TITULO: Dreams

Capitulo: El objeto de su afecto.

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: Mouto vivía con su abuelo en el centro de la ciudad.

El anciano, en su época joven arqueólogo, se sostenía de una pequeña tienda de videojuegos y objetos en donde la palabra "Anime" era el revuelo de chicos y grandes amantes de tal curiosidad.

Los padres de Yugi habían muerto cuando el muchacho de cabellos tricolor tenía cinco años, pasando su custodia a su abuelo Materno.

El muchacho era una clase de extraña criatura obediente que anteponía siempre la salud de su anciano tutor o de su tienda que de cualquier otro sueño o proyecto que tuviera en mente.

La dedicación que en la actualidad no existía en muchos jóvenes de su edad era de admirarse y así se lo hacían saber sus amigos siempre que posponía reuniones por ayudar a su abuelo.

-Gracias, que disfruten de su compra.

Su sonrisa brillante y de buen augurio acompaño al grupo de jovencitos quienes habían adquirido el videojuego de moda.

Para él era un gusto mirar la felicidad en otros rostros, así como servir y ayudar en lo que él pudiera.

Sin embargo como todo ser, Yugi tenía sus secretos y esos eran sus miedos más profundos que le acompañaban cada vez que sentía demasiado herido a su corazón.

Jamás dejaba entrever sus pesares, a no ser a su mejor amigo Joey quien conocía de él todo lo que jamás nadie se atrevería a pensar y aliviado estaba de que así fuera. Persona más confiable que Joey jamás habría en su vida, ni siquiera sus demás amigos. Aunque en ocasiones sonara un poco discriminativo.

-¿Todo bien, Yugi?.

-Si abuelito. Acabo de despedir a unos clientes.

-De acuerdo.

El hombre de nombre Salomón siempre había sido un fan incorregible de lo que en la actualidad vendía. Y pasar su vida con tranquilidad, después de haber trabajado duramente era algo que le agradaba como a pocos humanos en la vida.

Yugi había cambiado ciertamente sus planes de partir hacia alguna isla caribeña y refugiarse con sus memorias hasta el fin de sus días.

Sin embargo amaba a su nieto como en su tiempo había amado a su hija desaparecida y al nuero que le había seguido en su infortunio.

El muchacho de cabello tricolor representaba una historia dentro de su ya olvidado libro de recuerdos y mirarlo a su lado, creciendo y tan jovial, era como recibir un obsequio maravilloso todos los días.

-¿Abuelito?...yo...

-¿Si, Yugi?.

-Yo...yo quería...

-Habla claro hijo. Pareciera que una momia ha venido a robarte la lengua.

Yugi sonrió. Pero era inevitable su nerviosismo cada vez que iba a pedir lo siguiente.

-Esta noche uno de mis compañeros hará una fiesta en su casa y me preguntaba si...

-Ya sabes mi respuesta.

Salomón ni siquiera se había detenido a mirar el rostro desilusionado de su nieto. Como él había dicho. La respuesta era más que conocida.

-Pero abuelo...

-Sabes que no puedes darte el lujo de salir por ahí con quien sabe quien y con el riesgo de que algo vaya a pasarte.

-Pero abuelito¿qué cosa puede pasarme?. Ya tengo...

-No me importa que tengas cincuenta. Mientras yo esté a tú cargo obedecerás.

Yugi bajó el rostro. Siempre era lo mismo cada vez que mencionaba la palabra "salir de casa".

Su abuelo había creado alrededor suyo un campo de protección infalible que muy pocos habían logrado atravesar con suerte. Entre esos se encontraban sus amigos.

El muchacho comprendía en cierta forma a su abuelo. Haber perdido a su hija en la flor de la vida había sido un dolor demasiado fuerte que si bien él entendía, al parecer su abuelo no había olvidado.

Sin embargo el miedo irracional de Salomón lo había llevado a él a vivir en una burbuja en dónde había permanecido la mayoría de su vida y en donde él estaba seguro. Cerca del ojo velador de su abuelo.

Sin embargo el hombre olvidaba que él era joven y como tal las distracciones de su edad estaban a la orden del día. Listas para ser domadas por una intrépida y lista mente.

El cómo había logrado que su abuelo le permitiera estudiar actuación, había sido un misterio que aun no comprendía del todo.

Sin embargo muchas veces había creído que parte de esa aceptación se debía a cierto chico rubio con sonrisa inigualable y con complejo de sol iluminador de existencias.

Fuera como fuera le debía mucho a Joey y sin embargo...

-Joey irá, abuelo.

Salomón encendía la estufa cuando el nombre del rubio llegó a sus oídos.

-¿Joey?.

-Si. Él irá y sabes perfectamente que siempre que salgo con él me ha traído sano y salvo.

Salomón podía desconfiar de la horrible y escandalosa motocicleta de Tristan. Del auto deportivo de Duke Deblin o incluso de la bicicleta de Tea, pero cuando se trataba de Joey debía hacer una excepción. Aunque el muchacho no fuera precisamente un santo.

-¿No lo dices solo para que te de permiso, verdad?.

Yugi negó, mirando ahí la oportunidad de escaparse esa noche del ojo vigilante de su tutor.

-Mmm...tendré que pensarlo entonces.

-¿Pero qué tienes que pensar abuelo?. Joey te ha demostrado muchas veces que es de confianza, sobre todo cuando se trata de mi. Por favor abuelo, no me sucederá nada. Joey jamás lo permitiría.

Y para el desconsuelo de Salomón su nieto tenía razón. Joey era un chico medio loco que no gustaba de las grandes responsabilidades pero si de las impulsividades.

Sin embargo cuando se trataba de Yugi, el rubio le cuidaba cual figurilla de cristal y jamás lo había regresado a casa con ningún rasguño.

Al parecer su nieto no podría estar en mejores manos que en las de Joey Wheeler.

