TITULO: Dreams
Capitulo: El chico nuevo
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: el grito que atrajo varios ojos a la pequeña reunión.
-Shhh, cállate. ¿Quieres que se entere todo el mundo?.
-No pero...¿cómo es posible?.
El rubio elevó los hombros, sin embargo la sonrisita en sus labios lo dijo todo por él.
Yugi por otra parte solo negó con la cabeza y suspiró pesadamente.
Lo que Joey acababa de contarle era algo de lo que ya estaba acostumbrado a escuchar, sin embargo él conocía muy bien las consecuencias de tanta algarabía.
El rubio era como el sol, quien ante tentativas de días lluviosos se ocultaba para dar paso a los tristes nubarrones y a las gotas que simulaban lágrimas.
Una metáfora más que evidente y verdadera de lo que Joey era en realidad y si en esos momentos el sol brillaba en su máximo esplendor, no quería mirar lo que sería cuando la lluvia lo acaparara.
Algo inevitable, como también lo era ese círculo vicioso en el cual vivía su mejor amigo.
-¿En qué piensas Yug?.
-En nada. Solo recordaba algunas cosas. Es todo.
-Si, aja. Y yo soy el conejo de pascua.
El de cabellos tricolor sonrió a medias. A pesar de todo el sol siempre se daba cuenta de todo.
-Tienes razón. Solo pensaba en lo que acabas de contarme. Es todo.
-¿Es todo?. Yug, esas cosas no se piensan. Solo se escuchan y ya. No te conocía esas mañas, he.
El guiño pícaro del rubio hizo sonrojar con violencia al más bajito, el cual fue producto como tantas veces, de las bromas y risas de su amigo.
-Solo...ten cuidado Joey. Ya sabes que no me gusta que...
-Esta vez será diferente Yug. Ya lo verás.
Sin más el rubio miró su reloj y de inmediato se incorporó de su lugar, presa de una prisa repentina que solo hizo suspirar sonoramente a su acompañante.
-Debo irme. Te veré después. Toma muchas notas que te las pediré después. Adiós.
-Joey...Joey...tonto.
Yugi resopló con enfado a la figura ya alejada de su compañero. Odiaba cuando lo dejaba hablando solo, más cuando todo aquel alboroto era gracias al sujeto culpable de esa inexorable felicidad por parte del rubio.
De ahí entonces la verdad de todo.
Joey se había acostado con Touma Itashi...otra vez.
El día de la fiesta en casa de Jill, desde lejos había estado observando a su mejor amigo quien presa de la infalible sonrisa del ojiverde había vuelto caer en sus redes para no salir en toda la noche ni el fin de semana.
La última vez que había visto a Joey había sido en la madrugada del Domingo. El rubio y su..."compañero" lo habían escoltado sano y salvo hasta su casa, de ahí ni una noticia del rubio o su paradero. Al menos hasta ese día por la mañana cuando un Joey totalmente en las nubes había arribado cantando al salón de clases.
Con toda la experiencia que la amistad une, Yugi no necesitaba formular demasiadas preguntas para adivinar lo que había sucedido.
El rostro y la despampanante sonrisa en los labios de su mejor amigo lo decían todo.
Joey había vuelto a caer en las garras de Touma.
-¿Cuándo aprenderás, Joey?. Ese sujeto solo te hace daño. Pero tú no puedes verlo.
Fue el susurro cansado y triste de aquel quien compadecía enormemente a su pobre amigo Wheeler.
-Hey, Yugi. ¿En dónde esta el bobo de Joey?.
-No lo sé. Mintió el muchacho a sus amigos, quienes se acercaban después de haber concluido con sus clases antes del receso.
-Qué extraño. Joey jamás se pierde un desayuno. Mucho menos cuando me toca traerlo. Mencionó pensativamente Tea, quien mirando al chico de ojos violáceos había tratado de deducir algo.
-Ya...sabes como es Joey. Siempre activo y olvidadizo. Escudó Yugi. Si el rubio no había hablado de Touma a sus demás camaradas, él lo respetaba.
-En fin. El tonto se lo perdió. Provecho. Inquirió Deblin antes de lanzarse hacia los emparedados de la única chica de aquel singular grupo.
De vez en cuando Tea cocinaba un pequeño refrigerio para su pandilla, el cual solían comer bajo uno de los árboles de la sección de descanso.
Era un momento agradable que compartían con muchos ánimos pues tal ocasión se aprovechaba para descansar y cambiar el aire alborotado de la cafetería.
-Este emparedado está delicioso. ¿Por qué no traes desayuno más seguido?. Preguntó Tristan con la boca aun llena.
-Porque no tengo tiempo. Si contara con él ten en cuenta que lo traería.
-Lastima. Imitó Duke al morocho.-¿Por qué no estudiaste para chef?.
-No Deblin. Es mejor así.
-Gracias Tristan. Tú si me comprendes. Sonrió la chica cuyo sueño era llegar a ser una gran bailarina.
-Claro. Privamos al mundo de tu rica comida y también de la indigestión.
El de ojos verdes lanzó una carcajada que se unió a la de Tristan y al reclamo de la chica, quien indignada debatía le regresaran su comida.
Mientras tanto Yugi masticaba calmadamente, presa del mismo pensamiento que no podía dejar su cabeza por ser importante.
