TITULO: Dreams
Capitulo: Despedidas
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Los sueños se forjan a partir de un cúmulo de esperanzas que realizar, más cuando la vida nos pone frente a frente con la realidad. ¿Cuántos de esos sueños pueden perdurar en nuestro corazón sin vernos en la necesidad de modificarlos?. ¿La respuesta: Solo hasta que las pruebas se vean superadas.
Pairings:
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: le miraba desde el marco de la puerta sin mediar palabra. Tan solo le miraba y eso era ya suficiente intromisión.
-¿Estás seguro de lo que haces?. Interrogó, sintiéndose tonto ante el inusual silencio que había entre los dos.
Siempre era Joey quien hablaba mientras él escuchaba impaciente o algunas veces con atención.
Escuchar el silencio donde nunca existía era cosa extraña para los que compartían vida con el rubio Wheeler.
-Si. Asintió el muchacho quien miraba atentamente por si acaso dejaba algo en aquella modesta pero suficiente habitación.
-Entonces no te detendré. Si haz solucionado los problemas que tenías estoy feliz por ti.
Joey elevó la mirada y la posó sobre el castaño quien repentinamente se sintió nervioso.
-¿Qué?.
-Nada. Solo que en el tiempo que llevo viviendo contigo es la primera vez que me dices eso.
Gabriel tragó con dificultad. La infalible sonrisa Wheeler había aparecido y ni el ser más helado del mundo podía contra ella.
-Lo que pasa es que…jamás me había visto en la necesidad de decirlo. Comunicó el muchacho tras aclararse la garganta y pasear su peso en una y otra pierna.
-Aja, si. Lo que digas.
-No me creas entonces.
-Si te creo pero algo me hace pensar que lo estas diciendo porque vas a quedarte solo en esta casa.
-¿Yo?. Tengo a muchas personas que querrían compartir la casa conmigo. Es más, voy a vivir solo.
Joey no pudo ocultar la risa que le precedió al "digno" comentario del inglés quien repentinamente sintió demasiado acalorada las mejillas.
-Si Gabriel, yo también voy a extrañarte. Pero recuerda, no es para siempre. Por ello más te vale tener esta habitación desocupada para cuando regrese.
-¿Qué te hace suponer que quiero que regreses?.
Joey rodó la valija hasta posarse frente al otro quien le miraba altiva y hasta amenazadoramente.
-No se, tus ojos me lo dicen.
Fue la simple respuesta que desarmó al muchacho quien tras un suspiro cerró la habitación que durante mucho tiempo había pertenecido a su amigo.
-Espero que todo se solucione de alguna manera. No conozco a tú hermana pero por el modo que tienes de hablar de ella se que es un encanto.
-Lo es. Si que lo es. Afirmó Joey guardándose una manzana en la chaqueta.- Por eso ahora debo encargarme de que continúe así.
-Si.
Y después de que el muchacho hubo llegado esa mañana y anunciado que viviría con su hermana, el momento de las despedidas había llegado.
Ninguno de los dos era bueno para tal cosa. Mucho menos Gabriel a quien no se le daba demostrar demasiado el afecto.
-Bueno viejo, hasta aquí podemos llegar como…
-¿Compañeros de departamento?.
-Iba a decir: relación pasajera pero eso suena mejor.
Gabriel golpeó levemente el hombro de su compañero para después sonreírle con un poco de tristeza.
-Voy a extrañarte cabeza hueca. Pero se que te vas para bien.
-Si. Eso espero yo también.
-Háblame de vez en cuando. Siquiera para molestarme cuando más necesito silencio.
Joey sonrió. Era algo natural en él hablar e interrumpir cuando no debía. No podía excusarse por ello y aun así sabía que era su muy especial manera de ganarse a las personas. Por difíciles que estas fueran.
-Cuídate viejo y no descuides esas bolsas que el día en que llegue a ser grande te contrataré para que lleves mis finanzas.
-Eso sucederá si me vuelvo loco.
Ambos sonrientes se estrecharon la mano o al menos eso quiso hacer el moreno pero Joey tenía otros planes.
Sin previo aviso el rubio haló a su compañero y le abrazó con fuerza.
Tres años no se pasaban en vano y aunque a simple vista no podían catalogarse como amigos debido a su diversidad de caracteres, en el fondo si que lo eran.
-Ten cuidado Joey. Pase lo que pase te apoyaré.
-Gracias Gabriel. Muchas gracias.
Un momento memorable mientras el abrazo servía para intensificar una buena amistad y un valor que se requería más que nunca.
Después de unos momentos el par de chicos se separaron y trataron de sonreír. Al menos el rubio quien rápidamente se limpió unas cuantas lágrimas de los ojos.
-No seas llorica. Anda vete ya o terminarás por contagiarme de tu sentimentalismo.
-Ah, no cambias Gabriel.
-Ni tú.
