TITULO: Dreams
Capitulo: Verdades
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: abrió los ojos cuando un rayo de sol le molestó. Nunca solía despertar antes que el sol, pero por alguna extra proeza del destino se había quedado dormido por primera vez en su vida.
Con la mano tanteó a su lado y sintió vacío cuando en realidad debía estar ocupado y con un chico dormido. Pero no era así.
Se sentó buscando a su alrededor al muchacho que compartía más que su cama, encontrándose con la soledad.
Desconcertado por ello se incorporó y se colocó el batín azul que descansaba plácidamente sobre el único sofá de la habitación.
Con el seño levemente fruncido por haber dormido más de lo permitido y por no ver a Joey, es como le buscó, encontrándole con bastante facilidad en la cocina.
El olor a café recién preparado y lo que parecía pan francés le abrió el apetito.
-Eso huele muy…
Detuvo la oración, no porque en realidad algo se lo hubiera impedido, sino por la escena que miró con cierta sonrisa en los labios.
Joey estaba sentado en el pequeño pero elegante ante comedor, leía afanosamente unas hojas entre sus manos y verificaba otras tantas en un libro sobre la mesa. Después de tiempo a tiempo bajaba las hojas, cerraba los ojos y recitaba en voz baja lo que el empresario intuyó como el guión de la obra.
Se recargó en el marco de la puerta y lo miró sin decir nada. El rubio obviamente aun no le había mirado, pero era mejor así. De esa manera Seto podía observarlo a su antojo y recordar con una sonrisa ligera lo que la noche anterior había sido.
Memoró haber llegado temprano a un departamento vacío.
Había esperado un par de horas antes de mirar el rostro sonriente de su compañero, él cual al verlo, se había abalanzado efusivamente hacia él gritando: ¡LO LOGRÉ, hasta que casi le reventó los tímpanos.
Pero no se quejó, no podía hacerlo cuando el rostro de Joey irradiaba felicidad al por mayor, una que no le había mirado nunca a pesar de que el muchacho era alegre por naturaleza.
Después de que el de ojos castaños le contó que había estado ensayando fuertemente por órdenes del director y después de ello, charlado con sus amigos y una visita inesperada, arribaba a casa para compartir su alegría.
Siendo sincero, Seto esperaba una noche bastante "movida" como todas las alegres que había vivido junto al rubio, pero en lugar de eso tuvo que permanecer despierto hasta altas horas de la madrugada ayudando a Joey a memorizar diálogos y diálogos para la afamada obra.
Pudo haberse quejado, pudo haberse negado a colaborar con su compañero, pero no lo había hecho.
¿La razón?. No la sabía con exactitud, solo que había estado al lado del rubio cuando más necesitaba ayuda y se sentía extrañamente conforme.
-Oh cielos, buenos días. La alarmada voz del rubio le regresó al presente, dónde se encontró con el muchacho quien se incorporaba de su asiento.-Te preparé café y un desayuno ligero.
-Estás vestido. Hizo la observación cuando comúnmente los Sábados el rubio se quedaba buena parte de la mañana en pijama.
-Si. Sonrío mirándose la ropa.-Es que tengo ensayo. Aclaró sin perder su sonrisa.
-¿Hoy?.
-Es que el productor dijo que debía ensayar mucho porque aun no alcanzo el nivel que Jill tenía y como el estreno está ya casi a la puerta pues…
Kaiba asintió, sentándose a la mesa después de servirse café.
-Yo…deseo darte las gracias. Murmuró el rubio acercándose al castaño.
-¿Por qué razón?.
-Porque me ayudaste anoche. Desperdiciaste tiempo en mi y…sino hubiera sido por tu ayuda jamás habría memorizado tantas cosas. Te lo agradezco verdaderamente.
Joey se inclinó sobre los labios del ojiazul y lo besó lentamente, disfrutando del primer beso de la mañana.
-No fue nada. Habló el castaño cuando el momento pasó. Le había enseñado una práctica técnica de memorización que el rubio utilizaría durante el resto de su vida.
-Si, si lo fue. Asintió Joey con presteza.-Me diste de tu tiempo y…y…me llevaste a la cama.
Seto habría reído de buen agrado ante el sonrojo de Joey pero no lo hizo, pues había sido un verdadero placer el cargar el cuerpo dormido del rubio, trasladarlo hasta el lecho y depositarlo ahí con mucho cuidado.
Nunca, ni siquiera con su hermano había hecho tal cosa, pero la verdad no se imaginó realizándolo con nadie más.
-No podía dejarte en el sofá.
Joey sonrió ante la consideración del castaño.
-Mi sofá se ensuciaría.
El rubio gruñó y sin embargo permitió que las manos de Seto lo halaran y lo sentaran en su regazo.
Ya esas acciones eran tan comunes que no buscaban explicación al respecto, simplemente se dejaban hacer y llevar por las miles de sensaciones que les cubría el cuerpo cada vez que se miraban y se besaban como en ese momento lo hacían.
-Irás a la obra, ¿verdad?. Susurró Joey sobre los labios del castaño.
-Por supuesto, quiero ver como haces el ridículo frente a las personas.
