TITULO: Dreams

Capitulo: Mucho gusto en conocerte

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: Para darle mayor agilidad a la historia, el tiempo ha vuelto a cambiar. Si. Ya la resolución de sus dudas del por qué Seto se casa con Serenity están ya a la vuelta de la esquina. Agradeciendo su paciencia y seguimiento a pesar de lo largo de esta historia. Ojala lo que siga sea…aceptable, su amiga:

KLF

(1 Año después)

-Hogar dulce hogar.

Fue la exclamación que se hizo al momento de abrir la puerta y toparse con el mismo departamento que un año atrás había sido el nido de amor de sus corazones.

Seto le dio un pequeño empujón a su pareja, el cual sonrió y se desquitó de él besándole en los labios. Una acción que tardó más de lo que debía.

-¿En dónde pongo el equipaje, señor?.

El atareado guardaespaldas que cargaba con varias valijas se hizo escuchar para llamar la atención de los abstraídos muchachos.

Siempre era lo mismo cuando se entretenían indagando en la boca del otro.

-Oh, lo lamento Ed, te dejé con todo. Permíteme ayudarte. Exclamó el rubio, apartándose de su pareja para tomar algunas valijas. No recordaba haberse llevado tanto. Realmente no tenía mucho pero su obstinado novio había insistido en proveerlo de cosas que no necesitaba demasiado. Pero resultaba que no podía negarle nada a su Seto. Todo lo que el le pedía o decía, eran órdenes para él.

De mala gana Seto dejó ir los labios de Joey, asegurándose después que el departamento se encontraba como era debido.

La limpieza había sido echa con regularidad y nada había cambiado. Eso le gustaba.

Ed sonrió al apenado rubio. Decir que le caía bien, sería mentir rotundamente. Adoraba a Joey porque el muchacho se había ganado su confianza y su cariño.

Debía confesar que cuando lo conoció, había pensado que solo se trataba de un muchacho oportunista, que deseaba aprovecharse de su amo Seto. Pero a medida que su convivencia con el muchacho trascurría, se dio cuenta de que Joey era un sol que iluminaba todo a su paso y que amaba mucho al mayor de los Kaiba, pues sus ojos se iluminaban cuando hablaba o miraba al empresario.

Realmente sabía que su jefe se había ganado una joya invaluable.

-Le diré a Seto que descanse un poco. Tiene planeado ir a la empresa. ¿Puedes creerlo?. A veces pienso que está hecho de hierro o algo así. Se quejó Joey cuando dejó las valijas en la habitación.

-Le creo, Joven Wheeler. Pero también se que usted sabrá detenerlo.

Joey tuvo la delicadeza de sonrojarse. A veces Ed era demasiado directo, pero aun así lo apreciaba mucho.

Durante su viaje había aprendido mucho del custodio, así como también a saber que era un excelente amigo, más que guardaespaldas. Ya entendía porque su novio lo apreciaba tanto.

-Bueno, creo que yo iré a la mansión. El joven Noa debe estar aguardando el regreso.

-Lo sé. Me gustaría conocerlo. Me han hablado tanto de él que siento que ya lo conozco. Sonrió Joey, agradeciendo la ayuda del custodio.

-Tal vez alguno de estos días pueda hacerlo. Todo depende del señor Seto.

El rubio asintió. A veces el abstraimiento mental de su pareja lo aturdía de sobre manera. Bien podía olvidarse de comer o de leer el diario, pero en cuanto a negocios se refería era un completo robot. Por eso Joey dudaba que conocería a Noa Kaiba en esos días.

Debería seguir insistiendo, al fin y al cabo Seto sabía de su hermana, y él de su hermano. Lo único que faltaba era presentarlos y al fin todo quedaría entre familia.

-Cuando Ser conozca a Seto, realmente me felicitará. No todos los días un millonario apuesto decide ser tú novio. Reveló imaginando la reacción de su hermana.

-Si. Solo esperemos que la conmoción pase deprisa, ya sabe que al señor no le gusta ser el centro de atención.

Ambos hombres rieron. Joey le había relatado a Ed toda su vida, así como los episodios y peripecias que había tenido que pasar para que Seto y él al fin se declararan su amor.

Toda una novela de veinte capítulos que el custodio había escuchado con solemnidad.

De ahí que el guardaespaldas decía que Seto era el fuego y Joey el viento que lo avivaba. Elementos tal vez muy diferentes, pero que se requerían para existir y sobrevivir.

Seto entró en la habitación justo cuando las risas se apagaron. Al parecer el departamento había aprobado su revisión.

-Señor, ¿desea que vaya a la mansión?.

-Aun es temprano. Indicó el castaño tras ver su reloj.-Te llevaré yo mismo. Deseo ver a mi hermano.

-Oh, oh, llévame a mi también. Pidió el rubio, emocionado con la idea de conocer al famoso Noa Kaiba.

Pero Seto negó, besando efímeramente los labios de su pareja.

-Tienes que ir a la universidad y recuperar algunas materias. Te haz atrasado bastante y no quiero ser el culpable de que no salgas de la universidad. Recuerda que las bases…

-Son el principio de todo. Lo sé. Repitió el rubio. Ese discurso se lo daba el castaño cada vez que él hablaba sobre dejar la universidad y buscar camino directamente en el teatro.

-Entonces anda. Tenemos tiempo de sobra para que conozcas a mi hermano. Él también desea conocerte.

Joey sonrió. Seto se preocupaba de todo, hasta del más pequeño detalle y eran esas muestras de afecto lo que le fascinaban de sobre manera.

