TITULO: Dreams

Capitulo: Entrega total

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: El siguiente capitulo contiene Lemon o NC-17. Si no te agrada este tipo de material, entonces abstente de leer. De lo contrario, continua con tu lectura

Fue un éxito, un rotundo y perfecto éxito y tras las ovaciones del público supo que momento más hermoso jamás había experimentado.

Cuando se inclinó y miró a su público de pié, entendió que verdaderamente había nacido para eso.

Atrás quedaba el maltrato de su padre, la vida de miseria, el odio de su madre. Nada importaba más que el sentimiento gratificante que estaba experimentando en ese momento.

Sus pupilas cubiertas de lágrimas; pero no amargas como en antaño, sino de completa felicidad.

Entendió entonces que su sueño se había realizado y que aun faltaba más para verlo completado.

Tomó las flores que su co-estrella Natalia le obsequiaba a forma de tributo. Ambos habían estado fenomenales, pero el crédito era sin descarte alguno de Joey.

El telón bajó y aun así pudo escuchar los aplausos que proseguían en el teatro. Momento más feliz siempre lo memoraría.

-¡ESTUVISTE FANTÁSTICO!. Fue el gritito de júbilo que Yugi lanzó antes de abrazar con fuerza a su mejor amigo.-Te lo dije, te lo dije, fue una obra de arte.

Joey no podía hablar. Tenía un gran nudo en la garganta que le impedía pronunciar sonido alguno. Un nudo de pura felicidad.

-Todo el mundo está celebrando, y la directora…¡Joey, eres una estrella!.

Solo pudo abrazar a su amigo. Esa era la noche más importante de su vida y aun no digería muy bien el hecho de que acababa de recibir ovaciones perfectas.

-¿Qué dijo Yami?. Preguntó, cuando el nudo se hubo disipado un poco. Le importaba la opinión del productor.

-Que estuviste excelso. Nadie se imaginó el éxito que tendría y hasta habló de extender la gira un mes más. ¿Qué te parece?.

¿Qué le parecía?. Perfecto y así se lo hizo saber a su amigo en el grito de alegría que había estado conteniendo.

Se sentía simplemente feliz.

El elenco entero entonces se acercó a Joey para felicitar y alabar su actuación. La obra había sido todo un éxito y hasta la directora que vestía de rojo, ovacionó la perfecta actuación del rubio.

Algunos reporteros locales, así como también los universitarios lo siguieron para que hablara sobre su éxito como Edmundo Dantes.

Desde ese momento los medios estarían muy pendientes de la próxima estrella que estaba despegando.

Joey se sintió halagado por las muestras repentinas de atención, pero no pudo evitar que sus ojos buscaran, de entre las personas del público que comenzaban a congregarse ante él, a la única persona que en verdad deseaba ver en ese su más importante momento.

Sonrió con gracia cuando uno de los reporteros le cuestionó si su personaje tenía algo que ver con él en la vida real, respondiendo negativamente.

-Nada más alejado de la realidad. Indicó sin perder su toque gracioso.-Yo jamás podría vengarme de quien me ha hecho daño.

-¿Y de la traición del amor?. Inquirió la reportera escolar.

Joey volvió a negar sin perder su sonrisa.

-Tampoco. Edmundo jamás habría podido vengarse de Mercedes. El amor que le profesó mutó en un profundo cariño. Yo no pienso que le hubieran traicionado de alguna manera.

-¿Pero si se diera el caso?. Continuó la muchacha apuntando con rapidez en su libreta.

-Si se diera el caso de que el amor de mi vida se fuera…creo que lo admitiría. No hay nada mejor que la felicidad de las personas amadas, ¿no creen?.

Risita general pero ese era el pensamiento del rubio. No había muestra más grande de amor que el dejarle ir y aunque quiso evitarlo, un pequeño escalofrío le recorrió el cuerpo.

-"Seto, ¿en dónde estas?". Llamó, procurando no perder la cordialidad en sus facciones.

Atemu sonrió cuando su pareja se acercó a él y sin inhibición alguna lo besó con emoción.

-Joey está tan contento. La obra fue un rotundo éxito, Yami. ¿Por qué no saliste a escena cuando el público te lo pidió?. Preguntó con sonrisa amplia en el rostro.

-No tenía caso. Denegó el egipcio abrazándolo con posesión.-El crédito fue de ustedes. Yo solo di las ideas.

Yugi asintió. Se sentía tan feliz por el éxito de la obra y por supuesto el de su amigo, que no podía ocultarlo.

-Yugi. Llamó Atemu, tomando su barbilla para que los violáceos iris lo miraran.

-Necesito presentarte a alguien.

Con curiosidad el menor asintió. No tenía ni idea de lo que su pareja estaba hablando.

-¿Es alguien importante?.

-Mucho. Asintió el egipcio, tomándole de la mano para guiarlo hasta la salida.

A esas alturas a ninguno de los dos les importaba que los vieran juntos. Desde la noche de la galería que su amor estaba abierto al mundo y lo que este opinara les tenía sin cuidado.

-¿Y a quien me vas a presentar?. Tú siempre con tus misterios. Rió el bajito y de pronto se detuvo cuando la mano que sujetaba la suya lo aprisionó con aprehensión.

-Yugi, aun hay algo que debo decirte. Informó el de ojos azules, mirando con decisión y seriedad a su pareja.

-No me asustes. ¿Qué sucede Yami?.

