TITULO: Dreams
Capitulo: Ya no te conozco
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Los sueños se forjan a partir de un cúmulo de esperanzas que realizar, más cuando la vida nos pone frente a frente con la realidad. ¿Cuántos de esos sueños pueden perdurar en nuestro corazón sin vernos en la necesidad de modificarlos?. ¿La respuesta: Solo hasta que las pruebas se vean superadas.
Pairings:
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: miraba por el gran ventanal del comedor como si todo el misterio del universo se encontrara justo ahí.
Hacía media hora que su desayuno estaba en la mesa y él ni siquiera lo había tomado en cuenta.
Algo sucedía y él no podía quitárselo de la cabeza.
-¿Le ocurre algo, señor?.
El muchacho levantó la vista y negó. No era bueno que le miraran curioso. Después de todo él estaba ahí solo como visita y no tenía derecho de indagar sobre la vida de los que ahí vivían.
O al menos eso pensaba.
-No ha tocado su desayuno. ¿A caso no es de su agrado?.
El leal mayordomo se esforzaba por agradar al rubio y él lo notó cuando la inquisidora mirada del hombre se posó sobre el plato.
-No tiene nada de malo. Es solo que no tengo hambre.
-Debería de comer. Cualquier preocupación que tenga podría desvanecerse con eso.
Indudablemente todo el personal de aquella mansión estaba capacitado para tener desde un excelente olfato hasta una infrangible visión.
El ex dueño de aquella enorme casa sabía lo que hacía al momento de contratar personal y no pudo evitar sonreír un poco ante el involuntario halago que lanzaba.
-No puedo engañar a nadie por más que lo niegue todo.
-¿Entonces?.
Joey también sabía que toda la discreción del mundo podía ser depositada en cada una de las personas que laboraban en la mansión y se sintió seguro de lanzar la cuestión que desde la noche anterior le carcomía el cerebro.
-Yo...no pude evitar mirar anoche un cuadro bastante peculiar que me llamó la atención.
Mirando de lado a lado el mayordomo asintió y le indicó al rubio que continuara hablando cuando se sintió seguro de que no los observaban.
-Y...bueno, me preguntaba si tú sabrías darle respuesta a la interrogante.
-Ayudaré en lo que pueda, Señor.
Joey tenía seca la garganta. No sabía si de ansiedad o por el miedo a enterarse de una realidad que se había plantado en su cerebro como insistencia irrompible.
-Me topé con un auto muy lujoso¿sabes tú quien es la dueña?.
El mayordomo asintió echando un último vistazo al panorama.
-Se trata de la señorita Kisakuya.
-Ah. Exclamó el más joven como si con ello toda duda fuera resuelta.
-Se trata de la diseñadora de imagen del señor Kaiba. Trabaja para él desde hace mucho tiempo.
-Oh. Las cosas iban calmándose para la imaginativa mente de Joey, quien involuntariamente respiró con un poco más de quietud.-¿Y para qué vino?.
El mayordomo parpadeó. Sin embargo todo en aquella casa se sabía de una u otra manera, pero eso no quería decir que el hombre se sintiera la persona adecuada para rebelarle "cosas" importantes al visitante.
-Yo...pienso que para solucionar algún problema.
-¿Referente a su imagen?.
-Así es señor.
Joey meditó las cosas. Había escuchado muchas veces de labios de Gabriel que los diseñadores de imagen se distinguían por casi salvarle la vida a sus clientes, quienes recurrían a ellos con la finalidad de mejorar su imagen ante la sociedad y los medios de comunicación.
Seto jamás había tenido esos problemas. Él solo podía con un batallón de prensa y el mundo mismo y sin embargo enterarse de que en ciertas ocasiones dependía de un profesional fue revelar algo muy grande.
-Comprendo. ¿Entonces no tienes alguna idea en específico?.
-Me temo que no señor y aun si lo supiera...creo que no soy el más indicarlo para darle ese tipo de información.
El rubio enarcó una ceja. Algo pasaba.
-Pero...
-Discúlpeme señor, pero tengo cosas que hacer. ¿Se le ofrece algo?.
Joey negó. Por ello el mayordomo se inclinó y retiró del lugar antes de que el bombardeo de preguntas continuara.
-Esto es cada vez más extraño. Se dijo el de ojos castaños, sabiendo que descubriría la verdad tarde o temprano. Por algo casi siempre le llamaban: Entrometido.
Así pues no quedando conforme con lo que sabía, se dedicó a indagar con todo empleado que pasaba ante sus ojos.
Algo debían saber ellos que pudiera poner las cosas en claro, de lo contrario estaba dispuesto a tomar otras medidas. Aunque en el trayecto su rostro se estrellara varias veces en el asfalto.
