Comienza la cacería

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-¡Alarma! ¡Alarma! –Comenzó a gritar un ninja contrabandista -¡Alarma, malita sea!

-¿Qué demonios pasa?

-¿Qué que pasa? Pierre esta muerto, eso es lo que pasa –Respondió bruscamente.

-¿Pierre?

-Nuestro vigía del tercer piso. Alguien le rompió el cuello.

La declaración basto para no hacer más preguntas y comenzar a dar la alarma por toda la base. El que alguien matase al su vigía no podía ser nada bueno, en especial en ese negocio. En mucho menos tiempo que el de cualquier banda de origen desorganizado, todos comenzaron una búsqueda desesperada del responsable, no se podía descartar el hecho de que pudo ser alguno de ellos, pero por ahora lo mejor era reunirlos a todos y asegurarse de que no hubiese más victimas y, más importante, que la mercancía estuviese bien.

Reimond, el líder de la banda, se acercó a los guardias que todavía custodiaban las puertas de su pequeño tesoro ilegal.

-¿Han visto algo sospechoso? ¿Alguien se ha metido a la cámara? –Pregunto bastante irritado.

-Eh, no que sepamos, creo –Respondió con un poco de vacilación.

-¡¿Cómo que "creo"?!

-Qu-quiero decir que quizás, aunque no pusimos demaciad –

Antes de terminar, Reimond lo hizo bruscamente a un lado y se metió.

Lo que vio lo lleno de preocupación absoluta. En el piso cerca de la puerta se encontraba el candado totalmente hecho pedazos, sin mencionar los restos de sangre seca en el piso. Eso era una mala señal para alguien en su posición.

Saco su espada y se abalanzo hacia la pequeña habitación donde guardaban su mercancía. Estaba vacío. En el piso se podía ver algo de sangre, pero era mínima, como si alguien hubiese tratado inútilmente de limpiarla. En cuanto a la mercancía, todas las cajas estaban serradas. De haber entrado un ladrón hubiese necesitado por lo menos una palanca para abrirlas, pero ninguna de las cajas parecía haber sido forzada. Aunque Reimond centro su atención a una que parecía parcialmente abierta. Cuando se noto que era la del próximo embarque a Cadoan, estaba casi seguro que a diferencia de las otras esta tubo que ser abierta. Estaba a punto de asegurarse de que la mercancía siguiese hay pero…

-¡Jefe! –Gritó un soldado desde la puerta –Encontramos dos cadáveres más en el segundo piso.

-¡Mierda! –Exclamo mientras le daba un golpe a la tapa de la caja –Sellen adecuadamente esta y manden ya mismo estos embarque.

-E- entendido, jefe.

-También quiero que se reúna a todos cuando terminen, quiero saber si fue uno de los nuestro el responsable, ¿y donde demonios esta el vigilante de esta puerta? –Grito mientras se dirigía al segundo piso, donde estaban dos victimas más de un asesino desconocido.

No pasaron más de dos horas cuando algunos hombres llegaron para recoger las cajas, antes que nada sellaron la que estaba parcialmente abierta y, que resulto ser la más pesada de todas. Era cierto que contenía armas para Cadoan, pero el peso era demasiado para un montón de espadas de acero, uno se vio tentado a abrir la caja y ver porque tanto escandalo, pero fue detenido por sus compañeros por miedo a ser castigados si los descubrían.

El embarque fue puesto en una carreta guiada por dos Chocobos y cubiertas por una funda verde para ocultarlas. No era que era muy efectivo teniendo en cuenta que la carreta salía de un Jad, generalmente serian más cuidadoso pero los acontecimientos vividos en Helje habían llevado a varios criminales a tomar decisiones desesperadas.

Cuando ya estaban llegando al límite de Helje, justo donde comienzan las zonas protegidas por las leyes de Ivalice, se vieron obligados a detener su marcha para dar cara a lo que temían, aunque para su sorpresa no fueron los templarios.

