TITULO: Dreams
Capitulo: Atrapados
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: arribó como siempre tarde a clase y no porque ese día se hubiera detenido en el teatro de la Universidad, sino porque el transporte que lo llevaba hasta la escuela lo había dejado y él, atleta por necesidad, había corrido cinco manzanas hasta que el despiadado conductor quiso detenerse y permitirle abordar.
Eso era lo repudiado de no tener un medio mejor de transporte.
Pero así había sido toda su vida y a esas alturas no iba a quejarse.
Más sin embargo, cuando ya intentaba recordar si la excusa de: "Estaba haciendo tarea" ya la había mencionado lo suficiente, se dio cuenta de que sus compañeros de clases se encontraban afuera del aula y en medio de una algarabía que no recordaba pudiera existir a esa hora.
-¿Qué ocurre?. Cuestionó al ubicar a su pequeño y mejor amigo.
-Hey, hola. Saludó Yugi con sonrisa brillante en los labios.-Al parecer te has perdido de varias noticias.
-Eso parece. Asintió Joey, observando a Miranda Parris efectuar su clásica pose de: "damisela en desgracia".-¿Qué es lo que está sucediendo?. Jamás había visto tanta emoción desde que nos dijeron que nos llevarían a ver una obra de teatro a la ciudad y después se canceló.
Yugi asintió y despidiéndose de un par de compañeros le indicó al rubio que se alejaran un poco de aquel alboroto.
-Deberías de ausentarte menos, Joey. Ayer ni siquiera te apareciste por aquí. Lo retó el de cabello tricolor, sabiendo que tenía derecho ha reclamar.
-Lo sé y lo lamento. Planeaba buscarte pero a ultima hora me dio sueño y me quedé en casa. Se excusó el rubio, rascando su cabeza en forma graciosa.
-Eso no justifica tu inasistencia. Aclaró el más bajito, sentándose en una de las bancas a su alrededor.
-Oh, vamos. Ni que fuera la primera vez que...
-Por eso lo digo. Interrumpió Yugi.- Si continuas así, nada bueno sacarás de todo eso. Si en verdad Touma te comprende, sabrá esperar hasta el fin de semana para...
-Yo no estaba con él. Inquirió el de ojos castaños, observando el gesto escéptico de su mejor amigo.- De verdad. Mi jefe me dio trabajo de más por mis faltas. Estoy condicionado. Murmuró entre apenado y enfadado.
-Y bien merecido te lo tienes. ¿A quién se le ocurre faltar cuatro días seguidos solo por estar con tu amante?. Me sorprende que no te hubieran corrido ya.
Joey se sintió entonces como el sándwich aplastado que un día quiso comerse apetitosamente sin éxito.
Yugi tenía toda la razón de retarlo, sin embargo lo expuesto ya lo había comprendido.
Pero para su corazón era difícil asimilarlo cuando las esmerarlas de Touma se posaban sobre él.
-Bueno, creo que ya has aprendido tú lección. Suspiró el más bajito, indicándole a su sonrisa que podía volver a aparecer en su rostro.-Por eso voy a darte la nueva que nos dijeron ayer por la mañana.
Joey asintió, en verdad que estaba intrigado.
-Un productor está patrocinando una obra de teatro y ha procurado buscar a su elenco y staff en esta escuela. ¿No es maravilloso?.
Los luminosos ojitos lavanda del muchacho hicieron sonreír a Joey, sin embargo lo que acababan de decirle resultaba bastante interesante.
-Suena a buena oportunidad, sin embargo aun no entiendo.
Yugi sintió como un par de gotitas bajaban por su sien. Joey solía ser en ocasiones demasiado distraído.
-Trataré de explicarte mejor. Aclaró el de cabellos tricolor, esperando no hacer uso del par de manzanitas en su mochila.-Sucede que ayer la profesora Yoko nos informó de que un productor extranjero está planeando una nueva obra y desea que su elenco y colaboradores sean de esta Universidad.
La obra se estrenará en la ciudad aproximadamente mes y medio para después salir de gira unos días y retornar a casa.
-Entonces es un proyecto pequeño. Aclaró el rubio, mirando a su amigo asentir.
-Parece interesante.
-Yo diría que es la oportunidad perfecta para que nos permitan hacer algo. Aclaró Yugi con la intenciones más que obvias.
-Y no sería un buen amigo sino te siguiera la corriente¿verdad?.
El bajito asintió. Lo qué él deseaba era poder hacer algo sobre las tablas. No demasiado ostentoso, ni siquiera un papel protagónico. Pero si algo que comenzara a darlo a conocer.
El sueño de todo artista. Suponía.
-Parece complicado. Silbó Joey tras posar los brazos tras su nuca y descansar un poco su cuerpo.
-¿Complicado?. Si no mal recuerdo eras tú quien se quejaba porque a los de primeros grados no les daban muchas oportunidades de darse a conocer. Bien, esa ocasión ha llegado. ¿Qué más quieres?. Protestó el bajito, no comprendiendo la repentina pasividad de su dinámico amigo.
