TITULO: Dreams
Capitulo: Inesperadamente
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: Solo para dar salto al tiempo. Necesito ir rápido o los tendré la eternidad completa leyendo Fash Back , así pues trataré de adelantar bastante y me brincaré (aunque en mi cabeza permanecerá completo) las cosas que no sean relevantes, así mismo omitiré la presencia de varios personajes hasta que lo crea pertinente. Quiero basarme más en la relación de estos cuatro para agilizar, como les dije, la historia. Por su eterna paciencia y apoyo, les agradezco sinceramente en el alma. Su amiga:
KLFCuando Yugi abrió los ojos sintió que había subido a las tazas giratorias, a la rueda de la fortuna y a la montaña rusa. Todo le daba vueltas y sin embargo cuando quiso incorporarse de la cama se dio cuenta que también todo el cuerpo le dolía.
Que curiosa sensación resultaba todo aquello.
Suspiró al mirar que la lluvia de la noche pasada ni siquiera había sido notada por él y al regresar en si después de despedir al sueño, recordó.
Había hecho el amor con Yami o al menos eso pensaba él pues a una unión tan hermosa y llamativa como lo había sido la noche anterior no podía nombrársele de otra manera.
Giró a su derecha, ahí donde bocabajo y huyendo de cualquier tipo de luz dormía el egipcio.
Sus cabellos antes "limpiamente peinados" yacían abajo, al igual que los suyos.
Lo que necesitaban ambos era un peine con urgencia o un baño.
Esto ultimo resultaba tentador. Jamás habría imaginado lo que ser Seme dolería. Más no se quejaba. No se imaginaba siendo Uke más tal vez, si Yami le enseñaba y accedía, algún día podría llegar a hacerlo.
Sus pensamientos le sacaron el primer color del día y no pudo evitar sonreír ante sus propios y depravados deseos.
Había sido su primera vez. Había descubierto un millón de cosas que había ignorado siempre, pero sobre todo que el poder del vino hacía actuar impetuosamente.
Estaba seguro de jamás querer volver a probar el licor, toda la valentía posible la tenía ya en su mano y no pedía más que un beso dulce de Atemu.
-¿Ya despierto?. La ronca voz del egipcio le hizo sonreír.
-Ya sabes que suelo levantarme temprano.
-Si, es bueno recordarlo para otra ocasión. Bostezó el muchacho cuando Yugi se acercó a él y lo besó con ternura.
-Buenos días entonces. La frase del egipcio le había dado esperanzas al menor y eso fue el mejor despertar del mundo.
-No, aun no. Déjame dormir otro poco. Se quejó Yami, acurrucándose junto a un Yugi que rió divertido.
-No pensé que fueras tan flojo. Vamos, hay que ir a la universidad hoy.
-Mgh. No vayamos.
-Tenemos qué. Tú mas que nadie.
-Cielos, a veces odio ser tan importante.
Yugi volvió a reír. Esa fase era nueva para él y sin embargo le agradaba. Por eso y para desperezar un poco a su nuevo amante se introdujo bajo las mantas e hizo algo que en verdad despertó al egipcio por completo.
-Oye, no hagas eso.
-¿Por qué no?.
-Porque no responderé de lo que pueda ocurrir.
-Entonces nos arriesgaremos. Rió el menor, haciendo gemir al extranjero.
-Yo te lo advertí, Yugi. Dijo Atemu, introduciéndose él también bajo las mantas de donde no salieron sino hasta media hora más tardes, totalmente despiertos y si, muy satisfechos.
Se ducharon entonces entre risas y besos robados. Entre una extraña felicidad en el alma y un hermoso sueño que al menos uno de ellos estaba dispuesto a defender pese a todo.
-¿Quieres desayunar?.
-¿Crees que tenemos tiempo para eso Yugi?.
-Si tuvimos tiempo para "eso", lo tenemos para comer. Tengo hambre.
Si, Yami había creado un monstruo y en realidad no se arrepentía.
Había sido la noche más increíble de su vida. Sentir la entrega, la pasión, la dulzura y cariño de Yugi había sido...mágico.
La verdad no podía ni sabía darle nombre a ese sentimiento, a eso que había ocurrido la noche anterior y sin siquiera preverlo.
Había sido una locura y solo rogaba por no pensar más allá de lo que eso había sido: simple sexo y punto.
Pero para el pequeño Yugi no había sido simple sexo, sino algo mucho más importante que estaba seguro había revolucionado su existencia para siempre.
Un par de diferentes pensamientos. Un par de sensaciones desiguales, pero un par de corazones que sin saberlo, unidos ya se encontraban.
Ambos muchachos, después de comer algo rápido, salieron hacia la universidad en el auto de Yami. Con sonrisas en labios, con bromas y empujones pequeños, pero con una chispa diferente que no pasó desapercibida por el viejo Salomón quien desde su lugar oculto lo había observado todo desde que el par hubo bajado de la habitación.
La noche anterior su cita se había prolongado, por lo que al llegar a casa y mirar las luces encendidas a pesar de la tormenta, se exaltó.
Había llamado a su nieto hasta el cansancio. Lo había buscado por cada rincón, hasta topar con el ático, el cual se encontraba cerrado por dentro y la única forma de acceso era con la llave que el "huésped" debía de tener.
El había vivido demasiado como para no saber lo que esa chispa en los ojos violáceos de su nieto significaba. No por nada su edad y experiencia lo respaldaban y si hacía memoria podía decir y acertar en que el brillo de Yugi era el mismo que su madre había tenido alguna vez cuando conoció a su futuro esposo.
Amor, esa era la palabra pero había algo más en lo cual no quería pensar.
-No pienso perder a otro ser querido. Ya no. Aseguró y siendo él, un respetable analista arqueológico se prometió no descansar hasta no demostrarle a su nieto la clase de fichita que era en realidad ese tal Yami.
Él estaba seguro de haberlo visto en alguna parte, solo que aun no lo recordaba.
-Nada bueno puede esperarse de tipos con esa oscuridad tan sobresaliente. Afirmó, teniendo en cuenta que ya no tenía mucho tiempo para "desenmascararlo" pues si las manecillas continuaban avanzando, podría resultar que Yugi se enamorara realmente de ese patán y ni todas las sugerencias del mundo resultarían convincentes.
Era tiempo de poner manos a la obra y todo claro está, por el bien de su amado nieto.
La sensación entre sus piernas era dolorosa. Había despertado varias veces con la misma y sin embargo ninguna como aquella.
