TITULO: Dreams
Capitulo: Operación Cupido
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.
Pairings: S/J Y/YY
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
FLASH BACK
Lugar: Japón
FEEDBACK: miró a su esposa y esta simplemente se encogió de hombros.
La causa de su desconcierto resultaba su hija, la muchacha que sonriente desayunaba y suspiraba de vez en vez tras iluminar su faz.
Realmente ni su "padrastro" ni su madre la habían mirado nunca así.
-Hija. Llamó su madre cuando otro suspiro se escuchó de por medio.-¿Te sucede algo que Roger y yo debamos saber?.
La pelirroja miró a sus acompañantes y sonrió. Su vida de un momento a otro se había vuelto maravillosa.
-Si. Anunció Serenity sin mucho rodeo.-Creo que estoy enamorada.
Roger escupió el jugo de naranja y la mujer no supo si sonreír o gritar.
-¿Cómo que enamorada?. Cuestionó el hombre, mirando realmente sorprendido a su sonriente hija.
-Si, ya lo escuchaste. Creo que estoy enamorada de un hombre maravilloso.
-¿Pero…pero de quien?. ¿Lo conocemos a caso?. Cuestionó la mujer, un tanto feliz de que al fin su hija hubiese entrado en razón.
Pero Serenity solo sonrió. Aun no iba a revelarles la identidad de su Amor.
-Solo puedo decirte que es un hombre maravilloso, madre y que sin conocerle realmente ya lo amo.
Roger miró a su esposa tratando de encontrar una mayor explicación a esa repentina locura, pero la mujer negó con la cabeza.
-Déjala. Le susurró cuando la muchacha regresó al país de los suspiros.-Es algo natural.
-¿Pero de quién?. Insistió el hombre sin aun asimilar lo que acababan de comunicarle.
-Por su expresión realmente parece que es un buen partido. Sabes que ella no se fijaría en nadie solamente porque si.
Roger asintió, sin embargo no todo el asunto terminaba por convencerlo.
-Tal vez es una fase. Le indicó su mujer ese día por la tarde, cuando Serenity continuaba en su nube número nueve.
-¿Estás segura de eso?. Yo veo a nuestra hija más que convencida de lo que dice.
-Por supuesto que si, no seas tonto. Rió ella, quitándole importancia al asunto. Realmente lo había pensado detenidamente y concluyó en que su hija solamente podía estar atravesando una fase. Jamás se había interesado en nadie y era propio de su edad.-Cuando menos lo pienses tendrás de regreso a la misma muchacha esquiva que no desea hacer nada más que quedarse en casa leyendo o "pintando". Solo respira, Roger cariño, así somos las mujeres de soñadoras.
Aunque Roger hizo esfuerzos por creer en la palabra de su esposa, el paso de los días solo acrecentó su incomodidad.
Él tenía muy presente el hecho de que algún día su hija tendría que partir del nido para hacer su vida, pero nunca pensó que ese momento habría llegado tan pronto.
Él estaba convencido de que lo que su hija manifestaba era verdadero enamoramiento. Los síntomas eran palpables. Y sus sospechas continuaron creciendo, hasta que un día los comprobó por completo.
No era usual que Serenity deseara salir con él a pasear o se interesara en sus negocios, pero desde el cóctel que la pelirroja lo seguía muy de cerca y eso en lugar de agradarle, solamente le hizo sospechar cosas.
-Roger, ¿realmente a qué te dedicas?. Indagó la joven uno de esos días en los que se paseaba por el despacho de su padrastro.
-Específicamente a la exportación, pero tengo otros negocios del tipo industrial y financieros por ahí.
-Ah. Musitó la muchacha tras sentarse frente al hombre.-¿Y tienes muchos tratos con empresas y personas?.
-Relativamente muchos. Aclaró el hombre, enarcando una ceja.-¿Por qué tú repentino interés en lo que hago?. No es que me moleste, todo lo contrario, pero empiezo a sospechar que vienes conmigo no por el placer de acompañarme, ¿verdad?.
Serenity sonrió como solo ella podía hacer: carismática y hasta infantilmente. Una pose que indicaba más que nada: no cuestiones demasiado.
-Solo es simple curiosidad, Roger. Ya te lo había dicho. Pronunció la chica, sin dejar su sonrisa.
El aludido no confió plenamente en lo que escuchaba pero no veía peligro en las acciones de su hija. Así que lo dejó.
Serenity por otro lado pensó en la mejor manera de hacerle saber a su padrastro lo que deseaba.
Realmente desde ese cóctel, había cambiado mucho de pensar.
Antes no le importaba su persona, incluso podía pasarse el día entero vistiendo jeans y camisetas sencillas, pero ya no más.
Desde que se había vuelto a topar con el hombre de sus sueños y sobre todo, desde que supo quien era, todo en ella había cambiado radicalmente.
Comenzaba a sentirse poca cosa. Empezaba a pensar que necesitaba enterarse de otras cosas y hacer mucho más por llegar, al menos a interesar, al genio de nombre Seto Kaiba, la persona de la cual estaba enamorada.
No podía darle una explicación lógica a ese enamoramiento, solo que había sucedido y que no indagaría demasiado en ello.
Su corazón era quien a partir de ese momento hablaba por ella y si tenía que cambiar absolutamente todo en ella por lograr sus objetivos, lo haría.
Y comenzaría con su nombre.
Si en la fiesta lo había hecho, realmente no debía costar demasiado adecuarse a él. Después de todo su madre insistía en cambiar su apellido por el de su padrastro, ¿por qué no darle gusto?.
-Te noto muy pensativa, Serenity. ¿Ocurre algo?.
La muchacha asintió. Había llegado el momento de actuar.
-Tú sabes que nunca te pido mucho. Comenzó, procurando mostrar su mejor sonrisa.
-Lo sé. Asintió Roger prestando atención en la charla.
-Bueno, pues…quisiera pedirte algunas cosas. Añadió la muchacha, esperando que el convencimiento que había logrado forjarse esos años sirviera de mucho.
-¿Qué cosas son esas?. Sabes que cuentas conmigo para lo que desees, hija.
