Hunter
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A diferencia de Ritz, Shara no era el tipo de persona que se lanza directamente a la ofensiva. Si es posible, Shara prefiere recopilar información antes de tomar cualquier tipo de medidas.
Habían pasado dos semanas desde la muerte de Ézel y la tragedia de los jueces, ese tipo de información no puede ser callada para siempre. La tragedia había echo surgir pánico en toda la ciudadanía, no era solo pánico por la muerte misma sino pánico por el modo en que todos murieron.
-Los hicieron pedazos –Murmuró. No lo decía en sentido figurado, literalmente hicieron pedazos a los seis jueces. Los jueces: protectores del orden, encargados de hacer respetar las leyes implementadas en Ivalice desde tiempos inmemoriales, encargados de juzgar he implementar castigos a cada ser que se atreva a romperlas. Un juez podía destrozar al más horrible de los dragones con solo sacar una tarjeta roja…, y alguien había matado a seis de ellos.
Shara se encontraba en lo que solía ser la residencia de Ézel, en lo personal, ella siempre supo que tarde o temprano acabaría de este modo. No importa cuantos contactos tuviese, tarde o temprano las personas como Ézel solo pueden acabar de un modo. –Muertos… –Y de forma horrible en su mayoría.
Muchos en Cadoan, en especial las personas de alto estatus, ya habían puesto sus solicitudes en los bares para recopilar más información sobre la tragedia. Con sus contactos Shara fácilmente pudo aceptar cualquiera de ellas y meterse a la mansión, pero no era así. Ella estaba ahí por sus propios motivos, nada de misiones o grandes sumas de dinero, Shara estaba investigando la muerte de Ézel y los jueces por sus propias razones.
Los cuerpos hace tiempo que fueron removidos, pero la enorme cantidad de sangre todavía manchaba gran parte del piso. Eso era desconcertante, las leyes no permitían el derramamiento de sangre, por otro lado también prohibían la muerte.
Partes del piso estaban destruidas, sin mencionar la pared donde tuvieron que despegarse a dos jueces. Lo que sea que causó la matanza era realmente fuerte y rápido o poseía algún arma o artefacto que mejoraba enormemente sus cualidades físicas. Shara optó por lo segundo, pero no por eso descartó la primera opción.
Esta era la mansión de Ézel, creador de las anti-leyes. Y si los rumores de las anti-leyes absolutas eran ciertos entonces ¿Cómo paso esto? Ézel muerto, junto con otros seis. Seguramente los obtuvo a los jueces de sus contactos en la prisión, pero eso solo alimenta la certeza de Shara de que Ézel sabía que algo vendría por él. Ézel tenía muchos contactos dentro de la cárcel, mucha información sobre los presos, y de seguro información sobre la última masacre ocurrida en la cárcel, más aun, del responsable. Si Ézel creyó que el responsable vendría por él, entonces el responsable tendría algo contra él. Muchos convictos tenían algo contra Ézel pero muy pocos representaban una amenaza para él. Solo sabia de una persona con suficiente voluntad para transformar lo imposible en posible, solo una persona capaz de preocupar verdaderamente a Ézel si era realmente responsable del escandalo que se estaba formando, alguien que de seguro guardaba mucho rencor en su corazón.
-¡NO! –Se gritó a ella misma. –Es imposible que él sea capas de hacer algo como esto… -Apoyó su mano en su frente. Se sentía totalmente consternada, en los meses pasados había habido demasiadas coincidencias y muchos presentimientos, si se combinaba todo con los actuales rumores solo se podía apuntar a una sola persona. –Imposible…
-Nada es imposible.
Shara volteó rápidamente. Detrás de ella se encontraba un hombre; un hume apoyado contra la puerta, la parte inferior de su cara estaba cubierto por un pañuelo y su cabeza por un sombrero, por lo que Shara no podía ver su rostro, pero podía ver sus ojos. Azules. Ojos azules, penetrantes, Shara quedo inmóvil ante esos azules ojos que parecían ver totalmente atreves de ella, pasando por la ropa, atravesando la carne y viendo en lo más profundo de su alma. Por un momento, Shara temió por algo más que su vida; temió por su existencia.
-Calma –Dijo el extraño mientras agitaba su mano. –Estoy aquí por las mismas razones que tú: investigar. –Su voz podía ser apenas un susurro, pero Shara podía escucharlo perfectamente.
Ella recuperó su compostura, deseando que su anterior estado hubiese pasado desapercibido para esta persona. Dudaba que algo pudiese escapar de esos ojos…
-¿Cómo entraste aquí? Esta totalmente prohibido para cualquier civil o miembros de un clan entrar –Eso le sonó estúpido incluso a ella. Si estaba prohibido, ¿que hacia ella misma aquí en primer lugar?
-Creo que tú misma te has dado cuenta del error en esa declaración –Debajo de ese pañuelo, Shara estaba segura de que se dibujaba una sonrisa. –Como dije, solo busco información. Ignórame y continúa con tus asuntos –Cruzó sus brazos y continúo apoyado en la puerta.
Shara decidió ignorarlo, no tenia tiempo que perder tratando se saber como se metió alguien que seguramente tiene tantos contactos como ella. Era necesario encontrar algo que demostrara que el asesino no era a quién los rumores se referían.