¿Qué hacía esa situación tan diferente?. Sencillo: Su amante.
Antes, podía decir que era algo incierto el despertar después de haber tenido sexo.
La incertidumbre de girarse y no encontrar a su amante lo llenaba de penurias y aun así si lo encontraba, el no saber si se quedaría o no lo suficiente con él era algo que le oprimía el pecho con angustia.
Pero como lo había recordado hacía momentos, esa vez era diferente y aunque le daba la espalda a su amante, sabía que este estaba ahí, aguardando y despierto como en esas veces que entre delirios de enfermo recordaba haberlo visto.
Con sutileza entonces se giró, provocando que la manta que cubría su desnudez se deslizara con facilidad por su cuerpo hasta llegar a su cintura de donde no permitió que se moviera. Más por frío que por vergüenza.
Y tal y como lo había supuesto, ahí estaba él. El hombre con el que había compartido una especial, diferente e intensa noche apasionada dónde todo, absolutamente todo había resultado fascinante.
-Hola. Saludó con un hilillo de voz.
Pero el ojiazul no respondió, simplemente permaneció mirando el techo.
-Fría mañana, ¿no crees?. Sonrió, pero de nuevo recibió el silencio por parte de su compañero.
Joey entonces se sentó sobre el colchón, recargando su espalda en la cabecera y teniendo cuidado de no moverse demasiado. Le costaría sentarse ese día.
-Seto, ¿me estás escuchando?... Seto, no te comportes como si no me escucharas, se que lo haces...Seto, ¿por qué...?
-¿Por qué lo hicimos?.
No era lo que esperaba de respuestas, pero al menos el millonario había hablado.
-Porque lo queríamos. Fue lo mas sencillo y verídico que se le ocurrió decir. ¿Por qué más habría sido?.
Por primera vez esa mañana Seto Kaiba miró a su interlocutor.
Lucía despeinado y bastante desorientado, más la desnudez de su torso y las suaves curvas de su cuerpo dibujadas bajo las mantas le hicieron recordar los sucesos de la noche anterior.
Joey era hermoso, en realidad lo era y lo vivido hacía unas horas había sido lo más espectacular de toda su vida.
Más su mente acostumbrada siempre a pensar con raciocinio no le permitía volver a sentir y perderse en ellos como la noche anterior, sino que por el contrario y desde que despertara había estado dándole vueltas a aquel asunto.
Admitía que lo había pasado fantásticamente bien, pero de ahí a otra cosa...aun no estaba preparado para eso.
Un paso a la vez decía todo el mundo más él estaba acostumbrado a lidiar con hasta cinco al mismo tiempo. Más eso rebasaba cualquier expectativa e ideal suyo.
Realmente Joey Wheeler había removido demasiadas cosas.
-¿Realmente lo queríamos o fue el fruto de otra cosa?.
El rubio frunció el entrecejo, esa no era su idea de despertar "bien".
-En realidad no lo sé pero lo hecho, hecho está, ¿no?.
Kaiba enarcó una ceja y sin esperar nada más se incorporó de la cama para dirigirse al baño. Poco le importó su desnudez.
Joey entonces supo que debía actuar rápido pues de otra manera aquello se terminaría antes de empezar. Aunque en realidad no sabía que empezaría, solo sabía que no deseaba perderlo.
Así pues siguió al castaño antes de que asegurara la puerta.
-Seto, ¿qué fue todo eso?.
-Déjame asearme. Me siento pegajoso. Indicó con una mueca de asco que la noche anterior había sido de gozo.
-No es para tanto. Vamos, dime lo que fue todo eso.
-Qué tú estés acostumbrado a estas...cosas, no significa que yo si. Ahora, dame mi espacio, Wheeler.
Kaiba estaba enfadado y Joey no sabía el porque, más decidió darle su "espacio" al muchacho antes de que tomara y sumergiera su cabeza en el retrete.
Volvió a la cama y se sentó con lentitud.
De ser sincero no entendía absolutamente nada de lo que ahí sucedía. Seto se comportaba de manera apartada, como cuando lo había conocido y eso no le gustaba.
¿En dónde había quedado el amante fogoso y hasta dulce de la noche anterior?.
Para él también era confuso aceptar que se había acostado con el que hasta hacía poco era su enemigo jurado, pero lo habían hecho y como todo en su vida no gustaba de buscarle demasiada explicación al asunto.
-¿Por qué no puedes verle el lado amable a las cosas?. Gruñó a la puerta del baño, sabiendo que no tendría respuesta.
Así pues se recostó en la cama. Era difícil para él asimilar todo eso tan deprisa. Un día estaba a punto de morir por Touma y al otro estaba despertando junto a un hombre apuesto, rico pero con tantas cosas que aprender como ni un niño podía.
Era...confuso pero como le dijera al ojiazul la noche anterior, necesario.
-Tarde o temprano llegaría, nuestros besos ya no eran suficientes. Se afirmó así mismo.
-¿Y esto si lo es?.
La voz frente a él lo hizo enderezarse para toparse a un acicalado muchacho quien lo observaba atentamente.
-Wow, que rapidez.
-Responde lo que te pregunté.
-¿Por qué me hablas así?.
-Yo te hablo como me da la gana.
-Oye, pensé que después de lo de anoche...
-Solo fue sexo, Wheeler. Supéralo. Ya deberías de estar acostumbrado.
No, no podía repetirse la historia. Era lo que gritaba la mente del rubio cuando miró al castaño salir de la habitación.
-Se...Kaiba. Llamó, olvidándose de todo lo que no fuera él.
-¿Qué quieres?.
-No hemos terminado de hablar.
-Yo digo que si. Así que vístete y vete. No quiero verte de nuevo por aquí.
Un puñal enterrado limpiamente en la aun no herida cicratizada. ¿Por qué tenía tan mala suerte?.
-No puedes...¡NO!. Gritó, deteniendo los fatídicos pensamientos que pudiera memorar.
Kaiba por otro lado prefería no pensar o decir nada. Ya después, en otro momento, día o año tendría el tiempo para meditar en eso, más el grito de Joey lo paró en seco como la noche anterior, con la diferencia de que en esa ocasión si encaró al rubio.
-¿Qué quieres decir con No?.
-A eso, no puedes hacerme esto. No puedes...
