Tú sigues

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-Dime, Rex ¿Ya recuerdas algo de la persona que… mató a tus compañeros? –Ritz se estaba esforzando para ser lo más sutil que pudiese. Rex había sufrido mucho y lo último que necesitaba es que alguien lo torturase constantemente con los recuerdos del pasado. Es por eso que Ritz se había abstenido de preguntarle constantemente sobre lo ocurrido en Helje, ella podía estar desesperada por cobrar venganza sobre el asesino, pero no quería destrozar a un niño en el proceso.

-No… -Susurró débilmente. En parte era verdad, pero en parte también era mentira. Rex recordaba cada parte, cada rasgo, cada gesto, cada palabra que salió de la boca de quien acabo con lo único que podía llamar su familia. Pero no era algo que pudiese describir… Un monstruo, no… ¿Una bestia?, si. Una bestia es exactamente lo único que podía recordar de ese combate. Trato de describírselo a Ritz, pero se encontró incapaz de decir absolutamente nada sobre eso, cada vez que pensaba en el pasado lo atormentaban recuerdos sobre sus amigos, su familia, Alice…

Le falló.

Rex le prometió que siempre estaría con ella, no importaba que tan horrible y aterrador se volviese el mundo, siempre podría contar con él para protegerla. Fracasó. Alice estaba muerta, muerta ante sus ojos, incapaz de hacer algo para impedirlo. Todo era su culpa…

No.

Todo era culpa de esa bestia…

Esa bestia fue la que causo todo, si no hubiese matado a sus compañeros entonces nada de esto hubiese pasado. Fue esa cosa la que causo que su liderazgo fuese puesto en duda, de no ser por ella Simons no le hubiese arrebatado el mando. Todos estarían vivos ahora; Alice estaría viva ahora.

Y aquí estaba, incapaz de decirle algo a esta hermosa chica que extendió gentilmente sus brazos, sin tememos o duda, y lo envolvió en lo que fue un abrazo que no había sentido en mucho tiempo.

Si, debe ser por eso que no puede decirle más. No quería que esta chica que lo había salvado se encontrara con la bestia que lo destrozó todo, no podía permitir que ésta chica sufra. Es por eso que no podía describir a ese monstruo, no quería que Ritz se encontrara con él. Rex sabia que nada bueno podía salir de esa pelea, antes fue muy estúpido para darse cuenta del riesgo al que se enfrentaban, pero en ese momento se juró que no cometería el mismo error dos veces. No permitiría que Ritz se enfrentara a esa cosa, seria él quien lo hiciese, quizás fuese una batalla perdida, pero era mejor que mandar a éste ángel a las fauces del demonio.

-Lo siento…

-No hay problema Rex, cuando estés listo –Ritz le sonrío dulcemente. Ya no podía recordar la última vez que le sonrió tan sinceramente a alguien. A las únicas personas las que se había abierto tanto en este mundo fueron solo Shara y…

No quería pensar en él. Esa era historia pasada, hizo lo que tenia que hacer y eso es todo.

No entendía por que él podía estar tan obsesionado con regresar, ¿Qué hay de bueno en su mundo? Escuela, responsabilidades, un trabajo corriente en un pequeño pueblo donde todos conocen a todos y nunca pasa nada nuevo ni emocionante. En este lugar no había limite para lo que pudiesen conseguir, especialmente él, quien llego a tener una de las más grandes reputaciones en toda Ivalice. Y aun así, él quería volver… Pues bien, ya esta devuelta, pero ellos no lo seguirían. Si quería regresar a los días de rutina entonces podía hacerlo él solo.

En este mundo… no tenía que ver el rostro triste de su madre, cada mañana, cuando tenía el tinte en la mano.

-Ritz, yo… -Rex vaciló. No era algo que el acostumbrara pedir, pero era algo que realmente necesitaba.

