TITULO: Dreams
Capitulo: El amor de mi vida
Serie: Yu-Gi-Oh!
Resumen: ¿Cuán poderoso es el amor?. La última etapa antes de descubrir el poder de los sueños.
CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
FEEDBACK: de despertar por completo, lo primero que hizo fue girarse en la cama, encontrándose totalmente solo.
Desconcertado, abrió los ojos, mirándose en la total soledad.
Trató de pensar el porqué se encontraba en esa situación, pero fue inútil hacerlo. Por ello se incorporó, buscando la bata azul que solía utilizar en las mañanas.
Se miró al espejo y si, lucía horrible.
Pero la acción nocturna que lo había dejado tan poco presentable, bien valía la pena.
Se sonrió así mismo.
Sus mañanas jamás habían vuelto a ser las mismas desde "esa vez". Y esperaba, realmente esperaba, que no cambiaran.
Salió de su habitación, dirigiéndose directamente a la que no muy lejos de ahí, le pertenecía a la personita que más amaba en la vida.
Con sigilo abrió la puerta, mirando en su interior.
Sabía que podía encontrarlos ahí, pero inesperadamente erró.
Confuso, se introdujo en la habitación, percibiendo el precioso y delicado aroma de su bebé.
-Esto si que es extraño. Se dijo, pues bien conocido era que su amante, debía estar por las mañanas con su hijo.
Pero en esa ocasión al parecer, no era así.
Por ello salió de ahí, tratando de pensar en que lugar de aquella residencia, podían encontrarse sus amados soles.
Bajó la escalinata con gestos meditabundos.
Para él, era como resolver la más complicada de las ecuaciones.
Era extraño que Joey no siguiera la rutina.
Pero su incógnita se disipó, cuando al entrar en la cocina, se topó con quien buscaba.
-Vaya, vaya. Pronunció, exaltando al rubio que jugaba con el bebé.-Debí suponer que los encontraría aquí.
Tienen un barril sin fondo por estómago.
Mokuba rió y extendió los brazos a su padre.
Por su lado el rubio solo sonrió, recibiendo el beso que su amante le daba.
-Buenos días, Seto. ¿Cómo dormiste?. Cuestionó el muchacho, acercando a la barra una taza de café.
-Mmm¿es necesario que te lo diga?. Inquirió, haciendo sonreír a su compañero.
-Incorregible. Susurró el rubio, mirando con una ancha sonrisa el cómo el millonario más grande, tal vez del mundo, se sentaba en una silla de cocina y conversaba con su hijo, quien feliz trataba de complacer a su padre.
Una íntima y tierna escena que Joey gozó y agradeció por ver.
No siempre se podía ver al diablo de la industria, en fase de papá.
-¿No falta alguien aquí?.
-Si te refieres a tu fiel personal, déjame recordarte que es su día libre.
-¿Ah si?. Preguntó el castaño enarcando una ceja.
-Si. Se los dijiste desde la semana pasada. Al menos eso es lo que escuché.
Seto movió la nariz, haciendo reír a su unigénito, quien luchaba por alcanzar un mechón de cabello castaño de su padre.
-¡Ah si!. Asintió el empresario.-Ya recordé. Con razón no te encontré en la habitación de Mokuba.
-Tenía que atenderlo. Naya tampoco está.
-Creo. Ironizó el ojiazul, ganándose un golpecito en el brazo.
-¿Y bien?. ¿Qué vas a hacer hoy?.
-Nada.
Joey parpadeó.
-¿Nada?.
-¿Tienes planes?.
-No, pero…¿si no vas a hacer nada, para que les diste el día libre a…?...¡Ahhh!.
-¡Ahhhh!. Imitó el ojiazul con cierta gracia.-Parece que si te faltan neuronas, cachorro.
El aludido gruñó a modo de juego, sonriendo con cierta venganza a lo que miró.
-Me alegra que esa bata sea tú preferida.
-¿Por qué?.
-Porque ahora aprenderás a no burlarte de los demás.
Seto no comprendió la oración. No, hasta que miró a su hijo, quien con sus enormes ojitos lo observaba con algo parecido a la culpabilidad.
-¡Argg, no!. Gruñó el muchacho al mirar el porque su amante reía.-Esto es asqueroso.
-Bienvenido al mundo matutino de tú hijo. Gracias por hacerlo eructar y vomitar.
Seto hizo un mohín de asco que solo hizo reír más a sus compañeros.
-Ya deja de sacudirlo. Riñó el rubio.-Así solo conseguirás que te siga…
-Ya, ya, ya experto en bebés. No me sigas diciendo eso.
Joey gustoso habría continuado burlándose, pero lo que parecía el tostador, sonó su alarma.
-¡Genial. ¿Quieres waffles para desayunar?.
Seto frunció el entrecejo.
-¿Escuché bien?. ¿Dijiste Waffles?.
-Si. ¿Qué de malo tiene?.
Seto giró los ojos.
-Oh, bueno. Es lo único que haré. No pienso preparar un lujoso desayuno, después de la noche que tuvimos.
En eso si le daba la razón.
-De acuerdo. Aceptaré uno de tus waffles. Ya sabes cómo me gustan.
-Si, sin miel pero con mermelada y dos trocitos de mantequilla. ¡Al punto!. Indicó el rubio, sirviéndole a su amante lo que pedía.
Seto sonrió con agrado. Al parecer los años no jugaban con la memoria.
-Por cierto, gracias por acompañarme anoche a la fiesta, cachorro.
-No agradezcas. Fue…entretenido. Afirmó el chico, dándole jugo al bebé.
Sin embargo y a pesar de su sonrisa, no pudo dejar de recordar a la peliblanca y sus palabras.
Si, a pesar de eso había tenido una noche buena con su amante. Llena de caricias y susurros que aun le erizaban la piel.
Pero existían los recuerdos, y estos no parecían querer darle tregua.
Las palabras de Kisara fluían en su mente una y otra vez.
No podía evitarlo. Sabía que solo se estaba dañando, pero al mirar la imagen de Seto, quien hablaba con su hijo, no pudo dejar de pensar en si él realmente era necesario en esa casa.
Lo deseaba más que nada, mentiría si lo negara, pero…la duda, la maldita duda incrustada en su alma, no desaparecía tan sencillamente.
Suspiró hondo, mirando con desgano su desayuno.
-¿Qué ocurre?. Inquirió el ojiazul.
-Nada. Sonrió, tratando de aparentar un estado de ánimo que no tenía.-Solo estaba recordando algunas cosas.
-¿Malas?.
-No. Volvió a negar.-Solo cosas.
Seto no quedó muy convencido, pero ya después le sabría sacar la respuesta.
El desayuno transcurrió en aparente calma. Todo, hasta que el teléfono sonó.
-¿Podrías atender?. Pidió el rubio, quien estaba manteniendo otra de sus usuales riñas con Mokuba.
De haber sido cualquier otra persona quien hubiera mencionado eso, seguramente ya estaría muerto.
Pero Joey, prácticamente podía pedirle que se lanzara del Everest, y extrañamente, lo haría.
Por eso se incorporó y levantó el auricular de la cocina.
-¿Diga?. Indagó con su gruesa voz.
-¿Se encuentra Joey?.
Seto enarcó una ceja.
¿Era su imaginación o se trataba de un hombre?.
-Depende para que lo necesite. Fue su respuesta cortante y fría.
-Es personal. La otra voz no se amedrento.
-Si no me informa para qué lo necesita, no se lo comunicaré.
La sangre del ojiazul estaba hirviendo.
-Mire. Gruñó el del auricular.-No tengo tiempo que perder, y menos con usted. Así que de buena manera comuníqueme con él, o…
-¿O?. Retó orgullosamente el genio, decidido a vencer en la contienda.
