TITULO: Dreams

Capitulo: Nada Personal

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: Se que el flash back puede parecerles un poco largo, pero en si la historia se forma de este por lo que trataré de apresurar las cosas de manera en que puedan apreciar más nítidamente en dónde y cómo esta comenzando la relación.

Este chap es especial para mi, no solo por la canción que muestro a continuación sino porque aquí se define lo que Joey, Seto, Yugi y Yami comienzan a forjar aparentemente "de la nada".

Agradezco su paciencia, comprensión y sobre todo que continúen apoyándome tan lindamente como hasta ahora.

El presente depende mucho del pasado y creo que pueden darse una idea de lo que a Moky y Seto les depara el destino también.

Su amiga:

KLF

Entre tu y yo
no hay nada personal
es solo el corazón que desayuna
come y cena de tu amor.

En el café de la mañana
en la canción de la semana
que muchas veces me emociona
y otras tantas me hace daño.

Entre tu y yo
no hay nada personal
sin embargo duermo entre mis sabanas
soñando con tu olor
vives aquí en mi sentimiento
me ocupaste el pensamiento
quizá te añore, mas no hay nada personal.

Aunque me inventes los detalles
y te encuentre en cada calle
yo te juro que no hay nada personal!
sacas a flote mis tragedias
de repente las remedias!
me haces loco, me haces trizas
me haces mal.

Y así en los dos
(así en los dos)
no hay nada personal
(no hay nada personal)
te llevo en cada gota de mi sangre
y en el paso de mi andar
no necesito arrinconarte
ni antes de dormir besarte
es que entre nosotros
ya no hay nada personal

(Nada Personal)

Noa miró por la ventana sin mucho interés de encontrarse con nada más interesante que la ventana.

Se encontraba aburrido, necesitaba hacer algo pronto o se consumiría en las tumultuosas redes del ocio y de la intolerancia.

-Buen día. Saludó Ed al arribar al comedor.

-Hola. Musitó el muchacho sin mucho ánimo.

-Le veo consternado.

-Aburrido. Bufó el chico enfocando los ojos de su guardaespaldas.

-¿Y hay remedio para eso?.

-Depende de cual sea según tú ese "remedio".

El joven Noa se encontraba mal humorado y no era para menos, ya llevaba varios días que los jardines se estaban en mantenimiento y la única diversión del muchacho que eran los mismos o el lago artificial que su padre había mandado a construir por mero capricho, se encontraban vedados para el joven en silla de ruedas.

Entendía su situación pero mientras el muchacho no decidiera reiniciar sus terapias él no le sugeriría que adentro de aquella enorme morada existían infinidad de cosas que esperaban por él.

-¿Por qué no trata de leer algo?.

-Juro que si veo otra palabra escrita gritaré tan alto que hasta en Venus me escucharán.

Aquello causó risa en el guardaespaldas. El muchacho era muy culto y era valido su enfado. Noa sabía perfectamente en dónde se encontraba el Kirimantao así como su extensión, diámetro y cuales turistas mundiales lo visitaban más.

Era tal vez una biblioteca viviente pero toda tiene un límite.

-¿Alguna sugerencia, señor?.

-Si tuviera sugerencias ya las habría hecho.

-Eso es verdad, señor.

-Además...¿en qué rayos piensa Seto?. No ha venido en muchos días. Me tiene abandonado. Gruñó y a Ed le pareció un chiquillo de cuatro años enfurruñado por no tener su juguete favorito.

Ocultó su sonrisa más no el pensamiento de que durante toda su vida ambos chicos jamás se habían separado por nada. Era obvio aquel pensamiento "infantil".

-Si mal no recuerdo, señor, usted hizo la adquisición del departamento para que su hermano tuviera un lugar al cual acudir.

-Si. Pero no pensé que se iría por tantos días. Ya no tengo con quien discutir o divertirme. Volvió a bufar y esta vez Ed no reprimió su risa.

-Al verlo así me parece que ya no le agradó tanto la idea del departamento, ¿verdad?.

El peliazul no respondió, simplemente giró su silla y le dio la espalda al hombre quien sonrió aun más.

-¿Qué lo entretiene tanto?. Se olvidó de mi. Murmuró el jovencito y es que Seto era la única persona que podía comprenderlo sin necesidad de cuestionar demasiado.

-Yo no creo eso. El señor Seto podrá olvidar hasta dormir, pero créame, de usted nunca se olvidaría. Usted es demasiado importante para él.

Aquel comentario hizo sonreír al muchacho quien asintió y suspiró bajito para que nadie lo escuchara.

-Solo espero que venga o llame pronto.

Y al parecer había hecho magia porque una de las mucamas entró en el comedor.

-Permiso. El señor Seto por teléfono.

Y no hubo que repetir la oración dos veces para que el peliazul se deslizara y alcanzara el auricular.

-¿En dónde te habías metido?. Fue la cuestión que el castaño recibió a penas escuchar la voz de su hermano.

-A mi también me da gusto verte, hermano. Ironizó como última tentativa.

-No haz llamado, ni siquiera un recado. ¿A caso tan ocupado haz estado que ni tiempo para mi tienes?.

-¿Eso es un reclamo, Noa Kaiba?.

-No, es solo...solo...