-Mmm...si prometes llegar temprano, podrás ir.

Yugi entonces sonrió ampliamente, abrazándose a su abuelo quien sonrió involuntariamente hacía el gesto.

-Gracias abuelito. Te prometo que nada malo sucederá y que estaré aquí tan puntual como siempre.

-Más te vale o esos amigos tuyos...hey¿a dónde vas tan deprisa?. Ni siquiera he terminado de...juventud. Suspiró el anciano al percatarse de que le estaba hablando al viento. Otra vez.

Sus labios ensancharon una leve sonrisita. Él comprendía perfectamente el deseo de Yugi por salir y divertirse. Sin embargo el muchacho era su más valioso tesoro y debía cuidar de él como la más antiquísima pieza de arte en un museo.

-Así debe ser. No quiero perderlo.

Su murmullo se opacó con el grito del muchacho de cabellos tricolor, quien a todo pulmón preguntaba por su camisa negra de botones plateados.

Su camisa favorita y también la que Salomón le ocultaba por creerla demasiado... "provocativa".

Sábado, su día tal vez menos favorito del mundo porque no iba a la Universidad y porque ese día sus trabajos aumentaban como río bajo una fuerte tormenta.

No bastaba solucionar el problema de una o dos casas con eficiencia. El Sábado al parecer las goteras dentro del baño, lava platos y tuberías se aparecían como por arte de magia y al no tener más excusa ese día, su jefe le daba todo el trabajo a él.

-Maldición. Susurró cuando el tuvo del lavabo del baño se goteó por sexta vez.

-¿Algún problema?.

-Nada señora. Al parecer el que arregló su baño la vez anterior hizo un desastre con todo esto.

Habló, cerrando la llave de paso mientras con una pinza comenzaba una vez más a atornillar el molesto tubo.

-¿Usted cree?.

La mujer en bata de baño y de aspecto cansado le habló, aguardando una obvia respuesta que cansinamente Joey dio.

-Si, señora. Lo único aconsejable por el momento es mantener esto cerrado hasta que consiga una pieza nueva.

-¿En verdad no puede solucionarlo?.

-Me temo que hoy no. Tal vez el lunes y si es que mi jefe cuenta con la pieza que necesitamos.

Joey se sentó en el frío piso, secándose el rostro después del repentino remojón.

Sin embargo odiaba cuando sus clientes ponían cierta cara de desconsuelo porque su corazón no lo soportaba y su voluntad flaqueaba.

-¿En verdad no podría hacer algo?. Tengo que salir y...y...este es mi único baño y bueno¿qué diría mi esposo si me encuentra sin asear?.

Joey sonrió por compromiso, imaginándose un montón de respuestas que darle a la mujer que continuaba mirándole con ojos de imploración.

-Está bien, trataré de hacer algo. Aunque no le aseguro nada¿he?.

La mujer asintió felizmente y él regresó bajo el lavabo, mojándose nuevamente debido a la enorme gotera.

Treinta y cinco minutos después Joey salió de aquella casa con un baño gratis y con una módica cantidad que no valía su esfuerzo.

Pero así era él. Si bien podía pedir por aquel esfuerzo extra una cantidad aceptable, su corazón honrado no se lo permitía, quedando al final con una severa riña por parte de su jefe y menos monedas en los bolsillos.

-Pero así es mi vida. ¿Qué se le va a hacer?.

Guardando sus herramientas y subiendo al vehículo propiedad de su jefe, se dirigió hacia su siguiente cliente, de donde volvió a salir igual de mojado y con menos efectivo que una alcancía en bancarrota.

-¿Pero cómo es posible Joey!. ¿Si tu trabajo bien vale unas cuantas monedas más?. Esto es increíble. Eres la persona más...honrada y tonta que conozco.

Fue el reclamo habitual de su jefe tras darle su cheque y despedirlo con un movimiento de cabeza.

Joey salía siempre de la oficina de su jefe como quien decía: "con la cola entre las patas".

No podía evitar ser honesto ni mucho menos dejar de ser quien era. Sin embargo muchas personas pensaban igual que su jefe y era ahí cuando tenía problemas.

-Sabes que necesitas del dinero. ¿Por qué no cobras más por tus servicios?. Eres un excelente empleado pero no piensas con claridad.

-Lo sé. Y no puedo evitarlo.

La secretaria le sonrió con lastima y el muchacho se despidió de ella tras haber conseguido su módico salario, el cual sino alcanzaba para comprar todo lo que necesitaba, al menos le servía para algunas cuantas cosas.

-Mi vida es un desastre. Si que lo es. Pensó cuando un escaparate llamó su atención.

Un bello modelo se encontraba sobre un maniquí. Jeans verdes, polera blanca sin mangas y una chamarra de algún extraño material que a pesar de todo lucía bastante bien combinada.

Sin retener sus impulsos suspiró hondamente. Si comparaba el reflejo de su persona con la ropa que miraba, realmente había muchas diferencias que marcar.

Comenzando con sus ropas. Parecían más salidas de un constante remiendo que de una tienda departamental.

Después estaba su educación que aunque buena, no bastaba para parecerse a los clientes que sonrientes salían de aquella tienda con sus compras en mano.

Por último su deplorable condición de pobreza extrema. En ocasiones más parecía un invidente que alguna vez había recibido una moneda que sin dudar había terminado lanzando al piso debido a la humillación experimentada.

-No. No hay comparación entre el despojo de persona que soy y...

No iba a aceptarlo en voz alta. No lo haría. Jamás diría que él, comparado a ese muchacho de ojos azules era completamente nada.

-Maldito. Incluso hasta en mis pensamientos de humillación metes tus narizotas.

Gruñó, apartándose del escaparate para encaminarse a su casa.

