TITULO: Dreams
Capitulo: Abrázame Fuerte
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: caminó apaciblemente, sin embargo la enorme interrogante que surcaba su cabeza comenzaba a afectarlo un poco.
-Buenos días.
-Buenos días. Respondió de manera ausente, causando que la sonriente muchacha lo mirara de manera extraña.
-¿Está?. Interrogó el egipcio y la secretaria asintió, indicándole con la mirada que podía pasar al privado frente a ella.
Yami caminó en el acto, olvidando sus halagos y hasta su sonrisa coqueta. Lo único importante para él en esos momentos era lo que el genio ojiazul iba a decirle.
Odiaba que su vida dependiera de la decisión explícita de una persona, pero en la situación en la que se encontraba no podía hacer más.
Esa mañana un mensaje de voz en su móvil lo había alertado y desconcertado.
Kaiba le pedía fuera a KC.
Era todo el mensaje que la estoica voz del muchacho anunciaba. Como toda expectación, el egipcio había decidido aceptar tan "cordial" invitación y saber lo que el impredecible genio tenía que decirle.
Ya no se ilusionaba con la idea de que el castaño podría ayudarle, pero jamás era tarde para conservar un poco de esperanzas.
No llamó a la puerta y sin embargo escudriñó la habitación, encontrando al genio de pie, junto al enorme ventanal a espaldas de su escritorio.
-Sabes que no me gusta la impuntualidad, Atemu. Inquirió el ojiazul como saludo de bienvenida.
-Lo sé. Por eso llego tarde. La sonrisa burlona del egipcio disipó un poco su ansiedad.
Kaiba se giró, encarando fríamente a aquel que había conocido en su pasado adolescente.
No había cambiado mucho. Continuaba tan Atemu como siempre y en cierta forma su misticismo, combinado con su estrambótica manera de llevar el cabello, lo convertían en un rival aceptable en los negocios.
Sin embargo ese día sería él quien se vengaría por todos esos desplantes que por su culpa, su padre llegó alguna vez a reclamarle.
-Siéntate. Invitó sin destensar sus facciones y aunque el extranjero supo que no sería para nada una charla ligera, realizó lo que le indicaban.
-¿Algo de beber?.
-No. Negó Yami en el acto.-No te creo tanta cordialidad. ¿Qué es lo que sucede?. ¿Para que me llamaste?.
Sin embargo Seto si bebió algo ligero. De esos licores que de vez en cuando bebía para gusto exclusivo de su paladar.
-Todo a su tiempo. ¿Para que apresurar lo que llegará después?.
La sonrisita irónica no le gustó demasiado al egipcio. Era la misma que utilizaba después de un enfado para buscar venganza.
-Me sacaste de la cama temprano. Sabes que eso no lo tolero.
-Gajes del oficio Atemu. Deberás de acostumbrarte de ahora en adelante si pretender continuar en el negocio de Productor de teatro.
De nuevo esa sonrisa y Yami supo que lo que seguía no le gustaría demasiado.
-Me enteré por casualidad lo que hiciste en la Universidad. Siempre tienes que lucirte, ¿verdad?.
-Claro. Si no, no sería yo. Sonrió el egipcio, reclinándose sobre el sofá.
-Si. Muy propio de ti. Sin embargo no me explico aun el por qué teniendo medio Japón, decidiste realizar tu chistecito en donde yo estudio.
-¿Por qué más sería, mi estimado Kaiba?. Tu perfectamente conoces los por qué.
Claro que el ojiazul los conocía y eso incluía molestarlo a él.
-Solo no te metas demasiado con lo mío. Ahora ya puedo mandar aniquilarte.
-¿Y antes no?. Pobre de ti. Medio rió el extranjero, sacando un bufido de exasperación del castaño.-Pero tranquilízate Kaiba, no lo hice realmente con la intensión de molestarte. Ya no soy el chiquillo aquel que te fastidiaba siempre.
-Ahora eres peor.
-Gracias por el cumplido. Sonrió Atemu con algo de orgullo.-Pero como te dije, fue lo único que se me ocurrió.
-Nada de lo que tú haces es una cosa simple. La ganancia secundaria aquí es obtener mi ayuda. De esa manera te aseguras de que yo esté cerca para ti, ¿no es así?.
-Me descubrirte. Asintió el egipcio después de reír largamente.-Tan listo como siempre. Aunque he de decirte que el grupo de profesores de actuación me ha ayudado mucho. Con tu ayuda será como si tu fueras…mi mano derecha en "mi imperio". Algo así como mi concejero. No se cómo a mi padre se le ocurre inmiscuirme en estas boberías. Refunfuñó.
-Yo no soy consejero de nadie, mucho menos tuyo, Atemu.
-Lo sé, lo sé, pero es mejor que caminar a ciegas.
Seto terminó su bebida y se dispuso entonces a abordar su real temática.
-No te llamé para escuchar tus quejas, te llamé porque tengo un negocio importante que ofrecerte.
-¿Tú a mi?. Vaya, ¿el cielo va a caerse a caso?.
-No estoy para bromas Atemu. Gruñó Seto, acallando la risita del egipcio.
-Muy bien, muy bien, ¿Cuál negocio es ese?. Por cierto, ¿por qué ayer me cancelaste la cita?. ¿En dónde te escondiste?.
-Eso es algo que no te diré porque no te importa. Inquirió el ojiazul, disuelto a no pensar en el día anterior.
-Bueno, dime entonces. Soy todo oídos.