Decir que quería al castaño sería restarle un gran amor a la oración.

Así pues sin realmente hacer demasiado en el departamento, ambos se dirigieron a sus respectivos lugares.

Seto a su casa y Joey a la Universidad. Si tenía pensado retomar su carrera, era preciso que hiciera muchas cosas para avanzarla.

Pero no podía quejarse. Ese año había sido magnífico, comenzando con París.

Si la ciudad Luz hablara, realmente el sonrojo no le bastaría a Joey para expresarse.

Había quedado prendado de la Torre Eifel y de los campos Elíseos. Después estaba Londres, la ciudad mágica aristócrata. Su inglés había mejorado mucho. Su ascendencia americana le exigía aprender del idioma y aunque el escaso uso siempre hacía estragos en su memoria, Seto lo había ayudado de buena voluntad, llevándolo a obras teatrales y comprándole libros expresamente en inglés.

Su novio era un bombón.

Después seguía Grecia, Alemania, Italia y un par de países más que mencionarlos serían darle demasiados elogios a un tour que si bien le había echo perder clases, le había hecho ganar más acercamiento con su pareja.

Jamás antes había visto a su Seto tan relajado y a pesar de que de vez en cuando hacía algunos negocios, nada como compartir con él un día frente a la Fuente de Trevi o comiendo un helado en Madrid.

Ese año siempre lo recordaría como uno de los más importantes de su vida.

La universidad no había cambiado en nada. Continuaba igual que siempre, salvo por algunos profesores que habían decidido marcharse debido a su longeva existencia en la escuela.

La directora de carrera lo había recibido con una sonrisa en los labios. Aun recordaba el éxito del Montecristo y le abrió las puertas de la Universidad de inmediato, reiterándole su apoyo si deseaba figurar en alguna puesta. Desde ese éxito que la Universidad tenía mucha más apertura para obras.

Ciertamente sus amigos lo habían atiborrado de preguntas y bienvenidas, siendo Tea extrañamente la única que había pedido sus "regalos", a lo que Joey había respondido con una simple sonrisita.

Era bueno volver a ver a Tristán, Duke y a Tea, y supo que iba a extrañar mucho a Yugi, quien sin saber cómo lo había localizado en Londres, para informarle que se iría a vivir a Finlandia con Yami, el cual había conseguido trabajo como productor en una compañía de teatro importante.

Cada uno de ellos estaba creciendo como persona y profesional y a pesar de que el tiempo, la distancia o las actividades los separaban, siempre existiría en ellos la palabra Amistad. El eslabón más fuerte que el ser humano pueda llegar a tener.

Por eso Joey simplemente retomó su vida, esperando que el futuro llevara cosas buenas para él como ese año lo había hecho, preparándose para retomar su sueño.

Seto Kaiba por su lado arribó a su mansión, donde un impaciente Noa ya lo esperaba.

-¡Seto!. Que alegría es volver a verte, hermano.

La efusividad de su "hermanito" siempre sería para él un gozo, por lo que lo único que pudo hacer fue retribuirla un poco.

Amaba a Noa como a nadie quizá en ese mundo y a pesar de que en un principio su idea de alejarlo de Japón le había parecido loca, a un año de eso se lo agradecía rotundamente.

Había sido el mejor año de su vida.

-Llegas cambiado. Me alegro mucho. Sonrió el peliazul, señalando la falta de gomina en el siempre estable cabello castaño de su hermano.

-Bueno, a veces tus ideas si resultan después de todo.

El menor de los Kaiba sonrió, indicándole a una de las domésticas que llevara té.

-Me alegra verte también a ti, Ed. Te eché de menos.

-El sentimiento es mutuo, joven Noa.

Ambos sonrieron. Era grato volver a verse después de mucho tiempo.

-¿Y cómo has estado?.

-Bien. Divirtiéndome un poco con un videojuego de vez en cuando. Me gustaron mucho desde aquella vez que me enviaste a esa empresa. Incluso he hecho tratos con ellos para sacar algún prototipo nuevo. Yo lo probaré. Indicó el peliazul con una chispa infantil en la mirada.

-Eso es bueno. Saber que te haz divertido. Afirmó el castaño, sintiéndose complacido de que al menos Noa no había heredado la desquiciante forma de trabajar de su padre y él mismo.- ¿Y la salud?. Esa pregunta era la más importante.

-Oh, bien. El doctor dice que estoy bien. Sonrió el muchacho.

-¿Y las terapias?.

-Oh, Seto, ¿por qué mejor no preguntaste por la empresa?. Podría decirte que he cerrado muchos tratos o que elaboré un plan dónde una farmacéutica…

-¿Noa?. Inquirió el mayor de los hermanos, centellando sus azulados ojos con enfado.

-Oh. Gruñó el muchacho bajando el rostro.-Ya sabes lo que opino de esas malditas cosas. Yo no volveré a caminar y fin de la discusión.

Seto odiaba que su hermano hablara de esa manera. Se había rendido a la posibilidad de recuperar la movilidad de sus piernas y todo por los casi nulos progresos en sus terapias. Debía hacer algo al respecto, pero evidentemente su hermano no lo quería.

-Ya estoy de regreso Noa y esta situación se solucionará ya.

-Pero…

-Sigo siendo tú hermano mayor y punto. Conmigo no discutas.

Noa lo sabía, por eso odiaba la determinación de Seto. Pero a pesar de todo le gustaba que hubiera regresado.