Entre risas Joey abrió la puerta y sin voltear entró en el ascensor quien de inmediato se cerró tras él.
Ya estaba. Había salido de aquella vida para entrar en otra. Pero como le había dicho al inglés, eso no era para siempre y esperaba que cuando su lapsus se terminara volvieran a recibirlo en aquella casa que había sido su hogar más estable.
-¿Todo bien?. Indagó Ed mientras ayudaba al muchacho a cargar la valija.
-Si. Pero no me gustan las despedidas. Anunció tratando de sonreír un poco.
-Son duras, pero indispensables. Aunque no lo crea.
-Lo sé. Pero no dejan de ser difíciles.
Joey le había pedido al guardaespaldas que aguardara afuera. Lo que había hecho quería realizarlo solo. De lo contrario jamás lo habría podido hacer.
-¿Está listo para irnos?.
-Si.
Ambos entraron en el auto que Kaiba les había prestado. Sin duda lujoso y de marca reconocida pero para el rubio seguía siendo un auto. Aquel que lo llevaría a su destino.
-¿Quiere que hagamos alguna otra parada?.
-No…Si. Una más y después podemos ir a la mansión.
-Lo que ordene.
Joey hecho un último vistazo a su viejo vecindario por el espejo a su lado.
Muchas cosas dejaba en ese lugar pero era necesario el cambio.
Así pues cuando suspiró al doblar una esquina le deseó mucha suerte al muchacho que sin él saberlo lo despidió desde la ventana con un sentimiento parecido a la tristeza.
-Qué tengas mucha suerte, Joey.
Todo lo que Ed había deseado en su vida era proteger a otros que lo necesitaban.
Su idea distaba mucho a lo que en la actualidad era pero podía decirse que amaba su trabajo y la paga por supuesto no era mala.
Había terminado bajo el mandato de Seto Kaiba después de servir por varios años en una compañía de seguridad privada, que más que trabajo solo le había dado dolores de cabeza.
Era servicial y atento pese a su complexión ruda y hasta temerosa y había sabido ganarse la confianza del magnate genio después de un rudo recorrido.
Evidentemente el muchacho necesitaba de mucha seguridad por lo que no era extraño mirarle con dos o tres fornidos guardaespaldas cada que daba una conferencia de prensa o se presentaba en lugares públicos.
La labor de la seguridad del magnate estaba basada en complejos sistemas de resguardo, así como también de un código ético y profesional que muy pocas personas en la actualidad aun conservaban.
Él había cumplido con el perfil y posterior a un atentado contra el muchacho él había pasado a ser el jefe de su seguridad.
Ed lo recordaba perfectamente bien. Había sido el día en que el fallecido Gozaburo Kaiba había salido de la ciudad dejando KC bajo el mando de su hijo mayor.
La misma rutina de siempre: salir de casa, viajar en limosina hasta la corporación y aguardar a que el muchacho saliera para regresar a la casona.
Un trabajo sencillo si se hacía con cuidado pero que exigía de toda la precaución posible.
Ese día un tráfico descomunal había hecho que la limosina se desviara varias calles de su ruta cotidiana por lo que él, viajando siempre en un auto aparte, había presentido lo peor.
Por ello y tras tratarse de comunicar con su jefe se había percatado de que la comunicación con la limosina estaba perdida y recurriendo a su entrenamiento profesional había actuado.
Rápidamente y gracias al sistema de rastreo de la limosina habían podido dar con ella, la cual como se imaginaba había sido raptada y ocultada en un barrio poco categórico de aquella ciudad.
Sin más Ed había entrado en acción, descubriendo el secuestro del multimillonario hijo de Gozaburo Kaiba.
La pelea había sido ardua y difícil, venciendo al final el cuerpo de seguridad con solo una baja.
El ojiazul había sido sedado para evitar intromisiones y cuando este hubo despertado en el hospital se enteró rápidamente de todo lo que había pasado.
Expresando por primera vez su agradecimiento le había entregado a Ed un generoso donativo y el puesto más alto entre su personal.
Ed al fin había conseguido su cometido y aunque la labor de protección le privaba de varias cosas, su felicidad por proteger a alguien era todo el regocijo que podía recibir.
-¿Ocurre algo?.
-No señor. Solo estaba recordando algunas cosas.
Kaiba asintió mientras esperaba el informe de su mejor elemento. Un hombre que sin duda le era muy valioso no solo por sus servicios sino por su confidencia y lealtad.
-Era un vecindario normal. A mi me pareció bastante decente.
-¿Decente como de buena posición?.
-Yo diría que mediana posición social.
Seto enarcó la ceja izquierda y cruzó los brazos. Señal de que escuchaba atentamente lo que su guardaespaldas le relataba.
-No pude mirar al ex compañero del señor Wheeler, pero puedo decirle que la despedida entre ellos fue algo emotiva.
-Joey siempre hace de una gota de agua un mar.
-Si me permite decirlo, esta vez creo que tuvo motivos por los cuales hacerlo.