Pero lo que dijo la voz, él no lo escuchó, pues lentamente el rubio le quitó el auricular.
-Déjame solucionar esto, quieres. Pidió, cediéndole al bebé.
Seto se indignó.
¿Qué se creía Joey que era para interrumpir así una riña?.
Eso se lo pagaría.
Y a pesar de todo, no pudo dejar de mirar a su amante, quien había respondido la llamada y los ojos se le habían iluminado al reconocer la voz.
-Dichosos los oídos que te escuchan, Gabriel.
Oh si, la sangre del millonario comenzó a calentarse peligrosamente. Y no, para nada bueno.
-Aja, si, él respondió.
Friccionó su mano libre todo lo que pudo, al mismo tiempo que su ceño se frunció al mirar a Joey riendo.
-Na, descuida. No hará nada.
Y ahí se detuvo la circulación de su mano.
-Bien¿a qué debo…?
El rubio no terminó la oración, porque de inmediato sus facciones alegres se transformaron.
-¡¿Qué?!. Exclamó el rubio, propiciando que el ojiazul prestara especial atención en eso.
-¿Pero Gabriel, para que quieres que vea…?
Seto hizo un mohín cuando Joey le pidió que le pasara el diario sobre la barra.
-Please. Urgió el rubio, y con fastidio, Seto realizó lo que le pedían.
Sin embargo, ni todo el enfado o incluso los pucheros de su hijo, lo prepararon para el grito de espanto que Joey dejó salir.
-¡NO!.
Mokuba comenzó a llorar.
Se había exaltado y Seto no pudo hacer nada más que acercarse a su amante, que había cortado la llamada, y verificar el porqué sus pupilas se habían casi, salido de sus órbitas.
-No puede ser. Murmuró Joey, cuando sintió la garganta secársele.
-¿Qué ocurre?. Exigió el ojiazul saber, teniendo un poco de problemas al escuchar a Joey por el llanto de su hijo.
El rubio elevó la mirada. Mitad angustia, mitad terror, y antes de arrebatarle el niño de los brazos, supo que Seto Kaiba iba a hacer una masacre.
"IMPACTANTES FOTOGRAFÍAS DE SETO KAIBA Y SU NUEVO AMANTE.
SI ANTES NO LO CREYÓ, VÉALO AHORA.
¿QUIÉN DIJO QUE EL GENIO MÁS GRANDE DE JAPÓN, NO SABÍA "ELEGIR" CON ELEGANCIA?"
Era el escandaloso titular de la primera Plana.
Atrás habían quedado las sensacionalistas columnas de política.
Todo lo que podía verse, con extrema claridad, era la fotografía descomunal de él, besándose apasionadamente con Joey.
-Esto no puede estar sucediendo. Dijo en voz alta, tratando de asimilar lo que estaba viendo.
Pero supo, por la mirada que el rubio le lanzaba, que de esa, no saldrían tan fácilmente.
Como todos los días, Roger Hakuraw se sentó en la terraza a disfrutar de su desayuno.
Esa mañana se había comunicado con el representante de sus negocios en norte América y para su regocijo, todo continuaba bien.
Para él, era como volver a empezar.
No hacía falta recordar las muchas pérdidas que había sufrido. Pero confiado estaba en que poco a poco se recuperaría de eso.
Las primeras luces de victoria estaban ya vislumbrándose, así que todo lo que tenía que hacer era comenzar a ser el antiguo Roger que todo lo podía.
Pero antes de pensar en cualquier cosa, aun antes de decidir poner punto final a su estadía en Japón, necesitaba remediar una situación.
Una, que no lo dejaba en paz.
Memoró los últimos días de vida de su hija. Era como una lejana pesadilla, pero aun tenía presentes todas y cada una de las palabras que Serenity le había dirigido solo a él.
Había sido la última vez que la miró con vida, y aunque trató de olvidarlo todo, simplemente el presente continuaba ahí. Recordándole, que aun tenía una deuda antes de partir.
El calendario no tuvo que moverse ni una sola hoja más, ni el reloj dar otro tic-tac, para que supiera, que el esperado momento había llegado.
Se preparó mental y físicamente para lo que a continuación se presentaría.
Pero por más intentos que realizó por imaginarse la situación, jamás nada se compararía con la realidad. Una, que por un momento pensó no existía.
El bólido pelirrojo que arribó, le hizo tomar una fuerte inspiración, antes de depositar su taza de café en la mesa, y prestar su completa atención en su esposa.
-Buenos días, querida. Saludó, sabiendo que no le responderían como todos los días.
En lugar de palabras, lo único que obtuvo de una visiblemente enfadada mujer, fue el diario. El cual giró sobre la mesa, antes de detenerse frente a él.
Con algo parecido al desgano miró la portada, encontrándose después con los ojos furiosos de su mujer.
-¿No dirás nada?. Indagó la pelirroja, quien evidentemente estaba haciéndolo todo por no gritar.
-Mmm, no.
-¡ROGER!. Se exaltó la mujer, fulminando prácticamente a su consorte.
-¿Qué quieres que haga?. Indagó el hombre, mordiéndose el labio ante el grito de la mujer.
-¡ESTO ES INCONCEBIBLE, UNA ABORRICIÓN TOTAL. EL ESCÁNDALO MÁS GRANDE DE MI VIDA. ESTO SIMPLEMENTE NO PUEDE SER!. Exclamó, quedándose casi sin aire.
-Bueno, al menos ya lo viste. Asintió Roger, medio sonriendo al gruñido de la pelirroja.
-¡¿ES QUE NO TE DAS CUENTA?!.
-¿Cuenta de qué?.
-¡DE ESTO!. POR DIOS, YO SABÍA QUE ESE…ESE…
-Se llama Joey. Aclaró Roger, pensando que tal vez se ganaría una bofetada.
-ESE DESCARADO, ROMPEDOR DE NORMAS MORALES Y HOGARES. JAMÁS PENSÉ QUE SE ATREVERÍA A LLEGAR A TANTO POR…
-¿Por qué no te calmas, querida?. No conseguirás nada…
Pero toda palabra fue inútil, así que con cierto cansancio observó a su mujer levantar el auricular y marcar un número más que conocido.
-No contestan. Murmuró la pelirroja, después de su quinta llamada fallida.
-Deben estar un poco conmocionados¿no te parece?. Alegó Roger, mirando la sien de su esposa latir.
-¡No me salgas con esas idioteces, Roger!. ¿Conmocionados?. Ja. Lo que deben de estar haciendo es celebrando este maldito y descarado escándalo. Eso es lo que deben estar haciendo. Pero ni crean que me quedaré tan tranquila observando. No señor, voy a demandarlos por…por…por mal crianza de menores y voy a..a…
En otro momento, la escena sería seguramente digna de fotografiarse.
La mujer siempre refinada, totalmente exaltada y con la capacidad de provocar una avalancha enorme si se lo proponía.
Sus mejillas totalmente sonrojadas de coraje, y su voz aparentemente gentil, se hallaba desfigurada por la furia.
Realmente Roger agradeció que su mujer no encendiera el televisor.
A veces ese tipo de noticias, son mejores por escrito.
-Maldita sea la hora en que nació. Maldita una y mil veces. Pronunció la pelirroja con rabia.-Yo sabía que sería un don nadie. Yo sabía que nada bueno se esperaría de él. Yo sabía que era uno de esos cualquiera, que se mete en la cama de todos solo por conseguir dinero y fama.
Pobre de mi hija, jamás se imaginó que ese, vendría a usurpar un lugar que no le corresponde.
-Creo, que ya escuché bastante. Aclaró Roger, tras ver el giro que estaba dando el monólogo.-Realmente esto no es nada fuera del otro mundo. Ya conocías las aventuras de Seto Kaiba. ¿Por qué sorprenderte?.