Un año era mucho tiempo pero ver que le había favorecido a su ser más querido, era toda la gratificación que deseaba.

La empresa marchaba bien, su vida cómo siempre, solo faltaba conocer a la persona que había logrado en Seto ese cambio radical y agradecerle por entrar en su vida.

De nuevo a la vida normal de un Kaiba.

Gabriel revisaba la gaceta universitaria. Todos los días podía encontrarse algo nuevo e interesante, sobre todo de trabajo. Necesitaba el dinero.

Abstraído como siempre no se percató de la figura que tras él sonreía con malicia. De haberlo hecho realmente se habría ahorrado el grito de terror que lanzó cuando lo asustaron.

-¡Gritaste, ¡gritaste!. Rió el enérgico muchacho que había obrado la fechoría.

-¡¿TÚ!. Gritó el inglés, enfadándose seriamente.

-¡Volví!. ¿No te da gusto?.

Gabriel bufó y recogiendo el material que había tirado, caminó lejos de Joey Wheeler.

-Gabriel. Llamó el rubio siguiendo a su amigo.-¿De verdad no me extrañaste?.

El inglés bufó. Lo que menos se había imaginado al despertar esa mañana, era encontrarse con el desastroso rubio.

-Te diré algo: cuando no te ví un mes, pensé que te habías enfermado. Cuando fueron cinco, sonreí porque al fin te habías perdido. Cuando se cumplió el año le rece en agradecimiento a los santos de mi madre, pero ahora que te vuelvo a ver…creo que no recé con mucho ímpetu que digamos.

Joey rió. Gabriel solía ser así de sarcástico. Algo que le hacía recordar bastante a su novio.

-Bueno, pues ya estoy de vuelta y déjame decirte que ya te puedes alegrar por ello.

-¿En verdad?. ¡Hurra!. Lo que le faltaba a mi existencia para ser "perfecta".

Gabriel no era muy afecto a expresarse. Su misión en esa vida era llegar a ser alguien para poder ayudar a su familia.

Una acción loable pero que a veces exasperaba a Joey.

Cuando lo conoció en su primer día de clases, pensó que con el tiempo lograría que Gabriel se abriera más como ser humano. Obviamente había fallado, pero su relación de amistad era la que contaba.

Una amistad algo extraña, si se le cuestionaba al resto de las personas que los conocían.

-¿En dónde te metiste, Wheeler?. Indagó el inglés cuando supo que Joey no lo dejaría en paz.

-Oh, ¿curiosidad a caso?.

-Una pregunta perfectamente normal que cualquier otra persona respondería por igual. Fue la respuesta que hizo bufar a Joey.

-Bueno, solo decía, pero para tú información fue el año más fantástico de mi vida.

Oh si, Gabriel se lamentó profundamente haber hecho la pregunta, porque no solo tuvo que soportar perderse las tres primeras clases de ese día, sino que también se enteró de cosas que no le concernían.

Apreciaba a Joey a pesar de que no lo demostraba, pero en ocasiones como aquella deseaba enredarle un lazo en el cuello y dejarlo caer de un puente. ¿Las leyes lo castigarían mucho si lo hacía?.

-…y bueno, a pesar de que me conciente mucho, quiero retomar mi camino y buscar empleo. Yo no puedo quedarme quieto, ¿sabes?.

-Ya me había dado cuenta de eso. Aceptó Gabriel, mirando su reloj.

-Oh, que bueno que me entiendas. Por eso eres un gran amigo.

-Si, si, si, lo que digas. Mira Wheeler me…fue muy constructivo escucharte hablar, pero ahora tengo que irme.

-¿Pero y mi trabajo?.

Definitivamente las finanzas eran mejores que los consejos interpersonales, por eso no le gustaba relacionarse con muchas personas.

-Bueno, busca lo que te convenga y luego me dices.

-¿Pero en dónde busco, Gab?.

-Vuelve a decirme así y realmente te colgaré. Murmuró el inglés, mirando fulminantemente a su compañero. Odiaba los diminutivos de su nombre.

-Pero…

-¡Ten!. Gritó el chico exasperado.-Busca algo ahí y luego…luego piérdete o vete a Timbuktu.

Después de eso el muchacho se fue maldiciendo en su lengua natal la pérdida de su valioso tiempo.

Joey sonrió. Le gustaba hacer enfadar al inglés. No era lo mismo que con Kaiba, pero al menos le servia para no perder la "practica".

Así pues abrió la gaceta que su amigo le había dejado y la repasó con bastante cuidado.

Aun no le decía a Seto que deseaba un trabajo para pagarse sus gastos, vivir a costa de su novio definitivamente no era para él, por lo que un trabajo de medio tiempo como en antaño ciertamente iba a ayudarlo en mucho.

Descartó un para por creerlos pérdidas de tiempo y otros tres por el inoportuno horario.

Las gacetas eran muy útiles para estudiantes como él y de eso se dio cuenta cuando un anuncio en particular llamó su atención.

-Bueno, no tengo mucha experiencia en esto pero…¿que tan difícil puede ser?. Además se acopla a lo que necesito. Si, este será. Se dijo, buscando la dirección del que estaba seguro sería, su nuevo empleo.

Su vida volvía a su curso normal.

Serenity había concluido en que darle negativas a su madre solo le provocaba dolor de cabeza y a dos meses de una nueva recaída, era mejor obedecerla.

Por eso había ido a uno de los clubs dónde la mujer se desenvolvía como si hubiera realmente nacido ahí.

