TITULO: Dreams

Capitulo: Viejos conocidos

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: edificio continuaba exactamente igual a como lo recordaba.

Alto, lúgubre y con un montón de enigmas que solo su dueño conocía.

Se quitó las gafas de sol para poder admirar perfectamente bien la construcción, además el recordar no le hacía mal a nadie. Mucho menos cuando se encontraba por hacer una buena inversión.

Se dirigió entonces hacia el interior del edificio, topándose con rostros nuevos que le recibieron sonrientes.

-¿Puedo ayudarlo en algo?. Le cuestionó una de las recepcionistas.

-Si. Vengo a ver al Señor Kaiba.

-¿Tiene cita?.

Negó con la cabeza, más su impecable y brillante sonrisa obró el "milagro" que buscaba.

-Creo que no será contratiempo. Suba por el ascensor y en el último piso su secretaria podrá darle mucha más información que yo.

-Muchas gracias.

Guiñando un ojo volvió a colocarse las caras gafas de marca y se introdujo en el casi vacío transporte donde sonrió a un par de muchachas del departamento administrativo.

Siempre había sido de la idea que una imagen lo podía absolutamente todo y tenía el privilegio de demostrarlo cuantas veces se lo pidieran.

Sus siempre pulcras vestimentas combinadas con su aire místico y occidental de su persona, formaban el cuadro perfecto de lo que siempre sabía correcto. No era que fuera presuntuoso, solamente era la verdad de la vida. Lo bueno se queda, lo malo se va.

El último piso lo recibió entonces y con paso calmo se acercó hasta el escritorio donde una atareada chica denegaba y respondía llamadas.

-Buenos días. Murmuró sonriente, esperando a que la mujer le prestara atención.

-Permítame un segundo por favor. Fue la respuesta de la muchacha, procurando poner en espera todo aquello que le impedía atender bien a aquel seguramente "cliente".-Ahora si¿en qué puedo servirle?.

-Qué eficiencia. Debería raptarla y llevármela a mi empresa.

Las mejillas de la chica se sonrojaron. Un cumplido de esa magnitud resultaba bastante embarazoso para ella.

-Gracias, señor.

-De acuerdo, no seguiré adulándola. Pero tenga en cuenta de que es la verdad.

La muchacha asintió aguardando el motivo de aquella presencia.

-He venido a ver a su jefe.

-Lo lamento. El señor Kaiba no se encuentra en estos momentos.

-¿Qué no!. Pero él siempre está. No hay momento en que no se aparte de esta, su segunda casa. Inquirió el visitante con verdadera impresión.

-Lamento informarle esto, pero el señor desde hace unas semanas no viene más a la empresa por las mañanas.

-Vaya. Jamás pensé que este momento llegaría. Inquirió con cierta burla.

-Yo...

-¿Puede decirme en dónde se encuentra?.

-No puedo decirle eso. Lo siento.

-¿Con qué es muy grave el asunto?.

-No, solo que me tiene prohibido decir su paradero.

-Ese Kaiba, siempre ocultándose para no ser molestado. En verdad que no cambia.

El desconocido rió de buena manera y la chica intuyó entonces que no se trataba de una mala persona. Por ello y por la inmediata simpatía es que se arriesgo a perder su empleo.

-Yo...tal vez pueda darle esa información, señor.

-¿En verdad?. Se lo agradecería mucho. Soy...digamos que viejo conocido de su jefe.

La muchacha asintió y tomando papel y bolígrafo escribió rápidamente la dirección donde su jefe se encontraba en esos momentos.

-Espero que la información le sirva de algo.

El muchacho leyó el garabato y tuvo entonces que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no reír a carcajadas.

-¿Es en serio?. Indagó escéptico cosa que la secretaria afirmó.-No puedo creerlo. ¿Quién lo diría del señor Frío témpano antisocial?. Esto si que es nuevo.

Con un agradecimiento volvió a introducirse en el ascensor mientras que en la total soledad se permitió un par de carcajadas que lo desahogaron completamente.

-Esto es excelente. Me imagino la cara que pondrás al verme en...tú Universidad. Esto es lo mejor que he escuchado desde que supe que te habías salido con la tuya.

Una risita más y su plan de día se modificó inmediatamente. Ya deseaba estar en la Universidad para admirar, no, mejor dicho reírse del rostro que Kaiba pondría cuando lo mirara entrar en sus dominios "privados".

Yugi se recargó en una de las columnas de aquella habitación. La clase de danza que compartía con Tea había sido extenuante pero muy agradable, sin embargo no era el cansancio quien lo mantenía un poco suspendido del sueño y aferrado a él con terror.

Lo que comenzaba a sentir no podía ser posible, simplemente porque era una tontería que había nacido de unas pocas horas un par de días antes.

-Joey me esta contagiando de sus locuras. Murmuró, bebiendo un poco más de agua de la botella que sujetaba con su mano derecha.

-¿Te sucede algo Yugi?. Has estado muy pensativo durante la clase. Mencionó Tea, quien con sonrisa se acercaba a uno de sus mejores amigos.

-Nada, no es nada solo estoy un poco cansado, es todo.

-¿Seguro?. Hace días que te noto pensativo. Si es algo malo ya sabes que puedes contar conmigo para lo que desees.

-Gracias, pero no es nada.

Yugi agradecía a la muchacha por su amistad, sin embargo lo que le sucedía no podía contárselo a nadie que no pudiera comprenderlo un poco. Al menos no por el momento.

Simplemente lo veía todo como una locura estúpida que había llegado a su sistema sin ningún motivo en específico y lo peor era tal vez que jamás volvería a ver a esa locura.

