TITULO: Dreams
Capitulo: Un pequeño accidente
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: Muchísimas gracias por su infinita espera. Ahora si, espero que todas sus dudas se resuelvan a partir de ahora
Solo un último detalle: Cuando hablé de un FlashBack no lo hice con la intención de mostrarles uno o dos capítulos de este pasado, sino de varios que engloban con mayor profundidad esta historia.
Así que desde hoy hasta nuevo aviso todo lo que lean será en "pasado".
Por eso indiqué que la línea del tiempo de la historia sería: presente-pasado-presente-futuro.
Espero esto no les moleste, cualquier comentario estoy a sus órdenes como siempre.
Sin más disfruten del recuerdo.
KLFDediciones. La vida estaba llena de ellas y sin embargo nadie podía saber lo difícil que podía llegar a ser tomar una de aquellas pequeñas palabras para resolver algo en la vida.
Joey lo sabía. Sin embargo armándose de un tremendo valor había decidido seguir sus sueños y adentrarse en ellos a como diera lugar.
Había pasado la mitad de su vida trabajando por y para él, y un hombre que consumía más alcohol que todas las personas que conocía no iba a interferir en su dedición. Ni aun cuando lo amenazara con decirle a su hermana la verdad de que él no era su padre.
Él estaba decidido a forjarse un futuro y a seguir los sueños que muchas veces desde niño se habían visto truncados por alguno u otro motivo.
Su vida no era la mejor, la ejemplar o digna siquiera de ventilarse entre los vecinos.
Siempre había sido oscura y llena de pesares que había soportado como el mejor de los valientes en guerra.
Desde muy temprana edad había aprendido lo que era el desamor o incluso a ganarse el pan que cada noche se llevaba a la boca en módicas cantidades para ahorrar un poco más.
Desde siempre había sufrido de rechazos y aun así siempre sonreía. Porque no existía mejor contraataque que la sonrisa para llenar la lúgubre existencia con un poco de luz.
Ese era su lema y siempre lo acompañaba pese a todo.
-Hey, llegas tarde.
Su amigo Tristan, un ejemplo vivo de lo que se podía lograr con muchas horas de gimnasio y dedicación, lo esperaba como todos los días en la banca cerca de su salón de clases.
El muchacho morocho y de carácter seductor estudiaba electrónica y había realizado ya varios proyectos que tenían que ver con su quizá primera pasión en el mundo: Las motocicletas.
-Lo lamento. Debía pasar primero a solucionar algunas cosas en el trabajo.
-¿Continuas en lo de los diarios?.
-Hay no. Se quejó el rubio haciendo reír al morocho.-Eso ya no es para mi. Estaba bien en la preparatoria o antes¿pero qué pensarías si un universitario te entregara el diario en tu casa?.
-Qué definitivamente no tienes nada mejor que hacer que montarte en una bicicleta y recorrer la ciudad en media hora.
El rubio sonrió, haciéndole ver a su amigo que tenía mucha razón.
-¿Entonces en que trabajas ahora?.
-Trabajo en…digamos que cuido de las tuberías.
-¿De fontanero?.
El sonrojo de Joey provocó una risita contagiosa en el musculoso moreno, creando así una bulla cuando la sorpresa inicia se apagó.
-Eres una especie de cosa sabelotodo que camina por ahí en dos pies, Joey. ¿Qué cosa es lo que no sabes hacer?.
-Pues…digamos que se me dificulta un poco el trabajo en gasolineras y cafeterías. Me echaron de una cuando quebré una vajilla.
Tristán volvió a reír, abrazándose al rubio que lo siguió hasta el pasillo donde regularmente se separaban para dirigirse cada quien a sus respectivas clases.
-Eres una bolsa de monerías Joey y eso es bueno.
-Te veré pues más tarde. Debo llegar a clases de Historia de la actuación antes de que la profesora Yoko vuelva a retarme.
-¿Por qué siempre tardas cuando llegas a tiempo Joey?.
La sonrisa del rubio se amplió a tal medida que Tristan solo adivinó la obvia respuesta.
-Porque siempre le dedico cinco o seis minutos en mirar en el teatro la nueva obra que se ensaya.
-No cabe duda de que eres un soñador empedernido Joey.
-No, solo quiero cumplirlos.
Ambos se estrecharon las manos tras despedirse y cada uno tomó el camino que le correspondía, desviándose el rubio por unos minutos como todas las mañanas lo hacía.