Odiaba todo lo relacionado con ese sujeto que no obstante y a pesar de continuar topándoselo en cada esquina, lo aplastaba hasta en sus propios pensamientos.

Eso ya era el colmo pero tan inevitable como el sentir hambre o sed.

Joey se había dado cuenta, cuando miraba a distancia y sin que el castaño se percatara, lo completamente diferentes que eran ambos.

Por un lado el rico ese engreído tenía clase, a pesar de su pesado carácter. Tenía dinero (evidentemente) y contaba con una educación e inteligencia como jamás él poseería.

Era inevitable que se comparara, mucho menos cuando comenzó a notar que el objeto de su afecto posaba sus ojos sobre ese altanero y arrogante muchacho de ojos azules.

Por pocos era conocido (dígase una persona), lo que el corazón de Joey guardaba con tantísimo recelo.

Pues temeroso a que la fantasía se terminara como muchas otras en su pasado, había decidido que guardaría para él y para Yugi el nombre de la persona que su corazón tan generosa y secretamente había elegido y ocultado.

Era inevitable no haberse enamorado pues la sola evocación del rostro le provocaba un leve sonrojo y una emoción que jamás podría describir con palabras.

Y sin duda esa persona se estaba acercando demasiado al idiota ese ricachón y él no podía permitirlo.

-Puedes quitarme mi dignidad. Puedes apodarme como lo desees e incluso ponerme el pie para tropezarme. Pero JAMÁS, escúchalo bien ricachón idiota, JAMÁS podrás apartarle de mi lado. NUNCA.

Sentenció en voz alta y con evidente enfado, importándole muy poco que algunas personas lo miraran y nombraran como loco.

Así pues y con la decisión cruzando su rostro, se encaminó sin vacilación hasta su casa en dónde por segundos y no alcanza el incesante timbre del teléfono.

-¿Joey?. ¿En dónde estabas?.

-Yo...¿qué sucede Yugi?.

La respiración agilizada del rubio le dio mucho que pensar a Yugi, sin embargo se guardó el comentario.

-Necesito que me hagas un favor.

-¿Un favor, favor?. ¿O un favor del tamaño del monte Fuji?.

El suspiro del otro muchacho hizo sonreír al rubio mientras se sentaba plácidamente en su cama.

-Del tamaño del monte Fuji, Joey.

-Lo sabía ¿Qué quieres que haga ahora?.

-Que me acompañes a la fiesta de Jill.

-¿De ese patán?. ¿Para ver sus "monadas"?. No, olvídalo.

-Por favor Joey. No sabes los deseos que tengo de salir y divertirme. Por favor, por favor, por favor, por...

-De seguro ya le dijiste a tú abuelo que yo iría¿verdad?...¿Yugi?...¿Yugi?...

-Si.

La respuesta se había escuchado muy a penas y Joey se felicitó por sus deducciones.

-¿Me ayudarás, Joey?. Te juro que si me ayudas yo...

-Guárdate tus ofertas, Yugi. Sabes que no puedo negarte nada.

-¿DE VERDAD LO HARÁS!. ¡GRACIAS JOEY. ERES EL MEJOR!.

Millones de veces había escuchado aquello proveniente de aquella boca, sin embargo siempre era como la primera: un azoramiento total.

-Oh, bueno. Te veo a las nueve en tú casa.

-Gracias Joey. De verdad...algún día te lo pagaré.

-Y con intereses.

Tras la risita ambos cortaron, siendo Joey el más exhausto por todo.

Se sentía tremendamente cansado y el hecho de haber recibido un regaño más no aminoraba lo que sentía. Sin embargo la idea de una fiesta le agradó bastante. No por ser Jill el organizador que teniendo en cuenta sus antecedentes cómicos se imaginaba el tipo de fiesta que daría. Sino porque a pesar de ser un chico juguetón, Jill conocía a muchas personas y entre ellas estaba la persona por la cual suspiraba.

Si todo salía bien tal vez su día terminaría mejor que nunca y la idea resultaba mucho más atrayente mirándolo desde esa perspectiva.

-Creo que no es mala idea divertirse un poco.¿En dónde habré puesto mis pantalones grises?.

El rubio se encaminó a su armario que a pesar de ser módico era un completo desastre.

Más la expectativa de esa noche, bien valía todo lo que le había ocurrido en el día.

Seto estiró sus brazos mientras volvía a acomodarse sobre su silla giratoria.

Si bien descuidaba la empresa entre semana. Los dos días restantes eran dirigidos en su totalidad hacia ella.

No podía permitir que su hermano se hiciera cargo de todo. A pesar de que sabía era capaz de hacerlo.

Su deber era el velar por él pese a todo y así lo haría, aunque estuviera muerto de cansancio.

Si bien no se esforzaba nada dentro de sus clases en la Universidad, todo su estrés se formaba gracias a los incompetentes que trabajaban para él y las empresas idiotas que no podían comprender sus ideas futuristas.

Estar bajo constante presión era sin duda el factor que más le causaba malestar y sin embargo era imposible que no se adentrara en tan turbias agua.

Se concedió un momento de descanso mientras meditaba en los proyectos inconclusos que debía finalizar antes del Domingo por la noche y las reuniones aplazadas y esparcidas en las tardes de todos los días.

Jamás supo de dónde el trabajo había comenzado a acumularse, pero de algo estaba seguro y era de lo importante que era él dentro de KC.

-Su hermano por la tres.

-Bien.

Con rapidez presionó el botón del alta voz y con presteza la imagen de su hermano Noa apareció por el teléfono.

-Hola.

-¿Sucede algo?.

-No. Solo quería saludarte y saber si vendrás a comer o no.

Seto odiaba ese tipo de presiones. En ocasiones se olvidaba hasta de comer pero su oportuno hermanito siempre lo libraba de perecer por inanición.

-No lo sé. Estoy ocupado.

