TITULO: Dreams

Capitulo: El arte del engaño

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Los sueños se forjan a partir de un cúmulo de esperanzas que realizar, más cuando la vida nos pone frente a frente con la realidad. ¿Cuántos de esos sueños pueden perdurar en nuestro corazón sin vernos en la necesidad de modificarlos?. ¿La respuesta: Solo hasta que las pruebas se vean superadas.

Pairings:

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

Lugar: Japón

FEEDBACK: arte del engaño resultó ser...Mi mejor Don

Y no digo que No lo conozco a la perfección.

Su mente ocupada siempre funcionaba bien. Cuando algún pendiente se atoraba en su vida procuraba pensar en él y si este resultaba sencillo la preocupación no le agobiaba, pero si por el contrario aturdía su mente e itinerario se transformaba en un manojo de nervios que no se calmaba con nada y estaba alerta de cualquier cosa.

Por mucho que habría querido quitar de su mente el compromiso del sábado simplemente no pudo, ni aunque hubiera trabajado esa semana más que nunca. Cualquier acercamiento con el calendario era para él un momento de retener el aire y expulsarlo cuando comprobaba que aun le quedaba tiempo.

Pero el Lunes siempre da paso al Martes y así sucesivamente hasta que las hojas marcadas con números y días de la semana se acercaron al día marcado con rojo y él entonces no pudo huir a lo inevitable.

Si, habría querido cancelar. Sería lo más aceptable tal vez pero no podía hacerle eso a su hermana. No a ella que ya mucho había esperado por él.

Por ello a primera hora y sabiendo inútil esperar más, tomó el autobús que lo dejara más cerca del hogar de su hermana.

El incesante tamborileo de sus largos dedos sobre sus piernas o el movimiento de estos solo podía indicar su nerviosismo y en realidad no habría porque ocultarlo, no es como si terminara dirigiéndose a su último destino.

Más él tenía demasiadas cosas por las cuales creerlo de esa manera y aunque trataba de que su faz se relajara, nada en el mundo durante el trayecto consiguió hacerlo.

Una hora más tarde se encontraba caminando por una zona ubicada al sur de la ciudad, en donde construcciones altas y de rejas electrificadas se ubicaban.

La zona rica¿en dónde más viviría su hermana teniendo por marido al hombre quizá más rico del mundo?.

Suspiró, deteniéndose un momento a contemplar la arboleda que cubría la reja de una de esas mansiones.

Se sentía como una hoya de presión, cuya bola horripilante y lamentera se encontraba justo en su pecho impidiendo la entrada y salida de oxígeno.

Sudaba demasiado y la intención de regresar sobre sus pasos se hacía cada vez más atrayente a su persona.

Más dadas las circunstancias y las constantes palabras de Kaiba, no podía huir. Al menos ya no otra vez.

-Es verdad, es lo mínimo que le debo por desaparecer así. Además...solo seremos ella y yo.

Trató de infundirse ánimo aunque sabía era en vano. Jamás se había distinguido por su cobardía o miedo pero solo aquel que siendo presa de la ansiedad y el terror ha comprobado emociones claras y semejantes podría darle la razón a su Resistencia.

Dio un par de pasos antes de detenerse nuevamente y buscar algún sitio en dónde sentarse.

Estaba seguro que de continuar así tardaría toda la mañana y parte de la tarde en llegar a su destino. Pero cuando los sentimientos son más fuertes y la voluntad flaquea, solo ahí pueden verse pros y contras bastante atrayentes.

La banca bajo un árbol en la acera le sirvió a la perfección, solo que en lugar de sentarse calló de sentón y sin preocuparse por si estaba mojado o no. Lo único en su mente era relajarse un poco y terminar de sentirse como un estúpido cobarde y sin decisiones.

Entre más lo pensaba más se adentraba a sus recuerdos, factor que lo lastimaba de sobre medida pero que a pesar de ello era inevitable.

-¿Qué voy a hacer?. Preguntó restregando sus manos en su rostro.

La desesperación que sentía era tal que por un momento pensó que desfallecería o peor aun, que saldría corriendo cual niña indefensa y asustada.

Pero pese a lo que pudiera pensar de la ridícula imagen formada en su cabeza, así se sentía: una criatura indefensa con la desesperación a cuestas de no saber que hacer.

Con un inmenso nudo en la garganta y el corazón resquebrajándose por la amargura de los días vividos y jamás olvidados.

Siempre había sido su deseo olvidarlo todo y comenzar de nuevo pero a pesar del dolor y de cualquier amargura la realidad le había enseñado a que nada podía ser así. Tendría siempre que vivir con su pasado y mientras no lo superara sería su cruz y martirio.

