TITULO: Dreams
Capitulo: Flama
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: ¿Cuán poderoso es el amor?. La última etapa antes de descubrir el poder de los sueños.
Pairings: S/J
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: Solo una cosa…..
¡Cítrico! señoras y señores (y señoritas y señoritos jeje).
No tengo nada mas que agregar
Donde quiera que vayas, estaré contigo
Lo que desees, te lo daré
Siempre que necesites a alguien para poner tú cabeza
Recuerda: después del fuego, después de la lluvia
Yo seré la flama
Yo seré la flama
….
Tú siempre serás el primero
Tú fuiste el primero y siempre serás el último…
(Traducción de la canción: The Flame
De: Cheap Trick)
Tan desesperadamente como sus piernas le permitían correr, así arribó al séptimo piso del Hospital de la ciudad.
Con la respiración entrecortada, tratando de regular los latidos de su corazón es cómo se acercó al mostrador desde dónde una enfermera se encargaba de darle información a las personas.
-Se…
No pudo terminar la palabra. Estaba cansado y subir siete pisos por la escalera a toda velocidad, bien valían su falta de aire.
-¿Necesita un desfibrilador?.
El chiste en realidad no le causó gracia.
-No….necesito…información.
-Si se calma y trata de explicarme lo que suce…
-¡ESTOY BUSCANDO A UNA PERSONA!. Gritó, ocasionando que varias personas voltearan a verlo.
-Esto, señor, es un hospital por si no se había dado cuenta. Riñó la enfermera, indicándoles a las personas de una larga fila de espera que aguardaran un poco.-Si quiere información, le sugiero que se calme y se forme para…
-No tengo tiempo para protocolos estúpidos. Escupió, importándole un comino a quien pudiera ofender.-Me llamaron porque Seto sufrió un accidente y no me moveré de aquí hasta que me diga en dónde diablos está.
La enfermera, que no lucía ya muy solícita, se incorporó de su silla y con el carácter "amable" de las mujeres de blanco, le informó.
-Si no toma su turno al igual que los demás, entonces me veré en la penosa necesidad de pedirle a seguridad que lo saque de aquí. ¿Me entendió?.
Joey se sonrojó de ira y si bien no abrió la boca para rebatir, la enfermera ya había regresado a su lugar.
-Siguiente. Gritó, como si estuviera en el banco.
El rubio frunció el entrecejo. Si había interpretado a psicópatas en las tablas, bien podría sacarle provecho en la vida real.
Ahí iba a haber un homicidio.
Por ello y con la doble carga emocional de sentirse frustrado y asustado por encontrar a la persona que buscaba, es cómo se plantó con fiereza enfrente de la enfermera y tras tomar aire es cómo se dispuso a gritar.
-¿Señor Wheeler?.
Joey giró, mirando un rostro conocido entre tanta burocracia.
-Ed. Suspiró aliviado, dejando lo que tenía que decirle a la enfermera en un mero y fugaz recuerdo.-¿Dónde está?. ¿Cómo está?. ¿Qué sucedió?. ¿Está bien?.
El guardaespaldas, quien escuchaba todo atentamente tuvo la delicadeza de sonreír y de palmearle el hombro al rubio que continuaba indagando sin tener en cuenta que de nuevo estaba perdiendo el aire.
-Cálmese, joven Wheeler. Si me deja explicarle entonces todo estará mejor¿no le parece?.
Joey, quien estaba a punto de gritar de nueva cuenta por la desesperación, tomó aire, inflando sus mejillas cual pez globo.
Era inconcebible que Seto estuviera sufriendo quien sabe que cosas y Ed tratara de tranquilizarlo como si nada hubiera sucedido.
Era ilógico, inexplicable y…
-Ed¿qué te ocurrió en el brazo?.
Hasta ese momento el rubio se percató de que el jefe de seguridad de su cuñado tenía el brazo enyesado e inmóvil en su cuello.
Ed sonrió con paternidad, guiando al chico hasta otro lugar dónde no pudieran sacarlos por exceso de ruido.
-Digamos que yo también sufrí un leve accidente.
-¡OH CIELOS!. Exclamó el muchacho con congoja.-Si tú estás así, entonces quiere decir que Seto…
-Cálmese. No gana nada exaltándose.
-Pero cómo me pides que me calme si…
-A veces los hospitales suelen exagerar las cosas. Medió rió el hombre.-Si me deja explicarle lo que sucedió, tal vez pueda dejar de gritar de esa manera.
-Pues empieza a hablar de una vez. ¿Qué no vez que la vida de Seto está en peligro?.
Ed, que había visto demasiadas cosas en su vida no pudo dejar de mostrar enternecimiento por lo que escuchaba.
Realmente, se dijo, en situaciones extremas siempre se olvida todo y se recuerda lo importante. En ese caso, la familiaridad con la que el rubio se expresaba de su jefe.
-Estoy esperando, Ed.
Joey no deseaba ser grosero, pero entre más minutos transcurrían, su congoja se hacía cada vez más grande y la espera del guardaespaldas no ayudaba a disminuirla.
-Lo que sucede, joven Wheeler es que hubo un accidente en KC.
-¿En la empresa?. Cuestionó el muchacho con verdadero terror en las facciones.
-Así es. Al parecer un pequeño incendio. En este momento están investigando el origen, pero pequeños rumores indican una falla en…
-No me interesa si la falla estuvo en el Monte Fuji, yo quiero saber cómo está Seto.
Ed asintió. Entendía las cosas.
-El señor no sufrió nada grave. Solo un desmayo…
-¿DESMAYO!. Gritó el rubio y de inmediato corrió por el pasillo, como si supiera exactamente en dónde estaba el castaño.
Ed rió por lo bajo. Realmente el impulsivo Joey Wheeler jamás cambiaría.
-Y eso es bueno. Se dijo, caminando para alcanzar al muchacho que abría y cerraba puertas ya sin precaución alguna.
Después de unos momentos de discutir, el custodio abrió la puerta indicada, dejándole el paso al bólido rubio que se adentró a la habitación sin premeditación alguna.
Lo único que deseaba era ver a Seto y no estuvo tranquilo hasta que lo hizo.
El castaño se encontraba durmiendo en una cama. Totalmente ajeno a cualquier cosa en el exterior.
Parecía tranquilo y eso en cierta forma compensó el apuro que Joey sentía.