Lo sabía y por ello iba a aprovecharlas, por eso y agradeciendo el hecho de que Roger deseaba llegar a ella, simplemente dejó que todo fluyera.
-Necesito que me des dinero, así como también que convenzas a mamás de que me deje ir sola a donde desee. Claro que esto acompañada de un chofer.
-Interesantes peticiones. Anunció el hombre un poco sorprendido.-¿Algo más?. Añadió, por si repentinamente su hija estallaba en risas.
-A decir verdad si. Asintió la muchacha.-Necesito que me digas todo lo que sabes sobre uno de los hombres con los que negocias.
Era oficial, algo muy raro ocurría con Serenity y Roger se lo hizo ver cuando frunció el entrecejo.
-Realmente no me costaría darte nada de lo que me pides, pero me gustaría saber lo que está pasando. Desde hace unos días te noto muy extraña, Serenity y realmente me preocupo por ti.
-No tienes porque. Anunció ella, tratando de no perder la calma. Era imperativo que Roger estuviera al cien por ciento a su lado.-No es nada que una hija no pediría a su padre.
-Lo se. Pero tú no eres de ese tipo de "hijas" que pide a sus padres. Eres del tipo de muchacha que se conforma con un libro y un óleo a escondidas de su madre. Anunció el hombre, poniendo las cartas sobre la mesa.
La muchacha asintió. Realmente ella era así pero como se lo había propuesto, cambiaría.
-Realmente no es nada de cuidado. Ya te lo dije, estoy enamorada. Anunció con firmeza.
-¿De quien?. Exigió el hombre. Esa vez la cosa iba en serio.
-De uno de tus socios comerciales.
-¿Lo conociste en el cóctel?. Cuestionó él, tratando de recordar algo que hubiera pasado por alto.
-Digamos que supe su nombre ahí. Ya lo había conocido en otra parte.
La respuesta no satisfizo a Roger, pero en dado caso conocía al individuo en cuestión.
-De acuerdo. Te ayudaré en lo que me pides.
Serenity sonrió con felicidad.
-Pero con la condición de que me digas a quién estas cazando. Realmente te pareces a tú madre en ese sentido. Reveló el hombre pues conocía los trucos de acción que su ahora esposa había empleado con él.
La pelirroja se sonrojó un poco, pero respondió. Roger había sido la solapa de sus acciones muchas veces y al parecer esa asociación continuaría así.
-De acuerdo, te lo diré. Aunque realmente creo que lo sabes. Tú mismo me preguntaste el porque había dicho que era tú hija cuando me presentaste ante él.
Roger no tuvo que indagar demasiado. Recordaba ese suceso perfectamente pues Serenity jamás había querido utilizar su apellido.
-Seto Kaiba. Murmuró y la muchacha asintió.-¿Pero cómo es posible?. A ese hombre todo el mundo le huye. Informó, por si su hija no conocía ese detalle.
-Lo sé. Pero tampoco me vas a negar que es muy asediado. Informó, haciéndole ver al hombre que se había informado muy bien.
-No lo voy a negar. Es un hombre con mucha personalidad pero…¿por qué él?. Indagó sin tener muchos inconvenientes ante esa cacería. Como empresario aceptaba la alianza, como padre, por supuesto que lo aprobaba. Sin embargo la reputación del estoico muchacho no era muy buena y no deseaba que su hija se llevara un fiasco si los chismes resultaban verdad. Todo debía ser expuesto.
-No lo sé Roger. No se por qué él. Solo se que es el adecuado, el que había estado esperando y con quien compartiré el resto de mi vida. Anunció, dejando que sus ojos castaños centellaran de felicidad.
El hombre entonces prefirió no aludir a las amarillistas notas que de vez en cuando leía sobre Seto Kaiba.
Su hija estaba muy ilusionada y aunque no terminaba por convencerse del todo, aceptó ayudarla.
Si era el deseo de una muchacha enferma y siempre recluida en casa, entonces le conseguiría lo que quisiera. Así tuviera que ir al mismo infierno para lograr lo que deseaba, así lo haría.
No fue difícil entonces que Roger le consiguiera a su hija lo que le había pedido. Su esposa no había tenido inconveniente en que la pelirroja saliera sola acompañada por el chofer. Ella intuía muchas cosas y por experta cazadora que era, simplemente le deseaba lo mejor en la empresa.
Sin embargo si le ayudó a cambiar su guardarropa y a introducirla un poco más en esa sociedad e ideas que Serenity tanto había despreciado.
No logró cambiarse la legalidad del nombre, pero a partir del momento en que la pelirroja pisó uno de los clubs que su madre frecuentaba, fue presentada formalmente como Shizuka Hakuraw, hija del matrimonio del mismo apellido y orgullosa heredera de Roger, quien a pesar de saber que todo ese cambio era innecesario y tonto, se sentía orgulloso de que su hija lo aceptara como padre, al menos como parte de la farsa para cazar a Seto Kaiba.
El banderazo de salida estaba hecho, solo restaba saber que competidor ganaría.
La vida de Noa Kaiba no había sido nunca muy fácil. A pesar de haber sido el preferido de su padre y de no haber sido él quien hubiera sufrido su furia, podía decir que no todo a su alrededor era de glamour, como la mayoría de las personas decían.
Había tenido que luchar contra su parálisis y antes de eso contra su padre y dar a conocer su pensamiento liberador. Jamás había estado en sus planes seguir los pasos de Gozaburo y por ello un día, se lo había expuesto de esa manera.
El misterio de su invalidez quedaba cerrado con el accidente automovilístico que se lo había producido.
A escasos quince años se había empeñado en ser conductor de autos. En sentir la libertad que el viento y la velocidad le hacían experimentar.
Todo eso fue denegado por su reacio padre, el cual había sido convencido por trucos de los que Noa se había sabido valer.
La velocidad era su pasión y el conducir como el viento era la única manera de ser libre.
Por ello y gracias a un mal cálculo en el vehículo de prueba, había quedado imposibilitado para volver a mover sus extremidades inferiores.
Su padre si que lo había reñido, pero Noa sabía, que lo había llorado en silencio pues el amor de un padre, aunque fuera un despiadado, es muy grande. Aunque este tenga que permanecer oculto.