-Lo sé, pero un proyecto tan pequeño...seguramente es un director novato.
-No lo se y no me importa que dure solo un día. Yo deseo salir en esa obra y voy a hacerlo.
Joey miraba de reojo a su compañero. Cierto, en ocasiones Yugi era muy sumiso, pero cuando se proponía algo lo realizaba, aunque en el trayecto se olvidara de muchas cosas.
Ese era el punto de conexión que ambos tenían. Por algo eran excelentes camaradas y así lo seguirían siendo.
-Está bien Yug. Me has convencido. Haremos casting.
Yugi sonrió de oreja a oreja y se abrazó a su compañero. Realmente el bajito deseaba hacer algo de provecho y si era acompañado de su mejor amigo resultaba mucho mejor.
Todo resultaba muy apresurado pero el tiempo no importaba si al final todos sus sueños se hacían realidad.
-Verás que será genial. Sino tenemos algún papel, al menos tendremos la oportunidad de lucirnos.
-¿Qué no tendremos papeles?. Ah no, no señor, yo voy a ir a desgastarme saliva y movimientos¿para que al final no me den ni el papel del mucamo?. No señor, Joey Wheeler no acepta una negativa por respuesta.
Y ahí estaba, el brillo especial en los ojos melados de Joey, ese que le indicaba al mundo entero que podía conquistarlo si se lo proponía.
Por eso Yugi admiraba al rubio, por ser capaz de proponerse el infinito y alcanzarlo.
Con esa mentalidad era seguro, que al menos el papel de "mucamo" conseguiría.
-¿A qué hora son los dichosos casting?.
-Dentro de tres horas.
-Excelente. Tiempo suficiente para prepararnos.
Joey entonces se incorporó de la banca y con paso decidido marchó por el camino que llevaba al Teatro, sin embargo y cuando Yugi planeaba seguirlo con emoción, el rubio regresó sobre sus pasos.
-Por cierto Yug.¿Hay mucamos en la obra?.
Y Yugi se sintió de pronto con la inmensa necesidad de reír a carcajadas, algo que en cierta forma destenzó su cuerpo.
-Yo te explico el formato del casting, Joey.
El rubio fue halado por su amigo, mientras escuchaba atentamente el procedimiento que esa vez harían para la selección de los actores.
Sería sin duda un atareado día.
De todo lo que le habría podido pasar en esa vida definitivamente no tenía contemplado lo que estaba mirando.
No era cierto nada, mi mucho menos la sonrisa extraña que su hermano tenía en sus labios.
No estaba ahí, no estaba viendo lo que estaba viendo y mucho menos era verdad lo que comenzaba a intuir como la pésima broma que estaba suponiendo.
-¿Y bien?. Indagó el peliazul al mirar el entrecejo fruncido de su hermano.
Pero Seto no respondió, simplemente miró todo nuevamente para después posar sus helados ojos sobre aquel que continuaba sonriendo pese a saber que su hermano estaba realmente molesto.
-¿No es de tú agrado?. Ed me dijo que esto sería perfecto para ti y creo que tuvo mucha razón en decirlo.
El bufido de Seto hizo reír al menor, quien con total facilidad movió su silla alrededor del lugar, inspeccionando que cada detalle estuviera en su sitio.
-Le hacen falta algunas cosas, pero creo que por ahora esto será suficiente. ¿Quieres ver el estudio?. Lo encargué con todas las comodidades que tú pudieras nece...
-¿Quién te dijo, Noa Kaiba, que yo necesitaba un departamento?.
El susurro iracundo del mayor hizo temblar un poco al menor, quien girando su silla enfrentó a las dos dagas azules que en ese momento eran las pupilas de su hermano.
Realmente estaba molesto y efectuaba un gran esfuerzo en no expulsarlo.
-Yo. Fue la sencilla y rápida respuesta que provocó que Seto friccionara sus manos y se acercara peligrosamente a su hermano.
-No necesito nada de estas estupideces. Si tu idea de gastar es esta, estas perdiendo tu tiempo. Indicó el castaño, mirando por encima de la cabeza de su hermano el espacioso departamento que Noa le había conseguido.
El menor se había hallado bastante extraño durante aquellos días y toda mención a ello solo equivalía a una colosal evasiva.
Sin embargo Seto no le dio importancia alguna, solo hasta esa mañana cuando antes de salir a la Universidad Noa le pidió lo acompañara a cierta dirección.
El ojiazul no podía negarle muchas cosas a su hermano, sin embargo realizó un rápido ajuste a su agenda y tras indicarle al reasignado Ed que los siguiera en el auto de siempre, habían partido con la incógnita del mayor de no saber a donde se dirigían.
Durante el trayecto Noa se había comportado bastante normal, alegando algunas cuestiones que la tarde anterior había revisado sobre unos contratos mercantiles de la empresa.