Sus ojos violáceos se encontraron entonces mirando el corredor por el cual Joey había desaparecido minutos atrás.
Seguramente en esos momentos se encontraba con el castaño de ojos verdes, disfrutando de una buena sesión...de lo que fuera que hicieran.
Repentinamente el de cabellos tricolor se sintió muy azorado y tuvo la sospecha de que su rostro era aun más rojo que la señal de "Alto" en los cruceros.
-Hey, Yugi. ¿Te sientes bien?.
-Si Tea, muchas gracias. Asintió el pequeño, mordiendo otro pedazo de emparedado.-Solo estaba disfrutando de tu rico refrigerio.
El dulce carácter de Yugi agradaba a todos por igual, por ello no fue extraño que la muchacha le sonriera y le cediera un panecillo más que el alborotado estómago de su amigo agradeció.
-En verdad que Joey se ha perdido de algo bueno.
-Si. Pero la comida no se desperdició.
-Claro. Con glotones como ustedes¿qué significa desperdiciar?.
El par de chicos rió mientras Tea reñía y dedicaba posteriormente una nueva mirada a su compañero quien continuaba mirando hacia algún lugar inespecífico.
-¿De verdad te sientes bien Yugi?.
-Si. Solo estoy recordando si no me falta algo que hacer.
-Pareces preocupado. ¿Seguro no es nada?.
Yugi volvió a negar. Era mejor dejar de pensar en Joey y sus asuntos antes de que sus amigos comenzaran a sospechar que él sabía algo.
De solo recordar los métodos "sutiles" de tortura que Tristan y Duke utilizaban para saber la verdad, decidió mejor aparentar ignorancia.
Así pues el refrigerio transcurrió entre riñas por parte de los chicos traviesos y una que otra risa por parte del de cabello tricolor y peinado estrambótico.
Para cuando el horario de clases volvió a reanudarse, el grupo de amigos se dirigió a sus respectivas aulas, quedando en el aire la pregunta que desde el inicio se formulaba¿en dónde estaba Joey?.
Eso era precisamente algo que Yugi quería olvidar por un rato.
Los besos eran intensos, tanto que hizo falta que el escritorio golpeara la pared para que dejara de moverse bajo el peso completo de Joey y su acompañante.
A lo largo del tiempo el rubio había aprendido muchas cosas. No solo los multiusos que le ayudaban en su economía, sino infinidad de maniobras que habían logrado mucho más de lo que el factor dinero podía llegar a obsequiarle.
Una bocanada de aire rápida entonces para reanudar casi de inmediato los besos y caricias que parecían no bastar para apagar aquello que desde el primer día se encendió en ambos cuerpos.
-Es hora de clases Touma.
-¿Y?.
-Y...y...y...
-¿Me estas diciendo que quieres parar?.
El muchacho de nombre Touma posó su verde y atractiva mirada sobre los ojos castaños quienes temblaron ante la sola idea de separarse de aquel muchacho.
Por eso negando es como nuevamente Joey sintió los ansiosos y activos labios de quien parecía necesitado de todo menos de oxígeno y clases.
El rubio no podía quejarse, estaba disfrutando como nunca ese momento y aunque con ello se ganara varias faltas, bien las valía con tal de estar al lado de su afecto. Mejor dicho, bajo él.
Remontándose entonces a varios años atrás, comenzaba esa extraña relación que en ocasiones se quebraba cual cristal finísimo y en otras parecía tan sólido como plomo.
Touma era la clase de chico codiciado y cotizado, cuya lista de admiradores sobrepasaba la de cualquiera.
No era extraño mirar al alto y bien dotado castaño, rodeado de chicas y chicos por igual, declarando así su doble preferencia aceptada y repudiada por muchos.
Sin embargo de que el chico tenía encanto, lo tenía, pues su carácter indómito y su finta de autosuficiente sin desgracia le hacía ganar bastantes méritos. No solo en la preparatoria, sino en la Universidad también.
Cuando Joey hubo entrado a la preparatoria, Touma se encontraba en el último curso, desplegando como nunca su arte de encanto y seducción.
La primera vez en que los ojos del rubio se fijaron en él no hubo poder humano que le hiciera despegar corazón y mirada del muchacho, quien de vez en cuando le sonreía a distancia dando pie a sueños que quedaban solo en eso.
Para el rubio, Touma Itashi era solo un amor platónico inalcanzable y con mucha más fuerza deseado.
Esto solo provocaba la depresión en el muchacho pero también la firme decisión de al menos llegar a ser mirado como alguna posibilidad para el ojiverde.
Y ahí había empezado la historia que más tarde y debido a los constantes fracasos por parte de Joey, fueron a parar al conocimiento del buen Yugi quien un tanto emocionado y miedoso por su amigo, lo animaba con su siempre cordial sonrisa y amistad.
Sin embargo eso no había sido suficiente para el muchacho de ojos castaños quien en casa continuaba sufriendo de las insistentes desgracias y humillaciones por parte de su ebrio padre, las cuales y fusionadas con sus decepciones amorosas solo contribuían a construir un caos completo en Joey.
Una noche entonces, cuando su padre ebrio como siempre había organizado una fiesta terminada siempre en orgía, el muchacho hubo tomado entonces la resolución de alejarse de su hogar y adentrarse al menos en la soledad que la calle podía dar.
