TITULO: Dreams
Capitulo: Adaptarse
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Los sueños se forjan a partir de un cúmulo de esperanzas que realizar, más cuando la vida nos pone frente a frente con la realidad. ¿Cuántos de esos sueños pueden perdurar en nuestro corazón sin vernos en la necesidad de modificarlos?. ¿La respuesta: Solo hasta que las pruebas se vean superadas.
Pairings:
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: Las dudas surgen y sobre todo con este modo de comenzar una historia tan extraño. Pero si desean una Humilde opinión de mi persona, esa es la siguiente: Lean la historia pensando en Presente. Lo que sucede ahora tiene que ver en un pasado más sin embargo ya le llegara el momento a ese pretérito y entonces las cosas se aclararan.
Por el momento lo que importa es el presente y algunas revelaciones que poco a poco guiarán a la verdad para unirse después con el flash back.
Espero haber sido de ayuda si no estoy para lo que deseen.
Ahora pues los dejo con la lectura:
KLFSerenity despertó con un fuerte dolor en la cabeza.
Siempre era lo mismo cuando tenía alguna crisis pero supo por la intensidad que esa vez todo sería diferente.
La aguja en su vena y el hilillo que le daba oxígeno a sus entumecidos pulmones no eran buena señal.
Tal vez en algunos días estaría reestablecida como siempre. Pero algo esa vez le dijo que ya no sería como antes.
Era de día y no había pasado buena noche. La enfermera que solía cuidarla cuando se presentaban sus crisis se encontraba dormida profundamente sobre una silla y era cómico mirarle así cuando despierta era bastante imparcial.
Trató de incorporarse pero obviamente todo era inútil. El solo intento le provocó un agudo dolor en el pecho que la hizo desistir.
De pronto la posibilidad de morir en cualquier momento la hizo presa fácil del pánico y sin preverlo siquiera comenzó a sollozar débilmente.
Sus minutos estaban contados y no había nada que ella pudiera hacer.
Desde el primer momento en que se enteró que estaba enferma que lo esperaba, más jamás pensó que después de tantos años esa maldita enfermedad fuera a llevársela. Dejando atrás un hijo y un esposo a quienes amaba enormemente.
El sonido de la puerta abrirse le hizo limpiarse los ojos e inmovilizarse un poco. Tal vez se trataba de alguna de las mucamas quien inspeccionaba por si se le ofrecía algo. Pero en ese momento no seseaba mirar a nadie. Era preferible asimilarlo todo ella misma antes de siquiera intentar confrontar a su esposo o alguien más.
Más el intruso no se iba y ella comprendió que muy probablemente se trataba de Seto, quien renuente a acercarse la miraba desde lejos.
Sin embargo un cuerpo sentándose a su lado y acariciándole los cabellos le hizo girar y encontrarse con una mirada igual a la suya.
-Hola dormilona. Buenos días.
Aquella simple frase le hizo sonreír y también llorar. Pero ya todo estaba bien porque Joey estaba a su lado y él era su sostén eterno.
Por otra parte el rubio podía percatarse de lo que su hermana ya había deducido y si su angustia era mucha podía imaginarse la de la muchacha.
Tan joven, madre, esposa. Tenía aun demasiado que dar y sin embargo la inclemente dama negra la reclamaba ya para si.
Asimilar que de un momento a otro podía irse era seguramente un martirio constantemente taladrando el cerebro de su hermana por lo que abrazándola fuertemente trató de transmitirle toda la valentía que en realidad no poseía.
-Todo estará bien. Ya verás como el cabeza hueca de tu esposo encuentra una cura.
La muchacha no asintió ni negó, simplemente se aferró aun más al cuerpo de su hermano. Lo demás no importaba, solo tenerlo a su lado.
-¿Quién es usted?. No puede estar aquí.
La inoportuna enfermera había roto con la cálida atmósfera. Sin embargo Joey no se amedrentó.
-Soy el hermano de Serenity.
-De todas maneras es aun muy temprano como para...
-Déjalo. Es lo mejor que me puede pasar. Que mi hermano esté a mi lado.
La enorme sonrisa de la pelirroja le indicó a la enfermera que debía obedecer a la muchacha, por lo que retirándose les dio la privacidad necesaria para que conversaran.
-Que lindo es verte. Al fin respondiste a mis llamados.