Kaiba sonrió con ironía, sin embargo le indicó a Ed que continuara.
-Después nos dirigimos al teatro.
-Obvio. Él no puede vivir sin esa palabra.
-Lo más curioso fue que las personas adentro le recibieron con una sonrisa y después desapareció unos veinte minutos para aparecerse en compañía de una chica.
-¿Una chica?. Indagó Kaiba aparentando seriedad.
-Si. Linda si me permite agregar. Pero demasiado…estrambótica para él.
-¿Estrambótica?. ¿En qué sentido?.
Ed se acomodó de mejor forma sobre la silla. Aquel interrogatorio le parecía demasiado tonto. Pero conocía demasiado bien a su jefe como para no saber lo que detrás de todo aquello se encontraba.
Por ello habló con franqueza. Sabiendo que no estaba traicionando ni la confianza de su patrón ni la del rubio a quien había acompañado esa mañana.
-Muy dark señor.
-Así que sus gustos cambiaron después de todo. Clásico en él. Fue el mormullo que Ed prefirió dejar como tal.
-Con ella se fue, señor.
-Y seguramente te dejó a ti la labor de llevar su equipaje.
-Así es, señor.
-Idiota. Ya verá cuando regrese a casa.
Ed habría reído un poco ante la imagen que tenía delante. Pero haberlo hecho le habría costado seguramente el empleo y la cabeza, por ello con toda la seriedad que un guardaespaldas debía tener fue como aguardó la siguiente orden del que se paseaba de uno a otro lado de la habitación.
-Retírate, necesito pensar.
-Como ordene, señor.
-Una cosa más Ed.
-¿Si?.
-¿Aun tienes la valija de Joey en el auto?.
-Si señor.
-Eso es todo. Retírate.
A Ed no terminó por gustarle la sonrisa maniaca que su patrón había expresado un segundo antes.
Tal vez algo planeaba y como siempre tendría que ser él quien velara por la seguridad. No solo de él sino del chico a quien seguramente pertenecería la otra algarabía.
-Cielos, parecen niños. Pero al menos vuelve a sonreír. Murmuró entrando al ascensor para ocupar su puesto dentro de la corporación.
Por otro lado Kaiba continuaba sonriendo. No por nada era un genio y sus ideas en ocasiones eran demasiado buenas como para ser verdad.
Mucho más cuado podía desquitarse contra la persona menos "afortunada".
Sonriendo así y sintiéndose un poco más vivo que de costumbre retomó sus labores mientras pensaba en el regocijo que muy pronto obtendría.
-¿Señor?. Su diseñadora de imagen por la línea cuatro. ¿Paso la llamada?.
-Si, hazlo.
De inmediato el ojiazul tomó el auricular y aguardó a que la voz dulce de la mujer del otro lado de la línea apareciera.
-Hola Seto.
-Desde hace días que espero tú llamada. ¿Puedes decirme que es lo que hacías?.
-Digamos que no eres mi único cliente, querido.
-Debería.
-¿Celoso a caso?.
-No entremos en detalles¿quieres?.
-Lo que digas.
La voz femenina pareció sonreír ante la última sugerencia de su cliente, mientras que el ojiazul se atrevía a sonreír un poco.
Aquella charla era tan común entre los dos que ya era natural.
-¿Y cómo ha estado mi cliente favorito?.
-Cómo siempre.
-Seto. Te he dicho ya que no hables de esa forma. Me haces pensar que eres una especie de robot con una grabadora incluida.
-¿Y no lo soy a caso?. Eso es lo que dicen allá afuera.
-Oh, entonces ya se porque tanta la urgencia en encontrarme. Por un momento pensé que en realidad me necesitabas a mi y no a la profesional que soy.
Seto suspiró hondo. La pequeña línea de la sensibilidad femenina jamás había sido su fuerte y tal como él era jamás la comprendería.
Las mujeres era demasiado complicadas a su manera de ver las cosas y por tal habría que tratarlas con mucho más cuidado.
-Lo siento, pero te contraté para una labor en específica.
Si, aquello estaba bien al menos para no crear otra cosa.
Por el otro lado la mujer rió de buen agrado al escuchar la respuesta de su cliente.
-Tan típico de ti querido. Pero ya estoy acostumbrado a eso.
-Dejándonos de rodeos y tontas excusas enfoquémonos a los que nos concierne. ¿Te parece?.
-Claro, claro. Después de todo ese es mi trabajo. ¿Para que soy buena entonces?.
El castaño giró sobre su silla para admirar la colorida ciudad a esa hora del día.
Dado el tráfico pero el visible y hasta bonito paisaje podía decirse que la ciudad a sus pies era realmente hermosa, aunque en ocasiones no parecía así.
-Te haz quedado callado Seto. Debo entonces deducir que el problema es mayor al que me supuse.
-Creo que esta vez no podrás solucionarlo con un Versage y una colonia italiana.