Kaiba no estaba acostumbrado a las palabras románticas pero aquellas que a cualquier otra persona parecerían sarcásticas, para el rubio significaban tiernas frases que nadie más que él obtenía de parte de aquel ascético y complejo personaje.
-Entonces debo irme. Si he de hacer un ridículo, lo haré con estilo.
Se sonrieron, se estaba haciendo costumbre en ellos y antes de que otra cosa sucediera Joey desapareció del departamento con una ancha sonrisa en los labios y el corazón latiendo de puro gozo.
Seto desplegó el diario que el rubio había colocado en la mesa pero en realidad no leyó, simplemente se detuvo a pensar en todo lo que estaba cambiando Joey en su vida.
Todo había dado un giro radical, de más de 360º y era muy difícil que regresara al inicio, no solo por el largo camino transcurrido sino porque en realidad no lo quería.
Estaba disfrutando como nunca de ese momento, y así permanecería.
El timbre de la puerta lo alertó. Tal vez era Joey olvidando como siempre alguna cosa, así pues poniendo su mejor rostro de "enfado" es que se acercó a la puerta y la abrió, preparado para las frases que tenía listas, más el sorprendido esa vez, fue él.
-¿En dónde está?. Inquirió una vocecilla curiosa.
-¿Qué?.
-Yo se que le tienes por aquí. Dime, ¿en donde está la o el susodicho?.
Noa, su "hermanito" Noa en escena e iba respaldado por Ed, quien cerraba la puerta evitando mirarle.
-¿Sigues con tus ideas?.
-Si. Le dije a Ed que me trajera para por fin conocerle, pero creo que no está.
-Muy observador. Susurró Seto al sentarse en el sofá.
-Entonces lo aceptas. ¡Lo sabía!. ¡Estas viviendo con alguien!. Ya veo que le haz sabido sacar jugo al departamento.
Noa guiñó un ojo de manera cómplice, algo que a su hermano no le gustó.
-No voy a decirte nada, Noa. No es asunto que te incumba.
-¿Qué no lo es?. Por supuesto que si. Quiero conocer a la persona que te ha hecho cambiar tanto. Corroboró acercándose al castaño.-Quiero felicitarle y quiero conocer el rostro que te hizo enamorarte.
La palabra prendió un interruptor en el interior del mayor de los Kaiba, un interruptor que lo conmocionó realmente.
-¿Qué dijiste?.
Ed le hizo señales al peliazul de que guardara silencio pero el chico era demasiado terco para detenerse.
Algo le decía al custodio que estaban entrando en terrenos inexplorados aun.
-Que quiero conocer a la persona de la cual te haz enamorado.
¿Amor?. Él jamás había pensado en Amor.
-No digas tonterías, Noa. Ya sabes lo que pienso del amor.
-Si, lo sé, que es solo un desequilibrio químico del cerebro y solamente eso. Ya se que "dijiste" que no creías en eso y que no existía pero…las pruebas son diferentes.
Noa jamás mentía, mucho menos miraba con picardía solamente porque sí. La observación era un don más en su hermano pero…¿enamorado?...¿él?...¿de quién?...¿de Joey?...era un error.
-Yo no estoy ena…ena….
-Enamorado. Vamos, que la palabra no es tan difícil, ¿verdad Ed?.
El guardaespaldas no respondió. Se quedó atentamente mirando una curiosa figurilla de barro negro que llamó poderosamente su atención. Una reliquia, sin duda alguna. Y extraordinaria.
El mayor de los Kaiba sintió de pronto bastante calor, necesitaba aire, respirar, necesitaba…salir de ahí.
-¿Seto, estás bien?.
-Si, es solo que….
-Algo me dice que…¿ya se lo dijiste?.
-¿Qué?
-Que le amas. ¿Ya se lo dijiste?.
-Pero de que diablos…
-Te diré una cosa. Dijo el peliazul adquiriendo un repentino aire de seriedad.-A mi no me importa si te haz enamorado de un chico o una chica. Mamá decía que el amor a fin de cuentas es amor y si tú lo haz alcanzado entonces estoy muy feliz por ello. Tienes mi bendición.
En su vida el castaño se habría imaginado esa escena, pero fue hecha con tanto fervor que la respetó, aunque la idea de estar…¿enamorado, le seguía afectando seriamente.
-Bueno, nosotros solo pasábamos por aquí. Voy a KC, a ver si los buitres esos no han hecho nada contra nosotros. Espero vayas a comer o es más, me presentes el o a la afortunada.
-¿El afortunado?.
-Si, lo sabía. Vez Ed, te gané veinte yenes jeje. Nos vemos, hermanito y pórtate bien, ¿he?.
Con un guiño y sin esperar nada Ed y Noa salieron del departamento con una graciosa carcajada por parte del último.
-Lo engañó. Va a enfadarse. Advirtió Ed un tanto sonriente por los hechos.
-Lo sé. Pero es un lento. Ni siquiera…
-Tal vez usted fue muy aprisa. El joven Seto se toma las cosas muy paulatinamente y tal vez usted aceleró las cosas.
-¿Tú crees?.
-Puede ser. Él jamás le ocultaría nada. Probablemente…aun no estaba listo para decirle nada.
Noa meditó las palabras de su custodio.