Joey se sintió realmente mal por la frase de su hermana pero teniendo su arte demasiado presente trató de sonreír para alejar la culpabilidad de su cabeza.
-En realidad he venido por una oferta muy tentadora que yo claro, no podía rechazar.
-¿De qué se trata?.
Joey ayudó a la chica a recostarse mientras él sonreía tratando de hacer menos pesada la labor.
-Pues que me han invitado a quedarme en esta casa como huésped y he aceptado.
Los luminosos ojos marrones de la muchacha se vieron de pronto sumidos en una intensa luz de alegría que no cupieron de pronto en el frágil cuerpo de Serenity.
-¿De veras?.
-Claro. ¿Cuándo te he mentido?.
-Nunca. Denegó ella borrando las lágrimas de felicidad que repentinamente habían brotado.- Es solo que todo es tan irreal que aun no pudo creerlo.
¿Cuánto daño le había hecho a su hermana con su ausencia?.
Mucha al parecer y sin embargo aunque cruel no se arrepentía del largo lapsus de separación.
-Se que te herí con mi ausencia Serenity pero ahora pienso recompensar todo ese tiempo estando a tú lado siempre que me necesites.
-Pero Joey yo no puedo aceptar eso. Murmuró la muchacha mirando a sus iguales.
-¿Por qué?.
-Porque tú ya tienes una vida y no puedo acapararte demasiado. Eso sería muy injusto de mi parte.
Y el rubio sonrió de buen agrado. Su hermana tenía un gran corazón. De eso no cabía duda.
-Oh, no pienses eso. Lo importante ahora eres tú y en lo mucho que vamos a divertirnos estando yo presente. Pero lo primero es que te recuperes y después...
Pero la muchacha negó con la cabeza mientras tomaba las manos de su hermano.
-Yo sé que ya no hay tiempo Joey. Puedo sentirlo.
-Pero...
-Sé que muy pronto voy a irme sin remedio y espero que al menos el tiempo que me quede con vida pueda pasarlo al lado de las personas que más amo en todo el mundo.
-Yo...
-Gracias Joey por acompañarme y hacer de mi ultima estancia en este mundo algo inigualable. Gracias hermano.
Wheeler sintió el como la garganta comenzaba a quebrársele nuevamente. Era imposible creer que la chica tuviera mucha más aceptación y decisión que él pero así era.
Estaba ante una guerrera de la vida y sin embargo tan objetiva como seguramente esos años en compañía de Seto Kaiba le habían enseñado a ser.
Su voluntad de vivir era mucha pero también permanecía en la realidad, no dejándose engañar por las ilusiones que cualquier otra persona podía haberse formado ante similares circunstancias.
Así pues el rubio volvió a abrazarle y a querer mucho más a su hermana. Si aquel era el último designio de la chica él lo cumpliría: iba a hacer de sus últimos días una felicidad completa aunque después él mismo quedara muerto una vez más en vida.
Seto había preferido quedarse en casa ese día. Era inútil pensar siquiera en ir a su corporación y perder el tiempo inútilmente mientras su mente se ocupaba de cosas que prefería nombrar como pesadillas.
Pero bien sabía que ni la enfermedad de su esposa o el hecho de salir de la rutina era lo que le molestaba, más como siempre era demasiado terco para afirmar las cosas y así se quedaría.
-Pero no siempre fui así. Musitó cuando ya la taza de café a su lado se encontraba totalmente fría.
Y lo que decía era verdad. A pesar de haber crecido con las desquiciadas ideas de su padre, en un tiempo y quizá el más valioso de su vida se había permitido un desliz en sus sentimientos los cuales le habían matado aun más que los castigos corpóreos de su padre.
Había sufrido, cierto, pero pensándolo con firmeza había disfrutado cada una de las etapas y sentimientos experimentados en aquella su amada época Universitaria.
Sin pensarlo siquiera se permitió sonreír un poco al recordar la primera vez que hubo tropezado debido a una broma del mejor bufón de la escuela.
Había sido burlesco verse caer sin más, escuchar las risitas a su espalda y mirarse haciendo el ridículo más grande de su existencia. Pero a pesar de eso también había sido el mejor día que pudiera recordar pues ahí, mientras caía había conocido a la persona que sin aviso revolucionó su vida por completo.
-Señor¿sirvo ya el desayuno?.