-¡¿POR QUÉ SORPRENDERME?!. Ironizó la mujer de inmediato.-Por favor Roger, no me hagas reír.
-No estoy de broma.
La pelirroja inspiró varias veces antes de mirar fijamente a su consorte.
-Tienes que hacer algo. Tienes que desbaratar todo esto y darle una lección a esos dos. Tienes que hacerlo por tú hija. Aconsejó la mujer, y realmente hablaba en serio.
En el pasado, Roger había sucumbido a toda petición de su esposa.
Había hundido, hecho y deshecho todo lo que esta le había pedido, pero en ese momento, no lo haría.
Ya era suficiente.
Por ello negó, sorprendiendo a la mujer frente a él.
-No voy a hacerlo.
-¡PERO ROGER!. ESE ENGENDRO DEL DEMONIO ESTÁ MANCHANDO LA MEMORIA DE NUESTRA HIJA…DE NUESTRO NIETO. NO PODEMOS…
-Escúchame bien. Indicó, enseriando realmente su voz y facciones.-Tenemos que hablar larga y claramente de todo esto. Y espero, por tú bien, que seas capaz de entender y ver la realidad. Antes de que todo ese odio que llevas dentro, termine por destruirte.
La mujer abrió y cerró la boca, pero no encontró su voz.
¿Qué barbaridades le estaba diciendo su esposo?.
-No puedo creer que no harás nada. Recriminó ella con lágrimas de rabia en los ojos.-No puedo creer que permitirás que ese se salga con la suya y que…
-¡BASTA!. Gritó él, golpeando la mesa.-Me vas a escuchar y no dirás nada hasta que haya terminado.
-No lo haré. Sentenció, negándose a escuchar estupideces.
-Oh, si, si lo harás. Asintió Roger con molestia.-Lo harás porque ya es hora de que plantes los dos pies sobre la tierra y comiences a actuar con coherencia. Ya basta de todo esto.
Ella lo miró con odio.
-No me importa lo que pienses, pero vas a oírme y sabrás que ese muchacho al que tanto recriminas y odias, solo está obteniendo de una vez por todas, lo que le corresponde y jamás debimos de arrebatarle.
-¡¿Pero de que diablos estás hablando?.
-Ya lo verás Kaede, ya lo verás.
Cuando el hombre llegó a la luna, todos supieron que era una gran noticia.
Cuando atacaron norte América, todos supieron que era la noticia más grande de la historia, pero cuando sus ojos Azules se abrieron de par en par esa mañana, al mirar el noticiero, supo, que jamás nada sobrepasaría lo que estaba viendo.
Respirando con dificultad y tratando de no pensar en nada, prestó su total atención al programa que estaban transmitiendo.
Era, el escándalo más grande de todos los tiempos, y ni toda la plata del mundo bastaría, para callar algo de esa magnitud.
Pero a Kisara Kisakuya no le interesaba en esos momentos, pensar en cómo deshacer tal escándalo.
Que cabezas comprar y que bocas callar.
Todo lo que sus neuronas podían relacionar, era a su cliente "favorito", siendo el centro de atención de todo Japón.
Y no por sus proyectos o prácticas altruistas, sino por el más reciente escándalo ocurrido la pasada noche.
Su mente no podía digerir nada y realmente no lo deseaba.
Así pues apagó el televisor como pudo y se miró de frente al espejo de su cómoda.
Ahí estaba ella, con los ojos desorbitados y una mueca de sorpresa en su rostro.
Sintió de pronto rabia e impotencia.
Supo que todo estaba perdido y que jamás nada volvería a ser lo mismo.
Se dio cuenta de que había perdido, y esa frustración era tan grande que simplemente no podía admitirla.
-No puede ser. Gimió, impidiendo que las lágrimas de odio bajaran por sus mejillas.-No puede ser que un idiota…me haya ganado. No puedo creerlo, no puedo. Susurró, contemplando su patética figura en el espejo.
Fue entonces, que en un acto violento y desesperado, lanzó el mando del televisor hacia su reflejo, mirando con enfado puro el como se rompía en mil pedazos.
-Maldito…Maldito…¡MALDITO!. Gritó, ocultando el rostro entre sus piernas.
Lo que estaba sintiendo en esos momentos, no podía expresarlo.
Se sentía humillada, ridícula, vencida por un alcornoque que no valía nada.
¿Cómo era posible que después de años de aparentemente buena relación, resultara que un simple hombre le ganara a ella?. ¿A ella que había sido amante de famosos políticos e inversionistas?.
¿A ella que era reconocida y que con solo mover un dedo, lo podía todo?.
No podía concebirlo y Jamás lo haría.
Levantó la cabeza y miró parte de su rostro en el único fragmento de espejo que quedó en la cómoda.
-Aun no has ganado. Aun no. Murmuró con un brillo asesino en la mirada, iluminando su rostro de forma diabólica.
No dijo más, simplemente se incorporó y se introdujo en el baño.
Aun podía hacer mucho si se lo proponía. Y no iba a rendirse hasta salir victoriosa. Eso era un hecho.
Ed miraba a Joey, quien no había dejado de dar vueltas por la habitación.
Se había vestido aprisa y la falta de atención en su rubio cabello, delataba su estado de preocupación.
-Debería calmarse un poco, joven Wheeler.
-No puedo. Negó el aludido, asomándose hacia las escaleras.- Aun no baja. Murmuró.- ¿Qué estará haciendo?.
-Me imagino que a parte de ver la televisión, escuchar el radio y mandarme a comprar toda la prensa de esta mañana, Nada.
Joey parpadeó.
-No dudo de que esté pensando. Aclaró el custodio, sonriéndole al chico que denegó el gesto.
-Lo que sea que esté meditando…no quiero saberlo.
-¿Por qué?. Interrogó Ed, quien no había abandonado su puesto de servicio ese día.
-Porque temo por lo que pueda hacer.
-No se preocupe de más, joven Wheeler. El señor Seto es un as. No por nada es un genio.
La oración causó cierta gracia en el rubio, pero la angustia en su pecho era más grande de lo que eran sus deseos por dejar de preocuparse.
Desde que habían leído la noticia en el diario, Seto se había vuelto como loco.
Había maldecido y prácticamente roto la línea telefónica.
Había dado vueltas por toda la cocina, hasta que en un impulso había desaparecido escaleras arriba.
No se había atrevido a molestarle.
Sabía lo rabiosamente enfadado que Seto se encontraba. Y no era para menos.
¿Pero quien le había avisado a la prensa que asistirían a esa fiesta?.
Aunque lo más importante era¿Cómo diablos habían podido escabullirse sin ser detectados, para tomar esa fotografía?.
Aun era momento en que Joey no lo creía.
Todo había salido a la luz demasiado pronto, y no sabía que sentir o pensar.
Todo él estaba confundido, ansioso, angustioso, pero sobre todo, temeroso.
Temeroso de que Seto cometiera una imprudencia o que él…
-Ni siquiera sé lo que somos. Dijo, importándole muy poco que Ed lo escuchara.
-¿Y teme que él desmienta todo cómo lo hizo en la presentación de Mokuba?.
Joey habría querido negarlo, pero su cabeza moviéndose de atrás hacia delante, habló por él.
-No se que decirle. Expuso el guardaespaldas con sinceridad.-Ciertamente usted conocer al señor Seto y siempre da las cosas por hecho.
-Pero esto ni siquiera es una relación. Rió con ironía.-¿Por qué desmentir algo que no existe?.
-¿Pero usted quiere que exista, verdad?.
El rubio guardó silencio. En esos momentos ni siquiera sabía lo que deseaba.
Todo su ser estaba vuelto a las acciones que su amante haría.
Toda su atención estaba volcada hacia toda la sarta de chismes que los medios habían desatado cual dinamita.
