TITULO: Dreams
Capitulo: Te necesito
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Los sueños se forjan a partir de un cúmulo de esperanzas que realizar, más cuando la vida nos pone frente a frente con la realidad. ¿Cuántos de esos sueños pueden perdurar en nuestro corazón sin vernos en la necesidad de modificarlos?. ¿La respuesta: Solo hasta que las pruebas se vean superadas.
Pairings:
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: gustaba la buena bebida. Nada mejor al paladar que una excelente cosecha en viñedos californianos o incluso ingleses. Su padre le había enseñado entre otras cosas a catar el buen sabor de un Oporto o de un vino tinto que acompañase a la perfección un platillo digno de Reyes.
Más jamás la sola idea de embriagarse le había parecido apetecible. Después de todo un hombre de mundo como él, con una imagen pública e intachable no podía darse el lujo de caer tan bajo. Tal vez lo habría logrado en la intimidad de su privado o de su oficina después de todo nadie entraba sin que él lo permitiera. Pero por razones en las cuales no deseaba pensar era mejor no hacerlo. No lo necesitaba, tenía perfectamente otras formas de distraerse, más sin embargo el deleite de probar era algo que nadie le podía arrebatar.
Sentado en aquel sofá y cuando el crepúsculo se miraba a lo lejos podía entonces pensar en relajarse unos momentos mientras en los demás pisos se preparaban para ir a casa.
Kaiba Corporation era el legado de su padre y en su tiempo habría sido todo lo indispensable para él, pero en esos momentos ya no sabía lo que representaba para él.
Una vida llena siempre de estudio y preocupado por seguir los dictámenes de su padre. No había conocido nunca el afecto materno pero jamás lo había necesitado o al menos eso había pensado hasta que su hijo estuvo entre sus brazos.
El cómo un pequeño pedazo de vida le había hecho cambiar de opinión era un misterio, pero al menos aceptaba ya que había necesitado una caricia en el rostro de unas manos suaves que no trataran de golpearlo cada vez que erraba en una ecuación.
Cierto, había sido dotado desde su nacimiento de una mente brillante y superior, sin embargo en lugar de estudiar por gusto lo había hecho por obligación de su progenitor.
En ocasiones le odiaba por su severidad e impaciencia pero en momentos catastróficos que dependían de su rápido ingenio y habilidad numérica se congratulaba de haber recibido tan dura y firme educación.
Él jamás había sabido lo que era jugar a la pelota o patinar tres pasos para caerse y volverse a levantar entre risas o quejidos.
Su infancia y parte de su adolescencia la había pasado tras los gruesos muros de su mansión y en ocasiones en la corporación que dirigía.
Aprender la mejor manera de exportaciones o mercadeos nacionales acarreaba enormes responsabilidades así como también horas de estudio sin descanso.
Eso conllevaba ser un genio o al menos los ideales de su padre.
Sorbió un poco de su dulzona bebida pero no por ello dejó de mirar hacia las luces que comenzaban a opacar el rojizo del horizonte.
Todas las tardes se daba ese lujo que nadie podía adivinar.
Para el mundo era un robot imparable que solo por cansancio extremo descansaba un poco para regresar a sus labores tras unas horas de descanso.
Era el diablo e imponente Seto Kaiba quien guiaba a la ciudad a un futuro brillante y muy probablemente al resto del mundo.
Su empresa era una de las mejores pues no solo se dedicaba a exportar e inventar sus propios productos, sino también contaba con un laboratorio sofisticado donde los mejores médicos y científicos trabajan contra el tiempo y las nuevas y mortales enfermedades.
Inventos, a eso se dedicaba, a inventar cualquier cosa que el mundo deseara o necesitara para una vida más fácil.
Su mente de creador lo mantenía siempre al día de las necesidades y era simple para él elaborar un complejo circuito, chip o robot para posteriormente patentarlo y producirlo en masa.
Su imaginación no tenía límites y para él un estoico y duro muchacho que jamás sonreía frente a los demás, era toda la distracción que necesitaba.
Su vida social estaba hecha a base de falsedades e hipocresías. La adulación de las personas dependía exclusivamente en quedar bien con él para en un futuro tal vez pedirle unos cuantos favores que por supuesto no haría.
Un circulo sin cerrar jamás pero que era necesario para aparentar "normalidad".
Sonrió, él por supuesto no era normal y eso cualquiera podría decirlo a sus espaldas o en cualquier revista de espectáculos que se vendiera en la calle.
Sorbió otro poco hasta que su boca se volvió amarga y decidió que por ese día era ya suficiente de melancolía o de gustos excéntricos.
Así pues se incorporó y bebiendo un poco de agua para relajar su sequedad es como tomó su portafolios, saco y cosas indispensables para otra seguramente noche de insomnio y trabajo.
Su ascensor privado le proporcionaba la soledad que necesitaba, incluyendo la evasión de cualquier persona que quisiera toparse con él y hablar sin sentido.
Él no era parlanchín ni bromista, mucho menos de la clase de hombres que adulaban por el simple hecho de hacerlo. Él era realista y todo lo decía como era en verdad. Por tal sinceridad se había sabido ganar enemistades y desacuerdos, pero teniendo un imperio que en el mercado era el número uno y obviamente millones en las bolsas de todo el mundo, ese pequeño factor no importaba en realidad.
-Buenas noches, señor.
-A casa.
Fue la orden que su fiel chofer asintió tras cerrar la puerta trasera de la limosina y colocarse en su lugar.
En la privacidad de aquel lugar pudo desajustar un poco su corbata y reclinarse en el asiento con fatiga.
Las noches en vela y las preocupaciones que su mente guardaba le impedían conciliar un sueño que no fuera cansino y que no lo hiciera despertar de mal humor.
Pero era la única manera de reconciliar el sueño si en verdad quería descansar un poco su cuerpo.
Llevó una de sus manos a su rostro y pudo sentir la sequedad de este.
Ni una gota de sudor bajaba por su cuerpo jamás, de no ser el que el ejercicio le provocaba. Factor que indicaba una vez más la sencillez con la que llevaba a cabo sus tareas.
El auto paró bajo la luz roja del semáforo y él contempló desde su posición las luces y peatones que se arremolinaban por caminar antes de que el alto para ellos se efectuara.