El golpecito a la puerta de su privado le hizo endurecer las facciones y retomar su siempre rígida actitud.
-Si. Asintió, sabiendo que su mayordomo entendería perfectamente su decisión.
El momento se había perdido pero no las emociones. Esas malditas emociones que a diario lo perseguían y envolvían su mente en un caos del que muchas veces no deseaba salir.
Así pues se dirigió al comedor, en donde para su sorpresa ese día no desayunaría solo.
-¿Pero qué te haz creído?. Cuestionó con frialdad cuando a la mesa miró sentada a su mujer y a su lado al rubio que desde la noche anterior vivía en su casa.
-Nada. Solo he traído a mi hermana para que desayune.
Alimento con enfado jamás era una buena combinación, mucho menos para el ojiazul.
Evidentemente el rubio no acababa de comprender el enorme peligro en el que se encontraba la pelirroja sonriente, por lo que procurando un tono menos "molesto" se lo hizo saber.
-Serenity no debe esforzarse.
-Lo sé y créeme que no fue esfuerzo. Yo mismo la traje hasta aquí. ¿Verdad?.
La pelirroja asintió. Por más pálida que pudiera mirarse, su semblante jubiloso se encontraba y ante esto el dueño de aquella casa no pudo competir. Por ello terminó sentándose a la mesa y desplegando el diario que al menos lo mantendría ocupado en algo.
-Agrio. Susurró Joey y para su alegría obtuvo una pequeña risita de su hermana quien a pesar de hacerlo todo porque su esposo y hermano se llevaran bien, todo parecía inútil. Pero al menos convivían ya.
-Seto, Joey me dijo que tú lo habías invitado a que se quedara con nosotros.
-Aja. Murmuró el aludido sin despegar la mirada del diario.
-Quiero entonces agradecértelo.
-No tienes porque. Indicó el joven tras elevar la mirada y medio sonreírle a su consorte.
La muchacha sonrió y asintió con la cabeza cerrando lo que había sido una pequeña comunicación matinal.
Por su parte y no absorto por vez primera en él, Joey pudo darse cuenta entonces de la extraña convivencia que tanto su hermana como cuñado mantenían.
Ambos parecían llevarse bien. A miles de kilómetros podía mirarse el profundo amor que Serenity le profesaba a su marido y pese a la frialdad y ocasional alejamiento del muchacho, ese sentimiento no se marchaba.
El rubio suspiró y bajó el rostro pensando en lo poco expresivo que era el castaño, pero tal y como lo conocía supo que mirarlo sonreír o incluso hablar de algo referente a la privacidad de la pareja estando él presente era ya un gran avance.
-"No tanto como lo recuerdo. Pero creo que algo es algo". Fue el pensamiento del cual fue sacado debido a la cuestión de su hermana.
-¿Perdón?. No estaba prestando atención.
-Le decía a Seto que ya conoces a Moki y este te preguntó tú opinión acerca de nuestro hijo.
Joey por poco y se atraganta con el jugo pero supo recuperarse a tiempo para sonreír agriamente.
-Me parece un hermosos bebé. Claro que debía ser así porque por sus venas corre sangre Wheeler. Se mofó el rubio cuando el ojiazul le miró con un dejo de altivez.
-Más Kaiba que Wheeler. Que no se te olvide.
-Por supuesto que no. Agregó el rubio.- Pero evidentemente su dulzura no proviene de tú familia y solo espero que eso jamás lo abandone.
-Y yo espero que el síndrome de pérdida de neuronas no termine atacando a Mi hijo. No quiero que se parezca a ti, Wheeler.
Joey gruñó y estaba dispuesto a lanzar una ofensa más cuando la intromisión oportuna de su hermana volvió a salvar el día.
-Pero hablando del rey de Roma.
Una de las domésticas llevaba en brazos al pequeño niño, quien entre inquieto y feliz se movía mientras era depositado a medias sobre los brazos de su madre.
Joey miró con sumo interés el como la muchacha de uniforme sostenía el mayor peso posible del bebé entre sus manos mientras su hermana le hablaba cariñosamente al infante quien solo se movía incómodamente dispuesto a lanzar el primer sollozo en cualquier momento.
Fue entonces que la descabellada idea de la pelirroja le llegó a los oídos, propiciando que el nuevamente abstraído Kaiba levantara la mirada con perplejidad.