-No entiendo nada de lo que cacareas. De perro haz pasado a ser pollo. Esto es increíble. Se mofó el castaño más los ojos melados de Joey no mostraban ira, sino mucha tristeza. Casi podía decir que semejante a la de aquel día, donde bajo la lluvia le tendió la mano cuando jamás lo hacía.
-Tengo miedo. Murmuró Joey dejándose vencer por la infinidad de malos recuerdos y sensaciones que lo abrumaban.-Tengo miedo al mundo, a la vida, a la gente. Ya no se puede...ya no se puede confiar en nadie.
-Lo que sucedió anoche no fue...
-Importante, lo sé. Ya estoy...acostumbrado a eso, como tú dices.
Había visto llorar a muchas personas en la televisión, en las telenovelas, en la vida real a su lado, incluso a ese ser frente a él, pero jamás, ni ese día bajo la lluvia, había visto el llanto tan nítido como en ese momento lo observaba.
Joey evitaba a toda costa llorar, derramar las lágrimas que se reunían en sus orbes. El dolor era tan palpable que se sobresaltó y eso no le gustó.
-Me iré de tu casa, solo voy a...vestirme.
Ni una palabra más y el rubio giró para caminar hacia la habitación, en ese momento Seto supo que ya no había marcha atrás. La noche anterior a pesar de sus dudas y el difícil pasado que tenía de por medio, su mundo cambió y todo por el cachorro dorado que parecía llevar el sol en sus ojos.
-Joey. Llamó, sin saber en realidad el porqué lo había hecho.
El aludido se detuvo, solo esperando escuchar lo que ya estaba acostumbrado a oir.
-No es fácil.
El rubio se giró ante la sorpresa de escuchar esa declaración.
-¿No es fácil?. ¿Qué no es fácil?.
-Todo esto.
-¿Y crees que para mi si lo es?
-Pareces tomarlo con demasiada normalidad.
Joey sonrió con ironía. Realmente no lo conocía.
-Pues déjame decirte que no lo es. ¿Cómo sabes lo que siento al saber que dormí contigo?.¿Precisamente contigo que hasta hace unas semanas no podía verte sin pensar en asesinarte?. Mi vida no ha sido fácil y a pesar de eso quiero creer que...
-No estoy acostumbrado a esto. Me educaron para no sentir, solo para pensar. No es fácil admitir...admitir que eso que vivimos anoche fue perturbador, nuevo y asombroso en mi vida.
No es fácil decirte que en realidad era inevitable y necesario, y que...lo volvería a repetir de nuevo pero solo...contigo.
El de ojos melados abrió la boca. ¿A caso Seto Kaiba le acababa de decir lo que creía?.
-¿Qué?.
-No volveré a repetirlo. Gruñó el ojiazul, haciendo un gran esfuerzo por no mandarlo todo al diablo.
Ya no se reconocía, ya no era el meticuloso muchacho genio que todo lo basaba en hechos y cifras. Ahora todo su interior era un caos por culpa de ese rubio bobo y a pesar de no saber el como expresarse correctamente le había dicho la verdad. Ante todo siempre la decía, él nunca, jamás mentía.
-Seto yo...cielos, no se que decir. Jamás en mi vida me habían dicho que deseaban estar de nuevo conmigo. Esto es...nuevo.
-Lo es. Muy nuevo. Asintió el genio comenzando a sentirse tonto.
Pero Joey rió y antes de que el millonario pudiera enfadarse fue abrazado con fuerza por el cuerpo desnudo que la noche anterior había sido suyo.
-Para mi también es difícil, aunque no lo creas. Pero me gustó mucho estar contigo, me gustó mucho, ¿y sabes qué?. Lo volvería a hacer. Susurró, antes de besar al castaño tal y como siempre lo hacía: sorpresiva y fogosamente.
¿Qué ocurría ahí?. Con exactitud no se sabía, solo que tarde o temprano ambos terminarían por admitir eso que el tiempo, las normas, la sociedad y sus propias culpas no les permitían exponer, por temor a no ser correspondidos.
Un mes había pasado y a pesar de toda emoción vivida y experimentada, el cuarteto continuaba junto.
Joey había realizado su prueba frente al profesorado y había sido ovacionado de pie, como solo un maestro se lo merece.
Ante los halagos había sido electo sustituto de Jill y de no ser por los alegatos de la directora, habría pasado a sustituirlo por completo.
Pero la oportunidad había sido suya y demostrar su sueño era todo lo importante.
Por otro lado la relación de Yugi con Yami iba viento en popa o al menos eso creía el pequeño. Noches de pasión no faltaban y también sentimientos que crecían a pesar de no saber que existían.
Seto continuaba dividiendo su tiempo entre la empresa-hermano-trabajo y ahora Joey que aparecía cuando este menos se lo esperaba. Más estaba acostumbrándose a esos hábitos y podía hasta decir que le gustaba que interviniera en su vida.
Muchas cosas que hacer y descubrir pero sobre todo sensaciones que debían ser aclaradas antes de que algo pudiera pasar.
-¡¿QUÉ!
-No grites tan alto, ¿o quieres que se entere hasta el decano?.
Yugi negó mientras parpadeaba, más lo que su mente repetía como eco continuaba dejándolo perplejo.
-Es...es que lo que me dices es...
-Ya lo sé. Resopló el rubio posando sus manos bajo la nuca.-Pero así es la vida, ¿qué se le va a hacer?.
-Lo dices con demasiada simpleza, Joey.
-Pero es que es simple.
El de ojos violáceos enarcó una ceja. Había ocasiones, como aquella, que no entendía a su mejor amigo pero al menos debía agradecer al cielo que después de un mes Joey se dignara en contarle lo que había sucedido con él en su tiempo ausente.
Hasta ese momento las cosas no iban tan mal, pero enterarse de cosas que jamás, nunca, ni en sueños se había imaginado sucederían, si lo hizo recapacitar sobre ese mundo loco.
-No me mires así, Yugi. ¿O me vas a decir que tú no aprovecharías la oportunidad si la tuvieras?.
El aludido sintió a sus mejillas teñirse de rojo. Cuando Joey quería ser gracioso lo era, mucho más con su pícara forma de ser.
-Yo...
-Hay Yug, la verdad es que no puedo quejarme. El sexo es riquísimo.
Si, el muchacho se sonrojó completamente ante la frase pues mientras el rubio la decía como si el meteorólogo del canal local dijera el clima de ese día, él la imaginaba y no precisamente con Joey como protagonista.