Odiaba el bullicio y las charlas banales que los chicos de su edad tenían.

A un año de cumplir la mayoría de edad, su madre ya deseaba casarla o al menos comprometerla con un chico que valiera la pena.

Ella aun no estaba lista para ese paso, pero realmente era darle alas a lo inevitable.

Suspiró. Había encontrado cerca de una de las piscinas un buen lugar para leer y estar lejos de su madre, pero definitivamente no de los chicos que le coqueteaban idiotamente.

Lo que ella deseaba era vivir lo que le quedaba de existencia en absoluta paz.

-Aquí estas. Te he estado buscando como loca.

-Hola, madre. Saludó la pelirroja al saberse invadida por la mujer.

-Al menos deberías tener la decencia de darte una vuelta por ahí.

-Estoy cansada, mamá. No quería venir.

-El doctor dijo que el aire y el sol te hacen bien. Exclamó la mujer sentándose al lado de su hija.

-El doctor siempre dice eso. Realmente creo que nada me hace bien.

La mujer no quiso asentir o desmentir nada, pero en el fondo concordaba con su hija.

Ante su misteriosa enfermedad realmente nada le hacía bien.

Pero no iba a desanimarse, no al menos hasta ver a su hija totalmente feliz.

-Bueno, el joven Itashi me ha preguntado por ti.

-Hum, no me interesa ese vanidoso que solo se pavonea por ahí mostrando los músculos que según él hace en el gimnasio pero que en realidad se deben a los esteroides. Como si no supiera. Se quejó la chica.

-Al menos es un buen partido. Es rico. Acuñó la mujer restándole importancia a ese "defecto".

-No me interesa. Reiteró la pelirroja tratando de regresar a su lectura.

-Serenity, hija. Yo se que tú reciente recaída te tiene así, pero no puedes pasarte la vida sumida en tú mundo. Debes conocer personas y al menos tratar de encontrar un buen partido que te haga feliz.

-Yo soy feliz. Asintió la chica con reproche.-A mi manera lo soy. No necesito de un hombre para serlo.

-Bah, tonterías. Gruñó la mujer empezando a exasperarse.-La compañía siempre es buena. Dímelo a mí que con Roger soy muy feliz, no con el borracho de tú padre que…

-Mamá. Llamó la chica. Odiaba cuando su madre hablaba así de su padre.-No creo que sea el momento más adecuado para hablar de papá.

-Si, tienes toda la razón. Ese bastardo no merece…bien, prosigamos con nuestro tema.

La muchacha lo agradeció verdaderamente.

-Esta noche hay un cóctel en el Saint Renault. Anunció la mujer con una enorme sonrisa.-Y el joven Itashi te ha invitado.

-No debo entonces preguntar si dijiste que si, ¿verdad?.

-Hija, esta es una enorme oportunidad para que convivas con gente de tú clase. Cierto que ese muchacho puede tener muchos defectos, pero es buen partido. Al menos compláceme en esto, quieres.

La pelirroja suspiró. Definitivamente iba a ganarse una letanía si se negaba, así que asintió.

El Saint Renault era un importante salón donde la crema y nata de la sociedad Japonesa se reunía de vez en cuando para frivolidades concernientes a negocios entre los hombres y chismes entre las mujeres.

Roger solía asistir cada y cuando en compañía de su madre y esa vez ella tendría que ir.

-Solo asistiré un rato, mamá. No estoy de humor como para permanecer toda la noche.

-¡Excelente!. Sonrió la mujer con felicidad.-Esplendido, es una importante ocasión para que utilices ese bonito vestido Italiano que Roger te regaló en tú cumpleaños. Te verás preciosa. Serás la envidia de todas las damas.

Si, el gran orgullo de la mujer pelirroja era su hija, quien a pesar de vestir discretamente, destacaba las curvas de una mujer a punto de salir a la superficie.

Serenity era muy bonita y su madre no dudaba que tal vez en esa fiesta encontraría a la persona ideal para su hija.

-Mamá, ¿no has sabido nada de Joey?.

La fantasía de un vestido de novia de diseñador se fue a la basura con la mención de su otro hijo.

-No y me alegro.

-¿Ya habrá regresado de su viaje?.

-No se y no me importa.

-Mamá. Gimió la muchacha.

-Ya te dije que no me gusta hablar ni de él ni de tú padre. Quien sabe en que cosas andará ese muchacho.

-¿Por qué lo dices mamá?.

La mujer bufó.

-Pues cómo que ya fue demasiado de viajecitos, ¿no te parece?. ¿Con qué demonios se lo esta pagando sino tiene ni con qué caerse muerto?.

-Mamá, Joey es muy trabajador y sabes que puede hacer muchas cosas.

-No lo dudo. Pero quien sabe que clase de "cosas" estará haciendo.

Serenity movió la cabeza de lado a lado. Era inútil tratar de amistar a su madre con Joey. Definitivamente no sabía porqué su madre odiaba tanto a su hermano. Tal vez porque se parecía mucho a su papá y esta lo odiaba verdaderamente.

Que lástima que una madre pensara así de su hijo.

-Bueno, no nos amarguemos la existencia y hablemos de las personas con quien puedes entablar una conversación esta noche. Está el joven Ray, el irlandés que está de pasó por negocios, también el joven Matt y el joven Ikaro, que no se porque diablos tiene ese nombre tan feo, pero su fortuna bien lo compensa todo.

También está….

La pelirroja entonces solo asintió al monologo de su madre. Odiaba todo ese maldito protocolo y la banal vida que llevaban.