-Creo que tienes razón…pero bueno, sino lo empujamos él nunca hablará, así le facilitamos las cosas.
Ya quiero conocer a mi cuñado. Sonrió el jovencito y Ed concluyó en que jamás lo había visto sonreír tanto, ni siquiera cuando visitó esa empresa de videojuegos.
Noa amaba a su hermano y todo lo que deseaba era verle feliz. Al parecer al fin lo habían logrado y él, quien quería de un modo casi paternal a ambos Kaiba, también se alegró por su amo Seto. Al fin podría pensar en otras cosas que no fueran la empresa y el dinero.
Seto tardó un poco en reaccionar y cuando lo hizo gruñó bastante alto pero obviamente su hermano ya se había ido.
¿Cómo se atrevía a decirle que él estaba enamorado de…de…Joey?.
Eso no podía ser cierto. No podía. Solo estaban compartiendo un departamento, comida, una cama y….
-Sexo. Solo eso. Pronunció con el entrecejo fruncido y es que para él, alguien que jamás había creído en el amor más en el que le profesaba a su hermano, era algo ridículo y tonto pensar que estuviera enamorado de la persona menos imaginada y oportuna del universo….¿o si?.
Yami arribó al teatro con cara de pocos amigos. Era la primera vez que el profesorado lo miraba así.
-¿Le sucede algo?. Indagó la directora quien con naranja fosforescente se acercaba a él.
-Nada. Estoy perfecto. Señaló con una sonrisa más que fingida.
-Bueno, solo preguntaba porque el día de hoy será duro y…
-Está bien. Solo que hagan su trabajo.
Y sin más tomó asiento en una de las butacas. No estaba con ánimo de charlar estupideces con la loca profesora de ropas estrambóticas.
Tanto el director como el profesorado trataron de comprender aquel repentino aire agridulce en el productor, llegando a la conclusión de que el estrés del próximo estreno era el que lo tenía así.
Pero ninguno de esos pensamientos era verídico.
Atemu no se encontraba enfadado o con un terrible dolor de cabeza por estrés o no dormir.
No, su enfado era hacia cierto chiquillo molesto que aun no había llegado y si ya lo había hecho, no deseaba mirar.
Yugi no había regresado a casa hasta muy pasada la hora que Salomón siempre le exigía a su nieto respetar. Y no conforme con eso, el muchachito se había puesto a hablar por teléfono con sabía dientres quien.
Pero eso no era lo desquiciante, sino que por la mañana cuando se suponía desayunaba en santa paz, el chiquillo lo había saludado con una efusividad y sonrisa que en esos días no le había dirigido.
No tuvo que pagar un costoso curso de adivinación para saber lo que ocurría ahí y podía casi jurar, que el muchacho que había visto la noche anterior al lado de Yugi tenía mucho que ver en ese repentino cambio en el muchacho.
Y lo peor del asunto era que no comprendía el por qué se encontraba tan molesto.
Ellos no tenían nada y Yugi era tan libre para hacer su vida como él lo haría tras finalizar todo aquel alboroto.
Eso era lo que se repetía mentalmente una y otra vez, pero por alguna extraña razón, era su cerebro el que no deseaba hacerle caso.
-Ya llegaron casi todos, señor. ¿Quiere que comencemos a ensayar con los que estén?.
Atemu asintió con bastante desgano. Lo que en menos deseaba pensar era en la obra y el elenco.
Miles de pensamientos atravesaban su mente a velocidades increíbles y ninguno era lo suficientemente pacifista como para posar en su rostro la sonrisa confiada de siempre.
Toda su vida se estaba yendo al caño y toda la culpa la tenía cierto muchachito de ojos violeta que en ese momento estaba sobre el escenario, susurrándole algunas cosas a uno de los actores.
Siguió con mucho cuidado todos sus movimientos y llegó a la conclusión de que ese día Yugi sonreía demasiado; y como era obvio eso no le agradó.
Tras bambalinas Yugi lucía radiante y tan lleno de vida como en esos días no lo había estado.
Joey miraba inquisidor a su amigo y sonrió cuando este lo hizo sin ningún motivo en especial.
-Estas enamorado, ¿verdad?.
-¿Yo?. Indagó el bajito con voz sorprendida.
-Obvio. ¿Ves a alguien más en este lugar que sonría tanto como tú?.
Yugi se sonrojó un poco mientras Joey reía a carcajada abierta.
-¿Pero cómo dices esas cosas?.
-Entonces si no es eso, ¿qué es?. Haz estado muy extraño estos días, y no me digas que es por nada porque yo no te lo creeré.
El bajito rió con estrépito, sentándose al final al lado del rubio quien aguardaba turno para entrar en escena.
-De acuerdo, si me sucede algo y he querido reservarlo hasta más tarde, pero evidentemente tú no me dejarás.
-No. Negó el rubio con aire juguetón.-Así que es mejor que empieces a hablar.
-Bueno, lo que sucede es que conocí a alguien…bueno, me reencontré con alguien que es mejor.
-Ah, ¿y es ese alguien quien te tiene así?.
-Pues…podría ser.
El pícaro tono de Yugi emocionó a Joey, quien bajó el libreto y colocó toda su atención en su amigo sonriente.
