TITULO: Dreams
Capitulo: Miradas
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: hacía unos meses que vivía solo. A pesar de las condiciones en que lo hacía, para él era como la libertad.
Su padre, alcohólico de profesión había hecho de su vida un desastre completo dándole responsabilidades que jamás le habían concernido.
Sin embargo lo había soportado todo por su hermana, quien no merecía saber la clase de calaña en la que se había convertido "su" padre.
Del hombre generoso que cada noche arribaba a casa con una caja de chocolates o caramelos, nada había quedado.
Solo y tal vez el recuerdo de una vida más feliz que jamás regresaría.
Mirando el techo que más parecía colador que lo que debía ser, suspiró profundamente tratando de no mortificarse más.
Su vida era complicada. Y no era que se sintiera el más pobre ser humano sobre la faz de la tierra, solo pensaba en lo que habría sido de él si todo hubiera sido normal.
Una infancia de juegos y bromas. Una madre que lo esperara en casa con la comida lista y una sonrisa o un leve regaño tras alguna travesura.
Un padre trabajador y responsable, cuya única y verdadera prioridad se encontrara en su familia.
Y por último una hermana saludable que charlara por teléfono largas horas con sus amigas, esperando conquistar al chico que hacía a su corazón latir.
Un sueño bello e idealista que sin embargo jamás sería.
Había recibido todo lo contrario, siendo su hermana su mayor preocupación.
La muchacha de nombre Serenity yacía enferma desde hacía muchos años y él, impotente pero siempre dispuesto a ayudar, se había entregado a ella sin importarle el ceño fruncido de su madre o la debilidad que poco a poco carcomía la vida de la única persona dentro de su familia por la cual valía la pena luchar.
La muchacha de rasgos bonitos, inocentes y sonrientes era su luz. Su vida y simplemente no se imaginaba la vida sin ella. Aunque físicamente estaban separados.
Un día su madre se la había llevado pero ni eso había sido suficiente para detener su amor.
Sin embargo y aunque se esforzaba en sus empleos por alguna moneda extra que fuera a parar como siempre al fondo para los estudios médicos de su pelirroja hermana, ninguna ciencia podía dar con la causa o nombre de la extraña enfermedad. Creando así muy pocas esperanzas de vida futura para la chica.
Sin dudarlo la mala suerte lo perseguía desde siempre o al menos parte de ella hasta hacía unos meses.
Cansado ya de prácticamente mantener a su padre, soportar su ebria existencia y tolerar sus juergas y desfachatadas "bromitas" había decidido partir a la Universidad con o sin el consentimiento de su padre y tras una discusión que había finalizado con una certera y fuerte bofetada sobre la faz del rubio, también el vivir lejos se había hecho presente.
La casa en la que vivía no era exactamente la morada del príncipe feliz rico y gallardo, pero al menos le servía para dormir y tener en dónde guardar sus escasas pertenencias.
No podía pagar la renta de un departamento y todas las habitaciones dentro del campus estaban ocupadas ya, por ello debía economizar un poco y aunque acostumbrado a sostener una casa, nada se comparaba con aquello.
-Pero estoy seco. Sonrió, recibiendo una gota de lluvia sobre su faz.- Bueno, un poco.
Y a pesar de los nubarrones sobre su vida él siempre sonreiría, porque no quedaba más que eso o de lo contrario sabía se deprimiría con gravedad.
Su sustento actual eran sus amigos y hermana. Más allá no deseaba nada o al menos jamás lo había pensado así.
Y sin saber el por qué un par de ojos azules acudieron a su mente, provocándole un leve sonrojo que lo hizo suspirar y al instante fruncir el entrecejo.
-Altanero idiota. Pronunció convencido plenamente de sus palabras pues las memorias de esa mañana llegaron a su cerebro con rapidez y sin sentido.
No terminaba por comprender el cómo había quedado hechizado bajo unos escrutadores ojos azules quienes no se habían separado de su mirada solo y hasta que Jill le hubo golpeado en la cabeza pidiendo su atención.
Fue entonces donde se percató de que permanecía muy cerca del rostro del otro muchacho que a parte permanecía bajo su peso.
Sonrojado hasta los pies se levantó rápidamente, tendiéndole la mano al joven que con total categoría le hubo rechazado y con sorprendente agilidad se levantó.
-"Ten más cuidado, idiota. Arruinas mi traje".