El asfixiante calor que comenzó a sentir le hizo abrir su chaqueta de mezclilla y ventilar un poco su pecho.

Sabía que estaba dando un espectáculo espantoso a los transeúntes y peatones, pero ya no estaba en su poder guardar la compostura. En esos momentos se estaba rindiendo completamente a lo que experimentaba y estaba seguro que ni siquiera la voz amable de su hermana lo sacaría esa vez de lo que sentía.

Lo que necesitaba con urgencia era nicotina por lo que buscando desesperadamente en su chaqueta dio con lo que a su parecer tal vez lo tranquilizaría.

En el acto desenvolvió la pequeña goma de mascar y la introdujo en su boca con desesperación, comenzando a sentir los efectos placebos tal vez de la golosina.

-No sé como esto sirve pero en verdad Bendito aquel que creo estas malditas cosas. Sonrió, recargándose en el árbol a su lado.

El tratamiento que los fumadores utilizaban para dejar el hábito consistía en masticar aquellas gomas que poco a poco y según la prescripción lo alejarían del llamativo vicio.

Joey se estaba acercando ya a la segunda etapa avanzada de tres y conforme masticaba se relajaba, comprendía que tal vez dentro de poco ya no necesitaría esa pequeña carga de nicotina en el sistema.

Era difícil salir de eso, como también lo había sido superar muchas más cosas y vicios pero por algo su determinación era grande y admirable.

Un poco más relajado y pensando con coherencia sintió la necesidad de suspirar muy alto para al final incorporarse y continuar su caminata.

Los pasos eran temblorosos, al igual que aquel día al entrar en el edificio de Kaiba pero más convencidos en que hacía lo correcto.

La mandíbula se abría y cerraba de acuerdo al ritmo que el muchacho le imprimía y de repente la idea de masticar más rápido se hizo muy tentadora y así lo haría, al menos hasta que sus dientes dolieran.

Pero lo que necesitaba era una distracción y una manera de darse valor de donde no había más que terror.

La acera lo guió por una pequeña pendiente que efectuó sin problemas cuya cuesta desembocaba justamente en la última casa y su destino.

Al acercarse a la mansión la miró por unos momentos. Había estado en la construcción tres veces solamente.

Jamás le habían gustado las cosas ostentosas, mucho menos una atmósfera donde la hipocresía y la élite sobrepasaba la suya.

Pero desgraciadamente si su sueño se cumplía alguna vez muy probablemente se vería rodeado de personas como las que vivían en aquella zona, donde muchas veces la sonrisa fingida y el trato semi amable era lo que estaba a la orden del día.

Abriendo y cerrando los dedos fue como al final se atrevió a oprimir el timbre y con igual impaciencia es que aguardó.

Mientras lo hacía fue inevitable recordar y como era ineludible no hacerlo se dispuso al menos a masticar con más rapidez.

La primera vez que me acerqué a una construcción tan grande pensé que sería un sueño o al menos la suerte tonta de mirar sin que antes me sacaran a patadas.

Pero cuando la suerte cambió y en realidad me introduje de lleno a una mansión, pensé que uno de mis anhelos se había vuelto realidad.

Soñaba con paredes de oro y techos de plata o rubí. Sillas de maderas finas y ventanas de cristal.

Un ensueño maravilloso que en nada se parecía a la realidad.

Había lujos, muchos más de los que yo imaginaba pero al menos la realidad sobrepasó las ilusiones de mi infancia.

Tendría yo...no recuerdo bien pero estoy seguro que no pasaba de los dieciocho o tal vez un año menos. Como fuera el caso mis ojos brillaban ante el esplendor y la idea de estar en un castillo como el que infinidad de veces imaginé en mi infancia.

-Entre. Me señaló un educado sirviente que me hizo sentir inferior. Incluso ese hombre tenía más modales que yo.

Recuerdo que las piernas me temblaban. Siempre ha sido así cuando algo incontrolable me sucede y aunque yo iba de paso era inevitable la emoción.

El hombre me guió por un largo pasillo en donde cuadros y espejos contrastaban con el impecable suelo. Por un momento pensé que hasta yo podía reflejarme en él y vi que no erré en mis deducciones.

-La falla está adentro. Ahí le indicarán en donde.

Asentí en silencio y caminé al interior de la cocina en donde varias personas conversaban mientras efectuaban sus quehaceres.

-Hola. ¿En qué puedo ayudarte?. La amable cocinera me recibió con una sonrisa y yo no pude más que devolverla y admirar que incluso ese lugar era fantástico. Calculaba que no equivalía ni todo mi hogar.