Vivía sin duda en una ciudad sumamente atareada, donde era extraño encontrarse con alguien que no hablara por celular y mantuviera la otra mano aferrada en algún portafolio y un vasito térmico de café.
Japón era tal vez la segunda ciudad del mundo que jamás dormía y era fácil darse cuenta del porque.
La limosina arrancó unos segundos después y el sonido parecido a un suspiro salió de sus labios cuando un par de enormes luminosos atravesaron el cristal polarizado por el cual aun miraba.
-Una obra. Hace mucho que no voy al teatro. Murmuró y en realidad así era.
Su padre, un loco por las normas, sádico ex jefe militar y rico ostentoso que se daba lujos desmedidos era también partidario de las buenas costumbres y como tales se encontraba el teatro, la ópera, danza o cualquiera de esas cosas ridículas que él podía juzgar como tal.
Pero la verdad amaba mirar la vida de otro sobre las tablas y dejarse llevar por una historia más que releída en su cabeza para olvidarse por unas horas de la suya.
Era gratificante sin duda y el único gusto que las personas y prensa podían notificar con veracidad. Lo demás era puro amarillismo.
-No tengo vida. Murmuró cuando las luces comenzaron a alejarse y se adentraba en la zona que lo llevaría a su mansión.
Y la oración se quedó en afirmación cuando comprendió que era realidad.
Su única vida consistía en el trabajo y después de eso en una familia que quería pero que tal vez no era suficiente.
De su gusto por el teatro entonces y cuando el auto se detenía frente a la enorme puerta de su morada, dejaba relucir un arte más que aprendido, uno que se llevaba las memorias y los sentimientos que no tenían cabida en su vida.
Gozaburo Kaiba, su padre, siempre había tenido como lema la exclusión de sentimentalismos innecesarios por lo que no podían culparle cuando en el exterior la seriedad reinaba en su rostro.
-Buenas noches señor. ¿Tuvo un buen día?.
-Lo de siempre.
Era el monótono y pequeño diálogo que compartía siempre con su mayordomo para después caminar a su privado, dejar su portafolios y caminar hacia la planta alta. Más específicamente a su habitación.
Una rutina que jamás cambiaba o al menos no hasta hacía unos meses, cuando la razón de ciertos cambios había llegado a su vida.
Desviándose unos pasos de su destino final se atrevió a abrir con suma precaución una puerta la cual chirrió un poco y lo necesario tras un clima húmedo y después seco.
Sonrió, algo inusual pero sincero en él al acercarse a la cuna que permanecía en medio de la habitación.
Con ojos brillantes y un sentimiento indescifrable admiró al pequeño niño dormir y suspirar de vez en cuando, mientras sus manitas cerradas en puños se encontraban a su lado dándole a la criaturita una postura tierna.
-Hola Moki¿cómo estás?. Susurró y el infante solo se movió un poco, producto tal vez de sus sueños indescifrables.
Con calma y sin importarle que alguien pudiera entra y mirarle, se atrevió a cargar al niño que solo se movió lo indispensable para después descansar entre los fuertes y protectores brazos de su padre.
Seto Kaiba en ese momento no era más un frío y sin corazón hombre, era un padre joven que sonreía a los pucheros y sonrisas reflejas en la carita de su hijo.
Tenía veinticinco años y ya la vida le había dado un cambio productivo, diferente y que a pesar de las circunstancias amaba como nada en la vida.
Tal vez Mokuba significaba la recompensa que la vida alguna vez tenía que darle y él, dueño de todo lo que el dinero pudiera comprar, se sintió adulado y más que agradecido por tal obsequio. Sin duda era algo que siempre cuidaría.
-Hoy papá trabajó mucho para que el día de mañana tú solo tengas que preocuparte de lo tuyo y de estudiar cuando tengas que hacerlo. Mientras tanto duerme despreocupadamente y mañana ya veremos.
Un beso sobre la frente y un aroma nato que se imprimía en sus pulmones como el mejor de los olores.
Después de ello y para no importunar más el sueño de su hijo lo recostó y lentamente salió de la habitación, procurando antes encender un par de monitores cuyos iguales se encontraban perfecta y estratégicamente ubicados en aquel hogar.
El pasillo iluminado le dio de lleno y con él la segunda parte de su rutina, aquella que a pesar de todo jamás cambiaría.
Caminó pues mirándose de reojo en uno de los espejos que decoraban el camino.
Era joven, con una edad productiva y un intelecto que había provocado un par de arrugas finas en su frente que en lugar de restarle elegancia o atractivo, lo aumentaba. No por nada era uno de los hombres más bien parecidos del mundo y el top cien se veía galardonado con su tercer lugar debajo de un artista de cine y una estrella de rock.
Eso a él no le importaba, menos que muchos envidiaran su pulcra cabellera castaña o los zafiros que en ocasiones lograban matar con una mirada.
-La vida ha sido injusta y sin embargo…
Tomando aire antes de empujar la puerta que ya abierta estaba se permitió recordar un poco de eso que siempre lo asaltaba cuando menos lo imaginaba y cuando menos lo quería.
Serenity siempre me pareció una mujer demasiado buena para este mundo.
Dulce, comprensible, con un enorme cartel en el pecho que dictaba: consejera y experta en toda clase de problemas. Si quieres mi ayuda solo búscame.
En resumen la clase de persona que es buena con todos y que recíprocamente recibe lo mismo.
Siempre me pareció linda. No una de esas bellezas de pasarelas sino bonita a su modo, con todo y su bondad.
Precisamente cuando me la topé en uno de los pasillos de la Universidad acababa de tener una fuerte discusión con Max.
Él continuaba empeñado de que la idea de estudiar era una pérdida total de tiempo pues siendo yo un eminente empresario de nada me servía lo que unos cuantos inútiles tratarían de "enseñarme".
Tenía exactamente veintiún años y aunque ya podía saberlo todo sobre todo eso no me impidió hacer mi voluntad y hacer rabiar a quien se opusiera a mi decisión. Eso era tal vez el gusto que me hacía levantarme todos los días mucho más temprano de lo normal y viajar hasta las instalaciones de la Universidad.
Caminando por los corredores es que la muchacha de ojos marrones y cabellos de fuego topó contra mi y al igual que hoja al viento calló al piso sin remedio.
Jamás he sido el ejemplo de la cortesía y mis apodos de grosero o idiota siempre han estado a la orden del día pero algo había en ella que me recordó a...alguien más por lo que sin pensarlo le tendí la mano a modo de falsa disculpa.