Seto sonrió. Su hermano era tan orgulloso que jamás admitiría que lo había extrañado. Al menos no por teléfono.

-Yo también te extrañé, pero digamos que he tenido que hacerme cargo de...algunas cosas.

-¿Qué cosas?. Quiso saber Noa con curiosidad.

-Unas que ya están "mejor".

El tono casi meloso del castaño confundió al peliazul. Tal vez su hermano se había dedicado a descansar todos esos días y en ese momento despertaba después de haber desayunado cualquier cosa.

-"Si y yo soy la Reina de Inglaterra". Se sonrió, esperando que su hermano hablara más.

-¿Cuándo regresas?.

-¿Tan solo me he ido un par de días y ya me quieres de regreso?. Quien te entiende.

-No, no lo digo por eso, sino porque en la empresa...

-Oh, la empresa. Ya se me hacía demasiada "fraternidad" para ser verdad.

Seto sonrió, había hecho gruñir a su hermanito.

-Solo quería avisarte que han estado llamándote de la India por un negocio del cual, gracias, no me habías informado.

-¿Y eso es todo?. Te creía más listo para negociar.

De nuevo el gruñido y Seto sintió que ese día sería memorable.

-Oh, si solo hablaste para hacerme enfadar entonces me despido.

-Ah, ¿enfadado?.

-Ah, ¿insoportable?.

-Noa, creo que mi alejamiento en vez de beneficiarte te hace gruñón. Creo que deberías salir más seguido.

-Voy a colgar, Seto. Avisó el muchacho cuando sintió que su paciencia se había agotado.

-Muy bien, hazlo, solo que te perderás de la sorpresa que te he conseguido.

El adolescente tamborileó sobre la mesa un poco hasta que su innata curiosidad ganó el juego.

-¿Qué es?. Inquirió mirando de soslayo la sonrisa de Ed.

-Ah, es algo que tal vez te gustará.

-Escúpelo ya. Se desesperó el muchacho y escuchó una risa limpia salir de la garganta de su hermano. Definitivamente algo le había pasado.

-Noa, ¿te gustan los videojuegos?.

El aludido parpadeó pasándole el auricular a su guardaespaldas.

-Creo que la soledad lo ha vuelto loco. Musitó realmente asustado.

Con cierta preocupación Ed tomó el auricular y se comunicó con su otro jefe el cual le dio las explicaciones necesarias que Noa aguardaba hecho un manojo de nervios.

Cuando el protector colgó, su sonrisa no terminó por aliviar del todo al peliazul.

-¿Y bien?. ¿Qué te dijo?.

-Que ha hecho una cita con una industria a las afueras de la ciudad y quiere que lo lleve.

-Pero él habló de videojuegos y...¿de que te ríes?.

-De su rostro, joven Noa. Debería de mirarse en un espejo.

Y el seño del chico se frunció aun más.

-No es gracioso, mi hermano puede haberse vuelto loco y tú riendo.

-No es para tanto. El señor Seto se encuentra mejor que nunca. Yo creo que la soledad le ha hecho bien. Guiñó con cierta complicidad.

-Pero...pero...

-Será mejor que vaya a su habitación y se vista. Le queda un largo día por delante.

Noa sabía que Ed había tramado algo con su hermano y si era así jamás lograría sacarle nada, por eso bufando se dispuso a hacer lo que le decían.

Ya se las pagaría su "queridísimo" hermano mayor cuando se vieran.

Por otro lado Seto sonreía a lo que acababa de hacer.

Alejados cuando jamás lo habían estado, esos días había pensado en alguna manera de comenzar a su hermano quien queriendo o no estaría preocupado por él.

Así pues había llamado a su secretaria y le había pedido que hiciera una cita con una de las mejores empresas electrónicas del país.

Noa podía ser un librero viviente pero a lo que distracción se refería le faltaba mucha, así pues y con un ligero plan acordado planeaba mantenerlo ocupado al menos por unos días, de esa manera probaba su competencia para la elección de negocios y disfrutaba viéndolo distraerse en cosas que no fueran sus terapias u otras cosas.

Amaba demasiado a su hermano como para no preocuparse por él y así sería siempre, su prioridad y su cariño más grande en el mundo.

Más las cosas estaban siendo modificadas un poco.

En la habitación del fondo, más específicamente su habitación tenía a un inquilino que jamás en sus cinco sentidos habría recibido, el cual se encontraba...¿cómo definirlo?. Saldando una "deuda de honor" que se había negado a pagar con tan solo un beso.

Para Seto, pensando sin barreras, eso había sido su pago más que perfecto sin embargo si el rubio quería hacer algo, entonces lo haría.

-Ya terminé con la habitación. Realmente estaba sucia.

Kaiba se giró en su silla mirando al muchacho que le hablaba desde el umbral de la puerta.

En otras circunstancias se habría burlado de su condición, sin embargo y sin saber el porque la escoba, trapeador y cubeta que llevaba en las manos le hacían ver...diferente a como lo había conocido.

-Tiene varios días en uso y no he conseguido alguien para la limpieza.

-Al menos se mantendrá aseado por el tiempo en que este yo aquí.

-Eso habrá que verlo.

Joey sonrió con autosuficiencia. Si de algo estaba seguro era de su capacidad de "todólogo" y limpiar era algo que él hacía perfectamente bien y hasta con los ojos cerrados.

