Kyouya "Kyou" Yagami: Hijo de Hikari, 11 años.

Takeshi Takaishi: Hijo de Takeru, 11 años.

Akira Motomiya: Hijo de Daisuke, 11 años.

Saome, Yuuto "Yuu" y Osamu Ichijouji: Hijos de Ken y Miyako. 11, 9 y 1 año.

Amizu "Ami" Izumi: Hija de Koushiro, 9 años.

Nicholas "Nick" Tachikawa: Hijo de Mimi, 10 años.

Daiki "Dai" y Kaori Yagami: Hijos de Taichi, 10 años.

Sayumi y Seki Ishida: Hijos de Sora y Yamato, 10 y 6 años.

Mitsuki "Tsuki" Hida: Hija de Iori, 10 años.

Shiro Kido: Hijo de Jyou, 10 años.

Hola! Muchas gracias a todos los que dejaron un comentario en el Prologo. Enserio nunca me esperé que les interesara de veras esta historia. Gracias de nuevo.

Espero que les guste el capitulo:


Vuelta a la ciudad.

-Papá ¿A qué hora llega la tía Kari? - preguntó su hijo de once años de edad que lamentablemente era incluso más impaciente que él.

-Tranquilo Daiki, tu tía Kari debe estar llegando ahora mismo.

El moreno hijo de Tai se estiró lo más que pudo tratando de encontrar a su tía y a su primo favorito entre toda esa gente. La estación de trenes jamás había sido del agrado del muchacho.

-Me aburro.- se quejó el Yagami.- ¿Por qué yo te tuve que acompañar mientras mamá y Kaori se quedaban en casa?

-Porque ellas preparan una comida para recibir a tu tía, Daik y si te hubieras quedado allá probablemente ahora estarías ayudando en la cocina.- le recordó su padre, que portaba su buen humor.

Daiki se estremeció de sólo imaginárselo y prefirió seguir buscando entre la gente a su tía.

-¡Allá está! - exclamó el niño señalando a una mujer de estatura media, delgada y de cabello castaño claro que cargaba varias maletas.- ¡Es tía Kari y Kyouya-kun! ¡Y vienen con Gatomon y Salamon!

Efectivamente su hermana se acercaba a ellos con una enorme sonrisa en el rostro y Gatomon a su lado. Hikari había vivido en Kyoto desde hace doce años, cuando se enteró que estaba embarazada de su único sobrino y a pesar de que viajaba a Odaiba por lo menos cada tres meses no era lo mismo eso a tenerla viviendo en la ciudad de nuevo.

-Hermana.- exclamó el diplomático abrazando a Kari quien sonrió afectivamente.- Que bueno es que hayas decidido volver a casa. Sobrino, pero que grande estás.- añadió Taichi abrazando a Kyouya.

-Gracias tío Tai, estamos muy felices de vivir aquí.- sinceró Kyou mientras saludaba su primo Daiki.- Dai, ¿Cómo estás?

-Muy bien, que bueno que vivirás aquí. Ya no soportó a la loca de Kaori diciendo que se quiere ir a vivir a Kyoto contigo porque tú sí sabes cómo tratar a una chica.- se quejó.

-Es que tú eres un bruto con tu hermana.- se burló Kyou.- ¿Cómo están todos?

A pesar de no vivir en la ciudad su madre y él hacían viajes muy seguido a Odaiba por lo que el grupo de amigos de Daiki era también el de Kyouya.

-Sayumi-chan está más guapa.- habló Daiki de su mejor amiga, al parecer sin ninguna vergüenza. El hijo de Kari se rió porque a su primo no le costaba ni un poco decir lo que pensaba.- Takeshi y Akira se siguen sintiendo muy mayores, que bueno que llegaste para ponerles en su sitio. Ya sabes, Saome Ichijouji está igual de loca que siempre, pero es que ¿Quién entiende a las chicas? Bueno a excepción de si son chicas tranquilas y buenas como Tsuki-chan o como Amizu, que siempre están de buen humor y no me golpean en la cabeza como mi loca hermana.

Kyouya sonrió mientras oía a su primo explayarse.