-No es cierto. Ayer le eché un vistazo a la agenda y no tienes nada.

-Hoy en la mañana me confirmaron algo de improvisto.

-Mentiroso.

El castaño gruñó, desviando sus ojos del teclado de su portátil para posarlos sobre sus iguales que con la misma chispa fría le observaban.

-¿Y qué ganaría con mentirte?.

-No lo sé y afortunadamente mi mente no es tan retorcida como la tuya.

-Noa. Retó Seto un tanto exasperado.

-Te estaré esperando entonces y sino vienes...

La amenaza se quedó en una interrogativa que el mayor de los Kaiba odió.

Noa podía ser excesivamente exasperante cuando se lo proponía. Mucho más cuando él lo ignoraba.

-Maldita la hora en la que Gozaburo forjó nuestras mentes iguales.

Aquella afirmación podría ser cierta, sino al menos pensaban tan semejante que en ocasiones era confuso averiguar cual de las dos sabias mentes había lanzado una idea genial.

Maldiciendo en voz baja continuó tecleando.

Algo que él podía odiar eran las cosas a medias. Sobre todo las amenazas o las ideas que no lograban salir de los labios por completo.

Eso perfectamente lo conocía su peliazul hermano y por ello su humor cambió drásticamente.

Si bien no tenía en dónde guardar el estrés de todos sus pendientes, encontró un hueco en dónde poner la "sabia idea" de su hermano. Por ello durante toda la mañana había tenido que borrar tres veces su trabajo por haber escrito "maldición" en más de diez ocasiones.

Por eso, llegada las tres de la tarde apagó el computador, tomó su portafolios y se encaminó a la mansión en donde antes de saciar su jamás mencionada "curiosidad" le haría saber a su hermano unas cuantas cosas acerca de las labores de los demás y la mala educación que estaba adquiriendo tras haber muerto la mano indómita del que no toleraba imperfecciones.

Mientras tanto y por otro lado Noa sonreía de tramo a tramo al imaginarse la algarabía que debía ser su hermano mayor.

A pesar de conocer lo que le enfadaba no podía evitar molestarlo. Como tampoco podía dejar de imaginar gráficas acerca del nivel de paciencia que le quedaba a Seto.

Si bien su hermano se hacía cargo en su mayoría de las finanzas y asuntos de la empresa, él pasaba su vida como siempre lo había deseado: normalmente. Y eso era un gozo que nadie jamás le quitaría.

Sin embargo él deseaba más, pero desgraciadamente y en la posición en la que se encontraba poco podía hacer al respecto.

En ocasiones deseaba volver a andar libremente sobre sus dos extremidades.

Romper el viento con su velocidad y sentir la brisa sobre su rostro cada vez que alcanzaba una nueva marca en el cronómetro.

Amaba la libertad que el deporte le daba. Esa que su padre jamás toleró ni mucho menos comprendió.

Sin embargo y a pesar de que su padre los había educado a Seto y a él de maneras muy similares, podía decirse entonces que habían muchas diferencias entre los dos.

Mientras el castaño se lo tomaba todo muy a pecho, él por su parte podía darse el lujo de hacerlo con más paciencia y hasta pereza.

Seto era la máquina perfecta de la compulsión y él la contraparte que a pesar de tener el mismo coeficiente, había muchas cosas reales que los diferenciaban de verdad.

Mirando la bella tarde sonrió un poco, ladeando el cuello para que este doliera menos.

Ese día las terapias de rehabilitación habían sido dobles y a pesar de que los especialistas decían que avanzaba con bien, él sabía que no era así.

En ocasiones odiaba a las personas que no hablaban con la verdad y que solo deseaban quedar bien por el dinero que sus bolsillos poseían.

Eso eran para él todos esos seudo profesionales que cada dos días lo torturaban con ejercicios y alábos innecesariamente estúpidos.

Lo qué el pedía en realidad era una mano firme y directa que lo retara a continuar. Que le diera a su orgullo nuevamente el deseo de vencer a alguien y que el resentimiento que día a día se forjaba a escondidas en su corazón no quedara más que en un esfuerzo que daría con todo su ser.

Pero soñaba. Todo era en vano porque él jamás volvería a caminar ni mucho menos a volar. Como siempre lo había soñado.

-Esto es una pesadilla. ¿Por qué creaste en mi una máquina de intelecto perfecto si es que no puedo hacer lo que yo quiero?. Le murmuró al retrato de su padre, el cual estaba propuesto a cambiar de lugar.

Él siempre había hecho todo lo que había querido. Desde empeñarse en adquirir un pony cuando tenía seis años, hasta entrenar con el mejor atleta cuando la idea de conquistar la velocidad se volvió obsesión en su cerebro.

La diferencia marcada entre su hermano y él era aquella: que él si tenía agallas para realizar sus deseos, mientras que Seto los reprimía y trataba de olvidarlos con exceso de trabajo.

En ocasiones Noa se preocupaba por ello pero jamás sabría en su totalidad el por qué siendo tan atractivo, su hermano prefería formalizar una relación con un proyecto o con el computador que con un ser humano de carne y hueso.

-El afecto no es para nosotros...o al menos eso decías¿no papá?.

El impávido hombre plasmado en la pintura le hizo experimentar el frío venenoso que en vida Gozaburo era capaz de transmitir cuando se enfadaba.

Sin embargo él jamás había creído por completo en lo que su padre les enseñaba. Él estaba completamente seguro que algún día Seto y él serían muy felices, haciendo de sus sueños realidades infalibles y tal vez acompañados de alguien que poco a poco pudiera adentrarse en sus duros corazones.

Estaba convencido de que todo podía volverse realidad, sin embargo se necesitaba de mucho esfuerzo para llegar siquiera al gusto de alguno de los dos. Y todo por la culpa de su loco padre.

