A pedido del publico subo cap hoy (no pensaba subir xq me llego materia y muxas tareas de un viaje y estoy muy ocupada, pero leyendo sus rewiew cambie de opinión) espero q les guste.
Cap 6
¿Quieres casarte conmigo? —repitió ella sin dar crédito a sus palabras. Luego, Bella pensó que había oído mal y se puso a reír. Pero se arrepintió de ello porque no quería resultar cruel con Edward que estaba de lo más tirante. Pero Bella se dio cuenta que iba en serio y las pier nas se pusieron a temblarle. Tuvo que sentarse en uno de los asientos.
—Por favor, no me malinterpretes —dijo él, recu perando su dignidad altiva—. No me estoy refiriendo a una relación íntima, sino solo a una boda de compromi so, si te parece bien. Tan solo guardaríamos las apa riencias, pero nada más...
Nada de relaciones íntimas, se repitió a sí misma re cordando de inmediato la boca que se había fusionado con la suya.
—Por supuesto, me aseguraré de que el trato sea beneficioso para ti —prosiguió Edward fríamente—. Las ventajas de ser la esposa de un hombre adinerado son obvias. No tiene por qué durar toda la vida. Aun que quiero que quede claro que me convertiré en el pa dre legal de Melanie, si no, no funcionará.
—¿Qué es lo que no funcionará? —preguntó Bella en vano.
—Solo te lo puedo decir si accedes a mi propuesta —repuso Edward—. Pero si se convierte en mi hija le gal, aseguraré su futuro, nombrándola mi única herede ra. Y cuando decidas, si es que eso ocurre, que te has cansado de estar conmigo, te podrás marchar libremen te. Y no lo harás con las manos vacías.
La mente de Bella estaba empezando a desvariar. Era obvio lo que le estaba diciendo aquel hombre, de modo velado. Quería a Melanie, pero si con ella tenía que ir incluida ella, pues también la aceptaba.
—Creo que estás loco —adujo bella. Edward hizo una mueca pero no dijo nada. — ¡Pero, si ni siquiera me conoces! —prosiguió ella.
Esta vez él se encogió de hombros.
—Siempre me he fiado de mi primera impresión con la gente —repuso Edward—. Y me gustas, Bella. Admiro el modo en que te has desenvuelto con un bebé y sin ayuda de nadie.
— ¡Claro que tengo ayuda! —exclamó ella, encole rizada.
—¿Te refieres a esto? —dijo Edward, mostrándole un fajo de billetes que tenía en el bolsillo.
Los billetes captaron rápidamente la atención de Bella, que tardó un poco en comprender de qué se tra taba todo aquello.
Al caer en la cuenta, ella lo fulminó con la mirada.
—¿Es el dinero que me ha prestado hoy la tía Lau ra? —preguntó Bella finalmente.
— Se cayó al suelo cuando te desmayaste en tu apartamento —le explicó Edward—. Lo recogí y lo puse a salvo en mi bolsillo. Hay cien libras exactamen te. Teniendo en cuenta la situación en la que te encuen tras y que debes cuatro meses de alquiler, tu tía ha sido tan amable de prestarte la mísera suma de cien libras.
—En efecto, lo que estaba haciendo tu tía —siguió Edward implacable, exponiendo su razonamiento—, era allanar el terreno para convencerte más fácilmente de sus propósitos. Me di cuenta de ello cuando estabas medio en coma. En aquel momento, estaba muy ocupa da tratando de explicarme por qué sus parientes más cercanos vivían en ese estado de miseria.
Bella cerró los ojos al oír sus palabras: él la había herido en lo más vivo.
—Sabías lo que pretendía antes de que te lo contara yo —susurró ella sin aliento.
La mujer se sentía traicionada por Edward a pesar de la amabilidad que había mostrado durante la cena.
Él se dio cuenta de ello.
—Lo siento si esto te ofende, pero quiero que ten gas las ideas claras a la hora de pensar qué es lo que más os conviene a ti y a Melanie —repuso Edward—. Y si tienes que elegir entre dar a la niña en adopción y mi proposición, creo que la segunda opción es la que más te conviene.