Mientras tanto Seto Kaiba se debatía entre realizar o no lo que la noche anterior y hasta tarde había discutido con su diseñadora de imagen.
La chica había volado en un jet privado hasta Japón exclusivamente para auxiliarlo. Debía reconocer que ninguno de sus empleados hasta ese momento había resultado tan eficiente.
Sin embargo y después de discutir durante varias horas los pro y contra de cada una de las ideas que la muchacha había plasmado perfectamente en su portátil había sido extenuante y prácticamente riesgoso.
Al final solo una opción que debía tomarse rápidamente sino se quería que los medios comenzaran a bombardear nuevamente al millonario y esa vez con mucha más fuerza.
-Estas cosas solo me pasan a mi. Gruñó, golpeando una vez más su escritorio.
Había decidido partir a la corporación desde muy temprano.
No valía la pena continuar tenso y en territorio imposible, desde que Joey se había mudado a su hogar ya nada era común.
Comenzando con su esposa. En lo que llevaban de casados jamás la había notado tan...ansiosa de su presencia. O tal vez si pero hasta ese momento se percataba de ello.
Sin embargo y no obstante las largas excusas que le daba a la pelirroja cada mañana tras partir a su empresa debía toparse con el rubio que parecía rondar las habitaciones en busca de cualquier desperfecto.
Eso lo estaba sumiendo en un estrés que jamás en su vida había experimentado y sentirse así no le gustaba en nada.
Sin embargo entre todo había cosas positivas, como lo eran la sonrisa constante en Serenity.
Al parecer Joey había encontrado la manera de hacerla feliz y eso había resultado ser su hijo.
El pequeño Mokuba parecía haber conectado especialmente con el rubio pues los miraba mucho más unidos y aunque sabía que el de ojos melados no era experto en el área infantil se divertía viéndolo de lejos, haciendo gestos o incluso negaciones hacia el bebé que en ocasiones sonreía involuntariamente.
-Sin duda sabes ganarte a quien sea. Exclamó, sabiendo de sobra que todo era verdad.
Su hijo era la parte más importante y estable hasta ese momento en su vida y mirarlo sano y salvo de la enfermedad de su madre lo hacía sentirse reconfortado y feliz.
No había tregua para los laboratorios que continuaban investigando curas o explicación de tal enfermedad y jamás pararía hasta no tener en sus manos las respuestas.
Conocía el enorme riesgo que Mokuba corría de contraer un virus desconocido y ese era tal vez su más grande temor.
Él no permitiría que su unigénito se viera envuelto en la desgracia y la pesadez. Él lo ayudaría y protegería siempre, aunque en el lapso tuviera que olvidarse de otras personas que no dejaban de permanecer en su corazón.
-Señor Kaiba, la señorita Kisakuya desea verlo.
-Hazla pasar.
Por fin, su eficaz diseñadora había llegado y el problema que lo mantenía consternado se terminaría. O tal vez comenzaría.
Sin tocar y ayudada por Ed entró a la enorme habitación la misma muchacha que la noche anterior había pisado su casa.
Siempre elegante y sonriente. Con el carisma innato que la envolvía.
Su belleza era mucha y sin embargo...
-Buenos días, Seto.
-Hola.
-Espero que hayas pasado buena noche.
Seto gruñó y se sentó cuando la chica lo hizo, no sin antes dejar escapar al ojiazul de su "saludo".
-Oh. Por lo visto no¿verdad?.
-En realidad no es algo que deseo tratar.
-Pero sigues siendo el mismo gruñón de siempre. Ya sabes que eso no va a ayudarte.
-Lo sé. Asintió el castaño.-Pero no puedo hacer otra cosa. Esta situación me tiene demasiado tenso.
La muchacha sonrió un poco. Para ella era natural mirar a la mayoría de sus clientes en similar estado cuando alguna preocupación los invadía.
Pero siempre sería una especial delicia mirar al frío más frío del mundo en tal situación.
Por ello se permitió un momento de narcisismo en donde se mostró que solo ella podía ayudarlo. Pero de inmediato recordó que el hombre frente a ella era el mas autosuficiente ser humano que conocía y que si se encontraba trabajando para él era debido a circunstancias que salían de toda su jurisdicción.
Así pues suspirando le indicó al dueño de KC que se tranquilizara y respirara hondo.
-Espero que al menos la solución a la que llegamos anoche haya servido de algo.
Seto negó, incorporándose y ofreciéndole un trago a la chica que lo aceptó.
-De hecho no termina por convencerme del todo. Es un riesgo demasiado delicado.
-Todo en esta vida lo es, querido.
-Pero no comprendes.
Seto le cedió el vaso de wiskey a la chica y antes de terminar su frase bebió de su propia copa.
-Ella no puede pasar por esto.