-Es el hijo de un amigo del abuelo. Su padre es dueño o algo así de la nueva exposición que se hará en el museo.
-Ahhh, ahora si voy entendiendo por donde va la cosa.
-No es lo que piensas. Rebatió el bajito con presteza.
-No, claro que no. ¿Tú crees que soy tonto o algo por el estilo?.
Yugi no comprendió y el rubio tras sonreír un poco continuó hablando.
-¿Tú creíste que jamás me daría cuanta de que eres tan gay como yo?.
-Que soy…
-Que no me lo hayas dicho es respetable, pero de ahí a que tú sigas creyendo que yo no se nada es otra cosa muy distinta.
-Pero…pero…
-Es fácil. Sonrió el muchacho efectuando un movimiento con la mano para quitarle importancia al asunto.-"Nosotros" sabemos reconocernos. Tenemos buen olfato. Añadió, tocándose la nariz con cierta picardía.
Yugi realmente se asombró de la elocuencia de su amigo.
Él, quien temeroso aun pensaba el cómo decirle a su amigo que también compartía sus preferencias, sintió un peso menos encima.
Definitivamente Joey era todo un caso.
-¿Y es entonces por él que estas así?.
-Pues…se puede decir que si. Afirmó Yugi, sonriendo después de aquella linda confidencia.
-Ahhh, ¿y cómo es?. Vamos, dime. ¿Es atractivo?. Dime.
Joey parecía niño tratando de adivinar sus obsequios de cumpleaños y Yugi se sintió halagado de aquella fuerte atención.
-Lo conocí de niño, pero se fue a estudiar a Estados Unidos y hasta ahora es que regresa.
-¿Y cómo es?.
-Pues es muy alto. Sonrió el muchacho recordando la figura del aludido.-Muy musculoso. Creo que practico lucha grecorromana o algo por el estilo. Es rubio y con carácter bastante decidido, pero muy tierno cuando tiene que serlo.
-Wow, ¿y esa montaña de belleza tiene un nombre?.
El tricolor rió ante el apelativo de su amigo, pero pensó que esa vez Joey había acertado con algo.
-Se llama Raphael.
-Interesante nombre.
-Lo es.
El rubio no continuó indagando porque lo solicitaban en escena, pero seguro que lo haría en cuanto se desocupara.
El brillo en los ojos de Yugi no se miraba así todos los días y él no sería buen amigo sino escuchara y preguntara todo lo que tenía aun en la mente.
-Esto esta pendiente.
-Si, te diré más en un descanso.
Era un trato y con más relajación Joey subió al escenario con cierto sentimiento de felicidad dirigido a su amigo.
Serenity se encontraba leyendo en la terraza.
Hacía un día muy bonito y el escaso viento que movía su elegante sombrero de hala ancha, era perfecto para disfrutar de todo.
Suspiró con una sonrisa en labios.
El día anterior había sido simplemente fantástico y todo se lo debía a su hermano, quien con su usual algarabía la había recibido con mucha emotividad.
Joey le había presentado a sus amigos: Tea, la bailarina que ya conocía; Duke, un chico extraño pero simpático; Yugi, su mejor amigo en el mundo y Tristán Taylor. Un morocho bastante encantador que atrapó su atención con sus chistes y sonrisas.
Debía admitir que Tristán era atractivo pero no tanto como el ojiazul que se había topado en los pasillos de la Universidad.
-Él si que es diferente.
Volvió a suspirar. Habían sido solo unos minutos, le había mirado y hablado con mucha frialdad pero para Serenity había bastado para quedar prendada de él de por vida.
Sin embargo la felicidad se había empañado con el arribo de su madre a la Universidad.
La mujer se había sabido comportar frente a los amigos de su hermano, pero cuando este las acompañó a su auto, la bomba había estallado.
Su madre había culpado a Joey de ser un irresponsable que la arrastraba a ella, una chica convaleciente, a su propia muerte.
Habría querido defenderlo pero como siempre, no pudo.
Joey se había tragado aquellas palabras como muchas otras que la mujer siempre le dirigía y tras un bajito "adiós", se habían marchado.
Por el camino su madre no había dejado de maltratar a Joey con sus palabras y ella, por miedo a que la retara por su fuga, no había dicho nada.
-"No volverás a hacer esto, Serenity".
Le había dicho la mujer tras dejarla en su habitación.
Y la pelirroja asintió porque no podía decir o hacer otra cosa.
Su debilidad física y de carácter así se lo dictaban
-Pero iré a tú obra, hermano. Seguro que iré. Murmuró decidida pues si ya había escapado una vez de la vista vigilante de su madre, lo podía hacer de nuevo.
-Buenos días.
La voz ronca a su espalda le advirtió que debía ser precavida, por eso saludó como de costumbre.
-Hola, Roger.
-¿Tuviste buena noche?.
-Si, gracias.
-Me alegro mucho.
El marido de su madre era una persona sonriente y con mucho encanto, pero para ella solo era un hombre queriendo ganarse un afecto que jamás le daría.
-¿Tienes planes para hoy?. Cuestionó el hombre, sentándose al lado de la pelirroja quien cerró el libro y puso su atención en el millonario.
-Iré con mamá al Club. Quiere presentarme a algunas personas.
