TITULO: Dreams
Capitulo: Locura Necesaria
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: Bien, gracias por soportarme y en retribución aquí está, por fin, el tan esperado Lemon así que ya sabes, si no te agrada aguarda al siguiente chap.
Para ustedes quienes me apoyan en este camino
KLFEl sol resplandecía como hacía mucho no sucedía. O tal vez era normal más él, con bríos renovados se acercaba a admirar nuevamente las instalaciones de su amada Universidad.
Ese tiempo alejado de ella le hizo comprender la necesidad y la importancia que para alguien como él, con el mínimo capital, significaba regresar.
Respiró hasta llenar sus pulmones de aire y tosió al saberse demasiado tonto.
-Necesito dejar de fumar.
Más "la promesa" jamás se cumplía, tal vez en un futuro no muy lejano cuando las presiones de la vida lo obligaran a tomar decisiones mucho más importantes, lo haría. Pero mientras tanto...
-¿Joey?. Inquirió la voz aturdida de alguien a su espalda y se volvió con una despampanante sonrisa en los labios.
-Hola Duke.
El de ojos verdes parpadeó hasta saber que no alucinaba y después de eso se aproximó al rubio para abrazarlo.
-¿Pero en dónde diablos te habías metido cabezota?. Estuvimos muy preocupados por ti. Añadió cuando generalmente jamás demostraba tanto cariño.
-A mi también me da gusto verte Duke.
Y en verdad se habían extrañado de alguna u otra manera y eso se miró ahí mismo, cuando Taylor se unió al duo.
-¿Joey?. Que milagro. Saludó, estrechando fuertemente la mano de aquel buen amigo.
-Me da gusto verlos, ya extrañaba este lugar. Sonrió, no sabiendo si abrazarse a los muchachos que le sonreían o reprimir el impulso de ponerse a llorar de alegría.
-Le decía al tonto este que hoy iríamos a su casa y romperíamos su puerta.
-Si, nos has tenido sumamente preocupados, sobre todo a Yugi.
-Si, el pobre fue el más consternado de todos.
Yugi, su buen y fiel amigo Yugi. Había tanto que hablar y disculparse. Apenas podía contener el esfuerzo de ir a buscarlo.
-¿Te veremos en el desayuno para que nos aclares todo?.
Esa no había sido en si una pregunta, la oración iba cargada del imperialismo típico de Tristán.
-Claro, cuenten con ello. Guiñó Joey, recordando que debía volver a preocuparse por las clases.
Así pues se despidieron y Joey caminó hacia su aula, dónde había pasado y pasaría los mejores momentos de su vida.
Aun el "misterio" de la beca no se solucionaba y aunque su innata movilidad le pedía respuestas, concluyó que alunas veces las cosas se hacen y no se cuestionan. Tal y como en ese momento.
-Debo de tener un ángel de la guarda. Sonrió entrando en el aula y percatándose de que no había nadie.
Desconcertado miró su reloj. Llegaba a tiempo por primera vez en su vida y nadie estaba para comprobarlo.
-Qué extraño.
Pero una hoja pegada en la puerta le recordó aquello que había olvidado por completo.
-La obra.
Y de inmediato se dispuso a correr hacia el teatro universitario aunque a medio camino aminoró el paso, recordando que él no tenía papel.
Sin embargo y después de todo era su deber formar parte de aquella obra y por ello entró en el recinto con la frente muy en alto, esperando ver a su querido y buen amigo Yugi Mouto.
Pero en lugar de eso se encontró siendo parte de una escena, dónde un hombre con aspecto extraño "naufragaba" en medio de la "nada".
-¿Jill?. Inquirió a la nada. El chico era un bromista de primera y aunque así fuera era bastante bueno en el terreno actoral. Por algo supuso que aquel papel melodramático era todo un reto para su peculiar carácter.
Tomó asiento en la parte trasera y así miró varias escenas que lo sacaron de dudas.
No fue sino hasta el cuarto acto dónde miró un cabello peculiar saliendo de detrás de bambalinas y sonrió al ver de quien se trataba.
Yugi charlaba animadamente con Natalia, la chica darck que se encontraba sentada en una de las butacas delanteras.
El muchacho sostenía con fuerza una tabla de apoyo, así como varios papeles y un radio comunicador pendiendo de la cintura.
Se miraba gracioso pero se le hizo extraño aquel "atuendo".
Con precaución se incorporó y avanzó tras el telón, donde deseaba sorprender a su amigo. Pero al final la sorpresa se la llevó él.
-Bendito los ojos que lo ven, señor Wheeler.
Aquella voz era inconfundible.
-Hola, profesora. Sonrió con nerviosismo. La directora se la vivía dentro de sus maniacos estados de ánimo.
-Me imagino que ha venido a integrarse a la obra, ¿no es así?.
-Si pero...
-¿Sus múltiples ocupaciones se lo permitirán ahora?
-Ah si, de eso quería hablarle. Me ausente porque...
-No es tiempo de excusas. Interrumpió la mujer que ese día iba vestida de verde limón.-No quedan papeles disponibles y todas las áreas están cubiertas. Si desea ser parte de esta gloriosa puesta entonces ayudará en lo que se necesite. Ya después hablaremos de sus faltas y su calificación, ¿entendido?.
-Si. Asintió Joey sintiéndose con suerte de no ser mayormente castigado.
-Entonces repórtese con la profesora Keiko. Ella le asignará algo.
Y sin más la mujer dio media vuelta, hondeando su cabello que cubría con un paño del mismo color que su vestido.
El rubio pensaba que esa mujer no le temía a los colores atrevidos, pero estos evidentemente si a ella.
Con risita burlona se adentró en las bambalinas, saludando aquí y allá rostros conocidos que le daban la bienvenida cordial.
En verdad que había añorado ese ambiente.
Por otro lado Yugi se esmeraba en dar indicaciones a los actores, las cuales iban, obviamente, respaldadas por el productor, quien bebiendo café charlaba con el profesor a quien había designado director de aquella obra.
El chico de cabellos tricolor sonreía satisfecho de su labor, sabiendo que de él dependían muchas cosas: desde la escenografía hasta el vestuario, el cual estaba avanzando mucho gracias a las habilidades y contactos de Angie, la profesora de danza.
Con un suspiró terminó su charla con Natalia y Jill. Ambos eran los protagonistas y debían ensayar más sus escenas. Más los chicos eran tan diferentes como el agua y el aceite.
Mientas Jill era un bromista empedernido que se había propuesto molestar a medio mundo durante su tiempo libre, Natalia era demasiado seria y muy darck, la cual miraba amenazadoramente al bromista cada vez que trataba de hacerle algo.
Bajo el escenario era casi imposible ponerse de acuerdo, pero sobre él, ambos hacían maravillas.
Por algo habían salido electos de entre los demás.
Suspirando dejó a los chicos discutiendo una vez más por las bromas sin sentido de Jill, el cual deseaba hacer sonreír a su pareja en la puesta.
-Esto es difícil. Se dijo, elevando la vista para admirar a Yami quien charlaba animadamente con el director.
No pudo evitar sonreír discretamente. El egipcio se había vuelto parte indispensable de su vida y las maravillosas cosas que experimentaba con él solo podían ser eso: maravillosas.
Más él, como todo ser humano, comenzaba a sospechar que estaba haciendo falta un elemento digno que terminara con el a veces ausentismo y excesivo respeto del visitante.
En ocasiones, como la noche anterior, el egipcio se comportaba demasiado serio, argumentando pensar en la obra y en sus preocupaciones, dejando a Yugi de lado con deseos terribles de besarle hasta el cansancio.