Eso involuntariamente le sacó un cansino suspiro que Tea prefirió dejar como estaba.

-La clase terminó. Nos veremos pasado mañana. Gritó la profesora, que con su acento Ruso lucía bastante graciosa.

-Hey, ánimo. Vamos a cambiarnos y después a devorar algo de la cafetería. Yo invito. Guiño Tea con el afán de hacer sentir mejor a su bajito compañero.

Yugi agradeció con una media sonrisa. No tenía caso que continuara suspirando cual tonto. Animarse era todo lo que le faltaba y eso haría.

-Es extraño. Murmuró la chica veinte minutos después cuando ya salían del vestidor.

-¿Qué es extraño?.

-Que Joey no haya llegado a clases. Es algo muy extraño teniendo en cuenta que ama todo lo relacionado a la actuación.

El de cabello tricolor solo elevó los hombros. Él tenía una pequeña sospecha sobre aquella ausencia, pero tal y como venía haciendo desde siempre, procuró aparentar que no sabía nada.

Sin embargo y al doblar la esquina de uno de los edificios tuvo que detenerse de la pared para no caer de la impresión.

-¿Ocurre algo Yugi?.

El muchacho no escuchó a su compañera. Sin embargo sus ambarinos ojos fijos se encontraban sobre el cuerpo del chico que caminaba buscando algo en particular.

De un momento a otro su mundo se detuvo y con él el corazón que comenzó a bombear cada vez más despacio.

Sabía que estaba haciendo el ridículo frente a Tea, aun más frente a si mismo. Sin embargo cuando alguien causa una muy grande impresión sobre otra persona, es difícil que esta se vaya así como así.

-Yugi...Yugi...¡YU—GI!. Gritó la castaña, logrando así sacar al chico bajito de su ensimismamiento.

-¿Dime?.

-¿Pero qué te está ocurriendo Yugi?. Y no me digas que nada porque ya no te lo creo. ¿Qué demonios ocurre contigo?. Preguntó la muchacha, quien se veía realmente furiosa.

-Yo...yo...

Sin embargo no fue capaz de pronunciar ni una palabra pues la persona a quien tan fijamente miraba se estaba aproximando a ellos.

El nerviosismo se incremento dentro del sistema del chico bajito y ante la posibilidad de hacer alguna tontería, su última y rápida acción fue la de tomar la mano de la muchacha que lo reñía y correr despavoridamente hasta la cafetería.

Resultaba ciertamente un cobarde, pero con la gama de sensaciones que comenzaba a experimentar, todo podía catalogarse hasta cierto punto como aceptable.

-Ahora si Yugi. Te haré una cita con el consejero escolar y mas te vale asistir.

Sin embargo el aludido no atendió al resto de la oración pues más preocupado estaba en averiguar que no lo habían seguido o visto, que realmente de las palabras de su amiga.

-"¿Por qué me suceden estas cosas a mi?. ¿Qué me está ocurriendo?. Vamos Yugi, tan solo fue...un maldito auto".

Y su mente continuó riñéndole aunque su corazón no dejó de latir en ningún momento.

Algo le ocurría y ese algo le causaba un horrible terror.

Mientras tanto el muchacho de quien Yugi había escapado se encontraba mirando a su alrededor aquel peculiar ambiente Universitario.

Hacía bastante tiempo que se había alejado de escenarios como aquel y mirarlos nuevamente le causó cierta incertidumbre.

Sin embargo todo era bueno. Más que bueno y aun era tiempo en que no creía que el genio más grande de todo Japón se encontrara estudiando precisamente en un lugar donde había "personas".

Sus labios ensancharon una sonrisa. Mitad burla, mitad ironía y sin perdida de tiempo entonces comenzó a buscar información.

Sabía que preguntar por el empresario sería tarea sencilla. Un hombre como el castaño era fácilmente reconocido y ubicado, aun más cuando el muchacho no lo deseaba.

Él aun no comprendía como habiendo tenido una excepcional educación en casa, Kaiba buscaba lo que seguramente de sobra conocía, en aulas de una escuela pública.

Aquello en verdad debía tener un doble filo y él estaba dispuesto a indagarlo todo aunque le costara una eternidad.

Sin poder esperar más es como cuestionó sobre el paradero del muchacho que buscaba.

-Discúlpame¿conoces a Seto Kaiba?.

El muchacho de mirada castaña asintió, esperando el resto de la interrogación.

-¿Sabes en dónde puedo encontrarlo?.

El chico meditó un poco la pregunta. Era muy difícil e improbable que nadie conociera algo sobre el aludido.

Sin embargo cuando el chico deseaba ocultarse, ni las aves podían dar con su existencia.

-Creo, sino me equivoco, que se encontraba en la cafetería hace cinco minutos.

-¿Si?. ¿En dónde queda?.

El muchacho le señaló una dirección que gustosamente agradeció con una sonrisa.

-Esto va a ser muy divertido.

De nuevo la sonrisa en sus labios y otra vez la imagen de un par de azules pupilas estoicas, fulminándolo.

Era un cuadro que no podía perderse. Aunque sirviera un poco para la diversión sádica de su persona.

Con el mismo paso despreocupado guardó sus manos en los bolsillos de sus pantalones y avanzó, mirando el panorama y los cuchicheos que se dirigían a su persona.

Sin embargo lo que más llamó su atención con poderosa descarga fue el enorme edificio rezagado que encontró no muy lejos de su sitio.