Kisakuya lo sabía y aun así estaba convencida de que su idea era lo mejor que podían hacer. Incluso por "ella". La desafortunada esposa de Seto Kaiba.
-Durante todo este tiempo he procurado hacerlo todo con la mayor de las discreciones e incluso comprado bocas. Pero ahora con esto...no puedo permitir que ella se entere. Sería catastrófico.
-Te comprendo Seto. Mucho más de lo que supones. Pero sigo firme en que es lo mejor que podemos hacer. Si tu imagen se ha manchado entonces es preciso que la pulamos.
-Pero lo que propones es totalmente descabellado. No creo que...
-Yo creo que estas demasiado tenso como para utilizar ese maravilloso cerebro tuyo. Por algo me contrataste así que déjame estas cosas a mi. En menos de lo que imaginas tendrás al viejo mundo sumido en sus asuntos y lejos de tú vida privada.
La muchacha se aproximó al millonario y ajustándole la corbata es como le habló.
-Y espero de todo corazón que esta experiencia te sirva para al menos ser más...cuidadoso.
Seto se alejó de la muchacha. No le gustaban ese tipo de contactos pero aun así asintió a lo que la chica decía.
Si su plan tenía éxito podía incluso darle otro cero a su cheque.
Por el momento estaba atado de pies y manos y no podría hacer nada hasta que el plan de Kisakuya se hubiese realizado.
-Bueno, resuelto esto enfoquémonos en el plan. Hay mucho que hacer y poco tiempo para ello.
Al instante la muchacha extrajo de su maletín una palm donde comenzó a anotar infinidad de cosas que azoraban al ojiazul pero que sin duda lo ayudarían bastante.
Su vida pública y familiar estaba en manos de esa mujer.
Joey había fallado totalmente en la búsqueda de información.
Al parecer la lealtad iba mucho más allá de la palabra y nadie en la mansión supo o quiso decirle nada sobre lo que buscaba.
Así pues frustrado y un tanto apesadumbrado se dirigió a la única persona que sabía, lo ayudaría con ese problema.
-Es que tiene que haber una explicación
Repitió el rubio por sexta vez mientras la muchacha frente a él volvía a asentir en un gesto cansado.
Natalia había acudido al llamado de su amigo y al enterarse del motivo había tenido que obrar de buena fe y escuchar todas las imaginarias teorías que el rubio tenía hacia el ojiazul y la presencia de esa extraña mujer en su casa.
-Joey¿no te parece que estas exagerando?.
-¿Qué?. ¿Exagerando yo?. Tonterías. Gruñó el chico.- Yo sé que hay algo y voy a averiguarlo aunque me tome toda la vida.
-Entonces esperaré sentada.
-¿Qué dijiste?.
-Que la manzanilla me pone irritada.
El rubio al parecer se encontraba de mal humor y contradecirlo solo le llevaba desgracias a quien lo hacía.
Si bien lo sabía ella que en incontables veces había tenido que aguardar media hora para que los ensayos se reanudaran debido a las diferencias entre Joey y el director. Pero así era el muchacho y así lo soportaba.
-Joey, dime algo. Toda esta alteración es por Serenity¿verdad?.
La parlanchina boca del muchacho se quedó quieta por unos segundos. Lo que le pareció a la dark una muestra de duda.
-Por supuesto. ¿Por qué más sería?. Resolvió el chico tras reanudar su diálogo.
-No, por nada.
-Natalia, yo se lo que estás pensando y déjame decirte...
-¿Y qué estoy pensando según tú?.
-Pues que estoy preocupado por ese idiota.
-Yo no dije nada.
La faz del rubio se sonrojó un poco, lo que le valió una risita por parte de su dark amiga.
-Oh Joey, eres un mar de contradicciones. Lo mejor que puedes hacer es esperar. Todo siempre llega a la luz tarde o temprano.
-Pero yo quiero saber. Rezongó haciendo un mohín que hizo sonreír aun más a la muchacha.
-Lo sé. Siempre serás un entrometido incorregible, pero aun así debes hacerlo. ¿O será que eres tú quien se encuentra inquieto por la posibilidad de que esa chica sea algo más que una colega para Kaiba?.
Joey abrió y cerró la boca pero al final el fino asentimiento de cabeza aclaró mucha de las dudas que la propia Natalia poseía.
Pero conociendo el pasado y los secretos más profundos del rubio fue comprensible entenderlo e intuirlo todo.
-Sabes, tal vez estas exagerando demasiado.
-Tal vez. Murmuró el de ojos melados al sentirse vulnerable.- Pero aun así no puedo alejar esos pensamientos de mi cabeza. Es...es como una obsesiva idea que simplemente no se va.
-Te comprendo. Más de lo que crees.
-Si me comprendes entonces sabrás por la desesperación que estoy pasando¿verdad Nat?.