Lo que ella deseaba era enamorarse de una persona íntegra y que fuera ella misma en todo momento.

A ella no le importaba el dinero o la posición social, solo que su corazón latiera estruendosamente cuando mirara a esa persona especial y supiera que había encontrado el anhelo de su corazón. Un sueño que desde pequeña había tenido y que deseaba volver realidad antes de morir.

Enamorarse era para Serenity Wheeler su máximo sueño y tal vez muy pronto, se haría realidad.

"Centro de ayuda. Se solicita ayudante de fisioterapia".

Se leía en el anuncio.

Joey había imaginado una pequeña institución pero cuando miró el edificio de cinco plantas, supo que era una entidad bastante grande.

No tenía ni J de idea de lo que era ser ayudante de fisioterapia, pero había tenido un par de trabajos como enfermero. Bien, la experiencia le podía servir.

Guardó la gaveta universitaria en su mochila y entró con paso decidido en el edificio.

En la entrada se veía bastante movimiento pero la chica que lo atendió amablemente resolvió sus dudas.

-Hola, vine por el anuncio de ayudante fisioterapéutico. Sonrió, esperando que tuviera suerte en su primer intento de regresar a la vida laboral.

-Oh, si. ¿Estudiante?.

-Si. Estoy retomando clases en la universidad y un trabajo de medio tiempo no me caería mal.

La chica asintió, indicándole a un enfermero que lo necesitaban en la habitación once.

-Muy bien. ¿Tienes experiencia en eso?.

-Realmente no. Pero se un poco de medicina.

La muchacha pareció interesada en lo que el rubio le decía.

-Realmente necesitamos mucha ayuda. Cinco de los fisioterapeutas renunciaron hace una semana y como puedes darte cuenta este lugar es un caos. Cualquier experiencia que tengas sobre esa área nos es de mucha utilidad.

Joey supo que iba por buen camino, así que le habló a la que parecía doctora, de su experiencia laboral en ese campo.

La joven, pareció complacida con el currículo por lo tanto le dio indicaciones.

-Ve al segundo piso y pide hablar con el jefe del departamento de admisión. Él es el que decide quien se queda y quien no.

-Bien.

-Seguro si le cuentas lo que a mi, te darán el empleo.

-Muchas gracias. Sonrió el rubio, despidiéndose de la chica que de inmediato se ocupó de otros asuntos.

Aquella atmósfera atareada resultaba nueva para él, pero hasta ese momento no había trabajo que él no hubiera sacado adelante. Seguramente aquel no sería la excepción.

Arribó un tanto confuso. Realmente había mucho revuelo y cuando intentó preguntar por el paradero del jefe de admisión, nadie pudo atenderle.

-Si que necesitan ayuda. Se dijo, mirando a un par de niños hacer carreras sobre sus sillas de ruedas.

-Ni que lo digas.

La voz a su espalda lo exaltó, encarando entonces a un muchacho que se le hizo levemente familiar.

-Hola. Saludó Joey con cordialidad.-Busco al jefe de admisión.

-Bueno, lo encontraste.

El rubio parpadeó. El muchacho en silla de ruedas frente a él era tal vez menor que él y era, si mal no había escuchado, el jefe de admisión de aquel lugar.

Que sorprendente era la vida.

-Veo que te sorprendes, ¿no?. Indagó el joven quien le indicó una puerta a su derecha.

-Más…o menos. Asintió Joey aceptando la cortesía.

-Bueno, no eres el único. La gente piensa que por ser tan "joven" no puedo hacerme cargo de este puesto. Si ellos supieran. Murmuró el muchacho, rodando su silla hasta situarse del otro lado del escritorio.-Pero siéntate por favor, no me hagas mucho caso.

Joey asintió sentándose en una muy cómoda silla que le dio a la "entrevista" mucha más formalidad.

Estaba un poco nervioso, jamás se había presentado a una entrevista de trabajo en esas circunstancias.

-Y bien, ¿en qué puedo servirte?.

El cortés muchacho no dejó de sonreírle a Joey, quien sacó de su mochila la gaceta universitaria y se la mostró.

-Vengo por este empleo.

-Oh, que bien. Nos hace falta mucha ayuda.

-Si, la joven de allá abajo me lo dijo.

-Perder cinco fisioterapeutas es tarea muy difícil, sin embargo hay cosas que la gente no puede dejar de tolerar.

El rubio no entendió, pero intuyó que el joven se refería a él mismo.

-Pues…a mi no me importaría tener un jefe más joven que yo. De hecho lo he tenido. Sonrió Joey recordando.-Una vez asistí a un niño con Leucemia que tenía un carácter de los mil diablos, y aun así me acostumbré.

El joven de la silla de ruedas sonrió. Ese muchacho le agradaba mucho.

-¿Y qué experiencia tienes?.

-Realmente ninguna. Solo los trabajos de "enfermero" y alguno que otro en un laboratorio. Nada que implicara demasiado riesgo.

-Entiendo. Murmuró el entrevistador.-Ser asistente fisioterapéutico requiere de un esfuerzo muy grande, así como de toda la disposición del mundo para aprender y tal vez en algún momento asistir a alguien. Es un trabajo duro.

-Lo sé. Pero creo que es mejor que ser repartidor de pizzas. ¿Sabes los peligros que implica recorrer la ciudad en media hora?. Realmente no creo que esto sea más duro que eso.

El más joven rió estruendosamente. Definitivamente el rubio le caía muy bien. Sentido del humor era lo que se necesitaba por ahí.