Kaiba tensó los músculos. Odiaba cuando el egipcio tomaba una actitud retadora igual a la suya. Por algo en su tiempo había sido su rival.
-He pensado mucho en lo que me dijiste y estoy dispuesto a patrocinar tu estúpido teatrito ese. Por que algo me dice que estas a punto de caerte muerto de hambre, ¿verdad?.
Yami se mordió el labio y con el rostro más serio del mundo solo miró al ojiazul quien estaba realmente disfrutando esa pequeña venganza.
-Lo sabía. No se por qué aun te sigues dando esos lujos que ya no puedes pagarte.
-No es algo que me guste pregonar, Kaiba. El poder que yo tenía era grande y ahora se ve reducido a nada. Es patético.
-No, tú eres patético.
Atemu giró la cabeza, no soportaba la burla de Seto, sin embargo todo era verdad. Con menos dinero del que podía aceptar, continuaba "viviendo" como estaba acostumbrado. Sin embargo de un momento a otro todo eso se terminaría y él quedaría entonces sin un centavo en la bolsa. Algo verdaderamente humillante para él.
-Te patrocinaré entonces, Atemu.
-¿Qué quieres a cambio?. Indagó con algo de frialdad el extranjero, enfocando sus azules pupilas en las de Kaiba.
-Eso es algo que discutiremos a su tiempo. Sin embargo te digo que son dos partes.
-¿Qué es?.
-Ahora no. Solo confórmate con saber que el capital para tu maldita obra está ya en la mesa. Lo demás a su tiempo.
-No puedo quedarme tan tranquilo sabiendo que tú sádica mente está fraguando algo que posiblemente va a perjudicarme, Kaiba. Si las cosas serán así, prefiero no tener lazos contigo.
Kaiba sonrió aun más.
-Entonces no los tendremos. Háblame cuando alguien esté dispuesto a invertir en un negocio infructífero y mal organizado.
Seto se incorporó del sofá y caminó hasta su escritorio en dónde rápidamente enfocó su vista en el computador.
Aquella actitud ausente hizo enfurecer a Yami, pero también le hizo recapacitar las cosas.
El ojiazul tenía razón, nadie en su sano juicio invertiría nunca jamás con él y si eso no sucedía, su futuro estaba perdido.
-Maldición. Susurró por lo bajo, comenzando a pensar que había sido mala idea pedir auxilio al genio.-Esta bien, acepto. Pronunció al pararse frente al genio.
-Excelente. Después firmaremos los documentos apropiados.
Yami friccionaba sus manos. Jamás en su vida se vislumbro como en aquel momento. Sometido y bajo las órdenes de Seto Kaiba. En verdad que todo era humillante.
-Te llamaré después para afinar detalles, mientras tanto…¿tienes en dónde quedarte?.
La repentina pregunta exaltó al egipcio que aun no creía lo que estaba pensando.
-Un hotel, pero pronto no podré pagarlo.
Seto elevó la mirada sin ningún tipo de sentimiento, sosteniéndola con aquella que brilló por un momento.
-Lástima. Suerte en tú búsqueda de vivienda.
-Pero…pero…
-Eres administrador, tú sabrás como logras subsistir con lo que aun tienes. Sin embargo augurando no creo que sea más de una semana. Así que cuando te hayas instalado en donde sea que vayas a hacerlo, llámame.
La burla de Kaiba fue el acabose para el orgullo del egipcio.
-¿Y dónde se supone que buscaré casa?. ¿Cómo se supone que me mantenga?.
-Ese no es problema mío. Sin embargo algunos…¿cómo decirlo en el término correcto para que me entiendas?...ah, si, trabajamos para ganar dinero. Deberías conseguirte empleo de medio tiempo para al menos tomar agua.
-Kaiba. Gruñó Yami con molestia.
-Adiós, Atemu. Despidió el ojiazul disfrutando cada palabra pronunciada dentro de aquella habitación.
El egipcio golpeó el escritorio del genio y sin más se dirigió a la salida.
En verdad que ese hombre era exasperante.
-Una cosa más. Necesito que hagas algo.
El egipcio con un gruñido se volvió, encarando a aquel que de un momento a otro había adoptado una más seria actitud.
Aquello entonces era importante.
-Solo un intento más, por favor.
-No puedo.
-Pero señor...
-¡DIJE QUE NO PUEDO!.
El grito se escuchó por toda la casa, más la servidumbre ya acostumbrada no intervino ni siquiera en saber si su señor se encontraba con bien.
El joven que había insistido miró al muchacho fijamente hasta que con un resoplido dejó su tarea y se separó de él.
Noa se dejó caer en la cama y respiró varias veces antes de hace cualquier cosa.
Odiaba los ejercicios fisioterapéuticos, los odiaba con toda su alma y mucho más debido a aquella partida de incompetentes dizque "terapistas" que todo lo que deseaban era su dinero y no su recuperación.
-Ya le hemos dicho, señor, que no logrará avanzar mientras su actitud negativa siga presente. Hemos avanzado mucho como para que se resista a más. Si su hermano averigua que no hemos proseguido, entonces...
-No se preocupen por su cheque. Musitó en tono burlón el sudoroso joven.-Lo tendrán sobre su escritorio muy a tiempo. Al fin de cuentas es lo único que les importa, ¿no?.
-No nos ofenda de esa manera. Inquirió uno de los terapistas, frunciendo ligeramente el entrecejo.
-Basta de hipocresías. Fuera de mi casa. Indicó el peliazul sin apetecerle continuar con aquella charla absurda.