El egipcio abrazó con desesperación a su amado. Aun debía decirle sobre su ambición, sobre el porqué había salido de su tierra natal para participar en esa obra de teatro que en un principio creía un fracaso.

Aun debía confesarse ante su "aibou" y rogar a sus Dioses porque su felicidad, su Yugi, no fuera a dejarlo.

-"Pero tiene que enterarse de todo. De lo contrario esta relación no funcionará". Pensaba con desesperación.

Respirando profundamente volvió a tomar la mano de su pareja y lo guió hasta el estacionamiento de la Universidad, donde varios autos ya se marchaban.

Yugi no comprendía nada, pero intuyó que estaba por saberlo.

Atemu se veía muy nervioso y el gesto desesperado en su usualmente calmo rostro no le agradó demasiado.

Pero fuera lo que fuese que su pareja le dijera, él lo aceptaría. Por algo estaban juntos y en el amor se incluía lo bueno y lo malo

Serenity aguardó a que Tea, Tristán y Duke regresaran de bambalinas para indicarle que podía ir a verse con su atareado hermano, el cual había estado excelso en su actuación.

Más orgullosa no podía estar en esos momentos y solo deseaba ver a Joey para expresarle su felicidad.

-Es…buen actor. Indicó Roger sin atender a la emoción de su hija.

-¿Verdad que si?. Es perfecto. Tendrá mucho éxito cuando termine su carrera.

-¿Carrera?. Jamás había escuchado en mi vida que en la universidad existiera tal…carrera. Creo yo que más que carrera universitaria es una preparación. ¿Saldrá a caso con el título de licenciado en actuación?.

La pelirroja desvió la mirada. Aquella bromita no le había gustado mucho.

Roger no podía decir nada porque ni siquiera había tratado a Joey. ¿Cómo se le ocurría decir algo así?.

El hombre intuyó que su broma irónica había afectado a su hija, por ello trató de enmendarlo de alguna manera.

-Lo lamento. No quise ofender a tú hermano.

-Pero lo hiciste. Repeló la pelirroja con enfado.-¿Por qué dices esas cosas cuando ni siquiera lo conoces?. Ahí arriba demostró que es un excelente actor y estoy segura que dejó callados a muchos.

-Y no lo dudo. Se ve que ama lo que hace.

-Por eso mismo no deberías hablar mal de lo que no conoces.

Sin más la muchacha se puso de pié y caminó a los camerinos. No deseaba continuar escuchando a Roger, quien influenciado por su madre insultaba a Joey.

Roger la dejó ir sola. Él no tenía absolutamente nada que hablar con el rubio, pero si se sintió incómodo de haber propiciado aquella atmósfera.

-No comprendo cómo es que lo defiende tanto si es un desastre de muchacho. Puede ser bueno actuando, pero en la vida personal….

Una vocecita en su cabeza le dijo que guardara silencio. En lo que debía enfocarse era en tratar de enmendar su error con su hija.

Por otro lado la pelirroja avanzó sin detenerse a meditar nada. Estaba enfadada pero también debía serenarse para darle a su hermano su más grande sonrisa.

Antes de encontrarse con Tea y los demás, respiró varias veces. Su salud había estado muy bien esos días por lo que podía darse ciertos lujos con su persona.

Más su mirada castaña se enfocó en la puerta principal. Por más intentos que hizo al tratar de encontrar a cierto muchacho, no lo consiguió.

-Eres una tonta. Se reprendió seriamente.-¿Cómo supusiste que iba a venir?. No conoces nada de él. Ya, olvídalo.

Pero sabía que sería muy difícil siquiera tratar de sacarse de la cabeza el par de ojos azules que le habían robado el corazón.

-Oh, aquí estas. Estaba a punto de ir a buscarte. Sonrió Tea al encuentro de la pelirroja.

-¿Cómo está?. Preguntó, tratando de recuperar su sonrisa emocionada.

-Feliz. Y cuando le dijimos que estabas aquí, no sabes el gusto que le dio. Quiere verte. Dijo la castaña, dirigiendo a la muchacha hasta el camerino, dónde la mayoría de los actores estaban congregados.

A penas entrar, Serenity percibió la atmósfera relajada y feliz que el elenco compartía.

Había sido una noche mágica y llena de muchas sorpresas, pero lo único que deseaba hacer era abrazar a su hermano y compartir su alegría.

Si bien hubo ubicado al rubio que se encontraba enzarzado en un abrazo casi asfixiante con Tristán, este se desprendió como pudo del morocho y corrió a su encuentro. Abrazándola y elevándola por lo aires como cuando eran niños.

-¡Lo hice, lo hice!. Repetía con estruendo el muchacho y la pelirroja no podía más que reír y felicitar a su más querida persona en ese mundo.

-Lo sé Joey, lo hiciste muy bien. Estoy orgullosa de ti.

Joey se había emocionado cuando sus amigos le comunicaron que su hermana había asistido a la obra y quería verlo.

Su emoción se intensificó varios grados al saber que su más especial persona en esa vida había ido a verlo, a apoyarlo, a desearle toda la buena fortuna para su futuro.

Estaba feliz, radiante, convencido de que el camino de la actuación era suyo totalmente. Pero aun y a pesar de que su jubiloso corazón saltaba de gozo por tener a su hermana y amigos a su lado, no todo él pudo ser tremendamente feliz como lo había previsto.

Seto no había asistido al estreno y eso solo podía interpretarse como un desinterés total.