-Ya verás cómo lo ayudo. Si siempre me salí con la mía a pesar de tus retos, ahora más que no estás. No voy a permitir que Seto se consuma por la amargura y la soledad que tú tuviste. Yo voy a ayudarle a mirar el sol.

Sonrió, con esa maniaca manera que solo su hermano y él mostraban cuando un plan genial se fraguaba en sus mentes.

Por ello se encaminó fuera de aquella sala y mientras el mayordomo abría la puerta principal, Noa le indicó a una de las chicas de limpieza que quitara el cuadro de su padre y lo llevara al desván. Ya después vería que hacer con él.

-Vaya, si viniste. Se mofó el peliazul cuando su hermano llegó a su lado.

-Ni creas que fue por tu llamada.

-Claro, claro. ¿Cómo podrías tú perturbarte con tan solo una llamada?. Todo es iniciativa tuya y nada más.

El castaño gruñó a la ironía de su hermano mientras este reía un poco. Así pues el mayor tomó dirección a su estudio, pero oportunamente fue retenido por el peliazul.

-Hey, hey, hey. ¿A dónde crees que vas?.

-¿A dónde se supone?.

-Pues no. Al comedor. Ya.

-¿Tú, ordenándome a mi?. ¿Desde cuando el universo fraguo contra mi autoridad en esta casa?.

Noa, quien le daba la espalda a su hermano ladeó la cabeza mostrándole al castaño una sonrisita entre juguetona y retante.

-Desde que me dio la gana. Ahora, camina.

Esa respuesta, proveniente de otro ser, habría equivalido a la destrucción completa del osado. Sin embargo Seto no podía hacer nada contra su propia sangre aunque el comentario le hubiera hecho realmente rabiar.

Sin embargo se encontraba ante la persona que más quería en esa vida y era al único que le permitía retarlo en cualquier área. Incluyendo el poder sobre la familia y la corporación.

Noa guió su silla hacia el comedor, ordenando sirvieran ya. Sin embargo el sentimiento de victoria no se escapó de sus manos tan rápidamente.

Amaba ganarle a su hermano, sobre todo cuando este se mordía la lengua y no le respondía absolutamente nada.

Magnífico mirarle enfadado pero era su modo sádico de diversión.

-¿Y cómo estuvo tú día?. Cuestionó el menor, escuchando un gruñido del otro quien fuera de su voluntad se sentaba a la mesa.

-Tú bien sabes como.

-Oh, Seto. ¿Por qué no puedes ser un chico normal?.

El castaño enarcó una ceja y Noa sonrió mientras agradecía el plato que le servían.

-Si fueras normal hablarías de lo que te ha sucedido en el trabajo, con las personas o en la Universidad.

Todo lo que sé es que como siempre pones en ridículo a los que menos saben y te enfrascas en trabajos que yo, como "segundo" al mando debería de hacer.

-Pero no soy normal. Gruñó el mayor, haciendo un gesto desaprobatorio hacia la sopa verde que le servían.-¿Pero que diablos es esta cosa?.

-Sopa de apio. Es buena para la digestión.

Seto tomó un poco de la extraña mezcla con la cuchara y la observó como quien mira detenidamente algo que no se entiende. Después volvió a dejarla sobre el plato y se negó rotundamente a comerla.

-¿No piensas comer?. Es muy rica.

-Qué a ti te guste comer pasto, no significa que a mi también.

-Deberías cuidar más tu alimentación. No es como si comieras realmente algo saludable o chatarra, pero te ayudaría a no enfermar.

-Yo nunca enfermo.

-Pero podrías. Anda, se un buen niño y come tu sopa.

Noa llevó la cuchara a su boca y después hizo sonidos de quien le agrada realmente lo que come, consiguiendo una mueca y gruñido de exasperación por parte de su hermano.

-No eres el mismo de antes. Murmuró el castaño a su hermano.

-No se a qué te refieres.

Kaiba le ordenó a una de las empleadas con la mirada que le retirara la sopa. No la comería por nada del mundo y aun así aguardó a que su vegetariano hermano terminara con lo suyo.

-Sabes perfectamente a qué me refiero. Antes, hacías lo que deseabas aunque a papá no le gustara y sin embargo tu carácter era...

-¿Tan serio como el tuyo?.

Seto asintió. Desde que su padre había fallecido Noa había cambiado bastante. Eso no quería decir que en ocasiones la extrema seriedad que los caracterizaba a ambos no se acentuara en su rostro, pero definitivamente un cambio enorme se había evidenciado.

Noa sonrió al comentario.

-Que lleve en la sangre el apellido Kaiba no significa que deba continuar fingiendo lo que papá nos inculcó durante mucho tiempo.

Con él fuera de nuestras vidas¿por qué no cambiar si tú lo haces?.

-Yo lo hago por venganza. Que no se te olvide.

-Y yo por gusto. Estamos a mano.

Era inútil que el castaño discutiera con su hermano. Siempre terminaba exasperado, de mal humor y perdiendo.

Noa era en ocasiones demasiado extraño para su gusto. Tal vez era su edad y sin embargo...

-Si eso es lo que quieres, te apoyo.

-Gracias. No esperaba menos de ti. Además si fuera lo contrario sabes que no te haría caso.

-Tan rebelde como siempre. En eso jamás cambiarás.

-Y tú nunca dejarás de ser "papá Seto".

El aludido miró con extrañeza al otro muchacho quien verificó que las verduras que acompañaban la carne de su hermano estuvieran perfectamente cocidas.

-No me mires así. Sabes perfectamente que tu complejo de "padre" no te deja avanzar.

-Yo no tengo ningún complejo de padre.

-Oh, si. Claro que lo tienes y muestra de ello es que tienes veintidós años y jamás te he conocido intenciones de emparejarte con alguien. Nunca.

-Yo no tengo tiempo para eso. Respondió el castaño con enfado. No sabía a qué venía el comentario.

