TITULO: Dreams
Capitulo: Paseo
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Los sueños se forjan a partir de un cúmulo de esperanzas que realizar, más cuando la vida nos pone frente a frente con la realidad. ¿Cuántos de esos sueños pueden perdurar en nuestro corazón sin vernos en la necesidad de modificarlos?. ¿La respuesta: Solo hasta que las pruebas se vean superadas.
Pairings:
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: había amado a Seto Kaiba desde el primero momento en que lo conoció.
La atracción del hombre fuerte, gallardo y hasta distante fue lo que orilló a las hormonas adolescentes a crecer para convertirlas en las que una mujer necesitaba para llegar al corazón indómito del ojiazul.
Sus sueños se basaban solamente de efímeros deseos que llegaban a cumplirse rápidamente debido a la inquietud de su madre o la exigencia de su padrastro, el cual y debido a su enorme capital podía darle lo que de niña jamás había imaginado.
Ese había sido tal vez el inicio de sus visitas a centros médicos Suizos o Ingleses, en donde las investigaciones para combatir su enfermedad se llevaban a cabo y sin descanso.
Toda su vida había cambiado desde el momento en que se enteró de su enfermedad y aun antes, cuando guiada por su impasible madre hubo salido de la casa de su padre y de la vida de su hermano a quien más quería en ese mundo.
Aun recordaba sus dulces nanas, las cuales se efectuaban en silencio y a pesar de los ensordecedores gritos que en la planta baja sus padres mantenían.
Joey era todo para ella y solo su sonrisa y fortaleza podían brindarle un poco más de esperanza para la vida. Aunque bien sabía que ya mucho no podía hacer.
Por eso cada día rogaba ganarle un segundo al despiadado tiempo y abría los ojos con cansancio implícito y ojeras enormes, producto de sus dolores y sofocos nocturnos.
Cada mañana ella sonreía y miraba complaciente los intentos que su rubio hermano hacía por sacarla adelante y hacerla olvidar aunque fuera por un momento la terrible pesadilla que estaba viviendo.
Sabía que su esposo la velaba desde lejos. Jamás había sido demasiado cálido pese a los minúsculos cambios que se formaron en el hombre durante esos años, pero ella entendía y amaba más que nunca la preocupación que siempre le profesaba.
La resolución de invitar a Joey con ellos había sido enorme y jamás ella se lo pagaría con nada en el mundo.
Esa mañana no fue la excepción y tras tranquilizarse un poco y no alertar a la enfermera que cuidaba de ella es como suspiró hondo y trató de controlar el estrepitoso latido de un corazón que a cada segundo se desvanecía.
-No, hoy no. Murmuró de pronto, cuando un mareo le atacó obligándole a cerrar los ojos.
Y es que ese día en particular Joey había planeado un pic-nic cerca del pequeño lago artificial que la mansión Kaiba poseía.
La algarabía digna del espíritu libre que era su hermano la habían hecho sonreír aun más de lo que deseaba y sin saber el como había aceptado aquella tentadora oferta.
Lo malo había sido el reclamo de su esposo, quien escuchando de lejos pero siempre atento hubo debatido con el rubio hasta que ambos quedaron satisfechos y con varias propuestas que ninguno objetó.
Maravillosamente Seto iba a acompañarlos a esa pequeña escapada al aire libre y para ella, acostumbrada siempre a las ausencias de su marido fue la repentina ilusión que terminó por convencerla de que tenía que estar bien para ese día en particular.
Sintiendo las fuerzas renovarse con ese solo pensamiento, la pelirroja se incorporó con bastantes esfuerzos de su posición hasta que quedó sentada sobre su cama.
Ahí miró su habitación y se sintió apesadumbrada. Odiaba que corrieran las cortinas. El sol era el único que podía decirle silenciosamente: "Estas viviendo un nuevo día. No lo desperdicies."
-Navy¿puedes abrir las cortinas?.
La enfermera quien hasta ese momento permanecía dormida se despertó súbitamente ante el llamado de la muchacha.
-Pero señora...
-Ya sabes que aborrezco la oscuridad. Por favor, ábrelas. Volvió a pedir ella en tono afligido sabiendo que la enfermera terminaría cediendo a su petición.
La mujer de falda y zapatos blancos asintió y tras desperezarse un poco realizó la actividad que era ya rutina.
Afortunadamente tenía el sueño ligero por lo que cualquier ruidito la despertaba fácilmente. Tal vez por ello y su disponibilidad a dormir donde y como fuera, había sido que le habían contratado para cuidar de la desahuciada señora Kaiba.
Una chica encantadora a su parecer pero condenada lamentablemente a perecer demasiado joven.
-Gracias. Musitó Serenity recibiendo los rayos solares a la perfección.- Ya me hacía falta sentirme viva.