Si el corazón de Joey se derrumbó con la verdad, no lo demostró. Sus amigos y hermana no merecían verlo triste en el día más importante de su naciente carrera; pero aun así la realidad de que la persona que amaba lo había dejado plantado, fue tan tremendamente dura que años después no sabría cómo se mantuvo en pie cuando lo habría dado todo por llorar amargamente.

A Seto no le importaba él.

Bakura gruñó cuando su padre le indicó que debían esperar a su "hermano".

Realmente no soportaba al tricolor. Obviamente el tremendo afecto era recíproco y el tener que aguardarlo para que su padre lo felicitara por haber superado su prueba, era lo más patético que pudiera existir.

Ryou a su lado charlaba con su futuro suegro sobre el buen montaje de la obra y los fabulosos escenarios, dignos de cualquier puesta profesional.

Bakura odiaba que elogiaran tanto a su "hermano mayor", pero al menos y después de eso no tendría el porqué soportarlo más en su casa.

Atemu se largaría y él entonces sería feliz con su prometido.

-¿Sucede algo Bakura?.

Ryou, un muchacho sensible y atento lo tomó por el brazo para besarle en la mejilla.

Esa simple acción fascinó al albino, quien negó tras regresar la caricia.

-Solo quiero irme al hotel. Estoy cansado.

-Esperemos a que Atemu llegue y podremos irnos. Recordó el sonriente Ryou.

Bakura recordó entonces el porqué también odiaba a su medio hermano. Su prometido había sido su amante y cuando el tricolor voló a Japón a realizar su encomienda, Ryou había quedado con el corazón destrozado.

Obviamente él lo había ayudado, enterándose después del amor mutuo que repentinamente llegaron a profesarse.

Ryou era todo su mundo. La persona que lo había sacado de la inmundicia de las apuestas y el sexo, para introducirlo en la belleza de la vida y el amor.

Le debía mucho a su pareja, pero también sabía que tras los felices ojos de Ryou, una gran emoción se ocultaba por volver a ver a su ex amante.

¿Celos?. Tal vez, pero de que odiaba a Atemu, lo odiaba.

Salió de su ensimismamiento cuando su padre les indicó que el "elegido" se acercaba. Pero para sorpresa de los tres, no arribaba solo.

A su lado un muchacho sonriente le seguía muy de cerca, procurando no lanzar alguna carcajada.

-Atemu. Llamó su padre con la falta de afecto que lo caracterizaba.

-Padre; Idiota; Ryou. Que sorpresa encontrarte. Saludó el tricolor, acercándose al aludido que le sonrió discretamente.

-Vine a ver tu obra, Atemu. Señaló el muchacho también albino.

-¿Y qué impresión te llevas?. Se que no es como esas obras que se presentan en la ciudad, pero hicimos lo que pudimos, ¿Verdad?.

La cuestión iba dirigida al acompañante del egipcio, quien asintió tras bajar el rostro.

Ryou no tuvo que ver en sus cartas de la fortuna para saber lo que significaba la mirada de Yami.

Sin esperarlo siquiera le sonrió a su ex amante, dando por finalizado el pasado que los había unido.

-¿Y quién es tú amigo?. No me digas que es otro de tus…

-No te atrevas ni a decirlo. Interrumpió el egipcio, quien fulminó a su medio hermano con la mirada.-Él es Yugi y es lo que más amo en esta vida.

Si, las palabras hicieron conmoción, tanto en los extranjeros como en el propio Yugi, quien se sintió terriblemente feliz al escuchar aquella revelación.

Tomó un par de minutos para que los egipcios se recuperaran de la noticia, y fue precisamente el propio Atemu quien hizo las debidas presentaciones.

-Padre, él es Yugi, mi pareja y con quien pienso pasar el resto de mi vida.

El de barba castaña asintió sin decir nada. Las decisiones de sus hijos con respecto a su vida personal eran suyas y de nadie más, así pues se giró para avanzar al auto que los esperaba.

-Con eso me das a entender que haz elegido otro camino, ¿verdad Atemu?.

El aludido asintió, asiendo con fuerza la mano del de ojos violáceos que no comprendía del todo lo que sucedía, pero supo que el tremendo amor que tanto Yami como él sentían, sería respetado por su suegro.

-Muy bien. Entonces acompáñenos a cenar, aun hay muchas cosas que discutir antes de que regresemos a Egipto.

Una sencilla sonrisa fue lo que ocultó el patriarca de aquella peculiar familia, una dónde al fin miraba la estabilidad emocional de sus vástagos.

Yugi miró a Yami quien asintió al halarlo hasta el auto. Durante la cena le revelaría que antes de conocerlo y enamorarse locamente de él había sido un pedante muchacho rico avaricioso, que todo lo que había deseado era conseguir su herencia para partir y desperdigarla en el mundo con amantes y placeres.

Le diría entonces lo que había sido antes de conocerlo y a lo que estaba dispuesto a renunciar solo por permanecer a su lado.

El dinero ya no le era necesario, pues al final y después de todo había encontrado su merecido: un amor irremplazable.

Doce y media de la noche y apenas cruzaban la ciudad rumbo a sus hogares.

Noa cabeceaba recargándose de vez en vez en el hombro de su hermano, quien miraba con satisfacción las luces de la ciudad.

Había sido una batalla dura y cansada, pero al final los Kaiba volvían a vencer ante todo y todos.