Fuera de eso el castaño no sospechó absolutamente nada, solo hasta que la limosina en la que viajaban se hubo estacionado frente a un edificio dentro de una acomodada zona, cerca del centro de la ciudad.
Tras ayudar al menor de los Kaiba a subir a su silla de ruedas e indicarle él mismo al chofer y guardaespaldas que los dejaran a solas, habían abordado un ascensor que los llevó rápidamente al último piso. Un acto desconcertante para el mayor de los genios.
Pero cualquier cosa que Seto pudo pensar se vio disuelta en cuanto Noa abrió la puerta y pronunció con un dejo de emoción:
"Bienvenido a tú casa".
Ciertamente el inmueble que abundaba en el departamento había sido el gusto exquisito y refinado de Noa, sin embargo el castaño sabía que la ubicación y el espacio había sido idea inequívoca de su guardaespaldas. El sujeto lo conocía tan bien como él mismo.
Pero lo que había terminado por sacar de quicio al ojiazul, había sido la insistencia de su hermano por presentarle "su casa", apelativo del cual renegó bastante.
-Vamos Seto. ¿Vas a decirme que no te gustó mi sorpresa?.
-No. Pronunció tajante el castaño, mirando aun con enfado a su hermano.
-Es un regalo, de mi para ti. Indicó el menor, tratando de sonreír lo más "tiernamente" posible.
-Yo no te pedí que lo hicieras.
-Pero yo quise hacerlo.
-No lo necesito.
-Pero...
-Basta Noa, no voy a continuar discutiendo contigo. Se me hace tarde.
Seto había dado su veredicto final y tras un gruñido avanzó hacia la salida.
No planeaba quedarse a escuchar más tonterías por mucho más tiempo. Su agenda apretada así se lo indicaba.
Más olvidaba que su hermano también era un Kaiba y el único competidor acérrimo que tendría por el resto de la eternidad.
-Yo pienso que si lo necesitas, Seto.
-Te dije que no voy a...
-¿Sabes algo?. Piénsalo fría y calculadoramente. Piénsalo todo como si fuera un buen negocio.
Las palabras atrajeron al castaño, quien virando enfocó sus iguales.
-No caeré en tú jueguito Noa y de una vez te digo, cero tratos y cero chantajes. Ya no los toleraré.
Si tú quieres quedarte con esto, adelante. Tú lo compraste. Pero no me pidas a mi que...
-Yo sé, que necesitas un lugar propio en dónde estar.
-Yo tengo mi propio lugar. La mansión es mi lugar propio. Inquirió con impaciencia el mayor. Su hermano realmente cuando se lo proponía lograba desquiciarlo.
-La mansión no es un lugar adecuado, y lo sabes. Ahí vivimos rodeados de recuerdos que preferimos evitar. Ahí aun te sientes asfixiado y sé, que en ocasiones prefieres quedarte en la empresa debido a la opresión que aun te hace sentir la idea de regresar a casa.
-No tiene nada que ver con eso.
-Claro que si. Asintió el menor. Él podía jugar perfectamente el juego de su hermano.-Mirando todo esto¿me dirás entonces que no es de tu agrado?.
Cada detalle está pensado y diseñado especialmente para ti.
Todas las comodidades y carencias están cubiertas solo para que vengas, te sientes en el sofá o trabajes cual desquiciado en tú propio estudio.
Esta es tú casa Seto y aquí puedes sentirte... libre.
El fugaz brillo que Noa admiró en las pupilas de su hermano le hizo saber que iba por excelente camino.
Había sido algo efímero pero tan bien conocía el peliazul al castaño que constataba que aunque no lo aparentara, su difícil hermano añoraba la libertad completa. Su experiencia en el terreno solo le decía que lo que en verdad Seto necesitaba y requería era ese espacio suyo que bien disfrutaría.
Un paso más para él realizar su propósito.
Por tal durante días enteros y desde el arribo de Ed a la mansión, había estado trabajando en un diseño especial para el inmueble y decorado del nuevo departamento. El cual Ed buscaría y conseguiría según los bohemios gustos del castaño.
Al término entonces de la exhaustiva y secreta búsqueda, el resultado había sido brillante, sabiendo el peliazul entonces que por mucha molestia que Seto pudiera sentir, al final cedería. Porque él lo conocía.
-Te conviene desde cualquier ángulo.
-Esto es ridículo. Articuló al final el mayor, apoyando su mano sobre el suave respaldo del sofá negro.
-Sabes que no lo es. ¿Dime, tan feo está?.
Seto negó con la cabeza. Si era realista debía aceptar que la decoración y ubicación le gustaban bastante, sin embargo la sorpresa aun no terminaba de agradarle.
-¿Entonces?. ¿Qué tiene de malo que tú, un adulto de veintidós años tenga su propio departamento de soltero?. Eso no te va a quitar inteligencia o clientes.
Noa era astuto y en ese momento hacía uso de sus habilidades de persuasión.
-No puedo. Volvió a negar el castaño, siendo su mente quien ambivalente se encontrara ante la expectativa que comenzaba a formarse en su cabeza.-Te conozco lo suficiente como para saber que lago tramas con todo esto, Noa.