-Más vale que no se esfuerce o no podrá salir hoy.
-No, ni lo digas en broma. Negó la chica con presteza.- Este día es importante. Hasta Seto lo sabe.
-¿Es a caso que el señor le propuso este súbito cambio de actividades?.
La incrédula faz de la enfermera hizo reír a la pelirroja.
-No¿cómo se te ocurre?.
-Si ya lo sabía.
Serenity volvió a reír. Tan predecible era su esposo que era una algarabía completa imaginarlo haciendo algo fuera de la rutina.
-Pero ha aceptado acompañarnos hoy al paseo.
-¿En verdad?.
-Si. Yo sé que es muy difícil imaginarse a Seto perdiendo un día de trabajo solo por esto. Pero no sabes lo feliz que me ha hecho.
Navy era lo bastante experta en enfermos como para conocer sus debilidades y fortalezas y sin duda Seto Kaiba era ambas de aquella muchacha.
No sabía como una criatura tan dulce como la pelirroja había terminado casada con un gruñón frío como el ojiazul, pero de algo estaba segura: polos opuestos se atraían. Aunque en esa historia no estaba muy segura si eso había existido.
Ella conocía muy poco sobre la relación del matrimonio Kaiba a pesar de haber pasado una temporada considerable velando de la muchacha.
Cada determinado tiempo el castaño realizaba una rotación de enfermeras, de esta manera les propiciaba descanso y un trabajo seguro.
A su parecer el hombre no era tan inhumano como muchos lo catalogaban, pero si era muy difícil que expresara sus sentimientos. Muestra de ello la muchacha que le hablaba sobre el maravilloso día que iba a tener.
Para su ojo profesional aquella salida al aire libre no era muy recomendable, pero era inútil discutir con algo ya decidido.
-¿Qué te parece el traje azul cielo que me trajo Seto el mes pasado de París?.
-Me parece perfecto, señora. Muy veraniego y vistoso para esta época.
-Si, eso mismo pensé cuando lo vi. Que debía utilizarlo en una muy especial ocasión.
Era tan fácil hacer sonreír a esa frágil muchacha que incluso el vuelo de un pajarillo le arrancaba lindos y soñadores suspiros.
Navy estaba conciente de ello por eso y con la mayor de las disposiciones se dispuso a ayudarle a la chica a vestirse apropiadamente para ese día tan especial.
Por otro lado Joey había elegido un típico y común vestuario que consistía en jeans deslavados y camisa blanca de mangas cortas.
El día era caluroso y más que perfecto.
Estaba dispuesto a hacer inolvidable cada momento que su hermana pasara entre la naturaleza y el agua, y para ello contaba con su repertorio de sonrisas, chistes y cualquier cosa que hiciera sonreír mucho a la pelirroja.
Mientras trataba de peinarse el cabello rebelde recordó la manera tan inusual de invitar a su hermana.
Desde el día en que hubo encontrado el lago que la idea de un pic-nic a sus orillas no lo había abandonado.
Tal vez era por su empecinada esperanza de llenar de vida los pulmones y el débil cuerpo de su hermana quien le había hecho luchar incluso contra su marido.
-"¿Estás loco?. Ella no puede salir".
Había sido el reclamo del ojiazul quien dejando atrás sus asuntos le había enfrentado con fiereza y listo para atacar si era preciso.
-"No es como si fuéramos a Rusia. Son solo unas horas bajo el aire fresco y el sol. ¿Qué mal podría hacer eso?".
El contraataque perfecto que había ocasionado una revolución completa en la pequeña sala de té en donde la pelirroja había intentado por todos los medios apaciguar a sus dos hombres favoritos.
Pero solo el calor de una buena pelea verbal y de miradas había obrado el milagro, haciendo ceder tanto al rubio como al castaño de aquella batalla sin sentido.
-"Está bien. Pero yo iré con ustedes":
El triunfo para él y aun era momento que no cabía en si por la felicidad.
Le había ganado una al obstinado cabeza hueca Kaiba y el regocijo era tanto que su pecho henchido se encontraba.
-Ya verás como hago de este día algo inolvidable. Y tú vas a decirlo. Aunque en el lapsus te muerdas la lengua.
La sonrisita de Joey fue el mejor reto del mundo y sin aguardar nada salió de su habitación.
Todo se encontraba preparado ya. Comida, bebidas, sombrillas, manteles, la clásica canastita de madera y cualquier minúscula cosa que pudiera hacer falta.
Tal vez Joey Wheeler podía ser un despistado pero cuando se planteaba hacer las cosas bien nadie podía contra él.
-Muy buenos días, Señor.
-Ya te he dicho que me llames Joey. Solo Joey.
-No podría hacer eso.
El sonrojo de la joven le causó gracia.
El cómo la nana de su sobrino había pasado de casi odiarlo a respetarlo o quererlo un poco era todo un misterio.