Era solo un espacio de construcción, una obra de arquitectura cualquiera o un edificio. Como quiera que pudiera describírsele para él fue el comienzo de algo verdaderamente emotivo y su razón principal por la que después de tantos años había regresado a Japón.

-Tal vez este sea el sitio adecuado para encontrar lo que busco.

Con una última mirada a la estructura caminó un poco más aprisa, procurando plantear perfectamente los puntos que después de las usuales "cortesías" que Kaiba le daría, él expondría.

El lugar entonces resultó ser común y corriente, pero bastante espacioso para los inquilinos momentáneos que se congregaban ahí.

Con la astuta mirada inspeccionó rápidamente el lugar, encontrando a su persona indicada en la mesa más apartada, trabajando como siempre en su inseparable computador.

Tras sonreír un poco caminó a su encuentro o al menos lo haría después de su rápida escala.

-Nos volvemos a topar. Mencionó, deteniéndose al lado de un chico que le resultó conocido.

Fue entonces cuando Yugi, aliviado de haber escapado de lo que fuera que sintiera, experimentó un profundo escalofrió recorrerle la columna vertebral.

No podía clasificarlo como terrible, sin embargo si desconcertante.

-Yami. Susurró el más bajito cuando el muchacho a su lado posó una mano en su hombro.

-Vaya, recuerdas mi nombre. Que bien.

-Cla...claro. ¿Por qué no lo recordaría?. Indagó el chico bajito, admirando las turquesas del muchacho sonriente.

-Solo fue una pregunta. Me habría en verdad sentido muy triste si me hubieras olvidado tan pronto.

Y eso significó que el alterado corazón de Yugi comenzara a latir más deprisa, causándole un leve sonrojo que no pasó desapercibido para los presentes.

-Oh, pero qué desconsiderado. Yo presentándome así y tú con tu novia.

-No soy...

-No es mi novia. Interrumpió Yugi a su amiga, provocando que la sonrisa de Yami se incrementara.

-¿Ah no?. ¿Entonces...amiga?.

-Si, eso solamente. Volvió a asentir el bajito, percibiendo el apretón en su hombro.

-Me alegra saberlo. Susurró el más alto muy cerca del oído de Yugi.

-¿En...verdad?. Cuestionó con bastante turbación el otro, algo que no pasó desapercibido ni por el recién llegado ni por Tea, quien seguía con sumo interés aquella "charla".

-Aja. ¿Así que aquí estudias?. Que pequeño es el mundo. No solo te encuentro cuando más necesitaba ayuda, sino que ahora también me topo contigo. ¿No crees que el destino nos esta jugando una pequeña trampita?.

-No lo se. Tartamudeó el más pequeño, temblando de pies a cabeza por aquel acercamiento.

-Pues yo creo que si.

Y Yugi sufrió un repentino shock cuando Yami le besó levemente en la mejilla y después se separó de él.

-Ahora que se en dónde encontrarte, te veré después. Mucho gusto en conocerte amiga de Yugi.

Yami se alejó de la mesa guiñándole un ojo a la castaña quien después de sonreírle a aquel extraño sujeto se viró para admirar la roja faz de su amigo.

-¿Con que no me sucede nada, he?. Yugi, tú y yo tenemos que hablar largamente.

-¿Nosotros?. ¿De qué?.

Tea bufó exasperada.

-¿De qué?. ¿Llamas a ese atractivo chico un "de qué"?. En verdad que si no tuvieras un letrero enfrente que dijera Comida, no darías con ella.

Yugi no supo a que se refería Tea con todo eso, solo podía sentir a su corazón calmarse tan solo un poco.

En verdad el mundo era muy pequeño y aunque él había huido de Yami al mirarlo de lejos, el destino se obstinaba en reunirlos.

Tal vez estaba siendo demasiado fantaseóso o radical, pero de que comenzaba a experimentar cosas que no debía sentir, lo hacía. Por ello y meditándolo mejor nada podía arrancarle el fabuloso recuerdo de hacía unos días.

Después de que el motor del auto de Yami lograra funcionar, este había invitado al más pequeño a cenar.

Yugi con bastante pena había denegado la oferta, sin embargo el muchacho de sonrisa y porte encantador le había prohibido un No como respuesta.

Así pues durante unas horas había podido captar la activa personalidad del extranjero, así como también los bellos ojos que poseía. Combinación perfecta para su ronca y varonil voz.

Sin darse cuenta entonces Yugi supo, cuando un par de días después se levantaba por las mañanas pensando en el extranjero, que comenzaba a sentir cosas que no debía.

Por una parte porque Yami era un desconocido amable que solo le había pagado el favor por ayudarle con su auto.

Y en segunda, porque solo lo había visto una vez y nunca más lo volvería a hacer.

Una contradicción enorme que pese a todo no pudo resistir.

Ahora, en ese momento las cosas habían cambiado radicalmente y lo que había podido ser solo un recuerdo pasajero de un "lo conocí", se convertía en una expectativa que lo atemorizaba y gustaba a la vez.

¿Por qué la vida era tan complicada?.

Era la cuestión que se hacía mentalmente mientras Tea parloteaba no sabía qué cosas y de reojo miraba a Yami caminar hasta las mesas del fondo.

Seto maquinaba la manera más eficaz de despedir a su junta directiva.

Esos hombres le estaban causando verdaderos dolores de cabeza y lo malo era que no podía despedirlos así como así.

Debía encontrar una solución eficaz a todo eso, antes de que su hermano Noa pagara consecuencias que no le atañían.

-Esto pasa cuando la elección no ha sido competente. Murmuró, maldiciendo una vez más a su padre muerto.