-¿Qué pasa? ¿Hay algo que necesites? –Preguntó. Rex no había pedido nada desde que lo trajo de Helje, pero eso no significaba que no lo necesitase. Si podía hacer algo para aliviar el dolor de Rex, entonces no lo dudaría ni un instante.

Parte de ella se pregunto si así se sentía Marche con respecto a Doned. Marche nunca dejó que nada malo le ocurriese a Doned, y siempre estuvo ahí cuando lo necesitó. De ser así, ¿Cómo se habrá sentido cuando…?

-…

-¿Ritz? –Rex preguntó preocupado. Desde que conoció a Ritz nunca había visto esa expresión tan triste en su cara. Se llenó de furia, si algo o alguien la estaba lastimando, entonces ese algo o alguien podía darse por muerto. Solo porque esto no es un Jad, no significaba que estaba ajeno a la muerte.

-Oh… lo siento, me perdí un poco en mis pensamientos –Ritz prefirió simplemente ignorar lo que Marche pudo haber sentido, esa era su culpa; no la de ellos. Marche fue el responsable de ese resultado, si tan solo no… Ya no importa, no hay razón alguna para seguir pensando en él. – ¿Qué era lo que decías?

Rex todavía estaba un poco vacilante por lo que iba a pedir, nunca antes lo había pedido, pero a parte de Alice nunca antes se había sentido tan seguro con nadie más. – ¿Me darías…? -Sus mejillas empezaron a tomar un tenue color rojo. Al ver la sonrisa de Ritz, solo consiguió avergonzarse más. – ¿Otro abrazo? –Ya esta, lo sacó y ya no puede estar más avergonzado.

Por un momento nadie dijo nada. Rex llego a pensar que lo echo todo a perder, ahora Ritz pensara que trata de aprovecharse de ella, le gritará y lo sacara a las calles. Nuevamente volvería al hambre, el frio, la soledad…

Sus pensamientos fueron cortados cuando dos brazos lo atrajeron nuevamente hacia el pecho de Ritz. Ella lo estaba abrazando, nuevamente lo abrazaba del mismo modo en que lo hizo en Helje. Se sintió tan seguro envuelto en esos brazos. Sentía que ya nada podría lastimarlo… y se aseguraría de que nada la lastimara… Fracaso protegiendo a Alice, pero no fracasaría protegiendo a Ritz. No importa si se trata de la bestia, o de cualquier persona en esta ciudad, si alguno de ellos se atrevía a lastimarla de cualquier manera… entonces… se ocuparía de que no vivieran lo suficiente para hacerlo otra vez.

Si alguien se atrevía a siquiera mirarla mal, Rex no temía volver a teñir sus manos de rojo.


Las noches siguientes noches después de la muerte de Ézel no fueron muy placenteras para Doned, realmente casi no había ni dormido. Las pesadillas se estaban viviendo cada vez más frecuentes, y más claras. La última no fue la mejor, a Doned lo había mantenido mucho tiempo despierto antes de colapsar en plena calle por la falta de sueño.

La pesadilla que tuvo la semana pasada todavía le daba nauseas, era tan horrible que no podía entender como su cerebro no había bloqueado las imágenes que no dejaban de pasar por su cabeza constantemente por las noches. Ézel… siendo destrozado, triturado… y devorado por algo oscuro y maligno. No era el lobo gigante que ya estaba acostumbrado a ver, pero a la vez Doned estaba seguro de que lo era. La cosa que Doned estaba seguro seguía siendo el mismo lobo, se había encogido, pero no por eso era menos peligroso. Ya no caminaba en cuatro patas, sino dos. Esas garras: sus enormes garras pasaron a ser sus dedos, en lo que fue una concentración oscura mitad humana mitad bestia. Era horrible. Imágenes de muerte y destrucción sin sentido, personas siendo desmembradas y devoradas por un ser cuya hambre jamás parecía estar satisfecha.

Pero lo que había aterrado más a Doned fue la última.