-Lo siento, no miré por dónde caminaba. Se excusó y deduje de inmediato que no estaba en la Universidad. Demasiado pequeña e ingenua para ello.
-Ten más cuidado la próxima vez. Había sido su culpa¿por qué decir algo más cuando no me apetecía?.
-S-si, tienes razón. Tartamudeó evidentemente esperando una mejor muestra de cortesía.
Sin embargo su sonrisa no se alejó y cuando pretendía retirarme ella me detuvo.
-Disculpa que vuelva a importunarte pero...¿podrías indicarme en donde se encuentra el teatro de la Universidad?.
Si, un desastre tras otro y como jamás me ha gustado fungir como guía turístico así se lo hice saber.
-No sé.
-Es que...estoy buscando a mi hermano. Indicó sin huir despavoridamente de mi fría respuesta. Era sino es que la primera una de las pocas personas que había soportado mi frío aire superior.
-¿Y tengo yo que saber en dónde se encuentra tú hermano?.
-No, pero se que conoces el teatro.
Lo admito, me desesperó completamente con su sonrisa de mártir en desgracia y terminé por indicarle el camino preciso. Era eso o continuar escuchándola hablar de algo que me tenía sin cuidado.
-Eres muy amable. Espero pueda verte otra vez. Se hubo despedido ella con la misma actitud que había mirado desde el principio.
La miré alejarse y sonreí a su incredulidad. Obviamente no me conocía y su discurso jamás se haría realidad nuevamente...más qué equivocado estaba en ese momento. Si hubiera sabido lo que tiempo después descubrí, habría dado todo lo que tengo por jamás haberle tendido una mano cuando jamás lo había hecho.
-¡Llegaste!.
El feliz recibimiento le hizo asentir con la cabeza mientras dejaba saco y corbata sobre una silla cualquiera.
-Hola. Saludó sin mucha expresión. Al igual que siempre.
-¿Qué tal tú día?. Cuestionó ella, recibiendo un beso efímero en la frente que fue quien terminó sacando una mucho más inmensa sonrisa de la joven.
-Como siempre.
-Seto¿por qué nunca es bien o mal?.
-Ya te lo he dicho Serenity, para mi todo es igual.
La muchacha suspiró pero no por ello su sonrisa se apagó. Ese día había tenido mucho por lo cual sentirse feliz y sabiendo de sobra como era el carácter de su esposo terminó por no darle importancia.
-Hoy vino Joey. Indicó ella sin poder retener la noticia por más tiempo.
-¿Si?. Se ve que eso te ha alegrado un poco.
-¿Poco?. ¡Mucho!. Chilló la muchacha, hablando un poco más fuerte para que el ojiazul la escuchara desde el vestidor.
Seto no necesitó mirar el rostro de su mujer para saber la brillantez que poseía. Lo que él no pudo hacer en un años, el rubio lo había hecho en pocas horas.
De ahí la diferencia que jamás se esfumaría.
-¿Quieres saber de lo que hablamos?. Indagó Serénity respirando profundamente y calmando el acceso de tos que su algarabía había ocasionado.
-Si procuras no esforzarte, seré todo oídos.
Kaiba salió del vestidor con una ropa mucho más cómoda sobre su cuerpo, prestando total atención a lo que la sonriente muchacha comentaba.
Serenity por su parte sabía de sobra que su marido no le interesaba en nada la vida de su hermano pero apreciaba el que en esos momentos lo hiciera. Era tan bueno con ella que no podía sentirse más feliz.
-Pues...ya terminó la universidad.
-¿De verás?. Al fin se cansó de viajar por ahí y terminó la carrera. Debería de darse de topes contra la pared para saber si no le falta alguna neurona.
-Seto, no seas tan malo con él. Medio sonrió la chica, conociendo lo esmerado que era Joey pero lo poco atento para tomar alguna clase.
-Solo digo lo que es. Se excusó el ojiazul tomando asiento frente a la chica quien permanecía recostada en su cama.
-Bueno, ya. Seguiré con lo que me dijo.
Y Seto pasó un cuarto de hora escuchando lo maravilloso que era Joey Wheeler en esto y aquello, así como las remembranzas y nuevos sueños que el rubio tenía para su vida.
Si su esposa era feliz hablando de lo que por un año siempre lloró, él la escucharía atentamente y sin rechistar. Lanzando de vez en cuando tal vez alguna burla sobre el rubio pero permitiendo que Serenity se explayara en toda la extensión de la palabra.
Por eso y cuando la chica terminó esperó el veredicto de un muchacho que se concentraba fieramente en recordar algunas cosas que no se permitió dejar por completo a la luz.
-¿Y bien?. ¿Qué opinas?.
-No mucho. ¿Qué tendría yo que opinar sobre la vida de tú hermano?.
-Oh Seto¿empezarás de nuevo?. Al menos di algo sobre lo que te acabo de contar.
Kaiba se incorporó y dejando por un momento el tema de lado se dispuso a arropar a la muchacha que entre molesta y feliz le miraba desde su posición.
-Ha sido un día agitado, descansa mejor.
-¿Trabajarás?.
-Me temo que si.
El suspiro frustrado de la joven le hizo ver a Seto que esta tal vez tenía otros planes. Pero él no podía romper con los suyos. Ya lo había hecho una vez y era algo que aun no se perdonaba del todo.
Apagando la luz y sabiendo la frustración de la muchacha, se encaminó a la puerta. Más antes de salir terminó lo que tenía pendiente.
-¿Sabes?. Creo que tú hermano tiene todo lo que siempre ha soñado. Tendrá buen futuro. Buenas noches Serenity.
-Buenas noches Seto.
La puerta se cerró y ella sonrió al saber que su marido en realidad no tenía mala voluntad para con su hermano. Sin embargo la excesiva tristeza que inundaba a Joey la había inquietado de sobre manera, mucho más cuando su pequeño hijo fue cargado por él.
-Tal vez son cosas mías. Mañana le diré a Seto que Mokuba ya conoce a su tío.
Con una sonrisa y un poco de fatiga Serenity Kaiba se acomodó sobre la cama para descansar un poco.
Un día lleno de emociones solo podía terminar así y sin embargo aun faltaban muchas más que vivir.