Por eso Seto Kaiba no tenía que preocuparse por mantener limpio su departamento. Después de todo su "deuda" constaba en eso.

Sin despedirse salió del privado del castaño para dirigirse a la cocina dónde dentro de unas hoyas se encontraba algo hirviendo.

Sin tardanza entonces se dispuso a vestir un delantal y a extraer de un cajón una tabla de picar y varios condimentos necesarios para una buena "comida".

Si le hubieran dicho al principio de aquella "historia" que terminaría cocinando y limpiando para el "rico engreído" seguramente habría roto varias narices.

Más ahí se encontraba, saldando la deuda con Kaiba el cual y después de meditarlo le había dado a escoger entre servirle de "asistente" o personaje de aseo en su departamento.

La última opción fue elegida debido a la ignorancia por su parte sobre el área que el millonario manejaba.

Lo suyo era todo lo demás y que no incluyera muchos números. Eso terminaba por provocarle dolor de cabeza.

Seto le había indicado entonces que tres meses bastarían para "saldar" esa deuda y aunque Joey había expuesto que cuidar de una vida humana requería de mucho más tiempo, el ojiazul se había negado a "subir su oferta".

Así pues cada mañana Joey arribaba puntual al edificio dónde porteros e inquilinos comenzaban a conocerlo como un joven servicial y sonriente que aseaba y ayudaba al nuevo inquilino por todo el mundo conocido.

Para el rubio aquel departamento significaba un lujo que jamás tendría. Comenzando por el amplio televisor que en más de una ocasión había estado tentado en encender o el sistema de sonido que parpadeaba para él cada vez que se acercaba lo suficiente a los discos compactos.

Aquella casa estaba llena de infinidad de cosas por descubrir y sin embargo debía mantenerse al margen porque su condición así se lo dictaba.

Al menos en tres meses no tendría que preocuparse por trabajo o comida, esas ventajas le daba su "pago", pero vencido el tiempo del "contrato" las cosas si que se volverían rudas.

¿Alguna Universidad sería capaz de volver a aceptarlo?.

No sabía y lo que era peor, no tenía ni en que caerse muerto.

Suspiró tratando de no rebanarse los dedos con el cuchillo, pero recordar sus clases, empleo o amigos lo hacía acongojarse bastante.

No se había podido comunicar con Yugi debido al caos en que se había convertido su vida pero debía hacerlo al menos para tener un apoyo en dónde sostenerse.

-La vida se complica. Odio esto. Gruñó, perdiéndose en sus memorias y en las clases de actuación que habían sido su perdición. Únicos "objetos" que le quedaban porque vislumbrando su futuro este era aun más negro que un agujero.

Sonreía tontamente al tratar de ocultar lo que sentía.

Sabía que estaba mirándose tremendamente ridículo y sin embargo por vez primera no le importó.

Lo que experimentaba iba más allá de todo razonamiento humano, incluso de cualquier expectativa.

Lo que hacía a su corazón saltar de gozo y a sus nervios quedar olvidados en el limbo de lo desconocido era lo más maravilloso del infinito mundo.

Si, había escuchado eso de flotar entre nubes mientras se subía y bajaba como la bruma.

Había escuchado mitos sobre la refulgurante erupción que cada poro resultaba, marchando al ritmo cadencioso del corazón.

Había escuchado todo eso y más pero no era hasta ahora, cuando comenzaba a pensar que estaba soñando que lo creía realmente como era.

No se trataba de un mito ni mucho menos un cuento de hadas, todo, absolutamente todo lo que estaba experimentando era cierto y tan hermoso que no deseba que terminara jamás.

-Parece que te sacaste la lotería amigo.

Yugi sonrió, pero no fue cualquier típica mueca que él amigablemente haría sino que aquel movimiento abarcó extensiones jamás antes buscadas.

-Wow, ¿te comiste el sol?.

-No, ¿cómo crees?. Rió el muchacho bajito sorprendiendo a sus dos amigos.

-Ahora si que lo he visto todo. Inquirió Tristán con voz teatral.-Yugi se ha vuelto loco.

-Ni que lo digas. Asintió Duke, mirando intensamente al muchacho que volvió a reír.

-Oh chicos, parece como si jamás hubieran visto una sonrisa. Exclamó el aludido sabiendo que no debía dar mucha explicación.

En primera porque no sabía como sus camaradas iban a reaccionar y en segunda porque no era precisamente a ellos a quienes quería relatar las cosas por primera vez.

Ese pensamiento le hizo entristecer un poco.

-¿Y ahora que ocurre?.

-Nada, solo...estoy preocupado por Joey. Externo y en realidad había porque estarlo.

-Nosotros también. Asintió el del zarcillo.-Ayer Tristan y yo fuimos a su casa pero jamás respondió. ¿Crees que esté metido en cosas turbias?. Inquirió el ojiverde mirando detenidamente a sus dos amigos.

-No lo creo. Joey es despistado pero muy inteligente. Alabó el morocho y los otros dos estuvieron de acuerdo con él.

-¿Entonces que pudo haberle pasado?. No ha venido, ni una llamada, no está en su casa. Esto si me está preocupando.

El rostro acongojado de Yugi obligó a los otros dos a tomar medidas extremas. Esa tarde tenían planeado retornar al hogar del rubio y tirar la puerta si era necesario pero estaban seguros que de ese día no pasaría sin que tuvieran noticias de su amigo.

