Kyouya "Kyou" Yagami: Hijo de Hikari, 11 años.
Takeshi Takaishi: Hijo de Takeru, 11 años.
Akira Motomiya: Hijo de Daisuke, 11 años.
Saome, Yuuto "Yuu" y Osamu Ichijouji: Hijos de Ken y Miyako. 11, 9 y 1 año.
Amizu "Ami" Izumi: Hija de Koushiro, 9 años.
Nicholas "Nick" Tachikawa: Hijo de Mimi, 10 años.
Daiki "Daik" y Kaori Yagami: Hijos de Taichi, 10 años.
Sayumi y Seki Ishida: Hijos de Sora y Yamato, 10 y 6 años.
Mitsuki "Tsuki" Hida: Hija de Iori, 10 años.
Shiro Kido: Hijo de Jyou, 10 años.
Un saludo queridos lectores aunque sé que pasó mucho tiempo para que volvieran a saber algo de mí. Me disculpo por eso.
Todos sus comentarios me animaron a seguir publicando y esperando que esta historia siga siendo de su agrado.
Afrontando
Un mes había pasado desde que su hijo y su esposa se habían marchado. Aline le había mandado los papeles del divorcio con su abogado y Takeru se había negado a firmar hasta que pudiera ver y a hablar con su hijo.
Sin embargo tanto la madre como su vástago se negaban a volver a Odaiba por el momento y el rubio no podía estar más desolado. Sabía que Take le necesitaba y que Aline no sería capaz de comprender y tratar a su hijo como se debía. Sintió una preocupación inmensa por su pequeño.
-Ya he conseguido la dirección de tu mujer, Takeru.- habló uno de sus más grandes y fieles amigos.- Si quieres te podemos acompañar hasta allá.
El rubio exhaló sin ganas.
-No creo que deba ir a buscarlos, Ken.- rezongó el escritor.- No quiero presionar las cosas y…
-Pero tampoco puedes dejar que esa mujer te arrebate a tu hijo sin saber lo que él está pensando.- se quejó Miyako con una indignación enorme. Era increíble para ella como la mujer que compartió su vida con T.K. por doce años le había dejado.
Takeru tampoco lo comprendía.
-Lo sé, Miyako. Pero entiéndeme, no quiero forzar a Takeshi a verme si no quiere hacerlo.
-¡Es tu hijo! - exclamó la mujer de pelo violeta para quien todo era mucho más simple de lo que se veía. .-En todo caso podrías recurrir a Iori y poner una demanda.- alegó cruzándose de brazos.
-Es lo último que quiero.- renegó Takeru.- Pero si las cosas siguen así me temo que eso haré.
La peli violeta abrazó a su amigo menor por los hombros mientras Ken le sonreía intentando darle ánimos sin embargo ambos sabían que lo que estaba sintiendo T.K. era algo que no entendían y que jamás querían entender. Le habían quitado a su familia en un pestañeo y eso era algo en extremo cruel.
Entonces el timbre de la vivienda de los Ichijouji, donde los adultos se encontraban, sonó.
-¡Saome, anda a abrir! - gritó Miyako con esa voz tan característica suya que retumbaba por las paredes y que Sao-chan había heredado.
La jovencita de sólo once años suspiró sin remedio y salió de su alcoba para abrir la puerta.
-Oh, tía Kari pero si eres tú.- sonrió Saome con el rostro iluminado.- ¿No está Kyou-kun contigo? - preguntó mirando a todos lados en busca del jovencito.
-Buenos días, Saome.- saludó Hikari dulcemente. La pelinegra le sonrió pues para ella era primordial llevarse bien con la que algún día sería su suegra.- En realidad quería saber si él estaba aquí. Salió de casa muy temprano y no me ha dicho a donde fue y estoy un poco preocupada…
-¡Hikari! - la llamó su amiga Miyako desde el comedor.- Pasa, anda. Tu hijo no está por aquí pero seguro anda jugando con los otros niños, así son ellos después de todo.
-Sí.- aceptó la castaña.
-Mi Yuuto siempre olvida decirme las cosas, ese niño tiene la cabeza en las nubes.- dijo Miya-chan con una sonrisa.- Pero ven, que justo estábamos tomando un té con Takeru.
La sonrisa de Kari desapareció. T.K. era su mejor amigo y su algo más y ahora justo cuando más la necesitaba Hikari más ausente había estado. Ella igual que todos sus amigos, sabía lo que había pasado en el matrimonio Takaishi y no podía evitar sentirse consternada y dolida por lo que le había hecho la mujer que ella había considerado una buena esposa. Sin embargo no le había dado su apoyo al de la Esperanza por el simple hecho de que entendía que ahora que estaba libre Takeru seguiría entregándole un montón de sentimientos demasiado profundos para entenderlos y Hikari sabía que aún no era su momento.