Los hombres que conformaban aquel grupo de fisioterapistas se miraron entre si, para al final salir de la habitación y dejar, como siempre, al joven Kaiba sumido en sus pensamientos y enfados.
-¿Cómo estuvo esta vez?. Inquirió la gruesa voz de Ed quien aguardaba fuera de la habitación.
-Como siempre. Respondió el que se encargaba de los ejercicios corporales.
-Deben tenerle paciencia. El joven Noa es...
-Nosotros sabemos de paciencia. Comunicó en tono enfadado uno de los hombres.
-Créanos que lo sabemos, pero ese muchacho rebasa toda expectativa y escrúpulos. Mientras él no desee seguir adelante, no lo hará. Así que con permiso.
Ed miró a los hombres partir como siempre: enfadados y murmurando entre dientes cosas que no le interesaba saber.
Sin embargo en algo concordaba con los especialistas y era en que su joven amo Noa no deseaba recuperarse.
Abriendo entonces la puerta de la habitación se encontró con el muchacho peliazul, quien con esfuerzos trataba de regresar a su silla de ruedas.
-Permítame ayudarlo. Mencionó Ed con prisa.
-¡NO!. Yo puedo solo. El entrecejo fruncido, el coraje a punto de salir y el enorme orgullo del jovencito le recordaron al guardaespaldas a su otro señor.
Tan parecidos y diferentes a la vez pero cuando se hacía alusión a su orgullo, entonces ambos eran iguales: dispuestos a cruzar el océano Atlántico semidesnudos, sin importarles el dolor que pudieran sufrir.
La debilidad no formaba parte del vocabulario de los Kaiba, tal vez por esa razón llevaban en el alma su coraza de metal infrangible.
Ed miró al muchacho sentarse sobre su silla con eficacia pero con mucho más cansancio del que el joven pudiera ocultar.
-¿Por qué es tan necio?. Inquirió el guardaespaldas con la confianza que se le permitía.
-Porque esos imbéciles solo quieren dinero. No se como Seto pudo contratarlos. Musitó el chico, accionando el motor de su silla. No tenía las fuerzas de rodarla con sus brazos.
-Lo sé, pero debería al menos intentar hacer lo que le piden. Sabe perfectamente que esos ejercicios van a restablecerlo de su...
-¿Parálisis?. Dilo. Ya todos sabemos que estoy "enfermo". Ironizó el muchacho y el hombre mayor supo que su joven señor se encontraba demasiado herido emocionalmente en esos momentos, por ello procuró no hacer alusión al tema que por ley, siempre hacía enfadar al muchacho.
-¿Le apetece un jugo?.
-Déjame solo. Fue la orden que Noa dio y aunque no fuera la mejor idea del mundo Ed la acató.
Cuando el peliazul se sintió solo, entonces y solo entonces pudo suspirar largamente, apretar los puños y cerrar los ojos con fuerza.
-¿Por qué, ¿Por qué maldita sea, por qué?.
En soledad entonces y con él mismo podía exponer la rabia, el rencor y toda la impotencia que sentía al mirarse inválido y sobre esa silla.
Odiaba su reflejo, odiaba permanecer en esas cuatro paredes sin poder muchas veces salir o caminar por las calles. Odiaba que todo el mundo lo tratara con tanta delicadeza y odiaba a los incompetentes hombres que acudían tres veces por semana a fingir que estaban dándole fisioterápia.
Los odiaba porque eran incompetentes y porque solo les importaba el maldito cheque que tenían sobre el escritorio cada final de semana.
Los odiaba hasta la muerte y odiaba a todo aquel que al mirarlo le tenía lástima.
-Malditos. Musitó con rabia, haciendo de sus comúnmente apacibles ojos dos iceberg impenetrables.-Desgraciados incompetentes. Como los odio a todos.
Sin importarle lo costoso que fuera el espejo de incrustaciones preciosas que se hallaba adornando su habitación, arrojó contra él la primera cosa que sus manos tomaron, ocasionando el ruido característico de tal actividad.
Solo hasta que el bello espejo estuvo completamente en pedazos pudo sentirse un poco mejor.
Su respiración agitada y los esfuerzos recientes solo le provocaron un mareo que le hizo reclinarse en su silla y aguardar un momento a que todo pasara.
Y mientras lo hacía pensó en lo solo que se sentía. En esa soledad auto infundida que desde el día en que "todo" había comenzado se había introducido en su vida.
Sabía que era su decisión el permanecer casi completamente aislado de la sociedad y vivir de vez en cuando para la empresa que a fin y al cabo jamás manejaría él solo.
A pesar de que su hermano estaba en la Universidad y Max lo apoyaba para la transacción de algunas cosas, no era lo mismo.
Si era sincero, entonces debía aceptar que envidiaba un poco la vida de su hermano. Él podía salir, enfrentarse con fortaleza al mundo sin que nada le importara. Él si llevaba en la sangre el apellido Kaiba y sin embargo y a pesar de todo Seto era el que más había sufrido por cuidar de él.
No podía sentirse culpable de lo que su hermano mayor había elegido por voluntad, sin embargo y en muchas ocasiones si lo hacía. De ahí tal vez su insistente exhortación para que fuera a la Universidad o aceptara el departamento que él había adquirido.
Él quería verlo feliz. Era lo único que podía hacer aceptable su miserable existencia.
Si embargo siempre que el grupo de incompetentes "profesionales" acudía a su casa, eran horas de constante sufrimiento para él.
Cierto, habían logrado al menos regresarle cierta sensibilidad a sus atrofiadas extremidades, sin embargo su trabajo era rudo y él no podía seguir en esas condiciones.