-¿Tan grave es?.
-Digamos que alguien comenzó a divulgar algunas tonterías sobre mi y me temo que eso ha afectado mi imagen más de la cuenta.
-¿Puedes ser más específico?.
Kaiba odiaba los chismes. Los odiaba como nada en el mundo y a pesar de que sabía eran la base de una mercadotecnia benéfica para él. No terminaba de tolerarlos.
Por eso siempre que una noticia suya sacudía demasiado al mundo él entonces entraba en acción para de alguna forma desmentirla, poner en su lugar a los difamadores o hacer alguna cosa que enfocara la atención de las personas en algo que no fuera siempre su misteriosa vida.
-¿Seto?.
-¿En dónde estás?.
-En una rivera Francesa bellísima. Y déjame decirte que muy lujosa también.
-Qué vida la tuya. Susurró entre envidioso y sensato. Jamás dejaría entre ver sus emociones.
-Si, lo sé. Pero en lo que estábamos, querido.
Kaiba sonrió. Por algo había contratado a esa chica.
-Los paparazzi me enferman. Te envíe un correo con la copia de una de tantas revistillas de quinta. En ella hablan sobre…
-Oh si, ya lo veo.
El ojiazul aguardó unos momentos hasta que la chica tras el auricular volvió a emitir una exclamación. Esta vez mucho más prolongada.
-Vaya, vaya. ¿Pero qué tenemos aquí?. Te descuidaste mucho mi querido Kaiba.
-¿Tú crees?.
-Las fotografías hablan por si mismas querido y me temo que es un chisme bastante grande como para solucionarlo con un módico obsequio al editor.
-Demasiado. No voy a rebajarme.
-Seto, Seto, olvidas las reglas. Tú solo mírate bonito que yo me encargo de lo demás.
-Pero esto no es más que una calumnia. Objetó molesto el muchacho. Odiaba que le dijeran lo que tenía que hacer.
-Cálmate, lo solucionaremos. Pero no por teléfono. Sería demasiado riesgoso.
-¿Qué sugieres entonces?.
-¿Sería demasiado pedirte que volarás hasta acá?.
El parco silencio del muchacho le dio la respuesta a la muchacha.
-Bien, de acuerdo. Ya entendí. Déjame entonces ver lo que puedo hacer y vuelvo a comunicarme contigo.
-Si tardas demasiado esto va a complicarse de verdad y no quiero que chismes estúpidos como este enturbien la paz de mi hogar. ¿Entendiste?.
-Claro, entendí.
La débil voz de la muchacha le dio a entender al genio que esta pensaba con seriedad.
Su mente era brillante y sino catalogada en la genialidad, al menos era confiable y sabía lo que hacía.
Personas como ella lograban satisfacer por completo al exigente Seto Kaiba.
-Por el momento cuídate las espaldas mientras pienso en algo más.
-Estaré esperando tú llamada. No tardes o yo mismo tomaré medidas extremas.
-No creo que demandar sea lo más apropiado.
-No. Pero es lo mejor.
-Aguarda un poco solamente, ya se me ocurrirá algo.
-De acuerdo.
-Nos vemos entonces, señor Gruñón.
El castaño colgó el auricular para después estirar los dedos de sus manos.
Cuando se encontraba bajo presión solía friccionar sus manos al extremo de amoratarlas y eso no era bueno para su tensión.
Pero era tan innato ya como apretar la mandíbula y sentir que los dientes se deshacían bajo tanta tensión.
Un hombre como él tenía razones por las cuales vivir de esa manera y aunque no terminaba por gustarle debía soportarlo y buscar rápidas soluciones para los imprevistos como aquel, dónde una revista había publicado fotografías realmente embarazosas que hasta ese momento Serenity no había visto.
Era degradante y vergonzoso. Pero cuando la prensa sobrepasaba muchas veces su propia libertad. Ahí se formaban los problemas.
Por el momento no podía hacer nada más que esperar a que su diseñadora de imagen solucionara aquel problema y orar porque su mujer no se enterara de cosas que prefería continuar guardando en secreto.
Natalia observaba con detenimiento al rubio que aguardaba por sus capuchinos.
Era un chico bastante atractivo. El tiempo había sido benévolo con él pues los cambios físicos y hasta emocionales le favorecían bastante.
Continuaba siendo el muchacho divertido y hasta aniñado que había conocido en la universidad pero ciertas cosas de esos cambios lo hacían irremplazable y hasta querido.
El director los había citado ese día para un ensayo repentino y ella se había encargado de mandar el mensaje al móvil del rubio quien hubo llegado media hora tarde pero seguro.
Enterarse después de que el muchacho deseaba hablar con ella era algo bastante inusual del siempre bromista chico.
Para ella Joey era muy importante. No solo porque se trataba de un muy buen amigo, sino del tal vez más "normal" de todos.