-Naya, por favor, dáselo a mi hermano.
-¿QUÉ!. Fue el grito que hizo llorar a Mokuba.
-No grites Joey. El bebé es muy sensible a los cambios bruscos de sonido. Anda, cárgalo.
Ni la doméstica ni el elegido estaban muy convencidos de lo que la joven pedía. Ambos recordaban que la única y primera vez que el rubio había cargado al bebé había resultado todo un desastre. Ahora, teniendo al padre frente a ellos no se les antojaba cuerda aquella idea.
-Pero Serenity...
-Si vas a vivir aquí es importante que comiences a familiarizarte con todos y eso incluye a Mokuba.
-Pero hermana yo nunca...
-Ya aprenderás Joey. Si Seto aprendió tú también lo harás.
Y tan decidida como sola ella la pelirroja volvió a ordenarle a la doméstica que Mokuba fuera cedido a su hermano quien con nerviosismo puro hizo lo posible por sostener al bultito tal y como la joven de uniforme se lo indicaba.
Para Joey el aprender el plano de un Teatro o incluso el funcionamiento adecuado de las luces y telones resultaba mucho más sencillo que aquella faena, la cual incrementó su ansiedad cuando Mokuba aumentó sus sollozos.
-Mécelo. Sugirió la pelirroja al mirar el rostro sudoroso de su hermano.
-Pero...
-Solo dele confianza al bebé señor, él está nervioso porque usted lo está.
Aquello resultaba sencillo cuando se hablaba pero llevarlo a la práctica era lo más difícil que Joey había hecho en su vida. Por ello incorporándose de la silla trató de hacer lo que las mujeres le indicaban.
¿Cómo un bebé de escaso mes y medio de nacido podía armar todo aquel escándalo?.
No lo sabía pero indudablemente los pulmones fuertes habían sido herencia de su familia.
-Ya, calma, no es mi intención hacerte daño. Murmuró sintiéndose tonto pero eso fantásticamente le permitió apreciar la llorosa carita del bebé y experimentar algo que jamás había sentido en su vida.
-Eso Joey, ya estás aprendiendo. Aplaudió la pelirroja cuando su hijo dejó de llorar y con atención miraba los castaños ojos de su tío.
Contemplando el espectáculo en silencio, Seto observaba y tuvo que reconocer que aunque su primera vez con un bebé, Joey no lo hacía del todo mal.
-Será mejor que me lo lleve para darle de comer.
Joey asintió a la petición de la doméstica y con sumo cuidado y dificultad le devolvió al niño, quien cerró los ojos por un momento para después bostezar ampliamente y sonreír como si nada hubiera sucedido.
-Así son los bebés. Solo comen y duermen.
-Qué vida la suya. Envidió el rubio cuando la muchacha desaparecía con el bebé entre brazos.
-Lo haz hecho muy bien Joey. Te felicito.
-Gracias.
Y se sintió azorado porque en realidad supo que lo había hecho bien. Un gran logro para tan pequeña pero difícil faena.
-Me retiro. Tengo que trabajar. Indicó Kaiba tras no haber tocado su plato.
-¿Es necesario?. Cuestionó la muchacha con mirada piadosa.
-No iré a la empresa pero es preciso que trabaje en mis proyectos. Te veré después.
Dijo él acercándose a la chica para besarle la cien y salir del comedor sin despedirse de su cuñado.
Cuando ambos hermanos se quedaron en soledad, el rubio contempló el decaimiento y hasta la tristeza en los marrones ojos de su hermana.
-No te sientas mal. Ese patán es así.
-Lo sé. Sonrió Serenity.-Y a pesar de todo lo amo.
Joey no mencionó nada sino que trató de sonreír para infundirle un poco de valor a su triste hermana.
-¿Te parece si hoy salimos un poco al jardín?.
-No estoy de ánimos Joey. Pero si valoraría que me leyeras un poco. ¿Querrías?.
-Será un placer. Asintió el rubio tras sonreírle con sinceridad a la muchacha y dedicarse rápidamente a terminar con su desayuno.
Entre tanto el día avanzaba y mientras la pelirroja descansaba, Joey pudo percatarse por primera vez de lo solitaria y deprimente que era aquella casa.
