TITULO: Dreams

Capitulo: Jamás besado

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: ALGUIEN ME SAQUE DE AQUÍ!

-Te dije que te ca-lles.

-AUXI…

-Si no te callas te estamparé contra la pared y me dará un gusto enorme verte embarrado en el piso.

Joey tomó aire, estaba dispuesto a gritar, pero evidentemente el seño excesivamente fruncido de su compañero le indicó que tomara la advertencia que acababan de hacerle como verdadera.

Así pues suspiró y terminó por recargarse en la pared metálica del ascensor.

Lo que le estaba sucediendo era el colmo de la mala suerte. Quedar atrapado en el ascensor del edificio donde se encontraba su beca, a escasos minutos de que las oficinas cerraran. Era el peor mal presagio que podía existir en todo el universo.

Pero eso no era todo. Habría tolerado quedarse atrapado él solo. Incluso que el oxígeno fuera reduciéndose poco a poco, pero quedar atrapado con nada más y nada menos que con el peor ser humano del mundo, esa si era la peor calamidad de su vida.

Si mal no calculaba, llevaban entre treinta y cuarenta y cinco minutos adentro de aquel transporte totalmente varado entre el piso ocho y nueve.

Todo era una pesadilla, comenzando por la siempre antipática actitud del ojiazul y terminando con saber lo que su retrazo en las oficinas significaba.

-Esto no puede estar pasándome a mí. Murmuraron lo dos al unísono, ganándose cada uno un gruñido y una mirada enfadada que solo les molestó otro poco.

Seto Kaiba por su parte compartía pensamientos gemelos a los de su compañero. Tenía muchas cosas que hacer y quedar atrapado con el perro rubio a su lado no era la magnífica idea que tenía en mente para terminar la tarde.

Estaba comenzando a pensar que el Universo en verdad tenía mala voluntad hacia él y que aquel despojo de muchacho era su castigo por ser autosuficiente y magnánimo.

Era increíble cómo la sola presencia del rubio le causa desagrado y enormes deseos de golpearlo. No solo por topárselo cada y cuanto de tiempo, sino por ser precisamente él la persona que lograba exasperarlo como nadie o nada en la vida.

Joey Wheeler era insoportable y para él, toda perfección, la visión de un desastroso joven no pasaba más que a la lástima y a la humillación.

-Increíble que tenga que compartir mí espacio vital contigo. Indicó, mirando de soslayo al rubio que bufó con indignación.

-Pues yo no estoy en un lecho de rosas. ¿Sabes tú lo que me estoy perdiendo solo por estar aquí contigo?. De mi vida.

-¿Tú vida?. ¿A caso un perro faldero tiene vida?. Si que tienes dotes de payaso de circo.

-Óyeme tú señor "don perfección", ya me estoy cansando de…

-Ladra más y terminarás por ni siquiera tú entenderte.

Joey gruñó y cuando se dio cuenta de que el castaño sonreía burlonamente a su acción terminó por golpear un par de veces la pared que había dejado debido a la riña verbal.

Cómo odiaba a ese hombre, mucho más porque siempre parecía tan tranquilo, a pesar de encontrarse atrapado en un ascensor.

Todo él lo sacaba de sus casillas. Desde el cabello castaño perfectamente peinado, hasta los pulcros trajes sastres que combinaba a la perfección con corbatas y calzado.

Seto Kaiba era verdaderamente desesperante.

Pero nada ganaba con maldecir mil veces, solo cansancio y un "pudo ser" que le atormentaba el cerebro.

Seguramente para esos momentos Yugi ya había realizado su audición y él, por lo que miraba, se la perdería completamente.

Había pensado llegar tarde pero seguro. Más con aquel inconveniente…toda su vida era un completo desastre.

Se deslizó por la pared hasta sentarse en el piso. Ya no valía la pena continuar gritando por ayuda. Obviamente nadie los escucharía. Si los de seguridad no habían respondido a la llamada del botón de emergencias, mucho menos lo harían con su voz.

Ya no valía la pena nada.

Kaiba miró a su compañero sentarse en el piso y sonrió un poco para si al mirar el desaliento del rubio.

Desde que quedaron atrapados que el de ojos melados lo había intentado todo con tal de pedir ayuda, pero obviamente nadie los había atendido aun.

Admiraba la potencia de sus pulmones, pero sus tímpanos no y al parecer el muchacho había terminado por darse por vencido y sucumbir a la inevitable silenciosa desesperación.

Sin embargo él no caería en ella. Se había encontrado ya en sin números de dificultades y una insignificancia como aquella no lo iba a detener.

Por algo era un genio y era tiempo de utilizar su intelecto.

-¿Qué haces?. Indagó Joey desde su posición, al mirar que el castaño depositaba en el piso su portafolio y comenzaba a buscar algo entre sus ropas.

-Algo que me doy el lujo de tener gracias a mi dinero.

El rubio bufó, sin embargo cuando miró un pequeño aparatito salir de la bolsa interna del saco del millonario, comenzó a pensar que si existía un milagro para él.

-¿Qué es eso?. Preguntó nuevamente el muchacho, incorporándose y acercándose al genio que solo lo miró con el entrecejo fruncido.

-No voy a decirte.

-Oh, vamos. Dime que es eso. Imploró Joey como buen curioso, olvidándose de con quien estaba hablando.

Seto gruñó pero terminó por desistir. Si continuaba riñendo con el bobo solo conseguiría una tremenda jaqueca.

-Es un dispositivo de seguridad. El otro lo tiene mi guardaespaldas.

-Wow¿en verdad tienes guardaespaldas?.