La cosa era que el rubio acababa de confesarle que era amante de nada más y nada menos que de Seto Kaiba. El multimillonario hombre del cual Joey llegó a quejarse o al menos mencionarle como: desecho humano.
Él conocía perfectamente de quien se trataba, no era un secreto para nadie que el muchacho castaño y de mirada fría era un genio industrial, que había decidido "estudiar" en esa universidad solo por capricho. O al menos eso decía la prensa sensacionalista.
Pero algo era seguro: Joey y Kaiba eran como el hielo y el fuego. Tal vez eso había contribuido a su unión.
-Te has quedado mudo, ¿sucede algo?.
-No. Se justificó el de cabellos alborotados.- Es solo que aun no me explico como alguien como él, está con alguien como...tú.
-Eso se escuchó muy despectivo. Gruñó el muchacho.
-No es por ofenderte, Joey, pero sabes que tengo razón. ¿A caso lo suyo va en serio?.
-Pues...la verdad es que no lo sé.
-¿No lo sabes?. Joey. No puedes irte acostando con las personas sin saber si lo tuyo es serio o solo...
-¿Quieres decir como Touma?.
Yugi volvió a sonrojarse. No había olvidado al muchacho de ojos verdes quien durante casi toda la vida del rubio había sido su tormento.
Él pensaba en la posibilidad de que Joey estuviera vengándose del ojiverde de alguna manera y para eso, acostarse con una celebridad era más que suficiente. Bien era sabido el tamaño del ego de Touma.
Más algo, tal vez el mismo brillo que él tenía cuando evocaba a Yami y que su amigo demostraba al hablar de Kaiba, fue lo que le indicó que el ojiverde estaba totalmente en el olvido. Lo suyo con Kaiba iba en serio pero tal vez aun no se daba cuenta.
-Él es muy bueno, aunque jamás lo admitiría. Es un cabezota con un corazón del tamaño del mundo.
-No sabría darte la razón, amigo. Yo en realidad no lo conozco.
-Tú créeme. Él es como te digo y punto.
Y Yugi le creyó, porque Joey jamás mentía y porque el brillo se intensificaba cada vez más.
-¿De que te ríes?.
-De nada, solo estaba pensando en lo que me has dicho. Parece novela trágica.
-Ja, ja, di lo que quieras. Bufó con indignación el de ojos melados.-Pero las cosas fueron como te dije. Él me ayudó cuando más lo necesitaba y es gracias a él que estoy aquí y no solo eso, con un protagónico en la puerta.
El orgullo en la voz del muchacho acalló las dudas de su compañero. Toda hipótesis que pudiera hacerse estaba totalmente desvanecida y afirmada.
Al fin, tal vez y después de tanta penalidad Joey había conseguido su regalo de la vida.
-Me alegro por ti Joey, solo ten cuidado, ¿quieres?.
-Lo tendré. Además ese engreído no puede decirme nada que ya no sepa.
Júbilo y sonrisas, ojalá el tricolor pudiera contarle de lo suyo con Yami, pero la timidez y el desconcierto no le permitían sincerarse con su mejor amigo.
Tal vez después, cuando Atemu y él tuvieran más tiempo y el pudiera estar seguro de esa "relación".
Lo confuso de todo era la actitud del egipcio. En ocasiones se comportaba meloso y encantador, otras su parte fría salía a relucir y el resto, el desdén completo hacía él.
Eso si, las noches apasionadas eran únicas pero él, quien por mucho tiempo había vivido reprimido, deseaba salir de su caparazón y enfrentarse al mundo. Deseaba ser sobre todo feliz y sabía que eso solo podía lograrlo con Yami. Él era sin lugar a dudas su elegido.
-¿Sabes, hace mucho que no voy a tu casa. ¿Por qué no me invitas a cenar?.
-¿Qué?.
-Si, invítame.
-Pero pensé que tú...
-Seto no tiene en mi una "ama de casa", que esté saldando mi cuenta es una cosa, que me tenga de esclavo es otra muy diferente y Joseph Wheeler no es ni será jamás esclavo de nadie. Que se prepare la cena si tanto quiere comer.
Yugi palideció, no por negarse a invitar a su mejor amigo, el cual siempre era bien recibido en casa por su abuelo, sino porque ahí se encontraba Yami y él aun no podía decirle que el productor de la obra estaba viviendo en su casa. ¿Qué pensaría su amigo de él?.
-Yo...
-Pero te has puesto pálido. Hombre, que no creo que sea para tanto. Sino quieres invitarme no lo hagas y asunto resuelto.
-No es eso Joey, es que...
-¡Muchachos, que bueno que los encuentro.
La entrada inesperada de Tea ayudó en el sufrimiento de Yugi.
-¿Qué ocurre Tea?. Parece que te viene persiguiendo el circo de pulgas.
-Muy gracioso, Joey. Gruñó la chica tras detenerse frente a ellos.-Lo que sucede es que el profesorado mandó a junta general, como el estreno está ya en puerta, necesitan reafirmar algunas cosas y necesitan a todos los involucrados ahí.
-¿Y tú estás en la obra?. Jamás te he visto. Añadió el rubio con su legendaria "sutileza".
-Joey bobo, claro que estoy en la obra, ¿sino porque tendría que venir a buscarlos?.
-¿Y que papel haces, claro, ¿si no es mucha indiscreción?.
-Soy nada mas y nada menos que la dama de compañía de Doña Mercedes. Pronunció Tea con gran solemnidad.
-Oh, ya veo. Eres la mucama que dice: "Si señora, en seguida".
-No, Dama de compañía y digo: "Si señora, en seguida le llamaré al Don Fernando".
-Es lo mismo, mucama.
Y mientras Tea perseguía a Joey y realizaban su legendaria danza de la frustración y el fastidio, Yugi meditó en la conversación que hasta hacía unos minutos había sostenido con su amigo.
Era una tarde fresca y el sol en descenso pintaba de rojo a personas y paisajes por igual, más su corazón había dado ya un salto y no uno cualquiera.
El de cabellos tricolor y amable carácter había llegado a la conclusión de que debía presentar a la persona más importante para él a sus seres queridos, comenzando por su abuelo quien seguramente se llevaría una gran sorpresa al saber que él...
-Tal vez se decepcione de mi. Que contrariedad.
Extrañaba su casa, extrañaba las altas dunas del sur y el intenso frío de media noche.
Añoraba el sol quemante del oeste y las bellas construcciones del norte.