No necesitaba compasión, necesitaba de alguien que lo entendiera, necesitaba de fuerzas que le indicaran que valía la pena caminar e integrarse a la maldita sociedad que todo lo criticaba y repudiaba.
Necesitaba encontrar una razón que lo hiciera ver la vida de diferente manera. Lo que necesitaba era de...
-Un amigo. Susurró, riendo después por su estúpido comentario.
Él no necesitaba de nadie más que de su hermano o en su caso del buen Ed, quien dividía su tiempo por orden de Seto, para pasarlo con él.
Un amigo era alguien sin importancia, además no creía en la amistad. Había mirado muchas veces discusiones de "amigos" dentro de KC y no le cabía duda de que la palabra no existía.
-Lo que necesito es ocuparme de algo. No en KC sino en algo que me distraiga de estas...estupideces.
Gruñendo por su momento de debilidad guió su silla fuera de aquella habitación, encontrándose con el siempre fiel Ed.
-Es el cuarto esta semana, señor.
-Lo sé. Medio sonrió. Dando a entender que se había relajado un poco.-Pero es inevitable.
-Mandaré a traer otro espejo.
-¿Para qué lo haces si sabes que siempre terminará hecho añicos?.
-No lo sé. Sonrió el fornido hombre.- Tal vez porque tengo la esperanza de que algún día lo utilice para otra cosa que no sea de tiro al blanco.
Noa sonrió a Ed quien tomó los manubrios de la silla y lo guió hacia la terraza para que el sol y el aire distrajeran un poco a su joven amo.
Ed era perceptivo, al igual que todos los empleados y sabía que mientras el muchacho continuara aislado, la soledad se lo comería poco a poco hasta no dejar nada.
Debía hacer algo para que la bondad del muchacho no se destruyera con la amargura y se transformara no en lo que Seto era, sino en lo que Gozaburo Kaiba había sido.
Tan bello joven no podía consumirse en la tristeza de su corazón, por eso él le ayudaría de alguna manera.
Joey arribó a la escuela y se dejó caer pesadamente en una de las bancas, después de eso ocultó la cabeza contra sus manos y comenzó a golpearse una y otra vez con bastante fuerza.
-Hey, hey, tranquilo. Terminarás quedándote sin el poco cerebro que aun tienes.
Tristán sostuvo las manos del rubio y lo miró con un poco de diversión en la mirada.
-Déjame. Sería lo único que me faltaría tener.
Tristan miró a Duke quien se había acercado sin mucho ruido.
-Esto es serio. Añadió el pelinegro al palmear el apesadumbrado hombro del rubio.
-¿Qué sucedió compañero?. ¿Por qué ese ánimo?.
Joey trató de sonreír a sus amigos pero en definitiva los sucesos en su vida no habían resultado los más animosos como para tal acción, así que dejó caer la cabeza hacia atrás de manera cansina ante la mirada incomprensiva de Duke y Tristán.
-Mi vida es un asco. Perdí mi beca, tal vez hoy me den de baja en la universidad, mi casa se inundó anoche tras la tormenta, no pude audisionar para la dichosa obra escolar y esta mañana me despidieron de mi empleo. ¿Qué más hace falta mencionar?.
Tristan suspiró y trató de decir algo pero simplemente él no tenía esa facilidad.
Lo mismo sucedía con Duke. No estaba hecho para consolar.
Ese trabajo era de Tea o Yugi, los más sensitivos del equipo.
Más sin embargo comprendían la pena del rubio. A él siempre le sucedían las cosas menos afortunadas del mundo.
-Habrá algo que puedas hacer, amigo. Aconsejó Duke mirando el decaimiento en los ojos castaños.
-No, no se puede hacer nada, estoy perdido. Terminado, finito. No queda nada de mí.
Joey gimió con dolor y recostó su frente en el hombro de Tristan quien suspirando trató de darle un poco de ánimo a su compañero.
-Si quieres puedo hablar con el decano. Algo podremos hacer Joey, ya lo verás.
-Quisiera creerlo así Trist, pero...ya no estoy tan seguro. De todas maneras gracias por estar aquí conmigo.
Su sonrisa no era la de siempre pero ciertamente era de gratitud y los aturdidos muchachos así lo miraron, sintiéndose impotentes antes esa situación.
-¿Por qué llegaste a esta situación, Joey?. ¿Qué sucedió?.
El aludido no tenía deseos de relatar su trágica historia.
-Solo puedo decirte que no fueron mis mejores días.
Duke enarcó una ceja.
-Haz algo. No puedes estar así, perdiendo el tiempo. Si en verdad deseas solucionar las cosas, aun te queda tiem…
-No. Negó el rubio tras otro sonoro suspiro.-Ayer el decano me dijo que era mi última oportunidad para solucionar algunas cosas de mi beca.
-¿Y?.
-Tuve un infortunio. Bufó Joey tras recordar el aparatoso episodio del ascensor.
Sin embargo si todo hubiera quedado en enfado, habría sido aceptable. Pero por el contrario su mente juguetona por naturaleza lo traicionó hasta en ese difícil momento, dejándole ver el "beso" que aquel castaño estoico le había dado con tanta….pasión.
Sus mejillas tomaron entonces un color encendido, demostrando así que en toda su vida jamás nadie lo había besado con tanto fulgor.
-Idiota. Pronunció, moviendo la cabeza para tratar de olvidar el suceso que evidentemente y durante toda la noche había recordado, causándole llegar tarde a su empleo y por consiguiente que lo despidieran.-Y todo es por su culpa.