Más a pesar de su larga y cansada caminata había terminado en una fiesta, donde algunos chicos mayores hacían revuelo y bebían un poco.
Joey no gustaba muchos de las personas que bebían, sin embargo la tentación de borrarse de la mente su vida tan desgraciada, logró introducirse en el sistema dos botellas medianas de cerveza, terminando con unas terribles náuseas y obvios mareos.
Sin más, había pasado la noche entera en el cuarto de baño. Con el rostro introducido en el retrete y el cuerpo flácido al lado.
Una firme resolución se hubo hecho ese día, la cual aun permanecía con él pese a todo: Jamás volvería beber licor en lo que le restaba de vida.
Una promesa cumplida pero en ese momento totalmente ridícula.
El destino entonces pareció estar en su contra, o eso pensó él cuando de madrugada alguien lo alejó del inodoro y le pasó un paño mojado por el mortalmente lívido rostro.
-"¿Te encuentras bien?". Fue la cuestión que entre inconsciente y conciente escuchó demasiado lejos.
Sus pesados y rojos ojos se abrieron entonces para indagar en aquella voz, encontrándose con un par de verdes pupilas al parecer preocupadas por él.
-"No puede ser". Murmuró medio dormido, obteniendo una risita de la persona que continuaba retirándole el sudor del rostro.
-"No deberías beber sino sabes. Ven. Te llevaré a otro sitio".
Y esa fue entonces la primera vez que se sintió verdaderamente en el paraíso.
Touma, su Touma lo había levantado con total facilidad y lo llevaba en brazos a un lugar que ni siquiera se molestó en averiguar.
Joey recordaba que una leve sonrisa se había dibujado en sus resecos labios, una que fue imitada por el castaño de ojos verdes hasta que lo hubo depositado con total delicadeza sobre un sofá.
-"Te traeré algo caliente y cargado. Espérame aquí".
Touma no había tenido que repetir la oración dos veces porque el rubio lo aguardó ahí hasta que el castaño regresó de no sabía dónde.
-"Es café. No había nada más en la cocina. Pero esto te hará bien".
Y Joey lo bebió todo sin importarle la amargura, la sobrecarga de cafeína o el hecho en si de que no le gustaba el café sin azúcar.
Todo quedó descartado por el simple hecho de estar al fin con el objeto de su afecto.
-"Te llamas Joey¿no es así?".
-"Si. ¿Pero...pero cómo...?"
-"Bueno...tengo mis métodos de información".
Había inquirido y guiñado el muchacho, haciendo sonrojar al rubio quien bebió más aprisa el cargado contenido del vasito.
-"Ahora recuéstate que iré por un poco de hielo para ese feo golpe que tienes en la cabeza. No tardo".
Tan absorto en su mundo de nubes había estado que no había recordado el tremendo golpe causado por una de sus muchas caídas antes de arribar al baño.
Sin duda Touma era mucho muy observador y la infinita ternura que estaba teniendo para con él jamás la había imaginado.
Fue entonces cuando el corazón del rubio eligió al de apellido Itashi como ocupante completo y único de su corazón.
Nada más importó y en los días subsecuentes a aquel penoso incidente, las cosas mejoraron mucho para el rubio y sus sentimientos, los cuales se veían realizados después de cruzar unas cuantas palabras con su "salvador".
Pero la verdadera razón del porqué de un círculo vicioso como Yugi le llamaba, se cita a continuación, con un desenlace siempre fiel y predecible.
Desde el momento en que Touma ayudó a Joey se creó entre los dos una especie de extraña relación que no se catalogaba como amigos exactamente.
Todo lo referente al chico de ojos verdes era para el rubio motivo de investigación, hasta tal punto de inscribirse en el equipo de atletismo de la preparatoria solo por estar al lado de su afecto.
Algo rotundamente loco que Yugi siempre le reclamaba.
Sin embargo para un loco y ciego corazón enamorado las palabras no eran suficientes por lo que su empeño de estar cada vez más cerca de Touma se había visto recompensado una de esas tardes, cuando terminado el entrenamiento el ojiverde había acorralado a Joey contra una de las paredes del vestidor y ahí, entre el humo del agua caliente y el piso mojado de una mediana habitación, el rubio había experimentado lo que era pertenecerle a alguien por primera vez. Y no a cualquiera, sino al chico del que estaba totalmente enamorado.
La reacción posterior había sido la obvia, pues mientras él viajaba de asteroide en asteroide y de corazón en corazón formado con una T y J entrelazados, la cruel realidad le hubo golpeado de frente una de esas tardes cuando molesto salía de casa de Yugi tras escuchar de boca del de cabellos tricolor que Touma solo jugaba con él.
Decir aquello equivalía rotundamente a romper una amistad sólida, que estando él perdido en los mares profundos del amor no podía tolerar.
Sin embargo toda la comprensión y amistad que pedía por parte del chico bajito se había visto olvidada cuando al buscar a su "novio" no oficial dentro de la escuela, lo había encontrado con otro haciendo cosas que él mismo había hecho ya más de una vez.
La decepción había sido obvia e inmediata, terminando con un mar de lágrimas desgarradoras en las rodillas de un siempre comprensivo Yugi.