-Descuida Yugi, nosotros averiguaremos en qué está metido el cabezota de Joey.

-Aja, puedes contar con ello.

Tristan Taylor y Duke Debling formaban una excelente mancuerna. Ruda, altiva pero atractiva al ojo femenino o a cualquiera que quisiera deleitarse la pupila.

Ambos eran tan buenos amigos como Joey y el de cabellos tricolor y sin embargo tan amistosos que en su interior cabía cualquiera con buenas intenciones.

Yugi estaba seguro que el par averiguaría pronto algo y sino él mismo tomaría cartas en el asunto.

Se trataba de su mejor amigo en todo el mundo y él debía de hacer algo.

-Y bueno, pasando a otras cosas, ¿cómo te va en la obra Yugi?.

La cuestión de Tristán encendió las mejillas del aludido y no precisamente por lo que el par creyó.

-¿Tan mal?.

-No, no, va bien es solo que...

No podía, no podía decirles que su sopor no era por la maldita puesta sino por el apuesto productor que era "su jefe" en cierta forma y que a demás vivía en su casa.

Ni siquiera podía expresar lo que sentía cada vez que lo miraba o estaba a su lado, mucho menos lo que hacía cuando los labios traviesos de Egipcio lo besaban con pasión o dulzura.

Su vida si que era complicada.

-Hey, ¿te comieron la lengua los ratones?. Se mofó Duke pero ciertamente el chico Yugi se miraba raro.

Usualmente era muy parlanchín. Tal vez Joey si le hacía falta.

-¿Eh?...Ah no, no, es solo que...que...

-De acuerdo. Ya nos dirás cuando lo creas conveniente. Guiñó Taylor con complicería.

-Hamm...si. Musitó el bajito sintiendo que en cualquier momento se derretiría a causa del calor.

Sin embargo no pudo sumergirse de lleno en la charla de sus amigos pues dos personajes singulares se acercaban a ellos.

Eso provocó que las blancas mejillas del de ojos violeta volvieran a encenderse.

-Pero miren, Tea llega acompañada de un chico.

-Qué novedad.

Se mofó el par y no evitaron porromper en carcajadas cuando la castaña se acercó a ellos.

-Hola chicos, que tal.

-Hola tea. Saludaron en broma "los amigos".

-Hola. Musitó Yugi entre apenado y conmocionado.

-Venía para acá cuando me topé con este muchacho y tras convencerlo decidió acompañarme. Comunicó sonriente la chica y sin embargo hasta que el par de bromistas no miró bien al chico alto "amigo" de Tea no argumentaron nada.

Era como estar mirando un espejo a futuro. El chico ese se parecía bastante a su amigo Yugi pero las diferencias eran muy palpables.

-Wow, entré a la dimensión desconocida. Sonrió Tristán parpadeando.

-Y yo contigo amigo.

-No chicos. Rió Tea al mirar su desconcierto.-Él es Yami, es amigo de Yugi y productor de la obra.

-Hola. Saludó el Egipcio sin perder su enigmática postura.

Ese día había decidido utilizar un par de jeans que su anfitrión le había obsequiado. No era por presumir pero la tela gruesa y el color vistoso hormaban perfectamente bien en su cuerpo y si se decía algo de la camiseta de mangas largas negra que llevaba...

-Por Dios santo, ¿ya viste la hora Yugi?. Exclamó la castaña señalándole el reloj a su amigo quien por obra y gracia de alguien superior se mantenía ocupado inspeccionando...inspeccionando lo bonito que se ajustaba el pantalón en las caderas del Egipcio.

-¿Qué?.

-Es tardísimo. Yo creía que íbamos con tiempo.

-¿Íbamos?. Inquirió el más pequeño sin comprender.

-A clase de baile tonto.

-Ah.

-Los veremos después chicos.

-Pero Tea yo no...

-Te veré en los ensayos Yugi. Tengo cosas que hacer. Aclaró el invitado y es que el otro no deseaba irse por "cordialidad" al mayor.

Con renuencia entonces la chica y su compañero se despidieron, perdiéndose de vista tan pronto como Tea logró apartar la mirada violeta del alto Egipcio.

En el campo entonces quedaron tres, los cuales bajo el silencio sepulcral de sus voces no sabían que decir.

-Yo...

-¿Así que Egipcio?. Inquirió Tristán con interés.

-Si. Así es.

-¿Y qué hace un tipo como tú tan lejos de casa?.

-Soy productor de la obra escolar. Tal vez sea por eso.

Ni Tristán ni Duke se creyeron tal farfullada, sin embargo aceptaron las cosas por el momento.

-De acuerdo amigo, te veremos después.

-Y cuidado con Yugi. Vale mucho para nosotros.

Yami ni siquiera se inmutó mas tomó la "advertencia" con precaución. Aquellos chicos no se miraban fieros pero supo que la amistad que mantenían con su "casero" era tan poderosa como cualquier magia antigua.

-El poder de la amistad es valioso. Me aseguraré de recordarlo para mi "próxima puesta". Se mofó, caminando hacia el estacionamiento.

Estaba a punto de volverse loco. Así, completamente como la palabra lo decía.