No podía ponerse a pensar en esas cosas.
-Alégrese al menos de saber, que sus amigos no lo han llamado.
-Porque no pueden. Medio sonrió el muchacho.-Al menos algo bueno resultó de romper la línea telefónica.
Rió. Se sentía bien hacerlo.
Pero un pensamiento repentino, ensombreció su mente.
-Mamá. Murmuró con cierto dolor.
-¿Disculpe?.
-Mamá ya debe de haberse enterado….diablos. Se quejó, dejándose caer en el sofá más cercano.-Todo esto es una estúpida locura. Es irreal, es…
-¿Le preocupa lo que ella piense de usted?. Indagó Ed, mirando atentamente los movimientos del rubio.
-En realidad desde que me parió, que no me importa lo que piense.
-¿Entonces?.
-Tú sabes con quien está casada. Alegó sin ocultar nada.-Tú sabes que ese hombre puede mover mares y…
-No más que el señor.
En eso Ed tenía razón.
-Yo conozco el alcance de su poder, Ed. Y no será nada gratificante enfrentarse a la furia de mamá y de su esposo.
Querrán proteger la memoria de Serenity, y también la de su nieto.
¡Oh, Dios!. ¿En qué maldito lío nos hemos metido?.
Ocultó el rostro tras sus manos y respiró varias veces.
Se sentía como en una pesadilla sin fin.
Quería despertar, lo deseaba. Pero lo malo era que no podía.
Ed se acercó al rubio y palmeó su espalda con fraternidad.
-Descuide. Ya verá cómo todo, saldrá bien.
-Eso espero. Por el cielo que eso espero. Susurro apesadumbrado.-Estoy dispuesto a hacerlo todo porque esto salga bien.
-¿Incluso volver a dejarlo?. Indagó Ed de repente.
-Incluso volver a dejarlo, si con eso puede deshacerse de toda la porquería que la prensa ha dicho sobre él.
El custodio solo sonrió.
En verdad ese muchacho era incomparable.
Antes de nada más, Ed se excusó, caminando hasta el pasillo desde dónde miró la escalinata.
-Recuérdame mandarle una bonificación extra a Izaki Yaruto. Indicó la voz tras el auricular.
-Por supuesto, señor. Ha hecho un magnífico trabajo vendiendo y publicando fotografías. Realmente fue muy ingenioso su plan, señor.
La voz rió con superioridad.
-Por supuesto. Este ha sido, tal vez, mi mejor trabajo. Estoy orgulloso de él.
-Y yo también, señor. Yo también.
-¿Cómo va todo en casa?.
-Pues…puede imaginárselo. Sonrió el custodio, verificando que nadie lo escuchara.
-Excelente. Asintió la voz.-Ahora demos término a todo esto¿quieres?.
-Mas de acuerdo no podría estar con usted, señor.
-¿Hiciste lo que te pedí?.
-Por supuesto. Es lo que hice esta mañana antes de traer el diario.
-Perfecto. Veamos entonces si Seto Kaiba sigue siendo el mismo, o los años lo han vuelto más…humano.
-Esperemos que todo salga según su plan, Señor.
-Eso, lo veremos.
No hubo más.
Ed se sentía satisfecho consigo mismo y nada podía cambiar ese sentimiento.
Todo lo que estaba haciendo era verdaderamente increíble, mucho más al saber de que mente tan maravillosa provenía.
Miro al ojiazul bajar rápidamente por la escalera y con cierto tacto se unió a él.
-Prepara la limosina. Nos vamos a KC.
-¿Señor?. Indagó Ed sin "comprender".
-Necesito hacer unas llamadas desde ahí.
-Pero señor. ¿No cree que la atmósfera esté mucho peor, ahí?.
Seto frunció el entrecejo.
-Si tienes una idea mejor, házmela saber.
El guardaespaldas negó.
-Vamos entonces. Entre más rápido solucionemos todo esto, más pronto…
-¿Seto?. Llamó la voz de Joey, quien arribaba al lugar con Mokuba en brazos.
Seto esquivó su mirada y el rubio supo que de no sostener al bebé, se habría derrumbado.
Esa acción, lo decía todo.
-Voy a KC. Indicó la estoica voz del ojiazul.
-Yo…¿puedo ir?.
Kaiba adelantó un paso y asintió.
Joey sintió cómo de pronto todo se desmoronaba a su paso.
El feliz cuento se había vuelto a romper y él…ya no podía hacer nada.
Después de la solución de ese problema, se iría para siempre de la vida de Seto Kaiba y Mokuba.
El alma y el corazón dolían cual hielo en una herida.
Pero había prometido lo mejor para esa familia y lo cumpliría.
-"Ya basta de sueños absurdos". Se dijo, antes de aferrarse fuertemente al bebé que balbuceaba.
El fin definitivo de todo, estaba cerca.
KC era, efectivamente, un completo desastre.
No existía línea telefónica que no estuviera ocupada, ni tampoco boca que no balbuceara un: "No sabría que decirle al respecto".
Era normal que cualquier cliente y persona interesada, acudiera en busca de explicaciones al más grande chisme jamás publicado.
Si antes, las aventuras de Seto daban de que hablar, en esa ocasión mucho más.
Las evidencias hablaban por si mismas y no había excusa que esa vez pudiera sacar el cuello de Kaiba, de ese lío.
Joey miró al ojiazul denegar y casi gritar a las personas con quienes hablaba.
Se le veía irritado y realmente a punto de estallar.
No era para menos. Todo era un infierno.
Mokuba miraba atentamente en derredor.
Jamás lo habían llevado a la oficina de su padre, y la luz que se filtraba por el enorme ventanal, lo tenía abstraído completamente.
Era fascinante para él, contemplar tantos colores y objetos, que no conocía.
Por ello, cuando sus piernas se movieron y sus manos lo empujaron, se acercó hasta una mesita, de donde haló un pequeño mantelito.
-¡Mokuba!. Llamó el rubio y justo a tiempo evitó que una pieza de cristal le cayera en la cabeza.
-No vuelvas a hacer eso¿entendido?. Indicó, mirando la risita del bebé.
Los niños ciertamente requerían de mucho cuidado.
-Si, si, ya se que te gusta lo que ves. Pero muchas cosas son peligrosas. Medio sonrió el rubio a los balbuceos del niño.-Eres un pedacito de vida maravilloso. Te amo. Susurro el chico, frotando su nariz a modo de caricia con la del bebé.
En ese momento la gran puerta se abrió, revelando la estilizada figura de Kisara Kisakuya.
Enfundada en traje sastre rosa y con su lacio cabello blanco, lucía simplemente espectacular.
Toda una mujer, sin batallar.
Joey desvió la mirada. Lo que menos deseaba era hablar con la mujer. Sin embargo no pudo evitar mirar a su, hasta ese momento, amante, quien cortó varias llamadas y se incorporó de su lugar.
-Gracias, por venir. Habló el hombre, dejando salir un suspiro de alivio de su interior.
-En buena te has metido, querido. Vine tan rápido como pude.
Seto ofreció asiento, pero ella denegó.
-Al grano¿quieres?.
Kaiba sonrió. La primera sonrisa después de que leyera la noticia.
-Por eso me agradas.
Kisara pareció satisfecha y al mover la cabeza vio la figura del culpable.
-Yo…iré a la sala de juntas. Murmuró el rubio, desviando la mirada de la mujer.
-No, quédate. Podríamos…
-No es necesario. Interrumpió la diseñadora a su cliente.-No lo necesitamos.
Joey sintió furia, pero también pena. Por eso, junto con Mokuba, salió del despacho.
Podía sentir la mirada azul de la joven, susurrándole: "Te lo dije".
Pero él no quería pensar en ello. Sabía que entre los dos solucionarían el problema, y después de eso, él se iría.
