reducido terriblemente.

Aun si conseguía ropa nueva, los templarios parecían haber instalado un puesto de control a las afueras del Jad Helje; justo donde los protegen sus queridas leyes, por lo que el matarlos estaba fuera de contexto.

En definitiva estaba jodido.

Se encontraba varado en el Jad de Helje, con templarios y la peor clase de criminales rodeándolo, su atuendo por si mismo lo catalogaba como sospechoso, no tenia ninguna ruta de escape y, aunque lo ignoraba, su casco lo hacia ver todavía más aterrador, lo que obviamente llamaba más la atención.

Caos…

Una idea lo asalto de repente.

El caos.

Él necesitaba infundir caos.

Si las leyes representaban el orden en toda región Ivalice, entonces solo debía deshacerse de ellas.

Cid…

Cid era el encargado de mantener el orden; él se encargaba de imponer las leyes. Las leyes que tan injustamente lo habían condenado a un año de encierro en la peor clase de infierno que pudiese existir en este mundo de fantasías.

Nuevamente podía sentir la ira creciente en su interior, afortunadamente no había nadie a su alrededor o, definitivamente más de uno hubiese acabado como una masa irreconocible en el piso. Estaba más que dispuesto a matar solo para descargar su furia.

Para empeorar todavía más su estado de humor, sabía que era imposible llegar a Cid en estos momentos. No solo porque estaba atrapado en Helje, sino porque su nueva base de trabajo se hallaba en el Palacio de Bervenia.

Si le era difícil moverse ahora, entonces le seria imposible entrar al palacio.

Si tan solo pudiese acabar con él, entonces podría aprovechar el caos que causara la ausencia de leyes. Tardarían un tiempo en recuperarse de la conmoción, y más aun en conseguir un nuevo Juez supremo. El breve tiempo en que Ivalice se convirtiera en una tierra sin ley le serviría para moverse libremente y llevar a sus antiguos "amigos".

Tendría que pelear contra aquellos traidores tarde o temprano, y sabia que era inútil esperar a que fuese en un Jad. La pelea seria definitivamente en otro lugar y, el inicio de un combate marcaria el inicio del fin en cuando un juez apareciese en el campo de batalla. Tendría a la elite yendo por su cabeza y, con las leyes en su contra, se podía catalogar como acabado.

Lo quisiese o no; sabia que Cid debía ser el primero en caer.

También podía acabar con el Juez si se veía involucrado fuera de un Jad, pero ni en su estado actual seria capas de alcanzar a un Chocobo. La simple visón de él persiguiendo a un juez en pleno campo de batalla le daba una imagen mental totalmente ridícula.

Seria más fácil si tuviese a su antiguo clan.

No le gustaba recordarlo, es cierto que paso grandes momentos pero ninguno de ellos fue real, todo esto era una simple fantasía. Tampoco era como si supiese donde están en cualquier caso, posiblemente corrieron un destino similar al suyo.

Por ahora su única prioridad era dejar Helje.

-Mierda…

No había otra forma de describir mejor su situación.

Clack

Marche sintió que su oscuridad interna estaba rugiendo, ansiaba el devorar más de este mundo de fantasías y, ese inconfundible sonido de metal contra metal era justo lo que necesitaba para descargar toda su frustración. Su pulso se acelero, su sangre hervía, y por un instante, de haberse podido ver su rostro, cualquiera hubiese confundido su caninos con colmillos.

Corrió, siguiendo el sonido de los gritos y el olor a sangre derramada. Era justo lo que necesitaba.

Cuando llego, la victoria ya era prácticamente clara para uno de los lados.

Sin embargo, lo que llamo su atención ya no fue la batalla que se estaba librando, sino uno de sus combatientes. Sin darse cuenta, comenzó a caminar hacia el campo de batalla, ignorando todo a su alrededor. Se planto cerca del combate y comenzó a mirar. No miraba la masacre, porque no la había; el lado vencedor se estaba esforzando para no matar a nadie. Lo que su vista seguía era el combatiente del que no había podido despegar su vista desde que llego.

