TITULO: Dreams

Capitulo: No se hablar de Amor 1

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: se hablar de amor

Te miro y se me la voz, por qué

La respiración me falta y siento la emoción crecer

Tengo el corazón acelerando, no se hablar de amor por qué

Solo con saber q voy a verte empiezo arder

Bésame no se hablar de amor

Por favor tú lo entenderás mejor

Bésame no se hablar de amor

Quítame el aliento igual que un ladrón

No se hablar de amor

Y vivo en una pagina gris sin ti

Todo lo que soy es tuyo solo quiero hacerte feliz

No hay una razón por la que tenga que estar como estoy, y qué

Solo de saber que ya te tengo empiezo arder

Bésame no se hablar de amor

Cuerpo a cuerpo lo entenderás mejor

Bésame no se hablar de amor

Quítame el aliento sé mi ladrón

Bésame no se hablar de amor

Cuerpo a cuerpo siempre es mucho mejor

Bésame no se hablar de amor

Róbame la vida más que el amor

(No se hablar de Amor.

Alexandra)

El estreno estaba ya a la vuelta de la esquina. Tres días y contando. El teatro era un caos, los profesores estaban histéricos y la directora de la carrera gritaba y maldecía a todo el que se pusiera en frete. Incluso el chico encargado de la publicidad e invitaciones de honor había salido regañado.

El Apocalipsis teatral existía y tenía un nombre: El conde de Montecristo y con él todo a su alrededor.

-Escenografía…hey, eso no va ahí, va del otro lado…del OTRO LADO. Gritaba el histérico director quien no era escuchado por nadie.

Yami lo miraba todo con bastante pesadez.

Estaba realmente arto de todo aquello. ARTO con mayúsculas, pero tenía que soportar.

Su padre le había llamado esa mañana diciéndole que llegaría el mismo día del estreno con su hermanastro. Ambos asistirían y eso lo había puesto de mal humor.

Ya bastante tenía que soportar ahí, ahora con su burlón hermanastro las cosas cambiaban.

Realmente tenía deseos de mandarlo todo al infierno pero no solo su fortuna estaba en juego, su prestigio y su decisión también.

Él no era de los que se iban abandonándolo todo. Él se quedaba y enfrentaba las cosas con la frente muy en alto y en esa ocasión no diferiría.

-Joey, ¿puedo hablar contigo?. Indagó al muchacho que llegaba corriendo, como siempre.

-La profesora Keiko me espera para…

-No tardaré.

El rubio asintió, esperando que no lo retaran por ese retraso imprevisto.

Ambos salieron del teatro, dejando atrás el barullo de los que ahí se encontraban. La paz y la tranquilidad del exterior, les dio la bienvenida.

-¿Fuma?. Cuestionó Joey ofreciendo la cajetilla al productor.

-No, pero ahora me vendría bien uno.

Joey encendió el cigarrillo del tricolor y después el suyo, ambos exhalaron una bocanada bien merecida de humo blanco.

-¿Qué quería decirme?.

-No hemos tenido la oportunidad de charlar desde que eres el protagonista, así que quería decirte que me agrada mucho tu avance. Lo harás bien. Afirmó, inhalando nicotina.

El rubio sonrió, no se esperaba aquella felicitación.

-Gracias. No se si soy tan bueno como Jill pero…

-Cada quien su estilo. Nunca lo olvides.

-No lo haré.

-Por cierto, necesito que me hagas un favor. Se que eres el mejor amigo de Yugi Mouto y necesito saber qué es lo que hace cuando sale de aquí.

Aquellas palabras tomaron desprevenido al rubio, el cual miró con desconcierto al director.

-¿Perdón?.

Yami entonces supo que Joey no sabía nada.

-Ya veo que no ha tenido la delicadeza de confiarte nada.

-¿A qué se refiere?.

Atemu exhalo de nuevo y enfrentó las castañas y sorprendidas pupilas.

-Estoy viviendo en casa de Yugi.

Si el humo no hizo que el rubio se atragantara, si lo hizo su saliva.

-¿Qué…cómo dijo?.

-Que estoy viviendo en casa de Yugi. Él me hizo el favor de alojarme mientras la obra se lleva a cabo. ¿No te lo dijo?.

La pregunta estaba matizada de duda, desilusión y venganza.

-N-no, no me lo dijo. Asintió Joey sintiéndose un poco ofendido ante el secreto de su amigo.

-Bueno, como sabrás antes él era mi asistente, pero lo dejó todo…el asunto es. Concretó sin ir a los extremos.-Que estoy preocupado por él y cómo tú eres su amigo, creo que sabrás resolverme muchas dudas.

Eso si era interesante.

-¿Cómo qué tipo de dudas?.

-Esa, a adónde va todos los días cuando sale de aquí. Siempre llega tarde a casa y no es que sea su celador, para eso tiene a su abuelo, pero si me preocupa que pueda estar haciendo algo que no es…debido. ¿Me explico?.

Perfectamente, pensó el rubio tras apagar y tirar la colilla del cigarro en el contenedor de basura.

-Pues no sabría decirte con exactitud. Tuteo, sintiéndose con la confianza de hacerlo.-Como verás esto que me dices me ha tomado por sorpresa y yo…

-Tengo que aclararte que mis intenciones por saber son buenas. Le he llegado a tener un cierto afecto a los Mouto y no desearía irme dejando a Yugi en malas manos.

-¿Se va?. Cuestionó con nueva sorpresa.

-Si. Al finalizar el estreno. El director de escena y la directora de carrera se harán cargo del resto. Mi trabajo concluye pasado mañana, con el estreno.

Joey podría decir que Yami le causaba mucho enigma, pero le caía bien. Enterarse de que se iba ciertamente fue más desconcertante que saber que vivía en casa de su amigo.

-Lamento escuchar eso. Nos habría dado gusto tenerlo en la gira.

-No todas las personas son necesarias en la vida, Joey. Y si ustedes ya eran un grupo cuando yo llegué, ahora con mucha más razón. Sonrió con sinceridad. A esa sabia conclusión había llegado.-Pero no hablábamos de eso, sino de Yugi. ¿Podrías tú ayudarme un poco?.

-Claro. Yugi es mi mejor amigo y haría lo que fuera por él.

-Buen chico. Sonrió Atemu apagando su cigarro.-Sabía que podía confiar en ti, ahora y antes de entrar dime todo lo que pueda serme útil para ayudarlo.

Con la primicia de ayudar a su amigo y con la duda de si hacía cosas buenas o malas, Joey le habló al Egipcio de Raphael y del cambio que venía observando en Yugi desde que se habían reencontrado.

Muy en el fondo Joey tenía un reclamo que hacerle a su amigo tricolor, pero también observó, con ese sentido único que él tenía, que el abordaje de Atemu no era por simple preocupación de "amigo", sino que era por algo más de lo que después se enteraría.

Raphael era un chico muy educado, con dos hermanos menores que eran su adoración.

Sus padres eran un matrimonio muy unido y él, como parte de esa unidad, podía ser tan cortés y amable como nadie en el mundo.