-Kari, ¿Dónde está Kyouya? - interrogó el rubio después de saludarla sin muchos ánimos.
-Ha salido temprano pero no me avisó a donde.- explicó la mujer.
-¿No estás preocupada? - preguntó Takeru, quien siempre había sentido una simpatía y cariño innatos por el hijo de su amada.
-No.- admitió la Yagami.- Sé que mi hijo está a salvo.- se tocó el pecho con precisión.- Y que sólo ha sido un descuido suyo. Además llegará temprano, mañana empieza las clases, después de todo.
Takeru le sonrió un poco. Si su hijo siguiera en Odaiba también empezaría las clases mañana e iría al mismo salón que su amigo Kyouya. Quizá incluso hubiera podido aceptar a Hikari y hubiera empezado a verla más como parte de la familia que podía ser…
Pero las cosas no habían sido así.
-¿Estás ocupada? - indagó el escritor, que había entendido que Kari lo evitaba pero no lo había aceptado.
-En realidad Daisuke me ha invitado a almorzar.- se excusó la compañera de Gatomon.- Lo siento.
T.K. tomó aire. Daisuke pasaba por una crisis matrimonial al igual que él, sólo que mucho menor. Su esposa viajaba constantemente y poco a poco el matrimonio de los Motomiya se iba al caño sin que ninguno hiciera nada por evitarlo. Y claro que Kari le iba a brindar su apoyo al antiguo líder.
Takeru sabía que quizá en algún momento el amor de su vida pudo haber tenido sentimientos por el de los googles, sin embargo creía firmemente que Kari y él se pertenecían mutuamente desde años atrás.
-Pues salúdamelo.- decidió decir Takaishi finalmente.
Hikari asintió con la cabeza mientras se despedía de los dueños de la casa y volvía en busca de su hijo.
Daiki Yagami estaba seriamente preocupado.
-Hijo, ¿Te sientes mal? - preguntó su madre angustiada.
-No, mamá ¿Por qué?
-Casi no has tocado tu plato.- se asombró Taichi.- Y siempre eres el primero en terminar.
Daiki observó que su plato con arroz seguía casi lleno.
-No tengo hambre.
Taichi, Sakura y Kaori y también los digimons intercambiaron miradas de incredulidad mientras observaban al moreno con suspicacia. Daiki Yagami en sus diez años de vida jamás había dicho esa frase en voz alta.
-¿Estás enfermo? - cuestionó Sakura.
-¿Tienes fiebre? - se le unió Tai.
-¿O acaso eres un clon de Daiki? - ayudó Kaori.
-Daiki, ¿Me das tu parte? - preguntó Koromon que parecía ser el único que no estaba preocupado.
El hijo varón del matrimonio Yagami le cedió su porción a su glotón Digimon mientras él se disculpaba y se paraba de la mesa, harto de tanto interrogatorio y caminaba hasta la habitación que compartía con su hermana.
-¿Qué le pasa a este niño? - quiso saber Taichi, que lucía realmente asombrado. Su pequeño Daik era un niño muy alegre y comelón y nunca lo había visto tan desanimado antes.
-Es porque se peleó con Sayumi Ishida.- contestó Kaori intentando no darle importancia al asunto.
Sayumi era una buena amiga de su hermano, sin embargo a la jovencita no le terminaba de agradar del todo. Quizá los varones Yagami no eran los únicos que podían resultar ser celosos.
-Pobre de mi niño.- musitó Sakura.- Su primera pelea de novios.
-¡Sayumi no es su novia! - se alarmó Kao-chan.
Taichi se rió en voz baja. Si su pequeño estaba tan consternado por lo que una Ishida-Takenouchi pensara de él era claro que era porque Sayumi no le parecía ser sólo una amiga.
Mientras tanto en su habitación el mellizo Yagami observaba el suelo sin tener muchas ganas de hacer nada más. Se sentía estúpido mientras se preguntaba qué demonios le pasaba. En realidad él solía ser enérgico y atolondrado, y aunque él si podía (a diferencia de niños como Akira) quedarse quieto casi nunca quería hacerlo. Y ahora no tenía ganas de nada.
Todo por culpa de la estúpida Sayumi. Pues bien, si ella quería ignorarlo que lo hiciera, ahora él también iba a limitarse a detestarla.
-Estoy harta de que llegues a mi casa sin avisarme y pretendas quedarte aquí.- se quejó una niña rubia que estaba cruzada de brazos.