Desde entonces el peliazul había decidido vivir confinado a una silla de ruedas, importándole muy poco la rehabilitación que los médicos decían serviría de mucho.
A él había dejado de importarle su vida como tal, pero algo que su sano y bondadoso corazón jamás había podido olvidar, era la ayuda por los demás.
Tal vez por eso Gozaburo lo prefería, por ser el retrato de su bondadosa madre, quien había perdido la vida en Turquía, tras una bala perdida en el campo de una guerra.
Su madre gustaba de ser voluntaria y ayudar a quien lo necesitaba. De ahí sus sentimientos altruistas y de preocupación por el prójimo.
Por ello, cuando su hermano Seto aceptó su proposición del año sabático, él entonces comenzó a hacer realidad sus prioridades.
En secreto y tras la falta de atención por parte de su enamorado hermano, había comenzado con una de las obras que sabía, ayudarían a muchas personas. Cuando Seto hubo partido, solo había sido cuestión de unos cuantos ajustes para inaugurar la clínica especialista para personas como él, quienes estaban impedidos motrízmente para algo.
Había sido un gran acontecimiento y sus frutos se daban día con día.
Evadir a la prensa había sido muy sencillo y ocultarse de ojos curiosos que pudieran aprovecharse de su situación altruista, había sido resuelto de inmediato con la modificación de su nombre.
A veces el peliazul sonreía a lo que hacía.
Era irónico que ayudara a otros y no intentara nada con él. Pero así era su corazón y su persona, y no podía evitarlo a pesar de todo.
Ed le había dicho siempre que pensara por él y esa clínica era una manera de pensar por él a través de los demás.
La ayuda necesaria había sido conseguida oportunamente, sin embargo siempre existían personas que al saber su edad preferían no ayudar en la clínica.
Esas eran unas cuantas discriminaciones que tenía que sufrir como Noe K., la conexión directa entre el "Señor Kaiba", dueño de aquella idea y él, un simple muchacho que "había tenido la suerte" de toparse con el altruista rico. El cual, había dejado a su cargo las funciones de supervisor, elector de personal y muchas cosas más.
La ventaja de no aparecer mucho en los medios, era ese anonimato del que su hermano ya casi no gozaba.
Pero era bueno para sus ideas.
El ambiente dentro de la clínica era bueno, aunque aun faltaban muchas cosas.
Se había dado tiempo ese año para atender a sus dos negocios: KC y la clínica y hasta ese día ni un solo día había faltado a su labor.
Su ingenio era mucho y gracias a él había salido adelante. Estaba agradecido de él y su ayuda.
Tal vez, algún día cuando estuviera seguro de que la clínica estaba en buenas manos en el mundo, podría decir la verdad de quien era y el por qué había llevado a cabo ese proyecto.
Pero por el momento era mejor que permaneciera en secreto. Ni su hermano ni nadie tenían porque enterarse. Ese era su secreto y vivía muy feliz con él pues era la distracción que le hacía falta para salir un poco de su soledad.
-Noe, necesitamos ayuda en la planta cinco. Indicó una enfermera, cuando el peliazul arribó a la clínica.
-De acuerdo, voy para allá. Anunció sonriente. Era hasta cierto punto placentero que se dirigieran a él como a cualquier persona común. Era divertido.
Sin presteza guió su silla hasta el ascensor, dónde después de varias paradas arribó al lugar del caos.
-¿Pero qué sucede aquí?. Indagó a un par de fisioterapeutas y enfermeras, quienes corrían enloquecidos tras unas cuantas sillas de ruedas.
-Es un verdadero caos. Anunció Maya, la fisioterapeuta de planta en el área infantil.-Repentinamente niños y adolescentes se pusieron como locos y…
Noa no tuvo que escuchar más, lo veía con sus propios ojos.
Carreras por aquí y por allá. Risitas. Balones botando por toda el área, tirando monitores y algunas otras cosas.
Realmente jamás habían tenido incidentes de ese tipo.
Y supo, cuando sus azules ojos se toparon con un joven rubio sonriente, de quien era la culpa.
Evadiendo un par de personas se acercó al muchacho rubio, quien lo vio solo hasta que sus piernas toparon con una silla a su espalda.
-Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí?. De nuevo al señor Wheeler haciendo un caos.
Joey, que charlaba con un par de niñas, se supo descubierto. Esa vez si que lo retarían fuerte.
-Noe. Que linda…sorpresa. Te esperábamos más tarde. Objetó el muchacho, mirando las duras facciones del jovencito.
El peliazul bufó y con la cabeza le indicó al rubio que lo siguiera. Era la décima llamada de atención en cinco días.
El rubio siguió al muchacho. No podía objetar nada a su favor porque realmente era culpable de lo que le dijeran.
Tenía en la clínica casi un mes y desde el primer momento que todo a su alrededor se había vuelto un caos.
Comenzando con las ideas sobre cómo atender a los pacientes y después sobre la "Recreación" de los niños y adolescentes. Todas sus ideas habían resultado buenas, pero un caos por la falta de supervisión y control.
Joey le había tomado ya un gran cariño a esa institución de la que había aprendido mucho, pero ciertamente con el joven K enfadado, la suerte ya no estaba a su favor.
No tardaron en arribar a la oficina del menor, dónde con una mirada el jovencito le indicó al rubio que se sentara.
Joey a veces pensaba que las muecas y gestos del peliazul se le hacían muy familiares, pero siempre olvidaba recordar de dónde las conocía, pues su trabajo o las reprimendas lo distraía demasiado. Como en ese momento.
-Dime, Joey. Habló el peliazul con mucha calma.-¿Qué estaba ocurriendo allá arriba?.
El rubio restregó con nerviosismo su camiseta. Se sentía igual a cuando iba a charlar con el decano. Era una situación difícil.
-Nada. Sonrió, sabiendo que no había sido la excusa adecuada.
Noa entonces suspiró. En el mes que tenía Joey en las instalaciones que toda clase de caos se había formado.
El rubio tenía mucho ímpetu pero a veces lo sobrepasaba.
-De acuerdo, Joey. No pasó nada. Exclamó el más joven.