-He venido a arreglar un problema.

-Oh¿la fuga?.

-Aja.

-Gracias a Dios, estaba a punto de gritar por el histerismo. Me indicó la mujer y de inmediato me señaló un lujoso lavaplatos que no parecía tener ningún error.

Sosteniendo mi caja de herramientas con la mano izquierda y abriendo el gabinete del mueble con la derecha, inspeccioné la labor que me había llevado al interior de aquella inmensa morada.

-Solo te pediría que no dañes demasiado el mármol. El último plomero se fue de aquí sin pago. El amo es...un tanto especial.

Yo asentí nuevamente, estaba seguro que ni con todo mi salario de vida saldaría jamás algún accidente dentro de aquella enorme casa, por lo que conciente estuve de ser mucho más precavido que nunca.

Siempre fue mi destino trabajar y no es que la vida fuera tan dura...o tal vez si. Sin embrago me gustaba ganarme mi propio dinero y ahorrar un poco para el colegio. Era lo único que podía yo hacer en condiciones tan precarias de vida que llevaba.

Podría decirse que siempre fui un "Todólogo". Especialista en esto y aquello. Albañil, mecánico, plomero. Pintor de casas, cajero de supermercados, repartidor de diarios y cualquier cosa que mis manos y mi ingenio pudieran hacer. Además en casa tenía perfectamente en dónde practicar cualquier empleo y llevarlo a la práctica en la vida real.

Por ello y sin tardanza me dispuse a reparar lo que a simple vista parecía una insignificante fuga pero que en realidad se convirtió en una inundación.

Con sudor en la frente y después de un par de horas conseguí solucionar el problema; no de manera permanente, pero al menos hasta que el dueño de aquella casa se animara a cambiar la vieja tubería de la cocina.

-Hice un desastre. Murmuré al mirar el piso a mi alrededor lleno de agua.

-Descuide. Al menos solucionó el problema.

-Lo hice y aun así déjeme solucionar otro.

Sin más pedí trapeador y cubeta, y en el acto comencé a limpiar mi desastre.

Los admirados empleados me veían trabajar, mientras charlábamos cualquier trivialidad.

Yo no era como los otros, recuerdo que me dijo una doncella que con sonrisa pícara en los labios me miraba. Pues siempre solían recoger el desastre que algunos otras personas dejaban al arreglar algo.

Me sentí ofuscado debo decir pero pese a ello no podía dejar de asear lo que había hecho.

Mientras el piso y mi overol gris se secaban, la amable cocinera me invitó un refrigerio y así fue que me enteré un poco sobre los dueños de tan linda construcción.

Se suponía que el antiguo patrón había muerto hacía unos años, repartiendo su herencia entre sus dos hijos siendo el mayor quien administraba la mayor parte del resto de sus posesiones.

Envidié un poco la acomodada vida de aquellas personas pues yo, desde temprana edad había tenido que salir a trabajar, mientras que el par de ricos hombre simplemente habían tenido la suerte de nacer en cuna amable.

-Ambos patrones son ambles a su manera, pero siempre tan recios como el antiguo amo.

Su carácter es complicado pero gozan los dos de una inteligencia inigualable.

-¿En verdad?. Pregunté intrigado.

-Si. Se suele decir que ambos son genios y que eso fue gracias al padre.

-¿Cómo?.

-Yo no entiendo mucho de eso muchacho, pero si las personas dicen que los patrones son genios, entonces yo lo creo. Son muy jóvenes y a pesar de eso ya dirigen el imperio del patrón.

Lindo enterarse de que a parte de genios ricos. La vida si que daba muchas sorpresas.

-El amo le espera para pagar sus servicios.

Escuché que el mismo hombre que me recibiera llamaba, por lo que apresurándome a terminar mi sándwich y agradecer las atenciones de la cocinera, me dirigí hasta donde pagarían mis servicios.

No hizo falta que volviera a ponerme mi overol pero si que dejara mis herramientas en un lugar que no manchara la suave alfombra que mis manchados zapatos pisaban.

Como siempre he dicho: el lujo es algo que jamás comprenderé.

-Pase, lo espera.

Típicas palabras para quien aguarda pero misteriosas para mi que no dejaba de imaginar el rostro de quien me pagaría.

Sintiéndome tonto respiré hondo y toque a la puerta mientras una voz me daba el permiso de pasar a la habitación que no por el hecho de tratarse de un privado era menos ostentoso de lo que era el resto de la casa.

-¿Haz terminado ya con las reparaciones?. Me cuestionó un joven que tendría más o menos mi edad.