Shiro Kido se encogió de hombros.
-Perdona Sayu-chan pero creo que lo mínimo que deberías hacer es dejarme quedar después de que desinfecté todas las frutas de tu cocina.- el joven Kido imitando la postura de su interlocutora.
-Nadie te lo pidió.- alegó la chica de ojos azules.
Su madre, que casualmente se encontraba en casa, emitió un grito desde la cocina, donde ayudada por Seki preparaba la comida.
-¡No seas grosera con Shiro-kun, hija! - expresó Sora.
Sayumi dejó escapar un suspiro mientras se tiraba al sofá. Shiro se sentó un poco alejado de ella, entre las cosas que el niño mantenía siempre impecable eso era su espacio personal.
-Eres bastante malhumorada de ahora para acá.- se quejó el de pelo azul mirando con curiosidad las caricaturas que minutos antes la rubia y su hermanito veían.
Sayumi carraspeó.
-¿Disculpa? ¿Todavía que llegas a mi casa sin avisar pretendes insultarme? Eres lo peor.- se indignó Ishida.
-Digo la verdad, que es diferente. Sí eres muy gruñona.
Sayumi se sintió enfadada de que ese jovencito no la respetara en lo más mínimo. Todos sus amigos solían ser lindos y buenos con ella, incluso Daiki a veces dejaba a lado su parte bestia y la trataba como una dama, ¡si hasta Tachikawa la trataba bien! y luego estaba Shiro Kido y su gusto enfermo por ofenderla. Además tampoco tenía mucho sentido porque con todas las demás niñas Shiro era muy educado.
-¿Es porque te peleaste con Daiki?
Sayumi tosió atragantada.
-Yo no me peleé con Daiki y si lo hubiera hecho eso me tendría sin cuidado.- alegó Sayumi.- Además, ¿Tú qué sabes? Vives en una burbuja antibacterial.
-Y te aseguro que tengo menos resfriados al año que tú.- presumió el niño, como si eso solucionara todo el argumento.- Y sé más de lo que crees, como por ejemplo porque ignoras a Yagami.
La rubia se carcajeó.
-No sabes nada.
-Claro que sé, tonta.- importunó Shiro.- Y es porque eres muy obvia.
-¡Agh, no sé porque sigues viniendo a mi casa si siempre te la pasas de neurótico!
-Y yo no sé porque no simplemente le dices a Daik que te gusta.
Sayumi se quedó petrificada.
-Estás delirando, tanto desinfectante debió afectarte las neuronas.- se excusó la hija del astronauta y la modista.- Shiro-kun, enserio deja de ver dramas en la tele que ya estás igual de loco que Takeshi o de imaginativo que Yuu.
El jovencito de gafas se estiró.
-De acuerdo, olvídalo entonces.- dejó por la paz. Luego escuchó un característico sonido de "crack" -¡Me tronó el cuello, creo que me lo torcí!
Sayumi volvió a relajarse y reír mientras miraba el cuello del peli azul.
-Eres un exagerado, si no tienes nada.- se aproximó a tocarle.
-¡No me toques si no te has lavado las manos!
-¡Eres insufrible!
Akira sonrió antes de lanzar la pelota de tenis a su amigo castaño. A Kyouya le gustaba el tenis pero Akira creía que era un deporte de chicas y sólo se limitaba a lanzarle la pelota al Yagami y a recibirla cuando él se la lanzaba. DemiVeemon y Salamon les veían desde el suelo.
-Nadie sabe porque el estúpido de Takeshi se ha ido.- musitó Akira enfadado. Seguía sin creer que su mejor amigo se había mudado sin decirle adiós siquiera.- Ese tonto…
-Se portó muy raro conmigo antes de irse.- admitió Kyou.- Creo que se veía molesto.
Akira recordó la última conversación que tuvo a solas con Takeshi.
-Es que él sabía que su mamá iba a enfadarse al saber que tú y tía Kari se venían a la ciudad.- le relató Motomiya sin siquiera darse cuenta que tocaba un tema delicado.- Es que su mamá siempre fue extraña, la verdad. Recuerdo que solía gritar mucho y nunca era muy maternal, aunque supongo que quería a nuestro amigo. Es su madre, después de todo.