-Bueno, acabas de pasar la prueba de fuego. Felicidades.

-¿Eso quiere decir que me contratan?.

-Si. Sonrió el muchacho, admirando la sonrisa en el rubio.-¿Cuándo puedes empezar?.

-Ahora mismo si lo quieren.

-Perfecto. Solo llenamos "formalidades" y asunto concluido. Desde hoy eres parte de la institución..

Joey se sintió realmente feliz. Acababa de conseguir empleo. Solo esperaba que Seto no se enfadara, de todas formas ya sabría como "recompensarlo".

El muchacho en silla de ruedas miró fijamente a Joey.

Era un joven atractivo y vigoroso, con deseos de salir adelante pese a todo. Si, realmente había hecho muy buena elección.

-Bueno, ¿y dónde empezamos?. Preguntó el entusiasmado Joey después de leer y firmar su contrato.

-Qué te parece si comenzamos por presentarnos. Sugirió el muchacho, saliendo de detrás del escritorio para acercarse al rubio.-Yo soy Noe K. Y puedes decirme simplemente Noe.

-Oh, yo soy Joseph Wheeler, pero puedes decirme simplemente Joey.

-Mucho gusto en conocerte, Joey Wheeler.

Se estrecharon la mano y de ahí en adelante una bonita amistad nació.

Años más tarde entonces, cuando Joey recordó ese episodio de su vida, se preguntó por qué el destino había obrado de esa manera.

Tal vez si le hubiera hecho caso al anunció dónde se precisaba un repartidor de pizzas, su vida hubiera sido de otra manera. Pero ante el destino, nada se podía hacer.

Seto arribó esa noche al departamento con una horrible sensación de haber sido utilizado nuevamente por su hermano.

Odiaba cuando su "angelical" hermano peliazul lo guiaba a su antojo, pero no podía negarle mucho. Al menos no lo que estuviera en sus manos hacer.

Después de un año ausente de KC, Noa lo había puesto al corriente de los nuevos negocios y transacciones, encontrándose con varias sorpresas.

Noa había sabido utilizar muy bien el tiempo, pero aun sospechaba que su queridísimo hermano menor le había ocultado algo.

-Al menos espero que no sea nada malo. Se dijo, colocando su saco en el perchero de la habitación.

Sonrió. Había extrañado Japón después de todo y aunque al día siguiente era probable que regresaría a trabajar, nada en el mundo le podía quitar la satisfacción de tener en casa al amor de su vida, con quien había compartido infinidad de cosas memorables.

Amaba a Joey, realmente lo amaba y se sentía extraño al pensarlo, sin embargo bien valía su atontamiento de enamorado, al ver las castañas orbes de su rubio, el cual brillaba siempre y en cualquier momento.

-Joey. Suspiró sonriente. Cada vez que pronunciaba su nombre sentía un placentero cosquilleo recorrerle el cuerpo.

El idilio estaba en la flor de su juventud.

Precisamente en el instante en que abría su armario, la puerta se abrió, dejándole saber que su pareja había regresado.

-¿Seto?. Llamó el rubio desde la sala.

-Aquí estoy.

-Oh Seto, no sabes lo que tengo que contarte. Respondió el muchacho entrando en la habitación.

-No será una nueva obra, ¿verdad?. Saludó el ojiazul con cierta sonrisa sospechosa.

-Nop. Negó el rubio, besando a su pareja.-Es otra cosa. ¡Conseguí empleo!.

Seto había sido de la idea de darle absolutamente todo a Joey y así lo había hecho durante su viaje, pero el rubio tenía principios parecidos a los suyos, donde se dictaba que a base de esfuerzo y trabajo firme se lograban muchas cosas.

Ciertamente eso lo había llevado muy lejos y aunque quiso repelarle a su novio, simplemente no pudo. Joey estaba en su derecho de hacer sus cosas.

-Bueno. Solo espero que no te quite mucho tiempo. Recuerda que debes ponerte al día en la escuela. Inquirió el ojiazul, besando a su amante quien asintió feliz por esa aceptación.

-Descuida, será hasta entretenido.

Seto asintió, retomando su búsqueda en el armario.

-¿Y de qué es tú empleo precisamente?.

-Oh, es en una clínica. Voy a atender a algunas personas. Explicó el rubio. Al menos eso le había entendido a Noe.

-Solo no vayas a envenenarlas por favor. No pienso pagar a un abogado para que te saque del problema.

-Ja, ja, ja, chistoso. Refunfuñó el rubio, lanzándole un almohadón a su pareja.

-¿Y tú, que nuevo hay?.

-Nada fuera de lo normal. Todo está bien. Asintió Seto, extrayendo un frag negro.

-¿Y tú hermano cómo está?.

-Bien. En lo que cabe. Ansioso de conocerte.

-Igual que yo. ¿Le haz hablado de mi, verdad?.

-Lo necesario solamente. Quiero que él te conozca sin necesidad de que yo influya mucho en sus decisiones. Terminará amándote como yo. Sonrió Seto, inclinándose para robarle un beso a su sonriente amante.

-Bueno, no como tú. Te prometo que lo querré como a un hermano. Asintió Joey, recordando que él tampoco sabía mucho de Noa. Seto era de esa idea y al final él también terminó acatándola. Lo que Seto sabía de Serenity era muy poco. Pero ya habría tiempo para que se conocieran.

-Eso me gusta.

-Oye, ¿y a dónde se supone que vas?. Inquirió el rubio al mirar el frag.