-Si señor. Lo hice lo mejor que pude.

Mi sonrisa se vio disuelta con la azulada y dura mirada que el muchacho me lanzó. Tal vez había cometido un error.

-Lo mejor jamás es suficiente, siempre tiene que ser Excelente.

-Bueno yo...me esmeré. Tartamudee. Jamás me había encontrado con tales palabras en mi vida.

-¿Te esmeraste?.

-Si...o al menos lo que me permitió la vieja tubería.

-¿Lo que dices es entonces que te ha limitado un tubo?

-Así es.

El joven tras el escritorio me sonrió con mucha menos altivez y me indicó me acercara un poco más a él.

-Comprendo. Entonces cambiaremos la dichosa tubería.

-Si, sería lo mejor.

-Bueno, entonces aquí tienes lo de tus servicios y un cargo extra por tu sinceridad.

Me sentí halagado pero dado mi orgullo no podía aceptar.

-Lo lamento pero yo no puedo recibir más de lo justo. Sería algo indigno.

-Pero te lo mereces. Insistió el muchacho tratando de convencerme.

-Tal vez pero no puedo aceptarlo. Agradezco su generosidad de todas maneras.

El joven me miró entonces de pies a cabeza y su escrutadora mirada azulina me hizo temblar un poco.

-Comprendo. Bueno, entonces toma lo justo entonces.

Acepté el cheque que me daban del cual solo una mínima parte recibiría después de que lo hubiera entregado al jefe.

-Me retiro entonces señor, muchas gracias.

El joven sonrió y con facilidades enormes me acompañó hasta la puerta, pero también es cuando miré lo que hasta ese momento no imaginaba.

El muchacho de apariencia altiva pero amable carácter se hallaba en silla de ruedas.

-¿Te sorprende?. Indagó cuando mi mirada escrutó de más.

-Si...no...yo...

-No te preocupes, es normal la reacción.

Me sonroje. Lo admito y eso que siempre me he esmerado por no aparentar la sensibilidad que poseo para esas cosas.

Más al muchacho pareció no importarle y rió de buen agrado.

-Un día fui como tu. Era atleta¿sabes?.

-¿De verdad?.

-Si. A pesar de que a mi padre le gustaba más que estudiara que corriera pero la pasión por la velocidad es algo que no puede describirse para mi.

-Al parecer le gustaba mucho. Insinué rompiendo su ensoñación.

-Si y me sigue gustando, aunque ya no pueda hacer nada.

-Lamento escucharlo y lamento también que no pueda hacer más por continuar con sus gustos.

-Si...yo también.

La tristeza no era buena consejera, por lo que terminé despidiéndome y saliendo de aquella mansión de ensueños que resguardaba cual fortaleza a un muchacho de imponente carácter pero dulces conversaciones.

Esa fue la primera de varios encuentros pero no fue hasta unos años después que regresé a esta casa para compartir dos sucesos que modificaron mi vida por completo.

-¿Si?.

La gruesa voz del intercomunicador exaltó al joven, por lo que de inmediato salió de sus cavilaciones tratando de saber en dónde se encontraba.

-¿Si?.

Repitió la voz un tanto ofuscada.

-Ah si, he venido a visitar a la señora. Indicó mientras la pequeña pantalla del aparato se encendía y una cámara sobre la reja lo enfocaba.

-¿Señor Wheeler?.

-Hola. Saludó cortes mirando al hombre que hacía muchos años le recibiera en aquella casa.

-Qué gusto verle, permítame. Ya abro la puerta.

El rechinido de la reja le permitió saber que la entrada estaba libre para él, por lo que caminando por el empedrado caminillo se dirigió a la puerta principal en donde el mayordomo lo esperaba ya.

-Que sorpresa verle Señor Wheeler.

-Si¿verdad?.

-Pase, pase, la señora lo espera con ansias desde muy temprano. Como no indicó la hora de su venida ella ha dispuesto todo para el desayuno, almuerzo y cena.

Joey sonrió, así era su hermana, siempre previsora y dispuesta a todo para satisfacer a los demás.

Mientras lo guiaban por los corredores una vez conocidos ya no pudo saber en realidad en que momento de sus tres estancias en aquella casa se había ganado la cordialidad de la servidumbre, así como también del imparcial mayordomo que le sonreía y cuestionaba como si le conociera de toda la vida.

Era un misterio pero al menos se alegraba del trato.

-La señora espera en el saloncito de té. ¿Desea que le sirva algo?.

-No, té estará bien para mi.

-Entonces sírvase en pasar. Le dará mucho gusto verlo nuevamente.

