Esta cortito, perdon por eso, pero era necesario para q el sgte resulte, este y el sgte estan dedicados a 95 que estuvo de cumple el jueves, feliz cumple atrasado, pero por motivos q explico en el sgte cap no pude subir antes, ojala te guste.
Volaron a Atenas en un vuelo privado y después les trasladaron en helicóptero para finalizar el viaje. Resultó todo muy cómodo, una forma de viajar de lo más agradable.
Bella estaba impresionada aunque no quería de mostrarlo. Aún no le había perdonado la fría reacción del día anterior a Edward.
Melanie iba con ellos, lo cual había sorprendido a Bella. Ella se había imaginado que el magnate le en cargaría a Esme que se ocupara del bebé. Ella y su fa milia se habían quedado cerrando la casa de Londres y juntos tomarían un vuelo a última hora del día. Pero lo que más había llamado la atención de Bella era que fuese el propio Edward el que se encargara personal mente de la niña a lo largo del viaje.
A Bella le dio la impresión de que estaba más rela jado que nunca. Quizá un poco callado, pero atento. Bella pensó que se estaba portando así para compensar su anterior actitud.
No obstante, no se había disculpado por ella, ni le había dado ninguna explicación a Bella. Él parecía ser tan voluble que lo mejor era mantener cautela con él.
—Déjame que te ayude... —le ofreció a Bella, to mando el bebé en brazos para que ella pudiera bajar del helicóptero.
Ella solo contaba con una mano buena y además llevaba un traje de chaqueta de lino azul pálido muy ceñido. Por eso, no pudo rechazar el ofrecimiento de Andreas.
Al notar la fuerza de aquel brazo masculino, Bella se estremeció. Y lo peor de todo fue que él lo notó, y esbozó una sonrisa, mientras se llevaba a Melanie fuera del alcance de las hélices.
Bella lanzó un suspiro y lo siguió, sintiéndose a disgusto consigo misma y sobre todo con él. Por su culpa, Bella no había podido dormir en toda la noche y se sentía cansada...
— ¡Oh! —exclamó ella al ver la vista que tenía ante sus ojos.
Entre grandes jardines, se levantaba una mansión de gran belleza arquitectónica. Los muros estaban pinta dos de color crema y las ventanas de blanco. En la fa chada principal, había una galería a lo largo del primer piso. Desde allí se podía disfrutar de una maravillosa vista sobre la terraza del jardín, en la que estaban dis puestos unos asientos de mimbre con almohadones de color azul.
A un lado de la casa, había una impresionante pisci na que brillaba bajo el sol de mediodía. Desde donde se encontraba, Bella pudo ver que hacia la otra parte de la casa había otra piscina, pero esta era cubierta. No podía discernir si había una carretera. Pero sí pudo di visar un camino que llevaba hasta la entrada de la man sión y que estaba bordeado de cipreses.
— ¡Es precioso! —murmuró Bella.
— ¡Menudo elogio! —Exclamó Edward, con cierto sarcasmo—. Estaba empezando a pensar que no te gus taba nada.
Y sin más, el magnate se alejó de ella en dirección a la casa. Con una mueca, Bella lo siguió, dispuesta a perdonarle que hubiera perdido la placidez mostrada durante todo el día.
Edward se situó en la zona sombreada de la terraza y esperó a que Bella lo alcanzara, observando su lento caminar.
Bella notó como la miraba y se sonrojó ligeramen te. Enseguida, apartó la vista. ¿Qué estaría viendo en ella aquel hombre? A lo mejor era que no quería que se acercase a él.
Ella por su parte, veía a un hombre alto, moreno e increíblemente atractivo. Tenía unos ojos verdes muy expresivos que parecían querer co municarle algo a Bella.
Sin embargo, ella no tenía ni idea de qué se podía tratar. El magnate era un verdadero enigma.
Cariñoso y frío. Agradable y cortante. Cercano y distante. Bella se dedicó a enumerar los calificativos que lo definían. Mientras lo hacía, se le iba poniendo un mohín en la expresión que no le gustó en absoluto a Edward. Este se desplazó ligeramente, poniéndose ten so. El bebé se despertó y lloriqueó. Bella se apresuró a atenderlo, con verdadero instinto maternal.
Aunque en realidad su presencia no fue necesaria. Cuando Edward se acercó a verla, Melanie estaba con los ojos abiertos. Abandonando todo rastro de dureza, el hombre le puso su dedo índice en la barbilla.
Pero lo que más sorprendió a Bella fue que la niña le sonrió. ¡Ya le reconocía!
— ¡Esas sonrisas se suponen que me pertenecen a mí! —se quejó ella, mientras miraba al bebé por enci ma del brazo de Edward.
Cuando oyó su voz, Melanie se la quedó mirando fijamente.
—Eso está mejor —le dijo entonces Bella sonrien do, sin darse cuenta de la postura en que estaba.
Si lo hubiera hecho, habría podido comprobar lo quieto que se había quedado él. Y como sus ojos soña dores se habían puesto más soñadores aún, contem plando el cabello castaño de Bella.
— ¡Qué imagen tan seductora! —Exclamó sarcásticamente una voz desconocida—. Me gustaría tener mi cámara de fotos. Así tendría una bella imagen de lo que es la armonía familiar...
Dos cabezas se volvieron al mismo tiempo. Una castaña y otra cobriza y cada una con una expresión distin ta. Bella se quedó atónita ante tal ataque; Edward es taba resignado.
—Victoria —la saludó —. Me alegro de verte...
Perdon por lo cortito, pero tenia que ser así para que el sgte resulte (ese es más largo no se preocupen) y en ese dare las explicaciones de por q no habia subido cap.
Cap dedicado a 95 (feliz cumple atrasado.)
Xau xau
Nos leemos pronto
ale