Egipto con su historia y misteriosa cultura era a fin de cuentas su hogar, aunque últimamente su tierra se viera provista de maleantes y terroristas.
La ciudad de concreto era bella, mucho más por su milenaria tecnología y las mentes brillantes que muchas veces su padre quiso emular.
Más para él, alguien acostumbrado a lo que estirar la mano y encontrar mil dólares era vivir, trabajar intensamente y devanarse el cerebro tratando de conseguir una visión que obviamente no tenía, era sumamente complicado. Mucho más cuando se "trabajaba" a merced de un hombre que buscaba venganza en la primera oportunidad.
Si, ya se había humillado pero tal vez y después de haber pasado por cosas impensables, no había sido tan malo.
Seto Kaiba estaba frente a él y como siempre hablaba por teléfono.
Noa acababa de marcharse a su mansión. El chico si que había crecido bastante desde la última vez que lo mirara.
La estilizada figura y sus bellas facciones le hacían recordar que la dinastía Kaiba era verdaderamente digna de colección, aunque claro estaba toda esa fineza provenía de la madre.
Era increíble como la vida daba vueltas. Él, que jamás creyó volver a encontrarse con Seto Kaiba, estaba ahí, aguardando a que le pusiera atención o mejor dicho, que él hablara de todo lo que deseara.
Jamás se imaginó trabajando para él, mucho menos debiéndole el pellejo.
-Pero así es esta maldita vida. Aseguró, reclinándose un poco.
El trabajo en el teatro estaba aumentando y no en vano. Pronto se estrenaría su obra y por consiguiente pronto obtendría su herencia. Lo que significaba que pronto le pagaría a Kaiba y después se iría de Japón para jamás volver.
La sola idea le satisfizo pero no como lo hubiera deseado.
Hacía un mes apenas el regocijo de largarse, hacía sus días mas llevaderos, ahora el solo mirar el calendario era sinónimo de desasosiego.
¿Qué le ocurría?.
-Y todo por él. Gruñó apretando los dientes.
Algo quería escapársele del pecho, algo demasiado grande y por él incomprendido pero al mismo tiempo tan desconcertantemente extraño que le temía, aunque a veces resultaba bellísimo.
Yugi era algo que jamás había vivido en su existencia. Era ese terrón de azúcar que siembre había querido evitar en el café.
Era algo mucho más fuerte que su razón y le daba miedo.
Por más que trataba de evitar al muchacho, siempre terminaba enfrascado en sus brazos, besándose o amándose como ni en toda su vida lo había hecho.
Era misterioso y también de locos.
-Sino te conociera juraría que algo mucho más grande que el dinero te preocupa.
-No es nada, ya sabes que me molesta estar aquí si tú vas a pedirme algo.
Kaiba rió, llevaba cinco minutos mirando a Atemu y lo que había dicho era verdad. Nadie, aparte del egipcio mismo lo conocía tan bien. Por algo eran rivales.
-¿Y quién te dijo que iba yo a pedirte algo?.
-Porque eres tú y tú siempre pides algo.
-Vaya, creo que si me conoces.
-Cállate y al grano.
-Qué humor. Deberías relajarte un poco, después de todo ya casi termina tú tortura, ¿no?.
-Si, ya casi. Susurró el extranjero, tomando el vaso de winkey que el castaño le cedía.
-No te veo muy convencido, Atemu. Algo ha cambiado.
-No vine aquí a que me psicoanalizaras, Kaiba.
-Lo sé, pero algo te ha pasado. Ya no tienes ese deseo malicioso y avaro en la mirada. ¿A caso la comida Japonesa te cambió?. ¿O será otra cosa?.
Decir que no disfrutaba de ironizar contra Yami, sería decir que el polo sur era de helado.
Seto amaba esos momentos, más porque sabía que todo lo que decía era cierto.
Atemú no demostró su enfado. Odiaba cuando el ojiazul se comportaba de ese modo, más él también podía jugar a lo mismo.
-En ese caso tú también has cambiado. El sadismo y la sed de sangre ya no está tan a la vista. ¿A caso fue un por favor lo que escuché que le decías a tu secretaría?. Tú jamás pides algo así, Kaiba.
El aludido gruñó, después de todo si lo había escuchado hablarle a su secretaria tras su llamada. El egipcio si estaba en todo.
-Asuntos únicos, ¿no?.
-Así es, únicos y de uno solamente.
Ambos se miraron y decidieron callar por unos momentos. Después de todo se parecían bastante.
-Mi padre llamó ayer, dice que vendrá al estreno. Su ironía no me gustó en nada.
-Es de esperarse. Él tiene la esperanza de que todo sea un fiasco.
-Pero no lo será. He invertido mucho en esto, además todo el elenco es bueno. Se trabaja en equipo.
-Vaya, cambios drásticos Atemu, que maravilla.
Yami sabía a lo que se refería Kaiba. Él, quien jamás había tenido la fe en un trabajo en equipo estaba afirmando lo contrario.
¿Por qué había cambiado tanto?.
-No diré nada por esta vez, solo quiero asegurarme de que mi dinero está siendo bien empleado.
-No responderé a eso, ya me cansé.
-De acuerdo, entonces hablemos de otras cosas. ¿Qué tal tu vida en esa pequeña casa suburbana?. Espero al menos que te lleven el desayuno a la cama.
-Tus mofas me tienen sin cuidado. Yo sé que desearías que estuviera muy mal, pero déjame contradecirte. Estoy de maravilla.
-¿Oh si?. Quien lo dijera. El caprichoso Atemu a quien no le gustan las arrugas en la cama. Quien lo diría, ¿no?.
La conversación estaba girando y Yami no estaba seguro de soportarla, no al menos que él mismo se decidiera a actuar en el terreno que le estaba molestando.
-¿Irás al estreno?.
-Eso depende.
-¿De?
-De muchas cosas.
Fue entonces cuando el egipcio sospechó algo.
-Ese chico Joey, ¿por qué lo querías dentro de la obra?.
Kaiba tardó en responder. Se tomó su tiempo a pesar de que la cuestión hizo saltar su corazón.
-Digamos que fue mi labor altruista de este año.
-¿Solamente eso?.
-¿Por qué más sería?.
Atemu sonrió entonces un poco. ¿Había mirado mal o Kaiba había desviado un segundo la vista?. Eso se estaba poniendo interesante.