Por otro lado y como cada noche Seto llegó hasta su estudio, el cual se había convertido en su refugio personal e infalible.
Ahí y sentándose tras su escritorio pudo sonreír un poco e imaginar con mucha más nitidez la conversación que su esposa hacía unos momentos le había mencionado.
-Si, tiene todo para un buen futuro y sin embargo...
La diminuta sonrisa que pudo haberse formado en sus labios se esfumó al saber que mientras el alma que alguna vez creyó inexistente se encontrara dolida, él no podría jamás dejar de fingir algo que por siempre tal vez lo acosaría.
Gabriel era la clase de muchacho pulcro y obsesivo que siempre debía seguir al pie de la letra todo lo que hacía.
Hijo de padres ingleses se había separado del seno paterno para hacer su vida y al final lo había logrado.
Descendía de una módica familia y al tener un capital estable enviaba a Londres algunas cuantas monedas que si bien se agradecían en realidad no se pedían.
Un hijo ejemplar y modelo, aunque en ocasiones su manera de ser ofuscaba a varias personas.
La pantalla de la portátil indicó un par de perfectas gráficas que guardó en su memoria para evitar inconvenientes como los que Joey solía realizar con la luz.
Reclinándose un poco en su silla evocó la imagen de su compañero de departamento.
Juguetón, optimista, brillante como el sol. Así era la personalidad de su compañero, una que marcadamente contrastaba con la suya.
¿El por qué lo había elegido como compañero?.
No lo sabía pero en realidad le alegraba estar acompañado aunque fuera en las escasas horas que permanecía en casa.
-Tonto Joey. Murmuró, recordando que aun le debía un USB. El suyo había terminado siendo el que sostuviera la puerta para no pegar contra la pared.
-"No encontré otra cosa y era una emergencia. Tenía que ver lo que pasaba entre Carter y Luka en E.R y como estaba limpiando mi cuarto no podía escuchar la T.V de la sala".
Había sido la excusa que propició una explosión mucho más fuerte que cualquier erupción volcánica se hubo efectuado en aquella casa.
Joey era tan ocurrente como sonriente y su carácter bien le valía amistades pero también enfados.
Llevando consigo la imagen del rubio miró el reloj. 11:30 y no aparecía. Tal vez se había ido de juerga con algunos amigos del teatro o incluso cabía la posibilidad de que estuviera ahí.
Dado el caso Joey jamás llegaba tarde sin avisar o romper alguna de las reglas que explícitamente le había dicho y apuntado en una hoja blanca pegada tras la puerta de salida.
-Pero es un tipo imposible. Murmuró volviendo a lo suyo.
Exactamente después de eso la puerta se abrió, rebelando al muchacho que la mente de Gabriel había estado llamando.
-Te dejé una caja de shup sui y otra de arroz en el refrigerador y si vas a calentar algo por favor mantén limpio el microondas.
-No tengo hambre.
Que Joey no quisiera dormir por solucionar problemas de las obras escolares era pasable. Que prefiriera el cereal a calentar algo debido a la pereza era pasable. Pero que No tuviera hambre en realidad era alarmante.
Por ello Gabriel despegó su verdosa mirada de la pantalla y la posó sobre el rubio que si bien murmuró su decisión se encerró en su habitación.
-Hay que ver. Susurró Gabriel incorporándose y caminando hasta donde su compañero.-¿Joey estás bien?.
-Si, solo tengo nauseas. Es todo.
-¿Será a caso por los siete panques que te comiste en la mañana y seguramente el descomunal almuerzo que le siguió a eso?.
-No.
Gabriel se cruzó de brazos mientras la hueca voz de Joey resonaba en sus oídos.
-¿Entonces que te pasa?. Si fueras mujer lo comprendería. ¿A caso te hiciste cirugía y no me lo dijiste?.
-No bromees Gabriel.
Y el obsesivo muchacho se permitió sonreír. Embromar a Joey cuando este no podía responder era lo mejor. Al menos así podía sentirse por un momento vencedor de algo.
-Joey, abre la puerta. Sabes que puedo ayudarte.
Gabriel aguardó unos segundos hasta que el cerrojo se corrió y así pudo entrar libremente a la medio desordenada habitación que por lo regular evitaba visitar.
Así pues como lo dedujo su compañero se encontraba recostado sobre la cama. Boca abajo y ocultando la cabeza en la almohada.
Aquella escena la había visto millones de veces con sus novias y hermana menor. Una típica "depresión" que no creyó imaginar en un chico.
-¿Y bien?. Cuestionó en un tono serio pero preocupado. A pesar de lo opuestos que pudieran ser estimaba al rubio y saberlo con problemas cuando siempre era el otro quien lo ayudaba con algunos, merecía alguna reciprocidad.
-Nada. Que mi vida es una porquería.
-Vaya, creí que jamás lo verías.
Gabriel se ganó un golpe directo en el estómago con un cojín.
-No es gracioso señor: "Don perfecta vida". Gruñó el otro aun debajo de la almohada.
-Oh vamos, era una broma. ¿A caso tú no haces eso cuando las cosas van mal?.
-Pero ahora si lo están en serio.
-Huuu, cosa grave. ¿Ocurrió algo en casa de tú hermana?.
-Si.
La afirmación parecía más la de un niño ante la idea de revelar algo demasiado embarazoso como para mencionarlo.
Por ello el de melena castaña se sentó al lado de su compañero e intentó indagar más.
-¿Algo horrible?.
-Si. Volvió a responder Joey melancólicamente.
-¿Qué sucedió?.
-Sucedió que ella tiene un hijo. ¿Puedes creerlo?. ¡Un hijo!. Por todos los cielos.
La voz elevada del muchacho se apagó al igual que los gestos preocupados del que escuchaba.
-¿Un hijo?. ¿Es entonces eso lo que te tiene así?.
-Si.
Gabriel no tenía experiencia en reconfortar personas, solo en vender y comprar acciones productivas para la empresa en la que trabajaba.
De aquellas cosas solía encargarse Wheeler cuando había que hacerlo y él era un rotundo fracaso para ello. No obstante estaba dando lo mejor.
-Un hijo no es tan malo Joey. Mucho más si alegra. ¿O no es bienvenido?.
-Lo es. Mucho.
-¿Entonces cual es el problema?.
Gabriel no terminaba de comprender como un niño podía alterar tanto al siempre sonriente muchacho. Debía existir algo más.