—Pero, entonces, lo sabías, ¿verdad? —dijo ella, poniéndose de pie sofocadamente—. Quiero que me des al bebé ahora mismo. Nos vamos a casa.
El rostro de Edward mostró su irritación.
— ¡No seas tonta! —exclamó él con voz áspera—. Esa no es una buena solución. Volveréis a vivir en la desgracia.
«Soy desgraciada ahora», pensó Bella tristemente.
—Pensé que eras una buena persona —estalló ella llena de desilusión—. Pensé que realmente te importa ba lo que me ocurría a mí. Y, sin embargo, has estado tramando esto desde el principio.
Bella terminó levantando la voz, lo que hizo saltar a Andreas.
—Soy buena persona —adujo él, alterado.
Era evidente que le incomodaba el papel que tenía que interpretar.
La expresión de desprecio de Bella hizo que apare ciera cierta actitud de advertencia en el rostro de Edward. Luego, se relajó un poco y pareció darle permiso a ella para que lo despreciara.
—Puedo ser buena persona —rectificó con voz ron ca, pasándose la mano por los cabellos—. Seré buena persona.
Sus palabras habían sonado a promesa.
Pero no logró convencer a Bella.
—Gracias por tu propuesta, pero no la voy a aceptar —sostuvo ella, e inmediatamente después se dirigió ha cia la puerta altivamente.
—Antes de salir por esa puerta, señorita Swan, ¿no le parece que debería tener en cuenta cómo va a re percutir su decisión en su hermana?
Con esa voz tan comedida, el hombre había logrado que Bella se paralizara.
—Pero... ¿por qué? —murmuró perpleja Bella, mirando el semblante cruel de Edward—. Si necesitas tan urgentemente legar tus bienes a alguien, ¿por qué no intentas crear tu propia familia?
Todo aquello carecía de sentido. Incluso el modo de reaccionar de Edward, que se puso rígido súbitamente.
—Jamás volveré a casarme —repuso él—. Al me nos, no del modo al que tú te refieres.
—¿Has estado casado antes? —preguntó Bella.
—Sí —respondió fríamente él—. Ángela murió hace seis años.
— Oh, lo siento —murmuró Bella, tratando de mostrarse comprensiva.
Pero Edward no quería su compasión.
—No tengo ganas de discutirlo —adujo él, en un tono que impidió cualquier otra pregunta por parte de Bella.
Pero ella se sentía curiosa, realmente curiosa acerca de la mujer a quien él había amado tanto como para no querer volver a casarse. Aunque él le acabara de propo ner matrimonio.
—Pero hay otras maneras de tener hijos sin tener que comprometerse en matrimonio —arguyó Bella—. Las investigaciones médicas han evolucionado mucho en ese sentido, ¿no es verdad?
—no me interesan —adujo Edward, como si aquello lo explicara todo.
Y no dio más explicaciones. Al contrario volvió al tema de antes.
—Quiero que tengas bien en cuenta todo lo que puedes ganar si te casas conmigo —continuó el magna te—. Cuidarás de la niña como si fueras su madre, ro deada de todo tipo de lujos.
No se podía decir que Edward fuera precisamente humilde.
—Piénsalo bien —insistió él—. No tendríais que carecer de nada. Estarías plenamente segura de que Melanie iba a estar bien alimentada y vestida. No ten drías que preocuparte por el alquiler del piso... Al con trario, recibirías todos los meses una cuantiosa suma de dinero que te permitirá adquirir todo lo que quieras.
En este aspecto, sus argumentos se parecían mucho a los de la tía Laura cuando la intentó convencer para que dejara en adopción a su hermana. Edward conti nuó enumerando ventajas.
—Y teniendo en cuenta que todas nuestras casas cuentan con servicio doméstico, no tendrías que ocu parte de las tareas propias del cuidado de un bebé. Po drías emplear todo el tiempo posible en hacer tu volun tad sin tener que sacrificarte por tu hermana.