-Personas importantes como yo los tenemos. Obvio. Asintió el castaño, sintiéndose repentinamente mucho más importante.

-¡Kawai!. Se emocionó el rubio, acercándose más a su compañero para admirar el aparatito.-¿Y cómo es tú guardaespaldas?. ¿Musculoso, alto y ceñudo como en las películas?.

Seto se alejó un paso del emocionado rubio, incluso miró un brillo diferente al que le había visto siempre en las pupilas.

En verdad que si aquel sujeto no se había vuelto loco ya de tanto gritar y maldecir, pronto lo haría.

-Aléjate. Ni se te ocurra acercarte más.

-Pero…pero yo quiero ver.

-Basta. Me sofocas, perro.

Joey efectuó un mohín de desagrado, mientras Kaiba oprimía uno de los botones de su al parecer comunicador.

Entre más pronto lo sacaran de ahí, más alejado estaría de ese demente.

Repentinamente un pequeño "pip" se escuchó salir del comunicador y Joey aguardó muy quieto para saber lo que sucedería.

-¿Algún problema, señor?.

La voz fuerte y poderosa de un hombre se dejó escuchar entonces, haciendo al rubio parpadear y acercarse aun más al castaño.

-¿Te parece que sino los tuviera, te llamaría?. Indicó el genio tratando de evitar a su curioso compañero.

-¿Qué sucede, señor?.

-Estoy atrapado en el maldito ascensor desde hace cincuenta minutos, Ed. ¿Se te hace problema suficiente como para pedir ayuda?.

La agitación del castaño indicó su enfado, como también vestigios de desesperación que en muy pocas ocasiones mostraba.

-Iré a donde seguridad en seguida. Solo aguarde, señor. Lo sacaré de ahí.

-Inútil. Murmuró Seto, sin embargo sabía que no era verdad. Si en alguien podía confiar plenamente era en Ed. No por nada era su guardián número uno.

-¿Nos van a sacar de aquí?. Preguntó Joey cuando el comunicador volvió a desaparecer entre las ropas de su dueño.

-Aunque no quisiera que tú te salves. Desgraciadamente así será.

-¡Qué bien!. Ya me estaba aburriendo de ver solamente tu carota de amargado.

Kaiba se permitió friccionar sus manos mientras Joey sonreía y regresaba a su lugar en el piso.

Ya no tenía porque preocuparse. Muy pronto lo sacarían de ahí y podría buscar al hombre que llevaba su caso. Tal vez entendiera su accidente y le concediera otra oportunidad para realizar lo que debía.

-Vamos, siéntate. ¿O seguirás aguardando ahí hasta que nos saquen?. Eso puede bien tardar cinco minutos u otros cincuenta más.

A regañadientes el millonario se percató de que el papanatas de su compañero tenía la razón.

Sus piernas se encontraban acalambradas ya de pasar su peso entre una y otra extremidad.

Tal vez y después de todo el perro había dado con una buena idea.

Con todo el refinamiento del mundo, Joey miró sentarse al castaño frente a él.

Así, en total equidad parecían dos simples muchachos atrapados en circunstancias graciosas.

Mirándolo de mejor forma Joey se percató de que de cerca, el muchacho de increíbles ojos azules no parecía tan malvado o ruin como hasta ese día lo había parecido o incluso como las revistas lo describían.

El rubio debía de afirmar entonces que no había conocido la popularidad de Kaiba hasta que no la hubo mirado en la prensa.

Sin duda todo un mundo de responsabilidades caía sobre los hombros de tan estoico joven y en cierta forma lo comprendió. Aunque eso no quitaba el hecho de que siempre lo insultara como si él le hubiera dado motivos para hacerlo.

-¿Qué miras, idiota?. Fue la cuestión que el castaño lanzó al sentirse demasiado observado.

-Nada. Indicó Joey tras virar su cabeza y mirar la pared contraria.

El ojiazul enarcó una ceja, sin embargo pudo admirar el perfil del rubio.

Podía decir que hasta tenía una linda nariz. No tan respingada ni afilada. Solo la indicada para darle forma a sus blancas facciones.

Era extraño encontrar a personas tan rubias en Japón por lo que pensó el muchacho descendía de algún extranjero.

Nada mal para un perro callejero, sin embargo todo habría estado bien hasta ese pensamiento, pero sus ojos no podían dejar de mirar más allá del enfado y aparente odio que se tenían.

Para él era totalmente inexplicable el porque peleaba con el rubio. Había nacido de repente y al parecer era mutuo.

Era todo un misterio descubrir el por qué se encontraban siempre cuando menos lo esperaban y más el hecho de inmediatamente fulminarse con hostiles e hirientes palabras.

El de ojos melado jamás le había hecho nada. No al menos que valiera tanta agresión, sin embargo y siendo totalmente sincero consigo mismo, las riñas con aquel individuo lo relajaban de sobre medida y si intuía bien, aunque jamás hubo sido bueno para eso, tal parecía que en su contraparte también existía el mismo efecto.

Ambos eran tan diferentes y tan iguales a la vez que una extraña atmósfera los rodeaba cada vez que se enfrascaban en una riña.

-Al parecer te has quedado sin nada que hacer.

Kaiba enarcó una ceja.

-Me miras como lo hiciste la primera vez que nos vimos.

-Yo no te estoy mirando. Refutó el ojiazul con enfado.

-Cómo sea. Elevó el rubio los hombros.-Yo solo te digo que esa mirada es mucho más aceptable, que todas las que lanzas a tú alrededor. Deberías de hacerlo más seguido. Eso te hace ver más…humano.