Frente a ellos se encontraban un grupo de soldados y caballeros Moguri en un pequeño puesto que parecía resiente, lo primero que experimentaron los contrabandistas fue una sensación de alivio. Los templarios que solían custodiar estos lugares eran insobornables, todo lo que hacían era examinar abruptamente todo lo que venia de Helje, ya sea sospechoso o no. Pero la mayoría de las personas que trabajaban en las cárceles tenían un precio y estaban seguros de que estas no serian la excepción.

Una moneda aquí, una moneda allá y ya estaban a medio camino de Cadoan. Este debía ser su día de suerte.


Cuando por fin llegaron a Cadoan ya estaba oscureciendo, y debían mover todas las cajas a un pequeño galpón donde se mantendrían por unos días antes de ser trasladadas al punto de venta. Esta acción era arriesgada, pero los acontecimientos en su pequeña base los habían llevado a tener que moverse más rápido de lo usual, y sin esos templarios todo podría ser más fácil.

Una vez movida la última de ella todo lo que faltaba era cerrar la puerta y buscar un buen lugar donde pasar la noche.

Cuando ya no quedaba nadie alrededor, y después de esperar unos cuantos minutos para cerciorarse de que ya no regresarían, Marche Radiuju le dio una terrible patada a la tapa y salió de la caja. Su viaje no había sido muy placentero, en especial después de enterarse de que los templarios no estaban custodiando el camino. Unos guardias cualquiera que desconocían quien era él hubieran sido fáciles de pasar. Cuando se entero tuvo que contenerse para no insultar en idiomas que ni siquiera sabia que podía hablar.

En cualquier caso, en estos momentos estaba en terreno peligroso, aun con su cara cubierta no se podía arriesgar a entrar en un combate. Si quería matar a alguien tendría que hacerlo rápido, o de forma que no podía considerarse un combate. Si un combatiente desafía a otro es casi seguro que aparezca un juez, pero si a un no combatiente se le da una paliza a un no combatiente no hay combate por lo que un juez no aparecerá.

Para su suerte, no era un simple combate lo que planeaba para Ézel.

Al principio creyó que tendría que descansar después del viaje, pero para su sorpresa no se sentía cansado, o adolorido por su posición dentro de la caja. Se sentía realmente bien, estaba totalmente lleno de energía. Eso era realmente bueno, ya que el quería terminar con Ézel esa misma noche, aunque el querer y el poder son dos cosas distintas. No podía estar seguro de que ese viejo de Ézel continuara en el mismo sitio o incluso en Cadoan, menos aun el si podía acercarse a él lo suficiente para matarlo.

Bar.

Los bares eran un buen lugar para empezar. Sí Ézel todavía estaba en Cadoan o en algún viaje para recolectar materiales o comerciar tarjetas, sin lugar a dudas hay obtendría la información

Con un fuerte golpe destrozó la cerradura de la puerta y la abrió. La noche ya era había caído por completo y la cacería ya había iniciado. Todos y cada uno de ellos iban a pagar, tanto reales como imaginarios. Todo este mundo seria devorado por su furia y odio, no dejaría nada. Nada.

La bestia de su alma se regocijaba con la furia que Marche estaba experimentando, se alimentaba de ella haciéndolo cada vez más fuerte. Los sentimientos negativos, sus más perversos deseos, todo lo que alimentara la oscuridad en el corazón de cada criatura de este mundo y no solo en el corazón Marche era realmente un festín.

Dejar Helje había sido realmente una lastima, en los Jad abundaban los sentimientos negativos en especial los de furia y odio, por lo que ya no podría seguir comiendo con mayor frecuencia, pero el estar cerca de uno de los objetivos de Marche lo emocionaban enormemente. Solo los pensamientos retorcidos de lo que Marche haría con Ézel bastaban para abrir las puertas de su apetito. Por fin, había iniciado la cacería que Marche siempre había añorado.

Retorciéndose de excitación en lo más profundo de su hogar la bestia desea fervientemente encontrar a Ézel, pero debía ser paciente y esperar. La espera solo aumentaría su apetito pero haría más dulce su comida.

Aunque eso no significaba que no podía disfrutar de un pequeño aperitivo en el camino.