Y él, sorprendido había reaccionado con un tartamudeo digno de su ansiedad, más sin embargo la cambiante mirada azul le congeló el sistema.
-"¿Qué?. ¿Tengo algo pintado en el rostro, perro?.
-"¿Cómo me llamaste?". Indagó de inmediato, sintiendo que el antes sonrojo se transformaba en enfado.
-"Perro y lo repito. Pareces un perro con cara de bobo esperando a que su amo lance la pelota para babearla y después dejarla en el piso".
Y el enfado subió a su cerebro como bomba atómica.
-"Mira quien insulta. La nueva adquisición para la Universidad. Qué¿tus papis se enfadaron contigo y por eso te mandaron por aquí?. Esperemos que el niño mimado no sufra demasiado por su trajecito de marinerito".
A su espalda el grupo de Jill había reído con estruendo. Si a insultos deseaba jugar aquel castaño de ojos azules, él también podía hacerlo.
Más jamás, a pesar de haberse embaucado en infinidad de peleas callejeras, había experimentado la fuerza enorme de aquel tipo que con facilidad lo había tomado de la solapa de la camiseta y arrinconado sobre la barra de alimentos haciéndole daño a su cintura.
-"Escúchame bien, perro. No vuelvas a meterte conmigo¿entendiste?".
-"Qué...miedo me das". Fue la respuesta que se hubo ganado un empujón fuerte y un sonido de dolor.
-"Quedas advertido, perro".
Y sin más había visto partir al castaño tras haberse derrumbado en el piso.
Al instante Trsitan había salido en su auxilio, mirando de reojo a Duke quien era sostenido por Yugi para no salir tras el ojiazul y golpearlo.
-"¿Te sientes bien?".
-"Ese sujeto tiene una fuerza horrible. Y pensar que se ve tan inofensivo."
Había sido su respuesta, tratando de darle un toque bromista al asunto.
Sin embargo durante todo el día había pensado en los ojos azules de ese sujeto y en la intensidad de gamas y sentimientos que tan solo una mirada le había permitido experimentar.
-Todo por accidentes bobos. Susurró, esperando dormirse en el acto o de lo contrario no se levantaría para su trabajo matutino, el cual había tenido suerte en encontrar gracias a un buen contacto y a una buena fe.
Sin embargo no solo Joey tenía mala noche, Seto por otro lado lidiaba de manera rápida y no tan eficaz con la mesa directiva la cual lo había congregado esa misma noche en la sala de juntas de KC.
-Es que es inaudito. Habló un hombre de traje pulcro y de apariencia estable.
-¿Qué es lo inaudito?. ¿Qué haya decidido hacer mi vida como se me antoje?.
-Exacto.
-Entonces han perdido su tiempo en citarme aquí.
-La compañía es importante.
-Le hemos dado años de nuestra vida.
-Y no podemos permitir que por el simple capricho de un muchachito, toda la compañía se valla a la basura.
-No sabemos cómo Gozaburo pudo dejar a sus hijos frente a KC.
Kaiba escuchaba todo de manera distante y hasta cansada. Lo que deseaba en verdad hacer era ir a su casa y recostarse sobre su mullida cama.
Su día había sido interesante y estresante. No comparado con sus días en la empresa pues no siempre lo acosaban tan abiertamente como ese día. Sin embargo en lugar de charlar con su hermano o de permanecer ocupado en sus propios asuntos, se encontraba escuchando a una bola de decrépitos hombres que solo trataban de quitarle la empresa que su hermano y él habían salvado de la ruina y perdición.
Esa era la batalla de nunca finalizar y comenzaba a pensar como un hecho la posibilidad de mandar aniquilar a esos hombres sin dejar rastro.
-No olviden. Pronunció tratando de no perder los estribos.-Que muy joven o no soy el actual y legítimo dueño de KC y que en su derivado, si algo llegara a sucederme mi hermano Noa se haría cargo de la compañía.
Por ello ustedes no tienen absolutamente nada que reclamar. Si fue mi decisión estudiar en la Universidad es un asunto que solo me concierne a mí.
-Pero está prohibido por las leyes que un menor...
-¿Y quién dijo que dejaría la compañía?.
Los hombres se miraron. Habían descubierto de buena fuente los planes de Kaiba y creyendo eso como una nueva oportunidad para apropiarse de la compañía habían citado al mayor de los Kaiba para exponerle su disconformidad y próximos proyectos. Sin embargo y al igual que siempre el muchacho castaño lo tenía todo perfectamente planeado.