-¿Ha venido por Mokuba?
-Así es.
-Lo estoy vistiendo. Se lo tendré listo en cinco minutos.
La sonrisa que la muchacha le dirigió fue el paso a recordar el enorme recorrido que realizó para ganarse esa confianza.
Mas de dos semanas habían pasado desde que Kaiba le hiciera la invitación a su casa y en todos esos días había aprendido a conocer un poco más del funcionamiento de un hogar que solo había visitado en pocas ocasiones.
A pesar de eso la mayoría de la servidumbre le conocía y respetaba no solo por ser el hermano de la Señora, sino por haber sido parte fundamental en la existencia de un miembro ya desaparecido.
Todo lucía bien o al menos eso pensaba Joey de no ser por la chica nana que algunas veces lograba intimidarlo con sus violáceos ojos.
Una noche entonces cuando el insomnio típico en él lo hacía presa, había dispuesto entrara en la habitación de Mokuba para mirar si todo estaba bien.
Sin embargo apenas entrar se había topado con la dura mirada de la muchacha, quien sin mucha cortesía le cuestionó demasiado.
-"¿Se le ofrece algo...Señor?".
-"Yo solo..."
-"Mi trabajo es estar con Mokuba de día y de noche. Así que pierda cuidado. No le falta ni faltará nada":
Joey estaba seguro que de no haber sido por su pie que se encontraba entre la puerta y el pasillo, su nariz se habría estampado con fuerza en la madera de la puerta.
Al menos sus reflejos lo salvaban muchas veces.
-"¿Puedo saber el por qué de tanto odio hacia mi Naya?".
La nana le había ignorado, sentándose en la mecedora que su señora muchas veces utilizaba.
-"¿Naya?". Repitió Joey exasperado.
En su vida había tratado con infinidad de desesperantes personas y aquella muchacha no sería quien venciera su lista, por ello acercándose a la cuna de su sobrino pudo mirarlo dormir pacíficamente, alejado de todo ruido y realidad.
Su angelical carita era todo lo que contrastaba con la tenue lamparilla en forma de osito y él había sonreído verdaderamente al cuadro.
-"Porque usted no lo quiere".
Repentinamente el murmullo de la muchacha lo había hecho mirarla con desconcierto.
-"¿Qué?".
-"Que no me agrada mucho porque usted no quiere a Mokuba. Puede decírselo a la señora y esta despedirme pero mi opinión es esa y no cambiará".
La dureza de las facciones femeninas le hicieron quedar en shock por algunos momentos.
Lo que Naya le decía era sumamente duro pero verdadero. Tal vez la única persona que podía ver realmente a través de él.
Con un suspiro al aire se había vuelto nuevamente hacia el niño dormido y con la delicadeza que no sabía poseía le hubo acariciado la carita que hizo gestos sin siquiera despertar.
-"Tal vez tengas razón". Murmuró rompiendo el silencio.-"Este niño es lo más bonito que yo haya visto en mi vida y aun así...no me agrada mucho".
Naya asintió, cruzando los brazos como quien espera una explicación más convincente.
-"Lo siento pero es la verdad. Tal vez la falta de familiaridad con niños sea lo que me orilla a esto".
-"Puede ser". Había afirmado la muchacha, mirando tanto al rubio como al bebé.
-"Y sin embargo deseo quererlo". Fue la afirmación que la muchacha no creyó pero que escuchó con enorme fervor.-"Porque es algo grande en la vida de mi hermana y ahora en la mía. No quererlo sería como...algo desalmado.".
-"¿Entonces pretende quererlo solo por la señora?".
El reclamo había hecho sonreír a Joey de tal manera que la nana parpadeó para saber si no miraba mal.
-"No. También por mi, por mis recuerdos y el presente que no puede cambiarse".
Naya no comprendió nada de lo que el rubio le había dicho y sin embargo conforme los días pasaron pudo mirar un cambio completo en el muchacho, el cual se interesaba mucho más en los asuntos referentes a Mokuba.
En ocasiones el muchacho acompañaba a la nana en la tarea de los ejercicios diarios, así como en la preparación del biberón y la muda de pañales.
Si debía ser sincero Joey jamás se hubo imaginado asistiendo a la nana con el niño y sin embargo ahí estaba, esperando al infante y ganándose aun más la confianza de la muchacha quien ya no lo miraba como amenaza o persona distante al bebé.
-Todo ha sido de buena fe. Susurró cuando la personita a quien esperaba estaba ya lista.
-Muy bien, le he puesto tres biberones, cinco cambios y varias mantitas por si desea recostarlo un poco.
También le daré un protector de insectos, bloqueador solar y...es mejor que no lo ponga mucho al sol o corre el riesgo de que su piel se irrite un poco. Es tan sensible que cualquier cosita leve podría...