Nada había entre ellos, al menos nada personal que no fueran besos y caricias, más los humanos no habían sido creados con madera y el de ojos violetas comenzaba a pensar en ello con más frecuencia.
-Tengo que hacer algo. Se dijo, sacando valor y fuerzas de donde jamás en su vida había conseguido.
Más al entrar tras escenario, la sonrisa perdida fue recobrada, sintiendo que su mundo por fin completo estaba.
-¡JOEY!. Gritó al ver al rubio cargando unas pesadas cajas de madera.
-Hey, Yug. Saludó el aludido, bajando su carga para confrontar a su camarada.
Y como ambos se asemejaban en varias cosas, se abrazaron, haciendo partícipe a su amistad de que se habían reencontrado.
-Joey, que alegría me da verte. Que felicidad que estés aquí de nuevo.
-A mi también me da gusto verte, Yug. Me alegra haber regresado.
Y sin que a nadie le importara esa efusiva muestra de fraternidad, esta continuó, estrechando los lazos que se habían aflojado un poco.
-Es bueno saberte vivo y con bien, ¿en dónde te habías metido?. Estuve muy preocupado por ti, tonto.
Riñó el bajito y Joey solo sonrió recibiendo la reprimenda. Se lo merecía.
-Bueno, es una historia larga de contar pero quiero informarte de todo. Hay mucho que relatar.
-Lo sé, yo también tengo mucho que decirte. Afirmó el de ojos violeta sonriéndole a su mejor amigo.-¿Ya tienes algún cargo dentro de la obra? Porque sino yo puedo...
-Pues la profesora Keiko ya me lo dio. Señaló el rubio las cajas.-Aunque...si pudieras conseguirme algo menos pesado mi espalda y yo te lo agradeceríamos eternamente. Bromeó el chico y ambos supieron que todo seguía como antes.
Ambos charlaron un poco. Yugi le informó de su puesto de asistente de producción y Joey sorprendido le felicitó por ese repentino cambio de aire. Él estaba convencido de que su amigo obtendría algún papel, pero cuando el chico habló de lo "necesitado" que se encontraba el productor de la obra por un respiro, Joey enarcó una ceja con aire burlón.
-Ese sujeto debe ser importantísimo entonces.
-No lo sé, pero es muy buen muchacho.
Yugi le señaló por entre las cortinas gruesas de bambalinas la faz del productor. El muchacho continuaba charlando despreocupadamente.
-Es muy joven. Refutó Joey y miró a su amigo fruncir el entrecejo.
-Es bueno. Tiene excelentes ideas, solo que no sabe como ponerlas en orden.
-Hey, tranquilo. Yo solo decía. Se defendió el de ojos melado lanzando una risita que sonrojó a su compañero.
-Bueno, es que yo...
-¡Yugi!.
Alguien lo llamaba y ese alguien era precisamente "el rey de roma".
-Oh, me llaman...ven Joey, te presentaré a Yami.
Sin preguntar si quería o no ser presentado Joey fue halado por su amigo hasta dónde el tipo ese productor los esperaba.
De cerca se miraba muy serio. Era atractivo pero algo en su sobriedad le recordaba a Kaiba.
-Aquí estoy Yami. Saludó el chico bajito sonriendo de oreja a oreja.
Antes de hablar el egipcio le lanzó una mirada desconfiada al rubio, después habló con su asistente.
-¿Podrías por favor ordenar estas ideas?. Han surgido de la conversación que sostuve hace unos momentos. También dile a Jill que no se retire, necesita ensayar más y...
-Ya hablé con Samara. Está de acuerdo en que Mercedes se mire mucho más sumisa frente a Fernando.
-Excelente.
Joey enarcó una ceja. Había algo extraño entre la cordialidad y familiaridad que existía entre esos dos pero como siempre y tal vez, estaba pensando de más.
-Oh, y Yami, él es Joey. Mi mejor amigo.
El rubio saludo y este fue recibido por Atemu con absoluta seriedad, como si jamás hubiera sonreído.
Joey se sentía extraño bajo aquella mirada azul escudriñándole. Parecía vitrina.
-Yo, hem...
-¿Tú eres Joey Wheeler?. Preguntó Yami sin perder la seriedad.
-Ham...si.
Y Atemu no dijo más, simplemente asintió y regresó a su lugar en las butacas.
-Qué tipo más extraño. Farfulló, alejándose con su amigo.
-No es raro, solo es excéntrico.
-Aja, si y yo soy el emperador de Constantinopla Yug. Ese tipo es raro.
-No, no lo es.
-Qué si.
-Qué no
-Qué si
-Qué no
-Qué...oye, cualquiera que te oyera pensaría que estas enamorado de ese tipo.
Joey rió estruendosamente pero Yugi no lo hizo. Por el contrario se detuvo y se sonrojó violentamente hasta las orejas.
-Hey, ¿ocurre algo?.
-No, no, es solo que...debo hacer mis deberes. Ten, pídele al asistente de escenografías que hoy les ayudarás. Te veré después.
Y entregándole un papelito con su firma desapareció del lugar.
-Vaya, me ausento unos días y ya todo el mundo cambió. Rayos. Exclamó el muchacho, dirigiéndose a su área de labor.
Yugi sin embargo corrió y se detuvo cansadamente en las oficinas centrales.
Lo que acababa de decirle su amigo lo había alterado endemoniadamente y no sabía la razón.
-No lo amo solo...solo...solo me gusta. Se aclaró a sí mismo, tratando de regular el palpitar de su corazón.
Pero algo, muy dentro de si le indicó que tal vez lo que sentía por Yami no era solo "gusto", sino que los deseos que en ocasiones se frustraban en su camino se debían a otra cosa.
Pero aun era muy temprano para afirmar o negar nada.
Seto se paseó de un lugar a otro dentro del aula.
Esa mañana había llegado sumamente temprano y había aprovechado para leer unas cuantas cosas extraídas de internet, más las interrupciones siempre presentes estaban y la que en esos momentos discutía para él era tonta.
-Pero entiéndame, yo no puedo hacer eso. Replicó la voz por quinceava vez, algo que estaba cansando al millonario.
-¿No puede o no quiere?.
-Bueno yo...
-Esto ya lo discutimos ayer. No entiendo el por qué se sigue negando a los hechos. Él ya está de regreso y usted nada pierde, nada. Al contrario, está ganando un jugoso capital donado "altruistamente".
Kaiba escucho una maldición expulsada en voz muy baja y cansado ya de debatir con aquel hombre necio decidió cortar la comunicación en el acto.
-Ya no hay nada que pueda hacer, decano. Todo esta resuelto así que supérelo y siga con su vida.
-No es fácil. ¿Sabe usted que clase de problemas acarrea ese...ese..."estudiante".?. La última palabra salió de sus labios con desprecio absoluto, algo que hizo enfurecer al millonario.
-No me interesa. Afirmó ceñudo.
-Pues a mi si. La integridad y estabilidad de esta institución dependen de...
-No me importa de que carajos dependa. Usted ya tiene el trato cerrado y punto. Ahora, haga algo productivo con su tiempo.
-Pero...
-Es mi última palabra y como me entere de que algo anormal salga de su oficina...ya no seré tan condescendiente con su palabrería.
La voz de Kaiba era firme y no cabía duda de que decía la verdad.
-De acuerdo. Cedió el decano en derrota.-Solo...¿por qué le ayuda?. Ese muchacho es un caso perdido. No entiendo como alguien como usted puede siquiera pensar en ayudarle un poco.
Seto no respondió de inmediato. Miró a las personas que comenzaban a entrara en el aula y no le cupo duda de que "él" era mejor que todos ellos.
-Buenos días, decano.
Y sin más, cual era su costumbre cortó la llamada.