-¿Por qué tiene vendas en la cabeza y en los brazos?. Indagó, acariciando quizá inconscientemente, la mano inerte del genio.
-Sufrió quemaduras leves. Nada que un ungüento no solucione en unos días.
Joey asintió, sentándose al lado del castaño que ajeno estaba a todo eso.
-Pero no puedo comprender el cómo se desmayó. ¿A caso se golpeó en la cabeza?.
Ed caminó hasta situarse frente al rubio, y tratando de hacer cómo que no miraba que Joey acariciaba con fervor la mano del castaño, es cómo habló.
-Todo sucedió muy aprisa. Aclaró, recordando los sucesos.-De un momento a otro la alarma de incendio se accionó y todos comenzaron a salir del edificio.
-Todos excepto él. Dijo el rubio, conociendo de sobra al muchacho inconsciente.
-Si. Definitivamente lo conoce muy bien. Rió Ed y Joey tuvo la gentileza de sonrojarse.
-Bueno, continúa.
Ed asintió, guardándose para si ese lindo cuadro.
-Subí a donde el jefe y le pedí que saliéramos del edificio. Pero usted bien lo conoce.
-Si, es un obstinado cabeza hueca. Murmuró el rubio tras mirar al castaño y acariciar sus cabellos.-Seguramente te dijo que todo era una farsa y no había motivos para preocuparse.
-Exactamente así sucedió. Si parece clarividente. Indicó el custodio, extrayendo una leve sonrisa de los labios del rubio.
-Si, a veces puedo serlo. Por favor, continúa.
-No hay demasiado que decir. Simplemente que el señor no quiso salir del despacho hasta que verdaderamente supo que el edificio se estaba incendiando.
Salimos por la puerta de emergencia y cuando llegábamos al último piso es cuando se desmayó.
-¿Así, nada mas?. ¿Y las heridas?. Cuestionó un muy mortificado Joey.
-Las heridas se las hizo cuando una baldosa se nos vino abajo. Yo traté de salvarlo y ya ve, este fue el resultado. Ed mostró su brazo.
-Comprendo. Sin embargo no entiendo por qué se desmayó.
El custodio tomó asiento y desde su posición respondió la duda.
-El médico que lo atendió dice que todo es obra del Estrés.
-¿Del estrés?. Preguntó el menor sin comprender.
-Si, así es. El médico dice que últimamente es una nueva problemática entre las personas que trabajan tanto como el Señor Kaiba.
No es de sorprenderse que su organismo haya decidido "explotar" y eligió este momento para hacerlo.
-Pero…
-No se preocupe. Sonrió Ed.-Todo estará bien. Los especialistas dijeron que todo lo que el Señor necesita es descanso y olvidarse un tiempo de sus presiones.
Joey asintió. Él había tenido un mal presentimiento por la mañana y a eso se reducía.
Dejó salir un gran suspiro de su pecho y sonrió al casi inerte muchacho que descansaba en la cama.
Se sentía mil veces mejor que cuando había dejado la mansión a toda prisa para ir al hospital.
Ciertamente no toda la preocupación se había ido, pero ya tenía información que lo calmó un poco.
-Mi pobre Seto. Susurró, sin esperar que nadie lo escuchara.-Eres un…Kuso. Gruñó, y Ed tuvo que hacer acopio de su autocontrol para no reír a carcajadas.
Ese era un momento íntimo que debía respetar.
-Si me permite. Se excusó el mayor.-Iré a recepción para que preparen el alta del señor Kaiba. Despierte hoy o no, no creo que le agrade saber que no hicimos nada para trasladarlo a su casa.
Joey asintió. Exactamente eso mismo pensaba él.
Seto era tan orgulloso que jamás soportaría saber que lo habían dejado ahí sin mover un dedo.
-Yo te esperaré aquí.
El custodio salió de la habitación, dejando un cuadro bastante adorable.
-Voy a cuidarte en casa, ya lo verás. Comunicó el rubio a su dormido interlocutor.-Así descansarás y no andarás por ahí aparentando que eres el dueño del mundo, sintiéndote omnipotente y con deseos de hacer lo que te plazca¿entendiste?. Advirtió y después tuvo que reírse él solo de su seudo riña, porque sabía que había sido ridícula. Pero también…necesaria.
Sin reprimirse, besó las sienes del muchacho y se preparó para partir cuanto antes.
Si lo que Seto necesitaba era descanso, él le proporcionaría los cuidados necesarios.
Después de todo, velar por él también había sido un hecho que jamás había pasado por alto.
Ed por su parte aguardaba a que el médico de su jefe lo recibiera, y mientras lo hacía su móvil vibró.
-¿Si?...Oh, no se preocupe. Murmuró con una ancha sonrisa en labios.-Todo salió muy bien….si, lo sé, estaré pendiente de eso. Por el momento permítame asegurarle que la fase A ha sido llevada a cabo con maravillosos resultados….¿La verdad, no se. Pero tengo preparada otra cosa por si los planes no siguen su línea original.
La voz del otro lado del teléfono pareció agregar algo más, pues Ed sonrió sin discreción alguna.
-Se lo aseguro. Todo saldrá cómo usted lo desea. El Señor Kaiba pronto caerá.
Sin más que agregar cerró el aparato.
Su sonrisa de satisfacción era extensa. Realmente le gustaba su trabajo.
Seto se sintió como si mil tanques de guerra hubieran pasado sobre él.
No trató siquiera de moverse, sabía que era inútil con lo adolorido que se encontraba.
Tardó un poco en enfocar y cuando lo hizo se miró en su habitación.
¿Qué era lo que hacía ahí?.
No sabía. Todo lo que recordaba era un montón de alboroto y una baldosa caer sobre él. Después de eso nada.
Era todo muy extraño, y más lo era que realmente se sentía muy mal físicamente.
Él nunca enfermaba y sentirse de esa manera era incómodo.
-Mierda. Murmuró, tratando de una vez por todas de incorporarse de la cama.
Pero sus intentos fallaron con creces, provocándole que solo se quejara por el dolor.
-Maldición. Volvió a gruñir, mirándose los brazos vendados.
Algo extraño sucedía ahí, pero él no iba a quedarse para averiguarlo. Así que haciendo un intento más logró sentarse en la cama, no sin que todo le diera vueltas.
-Pero si eres un terco. Riñó una voz que reconoció en el acto.
-¿No me digas?. Indagó, ironizando obviamente el acto.