El rubio volvió a asentir y mientras miraba al hombre desaparecer por la esquina se dedicó a sentirse mucho más vulnerable que antes de entrar a la mansión.

Pensó entonces que ya la goma insabora dentro de su boca no bastaba para su ansiedad pero temiendo mortificar a su hermana se preparó a desplegar lo que mejor sabía hacer en esa vida: sonreír y "engañar".

Giró la sofisticada perilla hasta que la puerta se abrió y pudo distinguir en el interior una figura que parecía leer en total calma sobre un diván.

La estilizada y bella figura de su pelirroja hermana le recordó a su madre, una mujer altiva que quizá en distintas condiciones habría recordado amable y buena pero no por ello menos hermosa.

De la nada extrajo una sonrisa y mientras se adentraba trató de pensar en los buenos tiempos que había pasado con aquella mujer que amaba en desmedida.

-¿Interrumpo?.

Más tardó en decidirse a hablar que en obtener un efusivo gritito y posteriormente al abrazo que la muchacha que leía le concedió.

Serenity Wheeler en su tiempo, Kaiba en la actualidad era dueña de una agilidad tremenda que por un momento asustó al rubio.

-¡Serenity, no hagas eso!.

-Oh, cállate Joey y abrázame. Ya después podrás retarme por lo que quieras.

Era imposible competir contra esa petición por lo que obedeciendo las palabras de su hermana es como terminó abrazándola fuertemente y hundiéndose en sus cabellos que continuaban oliendo a frutas veraniegas.

-Te extrañé tanto hermano, tanto. Que alegría me da tenerte aquí nuevamente. Sollozó la muchacha y a pesar de sentirse fatigada restregó con mucha más fuerza al joven que de igual manera respondió el saludo.

A un año de no verse y pese a todo bien valía aquel reencuentro.

-Joey, tanto tiempo y tantas cosas que decirte. ¿Cómo has estado?. ¿Qué has hecho?. Ven, quiero saberlo todo.

La pelirroja haló a su hermano hasta un sofá junto al diván que antes ocupaba y con sonrisa en labios aguardó a que el entumecido rubio se recuperara.

Fue entonces que su corazón se acongojó un poco más ante la buena voluntad de su hermana, la cual y a pesar de que tenía la oportunidad de reclamarle su ausencia no lo hizo. Por el contrario aguardaba un relato de su vida con una sonrisa que en ni en sus mejores representaciones escolares habría podido imitar.

-No me merezco tu amabilidad, Serenity. Rebeló sin poder contenerse más.

-¿Pero por qué no?. Eres mi hermano, a quien más quiero. ¿Cómo tratarte entonces?.

La tristeza hizo presa fácil al muchacho por lo que la pelirroja parpadeó sin comprender.

-Te dejé un año y me abstraje en mi mundo. Ni una visita, ni una llamada. No soy digno siquiera de mirarte o de tus atenciones.

-Oh, vamos Joey. Yo sé que tuviste mucho que hacer. Pero ahora estás aquí hermano y eso es lo que cuenta. Deja el pasado en donde está y disfruta del presente.

Joey habría querido realizar lo que su hermana sanamente le proponía, pero sabía que resultaba simplemente imposible. Él no podía vivir sin recordar y mucho menos sin culparse.

-Yo...en verdad lo siento. Murmuró bajando el rostro, sintiendo como su hermana le tomaba ambas manos con infinito cariño.

-Yo también siento lo que ocurrió pero no te culpo. Yo entiendo. Sonrió ella tratando de contagiarle una sonrisa al muchacho que la imitó.- Sino tuviera por esposo a un hombre que se olvida de comer sino se le indica, no comprendería. Pero lo hago por esa razón y sobre todo porque eres mi hermano. ¿Cómo no comprenderte?.

Joey se sintió indigno del cariño de su hermana pero antes siquiera de herirla más se dispuso entonces a hacerle su día más llevadero. Como dijera Kaiba, era lo mínimo que le debía después de su año de ausencia.

La mañana trascurrió entonces entre conversaciones y risas que hacían parecer inanimado todo lo que se encontraba fuera de la habitación.

Ambos hermanos charlaron entonces de lo que había sido de ellos en ese tiempo, así como de remembranzas que solo tenían punto central en la infancia y más tarde en el reencuentro.

Era entonces ahí cuando Joey utilizaba su engaño, algo que había creado en base a sus clases de teatro y a la propia barrera hacia la realidad.

El arte del engaño era para él la máxima expresión de su don actoral. Engañar cual Romeo seductor o cual Edmundo Dantes con la paciencia de aguardar una venganza era para él cosa de todos los días. Pues mientras más engañaba a los demás, más se engañaba así mismo creando una realidad que muchas veces deseaba en verdad.