Esos movimientos elegantes, llenos de gracia y belleza. Era claro su oficio: esgrimidor. Su larga cabellera, ¿pelirrojo claro? ¿Rosa?

Un clan formado únicamente por vieras.

Furia.

Un líder humano.

Traición.

Una cara conocida.

Odio.

Detrás de su casco, el eco que producían sus gruñidos los hacían parecer totalmente inhumano. Era como una bestia que se liberaba de sus cadenas solo para estar cara a cara con su azotador.

La chica por la que tuvo un flechazo en el pasado; cuya puñalada por ese mismo estoque que utilizaba para pelear todavía ardía.

Muerte.


Ritz Malheur se encontraba peleando codo a codo con su clan, o eso quisiese. Shara todavía no la había perdonado por lo que paso con Marche, lo que las había distanciado un poco en este ultimo año.

La misión era en si simple: un grupo de contrabandistas de armas que hacían una parada en los Helje para abastecerse de materiales de procedencia sospechosa. Un combate simple y los sacarían del Jad para mandarlos justo a prisión.

Lo malo es que era demasiado fácil. No por nada eran considerados el clan más fuerte de todo Ivalice.

La recompensa era más de lo que se requería para una misión como esta, pero no podía quejarse, casi no había buenas misiones por lo que tenía que conformarse con algo sencillo como esto.

No fue asta que derroto al mago azul cuando su vista se desvió un poco hacia la derecha. Lo que noto le llamo un poco la atención y, extrañamente, la puso sumamente nerviosa.

Mirándola fijamente, un guerrero con ropas totalmente destrozadas y manchadas de sangre, con una gigantesca espada, y un casco que cubría su rostro estaba mirándola fijamente. De haber sido de noche y, no estar rodeada por sus compañeros, de seguro le hubiese preocupado encontrarse a alguien así. Pero sea quien sea no se encontraba en posición para intimidarla, ella ya había echo caer a más grandes. Pero, extrañamente no podía dejar de sentirse sumamente nerviosa, había algo en ese sujeto que le llamaba la atención.

Entonces se dio cuenta, ¿estaba gruñendo? No podía escucharlo bien, pero juraría que estaba gruñendo como un animal. Que ella supiera no había una clase para los humes que se centrara en su lado animal. Aunque ella no tendría que poder ejercer oficios de viera, por lo que no debería parecerle raro que ese sujeto pidiese ser de una clase de otra raza.

La espada que sujetaba ese hombre se encontraba prácticamente raspando el suelo y… temblando. ¿Miedo? No. Era la furia, no tenia que ver su cara para saber que el tipo estaba furioso. Quizás solo sea parte de los contrabandistas y, esta molesto por como estamos dándole una paliza a sus compañeros, esos fueron los primeros pensamientos de Ritz.

Pero parte de ella todavía lo dudaba. De haber estado más cerca, hubiese visto la pequeña cicatriz junto a su pecho, que ahora era visible por sus destrozadas ropas y, quizás, hubiese tenido una mejor idea de quien se encontraba detrás de ese casco. Aunque de seguro también lo hubiese negado, por lo menos hasta ver su cara.

Lo que en estos momentos veía era solo un enemigo que ya comenzaba a sacarla de sus casillas.

Se puso en guardia frente a él y, con una sonrisa extendió su mano para hacer un ademan de "vamos". La provocación era útil para pelear con los que se enfadaban con facilidad. Y este sujeto parecía uno de ellos.

No tenía ni idea de a quien acababa de provocar…

,

Continuara…


Fue corto, pero estoy un poco apretado con el horario.

Una pequeña lista de traidores a los que Marche quiere matar y ver sufrir.

Matar:

Ézel Berbier.

Cid Randall.

Babus Swain.

Llednar Twem.

Remedí.

Sufrir:

Ritz Malheur.

Mewt Randall.

Doned Radiuju.