Doned estaba parado en medio de un reino totalmente oscuro, no había absolutamente nada más que oscuridad; ni siquiera un piso en donde pararse. Y frente a él, la bestia que poblaba sus pesadillas. Un ser más oscuro que la oscuridad de ese mundo, parado en medio de docenas de cuerpos hechos pedazos. Lo miraba fijamente. Doned quería gritar; quería llorar; quería a su hermano mayor para protegerlo, pero no pudo decir nada mientras contemplaba a ese demonio negro frente a él.

La bestia comenzaba a levantar su brazo, o pata derecha; en ella Doned pudo ver un instrumento muy grande. Ese monstruo tenía una espada, y no dejaba de apuntar a Doned con ella. Era como si tratara de decir: Tú sigues.

El resto del sueño era la nada, Doned despertaba sudando y temblando de miedo ante esa horrible visión que no parecía estar dispuesta a dejarlo solo.

Doned casi no se atrevía a pestañar desde entonces.

Desde las pesadillas este mundo dejo de ser la maravilla que solía ser. No; no fue desde las pesadillas, fue desde antes que eso. Siempre se sintió como una carga para otros. Es irónico, cuando no podía caminar nunca se preocupaba por ser una carga, ahora que puede parece que es en todo lo que piensa.

-Desearía que Marche estuviese aquí…

En estos momentos se encontraba encerrado en su habitación, acostado en su cama, y temeroso de lo que fuese que soñara esta vez.

Cerró sus ojos.


Doned despertó al instante. Pero ya no estaba en la cama de la habitación del bar de Cyril. El techo que veía era diferente; la cama era diferente; su ropa era diferente. Estaba usando el pijama verde que acostumbraba usar cada vez que se iba a dormir en…

Doned se incorporó inmediatamente y comenzó a inspeccionar la habitación; su habitación. Era el cuarto compartido de su nueva casa en San Ivalice. El cuarto que compartía con…

-¡Marche! –Gritó desesperadamente mientras volteaba a la cama de su hermano.

-Guaaa –El grito fue tan fuerte que Marche Radiuju se cayó de la cama y su cabeza fue a dar directo al piso.

Hay estaba él, Marche, su hermano. Totalmente bien.

-¿Qué pasa Doned? ¿Tuviste una pesadilla? –Marche preguntaba mientras pasaba su mano por la frente para aliviar el dolor.

-¡Si! Una pesadilla horrible, Ahh.

-¡Cuidado!

Marche atrapó a Doned antes que callera al piso.

Doned estaba tan emocionado de ver nuevamente a Marche que olvido que no podía caminar. Por suerte, Marche lo atrapo antes que cayera al piso.

-Cielos Doned, ¡No me preocupes así! –Marche comenzó a regañar a su pequeño hermano, pero… – ¿Doned?

Doned no podía dejar de llorar mientras se sujetaba fuertemente a Marche.

-Eeeeeh, Doned, no estoy enfadado contigo, solo me preocupaste un poco. No tienes que llorar. Si mamá despierta y nos ve así, creerá que fue mi culpa.

-Yo… Yo solo estoy… feliz de verte –Doned trató de decir entre lagrimas. –Tuve la peor de las pesadillas.

-Esta bien Doned, ya estas bien. Estoy aquí, contigo –Marche abrazó cariñosamente a su hermano.

Doned estaba tan feliz. Todo había sido solo un sueño, una simple pesadilla. Su hermano estaba ahí, con él. No tenia por que tener más miedo.

-Doned, yo… Hay algo que he querido preguntarte desde hace tiempo –Marche acarició la cabeza de su hermano. Hace tanto tiempo que Doned no había sentido las cálidas manos de su hermano sobre su cabeza que nuevamente tuvo ganas de llorar.

-¿Qué es Marche? –Doned le pregunto. Sin importar cual fuera la pregunta, Doned le contestaría lo que fuese a su hermano mayor. Especialmente en ese momento, después de su pesadilla se había dado cuenta de lo importante que era Marche para él y aun si fue una simple pesadilla, no dejaría que nada volviese a separarlos.