-No tramo nada. Seto, yo solo quiero tú felicidad y sé que en ocasiones es necesario buscarla fuera de casa.
-Pero yo no quiero buscarla. No me interesa y no necesito...
-Haz la prueba. Intentó el peliazul tras acercarse y tomar con devoción la fría mano de su hermano.-Si no te gusta, me deshago de él y punto. Pero al menos haz la prueba de saber lo que se siente vivir fuera de esas cuatro paredes que forman...una prisión.
Tentadora idea y aunque Seto sabía que no era más que un chantaje disfrazado, resultaba ciertamente equivalente al mejor negocio ofrecido del mundo.
Cierto, odiaba el aire que la mansión destilaba. No solo por sentirse sofocado, sino por los recuerdos de su difícil vida transcurrida en ella.
Mucha veces había pensado en adquirir algo parecido a aquel departamento, sin embargo la idea moría tan pronto se realizaba.
Un punto en contra que solo lo llevaba a atormentarse.
Sin embargo y aunque dispuesto a aceptar aquel trato del cual estaba seguro su hermano deseaba sacarle partido de algún modo, no pudo dejar de pensar en eso que lo retenía en la mansión con bastante aprehensión.
-No estoy seguro. Inquirió sorprendiendo al menor que pensaba se había salido una vez más con la suya.
-Pero...
-No pudo alejarme de ti, Noa. No puedo.
Loable oración que era solo la verdad y a pesar de que el corazón de Noa se enterneció un poco al recordar el inmenso amor que Seto le tenía (aunque no supiera expresarlo) no pudo flaquear en sus propósitos.
-No lo harás Seto, solo es...algo normal.
Seguirás viviendo en la mansión pero a parte tendrás un lugar para ti solo. Para meditar o hacer lo que desees.
Es solo un escalón más hacia esa independencia que nuestro padre tampoco deseaba darnos.
Seto suspiró. Lo que Noa decía era verdad pero aun así no quedaba tan convencido de todo.
Su hermano necesitaba de su atención y de supervisar que sus sesiones de fisioterapia se llevaran de la mejor manera, así como muchas cosas más que no podía dejar por tratarse de su única familia.
-Es solo probar. Volvió a recordar el menor y esa vez los azules ojos del castaño centellaron un poco más.
-De acuerdo. Asintió al final el castaño.-Solo una prueba. Y lo digo así porque de otra manera jamás te quitaré de encima de mi.
Noa sonrió de oreja a oreja. Había vuelto a salirse con la suya y si suponía tan bien como hasta ese momento, esa prueba terminaría en permanente.
-Te aseguro que no te arrepentirás, hermano.
Seto asintió. No sabía que planeaba Noa sin embargo la idea de tener algo para él ya no resultaba tan descabellada.
No perdía nada con probar, era como decía su hermano: un negocio.
-Ahora tengo que hablar con Ed para prohibirle solaparte tus ideas tontas. Murmuró el mayor, haciendo reír al en ese momento adolescente más feliz del mundo.
Una nueva etapa estaba comenzando en esa renovada familia.
Yami descendió de su vehículo y tras hacerlo suspiró tan ruidosamente que quien lo mirara pensaría que llevaba sobre si una enorme carga.
Y tal vez lo era, sin embargo no podía retractarse de lo que había logrado ya.
Miró el edificio a su lado y volvió a suspirar.
-¿Cómo es posible que me haya metido en este embrollo?. ¿Ahora que voy a hacer?. Murmuró, pensando detenidamente en dónde iría a parar aquella parodia.
Sin embargo nefasta, ridícula o importante debía llevarla a cabo si deseaba recuperar lo que por derecho le pertenecía.
-No voy a permitir que me quiten mi fortuna, mucho menos el pelele de mi hermanastro.
Con el único pensamiento convincente en la mente se apresuró a entrar en el edificio, donde una mujer de vestido azul y cabello rojo lo aguardaba con una enorme sonrisa en los labios.
-Bienvenido. Lo estábamos esperando.
De inmediato la mujer se apresuró a extenderle la mano, acto que él correspondió si no con la mayor de las efusividades, si con la mejor educación posible.
-Cuanto me alegro en verdad de tenerlo a usted entre nosotros. No sabe la algarabía que ha provocado entre los estudiantes.
-Me lo imagino. Susurró, bajando la larga escalinata que los separaba de la parte frontal del lugar.
-Permítame presentarle entonces a las personas que van a auxiliarnos en todo lo posible.
Yami entonces saludó a un montón de personas de las cuales no se interesó en retener el nombre, solo y simplemente se dedicó a sonreír y a tratar de ser "cortés" con aquellas personas que lo "ayudarían".
-El decano está feliz por todo esto y me comunicó que vendrá alguno de estos días para saludarlo personalmente.
El egipcio asintió, en realidad no le interesaba pero como pensaba desde que aquella locura se había vuelto una realidad, esas personas que le sonreían y hablaban eran quienes lo ayudarían a recuperar su herencia.