-"Yo jamás te dije que era tu novio. ¿Qué crees?. ¿Qué voy a atarme a ti solo porque cojimos?. Pobrecito iluso".
Habían sido las palabras que tras un reclamo Joey había obtenido.
De más está describir la profunda depresión en la que el rubio se miró inmiscuido, hasta el punto de perder sus empleos y de ser internado en el hospital por inanición.
Terrible conmoción para un corazón ilusionado y desgarrado por la profunda herida del desamor y el rompimiento de ilusiones por un hombre incapaz de ser llamado como tal.
Poco a poco Joey recobró sus fuerzas, ayudado por sus amigos pero siendo Yugi el único conocedor de la realidad.
Sin duda el pequeño había sido su más sabio apoyo pero y a pesar de que el rubio deseaba odiar con su vida a aquel que lo había dañado tan profundamente, no pudo, comprobándolo después cuando el ojiverde le invitó a pasear y arribó a casa con la historia de: "me quiere pero no supo decírmelo a tiempo".
Desde entonces y a pesar del cambio de escuela, entre Joey y Touma existía un círculo donde después del sexo venía la depresión y posterior a la recuperación, de nuevo las mentiras de un muchacho que pese a haber incrementado su musculatura y atractiva faz, continuaba siendo el mismo que jugaba con chicos y chicas por igual. Siendo Joey tal vez el más afectado, pues a pesar de todo lo continuaba queriendo como a nadie en ese mundo.
-¿Te gustó el fin de semana?.
-¿Bromeas?. Fue increíble. Susurró el rubio tras recibir un pequeño mordisco en su cuello.
Después de la fiesta ambos habían pasado lo que restaba del fin de semana en el departamento del castaño por lo que tiempo y espacio estaban olvidados para Joey, quien momento más feliz no podía tener en su vida.
-Me alegro. Tal vez...podamos continuarlo otro día.
-Si. Cuando lo desees.
Touma sonrió por lo que después de besar con voracidad nuevamente los labios de Joey se incorporó, comenzando a acomodarse las ropas.
El rubio lo imitó mientras experimentaba de nuevo aquel viaje astral en las nubes de algodón.
Su Touma era increíble y desde el momento en que aceptó bailar con él la noche de la fiesta, no se separaban.
Él tenía la ciega confianza de que el ojiverde se quedaría a su lado pese a todo y así lo lograría aunque tardara mil años en hacerlo.
-Te buscaré entonces en la semana. Tengo...trabajo que hacer.
-¿Quieres que te ayude?. Cuestionó el rubio inmediatamente.
-No. Gracias. Yo puedo hacerlo solo.
Sin mas Touma volvió a besarle para después salir del aula que habían compartido por unas cuantas horas.
Joey suspiró sonoramente, quedando una sonrisa inmensa sobre sus labios hinchados.
Todo su mundo era increíble. Había pasado unos días maravilloso en compañía de su ojiverde y por nada en el mundo perdería ese fantástico sentimiento que hacía a su corazón saltar de alegría.
Siguiendo a su adorado, Joey salió del aula procurando no ser visto.
Aquella sección estaba en remodelación y si algún directivo lo veía...no quería ni pensar el castigo que obtendría.
Sin embargo se sentía inmensamente feliz. Algo le decía que esa vez Touma si se quedaría con él y no volvería a abandonarlo como las otras veces.
Joey pensaba, que entre ambos existía una química demasiado especial e irrompible que los obligaba a estar juntos y a separarse por diversas y difíciles circunstancias.
Sin embargo el haber pasado casi tres días juntos era una excelente señal y más feliz no podía sentirse.
-Esta vez será diferente. Susurró, procurando tomar firmemente su mochila en el hombro y no evidenciar su excesiva luminosidad.
Pero siempre algo arruina los mejores momentos.
-Vaya, vaya. ¿Así que el dueño del perro le ha dado un regalito?. Es bueno para variar no verte tropezando con las personas.
El aludido se detuvo en seco. Esa voz. Esa exasperante voz no iba a lograr que su perfecto día se volviera basura, por ello ignorando completamente al idiota de los ojos azules es como continuó caminando. Tratando de evocar el rostro de su Touma para no caer en desagradables conclusiones.
-¿Te volviste sordo?. Lo que faltaba. Un perro sordo y ciego. ¿Quién querría contratarte como perrito faldero?.
-No vas a lograr que me enfade. No hoy. Murmuró Joey, sabiendo que Kaiba lo seguía muy de cerca.
-¿Y quién dijo que estaba haciéndote enfadar?. Yo solo digo la verdad.
Esa vez el rubio se detuvo y girando hacia Kaiba lo miró fijamente.
-Di lo que quieras, pero hoy no voy a enfadarme.
Seto debía admitir que en el molestar al rubio había encontrado una perfecta distracción que lo hacía olvidarse un poco del estrés y del trabajo.
Había dejado de culpar a la vida por ponerle frente a aquel adefesio de persona y se había limitado a molestarlo y a sentirse, como siempre, el mejor del mundo.
Pero verle ese día un tanto...diferente, había provocado que involuntariamente se acercara a él y comenzara con la usual riña de siempre.
Sin embargo y al parecer el rubio no le apetecía seguir el "juego".