Sin embargo y abstraído en su mundo no se había percatado de la persona que sonriente se detenía frente a él.

-Veo que no cambias. Siempre tan metido en tus asuntos que el mundo puede bien girar sin ti.

Aquella voz fue el retroceso perfecto a un pasado no muy lejano, sin embargo cinco años era un lapsus considerable que solo le provocó fruncir aun más el entrecejo, gruñir algo inteligible y alzar la azul mirada.

-Debí suponer que no te quedarías quieto en un solo lugar, Atemu.

El aludido asintió, sentándose al lado del ojiazul sin que este se lo pidiera.

-Tanto tiempo sin vernos y sigues igual.

-Lo mismo digo, no cambias en nada.

Kaiba no le sostuvo la mirada a su nuevo acompañante. Tenía muchas cosas que hacer como para detenerse ha realizar insignificancias.

-Tan buen anfitrión como siempre. ¿No vas a preguntarme qué es lo que hago precisamente aquí, a tú lado y después de cinco años de no vernos?.

-¿Para qué?. Lo más seguro es que vengas por negocios.

Yami rió. No por nada Seto era un genio y aunque bien las circunstancias diferían un poco, le dio la razón a su viejo conocido.

-Muy inteligente. Sobre todo viniendo de alguien que lo es.

-Ahórrate tus adulaciones. No caí en ellas hace años y no lo haré ahora tampoco.

-Tu excesiva confianza me daña. ¿Aun sigues con la obsesiva idea de ser el mejor del mundo?.

-Por supuesto. Asintió Kaiba sin dejar de teclear.-Qué tú hayas decidido abdicar de tus obligaciones dentro de las finanzas, no significa que yo si.

-Aja. Aun recuerdo tu maldita mantra: "Seré mejor que Tú Atemu. Seré el número uno y nadie me superará". Y después reías sádicamente. Dime¿aun lo sigues haciendo?.

Seto gruñó, odiaba que lo interrumpieran cuando trabajaba.

-Por lo visto no. Asintió Yami, reclinándose sobre su asiento.-¿Qué se supone que haces aquí, Kaiba?

-Eso no es tema de tú incumbencia.

-No, pero quiero saber. Al menos se cortés con los viejos camaradas.

-Tú y yo jamás fuimos camaradas Atemu. Fuimos rivales de mente y acciones. Qué tú te hayas retirado para jugar al "empresario" no me incumbe a mi. Te superé y ahora soy el mejor de todos, qué no se te olvide.

El muchacho de cabellos coloridos en punta sonrió de lado.

Por supuesto que Kaiba era el mejor, pero jamás se lo diría.

-¿Te importa si nos retiramos a un lugar menos bullicioso?. Deseo conversar contigo y recordar buenos tiempo.

-Si es algo importante, haz una cita. No tengo tiempo para más.

-Tan gracioso como siempre Kaiba. Te veré en tú oficina por la tarde. Mientras tanto te dejaré que continúes con tus ideas locas de "Universitario". Nos vemos.

Si bien Kaiba no respondió Yami lo tomó todo como acordado, por ello se incorporó de su silla y emprendió la retirada. No sin guiñarle un ojo a un Yugi que volvió a sonrojarse con violenta.

-Curioso muchacho. Susurró Yami tras salir de la cafetería y dirigirse a su auto.

Tenía bastantes cosas que hacer y muchas ideas que desplegar.

Cuando Seto se sintió solo se atrevió a expulsar aire y a comprimir las manos.

Odiaba cuando las personas lo sorprendían o cuando el pasado se juntaba con su presente.

De todas las personas del mundo había tenido que ser precisamente Yami quien regresara.

Obviamente por placer no era, así que algún negocio importante tendría el muchacho entre manos para ir a buscarlo a la Universidad y no esperarlo en KC.

-Los idiotas siempre serán idiotas. Murmuró y sin más continuó con su trabajo. Ya más tarde se enteraría de lo que Atemu-Yami había ido a buscar nuevamente al Japón.

Noa volvió a mirar muy de cerca la tubería y terminó por convencerse entonces de que lo que se habían dicho era verdad.

Aquel tubo era demasiado viejo y se necesitaba otro con urgencia sino se quería la Cocina inundada.

-¿Quiere que haga algo al respecto?.

Cuestionó el mayordomo, quien había acompañado a su jefe hasta ahí.

-Renueva la tubería. Ese muchacho tenía razón. Apenas y creo que el lava platos no se hubiera desmoronado antes.

El hombre asintió a las palabras de su señor y de inmediato se encaminó al teléfono para hacer lo necesario.

Por otra parte Noa salió de la cocina, pensando aun en el muchacho que acababa de irse de su casa.

Desde muy temprano había sido llamado un plomero que solucionaría la fuga dentro de la cocina. Sin embargo y como desde hacía unos días no había estado de humor para nada por lo que ordenando a su mayordomo llevara al plomero al despacho cuando finalizara su labor, había pensado durante largos minutos sobre su persona, sus sueños frustrados y el futuro tan incierto y malo que le esperaba.

Sin embargo tenía que reconocer que de todas las imágenes formadas en su cabeza hacia el plomero, ninguna llegó a la mitad siquiera de lo que miró cuando la hora de pagar había llegado.

Se trataba de un muchacho de su edad, tal vez, que con experiencia y seguridad le había hablado sobre su problema y la limitante que había existido para no solucionarlo por completo.

Gozaburo siempre le había exhortado a no detenerse ante nada y realizarlo todo con el mejor de los resultados. Por eso había interrogado al chico que con total firmeza había respondido.