-Tiene talento. Es un buen actor que podría ser el próximo descubrimiento de un productor famoso. Tal vez pueda brillar en Broadway o Hollywood, no se sabe. Tal vez hasta pueda salir en portadas famosas y en chismes que lo involucren con quien menos se imagina la gente.
-¿A qué te refieres?.
-Yo solo digo que para ser tu labor altruista del año, pediste mucho de lo que jamás habías siquiera imaginado.
Seto sabía que el egipcio era listo, pero nunca más que él.
-Y yo digo que para tener una boca tan grande, hablas de más. ¿O ya se te olvidó a caso en que condición te encuentras?.
Bingo, sonrió Yami cuando Seto frunció el entrecejo. Había encontrado algo gordo en todo aquel asunto.
-Tal vez tienes razón. Joey es un chico atractivo que bien podría acostarse con el productor para que pueda llegar al escenario. Nada despreciativo el chico, si sabes de lo que hablo.
El ojiazul jamás había sentido la llameante sensación que percibió en su interior. Nunca y para ser alguien acostumbrado a guardar las emociones, esa si que no la ocultó.
-No te dije que te acostaras con él para el protagónico.
-¿Y quien dijo que lo haría porque me lo dices tú?. El chico tiene potencial y yo soy alguien que aprecia el esfuerzo. Yo le pregunté si estaba dispuesto a hacerlo todo por un puesto y el dijo que si. En el todo entonces se incluye el acostón.
Atemu no supo que le golpeó pero antes de siquiera pensarlo se encontraba siendo presa de dos fuertes manos que hacían opresión en su cuello.
Seto tenía esa mirada depredadora que muchas veces le había visto en el terreno laboral, cuando deseaba deshacerse de alguien.
-Kaiba ...me...ahor...cas...suel...tame...
-Escúchame bien, te limitaras a tu trabajo y a lo que yo te diga. Nada más, ¿entendido?. Sabes como puedo ser cuando deseo eliminar a alguien, no me quieres de enemigo, Atemu.
-No...se...de lo...que ha...blas. Era...solo...una...broma.
-El trabajo es mi dinero, así que no lo desperdicies en estupideces.
Antes de llegar a sentir el estómago en la garganta el ojiazul le soltó y tras toser recuperó el aliento robado.
Kaiba era brusco cuando quería pero al fin de cuentas y aunque el millonario deseara ocultarlo, había descubierto algo bastante importante.
-Ahora márchate. Ordeno el castaño respirando agitadamente.-Te llamaré cuando necesite algo.
-Ojalá no sea un saco de boxeo. No creo que soporte ni medio minuto contigo.
La broma quedó en eco cuando las dagas cerúleas del genio miraron al egipcio quien tras tomar su saco se despidió de su "jefe" con sonrisa burlona.
-Al menos ya sé algo que podría ayudarme. Lastima que no lo descubrí antes. Quién lo hubiera dicho de ti, Kaiba.
Yami bajó al estacionamiento con un sabor a victoria en la boca. Tal vez no por las consecuencias casi homicidas de hacía un momento, sino por aquello que él había descubierto en otro pero que se negaba a ver en sí mismo.
Pero más pronto cae un hablador que un cojo y eso lo comprobaría él mismo muy pronto.
Cuando Seto escuchó a el egipcio salir, estrelló su copa contra la puerta.
Odiaba las mofas, odiaba ser inferior pero algo esa tarde lo había encendido como ninguna ofensa en su vida. Algo con la fuerza suficiente de impulsarlo y acallar las burlas de Atemu.
Si, se había dado cuenta de que algo le sucedía y sin embargo eso no era lo que nublaba su vista en eso momentos.
La sola mención de una cama, Joey y Atemu en la misma oración no le gustó mucho, menos cuando la boca del egipcio era tan grande.
-¿Así que lo que sea, Wheeler?. Eso veremos.
Tomando maletín y chaqueta, Kaiba salió de su despacho por su ascensor privado y fue solo cuestión de minutos para llegar a su auto, subir y dirigirse a toda velocidad hacia el centro de la ciudad.
Otra noche lejos de la mansión y de Noa, quien a pesar de haberlo visto continuaba solicitando su presencia en casa.
Pero en esos momentos nada valía la pena, nada al menos que no se apellidara Wheeler y diera muchas explicaciones convincentes.
Joey se despidió de sus amigos cuando el reloj marcaba las ocho treinta y siete de la noche.
La reunión en la universidad se había prolongado y su estómago rugía de hambre.
Más de nueva cuenta recordó, cuando un letrero luminoso de comida rápida llamó su atención, que no tenía dinero.
Subsistía gracias a la misericordia de sus amigos y a Seto, quien le permitía comer y hasta dormir en ocasiones en su cama.
Pero no podía continuar así, esa mañana la casera le había dado un ultimátum que había vencido a las tres de la tarde de ese día. Para ese momento seguramente no tendría casa. La renta no se pagaba sola y la casera estaba en su derecho de desalojarlo cuando quisiera.
Suspiró cansado pero el ruido de su estómago moverse fue mucho más llamativo que pasarse la noche pensando en su fatídica existencia.
-Tengo hambre. Por eso le dije a Yugi que me invitara a cenar. Pero seguramente se le olvidó...diablos.
Se tocó la barriga e hizo una mueca de molestia. No había comido nada desde la noche anterior y en verdad ya no podía soportar más.
-Me voy a morir. Se quejó con dramatismo, ese mismo que le había impedido comer en todo el día.
-¿Qué voy a hacer?...mmm, piensa Joey, piensa, piensa, piensa...mmm...mmm...oh, ya se, iré a cenar con Seto. No creo que se moleste, así de paso veo como está y si tiene deseos de...sip, eso haré.
Con el ánimo renovado y la energía en punta caminó hacia el edificio que perfectamente bien conocía y del cual ya era asiduo visitante.
Entrar fue relativamente fácil, el portero lo conocía y toparse y saludar a los vecinos fue otra cosa natural que desde su primer día en el edificio realizaba.
Su amable carácter y confiable ser le habían ganado varias sonrisas amistosas, cosa que había sorprendido al portero pues este le hubo confesado lo hoscos que eran esos ricos pretenciosos.
Pero Joey tenía experiencia en tratar con personas de ese estilo, así pues le demostró a todos que con un gracias y un buenos días, los milagros se obraban.
No tocó a la puerta, aunque no tenía llave del departamento la puerta siempre estaba abierta para él, así pues con confianza giró el pomo y entró.
La oscuridad lo recibió entonces, haciéndole ver que Seto aun no había llegado. Nada fuera de lo común pues después de todo así era Kaiba.