-¿Quién lo diría?. Es increíble como pobretones y poca cosa como tú se conformen con otra inútil cosa como lo es ese sujeto. No cabe duda de que los idiotas siempre buscaran otros idiotas para unirse.
Eso fue suficiente. Una cosa era entrometerse con él y otra muy diferente insultar a su persona especial, por ello y sin aviso volvió a girar y a enfrentarse al ojiazul que jamás perdió la pedantería y altivez que lo caracterizaban.
-Cállate. Ordenó el rubio con fuerza.-No te permito que hables mal de...
-¿Tu amante?. Pero si es la verdad. Aseguró el castaño, sonriendo tan irónicamente como solía hacerlo.
-No te importa lo que seamos. Solo te advierto que no lo insultes. ¿Entendiste?.
-¿Tú. Advirtiéndome a mi?. Que buena broma es esa. Rió Kaiba divertido de la situación.
-No me provoques. Te lo estoy advirtiendo. Gruñó Joey exasperado de ese sujeto y de sus palabras sin sentido.
Sin embargo Seto no se encontraba de humor como para continuar jugando con el carácter de su conejillo de indias, por ello trató de disfrutar cada gesto molesto de aquel pelele sin gracia.
-Debería de gravarte la próxima vez y enviarle la cinta con mis respectivos saludos al decano de la Universidad. Sería fantástico mirarte salir de aquí con las orejas gachas y la cola arrastrando en el piso. Una común forma que utiliza un perro al partir cuando lo han retado.
-¿Si?. Es bueno saberlo. Asintió Joey no queriendo entrar en ese estúpido juego.
Con los días se había dado cuenta de que él, para ese rico engreído era una especie de diversión que al no poder detenerse debido a sus impulsos, deseaba dejar de lado por el bien de su cordura y de la faz del castaño.
-¿Verdad?. Es más¿cuántos ofrecerían por el video de lo que tú y tu amante hacen en esa aula vacía?. Sería interesante subastar un video que seguramente no recaudaría ni para una goma de mascar.
La risita sádica de Kaiba provocó que Joey formara puños con sus manos y volviera a encarar a aquel que se reía de él.
-No lo harías. Gruñó molesto.
-Pruébame. Retó Kaiba sin la menor pizca de miedo ante la retante actitud del rubio.
Sin embargo lo único que salvó a Kaiba de un buen y certero golpe de Joey fue la repentina llamada por el alta voz que le hicieron.
-Ya me las pagarás en otra ocasión. Maldito.
-Cuando quieras. Sabes que puedo ganarte como y en dónde sea.
Joey se contuvo de verdaderamente golpear al idiota castaño por lo que caminando a toda prisa se perdió de la vista divertida de Seto.
El empresario tenía un muy peculiar sentido del humor y el que había encontrado con el rubio era en particular estimulante.
La dosis perfecta de tiranía que no podía emplear contra sus contactos en la empresa mientras se encontraba en la Universidad.
Por ello es que sonriendo un poco de lado y aferrando con fuerza su maletín se dirigió a su auto.
Por ese día ya bastaba de clases mediocres y sin sentido. Tenía cosas mucho más importantes que hacer que pasarse todo el día dentro de unas instalaciones que no podían ofrecerle nada más que aire acondicionado.
Sin embargo la misma imagen que lo había estado molestando durante todo el fin de semana apareció repentinamente cuando subía a su auto.
La escena de un rubio bailando candentemente con cierto castaño ojiverde le hizo experimentar un sin fin de cosas que lo molestaban seriamente. Pues al no poderlas controlar la frustración aparecía y se desquitaba después con quien fuera que estuviera frente a él.
-Maldito perro. Tú y tu patética vida sexual no me interesa. Solo tú puedes verle sentido a esa estúpida palabra. Idiota.
Susurró tras arrancar el motor y pisar al fondo el acelerador.
Entre más alejado de la Universidad estuviera, mejor para él.
No creía en esas cosas, mucho menos en las patrañas que el rubio plasmaba en su rostro después de haber hecho sabía quien qué, adentro de aquella aula.
Lo había mirado entrar con el castaño y verlo salir después de unas horas con la idiota sonrisa de satisfacción en la mirada.
Todo en él había cambiado en tan pocas semanas y sus castaños ojos ya no reflejaban la pureza que lo había hipnotizado el primer día.
Él tenía la firme convicción de que personas como Joey no valían la pena en ese mundo. Por eso se obstinaba en hacerlo enfadar. Pues a su parecer, solo como accesorios de segunda, servía.
-Idiota patético.
Por otro lado Joey arribó con la respiración entrecortada al alto edificio central, en dónde lo requerían según el mensaje del alta voz.
-El decano lo espera. Le avisó la secretaria quien ya lo conocía de sobra.
-Gracias. Asintió, encaminándose a la última puerta del pasillo.
No hizo falta que golpeara la puerta, el hombre de excéntricos trajes le abrió la apenas mirarlo por la ventana transparente de la misma.
-Es bueno verle a tiempo, señor Wheeler.
-¿Si?.
-Pase. Usted y yo debemos hablar de muchas cosas.
El tono imparcial del hombre le dio mucho en que pensar al muchacho que a paso lento se ubicó en el lugar señalado por el decano.
¿Qué sería de él si lo había visto con Touma?.