Joey por su parte agradecía los esfuerzos de su compañero por hacerle sentir mejor, pero indudablemente nada podría conseguirlo. Así pues enfrentando al otro espero al menos disipar todo.
-Te agradezco lo que haces Gabriel pero preferiría continuar con esto yo solo.
-Vaya, que agradecido eres. Se indignó el castaño.
-No me lo tomes a mal lo que sucede es que...que...¿recuerdas la lista de las cosas que no toleraría jamás en mi vida?.
-Si¿cómo no hacerlo?. Me la restregaste en la cara diez veces.
-Bueno¿recuerdas la número tres?.
Gabriel enarcó una ceja, señal inequívoca de que no recordaba.
-Esa en donde mencionaba a las inesperadas señales del cielo.
-Ah si, si, ahora recuerdo. Asintió el otro tratando de hacerlo realmente.
-Bueno, pues esta noticia fue exactamente eso: una señal del cielo que no termino de concebir.
-No seas niño Joey. Era natural que estando tú hermana casada se dieran estas cosas.
-Pero mi hermana está enferma. Lo está y ese mal nacido no lo recordó.
La rabia que el rubio evidenció en sus facciones solo podía atribuirse a un verdadero enfado. Uno como jamás Gabriel había visto en los años que llevaba de convivencia con Joey.
-Pero no escuche que mencionaras que ella no se encuentra bien.
-Está de maravilla. Pero el temor de que le hubiera pasado algo siempre está latente. Ese idiota de Kaiba no se detuvo a nada. Con tal de conservar su apellido puso en riesgo a mi hermana y ahora...
-Sabes Joey, no me gusta intervenir cuando estas realizando tan buena descripción de sentimientos pero...mucho me temo que en realidad tú enfado no es hacia el esposo de tú hermana. Es por otra cosa.
¡Bingo!. Pensó el rubio al instante. Al parecer el siempre ausente Gabriel lo conocía muy bien.
Así pues habiéndose sentado en la cama volvió a recostarse, dándole esta vez la espalda al que comprendió la indirecta.
-Espero que al menos puedas dormir un poco y pienses en...
-Lo sé. Buenas noches Gabriel.
-Buenas noches Joey.
El ojiverde salió de la habitación para regresar a sus asuntos, pero evidentemente como ocurría con sus novias al escuchar algarabías por dos horas y sin descanso, la concentración se borró y no pudo continuar.
Así pues dio por finalizada su labor mientras intentaba recordar el por qué Joey Wheele vivía con él.
De hecho lo había conocido por pura casualidad. Ambos se habían encontrado en la oficina del decano. Primer día de escuela para Joey, uno de tantos para Gabriel.
El joven de castaños cabellos se había presentado por sus respectivos documentos de beca y sin poder evitarlo había terminado enfrascado en la conversación del rubio, quien debido a su facilidad para hablar e histriónica habilidad de convencimiento no había podido escapar sin al menos llevarle hasta la sección donde las clases de actuación se llevaban a cabo.
Desde el primer momento se habían sentido diferentes. Mientras uno era meticuloso el otro no lo era, y mientras uno pensaba dos veces las cosas el otro no lo hacía ni una.
Pero el destino había fraguado contra ellos y muy a pesar de Gabriel quien creía no le volvería a ver, había sido todo lo contrario.
En cada esquina lo topaba y en cada rincón su voz resonaba. A tal extremo que había resultado amigo de un amigo quien evidentemente se encontraba encantado con él.
Al final y pese a que había luchado contra cielo y tierra por evitar al desastroso pero siempre sonriente muchacho, lo inevitable se suscitó.
Un día Joey fue desalojado de su hogar debido a la falta de pago en la renta.
Desesperado había recurrido a muchas personas que se habían negado en auxiliarlo.
Gabriel jamás había tenido mal corazón y ante una situación como esa no había podido más que socorrerlo y permitirle alojo en su espacioso departamento, el cual hubo conseguido gracias a una ganga y a un muy buen contacto en bienes raíces.
A partir de la primera noche, que por cierto resultó una catástrofe para el ojiverde, había nacido cierta misericordia para con el rubio y desde entonces la noche de auxilió se transformó en días y posteriormente en años.
-Es inevitable no quererlo. Murmuró el castaño cuando se encontraba ya acostado en su cama.
El ángel de Joey era inmenso y verle triste cuando por lo general a todos procuraba ayuda era desconcertante y hasta inusual. Pero Gabriel conocía lo suficientemente bien a Joey como para saber que el chico saldría de sus problemas victorioso y con una mayor sonrisa en el rostro.
Por otro lado cuando Joey escuchó su puerta cerrarse suspiró hondo.
Si, tal vez había sido un niño en reclamar algo que como Gabriel decía: a nadie mortificaba. Pero el solo pensar en el bebé que entre sus brazos le miró con tanta fijeza era memorar un escalofrío completo recorriéndole la columna.
Mokuba Kaiba se llamaba el pequeño de ojos tan azules como su padre y cabellos negros, los cuales seguramente eran herencia del tío abuelo Konil. Un hombre peculiar al peinarse y hablar.
De cualquier forma la inesperada noticia casi lo había hecho caer al suelo cuando el bebé fue depositado en sus brazos.
Tanta inocencia, bondad y dulzura solo había podido ser hecha para dar felicidad.
Era Tío y sin embrago no se encontraba del todo feliz.
Aun podía percibir la infantil fragancia del cuerpecito tibio que apenas sentir manos extrañas se había movido hasta despertarse por completo y dejarle contemplar un par de ojos que eran la viva imagen de los de su padre.
Inconfundible el parentesco, así como también la delicadeza de su hermana.
-Un bebé. Murmuró mirándose las manos, evocando que a partir de ciertos momentos se hubo olvidado de todo.
No recordaba a que hora había salido de la mansión Kaiba y cuanto tiempo había estado vagando por la ciudad. Solo hasta que las Náuseas que le obligaron a vomitar dentro de un contenedor de basura lo sacaron de su ensueño pudo saber en dónde se encontraba.-Esto es demasiado. Ridículo y enfermizo. Dios¿por qué me sigues atormentando de esta manera?. Maldición.
Y dejó que su puño se estrellara varias veces contra el colchón mientras respiraba un poco mejor.