Ese hombre realmente lo exasperaba y no sabía como tal incompetencia podía dirigir una universidad como aquella.
Sin más tomó su lugar para continuar sus labores, esperando que nadie le interrumpiera pero el recuerdo de la reciente charla y de "él" le hicieron sentirse estúpido.
-Me estoy volviendo débil. Masculló, sabiendo que en otras circunstancias o tiempos jamás habría dado su orgullo a torcer por alguien que no valía ni un céntimo, pero que besaba tan deliciosamente como nadie en la vida.
Sonrió discretamente, Joey era en realidad un caso perdido. Una pobre alma olvidada por el creador que había puesto en su camino para ayudarle tan solo con la punta de su dedo.
No más, o corría el riesgo de...
-Buenos días. Anunció el profesor y en el acto la clase comenzó.
Kaiba, como siempre no tenía interés en nada de lo que ahí se trataba, ni siquiera en la Universidad.
Pero algo ese día lo había cambiado y no se trataba de la reciente y fastidiosa llamada del decano, sino de la última cosa que haría por Joey Wheeler antes de despedirse para siempre de él.
-Mas te vale que cumplas tu palabra, Atemu. Es la última filantropía que hago por un bicho.
Sin más regresó a su trabajo, no concentrado porque hasta que no recibiera "la noticia" no podría dar por terminada esa fase de su vida que pronto olvidaría.
Los ensayos habían sido extenuantes, tanto que al momento de dar descanso todos y cada uno de los que cooperaban en esa puesta exhalaron de alivio.
El estreno estaba cada vez más cerca y las cosas en el teatro iban demasiado lentas para él. Más debía admitir que se estaba haciendo un buen trabajo, sobre todo con sus ideas, las cuales eran discutidas y aprobadas por creerlas "novedosas".
-¿Lo vez, padre?. Hasta ahora no ha existido nada que me detenga. Pronto tendrás que comerte tus palabras y regresarme lo que es mío. Masculló Yami mirando el solitario escenario.
-Yami, ¿no comes?. Indagó Yugi quien había terminado con la mayoría de sus deberes.
-Si, ahora te alcanzo. Sonrió Atemu. Con el pequeño no podía parecer frío. Él no lo permitía.
-Entonces...¿te espero?.
La pregunta fue hecha tan tentadoramente que el egipcio estuvo a punto de asir por la cintura a su compañero y besarlo hasta el cansancio.
Ra solo sabía el poder místico que el de ojos violetas tenía sobre él.
-Creo que...
-Hola Yug, ¿listo para comer?. Me muerdo de hambre. Interrumpió Joey quien salía polvoso de debajo del escenario.
El aludido sonrió apenadamente. Su amigo había interrumpido el momento pero así era Joey y así sería siempre.
-De hecho le estaba diciendo a Yami que...
-Yugi. Llamó el egipcio con algo de seriedad.-Necesito hablar con tú amigo a solas.
Ambos chicos enarcaron la ceja al mismo tiempo.
-¿Con migo?. ¿Sobre que?.
-Es algo privado. ¿Nos permites, Yugi?.
Con desconcierto el de ojos violetas asintió, tomando sus cosas y despejando el área.
¿Qué tenía que tratar Yami con Joey que requería de la soledad solamente?.
Movió la cabeza con fuerza. Sus pensamientos lo estaban llevando por caminos errados, como en la extraña manera en que Yami había mirado al rubio al conocerlo y cómo sus ojos no se habían apartado de su amigo mientras este estuvo en tablas, acomodando escenografía.
-"¿A caso Yami...?. No, claro que no Yugi no pienses tonterías, Yami solo quiere...hablar a solas con tú mejor amigo al cual no dejó de mirar desde la mañana".
Se mordió el labio inferior con fuerza y ese mismo vigor fue el que lo detuvo súbitamente y le indicó que regresara sobre sus pasos con rapidez. Sin embargo tocaba la puerta del teatro cuando la voz de su conciencia hizo acto de presencia.
-"No seas exagerado Yugi, ellos solo quieren hablar. Es todo, además ellos...me lo dirán a su tiempo".
Y muy mal convencido de que hacía lo correcto es como se dirigió a la cafetería, a comer con Tea o con cualquiera de sus compañeros de obra, más su corazón no dejaba la incertidumbre.
Cuando Yugi desapareció, Joey sintió algo semejante al nerviosismo que lo atacaba cada vez que miraba a Kaiba de frente.
Ese tipo egipcio, datos indagados entre sus compañeros, lo examinaba de una manera extraña y que no le agradaba.
Se sentía estrujado con los azules ojos que serios se encontraban.
-Yo...¿hice algo mal?. Preguntó el rubio para romper ese molesto silencio.
-No. ¿Cómo lo harías si apenas ingresaste hoy a la obra?.
-¿Entonces porque me miras tanto?. Tuteó, dándole un aire rebelde a la oración.
Yami entonces sonrió un poco, destensando sus músculos y tras sentarse invitó a Joey a hacerlo a su lado.
El rubio accedió con ciertas precauciones, esperando que nada sospechoso saliera del turbante o lo que fuera que utilizaran los egipcios en su país.
-Tengo entendido que el día de las audiciones te ausentaste, ¿verdad?.
-¿Te lo dijo Yugi o la directora?.
-Digamos que un poco los dos. Asintió el extranjero.
-Si, eso es verdad. Tuve cosas que hacer.
-¿Y ya no regresaste a clases hasta hoy, no es así?.
-También acertaste. ¿Pero que tiene que ver todo esto con...?
-¿Qué significa actuar para ti?.
-¿Perdón?.
-Si, dime lo que significa actuar para ti. Sonrió Yami, dándole confianza al rubio.
Este sin embargo se encontraba asimilando la situación.
Ese sujeto realmente era extraño.
-Todo. Significa todo. La realización de mis sueños, el cumplimiento de mis metas, sentir que puedo ser alguien sobre las tablas y apropiarme del personaje como si viviera y experimentara lo que le sucede.
Es...es viajar en el tiempo y espacio, llegar a la disociación de mi persona y comprender que puedo ser uno con la luz, el sonido, la escenografía y mi sentir. Todo esto a través de lo que pueda interpretar.
Inspiración y pasión. Ese chico tenía mucha pasión. Ya entendía el porque Yugi lo había elegido como amigo.
-Yo jamás lo habría podido decir así. Se ve que te gusta demasiado esto.
-Es mi vida. Asintió Joey entrando en más confianza con ese raro sujeto.
-Comprendo. Y dime Joey, ¿qué estarías dispuesto a hacer para que te de un papel en la obra?.
El muchacho confundido no supo que responder.
-Es una gran oportunidad. Ten en cuenta que viajaremos y conocerás a personas que pueden tenerte en la mira para algo.
Esto no se vive todos los días. Aclaró Atemu en tono misterioso y con cierto brillo que hizo sospechar a Joey.
-No voy a acostarme contigo. Masculló sin medir la imprudencia de sus palabras y sin embargo no tuvo que hacerlo porque Yami prorrumpió en carcajadas que lo hicieron sonrojar
-No, no pensaba en eso. Pero gracias, resulta una oferta tentadora.
-En...¿entonces?. Indagó sintiéndose tonto.
-Yo solo quiero saber lo que estarías dispuesto ha hacer para conseguir un papel, es todo.
Tras la vergüenza sufrida Joey midió sus palabras, observando los azules ojos del egipcio que aguardaban con paciencia su respuesta.
-Lo...que sea.
-¿Estás seguro?. Preguntó Atemu acercándose peligrosamente al rubio.
-Si. Lo que sea. Aclaró, tragando con dificultad y pensando si aquella obra merecía la pena todo eso.