-¿De quién?. Quiso saber el ojiverde tras mirar el monólogo de su amigo.
-Nadie. Se justificó el rubio de inmediato.-Solo algunas tonterías que no debería estar recordando en este momento.
-Exacto. Apoyó el morocho.-Deberías de estar pensando en el cómo vas a solucionar todo este embrollo.
-Tristán tiene razón Joey, no puedes quedarte de brazos cruzados. Debes encontrar la manera de permanecer aquí. Como sea.
El de ojos melados pensó que todo sonaba más fácil que hacerlo, sin embargo sus camaradas tenían la razón.
Debía hacer algo si deseaba continuar en aquella escuela.
Pero la pregunta del millón era: ¿Qué hacer?.
Por otro lado y cerca del teatro Universitario, Yugi leía afanosamente uno de los viejos libretos que la profesora Yulein les había proporcionado para el futuro "entrenamiento" dentro de la obra.
Aquella puesta había ido a modificar absolutamente todo. No solo a catedráticos y alumnos, sino al sistema académico en si.
Una oportunidad como esa era única y aunque algunos estaban consientes que su papel no sería sobre las tablas, el backstage parecía una buena idea para aquella bella ocasión que la comunidad teatral tenía.
Yugi no estaba muy seguro de cual papel le asignarían o si determinarían un rol dentro de la puesta, sin embargo el hecho de haber audicionado era para él lo más importante del mundo.
Durante el día anterior él y su abuelo habían discutido muchos puntos, entre ellos sus obligaciones dentro de la tienda de su tutor.
Aunque pequeña, se requería de atención y Salomón con sus reuniones de viejos amigos o la asociación de arqueología dentro del Museo de la ciudad le restaba tiempo por lo que este recaía inmediatamente en el nieto.
La pequeña tienda les proveía de un sustento extra, sin embargo y si Yugi quedaba dentro de la obra eso significaba tiempo perdido para el negocio familiar.
Un problema que se había reñido hasta quedar en probables hipótesis que se ajustarían a las situaciones.
Yugi deseaba con toda el alma estar en la obra y sin embargo no se ilusionaba demasiado.
-¿Estás bien?.
-Hola, Tea. Saludó el chico a la castaña que se dirigía a sus clases.
-Espero que esa cara larga no sea por…tú ya sabes.
Las mejillas del más pequeño se encendieron vivamente, propiciando risitas burlonas por parte de la chica.
-En verdad que te dio fuerte.
-¿Qué me dio fuerte?.
-El enamoramiento hombre, ¿qué más podría ser?.
-No. Yugi se apresuró a denegar.-¿Cómo se te ocurre decir eso?. Yo no estoy enamorado.
-Y yo no mido 1.55. Ni soy castaña ni latosa.
El de cabello tricolor enarcó la ceja.
-Está bien, está bien, No estás enamorado. ¿Contento?.
La sonrisa del muchacho dio la respuesta.
-Sin embargo no vas a negarme que ese sujeto es un bombón. ¿Verdad?.
-Bueno…pues…
-Acéptalo. Cada vez que lo vez debes conseguir un vasito para la baba. ¿O me vas a negar que no está para comérselo?.
-No hables de él como si fuera un pedazo de comida o algo por el estilo.
-Está bien, está bien. Rió Tea al entrecejo fruncido de su amigo.-Ya comprendí que eres celoso.
-¡Tea!.
-Ya me voy. Suerte con tus resultados y espero que veas de nuevo a ese…¿cómo dijo que se llamaba?.
-Yami. Respondió el menor con inocencia.
-¿Lo vez, ¿no que no te interesaba?. Hasta su nombre recuerdas.
Y la chica corrió antes de que el avergonzado chico pudiera percatarse de que era lo que le había golpeado con fuerza.
Al final solo resopló y se dirigió al interior del teatro donde había quedado con unos compañeros de clase para ensayar otro poco en caso de que se requiriera de una segunda audición.
Sin embargo el destino marcado no lo dejó salir tan fácilmente de sus garras, pues apenas entrar y bajar la mirada hacia su diálogo, sintió que el mundo se le había caído encima.
Un choque bastante rudo para alguien de su complexión y estatura.
-Auch. Se quejó tomando su cabeza con lentos movimientos.-Eso me dolió.
-Lo siento mucho. No me di cuenta de que…vaya. En verdad que es curioso esto de encontrarte donde menos lo esperamos.
Aquella amable y familiar voz fue la cura inmediata que Yugi necesitaba por lo que al elevar la vista se topó con los ojos bonitos de aquel quien le hacia experimentar cosas extrañas.
-¡Yami!. Pronunció entre asombrado y adolorido.
-Hola. Saludó este con una sonrisa en los labios, recriminándose por ello.
-Yo…
-Déjame ayudarte, ¿quieres?. Es lo menos que te debo por tal infortunio.
Yugi sintió entonces el calor reconfortante del contacto con la mano del extranjero y no pudo evitar que mil descargas le llegaran de repente a la columna.
-Yo…
-¿Qué haces aquí?. Por lo que vi ayer estudias actuación, ¿verdad?.
El aludido asintió, no recordando dónde exactamente había dejado su voz.
-Interesante carrera, si me permites agregar.
-Gra…gracias. Asintió el mas bajito, sintiéndose tonto.
-¿Y a dónde vas ahora?.
-Voy…iba a reunirme con unos compañeros para estudiar unos diálogos de…¿por qué estas aquí?.
Yami sonrió ante la abrupta cuestión, mirando como algo "tierno" el hecho de que su compañero se sonrojara al percatarse de su rudeza.