Evidentemente esa noche no podría dormir tampoco y estaba seguro que la larga jornada de desvelo que le quedaba por delante estaría llena de recuerdos y tonterías.
Habría sido simple si todo hubiera quedado en una sola visita. Pero obviamente Serenity no se daría por vencida por lo que al menos dos veces por día dejaba recados en la contestadota de Joey o con Gabriel que ya se había cansado de insistir a su compañero que dejara sus niñerías y afrontara lo que fuera que le estuviera afectando.
Pero no todo era tan sencillo, por lo que retornando las llamadas una vez por día era como lograba controlar un poco la euforia de su enferma hermana y contener el aire por unas horas más. Todo hasta que ella volviera a llamar y a decir: Te necesito.
Si, Joey se encontraba en un serio problema y ni los ensayos de su obra podían lograr reanimarlo o mandarlo lejos de sus pensamientos.
Todo era complicado y difícil de resolver.
-Parece que el mundo se te ha caído en sima, Wheeler.
-¿Tú crees?. Fue el suspiro que cuestionó mientras movía con lentitud su Americano.
-Aja. Y déjame decirte que no es la primera vez que lo noto. Al menos estos días haz estado muy extraño.
Natalia era la protagonista dentro de las obras escolares. Excelente compañera de clases y en la actualidad, de trabajo.
La muchacha era tan confiable como nadie en el mundo y bastante intuitiva para ser un poco insociable.
Joey había aprendido con los años a que una apariencia no lo decía todo y aunque sobre las Tablas Natalia pudiera darle vida a una princesa o mendiga transformada en afortunada, en la vida real era todo muy diferente.
La chica de largos cabellos negros y mirada gris gustaba del negro, así como también de los zarcillos y estrambóticos gustos en música.
Bajo el escenario la muchacha era una "Dark" en todo el sentido de la palabra y sus trajes coloridos quedaban descartados.
Buena amiga aunque extraña y no por eso menos valorada por Joey.
Así pues medio sonriendo a su extraña compañera se animó al menos a hablar un poco sobre el tema que más que conocido era.
-Es...lo mismo de siempre.
Natalia asintió, entendiendo perfectamente las palabras del rubio.
Desde que el mejor amigo de Joey se hubo retirado para irse a radicar a Finlandia, ella había pasado a sustituir la confidencia entre amigos.
Jamás a suplantar. Un lugar se había ganado dentro del corazón del rubio y lo agradecía. Aunque a veces pensaba que no todo era fraternidad.
-¿Sucedió lo que te temías?. Preguntó ella mirando los marrones ojos de Joey decaer. Una afirmación muda de lo que ya presentía.- Lo siento mucho. En verdad que lo siento.
Wheeler asintió, palmeando la mano que con gentileza se posó en su hombro dándole la fuerza que necesitaba.
-No es como si fuera el fin del mundo. Después de todo ya presentía algo así.
-Mentiroso. Musitó la muchacha de negro obteniendo una larga carcajada por parte de su compañero.
-Lo sé, lo sé. No se mentir muy bien, tal vez por eso no me han llamado nunca a los escenarios y mi vida siempre ha sido un fracaso.
-Si continuas pobreteándote entonces solo lograrás mi lástima. Y mira que odio ese sentimiento.
-Tú odias todos los sentimientos Natalia. Al menos los que no empiezan con S.
El rostro pálido de la muchacha se coloreó momentáneamente de carmín al escuchar el reclamo de su compañero.
La verdad no era muy sociable y sus amigos estaban sumamente contados con los dedos. Pero cuando se refería a Sexo. La limitante jamás existía. Una debilidad que muchos compartían.
-Oh, hablábamos de ti. Susurró ella tras hacer un gracioso mohín para su amigo.
-Aja, siempre de mi¿verdad?.
-Tú eres quien me preocupa. O al menos quien me interesa.
-Gracias, lo tomaré en cuenta para la próxima vez que quiera: c-o-g-e-r.
Joey rió abiertamente mientras su amiga volvía a sonrojarse.
La habilidad de Joey para embromar era legendaria y sin embrago su única manera para sentirse mejor por unos momentos.
-Insoportable. Masculló la Dark tras incorporarse de su silla y marcharse del lugar.
-¡Te veré después!. Gritó el rubio toda vía riendo, recibiendo el azotón de la puerta por contestación.
Natalia podía enfadarse, al igual que miles que fueran embromados por las "verdades Wheeler" más sin embargo siempre regresaban. La camaradería ante todo y eso era el valor más grande que impulsaba al rubio a seguir vivo día con día.
Más sin embargo al momento siguiente cuando la soledad lo golpeaba, volvía a hundirse en sus cavilaciones y sentimentalismos.
¿En dónde iría a parar con todo eso?. Esa era la pregunta del millón y sin embargo no existía nadie que pudiera responderla. No al menos que fuera él.
Pero en lo que le concernía ya estaba cansado de darle una respuesta tonta a sus padeceres. Por eso se había aislado un año, el cual no había sido del todo reconfortante pero al menos no había tenido que sentirse nuevamente nervioso, perseguido y sobre todo: Un traidor.
Estaba volviendo a morir y lo peor de todo era que según él ya tenía motivos factibles para hacerlo.
Ya ni el teatro tenía valor para él y sus sueños habían volado lejos a donde ninguna mano mortal fuera capas de alcanzarlos.
Se estaba perdiendo y lo peor de todo era tal vez que su corazón no dejaba de latir con violencia, anhelando una esperanza que sabía totalmente muerta.
-Si, definitivamente estoy loco.
Bebiendo su café de un solo trago se preparó para salir de teatro. Aquel día los ensayos habían estado perfectamente y el director les había concedido unos días libres antes del estreno.
Se lo merecían y en verdad que Joey lo necesitaba.
Tal vez si se embarcaba en un pequeño fin de semana en la finca a la que parte del elenco asistiría, podría salir más fácilmente de lo que le pasaba. O al menos no pensar incesantemente en el único tema que por mucho tiempo había sido su tormento.
Más la vida tenía otros planes para él y así se lo hizo saber su celular cuando ya salía del teatro Universitario.
-¿Diga?.
-Por fin el gran idiota se digna en responder a una llamada.
La voz era inconfundible, así como también el clásico insulto.
-¿Qué quieres Kaiba?.