En un pequeño bar en Sprohm, Ritz tenía que planear su siguiente movimiento. El horrible fracaso en Helje había sido devastador para su clan, más de un miembro decidió abandonar, eso era de esperarse después de ver la diferencia que existe en un mundo donde todos están protegidos por leyes y un mundo sin ley. Ritz se vio obligada a dar la despedida a muchos, sin mencionar los incidentes con los familiares de los fallecidos, quienes la señalaban como "un líder incompetente". Le llenaba de ira el modo en que la acusaban solo por ese incidente, pero más aun le enfurecía el recordar a ese guerrero que había matado a dos miembros de su clan como si nada y que casi la mata a ella de no ser por Shara.

Ritz no podía permitir que ese sujeto se saliese con la suya después de lo que hizo, tendría que pagarlo con la misma moneda. Ella nunca había pensado tan seriamente en matar a alguien, pero después de atestiguar como ese monstruo masacraba a quienes llegaron a ser amigas más que compañeras, no podía pensar en otra cosa.

-¿Ritz?

Una pequeña pero familiar voz la saco de sus pensamientos. Junto a ella se encontraba una persona a la que había llegado a conocer demasiado bien en este último año.

-Doned…

-Cuanto tiempo sin vernos –Dijo Doned con una sonrisa –Dime… ¿Te encuentras bien? Te noto un tanto decaída

Ritz se encogió de hombros, no podía negar que no había sido su mejor día.

-Solo un incidente en una misión fallida –Respondió secamente.

-¿Quieres hablar de ello? –Pegunto.

-No realmente.

Doned no iba a presionarla, se notaba bastante derrotada en ese momento, y el que estuviese sentada ella sola en lugar de con sus compañeros no era muy buena señal.

-¿Y tú como has estado? ¿Ya conseguiste la aprobación de tu clan para pelear? –Ritz se llevó el baso de su bebida a la boca y tomó un sorbo. Ella no era muy aficionada a las bebidas con alcohol pero después del incidente en Helje era algo que necesitaba.

-No. Aunque alcance la edad, no parece que consiga la altura. Comienzo a creer que este mundo no permitirá que crezcamos.

-Bueno, es mejor así no crees. Ser un niño para siempre ¿Qué ese no es el sueño de muchos?

-No cuando te conviertes en una carga para tu clan…

Ritz se compadeció un poco. Era cierto que en este último año ella no parecía mostrar signos de ningún cambio, y posiblemente no lo haría ni aunque pasaran diez años más, pero ella ya había llegado a Ivalice con la edad y altura necesarias para entrar en combate, por lo que no podía imaginarse lo que estaba pasando Doned, teniendo en cuenta el sacrificio que tubo que hacer para quedarse en este mundo…

-No eres una carga Doned, solo… ¿Qué es eso que sostienes con tanta fuerza? –A Ritz le llamo la atención el que Doned parecía aferrarse desesperadamente a una hoja de papel.

-¿Esto? Solo es un aviso que encontré, yo… no pude evitar tomarlo –Doned se estremeció un poco al recordar que no había aflojado su agarre desde que tomó el aviso.

-¿Puedo verlo? Parece que te preocupa mucho –Ritz tendió la mano.

Doned dudo por un momento, pero luego recordó que solo era un aviso y nada más que eso. Pero cuando Ritz comenzó a leer lo que contenía, su mira se ensombreció.

-Lo encontré mientras hacia unas compras para el clan. Realmente no creo que sea algo importante pero… decidí que era mejor si lo compartía con todos.

-Doned… -La voz de Ritz se había vuelto gélida como el hielo –Quiero que te alejes de Helje y de cualquier otro Jad –Eso sonaba más como una orden a una petición.

-Por… por supuesto, mi clan y yo jamás nos acercamos a esos lugares.

-Eso esta bien… -La voz Ritz parecía haberse apagad un poco.

Doned se tentó a preguntar si esto estaba relacionado con sus problemas, pero una parte de él le decía que era mejor no preguntar.

Esa noche Doned tendría otra pesadilla en donde sus brazos y piernas serian amputados por las fauces de un terrible lobo, y devoradas frente a él sin ningún tipo de misericordia. No sabía por que, pero sospechaba que no volvería a tener un sueño tranquilo hasta que ese sujeto estuviese de nuevo en la cárcel.

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Continuara…