-Vamos. Querrás decir. Mi chantajista hermano me envió a una tonta fiesta de sociedad. Dijo que lo tomara como una reincorporación a la sociedad, ¿puedes creerlo?. Ese…muchacho. Gruñó el ojiazul, memorando la chantajista voz de su hermano que le recordaba que él se había hecho cargo de la empresa por un año completo y lo único que le pedía era que asistiera a esa fiesta para cerrar un trato.

Noa si que tenía control sobre él.

-Oh, Seto. Me lo hubieras dicho antes. Hice planes. Gimió el rubio incorporándose de la cama.

-¿No puedes cancelarlos?. No quiero ir a esa estúpida cosa yo solo. No quiero hablar con nadie.

Joey sabía lo poco afecto que su amante era a los protocolos, pero como persona pública y empresario le convenía y no podía evitarlo.

-No puedo. Le prometí a Tristán y a los demás que estaría con ellos. Ahora que Yugi no está, al menos trataremos de seguir juntos.

Seto bufó. Sabía lo importante que eran sus amigos para Joey, a los cuales había conocido antes de irse. No comprendía mucho de la amistad pero si había llegado a enamorarse, ¿por qué no entender esa fracesita trillada?.

-De acuerdo. Iré yo solo. Pero regresaré pronto. Te quiero en la cama cuando yo regrese.

-Si, papá. Se mofó el rubio, pero él sabía lo que "estar en cama" significaba. Debían reestrenar su cama.

Así pues cada uno tomó su camino. A pesar de ser pareja se daban espacio. Una acción vital para cualquier relación.

El chofer de los Kaiba guió al empresario hasta el dichoso evento, gruñendo cuando se enteró dónde sería.

-Genial, el Saint Renault. Maldito mocoso, cuando te vea vas a sufrir. Sentenció el ojiazul, sabiendo que del lugar no saldría tan fácilmente.

Si se deseaba ver a la pomposa sociedad Japonesa, solo bastaba ir al salón más famoso de todos y se le encontraría.

Lo primero que hizo al entrar fue tratar de escabullirse de algunos empresarios, los cuales al localizarlo le persiguieron hasta dar con él.

De ahí las cuestiones banales de siempre y él recuperando ese estoico carácter que no había utilizado casi en un año completo.

De regreso estaba en los negocios.

Por otro lado y en la misma recepción, una bonita joven vestida de rosa trataba a toda costa de escabullirse de su madre y del pomposo muchacho musculoso que la perseguía.

Se daba cuenta de que había sido muy mala idea ir a ese evento y también que no se escaparía tan fácilmente de él. Al menos no con las manos vacías. Su madre se encargaría de eso.

Había sido frustrante darle gusto en su atuendo y también en las presentaciones con sus "amigas". Pero de eso a obligarla a bailar o a charlar con algunos chicos, era demasiado.

Su ánimo realmente estaba decayendo y no planeaba volver a la fiesta hasta que se terminara o se retiraran.

Era horrible esa situación.

Encontró un pequeño jardín, lejos de la recepción y el bullicio y ahí fue dónde se sentó.

Si tenía que pasar horas hasta que todo concluyera, feliz lo haría en ese lugar.

Miró el cielo y se percató de las luminosas estrellas.

Era raro que aparecieran, sin embargo se veían preciosas.

Recordó que cuando niña, ella y Joey jugaban a contarlas y se dormían casi siempre en la ciento cincuenta, concluyendo así que les faltaba por contar la última parte de la bóveda celeste. Obviamente nunca recordaban cual parte del cielo era el que faltaba, así que siempre comenzaban de nuevo. Sonriendo y divirtiéndose como los hermanos y amigos que eran.

Realmente extrañaba todo eso.

-Joey. Musitó la muchacha y tuvo miedo de que su madre la escuchara, pero aun así lo extrañaba y a pesar de que sabía que estaba de viaje, deseó que regresara pronto.

Para su sorpresa una estrella fugaz pasó en el preciso instante en que memoraba otra escena de su vida y deseó, con todas las fuerzas con las que una mujer puede desear algo, reencontrar a la persona que había recordado.

Debía reconocer que durante ese tiempo y a pesar de las citas arregladas por su madre, su mente no había dejado ni un momento de pensar en aquel extraño de ojos azules que la había ayudado en la universidad.

Su presencia realmente la había impactado y se la pasaba comparando al apuesto desconocido con sus citas.

Ninguno siquiera lograba igualarlo y se dio cuenta un día, que estaba enamorada de un simple recuerdo.

Tal vez el chico ni siquiera existía ya o la había olvidado. Sonrió a sus palabras.

-Tonta, claro que te olvidó. Solo fueron cinco segundos. Él ni siquiera…te miró.

Y la estrella fugaz cayó en un claro apartado del bosque. Pero fue la estrella que cumplió sus deseos.

-Ah, aquí estas Serenity. Ven, Roger quiere presentarnos a alguien.

La muchacha suspiró desanimada cuando su madre dio con ella. Seguro que de ahí en adelante no la perdería de vista y ese fue su martirio.

Por ello se encaminó de regreso a dónde Roger, que les presentaría de nueva cuenta a un bobo y anciano empresario, con el que seguramente su padrastro querría negociar.

Todo era nefasto.

Seto bebió el martini como si hubiera sido agua. Lo que necesitaba era salir de ahí inmediatamente o de lo contrario realmente iba a cometer una tontería.

Ya había cerrado el trato que Noa había querido y en casa lo esperaba Joey para…bueno, para "dormir".