-Claro que si Joey y espero de todo corazón que lo que sientes sea solo un juego más de tu imaginación.
Palmeándole la mano Natalia le infundió fuerzas a su amigo, cosa que tal vez no ayudaría demasiado pero al menos le daba a saber que ella estaría siempre para él.
Joey por su parte trató de comprender que estaba haciendo un mar en donde no debía pero era tan difícil comprenderlo que cualquier cosa la maximizaba al límite de toda cordura.
Tal vez las personas hacían eso cuando se preocupaban por lo que querían y él estaba haciendo lo mismo.
-Todo es por ella. Murmuró excusándose para ir al baño.
La dark prefirió no añadir nada. A veces por más cosas que se dijeran no podían obrar efecto sobre las personas. Solo las propias experiencias podían hacerlo. Pero Joey era...un caso perdido.
Ensimismado y repitiéndose que todo lo que hacía era en pos de su hermana no previno el choque que tuvo con una chica, la cual solo le miró feo y se encaminó al encuentro de sus amigas.
El rubio suspiró retándose mentalmente por el traspiés mas sin embargo alabó al que dijo que en ocasiones las respuestas caen de donde menos se imaginan.
-¿Ya supieron la nueva de Seto Kaiba?.
-No.
El grupo de chicas pareció encantada con el nuevo "chisme" y no solo ellas, también cierto chico que prefirió mantenerse ocupado "anudando" las correas de sus tennis muy cerca de ellas.
-Es lo más controvertido que ha salido de él desde que dijeron que iba a casarse con una probable coreana y resultó ser japonesa.
Joey bufó. Su hermana merecía respeto. Pero por el momento se mantuvo más enfocado en mirar a las chicas quienes parloteando aguardando más por saber.
Por ello la chica que iniciara todo extrajo de su bolso un ejemplar de revista mañanera la cual extendió frente a su grupo de amigas quienes la tomaron con gran agilidad.
-¡Oh!. Exclamaron las chicas parpadeando varias veces al mirar la portada y hojear el ejemplar.
-Si. Ahí dice todo y esa información ha estado circulando por internet y las mejores revistas del país.
-¿Entonces es verdad?.
-Yo pienso que si. No creo que la prensa se arriesgue tanto a publicar algo falso en contra de ese hombre. Como tiene dinero tiene poder y ya saben lo que gente como él hace cuando lo tiene.
El grupo de chicas asintió mientras se sumían aun más en la revista.
Para Joey aquello era desconcertante pero incompleto. Debía enterarse de más y por lo que exclamaban las muchachas el asunto era grave.
-¿Y qué les parece?.
-Un chisme genial. Apuntó una con una enorme sonrisa.
-Aja, si que lo es.
-No me imagino la reacción de su esposa. ¿Qué haría?.
Aquello si fue suficiente, por ello Joey se acercó con sigilo a las chicas y con esfuerzo miró sobre sus hombros, esperando ver algo.
Pero cuando lo hizo...pidió no haberlo hecho.
-No es posible. Murmuró el rubio cuando enfocó la revista a la perfección.
-Disculpa, pero estamos hablando. Irrumpió una de las chicas al verlo.
Pero Joey estaba en shock por lo que era inútil que sus ojos se despegaran de la fotografía que miraba.
-Oye. ¿Hola?. ¿Me escuchas?.
Indagó otra muchacha pasando una mano frente a la perdida mirada del rubio.
-¿En cuanto me venden la revista?. Cuestionó cuando regresó en si.
El grupo se miró entre si catalogando como loco o desquiciado al muchacho que no dejaba de mirar hacia un lugar en específico.
-Les doy lo que quieran. Imploró el chico cuando el silencio le molestó.
-No queremos limosnas. Quédate con ella si con eso te largas. Amonestó una al reconocerlo como el que chocara con ella momentos atrás.
Joey asintió y tomando la revista caminó de regreso a su lugar junto a Natalia, omitiendo los detalles que lo anunciaban como un loco.
Por otro lado el rubio no podía dejar de leer lo que aquella publicación tenía escrito y sin duda no creía nada de lo que veía.
Pero por algo las chicas murmuraban y estaba convencido de que todo era realidad.
-¿Sucede algo Joey?. Cuestionó la dark al mirarlo tan ensimismado.
El rubio solo le mostró la revista a la muchacha quien echándole un leve vistazo terminó suspirando.
-Ah¿así que ya te enteraste?.
Joey desconcertado miró a su amiga quien le indicó que se sentara.
-¿O sea que tú ya lo sabías?.
La afirmación de Natalia solo le provocó molestia pero aguardó por la explicación que le darían.
-Es...complicado pero si con eso logro calmarte, te explicaré.
-Más te vale.