Cuando la puerta se cerró tras Joey, Seto miró a su diseñadora.
-¿Por qué no le dijiste que se quedara?.
-No lo necesitamos. Volvió a decir la chica.-¿O tú si?.
Seto enarcó una ceja.
-¿Hostilidad?.
-Un poco.
-¿A qué se debe?.
Kisara cruzó una de sus piernas.
-A que esta vez no estoy muy segura de sacarte de este lío.
-Pero…
-No es mi culpa que no me dijeras antes, que tenías algo que ver con tú ex cuñado.
-Eso no tenía por qué saberse. Refutó el ojiazul, pensando que el rumbo de la charla se estaba desviando.
-No. Tal vez no. Asintió ella.- Pero lo hecho, hecho está. Así que ahora hay que pensar los dos en algo que te regrese el prestigio. Pero que tontería hiciste. Murmuró la muchacha tras bajar la mirada y encender su portátil.
Seto se reclinó en su silla y miró a la mujer frente a él.
-¿Tú crees que fue una tontería?.
-¡Por supuesto que si!. Exclamó ella.-¿Pero cómo se te ocurre besarte con ese muchacho?. Realmente a veces no se si piensas más con la cabeza, o con la bragueta.
El genio enarcó una ceja.
-No creo que mi vida sexual te concierna, Kisara.
La peliblanca elevó la mirada, encontrándose con un visiblemente molesto Seto Kaiba.
Por eso suspiró y volvió a enfrentarse a él con más sutileza.
-Tienes razón. Fui una tonta. Discúlpame por favor. Murmuró.-Es que todo esto me tiene bastante mortificada. Es todo.
Al ojiazul pareció complacerle la disculpa.
-Bien. Lo importante es pensar en el cómo vamos a salir de esta¿verdad?.
La diseñadora no respondió en el acto, sino que miró un momento más a su cliente, el cual le sostuvo la mirada con fuerza.
-No sé si exista una solución eficaz. Aclaró ella, hablando con la verdad.-Pero puedo decirte un par de cosas en las que estuve pensando.
El genio asintió. Estaba listo a intentarlo todo.
Deseaba ese desastre fuera de su vida. No solo por él, sino por Joey, quien no se merecía sufrir de esa manera.
-¿Qué es?.
La chica se reclinó.
-Di que fue otra aventura.
-¡¿QUÉ?!. Exclamó él sin comprender.
-Di que fue otra de tus aventuras.
-Pero Kisara…
-No, no me volví loca. Negó ella con presteza.-Eso es lo mejor que puedes hacer.
-¿Para qué?. ¿Para que estas estúpidas llamadas continúen y la prensa me acose?.
-No. Negó ella.-Para que de una vez por todas dejes de hacer estupideces y pongas la cabeza donde realmente debería estar: en tú familia y tus negocios.
Seto no comprendió.
-No es ridículo lo que te estoy diciendo. Velo por el lado maduro. Aclaró la diseñadora tras unos momentos.-Tú sabes que has desperdiciado mucho tiempo en aventuras, y en un matrimonio falso que jamás debió ser.
Es momento de que sientes cabeza realmente y se lo hagas saber al mundo. Deja de ser tan indeciso para ciertas cosas.
-¿De qué diablos estás hablando?. Indagó el millonario.-No le veo coherencia a lo que me dices.
-Es que no es de coherencia. Sonrió ella.-Es de objetividad y enfoque. Tú sabes que lo que te digo es verdad. Tú serás un genio, pero eres terriblemente humano a lo que el corazón se refiere.
Así pues, como buen humano, actúa.
El ojiazul frunció el entrecejo, pero casi de inmediato comprendió.
Kisara tenía razón al señalarle sus habilidades y debilidades.
Todo tenía sentido.
-¿Y qué planeas que haga?.
La peliblanca sonrió un poco, antes de atreverse a tomar la mano del castaño.
-Diles, que eres humano y que cualquiera comete un error.
Diles, que fue el último traspiés que das, porque has encontrado la estabilidad real para tú vida.
-¿Estabilidad real?. No comprendo. Negó él. Y supo, cuando ella le sonrió de manera diferente, a dónde iban las cosas.
-Seto. Murmuró.-Tú sabes que siempre te he ayudado y que haría todo por ti. Si deseas, yo puedo ayudarte a salir definitivamente de todo esto.
-¿Qué estás insinuando?. Alegó el muchacho tras zafarse del agarre de la chica.
-Que yo puedo darte todo lo que él jamás te dará. Indicó, yendo al grano.
El castaño abrió en sorpresa sus ojos.
-Kisara…
-Seamos sinceros, Seto. Tú me gustas. Te quiero y estaría dispuesta a todo con tal de sacarte de este lío.
Sabes que lo digo en serio, mucho más al mencionarlo a él.
Dime una cosa, Seto¿él puede realmente darte la felicidad y estabilidad que deseas?.
¿Él, como hombre, puede obsequiarte lo que una mujer si?.
Piénsalo bien. Agregó.-Con él solo tendrías este tipo de escándalos. Mucho más al saber que no todo el mundo ve con buenos ojos, este tipo de relaciones.
Admito que es atractivo, pero solo para una aventura. Él, no vale para más.
Seto simplemente continuaba mirándola.
-Piensa en tú hijo. Continuó la peliblanca.-Él se merece una familia estable, normal, que pueda proveerlo de lo que necesita.
Ambos requieren de estabilidad, y sabes perfectamente que él no puede ni podrá jamás, dártela.
Atiende a mis palabras, Seto. Indicó, tomando nuevamente la mano del castaño.-Yo solo quiero tú bien. Nada va a sacarte de este lío. Nada más que haciendo lo que te digo.
Las palabras quedaron en ecos solamente.
Ambos ojos azules se miraron por largo rato.
Kisara acariciaba la mano del castaño, mientras que este parecía meditar las cosas.
Muy en el fondo la muchacha supo que había sembrado cierta duda en Seto.
Podía verlo en su mirada, en su seriedad.
Lo conocía tan bien que podría jurar, que de un momento a otro aceptaría su propuesta.
Sonrió con cierta victoria.
No necesitaba ser villana ni acecina para aniquilar a sus oponentes.
Tenía un don precioso que sabía utilizar a la perfección, y era ese quien le había dado y le daría, la victoria definitiva.
Por eso cuando Seto se desprendió poco a poco de su contacto y se incorporó de la silla, supo, que algo grande estaba a punto de pasar.
-Tienes razón, Kisara. Aceptó el castaño mirándola con firmeza.-Debo dejarme de jueguitos absurdos y poner en orden mis prioridades.
Eso es lo que debo de hacer.
-¡Maravilloso!. Sonrió ella tras acercarse a Seto.-Sabía que entrarías en razón.
Pero antes de poder abrazarlo, el millonario abrió la puerta.
-Espero que prestes atención a lo que voy a decir allá abajo, Kisara. Porque no voy a volver a repetirlo. ¿Queda claro?.
La peliblanca asintió, caminando tras el muchacho que con decisión se dirigía a los ascensores.
Su sonrisa blanca lo decía todo.
Al final ella había ganado y nada le quitaría ese precioso sabor de la boca.
Más si ella, realmente, hubiera visto más allá de su felicidad, se habría percatado de que el brillo en los ojos de Seto Kaiba era muy diferente a lo que ella se imaginaba.
Nunca le habían gustado los días nublados, mucho menos con aire, pero ese en particular era aceptable. Pues así se sentía.
El pecho dolía y las piernas le temblaban. Pero debía continuar, por el bien de todos, en especial del suyo.
Así pues, tomó aire y atravesando la calle es cómo llegó a su destino.
Tardó un momento en decidirse si entrar o no, pero la patada mental que se dio fue el impulso suficiente para hacerlo caminar.