Pero cuando Yami le sonrió y depositó en su regazo un montón de hojas, supo, que Su sueño bien valía mil vergüenzas y penalidades si al final todo se conseguía limpiamente.
-Estudia esto. Mañana tras los ensayos te haré una prueba. Más te vale que la pases porque me estoy jugando un buen actor en escena. ¿Entendiste?.
Sorprendido Joey asintió, mirando el libreto del Conde de Montecristo sobre sus piernas.
-Bueno, nos veremos entonces. Se despidió Atemu. Lo estaban esperando para comer y él no podía hacer esperar a su "amigo".
Joey salió de su sopor quince minutos después, sonriendo como en esos dos días lo había hecho.
-Esto es un fantástico sueño. No quiero despertar.
Y gritando de emoción corrió fuera del edificio y de la Universidad. Antes que nada debía de comunicárselo a aquella persona que sin mas pensó en automático.
Atemu miró a Joey correr fuera de las instalaciones y sonrió con gracia.
-En verdad Kaiba, estas loco, pero al menos se que tu "frialdad" no es eterna. Ojalá que ese muchacho te conceda un poco de su luminosidad.
Y burlándose de su "amable" patrocinador se encaminó a su destino. Ya más tarde tendría él que cuestionarse lo mismo que acababa de pronunciar.
El día pasó deprisa y como venía suscitándose desde hacía unos días, Yugi arribó solo a su casa.
Atemú tenía demasiado trabajo en el cual pensar, así como también hablar con los profesores y poner un poco de orden en aquel caos.
-"Soy el productor de esta obra y ya es momento de que se haga lo que Yo diga". Había sido el grito del muchacho cuando de nueva cuenta el profesorado había protestado por idioteces.
Yugi se había sentido orgulloso de aquella decisión. Yami estaba al fin teniendo confianza en sus pensamientos y del cómo solo él había acaparado la atención de medio auditorio mostrando las ideas, pros y contras de todo aquello.
Más él había salido sobrando al final, no por gusto de Atemu o él mismo sino porque las cosas estaban situándose en un nivel por él incomprensible y decidió que sería mejor para el egipcio hacer las cosas solo.
Así pues ahí estaba, en casa nuevamente y con una sensación extraña en el pecho que no podía arrancarse.
-Esto está mal. Se dijo, tomando asiento en su sofá favorito.
Aun continuaba con ideas "locas" sobre Joey y Yami, ¿más cómo no pensarlas si su rubio amigo había salido gritando del teatro?.
-Es inconcebible. Bufó, sintiendo aun más opresión en el pecho.
Después de todo Joey apenas había regresado de donde fuera que hubiera ido, no era coherente que Atemu se fijara en él tan rápido.
-Aunque tiene razón de fijarse en él. Joey es…un sol.
No pudo dejar de experimentar tristeza. A pesar de que jamás le había dicho a Joey sus preferencias, obviamente en muchas ocasiones su amigo le había arrebatado sin querer, a varios candidatos que habían llamado su atención en su pasado.
Claro que el rubio había denegado todo por Touma, sin embargo su poder de imán era y seguiría siendo muy fuerte.
-Es que Joey es todo lo que yo no. Es bien parecido, sonriente, amable, sincero, un poco impulsivo pero es al fin y al cabo lo que hoy en día más cuenta. Yo jamás podré ser como él.
Se hundió en el sofá con pesadumbre. Lo que le ocurría si era deprimente.
-¿Y ahora que te ocurrió?. Indagó Salomón quien había escuchado a su nieto arribar desde hacía rato.
-Nada. Solo estoy cansado. Mintió, no teniendo aun la confianza de rebelarle a su abuelo nada.
-Mmm, a mi me parece que es otra cosa.
-¿Cómo que sería abuelito?. Cuestionó el tricolor imitando su inocencia más reconocida.
-No lo sé Yugi, pero sí puedo decirte que desde que llegó ese…muchacho, todo por aquí ha cambiado.
-¿A qué te refieres?.
Era bien conocido que Yami no era de la simpatía de Salomón, sin embargo frente al joven egipcio demostraba su seca cordialidad y modales. Al fin y al cabo le estaba "pagando" la habitación. O eso decía Yugi.
-Tú lo sabes bien. Desde que él llegó todo aquí ha cambiado. Empezando por nuestras costumbres para finalizar contigo. En ocasiones te encuentras eufórico y otras triste como ahora. ¿Qué es lo que está ocurriendo, Yugi?.
El muchacho sabía que la preocupación de su abuelo era auténtica y con fundamentos, más no podía hablar por la simple razón de que ni él mismo sabía aun lo que le ocurría.
Así pues trató de salir de aquello.
-Solo he estado preocupado por la obra y por Joey. Hoy regresó abuelito y aunque no tuvimos tiempo para charlar, estoy más tranquilo. Y en cierta forma era verdad.
-¿Estás seguro?.
-Si. Claro.
La sonrisa tierna de su nieto no daba pie a duda, más su ojo agudo de investigador le decía lo contrario. Pero lo mejor era darle tiempo. Él sabía que tarde o temprano Yugi le contaría todo o en su defecto, él lo descubriría.
-De acuerdo. Confío en que tú sabrás tomar tus decisiones.
-Gracias, abuelo.
-Ahora pasemos a otros asuntos. Quedé de verme con unos colegas para discutir la nueva exposición en el museo central, así que probablemente tarde un poco en regresar. Encárgate de cerrar la tienda y de preparar la cena.
-Lo haré, abuelito. Asintió el muchacho sabiendo de antemano que era su deber.
-Bien, cualquier cosa ya sabes en dónde estoy.
-Si, pierde cuidado.
Y la mirada de Salomón le indicó al jovencito que perdía todo menos el cuidado. Mucho menos con ese extranjero merodeando la casa.
-¿Y en donde dejaste al señor egipcio?.
-Yami, abuelito, se llama Yami y aun está en la universidad. Rió Yugi al sarcasmo del hombre.
-Bien. Solo procura cuidarte y si llega tarde lo dejas afuera, ¿entendido?.
Con una carcajada Yugi asintió, despidiendo a su amado abuelo que aun y pese a todo presentía muy malas cosas.
Cuando la casa estuvo sola para él, se le ocurrió la idea de hacer una cena simple y una noche tal vez de películas.
En la universidad no había en realidad muchas actividades por la obra, así que podía darse el lujo de descansar un poco y de pensar en todas sus preocupaciones. Empezando por Joey y su misteriosa desaparición y terminando con Yami y esa opresión que continuaba sin irse de su pecho.
Con confianza innata cerró el establecimiento de Animes y se dispuso a cocinar. Años de experiencia lo avalaban como buen chef, así pues podía preparar kilométricos festines como cosas módicas y aunque su inquilino no dejaba de decirle que las modestias sobraban cuando se trataba de comida, él necesitaba lucirse por alguna extraña razón.
Abriendo el refrigerador se encontró con que faltaba despensa y concluyó que esa era la muy peculiar forma de su abuelo de indicarle que su presencia hacía falta en esa casa. Después de todo él siempre hacía las compras.
Mordiéndose un labio y cayendo su idea de algo simple, decidió ocupar cualquier cosa comestible y a su alcance.
-Veamos…pollo al horno…salsa de arándanos….no, esto parece más festín navideño que otra cosa. Rió, tomando una botella que oculta estaba en el fondo del frigorífico.-¿Vino blanco?. Abuelo. Insinuó, sabiendo que el viejo era el único que tomaba en esa casa.
Más la botella resultaba tentadora, no para beber sino para realizar un fino y rico platillo, en el cual puso manos a la obra.
-Tal vez esto no sea mala idea.
Por otro lado Yami arribaba a casa. Una colosal tormenta estaba por caer y se alegraba de tener un techo en el cual refugiarse.