El máximo sueño de Joey Wheeler era actuar. Sentir la emoción sobre las tablas, la luz de reflectores, poseer el personaje y darle vida con la intensidad que se requería para desbordar la adrenalina y adentrar al público en la trama perfecta.
Él deseaba con todo el corazón ser un actor y por ello pese a lo que pensara su madre o incluso su padre, él estaba ahí aprendiendo de los mejores para algún día cumplir su sueño.
-Llega tarde señor Wheeler. De nuevo.
El muchacho recibió la reprimenda con un leve sonrojo en las mejillas, sin embargo ya estaba acostumbrado a eso.
-Tome asiento y espero, en verdad deseo que mañana pueda llegar a tiempo para el inicio de la clase.
-Trataré profesora Yoko.
La mujer de mediana edad y de anteojos perdía la paciencia siempre que el muchacho rubio que comenzaba a avanzar a su asiento en la fila quinta aparecía en escena.
No sabía como una persona que no tenía el hábito de la puntualidad podía siquiera pensar en ser un actor.
Sin embargo y cuando las dinámicas que solía emplear para disipar un poco la mente de sus estudiantes se llevaban a cabo, la habilidad de Joey para apoderarse de un personaje era fantástica y ahí entonces ella podía olvidarse de que jamás llegaba temprano, nunca hacía sus tareas y de ves en cuando dormitaba cada vez que explicaba algo sobre Aristóteles y Platón.
-Bien, sigamos entonces con la clase. Aclaró la mujer tras suspirar resignada a su estudiante "especial".
-Hola.
-Hola.
Un muchacho bajito y de expresión sonriente saludó de inmediato al rubio quien tras acomodarse en su lugar depositó toda su atención en su mejor amigo.
-De nuevo llegando tarde Joey. ¿Cuándo aprenderás?.
-No es por gusto. Es que…yo no tengo la culpa de que en el teatro comiencen tan tarde.
Yugi Mouto se guardó una carcajada para más tarde pero sin duda y desde siempre Joey ante ponía pretextos cada vez que llegaba tarde a un lugar.
Definitivamente la palabra puntualidad no había sido creada para el rubio.
La clase pasó entonces como siempre: entre gritos de la profesora y risas por parte de los alumnos.
Al final la sola expresión cansada de la mujer hizo suponer a Joey que debía comenzar a considerar un poco la salud de su profesora.
Sin embargo fue solo un fugaz pensamiento que quedó solo en eso.
-Ojalá que la maestra no sufra de presión.
-Si fuera así hace años que te hubiera corrido de la clase Joey.
-Es que soy una estrella prometedora.
La risa del rubio sacó una de pena del chico bajito quien evidentemente soportaba al muchacho porque era su mejor amigo en el mundo. Una persona inseparable de la cual aprendía mucho después de todo.
-Hey¿todo bien?.
A ellos se acercó una chica de cabellos castaños, quien compartía algunas clases con ellos como danza y desenvolvimiento escénico.
Tea, se llamaba y aunque era la melosidad andando, se trataba de una buena chica.
-Si. Solo Joey y sus ideas megalomaníacas.
La muchacha miró al aludido quien solo la saludó con su sonrisa de siempre. No había ser que no cayera ente el embrujo de los ojos castaños del muchacho. Mucho menos cuando se combinaba con una adorable sonrisa como la que en esos momentos se desprendía de Joey.
-Eres incorregible. Pero al menos tu personalidad te hace ser adorable.
-Es lo que necesito para triunfar.
-A veces me pregunto si no estarás aspirando a mucho Joey. Yo con ser bailarina me conformo.
Y el aludido negó, caminando al lado de sus amigos.
-Yo sé que lograré ser un gran actor. Ese siempre ha sido mi sueño y nada ni nadie me lo quitará. Nunca.
Más había un viejo refrán que dictaba: "Nunca digas nunca" porque se corre el riesgo de tentar al destino y eso fue lo que precisamente hizo Joey. Tentó al universo y lo puso a prueba.
Era por el mundo entero sabido que Kaiba Corporation era la industria más amplia y rica de todo el universo.
Su ex dueño, Gozaburo Kaiba había invertido tiempo y esfuerzo en alzar un imperio que sobre pasara cualquier otro.
Su sueño había sido cumplido, creando así el más grande de todo el mercado y aunque su dinámica de trabajo había sido un caos completo, sus actuales dueños habían hecho el milagro de renovar sus conceptos y hasta visiones.
Gozaburo había sido considerado por muchos como un loco fascista que solo creía en lo que él hacía. Por lo que no era extraño que se hubiera forjado un buen número de enemigos y competidores que solo deseaban arruinarlo.