En realidad no le preocupara que pusiera en evidencia sus preferencias o que lo retara por "descuidado". Lo que verdaderamente temía era que tomaran represarías contra su Touma. Eso él no podía permitirlo.
Por eso y en cuanto el hombre tomó asiento tras su escritorio, las manos de Joey se revolvieron con violencia en su regazo.
-Hablemos claros y sin rodeos, Señor Wheeler. Tal y como solemos hacer¿le parece?.
El muchacho asintió. Era para él muy normal presentarse en esa oficina. No por nada le llamaban inquieto y los retos eran ya su modo usual de vivir.
-¿Qué hice ahora?. Cuestionó temiendo lo peor.
-Qué no ha hecho, dirá.
-¿No?.
-No se si recuerda la cláusula número cinco de nuestro contrato estudiantil de becas, señor Wheeler.
-¿La verdad?...No. Negó el chico con una sonrisa nerviosa.
El hombre tras el escritorio suspiró con pesadez.
-Me lo suponía. Señor Wheeler, déjeme recordarle que el gobierno no lo mantiene aquí por sus muy notables calificaciones, sino porque demostró ser un candidato digno a una beca de bajos recursos económicos.
-Eso ya lo sé. Pero no entiendo...
-A eso voy. En la cláusula número cinco se sita que usted debe acudir periódicamente a ciertos protocolos y entrevistas para mantener vigente su derecho a permanecer en una escuela.
Sin embargo nos encontramos a mitad del semestre, y aunque no han faltado motivos que lo ameriten como el exasperante impulsivo que es, no se ha presentado aun a la entrevista con el juez en turno.
-Yo no sabía. Negó Joey defendiéndose.
-Le han mandado varios citatorios a su casa, señor Wheeler. Al menos y por decencia debería de responder a ellos.
-Pero...
-El juez en turno que lleva su caso de beca me ha llamado esta mañana y le da un corto periodo para que usted y sus tutores vayan a su oficina ha...
-Pero soy mayor de edad. ¿No podría ir yo solo?.
-Me temo, señor Wheeler, que las reglas no las hago yo. Murmuró enfadado el decano.-Usted recientemente acaba de adquirir la mayoría de edad, pero eso no lo exenta de que al menos una buena temporada se presente con sus tutores a las citas que se le hacen.
-Pero...
-Déjeme finalizar, señor Wheeler.
Aquel tono molesto lo había escuchado millones de veces, sin embargo solo pudo hundirse en el asiento ante el usual regaño.
-Ahora, como decano de esta Universidad y encargado de vigilar se cumplan al pie de la letra todos y cada uno de los convenios aquí establecidos, le recomiendo que esta tarde llegue a casa y comunique de esta cita.
Entre más rápido se entreviste con el juez, más rápido podré yo dejarlo en paz. Al menos en lo que a esto se refiere.
-Pero...
-De lo contrario. Interrumpió el hombre nuevamente.-Me veré en la necesidad de suspenderlo por tiempo indefinido.
-¡Pero no puede hacer eso!. Mi futuro se encuentra aquí. Demando el muchacho al no concebir la idea de estar lejos de sus estudios.
-No me deja alternativa señor Wheeler. O soluciona esto o...
Joey bajó el rostro y bufó con indignación.
Nadie tenía el derecho de alejarlo de su sueño, mucho menos estúpidos protocolos que no iba a realizar. Al menos no en compañía de su padre.
-¿Comprende lo que le dije, señor Wheeler?.
-Si. Pero tengo una objeción. Advirtió, importándole muy poco el rostro serio del decano.-Yo no vivo con mi "tutor".
-Eso no tiene nada que ver.
-Si, si lo tiene. Si usted supiera mi historia me daría la razón. Asistiré con el juez pero no llevaré a mi padre.
Era la resolución del rubio. No deseaba ver a su padre, mucho menos cuando jamás se había inmiscuido en su vida.
-Comprendo. Murmuró el hombre mayor tras meditar lo que el rubio le decía.
Por lo general Joey siempre trataba de deshacerse de los castigos u obligaciones con cualquier excusa.
Sin embargo en esa ocasión todo parecía muy real y él no podía ser tan inflexible.
-De cualquier manera asista a la cita. Tal vez pueda modificar las cosas si habla con prudencia y seriedad con el juez.
-Así lo haré señor.
-Retírese entonces. Y procure no exasperar al juez, señor Wheeler. No voy a defenderlo sino cuida su boca.
Joey se incorporó y asintió. Su boca lo había metido en serios problemas, sin embargo él sabía como lidiar con ellos. Aunque muchas veces se complicaban.
Cuando el muchacho salió de la oficina del decano, percibió la brisa de la media mañana con algo parecido a un suspiro.
Cuando evocaba la imagen de su padre solo podía sentir un agudo dolor de cabeza y saber que le era necesario para mantener una beca que solo él había buscado, le provocaba náuseas.
-Pero no me daré por vencido. Tu sombra no me derrotará. Ya no lo hará. Murmuró, encaminándose a su clase de actuación.
Noa miraba atentamente por la ventana.
Hacía un buen día y sin embargo no le apetecía hacer nada.
Había despertado con bastante pereza y el hecho de encontrar sobre su cómoda una carpeta con varias fotografías adentro solo revelaba la incógnita del porque su hermano lo había estado evitando aquellos dos días.