La junta se había ido, después de pelear a capa y espada cosas sin fundamentos, con las manos completamente vacías.

Noa y él ya no tendrían que preocuparse por esas harpías. Ahora la compañía era totalmente suya y mayor satisfacción en la vida no podía experimentar.

-¿Irás a la mansión?. Cuestionó su peliazul hermano, bostezaba bastante y es que en sus condiciones nunca había sido buena idea los desvelos.

-No.

-Oh, se me había olvidado que ahora tú ya no vives ahí.

-Sigue siendo mi casa, ¿no?.

-Si. Sonrió el peliazul sin retirarse del hombro de su hermano.-Pero ahora ya eres más feliz.

No hubo más comentarios. Seto no quería ahondar demasiado en ese tema que aun no estaba dispuesto a hablar con su hermano.

Por eso solo asintió, dejando que una sonrisa recorrieras sus tiesas facciones.

Lo único que deseaba hacer era llegar y acostarse en su cama. No deseaba saber nada de nada hasta el día siguiente. Sábado. Y tomarse tal vez medio día de descanso.

Pelear con buitres siempre sería agotador.

Como primera escala arribaron al departamento del castaño, quien se despidió de Ed y su hermano tras indicarle al chofer que no hiciera paradas innecesarias.

-¿Luce feliz a caso joven Noa?.

-Lo estoy. Asintió el muchacho peliazul cuando tomaban camino a la mansión.

-Las cosas no podían haber resultado de mejor manera.

-Ahora la empresa es totalmente suya.

-Si, así es y por tal tengo planeado hacer unas cuantas cosillas por ahí.

-No creo que al señor Seto le agrade saber de sus planes. Musitó el custodió, sonriendo a la risita traviesa de su amo.

-Tendrá que conformarse con lo que yo haga. Lo único que deseo es que Seto sea feliz. ¿Me entiendes?.

Ed asintió. La única prioridad del más joven de los Kaiba era su hermano. Eso era aceptable dado sus antecedentes, pero el guardaespaldas no dejaba de preguntarse hasta cuando Noa comenzaría a preocuparse por él mismo.

Seto abrió la puerta con bastante pereza. Jamás se había sentido tan cansado en su vida. Pero la pelea bien había valido su esfuerzo.

Encendió la lámpara de pie que se encontraba al lado del sofá y se sentó.

Sin esfuerzo alguno desanudó su corbata, desabrochando también los tres primeros botones de su camisa azul, dejando al descubierto parte de su nívea piel.

Entonces, antes de que se frotara los ojos, algo le golpeó con bastante fuerza.

-¡Hey!. Se quejó al mirar el grueso libro que yacía a su lado.

Por instinto miró hacia donde la figura de Joey se encontraba parada y cruzada de brazos. No era normal que le mirara con una mezcla de melancolía y rabia.

-¿Qué es esto?. Indagó el genio, haciendo alusión al libro que tomó del sofá.

-Nada importante. Murmuró Joey en tono bajo pero audible.

Seto entonces miró con cierta curiosidad el volumen y no fue hasta que leyó el titulo que el foco en su cabeza se encendió.

-La obra. Murmuró perplejo.-¿Era hoy?.

-Ayer. Si tomamos en cuenta la hora. Asintió el rubio, caminando para sentarse en el sofá individual frente al genio.

-Yo…lo olvidé. Reveló el castaño con un resoplido; mitad frustración, mitad enfado.

-No importa. Suspiró Joey sin dar a conocer su tristeza.

-Pero…

-Tenías trabajo, supongo.

Seto asintió. Había sido la verdad.

-Olvídalo entonces. Ya no tiene importancia.

Pero el ojiazul sabía que si la tenía. Joey había ensayado hasta desfallecer, había puesto todas sus emociones en la obra y todo lo que le había pedido a cambio era que asistiera a verlo.

Lo había olvidado por completo. Se había sumido tanto en la pelea con los accionistas que borró todo lo que tuviera que ver con su vida.

El trabajo ante todo, era su lema y jamás se arrepentía de él. Pero en ese momento se sentía terrible.

Joey había esperado a Seto con rabia y dolor en el rostro, pero apenas escucharlo llegar y tras lanzarle el libro del Conde de Montecristo, todas sus fuerzas se esfumaron.

Ya no tenía caso que reclamara algo sin importancia.

Él comprendía perfectamente el arduo trabajo del castaño y al sincerarse consigo mismo, ya no le veía el caso reclamar algo que como lo pensaba, no era importante para el genio Kaiba.

Suspiró tratando de arrebatarse esos sentimientos, pero estaba seguro que los recordaría el resto de su vida.

Años más tarde, cuando Seto Kaiba hubiera dejado a su esposa plantada en el lago de su casa, Joey le reclamaría su falta de atención y de tiempo. Y con propiedad digna de ese doloroso recuerdo, le espetaría, que aunque sabía el cómo enmendar sus errores, jamás podría corregir lo que habría podido hacer a tiempo.

Por obvias razones el silencio se hizo por largos momentos, dejando a ambos muchachos con sus respectivos pensamientos.

-¿Y…cómo te fue?. Preguntó el castaño, sabiendo que nada de lo que hiciera podría rectificar su error.

-Bien. Hubo sala llena y me dieron ovaciones de pie. Hasta un productor me dijo que podía contratarme si alguna vez necesitaba trabajo.

La leve sonrisa al memorar su éxito, solo se vio empañada por el sentimiento de saberse no querido por el castaño.