-¿Qué más? ¡Ah sí pues que a Yuuto casi le atropellan por ir bobeando! Tiene la cabeza en las nubes ese niño. Nick sigue igual de insoportable que siempre aunque ahora sólo se la pasa peleando con Yuu o con Takeshi, con los demás está bastante buenito. El bobo de Shiro ha pescado un resfriado y como está de loco con los gérmenes y esas cosas creo que se encerrará en cuarentena. De Seki no se mucho pero Sayu me contó que se hizo pis en la cama hace como 1 mes y pues Osamu que se hace todos los días…

Kyou y su madre que irremediablemente había oído el discurso de su sobrino soltaron una carcajada al igual que los digimons presentes. Daiki estaba un poco loco pero era sin duda un chico honesto y puro. Taichi tomó todas las maletas de Hikari y se encargó de meterlas a su propio auto.

-La mudanza llegó esta mañana.- informó Kari.- Debo ir a arreglar todo al nuevo departamento pronto.

-No sin antes comer en casa, hermana.- rezongó Taichi.- Sakura ha preparado tu comida favorita y Kaori se muere por verte.

-Ve con Tai, Kari, Salamon y yo nos adelantaremos para ir viendo todo.- propuso Gatomon.

-Sí, además nosotras ya hemos comidos.- secundó Salamon.

Hikari asintió tomando a su hijo de la mano y jalándolo con ella. Quizá Kyouya ya estuviera grande para esos cuidados que su madre tenía con él, sin embargo para ella su hijo era su más grande tesoro y no dejaría que nada malo le ocurriera. Tai observó la escena enternecido pues sabía lo que era su sobrino para su hermana y a pesar de que él era el único que conocía el secreto de Kari se lo había guardado por once años, aguantándose las ganas de gritarlo a los cuatro vientos y de ver esa historia que vio florecer, terminada en un final feliz.

Se subieron a la camioneta del Yagami quien condujo hábilmente hasta su hogar, una casa espaciosa y muy luminosa que tenía un patio enorme donde los mellizos solían jugar al futbol. Hikari entró en la casa dejando su equipaje en el auto.

-Kari, me alegra que estés aquí, te he preparado tu comida preferida, espero que te guste mucho.- se abrazó a su cuñada.

Kari le regresó el abrazo con la misma intensidad. Adoraba a su cuñada y era una de sus mejores amigas así que sabía que en ella podía confiarle otro de sus grandes tesoros, su hermano mayor.

-¡Tía Kari, primo Kyou! - gritó una entusiasmada morena corriendo hacia los dos castaños.

-Kao-chan, estás muy guapa.- se maravilló su tía pues su sobrina era una muchachita encantadora, aunque casi nunca estuviera vestida como una chica y se empeñara en usar camisetas holgadas y gorras extrañas.

-Hola Kaori, ¿Qué hacías? - le preguntó su primo mayor.

-Veía la televisión con Agumon y Gummymon.- respondió la morena.- ¿Ya podemos comer, mamá?

Kyou rodó los ojos. Kao era tan glotona como su mellizo.

-Claro, mi amor. Siéntate que voy a servir.

Y dicho esto toda la familia se sentó en la mesa, con un enorme apetito que satisfacer.


-¡Takeru, escúchame cuando te hablo por dios!

-¡No grites así frente al niño, Aline!

Takeshi se encogió en la silla en la que se encontraba sentado, Tokomon, que estaba en su regazo le miró con lástima mientras Patamon se encargaba de sacar al niño de allí y llevarlo hasta su habitación, dónde el jovencito rubio fue capaz de dejar de oír los gritos de sus padres. Se secó una lágrima que había intentado suprimir. Estaba harto de la situación y secretamente culpaba a su padre.

-¿Por qué Takeshi? - indagó Patamon cuando se lo comentó.

-Papá no ama a mamá y por eso ella se la pasa gritándole.- resumió el rubio.

-¿Cómo sabes tú eso, Take-chan? - se extrañó Tokomon.

-¡Porque les oí discutir una vez! - gritó furioso.- Mamá le recriminaba a papá nunca haberla amado y él se quedaba callado. Si la hubiera amado habría respondido algo.

-Pero Takeshi, tu padre no se hubiera casado sin querer a tu mamita.- opinó Patamon.- TK no haría eso nunca, además los dos te aman a ti, que es lo que importa.