-Bueno…si…si pasó algo. Anunció el rubio momentos después.-Es que los pacientes estaban aburridos y…
-Se te hizo fácil una carrera en sillas, ¿no es así?.
Joey asintió tras bajar el rostro. Estaba seguro que ese día si lo despedirían.
Noa miró al rubio y sonrió un poco. No se había equivocado cuando al contratar a Joey había asegurado que su dinamismo sería legendario.
Pero muchas personas se quejaban de la emotividad del rubio y él, como dueño y supervisor de ese lugar, no podía pasar por alto algo que pudiera perjudicar a los pacientes.
Sabía que Joey jamás dañaría a alguien, pero si deseaba manejar aquella institución, debía hacerse de acuerdo a las reglas.
Le simpatizaba mucho el rubio, sin embargo también debía entender muchas cosas.
-Yo sé que deseas animar a los pacientes, Joey. Habló el peliazul con mucha calma.-Pero debes entender que a veces lo que se necesita es control y mucha exigencia.
-Pero ellos…
-No se puede progresar sin firmeza, Joey. Mucho menos los pacientes, quienes pueden tomarlo todo muy a la ligera y olvidarse de su verdadera misión en este lugar, que es recuperarse.
El rubio asintió bajando nuevamente el rostro.
-Tú optimismo es muy bueno y realmente me gusta que las enfermeras y terapeutas aprendan un poco de ti pero…
-Hay que ser más serios. Añadió el rubio y Noa asintió.
-Todo es bueno, con medida. Solamente así se puede avanzar.
Joey miró los ojos de Noa y asintió. Realmente estaba avergonzado por su comportamiento.
-Lo lamento mucho Noe. Si hay algo que pueda hacer antes de irme, no dudes de que yo…
-¿De irte?. ¿A dónde?. Inquirió curioso el muchacho tras haber respirado.
-Pues…¿vas a despedirme no?.
Noa sonrió un poco ante el rostro desconcertado de su compañero.
-No, Joey, claro que no voy a despedirte. Si no lo hice cuando destruiste las tres camas especiales del piso tres, no lo haré ahora que simplemente iniciaste una carrera en silla de ruedas.
Joey parpadeó.
-¿Entonces?. Indagó curioso.
-Entonces voy a ponerte a levantar el desastre de allá arriba y después te llevaré al área de terapias. Creo que te haz ganado el derecho de presenciar al fin cómo se lleva a cabo una sesión fisioterapéutica.
Joey había acudido ahí para el cargo de ayudante fisioterapéutico, pero debido a su inexperiencia había terminado en todos lados menos en el área en que lo requerían.
Al fin, Noe iba a llevarlo y se sintió muy feliz por ello.
-¿De verdad?.
-Por supuesto. Creo que haces falta ahí.
-¡Gracias!. Sonrió Joey y no pudo evitar levantarse para abrazar al muchacho que rió a la acción.-¡Gracias!. Muchas gracias Noe.
-No es nada. Sonrió el peliazul, tratando de safarse del agarre del efusivo muchacho.-Solo te advierto que el área requiere de más responsabilidad, he.
-Si, claro. Tomaré la que sea necesaria.
-Bueno. Entonces ve a limpiar y cuando termines te llevaré a una terapia.
Joey asintió y de inmediato salió de la habitación.
No fue sino hasta que el rubio se fue que Noa respiró sonoramente.
Le encantaba, verdaderamente le fascinaba el carácter y el ímpetu de Joey. Era como un niño crecido con la triple vitalidad de un adulto y la energía de cuatro pastores alemanes.
Realmente Joey era un chico increíble y único.
Y solo cuando supo que no entraría nadie más, se sintió como realmente se había ido sintiendo en ese mes: muy confundido.
Era extraño lo que le estaba sucediendo. Repentinamente y de un día para el otro todo su interior estaba cambiando y todo gracias al remolino rubio que acababa de dejarlo.
Joey era un completo…único en la vida y no sabía si el chico solo lo estaba iluminando con su forma de ser o…lo estaba enamorando.
-No puedo enamorarme. Se dijo, no porque no lo deseara sino porque no era el momento adecuado.
Además él jamás había pensado en eso. Tal vez muy esporádicamente y cuando no tenía nada que hacer. Miraba el sentimiento muy cerca, más específicamente en su hermano, quien había dado un giro tremendo gracias a ese sentimiento.
A veces, cuando estaba en su habitación, se imaginaba cómo sería el estar enamorado y se visualizaba corriendo entre flores de la mano de alguna persona.
Pero después despertaba de ese sueño entre molesto y riendo al saber lo ridículo que resultaba tan sol evocar la imagen.
Sin embargo de un tiempo a la fecha la imagen se hacía más nítida y la persona que corría con él entre ese campo de flores era el rubio que ocasionaba un caos a donde quiera que fuera.
Era inevitable no pensar en él. En su sonrisa. En la forma en cómo caminaba o lo hacía todo.
En cómo saludaba o en como se preocupaba por todos sin importar que él se quedara sin nada.
Era un ser entregado igual que él y probablemente eso era lo que le atraía de Joey Wheeler.
-¿Cómo reaccionará Seto si se entera de que a mi también me gusta un chico?. Santo cielo, mejor ni pensarlo. El interrogatorio que haría. Se dijo, riendo ante algo que era improbable que ocurriera.
Él aun no deseaba experimentar ese sentimiento, pero recordó que muchas personas decían que cuando menos deseas algo, más se presenta.
Seguramente ese era el caso.
Estaba confundido y era mejor que no pensara en eso o terminaría en estado de ansiedad pura.
-Si las cosas se dan entonces era su tiempo, si no…¿Sería bueno decirle quien soy?. Se interrogó así mismo, mirándose en el reflejo de la ventana.
De unos días a ese que notaba que comenzaba a preocuparse mucho por su aspecto y sobre todo por lucir bien ante el muchacho que seguramente no tardaría en ir a buscarlo.
Sentía que debía estar muy presentable para él y que debía comportarse de la mejor manera posible.
Joey era muy sencillo, por lo que sabía que los modales no le importaban, pero al menos procuraba enterarse de sus intereses para hablar sobre ellos cuando comían o merendaban juntos.