Estaba jugándose el todo por el todo, pero teniendo en cuenta las limitantes con las que se aventuraba, debía ser prudente pero exacto.
Fue entonces que al tomar asiento en las butacas más próximas a las primeras de la fila, retomó un respiro para volver a preguntarse el por qué se encontraba ahí.
Como se lo había comunicado a Kaiba, necesitaba poner a prueba sus dotes de productor teatral o de lo contrario perdería todo, incluyendo capital.
Él, obviamente, no tenía ni idea de lo que haría. Mucho menos de cómo sacar adelante una producción de la que no sabía nada.
Las veces en las que había asistido al teatro habían sido muy diferentes y podía entonces aceptar que no era fiel devoto de la histrionina sobre el escenario.
Sin embargo ahí estaba, en una labor que no era su fuerte y dispuesto a desafiar pese a todo al hombre que lo había criado.
No iba a rendirse tan sencillamente y por eso después de hablar con Kaiba se había decidido por el plan B y actuar en solitario.
Por ello y en cuanto averiguó un par de cosas se encaminó a la directiva de la carrera de actuación, donde expuso su problemática. O la mitad de ella.
A base de "ocultar la verdad" le había extendido a la mujer de roja cabellera el hecho de ser un productor extranjero que lo llevaba a Japón a realizar una pequeña puesta para un personaje importante de su país.
La mujer, obviamente emocionada había estado encantada de ayudarle y tras cerrar los tratos y respectivos honorarios, había aguardado a que todo estuviera listo y dispuesto para el día de las audiciones.
Yami pensaba que no se necesitaba ser un genio para aceptar o rechazar actores, sin embargo y en cuanto la directora mencionó algo sobre la inmensa fila de espera, se dispuso a tragar con fuerza y a pensar en la difícil situación en la que su padre lo había puesto.
-Cuando usted lo disponga. Sonrió la directora, haciendo segunda el grupo de profesores que lo acompañarían en esa labor.
El egipcio asintió, tomando papel y bolígrafo para aparentar que realizaba sus decisiones.
-Una pregunta antes de iniciar, señor. Agregó uno de los profesores.
-Dígame.
-¿Para qué obra estamos audicionando?. La profesora Yulein no pudo decirme con exactitud.
Yami estuvo a punto de decir que eso no importaba, pero la mujer pelirroja habló por él.
-Eso nos lo dirá el señor Yami cuando sea el tiempo.
-Pero Yulein. Sabes perfectamente bien que debemos audicionar para cual o tal papel, para el elenco, para la actriz principal, para….
-Profesor Takai, yo sé perfectamente todo eso. No necesita recordármelo.
La molestia en la mujer le hizo pensar al egipcio que la directora era de carácter fuerte, por ello no le convenía hacerla enfadar.
Sin embargo cuando ya se pensaba libre de responder la molesta cuestión sobre la cual no había pensado nada, se presentó nuevamente.
-Dado que no podemos continuar con esta absurda discusión y para que el personal se sienta más seguro, díganos señor Yami¿qué obra es la que planea llevar a cabo?. No recuerdo que me mencionara eso el día de nuestra entrevista y puesto que son nuestros estudiantes, instalaciones y personal quienes le ayudaremos, al menos tenemos el derecho de…
Atemu jamás se había sentido tan nervioso en su vida y sin embargo hizo uso de todo su autocontrol para no salir gritando del teatro.
Por ello meditó detenidamente sus opciones, las cuales y repentinamente se habían ido a vagar por el espacio sideral.
-¿Señor Yami?.
Al egipcio estaba doliéndole bastante fuerte la cabeza. ¿Cómo podía llegar a ser tan insistente una mujer?.
-¿Señor?.
-Por favor que no sea Romeo y Julieta. La hemos puesto en escena veinticinco veces, sin contar la mini temporada de teatro de las festividades de la Universidad.
La mujer pelirroja miró a quien se había atrevido a hablar. Al parecer las amenazas implícitas en las suicidas miradas lo decían todo.
-Ni tampoco Othelo o algunas de esas obras Shakesperianas. Estamos cansados de ellas. Replicó una mujer que también fue acribillada por la directora.
Yami entonces se vio en un muy serio dilema. Sus posibilidades eran aquellas que acababan de denegar o al menos las únicas que su entumecido cerebro recordaba.
¿Qué haría?.
-Se realizará la que el señor diga, así que…
-Yo no quisiera causarles problemas. Se excusó el egipcio, tratando de conseguir más tiempo para sus ideas.
-No es ninguna molestia, de ninguna manera. Usted nos hace el gran honor de representarnos y darnos presupuesto para lo que jamás llevaríamos a cabo en condiciones normales. Así que si la obra que usted va a dirigir se encuentra dentro del repertorio que ya mencionaron, adelante. Hable con total confianza. Afianzó la pelirroja, indicando aun con la mirada que si alguien más hablaba estaría fuera de la universidad más rápido que un parpadeo.