Pero la otra voz en lugar de continuar con su "rito" de devolver la ofensa, se acercó a él.
-Vuelve a la cama. Pronunció, provocando que el castaño abriera los ojos.
-No. Fue su tajante respuesta. El mareo estaba pasando.
-Hazlo, no seas necio.
-No, no lo haré.
Castaño y azul se enfrascaron en un pequeño duelo silencioso. De esos que podían durar minutos enteros sin que hubiera un vencedor.
Pero esa vez todo fue diferente.
-Por favor Seto. Vuelve a la cama.
Y la confianza del millonario se vio afectada por esa simplísima frase.
¿Desde cuando "él" lo llamaba por su nombre?.
No supo cómo llegó a la almohada nuevamente, pero seguro que Joey tenía mucho que ver en ello.
-Te traje comida y no voy a aceptar un No como respuesta. ¿Entendiste?.
El genio bufó y el rubio supo que su mensaje había sido captado.
Joey sonrió un poco y de inmediato se sentó junto al castaño, quien lo miraba como bicho extraño.
-¿Me desmayé, verdad?.
-Efectivamente así fue. Aclaró el rubio sin borrar su sonrisa.
-Entonces estoy muerto.
Joey parpadeó sin comprender la expresión.
-Estoy en mi cama, con un perro labrador a mi lado que pretende darme de comer. Cielos, lo único que me faltaba, que un Can me alimente.
El rubio frunció el entrecejo y efectivamente su gruñido pareció el de un "Can", pero ciertamente no perdería la compostura. No esa vez.
-Bueno, si deseas comer solo entonces hazlo. Por mi no hay ningún problema.
Joey se incorporó de la cama y dejó todo sobre la charola que depositó en la mesita de noche.
-Cuando termines me dices para retirar esto. Nos vemos.
Y Seto miró a su lado. La distancia no era mucha, pero en su condición le resultaba casi un logro mover sus extremidades.
Pero no por nada era el grandioso Seto Kaiba, así pues con dificultad se estiró, efectuando un rictus de dolor que indicaba su sufrimiento.
Pero jamás lo daría a conocer. Antes muerto.
Continuó estirándose y sintiendo sus tendones romperse, pero él ganaría. Lo haría y después se burlaría del rubio ese con complejos de perro que se creía superior a él.
Se burlaría, porque ya había tocado la bandeja con los dedos y solo era cuestión de halarla para….
Joey se encogió de hombros cuando el sonido de algo caer al piso se escuchó.
Afortunadamente la alfombra amortiguaba el sonido, pero no salvaba a nadie de sufrir una pequeña contusión.
Con algo parecido a la ironía es cómo se giró y encontró, en una pose muy "mona", al gran genio de Japón.
El chico se había caído de la cama.
El hecho resultaba sumamente cómico y Joey lo sabía a la perfección.
Si bien podía lanzar carcajadas al aire, no lo hizo.
Todo lo contrario, se acercó al muchacho que batallaba por reincorporarse y se inclinó hacia él.
-¿Nunca vas a aceptar que necesitas ayuda, verdad?.
El ojiazul lo miró con el entrecejo fruncido.
-No. Fue su tajante respuesta.
Joey entonces suspiró y con un poco de esfuerzo es cómo ayudó al millonario a regresar a la cama.
-Eres un terco. Baka. Así no llegarás a ningún lado y todo por….¿para que desperdicio saliva contigo?. Volvió a suspirar mientras el otro se acomodaba en su lugar.- Solo…hazme el favor de quedarte tranquilo mientras te ayudo a comer¿quieres?.
Seto no dijo nada, pero por su reciente experiencia prefirió no contradecir al muchacho.
En los minutos siguientes ambos hicieron el papel de: enfermero-paciente. Este último de no muy buen agrado. Pero era preferible hacerlo de ese modo si no deseaba otro accidente.
-¿Qué ocurrió?. Cuestionó, sabiendo que era tiempo de indagar.
-Te desmayaste, eso sucedió.
-En la empresa. Expresó el millonario, frunciendo el entrecejo.
-Oh, pues hubo un incendio y…
-Maldita sea, ahora voy a tener que ver los daños, de dónde vino ese incendio y….es increíble, jamás habíamos tenido un incendio. Alguien lo ocasionó, estoy seguro, y cuando lo encuentre pagará por robarme mi preciado tiempo. Sentenció el muchacho, recibiendo la desaprobación de su compañero.
-¿Pero es que no puedes dejar de pensar en el trabajo?. Por si no lo sabes, eso es lo que te tiene así, medio enfermo y sin energías para…
-¡Óyeme tú, no te permito que me hables de esa….!
El castaño dejó de hablar cuando un punzante dolor en la cabeza se lo impidió.
En el acto, Joey extrajo un frasquito de uno de los cajones y le dio a beber una píldora al chico que la tomó sin protestas.
El efecto del calmante llegó unos momentos después, cuando con un suspiro el ojiazul volvió a la "realidad".
-¿Qué fue eso?. Indagó inmediatamente.
-Eso. Riñó Joey un poco más repuesto del sobresalto.-Es lo que le queda a uno cuando se estresa demasiado. ¿A caso piensas que eres de hierro o algo por el estilo?.
Tú cuerpo está diciendo basta, Seto, y es mejor que le hagas caso si no quieres empeorar. Eso es lo que sucede.
El millonario cerró los ojos.
Lo que le faltaba, estar enfermo de estrés.
-Ahora trata de descansar. Sugirió el rubio después de respirar hondamente un par de segundos. Había prometido no exaltarse y lo cumpliría.- Regresaré más tarde para ponerte el ungüento en los brazos y para saber cómo estas.
El castaño no pronunció palabra alguna y tomándolo como un asentimiento, Joey desapareció de la habitación, dejando al millonario con un nudo de coraje en la garganta.
-Maldita sea, lo que me faltara, que ese perro de quinta se esté ocupando de mi.
Y de haber podido habría salido tras el chico que se creía con derecho a espetarle cosas a él.
Pero como no era posible, simplemente trató de relajarse un poco.
-Estúpido Wheeler. Balbuceó y cuando el sonido de la soledad lo golpeó, simplemente se dejó caer en ella.
-Nunca cambiarás Joey. Preocupándote por los demás aun a costa de ti mismo. Ojala que la vida nos hubiera puesto en circunstancias diferentes. De haber sido así, en este mismo momento no estaría en esta cama y tú…no estarías en esta casa solo de invitado. Estarías….
