TITULO: Dreams
Capitulo: Media noche
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Los sueños se forjan a partir de un cúmulo de esperanzas que realizar, más cuando la vida nos pone frente a frente con la realidad. ¿Cuántos de esos sueños pueden perdurar en nuestro corazón sin vernos en la necesidad de modificarlos?. ¿La respuesta: Solo hasta que las pruebas se vean superadas.
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: después de la media noche
Te quedas en la luz brillante
No tengas miedo
No temas regresar a mi
(Midnight
Elan)
La peor parte de un deceso era tal vez agradecerle a "todos" sus atenciones cuando el alma no estaba para cortesías o miradas cargadas de lastima.
Tal vez ni siquiera los sollozos de los demás o los propios eran tan cansados como el tener que aparentar cordura cuando en realidad se deseaba desaparecer, permanecer solo y ahogar la incomparable desdicha en la soledad.
Por eso tal vez las personas más afectadas con la pérdida de alguien permanecían ausentes y encerrados en una cárcel que se formaba de un cuerpo casi decadente y ojeroso que escucha palabras de consuelo solo por el deber de hacerlo.
En momentos como ese ninguna palabra de aliento podía ser escuchada con atención porque simplemente el dolor en el corazón era mucho más intenso y ni siquiera eso era suficiente para mitigar la sensación de haber muerto con aquella persona que tanto se había amado en vida.
Así le ocurría a Joey, que pese a estar rodeado en la mayoría por conocidos de Seto Kaiba, recibía las mismas condolencias que el ahora viudo. Solo y tal vez por ser el desdichado hermano de la difunta Serenity Kaiba.
El solo recordarlo era para el rubio como un eco distante y efímero que parecía una tremenda mentira imposible de creer.
-Ánimo Joey. Ella lo habría querido así.
Y tal vez fuera cierto, tal vez no pero él ya no podía pensar en posibilidades porque estaba arto de ellas, así como del pensamiento mentiroso de que su hermana estaba muerta y siendo enterrada en ese preciso momento en uno de los cementerios más distinguidos de la ciudad.
-No puede estar muerta. Murmuró como en trance, haciendo caso omiso al muchacho que permanecía a su lado pese a todo.
-Joey. Musitó el muchacho que no pudiendo contenerse más abrazó al rubio que tras unos instantes reaccionó y correspondió al afecto del amigo de toda su vida.
-¿Por qué tuvo que morirse?. ¿Por qué tuvo que irse?. No lo comprendo Yugi y jamás lo voy a hacer.
El muchacho, cuyo cabello tricolor era su mayor distintivo no supo darle una respuesta fidedigna a aquella cuestión que ya varias veces había lanzado su mejor amigo.
Solo podía apoyarle en ese difícil momento y esperar que todo fuera superado rápidamente por el sol más radiante del universo.
Pero Joey no pensaba así. Él sabía que jamás se recuperaría de tal pérdida y sin embargo aun pendía de su cabeza la promesa irrompible que en su lecho de muerte le había jurado a su hermana.
¿Cómo pretendía llevarla a cabo?.
No lo sabía y en ese momento no deseaba saberlo.
Yugi Mouto continuó abrazando a su amigo. A pesar de vivir lejos de Japón había recibido una llamada de la persona que jamás se hubo imaginado y sin aguardar ni un minuto había salido en el primer vuelo hacia Japón.
Lo más importante era estar con su mejor amigo en un momento tan difícil de su vida. El apoyo sobre todo era lo que más contaba ahí.
Sin embargo sus pupilas habían seguido un recorrido lento hasta posarse sobre la figura siempre estilizada de Seto Kaiba, quien a pesar de escuchar con atención las palabras del sacerdote no dejaba de mirar hacia donde Joey y él se encontraban.
-"Al parecer nada a cambiado". Pensó el que a pesar de su edad continuaba siendo más bajito que el rubio pero no por eso de menor utilidad.