Su aire despreocupado, su pasión por el trabajo. Su pinta de galán de películas americanas le dotaban de una gracia y atractivos únicos. Los cuales ella habría sabido aprovechar sino existiera un pequeño inconveniente que los convertía solamente en amigos.
-Aquí tienes. Capuchino con una pizca de vainilla.
-Gracias.
-Es un placer.
El chico tomó asiento frente a ella y fue entonces que la verdadera charla comenzó.
-¿Qué es eso tan importante de lo que deseas hablarme, Joey?.
-Voy a dejar la obra y quería comunicártelo antes que a los demás.
Si Natalia no se atragantó por poco y lo hacía. Tal vez había escuchado mal y su gris mirada interrogó de más a la melada.
-No escuchaste mal. Me voy. Me retiro por un tiempo.
-Pero…pero…
-Es una decisión que me tomó demasiado tiempo. Pero se que es lo mejor.
-Pero…¿estas loco?.
-No. Digamos que necesito dejar algunas cosas si deseo otras.
La sonrisita del rubio solo hizo enfadar a la dark
-Eres un mentiroso Joseph Wheeler¿y sabes qué, jamás comprenderé el porqué lo eres.
-No miento Natalia. Es la verdad. Necesito alejarme de las tablas por un tiempo. Al menos hasta que…mi hermana se recupere.
Natalia amaba el teatro tanto como Joey y aun así no comprendía el porque de tal decisión. Sabía que algo muy poderoso había hecho al rubio cambiar de opinión. Solo podía existir esa explicación.
-¿Ella te lo pidió?. Interrogó tratando de reponerse.
-No. Y jamás lo haría.
-¿Entonces?. ¿Por qué cometes una locura?. Sabes que esto puede ser el impulso que estabas esperando. Si te rindes ahora tal vez jamás vuelvas…
-Lo sé. Estoy conciente de eso Natalia, pero aun así no puedo revocar mi decisión.
La chica se encontraba realmente pasmada. ¿Qué era lo que había sucedido en aquellos días de no verse?.
-Dime una cosa Joey¿lo estas haciendo por tú hermana o por…?
-Por ella. Todo lo que hago es por ella y lo sabes.
-Si, pero no lo comprendo.
Ambos guardaron silencio unos momentos. Si continuaban hablando lo más probable era que fueran a herirse o tal vez a decir cosas de las cuales responsables no serían.
Era mejor meditar primero antes de cometer una imprudencia.
-Yo…¿ya hablaste con el director?.
-Si, hoy lo hice y al igual que tú no quería comprenderme.
-Es natural. Bufó la chica.
-Pero lo hizo y me deseó suerte.
-Yakima es un idiota. Pero aun así es buen director.
-Lo es.
-¿Y de que vas a sostenerte Joey?. Esto te daba al menos para comer y pagar la renta con Gabriel. ¿Qué harás mientras tanto?.
Joey siempre había ganado su propio dinero y jamás había gustado de las limosnas o lastimas. Más sin embargo, ya que se encontraba en esas circunstancias no le quedaba más que encontrar algo mejor que hacer para sostenerse.
-No lo sé. Aun lo estoy pensando.
-Aun no entiendo tu decisión. ¿Por qué irte?.
-Porque el teatro me quita demasiado tiempo y yo lo que necesito es de él para estar al lado de mi hermana. ¿No entiendes Natalia?. Serenity se esta muriendo y yo necesito…debo estar a su lado.
Las lágrimas obstinadas en no salir de aquellos marrones ojos le hicieron comprender a la Dark la gravedad del problema.
-Lo siento. No sabía.
Musitó apenada. Por un momento había pensado que el rubio dejaba las tablas por algún capricho incomprensible.
-Ella me necesita y por ahora el teatro es un factor secundario en el cual no deseo estar. Al menos no mientras todo esto sucede.
-Ojalá las cosas se solucionaran.
-Ojalá. Pero ya no puede ser.
Natalia sostuvo la mano de Joey y este agradeció el gesto. Todo lo referente a Serenity lo debilitaba enormemente y sentirse vulnerable era algo de lo cual no gustaba demostrar. Al menos no frente a personas ajenas a su confianza.
-Tranquilo, todo saldrá bien. Ya lo verás. Tú regresarás a las tablas y ella a su vida.
-Quisiera creerlo pero Seto dice que…
-¿Seto?.
Y el muchacho recordó que no le había relatado de su nueva vida, por ello tratando de recuperarse le contó todo lo que había sucedido en esos días y que ella desconocía.
Cuando el relato finalizó Natalia no sabía que decir. Simplemente aquello era para un drama de novela.
-Cielos. ¿Así que ahora vives con él?.
-Con ellos. Rectificó Joey mirando el vaso medio vacío de café.
-Si, claro. Claro.
-No te veo muy convencida.
-Lo que sucede es que…mira, por algo se dieron las cosas y si tú estas dando lo mejor de ti por tu hermana. Adelante. Solo mantén los ojos muy abiertos y cuídate mucho.