Paró el curso de sus pensamientos.
Odiaba quedarse en soledad, pues siempre los pensamientos lo dirigían a una sola dirección que prefería olvidar, pero que era imposible.
Al parecer la caprichosa vida lo había puesto de nueva cuenta en los brazos de Joey Wheeler y si se era completamente sincero, no se creía con las fuerzas suficientes de seguir huyendo de él.
-¿Ya despertó el señor?. Indagó Naya con enorme curiosidad.
-¿Tú qué crees?. Cuestionó el rubio, haciendo reír a la nana y a la cocinera.
-No se exalte, el señor Kaiba es así. Aconsejó Bertha.
-Lo sé. Lo sé. Siempre pretendiendo ser superman cuando es un ser humano como cualquiera. Acotó.- Un ser humano maravilloso que no entiende que se está haciendo daño.
Tanto Naya como Bertha se miraron.
Desde hacía días que miraban al rubio envuelto en la preocupación y la esperanza.
Al parecer el muchacho era mucho más de lo que aparentaba, y eso lo supieron fácilmente desde la primera riña entre él y su jefe.
-Iré a descansar un poco. Si me necesitan estaré en mi habitación. Aclaró, no queriendo seguir en sus pensamientos.
Las dos mujeres lo miraron salir de la cocina.
-Yo creo, que hay algo atrás de todo esto. Informó Bertha en confidencia.
-¿Algo tras todo esto?. No te entiendo. Murmuró la niñera.
-Oh, claro que lo entiendes, solo que eres demasiado recta para querer afirmarlo. Medio riñó la cocinera, al saber que su tema de conversación no sería seguido.
-¿A qué te refieres con que soy recta!. Gruñó Naya un poco ofendida.
-A nada hombre. Solo digo que tal vez todo esto se termine muy pronto.
-¿Todo…esto?.
Bertha gruñó a modo de respuesta.
-La juventud de hoy. Alguien debió hacer enfadar al Dios de la inteligencia. Por eso los jóvenes no entienden nada de nada.
Naya enarcó una ceja.
No había nadie que entendiera a la cocinera. Nadie. Ni siquiera ella misma. Por eso prefirió no hacer caso a sus palabras y seguir con lo suyo.
Sin embargo algo de entre toda la charla con Bertha le hizo pensar que efectivamente y como iban las cosas, esa atmósfera deprimente que siempre había rodeado esa mansión, pronto se alejaría.
Una corazonada quizá, pero algo le decía que debía creer en eso.
11:55 de la noche. Solo cinco minutos y el año nuevo llegaría.
Despedir aquel precioso año en una de las capitales más grandes del mundo había sido idea de Joey. Y él, incorregible enamorado, había aceptado cumplirle el capricho.
Él habría preferido ver llegar el nuevo desde una cabaña en los Alpes Suizos, incluso en la playa. A solas, solo su cachorro y él. Compartiendo un evento que sería la pauta para sueños y metas venideras.
Ese año había sido espectacular para él. Había conocido a la persona que había robado su corazón sin misericordia y realmente adoraba que así hubiera sucedido.
Por tal era necesario celebrarlo de una íntima manera, cosa que Joey no había aceptado, alegando que deseaba escuchar el sonido de las personas dando la cuenta regresiva y gritando cual desquiciados al año nuevo.
Era un capricho, uno añejo que el rubio tenía. Pues siendo Japón de otras costumbres, este país celebraba el año nuevo de manera diferente y no como en la televisión.
Por eso se encontraba ahí, escuchando desvaríos de personas desconocidas, pero mirando la sonrisa ansiosa de su pareja.
Y recordó entonces que por esa sonrisa, él habría sido capaz de matar.
-Solo un minuto, Seto. Apremió el rubio, mirando el gigantesco reloj digital que marcaba ya la cuenta regresiva.
El castaño entonces asintió, abrazando al cachorro que tiritaba de frío y de emoción.
-Deberíamos de ir a la habitación. Te estas congelando. Susurró el ojiazul, mordisqueando la oreja del cachorro que se estremeció.
-En un momento. Ya faltan segundos. Imploró el muchacho, recibiendo un segundo mordisco que le erizó los vellos de los brazos.
Para Seto las frivolidades de festejar la llegada de un nuevo año jamás habían, ni tendrían sentido.
Sin embargo en esa ocasión la tenían, pues un motivo muy importante estaba a su lado, y eso, jamás lo dejaría.
-Te amo. Murmuró el castaño, abrazando aun más a su pareja.
Joey entonces había dejado de mirar el reloj y tras girarse para sentir el calor de su pareja envolverlo aun más, sonrió.
-Yo te amo más, Seto.
Las voces por fin gritaron ¡10, y ambos se unieron en un beso voraz y sensual que de haberlo mirado alguien, sin duda abría querido unirse al show.
Los segundos transcurrían, pero ya nada importaba más que besarse y dejar en el cuerpo del otro la esencia, el alma, el amor tan grande y poderoso que tanto uno sentía por el otro.
Hacerse recordar que se amaban sobre cualquier cosa y que eso jamás, nunca, cambiaría.
Cuando el cero se escuchó y el juego de luces preparado para esa noche hizo su presentación, los amantes continuaban besándose, sabiendo que comenzaban un maravilloso año con el pie derecho.
-Feliz año, amor. Pronunció el rubio sin despegar sus labios de los del castaño.
-Gracias por estar a mi lado, cachorro.
Joey sonrió, abrazándose con felicidad a su pareja.
Su sonrisa solo podía indicar una cosa: Que era terriblemente feliz.
Sin esperar nada más volvieron a besarse y esa vez Joey aceptó la propuesta de Seto para regresar a la habitación.
Hacía frío, pero realmente ellos ya ni lo sentían.
El fuego del amor lo había opacado por completo.
---
---
Seto suspiró antes de abrir los ojos. Aquel recuerdo era uno de los tantos que aun conservaba en la memoria y del cual no había querido deshacerse.
Era tan valioso para él como lo era su hijo, y aunque doliera recordar tiempos mejores, por nada del mundo habría cambiado esa experiencia.
Movió un poco su cabeza y se dio cuenta de que había dormido más de lo debido.
Probablemente Joey le había administrado un calmante y había dormido bastante.