-Naya. Solo vamos al lago no me fugaré con él.
La muchacha con cierta pena asintió. Pero las recomendaciones jamás estaban de más, sobre todo cuando el rubio era aun novato en lo referente a los bebés.
Joey se colgó al hombro la maleta azul con todo lo indispensable que Naya había creído conveniente colocar.
-Esto pesa horrores. Se quejó el muchacho tras recibir al bebé que sonrió un poco ante el cambio de brazos.
-Debe ser así¿o quiere que le explique de nuevo para que sirve cada cosa?
-No, no, si lo recuerdo.
Joey muchas veces catalogaba a Naya como loca obsesiva y paranoica pero comprendía la preocupación por el niño.
De ser sincero aun no completaba eso que la sociedad catalogaba como: cariño. Pero de continuar con ese ritmo muy pronto Mokuba no se ganaría un Tío sino un inmenso cariño que nadie jamás le arrebataría nunca.
Caminando entonces por el pasillo y dejando a la atareada Naya gritando las últimas indicaciones que no atendió, se apresuró a bajar y buscar al matrimonio que seguramente estaría ya aguardándoles.
Y sin embargo lo que encontró no le gustó mucho.
-¿Pero es que acaso vas a ir en esas fachas a un pic nic?.
El reclamo llegó a oídos de Kaiba como un zumbido molesto de insecto, por lo que arrugando la frente es cómo miró al recién llegado.
-Para tu información este traje es uno de los más caros en el mercado. Ten más respeto.
-Pues a mi no me importa que lo haya hecho el mismo presidente. Si planeas ir así al lago entonces déjame decirte que vas a desperdiciarlo.
Azul y castaño volvieron a encontrarse con enfado y esa vez no hubo nadie que los detuviera.
-¿Cómo enseñarle a un tonto lo que es vestir con prestigio y distinción?. Claro, es cosa imposible.
-¿Eso crees?.
-No, eso pienso y rectifico.
De no ser porque Mokuba permanecía en los brazos de Joey seguramente su puño se habría estampado en el rostro del castaño, por lo tanto trató de tranquilizarse.
No le iba a dar a Kaiba el gusto de verlo enfadado. No al menos ese día que era tan especial para su hermana. Por ello sentándose a la mesa y mirándolo con inusual seriedad es cómo habló.
-¿Lo olvidaste, verdad?.
Seto enarcó una ceja. El cambio súbito de tono lo había desconcertado un poco y sin embargo tan rápido como solo él comprendió las cosas.
-Tengo una reunión en media hora.
-¿En serio?.
-Jamás hablo en broma. Recordó la seria voz.
Joey friccionó su mano libre al punto de lastimarse la palma con las uñas. Lo que escuchaba simplemente era inaudito.
-No es posible. Murmuró con ira.- Ella confía en ti.
Y sin embargo Kaiba se incorporó de la silla y caminó hacia la salida tras ignorarlo completamente.
Con niño o sin él Joey siguió a Kaiba quien de reojo miraba atentamente a su hijo.
-Cuidado con mi hijo cabeza de mono. Si llegas a hacerle algo lo pagarás.
-No más de lo que voy a hacerte por todo esto.
El castaño detuvo la tarea de acomodarse la corbata para mirar al enfadado chico que se encontraba frente a él.
Jamás en lo que llevaba de conocerlo lo había visto tan molesto y a la vez tan controlado.
Estaba seguro que Mokuba tenía mucho que ver en el repentino control de impulsos del muchacho y sin embargo la ira era latente.
-¿Cómo puede ser posible que te interese más tu cochina empresa que la felicidad de mi hermana?. ¿Qué no fuiste tú quien me dijo que debía de tratar de hacerla feliz y dejar de lado otras cosas que no fueran ella?.
Me decepcionas Kaiba y en realidad no me explico como mi hermana aun sigue contigo.
Ante el miedo de tirar al inquieto bebé Joey terminó por salir de la sala y dirigirse a algún lugar que pudiera calmarlo de verdad.
Se había contenido enormemente para no gritar, abalanzarse hacia el hombre que sin más apuro que sus negocios dejaba plantada a su hermana.
Cuando escuchó pronunciar de sus labios la oración: Yo los acompañaré, sintió una enorme contradicción pero también felicidad por su hermana quien había sonreído mucho más de lo que recordaba.
Saber a Serenity feliz porque su marido iría con ella a un pic nic era impensable y muy importante.
Sin embargo había olvidado que Seto siempre relegaba las cosas importantes y sin reprimirse lo odió por ello, más de lo que en el pasado había podido hacerlo.
-¿Y ahora cómo le explico a tú madre que el patán de Kaiba no irá?.
Fue el suspiro amargo que lanzó mientras arrullaba al bebé entre sus brazos y pensaba en la manera más adecuada de no romperle el corazón a su hermana.