Esa era su personalidad: valiente y fuerte, pero también noble, amable y defensor de los que quería.

Había conocido a Yugi cuando niños. Su padre lo había llevado a Japón a una exposición de arte y escabulléndose entre las largas piernas de los adultos, había chocado con el de cabellos tricolor.

Sus ojos grandes y violetas lo habían atraído de inmediato, forjando ahí una linda amistad.

Ahora y después de tantos años, podía decirse que esa amistad había permanecido intacta y lo agradecía, pues Yugi era una de esas reliquias que deben conservarse pese a todo.

-Te agradezco que desperdicies tu tiempo en recogerme y traerme a la universidad, Raphael.

-No es nada. ¿Cuántas veces quieres que te lo diga?.

Su voz enérgica y varonil hizo sonrojar al más pequeño, el cual sonrió por respuesta.

-Vamos, quita esa cara. Ahí adentro te espera mucho ajetreo.

-Lo sé y de solo pensarlo me canso.

Ambos rieron con normalidad, después el rubio descendió para abrirle la puerta a su amigo.

-¿Vendrás a la exposición esta noche?. Interrogó el rubio como recordando algo.

-Claro. El abuelo viene diciéndomelo desde hace tres meses. No me lo perdería por nada en el mundo. Sonrió, apartando un mechón negro de su rostro.

-Será bueno verte. Ya sabes que me aburren esas charlas de negocios. Guiñó el más alto, haciendo reír de nueva cuenta a Yugi.

-Lo sé. Aunque no te prometo que mi charla sea tan amena como lo imaginas.

-Lo será, claro que lo será. Solo no dejes de asistir, ¿de acuerdo?.

-Es una promesa.

Yugi le dio la mano al chico alto, el cual la tomó con una sonrisa tierna en los labios.

-Hasta más tarde entonces.

-Nos vemos.

Raphael miró alejarse al sonriente Yugi. Ese era su toque personal: jamás perder su sonrisa y él realmente lo valoraba.

Encendió el motor de su auto y se dirigió al museo. Aun había problemas que solucionar antes de la noche de exposición.

Su teléfono celular vibró.

-¿Diga?.

-Hola Raphael, ¿cómo estas?.

-Oh, muy bien, gracias Señor Mouto.

-Discúlpame por llamarte a este número.

-No hay problema, señor. Dígame, ¿en que puedo ayudarle?. Inquirió sin perder su cortesía.-¿Hay problemas en la exposición que he pasado por alto?

-Oh, no, no, los que discutimos ayer solamente. El motivo de mi llamada es por otra cosa.

-Lo escucho.

Se efectuó un silencio antes de que el abuelo de Yugi volviera a hablar.

-Solo quería asegurarme de que estuvieras con mi nieto.

-De hecho acabo de dejarlo en la universidad.

-Ah, espléndido. ¿Te ha comentado algo de hoy en la noche?.

-Me dijo que asistiría. Sonrió el rubio.-¿Por qué?.

-Nada importante, solo quería asegurarme. Cómo no lo veo tanto últimamente...

-Si es por su seguridad, descuide, él está en buenas manos. Afirmó Raphael, deteniéndose frente al museo central de la ciudad, dónde ayudaba a su padre con la exposición.

-Excelente. Pareció sonreír Salomón.-Ahora puedo estar más tranquilo. Por favor, continua cuidándolo, ¿quieres?.

-Para mi es un placer señor, no tiene ni porqué pedírmelo.

-Lo sabía. Bueno, debo irme. Te veré en un rato más Raphael.

-Igual, señor.

La comunicación se cortó.

Raphael avanzó rápidamente hacia el área de la cual se encargaban su padre y él, y se preguntó por quinceava vez desde que se había encontrado al Señor Mouto en esa misma sala, el por qué tanta insistencia con él y su nieto.

-Tal vez solo le preocupa de que me pase de largo.

Sonrió, olvidándose del asunto de inmediato.

Salomón por otro lado se sintió seguro con lo que acababa de escuchar.

Su nieto continuaba viéndose con Raphael y hasta ese momento ni indicios del Egipcio.

Si las cosas continuaban así, muy pronto tendría su vieja vida de regreso y las preocupaciones fuera de su mente.

Seto observaba con detenimiento una revista cuando Atemu apareció a la vista.

No la ocultó, sin embargo si lo miró como acostumbraba a hacerlo.

-Diez minutos tarde. Nuevo record para tú puntualidad.

-Si, ya me di cuenta. Pero recuerda que no puedo dejar botada la obra así como así.

-No te conviene, ¿verdad?.

El egipcio efectuó un movimiento de obviedad, sentándose entonces frente al castaño.

-Vaya, ¿ahora cambias el diario y la agenda electrónica por revistas populares?. Que gran salto a tu arrogancia.

-Es mejor que aparentar que soy Productor y estoy haciéndole un bien a la Universidad con ello, ¿no crees?.

Yami sonrió con cierto desgano, pero así era su usual interacción.

-¿Para qué querías verme, Kaiba?.

-Para decirte que tú padre me llamó y por lo que escuché, no está muy contento.

El egipcio enarcó una ceja.

-¿Mi padre te llamó?. ¿Para qué?.

Seto dejó de lado la revista y enfocó sus cerúleas pupilas en el egipcio.

-Para exigirme respuestas sobre el por qué te había ayudado.

-No me imaginé que podría haberse enterado.

-Tú padre es un imbécil como lo fue el mío. Me extraña saber que no lo creías capaz de buscar tus negocios.

-¿No habrás sido tú quien le dijo, verdad?.

-No tengo tiempo que desperdiciar, mucho menos con tú familia.

Yami sabía que su padre odiaba a los Kaiba por una transacción nada benigna que el fallecido Gozaburo le había hecho, así pues se preparó para el discurso que le daría cuando se vieran.

-Él jamás habría consentido que te pidiera ayuda.

-Y yo le dije que jamás te habría ayudado tampoco. Afirmó el ojiazul.-Pero nuestros negocios no le interesan. Tú eres un "hombre" autónomo y cuando te den tu herencia y me pagues, tú tomaras tú camino y punto. No tengo ni idea del porqué me discutió media hora por teléfono.

-Sabes que odia a tú familia por lo que tú padre le hizo. Pero también te diré que él pensaba que iba a arrastrarme ante él para que me ayudara.

-No te cree apto para nada y eso es gracias a ti y a tu mimada manera de ser durante estos años. Si hubieras tenido más iniciativa, al menos tu padre no seguiría metiéndose en tus asuntos.

-¿Es eso un consejo?. Se mofó Atemu.

-Es solo la verdad. Añadió Kaiba pues conocía muy bien lo que era que otros fisgonearan en lo suyo.

Yami tenía muy presente todo eso. Por eso quería su herencia, para largarse del lado de su padre y hacer su vida. Pero al parecer el hombre no lo dejaría ir tan fácilmente.

-¿Conoces a un tal Raphael Winkils?.

La repentina pregunta desconcertó al genio.

-Nunca había escuchado de él. ¿Por qué?.

-No es nada, simple…curiosidad.