Mientras seguía observando cada parte de del salón podía sentía esos ojos, unos ojos que continuaban viéndola sin pestañar. Era incomodo, mal educado y… aterrador. Miró sobre su hombro y ahí estaban. Shara comenzaba a sentirse aprisionada, era como si la estuviesen estrangulando poco a poco, llego a pensar que esa persona estaba usando alguna habilidad especial en su contra.
-¿Qué? –Preguntó.
-¿Mmmhh?
-¿Por qué me estas mirando de esa forma? ¿No deberías de estar buscando "información"? –Shara pregunto bastante molesta, no se dejó intimidar por Ritz, por lo que no se dejaría intimidar por éste tipo.
-Obtuve la información que buscaba desde que entre al salón –Dijo mientras levantaba sus hombros, como si eso fuese lo más normal del mundo. –Solo quiero ver cuanto tiempo tardas en darte cuenta.
-¿Darme cuenta? –Shara no estaba segura a que se refería con darse cuenta, ella estaba estudiando los restos dejados de la pelea para llegar a alguna conclusión de lo que fuese que causo aquello. No creía que esa persona pudiese saber de a quien estaba negándose a pensar que era el responsable, pero quizás hubiese algo más que no estaba viendo. Aunque… ¿qué quiso decir con obtener la información necesaria desde que entro? ¿Y de que precisamente tenia que darse cuenta? – ¿Darme cuenta de qué?
¡Bang!
Su respuesta fue una bala disparada tan fuerte que al pasar junto a su cabeza, aunque fue solo a unos centímetros, le causó un leve corte en la mejilla.
No lo había notado hasta ahora, pero ese individuo estaba armado con dos pistolas a su cintura. Fue tan rápido en desenfundar su arma y disparar que Shara apenas podía creer lo que había pasado.
Un click en su cabeza le alertó del peligro. Sacó su arco largo y apunto hacia el extraño en la puerta.
-¡¿Qué haces?! ¿Es que eres estúpido? Si comienzas una pelea aquí-
-¡Si, quiero comenzar una pelea aquí, aquí y ahora! En este lugar, que fue testigo de una matanza, yo quiero luchar contra ti, Shara –Gritó con entusiasmo.
Shara retrocedió.
-¿Cómo sabes mi nombre? –Ese sujeto comenzaba a darle escalofríos, podría conocerla por su reputación pero a diferencia de Ritz no era reconocida solo con un vistazo, no poseía algo en particular que la destacara de cualquier viera; ningún símbolo o marca.
Silencio.
Shara comenzaba a sudar.
El extraño continuó apuntándole como si esperara a que ella diera el primer paso. Balas y flechas eran dos cosas muy distintas; las balas eran más rápidas y potentes, pero el retroceso las hacia menos certeras. El arco era más ligero y una francotiradora como ella estaba entrenada para dar siempre en el blanco. Pero con este tipo llegó a dudar, sintió que si disparaba una flecha entonces una bala la destrozaría desde la punta de hierro hasta la cola y seguiría su camino directo a su corazón.
Sin ningún cuidado o preocupación el extraño enfundo su revolver.
-¿Ahora lo vez? –Dijo mientras volvía a cruzarse de brazos.
Shara no podía estar más confundida.
-¿Ver? ¿Ver qué? ¡Me disparaste! –Gritó totalmente consternada, este tipo realmente la sacaba de sus casillas.
-No, yo inicié un combate –Abrió sus brazos para señalar todo el lugar -¿Dónde esta el juez?
Shara se congeló. Era cierto, este sujeto prácticamente la había retado a un combate. Un juez ya debería de haber aparecido para arrestarlos por meterse en la mansión sin ningún tipo de autorización, pero el lugar seguía tan vació como cuando entro.
-¿Cómo-?
-Ya no existen las leyes –Fue una respuesta inmediata a lo que ella iba a preguntar. –Toda en esta mansión y alrededores ya no están sujetas a las leyes que rigen Ivalice. La magia antigua y poderosa que ah mantenido el orden en este lugar ah sido devorada por una bestia de pesadillas. Es exactamente por eso por lo que se prohíbe la entrada, porque ya no existen las leyes en este sitio.
-¿Devoradas? ¿Qué quieres decir con que fueron devoradas? ¿Qué paso exactamente aquí? – Shara le exigió. Las preguntas solo parecían aumentar, ella solo quería comprobar que los rumores se equivocaban y ahora podría estar metiéndose en algo demasiado grande para ella.
-Quien sabe… ve y pregúntale a lo que quedo de Ézel –El extraño abrió la puerta dispuesto a irse.
Shara seguía apuntándole, pero sintió que seria inútil tratar de forzar la situación. Si lo que ese hombre dijo era verdad, en estos momentos se encontraba en una zona totalmente idéntica a un Jad. Bajó su arco.
-Por lo menos dime tú nombre… –Necesitaba algo, cualquier cosa.
El extraño se detuvo. – ¿Nombre…? –Esa debería ser una pregunta sencilla de responder, pero por alguna razón ese individuo parecía estársela pensando cuidadosamente. –Si… creo que podría necesitar uno. Las personas tienden a confiar más en ti cuando les das un nombre… –Murmuró para si mismo.
Shara estaba muy confundida. Ya sabía que el tipo era raro, pero esto se salía de los límites.
-Hunter…
-¿Qué?
El extraño se dio la vuelta y la miro a los ojos con esas perlas azules que parecían estar dispuestas a ahogarla en un océano infinito.
-Mí nombre es Hunter.
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Continuara…