-¿Por qué me traicionaste? –Marche preguntó sombríamente.

El cuerpo de Doned se estremeció con esa simple pregunta.

-¿Qu-qué? Marc-¡Gua! –Mache comenzó a presionar a su hermano todavía más fuerte hacia él. La mano que descansaba en la cabeza de Doned se cerró en un puño sujetando fuertemente sus cabellos. Doned quería gritar, pero el abrazo mortal de Marche le estaba quitando todo el aire de los pulmones.

-Doned, ¿Por qué me traicionaste? ¿Por qué dejaste que me pudriera un año entero en una prisión completamente solo? ¿Realmente tus piernas son tan importantes para ti? ¿Más importantes que tu propio hermano? –Marche dejó de abrazar a Doned, pero todavía lo tenia sujeto desde el cabello –Dímelo, hermano…

-Marche, yo… yo no quería –Doned trato de decir algo, cualquier cosa.

Marche lo arrojó con furia contra la pared.

-¿No querías? HAHAHAHA. Lo hiciste Doned, ¿ves? –Marche destrozo su pijama con sus propias manos y le dio la espalda a Doned, Doned solo pudo ver horrorizado la herida que él mismo causó a Marche con su propio cuchillo. Estaba sangrando, la sangre no dejaba de caer de la herida como si fuese una catarata.

La oscuridad comenzó a plagar el cuarto, los muebles y las paredes desaparecieron; fueron devorados por la oscuridad. Solo quedaron él y Marche en ese lugar de completa oscuridad. Pero del mismo modo en que Marche se acercaba a Doned, la oscuridad comenzaba a envolverlo. Doned solo podía ver como su hermano se convertía en la misma bestia que había estado plagando sus sueños durante tanto tiempo.

-No… tú… tú no eres Marche, ¡Tú no eres mi hermano! –Doned gritó con todo el aire que pudo reunir. Esa cosa frente a él no podía ser Marche, era imposible. El Marche que recordaba era amable, cariñoso, una persona con la que siempre podías contar sin importar cual fuera la situación. Esta cosa era algo malvado, ruin, sádico y oscuro. Doned podía sentir la mescla de emociones negativas que parecían fluir a su alrededor, fueron emociones que le dieron fuerza para tratar de enfrentarse a esa cosa. -¿Quién ere? ¿Qué eres? ¿Por qué me estas haciendo esto? –Doned podía sentir una furia que no había experimentado jamás en su vida y se pregunto si era de esta forma como el monstruo frente a él se sentía, de ser así, entonces esta cosa hace tiempo que debió perder la cordura.

-¿Por qué? ¡¿Por qué?! HA… HAHA… HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAAAAAAAHA HAHAAAAA –La bestia no podía hacer otra cosa más que reírse ante las preguntas de Doned. Eso solo alimentó más la seguridad de Doned de que esta cosa no estaba realmente bien de la cabeza. –Tú ya deberías de saberlo. No, estas demasiado ocupado viviendo en tu patética tierra de fantasías para darte cuenta de eso. La respuesta esta justo frente a ti, Doned. No espero que la veas, pero tampoco me importa. Ya vamos por ti, muy pronto todo lo que soñaste será desbaratado hasta que no quede nada. Si piensas que esto es solo una pesadilla, entonces estas muy equivocado, pero también estas en lo correcto. Ya no importa realmente. Muy pronto Doned, muy pronto…

La bestia sujeto a Doned del cuello y lo levantó en el aire sin esfuerzo alguno.

-Muy pronto devoraré cada parte de tus sueños… -Dijo mientras habría unas enormes fauces.

La última visión de Doned antes de despertar seria a esa bestia atrayéndolo hacia esas fauces mortales listas para triturar su carne y roer sus huesos.

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Continuara…