Atemu podía ser todo, menos curioso.

-¿Negocios fallidos con él?. Inquirió el ojiazul con su especial tacto.

-No. Solo que lo conocí y quiero investigar su portafolios. Tú sabes. En estos días ya no se puede confiar en nadie.

Seto rió con sorna, pero ya intuía él por dónde iba el egipcio.

-Creo haber escuchado el apellido Winkils en algún lado. ¿Norte americano?.

-Canadiense, al parecer. Es todo lo que tengo.

Seto volvió a hojear su revista, deteniéndose en un apartado que le interesó bastante.

-¿Y quien dijo que hojear revistas "populares" no te trae nada bueno?.

Deberías de hacerlo más a menudo. La cantidad de información de la que te enteras con tan solo mover un dedo.

Sin mas le lanzó la revista al egipcio, quien indignado miró lo que el genio le señalaba.

Esa vez entonces, tuvo que darle la razón a Kaiba cuando miró el artículo.

-"Exposición Egipcia en el Museo Central. Exposición organizada en convenio con Japón y la familia Winkils de cuya propiedad son varios objetos de ilustre contenido histórico y cultural." Vaya, que interesante. Murmuró tras leer el encabezado del artículo.

-Ahora conocemos el portafolio de "tú" chico. Se mofó Kaiba, abriendo otra revista, solo que esa vez el contenido era diferente.

Atemu sin embargo no se mostró solícito a mofarse del castaño. Su atención estaba puesta en el artículo de la revista, el cual ocupaba tres hojas con fotografías y entrevistas con los organizadores del evento y con la familia Winkils.

-Así que estudió en norte América y son dueños de una gran fortuna. Interesante.

-¿Me dirás ahora que ese es tú próxima conquista?. Indagó Kaiba tras reconocer al tal Raphael.

-No. Indicó tajante el tricolor.-Tengo un negocio pendiente con él. Es todo.

Seto sonrió con ironía, regresando a lo suyo mientras Atemu se incorporaba y caminaba a la puerta.

-Me llevo tu revistita, creo que no la necesitas.

-No, quédatela. Así y a lo mejor conocer más a tú "asunto pendiente".

-Te veré en el estreno. Al menos ahora sé por qué Joey se esfuerza tanto en sus ensayos. Si que lo ligaste fuerte, Kaiba.

Yami salió sujetando la revista con bastante aprehensión. Ahora si podía ver con mucha más claridad a su enemigo, pero también era cierto que otro factor lo estaba cegando. Algo bueno para darle al fin la decisión que buscaba.

Seto por su parte no se interesó demasiado en los enigmas del egipcio. Lo conocía bien y sabía lo que se traía entre manos.

-No cabe duda de que los inútiles se juntan con los inútiles.

Sonrió con ironía y levantó el auricular con cierto desgano.

-Necesito que me consigas un número telefónico.

Si bien Kaiba no colgó el teléfono, su secretaría entró cual bólido en el lugar, escuchando atentamente las indicaciones de su jefe.

El muchacho le indicó que se acercara a él y en cuanto la muchacha miró lo que el dedo del ojiazul le señalaba, casi se ahoga de la impresión.

-¿Quiere que busque el número telefónico de Tifany's?.

-Así es. Asintió el genio cómo si no se hubiera dado a entender.

-Pero…pero…

-Y necesito que me consigas también una cita privada con ellos. En sus bodegas o donde sea que muestren su mejor mercancía. ¿Está claro?.

-S-si, señor.

La secretaria tomó algunos datos de la revista que Seto le mostraba y rápidamente regresó a su escritorio con la idea de que su jefe se encontraba lo bastante estresado como para pedirle que llamara a una de las más importantes joyerías del mundo.

-O tal vez solo quiere callar unas cuantas bocas. Se dijo la chica, sabiendo a la perfección el trabajo de comprar bocas para lavar y mantener una imagen.

Satisfecho con la elección de joyería, Seto guardó el catálogo que había mirado en una tienda cualquiera.

Si, su plan estaba saliendo perfecto y dadas las circunstancias de todo, la fecha ideal caía en una celebración magnífica.

-En pocos días te tendré solo para mí. Susurró, limitándose a continuar con su trabajo.

-¿Estás seguro que no quieres que te acompañe?.

-No, Joey, el abuelo básicamente me quiere acaparar para Raphael.

-Ah, si. El chico ese que ya tuviste la gentileza de presentarme, ¿Verdad?.

-Lo siento. Se apenó el tricolor.

-Ya me lo presentarás después. Por ahora solo quiero asegurarme de que estas bien.

-Lo estoy. Raphael es un ángel. Rió Yugi, abriendo su armario.

-Bien. Espero que te vaya bien en esa exposición.

-¿Estas seguro de que no quieres ir?. Suena aburrido pero siempre hay cosas interesantes que ver.

-No. Voy a estudiar. Aun hay algunas cosas que quiero perfeccionar.

-Aja. Seguro que sí. Indicó pícaro el bajito.

-De verdad. Seto tiene mucho trabajo.

-Aja.

-¡Yugi!.

-De acuerdo. Ya te contaré el cómo me fue.

-Bien. Afirmó el rubio sintiéndose tonto de por primera vez defender un punto sin doble sentido.-Por cierto. Pronunció antes de olvidarse.-Tú y yo tenemos un asuntito que discutir.

-¿Ah si?. Preguntó Yugi desconociendo las cosas.

-Si. Pero frente a frente. Estas cosas no se tratan por teléfono.

-Me asustas.

-No es nada malo, eso creo. Solo es algo que debo decirte para que no pase desapercibido.

-Bue-no. Mañana lo hablaremos.

-Cuídate y suerte.

Yugi colgó con una sensación extraña. Joey no solía ocultar nada y sus palabras lo habían hecho pensar mucho, pero ya después tendría tiempo de resolver sus dudas.

Por el momento elegir el atuendo necesario era su prioridad, así pues seleccionando algo censillo es como se reunió con su abuelo quien ya lo esperaba con su viejo auto en marcha.

-¿Y Yami?. Interrogó al mayor cuando no le escuchó arribar o en su habitación.

-Quien sabe. ¿Te interesa en dónde pueda estar?.

-No…claro que no. Sonrió el bajito, restándole importancia al egipcio. Después de todo él había dado pie a todo eso.

Sin mucho tráfico o complicaciones arribaron al museo, el cual se encontraba recibiendo a personas importantes.

-Debiste traer tus fotografías de Egipto, abuelo.

-Se las presté al abuelo de Rebeca. Se encuentran exponiendo en Inglaterra. Ambos dijeron que vendrían para acá en cuanto terminaran.

Rebeca Hopkins, su eterna enamorada. Una chica brillante pero por obvias razones no de su gusto.

Encontraron a los amigos de su abuelo discutiendo con la prensa, los cuales se obstinaban en utilizar flash cuando no era debido.

A Yugi no le fue difícil localizar a Raphael. El muchacho estaba charlando con sus hermanos, los cuales parecían bastante emocionados de estar ahí.

-Al fin llegas. Sonrió el rubio, saludando al tricolor.