¿Para que hablar de algo que realmente jamás le había interesado?.

En ese momento se planteó severamente la posibilidad de acudir a terapia. No podía ser que después de que le habían roto el corazón, cayera de nuevo en el mismo patrón.

O una de dos, era masoquista o tenía muy mala suerte para que le hirieran el corazón.

-Joey yo…

-Voy a dormir. Estoy muy cansado. Replicó el muchacho, sin querer saber más de nada.

No deseaba escuchar a viva voz que Seto no había querido ir al estreno por indiferencia, o porque realmente él no le importaba.

Era mejor así. De otra manera se derrumbaría ahí mismo y era lo que menos quería hacer.

Sin embargo el castaño lo detuvo aun antes de que el rubio se incorporara del sofá. Ahora era su turno de hablar.

Reclinándolo con paciencia y arrodillándose frente a él, trató de explicar sus actos; aunque jamás lo había hecho, en ese momento tenía la necesidad de hacerlo, mucho más cuando los regularmente sonrientes ojos de Joey lo miraban con tanta tristeza.

-Joey, déjame explicarte lo que sucedió.

-No quiero. Repeló el rubio con cansancio.-Tuviste tus motivos y bueno, no es como si alguna estrella famosa se hubiera presentado. Solo fue una estúpida obra y nada más. No es el fin del mundo. Sonrió, o trató de hacerlo pero su mueca no le funcionó como esperaba.

-No fue una simple obra, Joey. Fue tú obra, tu debut y yo te fallé.

-Lo olvidaste. Ya. Eso le pasa a cualquiera.

-Pero yo no soy cualquiera. Mencionó Seto, elevando un poco la voz para hacerse escuchar.-Yo realmente quería ir, te dije que iría, pero un imprevisto me sofocó y no pude desprenderme antes.

El rubio asintió. Deseaba retirarse. No se encontraba muy bien, pero la mano que lo mantenía sentado le oprimía con mucha fuerza y él realmente no estaba en las condiciones para hacerle frente.

-Yo…lo lamento. Susurró Seto y esas palabras le resultaron tan extrañas saliendo de él.-Yo realmente deseaba ir.

Joey desvió la mirada, estaba seguro de que en cualquier momento lloraría.

-No, mírame. Señaló el castaño tras tomar el mentón de su compañero.- De verdad, realmente quería ir y verte. Esta noche estaba reservada, pero no pude hacer nada cuando esos malditos de la junta…

-No tienes que explicarme nada, Seto. A veces se olvidan las cosas y es todo. No fue nada del otro mundo.

-Pero entiéndeme. Prosiguió el ojiazul en tono desesperado.-Realmente esta noche iba a ser muy especial. No solo porque estaba seguro de tú inminente éxito, sino porque también…yo…compre esto para ti.

No esperando respuestas el castaño extrajo una cajita de su saco, la había guardado ahí como recordatorio, pero ni eso le sirvió para no enfrascarse en la pelea por KC.

Joey tomó la caja azul con cierta incertidumbre. Era una cajita mediana de terciopelo y no supo cómo interpretar eso.

Así pues miró los cerúleos ojos del castaño quien le indicó que la abriera.

No quería sentirse emocionado pero su corazón recuperó el brío que la ausencia de Seto en el teatro le había opacado.

No sabía que esperarse ni el significado de nada, pero cuando abrió, con algo de dificultar la dichosa caja…la sangre se le congeló.

-Cómo te dije, esta iba a ser una noche especial. Tenía planeadas muchas cosas. Confesó Seto sin importarle si jamás había hecho eso.-Pero los inconvenientes me impidieron hacerlo y ahora no me queda más que conseguir tú perdón.

-¿Con…con esto?. Preguntó el rubio señalando el obsequio entre sus manos.

-No precisamente. Solo quiero que te des cuenta de lo que esto significa. No es fácil para mí hablarlo.

Los ojos castaños de Joey volvieron a mirar el contenido de la caja. No era muy bueno dándole el significado a las cosas metafóricas, pero supo, por la manera en que Seto lo miraba, que eso era muy importante.

Así pues puso todo su esfuerzo en tratar de entender aquello que silenciosamente Seto le daba a entender.

Tomó con sumo cuidado el objeto que permanecía intacto entre la caja y una fina tela de seda azul.

Lo miró como quien en su vida se ha atrevido a acercarse a un objeto valioso y tembló cuando calculó perfectamente el valor de lo que acababan de regalarle.

Con espanto miró al ojiazul quien le sonrió un poco intentando animarle.

-Esto es muy caro. Yo no puedo…

-Solo dime si lo haz entendido. El valor monetario no es lo que interesa.

Se agitó, si, porque jamás había soñado en que alguien siquiera pensara en obsequiarle algo tan valioso como lo que sujetaba con manos temblorosas por miedo a romperlo.

Lo más caro que tenía era su celular, pero pensar en otra cosa, simplemente

no.

Por ello acercándolo con bastante precaución a sus ojos es cómo comenzó su recorrido visual y mental.

Un pequeño candadito de diamantes blancos pendía curiosamente de una linda cadenita.

Su diseño era exquisito y el valor seguramente altísimo, pero eso no era lo importante, lo relevante era tratar de encontrarle el significado que Seto quería dar a conocer.

Volvió a mirar en la cajita y descubrió que enredado entre la seda se encontraba un segundo objeto, el cual se trataba de una llave en forma de corazón también labrada en detallados diamantes blancos.

