Un día fantástico

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Ritz no perdería toda la confianza en sus habilidades solo por un extraño cubierto de sangre. Ella había hecho caer a dragones con un solo ataque, podía completar misiones en solitario con un perfecto éxito. Ella y todo su clan.

Su clan era el más fuerte. Habían demostrado toda su fuerza cuando se apoderaron de todos los territorios de Ivalice. Aunque Sara solía decir que más que ganado, se lo habían robado a…

Ritz sacudió su cabeza, no tenia por que pensar en eso, especialmente ahora. Ese sujeto no había demostrado signos de haber sido afectado por la provocación, aunque posiblemente se debía a que ya aparentaba estar muy enfadado. Ritz no necesitaba ver su cara para saber que de seguro ya tenia los ojos rojos de furia y, estaba dispuesto a lanzarse directo a ella en cualquier momento. Eso era lo que esperaba, un ataque directo seria fácil de esquiva y, dado lo pesado del arma no seria muy rápido, por lo que podría aprovechar el momento después del ataque para dejarlo K.O.

La sonrisa en su cara era bastante real, después de todo tenia una completa confianza en su fuerza, pese a estar en un Jad. Ella no era de las que se encojen de miedo; ella es la clase de persona que se queda para luchar, que jamás da la espada a su enemigo y pelea de frente, no necesitaba ninguna ley para protegerse o ganar fácilmente, solo necesitaba su estoque y cualquier miembro de su clan para sentirse invencible.

Los gruñidos se hicieron más fuertes, ya no necesitaba concentrarse para oírlos. Estaba apunto de atacar; Ritz lo sabia.

Eso solo la emociono, ella sabia lo fácil que era acabar con este tipo de sujetos. Solo necesitabas un tiempo para deducir sus movimientos y, la pelea estaba ganada antes de empezar.

Como esperaba, el guerrero se precipitó con un ataque de frente, lo que no esperaba era que fuese tan rápido o, que un miembro de su clan se hubiese puesto en el camino mientras peleaba con uno de los contrabandistas.

El guerrero rugió tan fuerte que llamo la atención de todos en el campo de batalla. Por lo que todos vieron el sangriento espectáculo.

Más rápido de lo que Ritz penó que podía controlar ese espadón, el guerrero ensangrentado partió a la mitad a los dos estorbos que se cruzaron en su camino. La mitad superior de su compañero, junto con la otra mitad del contrabandista volaron por los aires, pero el guerrero no se detuvo. Con un nuevo rugido continuo su marcha.

Ritz estaba completamente en estado de shock. Jamás en toda su vida, a parte de las películas en su mundo, había visto a alguien matar de forma tan brutal y, lo peor de todo, acababa de ver como uno de sus amigos era cortado a la mitad. Todo parecía estar pasando en cámara lente, los cuerpos cayendo al piso, la sangre que comenzó a salir como una fuente de la parte inferior de los cuerpos antes de que cayeran, el homicida que rugía como una bestia directo a ella.

De repente, se sintió muy cansada.

Podía ver a esa bestia correr directo a ella, pero extrañamente no podía mover su cuerpo.

El espacio que parecía separarlos se fue acortándose cada vez más y, Ritz no parecía darse cuente. En ese momento a parte de los cuerpos en el suelo su mente estaba completamente en blanco. No fue hasta que se dio cuenta de la espada que se levantaba sobre ella cuando se dio cuenta de donde estaba y, lo que estaba pasando: estaba peleando… en un Jad.

Con un movimiento rápido y torpe, salto hacia atrás en lugar de esquivar de lado como lo había planeado. Solo fue un centímetro, pero la espada estuvo tan cerca que pudo oler la sangre en esa hoja, el hedor era tan fuerte que por un instante sintió deseos de vomitar.

El horrible olor a sangre y muerte hicieron que perdiera la poca concentración que había recuperado y, callo de espaladas al piso.

El espadón impacto tan fuertemente en el suelo que levantó una enorme nube de polvo; de haberla impactado de seguro la hubiese partido por la mitad.

Lo primero que Ritz pensó es que nuevamente lo levantaría, pero no hizo nada. El guerrero se quedo totalmente quieto, como si estuviese meditando algo importante o, decidiendo como la mataría. Ese segundo pensamiento la puso algo nerviosa, pero rápidamente paso su vista a su compañero caído y, todas sus dudas y temores fueron sustituidas por la furia. Ese hombre había matado a un miembro de su clan; a uno de sus amigos.

Pero, ella seguía sin poder moverse, todo lo que podía hacer era escuchar esos inhumanos gruñidos que provenían detrás del casco.

Detrás del guerrero, una figura camuflada se preparaba para atacar. Se trataba de Rozie, su oficio era el de asesina. Aunque nunca había matado a nadie, no iba a dejar que ese sujeto matara a Ritz del mismo modo que había matado a Matilde. Solo necesitaba un momento para apuntar bien su golpe y…

El guerrero dio un fuerte golpe hacia atrás y, nuevamente, un cuerpo callo echo pedazos.

El asesino volvió su atención a Ritz. Su postura era derecha, y la punta de la espada descansaba en el piso. Solo la veía, gruñendo bajo ese casco, temblando de rabia.

Todos, incluyendo a los contrabandistas, se quedaron viendo la escena, nadie parecía poder moverse. Ellos no eran asesinos; no estaban dispuestos a matar.

Los contrabandistas ya habían oído los rumores sobre un monstruo que mataba horrendamente a todo lo que se atravesase en el camino, pero no creyeron que se toparían con él un sitio limítrofe con los barrios más altos. Una de las razones por las que fácilmente los habían descubierto en primer lugar.