Y Seto no pudo añadir nada porque el rubio había destruido su contraataque aun antes de ser fraguado.

¿Cómo era posible que ese bobo estuviera hablando con él como si nada de lo pasado hubiera sucedido?.

En verdad estaba loco.

-Se lo que piensas. Añadió Joey tras suspirar.-Pero no le veo el sentido continuar discutiendo así cuando evidentemente terminaremos agotados en este pequeño espacio.

Por mi te rompería el rostro con gusto, pero prefiero esperar a un lugar más adecuado para hacerlo.

Sonrió, no irónica ni burlonamente, sino con veracidad y eso Seto lo captó de inmediato.

-¿Y qué propones entonces?. Indagó el otro, aceptando indirectamente aquella momentánea tregua.

-Pues…pensándolo bien no nos hemos presentado adecuadamente. Solo nos apodamos y punto. ¿Qué te parece si comenzamos con eso?.

No supo por qué pero eso a Kaiba le pareció aceptable y de hombres honorables, por eso asintió casi imperceptiblemente. Eso si, sus facciones no cambiaron en mucho.

-Yo soy Joey Wheeler y estudio Actuación.

-Seto Kaiba.

Ambos se estrecharon la mano o el rubio la tomó sin pedir permiso. Pero como fuera que hubiera sido, ambos sintieron entonces una conexión distinta a la que hasta ese momento habían experimentado.

Era extraña y llena de tantas sensaciones que no evitaron mirarse nuevamente a los ojos y encontrar esa mirada que ya tantas veces y en secreto los había cautivado.

Al parecer y después de todo la espera no sería tan desagradable.

Salomón miraba con detenimiento a su nieto. Desde que había arribado de la universidad que lo miraba muy extraño.

No había querido decirle nada hasta la hora de la comida y sin embargo su instinto le decía que lo que su nieto le comunicaría era algo muy importante.

-¿Puedes decirme ya lo que te sucede Yugi?.

El abstraído muchacho respingó sobre el sofá, encarando a su abuelo que lo miraba desde el umbral de la puerta de la cocina.

-No lo se. Eso depende si me gritarás o no.

Salomón enarcó una ceja mientras su nieto sonreía dulcemente. Un rostro tan tierno como el de Yugi no era fácil encontrar, por eso suspiró y negó con la cabeza.

-No tengo porque. Al menos sino has hecho nada indebido.

-No, nada de eso. Negó el menor, dándole espacio a su abuelo para sentarse a su lado.-Es solo algo que he hecho y me ha causado mucha satisfacción.

-¿Qué hiciste?. Indagó el anciano con desconfianza.

-Nada malo abuelito. Rió Yugi ante el espanto de su tutor.- Está bien, te lo diré. Hoy hice un casting.

-¿Para?.

-Para una obra escolar.

-¿Con que una obra?. No me habías dicho nada de eso.

-Es que quería darte una sorpresa. Continuó el de cabellos tricolor con emoción.-Un productor extranjero está llevando a cabo una obra y de inmediato acudió a nuestra Universidad. Los profesores nos dieron la oportunidad de participar y…

-Ya habíamos hablado de eso Yugi. No quiero que te emociones en vano. Si estas estudiando actuación es por algo que aun no comprendo. Sin embargo si te hace feliz actuar, entonces yo te apoyaré.

El menor sonrió a medias. Comprendía que a su abuelo no le satisfacía lo que él haría de su vida, sin embargo agradecía su apoyo. Su única familia debía dárselo al menos.

-Gracias, abuelito.

-¿Y de qué es esa famosa obra?. Me imagino que Joey también adicionó¿no es así?.

Yugi negó, recordando la súbita huída de su mejor amigo.

-El decano lo llamó y no lo he vuelto a ver desde entonces. Creo que se metió en líos.

-Ese muchacho. Cuando no está solucionando problemas escolares, lo está con problemas monetarios. Aun no me explico el cómo lo elegiste como amigo.

-No se. Tal vez…nos compaginamos muy bien.

La pícara sonrisa del menor hizo suspirar al anciano. Joey no era la mejor influencia del mundo, pero al menos hacía sonreír a su nieto.

Recordaba sus días tristes de niñez y no podía más que darle gracias al sol rubio por convivir y hacer la vida de su nieto más llevadera.

-Espero entonces que todo haya salido bien para Joey. Invítalo a cenar mañana. Prepararé su comida favorita.

-Gracias abuelo, se lo diré…si lo veo. Susurró cuando su abuelo se marchaba a la cocina. Algo muy dentro de si le hacía pensar en su amigo y en su amante juntos. Aunque sabía que Joey jamás dejaría una audición por nada ni nadie en el mundo.

Se encontraba preocupado pero en ese momento algo mucho más fuerte se avecinó que aun hacía saltar su corazón. Era el recuerdo de un par de ojos celestes que lo habían mirado con demasiada atención sobre las tablas.

De todas las personas en el mundo jamás se imaginó que volvería a ver a Yami.

El muchacho había estado sentado junto a los profesores y en cuanto desempeñó su improvisada rutina supo que esos ojos no lo habían dejado jamás.

Qué sensaciones tan extrañas le hacía experimentar aquel muchacho extranjero y sin duda las burlas de Tea no ayudaban demasiado.

Desde ese día en la cafetería que la muchacha le cuestionaba sobre el Joven extranjero que solo había visto en dos ocasiones, pero al juzgar por la intuitiva pose de su amiga castaña, las cosas no quedarían así.

Tristan y Duke no se habían enterado de nada, pero sabía que muy pronto el par de bromistas muchachos estarían cuestionando sobre la identidad y ocupación de aquel misterioso personaje que se había vuelto a topar cuando menos lo había esperado.