En parte por los empalagosos profesores que parecían casi, casi besar el piso que osaba pisar. Y en segunda por los disgustos de la directora de carrera. La mujer parecía histérica en momentos, santa en otros y enfurecida demonio cuando algo no salía como ella lo esperaba.

Los ensayos estaban resultando un caos completo y la intervención de varios chicos del reparto en nada ayudaba.

Su único consuelo era que después de esa farsa podía olvidarse del mundo mismo si quería.

Regresaría a su hogar de arenas doradas y se dedicaría a pasar el resto de su vida tomando sol bajo una sombrilla junto a su mansión en el Nilo.

-Me lo merezco. Susurró, encendiendo su vehículo.

Más la sonrisa que curvó sus labios no duró demasiado tiempo. ¿La razón?.

El chico que acababa de dejarlo con sus dos "amigos".

Las cosas se estaban seriamente complicando con el muchacho y no era por su aire de seductor misterioso o por cualquier palabra que intentara decir.

Era por los encuentros nada inocentes que desde hacía días se efectuaban entre los dos.

Un beso era solo un beso, pero caricias y el estrepitoso latir del corazón para nada combinaban con él. Al menos eso pensaba.

Se sentía tremendamente consternado y confundido.

Yugi era una mezcla casi exacta de ángel puro y santo con bella Geisha Japonesa. El muchacho aprendía mucho más rápido que cualquiera de sus inexpertos amantes y eso que entre ambos aun no sucedía "eso".

-Diablos. Gruñó en Egipcio y es que él no planeaba que las cosas se dieran de esa manera.

El vivía feliz con su vida, a expensas de una herencia que pronto recuperaría.

Al amor lo seguía considerando una pérdida total de tiempo pero entre más cerca estaba de Yugi, más esas ideas se desvanecían.

El pequeño de ojos violeta lo hacía sentir único, lo hacía experimentar cosas que jamás antes lo habían abordado.

Podía hablar con él sin necesidad de fingir una sonrisa seductora o una palabra florida para darse a respetar.

Ante el pequeño era simplemente Atemu y si su misteriosa seriedad aparecía el otro no hacía un fandango inmenso a causa de ello.

-Es como si realmente le importara por quien soy.

Pero eso era imposible. Concluyó. Porque todos, sin excepción alguna querían algo de él y seguramente el muchacho que lo asistía en su casa también.

Ya fuera material o no al final se descubriría y mientras tanto la incertidumbre lo consumiría.

Percatándose de que había llegado a su destino no se preocupó por estacionar su vehículo, simplemente bajó y entregó las llaves al sonriente Ballet Parking quien de inmediato desapareció con su auto.

El restaurante era elegante y tal vez su atuendo de "universitario" desobligado en nada combinaba con la finura del lugar. Más no por nada su orgullo era muy parecido al de un Faraón. Así lo habían educado y así moriría.

No tuvo que responder a la sonriente muchacha que lo recibía, de inmediato localizó a la persona que buscaba y sin mucho teatro se dirigió hacia ella.

-Dos minutos más y habrías tenido que desayunar solo. Inquirió la gruesa voz consultando un reloj de pared.

-¿En serio?. Cualquiera diría que me checas.

-Si trabajas para mi, es obvio que lo haga.

-Oye, yo jamás dije que...

-Shh, Shhh, Shhh. Nada de escándalos en público. Este es un lugar decente.

Yami contuvo la rabia que aquellas palabras le hacían experimentar. ¿Quién creía Kaiba que él era?.

-Ahora, pasemos a cuestiones más...normales.

-¿Dinero?. Inquirió el de ojos azules y Kaiba asintió sin perder la finura que sus rasgos y modales adquirían cuando se encontraba en público.

-En parte. Asintió el castaño llamando a la camarera.

-Si vas a insistir en que te de cuenta de todo lo que hago, estas loco. No soy tú empleado y si acepté tú ayuda es porque...

-Si, si, lo sé. Por el cuentito ese de que tu padre te despojará de tú herencia y bla bla bla. Me lo sé de memoria Atemu.

El Egipcio volvió a gruñir. Estaba comenzando a percatarse de que su estado de ánimo antes indiferente estaba alterándose seriamente entre la obra, Kaiba y Yugi. ¿Qué quedaría de él al final?

Solo rogaba porque no fuera una masa de nervios.

-¿En dónde estas viviendo?. Inquirió Seto después de una pausa. Había citado a Yami en aquel lugar después de creer que el tiempo entre visita y visita había sido el suficiente. Era hora de negociar sus intereses reales.

-Eso es algo que no te importa.

-Con que no pagues con mi...

-Lo sé, lo sé, quédate sin cuidado. Cuando tenga en mis manos mi dinero te pagaré hasta el último maldito centavo, ¿escuchaste?.

-Mas te vale. Aclaró el castaño y sus azules ojos centellaron con algo parecido a la furia.

-¿Entonces para que me citaste aquí?. Estoy perdiendo mi tiempo.

-Las preguntas las hago yo Atemu. Recuerda que ya no estas en situación de exigir o replicar nada. Ahora soy yo quien da las órdenes.

-Y eso para ti es un placer, ¿verdad?.

La sonrisa en los labios de Seto lo dijo todo.

-Idiota. Masculló el extranjero en su lengua sin embargo Kaiba lo entendió.