Eso le sentaba bien. No recordaba la última vez que había dormido tanto y tan bien.
Trató de sentarse y con esfuerzos lo logró.
No le gustaba estar así. Se sentía….indefenso, y Seto Kaiba podía serlo todo menos indefenso.
La soledad gritaba tanto que estaba por quedarse sordo. Necesitaba salir de ahí o al menos distraerse.
Y como caído del cielo, justamente eso fue lo que ocurrió.
La puerta se abrió, revelando la estilizada figura de Joey.
Seto debía reconocer que había cambiado esos años. Para bien, obviamente.
Sus facciones habían madurado un poco y el cabello largo lo hacía ver…terriblemente irresistible.
-Que bueno que ya despertaste¿cómo te sientes?.
-Cómo si un tren me hubiera arrollado.
El rubio rió y Seto no ocultó la sonrisa que involuntariamente sus labios dejaron ver.
La atmósfera entre los dos se había suavizado.
-Bien. Mira quien vino a visitarte.
El millonario sonrió extensamente ahora, al mirar al bebé que el rubio le mostraba.
-Mokuba. Pronunció con bastante alegría. Su hijo siempre conseguía poner un poco de luz a su vida oscura.
-Si. Asintió Joey.-Este pequeño quiere ver a su papá y cómo ha estado muy juguetón decidí traerlo un rato para que te viera¿verdad señorito Mokuba?.
El bebé rió, elevando sus manitas a modo de juego.
-Es igualito a su papá en lo expresivo. Bromeó Joey, depositando al niño en la cama mientras ayudaba a su papá a sentarse.
-Si, igualito a mi¿Verdad mi amor?
Joey nunca había visto la interacción entre Mokuba y Seto, pero por lo que decía Naya era muy estrecha. Eso lo comprobaba en esos momentos. Seto no sonreía así para nadie.
Mokuba reía a más no poder. El risueño carácter del pelinegro era tal que terminó contagiando a su tío, el cual ayudaba para que su padre pudiera conversar y jugar con él.
A simple vista el cuadro era ordinario. Un tío y el padre de un hermoso bebé alegre.
Pero la realidad no es siempre la que se mira de repente, pues más allá de las apariencias, podía apreciarse una verdadera familia, que sin percatarse dejaban ver la gama de sentimientos que solo una ocasión especial permite ver.
-¿Cómo ha estado?. Cuestionó Kaiba tras sostener la mano de su hijo.
-Bien. No hay nada de lo que tengas que preocuparte. Anunció el rubio, quien se había sentado al lado de su cuñado para que Mokuba jugara.-Por cierto, creo que ya quiere gatear.
-¿Tan pronto!.
La sonrisa del ojiazul hizo reír a Joey. Jamás había visto tan sorprendido y feliz al muchacho.
-Si. O al menos eso es lo que dice el pediatra. Ya se mueve mucho y es un niño muy inteligente.
-Claro que lo es. Es mi hijo. Anunció el castaño con el orgullo que solo un padre puede profesar.
Joey sonrió.
-Por supuesto, es tú hijo. Aclaró, dejando que Mokuba continuara balbuceando.-Pero también es un Wheeler y la inteligencia la trae en las venas. Anunció con orgullo.
Seto habría podido continuar con el juego de: "dime y te diré", pero no lo hizo.
Lo que estaba sucediendo ahí era algo que ni en sus más locos sueños habría creído capaz.
Ambos estaban conviviendo de manera pacífica. Mucho más pacífica que aquella noche de la cena.
Y para él fue el indicio de que algo, muy importante, estaba a punto de suceder.
-Voy a llevarlo a dónde Naya, es hora de su siesta.
-Lo sé. Nos veremos pronto, Moki. Pórtate bien y ten dulces sueños.
Mokuba sonrió, acariciando la mano de su padre, quien revolvió sus cabellos antes de dejarlo marchar.
Antes entonces de que meditara lo que había ocurrido hacía momentos, Joey regresó con un tubito entre las manos.
-Es el ungüento para las quemaduras. Aclaró y Seto solamente asintió.
Con la eficacia de una hábil enfermera, Joey retiró los vendajes y miró más de cerca las huellas del accidente.
-Van mejorando. Dijo, mostrándole al ojiazul el buen trabajo del ungüento.
-Dentro de algunos días podrás moverte con más soltura.
-¿Con mas soltura?.
El rubio se sonrojó.
-Debo confesar que el que te cayeras de la cama es, en parte, mi culpa.
Seto enarcó una ceja y se dio cuenta, cuando Joey retiró las vendas, que su movilidad aumentaba.
-Así que las apretaste más de la cuenta¿no es así?
Con el rostro bajo y evitando a toda costa ver al millonario, el rubio asintió. Había sido una maquiavélica idea que no había podido dejar de lado.
Se confesaba autor intelectual de la obra y aunque en otras circunstancias no habría aceptado su delito, en esos momentos si.
Joey esperaba una riña o incluso algún grito, pero todo lo que obtuvo fue una estruendosa carcajada que le hizo alzar la mirada y dirigirla al chico sobre la cama.
-Realmente si pudieras canalizar esa energía tuya a otra cosa, sería estupendo.
-¿Es…es decir, que no me vas a gritar ni a llamar perro idiota o algo así?.
El ojiazul negó, despejando su frente de algunos cabellos.
-Esta vez lo dejaré pasar. Solo porque mi hijo me puso de buen humor.
El impactado rubio permaneció mirando al chico por largos minutos. Eso no podía ser cierto.
-Deja de verme o me desgastarás. Si quieres, te doy una fotografía autografiada.
Joey regresó a la realidad con esas palabras.
-Ya extrañaba tú lindo léxico.
-Claro, soy difícil de olvidar.
Y la habitación volvió a quedar en silencio.
El último comentario tal vez, no fue el mejor.
El reloj marcó las ocho mientras Joey, con suma paciencia y cuidado aplicaba el ungüento.
Esa noche no habría vendas.
Seto mientras tanto se permitió cerrar los ojos.
Las manos de Joey sobre su piel eran sensaciones que jamás había experimentado con nadie más que con él.
Oleadas de paz, de placer, de…algo, que no deseaba mencionar aun.
-¿Te duele?. Murmuró el rubio.
-No. Es solo que es…relajante.
Joey sonrió. Realmente las heridas de Kaiba no eran tantas ni tan graves.