Atemu entonces sonrió nervioso. Se estaba agotando el tiempo y la paciencia de los profesores a su lado.
¿Por qué no se le ocurría nada?.
Entonces y cuando todo lo veía perdido, a él llegó una espléndida idea.
-El conde de Monte Cristo. Susurró, esperando que la propuesta fuera buena.
-¿Cómo dijo?.
-El conde de Monte Cristo. Refirmó convencido. Esa obra a su parecer valía la pena.
El grupo de profesores se miraron e intercambiaron unas cuantas palabras para al final asentir a la decisión del egipcio.
-Mejor puesta no pudo haber escogido. Alejandro Dumas es el mejor en el estilo libre de…
-Gracias, profesora Yulein. Interrumpió Yami arto ya de las adulaciones de la mujer.
-Está bien. Bueno equipo ya saben entonces lo que deben buscar. Si me permiten quince minutos para informarles a los estudiantes todo podrá comenzar entonces.
Atemu suspiró feliz al verse librado de la profesora, quien sonriente y casi saltando de gusto salió del teatro a comunicar a los alumnos la nueva noticia.
Él no estaba muy seguro de que los chicos fueran a prepararse para su papel en tan corto tiempo, pero conforme se presentaron en la audición supo que aquella escuela era muy buena.
Formaba a sus estudiantes de excelente manera, así como también los dotaba con las mejores armas competitivas que eran su amor por la actuación.
Tal vez y al final las cosas no serían tan tontas después de todo.
Por otro lado Yugi paseaba de lado a lado tratando de recordar alguna de las líneas de Edmundo Dantés, sin embargo por más esfuerzo que hacía no podía recordar ninguna.
Estaba muy nervioso.
-Cálmate Yug o terminarás por llegar a la China.
El muchacho bajito asintió, recargándose en la pared para dos minutos después reanudar su caminata.
-Yugi, lo harás bien. Animó Joey tras sonreír un poco a las acciones de su amigo.
-Eso mismo quiero yo creer, pero no puedo recordar nada de este libro. Nada, estoy en cero, en blanco. En…en…
-Shock total si no respiras.
El rubio rió sonoramente y ante tal espectáculo el más bajito tuvo que imitar a su mejor amigo.
Debía aceptar entonces que sus nervios estaban terminando con él, pero no podía evitarlo.
Esa era su oportunidad de demostrar de lo que era capaz de hacer. Quería demostrarse él mismo y a su abuelo que servía para muchas cosas, entre ellas para llevar a cabo aquello por lo que estaba luchando.
Joey por el contrario se encontraba relajado. Cierto, la obra que la profesora Yulein les había mencionado no era precisamente su fuerte, sin embargo la recordaba bastante bien pues había sido un libro ciertamente interesante y digno de disfrutarse en toda la extensión de la palabra.
Todo claro y gracias a las insistencias de la bibliotecaria quien le había recomendado más de una vez la brillante obra de Dumas padre.
Estaba confiado en que saldría bien, después de todo estaba haciendo lo que más amaba en la vida y demostrarse así mismo que seguir sus sueños valían la pena, era lo más grande que podía hacer en esa vida sobre todas las cosas.
Se sentía feliz por todo lo que estaba sucediendo, pero y sin embargo bastó un fugaz pensamiento hacia el castaño de ojos verdes que no había visto en días, para que cierta pena cruzara su mirada.
-¿Qué ocurre Joey?. Cuestionó Yugi al mirar la desolación en el rubio.
-Nada. Negó el muchacho. No iba a echar a perder el momento a su amigo.-Solo recordé algo, es todo.
Pero el más pequeño sabía que era ese algo y sin embargo no quiso mencionarlo. Tal vez Touma había vuelto a hacer de las suyas y conociendo a su amigo estaba atravesando por su depresión.
Sin embargo ninguna señal se lo daba a saber.
-"Ese tipo es un problema". Se dijo, volviendo a recargarse en la pared para descansar un poco.-"¿Cuándo te darás cuenta de que ese tipo no merece ni siquiera que lo memores, Joey?. Solo espero que algún día llegue a tú vida alguien que si valga la pena".
Era el pensamiento que siempre le dedicaba al rubio, el cual divagaba una vez más sobre el paradero de su…amante.
-Oye Yug¿sabes tú en dónde…?
Sin embargo la frase se quedó a medias pues la secretaria del decano se abría paso entre las filas llamando a alguien más que conocido.
-Señor Wheeler, que bueno que lo veo. Saludó la muchacha y el rubio suspiró hondo.
-Ya la sigo.
-Gracias por ahorrarme las palabras, señor Wheeler. Sonrió la chica, regresando sobre sus pasos.
-Guárdame el lugar Yug, voy a ver ahora para qué me llaman.
El de cabello tricolor asintió, sonriendo a la cabeza gacha de su amigo. Señal inequívoca de que estaba ya maquinando lo que el decano iba a decirle.