El qué hacia en el teatro aun era un misterio para él, sin embargo había bastado unir sus miradas para que experimentara una corriente eléctrica que lo ayudó a actuar como nunca en su vida.

¿Qué le estaba ocurriendo?.

No lo sabía, sin embargo era lo más desconcertantemente lindo que le había pasado en años.

Creía entonces entender lo que Joey sentía cada vez que miraba a Touma.

-Estoy alucinando. Se sonrió, incorporándose del sofá al grito de su abuelo.

Más tarde llamaría al rubio para saber de su desaparición y escuchar sus lamentaciones por haberse perdido el casting.

Pero mientras tanto se permitiría surfear entre las nubes, recordando al par de ojos que lo hacían sentir cosquillas en el estómago.

Por otra parte Yami conducía por el centro de la ciudad.

Había sido un día estresante y atareado.

El cómo había salido ileso del teatro universitario era aun un misterio sin resolver, sin embargo su ingenio lo había provisto rápidamente de las herramientas necesarias para al menos darse una idea del tipo de personas y características que se buscaban para una obra teatral.

-Esto es muy difícil. Suspiró, girando a la derecha en un alto.

Pero debía continuar con sus planes o de lo contrario su orgullo recibiría un golpe tremendo.

Sin embargo más rápido tardó su móvil en sonar que en pronunciar el nombre del hombre a quien se dirigía a ver.

-¿Señor Yami?.

-Él habla. Asintió, deteniéndose en un semáforo.

-Soy la secretaria del Señor Kaiba.

-Oh, la eficiente muchacha. ¿A qué debo tan linda llamada?.

Era inevitable que fuera adulador. Ciertamente él era todo un enigma, catalogado como la oscuridad dentro de una ambivalencia de comportamientos.

Sin embargo toda su vida había aprendido aquel arte de adulación, del cual su padre lo había provisto tan perfectamente.

-Yo…el señor Kaiba iba a verlo.

-¿Es decir que ya no?. ¿Qué compromiso asaltó a nuestro dulce personaje como para cancelar una cita conmigo?.

La secretaria rió y él sonrió ante su sutil agresión.

-Salió muy temprano de las empresas y no ha regresado. No he querido llamarle a su casa y dejó su móvil en su despacho.

-Qué inconveniente tan divino, diría yo. Espero al menos que mañana pueda recibirme.

-Esperemos que si, señor.

-Gracias entonces por esta cortesía. Le veré después.

-Hasta pronto.

-Kaiba idiota. Ojala que nunca padezcas de algo como lo que me sucede a mi.

Gruñó, retornando hacia su hotel.

No sabía por qué tenía que ser precisamente Seto Kaiba quien pudiera ayudarlo, sin embargo siendo objetivo y mirando la facilidad que el genio tenía para los negocios bien podría serle de mucha utilidad para su objetivo.

Debía entonces aceptar los desplantes del castaño y rogar porque en verdad le auxiliara.

Su vida económica estaba en sus manos.

-Y pensar que antes era yo su rival número uno. Que ironía. Rió, dándole un toque oscuro a su sonrisa.

Pero el pensamiento fue fugaz pues al detenerse nuevamente frente a otro semáforo, admiró la peculiar escena en una de las esquinas de la acera.

Una par de jóvenes tomados de la mano. Abrazados y destilando amor verdadero.

Él nunca se había enamorado. Ni siquiera creía en ello y sin embargo había tenido amantes a montones, dispuestos a satisfacerle hasta el más mínimo capricho.

Tal vez su posición y orgullo le habían impedido ver más allá de todo eso, pero de una cosa si estaba seguro, en ese momento no se enamoraría. Menos que nunca podía hacerlo. No tenía tiempo. Su futuro económico dependía de que realizara su trabajo a la perfección, como siempre.

Falacias del amor no le importaban, mucho menos alguien sensato en quien depositar eso que no conocía.

-De ser así¿entonces por qué no dejo de pensar en ese chiquillo?. Se cuestionó enfadado, evocando un par de ojos lavanda que lo habían ciertamente impactado desde la primera vez que los había mirado.

Una encrucijada más en la cual no estaba dispuesto a entrar. Todo siempre por diversión y placer nada más. Sin embargo su mente le insistía en recordar al chiquillo tan sonriente e inocente que aun no terminaba por creer realidad.

Tal vez solo se encontraba asombrado de mirar tanta ingenuidad o tal vez no. Un misterio más que resolver.

-¿Tu color preferido?.

-Mgh

-Vamos, dime.

-No.

-Todos tenemos un color preferido. El mío es el verde. Aunque también me gusta el azul. ¿Cuál es el tuyo?

Era el colmo. Lo que pensó que sería un rápido rescate se estaba convirtiendo de pronto en la peor pesadilla de su vida.

¿Qué a caso ese sujeto no tenía paz?.

En todo lo que llevaban esperando no se había callado.

Había tomado esa tregua muy en serio.

-…Yugi dice que la mejor manera de conocer personas es socializar, así que eso es lo que estoy haciendo.

-¿Y quién te dijo que yo quería socializar?.

Joey frunció el entrecejo. El sujeto era aun más difícil de tratar o manejar que el peor antisocial del mundo.

Llevaba bastante tiempo hablando y el castaño siempre afirmaba o negaba con monólogos, cortando de tajo sus intentos por saber más de él.

No sabía el qué lo lanzaba a conocer más del ojiazul, sin embargo comenzaba a decaer esa vigorosidad con la que había estado tratando de llevar aquella paz momentánea.