El juego perfecto.

Joey frunció el entrecejo, no entendía nada de nada. Tal vez Seto se había pegado en la cabeza o tal vez…

Abrió grandemente los ojos cuando la respuesta a la interrogativa le golpeó con fuerza.

Después miró al ojiazul que seguía muy de cerca sus movimientos y al final pudo articular palabras.

-¿La llave de un corazón?. Cuestionó temblando de miedo.

-Técnicamente sería la llave de mi corazón, Wheeler. Pero no esperaba menos de ti.

Joey sintió que pronto caería en un precipicio. Kaiba no podía estar hablando en serio, pero sus serias facciones jamás mentían.

-Realmente este es el real significado: Este candado representa en si mi corazón y esta llave eres tú.

Ahora únelos y no creo que te resulte tan difícil interpretar que…

-Yo tengo ahora la llave y el candado de tú corazón. Susurró el rubio, pensando por un momento que no había pronunciado palabra, más el asentimiento del castaño se lo constató.

-Ahora tú eres dueño de esto que había permanecido solo desde siempre. Seto señaló su corazón, tomando la cadenita para colocarla en el cuello del rubio.-No sé hablar de amor, Joey. Nunca me enseñaron y no tengo que explicarte nada de mí porque me conoces bien.

El aludido asintió, aun temblaba.

-No tengo idea de cómo sucedió esto pero…entiendes lo que trato de decirte, ¿verdad?. ¿Entiendes que fuiste un huracán en mi vida que en lugar de atrocidades dejaste cosas que yo jamás había pensado en tener?.

Tú…tú me cambiaste. Habló, apretando con fuerza ambas manos del rubio mientras sus ojos se deleitaban con las piscinas castañas que de un momento a otro cristalinas se volvieron.-No se aun cómo lo hiciste Joeseph Wheeler pero me cambiaste tanto y para bien que ya no puedo continuar negándome lo innegable. Me costó mucho aceptarlo, porque yo pensé que no había sido creado para esto pero yo…yo…te amo.

Joey hipó y dejó que varias lágrimas recorrieran su rostro. Eso definitivamente era un sueño.

-Y por ello te hago entrega de esto. Finalizó, señalando los dijes que ahora pendían del cuello del rubio.-Qué es todo lo que jamás podría haberle dado, ni daré, a nadie más que a ti.

Seto se esperaba cualquier reacción menos la de observar a Joey llorar.

¿A caso lo hacía por qué no le correspondía?

Existía esa pequeña probabilidad y aun así se arriesgó a hablar del único tema en el cual no estaba instruido.

Cuando las voces en su cabeza no pudieron ser acalladas con simples negativas, había entendido que entre más se negara al verdadero sentimiento, más sufriría. Por ello aceptó que estaba amando a Joey como jamás lo haría de nuevo y que estaba dispuesto a salir herido por eso tan maravilloso que los humanos llamaban: amor.

-Sé que tal vez no compartes mi sentimiento. Exclamó con voz ronca, cortada por ese penoso descubrimiento.-Pero debía decirte que…

-¿Y quién te dijo que yo no sentía lo mismo?.

La voz del rubio lo desconcertó.

-Pues estás llorando. No es la reacción propia de alguien que acaba de enterarse de que es amado.

El de ojos melados rió entre el lagrimeo, tratando de controlarse un poco. Estaba seguramente dando un espantoso espectáculo.

-No puedes saberlo. Sonrió al decirlo.-Pero yo te diré por qué lloro.

Seto puso su total atención en esa explicación.

-Lo que sucede es que yo siempre soñé con que alguien me amara. Con que alguien me lo dijera y con que alguien realmente no jugara conmigo. Pero siempre fue un sueño.-Aceptó, mirando las orbes azules que ni un momento dejaron de verlo.-Y ahora que lo escucho es…es…lo más bonito que alguien me haya dicho jamás. Y eso solo puede significar que mi sueño se hizo realidad y que…y que…ahora puedo ser feliz porque amo y soy amado por igual.

El genio detuvo el golpe que probablemente iba a darse, ya que Joey se apresuró a abrazarle como hasta ese momento no lo había hecho jamás.

El rubio sollozaba pero reía al mismo tiempo. Aquello había sido un shock difícil de digerir, pero cuando el millonario comenzó a asimilar la situación, se dio cuenta de que su corazón danzaba de gozo y que jamás, ni siquiera la demanda ganada esa noche, se comparaba con lo que acababa de escuchar de labios de Joey.

Este lo amaba y no había nada más que decir.

Buscó el rostro del rubio quien le miró con felicidad infinita.

-Lamento que los sucesos se hayan dado así, pero realmente me habría gustado decirte esto en otras circunstancias.

-Shhh. Acalló el rubio con una brillante sonrisa.-Esta ha sido la mejor noche de mi vida y solo podía terminar de esta manera. Ahora puedo ser feliz. Susurró y tomó la iniciativa de besar al castaño como este había estado pretendiendo hacer.

Fue un beso cargado de sentimiento puro. Del amor que ambos estaban sintiendo y de la felicidad de saberse correspondidos con plenitud.

El regalo simbólico que Joey llevaba en el cuello solo era un recordatorio de lo mucho que Seto lo amaba y aunque él no podía dar nada material, se esforzó en obsequiarle a su compañero todo el sentimiento que agradecía en tener.