No hacía falta preguntar cómo el ojiazul había conseguido su número de móvil. Si el empresario lo había encontrado con sencillez, un simple número era pan comido.
-Al menos deberías de hablarme con más respeto.
-¿Te lo mereces a caso?. Yo solo escucho una petulante voz de un hombre mimado y rico que se la pasa desperdiciando su dinero en baratijas estúpidas. Así que si conoces a alguien a quien valga la pena rendirle respeto. Házmelo saber.
Joey pudo escuchar perfectamente el gruñido de enfado que el castaño había lanzado y sin percibirlo siquiera sonrió.
-No creas que es un placer llamarte. Fue lo que el millonario menciono a penas se tranquilizó un poco.
-Ni para mi el escucharte. Aseguró Joey doblando la esquina y verificando que la luz le decía: Pase.
-Entonces pon atención a lo que voy a decirte y más vale que por primera vez en tú vida seas lo bastante maduro como para decidir con rapidez.
-Mira Kaiba, a mi no me amenazas. Es más, ni siquiera tienes derecho de llamarme a mi...
-Tú hermana está en fase terminal.
La rápida explicación del millonario provocó que la sangre se congelara en el cuerpo del muchacho y su mirada se volviera inmediatamente acuosa.
-¿Qué?. Murmuró con la garganta cortada y Seto supo distinguirlo aunque el otro se esforzó por ocultarlo.
-Que tú hermana está en fase terminal. El doctor que la ve me lo ha dicho hoy. Ya no podemos hacer nada por ella.
Joey tuvo que sostenerse de una pared para no caer al suelo.
Sabía que las personas lo miraban y su aire de pronto desmayo le había provocado una palidez extrema. Más sin embargo esa no era su preocupación. Como siempre la muchacha de nombre Serenity lo era.
-Pero...¿Pero qué clase de doctor es ese!. Exijo saberlo Kaiba. Ahora.
La demandante voz contrastó con el sonido de los autos que transitaban a su espalda.
-Uno competente y el mejor de Japón si se puede mencionar. Lo sabes perfectamente y como tal yo solo te comunico lo que me ha dicho.
-No puede ser. Tiene que ser un maldito error.
Su cuerpo ya temblaba y la mano que aferraba con fuerza el celular estaba comenzando a amoratarse debido a la presión.
-No lo es y lo sabes.
Tan directo y justo como siempre. Así lo había expresado Seto Kaiba y Joey tuvo que admitir que en verdad todo estaba por terminarse.
-¿Qué voy a hacer?. Murmuró el rubio sin pensarlo. Sabiendo que lágrimas de dolor e impotencia corrían ya por su faz.
-¿Qué vas a hacer?. Pues vas a tomar ahora un maldito Taxi y vas a venir a verme ahora mismo a la corporación. ¿Te quedó claro?.
Joey asintió olvidando que la persona con la que hablaba no se encontraba presente. Todo en su mente era la imagen sonriente de su hermana devastándose por el tiempo y lo predecible.
-¿Me escuchaste?. Recalcó el castaño cuando el silencio comenzó a exasperarlo.
-Si...si, estoy contigo en quince minutos.
Sin despedirse el muchacho guardó su móvil y de inmediato subió a un auto que lo dejó en tiempo record bajo la falda del edificio madre de Kaiba Corporation. O como era llamado por el mundo entero: KC.
Sin aguardar a que las pocas personas que quedaban en el lobby le recibieran o dijeran algo, se dirigió rápidamente hacia los ascensores. Los cuales maldijo por su extremada lentitud.
Si bien las puertas se abrían él ya corría por el pasillo en busca de la habitación que lo llevaría a reunirse con su cuñado.
Mientras corría continuaba evocando la imagen de su hermana y los sentimientos encontrados que se almacenaban en su corazón cual esponja humedecida.
No podía simplemente soltarlos, no al menos hasta que le explicaran más afondo aquella situación.
Atrás había quedado el nerviosismo o el miedo a volver a mirar los zafiros que como siempre le recibieron retadores y hasta con un brillo de indiferencia.
De lado había quedado el pasado y los sentimientos, solo podía enfocarse en el presente y en lo que les esperaba a cada una de las personas que convivían con Serenity Kaiba.
-Ya estoy aquí. Comunicó cuando hubo recuperado el aire.
-Lo sé. Ahora siéntate y escucha.
Sin rodeos. Todo como lo era y eso por primera vez lo agradeció el rubio.
-Cómo te dije por teléfono esto esta llegando a su fin y desgraciadamente no hay nada que podamos hacer.
-Pero debe haberlo. Por Dios, ella no ha vivido tantos años para terminar así y mucho menos cuando tiene un hijo a quien cuidar.
Kaiba abrió los ojos ante las palabras del rubio, por lo que con la sola mirada interrogó al muchacho.
-Si, ella me lo presentó. Murmuró Joey tras sentirse estúpido bajo la escrutadora mirada azul que denegó la suya al conocer la respuesta que quería.
Un minuto de silencio aterrador y no solo por la incomodidad, sino también por la inmovilidad del que sin decir nada bebió rápidamente un frío vaso de agua para refrescarse la garganta.
-Yo...¿dije algo incorrecto?. Cuestionó el de ojos castaños con incomodidad.
-No, nada. Es solo que...Prosigamos con lo que nos atañe.
Seto volvió a sentarse frente a Joey y como siempre cruzó los brazos para tener una mejor visión y perspectiva del tema que los había unido esa tarde.
-¿Entonces...no puede hacerse nada?.
Seto negó sin mirar al otro. Un toque demasiado frío e impersonal que Joey habría valorado en otras circunstancias pero no en esa donde necesitaba más que nunca el apoyo de alguien.
-Es cuestión de tiempo solamente y me temo que el recorrido pronto finalizará.
Más que nunca el rubio se sentía culpable de todo lo que había hecho o mejor dicho, no hecho en aquel tiempo que estuvo desaparecido.
Tal vez no habría podido hacer mucho pero al menos la estancia con ella habría sido mucho más valorada que un recuerdo menguado con el dolor de perderla.
Así pues reclinándose en el sofá miró el techo y las imágenes de su infancia pasaron frente a él.
Kaiba mientras tanto tenía la leve impresión de que todo se estaba perdiendo en cierta forma.
La noche anterior Serenity había tenido un fuerte acceso de tos que había parado solo y cuando un tubito de oxígeno se prendió a su nariz.