Al estar frente a su hermana mientras esta le relataba lo inmensamente dichosa que era en aquella casa junto a su marido requería de toda la fuerza de voluntad que él poseía. Diciéndolo de otra manera: de fingir una sonrisa alegre cuando en verdad deseaba lo contrario.

El arte del engaño resultaba un don infalible para él, que por la simple razón de no hacer sufrir a su hermana libraba batallas fieras en su interior cuando en el exterior la sonrisa y la comodidad enmarcaban un ánimo que en realidad no existía.

-"Pero ya no importa. Me caí del cielo y no he chocado con el suelo. Pero solo quiero y pido seguir estando vivo para mirarte sonreír aunque yo por dentro muera sin remedio.

Perdóname hermana pero jamás podré verte sufrir".

Tal vez era el solo cariño de hermanos que Joey le tenía a su hermana quien le hacía pensar de esa manera. Pero el trasfondo era diferente.

Serenity siempre había sido la razón de vivir de su hermano. Cuando niños habían tenido que lidiar con problemas familiares que para un infante no estaba en su mente vivir.

Un padre impaciente y bebedor compulsivo, que al cabo de un tiempo se le pudo dar un nombre más certero.

Una madre impaciente e histérica en la extensión de la palabra cuyo cariño siempre se vio dividido en marcadas extensiones hacia sus hijos.

Caracteres fuertes que terminaban en gritos y muchas veces en golpes de orgullo más que físicos.

Joey era el mayor y mientras la tormenta crecía en una casa que no podía ya ser nombrada como hogar, él era el encargado de hacer sonreír a su hermanita quien vivía exclusivamente por ver ese afecto que los mayores parecían haber perdido para ellos.

Desde ese entonces el rubio habría preferido llorar que sonreír o gritar como sus padres cuando se encontraba ante difíciles situaciones, pero la sonrisa y el buen carácter eran esenciales si deseaba mantener la fe en su hermanita. Un engaño que más tarde no sirvió para su cometido.

Un día su madre decidió llevarse a su hermana de su lado, cuando ya las fricciones con su padre rebasaban lo comprensible.

Aquel día permanecía fresco y cercano pues a pesar de las lágrimas derramadas en pos a la separación su impávida madre no le tomó en cuenta.

-"Llegó el momento de que sepas la verdad". Había dicho la mujer de cabellos semejantes al fuego.- "Tú eres hijo de ese hombre al que llamas padre, mientras que Serenity lo es del hombre con quien muy pronto voy a casarme. Así pues no tengo el por qué llevarte a mi nueva vida. Tú debes quedarte donde está la tuya. Lejos de nosotros y cerca de ese hombre quien es tú padre".

Si para un adulto sería difícil escuchar aquello, mucho más lo había sido para un niño de escasos ocho años quien ante la verdad había quedado en shock permanente sin la posibilidad de hacer nada más.

La realidad era clara: su madre no le quería y lo dejaría a merced de un hombre que prefería perderse mil veces en la inconciencia que enfrentar su cruel realidad.

Durante varias noches no probó bocado o salió de su habitación. Siempre mirando hacia el techo que en las mañanas se tenía de luz y por las noches de oscuridad.

Nada importó entonces y nada importaría después, solo la realidad de verse rechazado y quebrado por completo.

Los días siguieron y pese a la esperanza de que alguien lo extrajera de su muda realidad, él mismo se dio el valor de enfrentar la soledad pues a pesar de compartir casa con un hombre censurado para la palabra Padre, logró forjar su orgullo con enormes creces.

El amor jamás había sido para él pero al menos aun restaba el que su hermana si le tenía por lo que haciendo lo impensable fue que durante el resto de los años se veía con ella a escondidas, mientras reunía dinero para al menos comer decentemente a pesar de las leyes japonesas que lo resguardaban.

Con el tiempo el lazo fraterno entre hermanos se intensificó y Joey pudo sonreír de verdad al tener un pedazo de amor junto a él.

Más hay quien dice que lo bueno no dura para siempre y fue exactamente lo que ocurrió con los Wheeler.

Un día y mientras el rubio arribaba al pequeño parque que era el punto intermedio que los hermanos utilizaban para su encuentro, se percató del brillo opaco en las cuencas marrones de su hermana. Algo sin duda pasaba.

-"¿Qué ocurre?". Había preguntado con obstinación, mientras que la muchacha trataba de encontrar palabras donde no existían.

Solo hasta que la chica se refugió en el pecho de su hermano, fue que entre lágrimas le relató la verdad.