Así pues prosiguió el sepelio en dónde los rostros tristes se desplegaban a medida que las últimas oraciones terminaban y el ataúd con los restos de Serenity Kaiba comenzaban a descender hacia el vacío.
Habiéndose recuperado un poco Joey miró a su madre. La mujer permanecía sollozante, con lágrimas bajando por su rostro una tras otra, aferrada siempre al brazo de su esposo quien parecía seriamente acongojado por la reciente pérdida.
Al rubio jamás le había agradado ese hombre, nunca. Pero debía reconocer que en esos momentos tenía derecho de estar ahí porque si lo que su madre le había dicho un día era verdad, el sujeto que trataba de contener lágrimas era en realidad el verdadero padre de su hermana y sus sentimientos eran tan válidos como los suyos.
Siguiendo con su recorrido encontró a viejos amigos de su hermana, así como alguno que otro desconocido y al final de la lista al viudo, quien por ningún motivo apartaba la vista de la fosa que comenzaba a ser llenada con tierra.
Miró dentro de los azules ojos del castaño y observó dolor.
Jamás podría pensar cómo siendo su hermana tan buena el genio jamás pudo enamorarse de ella. Sin embargo había cariño y él se sintió reconfortado con ello.
A su vez Seto Kaiba trataba de concentrarse en algo que no fueran los sollozos de su suegra o de alguna persona que trataba de solidarizarse a la ocasión fallando considerablemente.
De nueva cuenta podía percibir la opresión dentro de su pecho y el nudo en la garganta al cual no podía darle intensidad.
Las circunstancias eran las mismas pero las personas diferentes. Recordando un poco un día como aquel pero de años atrás pudo nuevamente experimentar la pérdida de un ser querido.
En ocasiones pensaba que estaba maldito. Todas las personas importantes para él morían. Sin embargo así era la vida y por más raciocinio que intentara utilizar solo conseguía sentirse tremendamente desamparado.
Por eso elevó la vista, encontrándose con una castaña que fijamente le observaba a él.
Fue entonces cuando la conexión surgió y aun estando en lastimeras circunstancias no pudo dejar de pensar en lo vulnerables que se encontraban los dos y al mismo tiempo tan unidos por aquella pérdida.
De extremo a extremo rubio y castaño continuaron mirándose o al menos tratando de entra el uno en el interior del otro.
Pero como en muchas ocasiones recientes eso había fallado. Sin embargo tanto uno como otro pudieron percatarse de que la unión que años atrás habían creado con tan solo una mirada continuaba intacta y tal vez era por el momento, pero ambos la percibieron mucho más intensa y fuerte que nunca.
-Seto, el director del banco central quiere hablar contigo.
Oportunamente quizá, Kisakuya hizo acto de presencia al lado del castaño, susurrándole algunas cosas que le hicieron perder la concentración y virar inmediatamente su atención.
Joey se sintió melancólico al mirar al ojiazul desaparecer tras algunas personas. Sin embargo una cierta paz refugiada en su corazón le permitió caminar hacia donde Yugi y algunos otros amigos se encontraban aguardando por él.
-Les agradezco infinitamente que hayan venido. Esto significa mucho para mí.
-No hables así Joey. Después de todo para eso estamos los amigos, para acompañar en las buenas y en las malas.
El alto y morocho Tristan Taylor habló en nombre de los muchachos restantes, logrando una pequeña sonrisa en el pálido rostro de Joey.
Por un momento el rubio pensó detenidamente en las cosas y de súbito comprendió de inmediato el porque aquel muchacho fornido se había encontrado en primera fila durante todo el acto.
Tristan siempre había estado enamorado de su hermana, y perderla aunque fuera un amor platónico, significaba mucho para él.
Más Joey no podía hacer nada, solo acompañarlo con un poco de su dolor y desearle buena suerte en la búsqueda de ese amor correspondido.
Tal vez ya lo tenía, tal vez no. Pero de eso se enteraría más tarde u otro día. Por el momento no estaba de ánimo para nada, mucho menos para permanecer en aquel lugar por más tiempo.