Sin embargo lo único tal vez que había hecho bien era criar a su dinastía con las armas suficientes como para jamás perder la corporación ni ninguna guerra que pudiera intervenir en su crecimiento.
Lo único erróneo había sido encerrar a sus dos hijos y no permitirles contacto alguno con el mundo, quien a su vez era visto por ellos a través de la compañía y de ninguna otra manera posible.
Más muerto el tirano hombre en un paro cardíaco hacía tres años, KC quedaba libre y a cargo de la dinastía quien había hecho un perfecto trabajo con ella hasta esos días, dónde a pesar de las dificultades la empresa continuaba siendo la número uno no solo en producciones de nuevos inventos, sino en otras ramas de sumo interés para los propietarios.
-¿Estás seguro de lo que harás?.
-Completamente.
El hombre que miraba al muchacho de desbordante seriedad por el comunicador hubo entonces suspirado hondamente para evitar gritar.
Max Darzy era su nombre y había sido nombrado el supervisor de los chicos Kaiba mientras el primero cumplía la mayoría de edad.
Algo política y forzosamente necesario entre las normas mercadotécnicas y de conveniencia mercantil.
Sin un respaldo, ningún menor por rico que fuera tenía voz y voto dentro de su herencia o empresa.
Más a pesar de que el principal dirigente de KC hacía años que no era menor, era sin duda indispensable que Max estuviera a su lado. Supervisando cualquier idea que aquel muchacho pudiera tener.
Si embargo Seto Kaiba era la persona más sensata y autónoma que Max jamás hubiera conocido. No en vano el difunto Gozaburo Kaiba había criado personalmente a sus dos herederos quienes contaban con una prodigiosa mente que les valía tanto el halago como la envidia de muchos.
-Pero Seto...
-Nada de peros. Es hora de que haga lo que me plazca.
-¿Y quién cuidara de...?
-Mi hermano es capaz de valerse por si mismo, Max. No es ningún inútil.
Era tan fácil hacer enfadar al castaño que el hombre tuvo que morderse la lengua para aceptar el reto del ojiazul. Quien por estandarte llevaba siempre la estoicidad entre manos.
-Pero...
-Ya he soportado por muchos años que otros dominen sobre mi vida. Ahora me toca a mi hacer lo que me de la gana.
-Pero¿estas conciente de lo que esto podría traer?. Estarás dejando vulnerable una buena parte de la empresa y sabes perfectamente que infinidad de busca oportunidades vuelan sobre KC buscando cualquier circunstancia para...
-Ya.lo.sé.
Max respiró hondo y aceptó entonces que no podría ganar esa batalla.
Seto era muy listo, pero también muy terco cuando traía algo entre manos y esa vez nadie lo haría cambiar de opinión.
-Al menos dime que Noa está de acuerdo.
-Lo está y él se hará cargo de lo que se necesite mientras yo estoy fuera.
-¿Lo que será un tiempo aproximado de?.
-Seis horas. Por favor. Solo voy a ir a la maldita Universidad. ¿Tienes que hacer de eso un escándalo mundial?. En Alaska no te escucharon.
Si, Seto tenía humor pero uno muy extraño.
-Sé que tus deseos de ser libre son los únicos que predominan aquí y no voy a detenerte. Eres mayor de edad y sabes lo que haces.
-Si te llamé es para hablarte de Noa. Está casi por cumplir la mayoría y si los zorros de la mesa directiva se enteran de que está manteniendo él solo la compañía, entonces no quiero pensar de lo que pueden ser capaces. Idiotas.
Max lo sabía. La mesa directiva estaba formada por un grupo de hombres que tenían por fin ganarse el completo poderío de la empresa.
Durante años habían ocultado sus verdaderas intenciones pero en el momento de verse librados de Gozaburo habían sacado las garras y atacado con todo.
Afortunadamente el difunto ex dueño de la empresa lo había elegido bien y con un eficaz contraataque los había mantenido a raya hasta que Seto hubo alcanzado la mayoría de edad.
Sin embargo en las actuales circunstancias era peligroso arriesgarse demasiado.
-Solo iré a la Universidad Max. No me iré para siempre. Además Noa ama inventar y dirigir la empresa tanto como yo. KC no corre ningún riesgo.
-Eso espero. De todas maneras estaré en contacto con Noa. No podemos arriesgarnos.
-Haz lo que quieras. Te veré después.
El castaño apagó el comunicador y pudo entonces respirar tranquilo.