Su amor a fin y al cabo era puro y plenamente disfrutado.

Seto invirtió los papeles y recostó al rubio sobre la alfombra. Deseaba amarlo, deseaba entregarle su alma como nunca antes lo había hecho.

Lo malo de haber sido criado por un padre sádico y sin sentimientos había sido la inexpresión y el siempre obsesivo carácter que lo respaldaban, pero después de tal confesión lo único que le quedaba entregarle a Joey era su alma y estaba dispuesto a hacerlo porque sabía que jamás volvería a amar a alguien como amaba a Joey.

El rubio recibió el delicioso gesto con satisfacción.

No tenía dinero, no tenía nada más que su vida misma y se la entregaba a Seto. Todo su ser y alma eran ahora del ojiazul. Pues estaba convencido de que él era el amor de su vida y nadie jamás usurparía ese lugar.

Se besaron con hambre, con sed, con deseos de devorarse completamente y de ser uno para siempre.

De amarse hasta que la muerte llegara y aun así continuar.

El ojiazul sonrió, como solo con el rubio podía hacerlo y le hizo saber que esa noche volvería a hacerlo suyo por completo y para toda la eternidad.

Joey asintió al gesto pues era lo que deseaba. Ser enteramente de Seto y de nadie más.

Así pues cerró los ojos y disfrutó los labios de Seto en sus mejillas, en su barbilla, en su cuello, a quien torturó hasta hacerlo enrojecer por completo.

Sin apuro alguno suspiró cuando las diestras manos del castaño desabotonaron con desesperante calma su camisa y se estremeció cuando depositaron en su blanca piel besos candentes, besos deseosos, besos del amor que nunca antes le había sido profesado.

Gimió alto cuando la lengua de su amor recorrió el contorno de sus pezones y estos fueron mordidos y disfrutados como el mejor de los manjares.

Se aferró a la alfombra cuando Seto le hizo gritar de puro placer cuando sus manos hurgaron dentro de su pantalón y encontraron la semi erección que al instante completa se volvió.

Joey no sabía que poder tenía el castaño en su tacto que hacía estremecer hasta la más pequeña fibra de su ser. Que lo hacía morir en un segundo y revivir en el siguiente, no sabía el porque sus besos, sus ojos azules centellando de pasión absoluta por él, lo regocijaban al grado de morir en sus brazos y no querer regresar más a la vida.

Lo amaba, lo amaba tanto como jamás había planeado y lo mejor de todo era que le correspondían con igual o mayor intensidad.

-Te amo. Repitió la susurrante voz del castaño cuando las manos del rubio lo desprendieron de su propia camisa y comenzaron a viajar lentamente por su espalda.

Ese extraño amor que se profesaban, ese que había nacido una mañana cuando sus ojos se encontraron, era enteramente aceptado y no obstante, deseaban más. Ambos, lo deseaban.

-Quiero amarte, quiero hacerte mío para siempre y saber que me deseas tanto como yo a ti.

-No solo te deseo. Replicó Joey tras arrancar completamente el botón del estorboso pantalón de su pareja.-Te amo, te amo como a nadie jamás volveré a amar. Tienes mi vida. Añadió, besando los labios que ya le esperaban.

-Pero no me basta con eso. Indicó el ojiazul cuando el beso se convirtió en una dulce danza de pasión.-Quiero tú alma, te quiero a ti completamente.

Y Joey aceptó, porque eso realmente deseaba entregarle y no tuvo que cuestionar para saber que su deseo sería recíproco.

Con suavidad de seda, Seto cargó a su pareja y entre besos y bellas caricias trasladó al rubio hasta la cama. Su cama, porque jamás nadie más la había tocado y jamás nadie lo haría.

La ropa fue rápidamente olvidada, quedando en la oscuridad dos cuerpos deseosos de amarse como jamás lo habían hecho.

Una entrega total.

Como si fuera la primera vez, el irrealmente sensible Seto Kaiba volvió a recorrer el hermoso cuerpo que sucumbía con deleite a sus caricias.

Succionó el plano abdomen del rubio y se deleitó con los gemidos y suspiros que le pedían más en ese silencioso idioma que solo los amantes conocen.

Así pues no se hizo esperar, otorgándole al amor de su vida más placer. Puro deseo. Puro amor.

Joey estaba experimentando lo que era bordear la locura.

Jamás antes había sentido tanta entrega, tanto amor, que lo único que podía hacer era retornarla por igual. Haciendo valer su deseo.

Por eso cuando sus manos recorrieron la suave piel de su pareja, se entretuvo en acariciar cada palmo de carne expuesta. Cada vello erizado ante su contacto y que a su paso dejaba más que desear.

Necesitaba a Seto, realmente lo necesitaba como jamás había requerido a nadie y sus deseos simplemente fueron órdenes cuando sus rubios vellos púbicos fueron rodeados por el aliento caliente de su amante y único amor.

Gimió alto y sin censura, y se aferró con fuerza a la atlética espalda de su amante, cuando la ávida lengua de este degustó su palpitante miembro en una casi irreal caricia.

-Quiero hacerte mío. Repitió el castaño y así lo hizo cuando con maestría succionó la hombría del rubio que solo gemir pudo. El placer era demasiado para soportarlo. Además, lo deseaba.

Recorrer la extensión, sentirla suya, tomarla con total naturalidad fue el efecto hipnótico que a Joey le bastó sentir para perderse por completo en la locura.