No podía continuar perdiendo el tiempo de esa forma, pero para su mala fortuna, al parecer aun no era su tiempo de irse.

-Señor Kaiba. Le llamaron. Odiando al hombre que lo había hecho.

-¿Si?. Indicó, girándose para toparse a un tipo alto y que le sonreía con cortesía.

-No se si me recuerda, nos conocimos en una conferencia hace algunos años y tuvimos un negocio en conjunto.

Seto enarcó una ceja. Él recordaba nombres, más no rostros. Los nombres eran como guías hasta los negocios y dinero.

Un directorio de contratos resultaba ser su cabeza.

-Oh, Roger, Roger Hakuraw.

Rápidamente la cabeza de Seto buscó en la letra H, recordando entonces a Hakuraw.

Si, prominente empresario, pero aun le faltaba mucho.

-Si. Ya recuerdo. Saludó el castaño, tendiéndole la mano solo por cortesía.

-Me alegra verlo por aquí. Realmente pensé que estaba fuera. Su hermano me atendió el mes pasado que fui a sus empresas. Un muchacho muy agradable. Comunicó Roger sin perder su sonrisa.-¿Cuándo regreso, señor Kaiba?.

-Hace poco. Realmente este…cóctel me tomó por sorpresa. Confesó, haciendo un gesto desaprobatorio al mesero que le llevaba otra bebida. Con una era suficiente para él.

-Excelente. Entonces podré visitarlo para hablarle de un negocio.

-Haga cita con mi secretaria. Anunció, deseando irse en cuanto antes. Pero obviamente el empalagoso hombre no se lo permitiría.

-Pero podemos adelantar un poco, señor Kaiba. Después de todo para eso son estas reuniones, ¿no cree?.

Hubiera dado mucho para que la boca de ese hombre se callara, pero le hizo saber su incomodidad al hombre que comprendió debía guardar silencio.

-Bueno…me gustaría presentarle a alguien. Si no le interrumpo.

Seto negó. ¿Qué mas daba?.

Roger sonrió y de inmediato se separó del millonario para llevar consigo minutos más tarde a dos damas, cuya esposa, intuyó el castaño, sonreía demasiado hipócrita como para no notarlo.

-Señor Kaiba, ella es mi esposa. Señaló Roger a una dama pelirroja que de inmediato le tendió la mano.

-Mucho gusto señor Kaiba. Roger me ha hablado mucho de usted. Es un honor conocerlo.

Si, si, las mismas palabras tontas de siempre. Seto solo movió la cabeza.

¿Por qué no sonaba su maldito celular cuando lo necesitaba?.

-Y esta. Continuó Roger, tomando la mano de la segunda mujer que lo acompañaba.-Es…

Pero la muchacha lo interrumpió.

Serenity había hecho una mueca cuando su padrastro las arrastró hasta ahí, pero cuando sus ojos reconocieron al castaño frente a ella, todo su mundo se paralizó.

Momentos antes lo estaba recordando y segundos después lo veía. Eso realmente era un milagro.

-Soy su hija. Pronunció la muchacha sin pensarlo. Había escuchado de la fama del ojiazul y debía impresionarlo.-Mi nombre es Shizuka Hakuraw y es un gusto volver a verlo.

Seto no entendió eso de "volver a verlo" pero total, medio Japón decía conocerlo.

-Mucho gusto. Susurró, correspondiendo al saludo que la joven le daba.

A Serenity jamás le había gustado su nombre Japonés. Ella decía que si no estaba orgullosa de su ascendencia americana, nada valía la pena.

Pero en esos momentos, cuando se perdió totalmente en los ojos azules y fríos de Seto Kaiba, se sintió muy poca cosa para él.

Por eso deseaba impresionarlo con un nombre que valiera la pena recordar y con un apellido que tuviera que ver con respeto.

Así pues se escribió en el libro de la vida que a partir de ese momento muchas cosas cambiarían, incluso el concepto de Fraternidad.

Cuando una persona renuncia a lo que es, se entrega inmediatamente a la perdición y eso lo comprendieron dos personas cuando fue demasiado tarde para remediar sus obras.

Continuará….

Ok, ya se "conocieron" y las cosas que vienen son el meollo de esta historia, así pues no crean que me tardaré demasiado, cuatro chaps más cuando mucho para regresar al presente y tratar de terminar esta historia.

Les agradezco mucho sus comentarios y aunque se que es largo, su paciencia es quien hace posible todo.

Por cierto, en el chap anterior mencioné a los Mayas. Sip, se que estuvieron en México, Guatemala y parte de Honduras y que los Incas son de Perú. Una querida lectora mía me hizo esta observación que por cosas no pude poner en el chap anterior pero aquí con mucho gusto lo digo:

Salomón estaba dando evasivas a Yugi y dijo lo primero que se le vino a la mente.

Yo siempre he tratado de respetar culturas, hechos históricos y realidades, y Jamás, Jamás caería en una falta de respeto ante ello, por eso si alguno se sintió ofendido pido mis más grandes disculpas. No era mi intención hacerlo.

El respeto es la palabra que me rige y jamás podría hacer lo contrario porque caería en una grave falta en mi existencia, por ello deseo aclarar todo antes de que vuelva a olvidarlo como la vez anterior.

Ustedes son los que me hacen y si puedo de alguna forma perjudicarlos u ofenderlos, solo me resta pedir de todo corazón sus disculpas.

Espero vernos pronto, su amiga:

KLF