Resultaba extenuante hablar solo cuando debería estar pensando en lo que haría al salir de allí.

Seguramente ya no encontraría al sujeto ese que había ido a buscar y el Decano si que se molestaría.

No quería perder su beca, no quería dejar la Universidad pero evidentemente estando ahí ya lo había hecho.

No le quedaba más que sonreír al mal tiempo y tratar de mitigar su ansiedad con lo que fuera, aunque eso significara entablar "conversación" con el peor de los sujetos.

-¿Cuánto más tardarán?. Preguntó, mirando distraídamente los números que no marcaban nada.

Eso mismo se preguntaba el genio. Escuchar el monólogo del parlanchín muchacho no era su mejor manera para pasar el tiempo.

En soledad tal vez habría ideado algún invento o la mejor manera de salir de ese embrollo.

Pero no podía pensar con alguien fastidiándolo con estúpidas preguntas y hablando de tramo en tramo tratando de "socializar".

Necesitaba salir de ahí y lo necesitaba en el acto.

Por ello buscó nuevamente su comunicador, esperando a que su guardaespaldas respondiera.

-Lamento la tardanza, señor. Indicó el fornido guardián cuando respondió el llamado.

-¿Qué es lo que ocurre que tardas años?. Tengo cosas que hacer. Regañó, comenzando a sentirse sudoroso y desesperado.

-Es qué tuvimos un problema.

Un ruido de sierra se escuchó de repente o al menos eso intuyó el ojiazul cuando enarcó la ceja.

-Los de seguridad dicen que no pueden ayudarlo. Al parecer el ascensor estaba teniendo problemas desde la mañana y el cuerpo técnico que lo repara aun no responde a su llamado.

Hemos intentado hacer algo pero…no es posible.

Seto friccionó sus manos y tuvo que contar varias veces hasta diez para no terminar gritando la incompetencia del mundo.

-Maldita sea.

-Estoy haciendo lo posible señor. Ya llamé a los técnicos de KC y ya vienen. Por favor, solo soporte otro poco.

Se escuchaba muy sencillo, pensó Joey cuando su compañero cerró la comunicación con enfado palpable.

Sin embargo el sujeto ese no tenía que soportar la tensión que parecía cortarse con una hoja de cuchilla.

Ambos pensaron que si no salían asesinándose de aquel reducido espacio, lo harían la próxima vez que se vieran.

-Esto es frustrante. Suspiró Joey recargando su cabeza en la pared a su espalda.-Yo y mi mala suerte. ¿Ahora que haré con mi beca?. Maldita sea la hora en que esta chatarra se averió. Gruñó, golpeando el piso que solo sonó un tanto hueco.

Kaiba concordó por primera vez en algo con el rubio, sin embargo no se lo diría.

-Hace calor. Susurró Joey desprendiéndose de la chaqueta verde que llevaba.

Y era cierto. El sistema de ventilación hacía mucho que había dejado de funcionar y con ello probablemente muy pronto el oxígeno se vería reducido.

Un modo "heroico" de terminar con su existencia.

-¿No tienes calor?. Indagó el de ojos castaños, admirando el saco que a simple vista se veía demasiado caluroso.

-Eso es algo que a ti no te importa.

-Pero…

-Deja de hablar de una maldita vez. ¿Qué no vez que te acabas el oxígeno?.

Joey abrió y cerró la boca para al final cruzarse de brazos y mirar el techo.

Había mirado en muchas películas la forma en que las personas escapaban de los ascensores por la puerta que convenientemente siempre estaba abierta en el techo.

Sin embargo esa no era una película y la maldita puerta se hallaba o atascada o cerrada por fuera.

¿Qué clase de edificio era ese?.

-Es un transporte antiterrorismo.

-¿Qué?.

La seca voz del castaño lo sorprendió en sus cavilaciones.

-Este ascensor es antiterrorismo. El sistema así fue creado para mejor seguridad de los ocupantes.

-Pues no lo parece. Gruñó Joey. Estaba comenzando a enfadarse.

-Obvio. Está averiado. Chatarra inútil. Demandaré a quien lo hizo.

-¿Es decir que no fuiste tú?.

-¿Me vez cara de haberlo hecho?.

Joey elevó los hombros y eso sacó un bufido de indignación de lo labios del genio.

-Yo jamás habría creado una baratija como esta. Esto es obra de un amateur estúpido.

-Y según tú, oh Señor genio de los inventos¿cómo lo habrías hecho?.

-Con la tecnología adecuada para inconvenientes como este, dónde las personas se quedan atrapadas con despojos de persona.

-¡Oye!. Creí que teníamos una tregua. Indicó molesto el rubio.

-Yo no dije eso nunca.

-Oh, en verdad eres…eres…eres insoportable Kaiba.

-Y Tú no te quedas atrás. ¿Qué te piensas con tu teatrito ese de sonriente despreocupado?. La vida es cruda, no la fantasía estúpida de amistad que tú siempre vas pregonando por ahí.

-No es verdad. No es ninguna fantasía.

-Lo es y lo reitero. Por eso gente como tú jamás prosperará, Wheeler. Gente como tú no tiene sueños ni metas. El mundo es inútil por ustedes.

De nuevo habían vuelto a las andadas y eso Joey no lo toleró.

Si aquel mimado chico quería pelea, él se la daría. Pero antes de decirle unas cuantas verdades al señor ojos bonitos.

-Escúchame bien. Indicó, acercándose al muchacho que con sumo cuidado se deshacía de su saco y remangaba pulcramente las mangas de su blanca camisa.-¿Quién te crees para decirme todo eso?.