Había estado en ese edificio solo una vez, pero conocía perfectamente hacia dónde dirigirse. Así pues lo recibió una sonriente muchacha, quien lo guió.
-Buen día¿puedo ayudarle en algo?.
Abrió la boca y con sorpresa encontró que se había quedado sin voz.
-¿Señor?.
Suspiró hondo y tras forzar una sonrisa, respondió.
-Tengo una cita en el piso principal. Indicó, sonando un poco ronco.
La gentil chica asintió, verificando por el teléfono aquella misión.
-Pase por favor. Lo están esperando.
Se movió lentamente hasta uno de los ascensores del fondo, cuyo botón oprimió con cierto nerviosismo.
Su mano temblaba trágicamente y recargó su frente en el azulejo para tratar de tranquilizarse.
Más dentro del ascensor la sensación de vértigo solo aumentó, provocándole un verdadero mareo.
La puerta se abrió con el sonido de una campanita y con dificultad se movió, impidiendo que las puertas se cerraran.
El pasillo era largo.
Cada pasó fue una tortura, un paso sobre vidrios o brazas ardientes.
El temblor solo se solidificó, hasta el punto de sentir su mandíbula casi insensible.
-¿Joven Wheeler?.
Él asintió, tratando de retornar la sonrisa que le daban.
-Pase por favor, él lo está aguardando.
Y fue el trayecto más largo y espantoso de su vida. A pesar de separarlo solo un metro de la puerta principal.
Se secó el sudor de las manos, trató de prepararse mentalmente para todo y con un pequeño sonido, giró la perilla.
Todo en el interior estaba como siempre, o al menos como lo recordaba de la única vez que había pisado esa habitación.
La luz era impresionante, pero el día la hacía ver oscura y lo envolvía hasta la médula con su extraña atmósfera.
Cerró tras de si, acercándose hasta la persona que lo esperaba de pie, junto al sofá negro de piel.
-No tan puntual, pero al menos es algo. Trató de ironizar su anfitrión, pero él no pudo sonreír aunque lo deseara.
-Gracias por recibirme.
Le indicaron el sofá, pero él denegó.
-Gracias. Lo que he venido a decirte es corto. No creo que sea necesaria tanta formalidad.
-Insisto. Agregó el que frente a él señaló un par de sillas, al parecer estratégicamente preparadas.
Esa vez no pudo negarse, avanzando lentamente hasta el lugar que le asignaban.
Pasó un momento largo antes de que alguien emitiera una palabra.
-¿Agua?.
-No.
Pero en realidad se moría por sentir el líquido recorriendo su seca garganta.
Por ello, se sorprendió al ver el vaso de cristal frente a él.
-Solo bébela.
El asintió. Se veía que lo conocía muy bien.
Un momento más para ordenar las palabras en su cabeza.
Un momento más para respirar el mismo aire.
Un momento más para elevar la vista al mismo tiempo y mirarse.
-¿Hace cuanto no te veía?. Indagó el anfitrión, permitiendo que sus ojos azules brillaran.
-No lo sé. Respondió él, tratando de ocultar lo que verdaderamente estaba sintiendo.
-Ya no has ido a casa.
-¿Tendría para qué?.
El gesto de su interlocutor le sacó una sonrisa.
Su seño frunciéndose de esa manera, siempre le había gustado.
-Lo lamento, pero no me siento muy cómodo yendo a tú casa.
-¿Por qué no?.
Una sola mirada lo dijo todo, y bastó un momento más para que el ambiente se llenara de algo que estaba prohibido.
-Yo...me disculpo si he interrumpido algo…
-Sabes que eres bienvenido. Aquí y en casa.
Él bajó el rostro.
-No solo por mi, sino…por ella y la memoria de Noa.
Asintió. ¿Qué otra cosa esperaba?.
-Gracias, pero realmente no me siento bien al ir ahí.
-Tendrás que hacerlo. Dijo el ojiazul.-Ella te necesita.
Y se sorprendió incluso así mismo, al sentirse negando.
-Todo lo que necesita, ya lo tiene.
No era recriminación, pero sonaba como tal.
-Lo dices tan…molesto.
Volvió a negar.
-Solo es la verdad. Además, ese es el motivo de mi visita.
La decisión había vuelto a aparecer en su persona. Eso le agradó, pues se sentía mucho más seguro.
-Bien, te escucho. No todos los días un perro ladra a mi puerta para pedir audiencia.
Ni siquiera se molestó en reclamar. Desde que todo había sucedido, Seto Kaiba había regresado a ser el mismo que conociera en la Universidad.
-Yo…he recibido una oferta de estudio en una prestigiada academia de Actuación. Señaló, respirando hondo al finalizar.
-Eso suena…bien.
Lo miró un tanto extrañado.
-¿Solo bien?. Indagó, un poco dolido.
Kaiba se incorporó.
-¿Es lo que deseabas, no?. Me… alegro que te haya sucedido.
Al menos era algo.
Se incorporó también, tratando de hacer menos difícil las cosas.
-¿Y cuando enviaste la solicitud?. No creo que le hayas dicho nada a Serenity.
-Apenas ayer me lo informaron. Aclaró, tratando de no aparentar nerviosismo.
-¿Es una buena academia?.
-Lo es. Es la mejor de todas.
Ambos guardaron silencio un momento.
-¿Es en Tokio?. Indagó el castaño, dándole la espalda.
Ahí fue cuando el ambiente cambió de repente.
Kaiba volvió a girarse, quedando de frente a su visitante.
-¿Qué ocurre?. ¿No respondes?.
Bajó la mirada. Estaba comenzando a temblar nuevamente.
-Yo…
-Te pregunté si la academia es en Tokio y no has respondido. ¿Ocurre algo?.
Negó, tratando de controlar su cuerpo.
-Nada. Solo que…no es en Tokio.
El castaño enarcó una ceja.
-No conozco ninguna otra de renombre en Japón.
-Es que yo nunca dije que fuera en Japón.
La noticia fue impactante y pudo constatarlo en la manera en que Kaiba lo miraba.
-Es…en Norte América. Me…voy hoy en la noche.
Y miró, como en cámara lenta, el cómo los gestos del millonario cambiaban de sorpresa a enfado total.
-¿Y esperaste hasta ahora para informarme?.
-No tuve otra opción. Con la muerte de Noa y…
-¿Pretendías irte así, solamente?.
-No, por eso es que vine a decírtelo.
-¿Para que yo se lo comunique a ella?.
Ojos fieros jamás había mirado, y supo, por lo que veía, que Seto más que enfadado estaba…herido.
Giró el rostro. Tratando de ocultar sus propios sentimientos, pero la mano girando su barbilla para enfrentarlo con él, le hicieron sucumbir un momento.
-¿Por qué te vas?. Susurró el castaño. Tan cerca de sus labios como en meses no habían estado.
-Es necesario. Respondió, sintiendo los alientos acariciarse con deseo.
-¿Es…por mi?.
Negó, tratando de alejarse sin conseguirlo.
-Es por todo. Además es una oferta que no puedo rechazar.
Se miraron solamente, tratando de descubrir el verdadero trasfondo a todo eso. Pero lo único que consiguieron fue envolverse por completo de todo lo que sus corazones gritaban, dejando sordos a sus sentidos.
Ninguno de los dos fue consciente del momento en que se acercaron aun más y sus labios se rozaron, permitiéndose pecar y sentir el contacto tan amado y extrañado.
Jugaron despacio, sabiendo cuánto se habían anhelado. Cuantas noches habían soñado con volver a besarse y experimentar electricidad en sus cuerpos.
Solo ellos conocían el verdadero amor, porque jamás había existido ni habría un tope para eso.
Trataron de profundizar, de acariciarse, de sentirse tan unidos como siempre.