-Noa se hará cargo de ella mientras tú te encuentras estudiando.
-Y según la ley no puede hacerlo.
-Hasta que cumpla la mayoría de edad.
-En efecto. Asintió Seto bastante cansado.-Eso dice la ley. Sin embargo¿me creyeron lo bastante idiota como para dejar desprotegido a mi hermano?. En verdad no me conocen.
-Necesita una personas admitida por la junta que supervise a Noa. Y de una vez te aclaramos que no aceptaremos a nadie. Por ello si deseas continuar con tu idea de la Universidad la compañía será guiada por alguno de nosotros.
-Ah, que interesante veredicto. Medio sonrió el ojiazul al mirar el triunfo en cada rostro.-¿Pero olvidan a Max?.
-Max fue elegido para ti. No para Noa y nosotros no lo autorizaremos.
-Lástima que su palabra no cuenta. Si continúan aquí es porque no puedo revocar el contrato que mi padre les dio. Sin embargo puedo asegurarles que Gozaburo Kaiba de tonto, no tenía nada.
Sin prisa alguna el muchacho les tendió una carpeta en donde un montón de documentos se encontraban en perfecto orden. Algo que no gustó a los hombres.
-Esto es imposible. Murmuró uno sin creer lo que miraba.
-Si creyeron que mi padre fue tan estúpido como para no pensar en el futuro. Están equivocados.
Gozaburo se dio a la tarea de facilitarle un asesor a mi hermano, el cual y para maravilla de todos es el mismo Max.
Él lo firmo en presencia de notarios y testigos y ante eso me temo, no podrán hacer nada. Así pues si me place irme veinte años y dejar a mi hermano al frente de KC, lo haré sin miramientos.
Lo que más amaba Seto era ganar. Sentir la superioridad y la satisfacción de la victoria recorriendo sus venas cual adrenalina fresca, no tenía comparación.
Por ello al mirar el cetrino rostro de los hombres frente a él no pudo evitar sonreír con ironía y un poco de malvada dosis de sadismo.
-Sin más retírense y no vuelvan a meter sus narices donde no les incumbe. ¿Queda claro?.
Era una orden que los hombres acataron sin desearla realmente. Pero con las legalidades sobre la mesa nada podían hacer.
Por ello y con la derrota sobre sus cabezas se retiraron, dejando la victoria una vez más en manos de aquel muchacho que más que admirarlo por su intelecto, siguieron odiando.
-Para otra ocasión asegúrense de informarse mejor. Imbéciles.
La soledad le dio entonces un respiro y pudo reclinarse confiadamente sobre su silla para continuar disfrutando de su victoria.
Era increíble como los buitres sobrevolaban la empresa. Cierto, su padre lo había sido todo menos idiota y contratar a las bestias de su mesa directiva había estado basado en una estratégica que el hombre le había enseñado una vez mientras jugaban sus acostumbradas retas de ajedrez.
-"La vida es como una pieza de ajedrez. Cuando menos lo esperes se mueve y con ella todas las demás piezas. Cada jugada debe estar siempre perfectamente planeada y sin riesgo a que alguien pueda hacer un jaque mate. Tú debes siempre dominar el juego y todo lo que conlleve a la victoria".
Y eso era lo que hacía. Siempre dominaba el juego aunque no siempre como lo deseaba.
Tratando de no perder más su tiempo bajó por su ascensor privado y se introdujo en la limosina que esa noche había elegido como medio de transporte. El sobre estrés y la carga de ese día le impedían efectuar cualquier cosa.
Sin embargo el arte de pensar siempre estaba presente y jamás lo dejaría. Averiguándolo entonces cuando reclinado sobre el sofá acudieron a su memoria un par de ojos melados que lo hicieron estremecer.
El cómo existía tanta incertidumbre y bondad al mismo tiempo dentro de un solo color y persona. Jamás lo sabría. Sin embargo la gama de emociones experimentadas por tan solo una mirada, eso si que le causaba perplejidad.
Él jamás había experimentado tal cosa, mucho menos con una persona.
Siempre acostumbrado al acoso de algunos y de la recia mano de educar de su padre había dejado de lado los sentimientos, descubiertos esa mañana tras un accidente.
-Perro idiota. Musitó, recordando todo lo sucedido después de que el hechizo o lo que fuera que lo mantuvo hipnotizado sobre aquellos ojos se desvaneció.