Desde que tenía memoria, jamás se había interesado en relatarle a nadie sobre él, pero con Joey las cosas cambiaban.
Tenía la necesidad de contarle quien era él y el por qué estaba ahí ayudando a las personas.
Pero luego la ilusión de un rubio emocionado ante sus palabras se esfumaba, pues Joey Wheeler era un ser sencillo por naturaleza y pensaba, que la sola mención de su apellido lo ahuyentaría.
-"Tal vez sería bueno que conociera a Noe K., y sus sueños. Tal vez es mejor que se encariñe con él a con un Kaiba. Es mejor de esa manera así tal vez…pueda conquistarlo como él se lo merece: con amor y sencillez".
Fue el pensamiento del muchacho, a quien repentinamente ya no le importó si lo que sentía por Joey era amor o simple gusto. Él se había propuesto conquistarle y si los métodos tenían que ser más de los planeados, lo haría porque simplemente Joey valía mucho la pena para él e iba a conseguirlo. Sin importar el cómo.
Un día aparentemente normal le esperaba. Juntas, declaraciones, prensa ruidosa que deseaba saber de él y su desaparición.
Odiaba a la prensa, realmente la odiaba y había hecho todo un circo para desaparecer de ella en el año transcurrido.
Solo así había podido pasar con Joey un excelente paseo sin necesidad de mortificarse por cubrirse o no.
No era que no deseara mostrarle al mundo a su adorable y apuesto amante, era simplemente que no deseaba inmiscuir a Joey en todo ese alboroto. No hasta que estuviera listo, pues una vez presentado a la odiosa prensa, no habría marcha atrás.
Se permitió un momento para respirar y sonreír un poco.
Ciertamente se había acostumbrado mucho a esa vida feliz y despreocupada que había tenido en ese año.
Nada de empresa, nada de frías miradas y osco carácter. Solamente había sido él compartiendo el tiempo con la persona amada.
Realmente había sido relajante y muy productivo.
Amaba a Joey y deseaba dar el siguiente paso con él. El paso más importante de su vida.
Lo había estado planeando desde hacía unos meses y cada momento se convencía más y más de que debía "pedírselo" a Joey para formalizarlo todo.
Verdaderamente lo deseaba y podía presentir que su rubio le diría que si.
La imagen de Joey abrazándolo, gritando y saltando como ardilla feliz se desvaneció al timbre del teléfono.
Era lo malo de estar en el trabajo, todo el mundo te importuna.
-¿Si?.
-Trajeron un paquete para usted, señor Kaiba.
-Tráelo, ¿qué esperas?.
La atareada secretaria al instante estuvo en el despacho de su jefe.
Se había acostumbrado a la amabilidad del joven Noa. Cuan diferentes eran los hermanos Kaiba.
-Lo trajeron por la mañana, pero cómo me dijo que no deseaba interrupciones pues…
-Si, si, retírate. Ordenó el muchacho tomando el paquete.
La secretaria se retiró un poco temblorosa. Era lo malo de trabajar con ese jefe.
Seto por su parte y un tanto extrañado abrió el paquete, encontrándose en un sobre pequeño un par de entradas para la "ópera" de esa noche.
Ciertamente su refinado gusto cultural era un hecho que medio mundo sabía, pero de eso a recibir entradas para el palco central…definitivamente no eran regalo de Joey.
El rubio inmediatamente correría a una obra que a la ópera. Joey se aburría de escuchar a dos gordos cantando.
El recuerdo de su amante dormido en medio del "Barbero de Sevilla" le hizo sonreír. Joey era todo un caso
Buscando algún remitente se encontró con una tarjeta de presentación que le hizo fruncir el entrecejo.
De inmediato tomó el teléfono y marcó, esperando tan solo unos momentos para escuchar la empalagosa voz del hombre que había vuelto a ver hacía mas o menos un mes.
-Señor Kaiba, es grato escucharlo. Saludó la voz.
-Realmente no llamo por cuestiones sociables. Aclaró Seto mirando las entradas sobre el escritorio.-Creo que sabe el motivo.
-No entiendo.
-Le recordaré entonces. ¿Ópera?.
Una pequeña risita salió de los labios de la voz del otro lado de la línea y Seto gruñó.
-Discúlpeme, señor Kaiba, pero creo que me ha confundido.
-No lo creo. Aquí dice Roger Hakuraw. No creo que existan dos tipos con el mismo nombre. Aclaró con cierta mordacidad el ojiazul.
-Lo sé. Aclaró Roger desde el otro lado.-Pero permítame aclarárselo. Los pases se los ha enviado mi hija, no yo, señor Kaiba.
-¿Su hija?. Indagó sin comprender.
-Ella desea que la acompañe a la ópera de esta noche. Cómo puede intuir desea entablar relación con usted.
Seto tardó un poco en ubicar el rostro de la hija de Roger sin embargo no le causó conmoción alguna.
Estaba acostumbrado a ese tipo de "obsequios", los cuales denegaba siempre.
En esa ocasión con mucha más obviedad prescindiría del regalo y así se lo hizo saber al emocionado Roger, quien había accedido a solapar a su hija.
-Estoy halagado. Indicó sin realmente sentirlo.-Pero no puedo aceptarlos.
-Por favor. Ella está ilusionada. Argumentó Roger.
-Lo lamento. Pero no puedo.
Era la última palabra de Seto y Roger entonces pensó en alguna manera para retener al empresario.
Sino lo hacía Serenity jamás se lo perdonaría.
-Lo entiendo, Señor Kaiba. De ser así entonces me agradaría que le hiciera un favor a mi hija. Confesó en tono dramático.
Setó gruño una inteligible palabra. Odiaba cuando lo acorralaban de esa manera.
Ante todo su educación.
-Me gustaría al menos que aceptara una invitación a cenar con ella y le extendiera personalmente la negativa.
Al menos para que ella comprenda que no soy yo el que se opone a todo esto.
El ojiazul lo pensó.
Si aceptaba entonces estaría dando su brazo a torcer sino, su educación, aunque siempre había sido un poco irónico, se estaría yendo a la basura y aunque el sujeto ese no le importaba nada, no podía hacerle un desplante a una dama.