-Interesante. Sonrió el de ojos negros, observando la faz de la muchacha.-Pero no pareces muy entusiasmada, querida.
-No. Asintió ella sin mentir.-Yo no encajo en esas…cosas.
-¿Y por qué no se lo dices?.
La muchacha sonrió de lado y el hombre lo comprendió todo.
-Veré que puedo hacer al respecto. ¿Te parece?.
Roger la consentía en muchas cosas y su madre siempre desistía ante su palabra.
Serenity no sabía que maravilloso poder tenía ese hombre sobre su madre, pero realmente lo agradecía.
-Gracias, Roger.
-Es un placer, querida. Ya lo sabes.
Siempre mantenían cortas pero intimas conversaciones que muchas de las veces ayudaban a la pelirroja.
-Tu madre me contó lo que hiciste ayer.
-Ah. Suspiró ella recargándose de lleno en la silla de alberca que ocupaba.
-Le diste un gran susto. No vuelvas a hacerlo.
No era el regaño de un padre, pero si era la advertencia de alguien que la estimaba.
Serenity lo comprendía pero aun así no podía aceptarlo.
-Ella dice que tú hermano…
-Joey no tuvo nada que ver con esto. Yo me escapé sola. Replicó con rapidez. Frente a Roger ella si podía defender a su hermano.
-¿Y por qué lo hiciste?.
-Porque mamá jamás me deja verlo. Pronunció quedito, dejando ver la gran pena que eso le producía.
Roger sabía que el lazo entre Serenity y Joey era muy fuerte y él no iba a romperlo pese a que su esposa lo deseaba con verdadera euforia.
Él nunca había tenido hermanos y admiró ese amor que jamás conocería.
-De acuerdo. Tal vez exista la posibilidad de que tu madre…
Y ahí fue cuando en la maravillosa mente de la pelirroja se encendió un foquito.
Una vez encendido el interruptor de la brillantez, era muy poco probable que se apagara.
-Roger. Interrumpió la muchacha, incorporándose un poco para quedar a la altura de su padrastro.-¿Puedo pedirte un favor?.
-El que quieras. Sonrió el aludido.
-Es que…¿tú sabías que Joey estudia actuación?.
El hombre asintió, dejando caer un poco la sonrisa que se había formado en sus labios.
-Bueno, al fin logró un protagónico. Comunicó feliz la muchacha.
-Eso suena interesante.
-Lo es.
-¿Qué vas a pedirme?.
La muchacha no sintió pena por la evidente desilusión de su padrastro. Ella jamás le pedía nada que el hombre pudiera hacer por los dos y jamás lo haría de no ser necesario.
-Dentro de unas semanas es el estreno de la obra de Joey y me preguntaba si…si…
-¿Si?.
Respiró hondo. Debía hacerlo.
-Me preguntaba si podrías convencer a mamá de que me deje ir. Esta obra es muy importante para mi hermano y quiero estar con él ese día.
Roger miró decisión en los castaños ojos de la muchacha y como no podía negarle nada simplemente asintió a ese capricho.
-Veré que puedo hacer al respecto.
-¿De verdad?. Muchas gracias. Sonrió la joven y en un impulsivo arranque abrazó al hombre. Se sentía bastante feliz de poder ir al estreno de su hermano. Y no lo veía ya como impedimento pues su madre cedía siempre ante el convencimiento de su marido.
Roger sonrió un poco. Si, su pasado estaba en ese momento abrazándolo y cómo no podía recuperar el tiempo perdido años a tras, trataba siempre de complacer a su hija.
La pelirroja desahuciada que era feliz con cualquier cosa.
Sin embargo años más tarde el mismo Roger se preguntaría si en verdad el hecho de ceder en todo lo que su hija llegó a pedirle, había influido en la infelicidad de cierto muchacho que al llegar a conocerlo más a fondo respetó y admiró en desmedida.
-…y la junta directiva quiere que…Señor, ¿se encuentra bien?.
Asintió tras darse cuenta de que había estado viajando por la luna aproximadamente veinte minutos.
-Estoy concentrándome en lo que me dices. Añadió, con ese tono hermético que a la secretaria muchas veces hacía temblar.
-De acuerdo. Son todos los recados. ¿Desea que llame a la junta para…
-No. Déjalo así. Esos dinosaurios estúpidos han colmado ya mi paciencia. Es mejor que se la vean con mis abogados antes de querer quitarme lo que es mío.
La muchacha asintió y se retiró sin hacerse notar demasiado. O tal vez era que su jefe había regresado al limbo, de donde no había salido desde que llegó.
Seto no notó el silencio dentro de su despacho. No lo hizo porque su cabeza lo estaba bombardeando con miles y miles de preguntas y recuerdos que parecían exhibirse a toda velocidad sin piedad alguna.
La visita de Noa esa mañana lo había dejado bastante inquieto. Como nunca y eso obviamente no le gustaba.
Maldijo en voz alta cuando trató de despejarse de todo, pero la mágica palabrita que continuaba pinchándole todo el cuerpo, no se apartó con tanta facilidad.
-"Quiero conocer a la persona de la cual te haz enamorado".
La voz de su hermano continuaba intacta en sus recuerdos y la última palabra, esa que comenzaba con "E" parecía quemarle como braza hirviendo.