Max era bastante eficiente, sin embargo demasiado nervioso para su gusto. Un toque que rompía la perfección de lo que estaba acostumbrado.
-¿Tuviste suerte?.
La voz a su lado le hizo respirar más relajadamente. Podía comportarse siempre como un lobo sediento de sangre fresca cuando se encontraba en la empresa o con desconocidos, pero cuando la confianza que solo la fraternidad da se presentaba, entonces su verdadero ser aparecía. Algo diferente al que Gozaburo les había inculcado.
-Si. Al menos ya no grita.
El muchacho que con facilidad rodaba su silla de ruedas, sonrió. Instalándose frente al escritorio que ambos compartían en aquella casa.
-Papá te habría desheredado ya.
-No lo creo. Pero tal vez habría enfurecido a morir.
-Tu negro sentido del humor me enferma.
-Cuando quieras.
Ambos eran muy similares. Criados bajo mano estricta ambos habían alcanzado niveles fascinantes de inteligencia cuando desde pequeños fueron sometidos a duros entrenamientos mentales que en cierta forma habían ayudado a fomentar un duro y estricto carácter en ambos.
Ente los dos había una diferencia de casi cuatro años y sin embargo cuando se trataba de negocios, el heredado carácter Kaiba salía a la superficie convirtiéndolos a ambos en témpanos irrompibles de hielo.
Más siempre existían las excepciones.
-¿Y cuando comenzarás?.
La voz sutil de Noa rompió el corto silencio en el que se vieron sumergidos y sin embargo para el mayor no fue molestia.
-Hoy. Más tarde.
-¿Y sabrás en qué curso irás?.
-En el último seguramente. Ambos sabemos que no requerimos de una Universidad, sin embargo es mi deseo cursarla.
-Claro. Papá siempre fue...muy estricto en cuanto a la educación fuera de casa. Jamás lo comprenderé.
Y de ahí el secreto de que de los dos Noa era el más sensible, aunque pudiera llegar a comportarse tan estoico como su hermano mayor.
Tal vez había sido que Seto reconfortaba a su hermano cuando este más lo necesitaba, sin llegar el castaño a comprender el cómo lo había hecho. Sin embargo las cosas estaban hechas ya y los resultados eran más que asombrosos.
-No te quiebres la cabeza con eso. Olvídalo.
Noa comprendía el odio de su hermano hacía su padre y sin embargo él no podía sentirlo. A pesar de que en ocasiones los había tratado peor que a animales.
-Me alegra saber que eres feliz.
-¿Quién te dijo que lo era?. La voz retante de Seto se escuchó siseante.
-Bueno...vas a la Universidad por tu gusto¿no?.
-Si.
-¿Entonces?.
La sonrisa irónica del mayor respondió la cuestión, por lo que Noa simplemente resopló y movió la cabeza de lado a lado.
-Eres imposible. Solo deseas vengarte de papá¿no es cierto?.
-Creo que el diagnóstico: Brillantez queda corto para ti, hermanito.
-Y yo creo que vas a lograr tu venganza aunque papá ya no te vea.
-Pero se retorcerá en su tumba. Ya lo verás.
Noa no supo si reír o no por lo que simplemente sonrió.
Gozaburo les había prohibido siempre asistir a escuela alguna relegando su educación a él o a tutores que pasaban fuertes dispositivos de examinación antes de ser aprobados.
Jamás se sabrían los motivos para tal locura y sin embargo Seto rompería las reglas y estudiaría en la Universidad. Más no en una cualquiera sino en una pública. Eso le daba más sabor a su venganza.
-Espero al menos que te sirva de algo.
-Claro, para reírme de esos ineptos que tardaron años en llegar a donde están. Yo bien podría cursar tres carreras en un día mientras que esos mequetrefes...
-Si, lo sé. Pero hazme un favor¿quieres?.
-Dime.
-Al menos diviértete un poco. Si vas a vengarte de papá, haz el trabajo completo.
El guiño del menor hizo sonreír verdaderamente a su hermano.
Otra idea loca de su padre había sido la cero diversión, de no ser por los juegos de prueba que la compañía algunas veces creaba o los simulacros de aviación o de autos que de vez en cuando empleaban para alguna estrategia de estudio jamás se habrían desahogado un poco.
La recreación era una prohibición extremista que la sola mención causaba náuseas en el hombre.
Sin embargo con él muerto y la libertad necesaria ambos muchachos podían hacer lo que mejor les conviniera y si eso incluía cierta diversión negra, por supuesto que lo harían.