El trayecto hacia la oficina del directivo fue relativamente corto y sin embargo largo para la expectativa del muchacho que al entrar en la oficina se adentró al despacho del querido decano.
-Yo…
-Pase, pase y siéntese antes de que la poca paciencia que tengo se termine.
Y Joey supo que lo que iba a pasar era en cuestión de Urgente.
-¿Ya se reportó a la oficina dónde controlan su beca?.
-Diablos. Si yo sabía que se me había olvidado algo. Gruñó Joey tras golpearse la cabeza con su mano derecha.- Lo siento mucho señor, pero he estado muy ocupado tratando de…
-Cero excusas señor Wheeler. Se lo dije una vez y se lo repito: si le llegan a vetar la beca yo no haré nada y usted tendrá que conformarse con barrer los pisos de un centro comercial.
Joey bajó la cabeza. Lo estaban retando y se lo merecía.
El decano podía ser duro y firme de carácter, pero lo ayudaba siempre que podía y sin duda en ese momento así era.
-Yo…
-Es el último consejo que le doy al respecto, señor Wheeler. Vaya a su casa, tome los documentos convenientes y vaya a las oficinas administrativas antes de que cierren. Su plazo se cumple hoy y no voy a pedirle prorroga. No lo haré.
-Pero señor…
-Si su irresponsabilidad puede más que cualquier cosa, entonces no tiene caso que realice nada. Solo espere sus documentos sentado en su casa. Porque se lo diré solo una vez y espero que esta vez su cabeza si responda: usted llega a perder la beca y automáticamente se le da de baja en esta institución. ¿Entendido?
Joey asintió. Se sentía peor que perro apaleado.
Si le retiraban la beca, adiós a su sueño.
No podía permitirlo.
-Iré ahora.
-Es lo más lógico y razonable que lo he escuchado decir en todo lo que lleva aquí señor Wheeler. Lo felicito. Mencionó el hombre, quien dejó salir una buena cantidad de aire de sus pulmones.
-Pero hay audiciones, señor. Excusó Joey al recordar en dónde estaba antes.
-¿Y?.
Eso lo decía todo. Debía elegir una vez más con qué se quedaría. Si con la beca que podía darle luz a sus sueños o con una audición que probablemente no lo admitiría después de salir definitivamente de la institución.
¿Qué haría?.
-El reloj camina, señor Wheeler. Así que le recomiendo corra, vuele o pedalee si quiere llegar a tiempo a las oficinas antes de que cierren.
Y la respuesta fue inmediata, por ello olvidándose de todo salió corriendo de la oficina y Universidad.
Necesitaba mantener su beca y de paso solucionar el problema de la tutoría. Mucho que hacer y una oportunidad fallida dentro de una obra de teatro.
-Que fiasco. Susurró, corriendo más deprisa en busca de un eficaz y rápido transporte.
Pasados los minutos y conforme la fila de audicionantes avanzaba, Yugi terminó por preocuparse seriamente por Joey.
Sabía que el decano siempre le reñía, sin embargo para un fabuloso sermón del hombre era ya mucho tiempo.
Sin embargo no podía hacer nada, estaba por llegar a la tarima y sin su amigo al lado se sentía mucho más nervioso que antes.
-Señor Mouto, por favor.
La profesora Yoko le cedió el paso y él, temblando cual gelatina caminó hacia el lugar de la audición.
Estaba acostumbrado a las tablas. De vez en cuando hacían prácticas sobre aquel tarimado. Pero indudablemente era muy diferente actuar para unas personas que iban a evaluarlo en serio y sobre todo para un desconocido que patrocinaría aquella obra.
Por un momento estuvo a punto de salir corriendo, sobre todo porque sentía que iba a derretirse, pero en cuanto miró a sus profesores y sus pupilas se enfocaron en otras que sonrieron tan solo mirarlo, supo que lo que siguiera de ese episodio sería un verdadero milagro el llegar a él.
Seto había terminado por no asistir a la Universidad. La visita a "su" nuevo departamento le había quitado minutos valiosos y aun después de que Noa le recordó "amablemente" que él estaba a cargo de la empresa mientras él estudiaba, no se retiró de las instalaciones.
Acostumbrado al trabajo estaba y aunque sabía que Max hacía un excelente trabajo como asesor que mantenía a la mesa directiva en su lugar, no podía olvidarse de sus pendientes y las innumerables cosas que eran su vida.
-Señor Kaiba, el decano de la Universidad desea hablarle.
El castaño gruñó. Ese hombre lo sacaba de sus casillas. Tan torpe y con complejos megalómanos.
Definitivamente un torpe más.
-Pasa la llamada. Ordenó. Más valía atenderlo que soportar sus insistencias.
-Un gusto que aceptara la llamada, señor. Le extrañamos hoy por las instalaciones.
Seto dejó que el hombre hablara. Él jamás se excusaba ante nadie y no lo haría con aquel sujeto.
-¿Se le ofrece algo más que desearme un buen día?.