Con confianza y pensando en una cena sorpresa se dirigió a la cocina, pero algo lo detuvo del brazo, regalándole un escalofrío del tamaño de la muerte.
-Hasta que llegas.
-¿Seto?.
-¿En dónde estabas?.
-Dios, me asustaste. ¿Qué haces ahí sentado y con las luces apagadas?. Voy a encenderlas para...
Pero un tosco jalón lo detuvo en seco y le obligó a sentarse, o mejor dicho, a caer rudamente sobre el sofá.
-Seto, ¿pero que diablos...?
-Dime que no es cierto, dime que no lo es.
-¿Qué no es que?.
-Dime que no te acostaste con Atemu, maldita sea, DIME QUE NO LO HICISTE.
El ojiazul exigía una respuesta con estrujo y palabras fuertes, más él aun no sabía de lo que se trataba todo eso. Así pues tratando de entrar en razón con su amante, habló.
-Seto, escúchame, no se de que rayos hablas pero si puedo decirte que no me he acostado con nadie con ese nombre.
-¿Entonces vas a decirme que llegaste a suplente de protagonista solamente por tu buen porte histriónico?.
-¿Qué?. ¿Pero qué estas diciendo?.
-¿Te acostaste con el director?. Dime, CONTESTA. Volvió a estrujar el ojiazul, completamente fuera de si.
-Seto no...
-No juegues conmigo, Wheeler.
-Yo no juego con nadie. Ni siquiera se lo que está sucediendo.
Las centellantes orbes azules temblaron un momento, solo un momento para después volver a transformarse.
-Dime que no es cierto. Susurró en su oído cambiando repentinamente de volumen.- Dime que no te has acostado con nadie desde que nos conocimos.
-Seto, sabes perfectamente que yo antes...
-...Desde que te ayudé...desde que nos besamos por primera vez. Dímelo.
Ya no era una orden, era mas una suplica. Pero claro, Seto Kaiba no suplicaba. Más el tono de aquellas palabras era diferente al amenazador de un principio. Desesperante, ansioso, único y Joey no pudo negarse a responder. Aunque no entendiera nada de lo que pasaba.
-No, Seto. Desde que nos besamos por primera vez no me he acostado con nadie más que contigo.
Kaiba le creyó, porque los melados ojos del rubio no sabían mentir, así pues tan extrañamente como Joey le besaba, así lo hizo él en reciprocidad, sabiendo que había hecho todo un espectáculo.
-¿Seto?. ¿Qué fue todo eso?.
-Nada. Medio sonrió el castaño tras morder el labio inferior de su amante.
-Solo...¿Joey?.
-¿Dime?.
-Si es verdad lo que me dices, vive aquí.
-¿Qué?.
-Que vivas aquí.
Eso si tomó por sorpresa a Joey.
-¿Qué viva a aquí?. ¿Con quién?. Quiso saber pues conocía que aquel departamento era un lugar provisional del millonario.
-Conmigo. Susurró decidido. Tan decidido como nunca lo había estado en su vida.
Los ojos del mas joven se abrieron enormemente. Tan impresionadamente estaba como jamás en su vida.
¿Qué era lo que Seto acababa de decirle?.
-¿Qué?.
-Por todos los cielos Wheeler, ¿a caso no sabes decir otra cosa?.
No, no era un sueño. Ese que estaba frente a él era el mismo Seto Kaiba que conocía. El mismo frío, engreído, genio, millonario, de buen corazón oculto y excelente amante que conocía.
No estaba soñando.
-No lo repetiré de nuevo, Joey. Si tú me estás diciendo...
-Eres tan poco romántico, ¿lo sabías?. Además, no tienes porque poner en duda mi palabra. Sabes que vale mucho.
Kaiba enarcó una ceja, más no pudo dejar de sentirse nervioso.
-¿Entonces?.
-Pues dado el caso de que me lo has pedido tan...lindamente, solo puedo decirte que...Si.
El genio no supo que experimentó en ese momento. Si gozo, si escalofríos, si un sueño o simple alegría ante aquella respuesta.
Joey había aceptado vivir con él en aquel departamento. Había aceptado una propuesta inesperada que ni siquiera él había pensado meticulosamente como tantas otras. Pero aquella no era cualquier petición, era algo producto de eso que estaba sintiendo realmente en el corazón.
-¿Si hablabas en serio, verdad?.
-Mas en serio no puedo hablar en mi vida, Wheeler.
Joey sonrió. No había sido la escena romántica que siempre había soñado en una situación como esa, pero había sido especial pues provenía del único ser humano que hasta ese momento lo había dotado de miles de experiencias nuevas y maravillosas.
Él deseaba vivir ahí y también su corazón quien mas cerca estaba de aceptar lo inevitable.
Esa noche esta demás describir que hicieron el amor hasta el cansancio, no solo por el estreno de una nueva etapa, sino por el comienzo de algo que no tardaría mucho en salir a la luz.
Salomón miraba a su nieto e inquilino, ambos permanecían callados y cenando como una "familia" normal. Pero el anciano sabía que algo había ahí pues cuando dos jóvenes callan mientras comen, es que algo muy grande empaña sus corazones.
-Al parecer no fue un día bueno, ¿verdad?
-Lo fue abuelo. Asintió Yugi.
-Pareces consternado.
-Solo es cansancio, nada más.
-Ya veo.
-Abuelo, ¿hoy no saldrás?.
-¿Quieres que lo haga?.
Las mejillas del chico se tiñeron de carmín, tal vez su excesiva ansiedad había hablado demasiado aprisa.
-No, solo que pensé que como se acerca la exposición del museo pues tú y tus colegas...
-Si, la exposición está cerca. Dijo, mirando de reojo a su inquilino.-Mas eso no quiere decir que deba desaparecer de casa cada día. ¿O si?.
-No, claro que no. Denegó el muchacho aun nervioso.-Solo era una pregunta.
El menor se levantó de la mesa y se dispuso a asear el área. Su abuelo había estado especialmente susceptible ese día y algo le decía que el anciano comenzaba a sospechar demasiado.
Yami por su parte solo observaba y escuchaba, lo que había vivido con Seto Kaiba hacía unas horas había sido suficiente como para aplacar su entusiasmo y propias dudas por el momento, aunque por alguna extraña razón su corazón se negaba a dejar de cabalgar cada vez que sus ojos se cruzaban con los de Yugi.