Quedando entonces su curiosidad nata, en cuanto el muchacho rubio se hubo retirado constató sus palabras, quedando maravillado del chico de ojos castaños que parecía muy sabio pese a su edad.

-Algunas personas no necesitan de la edad para saber mucho y ese chico en especial, si que sabe.

Sonrió, no sabía si por haber descubierto algo brillante o por el ánimo verdadero que aquel chico le había dado antes de salir.

Si, un día él también había sido como el rubio. Dinámico, curioso, sensitivo y libre, pero lo que le ocurrió había marcado su existencia para siempre, dejándolo en un estado fluctuante entre la depresión y la realidad.

-Él tiene razón, no debo darme por vencido. Siempre he hecho lo que he deseado y esta vez no será la excepción.

Con el ánimo extrañamente renovado por un total desconocido es como rodó su silla hasta la sala donde aguardó a la persona que lo ayudaría a seguir con su plan para Seto.

En otro ser humano no podía confiar tan ciega y totalmente, por lo que en cuanto se presentó ante él sonrió verdaderamente.

-Es un gusto volver a verle, señor Noa.

-Hola Ed. ¿Cómo estuvieron tus vacaciones?.

-Perfectamente, señor. Le agradezco que pregunte.

El peliazul asintió. Ed era el guardaespaldas más fiel que los Kaiba tenían. No solo porque mostraba su lealtad siempre, sino porque era además un excelente confidente en quien verdaderamente se podía confiar.

Jamás olvidaría el acto heroico que había realizado para salvar a su hermano. Estaba ciertamente en deuda con el fornido pero buen hombre.

-Lamento si se han acortado.

-Descuide, para mi un mes fue más que suficiente. En realidad, mucho tiempo libre.

Noa sonrió, invitando al guardaespaldas a sentarse junto a él.

Ed había sido enviado por Seto de vacaciones. El pobre hombre trabajaba más que toda la seguridad junta y era necesario que tan leal elemento no fuera a enfermar seriamente por la carga de trabajo.

Por ello y sin problemas se dictaminó un pequeño receso para el hombre, quien arribaba de las Islas Canarias con un bello bronceado y más animoso que nunca.

-¿En qué puedo servirle, señor?. Me ha mencionado por correo electrónico que es algo serio.

-Y lo es. Quiero que me ayudes con Seto.

-¿Le ocurre algo malo al señor?.

Noa constató el desinteresado afecto del hombre, por lo que negando sonrió un poco.

En verdad Ed era digno de confianza.

-No, pero quiero hacer algo por él. Algo que lo ayude a salir de una vez por todas de su ensimismamiento.

Ed asintió. Su amo Noa tenía siempre muy buenas ideas, pero sobre todo sentimientos muy nobles para con su hermano frío.

Sin duda su idea era algo que beneficiaría al millonario, sobre todo después de enterarse de que había decidido ir a la Universidad.

Noticia que se había infiltrado de a poco en los medios y en esos momentos era la sensación.

Gracias que el ojiazul no se había enterado, de lo contrario y probablemente habría ya mandado a prisión a varios reporteros.

-¿Y qué es precisamente eso en lo que quiere que le ayude?.

Noa sonrió ampliamente, sin embargo habló con cautela.

-No es gran cosa tal vez, pero siento que esto puede ser el principio de su independencia.

-¿De su independencia?.

-Si. Asintió el peliazul con emoción.-Una independencia que podría darle a Seto todo lo que yo busco para él.

Ed no comprendía muy bien pero si aquella idea era lógica y perfecta para el muchacho, él entonces la aceptaba.

Seto Kaiba podía ser un joven genio, pero su carácter, obligaciones y responsabilidades lo mantenían demasiado atado, haciéndole olvidar las cosas bonitas de la vida.

Muy probablemente Noa pensaba similar y debido al ferviente amor y admiración que el menor de los Kaiba sentía por el mayor, era obvio todo aquel plan.

-Haré lo que esté en mis manos, señor.

-Gracias. En nadie más puedo confiar esta tarea.

Y el resto de la tarde Noa le comunicó al guardaespaldas su idea y por supuesto, lo que él tenía que hacer para que las cosas salieran perfectas.

Joey miraba atentamente hacia la puerta por donde se suponía su Touma salía todos los días.

En realidad no recordaba que cosa estudiaba su adoración, pero fuera lo que fuera debía ser algo interesante y que al castaño de ojos verdes le gustaba.

Lo único importante para él era mirar el rostro sonriente del ojiverde y sobre todo, permanecer a su lado.

Aquel día había tenido que ir a trabajar y alejarse de su...amante.

Su jefe le había advertido ya que si faltaba un solo día más a su empleo lo despediría.

Sin duda necesitaba el dinero que era su ingreso y aunque no le servía de mucho al menos lo sostenía con vida.

Así pues se había encontrado con la sorpresa de que iría a una de las zonas ricas. A una residencia de magnates.

Su emoción había sido mucha y a la vez enigmática. Una de sus fantasías había sido siempre mirar una de esas casas de cerca, para comprobar si todo lo que de niño leía en los cuentos era realidad.

Su asombro fue mucho mayor al comprobar que tal vez las paredes no estaban forradas de oro o de plata, pero había mirado riquezas muy grandes, así como objetos valiosísimos que procuró no romper.

Por ello se encontraba emocionado y deseaba compartir ese sentimiento con su persona especial.

Había pasado toda la mañana trabajando y recompensando sus "pequeñas vacaciones", por tal razón había faltado a clases y no se arrepentía.