Seto Kaiba subió a su limosina sin indicar la dirección.
El ceño fruncido y la fricción de su mano sobre el asa de su maletín solo indicaban su humor y cuando el jefe se encontraba así era mejor no hablarle.
El chofer con presteza encendió el motor y se dirigió a KC donde al menos tendría tiempo de respirar y quitarse el nerviosismo que lo acompañaba siempre que su jefe estaba de mal humor.
Cotidianamente y a pesar de su difícil carácter Kaiba era tratable, pero cuando algo lo enfadaba era mejor no inmiscuirse con él o cabía la posibilidad de pagar consecuencias que no les correspondían.
-Maldito perro de pacotilla. Maldito seas. Fue lo que salió de los finos labios del castaño mientras continuaba friccionando ya no su maletín sino el sillón bajo él.
-¿Cómo se atreve a reprocharme?. ¿Quién se lo permitió?. Vas a pagármelas.
El golpe lanzado con odio hacia el respaldo del sillón solo pudo acrecentar su enfado por lo que al arribar a la corporación nadie a su paso pudo sonreírle o felicitarle por otra acción ganada en la bolsa.
-No quiero interrupciones. De ningún tipo. Ordenó a la secretaria que temerosa asintió escuchando la puerta azotar con dureza.
Lanzando lejos el maletín y sirviéndose una copa del licor más fuerte que tenía es como el ojiazul trató de tranquilizarse un poco.
La sola imagen del rubio reclamándole y asegurándole rencor bastaba para hacerlo explotar de rabia. No solo porque Joey se metía en donde no le correspondía, sino porque jugaba con fuego sin saber lo que le esperaba.
Dos copas más y muchas maldiciones a su vez fueron aparentemente las suficientes para tranquilizarlo y hacerlo respirar con mucha más facilidad.
Fue entonces el momento en que una persona aprovechó para entrar a su privado y hablarle de algo.
-Perdón la interrupción, señor.
-¿Qué quieres?.
Ed procuró cerrar perfectamente bien la puerta para evitar oídos ajenos. Pero dada la propaganda era seguro que ya toda la empresa se había enterado.
-No quisiera molestarlo cuando evidentemente tiene problemas, pero creo yo que le interesa saber esto.
Kaiba miró a su guardaespaldas aun con el ceño fruncido y sin embargo tomó la carpeta que este le cedía.
Ed aguardó solo un momento para escuchar la nueva maldición proferida por su jefe.
-Maldición. ¿Qué a caso esta gente no conoce otra forma de joderme la existencia?.
-Lo lamento señor. Pero debía saberlo.
Seto asintió de mala gana y dispuesto a servirse otra copa lo pensó mejor.
-¿Cuándo salió?. Indagó, depositando el vaso de cristal en su barra particular.
-Esta mañana. Y no es la única. Usted conoce a la prensa y los medios de comunicación estarán ya hablando seguramente de esto.
Seto miró nuevamente la revista y le pareció lo más vil y despreciable que alguien pudiera hacer contra su persona.
Ya antes había luchado con millones de calumnias y sin embargo la que tenía enfrente sobrepasaba a todas.
-Infelices. Susurró, estrujando la revista para después lanzarla al basurero.-Que me comuniquen con...
-Con todo respeto, señor. Interrumpió Ed en tono calmo.-Si desea una sugerencia bien podría yo darle alguna.
Seto confiaba en Ed para su seguridad, pero no estaba tan seguro si era bueno en "aconsejar".
-Dime.
-Yo jamás podría juzgarlo señor, pero creo que esta vez se extralimitó con lo que hace.
-¿No?. ¿De verás?. Que gran descubrimiento. Fue la mofa que hizo enrojecer a Ed.
-Yo solo digo que hasta que la señorita Kisakuya regrese, usted debe mantenerse al margen. Ya sabe como son los medios y no dudo de que su secretaria en este momento esté ya recibiendo un millón de llamadas pidiendo explicaciones o una reunión de prensa con usted.
-No tengo porque explicar nada. Es mi vida. Explotó el muchacho lanzando lejos un tarro lleno de bolígrafos.
-Lo sé y lo comprendo. Pero sea realista, señor. Usted solo no puede hacer nada y dado su carácter...
Ed no temía hablar con la verdad, por eso y aunque los azules ojos de su jefe lo fulminaron no se inmutó en lo más mínimo.
Kaiba por otro lado volvió a tensarse. Al parecer su vida estaba llena de tonterías y jamás encontraba un segundo de paz que pudiera disfrutar realmente.
Tal vez su guardaespaldas tenía razón y debía aguardar a que su diseñadora de imagen regresara. La muchacha siempre le había ayudado y estaba convencido de que esa vez no diferiría.
-¿Qué sugieres entonces que haga?.