-Yo quiero una familia normal, Patamon.- se quejó el rubio.- Como la de tío Matt y tía Sora que se toman de las manos y se miran con amor. Mis padres hace años que no hacen eso…

-Anímate, hoy viene tu amigo Kyou-chan a vivir a la ciudad de nuevo, ¿No te pone feliz?

Eso dejó a Takeshi momentáneamente sin habla alguno. Se acercó a su mesita de noche y estrelló contra la pared la lámpara que le había obsequiado su amigo Kyou hace años.

-¿Qué te pasa? - preguntó preocupado Tokomon.

-Que cuando Kyou y su mamá están en la ciudad mamá se pone de peor humor que siempre. ¡Seguro que por eso están peleándose ahorita! - gritó Takeshi.- Quisiera que no hubieran vuelto jamás.

-Pero Take-chan… -musitó Patamon, a sabiendas de lo duro que sería para Takeru oír eso.- Kyou es tu amigo.

-¡Sí pero su mamá y él ponen a la mía de pésimo humor!

-Takeshi, cálmate.- pidió Tokomon viendo como el pleito de sus progenitores había logrado afectar al menor.

De pronto entró a la habitación Takeru, con un semblante afectado y agotado. Los Digimon salieron del cuarto dándoles a los dos rubios un poco de privacidad.

-¿Qué ha pasado aquí? - se sorprendió el papá al ver la lámpara destrozada en el suelo.- Takeshi, te he dicho que estos ataques de rebeldía deben parar.

El niño bajó la mirada.

-Lo lamento mucho hijito.- habló el escritor.- De veras, no sabes cuánto lamento que hayas tenido que ver esa pelea así como muchas otras que has presenciado. De verdad estoy muy arrepentido de que esto sea lo que estás viendo en casa.

-¿Dónde está mamá? - inquirió el más joven.

-Se fue al spa, hijo. Ya sabes que cuando está alterada nada la relaja más que un masaje con algas.- explicó Takeru con una sonrisa, aunque parecía todo menos complacido.

-¿Por qué estaba alterada esta vez?

-Porque no podré acompañarla esta noche a una cena que tenía con sus colegas.- explicó el padre.- Pero es que no puedo zafarme de la editorial y parece no comprenderlo…

Takeshi se preguntó si era verdad o quizá sólo planeaba ver a Kyou y a Hikari a escondidas de su madre. No era un secreto para el niño que Kari Yagami era la mejor amiga de su padre desde la niñez y que él sentía un gran cariño por ella y ni hablar de su hijo. Takeshi sólo podía sorprenderse cuando presenciaba cuanto quería su padre a su amigo Kyou.

-Voy a salir.- se excusó Takeshi.

-No puedes salir, estás castigado hijo.- le recordó su padre.- Tu última suspensión en la escuela casi hace que tu madre se vuelva loca.

-Perdona, sé que no quieres competencia en ese sentido, ¿Verdad papá?

Enfadado, el niño rubio llamó a Tokomon y salió de su casa sin importarle no tener permiso para hacerlo.


Akira suspiró y lanzó un balón al aire mientras lo atrapaba. DemiVeemon le festejó la gracia a su compañero humano y éste le dio con el balón en plena cara como una broma, provocando así la furia de su Digimon.

-Ya, ha sido juego, lo siento.- se disculpó Akira, riendo un poco.

Su padre entró por la puerta. Lucía cansado y acongojado, cosa que descolocó un poco al chico de once años que estaba acostumbrado a ver a su padre de buen humor y activo.

-¿Todo bien, pa? - indagó Akira.

-Lo estaría si tu madre no se hubiera ido a Nueva York a último minuto.- se quejó Daisuke tirándose al sofá junto a su vástago.- Como viaja esa mujer.

-¿Pero no acababa de volver a Argentina? - cuestionó el niño Motomiya.- Que ni me ha dado tiempo de preguntarle que me trajo de allá.

Veemon, que había acompañado a Daisuke le propicio al hijo de su mejor amigo un coscorrón leve. Signo de que Akira había vuelto a meter la pata sin quererlo.

-No te desanimes, pa. Ya verás como mamá vuelve rapidísimo y no se vuelve a ir en un tiempo.- intentó animar Akira.

-Dos semanas, hijo. ¿Sabes lo que son dos semanas distanciados para un matrimonio? ¡Cuando Tami vuelva quizás ya no querrá saber nada de mí!