Su madre siempre le había dicho que a una mujer siempre se le evita el dolor de alguna "galante" forma y hasta ese día había cumplido con su palabra.
Por ello aceptó, solo para que su galantería le indicara a la hija de Hakuraw que no le interesaba ningún tipo de relación con ella.
-¡Excelente!. Sonrió Roger al escuchar la afirmación.- Entonces lo verá en el Tokio Paradise a las ocho.
-Muy bien.
Sin esperar nada más Seto colgó la llamada.
Realmente a veces odiaba esa educación que su madre le había dado.
Si la joven Hakuraw hubiera sido un chico, de inmediato lo habría mandado al diablo, pero con una mujer era diferente.
-Al menos debes estar contenta. Murmuró, aludiendo a su difunta madre en quien prefería no pensar para no caer en melancolías.
Así pues se dispuso a llamar a Joey y a indicarle que tenía una cena de "negocios".
Y no era del todo mentira. No la disfrutaría, sería lo más breve posible y saldría de ello de inmediato. Así se concentraría en su trabajo y en proponerle a Joey…ya pensaría como planearlo después.
Por otro lado Roger sonrió.
Había conseguido mucho más de lo planeado. Él sabía de las pequeñas debilidades de educación que el joven empresario tenía y su hábil mente se hizo de ello para acorralar al ojiazul.
Su hija realmente iba a estar muy complacida y lo demás, lo que pudiera ocurrir, dependía de ella.
Aunque el plan B debía entrar en acción rápidamente, no fuera a ser que la cena no resultara como lo había planeado.
De todas maneras por eso estaba él ahí, para ayudar a Serenity en lo que pudiera.
Su hija realmente se había esmerado en investigar a Seto Kaiba y en darle a sus planes mucha más coherencia, por ello la apoyaba. Por ello y para que fuera feliz.
Era todo lo que se merecía.
Así pues se dispuso a llamar a la pelirroja quien hubo gritado de emoción al saber los planes para esa noche.
La primera parte estaba ya asegurada, ahora solo restaba la siguiente y la que tal vez daría mucho más frutos.
Joey quedó anonadado con la sesión fisioterapéutica de un joven.
No tenía ni idea de todas las cosas que se necesitaban para las terapias y supo que no solo era un esfuerzo por parte de los especialistas, sino que todo recaía en el paciente.
La fuerza de voluntad que se requería para que los músculos nuevamente funcionaran era grande y el dolor en las facciones del paciente era otra cosa que lo había impactado de sobre manera.
Realmente aquello era duro.
-¿Y bien?. Indagó Noa cuando dejaban el piso.
-No sé que decir. Sonrió Joey, realmente se había quedado sin palabras.
-Al menos dime si te gustó la experiencia. Sonrió el peliazul, cediéndole cortésmente el paso al muchacho.
-Oh, por supuesto, ha sido muy satisfactorio. No tenía ni idea de todo lo que se necesitaba. Asintió el rubio y era la verdad.
-Me alegro de saberlo, al menos ahora sé que cuento con tú disposición para ayudar a alguno de los especialistas.
-Con toda. Sonrió Joey.-Y no me quejo, te lo aseguro. En cuanto me lo indiques yo ayudo en lo que pueda.
Noa se sintió satisfecho. La cooperación de Joey era totalmente desinteresada y eso le gustaba pues no esperaba menos del rubio.
Su corazón generoso era como el suyo.
-Entonces hablaré con Maya. Necesita apoyo con los adolescentes.
Joey asintió, era lo que había estado esperando desde el principio.
-¿Tienes prisa?. Indagó Noa repentinamente cambiando de tema.
-No. De hecho no tengo planes. Y era verdad, acababa de recibir la llamada de su pareja diciéndole que llegaría tarde, por ello tenía bastantes horas libres.
El peliazul sonrió a la respuesta.
-Te invito a cenar entonces, ¿qué dices?.
Joey jamás rechazaba una invitación a comer, por ello aceptó encantado. Todo el ejercicio del día le había abierto el apetito.
Noa eligió un modesto restaurante dónde su acompañante se sintiera seguro para charlar y ser él mismo.
Era para el menor de los Kaiba una satisfacción enorme el escucha a Joey a hablar sobre el teatro o cualquier otra cosa. Su carisma era contagioso y eso era lo que hacía muy atractivo al futuro actor.
Noa jamás había conocido a nadie como él.
-Y estoy esperando a que me llamen. Según la directora habrá nueva obra muy pronto y espero enrolarme. Comunicó el rubio, ensartando una albóndiga revoltosa con el tenedor.
-Suena muy interesante, Joey, me encantaría verte en escena. Claro, si me lo permites.
El aludido asintió. Sería para él un honor que tan lindo muchacho lo mirase.
En ese tiempo juntos, había entendido lo difícil que era para Noe hacerse cargo de una institución que ayudaba a personas con discapacidades de muchos tipos, mientras que él mismo estaba impedido para caminar.
Admiraba al muchacho sonriente y amable que era el peliazul y pensó en retribuirle de alguna manera su generosidad y confianza en él.
No cualquiera le entregaba responsabilidades después de saber lo inquieto que resultaba su carácter.
Por ello le habló con la verdad.
-Yo te conozco. Anunció repentinamente el muchacho sin que Noa lo esperara.
-¿Perdón?. La sorpresa se miró en el rostro del menor.
-Si, yo te conozco. Eres ese muchacho que vive en esa bonita mansión al final de la calle de los "ricos". Dijo sin inhibición. Desde que había conocido a Noa que lo pensaba detenidamente y al final había logrado dar con la respuesta a su interrogativa.
El peliazul por su lado abrió los ojos grandemente. Era sorprendente lo que el rubio le decía.
-¿Y de donde me conoces?. Interrogó sin negar o afirmar la cuestión.
-Pues yo fui a arreglar un tubo de tu cocina. Y después me diste una cátedra entera de que si era imposible el trabajo, que esto y lo otro. Realmente me llevé muy buenos consejos de ti.