-Lo siento, yo no quise ser…
-Descuida. Estás en tú derecho de saber. Soy…digamos que pertenezco al grupo de producción de la obra.
-Vaya. Jamás me lo habría imaginado. Ahora comprendo el porque ayer te vi. sentado junto a los profesores.
Yami sonrió. Se sentía halagado de haber sido observado por aquel peculiar muchacho.
-Aunque…
-¿Si?.
-No tienes mucha pinta de saber demasiado sobre esto….lo siento. No pretendía…
Yugi se percató de que estaba cometiendo muchas imprudencias y sin embargo la faz sorprendida del extranjero, seguida por la larga y limpia carcajada que lanzó le erizó la piel como solo el frío podía hacerlo en invierno. Sin embargo la descarga de emoción era diferente.
-Eres mucho más perceptivo de lo que me habría imaginado. En verdad tienes madera para esto. Y descuida, no me molesta que me lo recuerdes. En realidad es la verdad. Se más administración y economía que de producir teatro.
Yugi descubrió entonces por alguna extraña razón que la dentadura de Yami era perfecta y que su perfume era el más delicioso que había olfateado alguna vez y que todo eso le provocaba no querer separarse de aquel joven que tantas perturbaciones hermosas le provocaba.
Yami sonreía al mirar al chico a su lado. Un lindo muchacho, por dentro y fuera y aunque podía ser juzgado como "común", muy en el fondo algo le decía que Yugi era bastante especial.
Tal vez por eso le pareció que sus cabellos eran sedosos y especiales al tacto o que incluso su sonrojo sobrepasaba a cualquier arte de seducción del mejor de los amantes.
Algo le sucedía y sin embargo….
-Perdón. Te he entretenido y debes tener asuntos importantes que resolver.
-No, la verdad solo he venido a saber opiniones de los profesores pero al parecer la directora está discutiendo de nuevo con uno de los profesores.
-Eso es normal. Sonrió el menor con una gotita de pena en la sien.
-Bueno, entonces regresaré más tarde. Yo…te dejo.
Yugi se sintió desolado y sin pensar rápidamente actuó.
-¿Ya desayunaste?.
-Mmm, nop. A decir verdad tengo un poco de hambre. Me desperté tan temprano que me olvidé de comer.
-¿Entonces te…gustaría desayunar conmigo?.
Y Atemu sin saber porqué, sonrió. Asintiendo de inmediato a la propuesta que el muchacho le había arrebatado de los labios.
Ambos entonces caminaron uno al lado del otro hacia la cafetería, enfrascados en temas banales pero que los hacía experimentar sensaciones que nunca antes habían sabido existían y que sin saber el por qué solo se presentaban cuando ambos estaban el uno al lado del otro.
Bien el mundo se podía terminar y a ellos no les importaba.
Joey había resuelto hablar con el decano y relatarle el inconveniente del día anterior. Claro, omitiendo ciertas cosas que de cuando en cuando lo hacían sonrojar.
Aun era tiempo que no comprendía la actitud del castaño y sin embargo se debatía entre no sentirse culpable por el exquisito beso y no pensar tanto en Touma y en que lo estaba "traicionando".
Un duelo que solo le provocaba dolor de cabeza.
Sin embargo y regresando al Decano, el hombre al parecer se había esfumado por ese día, comunicándoselo la secretaria quien no le dio referencias de ninguna clase sobre la condición de su beca.
Más no podía confiarse. De un momento a otro el sistema de la Universidad podía alertar su falta de Beca y de inmediato su baja. Algo que lo mantenía con los nervios de punta.
Por vez primera se sentía sin ánimo y tan apesadumbrado que nada, absolutamente nada podía ayudarlo a sentirse mejor.
Su sonrisa no existía y por vez primera deseaba sumergirse entre los brazos de alguien y ser consolado o al menos escuchar esa palabra que tanto su corazón deseaba creer: "todo estará bien".
Pero al salir de la oficina del decano y buscar a Touma, se había topado con que este no se encontraba en su sección y eso en lugar de tranquilizarlo lo había alterado seriamente.
Hacía días que el ojiverde no lo buscaba o no se dejaba ver por la Universidad y eso le hacía adentrarse en un círculo de pensamientos ilógicos y llenos de temor tal vez infundados.
-Vamos Wheeler, te estas poniendo paranoico. Touma esta vez es diferente. Ya vez, pasaron unos días deliciosos en su casa y…y…desde entonces no me ha llamado. Musitó, mirando la realidad como era.
Pero no quería deprimirse, porque sabía que si lo hacía no tendría el sustento necesario como para ponerse en pie nuevamente y luchar por él o por su vida.
Se hallaba sobre la cuerda floja de la vida: desamparado y a punto de caer a un vacío que no tenía fin.
Su moral estaba deshecha y sus energías no existían. Estaba seguro entonces que si una ligera ventisca azotaba contra la Universidad, él sin duda saldría volando y no tendría las fuerzas para detenerse siquiera.
-Necesito encontrarlo. Se dijo, reanudando su búsqueda y sabiendo que en el momento en que lo viera, se acercara y lo besara, recuperaría las fuerzas que siempre, tras una desilusión, conseguía sacar de donde pensaba ya no quedaba nada.
Touma era su fuerza, lo que necesitaba y no descansaría hasta encontrarlo.
Pero tal determinación se miró truncada y resquebrajada cuando al entrar en el área F de Derecho, la escena apartada y que justamente a él le tocó ver, terminó por destrozarlo.