-Vaya a su casa. Al menos por hoy. Ya mañana verá lo que hará con respecto a los chismes.
Kaiba estaba convencido de que Ed había escuchado la discusión sostenida con Joey esa mañana y dado su buen corazón...
-Está bien. No pierdo nada.
El hombre corpulento sonrió disimuladamente. Cuando su jefe pensaba con tranquilidad las cosas podía entonces hacérsele entrar en razón con mucha más facilidad.
Por ello se felicitó mentalmente por saber como hacerlo y de inmediato caminó a la puerta mientras esperaba a que el castaño terminara de dar sus indicaciones.
-"Me debe una, joven Wheeler".
Fue el pensamiento que Ed se guardó para si mientras acompañaba a su jefe de regreso a la mansión.
La triste mirada de la pelirroja estaba partiéndole el alma a Joey.
Cuando la chica hubo bajado con ayuda de uno de los guardaespaldas de su esposo, el brillo intenso en su miraba había podido incluso opacar al del sol.
Su felicidad evidentemente era mucha y no por el hecho de salir sino de hacerlo con su marido.
Joey no sabía cómo había obtenido las fuerzas y roto el corazón de su querida princesa. Sin embargo ahí estaban, junto al lago y aparentando disfrutar un paseo que se había ido a la basura gracias a la "grandiosa" mente de Seto Kaiba.
-Ya no estés triste. Ya verás cómo tu marido se desocupa rápido y regresa con tigo.
-¿Tú piensas eso?. Fue la pregunta que casi le sofoca la voz.
-Yo...si, claro. ¿Por qué no?. Él prometió que vendría y no es su culpa que la empresa lo llamara para una reunión sorpresa¿o si?.
Bueno, Joey debía admitir que había cambiado un poco las cosas y que dada las circunstancias se felicitaba por ello.
Dejar la imagen de Kaiba pulcra e intachable frente a su hermana era lo mínimo que podía hacer aunque el granuja no se lo mereciera.
-"Pero todo es por ti". Pensó, acariciando la carita de Mokuba quien se mecía felizmente en su porta bebé.
Serenity miró el lago y suspiró sin evitarlo. Había estado ansiosa de mirar a su esposo en ese paseo. Pero tal y como Joey le decía, Seto no tenía la culpa de los imprevistos de la empresa.
Por ello y tratando de mitigar su desilusión es como se concentró en la charla de su hermano quien estaba relatándole una de sus tantas anécdotas vividas en América.
-¿Cómo es entonces Nueva York?.
-Inmenso. En verdad no es ni la mitad de lo que podemos ver en las películas. Es grande y hermoso.
La pelirroja imaginó cada una de las calles y barrios que su hermano le relató. Indudablemente su padre llevaba en la sangre ascendencia Americana por ello ella siempre había soñado con conocer la tierra natal que sus antepasados le habían traspasado en su apellido.
Pero evidentemente jamás podría hacerlo y debía conformarse con los relatos y el conocimiento que su hermano tenía por ella.
-¿Y Boston?.
-Es muy pintoresco y Harvard es...no tengo palabras para describirla.
-Si, puedo imaginármelo.
Joey se percató de que viajando en sus recuerdos había hecho entristecer a su hermana, por ello trató de remediar las cosas.
-Pero ya lo verás a su tiempo y entonces te llevaré a conocer a la familia que aun tenemos por ahí.
-Eso suena maravilloso Joey. Gracias.
No hubo ni afirmación ni negación por lo que el rubio tuvo mucha más esperanza de que su hermana la estaba teniendo también.
Mientras una leve brisa envolvía sus cabezas y el sol comenzaba a ascender aun más, las memorias del muchacho rubio sirvieron para entretener a su hermana quien por un momento había olvidado su enfermedad y se atrevía a introducirse en todos aquellos papeles de obras que su hermano le relataba había mirado alguna vez.
Desde el celoso Othelo hasta el despiadado capitán Hook, quien sobre Neverland llevaba al niño Peter Pan a través de grandes aventuras.
-¿Y qué te pareció?.
-Formidable. Jamás me imaginé que hubieras visto todas esas obras.
-Y eso no es nada. Cuando la compañía de teatro en dónde trabajo crezca, podremos entonces...
La parlanchina boca se detuvo, recordando entonces su situación actual.
-¿Sucede algo Joey?.
El muchacho negó. No deseaba abrumar a su hermana con sus problemas, por ello no mencionó nada sobre su renuencia al teatro o de que solo tenía un poco ahorrado para mantenerse mientras vivía con ella.
-Solo recordé algo es todo. ¿En qué nos quedamos?.
-En que eres un tonto para charlar. En eso.
La repentina voz a sus espaldas los exaltó un poco o al menos hasta que el sol volvió a brillar en los ojos marrones de la muchacha.
-¡Seto!.