-Trataré de hacer algo al respecto.
-Bueno, entonces vete ya. No quiero que llegues tarde a tú primer día de "escuela".
-Chistoso. Gruñó el mayor incorporándose de su asiento.
-Yo mientras tanto estaré al pendiente de la empresa. Ya verás que los inútiles de la mesa directiva no se dan cuenta de nada.
-Eso espero.
Ambos se despidieron y Noa acompañó a su hermano hasta la puerta, dónde le vio tomar uno de los muchos autos que después del funeral ambos se habían atrevido a comprar.
Muerto el problema se daban el lujo de lo que fuera o al menos de lo que podían hacer.
Por eso mientras el muchacho de cabellos azules veía a su hermano desaparecer pensó en su situación y en lo mucho que le habría gustado acompañar a su hermano en su nuevo recorrido por el mundo. Sin embargo existía varias imposibilidades que se lo impedían, principalmente la silla que le hacía el favor de moverlo.
Un tramo amargo para una mente tan joven.
-Hay que continuar. Musitó, apartándose de la puerta y retornando a su habitación en la planta baja, dónde mantenía su mente ocupada con algunos videojuegos. Después de todo él también trataba de aprovechar el tiempo perdido aunque su hermano dijera lo contrario.
La universidad no era la mejor, ni mucho menos lo que esperaba sin embargo el nivel de educación era aceptable así como la construcción y el inmueble.
Algo que seguramente su padre habría despreciado a morir y eso le ocasionó un punto más de satisfacción.
Con total altivez y desplegando su dura mirada azul es como salió de su auto. Ahí estaba entonces, cumpliendo su más añejo capricho el cual era experimentar lo que era educarse lejos de las paredes de su casa. En un ambiente totalmente distinto al que estaba habituado y rodeado de seguramente un montón de tontos que aprenderían mucho más de él que de cualquier pavada de inútiles profesores.
Su narcisismo cubría niveles impensables sobre la faz del universo, más alguien de su estatus y con todas las cualidades que su padre le había sabido imprimir, con mucha razón permanecía dentro de sus lujosos zapatos.
Caminando despacio fue como se encontró con el ambiente habitual de una Universidad. Chicos conversando, estudiando, riendo. Algunos enfrascados en la resolución de su tarea o coqueteando descaradamente con alguna chica que solo se hacía desear.
-Un vil ambiente escolar. Basuras inferiores.
Se mofó abiertamente sosteniendo perfectamente bien su maletín y caminando con su aire arrogante y estilizado de siempre.
Un espejo seguramente podía mentir algunas veces y sin embargo tantas miradas posadas sobre una sola persona no podían hacerlo.
Seto Kaiba era conciente de que su manera de ser lo había dotado de un cierto aire atrayente que desplegaba siempre que deseaba minimizar a alguien.
Su porte de ejecutivo y los exquisitos rasgos que conformaban su rostro solo podían valerle miles de sonrisas y suspiros que obviamente acrecentaban su vanidad.
Se miró entonces frente al edificio central en donde el decano o la persona "apropiada" lo guiaría en ese su primer día de clases, pero con la diferencia de que él estaría en último grado solo por el afán de hacerlo.
-Buenos días señor Kaiba, lo estábamos esperando.
Un hombre de mediana edad y traje gris lo saludó en la recepción, permitiéndose un poco de confianza con el muchacho al palmearle un hombro.
Seto miró el acto como indeseable y así se lo hizo ver al decano que tembló un poco ante el encuentro de los zafiros congelantes.
-Yo...le doy la bienvenida. Todos nos sentimos sumamente halagados de que haya elegido nuestra institución para...
-Si puede darme mis horarios se lo agradeceré. Estoy perdiendo tiempo y como sabrá, cada segundo cuenta para mi. La holgazanería no me gusta.
Duras y directas palabras para un muchacho no mayor de los veinte tal vez o al menos eso pensó el hombre que comenzó a sentir que sudaba descontroladamente.
-Si, si, claro usted está acostumbrado ha...sígame por favor.
De nuevo la mirada fría del castaño había obrado para conseguir lo que deseaba, concluyendo así con el absurdo protocolo probablemente inventado para esa ocasión y con las miradas del personal que no desviaron su dirección sino hasta que estuvo lejos de la habitación.
-Lo guiaré hasta su área de estudio. ¿Dijo que desea Administración?.
-Si.
-Por lo regular los otros estudiantes tratan de elegir carreras no muy difíciles ya que...