Su hijo en lugar de preocuparse sólo suspiro, a sabiendas de lo dramático que podía llegar a ser el dueño de la cadena de más exitosos restaurantes cuando quería serlo. Daisuke sabía que su esposa le quería, ¿Entonces porque hacía tanto drama?

-Ya está, papá. Iremos al parque a jugar con el balón para que te animes.- propuso Akira que a veces sentía que era él quien tenía que cuidar de su padre y no viceversa.- ¿Qué tal?

-¡Sí! - exclamaron Daisuke, Veemon y DemiVeemon a coro.

Pero el partido tuvo que esperar porque en ese momento sonó el timbre de la casa de los Motomiya, una residencia grande pero nada ostentosa que simplemente tenía los lujos necesarios y no más. Akira abrió la puerta preguntándose quién podría ser.

-¿Takeshi? - se asombró de ver a su buen amigo allí parado.- ¿Qué haces aquí?

-Kyouya y su mamá van a mudarse a Odaiba y creo que eso va a significar el fin de mi familia como la conozco.- exclamó el rubio y entonces Akira fue capaz de comprobar que su padre no era el único dramático del vecindario.

Vamos, que todos sabían que los papás de Takeshi y Kyouya se llevaban muy bien pero si el papá de su amigo llevaba casado con su madre doce años que tendría que ser por algo, ¿No?

Para él la vida sería mejor si se tomara con menos drama y con más humor.


-¡¿QUÉ?! ¿Y porque nadie me lo había contado antes? - se indignó la jovencita de bellos ojos azules tras unas gafas modernas.

-No me grites a través del teléfono Saome-chan, que tu voz es como si estuviera amplificada mil veces y reventarás mis tímpanos.- se quejó su amigo Akira por el móvil.

-Pues es que a quien se le ha ocurrido no avisarme de algo así, ¿Eh? - se quejó Saome cruzada de brazos y sosteniendo su celular rosado.- Ya sé que soy la única chica de su edad, Aki-kun pero no por eso deben pelear por mí y hacer planes para ocultar a Kyou de mi vista. Ya sabes que a mí es él quien me gusta no tú ni tampoco Take-kun.

-¡JA! - espetó Motomiya.- Nadie pelea por ti Saome, eres tú quien está chiflada. Pero sí, te llamaba para decirte que Kyou-kun está en la ciudad y al parecer va a quedarse.

La primera hija de los Ichijouji sintió sus mejillas sonrojarse al pensar en el apuesto hijo de Hikari, por quien había decidido sentir un enamoramiento unos cuantos meses atrás cuando se dio cuenta que ni para Takeshi ni para Akira ella sería nunca nada más que su amiga.

Sobre todo para este último, que sinceramente la trataba como todo menos como una dama.

-Pues qué bueno que me lo has dicho Aki-kun, ahora podré ir a darle un recibimiento como se merece.

-No vayas a espantarlo con lo fea que es tu carota.- se burló Aki-kun.

-¡Feos los googles que llevas en la cabeza! - estalló Saome, sabiendo que ese era el punto débil del predecible Motomiya.

Acto seguido le colgó sin darle tiempo a replicas y se puso su mejor ropa. Vamos, que se había puesto lo que sea que una niña de once pueda vestir para sentirse guapa.

-¿A dónde vas, hermana? - preguntó Yuuto.

-A donde vamos, más bien.- corrigió Saome, que últimamente tenía la costumbre de llevarse a su hermano menor a todos lados, quizá con la esperanza de que bajara un poco al mundo real.

-Sao-chan.- se quejó su hermanito menor.- No quiero ir de nuevo a las reuniones de té que haces con Mitsuki, Sayumi y Ami-chan.- musitó atemorizado.

-No irás nunca más a una de esas, Yuu. Eres pésimo como invitado de la fiesta de té ¡Y ni siquiera terminaste tus galletas!

-Es que eran de plástico, hermana.- añadió el pequeño peli violeta con resignación.

-Ah claro es que prefieres estarte llenando las rodillas de lodo como la salvaje de Kaori, ¿Verdad?

-Hermana, no… a mí no me gusta el lodo…

-¡O viendo caricaturas de bebé con Seki-chan!

-¡Los ositos cariñositos no son para bebés!