Noa tardó un momento en entender las palabras de Joey pero al final el foquito del recuerdo en su cabeza se alumbró.
-Oh ¿tú eras ese muchacho?.
Joey asintió sin dejar de comer. Al parecer Noe no lo recordaba.
El joven Kaiba sonrió de lado. Realmente no había recordado ese pequeño episodio en su vida, pero ahora que lo descubría no sabía que pensar.
Ciertamente en antaño Joey se veía muy diferente a como lo miraba en ese momento.
Antes, sus ojos castaños no brillaban tanto como lo hacía en la actualidad y su jubilosa presencia tampoco era algo que recordara de ese "fontanero" a quien había dado una clase de "querer es poder".
Ciertamente la vida era muy irónica.
-Pero no entiendo por qué te haces pasar por alguien tan…diferente. ¿Es a caso por las presiones de la sociedad?. Preguntó Joey, sabiendo muy bien lo que un rico sufría por esas presiones. Su Seto lo hacía.
El peliazul asintió. En parte era verdad. Al menos Joey no sabía su verdadero nombre.
-Hay muchas cosas que deseo hacer sin que algunas personas se enteren. Es por eso que me ví en la necesidad de ponerme en anonimato.
Si los pacientes y trabajadores supieran quien soy yo realmente, jamás habría conseguido la atmósfera de ayuda que hay en la clínica.
Es mejor que la gente ayude por querer hacerlo y no para quedar bien con alguien importante.
Joey asintió. Realmente el corazón de Noe era muy grande.
-Puedo entenderte, conozco a una persona que se parece mucho a ti.
-¿En serio?. ¿Quién?. La curiosidad llegó al más joven.
Pero Joey no dio nombres, realmente no creía oportuno hablar del altruismo de su amante cuando ni siquiera este lo reconocía.
-Solo alguien que conozco y es importante para mi. Pero volviendo a tú tema, creo que es muy loable lo que haces.
Ojala yo pudiera hacer algo por mi hermana. Añadió, dando un suspiro melancólico.
-¿Por qué?. ¿Esta enferma como yo?. Indagó el peliazul muy interesado en la vida del rubio.
-No como tú. Exclamó retirando el plato que ya no le interesó.-Es de otra cosa. En realidad no se ni que es. Nadie lo sabe.
Y Noa Kaiba escuchó atentamente todo lo que Joey le habló sobre su hermana y parte de su pasado en manos de un padre ebrio y abusivo.
Noa quedó impactado ante la fuerza de voluntad que el rubio poseía y lo admiró aun más por verlo ahí, saliendo adelante pese a todo.
Realmente Joey era un buen partido para quien fuera.
-Lamento escuchar eso. Si hubiera algo que yo pudiera…
-No. Mi madre y su esposo se encargan de eso. Yo envío dinero de vez en cuando a una sociedad que se encarga de investigar enfermedades nuevas y aunque no es mucho, al menos es lo único que puedo hacer por ella.
Joey sonrió con tristeza y Noa tomó su mano en señal de apoyo.
-Cuentas conmigo para lo que quieras Joey, y hablo en serio.
El rubio lo agradecía. Pero realmente en asuntos de su hermana no se podía hacer mucho.
Él confiaba en que su nueva familia pudiera lograr más que él y el apoyo emocional era todo con lo que contaba.
-Gracia, Noe.
La sonrisa del rubio fue un sonrojo para el peliazul, quien se vio instintivamente deseando que Joey lo abrazara o se acercara a él, como a veces solía hacer.
No le cupo duda entonces de que sentía algo muy fuerte por ese muchacho brioso que sonreía, olvidando las tristezas.
-Pero quiero saber algo. Anunció el de ojos melados despejando la atmósfera triste.
-¿Qué?.
-¿Por qué teniendo una clínica de ayuda, tú no te ayudas?.
Hubiera esperado todo menos esa directa pregunta. Pero así era Joey.
-Porque ya me rendí. Realmente creo que el caminar no es para mi. Susurró el peliazul revelando su sentir.-Desde hace mucho tiempo que me conformé con estar de espectador y si puedo ayudar a otros que pueden salir adelante, me doy por bien servido.
Pero a Joey no le gustó esa respuesta.
-Yo creo que deberías hacer algo por ti, Noe. No es justo que ayudes tanto y no obtengas ningún beneficio.
Si los médicos dicen que puedes, entonces puedes.
Y nunca jamás Noa había esperado que palabras como esas entraran con fuerza a su cerebro.
Miles de veces las había escuchado, de boca de Seto y de Ed, pero en Joey se escuchaba muy diferente y por primera vez tuvo ganas de volver a intentarlo y de salir adelante. Solo porque el rubio se lo pedía.
¿Qué efecto tan encantador tenía Joey para con él?.
No lo sabía, pero estaba dispuesto a cumplirle hasta el más mínimo capricho si lo deseaba y de abrirle el corazón como a nadie lo había hecho.
Esa era su manera de decir: Me gustas.
-¿Y si te ayudo?. Propuso el rubio a la falta de respuesta del más joven.-Soy novato, pero si me dices cómo yo estaría dispuesto a ayudarte a salir adelante.
-¿Tú harías eso por mi?. Cuestionó el peliazul con un nudo de emoción en la garganta.
-¡Claro!. Sonrió Joey con efusividad.-Sería un placer hacerlo. Además aprovecha, que no todo el mundo me tiene de enfermero particular, gratis.
La risa del rubio fue acompañada por la tardía de Noa, quien aun no salía de la impresión.
Joey quería ayudarle y eso implicaba estar cerca y conocerse más.
Su corazón cabalgó con estruendo y aceptó, porque si no lo hubiera hecho definitivamente sería un tonto.
-De acuerdo, acepto con la condición de que seamos amigos.
-¿Ya lo somos, no?.
Pero Noa quería más que eso.
-Si. Pero…más.
Joey no entendió pero igual asintió. Si estaba en él ayudar, lo haría.
Ese muchacho sonriente y bondadoso saldría adelante con o sin su ayuda y su paga sería verlo retomar sus sueños, los cuales sospechaba, eran demasiado grandes para olvidarlos así como así.
Lo que Noe K necesitaba era confianza y él gustoso se la proporcionaría.