-Si. Es que el abuelo no encontraba su discurso. Reveló el muchacho, saludando a la linda jovencita y al chico inquieto que eran los adorados hermanos de Raphael.

-Mis padres quieren verte, sobre todo mamá. Dice que tiene que tomarte varias fotos para presumir con sus amigas lo apuesto que te has puesto.

La revelación del rubio hizo sonrojar a Yugi, el cual trató de quitarle importancia al asunto.

-¿Podrías mostrarme la exposición?. Preguntó con bochorno y tras una risita traviesa Raphael lo acompañó para mostrarle los tesoros de su familia.

Por otra parte en la entrada cierto muchacho hacía acto de presencia.

No llevaba invitación, pero la sola mención de su apellido al dueño del museo, bastó para permitirle libre entrada.

Se movió con confianza. Estaba acostumbrado a esos eventos y a tratar con la sociedad.

Su linaje y su herencia así lo remarcaban y mientras tomaba una copa de champagne, miró atentamente a su alrededor.

Realmente una parte de sus orígenes estaba siendo exhibida con gran maestría. Las fotografías y artículos brillaban con enérgica belleza y el cetro de un faraón desconocido de nombre, realzaba la sofisticada exposición Egipcia.

Sonrió un tanto. Si su padre lo quisiera, podría hacer un excelente negocio con sus posesiones al exponerlas de esa manera.

Ciertamente las siete salas quedaban cortas contra la colección de su padre, pero el hombre veía más provecho en tenerlas que en prestarlas a la humanidad.

Bebió despacio y con mucha elegancia, saludando aquí y allá a quien le saludaba con cortesía.

No se sentía importante, pero para lo que haría esa noche necesitaba de toda la confianza del mundo.

Después de planearlo minuciosamente, ahí estaba, dispuesto a hacerlo todo con tal de quitarse del pecho todas esas sensaciones que lo estaban asfixiando realmente día con día.

-Buenas noches. Cuando me dijeron que estaba usted entre nosotros, no podía creerlo.

Era el señor Winkils, el padre de Raphael. Un hombre bastante agradable.

-Estoy en la ciudad por negocios y al escuchar hablar de la exposición me decidí a venir. Espero que mi repentina aparición no traiga inconvenientes. Sonrió, como solo él podía hacerlo.

-Por supuesto que no. Negó el hombre rubio.-Al contrario, me siento honrado de que esté con nosotros. De haber sabido que estaba en la ciudad le habríamos hecho llegar una invitación.

-Con estar aquí me es más que suficiente.

-Espero que nuestros tesoros le agraden. Subastaremos el cetro del faraón desconocido para obras de caridad en Japón. Espero contar con su presencia.

-Por supuesto. El altruismo me es fascinante. Aclaró el muchacho quien miraba atentamente al hombre que le hablaba.

-Perfecto. Entonces siendo así, permítame presentarle con los organizadores de este evento.

No se hizo del rogar, sino todo lo contrario. Siguió al señor Winkils hasta un grupo de hombres que conversaban y reían amenamente en esa velada.

Sonrió al mirar que sus objetivos estaban en la mira. Había llegado el momento de su gran aparición y como ególatra de nacimiento eso le encantó.

-Caballeros. Anunció el rubio con cortesía.-Déjenme presentarles a un hombre del cual no tenía conocimiento que se encontraba en la ciudad.

Yami aguardo su momento, mirando de soslayo que el tal Raphael se acercaba. Pero no estaba solo, lo acompañaba cierto muchacho del cual se haría cargo más tarde.

Salomón dejó de sonreír cuando el egipcio se presentó en el lugar.

No tenía ni idea de lo que hacía ahí pero no le agradaba, mucho menos teniendo a su nieto con tan buena compañía.

-El señor Atemu Yami, hijo del famoso millonario e inversionista Egipcio Strowood, que nos honra con su presencia.

Las manos y los saludos no tardaron en llegar, manifestándole al egipcio su agrado porque estuviera ahí.

-No me halaguen demasiado, señores, ya se que mi padre ha trabajado mucho para financiar ciertas cosas, pero yo soy mero espectador de todo.

-Oh, no. Replicó un hombre de anteojos.-Conocemos de sobra el genio financiero que lleva dentro, así como también la sobras altruistas que ha hecho a las exposiciones egipcias y al financiamiento de excavaciones.

Nos complace realmente que este aquí.

El director del museo había hablado y tras ser mostrado su selecto currículum, no le quedó más que sonreír y agradecer la cortesía.

En su lugar, Salomón se encontraba ciertamente impresionado, él sabía que había mirado al chico en alguna parte, pero ni toda la fama del mundo lo harían buen muchacho a sus ojos. Así pues buscó a su nieto con la mirada, el cual había obviamente escuchado todo pero se mantenía rezagado.

-¿Te encuentras bien?.

-Si…solo…me maree un poco. Respondió el de ojos lavanda al sentirse repentinamente sofocado.

-Vamos, te llevaré a tomar aire.

Raphael lo apartó con sumo cuidado del lugar. Ya después tendría tiempo de saludar a Atemu, su prioridad por el momento era Yugi.

Yami por su parte lo miró todo y el monstruo en su interior que era ya ingobernable, salió a la luz de inmediato.

-Si me disculpan, caballeros, tengo algo que resolver antes de entrar en detalles sobre mi próxima ayuda financiera. Con permiso.

Y sin más se retiró, escabulléndose hábilmente de la vista de Salomón que habría querido seguirlo pero que fue hábilmente interceptado por el señor Winkils.

Yugi respiró con fuerza. Había visto a Yami arribar al museo pero ni en sus más locos sueños se había imaginado que se trataba de un famoso millonario.

Ya entendía el porqué no había querido hablar de lo que pasó entre ellos.

Ya comprendía que Yami, como todos los hombres ricos del mundo, solo había querido una diversión de momento y eso lo lastimó seriamente.

-Me habría gustado seguir creyendo que era porque no me quería. Murmuró, sosteniéndose de la barra cubierta de flores.

-¿Qué dijiste?. Raphael, solícito, le entregó una copa de agua. El tricolor se encontraba muy pálido.

-Nada, nada. Trató de sonreír, pero sus fuerzas se agotaron cuando miró a Atemu en la puerta de la terraza.

Raphael se giró, topándose con el egipcio que escasos momentos atrás había hecho su entrada triunfal.

-Señor Atemu, me alegra verlo, pero no creo que este sea el momento para…

Y a pesar de que era muy fuerte y bastante alto, los ojos azules de Yami lo hicieron temblar.

Dentro de esas orbes se escondía un brillo asesino que no comprendió.

-¿Podría dejarme a solas con él?. Pidió el egipcio con todo el auto control del que podía disponer en esos momentos.

-Pero…

Raphael miró a Yugi quien a pesar de verse realmente mal asintió al pedido que acababan de hacer.

-De acuerdo. Dijo el rubio con tono firme.-Pero estaré cerca por si me necesitas, Yugi.

-No creo que lo necesite. Respondió Yami en el acto, antes de cerrarle la puerta en la cara al canadiense.