-Nada de malas palabras mientras comemos, ya sabes lo que opino.

-Habla entonces antes de que pierda los estribos.

-¿En dónde quedó la concentración de la que tanto presumías Atemu?

-En la basura al igual que tú si me haces enfadar.

Kaiba lanzó una larga y fría risotada que varios comensales atribuyeron a un patético chiste por parte del acompañante del genio más grande del mundo.

-Necesito que comiences a trabajar en tu verdadera encomienda. Ya basta de idioteces.

-¿Encomienda?. ¿Hablas a caso de turbias intenciones?. Debí suponerlo. Inquirió el egipcio con la ceja enarcada.

-Aprendiste algo hace años Atemu y eso es a jamás dar por hecho que no tengo intenciones ocultas en lo que hago.

-¿Y eso aquí sería...?

La mirada fija del genio lo dijo todo.

-Pero aquella vez en tu oficina tú me pediste que...

-No. Pensaste mal, la verdadera es esta y más vale que la cumplas antes de que me arrepienta y te retire todo mi dinero de la bolsa.

Yami enarcó una ceja. La primera petición de Kaiba había sido abandonar el hotel en cuanto antes. Una idea loca pero que había cumplido.

Ahora ante la expectativa de una segunda le daba la impresión de que los años y los traumas infantiles al fin habían alterado el juicio maniaco del ojiazul.

Más negocios eran negocios y él debía cumplir con su parte o estaba perdido.

-Te escucho. Indicó esperando a que la mesera dejara la orden que seguramente Kaiba había pedido con anticipación.

-No tan ansioso. Los buenos negocios se realizan con paciencia.

-Si, pero a mi ya me agotó la maldita paciencia.

Kaiba no rió pero estuvo a punto de hacerlo. Jamás en su vida había contemplado la posibilidad de mirar a su rival más grande sumergido en la desesperación. Pero la falta de lujos y de la vida que el egipcio estaba acostumbrado a llevar si que obraban cosas inexplicables.

Una razón más para sentirse superior y habría dicho algo a favor de su renovado orgullo si no hubiera sido por su teléfono sonando.

Con fastidio lo extrajo del interior de su saco y con seriedad absoluta respondió la llamada.

Yami miró a su acompañante discutir airadamente con alguien tras la línea y se limitó a aburrirse y a pensar en su mala suerte. De nuevo.

Estar bajo los caprichos de Seto no era el futuro que había previsto más en realidad nada de lo que vivía era lo que había pensado.

Su situación actual era delicada y no quedaba más que aceptarla o hundirse, como su padre deseaba.

Pero no por nada llevaba sangre egipcia y luchadora en la sangre. Él jugaría hasta el final.

-Yo venceré. Se dijo, renovando sus deseos casi perdidos.

Más al parecer su herencia había pasado a otro lugar dentro de sus prioridades pues el arribo de una singular pareja lo abstrajo de sus ensueños.

Dos chicos, como de su edad arribaban tomados de la mano.

En la actualidad se miraba más desinhibición de esos chicos ante la sociedad y no es que la aborreciera, sino que curiosa le resultaba.

Ambos tomaron asiento a un par de mesas de distancia y pudo ver como y en cuanto la gerente los dejaba que sus ojos brillaban al contemplarse.

Estaban enamorado y eso hasta un ciego podía expresarlo y sin saber de dónde había salido, se imaginó a él mismo, ocupando aquella mesa junto a un muchacho menudo pero de hermosa y singular sonrisa que hacía que su corazón se estremeciera de solo recordarlo.

Con súbito espanto movió la cabeza y miró hacia otro lado.

-El calor me hace pensar tonterías. Masculló pero para alguien como él acostumbrado a los rudos cambios de clima resultaba tonta aquella excusa.

Algo le ocurría y no sabía que o tal vez si pero...no podía decirlo.

Seto cerró su celular con un fuerte movimiento más la sonrisa en sus labios evidencio que había ganado algo.

-Al parecer te ha ido bien.

-Por supuesto. Asintió el castaño, bebiendo jugo.

-Quien fuera tú. Sin problemas ni preocupaciones. ¿Cómo vives de esa manera?. Inquirió de buena fe el egipcio. Añoraba esa vida despreocupada.

-Con trabajo duro y buenas influencias, Atemu, puedo darme la vida que yo quiera. Sin rendirle cuentas a nadie y como mejor me convenga.

Aclaró el ojiazul y elevando la copa que sostenía brindó silenciosamente por su secreta victoria que seguramente tenía que ver con su reciente llamada telefónica.

Yami bebió por imitación solamente.

-Ahora, a los negocios.

Esa mañana si que sería larga.

Joey terminaba de sacudir el estudio de Kaiba.

Era agotador. A pesar de que el lugar era pequeño, comparado con algunas otras residencias que había visitado, se acumulaba gran cantidad de cosas por hacer. Como fugas, desperfectos y cosas pequeñas que seguramente al momento de la adquisición no se habían detenido a ver.

Pero para eso estaba él ahí, para solucionar cualquier cosa que pudiera faltar.

Los últimos días en convivencia con el ojiazul habían sido...aceptables. El castaño se pasaba casi todo el día metido en su estudio y solo cuando él no tocaba a su puerta el ojiazul no salía.