-Yo no soy como los otros.
El decano comenzó a creer entonces en los rumores sobre el reacio y difícil carácter que el joven dueño de KC poseía.
Él tenía conocimiento sobre el trabajo del castaño y su enorme capacidad intelectual y sin embargo no terminaba por comprender el por qué se encontraba en la Universidad cuando obviamente no la necesitaba.
-"Caprichos de ricos". Pensó el de traje gris, cediéndole el paso a su importante nuevo estudiante.
Así pues durante aproximadamente tres minutos ninguno de los dos cruzó palabra mientras se dirigían al edificio dónde alguna de las clases del muchacho se impartirían.
-La universidad está constituida en su mayoría por secciones. De esta manera se nos facilita la localización de materias y carreras. Esta es la "D" en donde la mayoría de sus materias se imparten.
-Comprendo.
-Su horario se le entregará más tarde. Por ahora tiene clase con el profesor Fuiku, que es si me permite adelantarle un magnífico Administrador y experto en Mercadeo. Espero no tenga dificultades con algunas cosas, ya que cómo no ha cursado materia alguna que se...
-Eso no es de incumbencia social. Así pues si me permite tengo un horario que cumplir.
Y el castaño caminó, importándole muy poco el gesto de sorpresa del decano, lo único que le importaba era cumplir con sus objetivos.
Decir entonces que la clase de Administración Mercantil había sido aburrida, habría sido como decir que la lluvia no tenía agua.
Tal vez el profesor encargado era una eminencia espectacular en el tema y sus conocimientos eran gigantescos comparados con los de cualquiera. Pero sin embargo y desde que Seto Kaiba hubo puesto un pie en el aula, cada una de las miradas estuvo atenta a sus movimientos y acciones dejando de lado al casi siempre alabado profesor de melena lila que en ciertos momentos evidenció su enfado.
Sin embargo era inevitable no admirar al nuevo estudiante. Pues no solo un increíble historial le respaldaba, sino los cuchicheos del por qué o cuales motivos lo llevaban a estudiar ahí.
Así pues entre chismes y risas la clase concluyó, cediéndole el paso a varios curiosos que con un poco de desconfianza se conglomeraron alrededor del castaño para disolver sus cuestiones.
-Hola, yo soy Avy y ella es Akiko. ¿Tú eres Seto Kaiba, verdad?.
Más el aludido ni siquiera se inmutó a la pregunta. Él continuó tecleando rápidamente sobre su portátil una nueva idea que su magnífica mente hubo diseñado apenas sentarse en uno de aquellos simples pupitres.
Ambas muchachas se miraron entonces con cierta interrogación, sin embargo no se rindieron en su intento por acercarse al magnate.
-Nosotras nos preguntamos si ya conoces las instalaciones. Si no, podemos guiarte para...
-Por lo regular no tengo radios, ni permito que mis sirvientes hablen en voz alta. ¿Tienen idea del por qué?. Indagó sin despegar su azul mirada de la pantalla.
Las muchachas miraron a su alrededor buscando alguna respuesta de los demás curiosos que trataban de entender las gráficas que el castaño realizaba.
-¿Por qué hacen mucho ruido?. Intentó una vocecilla en la parte trasera del círculo, ganándose varias miradas.
-¡Exacto!. Sonrió el ojiazul elevando la mirada para que todos pudieran ver la "felicidad" en él.
Sin embargo cuando los presentes se reían por la obvia respuesta, Kaiba impresionó nuevamente con su manera de ser.
-Ahora que lo saben, retírense de mi presencia. En el acto.
Exigió, dirigiéndoles una gélida mirada a cada uno de los jóvenes que comenzaron a retirarse y a murmurar cosas no muy buenas sobre el magnate genio.
Seto exhaló aire varias veces. Odiaba los chismes y sobre todo que lo acosaran de tal manera.
La clase, como supuso fue lo más aburrido que había experimentado en su vida y fácilmente habría podido resolver el problema que a la clase le hubo tomado toda la hora en resolver. Sin embargo si estaba ahí era para cumplir su objetivo el cual no quería decir que debía socializar con alguien.
Las personas para él eran como molestos insectos que volaban a su alrededor en busca de sangre que succionar.
Él tenía la habilidad y el derecho de espantarlos o incluso matarlos si intervenían con su estabilidad y ocupada agenda.
En sus planes no estaba el tratar con las personas y así seguiría siendo aunque terminara por convertirse en el más odiado por el mundo.
Ya estaba acostumbrado a ello y un montón de personas más uniéndose a la lista no cambiarían los resultados.