El dueño de aquellos bellos ojos había resultado ser un chico para nada agradable. Lejos de su condición social, educación e inteligencia por lo que de inmediato había resultado inevitable y visible la mutua repulsión, terminando en insultos y forcejeos que a su parecer habían resultado del acoso de sus "fans".
-Bola de inútiles cabeza hueca. No saben con quien se meten.
Su humor no era ni muy malo ni muy bueno o eso pensó Noa cuando lo recibió en el umbral de la puerta.
-Al parecer esos hombres te amargaron el momento¿verdad?.
-Como siempre. Inútiles que solo sirven para nada. Asintió Seto, derrumbándose sobre uno de los sofás de la sala.
El de cabello azul sonrió y animando a su hermano mayor trató de comunicarle algo bueno.
-¿Sabes?. Hoy vino el doctor.
-Qué dijo. Inquirió el mayor, tras mirar los ojos que se parecían a los suyos.
-Dice que estoy progresando. Al parecer la terapia está funcionando.
Y no era para menos. Los fisioterapeutas y especialistas que Seto había contratado para su hermano eran los mejores.
-Me alegra saberlo.
-¿Si?.
El mayor de los hermanos asintió, acariciando la cabeza del que sonrió y sintió el afecto de quien más lo había querido en esa vida.
-Espero pronto volver a caminar. Quiero…quiero correr como el viento, compartió Noa. Su sueño era ese y truncado se encontraba por sus físicas razones.
Seto jamás comprendería del todo aquel sueño, sin embargo si su hermano lo deseaba entonces él se lo daría.
No habían sufrido una infancia terrible solo para ser él quien realizara lo que deseaba y dejar a su hermano a la deriva y con su problema.
Ambos tenían el derecho de hacer y disfrutar de su nueva vida como lo quisieran y él lo haría todo por Noa.
-Te prometo que correrás como el viento muy pronto. Pero mientras eso llega debes esforzarte cada día por salir adelante. Nada de "estoy cansado" u "hoy no". ¿Entendido?.
El falso tono de orden que el castaño lanzó solo provocó que de los suaves y delgados labios de Noa se formara una sonrisa.
Si al peliazul le pidieran identificara a su persona especial en la vida, esa sin duda sería su hermano mayor. Y no era de dudarse porque Seto había hecho por él más de lo impensable, así como protegerlo y cuidarlo aunque su padre se lo prohibiera.
-Gracias, hermano. Fue todo lo que musitó el menor a sabiendas de que ambos no sabían expresar sus sentimientos de mejor manera.
Seto asintió, sonriéndole levemente al que siempre había sido su prioridad.
Ambos simplemente permanecieron en silencio por largos momentos. Así como muchas veces en el pasado.
Ese era su lenguaje especial. El silencio. El que ninguna palabra, ofensa o regaño podía arrebatarles y que era tan suyo como sus propios pensamientos.
Se entendían a la perfección y no necesitaban de más para expresar lo que en palabras no podían.
-Es tarde. Es mejor que vayas a dormir.
-No tengo que madrugar. De todas maneras es aburrido hacerse cargo de algo que tú haces por las noches.
-No me retes. Enarcó una ceja el mayor haciendo reír al peliazul que solo negó con la cabeza.
-Solo me iré a mi habitación porque sé que estas cansado y que no vas a hablar conmigo sobre tu "fantástico primer día de escuela". Pero ni creas que te librarás mañana de mi interrogatorio, he.
El castaño suspiró cansadamente. Cuando Noa deseaba ser terco lo era. Incluso superando por mucho su propia terquedad.
Pero ambos eran Kaiba y era inevitable no serlo cuando tantas cosas en común los unían.
-De acuerdo. Pero ahora a dormir que mañana te toca terapia.
Noa asintió y palmeándole el brazo a su hermano guió su silla de ruedas fuera de la sala.
-Oye. Pronunció antes de salir y mirar la puerta.
-¿Si?.
-¿Por qué no hay vida en este lugar?. Deberíamos de hacer algo. Cambiar las cortinas, la pintura…algo que le diera más luz a este lugar. ¿Qué opinas?.
Seto solo alzó los hombros. Una pauta silenciosa para que el peliazul hiciera lo que más creyera conveniente.
-Lo discutiré con el personal mañana. Buenas noches Seto y no te duermas tan tarde.