Joey pensaba que el chico se inmiscuía demasiado en sus asuntos y dejaba de lado lo importante de la vida.

En esos días el rubio no lo había visto ir a la Universidad o a "su otra" casa, donde vivía su hermano.

Kaiba le había relatado escuetamente de él aquel día cuando atrapados habían quedado en el ascensor y en las pocas conversaciones que hacían cuando comían.

-Lo que tiene de cerebro le falta de elocuencia. Gruñó, recordando los desplantes y monólogos que hacía cuando estaba al lado del ojiazul.

Pero no podía quejarse. Le debía la vida y parte de su existencia.

Kaiba había hecho por él lo impensable y ahora él debía remunerar con algo esa acción.

Aunque ciertamente en ocasiones pensaba que habría sido mejor morir a enfrentar su remedo de vida.

No tenía empleo, ni dinero, su casa era un asco, la universidad y sus sueños se derrumbaban y el ser a quien hubo dado su afecto...

-Sigue siendo un Imbécil patán. Añadió con voz entre quebrada e indignada.

Touma no se merecía ni siquiera que lo recordara, mucho menos que continuara llorándolo pero en momentos cuando recordaba su infortunio existir era inevitable que lágrimas salieran de sus ojos al recordar las desgracias que había sufrido.

Eso le hizo pensar en su hermana. Hacía días que no le llamaba. Tal vez la muchacha estaba preocupada por él pero mientras no pudiera pagar el teléfono o la luz que ya cortada estaba, no podría comunicarse con la chica.

-Tendremos que conformarnos con saber que existimos, Ser. Afirmó, retornando a sus deberes antes de ser asaltado nuevamente por infinidad de embrollos.

En su último correo electrónico, Serenity le había hablado sobre los tratamientos que su padrastro conseguía para ella y en los que su madre tan devotamente creía.

Sin embargo le informaba que su condición continuaba igual y que su enfermedad seguía en el anonimato.

"Tal vez es un nuevo tipo de cáncer". Había mencionado la pelirroja pero él, aferrándose al consuelo de que ella se repondría, desechaba la posibilidad.

Con esfuerzo cedía capital para las investigaciones acerca de ese mal que atacaba a su hermana pero los frutos eran en vano.

Joey creía que pronto llegaría el día en que Serenity se curaría y entonces él podría vivir o morir en paz.

-Es lo único que me retiene en este mundo. Objetó, sabiendo que por muchos deseos que tuviera de mandarlo todo a la mierda, aun debía permanecer en la tierra.

Tomó el sacudidor olvidado sobre el sofá negro y se dispuso a entrara en la cocina pero el sonido del teléfono lo detuvo.

Era extraño que aquel aparatejo sonara en esa casa.

Kaiba no era muy sociable y por lo común era el castaño quien hacía las llamadas. Al parecer y como le dijera, muy pocos tenían conocimiento de aquel refugio exclusivo para su relajación.

Intrigado levantó el auricular y entre emocionado y expectante respondió.

-¿Hola?.

-Con Joseph Wheeler por favor.

Extrañado entonces parpadeó.

-Yo soy.

-Buenos días, hablamos del departamento educativo de becas.

Si, todo era extraño.

-¿En qué puedo ayudarles?. Cuestionó, sintiendo a su corazón latir deprisa.

Seguramente iban a decirle que estaba oficialmente fuera de la universidad y que su vida estaba terminada.

-Deseamos informarle sobre su situación académica.

Tragó duro, el fin definitivo había llegado.

-Di...dígame. Tartamudeó, secando el sudor que le caía en riachuelo por la frente.

Entonces la voz de la mujer quien había marcado a ese número le dio reseña sobre las cláusulas y normas que se habían modificado para que él, mayor de edad, no tuviera que asistir a sus juntas con algún tutor.

Pero eso no fue lo que terminó por sorprender al aturdido rubio, sino lo que a continuación le insinuaron.

-Puede presentarse el día de mañana en la Universidad y llevar el siguiente código para que de inmediato su beca se estabilice, joven Wheeler.

O se había golpeado muy fuerte con una de las puertas de la alacena o había muerto de un paro cardíaco. Lo que escuchaba no podía ser verdad.

-¿Joven Wheeler sigue ahí?.

-Si, si pero...esto es... Se sentó, sus piernas ya no le sostenían.

-¿Si?.

-¿Usted me está diciendo que mi beca está solucionada y que mañana puedo regresar a la Universidad?.

-Así es. Todo el papeleo en orden según mi jefe.

-¿Pero...y...y el decano?

-El decano está enterado de todo y mañana le espera con su código para dar de alta su folio de estudiante becado.

-Pero...pero yo nunca...

-¿Tiene alguna duda?. Cuestionó la mujer con voz cansada.

-No...No. Negó Joey sin respirar.

-Entonces me despido. Cualquier duda por favor acuda a nosotros o a nuestro número telefónico. Le estaremos mandando renovaciones y noticias por vía e-mail. De esa manera se le facilitan las cosas. Hasta pronto, Señor Wheeler.

El muchacho no pudo decir nada solo bajó el auricular y miró a la nada en total estado de shock.

¿Qué había sido todo eso?

Seguramente su imaginación jugándole alguna mala pasada.