Pero la barrera invisible del deber los presionó, obligándoles a separarse aunque no lo deseaban.
-No te vayas. Susurró el ojiazul sobre sus labios. Importándole muy poco si obraba bien o mal. Para él lo único importante era no separarse de su compañero, quien parecía negar.
-Tengo que hacerlo. Tengo que irme o sino…voy a morirme.
Las palabras dolían aun más que mil puñales juntos.
-¿Pero es que no piensas en mi?. Cuestionó el castaño con desesperación.-¿Es que no piensas en que yo también voy a morirme si no estas?.
-La tienes a ella. Susurró, tratando nuevamente de separarse. Estaba teniendo dificultades para respirar.
-Sabes que no es lo mismo. Aclaró, dejando salir la verdad a voces.-Sabes que solo anhelo tus visitas o tu voz, para saber que continúo con vida y…
-Calla. Indicó con cierto dolor, logrando al fin separarse del genio.-No lo digas. No pronuncies nada. Lo prometimos.
Pero Kaiba no podía más y se lo hizo saber a su visitante.
-Una promesa tan absurda como lo que vivimos. No nos merecíamos esto, Joey. No nos merecíamos ser separados.
-Pero ellos. Trató de indicar, dejando distancia entre Seto y él.-Son lo más importante.
-¿Pero nosotros en dónde quedamos?. ¿Qué papel jugamos en todo esto?.
-Calla. Imploró desesperado.-Ya no sabes lo que dices. Prometimos no volver a decir nada. A callarnos todo y a tratar de olvidar.
-¿Tú lo has hecho?. ¿Te has callado los pensamientos y has olvidado?. ¿Me has olvidado?.
Bajó el rostro. No podía continuar mirándole. Estaba sintiendo su corazón partirse en dos nuevamente. Y no había ido para eso.
-Tú debes quererla y hacerla feliz, tal y como yo hice con tú hermano.
-¿Y ahora que harás?. ¿Buscarás quien te cobije y te atienda?.
-Puede ser. Susurró, pero sabía que mentía, como sabía que Seto estaba realmente sufriendo de celos.
Por ello no le sorprendió cuando lo tomó por los hombros y lo hizo enfrentarle con furia.
-¿Por eso te vas?. ¿A buscar quien te consuele y te de todo lo que yo una vez te di?.¡¿Responde?!.
No lo hizo, porque la sola idea le enfermaba.
¿Cómo se atrevía a pensar, que él podría olvidarlo?.
Se apartó, tocándose los brazos.
-Solo viene a decirte esto y a pedirte que sigas cuidando de mi hermana como hasta ahora. Yo…no se cuándo regresaré. Probablemente le llame pero…
Lo sintió fulminarle y se avergonzó de sus actos.
Pero no le quedaba más. Estaba muriendo por dentro y fuera, y necesitaba alejarse de todo.
-Cobarde. Murmuró el ojiazul con fiereza.-Maldito cobarde, escapas de todo para…que esperaba de ti.
-No me digas eso. Tú más que nadie sabe…
-Lárgate entonces si es lo que deseas. Aclaró el castaño mirándolo con detenimiento.-Pero quiero que sepas que tú para mí estas muerto desde ahora. No existes.
Eso fue peor que todo lo sucedido junto.
Se sintió devastado y a punto de un llanto que comenzó a evidenciar en sus pupilas.
-¿En verdad estoy muerto?. ¿En verdad así lo quieres?.
Lo miró dudar por primera vez desde que lo conocía y el corazón volvió a brincar de gozo al permitirse una vez más ser invadido por esos labios deseosos y tan suyos. Porque a pesar de todo siempre serían suyos.
-¿Crees que podría?. Si eres lo más importante de toda mi maldita vida.
-Entonces déjame ir y haz lo que te pido. Es lo mejor para los dos.
-No puedo. Negó el empresario, besando la mejilla blanca de su ex amante.-No puedo hacerlo. Simplemente porque yo…
-No lo digas, por favor. No me hagas más difícil esta separación. Imploró, callando los labios con un dedo.-Solo quiero irme sabiendo que vas a cuidarla y que seguirás la promesa.
-Lo haré solo porque hiciste lo mismo con mi hermano. Aclaró el millonario tras un momento.-Pero no me pidas que le dé nada más, porque simplemente…
-No..
-No puedo…
-Detente…
-Ni podré jamás Amarla…
-Basta…
-Como te amo a ti.
Eso era lo que había estado evitando, pero al final había surgido.
Si antes su corazón se desgarró, en ese momento ya no lo tenía.
Así que todo lo que pudo hacer fue alejarse del ojiazul que continuaba acercándose.
Pero todo era inútil y lo único desesperadamente aceptable que su conciencia le impulsó a hacer, fue tomar un objeto sobre el escritorio y lanzarlo hacia el enorme ventanal que se hizo añicos.
El sonido fue tan estridente, que sin tardanza Ed y la secretaria se adentraron a la habitación sin pedir permiso, encontrándose con una escena bastante perturbadora.
-Adiós, Seto Kaiba. Cuida de mi hermana y hazla feliz.
No dijo más. Se escabulló de la oficina como pudo.
Bajó por la escalera y corrió cinco cuadras antes de detenerse y dejarse caer para llorar todo.
Sabía que acababa de cometer una imprudencia, que tal vez acababa realmente de perder al amor de su vida, pero no importaba. No importaba porque él tenía que permanecer firme a su palabra y continuar sin Seto.
Aunque realmente le costara una vida que ya no tenía.
Abrió los ojos, encontrándose de frente a un enorme telón que lo separaba del "escenario".
La algarabía era tal que cualquiera a varios kilómetros a la redonda podría escucharlo.
Miró a su lado y se encontró con Mokuba, quien balbuceaba dentro de su cesto.
Había tenido un Flash Back que había pensado reprimido. Pero que justamente en ese momento reaparecía para recordarle su situación.
Miró en derredor y pudo observar al siempre fiel Ed al lado de Seto, quien estaba discutiendo los últimos detalles antes de salir.
Eso le hizo recordar a la manada de periodistas instalados a las afueras de KC.
Al llegar al edificio, la masa estaba ya congregada y era deber del infractor, dar una conferencia de prensa.
Él seguía fiel los pasos del ojiazul, hasta el punto de solo ser un espectador más.
Tenía entendido que ya había discutido con su diseñadora todo lo referente a la solución de ese problema y solo esperaba el veredicto, para esa misma noche de ser posible, salir de esa vida de una vez por todas.
Miró nuevamente a Mokuba y le acarició la mejilla.
-Voy a extrañarte. Le indicó, recibiendo un apretón en su dedo.
Justo en ese momento, el sonido de tacones lo hizo alzar la cabeza y encontrarse con Kisara, quien le envió una mirada un tanto petulante y victoriosa.
Joey frunció el entrecejo. A pesar de todo lo que le había dicho el día anterior, continuaba cayéndole bastante mal y eso jamás cambiaría.
-Ojala tú padre se de cuenta a tiempo, de la clase de persona que tiene a su lado.
Mokuba pareció asentir. A él tampoco le agradaba la bruja esa.
Siempre que visitaba a su padre, la muchacha solía acariciarle de una forma poco afectiva, que solo un bebé podía percibir realmente.
Por ello hizo un mohín de disgusto, que disipó casi en el acto y cuando Joey lo besó.
Ese si era amor verdadero.
Sabiendo que la hora había llegado, miró a la peliblanca salir al improvisado tabloide y anunciar que Seto Kaiba estaba a punto de hablar.
Eso lo hizo temblar. La angustia regresaba pero ya no valía la pena continuar teniéndola. Después de todo, pudo sentir una vez más la presencia de Kaiba en su vida, y tuvo el gusto de experimentar con Mokuba, cosas que jamás se había imaginado.
