Nueva perspectiva

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Marche se encontraba jadeando contra la pared, no tenia ni idea de como proceder ahora. En su pequeño estuche poseía un antídoto, dos pociones, seis vendajes y cuatro colas de fénix, no es que pudiese encontrar nada más. Necesitaba tratar sus heridas con urgencia: si no extraía las flechas, contrarrestaba el veneno y vendaba sus heridas, lo más seguro es que morirá patéticamente y, sin hacer pagar a los traidores que lo condenaron al infierno.

En el pasado, cuando todavía viajaba con su clan, las heridas de los Jad eran tratadas por los magos blancos. Aunque en estos momentos no contaba con uno para aliviar tanto el dolor, como para contrarrestar el veneno. No es que le importara tanto, no necesitaba a nadie de este mundo imaginario que le ayudara con sus heridas. Podía sentir como el dolor disminuía poco a poco. Lo que sea que lo hizo más fuerte, parecía estar tratando de aliviar el dolor.

Lo que sea que estuviese tratando de sanarlo no podría hacerlo solo, era hora de hacer su parte.

Tomo la flecha que descansaba junto a su pecho. En cuanto toco la flecha pudo sentir una nueva oleada de dolor, reprimió un gruñido, no podía arriesgarse a que alguien descubriera su pequeño escondite. Presiono más fuerte la flecha y, comenzó a tirar.

-Gyaaaaaaaaaaaa

Un horrible grito inundo todo el Jad. Era por esto que tanto los odiaba, con leyes uno no debe preocuparse del terrible dolor de ser herido por flechas o balas, pero en los Jads era diferente…

Su herida comenzó a sangrar, trato de tomar una poción para aliviar el dolor antes de ocuparse de la hemorragia, pero se dio cuenta de que estúpidamente no se había quitado el casco. Esa maldita cosa seguía arriba y no se había percatado de eso, era por eso que le costaba tanto trabajo respirar. Se saco apresuradamente el casco y lo tiro aun lado, nuevamente comenzaron los jadeos.

Tomo una poción, le quito la tapa y se la tomo tan rápido que se atraganto. Su tos solo aumento más su dolor.

No tenía tiempo para esperar a que el dolor disminuyera, tenia que trabajar lo más rápido posible.

Más rápido que con la anterior, tomó la segunda flecha, la más cercana a su corazón y, la extrajo violentamente. Otro grito que trato inútilmente de reprimir sonó por todo el Jad. Casi pierde el cono cimiento, pero todavía faltaba una flecha y, tampoco se había tomado el antídoto.

Su furia hacia esa maldita Viera aumento todavía más, ya se la cobraría, le haría pasar por un dolor todavía más intensó de lo que él estaba sufriendo ahora.

Con un toda la fuerza de voluntad que le quedaba, jalo de la última flecha que se hallaba en su antebrazo. La sangre salpico todo el piso, no solo la del antebrazo, sino que también estaba perdiendo sangre por sus otras heridas.

Respiro pesadamente mientras trataba de acostumbrarse al dolor, luego tomo difícilmente la botella con el antídoto y, con un poco más de control, extrajo la tapa y se la bebió con más calma; eso solo se ocuparía del veneno, pero no del dolor o la perdida de sangre. Otro arranque de tos casi hace que vomite el antídoto.

Difícilmente se quito los harapos que cubrían toda la parte superior de su cuerpo. Antes que nada, tenia que ocuparse de las heridas cerca del pecho, por desgracia fue cuando se dio cuenta de que todavía le quedaba otra poción. Se maldijo a sí mismo por haberlo olvidado. Una vez consumida, se preparo para aplicarse los vendajes, todavía podía sentir los efectos del veneno dentro de él.

Casi pierde la conciencia, pero pudo mantenerlo lo suficiente para terminar de cubrir los dos pequeños agujeros cerca de su pecho, la hemorragia ya había disminuido considerablemente, por lo que solo tenía que preocuparse de que ninguna se infectara. Comenzó a vendar su brazo y, solo cuando termino, decidió que podía darse el lujo de descansar un poco.

Se quedo dormido, nuevamente, ese sueño o pesadilla donde todo regresaba a la normalidad comenzó a tragárselo. Pero esta vez, la sombra de un enorme lobo negro acompaño cada una de las escenas. No interactuaba con nadie; ni emitía ningún sonido, solo se dedicaba a observar.


El juez Cid ya no podía soportar a esos templarios, no habían echo nada más que trabajar por su cuenta, ni tampoco parecían estar dando resultado. Hasta ahora solo habían causado problemas: cerraban los caminos, inspeccionaban cualquier tipo de embarques sin importar su sospechosa procedencia, interrogaban a cualquiera que salía de los Jads sin importar de quien se tratase y, lo peor de todo es que todavía seguían refiriéndose al criminal como: Marche.

Eso era el colmo, Cid ya no aguantaba más su presencia. No importa si fue una orden de Llednar, estaba decidido a echarlos. De ser necesario él mismo se haría cargo de ese criminal, pero los templarios tendrían que irse.

Por desgracia, el Don Juez Cid no tenia ni idea que al deshacerse de los templarios estaría quitando la única barrera que se interponía en el camino de una terrible bestia.


Marche se despertó serenamente, no sabia cuanto había estado fuera, pero no le importaba. Todos los días eran exactamente iguales para él. Con dificultad comenzó a levantarse, se dio cuenta de todavía no se había cubierto la parte superior, aunque ya no podría utilizar esos harapos, así que solo comenzó a caminar, no podía quedarse tanto tiempo en un solo lugar.

Antes de irse, noto el casco en el piso, lo iba a necesitar si quería mantener su identidad oculta, eso y un mejor equipo. Si solo tres flechas envenenadas podían dejarlo en ese estado, entonces necesitaría un mejor equipo que el que traía puesto. Sin mencionar una nueva arma...

No podía depender solo de sus nuevas habilidades físicas, necesitaba armas; más que una. Necesitaba tanto de corta como de larga distancia. Un arco no seria tan rápido si se encontraba en una situación peligrosa, entonces recordó que en Ivalice también se podían conseguir armas de artillería. Solo necesitaba hacerse con unas, pero principalmente necesitaba otro espadón, más fuerte que el antiguó. Otras espadas y cuchillos también le serian útil…

Comenzó a hacer una pequeña lista mental de todo lo que necesitaba, con su antiguo arsenal no hubiese podido llegar muy lejos. En cierta forma, Shara le había echo un favor. Le había mostrado que necesitaría más que una mugrienta espada para lograr su objetivó.

Se acordaría de agradecérselo adecuadamente la próxima vez que la viera…

Por ahora solo podía pensar en hallar un lugar seguro para poder sanar. No necesitaría mucho tiempo para eso, podía sentir como la fortaleza regresaba a cada parte de su cuerpo, todo el daño se habría reparado para mañana y, comenzaría su pequeña "casería de objetos".

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Continuara…


Posiblemente el capitulo más corto que he escrito, pero como dije estoy corto de tiempo.

Originalmente los dos capítulos anteriores mas este tendrían que armar el cuatro, pero tuve que dividirlo en tres partes.