-Qué idioteces, yo no estoy ena…ena…enamorado de Wheeler. No lo estoy. Se negó por milésima vez ese día y no hubo poder humano que lo hiciera cambiar de opinión. O tal vez si.
La puerta se abrió tras ser tocada un par de veces.
-¿Lo interrumpo?.
Kaiba negó, sentándose en unos de sus sofás tras beber tres vasos de agua helada.
-El joven Noa ha prescindido de mis servicios el día de hoy. Comunicó Ed, cuyo semblante se hallaba dividido entre preguntar por el evidente desorden mental que su jefe tenía y no sonreír ante lo que ya intuía.
-Ese…niño. Murmuró el castaño y el guardaespaldas supo lo que ahí pasaba.
-Con todo respeto, señor. El joven Noa ya no es un niño.
-Si, ya me di cuenta de eso. Muchas gracias. Se mofó con ironía, sirviéndose más agua con varios hielos.
Ed, que conocía perfectamente bien los estados de ánimos de sus amos, supo que Seto se encontraba bastante nervioso.
Nadie sobre la faz de la tierra, no al menos que tuviera ya edad para consumir bebidas alcohólicas, bebía agua helada en grandes proporciones. No al menos que fuera Seto Kaiba y se encontrara…nervioso.
-¿Está molesto por lo de la mañana?.
Seto hizo crujir un hielo dentro de su boca y miró retantemente a su custodio.
-Debería respirar y calmarse. No creo que morder hielos vaya a bajarle lo "acalorado".
El castaño gruñó con enfado pero no dejó el vaso que llenó de hielos. Otro de sus ritos cuando deseaba "enfriar sus pensamientos".
-¿Por qué no platica conmigo?.
-¿A eso te mandó el pequeño chantajista?.
-No. Rió Ed con diversión.-Se supone que debería estar jugando solitario en mi habitación pero presentí que me necesitaba.
Jamás lo admitiría, pero ese hombre tenía buen olfato para los problemas.
Así pues no le quedó más que sentarse y continuar masticando hielos hasta sentir que la lengua se le dormía.
Al menos así sabía que estaba más relajado.
Ed aguardó con mucha paciencia a que su patrón quisiera hablar y cuando lo hizo, si que percibió el sentimiento que seguramente un padre tendría para con su hijo.
-No estoy enamorado. Reclamó Kaiba con el seño fruncido y dificultad en pronunciar las palabras.-No lo estoy.
-¿Y quién dijo que lo estaba?.
-…Noa. Aclaró cómo acusando a su "hermanito" por haber hecho alguna travesura.
El custodio se guardó la sonrisa paternal.
-El joven Noa es una persona muy perceptiva. Siempre lo ha sido y no creo que usted lo vaya a negar ahora, ¿verdad?.
-¿Negar qué?.
-Que esta viviendo con alguien.
Seto se metió a la boca un hielo más que no masticó, sino que dejó derretir lentamente hasta que volvió a sentir la lengua congelada.
-Lo estoy haciendo, ¿y?.
-Nada. Sabe que nosotros estamos felices por ello. Ya era hora de que se consiguiera una vida.
Seto sabía que esas palabras eran de su hermano, pero interiormente sonrió a la aprobación.
Pero la discusión aun no había finalizado.
-Pero no estoy enamorado de ese…ese…perro idiota.
Ed parpadeó y después rió sonoramente. Al parecer el genio le había dado ya un sobrenombre bastante "romántico" a su compañero.
-¿Qué?.
-Nada, es solo que…bueno, aclaremos algo señor. ¿Si no está enamorado, entonces por qué vive con él?.
-Porqué es un pobre perro vagabundo que necesitaba un hogar. Aclaró y en parte era verdad.
-Ah, ¿solo por eso?.
Seto movió afirmativamente la cabeza después de un par de minutos.
Se sentía como un niño de cinco años confesando sus fechorías.
-Y porqué…me agrada…me…me gusta. Murmuró bajito, solo para él, pero el oído agudo de Ed lo captó.
-Solo le gusta pero no le ama. ¿Es eso correcto?.
Kaiba asintió, esta vez sin tardanza.
Estaba aceptando que Joey le gustaba. Pero solamente eso, nada más.
-Comprendo. Bueno, entonces solamente esperamos que ese muchacho sea alguien decente y no lo dañe.
-Joey jamás me dañaría. Él es más noble que un san bernardo.
Ed sonrió con ternura. Seto no dejaba de lanzarle apodos románticos a su compañero y al menos ahora ya sabía el nombre del susodicho.
Algo entonces le dijo que su señor Seto no podía estar en mejores manos.
-Entonces disfrute de lo que tiene. No se complique la existencia tratando de pensar en cosas que por si solas llegaran.
Tal vez con el tiempo usted se de cuenta de lo que en realidad está…experimentando.
El ojiazul miró a su custodio y asintió.
Era un genio en su totalidad y estaba ahogándose en una gota de agua.
Se sintió estúpido pero también muy confundido. Él jamás había pasado por algo semejante. Jamás se había permitido sentir nada por nadie que no fuera Noa o su madre y ahora estaba conviviendo con Joey de una extraña manera en la cual nunca pensó, y debía admitir que le gustaba esa compañía. Que le gustaba Joey Wheeler en su vida.