-O entonces es que prefieres quedarte aquí, con mamá apretujando tus bonitas mejillas.- se burló Saome mientras pellizcaba los cachetes del más joven.- ¿Eh Yuu-chan?

El Ichijouji mediano se zafó de las manos de su astuta y malvada hermana mayor y la miró con indignación.

-Bien, iré contigo.- terminó por acceder Yuuto sin más opción.

-¡Genial! - clamó Saome contenta.- Iremos a darle la bienvenida a Kyou-kun.


Mitsuki iba caminando por la calle mirando su reloj cada segundo que pasaba. No le gustaba nada llegar tarde a casa pero para que eso pasara aún faltaba mucho tiempo.

Sinceramente la jovencita no tenía ganas de volver a su hogar, desde que su madre había aceptado su nuevo trabajo en la televisora Fuji sus padres casi no se veían y el tiempo que estaban juntos lo aprovechaban al máximo, dejándola un poquito de lado.

La verdad es que para Tsuki-chan tener dos padres que se comportaban como adolescentes enamorados no era lo más fabuloso del universo. En realidad ella prefería a sus padres como eran antes. Reservados, tímidos y un poco secos el uno con el otro.

-¡Tsuki-chan! - exclamó una poderosa voz a sus espaldas.

Era fácil saber a quién pertenecía dicho vozarrón. Sólo se podía tratar de su amiga Saome Ichijouji, que como era de costumbre venía cargando a cuestas con el joven Yuuto. Saome era una buena amiga de Mitsuki y como tal no podía dejar pasar la oportunidad para saludarle.

-¿Qué estás haciendo por aquí, Saome? - indagó Hida.- ¿Está todo bien?

-Más que perfecto de hecho.- sonrió la chica de gafas.- Vengo a darle la bienvenida a Odaiba a mi buen amigo Kyouya Yagami, ¿No es así, Yuuto?

-Sí hermana.- asintió el joven de pelo violeta sin prestarle atención y maravillado con los pájaros de cierto árbol.

-¿Kyou se viene a la ciudad? Que bien.- acotó Mitsuki. No conocía demasiado bien al castaño pero lo que sí sabía era que personas como Daiki, Kaori, Saome, Takeshi y Akira le tenían demasiado afecto, por lo que se entendía que era un buen chico.

-¿Eh? ¿No gustaras de él o sí? - interrogó una suspicaz Saome.

-Por supuesto que no.- se rió Tsuki.

-Que bueno porque he decidido que yo gusto de él.- aclaró la chica Ichijouji.- Y si Takeshi y Akira pueden aceptarlo pues supongo que no habrá impedimento para nuestro amor.

-¿Qué tienen que ver ellos? - curioseó la castaña.

-¡Pues que obviamente les gusto! - fue la respuesta de Saome, que al igual que su hermano también a veces vivía en una nube, aunque no lo admitiera.- ¡Yuuto, no te quedes allí embobado viendo esa ave!

Yuu volvió en si justo antes de que la dichosa ave le cagara encima y se acercó a su hermana.

-¿Ya nos vamos hermana? No querrás hacer esperar a Kyou-kun.- dijo Yuuto, que de repente también sabía cómo manipular a la mayor.

-¡Cierto, enano qué razón tienes! - exclamó la muchachita que por si no lo había mencionado antes, tiene una voz muy destacable capaz de ser oída a grandes distancias.- ¿Nos acompañas Tsuki-chan o tienes algo que hacer?

Mitsuki lo meditó unos segundos antes de contestar.

-Voy con ustedes.


Takeshi y Akira habían decidido salir al parque con sus digimons para distraerse un rato. Akira del hecho de que su papá estuviera al borde de un colapso por lo mucho que viajaba su madre y Takeshi para no recordar que prácticamente había huido de casa tras la nueva pelea de sus progenitores.

-Vaya que es difícil la vida, camarada mío.- se quejó Takeshi.

-Y tú vaya que eres melodramático. Hijo de escritor, tenías que ser.- se mofó Akira.- Eh, mira quien va por allá.- señaló Motomiya.

Takeshi sonrió de oreja a oreja.

-¡Son mis primos! - exclamó contento.- Un recordatorio de la vida sobre como no todas las familias apestan.