-Eso dices tú. Pero sabes perfectamente bien que has tenido tiempo desde que papá murió. Yo creo que solo estas evadiendo las situaciones.

Era todo. Noa se estaba extralimitando en sus comentarios y no miraba nada productivo en esa charla.

-Mis prioridades no incluyen nada parecido a esa estupidez y jamás lo tomaré en cuenta.

-Nunca digas nunca.

-Será mejor que te calles Noa. Ya bastante tengo con los incompetentes a mi alrededor.

-Oh¿me callas?. Entonces di en el blanco¿no es así?.

Seto azotó sobre la mesa los cubiertos, mirando gélidamente a aquel que continuaba sonriente y con la mirada fija sobre los ojos que tanto se parecían a los suyos. Era tal vez el único que podía sostenerle la mirada cuando los zafiros deseaban asesinar.

-No lo volveré a repetir, Noa.

-Entonces sino es cierto de que evades las situaciones, te propongo un trato.

-No entraré en tú juego. No lo haré.

Seto terminó incorporándose de su asiento para comenzar a caminar hacia la salida.

No estaba como para bromas estúpidas por parte de su hermano. Tenía muchas cosas que hacer y no desperdiciaría su tiempo en traros tontos salidos de una mente casi infantil.

-Si tú haces algo por mi, yo te prometo no interferir en los próximos proyectos de la empresa y me quedaré en casa tan quieto como nunca.

-Ya te dije que no entraré en...

-Si tú no lo haces, entonces yo tomaré tú palabra de hacerme cargo de KC y no permitir que pongas un pie en la empresa hasta que yo lo ordene.

La seriedad con la que Noa había expuesto sus términos hizo virar al que ya se retiraba, esperando encontrarse con un rostro sonriente que se mostraba serio.

Aquello realmente era verdadero.

-No estoy para bromas. Ya te lo dije.

-Ni yo. Y sabes que cuando hablo en serio, lo hago.

Y ahí estaba, la misma mirada seria que el castaño poseía.

Noa no bromeaba y estaba hablando muy en serio.

Seto no tenía objeción en que Noa se inmiscuyera en los asuntos de la empresa, mucho menos que opinara. Las cosas se complicaban cuando el peliazul se mostraba demasiado empecinado en lo que exponía y de ahí se derivaban verdaderas y titánicas peleas entre los hermanos.

Sin embargo que el otro heredero lo excluyera de lo que él hacía era jugar demasiado sucio y ruin. Sin embargo y aunque él gozara momentáneamente del título de dueño absoluto de KC, sabía que si se lo proponía Noa podía alejarlo de todo y dejarlo sin nada.

Astutamente esa era la mentecita que Gozaburo había creado.

-¿Qué es lo que quieres?. Cuestionó enfadado, cruzándose de brazos tras regresar sobre sus pasos.

Noa sonrió un poco solamente, no deseando perder la seriedad con la que había logrado llamar la atención de su hermano.

-Es algo muy sencillo.

-Habla ya. Exigió el otro, comenzando a exasperarse realmente.

-Todo con calma. Siéntate y lo hablaremos mientras digiero la comida.

-No tengo...

-Yo haré entonces que tengas todo el tiempo del mundo Seto. Es eso o...perder el poderío de la empresa momentáneamente.

-Chantajista.

-Y el mejor de todos. Al final tú y yo somos iguales.

Seto terminó sentándose nuevamente a la mesa. Se encontraba bajo las garras de un adolescente que podía arruinarlo con tan solo chasquear los dedos.

¿Por qué se parecían tanto?.

A las nueve en punto Joey se encontraba tocando el timbre del pequeño negocio en cuya trastienda se encontraba la casa de su mejor amigo.

Era una noche fresca por lo que su atuendo se miró complementado con una ligera chaqueta que lo cubría un poco del viento.

-Hola, Joey.

-Buenas noches señor Mouto. ¿Cómo está?. Saludó cortésmente el rubio cuando el abuelo de Yugi lo recibió. Como siempre.

-Cansado de que me cuestionen eso. Entra, Yugi bajará en unos minutos.

Joey asintió, entrando al calor que el hogar de su mejor amigo le brindaba cada vez que iba a visitarlo.

No cabía duda, el ambiente era muy diferente al que él vivía.

-Y dime Joey¿a qué clase de fiesta van?.

-Ya sabe. Las mismas de siempre.

Salomón no pareció muy convencido de la respuesta, sin embargo no podía culpar al rubio por dársela.

-¿Y como vas en tus clases?.

-Bien, gracias. Aunque tengo dificultades con unas cuantas. Pero nada que el grandioso Joey Wheeler no pueda resolver.

-Eso espero. No me gustaría mirarte convertido en un don nadie por ahí. En el estudio y la superación se encuentra la llave del éxito.

Joey debía entonces decir que aunque el hombre fuera bastante estricto en sus normas, se había sabido ganar su afecto y cada buena intencionada frase hacia él, estaba cargada de un cariño que agradecía infinitamente.

-Gracias. Lo tomo muy en cuenta, señor.

Salomón no pudo continuar pues su nieto bajaba ya las escaleras con demasiada prisa para su gusto.

-Hola Joey. ¿Listo para irnos?.

El rubio asintió, mirando con extrañeza el atuendo de su amigo.

Yugi estaba vestido como para asistir a una muy recatada clase de modales, dónde la corbata y el sweater hacían juego con el pantalón café de vestir. Algo demasiado nerd para los gustos alocados de Joey.

-Si Yugi. Claro.

-Luces muy bien Yugi. Te felicito por tú elección. Añadió el hombre mayor al aprobar la vestimenta de su nieto.

El de cabello tricolor por su parte asintió solamente y halando a su amigo para salir de su casa es como a gritos se despidió de su abuelo quien solo movió la cabeza de lado a lado.