Sin embargo de la misma manera en que se tentaba al destino ese día fue hecho dos veces.
Joey estaba llegando a su límite de cordura. Tristan estaba enfrascado en una teoría de números con Duke, un chico extraño que estudiaba algo similar a lo del morocho pero que en ese momento no quiso recordar.
Ambos amaban todo lo que tenía que ver con números y cosas eléctricas o que necesitaran de energía para funcionar.
Sin embargo y mientras Tristan estudiaba para crear el motor más perfecto del universo, Duke lo hacía para fundar su propia empresa encargada de sistemas computacionales y parecidos pensamientos a los del morocho.
Por algo el rubio sabía que se llevaban perfectamente. Eran amigos geniales con los cuales se podía contar siempre a pesar de que sus personalidades eran muy distintas. Pero cuando se enfrascaban en discusiones sobre la velocidad o la energía necesaria para la combustión de no sabía que diablos que, comenzaba a dolerle mucho la cabeza.
Si algo jamás había tolerado habían sido las matemáticas y los números que pudieran sobrepasar los cuatro dígitos. Recordar las calificaciones reprobatorias y cursos de verano en la preparatoria era remontarse a situaciones que no le gustaban en nada, mucho menos revivir.
Por ello indicándole a Yugi y a Tea que saldría de la cafetería se dirigió a la salida más cercana.
-Hey¿por qué se fue ese loco?. Cuestionó Tristan al de cabello tricolor.
-Ya sabes que no le gustan los números y ustedes lo exasperan. Comunicó el muchacho con toda la confianza del mundo.
-Es que Joey es un cabezota. Inquirió Duke, acomodándose el zarcillo de la oreja izquierda. Una moda única e irrepetible de su "galantería".
-Si, no sabe discutir de lo bueno de la vida. Asegundó Tristán.
-Pues yo estoy con él. No entiendo nada de lo que hablan. Finalizó Tea mirando a los chicos que cómplices se sonrieron.
Todos habían asistido a la misma preparatoria y ahí había iniciado su sólida amistad en dónde todos conocían debilidades y gustos de todos, importándoles muy poco lo que cualquiera pudiera pensar de su relación, pues amistad más extraña no podía mirarse tan a menudo.
Tres artistas junto a un par de intelectuales no era común y sin embargo ahí estaban, llevando su amistad a la cima.
-Yugi, deberías de decirle a Joey que este par solo quería molestarle. Ya sabes, por si se enfada.
El más pequeño asintió, retando a sus dos amigos quienes rieron al saber agotada la paciencia del rubio.
-¿Cuándo cambiarán?. Musitó Tea mirando al de cabello tricolor salir de la cafetería y regresar con el rubio quien a duras penas trataba de no tirar su cigarrillo. Un hábito que sus amigos no gustaba pero sin embargo, respetaban.
-¿Ya terminaron con sus ideas de Einstein y esas cosas?.
-No Joey, si hubiéramos querido hablar de Einstein hace años que te hubieras suicidado.
Yugi golpeó a Duke quien rió junto a Tristan al saberse culpables de aquella repentina complicería.
-Lo dudo. De todas maneras gracias por el dolor de cabeza susurró Joey.
-De nada.
Y mientras Tea reñía una vez más sobre no hacer enfadar al rubio que seguramente estaba agotado por sus trabajos matutinos, este descuidadamente y apagando lo que restaba de su cigarro miró a su izquierda, donde un grupo numeroso de chicos se congregaba.
-Hey. ¿Qué ocurre ahí?.
La discusión se detuvo para prestarle atención al rubio quien señalando el grupo de muchachos volvió a interrogar con la mirada.
-Quien sabe. Tal vez algún loco jugando vencidas. Respondió Tristan sin mirar absolutamente nada.
-Puede ser. Asegundó Tea brincando tan alto como sus pies podían.
Sin embargo el barullo aumentó y aunque la curiosidad de los amigos fue mucha mas terminaron por ignorarlo y convencerse de que lo sabrían después por algún medio.
Más Joey curioso por naturaleza se encontraba a la expectativa de lo que fuera, importándole muy poco que sus amigos hablaran sobre las materias difíciles o el nuevo reclutamiento para la obra escolar.
Por otro lado y no lejos de ahí Kaiba se debatía entre mandar al diablo todo ese estúpido asunto de la Universidad o no.
Había decidido ir a la cafetería en busca de un poco de paz encontrándose exactamente con el mismo remolino de chicos curiosos que sin reparo se congregaban a su alrededor cuestionando cosas tontas que solo le estaban provocando jaqueca.