Y en los minutos siguientes la muchacha le explicó al rubio todo lo que sabía sobre el tema Kaiba y su relación con su mayor escándalo hasta ese momento.
Esa tarde cuando Joey arribó a la mansión Kaiba su faz pálida y los ojos desenfocados solo daban una muestra clara de que algo muy malo le había ocurrido.
-¿Joey?. ¿Sucede algo?.
Serenity aguardaba por su hermano en su sala de té y al mirarlo en tal estado solo pudo atina a preocuparse.
-No. Negó Joey haciendo acopio de toda su fortaleza para fingir y sonreír como era su costumbre.
-¿No?. Pero si vienes pálido. Parece como si hubieras visto un fantasma. Además has estado sudando. Indicó la muchacha cuando pasó una de sus manos sobre el rostro de su rubio hermano.-¿A caso estas enfermo?.
Joey volvió a negar. Lo que menos quería era preocupar a su hermana.
-No, solo...me enteré de algunas cosas que no me agradaron mucho.
-¿Si?.
-Si.
-Entonces debieron ser muy malas noticias. ¿Es algo referente a ti?.
La consternada pelirroja se hubo sentado sobre su diván para mirar de mejor manera a su hermano.
Sus finos rasgos se contrajeron más de lo común y la mirada preocupada fue lo que acabó de convencer al muchacho que no podía decirle nada de lo que había visto.
Por ello tomando su mano y sonriendo lo mejor que pudo trató de tranquilizar a la muchacha, quien solía preocuparse por todo.
-No te preocupes. Es con algo referente a...un amigo.
-Oh Joey. Un amigo es algo muy valioso y si te ha preocupado entonces debe ser serio. Dime¿puedo ayudar en algo?.
El rubio negó indicándole a su hermana que volviera a recostarse.
-No pero te lo agradezco de todas maneras. Este es un asunto que solo él resolverá. Y claro, yo cuando lo golpee. Murmuró, sabiendo que su hermana no escucharía sus últimas palabras.
-Está bien. Será entonces como tú digas hermano.
A Joey le complació la respuesta por lo que inmediatamente enfocó la charla en otro punto. Lejos de las exaltaciones o comentarios que pudieran perjudicarle más a la muchacha.
Más sin embargo y como venía ocurriendo desde hacía unas semanas, la chica se sintió cansada y demasiado débil como para continuar charlando con su hermano.
Su salud empeoraba cada día más y nadie podía hacer nada más que esperar.
-Yo no quiero que termine así. Susurró cuando supo que su hermana se encontraba totalmente dormida sobre su cama.
-Ni ninguno de nosotros, señor.
La enfermera que cuidaba de la chica había escuchado su monólogo por lo que creyó pertinente irrumpir.
-Usted ha sido muy buena en permanecer a su lado y ayudarla. Se lo agradezco mucho.
El chico sabía reconocer una valerosa acción y como tal siempre la agradecía. Sobre todo en esa ocasión.
-No es nada señor. Hago mi trabajo y de paso me encariño con ella. Aunque eso no debería de ser.
Joey comprendía los por qué y sin embargo continuó agradeciendo.
-No importa. Usted le ayuda cuando debe y cuando sus crisis se presentan. No sé lo que habría sido de ella sin ayuda especializada.
-El señor Kaiba nos contrató específicamente para eso y aunque la señora no goce de buena salud es un placer acompañarla y charlar con ella.
-Serenity es un sol. Sonrió él acariciando los lacios y rojizos cabellos que se esparcían con gentileza sobre la blanca almohada.-No se que haré cuando ya no esté conmigo.
La enfermera entendía perfectamente la situación. Era normal que los parientes y personas cercanas a los enfermos terminales se sintieran de esa manera.
Un ciclo normal en la vida donde al final el frío duelo debía llevarse a cabo para continuar adelante.
-Sea fuerte. Aconsejó la mujer con una sonrisa.-Ella lo quiere mucho y si me permite decirlo desde que llegó a esta casa ella ha estado más feliz.
Joey podía sentirse halagado. Muchas personas en esa casa le habían dicho lo mismo y sin embargo no podía terminar por creerlo.
-Yo solo hago lo que puedo y créame, a veces siento que voy a derrumbarme en cualquier momento.
Pero al mirarla a ella, débil y aun con la fuerza necesaria para continuar...no puedo quejarme. Ella me ha enseñado más a mi de lo que yo pudiera expresarle.
Y solo era una muestra de lo que Joey aun tenía en el corazón.
Desgraciadamente no podía dejar libre sus emociones o terminaría por derrumbarse y su hermana no lo merecía.
-Comprendo. Musitó la enfermera y era todo lo que podía decir. Presentía un enorme dolor en el muchacho que tanto bien le había hecho a su señora y sin embargo no podía hacer nada al respecto porque evitar la muerte no estaba en sus manos.-Lo dejaré solo para que esté unos momentos más con ella.