Ed acertó en pensar que dentro de muy poco los revueltos sentimientos de su jefe se resolverían y se sintió feliz por presenciar ese momento que pensó jamás, llegaría.
Noa tenía razón, Seto ya estaba listo para amar.
Salomón escuchó la puerta de la entrada cerrarse, así pues dejó por unos momentos su negocio y se apresuró al encuentro de su nieto. Más cuando quiso abordarlo se dio cuenta de que no era la persona que esperaba.
-Buenas noches. Inquirió sin cortesía, solo por mera monotonía.
Yami devolvió el saludo, él sabía que no le agradaba al anciano, sentimiento que era recíproco, pero le estaba dando techo y comida. Lo menos que podía hacer era aparentar cortesía.
-Pensé que era mi nieto. ¿No lo ha visto?. Inquirió Salomón sin dejos de preocupación.
¿Qué si no lo había visto?
Oh si, si que lo había visto pero no le iba a dar el gusto al pequeño truhán de admitirlo.
-No.
-Qué extraño, dijo que llegaría temprano.
-Tal vez tuvo otros compromisos.
La irónica sonrisita del egipcio agradó a Salomón.
-Seguramente se fue a comer con Raphael, es un buen muchacho, ¿sabe?.
-No, de hecho no se de lo que me habla.
Pero si lo sabía. El anciano estaba hablando del muchacho ese musculoso que había ido por Yugi al teatro para llevárselo quien sabe a donde.
Eso le hizo hervir de rabia.
-Es el hijo de un buen amigo mío. Se conocieron de niños y ahora que están en Japón por asuntos del museo…me alegra verlos de nuevo unidos.
Salomón sonrió con verdadero agrado y Atemu estuvo a punto de golpear el florero sobre la mesita de centro.
-Pues, me alegra que Yugi haya recuperado su "amistad".
-Pero le veo inquieto. ¿Tuvo mal día?.
¿Cuándo Salomón se había preocupado por su inquilino?.
Esa fue la duda que Yami respondió de inmediato: Cuando el anciano se percató de que su nieto y él ya no eran tan unidos.
-Ensayos, usted debe de saber.
-El teatro no es mi fuerte, pero si, debo imaginar que es muy pesado. ¿Cómo va la obra?.
-De maravilla. Mintió el egipcio. Todo era un reverendo desastre.-Estrenaremos con brillantes resultados.
-Espléndido. A Yugi le encantará eso.
Atemu no se sentía con el ánimo de charlar con el abuelo de su ex amante, así pues movió la cabeza y se dirigió a las escaleras. Lo que necesitaba era una pastilla para dormir sin pensar en nada.
-Por cierto, ¿qué hará después del estreno de la obra?.
Y ahí las verdaderas intenciones del abuelo.
Yami respiró hondo. Esa era la oportunidad que el anciano estaba buscando para sacar las cosas a la luz. Así pues las resolvió con su estilo particular.
-Me iré. Eso debe de reconfortarlo, ¿no es así?.
Salomón asintió. Fuera máscaras e hipocresía.
-Y no se preocupe por lo demás, yo sabré recompensar su "hospitalidad" como es debido.
-Eso no es lo que me inquieta. Su dinero al fin y al cabo no nos es necesario. Simplemente quiero asegurarme de que se irá.
Duro y directo, así era Salomón Mouto.
-Descuide. Desapareceré de su vida más pronto de lo que dice: videojuego.
El egipcio se dio la vuelta para continuar su camino, pero la voz del anciano volvió a detenerlo.
-No puedo quitarme de la cabeza el cómo alguien como usted, extranjero, vino a este país a hacer una simple obra escolar.
¿No le parece demasiado…inútil?.
La brecha estaba abierta. Debía responder.
-Ahora que lo menciona y saca a relucir sus verdaderas intenciones, si, lo admito, esta obra escolar es inútil.
Salomón sonrió, al fin el león se mostraba como era.
-¿Y entonces por qué viaja tanto si bien pudo hacer esta "inútil cosa" en cualquier otro país?.
-Mis motivos solo míos son. Pero para su tranquilidad, que dudo la consiga hasta que realmente me vaya de aquí, no soy ningún presidiario ni asesino en potencia. Simplemente digamos que tuve líos familiares.
-Eso debe ser penoso.
-No tanto. Después de la obra, mis penas se habrán ido.
-Es bueno saberlo.
-Por supuesto y ya no temerá que el lobo feroz le salte encima a su nieto.
Salomón sintió ira ante esas palabras.
-Mis zarpas no son las que deberían preocuparle. Aclaró Yami tomando el pasa mano de la escalera.-Son otras que miden uno noventa y de gran masa muscular. Buenas noches.
No dijo más y subió al desván.
El abuelo de Yugi bufó con enfado pero este se desvaneció casi en el acto.
Al fin el extranjero dejaba en paz a su nieto y este parecía totalmente indiferente a eso.
Todo estaba regresando a la normalidad y entre más rápido el egipcio se fuera, más deprisa recuperaría a su nieto.