-Juventud loca.

Mientras tanto el pequeño halaba con fuerza y rapidez al rubio quien mirándose ya a una distancia prudente de la casa de su amigo, paró en seco la travesía.

-Hey, hey. Alto amigo. ¿Qué ocurre?.

-Es que no quiero que mi abuelo me vea.

-Pues vestido así dudo que alguien no te vea.

-No es por gusto Joey. Ya sabes como es mi abuelo con mi ropa de "fiesta".

El de ojos castaños asintió, observando con sonrisa en labios como su amigo miraba de lado a lado por la calle y de un momento a otro comenzaba a quitarse aquella ropa tan formal pero tonta para la ocasión.

-Hey. Yo no pedí un striper Yug. De haber sabido que esto sucedería te habría llevado a un lugar más adecuado.

-Oh, callate Joey.

El rubio amaba embromar a su amigo de esa manera, sin embargo comprendía el porque ocultaba su ropa llamativa del ojo inquisidor de su abuelo.

Al final y bajo todo aquel excesivo revuelo salió a la superficie un chico totalmente diferente al que había salido de su casa.

Yugi era muy atractivo y aunque su popularidad no era mucha, Joey podía decir que si el pequeño se lo proponía podía tener a quien quisiera en esa vida.

-¿Nos vamos?.

-Claro. Ahora si no me dará pena llegar contigo.

Yugi golpeó a modo de juego el brazo de su amigo y ambos con más tranquilidad caminaron hacia la fiesta, ocultando la ropa recién extraída en una caja junto a un contenedor que no se utilizaba.

El camino fue corto entre bromas y risas y al final al arribar a la casa de Jill, ambos se prepararon para cualquier ocurrencia que el chico tuviera.

-Hola, hola. Bienvenidos. Pensé que no los vería por aquí. Anunció el anfitrión, cediéndoles el paso hacia el interior de su casa.

-Aquí estamos. Dispuestos a disfrutar como nunca. Anunció Joey con un guiño.

-Eso lo veremos Wheeler. Mientras tanto siéntanse como en su casa. Y cuando digo "siéntanse" es todo.

Jill guiñó un ojo y tras una risita se apartó de ellos, dejándoles la visión de una típica fiesta donde el licor, los grupos de amigos y la música estridente podía escucharse hasta el otro continente.

-Bueno, henos aquí. Murmuró Joey buscando inmediatamente algo que comer.

-Si. A disfrutar entonces.

El rubio no podía entonces detener a su amigo. En todas las fiestas el pequeño resultaba demasiado extrovertido. Tal como su personalidad se lo dictaba. Mirarlo cantar, bailando o charlando con quien menos se imaginaba era algo común pero en contadas veces admirado.

-No te vayas a extraviar Yugi.

-Lo mismo digo. Gritó el de cabellos tricolor al saludar a un par de compañeros de clases.

Joey solo sonrió y sin más caminó por su lado, en busca de algo que beber o en su defecto con alguien quien conversar.

Sin embargo todo su concepto de fiesta inesperada o loca desapareció cuando frente a él miro al objeto de su afecto charlando con algunos chicos en un rincón de la sala.

Sus ojos brillaron y la sonrisa en su rostro se tatuó.

Al final la dichosa fiestesita no resultaba tan mala idea. Es más¿quién se acordaba de ella teniendo a su afecto presente?.

No lejos de ahí y a un par de cuadras, un chico se debatía entre salir o no de su auto.

Tamborileaba con insistencia sus lagos y blancos dedos sobre el volante, mientras escuchaba levemente la estruendosa música que provenía de la casa indicada.

Su entrecejo se encontraba fruncido y la idea de mezclarse con personas o aun peor, remedos de personas que no conocía o toleraba era la peor de las torturas que habrían podido imponerle jamás.

-Maldita sea mi suerte. Y maldita sea tu retorcida mente, Noa Kaiba.

Seto no sabía al final que era lo que se encontraba haciendo en aquella dirección y vestido de una manera que pretendía mejor ignorar y pasar por alto.

Pero ahí estaba, cumpliendo el capricho idiota de su hermano quien sin saber el cómo diablos lo había hecho, le había dado a escoger entre llevar a la mansión a alguno de sus compañeros de clase o asistir a alguna fiesta que curiosamente ese día se llevaba a cabo.

Los Kaiba poseían millones de maneras de conseguir información, sin embargo aquella resultaba ridículamente planeada.

Pero esa había sido la condición que durante horas ambos hermanos habían reñido, venciendo al final el peliazul.

Ahí pues se encontraba, debatiendo entre salir o aguardar en el auto hasta la hora señalada de arribo a casa.

Bien podía aparentar que había asistido a la dichosa fiesta. Sin embargo debía llevar una prueba de que había asistido y esa consistía en tomar algunas fotografías específicas en el interior de la casa.

Eso era el colmo y sin embargo debía hacerlo sino quería permanecer fuera de KC por tiempo indefinido.

-Maldición. Volvió a gruñir, decidiendo que entre más pronto realizara las cosas, más rápido saldría de todo eso.

Así pues bajó de su auto, colocó la alarma y comenzó a caminar hacia la casa de la fiesta mientras la gabardina que Noa había elegido de entre ropa que no sabía existía en su armario, ondeaba siguiendo su altivo y estilizado andar.

Realmente no parecía el ejecutivo de siempre. La ropa casi "común" que utilizaba podía hacerlo pasar como cualquier otro joven en pos de diversión.

-"Si vas disfrazado de payaso. No conseguirás nada Seto. Es mejor vestirse así".

Habían sido las palabras de Noa, quien sonrientemente lo había despedido desde la puerta, recordándole lo que debía hacer para ganar aquella especie de apuesta.