-Hablas como si fuera a sucederme algo. Sonrió el muchacho, pero la seriedad de su compañera le hizo borrar la mueca de inmediato.
-Solo digo la verdad, y lo sabes.
-Si.
Joey bajó la mirada y tras suspirar un momento decidió que esa conversación debía finalizar.
Su hermana debía estarlo esperando en casa y no podía dejarla demasiado tiempo sola.
-Debo irme.
-Lo sé y espero que puedas solucionar al menos algo.
-Esperemos.
-Mantengamos contacto. Al menos para saber en que te emplearás de hoy en adelante.
-Si. No me importaría cocinar dentro de la mansión si me pagan. Pero creo que Azako protestaría a ello y con ella toda la casa.
-Me lo imagino.
La muchacha entonces en un inesperado brote de sensibilidad abrazó al rubio quien con sonrisa en labios agradeció el gesto.
-Cuídate.
-Lo haré. Igual que tú.
Ambos se despidieron dentro del local, por lo que Natalia no pudo mirar a su amigo partir.
Lo que le había contado realmente era alarmante y algo le decía que era solo el principio de un largo camino.
-Y aun no sabes lo peor. Murmuró, sabiendo que dentro de su mochila ocultaba una revista que planeaba mostrarle al rubio pero que debido a los acontecimientos prefirió no hacer.
Solo esperaba que Joey no se metiera en problemas y que estos no lo buscaran a él.
Todo lo que le deseaba era felicidad. Aunque con el clima parco que le rodeaba eso sería un poco improbable de conseguir.
Serenity miró arribar a su hermano desde su habitación y en menos de lo planeado él estuvo a su lado para saludarla.
-Perdón por el retrazo.
-Descuida, tienes tú vida y yo comprendo. Yo no planeo acapararte hermano.
El muchacho sonrió y besó la frente de la muchacha.
-Bien¿qué deseas hacer hoy?.
-Me siento algo cansada aun para tratar de hacer algo.
-Entonces nos quedaremos aquí y hablaremos de lo que quieras.
Pero la muchacha denegó la oferta de la mejor manera que conocía: sonriendo.
-Yo tenía otro tipo de planes para ti Joey y espero que no me lo tomes a mal por insistir. Yo solo quiero que se lleven bien.
-¿Es algo referente a tú marido?.
La mueca de desagrado de Joey hizo reír a la pelirroja quien negó entre risas y tos.
-No, no, nada de eso. Dijo ella cuando se hubo recuperado con ayuda de su hermano.- Yo me refiero a Mokuba.
-¿Mokuba?. ¿Qué le pasa?.
-No es que le pase nada. Lo que yo deseo es que te lleves bien con él y puedas llegar a quererlo un poco.
Serenity le pedía que viajara a la luna y regresara con la prueba de que esta era realmente de queso.
Era algo improbable pero no imposible y aunque el rubio habría querido negarse o salir de la situación por cualquier medio, no pudo.
Recordando las palabras de Kaiba su sentido común le indicó que para su hermana lo más importante al menos era su hijo y si ella deseaba unirlos trataría de complacerla. Aunque no terminara de convencerse él mismo de que todo aquello no estaba muy bien.
-De acuerdo. Trataré de hacerlo.
-Excelente. Sonrió la muchacha con ímpetu.- Vayamos entonces. Naya necesita un respiro.
Con sumo cuidado Joey ayudó a su hermana a llegar a la habitación del bebé, la cual se encontraba decorada de azul tenue con rastros de lo que parecían nubes blancas y acolchonadas.
El aroma continuaba siendo dulce y el que seguramente un bebé imprimía en el lugar donde reposaba.
-No está dormido. A esta hora Naya suele hacer los ejercicios con él.
¿Ejercicios?. Murmuró el rubio temiendo que sucediera lo que la última vez al gritar.
-Como sabes no podemos arriesgarnos a que Moki pueda enfermar como yo, por eso a parte de ser una muy buena estimulación temprana nos preocupamos porque su salud esté en perfecto estado con unos ejercicios que el pediatra nos ha aconsejado.
-Vaya, este niño si que recibe mucha atención.
Serenity sonrió y con dificultad se sentó sobre la mecedora que ella misma había escogido por catálogo.
-Señora, no debería salir de su habitación.
-No va a pasarme nada Naya. Solo he venido a traer a mi hermano.
La muchacha observó al rubio quien a su vez desvió la mirada para evitar toparse con la seguramente desaprobación de la muchacha.
Pero su hermana era obstinada y jamás cedería hasta ver cumplidas sus peticiones.
-Señora¿no cree que aun es demasiado pronto como para que el señor…
-Tonterías. Denegó la pelirroja en el acto.- Joey es el tío de Mokuba y tiene todo el derecho de cargarlo cuando lo desee.
-Pero señora.
-No me contradigas Naya. Sabes que no cambiaré de parecer.