Simplemente continuaba en cama por la debilidad de su cuerpo.
En ese momento de quietud y de absoluta inocencia, el rubio pensó que tal vez podía sacarle partido a su "habilidad" con las manos y así se lo hizo saber al castaño.
-Si quieres, puedo masajear un poco tus brazos y piernas. Como en las terapias de rehabilitación.
Estimulan los tendones y relajan el cuerpo.
La propuesta era verdaderamente tentadora y el millonario la aceptó porque debía…necesitaba seguir sintiendo esas manos sobre su piel.
-Pero no ahora. Murmuró, cuando Joey ya se acomodaba sobre la cama.
-¿Cómo?.
-No ahora. En un par de días.
-Pero…
-En un par de días. Resolvió el castaño y Joey asintió en automático.
La cosa era que de un momento a otro el rubio se sintió ridículo. Lo que fuera que hubiera ocurrido se había ido y él no tenía más pretexto para estar en ese lugar.
Por eso, con total recato, bajó de la cama y colocó el ungüento en la mesita de noche.
-Si…si deseas algo solo…llámame. Susurró, desviando el rostro de los ojos de Kaiba.
Después de eso salió y se recargó en la puerta cerrada.
-¿Qué te sucede Joey?. ¿A caso lo que le dijiste fue una propuesta?. Se riñó, procurando mantener el control de sus emociones.-Cielos, realmente me estoy volviendo loco.
Respiró varias veces antes de bajar y anunciar que saldría un rato.
No entendía lo que había sucedido, solo que había sido un momento realmente hermoso y apacible. Uno, como en antaño solían tener Seto y él.
Tal vez su inconsciente le estaba jugando bromas y lo que pretendía ser una propuesta "simple", había terminado siendo lo contrario.
Tal vez Kaiba se había percatado de eso y por ello lo había rechazo.
-Solo lo…pospuso. Se dijo, caminando hacia el centro.-Eres tú quien piensa cosas estúpidas, Wheeler. Ya deja de…tener esperanzas.
Con la última reprimenda hacia el mismo es cómo siguió avanzando, tratando de ignorar las voces punitivas que continuaban torturándolo.
De ese día transcurrieron cuatro, en donde Joey y Seto solo se miraban lo necesario.
Para Joey, aquella propuesta había sido como un delito imperdonable.
Tal vez estaba haciendo un alboroto inmenso en una gota de agua, pero con los recuerdos y sentimientos a flor de piel, era casi imposible no entenderle.
Seto por su parte, solo se dedicaba a reponerse y a hablar solo lo necesario con el rubio.
Jamás explicó nada y en realidad nunca lo hacía. Era hombre de pocas palabras y así siempre sería.
Por lo tanto dedicaba la mayoría de su tiempo en relajarse y en sentir que poco a poco recuperaba su estabilidad física.
No fue sino hasta el quinto día, cuando Joey regresaba del cuarto del bebé, que sucedió.
-Ya es hora. Dijo Kaiba en tono normal.
-¿Hora?. ¿Hora de que?.
-Del masaje.
Y el rubio no pudo moverse.
No estaba preparado para eso, ni siquiera para la repentina manera de hablar de Kaiba.
-Pero…
-Lo había estado postergando, pero este es el momento indicado. ¿O la oferta ya no está en pie?. Indicó, aguardando por una respuesta.
Joey sintió que su quijada temblaba levemente. ¿Qué le estaba ocurriendo?.
-O tal vez te arrepentiste y ya no quieres…
-No. Negó el rubio con prontitud.-No es eso, es solo que…
Seto se sentó en la cama. A esas alturas ya caminaba un poco, y desde su posición miró de manera seria a su compañero.
-¿Cuál es el problema entonces?. Si eso va a relajarme¿entonces que esperas?.
El de ojos melados tragó en seco.
Ni el mismo sabía que esperaba.
-Tengo que…
-Solo haz lo tuyo y punto. Añadió el ojiazul perdiendo la paciencia.
Era uno de esos momentos donde la vida se juega. Aceptar o no.
Para Seto aparentemente solo era un ejercicio, pero para Joey era…
-"Maldición". Se riñó, sabiendo que estaba siendo dramático e idiota en su manera de pensar.- "Solo es un maldito masaje, por todos los dioses, como si nunca hubieras dado uno".
-¿Y?. Apremió el ojiazul, quien no se había movido de lugar.
-Nada…solo estaba….solo acuéstate.
Al final había cedido.
Realmente era ridículo todo eso.
Era un simple masaje, como los que solía dar en la clínica especial.
Algo que lo había hecho con muchos y que traía beneficios.
Él deseaba que el castaño se recuperara y eso podría favorecerlo.
Así pues, suspirando, se dio a la tarea de repasar sus días de ayudante de fisioterapia y tranquilizarse un poco.
Decir que el contacto con Kaiba no lo alarmaba, era mentir rotundamente.
En esos días habían pasado muchas cosas por su cabeza y realmente eso, ya era el colmo de la exageración.
Suspiró hondo y permitió que Seto se recostara, el cual cerró los ojos con absoluta calma y tranquilidad.
-"A él ni le importa". Se dijo, sentándose en la cama de manera en que pudiera abarcar bien la zona.
-Empezaré por tus piernas. Si te duele, me dices.
El castaño cabeceó en aprobación.
Antes de iniciar, Joey se encomendó a todos los dioses y santos del mundo, y cuando puso la mano en la pierna derecha del ojiazul, se congeló un momento.
Pasaron varios segundos antes de que el rubio abriera los ojos y viera que nada había sucedido.
Ni Seto se había molestado, ni había gritos ni nada de eso.
Suspiró confiado. Como lo intuía: no pasaba nada.
Así pues con la mano diestra que algún día había poseído, es cómo comenzó el masaje.
El castaño realmente estaba tenso y si habría hecho las cosas sin ropa, estaba seguro de que vería fácilmente las marcas de ese estrés en la piel del millonario.
En cierta forma agradeció a esa técnica que no exponía la piel directamente. Era, en ocasiones, ideal para personas "vergonzosas".
Continuó subiendo, mirando el total alejamiento del ojiazul.
Este continuaba con los ojos cerrados, totalmente ajeno a lo que en el mundo sucedía. Eso le gustó a Joey, al menos ya estaba relajándose.
Sin embargo y cuando sus manos llegaban ya al abdomen del genio, una mano lo detuvo por la muñeca con algo de brusquedad.