El equipo de médicos y especialistas que le habían atendido con presteza no le habían dado demasiadas esperanzas en cuanto a su recuperación y cuando miró a su esposa mucho más pálida y débil que nunca, constató la pronta pérdida que volvería a sufrir.
Su pecho era un mar de contradicciones entre los cuales se encontraban los sentimientos y cualquier cosa almacenada durante años.
Todo aquello era como una monstruosa película de terror en la cual ya no deseaba estar pero que sin embargo era inevitable.
-"¿Por qué a mi?". Cuestionó en su cabeza. Algo que sabía jamás obtendría respuestas.
-Necesito hacer algo. Musitó Joey tras pensar las cosas con más detenimiento.
-No puedes hacer nada. Es básicamente ya una locura pensar en hacer algo. Si los mejores médicos del mundo no pudieron hacer jamás nada¿qué te hace suponer que tú si podrás?.
Cuando Joey se proponía algo la determinación brillaba en sus ojos cual diamante y eso lo había visto Kaiba millones de veces, por lo que en ese momento no fue la excepción.
-Porque yo soy su hermano y la conozco bien.
Seto no podía competir con el brillo del rubio, por lo que gruñendo trató de pensar en algo que pudiera beneficiarlos a todos.
Así pues otro silencio se formo, con la diferencia de que las fuerzas estaban presentes.
-Tengo una idea. Pero no se si será de tú agrado.
-Todo por ella.
Kaiba miró a Joey y no le cupo duda de que jamás aquella determinación se quebraría. Por ello asintiendo pasó a rebelarle a su compañero la deducción a la que había llegado.
-Tú y yo sabemos que médicamente no podemos hacer nada. Eso se terminó.
El rubio asintió y continuó aguardando.
-Pero tal vez otra cosa pueda hacerle a ella sus últimos días más...aceptables.
-¿Qué es lo que piensas?.
Decir que la idea de perder a Serenity era grata para Joey era mentir rotundamente, pero estaba conciente de la verdad y el duelo estaba comenzando.
-Qué tal vez si ella ve a su hermano más cerca y a su lado, soporte lo que vendrá con mucha más fuerza y valía.
-¿Pretendes decir que esté con ella?.
-Así es. Ya basta de huir Wheeler. Ya no hay tiempo para eso. Tú hermana se está muriendo y tú eres el único que puede decir que hacer con el escaso tiempo que le queda. Solo tú.
Joey estaba conciente de ello pero el tan solo meditarlo le causaba dolor.
Si, solo él podía decidir que hacer y sin embargo en ese momento se encontraba demasiado impotente. Un golpe de tal magnitud dentro de su aparentemente estable existencia lo había desbaratado como jamás en su vida.
Mientras el reloj avanzaba y la respuesta se esperaba, Kaiba comprendió que debía ser mucho más directo.
Cada minuto era vital porque la muchacha que vivía en su casa ya no gozaba de ellos con tanta soltura.
¿El cómo había siquiera pensado en aquella posible "solución?. No sabía. Sin embargo le parecía cuerda y sensata. Lo que su esposa necesitaba más que nada.
-Ve a vivir a la mansión hasta que todo finalice.
Fue la suave pero directa afirmación que resonó en la mente de Joey.
-¿Qué?.
-Ya me oíste. De esa manera ella podrá verte cuando lo desee y tú estarás al pendiente de todo sin esperar un aviso.
Es lo mejor que puedes hacer.
El asombro se evidenció en las facciones del rubio y aun así continuaba pensando en otra manera que no fuera vivir con su hermana y con Kaiba.
-Pero...pero...
-El reloj avanza Wheeler. No creí que fueras tan...cobarde.
Aquello había dolido de verdad y sus ojos así se lo hicieron ver a los azules quien con dureza le miraban.
-No soy cobarde.
-Lo eres y lo sabes.
-Tal vez. Asintió Joey con rabia.- Pero al menos yo trato de enfrentar mis problemas y no rehuyo de ellos como lo haces tú.
-¿Estas seguro?.
De cualquier forma ambos sabían demasiado el uno del otro como para dañarse y ese no era el momento para hacerlo, por ello Kaiba volvió a incorporarse y a mirar con autoridad a su invitado.
-Como sea, todo depende de ti. La posible solución está en la mesa. Cuando decidas algo, sea lo que sea házmelo saber.
Seto caminó hacia la puerta y la abrió. La indirecta era más que eso y así lo entendió el rubio cuando involuntariamente se puso de pie y caminó hacia la salida.
Todo era un remolino dentro de su cabeza y mientras caminaba sus pies temblaban a cada paso que daban.
El mundo había disminuido su rapidez para convertirlo en lentitud y mientras se acercaba a la puerta pudo distinguir que de entre la soberbia y la estoicidad del que le abría la puerta, había un dolor que si bien no se comparaba al suyo existía realmente.
Eso o tal vez la intención de no volver a rechazar lo que se le exponía lo impulsó a detenerse frente a Kaiba y hablar con el corazón.
-Acepto.
Fue apenas un mormullo pero tan convincente y real que Seto volvió a cerrar la puerta para no moverse ni un ápice de su lugar.
-¿Estás seguro?.
-Completamente. Todo por ella.
Mágicas palabras o tal vez un deja Vu. Lo que fuera el castaño asintió y sin subir el volumen de su voz es como comunicó.
-Sígueme entonces. No hay tiempo que perder.
Ambos se separaron solo para salir por la puerta trasera y dirigirse al mismo destino.
Joey ya no pensaba con mucha claridad pero al menos sintió que ya nada peor de lo que sabía podía suscitarse. Tan solo aguardar lo inevitable y tratarle de hacer un bien a la persona que no se merecía su indiferencia.
Después de todo ella lo necesitaba como hermano, no como culpable.
Continuará...
Una entrega más y aunque las cosas no se solucionan, al menos la oportunidad se vislumbra con más claridad.
La historia es Yaoi, si que lo es aunque por ahora no lo parezca.
Gracias por sus lindos comentarios, son los que me han llevado a salir de mis tinieblas y regresar , así pues espero lo que deseen decirme y claro, su e-mail es importante para la comunicación más personal.
Por el momento es todo, si surge alguna duda o pregunta no duden en decirme que trataré de darle respuesta lo mejor que pueda.
Hasta pronto, su amiga:
KLF