Ahí, junto a un edificio, recargado y devorando a un chico que parecía tener enredaderas en lugar de brazos, se encontraba Touma Itashi besándose con acalorada pasión y sin el menor remordimiento de que alguno de los directivos pudiera mirarlos.
Para Joey fue pero que sufrir un ataque cardíaco o al menos así lo supuso porque el agudo dolor en su pecho y corazón le dio a entender que había muerto en ese instante.
Todo se detuvo y él, mirando al objeto de su afecto con lágrimas de dolor en los ojos y el deseo de correr hacia él, golpearlo o en su defecto correr de ahí para no detenerse optó al final por quedarse y continuar mirando aquello que lo estaba destrozando por dentro.
-No puede ser. Murmuró cuando ambos chicos se habían separado y el ojiverde observaba a su compañero con brillo libidinoso en la mirada.
-Te veo esta noche.
-Te estaré esperando entonces. Guiñó el desconocido, lamiendo descaradamente la mejilla de Touma para después alejarse de él.
El ojiverde por su parte mantenía una enorme sonrisa de satisfacción en el rostro, mirando, si mal Joey no había deducido, aquella parte de la anatomía del chico que no se atrevía a mencionar por dolor y odio.
-¡Touma!. Llamó roncamente Joey cuando sintió que la voz le había regresado.
-Hey, ¡hola!. ¿Qué haces por aquí?. Saludó sonrientemente el castaño, acercándose y tratando de besar al rubio que obviamente lo esquivó y miró con demasiado dolor.
-Oh, ¿ya te enteraste?. Cuestionó Touma como quien pregunta por el clima.
-¿Es por esto por lo que no te he encontrado en éstos días?. ¿Es por…ese, por el que me has…?.
-Hey, antes de que te pongas cual novia celosa, déjame recordarte, Wheeler, que entre nosotros JAMÁS, ha existido nada. Por consiguiente YO, puedo estar con quien quiera. Traduciéndolo al idioma en que tus pocas neuronas puedan entenderme: NO SOY TÚ N-O-V-I-O. ¿Entendiste?.
-Pero…yo…los días…tú…
-Wheeler, Wheeler, Wheeler. En verdad que no dejas de sorprenderme. Rió Touma con descaro y frialdad.-Dime una cosa, ¿Cuánto tiempo llevamos conociéndonos?. Mucho, ¿verdad?. ¿Y aun no comprendes que solo me sirves para coger cuando no tengo a nadie y punto?. Creo que tus mediocres clasecitas esas de actuación en verdad te han afectado el cerebro. En verdad eres muy gracioso.
Joey derramó un par de lágrimas sin poder retenerlas. Sentía coraje, pero más que nada dolor. Un inmenso y agudo dolor que estaba perforándole y quemándole cada molécula de su cuerpo y alma.
¿Por qué, por qué aquel hombre que su corazón quería lo trataba y humillaba de esa forma?.
¿Por qué?.
-Mira, debo irme. Cuando me quede sin amantes te busco de nuevo, nos arreglamos y se acabó todo este alarme. Eres gracioso. Rió más fuerte el ojiverde.-En verdad que pasan los años y no me explico el como no has comprendido aun que YO no siento absolutamente Nada por ti.
El rubio sintió su respiración agitada. La visión comenzó a mostrarse borrosa y antes de que sus lágrimas terminaran derramándose una vez más ante la burla de Touma, dio media vuelta y caminó lejos de aquella zona.
Lejos del castaño que continuaba riéndose y diciendo cosas que ya no entendía y lejos de todo lo que estaba por causarle un terrible colapso nervioso.
Estaba terminado. Acabado y ya no quería ni volvería a levantarse Jamás.
Aquello que conocía como vida se había desintegrado y su corazón herido había vuelto a ser lastimado por aquel a quien comenzaba a guardar rencor por romperle lo que le restaba de sentimientos.
Seto había charlado con el decano toda la mañana, llegando a un acuerdo sobre el patrocinio que el hombre con complejo de "señor al mando" tenía.
Tensa era la palabra que buscaba para describir el repentino dolor en el cuello. Sin embargo la vocecilla estúpida e insistente del decano aun perforaba sus tímpanos con violencia.
El cómo había soportado tanto tiempo con el hombre cuando en su empresa habría votado desde el primer segundo a tipos como ese; era aun una incógnita enorme. Sin embargo había logrado un "aceptable" negocio. A aparte de asentar los términos con los que Atemu trabajaría en aquella Universidad.
Y eso era solo el principio. Aun debía realizar muchas cosas antes de siquiera recostarse un poco.
El día anterior había perdido tiempo valiosísimo que si bien pensaba habría aprovechado de mejor manera, el recordar los sucesos vividos con el rubio que hasta ese momento no se había topado, era una extraña sensación que prefería evitar realizando ecuaciones numéricas dentro de su cabeza.
No era bueno que él sintiera, mucho menos que recordara. Pues siempre había sabido que se recuerda solo lo importante y lo demás es almacenado por siempre en la memoria remota jamás utilizada.
-Estúpido perro. Murmuró, reprendiéndose una vez más por pronunciar el apelativo de aquel quien después de todo, pero jamás admitido, le había hecho pasar un momento agradable.
¿Quién habría pensado que sus vidas se parecieran tanto?.
Ni en un millón de años lo habría siquiera razonado. Sin embargo la sinceridad expuesta el día anterior era un punto a criticar y a retar dentro de su magnánimo cerebro de genio.