-No. Negó él incorporándose de la silla al lado de la cama.-Será mejor que ella descanse y recupere fuerzas. Yo aun tengo mucho en que pensar.
-Como prefiera.
Como último gesto Joey besó la frente blanca de su hermana y sonrió cuando esta suspiró entre sueños.
No tenía ni la más mínima idea de lo que ella soñaba pero al menos estaba convencido de que eran cosas plácidas y encantadoras.
Pesadillas no podían aturdir a la joven. Al menos en sueños ella era inmensamente dichosa y así permanecería.
Despidiéndose de la enfermera Joey abandonó la habitación y sin mucha energía se dirigió a la de Mokuba.
La luz de la tarde se introducía alegremente a través de la habitación y mientras el sonido reconfortante de una música instrumental se encontraba de fondo, el móvil sobre la cuna del bebé danzaba, dejando al aire las figurillas que adornaban el aparato.
Joey no pudo evitar sonreír. Inconscientemente ese niño estaba ganando sus batallas internas.
De ser intolerable pasaba a ser un pedazo de vida y hermoso brillo que apaciguaba por momentos su incomprensible corazón.
El cómo una criatura tan pequeña y divina podía hacerle sonreír o hacerlo experimentar calidez cuando la pesadumbre lo dominaba, no tenía explicación alguna.
Simplemente todo aparecía de la nada y él poco a poco se rendía completamente ante el mágico sentimiento que crecía en su interior.
-Hoy no ha querido dormir.
-¿No?. Que extraño. Por lo regular ese niño duerme casi todo el día y solo despierta para comer.
Naya sonrió, asintiendo a lo que el rubio decía.
Los bebés eran complicados pero a la vez tan sencillos que era predecible su manera de vivir.
-Tiene razón y eso me preocupa.
La mirada azul de Mokuba reposaba sobre el móvil y de vez en cuando se movía de lado a lado de la cuna.
-Está comenzando a moverse más. Los ejercicios lo ayudan para eso. Explicó la niñera cuando Joey se asombro.
-Oh si, estimulación temprana. Ahora todos los niños son más "listos".
Inquirió el chico haciendo reír a la muchacha que no negó nada.
-Se supone que la vida será más sencilla para ellos. O al menos mucho más precoz.
-Si. Adiós a la vida de ocurrencias y travesuras.
Ambos quedaron entonces sumidos en el delicioso aroma que envolvía la habitación y que Joey poco a poco comenzaba a aceptar también.
Sin embargo los nubarrones dentro de la mente del rubio no le permitieron disfrutar completamente de lo que miraba.
-Idiota. Susurró, exaltando a la nana.
-¿Perdón?.
-No, no era a ti Naya. Lo siento. Se excusó él tratando de salir de aquella embarazosa situación.
-No importa. Aunque la persona a quien acaba de maldecir seguramente está estornudando.
Joey rió divertido al imaginar la escena. Pero ni eso solucionaría su enfado.
-Si, seguramente. Inquirió acercándose para acariciar la manita del bebé, la cual se aferró con todas las fuerzas del universo a su dedo.- Es increíble como siendo tan pequeñito tenga tanta fuerza.
-Aja es un misterio fascinante.
-Aun no puedo creer el cómo teniendo todo esto pueda ser tan...tan...
-¿Idiota?.
Joey asintió a la palabra de Naya. Al parecer por más que tratara de enfocarse en situaciones del presente su mayor cuestión no le dejaba tranquilo.
Enterarse de cosas que prefería no mencionar ya había sido todo un espectáculo. Más porque provenían del padre de aquella tierna y delicada criatura que tras bostezar comenzaba a quedarse profundamente dormido.
-Al parecer se ha acostumbrado demasiado a sus brazos, señor. Ya ve, apenas le ha dado un contacto comienza a dormirse. Lo estaba esperando.
Naya podía tener razón. En todo el día no había visto a su angelito y este seguramente lo estaba esperando.
Por un momento se sintió tremendamente orgulloso de su efecto sobre el infante. Pero solo por unos minutos.
-¿Cómo puede ser que una persona cambie tanto?. Preguntó esperando que nadie le respondiera. Sin embargo había olvidado a la chica que aun permanecía junto a él.
-Por lo regular las personas cambiamos por las circunstancias de la vida.
-¿Pero por qué tanto?. Inquirió nuevamente como si aquella muchacha pudiera darle respuesta a sus interrogantes.
-No lo se señor. Pero me imagino que motivos lo suficientemente fuertes fueron los culpables de que la persona en quien piensa haya cambiado. Debería preguntarle usted mismo.
Joey lo sabía pero temía a lo que pudiera descubrir.