Había tenido buenas encomiendas ese día, pero la que siempre recordaría sería la casa de ese chico en silla de ruedas. Su mirada tan...triste y llena de resentimiento a la vez le causó cierta ternura y hasta un poco de miedo.

Ojos tan bonitos como los de ese chico no tenían porque sumergirse en la desesperanza cuando evidentemente tenía mucho por hacer en la vida.

Sin embargo eso había pasado pronto o al menos así lo creía.

Aun continuaba preguntándose en dónde había mirado esos mismos sentimientos con anterioridad.

Una mirada con sentimientos diversos era lo que su imaginación formaba, sin embargo jamás admitiría la identidad de esa persona.

Parpadeó al salir de su ensoñación. Los chicos del edificio comenzaban a salir y con el corazón latiendo a mil por hora trató de ubicar al objeto de su afecto, no logrando mirarlo por más esfuerzo que efectuó.

-Disculpa. Llamó el rubio a una chica que caminaba en solitario.

-¿Si?.

-¿Conoces a Touma Itashi?.

-Si. Vamos juntos a varias clases. ¿Por qué?.

-Es que...

Era riesgoso comunicar algo más, por eso y con risa nerviosa continuó hablando antes de que la chica se desesperara.

-Yo...soy su amigo y lo estoy buscando. Solo quería saber si lo has visto.

La muchacha negó provocando que las facciones de Joey se volvieran tristes.

-Oh, no es verdad. Mencionó la chica cuando ya se alejaba.-Hace como dos horas pidió permiso para ir a la biblioteca. Tal vez ahí puedas encontrarlo.

-¿De verdad?. Ansió el rubio con un brillo especial en los ojos.

-No se si aun esté ahí, pero nada pierdes con buscar¿o si?.

El chico asintió, agradeciendo la ayuda y corriendo prácticamente hasta el edificio biblioteca, donde desesperadamente comenzó a indagar con la mirada.

Sin embargo a los diez minutos de infructuosa búsqueda se dio por vencido, sabiendo que si Touma había estado ahí obviamente ya no estaba.

-Yo y mi suerte. Suspiró, recargándose en el mostrador del lugar.

-Si va a solicitar un ejemplar, será mejor que lo haga. Sino, retírese Señor Wheeler.

-Lo siento señora Haru. Se excusó el rubio con la bibliotecaria. Una mujer de edad bastante sabia.

-¿Qué le trae por aquí en horas inadecuadas para usted?. Indagó la mujer, tratando de arreglar unas cuantas fichas de libros.

-Estoy buscando a una persona. ¿No la ha visto?.

La mujer enarcó una ceja y Joey sonrió apenado cuando se percató de lo que había dicho.

-Veo muchas personas todos los días y a cada momento, Señor Wheeler. Trate de ser más específico.

-Lo lamento. Se excusó el rubio tras apoyar los codos sobre el mostrador.-Es un chico alto, fornido, castaño y de ojos verdes. Se llama Touma. Suspiró él, como si tal descripción fuera la mejor del Universo.

-Conozco a muchos Touma, señor Wheeler. Tenga en cuenta que esto es una biblioteca y manejamos cantidades enormes de información.

-¿Itashi?. Preguntó aun con pena.

-Mmm. Meditó la mujer tras dar clic en su computador.-Si, esta tarde estuvo aquí. Se ha llevado...no, no se llevó nada pero si consultó unos cuantos libros.

Joey sonrió. Su Touma era una persona muy inteligente y lo alabó por ello.

-¿No sabe si tiene mucho que se fue?.

-Presto, verifico, busco y espero los libros de regreso, señor Wheeler. Si hubiera querido ser portera. Créame. No estaría aquí.

-Yo...

-Si, tiene mucho que se fue. Solo estuvo alrededor de media hora. Tiene suerte. Suspiró la mujer tecleando algunas cosas.-De que mire quien entra y sale de aquí.

Joey habría besado a la mujer, sin embargo su dura mirada lo detuvo.

-Por cierto, señor Wheeler, aun no me ha traído el libro que le presté el mes pasado.

¿Tiene una idea del total de su deuda acumulada?.

-Lo siento. No he tenido tiempo de traerlo. ¿No podría hacer una excepción?. Soy su cliente más amado.

La mujer bufó y volvió a teclear.

-Tiene suerte de que la administración no revise el sistema. Si les rindiera informe sobre todo lo que le he perdonado, ya estaría para siempre endeudado con la institución.

Joey asintió y agradeciendo con efusividad salió del edificio.

Tenía motivos para conocer a la bibliotecaria más veterana del lugar.

Su pasión por el teatro era la clave.

La mujer lo había mirado un día buscando con desesperación el libro de una tarea y sin quererlo siquiera había terminado llevándose a casa tres obras completas de los autores más famosos que había mirado en clase.

Podía decirse que el rubio no era muy afecto a la lectura, pero cuando se trataban de obras las circunstancias cambiaban totalmente.

Por ello era la cierta camaradería entre la dama y él.

Sin tardanza entonces volvió a caminar en derredor del edificio y entre unos cuantos, con la finalidad de buscar a su Touma. Sin embargo y evidentemente no lo consiguió, quedando al final exhausto y muy hambriento.

-Creo que buscaré a Yugi. Tal vez me invite a comer a su casa.

Sin embargo la vaga y oculta idea de que algo pasaría no le dejó el pecho.

Era una sensación agobiante, como aquel quien tiene una angustia clavada en el corazón.

Tal vez no era nada grave, de hecho desde hacía días que su hermana enferma le aseguraba estaba bien, por lo tanto ella no podía ser.