Solos al fin pero no parecía que para bien.

-Debemos hablar, Yugi. Pronunció Atemu, después de que hubo respirado varias veces.

-Tú y yo no tenemos nada que hablar. Si en su momento no lo hiciste, menos ahora que sé, que solo te estabas divirtiendo conmigo.

Si, Yugi había escuchado su currículo selecto, pero no era por eso que había asistido a esa "velada".

-¿Y quién te dijo que solo me estaba divirtiendo contigo?.

-Por favor. Río el menor, haciendo una mueca despreciativa.-Tú estás por encima de cualquier hombre que esté aquí. Tienes poder y si viniste a esta ciudad buscando una diversión, la encontraste. Es mejor que me digas la verdad a que mientas, como todo hipócrita experto que supongo, eres.

Dolían. Las palabras de Yugi dolían, pero él sabía que se las tenía más que merecidas.

-Yugi yo…

-Si a esto viniste ya puedes irte. Yo ya comprendí todo lo que tú no fuiste capas de decirme aquel día cuando te pregunté sobre…lo nuestro.

El de ojos violeta hizo un esfuerzo tremendo por ocultar un sollozo lamentero, pero no pudo con las lágrimas que comenzaron a bajar por sus ojos que limpió con rudeza.

Había ya llorado por Yami lo suficiente y no estaba dispuesto a hacerlo más.

Atemu comprendió que debía decir algo en el acto o de lo contrario las cosas jamás saldrían bien.

-Yugi escúchame. Inquirió, acercándose al muchacho que lo evadió.-Yo vine aquí esta noche para decirte la verdad.

-Pues te ha salido muy bien, he.

-No es lo que te imaginas.

-¿Y qué es entonces lo que me imagino?. ¿Que jugaste conmigo y con mis sentimientos?. ¿Qué solo fui otro de tus tantos amantes y diversiones?. ¿Es eso lo que viniste a decirme?. Pues ahórratelo. Yo estaba muy bien sin ti.

-Claro, acompañado de ese rubio alto que seguramente tiene cerebro de pájaro. Reclamó Yami llegando al tope de su elocuencia.

-Para tú información, Raphael es muy listo y mucho más atento de lo que tú jamás fuiste conmigo. Recalcó Yugi, mirando directamente a los ojos del egipcio. Ambos se encontraban bastante ofuscados.

-Yo no soy así. No soy de la clase de persona que se pasea por media calle pareciendo…pareciendo dulce pegado con dulce.

-Ah, ¿y no puedes al menos hablar con sinceridad sobre las cosas?. Raphael lo hace y déjame decirte que me he sentido muy bien a su lado estos días. Refutó Yugi cruzándose de brazos.

-¿Entonces me cambiaste por ese idiota?.

-¿Yo, cambiarte?. No, Yami, tú dijiste que no teníamos nada. ¿Qué querías que hiciera, ¿Qué te siguiera llorando y esperando como fiel enamorada?. No. Yo tengo muchas cosas que vivir y aunque me rompa el corazón voy a avanzar. No pienso perder mi tiempo con un tipo que todo lo que hace es burlarse de…

Atemu se había acercado a él para halarlo con bastante fuerza y callar la perotada histérica del menor con un fabuloso beso.

Yugi trató de safarse; golpeó los hombros del egipcio; se movió impidiendo a toda costa ese contacto, pero obviamente su fuerza y estatura no fueron competencia segura contra la de Yami, quien aferrando con más fuerza de la planeada se abrió paso dentro de la boca del menor, el cual y al final del forcejeo se rindió a lo inevitable.

Yami tenía muchas semejanzas a Seto Kaiba y una de esas era que no sabía expresar muy bien sus sentimientos.

Había crecido con la idea de que el amor y la ternura eran inservibles y que la diversión y los negocios eran la única salida viable para los problemas.

Así había seguido su existencia, así hasta que se topó con Yugi Mouto y le hizo enfrentarse a los miedos y pensamientos que jamás había atendido.

Atemu Yami no sabía hablar de amor, por eso le demostró todo a su compañero con ese pasional y excitante beso, donde le comunicó sin palabras lo importante e indispensable que el pequeño se había vuelto para él.

Yugi se aferró con fuerza al cuello del egipcio, tratando de indagar más en esos labios que con desesperación clamaban los suyos.

Él estaba enamorado de Yami. Lo había descubierto al tercer día de llorar por él, pero el extranjero jamás decía o hacía nada.

Con los días se hizo a la idea de que no le interesaba al egipcio y así continuó con su vida, tratando de no buscar o lanzarse a los brazos de la persona que más había martirizado su corazón.

Pero en ese momento, cuando Atemu acarició su espalda y le mordió con fuerza el labio inferior, supo interpretarlo todo a pesar de la falta de diálogo.

Cuando el beso terminó entre jadeos y deseos de más, Yugi no estaba seguro de lo que había pasado, solo que había estado necesitado de Yami.

-¿Lo comprendes ahora?. Susurró el egipcio sin apartarse del muchacho.

-¿Comprendes lo que he querido decirte pero no podía?.

-¿Entonces no jugaste conmigo?. Susurró la vocecilla de Yugi, no queriendo romper ese momento especial.

-Por supuesto que no. Sonrió Yami al tomar el mentón del bajito para que lo mirara a los ojos.-Solo que soy un desgraciado animal al que no le enseñaron como expresarse.

Yugi rió, el apelativo era verdad.

-Yami…yo…yo….

-Shhh, no hace falta que me lo digas. Yo lo sé. Guiñó el egipcio con un fascinante sentimiento en el corazón.

-¿Si?. ¿Qué es lo que sabes?.

-Pues que beso mucho mejor que ese alcornoque de Raphael.

Yugi rió estrepitosamente, limpiándose unas cuantas lágrimas de las mejillas.

-Yo sé que no podré jamás compensarte por este tramo tan amargo que te hice pasar. Murmuró con absoluta seriedad.-Pero quiero prometerte aquí y ahora, bajo las estrellas y como los egipcios solemos jurar lo irrompible, que voy a hacerte feliz el resto que me quede de vida y que haré lo impensable por que esta sonrisa tuya jamás se desvanezca.

-Yami. Gimió el bajito sin limpiar el riachuelo que comenzó a brotar de nueva cuenta de sus ojos.

-Te lo juro por mis Dioses y mi tierra. Te lo juro de la única manera que sé expresar y que es esta.

Yugi se abrazó al muchacho. Comprendía los miedos de Atemu porque habían sido los suyos, pero en ese momento, dónde palabras más sinceras no podían ser pronunciadas, le creyó, pues lo amaba y el corazón así se lo indicó.

Atemu había al final comprendido que el monstruo que se había creado en su corazón se llamaban: celos y que los celos se debían al amor que sentía por el muchacho que en esos momentos buscaba sus labios con ferviente deseo.

Su confesión había sido difícil de expresar, pero con ese gesto comprendió que Yugi lo aceptaba y que había hecho bien en desprenderse de su egoísmo natural.