-Cuando uno se entera de cosas terribles es un golpe duro para nuestros corazones. Pero si las hablamos tal vez tengan soluciones distintas a las que imaginamos. Usted parece tener un gran dilema señor, y si quiere un consejo hable las cosas con quien debe.
Confirmado. Aquella casa estaba llena de intuitivas personas que solo deseaban ayudar cuando podían.
Joey sonrió. A pesar de todo estaba rodeado de buenos seres humanos y aunque sus miedos le impedían muchas cosas, estaba seguro que consejo más sabio jamás recibiría.
-Gracias Naya.
La muchacha sonrió y en cuanto Joey se desprendió con sumo cuidado del contacto con el bebé desapareció de la habitación.
Lo que necesitaba era aclarar realmente las cosas y solo lo haría con la persona indicada. En ese caso el hombre cuyo rostro aun le oprimía el corazón.
Unas horas después y cuando la usual calma en la casa se encontraba tal vez en su máximo esplendor, el sonido de un motor le indicó a Joey que la hora de la verdad estaba muy cerca. Por eso se incorporó del sofá y aguardó al millonario dónde este pudiera verlo y no evadirlo.
Le miró arribar como siempre: altivo, distante y dando indicaciones a su chofer y guardaespaldas, quienes asintiendo a todo lo que el ojiazul ordenaba al final le dejaron solo.
-Buenas noches, señor.
-¿Y mi esposa?.
Fue lo que indagó el castaño a su mayordomo, quien esa vez se desconcertó seriamente.
-En su habitación señor. Durmiendo. Hoy tuvo un día agitado.
Seto no mencionó nada sino que con paso veloz se dirigió a las escaleras después de haberle entregado al mayordomo sus pertenencias.
Más el camino del genio se vio interrumpido con la inesperada presencia de Joey.
-¿Tuviste buen día?.
-Tengo prisa.
Añadió el ojiazul, pasando por el lado del que había salido a su encuentro.
-Necesitamos hablar.
-No tengo tiempo. Además no hay nada que discutir contigo.
-Oh si, yo creo que si. El enunciado: "Se le vio muy romántico en el mejor lugar de la ciudad"¿no te dice nada?.
Como si de conmoción se tratara Kaiba detuvo sus pasos sobre el segundo escalón. Girando después al encuentro de un par de ojos melados que le miraban entremezclados en sentimientos.
-Sígueme. Ordenó cuando el castaño se miró entre la espada y la pared.
Joey no pedió tiempo y siguió de cerca al genio quien lo llevó hasta su despacho.
-¿Qué quieres saber?. Fue la rápida y directa cuestión que el millonario lanzó tras asegurar la puerta.
-Todo. Murmuró el rubio tratando de no explotar de una vez.
Kaiba en realidad no se esperaba nada de aquello. Sus planes eran los de conversar con su esposa en privado y sin embargo ahí estaba Joey, derrumbando su mundo nuevamente.
Se encontraba exasperado. Su día no había sido el llamado Normal. Los teléfonos y reclamos de su junta directiva lo habían hecho perder la cordura y aunque sabía nadie podía hacer nada en contra de él, la sola palabra estrés era suficiente para sacarlo de control.
Sin embargo debía responder a lo que Joey le preguntaba. En cierta forma estaba en todo el derecho de saberlo y él, aunque no para aclararlo, debía hacerlo.
-¿Cómo te enteraste?.
-Eso no importa. Pero el hecho de que no mire los noticieros o lea revistas no significa que no fuera a enterarme.
No sé cómo lo has hecho pero hasta ahora me doy cuenta de que esta casa parece un claustro, fuera de toda invasión del mundo exterior.
-Eso es lo que pretendo. Entre menos sepa ella, mejor para su salud.
Joey friccionó sus manos con enfado puro. Tenía tremendos deseos de romperle el rostro al muchacho que se había sentado tras su escritorio con total elegancia.
¿Cómo era posible que Kaiba dijera eso?.
-Eres...increíble. Jamás pensé que tú te atrevieras a descomunicarla del mundo exterior.
-Si lo hice fue por asuntos meramente míos y no tengo porque explicarlo.
-Oh si, claro que si tienes porqué hacerlo. Yo soy su hermano y te exijo una explicación.
-Y yo soy su esposo y no me da la gana.
El rubio estaba a punto de lanzarse contra Kaiba y sin embargo el rostro inexpresivo de este servía un poco para amortiguar sus instintos.
-Claro. Ahora todo tiene sentido.
-¿Qué quieres decir?.
La respiración agitada del rubio y su susurro solo ayudaron a incrementar el enfado en el castaño quien también hacía enormes esfuerzos por contener su ira.
-Tú, "señor autosuficiente no necesito a nadie", contrataste una diseñadora de imagen para que tapara tus...tus...cosas y de esa manera quedar bien ante todo el mundo.