-"Voy a morir". Fue lo que ella dijo y lo que él con tanto espanto hubo escuchado.

-"¿Qué?".

-"Que voy a morir y es inevitable".

En ese momento Joey lo habría podido dar todo porque el mundo se terminara y los arrancara de esa vida a los dos, pero evidentemente él tenía que ser siempre el perjudicado.

-"Hace mucho que sufro constantes desmayos y fatigas inexplicables. Jamás te lo había dicho porque mamá me lo impidió, pero hace poco que el doctor afirmó mis sospechas y es por eso que te lo digo yo en vez de que te enteres por otras bocas. Mi enfermedad es un misterio y sin embargo tan destructiva como ella misma. Los médicos no me dan mucho tiempo de vida Joey .".

La joven había hablado entrecortadamente, sintiendo nudos gruesos en la garganta iguales a los de su hermano quien con impotencia le había abrazado para sostenerla a ella y un poco a él.

Ese día Serenity lloró lo que sus pulmones le permitieron, así como también agradeció el sostén que su hermano le proporcionaba a pesar de que el rubio se encontraba devastado.

¿Cómo era posible que una muchacha que había tenido siempre tan buena salud se enfermara tan repentinamente?.

Joey no lo comprendía y jamás lo haría en su totalidad.

A partir de entonces cada centavo fue destinado a los estudios médicos de su hermana a pesar de las negativas que su madre profesaba, pero lamentablemente todos llegaban a la misma conclusión y era que algún día ,sin saberse exactamente cuando la muchacha moriría, dejando un gran vacío en varios corazones.

Joey Wheeler amaba a su hermana como a nada en el mundo y saber que algún día la perdería tan repentinamente como la enfermedad había aparecido carcomía su alma poco a poco.

En ese año de ausencia su corazón jamás descanso debido al temor de perderla, pero sabía muy en el fondo que mientras la sonrisa sincera y feliz que la muchacha poseía no se borrara, ella aun permanecería con vida mucho tiempo más.

Por eso no le quedaba más que acudir a su mejor arte y amarla mucho, aunque por dentro y por aun diversas cosas se estuviera consumiendo.

-¿Joey?. Te haz quedado muy pensativo. ¿Estás bien?.

La luz del atardecer iluminó la habitación de colores rojos y rozados, así como también la sonrisa que él lanzó a su hermana.

-No, solo recordaba algo es todo.

-¿Algo malo?.

-Digamos que algo que no puede cambiarse desafortunadamente.

Serenity acarició la mejilla de su hermano, tratando de infundirle un poco de tranquilidad a su alma. Ella bien sabía todo lo que el muchacho se había sacrificado por ayudarla y lo único que podía hacer era quererlo como a nadie en el mundo o al menos como parte de las personas que más quería.

-¿Sabes?. Ayer vino mamá.

-¿Si?.

-Aja y quedó encantada con la casa. Jamás había venido.

-Qué extraño, vino a tú boda.

-Es que remodelé Joey. Que poco observador eres.

La chica rió y él sonrió un poco. En realidad ese día no le apetecía observar nada.

-Le gustó el decorado y dijo que me donaría algunas plantas para la sala.

-Si eso te hace feliz entonces me alegro por ello.

-Joey, yo se que mamá y tú aun tienen diferencias pero...¿no podrías solucionarlas?.

Serenity jamás sabría el porque de esas "diferencias" como ella le llamaba. A sus ojos era un resentimiento muy grande pero para el muchacho era un sentimiento parecido al rencor que tal vez jamás se disiparía. Mucho menos al tener sólidas bases para ello.

-Algún día tal vez.

-¿No podría ser pronto?.

Joey negó palmeando la mano de su hermana y esta simplemente suspiró hondo. Ese resentimiento sería siempre algo que ella no entendería.

-¿Y cómo te ha ido en la universidad Joey?.

-Hace unos meses me gradué y ahora estoy haciendo una especie de trabajo en la sección C de la Universidad.

-¿Es decir que trabajas en el teatro?.

-Algo por el estilo. Asintió él, alegrándose por la chispa divertida en los ojos de su hermana.

-Oh, cuéntame más. ¿Qué haces ahí?.

-Soy el co-director de la nueva obra de la ciudad. Después de que se estrene en el auditorio universitario lo hará en el teatro.

-Eso se escucha muy bien. ¿De qué trata la obra?.

-Es...un musical.

-¿Si?.

-Aja. Tardamos mucho en conseguir al elenco y a la orquesta musical pero al final y con un poco de esfuerzo todo esta listo para su estreno.

-Oh Joey, eso debe ser fascinante. Debiste trabajar muy duro.