-¿Sucede algo?. Indagó, esperando no haber hecho algo mal.
Seto abrió los ojos y se encontró con los desconcertados del rubio, quien aguardaba por la respuesta.
-¿Sabes en qué estaba pensando?. Murmuró el ojiazul tan bajito que casi no se escuchó.
-N-no. ¿En qué?. Quiso saber Joey con cierta curiosidad.
El genio se incorporó, quedando a la misma altura que el de ojos melados, el cual y por algún motivo en particular había perdido la movilidad.
-En todo lo que has hecho por nosotros en esta familia.
-¿No-nosotros?.
-Mokuba, Ed, el resto de las personas y por supuesto, por mi.
Joey no supo que decir. ¿Era eso un agradecimiento?.
-Lo hago con gusto.
-¿Seguro?. Indagó el castaño sin aun soltar su muñeca.
-Seguro. Yo no haría nada si no estuviera seguro de lo que hago.
La respuesta pareció satisfacer al castaño, porque relajó las facciones un poco.
-Eso me gusta escucharlo. ¿Sabes por qué?.
-No, ni idea. Solo se que esto se pone…complicado y quisiera, si no es mucho pedir, que me regresaras mi mano por favor. Me haces daño.
Pero el quejumbroso cachorro no obtuvo esa vez lo que deseaba, sino que sin esperarlo un tirón lo hizo caer de bruces en la cama, sintiendo desconcierto por el repentino movimiento.
-Me gustaría…¿cómo dijiste aquella vez?. Susurró el ojaizul a oído de un desconcertado rubio.-Ah si, me gustaría pagarte de alguna manera todo lo que has hecho por mi.
Joey abrió mucho los ojos, a pesar de que aun le daba la espalda a Kaiba.
-No necesito nada. Ya te dije que lo hago…
-Lo sé, pero aun así me gustaría insistir. ¿Y sabes, he encontrado "el pago mas conveniente".
Cuando Kaiba lo giró y Joey lo miró arriba de él, tan decidido y con los ojos luminosos, supo, que las cosas no volverían a ser jamás como antes.
Así que aceptando que el corazón cabalgaba desbocado y sus manos comenzaban a estrujar la manta de la cama con fuerza, se rindió a lo que el ojiazul quisiera hacer.
Ya no tenía, ni quería, seguir yendo contra la corriente. Ya no podía.
-¿Cuál es ese pago conveniente?. Quiso saber Joey, mirando a Kaiba acercarse a él.
-Pues...un beso. Susurró en su oído y tras morderlo se dirigió rápidamente a los labios del rubio, quien lo recibió como se espera el agua tan anhelada en medio del desierto: Desesperada y gratamente.
Se besaron con hambre, con sed, con todo aquello que arremolinado en su corazón les gritaba por salir.
Joey permitió a sus manos vagar por la espalda de Kaiba, quien parecía haber recuperado la movilidad de sus miembros.
Sentir el cuerpo del ojiazul sobre el suyo, solo le traía sensaciones ya antes experimentadas, pero reprimidas para no hacer daños a terceros.
Sin embargo en ese momento ya nada importaba. Ni el recato, ni otros, ni nada. Solo ambos y lo que estaban sintiendo en esos momentos.
Con ansia y si, tal vez desesperación, Seto buscó la piel del rubio, encontrándola en su abdomen. Ahí dónde su ombligo se hundió un poco al sentir sus manos vagar y subir hasta su pecho, dónde se entretuvieron recordando las vibrantes sensaciones que habían causado sobre la misma persona mucho tiempo atrás.
El de ojos melados enarcó la espalda cuando percibió las estilizadas manos del millonario sobre sus pezones endurecidos ya.
Esa mágica sensación electrizante había recorrido su médula, haciéndole sentir excitado, por ello y sin detenerse ante nada, es cómo él también buscó piel. Buscó acariciarla, tocarla, sentirla tan suya como el aire que respiraba, para no dejarla ir ya nunca jamás.
Jadeos sonoros se escuchaban por la habitación y entre besos entrecortados y caricias tentadoras, se miraron.
Kaiba sobre Joey. Castaño bajo azul. Brillo de ansiedad y sentimientos que eran posibles mirar desde cualquier ángulo.
El aire caliente de sus respiraciones les hizo sentirse vivos por vez primera en todos esos años y sin siquiera detenerse a cuestionarse si lo que hacían era permitido o no, dieron rienda suelta a todo lo oculto durante años de martirio.
Volvieron a besarse, esta vez con más necesidad.
Sus manos se encargaron inmediatamente de desaparecer a los intrusos. La necesidad de continuar recorriendo la piel del otro era imperativa. Un deseo, una loca obsesión necesaria para seguir existiendo.
Si bien Seto se deshizo con bastante esfuerzo de la camiseta verde de su compañero, comenzó a mordisquear el cuello de su amante.
A saborearlo, a sentirlo tan suyo como en otro tiempo lo había sido.
Se deleitó con los suspiros, con los pequeños gemidos extraídos de la garganta de aquel a quien tanto añoraba.
Lo deseaba como jamás había deseado algo y por fin, años reprimidos de lívido convertidos en enfrentamientos y riñas absurdas, saldrían para apagarse como era debido.
El rubio gimió alto cuando la lengua del ojiazul acarició su cuello sin ninguna clase de misericordia.
Realmente estaba disfrutando como nunca y al enarcar su espalda una vez más, le dio una probada al hombre sobre si, de lo que él también era capaz de hacer.
Ambas pelvis chocaron a propósito, creando una fricción necesaria y tan deliciosa que los dos suspiraron en busca de más.
Joey lanzó lejos la camisa del pijama y posó sus manos sobre el pecho de su amante.
Seto había cambiado, mucho. Y muestra de ello eran los cambios físicos que en lugar de hacerlo retroceder, lo encendieron aun más.
Ya no eran ciertamente los de antaño, pero la chispa y el flama en su interior si lo eran, obsequiándoles diversos pensamientos del cómo atacar y poseer lo que tenían enfrente.
Sin pensarlo demasiado, Joey detuvo la pelea de Kaiba con su cuello y lamió despiadadamente aquella proporción de piel expuesta solo para él.
Lo hizo como un gatito melosos en busca de leche, o en su caso, un cachorro hambriento.