Akira suspiró. Takeshi y su visión filosófica y artística de la vida le traerían más de un dolor de cabeza. Sayumi y Seki se acercaron hacia los dos chicos mayores con sus digimons compañeros en los brazos.

-¿Qué hacen aquí? - indagó Sayumi-chan.- Primo Takeshi, creí que tu papá te estaba buscando.

-Así es Sayu-chan pero yo no voy a volver por ahora… -admitió el rubio.- Mis papás se han vuelto a pelear.

Seki suspiró.

-¡Primo vente a vivir con nosotros mejor! - pidió el pelirrojo inocentemente.- En mi casa mis papis casi nunca están pero la nana cuida de nosotros y si tú te vienes tú también puedes cuidar de nosotros.

Takeshi le despeinó a su tierno primo el cabello anaranjado mientras miraba a Sayumi mirar hacia el suelo tristemente. Quizá era cierto y todas las familias apestaban después de todo, pues no importaba cuando se quisieran sus tíos, el tiempo que pasaban juntos era escaso.

-Es una gran idea, Seki-chan.- confesó Takeshi.- Viviremos los tres juntos como en una película y haremos toda clase de cosas sorprendentes.

-¿De veras, primo? - se emocionó el pequeño Ishida.

Su hermana le sonrió conciliadoramente.

-Éste está loco, Seki.- renegó Sayumi.- Todos debemos vivir con nuestros padres y punto. Tú también, Take-kun.

El rubio suspiró observando a su primita con recelo.

-¿Desde cuándo eres tan madura tú?

-Desde que tú estás volviéndote cada vez más tonto, primo.- se rió Sayumi.

AKira se río con ella.

-Ah ya veo.- habló Takeshi.- Un recordatorio del destino de que los más jóvenes a veces también pueden ser los más sabios. ¡Bien jugado, cosmos estelar! - exclamó el joven alzando su mano hacia el cielo.

Akira Motomiya resopló, ya un poco cansado de que Takeshi intentara desviar sus problemas con tonterías del destino y el cosmos, por lo que decidió que lo mejor sería tomar acciones.

-¿Por qué no vamos a tu casa, Sayu-chan? - propuso Akira.- Así tu papá sabrá que estás a salvo pero no tendrás que volver.- agregó mirando a Takeshi.

-Supongo que es buena idea… -musitó el rubio.

-¡Sí, vamos a casa! - exclamó Seki inundado de una felicidad infantil que les cautivó a todos.


Daiki se asomó por su puesta un poco asombrado de lo que encontró allí.

-¿Eh? ¿Qué hacen aquí? - interrogó el joven moreno.

-Venimos a darle la bienvenida a Kyouya, por supuesto.- contestó Saome feliz.

Yuuto y Mitsuki la flaqueaban como sus soldados, aunque el primero se había puesto a hallarle formas a la rugosa pared de los Yagami.

-Pero si esos ya se han ido a su departamento.- recordó Daiki sonriendo bobamente.- Mi tía Kari tenía mucho que hacer y…

-¡Tú vas a llevarnos allí, Daiki! - exclamó Saome desesperada por dar su dichosa bienvenida de una vez.

-Es en el mismo edificio que viven los Izumi.- contestó una nueva voz interviniendo en la conversación.

-Oh Kaori-chan, siempre tan amable y servicial, ¿Qué haríamos sin ti? - preguntó ilusionada la mayor de los Ichijouji.

-¿No nos acompañan? - propuso Mitsuki.

-¿Podemos pasar a ver a Amizu-chan también, hermana? - preguntó Yuuto.

-Y supongo que Nick debe estar allí también.- agregó Daiki.- ¡Qué bien, mientras más mejor al primo Kyou le encantará!

Saome resopló enfadada. Su perfecta bienvenida iba a quedar opacada entre tanta gente que se le iba uniendo poco a poco, ¿Cómo la notaría Kyouya-kun tras el matorral de pelo de dos metros de Daiki o las frases groseras en inglés que se sabía Nicholas? Estaba siendo opacada por niñas poco femeninas, genios de computadoras y practicantes de kendo.

No le quedó más que resignarse porque Daiki ya había tomado su chaqueta y Kaori ya se había puesto esa fea gorra que a veces usaba.

.

Fin capitulo 1.

Espero que les haya gustado y muchas gracias por leer.

Dannemi.