Tal vez solo estaba exagerando o imaginando, sin embargo muy dentro de él sabía que no era la primera vez que experimentaba todo aquello y casualidad o no se presentaba siempre que "regresaba" con Touma.

-Esta vez no. Por favor. Esta vez no. Rogó, sabiendo que tal vez pensaba de más.

Seto denegó el paso a Yami, sin embargo el muchacho terminó saliéndose con la suya y adentrándose en su despacho como quien entra en su propia casa.

-Al parecer nada aquí adentro ha cambiado. Todo sigue tan austero como siempre.

-SI viniste solo a eso, te habría ahorrado el viaje enviándote una fotografía. Masculló el castaño sin separar su vista de lo que estaba haciendo.

-Tan gracioso como siempre. Eso es lo que me gusta de ti.

Yami se sentó sin elegancia frente a Kaiba y tras unos segundos aguardó a que el otro le atendiera.

Seto no tenía tiempo de reencontrarse con el pasado, sin embargo y evidentemente este no se iría sin al menos una solución al problema o asunto que lo llevaba con él.

A pesar de las diferencias Atemu-Yami era un chico astuto cuya mente tal vez no tan brillante como la suya, maquinaba buenos planes e ideas fructíferas.

Así pues se permitió un segundo de paz. O lo hizo al menos así porque de otra manera Yami no se iría jamás.

-¿Qué quieres?.

-¿No vas a preguntarme el cómo he estado?.

La gélida mirada azul lo dijo todo, por eso Yami suspiró y de inmediato endureció sus facciones.

Nunca había sido muy expresivo o incluso alborotador, sin embargo sabía divertirse entre amigos, valorar a una persona y pensar en otras cosas que no fueran trabajo.

Esa era la diferencia real entre el alguna vez su rival mas acérrimo, y él.

-Como sabrás, hace años que dejé el mundo de las finanzas para comenzar mis propias ideas de negociaciones.

Seto asintió. Estaba enterado de eso y de más. Pero era mejor que Yami hablara a ser él quien moviera un músculo facial.

-He de decirte que la adrenalina de saberte mi segundo en el área de idealización, planeación y demanda de acciones era lo que me bastaba para continuar en la cima. Sin embargo mi tiempo pasó y te cedí el lugar.

-Tan considerado como siempre. Yo más bien creo que te cansaste de actuar según las reglas de tú padre.

Yami no mencionó palabra alguna pero el ojiazul supo que había dado en el blanco.

El muchacho de porte distinguido y de cabellos estrambóticos provenía de una pomposa familia egipcia, cuyo líder era el padre del muchacho que el castaño tenía frente a sí.

El hombre era un astuto inversionista de la banca, dónde Gozaburo alguna vez le había encargado tareas que él efectuaba con parsimoniosa perfección.

Sin embargo Kaiba jamás había soportado la competencia y al saber a alguien mejor en un terreno que él estaba seguro manejaba a la perfección, le había hecho caer en la obsesión de arrancarle a Yami el título de mejor en su área inversionista.

Había sido un camino duro y lleno de reclamos por parte de su padre, pero al final todo había valido la pena. Él había destronado a Atemu y era el mejor.

Así continuaba siendo solo por afición pero recordar las viejas rivalidades solo le hacían saber que de un momento a otro podían surgir otras y con el mismo contrincante.

Yami era astuto y aunque millonario que no necesitaba trabajar, lo hacía con el solo fin de pasar el tiempo.

Eso seguramente había sido el por qué se había retirado de las finanzas.

-¿Y?. Indagó con exasperación el castaño. Había ya recordado de más.

-Nada. Solo estaba pensando el cómo plantearte la situación que me trae a Japón.

-¿Me incumbe a mi?.

-Si me apoyas, si.

-Entonces...

-Antes de que te niegues como siempre. Déjame exponerte mi punto.

Kaiba no tenía ni el tiempo ni deseo de escuchar a Atemu, sin embargo asintió solo por cansancio.

Lo que tuviera el egipcio que decirle o no lo tenía sin cuidado. Él era el mejor en todo y cualquier idea de quinta no lo perjudicaría.

Yami supo entonces que sería muy difícil lograr que Kaiba le ayudara un poco en su idea, sin embargo de eso dependía su total autonomía.

-Como sabrás mi padre aun continua con el negocio de la familia, mientras yo...inicie el propio.

-Esa es una novedad. ¿Y vas a dejarla en cuanto te aburras?.

-No. Esta vez no. Negó el invitado con el entrecejo fruncido.- Atrás quedan ya mis días de testarudo adolescente, Kaiba. Ahora soy diferente.

-¿Y por eso volviste a Japón solo para informármelo?. Que considerado eres.

Yami bufó, sin embargo Seto tenía razón. Sus antecedentes no eran muy buenos.

En su tiempo de "rivalidad" los padres de ambos adolescentes, en ese entonces, habían decidido compartir un par de negocios y por consiguiente presentar a sus vástagos, los cuales no habían congeniado nada bien.

Desde el principio Atemu se esforzaba por hacer rabiar a Kaiba en sus propios terrenos y aunque el egipcio sabía que jamás ganaría sobre la inteligencia del castaño, le gustaba mirarlo enfadar por cualquier motivo.

Al término de aquellos lazos, Yami había advertido que jamás regresaría a Japón. Sin embargo algún motivo poderoso debía tener entre manos como para haber roto la palabra que consideraba sagrada.

-Iré al grano entonces. Anunció el extranjero tras suspirar.-Mi padre piensa dejarle toda la fortuna al idiota de mi medio hermano y eso yo no puedo permitirlo.