-Ya me las pagaras. Maldito sin vergüenza. Musitó, deteniéndose frente a la puerta entreabierta de la casa.

Era verdad cuando había dicho que no gustaba de los ruidos intensos y la música que escucho apenas poner un pie en la casa lo desquició totalmente.

-No lo haré. No lo haré. No voy a entrar a esa fiesta para ver a una bola de ineptos hacer estupideces frente a otros idiotas. No voy a hacerlo.

Sin embargo debía, porque la empresa le importaba realmente y no iba a permitir que su hermano se saliera con la suya.

Él jamás perdía una apuesta y esa también la ganaría.

Por ello decidido y frío como siempre se introdujo de lleno a la casa donde esperaba tomar las evidencias y salir sin ser visto.

-Oh¿pero qué tenemos aquí?. Si se trata del mismísimo Seto Kaiba en persona. ¿Qué te trae por aquí?.

Jill tenía facilidad para la retención de nombres y rostros y aquel muchacho reconocidísimo por lo que era no podía ser la excepción.

Además la Universidad no había vuelto a ser lo mismo desde que él había llegado a ella. Tenerle en su fiesta era...extraño.

-¿Qué debería traerme?. Inquirió Kaiba con enfado.

-Bueno. No creo que vengas a divertirte. ¿O si?.

El gesto gracioso que Jill realizó exasperó mucho más al castaño por lo que evadiéndolo trato de alejarse de él y cualquier otro que pudiera acercársele.

Sin embargo y como siempre sucedía cada vez que pisaba un lugar, la atracción hacia su persona había sido inevitable por lo que en la mayor parte de su estancia en aquel lugar lo pasó evadiendo y tratando de salir de ahí al menos con la camisa puesta.

Las chicas y chicos que le rodeaban comenzaban a causarle un tremendo estado de claustrofobia que odiaba en el alma. Lo aborrecía y se sentía ansioso de solo experimentarlo.

Por ello y como sucedía en la universidad realizó todo tipo de peripecias que por momentos dejaban desconcertados a sus seguidores y en otros solo provocaban euforia total.

-Malditos alcohólicos. Susurró cuando un pilar lo ocultó perfectamente de la vista de un par de chicas que preguntaban por él.

En un lugar tan pequeño era difícil esconderse sin embargo para él no existían imposibles.

-Ya basta de estupideces. A tomar las malditas fotografías y a salir de aquí. Ya es suficiente de ineptos alcoholizados con sus hormonas.

Así pues extrajo su móvil y con rapidez y discreción comenzó a tomar la "evidencia" que mostraría a su hermano y posteriormente olvidaría. Catalogando ese momento como uno de los peores dentro de su vida.

Sin embargo y cuando enfocaba a un par de parejas bailando en una pista improvisada, miró con sumo detenimiento aquello que había captado con la pantalla de su móvil.

Ahí, bailando mas que "calientemente" se encontraba el rubio estúpido ese con quien se topaba todos los días.

No parecía el mismo en cuyos ojos se mostraban gamas diversas de emociones. Más parecía un tonto más dentro de aquel ambiente.

Sin embargo no fue eso lo que le hizo mirarle sin conocer exactamente las palabras, sino el observarlo bailar con erotismo puro al compás de la música de fondo y de un par de manos que guiaban sus caderas muy cerca del cuerpo de...otro individuo.

-Veo que te gusta el espectáculo.

Uno de los amigos de Jill se había acercado al castaño con un par de copas encima por lo que hablando al aire no se percató de a quien realmente hablaba.

-No. Respondió tajantemente el ojiazul, desviando la mirada.

-Por favor amigo. Eso es tener la calentura bien arriba. Ese Joey si que mueve las caderas. Rió el chico, bebiendo otro trago de su vaso.

-Joey. ¿Así que así se llama?. Indago en voz alta solo para él, más su acompañante pensó lo contrario.

-SI te refieres al rubio si, así se llama. El castaño de ojos verdes que baila con él se llama Touma y aquí entre nosotros no es la primera vez que se encuentran así.

-¿Así?. Inquirió el castaño, sin saber realmente por qué lo hacía.

-Ya sabes. Se rumora que ya se han acostado en varias ocasiones. Sin embargo jamás se llega a comprobar nada. Tú sabes, chismes. Pero de que existe la química verdadera entre ellos, existe. Si no lo crees solo basta mirarlos para saber que se atraen y que Touma siempre a sido el objeto del afecto de Wheeler.

El chico rió burlonamente, pero Seto no lo hizo. Simplemente contempló la escena que continuaba subiendo de tono frente a él para sin previo aviso cerrar su móvil, guardarlo y salir de aquella casa.

Tan rígidamente como siempre subió y encendió su auto, guiándolo lejos de todo aquel alboroto que solo le causaba dolor de cabeza.

Sin embargo y cuando realizó un obligado alto frente a un semáforo, sus labios se abrieron por primera vez desde que hubo salido de la fiesta.

-El objeto de su afecto...Joey Wheeler...inepto estúpido exhibicionista de pacotilla. ¿Por qué no podías simplemente conservar tú mirada como siempre?.

Resultaste igual que toda la miserable humanidad.

El auto avanzó y él no volvió a pronunciar palabra alguna. Solo pensamientos incoherentes que lo siguieron por el resto de la noche.

Continuará...

¿Y bien?...si ya se, me van a matar :( pero les prometo q muy pronto todo se solucionará

Gracias por sus enormes muestras de afecto, así como de apoyo hacia mi. Jamás será suficiente para terminar de agradecerles.

Por ahora es todo pero espero actualizar un poco mas rápido.

Ya saben que todo comentario es bienvenido, así que nos vemos a la próxima y aunque se q están pensando en las ciento un formas de matar a Katrinna Le Fay, aguárdenme tantito, aunque sea para terminar la historia¿si? jajaja. Nos vemos, s amiga:

KLF