Tan espontáneo como la idea de Kaiba él había llegado la noche anterior, instalándose en una de las muchas habitaciones que la mansión poseía.
Cierto, sus breves estancias en aquella casa no se comparaban con el vistazo más a fondo que en ese momento lanzaba a su alrededor y dedujo que la reciente remodelación que su hermana había hecho no era suficiente para darle más vida a aquella morada.
-Aunque eso no es todo. Murmuró, recordando lo seco que Kaiba era con su hermana.
Tal vez se debía a su presencia. No lo sabía pero estaba seguro que al menos el carácter del ojiazul no era tan estricto cuando estaba en su hogar.
-Típico de él. Siempre haciéndose el fuerte cuando estamos en confianza.
Aunque él tampoco podía quejarse y al parecer en cuestiones de expresar sentimientos ambos eran iguales.
No queriendo ofuscar su día caminó por la planta baja de la mansión, admirando los cuadros y cosas valiosas que se ubicaban por ahí.
En verdad jamás dejaría de admirar tanta belleza y le pareció que era la primera vez que pisaba aquella casa.
-¿Se le ofrece algo?.
-Gracias Ed. Solo estoy mirando. Pensé que no estabas.
-Recuerde que yo debo estar en donde el jefe esté.
Ed guiñó cómplice y Joey sonrió un poco. Le era difícil creer que aquel fuerte y a simple vista temido hombre pudiera albergar un gran y bondadoso corazón.
Pero lo tenía y el rubio podía sentirse más en confianza con él sabiendo la discreción que poseía.
-Dime una cosa Ed. ¿Por qué esta casa es tan tétrica?.
-Bueno, cada casa tiene lo suyo. Incluso la más feliz del mundo.
-Lo sé pero pensé que cuando Serenity viniera a vivir aquí las cosas cambiarían.
-¿Entonces piensa que jamás ha sido así?.
-Al menos cuando Noa vivía esta casa tenía más luz que ahora. A pesar de las imposiciones de su padre. Pensé que cuando Mokuba naciera todo en el carácter de Seto cambiaría.
El fiel guardaespaldas sonrió e invitó a Joey a entrar en la pequeña sala de Té que la pelirroja tenía para ella.
-He de decirle que las cosas cambiaron. Afirmó el hombre retomando la conversación.
-Pero no como todos pensábamos.
-¿Es decir que ella no está feliz con él?.
-Oh no, todo lo contrario. El señor Kaiba lo está aunque no lo aparente solo que...usted bien conoce al señor y sabe el porqué no puede expresarse.
-Demasiados años con su padre lo hicieron un témpano de hielo. Murmuró el rubio tras un suspiro.
-Exactamente. Pero recuerde que en un tiempo no fue así.
A pesar de las buenas intenciones de Ed Joey prefirió no pensar en nada. Ya suficiente hacía con permanecer en esa casa que a pesar de todo le traía muchos recuerdos.
-Quizá debería hablar con el señor. Ya que estará aquí una buena temporada, y al menos debería hacer el intento de "volver" a llevarse bien. Todo por la señora, claro está. Justificó el hombre cuando Joey estaba a punto de reclamar.
-Hago lo que puedo pero él me saca de mis casillas. Es un hombre insoportable. Gruñó el rubio.
-Ni que lo diga. Rió Ed de buena voluntad.- Pero entre usted y yo sabemos que es el más bondadoso del mundo.
-Y él más testarudo. Susurró Joey tras sonreír un poco.
Aquellas cualidades eran sin duda lo que terminaban por formar la misteriosa personalidad del castaño.
-Si quiere un consejo valla familiarizándose con todos por aquí. Mokuba es en cierta forma la estabilidad de la casa y si usted como su tío puede llegar a quererle un poquito, para los que aquí vivimos será mucho más reconfortante.
El rubio no comprendió del todo aquellas palabras pero en cierta forma Ed tenía razón.
Debía de ser franco y expresar que a pesar de ser adorable no terminaba por gustarle Mokuba.
Cruel tal vez, pero era la solapa de un trasfondo razonable.
-Gracias, lo tomaré en cuenta. Murmuró, mirando al hombre quien se sintió satisfecho por lo logrado.- Ed¿podría pedirte un favor?.
-El que guste y esté a mi alcance.
-Necesito ir a mi casa y traer algunas cosas aquí. ¿Podrías acompañarme?.