Aunque la dulzura jamás dejó la voz de la muchacha, Joey pudo percatarse de la molestia y al parecer la doncella también pues con suma pena le cedió el niño con mucha más rapidez que las veces anteriores.
-Si no se le ofrece nada, iré por la botella del niño. Con permiso.
La doncella se excusó dejando la privacidad suficiente que los hermanos necesitaban.
-Naya es un poco celosa con el niño. Pero tiene que comprender que ella no es su madre.
Joey acercó al bebé hasta la muchacha quien con todo el amor del mundo le acarició y le habló palabras dulces que el rubio no comprendió del todo bien.
Más sin embargo si comprendió el dolor que seguramente Serenity llevaba en el corazón al no poder sostener o estar cerca de su bebé. Por ello entonces trató de ser más cooperativo en lo que ella le pidiera.
-Ahora tú. Le indicó ella y él frunció el entrecejo al escucharla.
-¿Yo?.
-Claro. Debes presentarte adecuadamente con él. Solo te ha visto en dos breves ocasiones y no creo que basten para que él te recuerde.
Joey pensó que aquella era la locura más grande que había escuchado en su vida, pero debido a la fervorosa mirada de su hermana y al movimiento entre sus brazos cedió en negativas y se dispuso a hacer lo que le pedían.
-Siéntate y sostenlo frente a ti. Mírale a los ojos cuando le hables. Es un contacto importante para él.
-Yo…
-Dile tú nombre.
-Cielos.
Joey ocupó una silla no muy alejada de la pelirroja y fue como entonces sucedió lo que no esperaba.
Al hacer contacto con los azules ojos del niño, Joey percibió una corriente que lo arrastraba a hacer lo impensable.
Sus manos se aferraron en torno a la criaturita y mientras esta parpadeaba admirando los castaños ojos del rubio, él se deleitaba con la suavidad y lo frágil que resultaba aquel pequeño ser.
-Hola. Murmuró y estuvo seguro de no haberlo dicho pero la falta de movimiento del infante le indicó que había sido escuchado.- Yo soy…Tú tío Joey. Pero puedes decirme Joey.
Serenity rió desde su lugar y él se imaginó tonto pero momentáneamente feliz por lo que hacía.
-Dile más. Aconsejó la muchacha que se había reclinado en la silla mientras el vaivén la adormecía.
-No se que más decirle. No soy bueno con los niños.
-Él entenderá lo que quieras contarle.
No era el mejor de los estímulos pero así lo aceptó el rubio por lo que mirando de nuevo al angelito fue como comenzó con un monólogo de quién era y él porqué estaba en aquella casa.
Cada una de sus palabras fueron seguidas con total atención por el bebé, quien en actos reflejos sonreía para él y le hacían sentir increíblemente desconcertado pero estable. Como jamás en su vida.
La renuencia de acercarlo más a su pecho aun estaba presente, pero cuando miró a su lado tratando de indicarle a su hermana que su hijo le había babeado la mano la descubrió totalmente dormida y relajada en la silla.
Ante esto entonces Joey no tuvo más remedio que permanecer en su sitio y continuar hablando o mirando al niño que poco a poco se acomodó en su pecho al escuchar los latidos rítmicos de su corazón.
Él no sabía lo que ocurría pero podía percibir una cierta calidez dentro de su pecho que jamás había conocido.
Mokuba era la viva imagen de Seto en cierta forma y tener una parte de él entre los brazos solo le hizo pensar en lo mucho que ese pequeño pedazo de carne había hecho feliz a su hermana.
Él aun no encontraba una definición exacta a lo que sentía, pero bien podía catalogarse como una experiencia nueva que le brindaba sensaciones increíbles y las cuales, aunque incomprensible, deseaba seguir experimentando.
Esa noche cuando bajaba en busca de algo que comer, se encontró con el dueño de aquella casa.
-Buenas noches. Saludó, no muy convencido de hacerlo.
Seto simplemente le ignoró.
Joey, acostumbrado ya a eso tomó asiento a la mesa cuando recordó algo que le hizo dirigir la palabra nuevamente al ojiazul.
-¿Y Ed?.
-El paradero de mi guardaespaldas no es asunto tuyo, Wheeler.
Joey bufó indignado.
-Necesito que me regrese mi equipaje.
-¿Tú equipaje?. ¿Qué tendría que estar haciendo mi guardaespaldas con tú equipaje?.
-No voy a explicártelo. Solo deseo recuperarlo.
Seto, quien miraba atentamente la agenda de su próximo día desvió su mirada para posarla sobre el rubio que aguardaba una respuesta.
-Búscalo entonces.
Fue todo lo que el millonario dijo para regresar a sus ocupaciones.
El pequeño gruñido de Joey fue escuchado por la joven que servía la cena por lo que antes de que armara un desastre el rubio decidió buscar al guardaespaldas y recuperar su equipaje.