Las cosas en el teatro no iban bien, más ese día se había dado a escuchar y todos, sin excepción habían aceptado sus ideas.
Ya era suficiente, siendo quien era tenía el derecho a opinar y denegar ideas. Él era después de todo el productor de aquella farsa y si iba a hacer algo bien, ya era hora de que colocara un dedo sobre el renglón.
-Al final no fue tan difícil. Sonrió, recordando los rostros atónitos del profesorado.
Más no por nada su orgullo era tan alto y el hacerse respetar lo llevaba en la sangre.
Cerró la puerta y agradeció aquella llave extra que Yugi le diera. Así no dependía tanto de aquel muchacho.
Se desprendió de la chaqueta y un olor peculiar le llegó desde la cocina. Alguien evidentemente estaba preparando la cena.
Antes de arriesgarse a toparse con el señor Salomón, cosa de la cual no gustaba por la perceptible tensión que había entre los dos, se asomó con precaución a la cocina, mirando entonces que era su pequeño casero quien cocinaba.
-Huele bien. Dijo, haciendo su entrada triunfal.
-Oh, ya llegaste. Fue el recibimiento que tuvo por parte del menor.
-Al parecer vas a lucirte de nuevo, ¿verdad?.
-No. Negó Yugi sonrojándose un poco.-Solo estoy haciendo algo aceptable.
Atemu debía reconocer que gustaba del sazón que el tricolor tenía. Un toque dulce y especial que hasta al paladar más exigente satisfacía.
-Lo que digas. ¿Qué estas preparado?.
-Ya te lo dije, cosas bobas.
Yami se colocó al lado de Yugi y miró atentamente los ingredientes, más en su revisión una botella llamó su atención.
-Vino. Hace tiempo no bebo una buena copa.
-¿Si?. La dejé para la cena. Quise imaginarme que gustabas de comer con algo así.
El pequeño no se equivocaba y el egipcio agradeció infinitamente esa oferta.
-Y dime Yami, ¿qué hablaste con Joey?.
La incertidumbre lo mataba y con tacto quiso acercarse a la verdad.
-Solo…cosas.
-¿Qué cosas?.
-No seas curioso. Sonrió el egipcio bebiendo un trago de aquella deliciosa bebida.
-No lo soy. Murmuró el bajito, removiendo la sartén.
-Ya te enterarás a su tiempo. Solo puedo decirte que Joey me dejó realmente impresionado.
De nuevo ese sentimiento y ahora podía acertar al decir que no le gustó en nada.
Así pues para evitar algo feo que pudiera escapársele de ese sentimiento, no habló más, siendo observado por Atemu quien lo imitó.
Quince minutos después comían de la misma forma, aceptando el silencio como algo precioso que les hacía realmente falta.
-¿Tú no bebes?.
-No.
-¿Por?.
-No me gusta.
-Oh, vamos. Solo un poco. No vas a dejarme solo, ¿verdad?.
Yugi habría dicho No de nueva cuenta, pero aquellas palabras resultaban tan convincentes que terminó asintiendo, a pesar de lo que pensaban.
El primer sorbo resultó fuerte, más los que le siguieron le causaron un cierto sopor y relajación que con nada había conseguido. Y vaya que lo necesitaba.
-No me vayas a decir que se te ha subido, Yugi. Apenas y fueron unos sorbos.
El aludido se tambaleó un poco cuando depositó la loza sucia en el lavaplatos, negando con la cabeza la afirmación de su invitado.
-Es solo que no estoy acostumbrado a beber, es todo.
Yami sonrió. El rostro de Yugi lucía sonrosado y divinamente encendido por algo que le causó cierta ternura, así pues incorporándose de la mesa lo haló de un brazo para llevarlo hacia la sala dónde le sentó.
-Es mejor que descanses un poco. Haz trabajado duro.
El menor aceptó aquello, estaba realmente cansado, pero algo que le dio vuelta a todo lo que pudiera haber pasado en un día normal, fue la siguiente pregunta.
-¿Qué piensas de Joey?.
De nuevo el rubio y el egipcio no sabía el por qué.
-Es…agradable.
-¿Nada más?.
-Si. Simpático, gracioso…¿qué más podría opinar sobre él?.
Yugi gruñó, aquella respuesta no le satisfizo.
-¿Y como…hombre?.
Atemu no entendió.
-¿Qué quieres decir?.
-Yo sé que te gustan los chicos, Yami.
Aquello no era pregunta sino afirmación y Atemu no supo que responder. Los violáceos ojos del tricolor brillaban de manera extraña.
-¿Y qué con eso?. ¿Te molesta?.
El poco vino que a Yugi le quedaba en la copa desapareció tras ser formulada la cuestión, cosa que le dio "valor".
-No. ¿Sabes?. A mi también me gustan.
Una maravilla, Yugi se había sincerado pero el extranjero no sabía si eso era correcto o no.
-Ah, que bien. Murmuró, comenzando a sentirse incómodo.
-¿Solo dirás eso?.
-¿A qué viene todo esto, Yugi?. Si nos gustan o no los chicos no creo que sea relevante para…
-Vi el cómo mirabas a Joey. Dime, ¿te gusta?.
El tono del menor era autoritario y el brillo no había desaparecido de sus ojos.
-Es atractivo y sería difícil decir que no llega a causar cierto gusto, pero…
-¿Pero?.
Yami pensó la respuesta, ahí estaba ocurriendo algo que no había planeado.
-No creo que sea de mi tipo.
-¿Y quien es de tu tipo?.
-Yugi, no creo que…
Más el muchacho dejó de lado la moral, su pensamiento, todo lo que no fuera sentimiento al cual siguió, siendo plenamente conciente de lo que hacía.
Incorporándose haló al egipcio y lo llevó hasta el ático, ahora habitación de huéspedes y cerrando perfectamente bien la puerta dio rienda suelta a lo que jamás en otras circunstancias haría.
-Me gustas Yami, me gustas mucho. Comenzó encarando al asombrado egipcio.
-Y no se si soy correspondido en este gusto, ¿pero sabes que, no me importa. Yo quiero continuar sintiendo esto que experimento cada vez que nos besamos y nos tocamos. Necesito hacerlo.
-Yugi no…
-Quiero que me hagas el amor, Yami.
Atemu tosió. ¿Había escuchado bien?. Yugi se le estaba insinuando y ciertamente no era nada despreciativo aquel muchacho.
Más todo lo que había estado tratando de evitar o contener se derrumbaba. ¿Qué hacer?.
-Yugi, escucha. Eres un ser mágico, con luz. Eres…maravilloso y lindo pero…no creo que sea yo el indicado para….
Para el menor las palabras salían sobrando y eso se lo indicó al egipcio cuando tomando la iniciativa lo besó con fuerza y pasión, transmitiéndole todo lo que estaba sintiendo en ese momento.
Se besaron como muchas veces antes, más algo en ese día era diferente. Tal vez la propia lujuria reprimida del extranjero o la fogosidad tierna de Yugi quien estaba reclamando y pidiendo algo que solo se esforzaba en ocultar inútilmente.
-Quiero que me hagas el amor, Yami. Volvió a repetir el muchacho, mordiendo el labio inferior de un Atemu quien ya no estaba tan seguro de negarse.
-No quiero lastimarte. Murmuró como un último vestigio de su cordura.
-No lo harás. Yo confío en ti.
Estaba hecho, no había marcha a tras y aunque Yami lo había hecho infinidad de veces, algo, tal vez el momento o su próximo amante le hicieron sentir que aquello era muy diferente y el principio tal vez de algo desconocido y agradable para él.
El amor estaba a punto de hacerse.