Aquello estaba saliéndose rápidamente de control y no sabía en realidad hasta donde llegaría.
Al menos ese día, estaría a salvo.
-He terminado, con su permiso me retiro. Buenas noches.
Salomón no respondió pero si siguió al extranjero hasta que desapareció de la cocina.
-Es un poco raro ese muchacho, ¿no te parece?.
-A mi me parece interesante. Sabe mucho, aunque no quiere admitirlo.
-¿A que te refieres?.
-Es que cuando llegó a la Universidad los profesores quisieron sofocarlo y él me eligió asistente por eso mismo, sin embargo él solo se ha ido ganando el respeto y ha aportado ideas extraordinarias para el elenco, escenografía y todo lo demás. Yami es en verdad muy inteligente, solo que no se da cuenta de muchas cosas. Pronunció, meditando un poco las cosas al final.
Salomón solo enarcó la ceja mas permitió que su nieto continuara con el aseo de la cocina. Sus temores estaban avanzando de manera extraordinariamente rápido, tenía que apresurarse a desenmascarar a ese muchacho que definitivamente no soportaba junto a su nieto.
-Me retiro. Hasta mañana abuelito.
-Descansa.
Sin esperar nada más Yugi subió aprisa la escalinata y se dirigió al desván. Necesitaba aclarar muchas cosas con el egipcio y debía ser en ese momento o tal vez después las cosas se esfumarían.
-¿Yami?. ¿Puedo pasar?.
-Si.
El chico se aventuró dentro de la habitación y se encontró a Atemu en medio de su ritual de cambio de ropa.
-¿Qué se te ofrece?. Estoy cansado y me gustaría al menos descansar esta noche.
-¿Ah?. Oh, si, si. Yugi se avergonzó un poco, tal vez Yami pensaba que su apetito sexual era insaciable.-En realidad he venido porque...necesito preguntarte algo.
-Dime. Te escucho. Aseguró el egipcio sin dejar su estoica pose. Esa noche estaba dispuesto a todo por alejar un poco a Yugi de él, o al menos eran sus planes.
-Yami yo...Yo...
-Dilo, sin pena.
Era más fácil decirlo que hacerlo sin embargo no había llegado hasta ahí solamente porque si. Era momento de poner el mazo sobre la mesa y no darse por vencido, así que tomando aire y mirándole directamente a los ojos es como habló lo que su corazón ya no podía callar.
-Sabes que eres el primero en mi vida para todo, ¿verdad?.
Oh, las cosas comenzaban mal para el egipcio.
-¿A que quieres llegar con eso?.
-A que jamás me atrevería a decirle esto a nadie sino lo sintiera y contigo he hecho cosas que jamás me había atrevido siquiera a considerar, pues yo...Yami, tú eres...tú significas mucho para mi y la verdad es que...Yami, ¿qué es lo que tenemos los dos?.
-¿Cómo?.
-¿Qué es lo que tú y yo somos o tenemos?. Necesito saberlo Yami, necesito saberlo porque en verdad siento que esto no es más que una mala broma.
-Te dije que no deseaba lastimarte, Yugi. Siempre he hablado con la verdad. Se defendió el de ojos azules cuando se sintió encerrado.
-Si y por eso te pido me digas que es lo que somos. Si esto que tenemos es una relación o...simple placer. Susurró, bajando el rostro.
Lo había dicho, ya estaba y era solo cuestión de esperar la respuesta.
Decir realmente que Yugi estaba preparado para todo era mentir, más para la respuesta de Atemu jamás habría estado preparado. Jamás.
-La verdad Yugi es que...no lo sé.
-¿No lo sabes?. Preguntó incrédulo.
-No. Asintió el egipcio.-No se lo que somos ni lo que tenemos. Te confieso que me gusta hacerlo contigo, me agrada bastante pero pedirme que explique lo que tenemos o "somos", no creo que sepa.
Yugi bajó el rostro y apretó los puños con fuerza. Las palabras del egipcio habían golpeado fuertemente su corazón.
Jamás se habría esperado eso de Yami, nunca, pues al parecer su corazón se había equivocado después de todo y el chico que en apariencias se parecía a él, en realidad no era su elegido.
Yami cerró los ojos y respiró profundo. Había sido lo mejor que había podido decir en días. Era mejor así, no darle alas a lo que no podía ser, mas él esa noche también se llevó la última sorpresa.
-Entonces. Susurró el mas bajito con dolor.-Se acabó todo. Eso incluye el ser tu asistente y...y...todo lo que tenga que ver con nosotros.
-Yugi no creo que el dejar de ser mi asistente sea...
-Si no somos nada no tiene caso que continuemos haciéndonos tontos. Al menos, creo, que eso si sabrás descifrarlo, ¿verdad?.
Duras palabras pero eran la verdad. Ojos mas bonitos y luminosos no podían mentir y eso lo supo Atemu desde el momento en que los violáceos ojos de Yugi se cruzaron con los suyos.
El menor salió de la habitación en silencio pero con lágrimas que solo se derramaron al llegar a su habitación.
¿Cómo era posible que Yami fuera tan insensible?. Eso jamás lo habría imaginado o tal vez era él quien iluso y escaso de atención, se había conformado con un sueño.
-La vida es injusta. Se dijo, tratando de acallar los sollozos que no desaparecieron hasta muy avanzada la noche.
Atemu por su lado tardó un tiempo en salir del pequeño shock en el que Yugi le había dejado.
¿Qué había sido todo eso?. No lo sabía pero ciertamente le había llegado muy al fondo y pinchado el corazón.
Ver a Yugi sufrir había sido lo más triste que había visto en su vida y aunque su supuesta indiferencia se había transformado en inquietud por el muchacho, todas sus palabras le habían llegado verdaderamente al corazón.
Era hora de actuar o inesperadamente iba a quedarse completamente solo.
¿Qué hacer entonces?.
Continuará...
Muy bien, se acercan los problemas a pasos agigantados.
Como lo dije en un principio estoy omitiendo muchas cosas pero dejando las interesantes, por eso tanto salto de tiempo jeje, pero al menos espero les guste
Gracias, muchísimas gracias por sus comentarios, me hace sentir que vale la pena continuar
Y este chap y el que sigue se los dedico al "Amor", porque a veces es tan "sutil" y voluble que muy pocas veces logramos comprender su complejidad.
Un saludo y gracias por su infinita paciencia para las actualizaciones, su amiga:
KLF