Claro, por eso también tienes descomunicada a mi hermana para que no se entere de la clase de...imbésil que tiene por marido.
-No te permito que me insultes, Wheeler.
-Lo hago y lo haré porque me pega la maldita gana hacerlo y porque tú no estas en disposición de permitir nada. Eres un maldito desgraciado Kaiba. Un miserable¿cómo te atreviste a engañar a mi hermana?.
Estaba dicho. El escándalo había llegado hasta su casa y Seto no podía hacer nada para contenerlo.
Ambos muchachos guardaron silencio, aunque sus ojos no dejaron de lanzar la ira que estaban conteniendo con mucho esfuerzo.
Los dos sabían que la explicación era necesaria. Al menos para tranquilizar los deseos de solventar su enfado con el rostro del otro.
-Yo no quise hacerlo. Pero las circunstancias me obligaron.
-¿Las circunstancias?. ¿Llamas a su amor una circunstancia?. Eres un...
-¡No tenía remedio Wheeler y tú conoces la razón!.
Kaiba había gritado y aun cuando hubo resumido en una oración aquel motivo, eso no fue suficiente para Joey quien apresando más sus puños hablaba con rabia.
-Eso no es un motivo. Prometiste que la harías feliz.
-Y lo he cumplido. Sabes que lo he hecho. Pero no puedo hacer nada por ella, mucho menos cuando yo no la am...
-¡Cállate!. Ordenó Joey de inmediato. No deseaba escuchar nada más.- Cállate maldito inconsciente. Eso jamás lo pronuncies nunca más. ¡NUNCA!.
Kaiba, quien se había incorporado para caminar alrededor de su privado, volvió a sentarse. Esa vez con la ansiedad a flor de piel.
Si en aquella casa no se hablaba sobre nada del mundo exterior era para proteger a la pelirroja de toda agitación y excesivos chismes que solo causaban dolores de cabeza.
Era verdad, Kaiba había sido tomado in fraganti por la prensa mientras salía de un concurrido centro nocturno con una persona no identificaba, pero que obviamente era su amante.
Ya varias veces en el pasado se habían levantado declaraciones sobre amantes secretos del millonario, las cuales eran desmentidas por el mismo genio o por su personal.
Sin embargo las pruebas en esa ocasión eran reales y Seto no tenía manera de defenderse del caos que se formaba ya sobre su persona.
Cosas como esas Kaiba prefería mantenerlas alejadas de su enferma esposa. Pero había olvidado que Joey no vivía en el casi anonimato y eso era otro problema por resolver.
-No contaba con que...
-¿Fueran a descubrirte?.
-No, con que tú te enteraras. Ahora debo solucionar esto también.
-¿Solucionar?. Claro que vas a hacerlo y más te vale que lo hagas de manera positiva, porque a pesar de todo el rencor que te tengo en estos momentos no puedo rebajarme a pelearme porque mi hermana entonces sospecharía y yo no puedo permitir que su concepto que tiene sobre ti se manche.
-¿Vas a ayudarme entonces?.
-Solo por ella. Recuerda que todo lo que hago es por ella. Maldita la hora en la que Serenity te conoció porque a lo que a mi respecta...Ya no te conozco Seto Kaiba. ¿En qué te has convertido?.
Si Joey permanecía más tiempo en esa habitación seguramente iba a formarse un caos terrible, por ello decidió desaparecer antes de que las cosas se complicaran.
Kaiba mientras tanto solo pudo cerrar los ojos y respirar varias veces. Más que nunca su autocontrol debía dominarse y sin embargo eso no le impidió que lanzara lejos un cenicero de cristal que se estrelló con soltura contra la pared.
-Tienes razón Joey. Ni siquiera yo me conozco ya.
Y las cosas solo comenzaban porque aun quedaba resolver el "pequeño" embrollo en el que se había metido por culpa de sus malditas hormonas.
Continuará...
Ya no te conozco...así nos sucede con muchas personas. Ya saben las circunstancias de las cosas. ¿Ahora como saldrá Seto de todo esto?.
Gracias nuevamente por sus muestras de ánimo, afecto y comentarios. Se los agradezco en el alma sobre todo porque son los que me ayudan a continuar. La verdad estoy muy emocionada con esta historia y no quiero detenerme.
Así que todo lo que deseen decirme estoy a sus órdenes, recordándoles dejarme su e-mail.
Voy a continuar mis otros fics, se los prometo pero por ahora estoy enfocada en Dreams así que téngame un poquito más de paciencia que se los agradecería mucho más
En el próximo chap les daré la solución al "problemita" de Seto y el cómo Joey le ayudará.
Cuídense mucho que ya estamos en recta del flash back
Hasta la próxima su amiga:
KLF