Cuando deserté de las empresas de la familia él se enfadó y me advirtió que no volvería a ser digno de su confianza hasta que le demostrara que podía valerme por mi mismo.

-Hasta que el juguetero puso al juguete en su lugar. Siseó el castaño, ganándose una dura mirada que no le importó.

-Durante estos cinco años. Continuó Atemu ignorando a Kaiba.-He cumplido con mis cometidos y le he demostrado que en los terrenos que él me educó soy perfectamente capaz de hacerlo todo.

-¿Pero?. Exclamó el ojiazul al reclinarse en su asiento y mirar medio aburrido al egipcio.

-Me puso una condición para no desheredarme.

-Y tú claro, quieres que eso no suceda porque te mueres de hambre¿verdad?.

-No. Porque el estúpido de mi hermanastro no se merece ni una sola moneda. Él jamás ha hecho nada, nada y yo en cambio...

-Si, si, disputas familiares en donde deben estar. ¿Qué es lo que quieres entonces?.

Yami bufó. Había olvidado lo exasperante que era charlar con un Seto iónico, sin embargo era el único que podía ayudarlo.

-Me pidió una prueba más de que podía salir de cualquier cosa y dilema con éxito.

-¿Qué te ordenó entonces?.

-Que...que...

Kaiba enarcó una ceja en señal de molestia. Si Atemu no terminaba pronto su cacareo, él lo haría.

-Que...propusiera una obra de teatro con el mejor guión y actores de Japón.

Y Seto Kaiba quien jamás reía, en ese momento lo hizo porque lo que había escuchado había sido simplemente lo más ridículo del mundo.

-¿Tú, productor de una obra teatral?. ¿Qué víbora ponzoñosa le ha picado a tú padre?.

-Es exactamente lo que le dije y por consecuencia me dio el lapso de cinco meses para hacerlo. Murmuró el egipcio, causando aun más risa en el famoso millonario.

Yami sabía que lo que exponía era total y rotundamente ridículo, pero para alguien con su orgullo, aunque no se evidenciara demasiado, era denigrante que su padre tratara de quitarle lo que por derecho era suyo para cedérselo a un desobligado como su hermanastro.

No tenía sentido, mucho menos cuando su padre sabía que él no tenía ni pizca de experiencia en el terreno de la producción de espectáculos. Estaba perdido y su única ayuda era el sujeto que estaba riéndose de su maldita suerte.

-Ya cállate. No es gracioso. Susurró enfadado, dejando ver la seriedad de la que en ocasiones era presa.

-No, estoy disfrutando esto como nada en la vida. Inquirió Kaiba y era verdad. Más burla que verdad.

Unos momentos pasaron para que estoico millonario reanudara su compostura por lo que al finalizar solo miró a Yami atentamente a los ojos.

-¿Qué?.

-Nada, que estoy esperando para saber cómo vas a salir de todo esto.

-¿Yo?. Por eso vine a pedirte tu...

-¿Ayuda?.

-Colaboración. Bufó Atemu. Jamás diría esa palabra hacia Kaba en voz alta.

-Pues no veo en que pueda yo "colaborar" contigo.

-Si, hay mucho. Como en contactar personas, buscar actores. Tú eres el dueño del mundo Kaiba. Con tan solo chasquear los dedos lo tienes todo en bandeja de plata. Debo tener listo toda esta tontería en menos de cinco meses o sino...

-Es tentadora la idea de verte perder ante la supremacía de tú padre, la cual tú, inútil dependiente y mimado jamás terminarás por superar.

Yami friccionó sus manos y frunció el entrecejo.

-Sin embargo ya te he superado, Atemu y lo demás no me importa.

-¿Eso quiere decir que vas a...?

-Considerarlo. Advirtió el genio de inmediato.- Así que no te confíes y es mejor que comiences a elaborar tú plan de salvación de una vez.

-Pero...pero yo no conozco a...

-Empieza como todo el mundo, desde cero y si aun te queda algo de cerebro, creo que ya te haz propuesto varias alternativas que pueden resultar convenientes para ti.

Sabiendo como es tú padre no hace falta hacer demasiado. Solo una simple pantalla para que tú recuperes su confianza y dinero.

Así pues que tengas ideas prontas, Atemu.

El egipcio supo que la entrevista había finalizado y no habiendo más que hacer en ese lugar es como salió de la habitación.

Kaiba era sádico y maldito. Sin embargo le había dicho que consideraría su problema. Una pequeña luz entre tanta desesperación.

Si, ya tenía un planteamiento indefinido, pero con Kaiba de respaldo más pronto de lo que esperaba tendría de nuevo su dinero, la confianza ciega de su padre, y su libertad para volver a hacer lo que fuera con su vida y negocios.

-Tienes que ayudarme, Kaiba. Susurró, abordando su auto y conduciendo a la zona hotelera en dónde él viviría por el resto de esos meses o al menos hasta que mirara algún sitio mejor.

Una faena comenzaba, una que el destino también se encargaría de tocar.

Continuará...

Me tomé un tiempo para reflexionar en ciertas cosas y llegue a la conclusión de que hago esto por mi y por ciertas cosas personales.

Lamento mucho si esta historia no llena todas sus expectativas pero hago lo que puedo y de todo corazón.

Así pues agradezco su atención, paciencia y comprensión, sobre todo a aquellas personas que me han servido de infinito apoyo en momentos tensos de mi vida.

Por ahora es todo lo que puedo decir.

Un grato abrazo a todos y espero que mis compromisos me permitan verlos pronto, su amiga:

KLF