—Yo no lo veo como un sacrificio —repuso Bella, alzando la barbilla y con los ojos brillantes de indigna ción—. Además, me ofende que tú pienses eso.
—Lo siento —se retractó Edward automáticamen te—. No era esa mi intención.
Era evidente para Bella que aquel tema era demasiado importante para él como para correr el riesgo de ofen derla. Lo que le llevó a formular la pregunta siguiente.
—¿Por qué significa tanto para ti conseguirnos a mí y a Melanie? Podrías salir a la calle y encontrar cientos de mujeres con sus bebés que podrían desempeñar el papel tan bien como nosotras.
—Os quiero a vosotras —repuso Edward simple mente—. ¿Por qué no te preguntas qué es lo que te da tanto miedo de mi proposición?
—Porque es algo impropio —contestó Bella—. Además, soy demasiado joven para desempeñar ese papel.
—¿O quizá soy yo el que sea demasiado viejo? — sugirió él.
Edward era el tipo de hombre que nunca envejece.
—¿Cuántos años tienes? —preguntó Bella—. Y no me des una evasiva como la última vez. En serio, si me voy a plantear tu propuesta, necesito saberlo.
—Treinta y seis —respondió Edward, e hizo una mueca al gesto de sorpresa que esbozó Bella.
Ella suspiró profundamente y se colocó de espaldas a la puerta que estaba cerrada.
—Esto es una locura —adujo Bella, pensando en alto.
Pero lo que realmente era una locura era que estaba empezando a vacilar.
No habría más preocupaciones. No tendría que vivir al día, en un lugar que detestaba, y del que no tenía la menor esperanza de poder dejar por uno mejor... Ade más debía tener en cuenta también a Melanie. Su her mana, a la que no le faltaría de nada en toda su vida, suponiendo que Edward fuera fiel a su palabra.
Todo aquello era muy seductor y mientras lo pensa ba, Bella se frotó el chichón de la cabeza que le empe zaba a doler.
Nada más verlo, Edward se preocupó.
—Está claro que ya has tenido bastante por un día —dijo él con voz grave—. Es mejor que lo dejemos. Retomaremos la cuestión mañana cuando estés más descansada.
Tenía razón... pensó Bella fatigadamente. Sin em bargo, contestó:
—No, no pienso irme a la cama hasta que hayamos aclarado esto.
La joven levantó su mirada cansada y ansiosa.
—Puedes decirme por qué quieres adquirir de este modo una esposa y una hija —prosiguió Bella
Hubo una pausa que rompió Edward con un susu rro.
—¿Estás diciéndome que aceptas mi proposición?
«No va a soltar prenda», se dijo a sí misma Bella.
—Me lo estoy pensando —contestó ella.
—Pues cuando me des una respuesta, yo te daré la mía.
Aquello era ridículo.
—Entonces, hasta mañana —repuso Bella, dando media vuelta para salir.
—Por cierto, me gusta tu pelo —comentó Edward. ¿Su pelo? Inmediatamente, se llevó la mano al ca bello ondulado.
—Tiene un color tan bonito... —prosiguió Edward.
—Gracias —murmuró Bella, sonrojándose ligera mente ante el cumplido inesperado.
—No es ni castaño ni pelirrojo —observó el—. Es una fascinante mezcla de los dos colores... Me pre gunto como estará con la luz del atardecer griego.
—Nunca he estado en Grecia —suspiró Bella en tono melancólico y siendo consciente de que su acom pañante lo estaba captando.
—Te va a encantar —le aseguró Edward mientras se acercaba a ella—.Los días son sofocadamente calurosos pero las noches son agradablemente cálidas. Aunque tendrás que ponerte una crema protectora de los rayos del sol. No obstante, la piel de Melanie lo agradecerá. Sea cual sea la nacionalidad del padre, la niña tiene la auténtica piel morena de los mediterráneos.
—Su padre era español —adujo Bella—. Pero... no me vas a decir que por eso la quieres, ¿verdad? ¿No será por qué tiene el color de piel adecuado para ser tu hija?