-Te prefiero con Raphael que con él. Ese muchachito no me inspira confianza, mucho menos después de saber sus verdaderas intenciones.
Regresó a su negocio para cerrarlo. Solo faltaba que su nieto arribara y le hablara del muchacho rubio y alto que le había "conseguido".
Atemu no azotó la puerta, pero si se desquitó con el colchón de la cama, quien terminó bastante abollado después de su rabieta.
¿Quién se creía ese anciano que era?.
Nadie le hablaba así a él, mucho menos alguien que no sabía nada de nada.
Gruñó y se acercó a la ventana. En ese momento le caería muy bien una copa de lo que fuera, mucho más al mirar a Yugi descender muy sonriente de un auto negro aparcado frente a la casa.
Reconoció al joven alto que había visto ya en dos ocasiones y friccionó con fuerza sus puños cuando Yugi le obsequió una de esas sonrisas que hacían derretir hasta la nieve.
Golpeó la pared haciendo vibrar la pequeña ventana que le daba luz y visibilidad suficiente como para permanecer inadvertido.
-Maldita sea. Gruñó y se lanzó a su valija en busca de esa eficaz pastilla para dormir que requería en el acto.
Entre menos pensara en Yugi y su monigote ese, más estabilidad tendría.
Lo escuchó entrar cual bólido y también charlar con mucho ánimo con su abuelo.
Eso era el acabose, así pues se tomó la bendita medicina y esperó con poca paciencia el efecto.
Deseaba irse de esa casa, realmente lo deseaba. Pero a falta de un lugar para quedarse y del dinero conveniente tuvo que reprimir el impulso de salir corriendo de ahí.
¿Qué era lo que le molestaba?.
Esa era la cuestión que ya entre despierto y dormido se efectuó sin descanso, y que la vocecilla de su conciencia le hizo evidente:
"Te gusta y estas celoso".
Joey le sonrió a Seto cuando este le mostró el grueso volumen que había adquirido en una librería.
-¿Lo compraste para mi?
-Digamos que es un clásico que debo tener en mi casa.
El rubio sonrió juguetón, arrebatándole el libro a Kaiba y hojeándolo con maestría.
Hacía tiempo que había leído El conde de Montecristo y el tenerlo en sus manos solo avivaba el deseo de interpretar cuanto antes a Edmundo Dantes.
Había ensayado duro y el director le había dicho que el progreso era más que evidente.
La emoción lo embargaba.
-Gracias, lo leeré ahora mismo.
Seto asintió y se dejó caer al lado del rubio que pronto ni perezoso se recargó en su hombro y le cedió el volumen.
-Mejor léelo tú y yo te escucho.
-Perezoso. Retó el ojiazul tomando el libro.
-No, es que…me gusta tú voz. Se aventuró a decir y Seto percibió una onda cálida bajando por su pecho.
La conversación con Ed le regresó a la cabeza y se preguntó extrañamente por lo que Joey sentía por él.
El rubio era demasiado transparente como para no notarlo y eso hizo latir rápidamente su corazón.
-De acuerdo, pero no te acostumbres demasiado, ¿he?.
Joey sonrió y asintió, dejando que todos sus sentidos se enfocaran a la voz cambiante y sexy del millonario.
El rubio le había dado muchas vueltas a esa "relación" y aunque habría querido negarse algo que por esencia no le correspondía, admitía ya sin miedo alguno que estaba enamorado de Seto Kaiba.
El cómo sucedió era algo que no le preocupaba, pero la emoción, la alegría, los vellos de su piel erizándose cada vez que Seto lo besaba o lo abrazaba, era algo que no podía confundirse con nada.
-"No es ni parecido a lo de Touma. No lo es".
Solía decirse con veracidad y aunque en un principio la idea de enamorarse y padecer lo mismo que con el ojiverde lo asustó, en esos momentos con la cándida respiración del castaño y sus sentidos puestos en la fragancia exquisita que este utilizaba, supo que desde aquella tarde de lluvia en la que se hubo refugiado en los brazos de Seto, se había dado ya una oportunidad para Amar de verdad y ser amado.
-O tal vez fue antes. Susurró, aferrándose fuertemente al torso de su amante.
-¿Cómo?. Indagó Seto, quien había llevado consigo sus lentes de lectura.
-Nada. Cosas mías. Sonrió Joey quitándole importancia al asunto.
-No me interrumpas. Se ve que no sabes apreciar la buena literatura.
Joey sonrió, acurrucándose más al ojiazul quien sonrió ante la demostración de afecto.
Nadie jamás le había dado tan lindos momentos como el rubio y pensó más detenidamente y con mucha determinación, de que este se merecía algo mejor.
Seto comenzaba a abrir sus sentimientos y muy pronto los expondría costárale lo que le costara.
Continuará…
Disculpen la tardanza pero aquí está, recién salido de mi cabeza para ustedes
Gracias por sus lindos comentarios, espero que la historia ya no se alargue tanto
Bueno estoy haciendo un experimento en el Gundam Wind mundo, así que a quien le interese me gustaría su opinión al respecto.
El fic se llama: Amnesia y está ahora en línea. Me gustaría saber que opinan de él.
Gracias por seguirme y sobre todo por su paciencia infinita, su amiga:
KLF