Tú, que lo tienes todo pero cero educación y modales.

Tú no conoces la vida real porque tienes millones que sustentan tus ridículas poses de "autoridad máxima del mundo" y caprichos idiotas como el de estudiar la Universidad.

Gente como tú, que se pavonea frente a desafortunadas personas, son quienes deberían ayudar al mundo pero que por el contrario solo lo empeoran.

Tú, deberías preguntarte si tienes sueños que perseguir, en lugar de andar alardeando por ahí lo bueno o malo que eres con ese cerebro y millones tuyos.

Golpe bajo, mucho más que cualquiera y eso Seto lo supo por la cantidad de fuerza que había impreso a sus manos friccionadas.

-Tú no sabes nada de mi, perro.

-Ni tú de mí, idiota.

Seños fruncidos y calor de batalla. Miradas que taladraban y brillaban con sentimientos encontrados y furia ajuntada.

Cualquiera que fuera el paso a seguir, sería deliberante para el resultado de su salud física.

-Ya me estoy hartando de ti.

-¿Y crees que yo no de ti?. ¡Mírate!. ¿Cómo puedes siquiera comprender a alguien cuando tu frivolidad no te permite ver más halla de ti?.

Tú no tienes problemas. Vociferó Joey con verdadero enfado.-En cambio yo acabo de perder mi beca. Pero claro que eso tú no lo entiendes.

-Y no me importa.

-Claro¿Qué más puede importarte que no seas tú mismo?. Tú no tienes que preocuparte por nada. Solo de ti, tus millones, tus inventos y de nada más. Tú no conoces ni siquiera lo que es velar por alguien.

Seto miraba marcado resentimiento en los ojos castaños. Más que enfado era ese rencor que el muchacho tenía por que según él no lo comprendía.

En cierta manera así era, pero el muchacho había tocado un punto sensible que muy pocas veces dejaba a la vista.

-Yo tengo una hermana enferma. Velo por ella desde que se separó de mí. Vivo solo y…y…¿Para que gasto mi saliva?. De todas maneras nunca comprenderás nada de lo que te digo.

Joey volvió a recargarse en la pared y hundió la cabeza entre sus piernas.

Se encontraba agitado y molesto. Más por recordar la impotencia que sentía cada vez que recordaba a su hermana enferma pero sobre todo la beca que había perdido.

Su vida era un caos. No quería saber ya más nada.

Sin embargo y para el asombro del rubio y del muchacho que habló, las cosas dieron un pequeño pero significativo giro, quien sería el que comenzaría a fraguar el verdadero destino.

-Yo si tengo a alguien por quien velar y conozco el significado de la desesperación y la impotencia.

Yo puedo decirte que sé…a lo que te refieres.

Con lentitud Joey levantó la cabeza, mirando al que con voz ronca y bajita había hablado.

Tal vez había escuchado mal, sin embargo las pupilas azules no podían mentir.

-Tengo un hermano y también está enfermo.

Jamás sabría Seto el por qué había murmurado tal frase, sin embargo la emoción que los ojos castaños lanzaron fue quien prácticamente le hizo olvidar quien era, qué aparentaba y por qué jamás hablaba de ese tema con nadie.

Su frialdad cedió por instantes y se presentó como el joven que siempre había querido ocultar.

-No lo sabía. Musitó Joey al darse cuenta del rumbo que habían tomado las cosas.

-Debe ser difícil. Yo sé lo que es darlo todo por un hermano, hasta sacrificar tu propia…

-Vida. Finalizó Kaiba la oración y su compañero asintió con un dejo de sonrisa.

Un pequeño silencio se formó alrededor de ellos, mostrándoles entonces que aunque en apariencias diferentes, en el fondo eran muy iguales.

Una coincidencia tal vez de aquella tan irónica vida.

-¿Qué edad tiene tú hermano?. Cuestionó el rubio, animándose a seguir en esa línea que por fin los había unido.

-Diecisiete. Pronto cumplirá la mayoría de edad.

-Mi hermana tiene dieciséis, aunque parece mayor. Pero es tan bondadosa que siempre se preocupa por todo, inclusive de mí.

El genio asintió. Exactamente así era Noa con él. Que par de hermanos tan similares.

Y sin embargo aquella pequeña declaración le dotó de un sentimiento que jamás había experimentado en su vida.

-Debe ser muy difícil para ti y tus padres el tener que…

-No los tenemos. Estamos solos.

El rubio jamás se habría imaginado tal declaración, sin embargo asintió comprendiendo exactamente lo que eso significaba.

-Mi padre murió hace tres años.

-Lo lamento.

-No vale la pena lamentar a un bastardo.

Joey no dijo nada, sus motivos tendría el castaño del por qué referirse así hacia su progenitor.

-¿Entonces ambos viven juntos?.

Kaiba asintió.

-Eso debe ser muy lindo.

-Dijiste no vivir con tú hermana. ¿A caso vives solo?.

Joey sonrió otro poco. Al parecer y aunque a gritos se hablaran el genio había escuchado todo lo que había dicho. Eso era algo bueno cuando se creía ignorado.

-Si, aunque ella vive con mi mamá. Mis padres son divorciados y ese es el resumen de lo demás.

-¿Y tú padre?.

Una sombra de pena se posó en los ojos castaños, por lo que Seto intuyó que esa era una herida prohibida.

-Prefiero no hablar de él. Lo único es que vivo solo desde que entré a la Universidad. Aunque ahora no se si podré continuarla.

La sonrisa afectada del rubio hizo que el castaño enarcara la ceja.

-Todo se puede hacer.