El chico había ganado la apuesta y cuando Noa hubo comprobado (después de un meticuloso examen), que las fotografías eran reales y que su hermano había asistido a una fiesta de Universitarios se sintió extraño.
Los sentimientos para él eran encontrados, predominando el de la felicidad, incredulidad y desdicha al comprobar que aquello había sido como un trabajo más que tan eficaz y puntual como siempre Seto había realizado.
Noa esperaba de todo corazón ver feliz a su hermano mayor. Verlo, sino era que conviviendo con personas, al menos tratando de hacerlo de una manera no pedante ni agresiva.
Viendo la posibilidad de relajarse de una labor que no requería de todo su tiempo o siendo simplemente un chico normal.
Sin embargo era obvio que jamás sería así y aunque él hubiera ganado sobre la obsesividad de su hermano, nada borraba el hecho de que el castaño no había disfrutado su estancia en la fiesta y que las fotografías habían sido tomadas solamente por compromiso.
-Seto tonto. Al parecer tendré que ser más insistente para contigo. Musitó el chico y de hecho ya tenía otro plan fraguado, solo que para ese necesitaría de otra persona que sabía le ayudaría de buena fe.
Sin embargo y mientras todo se llevaba a cabo, él luchaba día a día con sus propios fantasmas quienes se obstinaban en hacerlo ver débil y nadie frente a un espejo que día a día le revelaba la verdad de su vida:
Que estaba inválido y que jamás se recuperaría.
Aun podía recordar aquel día fatídico que le hubo arrancado las alas de la felicidad y libertad.
De solo evocarlo la rabia lo dominaba y podía entonces contemplarse a simple vista que de todo el incansable trabajo de Gozaburo por forjarles un carácter duro e infrangible era una realidad.
Sus risueñas facciones se contraían entonces y sus azules pupilas quemaban de lo frías que se volvían.
Todo un témpano de estoicidad e inhumana pose de hombre retador, que era en realidad la manera de no sentirse vulnerable ante su único punto débil que era la silla de metal que le facilitaba el movimiento.
-Estúpidas piernas. ¿Por qué no reaccionan?. Cuestionó, golpeando su regazo que no se movió ni le provocó dolor alguno.
Noa podía enfadarse igual o más que su hermano y cuando lo hacía no le importaba a quien dañaba o lo que hacía.
Así pues golpeó sus puños contra los descansa brazos de la silla, haciéndose mucho daño pero importándole muy poco lo que pudiera llegar a representar después.
-Estúpidas, estúpidas piernas. ¡Muévanse, háganlo!. Ordenó, obteniendo una nula reacción por parte de las extremidades.
Aquello era humillante y sin embargo tan...humano que lo asustaba y lo volvía impotente y victima de si mismo.
-Maldita vida la mía. Ojalá...ojalá pudiera...
Y su frase hiriente y llena de rabia quedó inconclusa, debido a la repentina interrupción de su mayordomo.
-Permiso, señor. Pero en la cocina me mandaron a buscarle.
Noa dio la espalda al hombre. No permitiría que lo miraran en tal estado, por ello solo asintió con la cabeza.
-Es que...ha sucedido un pequeño problema. Aclaró el mayordomo al intuir la cuestión muda que su señor había lanzado.
-¿Qué problema?. Inquirió Noa un poco recuperado.
-Es que...es la tubería del lava platos, señor. Creo que...se ha roto.
Tras un bufido Noa dio media vuelta a su silla y encaró al mayordomo quien sin decir nada siguió a su señor que rápidamente se trasladó hacia la habitación mencionada.
-¿Qué ocurre?. Señaló un poco molesto.
-No lo sé. Es lo que trato de ver, señor. Pero al parecer la tonta tubería se ha roto y...y...
-Llamen a un plomero. Esto tiene solución. Aclaró el peliazul en el acto.
-Pero señor, es tarde y no creo que...
-Entonces llámenlo mañana, pero hagan algo con esa fuga. El piso está inundado. Señaló el muchacho y tras eso salió, pidiéndole al mayordomo no le molestaran sino era importante.
Ese día al muchacho no le apetecía hacer nada, solo continuar lamentándose y soñando en lo que pudo haber realizado si sus piernas no estuvieran "muertas".
Yugi no había tenido un buen día, en realidad había sido...soso. Lo que quería decir algo así como ni muy bueno ni muy malo.
Una combinación estrambótica de lo que algunos sucesos podían hacerle sentir.
Y tal vez era el hecho de mirar el rostro sonriente de Joey de vez en vez o de escuchar sus suspiros que entre dientes pronunciaban un nombre inteligible pero por él perfectamente conocido.
Se sentía extraño y de un momento a otro comprendió que tal vez eso que experimentaba se llamaba: envidia.
Envidia de mirar ojos brillantes a su alrededor y manos entrelazadas por aquí y por allá.
Envidia de escuchar a su mejor amigo relatarle cosas que lo hacían sonrojar pero que como a todo ser humano le apetecía probar.
Envidia de no poder suspirar por alguien, cuando sus compañeros o incluso Joey lo hacían, aunque no fuera la persona más recomendable.
Él prácticamente era el único a quien conocía que no tenía a alguien en su vida de esa manera. O al menos platónicamente hablando.