-Mas o menos.

El sopor del rubio hizo reír a su hermana quien entendió de inmediato que su hermano jamás cambiaría en ese aspecto.

-¿Sabes?. Me gustaría ir al estreno.

-Tal vez. Si te cuidas puede ser que tu gruñón esposo te permita ir.

-¡Eso sería formidable!. Chilló la muchacha, obteniendo una mirada dura por parte de su hermano.- Lo siento.

-Recuerda que no debes esforzarte. Tu salud depende del descanso y del que no te agites. No me gusta verte en cama o triste.

-Si, lo sé.

La enfermedad de la pelirroja era extraña aun pero cierto era que cualquier mínimo ajetreo aunque se tratara de sacudir alguna minúscula partícula de polvo de la mesa ocasionaba un terrible cansancio en la muchacha que le provocaba permanecer en cama durante varios días.

Joey no comprendía aun lo que le ocurría a su hermana pero de algo si estaba seguro, mientras él viviera le impediría toda agitación posible.

-¿Joey?. Llamó la muchacha cuando respiró con mucha más tranquilidad.

-¿Dime?.

-¿Por qué tú no saldrás en la obra?.

-Porque si salgo entonces el director me cuelga. Recuerda que trabajo tras bambalinas, no en las tablas.

-Pero si tu sueño es...

-Shhh, no hablemos de eso ahora. Lo que importa es que descanses. Has pasado un día muy agitado y no se el cómo te permitieron bajar.

Serenity sonrió, ahí estaba el protector hermano que ella amaba.

-Seto me trajo. Indicó la joven cuando el rubio la levantó con facilidad en brazos.

-Mmm, ese cabezota.

-No lo llames así, es muy bueno conmigo.

-¿Si?. Solo tú puedes verle lo bueno a ese...tonto.

Serenity sabía de la extraña relación que existía entre su esposo y hermano. Pero a sabiendas que se toleraban y hacían esfuerzo de no pelear solo por ella trataba de conformarse con ello.

El agua y el aceite no habían nacido para unirse pero tal vez con paciencia podrían hacerlo un poco.

El rubio llevó a la pelirroja hasta su habitación en donde con sumo cuidado la recostó sobre su mullida cama.

-Gracias. Suspiró la chica evidentemente cansada.

-Haré que te suban un vaso de leche.

-Eres muy amable Joey.

-Todo por ti princesa.

La chica adoraba esos apelativos, sobre todo cuando provenían de su hermano.

-¿Sabes?. Hay algo que debo mostrarte.

El pequeño silencio se miró roto por las misteriosas palabras de la muchacha y el escalofrío que recorrió la columna del rubio no tubo interpretación.

-Pensé que lo sabrías pero evidentemente Seto no te lo dijo.

-Me asustas. ¿Qué ocurre?. Cuestionó acercándose a la cama desde donde su hermana sonreía mucho más de lo normal.

-Nada malo. Todo lo contrario. Se que vas a retarme pero...era inevitable que sucediera.

Ante el misterio y la poca paciencia del muchacho, la chica levantó un auricular a su lado y después de intercambiar algunas frases volvió a depositarlo en su lugar.

-Ahora te enterarás Joey y espero que te alegres tanto como Seto y yo cuando lo tuvimos ante nuestros ojos.

El rubio jamás se imaginó lo que en pocos minutos se le presentó tan real, vivo y con ternura.

Mientras la muchacha sonreía aun más y la joven que entraba a la habitación le cedía un pequeño bulto en movimiento, supo que ese día jamás lo olvidaría y que sería el resultado definitivo de su agrio despertar al mundo.

-Él es Mokuba, Joey y es hijo de Seto y mío.

Con todo eso¿a quién terminaba por importarle un arte que a pesar del nudo en su estómago continuaba mostrando?.

Solo a su corazón, como siempre.

Continuará...

Si, muchos y tremendos cambios y sin embargo esenciales para darle vida a esta locura.

El capitulo mostró un poco del pasado de Joey y así será hasta que en uno de los capítulos el pasado se presente en su totalidad.

Y si, ya se que no puse parejas pero¿de quién más escribiría yo a parte de Marik y Odion?.

Gracias por sus primeros comentarios, no saben el gusto que sentí al ver que Dreams está siendo aceptado.

En verdad gracias y por ello no dejen de decirme que es lo que les ha parecido y claro, dejándome su mail para una mejor comunicación personal con ustedes.

Por lo pronto hasta aquí me despido y descuida Haima querida, que Joey no es de los que se quedan solos al menos no concientemente.

Con cariño su amiga:

KLF