Era todo lo que debía agradecer, por ello con total aceptación, simplemente espero el fin de aquel lindo cuento de hadas.
Antes de salir, Seto miró a Joey, quien le sonrió con confianza.
-Escucha lo que voy a decir. Susurró, sabiendo que el rubio leería sus labios.
Miró un asentimiento y tras respirar, salió a escena.
Estaba a punto de poner una estabilidad a su vida.
Nunca le habían agradado las multitudes, mucho menos lidiar con la maldita prensa.
Pero era persona pública y debía dar la cara.
Por ello se ajustó la corbata y tomó la posición ante el micrófono, que Kisara sonrientemente le cedía.
No pronunció nada por unos minutos, tiempo suficiente para que los presentes guardaran silencio.
Kisara a su izquierda y Ed a su derecha, vigilaban que cualquier movimiento estuviera perfecto.
-¿Va a respondernos?. Indagó una atrevida voz de la multitud, que sintió la fría mirada azul del millonario.
-No tengo ni idea de quien los citó en este lugar. Comenzó el castaño.-Pero vinieron por respuestas¿no?.
La multitud asintió.
-Bien. Entonces respuestas tendrán. Aclaró, no permitiendo que su porte se perdiera.
-¿Entonces nos responderá con la verdad o con otra más de sus evasivas?.
Seto conocía bien esa voz. Esa muchacha siempre solía ponerlo en jaque con sus preguntas.
Pero esa vez sería diferente.
-Tendrán la verdad absoluta. Respondió, causando cierta algarabía.
-¿Cómo podemos estar seguros, de que nos dirá toda la verdad?.
Kisara fulminó con la mirada al reportero impertinente, pero Kaiba no necesitó de ella para continuar.
-Porque estoy cansado de dar evasivas.
-¿Cómo la presentación de su hijo?. Inquirió otra voz, arriesgándose a ser expulsado del recinto improvisado.
-Efectivamente. Asintió el genio.-Evasivas absurdas como la presentación de mi hijo.
Los murmullos se extendieron.
Ed miró en derredor y le satisfizo la presencia de los reporteros.
Se atrevió a girar la cabeza y se encontró con Joey, quien había caminado hasta situarse tras él.
Le dedicó una sonrisa que retornaron a medias.
El rubio estaba nervioso y no era para menos.
-"Ahora es cuando, señor". Pensó el custodio, regresando su atención al millonario.
-Entonces, señor Kaiba, díganos con exactitud¿desde cuando sostiene relaciones extramaritales?.
Era lógica la pregunta y al aludido le causó gracia.
-Un año después de que me casé.
-¿No era feliz en su matrimonio?.
-No tanto como lo deseaba.
Joey ocultó el rostro en el cuello de Mokuba.
¿Pero que estaba pensando Seto al responder todo eso?.
La memoria de su hermana debía permanecer pura, y solo estaba consiguiendo…
-…Fue una mujer agradable, buena y cariñosa que me dio algo que jamás podré pagarle, pero…no éramos lo que se dice, un sólido matrimonio. Nunca lo fuimos.
-¿Entonces por qué se casó con ella?.
-Eso es algo que no les concierne saber.
El rubio respiró hondo. Al menos eso no lo revelaría.
Estaba sorprendido con la decisión del castaño al ser tan sincero. Había llegado el momento de quitar barreras y enfrentar la realidad como era.
Un momento cumbre para todos los involucrados.
-¿Es verdad que prefiere a los hombres sobre las mujeres?.
-¿En verdad lo cree?. Ironizó el castaño.
-Es a la conclusión a la que llegamos después de las fotografías de esta mañana. Se defendió la reportera, aguardando la respuesta del millonario.
Seto sonrió a su manera, mirando los muchos pares de ojos que lo veían ahí y por televisión.
Sentía como si estuviera dando cuentas de una importante situación de estado. Pero para la prensa y los chismes, no había mucha diferencia.
Giró y miró a Kisara quien le sonreía.
A leguas se miraba su felicidad.
Sin embargo no fue en ella dónde su mirada se posó, sino en el muchacho que sostenía a su hijo y en cuyos ojos se encontraba la sombra de la desesperanza.
Eso fue todo lo que necesitó para hablar y terminar aquello de una vez por todas.
-Realmente nunca me ha importado lo que opinen de mí.
He sabido sacar esta empresa con mi propia capacidad y capital, y a aquellos a los que no les agrade mi vida privada, pueden desde ahora irse al caño.
No voy a cambiar por ellos o por un absurda inversión. Mucho menos por una nota sensacionalista publicada con el fin de fastidiarme la existencia. Si es así. Aclaró con voz ronca.-Permítanme decirles que han fallado y que no me han desajustado ni un solo cabello.
Los presentes parpadearon.
-Mi preocupación no radicaba en mi, sino en mi familia, quien no merece ser agredida de esta forma.
-¿Entonces tiene o no una relación con su ex cuñado?. Alegó una impaciente voz que se ganó una fulminante mirada por parte del genio.
Kisara se mordió el labio antes de mirar de nuevo al hombre que hablaba.
Ese sería el fin absoluto del chico tras ella y quería saborearlo todo.
Por su parte, Joey se recargó en la pared a su lado y contuvo el aliento.
Ahí se acababa todo.
El sueño se terminaba.
Cerró los ojos, tratando de contener el impulso de salir corriendo. Debía quedarse hasta el final y cumplir su parte como lo había prometido.
Pero dolía. Dolía a morir y debía soportar como siempre lo había hecho.
-Aquí vamos. Susurró, medio sonriéndole al bebé que rió.
-La verdad es. Expuso Kaiba deteniéndose un momento.-Que esa es la razón por la que estoy hablando.
Quiero pedirles que después de mi respuesta, nos dejen tranquilos. A él, sobre todo.
-¿Es un trueque?. Cuestionaron dos a la vez, obteniendo un movimiento firme por parte del millonario.
-Si lo quieren ver así, entonces véanlo así. La verdad a cambio de tranquilidad.
Los periodistas murmuraron entre si, aceptando al final el trato del ojiazul.
-De acuerdo. Habló una joven.-Pero comprométase a decirnos la verdad, antes de saberla por un tabloide.
-Trato justo. Sonrió el millonario.
-¿Y entonces?. ¿Tiene o no algo que ver con su ex cuñado?.
Seto miró a Joey, quien sonreía a medias y con tristeza.
-Antes de dar esta conferencia, me dispuse a ordenar mis prioridades y justamente eso es lo que les diré, porque ya no deseo dar evasivas a nadie. Por supuesto que tengo algo con Joey Wheeler. Él es…el amor de mi vida y me place confesar que lo quiero a mi lado, por el resto de lo que esta dure.
Oh si, el rubio sintió como si un camión lo atropellara.
Lo ultimo que supo antes de golpearse la cabeza, fue que los ojos infinitamente azules de Seto lo miraban de manera chispeante y que su pensamiento gritaba de gozo:
-"Me ama, me ama…."
Continuará….
Sip ya se que lo corté jaja pero ya se podrán imaginar el resto de la conferencia
Bien, solo un Chap y el Epilogo (Por todos los cielos, jamás pensé que por fin diría esto ).
La sensación es asfixiante, pero confío en que el final sea aceptable.
Muchísimas gracias a quienes me hacen el favor de leerme y animarme. No habría llegado hasta aquí de no ser por ustedes.
No sabría como pagarles tanto.
No me despediré aun, así que los veo dentro de dos semanas para el chap final.
Ya se debeló el secreto del vidrio (al fin) pero aun faltan dos puntitos de los cuales no me he olvidado y tendrán sus respuestas.
Nos vemos y gracias por leer también mis fics sobre mis bellos Dean y Sammy
KLF