Una debilidad que no debía volver a presentarse por el bien de su estructura irrompible y la de su corazón que esa mañana y por primera vez desde hacía años, había vuelto a escuchar latir con claridad y hasta con dulzura.
-Y todo por ese idiota perro callejero.
El calor no se notaba tan agobiante como esa mañana tan temprano. Las nubes comenzaban a juntarse en los cielos y a dejar al viento revolotear con los árboles.
Probablemente una fuerte lluvia se avecinaba y era mejor arribar a su empresa que conducir con un diluvio por la carretera.
Sin embargo apenas desactivaba la alarma de su auto cuando algo golpeó contra él, causándole un muy marcado enfado.
-Pero qué demonios…
-Lo siento.
El murmullo casi imperceptible que aquellos potentes pulmones dejaron notar fue quien terminó desconcertando al castaño.
-¿Wheeler?. Llamó sin evitarlo. Algo andaba mal en el usualmente retante muchacho. En condiciones diferentes en ese momento estarían seguramente enfrascados en una riña.
Pero el perro ese día se miraba muy diferente y los ojos rojos y llenos de un mar doloroso así se lo hicieron saber al hombre más "frío" del universo.
-Hay No, tú no. Susurró Joey antes de caer sentado en el piso y comenzar a temblar involuntariamente.
No supo por qué lo hizo o el por qué no dio media vuelta y se alejó en su auto. Pero el hecho fue que se acercó a Joey para mirar el porque siempre impetuoso muchacho se encontraba tan visiblemente dañado.
¿Qué le había ocurrido?
-¿Wheeler?.
-¡DÉJAME!. Gritó, esquivando la mano del castaño quien involuntariamente se había movido hasta su hombro.
-No creo que esa sea la correcta respuesta para alguien que pregunta algo.
-No me importa. Solo lárgate.
Si, algo le sucedía al rubio y a pesar de que Kaiba había fruncido el entrecejo y experimentado lo que era la indignación de ser rechazado, no se movió.
Joey por el contrario no sabía que hacer. Solo temblaba fuertemente, no de frío sino por sentirse humillado, utilizado, destrozado una vez más por el hombre que sabía no merecía sus lágrimas, pero que era inevitable.
Más no solo era eso, sino que el recuerdo de su fracasada vida, ahondando en sus recientes pérdidas provocó entonces que su llanto oculto saliera a flote, importándole ya muy poco que el castaño, aquel joven burlón y frío, lo estuviera observando.
Dejó que su llanto se vertiera sobre él y que el viento y las gotitas que comenzaban a caer desde el cielo, fueran los testigos de su quebrantamiento. Pues él ya no quería y NO volvería a levantarse jamás.
Todo estaba perdido.
Kaiba lo miró todo como en cámara lenta. Un dolor enorme que arrasaba con la felicidad y sonrisa de aquel que siempre llevaba el sol en la mirada.
Sin saber por qué no le gustó esa escena. No le gustó ver al rubio llorando una pena que visiblemente era capaz de oprimirle el pecho hasta dejarlo sin aire, apresándolo con el dolor que él perfectamente conocía y sin embargo siempre reprimía.
Así se sintió él y así, tan involuntariamente como sus actos hasta ese momento, fue como acarició la mojada mejilla del rubio y le hizo encararlo, observando el dolor más grande y profundo que jamás en su vida había mirado.
Joey no tuvo fuerzas para apartarse, solo para mirar los azules ojos que compartieron su sentimiento a la perfección. Que le transmitieron algo parecido al apoyo que tanto necesitaba y a la esperanza que había perdido en un par de ojos verdes.
Sin saber el cómo Joey se lanzó a los brazos del castaño que le recibieron con sorpresa, con intriga, con una manera no correcta de abrazar y confortar porque simplemente él no había sido hecho para ello.
Bajo las gotas que poco a poco se volvían lluvia amarga, Joey lloró en el hombro ajeno que se prestó a su sufrimiento y que en vez de transmitir frialdad o distanciamiento, fue el calor más reconfortante que nadie jamás le había regalado, haciéndole sentir tan seguro como con nadie en el mundo.
Seto no supo que decir, solo dejó que la simpleza del acto se diera por si misma, sorprendiéndose así mismo al sentir las suaves hebras rubias transitar en fila por sus largos dedos, mientras los sollozos y espasmos del muchacho entre sus brazos continuaban aumentando y disminuyendo conforme el sentimiento agobiante del pecho se hacía presente.
-No me sueltes. Susurró Joey pidiendo un más hondo contacto.
-No lo haré. Fue la respuesta sincera que Seto hizo acto cuando asió la cintura del rubio y la atrajo con delicadeza y protección hacia su cuerpo, cuando hubo caído frente a su lloroso compañero.
-Abrázame fuerte Seto. Solo abrásame.
Y aunque el nombre habría sido lo sorprendente para el genio, en realidad la petición fue la que le hizo apretar aun más su contacto y percibir el calor que nacía entre los dos cuerpos empapados.
Algo nacía, algo que entre el dolor y el escombro de los sentimientos se había formado y se reforzaba como pocas cosas verdaderas en la vida.
-No lo haré…Joey.
Continuará….
Bueno, ya me deshice de Touma y si, fue algo cruel pero no encontré una mejor manera aunque creo que no habrá queja al respecto, verdad?
Actualización más rápida.
Gracias por sus comentarios y ánimos. Si estoy terminando algo y estos días son importantes para mi así que deseo aprovecharlos escribiendo esta historia.
Espero el chap les haya gustado. Cuídense todos y nos vemos pronto. Su agradecida amiga:
KLF