-No, mamá.
Noa rió y así la risa se extinguió mientras él se alejaba.
En completa soledad entonces el castaño desató su corbata y pudo exhalar todo el aire que de una sola bocanada hubo retenido.
Estaba cansado y no era el mismo cansancio de siempre.
Tal vez era porque sus actividades habían cambiado o porque simplemente no estaba habituado a todo el alboroto que los seres humanos hacían por naturaleza.
Su mundo había cambiado en un dos por tres y todo por vengarse del que yacía muerto.
-Sin embargo lo haré. Aunque eso signifique alejarme de la compañía un tiempo.
De ahí entonces una historia que llevaría siempre fresca en la memoria.
Cuando hubo cumplido los ocho años de edad, su obsequio de cumpleaños por parte de su padre había sido una enciclopedia de Economía, dónde las hojas de en medio habían sido señaladas para indicarle con números rojos el estatus que KC tenía entre la sociedad.
Gozaburo siempre solía echarle en cara lo que jamás tendría pues según el hombre jamás heredaría ni un cinco de su fortuna debido a su holgazanería.
Si estudiar quince horas corridas era holgazanear, entonces los inútiles que laboraban solo ocho estaban acabados.
Pero ese era el modo de pensar de su padre y entre más hirientes palabras más deseos de venganza albergaba hacia él.
El principal, demostrar que podía ganarse la empresa y después ya vería.
Lo primero en su agenda estaba ya cumplido, sin embargo aun faltaban otras cosas que aunque leves le causaban una enorme satisfacción por el solo hecho de haber sido prohibidas para su padre.
La represión siempre había sido su vida. Suya y de Noa, sin embargo él siempre había visto cosas que en el fondo de su corazón guardaba con recelo.
-No es momento de ponerse melancólico. Eso no sirve. Se dijo, cuando pensó se estaba acercando demasiado al terreno sentimental de todo ser humano.
Por ello decidió ir a su privado y trabajar un poco sobre alguna cosa que no estuviera en orden dentro de la compañía.
Sin embargo cuando se sentó tras el escritorio y pretendía plasmar la gama de ideas en las que había estado trabajando durante su poco tiempo libre en la mañana, volvió a recordar esos ojos que no podían salir de su cabeza con nada.
-Estupideces. Maldita sea, si este ha sido el peor día de mi maldita existencia y todo por ese estúpido perro. No quiero volver a verlo en toda mi vida.
Sin embargo y tiempo después sus palabras cambiarían.
El que había dicho alguna vez que no existían las coincidencias tal vez no conoció jamás a Seto Kaiba y a Joey Wheeler, quienes a toda costa y a pesar de estudiar cosas totalmente diferentes y a tal vez a "miles kilómetros" de distancias, parecía que el destino se había ensañado en ellos para hacerlos topar en todo sitio y en la hora menos afortunada.
Como era su costumbre y tras mirar escondido dentro del teatro universitario, Joey corría un Jueves en la mañana en busca de quitarle más horas al reloj para hacerle beneficio a él.
Sin embargo no era posible y dado su hábito no podía hacer nada.
Fue por eso y sin siquiera notarlo que tras pasar a toda velocidad por entre unos árboles en busca de cortar camino, que tropezó con quien menos deseaba.
-¿Tú!. Dios, el cielo debe odiarme mucho para ponerte frente a mí todo el tiempo.
-Pienso lo mismo. No se porque siempre me acosas.
-¿YO, ACOSARTE!. ¡ESTAS DEMENTE!.
En los días precedentes había sido inevitable que ambos y después de una "mágica" casualidad se enfrascaran en riñas tontas y palabras no muy sanas para oídos decentes, se toparan. Por ello en esa ocasión eso no había sido la excepción.
-Claro que no. Algo de lo que gozo y evidentemente tú no es de un cerebro excepcional. Me das lástima. Tener que acosarme a falta de una vida digna. Pero claro, eres un perro, estás acostumbrado a vagar por la calle y mendigando.
-Tú…tú eres…eres la persona más despreciable y maldita que he conocido en toda mi vida. TÚ ERES QUIEN ME ACOSA, ENFERMO MENTAL.
-¿YO!. ¿Y para que querría acosar a una cosa que no vale nada?. Es más, ni siquiera puedes ser nombrado persona. Porque Tú NO P-I-E-N-S-A-S.