De lo contrario tal vez el que esa noche se estaría besando con Yugi sería Raphael.

Con una sonrisita, Raphael caminó hasta donde sus hermanos se encontraban discutiendo una antigua tabla encontrada en las excavaciones de Tutan Kamon.

-Te digo que es solamente un montón de números sin descifrar.

-No, es un mensaje codificado.

-Catherine, no lo es.

-Roberth, si lo es y…¿te sucede algo, hermano?.

Raphael negó sin apartar la sonrisa de sus labios.

-¿En donde dejaste a Yugi, hermano?. Me prometió que me explicaría algunas cosas. Señaló el menor de los Winkils, un jovencito de ojos tremendamente azules.

-Pues tendrás que pedirme ayuda a mi, Yugi estará ocupado el resto de la noche.

Ambos hermanos se miraron sin comprender.

-¿Entonces ya no regresará?.

-Ya no Catherine, encontró cosas mejores que solucionar y hacer.

No dijo más pero si memoró la extraña aventura romántica que en un momento de confidencia y desesperación Yugi le había contado.

Su amigo tricolor tenía todo el derecho de ser feliz con quien quisiera y se alegró de que al final fuera con el elegido por su corazón.

No negaría que la escena que había mirado tras el ventanal de la terraza lo había impactado de alguna forma, pero si los ojos de Yugi volvían a sonreír tanto como lo hacían en presencia del Egipcio, entonces con mucho gusto lo dejaría en paz.

-Salomón tendrá que aguantarse. Contra el amor no se puede hacer absolutamente nada. Se dijo el rubio fornido, obviando las insistentes llamadas del anciano y su cara de pocos amigos.

Joey suspiró sonoramente antes de lanzar el guión a la mesita que tenía a su lado.

Estaba arto, cansado y preocupado de que todo fuera a salir mal esa noche.

Había memorizado todo el libreto de pies a cabeza pero aun así su confianza no se encontraba tan intacta.

-¡Media hora, Joey!.

Tocaron a su puerta y no evitó que un tremendo escalofrío le recorriera la espina dorsal.

Al fin el día tan esperado había llegado. Maravillosamente hablando, el teatro estaba lleno, no solo con los familiares de los estudiantes sino con personas de la ciudad, cuya curiosidad radicaba en la excesiva publicidad que la directora de carrera había hecho a la obra.

Tenía las manos heladas y al contemplarse en el espejo se miró ojeroso y sumamente pálido.

Estaba enfermo y la cabeza le dolía.

-¿Joey, puedo entrar?.

La voz reconfortante de Yugi aminoró las mariposas danzarinas en su estómago, por lo que le cedió rápidamente el paso a su amigo.

-Diablos. El teatro está lleno. No pensé que la obra fuera a hacer tanta conmoción. Inquirió el bajito, quien arribaba con el vestuario y peluca del rubio.

-Oh, cállate, ¿quieres?.

-Joey, estas sumamente nervioso. Tranquilo. Sonrió el tricolor al masajear los hombros tensos de su amigo.

-Es que no puedo. ¿Qué tal si me olvido de todo?. ¿Qué tal si la gente se burla de mi o si los profesores…?

-Tranquilízate Joey. Todo está bien. Sonrió Yugi, comprendiendo el nerviosismo de su amigo.-Haz ensayado mucho y te haz esforzado tanto para este momento. Eres un excelente actor y lo harás bien. Además recuerda que tú hermana y tú genio millonario van a venir.

La pequeña sonrisita que Joey vislumbró en sus labios se apagó de inmediato cuando las mariposas regresaron a su estómago.

-Seto se reirá de mi si me equivoco. Gimió.

-Oh, claro que se burlará, pero sabes que así es él.

Joey miró el guiño de su amigo a través del espejo, mientras este le colocaba la peluca azabache.

-Solo respira y relájate. Jill dijo que vendría y créeme, cuando te vea en las tablas y admire la ovación de las personas, deseará jamás haberse retirado.

No había mucha confianza en la sonrisa que Joey esbozó, pero al menos su sueño de actuar estaba por cumplirse.

-¿Qué dice Yami?.

-Que todo irá muy bien. Él tiene plena confianza en ti.

-¿No será porque tú le dijiste que la tuviera?.

Yugi se sonrojó. Después de la pasional noche que tuvo con Atemu el día de su reconciliación, se había animado a relatarle a su mejor amigo todo. Iniciando por el incidente del auto de Yami hasta terminar en la relación que formalmente ya tenía con el egipcio.

No había esperado jamás que el rubio reaccionara feliz por lo que le había dicho, pero una vez más comprobaba que Joey era un gran amigo.

-No, ¿cómo crees?. Él sabe valorar tus dotes histriónicos.

-Bueno. Eso si. No hay duda de que soy excepcional. Rió, acomodando la chaqueta que acababa de colocarse.- Por cierto, ¿tu abuelo vendrá?.

-No lo sé Joey, aun sigue enojado conmigo.

Y con justa razón, pensó Yugi, pues desde la noche mencionada que el viejo Salomón no había ido a su casa.

Seguramente se encontraba furioso por intuir lo inevitable, pero por primera vez en su vida el de ojos violetas no iba a darle demasiadas explicaciones a su abuelo.

Con la llegada de Yami a su vida todo había cambiado para él y simplemente más feliz no podía estar.

-¡Aush!. Me suele la cabeza. Se quejó Joey nuevamente.

-Son solo nervios. Cálmate.

-¡Veinte minutos, Joey!. Volvieron a avisar tras tocar la puerta y ese solo sonido provocó pánico en el rubio.

-Que no te de un ataque de pánico, Joey. Ya es tarde para que te eches para atrás.

-No voy a retirarme, solo es…es…¿y si Seto se ríe de mi?. Preguntó, efectuando un mohín gracioso.

-Oh, Joey. Si se ríe de ti le respondes y si pelean pues te lo llevas a la cama y asunto finalizado.

-¡YUGI!. Exclamó alarmado el rubio.-Me sorprende tu vocabulario. Tengo que hablar con Yami para ver que es lo que te está enseñando.

Y tras una risita el tricolor le ordenó a Joey se estuviera quieto para terminar de vestirle, lo cual le costó bastante trabajo por los obvios nervios de su amigo.

Joey en si no se encontraba nervioso por la puesta, sino por la critica de la persona que su corazón aclamaba con cada uno de sus latidos.

Serenity bajó del auto y sonrió. De nuevo pisaba esa universidad, pero esa noche tenía un motivo muy especial.

-¿Estás segura de esto?.

-Por supuesto. Exclamó con indignación la muchacha.-Mi hermano va a actuar y yo debo de estar a su lado, Roger.

-De acuerdo. Solo preguntaba por si habías cambiado de opinión.

-A lo referente a Joey, jamás cambiaré de opinión. Él es lo más importante en mi vida.

La pelirroja, que esa noche vestía de gala, no dijo más. Se limitó solamente a ver el cartel de propaganda afuera del teatro y a esperar que Roger, su chaperón, arribara a su lado.