-Con dinero. Pero yo no lo tengo.

-Elegiste entonces una carrera poco productiva.

-Lo se. Sonrió el rubio.-Pero es mi sueño.

Kaiba no entendió muy bien.

-¿Tu sueño?.

-Si. Yo siempre he querido ser actor. Es el único sueño que se forjó en mi cuando los tiempos difíciles de mi vida se presentaron. Es lo único que puede sacarme un momento de esta raquítica realidad.

Seto entendía. Era algo parecido a lo que él hacía cuando se enfrascaba en su trabajo.

Aislarse de la realidad para concentrarse en algo más productivo.

-Todo puede solucionarse. Las personas que no vencen los obstáculos en la vida, no merecen una oportunidad en este mundo. Todo es posible. No hay inconvenientes si en verdad quieres hacer algo.

A Joey le parecieron muy familiares esas palabras. Aunque con otro concepto, no dejaban de parecerle que en algún lugar las había escuchado.

-Ojala tuviera tu confianza. Yo ya perdí la oportunidad de mi beca y sin ella…es mejor hacerme la idea que saliendo de aquí iré directo a la banca de desempleados.

No creo que dure demasiado en mi actual trabajo, así que aparte de haberme perdido también de la audición en el teatro…que vida la mía.

Kaiba miró entonces que Joey sonreía. Un acto que de trasfondo lucía una deprimente existencia que él pudo reconocer con facilidad.

Sin embargo era loable aquella actitud semi positiva.

-¿Qué audición era esa?.

-No se. Un productor extranjero propuso una obra en nuestra Universidad. Así que como me salí antes de tiempo, ni siquiera pude tener la oportunidad de demostrar lo que se.

-¿Con que extranjero?.

-Si.

El castaño entonces tuvo una pequeña idea de lo que eso significaba.

-Pero ya. No vale la pena hablar de lo que no fue o será. Es mejor que me enfoque en conseguir un buen empleo y en procurar mantener mi raquítica economía para no decaer más.

-Pensando así nunca triunfarás. ¿No tienes a caso algo o alguien que pueda ayudarte?.

Joey negó. No contaba con su padre, madre o hermana porque simplemente las dos primeras personas no eran de su afecto y la última dependía en parte de lo que él le daba.

Así que estaba solo.

-No.

-¿Amigos?.

-Sería vergonzoso pedirles ayuda.

Un gran orgullo. Sin duda igual o semejante al del ojiazul.

-¿Amante?.

Joey sintió sus mejillas encenderse un poco a la mención de aquella palabra. Un acto involuntario que Seto no pasó desapercibido, comprobando así el murmullo que aquella noche de la fiesta había llegado hasta sus oídos.

-Yo…

-Los amantes son para sacarles partido. Sería conveniente para ti. Mucho más en esta situación. "Aconsejó" el castaño. Acomodándose de mejor manera.

-¿QUÉ?. ¿ESTAS LOCO?.

-¿Me dirás entonces que amas a ese tipo?.

-Yo..yo…¿Cuál TIPO?. Gritó el rubio al mirar la irónica mueca en la boca de Kaiba.

-Por favor Wheeler¿vas a decirme ahora que nadie sabe lo que tú y ese chico con facha de estrellita de cine, tienen?.

El rubio parpadeó varias veces sin creerlo, incluso percibió que el sonrojo se había extendido a todo su rostro.

-Pero…pero…

-Si tiene dinero, sácale un poco o en su consecuencia que te ayude. ¿Por algo están juntos, no?. ¿O es por puro sexo?.

Joey no tenía ni idea de lo mordaz que podía llegar a ser el ojiazul. Sin embargo algo le decía que no era en sí una total agresión, sino el modo en que el estoico muchacho tenía para hacer "bromas".

-Yo…yo…

-Entonces es puro sexo por lo que veo. Aunque…

-¿Aunque?.

-Si lo que vi, una vez cuando salías de esa aula es verdad, tú estás enamorado de ese tipo¿no es así?.

-¿Y a qué viene mi vida privada a todo esto?. Cuestionó un poco molesto el rubio.

-A que…nada, mejor olvídalo. No es asunto mío. Indicó el castaño, cruzándose de brazos y frunciendo el seño.

-No, ahora me lo dices. Exigió el rubio, queriendo saber lo que su curiosidad insaciable le indicaba.

-No.

-Si.

-Te he dicho que no.

-Oh, eres exasperante Kaiba. Bufó Joey al verse frustrado, sin embargo una idea brillante y hasta "diabólica" le cruzó la mirada.-Ah, ya entiendo. Lo que pasa es que alguien cómo tú no tolera este tipo de relaciones.

-Te equivocas. Me son indiferentes. Añadió el castaño con veracidad.

-Yo más bien creo entonces, que tú deseas algo así.

La fulminante mirada lo dijo todo, sin embargo Joey no se quedaría con las manos vacías.

Se vengaría un poco del momento vergonzoso que el ojiazul le había hecho pasar.

-Si, si, tú deseas una relación, porque seguramente tú jamás..-

-Basta.

-Tú jamás has tenido nada que ver con nadie. Claro, siendo tan frío…

-Basta.

-Sin embargo eres atractivo. Debes tener millones de amantes a espaldas de la prensa¿verdad?.

Jamás, en todo lo que viviría el rubio, olvidaría la pequeña muestra de sentimentalismo que admiró por parte del estoico Seto Kaiba.

Leves mejillas sonrosadas que hicieron a Joey sonreír y enternecerse de cierta forma.

-¿Eso es un si?. Indicó el de ojos melados, acercándose a su compañero hasta sentarse frente a él.