Joey estaba arto. Aquel muchacho siempre terminaba humillándolo y él con deseos de golpearlo como nadie jamás le había hecho experimentar en su vida. Pero ese día no permitiría que ese chico con complejos de omnipotencia se burlara de él.
Por ello soltó su mochila y a sabiendas de que ningún directivo le miraba se lanzó hacia el ojiazul que con suma facilidad lo evadió.
-Huy¿el perrito se enfadó?. Que lastima me das. Obviamente ahí puede verse la clase de mediocre educación que tienes.
-Cállate. Tú no sabes nada. Riquillo de quinta.
Y de nuevo el rubio se lanzó hacia él, siendo esta vez recibido por la oculta fuerza del castaño que con la facilidad de quien toma una simple hoja de papel lo tomó por el brazo y lo dobló, provocándole un fuerte dolor al atacante.
-Obviamente la diferencia de inteligencias es mucha. Mientras yo lo medito tú simplemente te lanzas sin la más mínima concepción de lo que es el razonamiento.
Una prueba más de lo "salvajito" que eres.
Joey arrugó la frente a consecuencia del dolor que aquella maniobra le estaba provocando. Sin embargo jamás le iba a dar el gusto al ojiazul de escucharlo quejarse ni mucho menos de…
-Pídeme perdón y te dejaré ir.
-Nunca. Susurró el rubio, recibiendo un jalón más intenso que le sacó un involuntario quejido.
-Pídemelo o te rompo el brazo.
Joey podía sentir el suave murmullo del otro chico pues se encontraba muy cerca de su oído.
Con esos escasos días había podido percatarse del placer que humillar a otros le provocaba.
No solo lo había humillado a él cuando por la estúpida "casualidad" se habían topado en uno de los baños, en la puerta principal de la rectoría, en el estacionamiento, doblando la esquina de uno de los edificios y más recientemente en aquel lugar de descanso para los estudiantes, sino a otros más que durante los primeros días lo habían seguido cual zombi a la carne fresca.
El castaño era un petulante, pero tan fuerte como ningún peleador callejero al que se hubiera enfrentado.
Sin embargo el otro no lo conocía y no por nada lo respaldaba un historial completo de riñas y golpes que por lo regular había ganado él.
Por ello y mirando a la perfección la sonrisita pedante y de triunfo en el otro muchacho, fue como se fraguó demostrarle a aquel individuo quien era Joseph Wheeler.
Seto sentía que toda su frustración y enfados se terminaban con ese enfrentamiento.
No sabía el cómo pero en cualquier lugar se topaba a ese engendro, que lo único que le hacía experimentar era ansiedad, rabia y un odio totalmente irracional.
Las peleas verbales siempre habían sido su fuerte y sin embargo el rubio había sido un excelente oponente, eso no lo negaba. Sin embargo y debido a su fuerza, la cual parecía nula pero existente, le estaba enseñando al maldito bocón a respetarlo y como hacía cada vez que la victoria estaba de su parte se sintió perfectamente bien y dueño una vez más del universo.
Sin embargo su narcisismo no le hizo percatarse del astuto movimiento del rubio, el cual y tan rápido como solo un parpadeo lo empujó con fuerza provocando que tropezara y cayera sobre el pasto.
-¿Y ahora quién es el que rogará por el perdón?.
Seto miró al rubio sobre él, apresándole los brazos por encima de su cabeza y con una actitud arrogante que no toleró.
-¡Quítate!. Exigió, moviéndose pero sintiendo el dolor que él minutos antes efectuaba en el otro.
-No hasta que tú me pidas perdón. ¿Qué creías?. ¿Qué era tan débil?. No me conoces.
-¡Suéltame perro de quinta!. ¡Suéltame si no quieres que termine arrastrándote por toda la universidad y tu rostro de idiota se estampe contra el pavimento!.
-Si, aja. Bla, bla, bla. Hablas mucho amigo y no veo acción.
Joey se permitió sonreír con triunfo mientras apresaba más las muñecas del que con irá ya palpable trataba de safarse.
Aquel pequeño ataque había significado una pequeña venganza para aquel sujeto que lo hacía perder los estribos cada vez que se encontraban.
Desde el primer momento reconoció la antipatía que ambos se tendrían siempre y mirar al otro bajo su yugo lo llenó de algo parecido al sentimiento de la gloria.
Al menos se desquitaría un poco sobre aquel.