Seto terminó de guardar su documento. Había pasado parte de la tarde trabajando sin ninguna clase de molestia. Tal vez porque el rubio aun no llegaba o porque su hermano había ido a KC a hacerse cargo de los pendientes.
Noa había telefoneado, diciendo que su idea de realizar un juego había sido infantil, loca pero agradable. El adolescente se había divertido bastante en su "visita" y había aceptado ayudar a la compañía, siempre y cuando lo invitaran a jugar más seguido.
Un casi niño al fin y eso le agradaba al mayor de los Kaiba.
La felicidad de Noa era suya. En cierta forma se sentía culpable de que el muchacho estuviera en silla de ruedas. En primera porque él lo había incitado a seguir sus sueños y en segunda porque su padre le había echado en cara que gracia a él Noa jamás volvería a caminar en su vida.
Un fatídico episodio que jamás terminaría, no al menos que su hermano caminara.
-Y lo hará. Aseguró, pues estaba poniendo todo su empeño en ello. Las mejores clínicas y fisioterapeutas estaban a su disposición a pesar de los desplantes de su hermano y él no se daría por vencido tan deprisa. Noa caminaría y lo haría muy pronto.
Esa era su misión, la cual tal vez lo mantenía cuerdo y aparentemente sereno. La razón principal que contribuía tal vez a no marcharse de ese mundo.
Su hermano era todo lo que tenía e iba a conservarlo aunque eso le costara su vida.
Estirándose con pereza se incorporó, ya era tarde y planeaba pasar la noche en la mansión. No era bueno dejar de lado tanto tiempo a su hermano.
Más como todo lo imprevisible Joey apareció en el justo momento en que tomaba su gabardina.
-Buenas noches. Saludó con ironía el castaño, mirando la sonrisa deslumbrante del rubio.
-Hola. Y esa sonrisa creció, si se podía decir, cuando Joey se acercó a Seto Kaiba.
-Quiero contarte algo. Informó el recién llegado con toda la confianza que esos días le habían dado.
-Voy de salida. Argumentó el ojiazul, colocándose la gabardina sin mirar al rubio que no se dio por vencido.
-Vamos, no te quitaré tiempo.
Era mala señal el que Joey rogara y él accediera. Su estoicidad no estaba funcionando muy bien últimamente, menos cuando se trataba del rubio cachorro.
-Rápido.
La palabra hizo sonreír aun más al de ojos melados, por ello extrajo de su mochila un montón de hojas que le cedió al genio.
-Mira.
Con la ceja enarcada el millonario tomó el fajo de hojas y las examinó.
-¿Qué con esto?.
-Míralas, míralas bien. Alentó, igual que un chiquillo en navidad.
Seto observó con más detenimiento, percatándose de lo que aquello era.
Un guión y no cualquiera, era el guión de la obra universitaria, lo que le hizo saber que su petición había sido cumplida.
Ya podía decir entonces con cierta satisfacción que su filantropía estaba completa y que ya podía irse despidiendo de aquel cachorro perdido que retomaba su vida.
-El conde de Monte Cristo. Buena obra. Fue todo lo que dijo, volviéndole a entregar el guión a su legítimo dueño.
-¿Y no me preguntarás en dónde estuve?.
-No es asunto mío. Dijo con voz agria, guardando las llaves del departamento en la bolsa de su chaqueta.
-Vamos, no empieces. Gruñó Joey, haciendo un puchero que nuevamente el genio no pudo resistir.
-Bien, ¿en dónde estuviste?.
-Estuve ensayando. El productor, que por cierto me pareció al principio algo antipático pero ya no, me dio una oportunidad. Me dijo que mañana me haría un casting y que si lo pasaba sería el segundo de Jill. O sea que si se enferma yo lo supliré. ¿No es fantástico?. Gritó el muchacho con tanto júbilo que parecía ensayado.
-Me alegro por ti. Y en el fondo así era, aunque su estoicidad había regresado a su voz.
-Oh, vamos, ¿solo eso vas a decirme?.
-¿Y qué quieres que te diga?. Conseguiste lo que querías, buena suerte entonces.
Seto se dirigió hasta la puerta, más cuando giraba el pomo para dar final a aquel repentino exceso de felicidad en su casa, se detuvo al escuchar las cuatro palabras que cambiaron el rumbo de su vida para siempre.
-Sé que me ayudaste.
El castaño no respondió, mucho menos se giró.
-¿Creíste que jamás uniría cabos?. Se que ayudaste con la beca.
-Vaya, no se te va ni una. Se mofó Seto, más Joey no se dio por vencido. Aquello lo había meditado con precioso esmero y no estaba dispuesto a dejarse vencer por aquel muchacho que aparentaba ser un cubo inmenso de hielo.
-No y como vez ahora estoy doblemente en deuda contigo.
-No hace falta que te desgastes la existencia, Wheeler. Ya te dije que tomaras todo como altruismo y punto. Seto se giró. Estaba comenzando a cansarse de aquello.
-No me gustan las filantropías, todo lo que tengo me lo he ganado yo solo y con esto solo me dejas sabiendo que…
-¿Qué?. ¿Que soy un snob engreído y petulante que terminará muerto, con nadie recordándole y con una sola obra benéfica en mi vida?. Así es y la verdad me tiene sin cuidado.
-No. Negó Joey dejando el guión sobre el sofá.- Yo iba a decir que ahora se el buen y grandioso corazón que tienes. El cual teme salir porque no desea ser lastimado. Ahora me doy cuenta el cuanto nos parecemos.
El genio se rió. Aquello estaba ya rayando en las cursilerías.
-No digas bobadas. Tu y yo no nos parecemos en nada.
-Oh, si, si nos parecemos y tú lo sabes muy bien. ¿Ya no recuerdas aquella vez en el ascensor?. Descubrimos muchas cosas que…
-Tú, no tienes idea de lo que es mi vida y por muchas "coincidencias" que hayan existido no nos parecemos en nada.
De nuevo a las riñas, pero esa vez Joey no planeaba que las cosas terminaran a golpes.
Por eso mismo negó las palabras del millonario.
-Si, nos parecemos mucho. Ya se que nuestras vidas tienen divergencias pero…¿a caso no te has dado cuenta de lo solos que estamos?. ¿De la dependencia que formamos con amigos o familia y lo desprendidos que somos ante las cosas, solo por salvar a aquellos seres infinitamente importantes para nosotros?. Aunque tu seas frío y yo alegre, ambos ocultamos todo el miedo, toda la desilusión, todos los sacrificios en el interior. Sin esperar recompensa, sin esperar nada, dejando el corazón en cierta forma cada vez que realizamos algo.
Seto yo…te admiro.
El ojiazul frunció el entrecejo.
-No digas idioteces.
-No lo son. Es la verdad. ¿Crees que me habría tomado la molestia de recitarte todo esto solo por que si?. Nuestro orgullo es grande y legendario y hemos aprendido a convivir con él a pesar de lo explosivo que resultamos. Otra cosa en común.
Yo te admiro por todo lo que eres, aun cuando quieras aparentarlo todo. Te admiro por el enorme y buen corazón que tienes y que sin embargo jamás aceptarás.
Joey sonrió, impidiéndole el paso al millonario que comenzó a sentirse claustrofóbico.
-No te debo ni me debes nada. Terminemos con esto y olvidemos que un día nos topamos, Wheeler.
-¿Cómo olvidarlo cuando me has dado más que nada o nadie en esta vida?. Somos dos almas solitarias que se encontraron por casualidad en esta vida.
-No existen las casualidades, Wheeler.
-Entonces digamos que fue…el destino.