Edward sacudió su cobriza cabellera. Estaba tan cerca de Bella que ella podía ver su mirada irónica.
—Teniendo una esposa inglesa, castaña y de piel cla ra, mi hija podría haber sido perfectamente morena.
Desviando la mirada, Bella frunció el ceño. Le irri taba lo enigmático que se ponía Edward para confesar le el motivo por el cual quería casarse con ella.
—Bueno... —murmuró ella elevando ligeramente un hombro y dando media vuelta otra vez—. Yo...
—Mi familia quiere que me case de nuevo para dar le un heredero a mi fortuna.
Se había sincerado tan súbitamente que a Bella le costó entender lo que estaba diciendo. Aquello se aleja ba tanto de la fría imagen de hombre calculador que se había hecho de él.
—Ya han elegido una esposa para mí —continuó Edward—. Y la presión va en aumento porque mi abuela está muy enferma. Quiere tener en sus brazos a su bisnieto antes de morir. Y puesto que soy su único nieto, tengo que concederle su deseo.
—¿Está muy enferma? —preguntó Bella con sua vidad.
—Sí —respondió Edward—. Tiene noventa y dos años y ha sufrido dos apoplejías. No le queda mucho tiempo de vida.
Mirando aquellos insondables ojos verdes, Bella comprendió que él la quería enormemente y que le iba a echar mucho de menos. Entonces, sintió una gran compasión por Edward.
—No tengo tiempo para pensar en otras opciones —adujo él—. Por eso cuando apareciste en mi vida, comprendí que se trataba de un golpe de suerte que no podía ignorar. Como ya te he dicho anteriormente, me dejo guiar por mi intuición, y en este caso me dice que los tres podríamos hacer un buen equipo.
Los ojos de ambos se enfrentaron y Bella sintió como si fuera a desfallecer.
—Cuando mi abuela ya no esté con nosotros, po drás marcharte libremente, si es eso lo que deseas... — continuó Edward.
No era cuestión de un compromiso sentimental, es más, aquello omitía totalmente los sentimientos.
—Algo como un trabajo temporal, ¿no? —comen tó Bella.
—En tu caso, sí —asintió Edward—. Sin embargo, Melanie será mi hija a todos los efectos. Ella me im porta, Bella. La necesito.
—Pero, ¿serás capaz de quererla?
—Como a mí mismo durante el resto de mi vida — le aseguró Edward.
Y Bella supo que hablaba en serio por el brillo que tomaron sus verdes ojos.
Ella se quedó pensando que a ella también le gusta ría que alguien le quisiese de ese modo.
—¿Y cuando quiera marcharme, qué pasará con Melanie? —preguntó Bella.
—Se irá contigo, siempre y cuando respetes mis de rechos como padre legal —respondió Edward—. Po dríamos llegar a un buen entendimiento y así poder dis frutar de la niña al máximo por ambas partes. Teniendo en cuenta el bienestar de Melanie, es lo mejor que le puede pasar en la vida, ¿no te parece?
El bienestar de Melanie... Bella ya había oído ha blar de eso con anterioridad, y en boca de alguien que le hizo estremecerse.
—De acuerdo —se oyó decir Bella—. Acepto el trato, por el bien de Melanie.
—Gracias —dijo él—. Te prometo, Bella, que ja más te arrepentirás de tu decisión.
Bue aquí esta el cap 6, ¿se fijaron que cumplí 3 de las peticiones que me hicieron? : di más características de Edward, dije su edad y ahora puedo asegurar no hay espacios entre palabras no nombres mal adaptados (lo leí 2 veces para asegurarme, una mientras veía hasta donde llegaba el cap y otra cuando lo editaba), así que no pueden haber esos errores, si los hay se produjeron mientras se subía el cap por q antes estoy completamente segura que no habían.
Bueno, ojala que les guste el cap y cualquier mensaje, comentario y/o sugerencia me lo dicen en un rewiew.
Xau xau nos leemos pronto
Ale (alma1991)