Su padrastro había convencido con rapidez a su madre para que le permitiera ir a la obra de Joey, pero solo había accedido con la condición de llevar a Roger.

Serenity no había tenido objeción alguna en ello. Lo que ella deseaba era ver la obra, a su hermano y tal vez, solo tal vez, toparse de nueva cuenta con ese apuesto castaño que aun no lograba olvidar del todo.

Tras serle cedido el brazo de su padrastro, la muchacha se adentró en el teatro que ya conocía, encontrándole abarrotado y con bastantes mormullos.

Se sintió feliz de que la obra estuviera a su capacidad máxima en su estreno y rogó por que todo le saliera excelente a su hermano. Ya deseaba verlo.

-¿A quien buscas?. Preguntó Roger cuando al sentarse en sus lugares, observó a su hija.

-A nadie. ¿A quién iba yo a buscar?.

-Por eso lo pregunto. Indagó Roger, no muy convencido de todo.

Justo en ese momento Tristán y Duke se acercaron a la pelirroja, la cual sonrió al verlos.

-Mira Roger, ellos son amigos de Joey. Presentó, sonriendo de oreja a oreja a la risita nerviosa de Tristán.

-Mucho gusto. Saludaron los tres varones con cordialidad.

-Me alegra que hayas venido, Serenity.

-No me lo perdería por nada del mundo, Duke.

-Pues yo te aviso de una vez que no te rías de Joey si comete alguna tontería. El pobre está muy nervioso. Aclaró Tristán, sabiendo de ante mano que su amigo flirteaba con su conquista.

-Oh, pobrecillo. Exclamó la pelirroja con temor.-Espero que todo esté de su lado esta noche.

-Yo también. Dijeron los muchachos a coro, sacando una risita pura de la garganta de la muchacha.

Roger mientras tanto lo miraba todo con ojo crítico. Realmente él no habría querido ir a esa obra, pero debía reconocer que entre más tiempo pasara con su hija, tal vez esta llegaría a estimarlo un poco.

Cumplirle caprichos no era nada del otro mundo y a lo cual accedía en el acto. Pero de eso a saludar a su hermano cuando la obra hubiera terminado, ahí si distaba mucho.

Todo lo que él quería era que su hija fuera feliz y así tuviera que comprar el mismo mundo, lo haría.

La pelirroja continuó charlando con sus dos pretendientes, sin embargo su castaña mirada se desviaba de vez en cuando tratando de localizar a una persona en especial que deseaba volver a mirar.

-"Tal vez no venga". Se dijo con desilusión, pero lo último que se perdían eran las esperanzas.

-Es que esto no es posible. ¿Realmente piensan que trayéndonos este montón de basura nosotros cederemos a sus chantajes?. Por favor. No saben con quienes hablan.

Seto Kaiba tenía fuego en los ojos. Uno que hacía mote a su sobre nombre de "diablo".

-Por supuesto que sabemos con quienes tratamos. Respondió un hombre con el entrecejo fruncido.-Y por ello mismo les estamos dando la opción de vender.

-No lo haremos. Refutó Noa con el mismo odio que su hermano tenía.-Nosotros nos hemos roto el alma en levantar esta compañía y no se la venderemos a unos mentecatos que todo lo que hicieron fue abandonarla y exigirla cuando todo está ya hecho. No venderemos.

Ed observó la tensión que se expandía en la habitación.

Los Kaiba habían estado toda la mañana y parte de la tarde en esa reunión que solo había llevado a palabras fuertes y ofensivas, y por supuesto a la posición de ambos bandos a no ceder a sus ideales.

Él observaba la ferra decisión en sus amos al no ceder KC a un grupo de viejas arpías que tal y como había dicho Noa, habían volado del nido a la muerte de Gozaburo y regresado cuando todo se encontraba estable.

Frustrado por que ninguna de las partes llegaba a una conclusión, memoró las historias que el peliazul le había contado alguna vez.

KC siempre había sido importante, pero al morir Gozaburo Kaiba, la empresa había ido en descenso y todo por las deudas y jugarretas sucias del viejo.

Tanto Seto como Noa habían agotado sus posibilidades para que la misma junta directiva que estaba en ese momento tratando de arrebatarles la compañía, no se retirara ante la inminente quiebra.

Sin embargo ambos eran genios y con el esfuerzo que los grandes realizan, habían sacado la compañía adelante. A base de mucho esfuerzo y varios desazones.

Pero ahora los dinosaurios habían retornado y gracias a las acciones que Gozaburo les había dado, se detenían a exigir la venta de algo que no les correspondía. Algo que obviamente hasta él mismo denegaba.

-Creo que deberían tomarse un tiempo y meditar las cosas. Habló uno de los miembros de la junta.

-Olvídenlo. Objetó Seto con rapidez.-Esta empresa no se vende y fin de la discusión. Además tanto Noa como yo somos los dueños originales y si desean llevar esto más lejos, peor para ustedes.

-Lo llevaremos a juicio. Asegundó el peliazul, quien estaba comenzando a hartarse de esos hombres necios.

Las cinco cabezas de los aludidos se juntaron en una secreta reunión, mientras que los hermanos Kaiba se miraban con impaciencia.

-Está bien. Habló uno de ellos al cabo de unos minutos.-Si desean llevarlo a juicio, así será. Nuestros abogados ya vienen en camino.

Seto gruñó y golpeó la mesa de juntas con gran rabia.

¿Qué se creían esos tipos que eran?.

Realmente estaba muy molesto, pero si querían guerra, él con mucho gusto se las daría.

-De acuerdo. Si eso quieren entonces nos enfrentaremos ahora. Ed, que llamen al bufete de abogados de KC. Necesito que vengan ahora. Exigió el castaño a su guardaespaldas, quien solía entrar a esas reuniones por si la violencia se suscitaba.

El en acto el custodio accedió a avisar al bufete, dejando la misma violenta atmósfera en la sala de juntas.

-No creo que esa actitud solucione nada. Se mofó uno de los hombres con seguridad.

-Pues yo dudo que su enclenque equipo de seudo abogados pueda hacer algo. Rió con ironía el castaño.

-Deberían mejor ceder esas acciones que nuestro padre les cedió y olvidarse de esta estupidez de tratar de adquirir KC. El dinero que les estamos ofreciendo es más de lo que esas acciones puedan en realidad valer en la bolsa de valores. Comunicó Noa, moviéndose un poco en su silla.

-Por supuesto que no aceptaremos sus migajas. Si Gozaburo nos dio estas acciones fue para que las utilizáramos bien, por lo tanto queremos la empresa.

Seto miró con odio infinito a aquellos hombres. Los destrozaría y luego se los comería para después escupir sus restos en la basura. Y todo con la endemoniada finalidad de la venganza.

No sabían en que se metían.

-Por última vez, acepten. Repeló Noa quien ya estaba agotado de esa situación.-Sus abogados no podrán hacer nada en contra de nosotros. Además la empresa en sus manos, se desharía.

-No nos amenaces, chiquillo. Nosotros tenemos años de experiencia que…

-Si, sobre todo experiencia. Susurró el peliazul, perdiendo la poca cordura que aun le quedaba.