Mordió, acarició, se deleitó con los suspiros del castaño y los disfrutó porque verdaderamente lo había extrañado como nada en la vida.
Kaiba detuvo su peso contra la cama. Enarcar la espalda para sentir más de esa lengua juguetona era todo lo que deseaba, pero también necesitaba más. Así pues retomando el control es cómo empujó suavemente al cachorro que gruñó al verse interrumpido, y con una sonrisa le indicó, sin palabras, que aguardara.
El expectante rubio así lo hizo, sintiendo la electricidad recorrer todo su cuerpo.
Las manos de Seto estaban bajando por sus piernas como momentos antes las suyas hacían por las de él.
Era una sensación indescriptible, tan endemoniadamente deliciosa que todo lo que hizo fue estrujar la maltrecha almohada a su espalda y rogar por más.
El ojiazul sonrió. Prueba superada, sin embargo no quedaría en tan solo caricias, por lo que desprendiendo los pantalones es cómo se inclinó sobre el abdomen del muchacho bajo él y lo besó, deleitándose con las contracciones de la suave y dulce piel de su amante.
Continuó bajando, besando, aspirando ese aroma que tanta falta le había hecho. Que en antaño había sido el necesario para su existencia y que retomaba para llenar sus pulmones de Joey. Solo de él.
Cuando la ropa se esfumó y la erguida hombría del rubio lo llamó a gritos, suspiró. ¡Cómo le había extrañado!.
El de ojos melados respiraba entrecortadamente, acariciando los cabellos castaños ya revueltos. Esperando, sintiendo que la vida se le iría en cualquier momento de las manos y todo a causa de la enorme felicidad que sentía en esos momentos.
Así, cuando Kaiba introdujo la erección en su boca, lanzó un gemido al aire. Tan alto que no se detuvo a pensar que cualquiera en la casa podría haberlo escuchado.
Nada importaba, solo ellos dos.
Seto lamió y succionó con paciencia. Cómo cuando le dedicaba tiempo precioso a sus proyectos. Pues ese era, el más importante de sus proyectos.
Así mismo y no demorando las cosas, dejó la erección para besar en retrospectiva la piel nívea del rubio y lo que encontró, cuando alcanzó los ojos castaños, fue un deseo por él que jamás había visto en nadie más.
Besándose y deleitándose con la música insonora de los suspiros y caricias, Joey entrelazó sus dedos con los de Kaiba y en una fugaz y deliciosa idea llevó a su boca la otra extremidad, besándola como se venera lo sagrado.
El castaño besó el cuello de su amante y cerró los ojos cuando con deleite el cachorro jugó con sus dedos dentro de su boca.
La sensación era tan asfixiante que si no lo tomó en el acto fue porque el mismo rubio colocó uno de esos dedos en su entrada y con sonrisa sexy comenzó a empujarse él mismo contra ellos.
Seto ronroneó, la sensación era deleitante, única y magnífica, por lo que imprimiéndole más ritmo a la situación introdujo otro dedo, aprovechando para morder a su antojo el tórax y mandíbula del muchacho que gemía y enarcaba la espalda cual serpiente hipnotizada.
El solo pensamiento fue el suficiente para terminar la invasión con los dedos e indicarle al rubio que lo poseería en el acto.
Joey asintió, llevando sus manos a la pretina del pantalón para recorrerlo y con él los estorbosos pantalones, que le dejaron ver el cuerpo que tanto había amado.
Por ello sin más volvieron a besarse, a sentirse, a recordarse. A saber que esa unión sería eterna, al igual que las muchas otras que alguna vez habían tenido.
El genio comenzó a empujar lentamente, deleitándose con la estreches, sintiendo la calidez de aquel cuerpo delicioso.
Lo deseaba, lo extrañaba, lo haría suyo una y otra vez hasta que el tiempo y el espacio se cansaran de mirar y les permitiera ser uno, una vez más.
Y así lo hizo, envistiendo certera y duramente para extraer un gemido. Mitad dolor, mitad éxtasis.
El sudor comenzó a evidenciarse en los cuerpos y tanto uno como otro se miraron.
De nuevo eran uno. De nuevo juntos y supieron, cuando el vaivén comenzó a tomar forma, que la Flama de la pasión sería eterna, porque para ambos siempre serían los primeros y los últimos.
Los jadeos comenzaron a convertirse en gemidos desesperados y excitantes, marcando el ritmo que la cama comenzó a tomar cual normalidad.
Besos, caricias, respiraciones calientes que solo hacían más erótico y fogoso el instante.
Llegado el momento y al sentir que el castaño lo masturbaba al ritmo de sus envestidas, Joey no pudo más con tanto deleite, finalizando en un orgasmo que Seto siguió en el acto, no sin no escuchar su nombre salir de labios del cachorro que se había aferrado a su espalda con desesperación y necesidad. Cómo queriendo fundirse para siempre con él.
Unos momentos después y cuando la piel sensible se erizaba a cualquier contacto, Joey lo tocó, provocando deliciosos escalofríos en su cuerpo.
-Aun es…temprano. Susurró el rubio tras lamer su cuello y dejar un hilillo de saliva sobre él.
-Eres un cachorro muy malo¿lo sabías?. Murmuró el castaño, haciendo sonreír a Joey, quien en retribución deslizó su dedo índice por la espalda de su amante.
-Lo sé, y quiero mi castigo. Ronroneó, y fue lo último coherente que pronunció pues en el acto Seto lo haló y el gemido que ambos elevaron entre la casi penumbra de la habitación, fue el comienzo de más.
Pues aun tenían mucho que recordar, cosas nuevas que encontrar y muchos jadeos entremezclarse con el placer.
La flama apenas reiniciaba.
Continuará….
Bien, no se que opinan del cítrico pero espero que les haya gustado
Esto ya va de salida (Del cielo se escucha un gran ¡Aleluya! '''), pero aun queda algún asuntillo que solucionar por ahí.
Así que espero contar con su presencia hasta el final.
Agradeciendo como siempre sus comentarios, quienes son los que me hacen crecer.
Ahí voy solucionando mis problemas y el escribir me ayuda demasiado.
Bueno, en el siguiente chap vuelve a salir esa, esa, esa mujer (léase Kisara) ¿Se nota mucho que me desagrada? Jejeje. Y bueno a ver que sucede
Nos vemos a la próxima y estoy a sus órdenes para cualquier comentario, duda, chisme o aportación
Su amiga:
KLF