Evidentemente el silencio fue la muestra de que el decano se encontraba aturdido. Eso hizo sonreír un poco al ojiazul. Su "amable" manera de ser le encantaba.
-Solo hablé para recordarle que aun no ha traído algunos documentos que necesitamos para…
-Se los enviaré después con mi secretaria. Ahora estoy muy ocupado como para preocuparme de cosas sin la mayor…
-Pero Señor Kaiba...
Jamás en su vida nadie lo había interrumpido y su voz gruesa así se lo hizo saber al decano que deseó jamás haberlo hecho.
-¿Piensa a caso que mi vida gira en torno a tonterías como esas?.
-Yo...
-Tengo una empresa que atender y negocios importantes que usted no entendería, ahora regresaré a lo mío y tendrá esos malditos documentos en donde debe.
-Recuerde llegar antes de la…
La comunicación se cortó. O mejor dicho, Kaiba la cortó. Continuar escuchando al decano solo le daba dolor de cabeza.
-Kyra, necesito que envíes algunas cosas.
-En seguida estoy con usted, señor.
De inmediato su fiel secretaria estuvo en el despacho del castaño que continuaba tecleando con gran facilidad y sin error alguno.
-De la universidad me piden algunos documentos que necesito mandar al departamento académico o algo así. Envíalos. Así me quitaré de encima a ese remedo de hombre.
-Señor, hace dos días le comuniqué que no tengo completa la papelería. Usted la tiene.
Los ojos azules se apartaron de la pantalla y por un momento el castaño habría jurado que la muchacha sufrió un pequeño paro cardiaco.
En ocasiones en verdad era intimidante.
-Maldición.
-Lo siento señor pero…
-Lo haré yo. Siempre todo lo hago yo. ¿Para eso tengo personal "capacitado" a mi alrededor?.
La secretaria miró el enfado en su jefe, pero ciertamente no podía hacer nada.
-Cancela todas mis citas de la una a la cuatro.
-Si señor.
-No hay duda de que si quieres algo bien hecho lo tienes que hacer tú mismo.
La muchacha miró a su jefe salir con enfado en el rostro y agradeció que aquello no hubiera llegado a mayores.
Cuando Seto bajó le indicó a Ed lo siguiera. Estaba perdiendo tiempo valiosísimo en aquellas tonterías, sin embargo solo él sabía en dónde y como acceder a los dichosos "documentos."
Cuando arribaron al edificio el ojiazul bajó de su auto con la pura autosuficiencia que lo caracterizaba, seguido muy de cerca por su guardaespaldas.
Mientras abordaba el ascensor, Kaiba pensó que cosas más "tontas" no podían pasar en la vida. Pero tal y como el destino era, esa vez también funcionó, poniéndole frente a frente con quien más descontrol le hacía experimentar.
Ed aguardó a su jefe en la planta baja por lo que el hombre atinó a pensar que el ojiazul era el último cliente del edificio.
Sin embargo apenas se cerraban las puertas del ascensor cuando un remolino rubio pasó frente a él deteniendo las puertas por escasos segundos.
Fue lo último que Ed miró antes de perder su vista en los números sobre el transporte.
-Oh, pensé que no llegaría. Suspiró Joey recuperando el aire y arrugando la carpeta que llevaba en las manos.
-Lo que me faltaba, el perro faldero que perdió su hueso.
Y fue entonces cuando Joey miró a Kaiba y gritó tan alto como la frustración y su propio enfado se lo indicaron.
-¡TÚ!.
Seto sonrió con ironía, dispuesto a desquitarse con su perro faldero como venía aconteciendo, sin embargo apenas abrir la boca un movimiento brusco del ascensor los hizo sostenerse de las paredes, para después sentir que todo se detenía súbitamente.
-Maldición. Susurró Joey cuando entendió lo que sucedía.
-¿Ya vez lo que provocaste?. Perro de quinta.
-Cállate, rico engreído. Llegaré tarde y lo que es peor. Estoy…estoy…
-Atrapado contigo.
Finalizó Kaiba y a ambos les recorrió un escalofrío desagradable por la columna y sin darse cuenta los dos desearon no matarse mutuamente en aquel reducido espacio cuadrado.
¿Por cuánto tiempo permanecerían así?.
Continuará….
Una disculpa por la enorme demora pero como algunos lo saben se me complican las cosas con mi tiempo y cada 2 horas a la semana libres q tengo las aprovecho para adelantar mis fics pendientes, ahora le tocó el turno a Dreams y tal vez después a otro
Gracias por sus enormes palabras de aliento que son las que me animan.
Si esto no es como Lentamente sin embargo es parte importante de mi y a quienes lo aceptan un enorme gracias por eso.
Sip, el pasado es importante para el presente por eso me estoy tardando un poco en él pero ya estamos entrando a la parte interesante del asunto
Por el momento me despido esperando que este chap haya sido de su agrado.
Comentarios de todo tipo son bienvenidos y bueno nos vemos pronto, su amiga:
KLF