Kaiba, con todo y su carácter se sentó al lado de su esposa y le permitió besarle la mejilla mientras se abrazaba a él.
Joey no comprendía lo que ocurría y sin embargo se alegró por su hermana quien había comenzado a hablar con el castaño de lo que hasta ese momento habían hecho.
El cómo cambió la atmósfera fue completamente radical y Joey ya no tuvo la confianza suficiente de relatar sus historias con total soltura.
Por eso prefirió encargarse del pequeño Mokuba quien resultaba ser un niño demasiado tranquilo que se divertía con cualquier cosa que le mostraban.
-Debemos hablar, Wheeler.
El susurro lo sobresaltó un poco pero logró disimularlo para asentir a las palabras del castaño.
-¿De qué?.
-Tú bien sabes de qué.
Joey miró a su hermana profundamente dormida sobre el mantel en el pasto y supo que esa vez ni Mokuba lo salvaría.
Por ello permitió que el castaño lo llevara junto con el niño a un lugar dónde no molestaran a su pelirroja hermana.
-¿Estás molesto por lo de la mañana?. Interrogó el rubio no pudiendo soportar el silencio que le había seguido a la petición del ojiazul.
-¿Tú que crees?.
Obviamente la respuesta era afirmativa.
-Te dije solo la verdad y bien sabes que las cosas no se hubieran complicado si tú no olvidaras las cosas...
-¿Importantes?.
La seca mirada hablaba por si misma y Joey asintió tras bajar los ojos y observar las aguas del lago moverse debido a la brisa.
-Tal vez pueda olvidar las cosas, más sin embargo las rectifico.
-Si. Pero si no las olvidarás no tendrías porque rectificarlas.
-¿A caso es malo hacerlo?.
-No. Pero ni todo lo que puedas hacer será suficiente para el sentimiento que dejas tras tus acciones. ¿Puedes darte una idea de todo lo que ella sufrió al enterarte que no venías?. Tuve que inventarle un cuento chino y mira que por poco le digo lo...
-¿Lo qué?. Indagó el ojiazul retando a su acompañante quien suspiró y se limitó a caminar por la orilla del lago con un Mokuba ya dormido.
Joey no podía darse el lujo de explicar lo que su corazón le gritaba. No podía hacerlo porque conocía a Seto y sabía que las palabras siempre se las llevaba el viento.
Había cosas mucho más importantes que una simple palabra para el millonario y él una vez más tendría que guardar lo que en verdad deseaba expresarle.
Kaiba miró al rubio alejarse un poco de él.
Jamás había sido bueno hablando con el rubio, mucho menos cuando se enfrascaban en peleas que terminaban la mayoría del tiempo muy distante a la idea principal que las originaba.
Joey era la única persona tal vez que le hacía perder la paciencia tan rápida y finamente a la vez y sin embargo era también el único que siempre le había dicho la verdad de todo.
-Yo se que soy un maldito desgraciado. Eso no tienes porque recordármelo. Mencionó cuando supo que el rubio lo escuchaba.- Pero no puedo cambiar de un día para el otro.
-¿Por qué no?. Ella te ama y es suficiente para hacerlo.
-No, no lo es. Reveló el ojiazul sin mirar al muchacho quien negó con la cabeza.
-¿Entonces que es lo que necesitas?. A ella puedes hacerla feliz con tan poquito y sin embargo...siempre mantiene una sonrisa a medias en su rostro. Me prometiste que la harías feliz Kaiba y hasta ahora no lo haz cumplido.
Seto supo lo que era sentirse inferior por segunda vez en su vida y aunque no le gustaba tuvo que admitir que lo que Joey le decía era verdad.
-No puedo prometer algo que tal vez jamás cumpla y sin embargo lo he intentado.
-Pues no ha sido suficiente. Reclamó enfadado el rubio. Aquella conversación estaba comenzando a alterarse.
-¿Qué pretendes entonces?. ¿Qué sea hipócrita con ella?.
-No, que intentes quererla.
-Yo la quiero.
Pero los ojos melados del rubio le indicaron otra cosa y tuvo que virar para no continuar repitiéndose aquello que no podía ni debía decir.
-Tal vez. Terminó por decir Joey.-Pero no es suficiente. Al menos demuéstrale en su último tiempo que en verdad te importa.
Con el rostro sereno regresó sobre sus pasos al mantel donde su hermana descansaba.
No podía quedarse más tiempo junto a Kaiba o terminaría haciendo cosas que desde su arribo a la mansión había evitado a toda costa.
La cercanía con Joey lo alteraba y sin embargo le hacía tanto bien como ninguna de sus duras palabras. Pero verlo alejarse era lo más razonable que podía hacer o de lo contrario estaba seguro que no se detendría en sus intentos de realizar lo que durante tanto tiempo había suprimido.