-Yo no dije nada. Y ya cállate. Seto viró el rostro, pero la sensación que su sonrojo involuntario le hizo experimentar, no podía irse así como así.

-¡OH, CIELOS!. NO PUEDE SER LO QUE ESTOY PENSANDO.

-Cállate. No ladres, perro.

Pero ni el insulto fue lo suficientemente potente como para impedir que Joey se acercara mucho más al castaño y sonriera de oreja a oreja como en varios días no lo había hecho.

-No es posible que tú no hayas tenido nunca una relación. Ja, no puedo creerlo.

No era una burla, solo un asombro a la triple potencia, algo que avergonzó al ojiazul, pero dado su carácter solo gruñó y frunció aun más el entrecejo.

-¿Verdad, verdad que estoy en lo correcto?.

-No pienso responder estupideces.

-¡OH, DIOS. ES VERDAD!.

Y Joey rió estruendosamente ante la mirada ya molesta del ojiazul.

-Wheeler. Siseo con verdadero carácter Kaiba.

-Espera…espera….déjame digerirlo, es que es lo más…¿entonces jamás has besado?.

Joey no pararía ahí y Seto lo supo por la incomodidad que sintió. Por ello se incorporó del piso y se alejó del cada vez más sorprendido rubio.

-Es increíble que a tus veintitantos años aun no hayas…

-No todo gira alrededor de eso, Wheeler. Y cállate antes de que te rompa el hocico.

Más una vez comenzado aquello, Joey no pudo parar, por ello se incorporó y sabiendo de sobra que iba a divertirse un momento, sacó provecho a sus dotes histriónicas con la finalidad de molestar al castaño.

-Yo podría ayudarte entonces. Al menos para que no mueras casto de labios.

-Idiota.

Pero Joey estaba más divertido que la vez que Tristan había sido bañado por el aceite de su motocicleta.

Era mejor que todo lo que había vivido en ese momento y aprovechando una pequeñita venganza, siguió adelante con lo que se había propuesto: Molestar al genio.

-Oh, vamos¿me dirás que nunca te ha apetecido un beso?

Seto viró el rostro. De repente estaba comenzando a hacer mucho calor ahí adentro. ¿Sería por la falta de ventilación?.

-Vamos, te lo estoy ofreciendo libremente. Y mira que muchos se han peleado por mis labios.

Un gruñido y Joey sonrió aun más acercándose al castaño quien ya no tenía más espacio para ¿huir?.

-Aléjate de mi Wheeler, ni se te ocurra hacer una estupidez.

-Yo no haré ninguna estupidez, solo voy a enseñarte lo que es besar.

-Ahórrate tú cátedra para alguien que el importe.

-Pues a mi me importa que tu sepas.

Seto estaba a punto de golpear al rubio. Una cosa era broma y otra muy distinta aquel "acoso" que estaban dándole.

Jamás aceptaría que se encontraba nervioso, sin embargo en un dos por tres y cuando Joey ya lo había acorralado completamente contra la pared, las cosas se modificaron.

Un abrupto y brusco movimiento se dio entonces en el ascensor. Indicador de que la falla había sido reparada.

Ambos muchachos cayeron entonces al piso por la falta de equilibrio, siendo Joey quien quedara a merced del peso del castaño.

-Se mueve. Murmuró Joey al sentir el ascenso.

-Si. Asintió Kaiba medio sonriendo.

-Quítate entonces. Estamos salvados.

Pero la negativa que el ojiazul dio no gustó en nada al rubio.

-Aun me debes algo.

Murmullo bajo y ronco. ¿Alguien le había dicho al castaño que se escuchaba sexy de esa manera?.

-Yo no te debo nada.

-Oh, si que me debes. ¿O es que ahora te estas retractando de lo que decías?.

-Era solo broma. Bramó desesperado Joey, desconociendo que las cosas llegarían hasta ese extremo.

-Pues a mi me gusta que cumplan su palabra y si no eres tú, entonces yo lo haré.

Sin previo aviso entonces los labios de Seto atraparon los de Joey en un repentino y brusco contacto en un principio que sorprendió al rubio en su totalidad.

Sin embargo y contra el deseo que el de ojos melados tenía en apartar a su opresor, el contacto fuerte fue disminuyendo, convirtiéndolo en algo disfrutable y completamente embriagador.

¿Quién iba a decir que un ser de aparente frialdad poseyera tanta pasión por dentro?.

Era eso o solo una actuación, pero fuera como fuera Joey lo correspondió, distinguiendo un sabor diferente al que estaba acostumbrado a probar.

Labios chocando y los brazos del rubio elevándose hasta el cuello del genio, donde se posaron febrilmente para ahondar el dulce y sensual contacto.

Más nada dura para siempre y eso lo supo Joey cuando el millonario se apartó de él, dejándole en el piso muy, muy mareado.

-Ahora dime¿quién fue el jamás besado?.

La campanilla del ascensor se abrió, permitiéndole al genio salir del pequeño espacio sin nada más que decir o agregar, dejando hasta su entonces compañero mudo por primera vez en su vida, agitado y con una gran interrogante que más que culpa le causó satisfacción.

Seguramente la próxima vez que se vieran nada volvería a sería igual.

Continuará…..

Gracias por sus muestras de afecto, otra entrega más y aunque no hubo Lemon este cuarteto se está acercando más.

Me encuentro concluyendo una etapa de mi vida y su apoyo es de gran ayuda para ello así que de todo corazón GRacias y espero pronto actualizar esta u otra de mis inconclusas historias.

Un abarzo y hasta pronto su amiga:

KLF