TITULO: Dreams
Capitulo: El plan
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: ¿Cuán poderoso es el amor?. La última etapa antes de descubrir el poder de los sueños.
Pairings: S/J
Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.
Raiting: PG.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
Tiempo: En calidad de Universo Alterno.
Lugar: Japón
FEEDBACK: Murmuró entre divertido y dormido.
-¿Basta?. Ese juego no lo conozco. Pronunció el otro, continuando con lo que hacía.
-Pues es un juego y bastante divertido, por cierto.
-¿En serio?. No lo recuerdo.
-Es porque no es sexual.
-¡Ah!. Entonces no me interesa.
El rubio río, desistiendo de detener a su amante.
-Seto, son las siete y media de la mañana. ¿No podrías dejarme dormir aunque sea diez minutos más?.
El castaño, quien se deleitaba aprisionando y mordiendo a su amante, negó rotundamente.
-No. No quiero dejarte dormir.
-¿Pero a caso eres de piedra?.
-Pues…tú dime si soy de piedra.
-¡SETO!. Riñó el rubio, escuchando la carcajada del muchacho a su lado.-Eres incorregible, ¿lo sabías?.
-En dado caso tú también cachorro, tú también.
Y Joey se rindió a las palabras del castaño, porque realmente estaba escrito que no dormiría ni lo dejarían dormir.
Así pues se dio la vuelta, dejando que la sábana cayera hasta sus caderas y mostrara solo un poco de lo mucho que Seto ya conocía.
-Me encanta lo que veo. Merece ser pintado.
-No digas bobadas. Murmuró el de ojos melados, besando levemente los labios del otro.
-No son bobadas. Lo digo en serio. Eres tan…erótico que no hay motivos para no volverte a tomar ahora mismo y hacerte gritar de placer entre mis brazos.
-Engreído. Rió el rubio, sucumbiendo efectivamente a las palabras del castaño, que en el acto invadió no solo su boca, sino su cuerpo entero.
La mañana comenzaba igual que las pasadas cinco.
Desde aquella noche que ninguno salía de la habitación. Solo lo necesario y para realizar tareas simples que culminaban de nuevo en la cama, el piso, la silla o dónde fuera que las mentes jóvenes y ávidas de más, desearan.
La casa entera mientras tanto, continuaba con sus ocupaciones, haciendo caso omiso a la irónica y muda pregunta que se hacían con referencia al jefe y a su…¿cuñado?.
En realidad no importaba demasiado, pues los aires de esa casa estaban cambiando para bien.
-A veces me pregunto el por qué él no llegó antes a esta casa. Suspiró Bertha, sirviéndole una taza de café a Ed.
-Hay muchas cosas que se esconden tras las paredes. Dijo el custodio, sonriéndole a la cocinera.
-Si lo sabré yo. Medio rió la mujer.-Sin embargo, todo se ve tan cambiado. Realmente es agradable ver un ambiente neutro en toda la soledad y tristeza que existía por aquí.
-Lo sé. El joven Wheeler nos cae como del cielo, ¿verdad?.
Bertha asintió a las palabras de Ed, imitando la extensa sonrisa del guardaespaldas.
Solo cinco días, solo ese pequeño pero significativo número que lo había cambiado completamente todo.
Era sensacional, y quien dijera lo contrario, se merecía un castigo del cielo.
-Solo quiero ver al jefe feliz. Musitó la cocinera, retirando algunas cosas de la estufa.-Le hace tanta falta ese sentimiento.
-Créeme Bertha, a partir de ahora es lo único que tendremos en esta casa: rostros sonrientes, risas, una que otra discusión pero en sí, mucha felicidad.
La mujer asintió, creyéndole al custodio que finalizó su café y se retiró.
Ese día sería tranquilo.
Sin embargo apenas llegar al comedor, su móvil vibró.
-¿Si?.
-¿Cómo van las cosas?. Indagó una voz más que conocida para él.
-Perfectamente. Cinco días de "inactividad". Rió y la voz pareció quedarse un momento en shock.
-Vaya…si que son "inactivos".
-No tiene idea.
-¿Entonces ya es un hecho de que él caerá?.
-No le doy mucho tiempo ya. Afirmó Ed, saliendo de la casa.-Sin embargo hay que estar atentos a cualquier cosa que pueda echar a perder sus planes.
-Descuida, a estas alturas ya nada puede salir mal. Caerá completamente. Yo lo garantizo.
El custodio lo sabía. No por nada el plan era infalible.
Así pues guardó el celular y respiró profundo.