-No gastes tu saliva en estos animales, Noa. Ya verán en unos minutos quien ríe al último.

El round continuaba y al parecer, iba para largo.

Atemu caminaba en círculos tras bambalinas. Había estado diciéndole al director los últimos detalles antes de ocupar su asiento.

Jamás habría imaginado el lleno total pero no todo lo que había previsto para su estancia en Japón había salido como lo quería.

En parte eso lo alegró. Ahora tía mucho más claras varias cosas y el tener que enfrentar a su padre ya no era algo que se desprendiera de la palabra: herencia.

El éxito de esa obra era suyo. Un trabajo bien elaborado que le había costado aprender del oficio y sobre todo a comenzar a inmiscuirse más en si mismo como persona y como pareja.

Sonrió discretamente. Yugi, a su lado, encendía el sol oculto que hasta antes de ese día había tenido en su vida.

Ahora, podía entonces sonreír libremente y acurrucarse si quería, dentro de los brazos amorosos de un muchacho que había dado un cambio radical a su manera de vivir.

El amor lo podía todo y eso que aun no podía hablar de él con totalidad.

Una mano en su hombro lo exaltó, llevándose una sorpresa al ver de quien se trataba.

-Tiempo sin vernos, Atemu.

-Padre. Exclamó, efectuando un movimiento de cabeza a modo de respeto.

-Por lo visto haz cumplido con lo que dijiste. Admitió el hombre, cuya barba castaña y porte distinguido, lo hacían constatar como un hombre importante e imponente.

-Siempre lo hago. Añadió Yami, mirando a la persona que se acercaba a ellos.

-Hola, "hermanito". Lo que hace el dinero, ¿verdad?.

-Bakura. Murmuró con cierto desdén. A veces realmente aborrecía a su "hermano".

-Hola, Atemu. Me alegra que por fin podamos ver el fruto de tu trabajo y entrega. Aunque déjame decirte que yo creo que no lo hiciste todo tú solo.

-Pues me tiene sin cuidado lo que creas. Respondió con el ceño fruncido.

Bakura siempre aprovechaba la mas mínima oportunidad para burlarse de él.

-Eso pensábamos, ¿verdad, padre?.

El hombre mayor asintió.

-Claro que padre llamó a tu…prestamista. Pero obviamente con un Kaiba no se puede contar.

-¿Qué es lo que deseas que te diga, Bakura?. ¿Qué no pude hacer esto sin dinero?. ¿Qué me alié a un Kaiba y solo por eso no me darán lo que merezco?. ¿Eso vas a decirme?. Cuestionó el tricolor en tono autoritario y enfadado, su paciencia se había roto.

-Hay no, por supuesto que no. Indicó su hermanastro, un muchacho de cabello y tez blanca.-Yo solo iba a decirte que me gusta tú decoración. Deberías dedicarte al diseño de interiores.

Bakura rió con gracia irónica, digna de él y su mordacidad.

Atemu solamente friccionó sus manos. No toleraba las burlas del albino.

-Ya, tranquilos los dos. Intervino el padre.-No es momento de hablar de todo esto. Ya tendremos tiempo cuando la obra concluya y podamos cenar algo decente en el hotel.

-Por supuesto. Ryou querrá comer algo sólido. El pobrecito no se sentía muy bien del estómago cuando llegamos. Añadió Bakura, mirando por entre los gruesos cortinajes de bambalinas.

-¿Ryou?. Caray, no me dijiste padre, que este….haragán estaba con el pobre de Ryou. Lo compadezco. Señaló Atemu con mordacidad, mirando el gesto de odio que su hermanastro le lanzó.

-Ryou es el prometido de tú hermano. Aclaró el hombre mayor con un gesto cansado.-Y lo trajimos porque él lo quiso.

-Claro que de haber sido por mi no lo habría hecho. Objetó Bakura aun con enfado.

-Por supuesto. ¿Quién podría olvidarme y después inmiscuirte contigo?. Eso es obvio.

El padre de ambos evitó la pelea que habría podido suscitarse. A veces odiaba que los dos se llevaran así.

-Basta ya. Ambos tranquilícense o me veré forzado a…

-Nada. Yo me largo de aquí. Y con un fuerte gruñido Bakura salió del lugar.

-Atemu. ¿Hasta cuando te comportarás así con él?. Es tú hermano.

-Medio hermano. Aclaró el de ojos azules con furia.-Y no porque yo lo haya pedido. Si no te hubieras casado con su madre cuando la mía murió, ahora no estaríamos odiándonos a muerte. Y con un gesto de fastidio Yami se alejó de su padre, el cual simplemente suspiró en derrota.

A pesar de lo ambicioso que pudiera llegar a ser, él no era un hombre malo.

Simplemente deseaba lo mejor para sus vástagos, pero estos al parecer no lo veían de ese modo.

Si le ponía a Atemu tantas pruebas, era simplemente para asentarlo en el mundo real y sacarlo del libertinaje que Ryou había hecho con Bakura.

Cierto, él conocía de sobra a sus hijos pero al mirarlos crecer y emprender su propio camino, se sentía orgulloso de lo que era y había sido.

Sin pensar en nada más es como caminó hasta su asiento, donde su segundo hijo y pareja se encontraban aguardando.

La noche sería interesante.

Joey se miró en el espejo antes de salir y colocarse muy cerca del escenario.

Escaso minuto y contando.

Las mariposas no se habían ido, pero sabía era parte del encanto de cada actor.

Si ese nerviosismo se perdía al subir a las tablas, entonces de nada servía continuar haciendo lo que más amaba en esa vida.

Así pues recordó tenerlas reservadas siempre que pudiera actuar. Señal de buena suerte.

-Joey. Llamó Yugi antes de retirarse para ayudar en escenografía.-¿Te sientes mejor?.

-No compañero. Me siento peor que esa vez que no salí del baño en dos días.

-Oh, Joey. Rió el tricolor al sentido del humor de su amigo.-Ya verás que todo saldrá..

-Ah, ah, ah. Negó el rubio con un dedo, mirando la señal del ayudante de director de que el telón se estaba abriendo.-Recuerda que no puedes decirme eso.

Con una deslumbrante sonrisa se encaminó a las tablas. En ese momento ya no era Joey Wheeler, sino Edmundo Dantés, comenzando con la obra que lo llevaría a la mejor venganza jamás planeada.

Yugi sonrió a su amigo. Ahí iba una futura estrella. Por eso antes de perderlo de vista, le gritó:

-¡ROMPETE UNA PIERNA, JOEY!.

Y el grito se perdió en los aplausos del público. La obra había iniciado, al fin.

Continuará…

Agradezco la intervención de Raphael, al cual y a falta de apellido tuve que inventarle uno

Para los que no le ubiquen es el que sale la cuarta temporada.

Gracias a ustedes pos su apoyo, esta semana pude actualizar y por supuesto por continuar leyéndome a pesar de que esto se pone largo jeje.

Pero ya no falta mucho para el momento clave así que…

Nos vemos pronto y a los que me siguen también en Amnesia, gracias

KLF