Por ello y regresando a su usual carácter volvió al mantel donde al parecer Mokuba comenzaba a inquietarse y Joey trataba de contentarlo para que no despertara a su madre.
Obviamente había fallado y el acceso de tos de la pelirroja no gustó a ninguno de los hombres, por tal razón decidieron regresar a casa para que la enfermera checara la salud de Serenity y cada uno de los muchachos pudiera meditar sobre lo sucedido en el lago.
Las noches en aquella mansión eran únicas y maravillosas.
El cielo podía admirarse a la perfección e incluso podía pensarse que se alcanzaba con tan solo estirar una mano.
Aquel lugar era el favorito de Noa y él lo sabía a la perfección pues este se lo había dicho infinidad de veces durante sus charlas.
-Ojalá no te hubieras ido. Te extraño mucho. Musitó, dejando que el viento se llevara aquellas palabras que muchas veces había mencionado ya sin obtener una respuesta.
Amaba mirar las estrellas tanto como amaba su más profundo y bello sueño.
Ambas estaban ciertamente relacionadas pero no tenían comparación. Pues mientras unas brillaban en el firmamento, sus sueños lo hacían sobre la tierra. Forjándose de lucha pero de objetivos a realizar.
Pensando que el ambiente se ponía un poco frío fue que decidió regresar a la casa y dejar al lago y al cielo en dónde estaban.
Cada día se le dificultaba aparentar tranquilidad o emplear su arte cuando tenía deseos de gritar.
Pero dentro de aquella casa había alguien que necesitaba de la valentía que poco a poco se perdía o que tal vez jamás había existido y él, sabiendo compartirlo todo sin pedir nada a cambio lo haría, porque era su deseo y también su deber como hermano.
-Ojalá que no termine por volverme loco. Sonrió, mirando ya las luces de la entrada de la mansión.
Caminó con más agilidad hasta que divisó a lo lejos un automóvil que se dirigía por la vereda a toda velocidad hacia la entrada.
Era extraño, jamás había mirado visitas en aquella casa que no fueran las de su madre o algún empleado.
Kaiba no era de vida social o amigos por lo que intuyó que tal vez era a su hermana a quien visitaban. Pero la pregunta era¿quién?.
Curioso por naturaleza corrió hacia el portal, ocultándose entre algunos arbustos que le permitieron total visibilidad.
Fue entonces cuando el auto lujoso y moderno se estacionó y del interior una bellísima joven descendió.
No le cupo duda de que a Serenity no la visitaban y descartar al hosco de su cuñado ya no era tan mala idea después de todo.
-Ah, señorita Kisakuya. Que gusto el verle por aquí.
-Hola. ¿Se encuentra Seto?.
-Por supuesto, pase por aquí.
El mayordomo había invitado con total familiaridad y cordialidad por lo que Joey supo la muchacha no era ninguna desconocida.
Armándose de valor y omitiendo lo que había en su interior se adentró a la casa, procurando siempre ocultarse para no irrumpir en aquella aparente tranquilidad.
Fue hasta que Kaiba apareció que contempló la enorme sonrisa de la muchacha, así como la dulzona manera de saludarlo de beso en ambas mejillas.
El genio por su parte fue cortés y nada despreciativo.
-Que bueno que llegaste.
-Si yo sabía que me extrañabas, querido.
-Vamos a mi despacho, en donde podamos hablar con más privacidad.
-Cómo tu quieras, querido.
Joey no podía entender porque aquella chica hablaba de esa manera al castaño o el porque este no refunfuñaba o era grosero como siempre.
Algo le olía mal y sin duda no era solo cordialidad lo que existía entre aquellos dos.
-Maldito Kaiba. Susurró friccionando las manos y sintiendo que en cualquier momento cometería una locura.
¿Quién demonios era esa mujer?
Continuará...
Y sip¿quién diablos es esa mujer?.
Ya lo sabrán mas adelante, al menos por ahora Joey ha cumplido la mayoría de sus objetivos y se ha encariñado más con el monin de Mokuba (creo que es de nuevo la epidemia de embarazos quien me tiene tan melosa con los bebés jeje ''').
En el próximo capitulo se aclararan mas cosas sobre el dichoso escandalito de Kaiba, así como también nos acercamos a la recta del flash back donde comprenderán el porque de tanto reborujo (me apunto igualmente)
No es que vaya a dejar mis otros proyectos pero por ahora solo puedo trabajar en Dreams, pues es la prioridad que me está ayudando a superar mi tramo amargo y a no ser como Joey y utilizar "mi arte".
Escribir es lo que más amo en la vida y les agradezco de corazón sus apoyos y palabras de aliento. Jamás tendré el cómo pagarles.
Cuídense mucho y ya saben, su e-mail y comentarios son importantes.
Hasta la próxima, su amiga:
KLF