Sin embargo como todo en la vida las cosas volvieron a girar y estando Joey en un estado de ensimismamiento, Seto aprovechó para moverse un poco, entrelazar sus dedos con los del rubio y en un veloz movimiento girar. Invirtiendo así las posiciones.
-Primera regla. Jamás te confíes. Bobo.
Joey gruñó. Eso no podía estarle pasando por lo que realizó lo mismo que el castaño hacía momentos. Solo que evidentemente no pudo.
-¿Y quién es el mejor?.
-Cállate. Idiota.
Seto apresó aun más los brazos de Joey contra el pasto y sin embargo este miró una oportunidad al poner su rodilla sobre el abdomen del castaño para imprimir fuerza y girarse nuevamente. Ganando una nueva oportunidad en aquella pelea.
-Segunda regla. Jamás le muestres al oponente el cómo vencerte.
Seto frunció el entrecejo, más reconoció en el rubio un muy buen oponente. Sin embargo no llegó a alabanza.
Así pues Seto tomó con su pie uno de los de Joey y realizó lo que segundos atrás el otro había hecho. Volviendo a invertir las posiciones.
-Tercera regla. Lo mismo te digo.
Así y durante un buen tiempo ambos forcejearon, obteniendo momentáneas victorias que se veían opacadas con el vencimiento del otro comprobando de esa manera la compatibilidad que tenían para acoplarse al ritmo y modo de pensar del otro.
Sin embargo no todo dura para siempre y así lo conocieron los dos cuando cansados y con la respiración acelerada el último movimiento se efectuó, quedando ambos fuera del juego.
Uno de los dos, no sabiendo con exactitud quien, efectuó una extraña maniobra que terminó con una vuelta completa quedando el castaño sobre el rubio y este con un golpe bastante fuerte en la nuca.
-Yo vencí. Fue el murmullo entrecortado que el ojiazul lanzó al que con sumo dolor abría los ojos.
Fue en ese momento en que ambos volvieron a mirarse con claridad, dedicándose una mirada hipnótica igual o más intensa que la del día en que se hubieron conocido.
Azul y castaño habían vuelto a fundirse, indagando y sumergiéndose en los sentimientos y sensaciones del otro.
Era algo extraño y totalmente nuevo para ambos pues a pesar de estar exhaustos y algo golpeados, lo que dentro del pecho y en el estómago nacía no podía deberse a la riña de momentos antes.
Sin embargo era demasiado prematuro aun para que algo más pudiera ventilarse entre el par de corazones desconcertados por lo que al igual que un niño temeroso ante experiencias novedosas, uno de los dos volvió a tomar la iniciativa, siendo el castaño quien terminara en el pasto y con un golpe en la nuca.
-Empate. Murmuró el rubio incorporándose, tomando su mochila y alejándose del lugar.
Ya había perdido demasiado tiempo con aquel sujeto loco.
Kaiba tomó su cabeza tratando de detener el punzante dolor, sin embargo al saberse desconcertado inmediatamente frunció el entrecejo, realizando lo mismo que el rubio momentos antes.
-Maldito imbécil. Solo me haces perder el tiempo. Basura.
Y se alejó también pensado en lo que acababa de suceder y en lo extrañamente fascinado que se sentía.
-Debe ser la adrenalina de la pelea. Se dijeron ambos, comprendiendo que aquello catalogado ya como casualidad, se estaba transformando en otra cosa de la cual no deseaban saber.
-¿Pero qué te ocurrió?. Fue la pregunta del alarmado Yugi, quien preocupado por su amigo había salido de la clase para ir a buscarlo.
-Nada. Solo….me duele la cabeza. Respondió el otro. Pues sabía que revelar que se había "peleado" solo provocaría la exaltación de su preocupado amigo quien con rostro acongojado lo tomó de la mano adolorida también y lo guió hasta la enfermería en busca de algún buen remedio.
Al menos por ese día el par de jóvenes habían saciado lo que fuera que experimentaban cada vez que se miraban.
Continuará...
Bueno, que les parece, al parecer este par va a dar mucho de que hablar con sus riñas jajaj, pero esas son las mejores, sino no serían Seto y Joey jaja.
Gracias por sus lindos comentarios, me han ayudado mucho estos días
Cualquier comentario es más que bien recibido, sobre todo ahora q entramos a flashback.
Un saludo para todos, recordándoles q sin ustedes yo simplemente no viviría
Su amiga:
KLF