-Debo pedir permiso al jefe pero dadas las circunstancias no creo que se niegue.
-Muchas Gracias Ed.
-Estoy para servirle señor.
El guardaespaldas reverenció y se despidió del rubio, quien suspiró sonoramente a penas sentirse solo.
Había tanto que hacer y una incógnita por tiempo que lo respaldaba.
No era que la idea de vivir ahí le agradara pero lo estaba haciendo por su hermana quien evidentemente lo agradecía con el alma.
-Todo por ti. Musitó, reclinándose en el sofá para dormitar un poco mientras su mente se aclaraba.
Por otro lado Kaiba permanecía pensativo sobre su silla giratoria.
Las ventanas abiertas de par en par le daban un poco de luminosidad a su tétrico privado.
No le gustaba, pero un día y cuando Serenity recién había llegado a la mansión le había prohibido la oscuridad.
Una orden que en otras circunstancias habría denegado pero que proviniendo de ella debía obedecer sin chistar.
Amaba la oscuridad como un vampiro podría quizá amarla y eso era un lúgubre gusto que muy pocas personas le conocían.
Suspirando y sintiéndose tonto giró la azul mirada para toparse con un pequeño portarretratos estratégicamente oculto, el cual contenía una de las muchas fotografías que se habían salvado de ser destruidas.
En ella un muchacho de rasgos finos y de dulce sonrisa miraba la cámara con total soltura, mientras sus manos descansaban en el regazo que una silla de ruedas le permitía movilidad.
Él por su parte serio y un tanto ajeno miraba la misma cámara con renuencia. No le gustaban las fotografías pero en aquella ocasión había accedido por petición de Noa, su hermano menor.
Una faena completa había sido tomar aquella fotografía pero al final bien había valido la pena
Sonrió un poco mientras acariciaba la lisa superficie del cristal.
-Todo ha cambiado tanto que si miraras la mansión no la reconocerías. Siempre alegaste de que deseabas una chispa de vida por aquí y tú deseo se cumplió. Lastima que jamás lo verás.
La triste sonrisa desapareció cuando el portarretratos fue colocado nuevamente en su lugar.
Por más que lo intentaba no podía olvidarse simplemente de todo y despertar un día siendo otra persona.
El peso de sus decisiones y acciones lo perseguirían durante toda su vida y ante ello solo quedaba acostumbrarse y sentir pesadez absoluta por querer modificarlo todo.
Indudablemente ese día no podría hacer nada y todo eso había ocurrido a partir de que Joey había entrado nuevamente a sus vidas.
Antes de siquiera encontrar su número telefónico vivía con más tranquilidad, pero en el momento en que su esposa le exigió encontrarlo todo había vuelto a derrumbarse.
-O quizá jamás se fue el disturbio en mi interior. Tal vez solo estaba esperando una nueva señal para salir a flote y ahora que lo hace vuelvo a sentirme como un bastardo ansioso y perdido.
Ocultando el rostro bajo sus manos se permitió respirar una y otra vez hasta alcanzar la poca tranquilidad que podía encontrar, la cual se esfumó cuando el leve pero audible toque a la puerta lo interrumpió.
-Pase. Ordenó enderezándose y aparentando calma.
-Siento si te interrumpo. ¿Podemos hablar?.
Seto asintió y miró como Joey se acercaba a la silla frente a él tras haber cerrado la puerta.
-¿Qué es lo que quieres?. Interrogó simulando que buscaba algunos papeles.
-Yo...solo quiero hablar.
-No tengo tiempo. Alegó y tal vez era verdad.
-Lo sé y no planeo quitarte mucho tiempo. Solo quiero hablar sobre mi hermana y del cómo...
-¿Se muere?. Creo que ya lo sabes. Por eso te pediría que no vuelvas a sacarla de su habitación sin autorización. Está saliendo de una crisis y se encuentra aun débil. Cualquier movimiento brusco podría afectarle.
-Pero...
-Pide autorización antes Wheeler. Por eso tiene una enfermera capacitada para ello.
Joey se sintió cual cachorro apaleado y supo que el loco de su cuñado tenía la razón. Había cometido una imprudencia en llevar a su hermana al comedor pero no le gustaba mirar a la chica sumida en la triste y parca soledad de su habitación.
Más si deseaban conservarla un poco más debía tomar las precauciones debidas y acatar órdenes médicas.