Kyouya analizó las palabras de Akira. Si la señora Takaishi (ex, se recordó, pues ahora estaban separados y próximamente divorciados) había hecho todo aquel drama por algo tan estúpido como aquello enserio estaba muy mal. Kyou sabía que Takeru le profesaba un gran cariño tanto a su madre como a él pero, ¿Sería esto suficiente para provocar los celos de la madre de Takeshi? Kyou era observador y veía que su madre y T.K. se miraban como viejos amores, con una chispa diferente de la que ella veía a cualquier otro hombre. Eso jamás le había preocupado porque jamás creyó que hubiera consumación de dichos sentimientos pero… ahora que Takeru estaba solo, ¿La habría?
-Tienes razón, es su madre y ella sabe lo que es mejor para su hijo. Además Takeshi tampoco es imbécil para no darse cuenta.- opinó Yagami.- Y si estaba molesto conmigo por eso sólo debió decirlo, tampoco es como que me fuera a enfadar.
-Olvídalo.- pidió Akira que estaba realmente indignado con Takaishi.- Déjale allá en Setagaya. Seguro estará mejor.
Kyou suspiró antes de ver al señor Motomiya acercándose a ambos niños.
-Eh Kyou, Salamon, ¿No quieren que los acerquemos a algún lado? - preguntó Daisuke.
-No gracias señor Motomiya.- dijo el jovencito de pelo café.- En realidad olvidé avisarle a mamá que vería a Akira y debe estar enojada.
-Pues entonces vamos, que he invitado a Kari a comer y seguro que si comemos los cuatro juntos estará mucho más divertido.- opinó el hombre.
-De acuerdo.- accedió Kyouya.
Yuuto observaba con inocencia pura a su hermana mayor. Saome era muy rara cuando se lo proponía.
-Hermana, ¿Por qué te has disfrazado de Piedmon? - le preguntó el fantasioso niño.
Saome se puso roja del coraje.
-¡Eres un mocoso irrespetuoso! - chilló la Ichijouji.- ¿Cómo te atreves a llamarme así, pequeño monstruo?
Yuu se rió.
-Es que eso pareces, Sao-chan.
Saome se miró en el espejo. Quizá había exagerado pero sólo un poco.
-Quítate todo eso de la cara ya mismo, hija.- ordenó Ken que a pesar de llevar prisa para ir al trabajo alcanzó a ver a su pequeño retoño y había retrocedido aterrado.- Dios Saome, tienes once años.
Y no era para menos pues su princesita había hurtado todo el kit de maquillaje de Miyako ( kit del que ya se había apropiado ya que su madre rara vez lo usaba, pues esta mujer prefería ir al natural) y había decidido que como este año iba a demostrarles a los chicos que podía ser más madura que el resto de las niñas ponerse maquillaje en toda la cara era una gran idea.
-¡Ni loca sales así a la calle! - se estresó Ken.- Yuuto, te encargo a tu hermana.- pidió el detective.- ¡Yuuto! - repitió al ver que su hijo le ignoraba por mecerse en la silla.
-Pero papá, todas van a ir así…
-Déjala papá, que va disfrazada de Piedmon, ¿No lo ves?
Ken sacudió la cabeza. ¿Qué había hecho para tener unos hijos tan originales?
-¡Ken, vuelve aquí y despídete de tu mujer como es debido!
Cierto, casarse con Miyako.
…
Hikari se rio por cuarta ocasión y entonces su único hijo se empezó a preguntar si habría algo más entre ella y el señor Motomiya de lo que parecía.
Daisuke estaba casado, aunque por lo visto hasta Akira tenía asumido que el matrimonio de sus padres tenía problemas, y eso que para que Akira se diera cuenta de algo se necesitaba mucha obviedad. También sabía que el señor Motomiya procuraba a su madre como desvivido por ella y aunque antes al pequeño y observador Yagami le parecía cómico, ahora se veía más serio.
Pensó en su amigo Akira y en lo que pensaría si sus sospechas fueran ciertas. ¿Se molestaría tanto como lo había hecho Takeshi? A él en cierta forma no le molestaría si su madre se fijara en un hombre, aun si fuera Daisuke o Takeru.
Aunque el fondo sabía que la idea de que se tratara del rubio era mucho menos disparatada. Kyouya creyó que su madre era realmente especial como para que dos hombres como ellos siguieran profesándole tanto afecto.
-Muchas gracias por la comida, Daisuke.- le dijo Kari con una sonrisa.- Ha sido encantador comer con ustedes dos.
-Gracias por aceptar Kari.- le devolvió la sonrisa.- Akira y yo también la pasamos bien.
-Claro.- secundó su clon/hijo.
-Deberíamos irnos.- opinó Kyou.
-Cierto.- admitió Hikari.- De nuevo gracias.
-¿Los llevamos? - ofreció su amigo.