Sus prioridades estaban basadas en cosas muy distintas a las del resto de sus compañeros y en eso tenía que ver mucho su abuelo. El hombre era bueno, pero su excesiva protección lo exasperaba en muchas ocasiones.
A veces deseaba sentirse libre y poder vestir o ir a donde quisiera.
En ocasiones le apetecía salir a caminar sin decir a donde o a qué horas llegaría y mirar si algún rostro o alguna mirada podía captar su atención de algún modo en especial.
Alguna vez se había fijado en una niña de su escuela inicial, sin embargo de eso hacía muchos años y estaba seguro, porque algo se lo decía, que sus preferencias eran semejantes a las de su mejor amigo.
Tal vez por eso podían llevar excelentemente bien su amistad y de que alguna vez había puesto sus ojos en un imposible como Joey, había sucedido.
Sin embargo el miedo de fallarle a su abuelo o de no cumplir sus expectativas lo habían hecho bajar de su nube nueve y enfocarse en su penosa realidad.
Era infeliz. Mucho y sin embargo sonreía porque a pesar de todo eso algo lo hacía feliz: tener amigos y un abuelo que se preocupaba por él.
Pateó con fuerza una piedra y murmuró algo que no se entendió muy bien.
Ese día Joey no lo había acompañado a casa. Ese día Joey lo pasaría con Touma y quien sabe cuantos más hasta que el ojiverde volviera a dejarlo y el rubio corriera hacia él con el afán de refugiarse...otra vez.
Era el círculo maldito y sin embargo él siempre estaría para Joey.
-Mi vida es patética. Susurró, volviendo a patear la piedrita que golpeó la llanta de un auto frente a él.
-Ten un poco más de cuidado. Añadió repentinamente una voz a su espalda, la cual buscó sin obtener una real figura.
-Lo siento. No...miré hacia dónde lanzaba la piedra. Se excusó, buscando con la mirada al dueño de aquella voz que se le antojaba dulce y ruda a la vez.
Sin embargo lo que encontró jamás lo habría esperado y eso se evidenció rápidamente en su rostro que se sonrojó de inmediato.
-Al menos te disculpas. Buena señal. Guiñó el muchacho que salía de abajo del auto limpiando sus manos con una toalla.
-Yo...yo...
-¿Sabes de mecánica?. Inquirió el chico que vestía de traje, corbata y evidentemente se hallaba manchado de aceite de auto.
-Un...poco. Tartamudeó Yugi, aferrándose fuertemente a su mochila.
-Entonces ven. Creo que yo solo no podré solucionar este caos.
Yugi entonces se encontró en un dilema. Ir con ese joven de apariencia respetable y porqué no decirlo, apuesto. O correr despavorido a casa con una excusa cualquiera.
El reloj corría rápidamente y la bonita mirada del extraño también.
-Sino sabes de todas maneras te agradezco la atención.
-No, yo..."¿Qué hago?". Pensó moviendo la pierna derecha con ansiedad.
El chico evidentemente era atractivo y algo le decía que era su "Alma gemela". No metafóricamente hablando.
Físicamente eran muy parecidos y podían pasar tal vez por familiares.
Era increíble como el mundo jugaba cuando menos se pensaba.
-¿Y bien?. Preguntó el desconocido quien miraba la hora en su reloj.
-Yo...claro, ayudaré en lo que pueda. Se decidió el de cabellos tricolor, avanzando hacia el auto descompuesto y tratando de sonreír como siempre lo hacía.
-Gracias. Dijo el desconocido, obsequiándole una sonrisa al más pequeño que le encendió levemente las mejillas.-Soy nuevo por aquí y en realidad no conozco nada en la ciudad.
-No te preocupes. Suele suceder. Asintió Yugi justificando.
-Te agradezco lo que haces. Discúlpame si te quito tu tiempo pero...
-No. En realidad no tengo nada que hacer.
El desconocido se sintió identificado rápidamente con el otro muchacho por lo que limpiándose de mejor manera la mano es cómo la extendió a un Yugi que revisaba el motor como quien mira una pintura abstracta a primera vista.
-Me llamo Atemu. Pero mis amigos me dicen Yami.
-Hola. Yo soy...Yugi.
Y ambos se estrecharon la mano con cordialidad, intuyendo que no sería la última vez que se verían.
Entre los dos había nacido una magia muy especial.
Continuará...
Primeramente una aclaración: Por algunas personas que me preguntan por Mokuba o si se han perdido, déjenme recordarles que estamos en FLASHBACK, en otras palabras, viendo el pasado de Seto y Joey. Por ese el pequeñín no ha salido y esa parte aun no se resuelve, todo esto hasta que el Falsh se termine. Yo les avisaré cuando suceda eso y perdón si es algo largo pero como les he dicho, de esto depende el presente de esta historia.
Por otro lado muchísimas gracias por todos sus lindos mensajes y comentarios. Me esfuerzo para lo esencial en la historia pero para quien me conoce...bueno, ya sabe como escribo y como hasta lo más insignificante es importante para mi '''
Espero actualizar muy pronto y ya saben cualquier cosa que deseen decirme o idea que quieran aportar, aquí estoy
Cuídense mucho y nos vemos pronto, su amiga:
KLF