Por eso con una última mirada hacia la tumba de su hermana, caminó a la salida del cementerio.
Tal vez y cuando su corazón no se encontrara tan roto, él regresaría a charlar un poco con su Serenity. En verdad que lo necesitaba.
-Yo puedo llevarte hasta la casa, Joey.
El chico Mouto rápidamente se apuntó en la lista, siendo aceptado por el muchacho que no sonreía.
Prometiendo una especie de improvisada reunión otro día, Joey se despidió del resto de sus amigos y compañeros de teatro, musitándoles a Natalia y Gabriel que también los vería después.
-Ánimo Joey. Todo estará bien.
El rubio valoraba tanto la amistad con aquel muchacho de cabellos tricolor que quiso creerle como siempre. Sin embargo su dolor esa vez era más grande que toda la creencia del universo.
Por eso solo asintió, dejando a su mirada perderse a través del cristal del pequeño auto y sobre las leves gotas de lluvia que comenzaban a caer.
Yugi no sabía el como reconfortar a su amigo. No le gustaba verlo triste u opacando su sonrisa que muchas veces fue la que a él mismo le dio las fuerzas necesarias para salir adelante.
Cuando se hubo enterado de todo aquello había decidido no entristecerse pese a que Serenuty siempre había sido una buena muchacha con él. Sin embargo la atmósfera deprimente que se desprendía de todo aquello era tan fuerte que poco a poco él comenzaba a caer en ella.
-¿Tú abuelo te presto el auto?.
-Si. Él no lo utiliza mucho. Ya sabes como es él.
-Siempre es mejor caminar que conducir. Ese es su lema.
-Exacto.
Y el ambiente volvió a decaer inevitablemente, aunque Yugi lo entendió perfectamente.
No tardaron en llegar a la Mansión Kaiba que a pesar de su elegante construcción lucía lúgubre.
-Gracias por traerme Yug. Espero verte…pronto.
-Y yo también Joey. ¿No deseas que te acompañe?. Cuestionó el de cabellos tricolor al mirar la sombra de dolor en el rostro de su amigo.
-No. Es mejor que me vaya acostumbrando a todo de una vez.
-Como quieras. Estaré algunos días más aquí. Llámame¿quieres?. No desearía que te consumas en la soledad.
El rubio asintió y tras un apretón de hombro caminó lejos del auto y hacia la entrada de la casa.
Joey miró al pequeño auto perderse entre el camino rocoso y después por las calles de la zona.
Mirar a Yugi a su lado había sido sorprendente y sin embargo el apoyo que le faltaba en toda aquella desgracia.
Aun era momento en que no creía lo que había ocurrido y pensaba tal vez que si entraba en la habitación de su hermana, ella estaría ahí, aguardando por él con una enorme sonrisa.
Sin embargo no era verdad y por más intentos que pudiera hacer por convencerse de ello simplemente no podía.
-Mokuba le espera. Fue el susurro de Naya, cuando sin mirarlo siquiera hubo llegado hasta la habitación del bebé.
Reacio pero aceptando la petición de la muchacha, se adentró a la habitación mirándola demasiado aluzada para su gusto.
-Si prefiere yo puedo intentar…
-Déjalo. Estoy bien. Asintió, no queriendo dejar a su sobrino.
-Como lo prefiera. Yo…lo dejaré solo.
Joey no puso inconvenientes en eso. Lo que necesitaba era estar solo o al menos con alguien que pudiera entender su dolor.
Y no existía nadie mejor para ello que el bebé que con sonrisa en labios ya lo esperaba.
Sus cabellos negros en punta y su cuerpecito limpio y oliendo a bebé le dieron la fortaleza necesaria como para sujetarlo con fuerza, aferrarlo y comenzar a llorar una vez más en silencio.
-Yo voy a cuidar de ti. Ya lo verás. Musitó admirando las bellas y blancas facciones de aquel angelito que comenzaba a parecer adormilado.
Joey sonrió un poco, sentándose después en la mecedora que su propia hermana utilizaba muchas veces para verlo a él cargando de su hijo.