Con cuidado entonces dejó el teléfono en su lugar y sin importarle que aun tuviera cosas que hacer simplemente se quedó a pensar en lo que había sucedido.

Cuando una persona recibe una impactante noticia lo más lógico es que permanezca en shock por algunos minutos, pero en esta ocasión Joey lo hizo por varias horas mientras su mente le daba vueltas al asunto y llegaba a la misma conclusión: él JAMÁS había llegado a las oficinas correspondientes porque se había quedado atrapado en el ascensor.

Después de eso se había suscitado lo de su enfermedad y luego...

-Esto no puede ser. Murmuró cuando la puerta del departamento se abrió y el dueño del mismo arribó con maletín en mano y sus facciones siempre serias.

Seto buscó con la mirada el manojo de sonrisas que lo saludaba desde la cocina o salía a su encuentro cuando arribaba a casa pero en esa ocasión ningún sonido se escuchó por lo que en verdad se extrañó.

Más encontró al rubio molesto sobre su sofá, meditando en la inmortalidad del cangrejo como a veces hacía.

-¿Qué se supone que haces?. Inquirió, quitándose la corbata que comenzaba a calarle.

Pero el rubio no respondió, le miró fijamente como quien ve a la nada y después se incorporó.

-Me llamaron.

Kaiba enarcó una ceja.

-Creo que te has vuelto loco. Ya escuchas voces.

Pero Joey no estaba de broma.

-No, por teléfono. Me llamaron de...de...

-¿De, de, de dónde?.

-Del departamento de becas.

-¿Y qué tendrían que estarte llamando a Mi casa?.

-Eso es lo que no se, pero...

-¿Pero?.

El rubio parpadeó mientras observaba las pupilas increíblemente azules de su compañero y entonces, solo entonces la adrenalina reservada se disparó cual bala.

-¡TENGO MI BECA DE REGRESO!.

Apenas Joey gritó se abalanzó hacia el castaño denegándole la oportunidad de decir o hacer algo.

-Te haz vuelto loco. Está comprobado. Musitó el castaño sabiendo que sería inútil hacerse escuchar por sobre los gritos del muchacho que lo abrazaba.

-¡REGRESÉ, REGRESÉ, REGRESÉ!. ESTOY DE VUELTA EN LA UNIVERSIDAD Y CON BECA!. LO HICE, LO HICE.

Y sin que el muchacho gritón lo mirara, Seto sonrió porque para él era increíblemente atrayente contemplar a ese rubio escandaloso terriblemente feliz.

Mirarlo así, cuando hacía mucho no lo estaba fue un goce que no pudo, ni jamás admitiría, dejar de disfrutar como el mayor de los triunfos personales.

-Suéltame, vas a arrugarme el traje.

Pero Joey no lo soltó sino que por el contrario, se abrazó más a él y en un arrebatador impulso, como todo él, lo besó.

La primera reacción del castaño fue tensarse para después corresponder de inmediato a aquel ósculo sorpresivo que fue todo menos seco.

Sin tolerar la sumisión, Seto arrinconó a Joey al lado de la puerta dónde se ahondó en la caricia repentina que fue disfrutada como pocas cosas en esa vida.

Desde que el "pago" fue medianamente saldado que evitaban tocarse y aquel roce avivó lo que muy en el fondo sus corazones ya no ocultaban.

Se saborearon, se gustaron y se disfrutaron como si fuera el último contacto en sus vidas, para finalizar en respiraciones entrecortadas y mirada hipnotizadas de castaño y azul.

-¿Cómo puede ser posible?. Cuestionó Kaiba sin despegar sus pupilas.

-No lo se. Creo que debo dejar de ser tan impulsivo. Bromeó el rubio pero evidentemente sus mejillas hablaban por él.

-Yo me refería a la beca.

Y mientras Seto sonreía Joey se avergonzaba.

-Ah. No me lo explico.

-No importa. Al final la prioridad es que estás de regreso.

-Si, pero yo aun no he saldado...

-Shhh, eso lo hablaremos después. Silenció el ojiazul tras posar sus dedos sobre los sensibles labios del rubio y acariciarlos con sumo cuidado.-Mientras tanto...Felicidades, cachorro.

Joey no tuvo tiempo de refutar, halagarse o sonreír pues de nueva cuenta los labios del ojiazul estaban sobre él, "felicitándolo" como se merecía.

Al término entonces del apasionado encuentro Joey se animó a lanzar la pregunta que se encontraba atorada en su garganta desde que Seto diestramente jugó con su lengua.

-Esto...esto no es nada personal, ¿verdad?.

Seto sonrió de lado y tras acariciar su mejilla, fue como Joey obtuvo su respuesta.

-Por supuesto que no hay nada personal entre nosotros. Bobo.

Sonriendo el de ojos melados volvió a besarle, sabiendo ya que su vida "milagrosamente" se había solucionado y que era parte ya de una historia diferente.

Continuará...

Solo puedo desearles una muy feliz Navidad y Año nuevo.

Que todo en este nuevo año que comienza les traiga miles de cosas y sueños por cumplir.

Prometo firmemente ante ustedes que en cuanto regrese habrá Lemon, así empezamos con el pie derecho y sobre todo a concluir con esto porque tengo varios planes que echar a volar.

Un saludo y mil gracias una vez mas por su apoyo y paciencia, su amiga:

KLF