Y era extraño que no hubiera gritado ya, sin embargo la idea de que Noa se burlara de él por no soportar ni un solo día de clases menguo un poco su ira, reemplazándola con la idea de no ser humillado por su hermano menor.
Él no iba a darle el gusto y ganaría la apuesta.
Noa le había dicho que no soportaría una semana en la universidad y él, como todo reto frente había aceptado la apuesta poniendo como "módico" objeto de voto la creación de un nuevo chip de robótica el cual se lanzaría al mercado con el respaldo de alguno de los dos.
Eran usuales esas competencias que al final solo beneficiaban a KC, sin embargo una patente era una patente y el crédito era lo mejor.
Así pues no soportándolo más el genio terminó por incorporarse casi violentamente de la mesa y caminando hacia cualquier lugar que la "chusma" esa no pudiera alcanzar. Sin embargo era como un acoso. Ser el centro de atención era algo a lo que estaba acostumbrado pero eso era excesivo y muy molesto.
-¡DEJENME EN PAZ. INÚTILES!. Gritó, apretando el mango de su portafolio con fuerza.
Pero ni eso hizo desistir a su grupo de fans quienes continuaron siguiéndolo alrededor de la cafetería lanzando cuestiones inútiles y bobas.
-Joey...Joey...¡JOEY!.
-¿Qué?. Indagó sobresaltado.
-Tea te pidió que si le traías un pie de queso. Ya casi se agotan. Señaló Yugi la barra de alimentos en donde un grupo de chicos bromeaban.
-Ah, si.
El rubio había quedado abstraído en la idea de averiguar lo que ocurría sin embargo y en cuanto el numeroso grupo de chicos se movió con él lo hizo lo que había formado esa conmoción quedando totalmente en ceros y con más curiosidad que antes.
Más olvidando eso por un momento recordó que no había comido y sino se daba prisa la hora del descanso finalizaría y la siguiente clase requería de todas sus energías para dar a conocer su mejor dote histriónico.
Así pues sin chistar se incorporó y avanzó a la barra en donde Jill Kita, un joven bromista por naturaleza y que cursaba sus clases se encontraba bromeando nuevamente con su grupo de amigos quienes reían estrepitosamente.
Joey entonces se detuvo a mirar la maniobra de Jill. El muchacho había logrado mantener el equilibrio sobre una mano mientras elevaba todo su cuerpo hacia arriba.
Una faena asombrosa que requería de total concentración y equilibrio.
Fue entonces que las cosas sucedieron y el destino puso su mano para la modificación del rumbo.
Como era de esperarse Jill perdió el equilibrio y calló de espaldas empujando a uno de sus compañeros quien a su vez empujó a una chica y esta a un chico que caminaba con una charola repleta de comida.
El caos era de imaginarse pero no el accidente que le sobre vino.
Tratando de huir de sus "fans", Seto se acercó a la zona de la barra tratando de no mostrar sus ya perdidos estribos y no matar a esa bola de ineptos que le seguían como abeja a la miel.
Sin embargo no se percató del accidente suscitado unos pasos frente a él y terminó cayendo al piso debido al desastre de la comida.
La caída había sido atroz, escuchando risitas de burla de fondo que habían terminado con su paciencia.
Sin embargo ahí no había terminado el asunto. Un inútil más había caído sobre él, aprisionándolo en el piso sin salida.
En cuanto se hubo recuperado del choque y pretendía patear al o a la inconsciente que se encontraba sobre él, fue que sucedió.
Joey no pudo evitar caer también con aquella coalición por lo que sin saber cómo termino en el piso sobre alguien.
Listo para disculparse o en su acto gritar por aquella incompetencia y falta de sensatez por parte de Jill, fue que sus ojos se toparon con otros que le hicieron retener el aliento por tiempo indefinido.
Azul y castaño se miraron anonadados. Observando mucho más allá de un superficial color. Emociones encontradas y fantasías momentáneas no terminaron con el cálido contacto que un par de desconocidos efectuaron frente a las risas y miradas. Pero dentro de su mundo particular que detuvo el tiempo y les cedió la eternidad en un momento.
Escalofríos sintieron ambos y la piel erizada por tan solo mirar en la profundidad de un azul y unos ojos melados que decían más que mil palabras juntas de sinceridad.
Fue así como el primer contacto se dio y del cómo el destino fraguó una vida que al final incierta se volvería.
Continuará...
KLF