Él deseaba más. Él quería mucho más. Él necesitaba a Seto Kaiba como jamás había requerido de algo.

Cuando pensó que llegaría al orgasmo, la placentera mano de su amado lo detuvo, prolongado el éxtasis para otro momento.

Lo que Seto deseaba era acariciar cada palmo de piel y así lo hizo. Continuando el recorrido por los suaves muslos y las largas piernas que finalizaron en diez dedos apetecibles que disfrutó con igual deleite.

Toda la anatomía de su rubio era perfecta, pero nada está completo sin un nuevo beso voraz. Por ello regresó a los hinchados labios que como siempre le recibieron entre mordiscos y peleas de lengua que ninguno realmente ganó pero se disfrutó.

Joey necesitaba el amor, por ello y en un toque de lujuria y coquetería, tomó una de las manos de su entretenido amante y con total "inocencia" lamió sus dedos. En un claro gesto de lo que deseaba.

Seto sonrió y disfrutó la acción, pues sus largos dedos siendo succionados por la endiabladamente húmeda boca de su rubio, bien valían unos segundos más de retrazo en todo.

Los castaños ojos brillaban con intensidad y los azules centellaron de lujuria cuando sus labios dejaron escapar un pequeño gemido, cuando Joey pasó su lengua por un par de dedos en especial y su otra extensión acarició su erguido miembro.

El diablillo rubio sabía cómo pedirle sutilmente que lo deseaba y ese juego realmente le gustaba.

Pero ya habría otra ocasión en dónde disfrutarse plenamente en caricias. Esa noche la entrega total de sus almas estaba presente, por ello usurpando los dedos por su boca, asaltó de nueva cuenta la cavidad que expresaba más amor que ninguna otra parte del cuerpo.

Joey suspiró entre el beso hambriento cuando los dedos que antes lamía se introdujeron lenta y deliciosamente en su entrada. Dilatando y haciéndole experimentar una leve molestia que de inmediato desapareció.

Adoraba el tacto que Seto tenía con él, uno que nadie jamás había tenido.

Se movió lento y al compás de los dedos que danzaban en su interior, dilatando la entrada que dentro de poco sería invadida por una más amplia sensación.

Pero sus manos no guardaron reposo, sino que con la misma suavidad que había empleado para acariciar el cuerpo del castaño, fue utilizada para satisfacer el miembro jamás olvidado de su pareja.

La acción fue gratamente recibida pues mientras Seto le mordía el labio inferior con fuego, un segundo gemido se escapó de su ronca y sexy voz.

-Hazlo. Pidió Joey cuando enroscó sus piernas alrededor de la cintura de su amante.-Te necesito.

-Impaciente cachorro. Sonrió el ojiazul, pero de inmediato obedeció aquel pedido. Él también necesitaba al rubio, lo necesitaba tanto como los pulmones al oxígeno.

El rubio se perdió en el cuello de su pareja, besando y mordiendo un poco mientras Seto se introducía lenta y deliciosamente en él.

La sensación de compatibilidad llegó en una envestida, cuando un quejido se escapó de los rojos labios de Joey.

-Delicioso. Murmuraron ambos, sonriendo un poco en medio de la hechizante atmósfera de amor.

Volvieron a besarse, porque simplemente sus labios eran una droga imposible de conseguir en nadie más, a la cual eran devotos adictos sin pudor a admitirlo.

Y el movimiento comenzó, manifestándose entre gemidos y palabras entrecortadas de pasión.

Seto haló a su amante y lo posó con gozo en su regazo.

Necesitaba sentirlo, necesitaba mirarlo y amarlo como solo él sabía y había descubierto.

Realmente la locura llegó a Joey cuando su próstata fue torturada en enormes e imparables oleadas de placer, sumándose a la bella experiencia los dedos maravillosos de su amante, quien ejercían un poder endiablado en su cuerpo.

Lo amaba. Se amaban y sus ojos, lagunas veteadas de éxtasis y deseo no mentían al decirse en silencio que eran ya uno solo y que nadie jamás sería capaz de romper esa unión.

Cuando Seto sintió que el límite había llegado, acarició la espalda baja del rubio, quien ante el eléctrico roce gimió alto, enarcando su cuerpo de manera reptil pero eróticamente armoniza, para terminar después en un unísono grito que expresaba todos sus sentimientos.

Habían tocado el cielo y lentamente los dos regresaban a la tierra, encontrándose cara a cara para enterarse que aquella entrega no había sido solo un sueño.

-Te amo. Suspiró Kaiba sobre los labios de su amante y Joey complementó la frase con un beso robado pero que expresaba lo que su jadeante voz no podía en esos momentos.

Sin embargo la noche aun era joven y sin que Seto saliera del cuerpo de su amor, continuaron besándose, estimulándose, dejando sus almas en cada toque y en cada respiración.

Musitando que se amaban como a nadie en el mundo y que estaban dispuestos a hacerlo todo por amor.

Una entrega magnífica que años más tardes les sería recompensada.

Pero por el momento, era tiempo de amar y nada más.

Continuará…

Bien, otra entrega y bueno, espero les haya gustado

Agradeciendo sus lindos comentarios no solo en este fic sino en Amnesia y en mi nueva historia: Volviendo a empezar de CCS.

Espero actualizar muy pronto para darle la agilidad requerida a esta historia.

Un saludo afectuoso a todos ustedes y estamos en contacto, su amiga:

KLF