Ya había pasado un minuto entero y, ese lunático no se había movido.

Ritz solo podía verlo, su cara había cambiado completamente de la imagen de la confianza absoluta, a la furia y desesperación. Se había mordido el labio inferior tan fuertemente que este comenzó a sangrar. Estaba inmóvil, ya había pensado en como acabar con él, pero no tenia idea de que tan rápido era o, que clase de habilidades tenia, quizás poseía una que pudiese eludir fácilmente su habilidad de premonición, entonces seria ella la que acabaría partida en dos.

El guerrero llevó su mano libre hacia el casco, como si estuviese apunto de quitárselo pero…


Una flecha impacto sobre el hombro derecho de Marche, el dolor que sintió fue suficiente para que el espadón se resbalara de su mano y callera al piso, antes de poder ver algo, una segunda flecha llego para ser implantada a solo unos centímetros de distancia de la primera. El dolor volvió a arremeter contra él. Su rugido fue remplazado por un grito de dolor.

-¡Sal de hay!

Esa voz era inconfundible para él. La compañera y mejor amiga de Ritz: Shara.

Esa maldita viera le había arrojado dos flechas al hombro y, de no haber levantado su brazo para que la tercera impactara contra él, de seguro habría atravesado su casco y la punta habría salida por detrás de su cabeza.

-¡Shara! –Grito Ritz.

Marche seguía adolorido por las tres flechas en su cuerpo, pero eso no le impido moverse hacia una zona segura entre los edificios que los rodeaban. Él sabia que sin sus habilidades tenia desventaja en los ataques a larga distancia y, las flechas puntiagudas con una hoja de doble filo, eran realmente diferentes a un montón de piedras lanzadas por un grupo de niños.

Ritz parecía haber recobrado el sentido cuando escucho la voz de su amiga. Se puso rápidamente de pie, con la intención de atacar, pero otra flecha arrojada muy cerca de su pie la detuvo.

-¡Te dije que salieras de hay, todavía es peligroso! –Nuevamente le grito Shara.

Seguía siendo tan intuitiva como siempre. Era cierto, Marche tenia suficiente fuerza para arrancarle la cabeza a Ritz solo con sus manos, pero en estos momentos solo podía utilizar su brazo izquierdo y, eso si no tomaba en cuenta la flecha que estaba incrustada en su antebrazo.

Estaba realmente furioso ahora y, dispuesto a salir para destrozar a todos.

Peligroso.

Era demasiado peligroso, no poseía el quipo necesario para bloquear las flechas y, sin sus habilidades no podía ser inmune a ellas.

Huye.

No le quedaba otra, tenia que huir.

Comenzó a correr, sin su espadón era inhumanamente rápido, puede que incluso tan rápido como un Chocobo. Pero no tenia tiempo para pensar en eso, tenia que moverse mientras esquivaba flechas, lo que hizo su escape más complicado.

Un paladín, uno de los contrabandistas, se puso en su camino y estaba dispuesto a atacarlo. Marche lo tomo por el cuello, lo levantó en el aire y lo estrello contra la pared antes de que pudiese hacer algo, el impacto fue tan fuerte que destruyo todo el muro; matando al paladín al instante.

No vasta decir que nadie se atrevió a meterse en su marcha después de eso.


Ritz solo podía ver como ese guerrero escapaba de solo un montón de flechas y, se pregunto porque había estado tan asustada. No fue hasta que vio los cuerpos de Rozie y Matilde, cuando lo recordó.

Los contrabandistas aprovecharon ese momento para escapar, ya habían tenido suficiente por ese día.

Ritz de dio cuente de que Shara se acercaba a ella.

-Shara… -Dijo con una sonrisa –Gracias por salvar-

SPLAM

Ritz callo al suelo.

Shara le había dado una bofetada.

-Ritz… -Su voz era furiosa; cargada de veneno –Te advertí sobre lo peligroso que se estaba volviendo Helje y, sobre el extraño comportamiento de los jueces a su alrededor, un buen líder se hubiese tomado la decencia de escuchar y, quizás, dos vidas se hubiesen salvado hoy.

Ritz no podía decir nada. Era cierto, Shara le había advertido de las extrañas actividades en Helje y, de su mal presentimiento sobre hacer cualquier tipo de misiones allí, pero Ritz no estaba dispuesta a dejarse intimidar por un par de rumores, de echo, deseaba poder descubrir la causa de estos y, para su desgracia, lo había encontrado.

Su exceso de confianza en sus habilidades y la des sus compañeros le había costado caro.

-Los que todavía tengan el estomago en su sitio, ayúdenme a llevar los cuerpos. Creo que sus familias querrán darles un buen lugar donde poder llorarlos.

Algunos se quedaron para ayudar a Shara, otros simplemente se fueron, sin saber siquiera si podrían continuar en el clan después de esto.

Ritz solo se quedo en el piso.

Unas lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos. Dos miembros de su clan habían muerto y, Shara la consideraba la única responsable. Lo peor de todo es que se sentía sumamente responsable, pero no podía dejar que las lágrimas la venciesen, ella era la líder después de todo. Tenia que demostrar una actitud serena y decidida. Se limpio los ojos y ayudo con los cadáveres de dos de sus más grandes amigas

En la noche, cuando todos durmieran, ese es el momento en que lloraría.


Marche estaba sentado contra la pared de un callejón pensando en su escenario actual: todas sus salidas estaban bloqueadas por templarios, lo buscaban por todo Helje, tenía tres flechas aparentemente envenenadas en su cuerpo, había perdido su arma y la oportunidad de vengarse de Ritz. ¿Qué podía decir? Realmente, fue un día fantástico.

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Continuara...