Joey no podía soportarlo más, así que queriendo o no se colgó del cuello del ojiazul y le besó con intensidad, con esa necesidad que siempre manifestaban en sus besos. Con la soledad, la alegría, con la duda que les carcomía a los dos el alma cada vez que se besan y se transmitían con la mirada infinidad de emociones que solo ellos dos conocían y descifraban.
Seto no supo como responder más que siguiendo el movimiento de los labios sobre los suyos, asegurándose de atrapar la estrecha cintura del rubio latoso que había llegado a revolucionar su vida entera.
Él no sabía si era todo eso que Joey le había dicho, solo sabía que era un ser muy solo y aceptaba que tal vez el dichoso destino si había confabulado con algo para acercarlos, para presentarlos y ahora…
Acercándose más, si era posible, Joey bajó sus manos por la espalda ancha del moreno, comprobando así que en cierta forma el muchacho era atlético y eso le encendió aun más de lo que estaba.
Se dio a la tarea entonces de vagar por aquella anatomía a su antojo, mientras su lengua se fundía en una lucha sin cuartel con la del ojiazul quien a toda costa quería mantener el control de la situación. Y en cierta forma así fue pues Seto, con su fuerza oculta, empujó al muchacho hasta el sofá, dónde lo sentó sobre el respaldo. Acción que le facilitó a ambos el beso y obviamente el acercamiento.
Joey abrió las piernas cuando sintió la suave piel del sofá bajo sus nalgas, de esa forma el cuerpo del castaño ajustó completamente contra el suyo, sacándole un pequeño murmullo al cual le faltaba muy poco para ser gemido.
Así pues en esa nueva posición el rubio no perdió tiempo y se adentró, con mucha maestría y pleno convencimiento de sus actos, bajo la camisa del castaño el cual se había desprendido de su larga gabardina desde el momento en que el beso pasó de ser manso a fogoso.
La piel era suave, herméticamente adorable. Con curvas divinas y vellos erizándose al contacto de diez dedos que sabían lo que hacían.
-No. Murmuró el ojiazul cuando el elástico del pantalón estaba siendo violado.
-Oh, si. Sonrió el rubio sobre los labios de su compañero, cerrando sus piernas alrededor de las largas extremidades del genio.
Seto no pensaba con coherencia pues de haberlo hecho se habría perdido de todo lo que a continuación experimento y de lo cual jamás, se arrepentiría.
Mordiendo el labio de Joey y haciéndole sangrar un poco es como de un solo movimiento lo cargó, haciendo gemir al muchacho de dolor y agrado.
-Esperemos entonces que no suceda algo malo.
Y el tono en vez de advertir surtió un efecto afrodisíaco pues las gruesas notas de aquella voz se transformaron en sensuales susurros que a Joey fascinó.
Con la experiencia que años en práctica obsequian, Joey continuó acariciando la piel del millonario, compartiendo ahora su expedición con su pelvis, la cual sensualmente se movía mientras Seto, atrapado entre los tentáculos en los que se habían convertido sus lenguas, llevaba su preciada carga hasta su habitación.
Sin desprenderse ambos cayeron en la cama, gimiendo roncamente cuando sus cuerpos realmente se tocaron.
-No se si esto es correcto. Aseguró la parte lúcida de la mente brillante.
-Ni yo, pero me gusta. Aseguró el rubio, comenzando a desabotonar con desesperante paciencia la camisa costosa de aquel hermoso muchacho.
Mientras Joey hacía lo suyo, Seto lo contempló. El rubio se veía hermoso, bajo la escasa luz que entraba por la ventana.
Su aire innatamente sensual y su desaliño por el reciente momento le hicieron sentir un fuego interno que lo obligaba a atacar, como depredador a presa.
En otras circunstancias habría dejado pasar todo. Empezando porque se trataba de Joey Wheeler, el mismo perro latoso que desde su primer día en la Universidad hizo su vida miserable, claro que él no se había quedado atrás regresando la pelota como el viejo refrán decía: "Ojo por ojo...", más para finalizar con todo aquello, ese mismo muchacho que le sonreía en ese momento con un brillo lujurioso en los ojos y la respiración entre cortada, había entrado a su vida de manera intensa, poniendo su mundo de cabeza y haciéndolo sentir lo que jamás nadie había podido. Incluso, podía decirse que estaba encendiendo de manera voluntaria su libido reprimido y eso en lugar de molestarle como era de suponer, le agradaba y mucho.
Así pues para no quedarse atrás, recostó a Joey entre violento, intenso y deseoso y sin el tacto que el chico había tenido para con sus botones desprendió la chaqueta de mezclilla que adornaba el tronco del muchacho para después encargarse de la camisa y abordar, con algo parecido al salvajismo, el cuello estilizado del ojimiel.
-Mmm, eso se siente bien. Sonrió Joey, ondeando sus caderas hacia las del castaño.
-¿Si?. ¿Y esto?.
El gemidito que salió de la garganta del rubio fue la respuesta a su interrogante pues con profunda dedicación, Kaiba estaba mordiendo su cuello que en ese momento estaba dejando su textura blanca para volverse roja.
-Ah, cielos, no pares. Pidió el chico, sintiendo escalofríos placenteros cuando su hombro fue abordado por los dientes blancos del genio.
Joey estaba perdiendo su mente para entregarla al fantástico mundo del placer. Estaba conciente de lo que hacía, no se quejaba porque él lo había propiciado, más necesitaba, por alguna extraña razón, hacer aquello con Seto Kaiba. En cierta forma se lo debía.
Los ojos melados se cerraron para continuar percibiendo la gama intensa de sensaciones que nadie, jamás, le habían hecho sentir con tanta intensidad.
Así pues en retribución sus manos viajaron de la espalda seguramente marcada por sus uñas, hasta el elástico del pantalón el cual en esa ocasión fue rebasado, adentrándose en los terrenos ocultos que estaba a punto de descubrir.
Algo parecido a un gemido escapo de los labios de Seto, quien para ese momento torturaba una de las tetillas del rubio con bastante insistencia.
-No hagas eso. Ordenó, gruñendo por ser interrumpido en su tarea.
-¿Qué no haga que?. Indagó con "inocencia" el rubio, volviendo a acariciar el sexo del castaño.
-Argg, eso. Suspiró sabiendo de antemano que estaba disfrutando esa caricia.
La sonrisa que se curvó en los labios de Joey fue tomada como mofa y castigada entonces con una nueva repartición de mordiditas sobre el torso y abdomen del muchacho, el cual enarcó la espalda con placer cuando su ombligo fue atacado por la sabia lengua del ojiazul.
-Esto es para que aprendas.
Y Joey miró un brillo diferente en los cerúleos ojos del castaño. Un brillo que se intensificó cuando las manos del mismo desabotonaron su pantalón y lo bajaron de sus caderas, dejándolo prácticamente desnudo y a merced de aquellos ojos que lo desnudaron, jurado estaba, aun más con pasión.
-Si la vez que te quité la ropa después de ese remojón, me hubiera dado cuenta de lo que ahora veo, te habría violado.
-Depravado. Sonrió Joey, causándole cierta excitación aquella frase.-¿Y ahora que harás?.
Seto se lamió los labios, evidentemente había dejado de ser él, señor don perfecto para transformarse en lo que durante años había mantenido oculto.
-Uhhh, eso si se ve interesante.
Con la sonrisa incitadora que el rubio lanzó fue como al mismo tiempo en que Seto se abalanzaba sobre sus labios, él retiraba la última prenda del cuerpo de Kaiba, percibiendo la perfección aun antes de mirarla. Así pues tan impulsivo e impaciente como era, se giró, siendo él quien mirara con ojo depredador al enigmático genio.
-Wow, ocultas muy bien tus posesiones, ¿verdad?.
-Solo para aquellos que son merecedores de verlas.