Ahí entonces iniciaba una unión que más tarde sería un poco dolorosa.
Tal como lo había imaginado, el restaurante era bastante lujoso y no tuvo que esperar demasiado para entrar en él.
Su fama lo podía todo.
Miró el reloj y se sorprendió de que su "cita" ya estuviera en el lugar.
Una mesa discreta junto a los ventanales.
Tuvo que reconocer que la muchacha pelirroja se veía encantadora con el vestido azul que portaba, pero solo eso. Más, no podía ver en ella.
-Me sorprende verla por aquí. Por lo regular las mujeres se tardan más en arribar. Indicó, saludando a la muchacha que le sonrió con un poco de coquetería.
-No todas somos igual, señor Kaiba.
El muchacho asintió, tomando asiento junto a la pelirroja.
-Y dígame, señorita Hakuraw, ¿a qué se debió el repentino derroche de generosidad por su parte?.
Serenity sonrió un poco, realmente se sentía nerviosa al estar tan cerca e íntimamente de aquel joven, pero no planeaba desaprovechar la oportunidad.
-Es solo un gesto cortés, señor Kaiba. Nada más.
Seto asintió, mirando más que solo generosidad en esa muchacha.
-He leído que le gusta la ópera. Inquirió Serenity sin perder la oportunidad.
-Y el teatro. Realmente este último se ha convertido en un pasatiempo interesante. Afirmó él y todo se lo debía a Joey y a su derroche de adrenalina cuando hablaba de actuar.
Su Joey si que era incorregible.
-¿En serio?. No lo sabía. Me alegra escucharlo de su voz. Sonrió la chica, anotando mentalmente hablar con su hermano para que le explicara más del teatro. No era aficionada, pero nada mejor que un experto para eso.
-Seamos directos, señorita Hakuraw. Anunció Seto sin llegar a ser grosero.
-Agradezco su cortesía, pero no deseo restarle minutos valiosos a su existencia con mi compañía. Mi fama de osco prepotente me respalda y no pretendo cambiarla por ahora. ¿Me explico?.
Serenity asintió, mirando las dos entradas que el ojiazul depositó en la mesa tras sacarlos de su saco.
Esa acción, no lo esperaba.
-Realmente le agradezco sus intenciones, pero debo denegar…
-Al menos cene conmigo. Abordó la pelirroja como última opción.-Al menos déme ese gusto sino desea acompañarme a la ópera. ¿Qué dice?.
Odiaba su punto débil y terminó aceptando. Después de todo una cena no le hacía mal a nadie.
Por ello se quedó y conversó con la muchacha de trivialidades que al final hasta le hicieron gracia.
La muchacha era algo así como una mezcla entre madre teresa y frívola muchacha de sociedad, que sonreía mucho y hasta resultaba agradable. Pero nada más.
Seto admitía que su compañía era placentera, pero algo en ella no terminaba de gustarle del todo.
No su amabilidad que era hasta asfixiantemente melosa, no su sonrisa que derretía corazones y definitivamente no esa nobleza que desprendía.
Era algo más que no lograba enfocar, pero después de todo no tenía importancia.
-Fue para mi un verdadero gusto volver a verle. Ojala pudiéramos vernos en otra ocasión. Anunció la pelirroja cuando Seto le abrió cortésmente la puerta de su limosina.
-Sería bueno. Anunció el empresario. Puro formalismo después de todo.
Serenity lucía encantada. Sabía que no había logrado mucho esa noche, pero al menos ya había avanzado un poco.
-¿Cree usted en las coincidencias, señor Kaiba?.
-No. Para mi eso no existe. Anunció con escepticismo.
-Pues yo si y déjeme decirle que jamás pensé en volverlo a ver.
Seto enarcó una ceja.
-Nos vimos en el cóctel. Anunció, pero ella denegó. Sus ojos castaños centellaron al mirar los azules del muchacho.
-Realmente nos conocimos en la Universidad. Usted me hizo el favor de indicarme el camino. Fue breve, pero le confieso que guardaba una esperanza de volverle a ver y mire, las coincidencias lo hicieron posible.
Seto no sabía de lo que la chica hablaba, pero asintió de todas formas.
Su cuota de cortesía estaba expirando.
-En fin. Gracias por tan linda noche señor Kaiba. Estaremos en contacto.
Seto tendió la mano a la chica y se despidió sin afirmar o denegar la oración de la muchacha.
Estaba arto de cordialidades fingidas. Lo mejor era regresar a casa y abrazar a Joey. Con él todo era verdadero y se le antojaba irresitiblemente delicioso.
Serenity miró las luces de la ciudad y suspiró.
Había sido una linda noche pero había faltado mucho.
Frustrada extrajo su móvil y marcó el número de su padrastro.
-¿Cómo te fue?. Inquirió el hombre.
-No como lo esperaba. Anunció tras otro suspiro.
-Al menos ya diste el primer paso.
-Si, pero no creo que me haya servido de mucho. Fue muy cortés pero…
-No te preocupes. Consoló el hombre.-La siguiente etapa es mucho más factible. Además he escuchado por ahí cosas que podían servirte de mucho.
-Ojala. Realmente lo amo, Roger y lo que más deseo es que él se enamore de mí.
-Y lo hará, princesa, lo hará. Eso déjamelo a mi.
Sin más la chica colgó y esperó llegar a casa.
Roger tenía razón, apenas había dado un pequeño paso, no dudaba que el siguiente pudiera ser mejor.
La operación cupido estaba en marcha y esperaba que resultaran cosas muy favorables al terminarla.
Continuará….
Si, ya viene lo….feo del asunto y he estado tratando de escribir rápido pero entre una cosa y la otra, entre que me enfermé y no me importaba demasiado la existencia, decidí retomar nuevamente Dreams y aquí está especialmente dedicada a todos ustedes que hacen posible que yo siga existiendo.
Gracias por su eterna paciencia, así como por sus lindos y animosos comentarios.
Cada vez que me siento mal leo reviews y realmente me animan a seguir aquí.
Gracias y espero que la próxima entrega de esta historia sea muy pronto.
Su amiga.
KLF