Realmente la atmósfera en esa casa había cambiado completamente y si seguía así…
-Nada saldrá mal. Él, caerá.
Roger Hakuraw leía la prensa.
Últimamente sus negocios no marchaban muy bien en la bolsa y lo único que le quedaba era meditar las estrategias que le darían al menos un punto sobre los perdidos.
Desde que su hija había muerto, las cosas que antes habrían tenido sentido para él, ya no le interesaban.
Por ello, había vendido una buena parte de sus ocupaciones y se había deslindado completamente de la vida nómada, volviéndose un sedentario definitivo en su casa, desde dónde y de vez en cuando aun trabajaba en proyectos leves.
La luz de su vida se había ido, y mientras esperaba ser llamado para ser juzgado, se dedicaría al menos a tratar de darle un poco de paz a su moribunda alma.
-Hoy pareces más ausente que de costumbre. La voz de su mujer le pegó directamente en los tímpanos.
-Solo estoy pensando. Murmuró, no tomando importancia a las maldiciones de la pelirroja.
-Si continúas así, solamente vas a cavar tú tumba antes de tiempo.
-¿No me digas?. Ironizó el hombre, depositando su diario en la mesa.-Al menos puedo comenzar a pensar cómo será.
-No me hables así. Se quejó la pelirroja.-Yo solo quiero que salgas de todo esto y te reincorpores a la vida. No es bueno para la salud.
-¿Y quieres entonces que sea como tú?. ¿Qué me pavonee frente a todos y gaste el dinero a mi antojo?. ¿Qué frecuente los clubs y continúe con la vida de frivolidad?. Discúlpame, pero no puedo hacerlo.
La mujer se sintió ofendida, sin embargo no quitó el dedo del renglón.
-Discúlpame por tratar de superar la tristeza.
-Eso no es superar, es solo….
La pelirroja aguardó, pero Roger terminó por tragarse cualquier cosa que fuera a pronunciar.
-De acuerdo, haz lo que quieras. Pero después no vengas a mí para que te ayude a salir de lo que sea.
-¿A dónde vas?.
-A ver a mi nieto, claro. Últimamente no lo he visto demasiado. Aclaró la mujer, ajustando su sombrero.
-Deberías llamar antes. No es bueno que te presentes en esa casa así como así.
-Es mi nieto. Alegó ella.
-Pero no es tú casa. Justificó él, enarcando una ceja.
-¿Cuándo he necesitado yo de anunciarme antes de ir?.
-Antes no. Cuando Serenity estaba viva no había razón. Pero ahora…
-Por favor, Roger. ¿Tratas de decirme que debo llamar para escuchar solamente que puedo ir?. No voy a hacer eso. Gruñó la mujer.
Roger por su parte solo suspiró.
-Haz lo que quieras. Pero después no vengas a llorar conmigo porque no te permitieron ver a Mokuba.
-No digas idioteces. Es mi nieto y yo puedo verlo cuando quiera.
Sin más, la mujer desapareció.
Su esposo sin embargo solo negó con la cabeza.
Ciertamente se habían distanciado un poco desde que su hija había muerto, pero él creía que su mujer debía de comenzar a mirar las cosas como realmente eran.
No deseaba que se llevara una sorpresa y él, que intuía lo inevitable, sabía que un día de esos la pelirroja llegaría gritando y maldiciendo a su hijo por "inmoral".
-Yo se lo advertí. Dijo, llamando a su doméstica para que le sirviera más café.
Camino a la ciudad, la pelirroja continuaba gruñendo por lo bajo.
Últimamente su esposo se hallaba insoportable y lo único bueno del dinero era no mirarlo diariamente.
Desde que había decidido instalarse en la casa permanentemente, no había existido poder que lo moviera de ahí.
Ya no salían, ya no paseaban en los clubs, ya no tenían vida social que hacer envidiar.
Todo, al parecer se había muerto, como su hija.
El pensamiento le hizo encoger el corazón.
La extrañaba, la echaba mucho de menos. La había llorado hasta que se hubo quedado sin lágrimas. Pero contraria a Roger, ella sabía que debía continuar. Si no por ella por su nieto, quien necesitaba de una mano materna que lo guiara.
-No como la de Joey. Ironizó.
Ella siempre había sido de la idea de que Joey no tenía absolutamente nada que hacer en la mansión Kaiba y por ello, siempre que podía, le indicaba a la niñera que era buena opción hacerle saber al jefe que lo echara de ahí.
Aceptaba que los primeros días todo era hasta en cierto modo aceptable, pero meses enteros en esa casa, ya era una aborreción total.