-No es necesario, el edificio está cerca de aquí y podemos caminar.- respondió la castaña. Su hijo asintió.- Nos vemos, Davis.
Se abrazó al moreno y luego a su hijo y emprendió camino con Kyouya hasta su edificio. En sí era verdad que estaba muy cerca, pero otra cosa era que Kari quería dejarle claro a Daisuke que a pesar de quererlo de una manera impresionante, él estaba casado y tenía un hijo y lo suyo sólo se quedaría en una amistad.
Venía reflexionando eso hasta que llegaron a su puerta. Se llevó una pequeña sorpresa al hallarse a T.K. recargado en ella. Al verlos el rubio se incorporó de inmediato y miró a la Yagami con un brillo intenso en sus ojos azules. La castaña se estremeció. Era esa la misma mirada que él ponía de adolescentes cuando se encontraban en sus momentos más íntimos. Una que le recordaba a la época donde en el mundo sólo eran ellos dos y donde su vida entera era T.K.
-¿Podemos hablar? - preguntó después de haber saludado a Kyou con afabilidad.
El niño se encogió de hombros.
-Iré abajo a visitar a Ami-chan y ver si tienen todo listo para la escuela.- informó Kyouya antes de sonreírles a ambos y desaparecer por el pasillo.
Hikari le invitó a entrar. Takeru se veía realmente nervioso y consternado. Sus manos temblaban ligeramente y tenía los ojos rojos. Se preguntó que le podía tener así además de lo de su hijo.
-Estoy cansado, Kari.- sinceró finalmente.- Estoy pasando un momento terrible y lo que necesito es que estés a mi lado y es cuando menos quieres estarlo.
-No quiero confundirte.
-¡No estoy confundido ni podré estarlo nunca porque ya sabes cómo me siento! - exclamó.
Eran contadas las veces que Takeru Takaishi le había gritado en su vida. Una de ellas fue cuando ella estaba siendo transportada a otro mundo en la infancia y él le había reclamado que debía depender menos de Tai, otra había sido al decidir terminar su relación y una más era esta.
-Mi Kari, entiéndeme.- rogó el escritor.- Te necesito. No puedo buscar la esperanza si me quitas tu luz.- la tomó de las manos. Ella estaba temblando.- ¿Por qué es tan difícil para ti aceptar mis sentimientos si ya no hay nada que nos separe?
-Tú debes concentrarte en tu hijo y la situación actual.- se excusó ella.
-Pero es que no puedo hacerlo no tengo tu apoyo.- musitó T.K.- Me estoy derrumbando y te necesito.
Hikari poco tiempo tuvo para reaccionar cuando el rubio de ojos azules la había tomado con brusquedad del rostro y había plantado sus labios sobre los suyos. La mujer volvió a temblar porque Takeru nunca la había besado de esa manera, aunque no había probado sus labios en demasiados años seguía recordando con claridad los besos del escritor. Dulces, suaves y llenos de entrega.
Este beso, por otro lado estaba colmado de pasión y deseo reprimido además de que pudo sentir la más profunda desesperación de su amor en su boca. Kari se paró en seco sin saber cómo reaccionar. La verdad era que ese beso la había dejado con la mente en blanco. Sintió como si volviera a tener 17 y no hubiera pasado ni una hora desde la última vez que se habían besado. Se sintió en casa.
Poco a poco el beso del hombre fue bajando su intensidad hasta convertirse en lo que había en sus recuerdos. Un movimiento suave y calmado que le llenaba el alma. Estaba colmado de amor. Tanto que la estremeció.
Cuando se separaron ella le miró con los ojos vidriosos. Takeru suspiró.
-No sabes cuánto lo siento.- confesó el rubio.- Perdóname, no debí haber hecho eso, no pedí tu opinión y… ¡Hikari, no sabes cuánto lo lamento! - clamó.- Estoy tan arrepentido.
-Yo no estoy arrepentida, T.K.- fue lo que respondió la castaña.
Justo cuando Takaishi iba a agregar algo su móvil comenzó a sonar. Afectado contestó sin más y tan pronto como escuchó la voz de su ex mujer se quedó de piedra.
-Aline.- dijo sin aire. Pasaron unos segundos y Takeru exclamó un par de cosas que no tuvieron sentido para la Yagami.
Cuando colgó Hikari creyó que estaba peor de cómo había llegado. Parecía poseído.
-Takeshi.- Gruñó T.K.- ¡Aline dice que han secuestrado a Takeshi!
Hikari se llevó ambas manos a la boca, petrificada.
Fin Capitulo 3
Espero que les haya gustado. ¡Comenten! y una vez más, perdon por la tardanza.
Dannemi