Lo que más deseaba era un baño.
Salió de la casa y se guió por las indicaciones del mayordomo, quien le sugirió tomara el lado sur si deseaba ir a la habitación de Ed.
Joey no comprendía cómo teniendo treinta habitaciones Ed dormía tan lejos de la construcción. Pero eso era algo que no le concernía por lo que enfocándose en lo suyo es como comenzó su labor.
Al cabo de quince minutos el rubio se encontraba totalmente perdido y no fue hasta que un pequeño lago a su derecha llamó su atención que pudo guiarse de mejor manera.
-¿Cómo una casa puede ser tan grande?. Se preguntó admirando la luz de la luna reflejándose sobre la superficie cristalina del agua.
Aquel pequeño lago hacía la diferencia en aquella enorme mansión, por lo que de inmediato lo convirtió en su lugar favorito.
Tal vez cuando su hermana se sintiera un poco mejor podría acompañarlo a aquel lugar a pasear, a hacer un pic-nic o incluso a nadar.
Esta última idea se le antojó deliciosa por lo que con esa imagen en mente planeó regresar a la casa y buscar a Ed por la mañana.
Pero algo curioso flotando por el lago le hizo detenerse y enfocar la mirada.
-¿Pero qué hace un zapato flotando así?.
Joey no lo comprendió pero no fue hasta que una camisa verde con botones metálicos se atoró en la orilla del lago que comprendió lo que sucedía.
-¡MALDITO KAIBA!.
Fue el grito que nadie escucho o al menos eso pensaba Joey mientras sin importarle que se mojara se introducía en el lago en busca de su ropa que nadie más que Kaiba habría podido lanzar al agua sin piedad.
-¿No sabes que nadar con ropa es de mala educación?.
-¡Kaiba!. Ya verás cuando salga. Gruñó el rubio amenazando al ojiazul con lo que parecía un calzoncillo.
-¿Pero mostrando cosas indebidas en mi casa?. Podría hacerte arrestar por ello Wheeler.
-Entonces que lo hagan pero por algo que valga la pena.
-¿Y según tú qué vale la pena?.
La sonrisa burlona del castaño contrastó con su cuerpo recargado sobre un árbol.
El muchacho estaba disfrutando plenamente de su broma y ni los gruñidos del rubio lo desconcentraban.
-Voy a golpearte.
-Qué miedo me das.
En un impulso Joey pretendió salir del lago pero un paso en falso le provocó resbalar y caer de bruces en el agua. Lo que escucho apenas salir fue la carcajada de Kaiba quien no podía creer la ineptitud del otro muchacho.
-Maldito. Deja de reírte.
-Eres el mejor perro cirquero que he visto en mi vida. ¿Por qué dejaste tú empleo como tal?.
-Kaiba. Amenazó Joey y de repente se dio cuenta de lo que pasaba.
Kaiba estaba riendo. No irónica o burlonamente como solía hacerlo. Sino limpiamente.
Si antes el rubio se encontraba enfadado, al descubrir eso la emoción menguó un poco permitiéndose sonreír sin darse cuenta de que lo hacía.
-Deja de reír. Musitó tomando agua entre las manos para lanzarla al muchacho que la esquivó por poco.
-Ten cuidado. Este es un traje costosísimo y no te conviene echarlo a perder.
Joey no dijo nada, simplemente se conformó con mirar al castaño regresar a su normalidad.
-Ahora sal de ahí Wheeler.
-¿Qué, temes que me resfríe?.
La sonrisita autosuficiente del de ojos castaños se esfumó con las palabras de un Kaiba que comenzó a caminar fuera de ahí.
-No quiero que contamines mi lago.
Joey entonces parpadeó y solo unos segundos después estaba gritando a todo pulmón el nombre de Kaiba quien caminaba distraídamente y se permitía sonreír como hacía mucho no lo hacía.
-Sigues siendo un inocente, Joey.
Así pues la luna se alejó con él y del rubio no se supo nada hasta que la mañana siguiente un pequeño resfrío hizo presa a su sistema.
Eso si, la emoción o enfado del momento nadie pudo quitársela a ninguno de los dos porque a pesar de no saberlo estaban dejando entrever cosas que habían jurado nunca más demostrar.
Continuará….
Y que tal la bromita?. A mi me parececió de lo más kawai sobre todo porque el ojiazul ya está dejando ver muchas cosas de si.
Gracias mil por sus muestras de apoyo y comentarios. Yo se que actualizar es importante pero no puedo hacerlo tan rápido como creía, así que por favor una disculpa del tamaño del universo.
Todos los comentarios son bienvenidos así que ya saben a donde escribirme, como también les recuerdo dejarme su e-mail para una más fácil y personal comunicación.
Cuídense mucho y espero actualizar prontamente. En los próximos capítulos prometo aclarar lo que sucede con Kaiba en la actualidad. Palabra de Hada
Su amiga:
KLF