Como si fuera lo más normal del mundo el infante se acomodó rápidamente en el pecho de su tío y guiado por el pausado latir de su corazón y el suave vaivén de la silla, Mokuba comenzó a quedarse dormido entre aquellos brazos que le transmitían mucha paz y amor, a pesar de que en un principio eso no existía para él.
El rubio acarició la cabecita, la faz y la espalda de su pequeño bebé, quien entrando en un sueño profundo se dejaba querer por quien a partir de ese momento velaría por él como nadie en el mundo.
Sin que Joey se percatara estaba siendo observado por un par de azules pupilas quienes seguían aquella escena con fascinación y agradecimiento.
Kaiba había logrado salir del cementerio tras las aun típicas muestras de acompañamiento y sentimentalismo que a él en nada le servían.
No había querido que Kisara lo acompañara. Aquel tramo era exclusivamente suyo y entre más rápido se habituara a la nuevamente soledad de su casa, más pronto se recuperaría de aquella repentina muerte que solo le había dejado pesadez.
Había querido mucho a su esposa, eso no lo negaba, sin embargo ella se había ido y aunque pareciera rudo debía aceptarlo por el bien de su hijo y el de su salud mental, quien se estaba viendo repentinamente afectada por todo aquello.
Sin embargo la sola imagen que admiraba desde el umbral de la puerta bastaba para hacerlo recuperar la cordura y todo lo que deseara.
Era como entrar a la gloria después de haber visto el infierno.
Si, tal vez era una típica escena amorosa que varias veces había mirado oculto también. Sin embargo ese día en especial significó mucho para él, consiguiendo así unos segundos de paz a su propia congoja.
Con mucho cuidado entonces y cuando decidió alejarse de la habitación, cerró la puerta para dirigirse a su estudio.
Era solitario y austero como él. Sin embargo era su mundo y en ninguna parte podría sentirse tan seguro como en aquella habitación.
Reclinándose en su asiento dio entonces salida a todo lo que durante el día había experimentado, algo que iba desde la congoja hasta la rabia y la impotencia por no haber podido hacer nada por la chica que ya descansaba en paz.
No podía rendirse aun en su búsqueda, pues mientras no se supiera nada de esa enfermedad su hijo o incluso Joey corrían riesgo de contraerla y eso él no podía permitirlo jamás.
Ahora era el responsable por la seguridad de esas dos personas que componían su vida y podía ya hablar con total libertad al decir que no las quería fuera de ella.
A ninguno de los dos.
-¿Cómo fue que llegamos a todo esto Joey?. ¿Cómo fue que repentinamente nuestros caminos se separaron tanto para solo ser un par de infelices seres humanos dispuestos a darlo todo por aquellos que más quisimos en la vida?.
No se si hicimos bien o mal, sin embargo lo que siento cada vez al mirarte no se ha extinguido.
-Vivimos en la agonía de desearnos pese a las promesas.
-Y hoy pagamos eso con la culpa.
-¿Hasta cuando podremos ser...
-Completamente felices?.
Era el pensamiento de ambos muchachos quienes a pesar del tiempo transcurrido o las imparables horas en el reloj, mantenían aun la firme esperanza de un mañana diferente.
Sin embargo para un mañana hacía falta un pasado y mientras las campanas de la media noche sonaban una tras otra en el viejo reloj de la sala, un par de mentes se atrevieron a entrar en aquello que siempre había permanecido con ellos, pero que habían tratado de reprimir a costa de lo que fuera.
Y eso eran: Los recuerdos.
Continuará….
Ahora si, próximo capitulo Flash Back. Espero les haya gustado este mini chap.
Gracias por su paciencia y comentarios. Me son de gran ánimo, ahora más que nunca.
Un saludo grande a todos y cada uno de ustedes que me ayudan a seguir viva por este mundo que tanto amo.
Envíenme sus comentarios y espero verlo pronto nuevamente.
Su agradecida amiga;
KLF