Ambos sonrieron y para darle un toque más sensual al asunto, Seto se movió, extrayendo de la suave garganta del rubio un erótico gemido que aumento cuando las manos del millonario acariciaron sus muslos, piernas y recorrieron su cadera hasta posarse con deseo en su vientre.
-¿Y eso que te pareció?. Indagó el castaño, sonriendo ante las mejillas rojas de su compañero.
-Pues yo digo, que está muy bien. Hazlo de nuevo.
Fue una orden a la cual Seto no se negó pues cual felino entrenado, el de ojos castaños se recostó sobre su cuerpo, lamiendo su mentón con el aire místico y sexual que había aumentado.
Ambos se movieron, experimentando los roces, las caricias, los besos sobre la piel erizada que culminaba en gemidos por ambas partes. En ambas gargantas y en ambos cuerpos que sudorosos no se quejaban sino que contribuían a más.
-Hagámoslo. Susurró Joey cuando volvió a sentarse a horcajadas sobre el cuerpo del castaño.
-Se suponía que no había nada personal entre nosotros, Joey. Indicó, sentándose para aun tener al rubio sobre su regazo.
-Y no lo hay. Asintió Joey, percibiendo el dedo que diestro y lentamente se abrió paso en su interior y que le hizo estremecer como hacía mucho no lo percibía.
-Este no es tú pago, ¿verdad?.
-¿Pago?.
-Sabes de lo que hablo.
Y sonrió cuando Joey lanzó un largo y delicioso gemido que le hizo sentir importante y si, su dueño.
-No. Lo hago porque quiero.
-Esto es una locura. Murmuró Seto cuando tres de sus dedos se adentraron con gráciles movimientos en el interior de su amante y este en retribución acarició su erección olvidada pero no por eso menos explorada.
-Yo más bien creo... Añadió Joey alejándose un poco para agacharse y succionar lentamente el sexo del genio, el cual gritó alto pero de puro gozo.
El muchacho entonces lamió la extensión con meticuloso cuidado, sabiendo que debajo de aquella imponente espada se alojaba la sensibilidad completa de todo hombre, llegando a ella rápidamente cuando con leves mordiscos comenzó a venerar lo que muy pronto tendría más cercanamente.
Seto se sintió en el paraíso aun sin creer realmente en él. Instintivamente cerró los ojos, dejó que su cabeza cayera hacia atrás y sin preocuparse de los sonidos desconocidos que salían de su garganta se limitó a disfrutar aquello deliciosamente pecaminoso que el rubio le estaba haciendo.
Más antes de tocar las estrellas Joey se apartó, mordiendo, como Seto lo hiciera en un principio: abdomen, torzo, tetillas, cuello y barbilla más la extensión de piel que aun le faltaba explorar.
Cuando los labios se lamieron en una erótica caricia, ambos se miraron fijamente por primera vez esa noche y supieron, que aunque el mundo y su conspiración estuviera ahí, en ese momento solo podían existir los dos.
Azul y castaño, fuego y pasión. Un colorido mensaje de lo que ya era imposible ocultar.
Así pues besándose con renovada pasión, Joey susurró el término de su oración.
-Yo más bien creo, Seto, que esta es una locura Necesaria.
Y mas de acuerdo el genio no pudo estar pues ansioso como solo él pero tan perfeccionista como su leyenda, tomó las caderas de su vigoroso amante y con lentitud impropia de él se fue adentrando en la magnífica y poderosa estreches que el cuerpo de su ahora amante poseía.
Cada intento de entrar era un gemido entre doloroso y placentero para Joey y exquisitamente estimulante para Seto.
Al final y ante la desesperación de la lentitud, el genio salió y entró rápidamente, completando de esta forma la unión.
Joey se abrazó a su compañero, mientras que el besaba su cuello, tratando de calmar la molestia o dolor que estuviera sintiendo.
-El ritmo marca la diferencia.
-Tan directo como siempre.
El de ojos melados sonrió y comenzó a moverse, siendo él quien llevara el ritmo de las embestidas que fueron subiendo en intensidad conforme el castaño lo indicaba.
Para Joey aquello era distinto, mágico. Mentiría si dijera que aquella era su primera vez, más sin embargo algo en su interior le decía que así era.
Jamás lo había hecho como en ese momento. Jamás había hecho el amor con todas la lujuria, pasión y a la vez precaución que el genio estaba poniendo en ese momento.
Todo era muy diferente a sus anteriores veces y eso le gustó.
Seto volvió a sentir el sabor metálico de la sangre. De nuevo había mordido a Joey.
Estaba experimentando algo que no había estado planeado, que había sido espontáneo y que comenzaba a parecerle realmente interesante.
Nunca había sentido aquellas emociones. Jamás había experimentado tan intensamente la unión de alguien, mucho menos había gozado con la sensación que Joey le transmitía en sus gemidos.
Posesión, deseo y cuidado. Eso era lo más palpable entre los dos, pero sobre todo eso, que a pesar de latir intensamente al ritmo de las embestidas, aun se negaba a salir de ambos corazones.
El rito estaba a punto de llegar a su fin por lo que recostando a Joey fue como Seto retomó cierto control de la situación, haciendo participe al rubio de sus emociones cuando en un hábil movimiento tomó la virilidad del muchacho para repetir lo que este había hecho con la suya.
-Seto. Gimió el rubio, totalmente exento del espacio y el tiempo.
-Me gustas. Se aventuró a decir el castaño, cosa que en sus cinco sentidos jamás habría dicho.
-Y tú...y tú a mi.
La pasión era grande y las envestidas erráticas les obsequiaban un delicioso placer que ambos estaban disfrutando al máximo.
Antes, entonces de llegar al clímax, Seto reclamó los labios de su amante para sumirse segundos después en un orgasmo majestuoso y único cuyo único fin fue el de proporcionarles el mejor de los placeres.
Cansados, sudorosos y con la razón adormecida fue como volvieron a mirarse. Como volvieron a distinguir los colores del universo, del tiempo y del espacio. Como tomaron conciencia de que acaban de tener sexo o incluso más que eso y de que a pesar de todo lo que pudiera recorrer sus mentes lo habían disfrutado, por la extraña y única razón de que habían sido uno en brazos del otro.
Con una sonrisa traviesa, Joey lamió nuevamente los labios hinchados de Seto, el cual se permitió una sonrisa discreta pero que compartía toda la emoción que su boca no sabía expresar.
-En cualquier momento sucedería. Indicó el ojiazul en susurros, no queriendo romper el momento.
-Lo sé. Nuestra tensión sexual era inmensa. Los besos ya no eran suficientes. Asintió Joey, recostando su cabeza en el hombro de su amante cuando este salió completamente de él.
-¿Así que locura necesaria?.
-Si, lo es, ¿no?.
Inseguro, Joey le miró a los ojos y en lugar de dudas encontró un enorme y bello brillo que fue comparable solamente con el suyo.
-Si cachorro, fue una locura realmente necesaria. Y se fundieron en un beso, sin importarles las circunstancias, la vida, el mañana, solo el momento. Pues es en realidad lo que a partir de ese instante importaría entre ellos. Solo, el momento.
Continuara...
Feliz año a todos y cada uno de ustedes, espero este nuevo año traiga...todo lo que desean.
Lo siento por el intro de Lemon entre Yami y Yugi pero o eran ellos o los otros y pues...ya sabrán jeje, sorry a sus fans, espero poder hacer algo pronto
Gracias por sus muestras de apoyo, me animan mucho día a día sobre todo en tiempos difíciles.
Cuídense mucho, espero verlos pronto y recuerden dejarme su e-mail para poderme comunicar con ustedes Su amiga:
KLF