-¿Y bien?. Indagó el castaño ante el repentino silencio de su visita.
-Tienes razón. Admito que me equivoqué y no volverá a suceder.
-Eso espero. No quiero que cualquier estupidez la haga sufrir.
El rubio bajó la mirada. No por el reto del ojiazul sino por la fuerte punzada que atravesó su corazón desalmadamente.
A pesar de la frialdad en el castaño era evidente que Serenity le importaba y mucho. De no ser así¿por qué el millonario se preocuparía tanto por ella?.
Una sombra oscura se posó en su mirada y tuvo que reconocer, aunque doliera la verdad, que las esperanzas ya jamás volverían a levantarse. Ese era su destino y debía aceptarlo por difícil que pareciera.
-¿Tienes algo más que decirme?. Estoy ocupado.
-No, solo que trataré de adaptarme lo más pronto posible a esta nueva situación.
-Más te vale. De eso depende la estabilidad de tú hermana.
-Si, claro.
Joey se incorporó de la silla y caminó hacia la salida. Ahí ya no tenía nada que hacer. O eso pensaba.
-Serenity está tan débil que no puede ni siquiera cargar a su propio hijo. De eso te habrás enterado en el desayuno.
Aquella revelación sobresaltó al muchacho quien giró para mirar al que hablaba calmadamente.
-Eso...no lo sabía.
-Su cuerpo tan débil no puede sostenerle por lo que la mayoría del tiempo lo pasa sentada o sobre la cama.
Hay ocasiones en las que la silla de ruedas ayuda pero últimamente ni eso puede sostenerla. Por ello me sorprendió verla en el desayuno.
-¿Es decir que jamás desayunas con ella?.
Seto negó subiendo la mirada.
-En el comedor no. En su habitación. Raramente utilizamos ese salón de no ser por alguna visita o por su disponibilidad.
Joey entonces comenzó a comprender la gravedad de aquella mortal enfermedad.
-Para ella el hecho de que te encuentres aquí es un logro y una felicidad que jamás nadie le ha dado.
Sacó fuerzas de donde se creía que no había y te acompañó al comedor. Cosa que seguramente tú le insinuaste.
El rubio asintió, haciéndole ver al millonario que no estaba equivocado.
-Tú eres parte esencial en el mundo de ella y tenerte cerca es una luz entre la oscuridad que no debemos desperdiciar si la deseamos más tiempo entre nosotros.
-¿Pero cuanto más?.
-Eso no podremos saberlo hasta llegado el momento. Mientras tanto te sugiero que comiences a acostumbrarte a lo que ella te sugiera y más le importe.
-¿Qué quieres decir?. Cuestionó sin comprender del todo aquellas palabras.
Seto enarcó una ceja para después volver a bajar la mirada y buscar la portátil que guardaba en un cajón.
-Si tienes un poco de sentido común lo comprenderás a su tiempo. Ahora déjame. Tengo mucho que hacer.
Kaiba tenía la habilidad de confundirlo algunas veces y en aquella ocasión no fue la excepción. Más sin embargo y a pesar de la incertidumbre se dio a la tarea de comprender las quizá primeras sinceras palabras que le daba a partir de su reencuentro.
Tantas nuevas cosas y de algo Joey estaba seguro: tendría que acostumbrarse a aquella nueva vida principalmente por su hermana y en segundo lugar por él mismo.
Tal vez y entrando en la claridad de la existencia podría comenzar a curar heridas que hasta ese momento no habían sanado con nada.
-Adaptarme, es lo único que necesito.
Continuará...
Más cosas que saber y nuevos personajes por descubrir. Ahora creo que se dan una idea del porque he puesto a Mokuba como hijo y no como hermano. Si no, descuiden, ya a su tiempo las cosas se entenderán
Gracias por sus muestras de apoyo, sobre todo por esperarme a actualizar. Por cuestiones de tiempo no puedo hacerlo tan deprisa pero créanme que estoy haciendo lo posible.
Todo lo que quieran decirme estoy a su disposición dejándome siempre su mail para tener una más directa comunicación
Cuídense mucho y hagan caso a la nota del principio, que es más fácil entender lo que sucede si se ve desde esa perspectiva. Bueno, al menos eso pienso yo '''
Vendali, su amiga:
KLF
