TITULO: Dreams

Capitulo: Decisiones

CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

NOTA: Antes que nada, muchas gracias por seguirme hasta aquí pues esto, afortunada o desafortunadamente, ha llegado a su fin.

Ha sido un camino largo por recorrer, y agradezco que haya podido llegar a este momento.

A todos los que me han leído, mil gracias (sobre todo por su paciencia). Ojala que el final sea de su agrado.

Por cierto, saludos a Berna, quien me pidió un pequeño espacio Bien, misión cumplida, gracias por leerme, al igual que todos ustedes. Jamás podré pagarles su linda atención hacia mí.

KLF

Tres semanas desde que todo se había debelado. Quince días, desde que su vida no había vuelto a ser la de antes.

Obtener una promesa de la prensa, era como pedir un deseo a una estrella fugas y esperar que se cumpliera.

Durante esos días, el acoso, las preguntas, el revuelo que las declaraciones de Seto Kaiba habían causado, no podían simplemente detenerse.

No había medio de comunicación o boca, que no hablara sobre lo acontecido, mucho menos uno que otro haragán que no quisiera sacarle partido a la situación.

Todo era un caos incomparable y que estaba llegando a fastidiar seriamente a los implicados.

-Y aquí va otro pedazo de mi bilis. Expresó Kaiba, al lanzar lejos de él, el diario matutino.

-Ya no hagas caso. Sugirió al que sentado a su lado, también cerraba con cierto fastidio una revista.

De un momento a otro su popularidad había crecido. Y de ser prácticamente un don nadie, se había convertido de pronto en la nueva celebridad.

Todas las revistas hablaban de él. Que si utilizaba Armani o Calvin Klein. Que si prefería el azul o el verde. Que si su cabello largo representaba el último grito de la moda en Norte América. Que si le agradaba más tomar café negro con o sin azúcar.

Interrogaciones e investigaciones absurdas, que solo le daban dolor de cabeza.

En un principio todo había resultado hasta gracioso.

Él, en revistas. Una novedad.

Pero el tiempo había terminado por abrumarlo y también por fastidiarlo.

Lo que deseaba era su vida común de siempre.

Pero, era imposible.

-¿Sabes?. Cuestionó el ojiazul tras abrazar a su compañero.-No sé si mis finanzas han subido por que he estado haciendo un excelente trabajo, o por el morbo de la situación.

Joey rió, besando la mejilla de su amante.

-No seas bobo. Susurró.-Por supuesto que es por tú trabajo. Eres un genio¿lo olvidas?.

-No. Pero es satisfactorio que me lo recuerdes de vez en cuando. Asintió el castaño, robándole un beso profundo a quien se lo permitió sin más.

La brisa era fresca esa mañana y por primera vez en muchos años, aquel juego de jardín había sido utilizado.

Aunque todo fuera un constante acoso y la poca libertad que antes tuvieran ya no los acompañara, procuraban obsequiarse momentos como ese, dónde solo ellos dos en compañía de una atmósfera creada del amor los envolvía, haciéndoles olvidar todo lo que sucedía a su alrededor.

Momentos más felices jamás habían tenido. Ni siquiera cuando los tiempos de la Universidad se veían tan lejos y tan hermosos.

Ambos simplemente habían dejado fluir sus sentimientos para jamás ocultarlos nuevamente.

Se amaban entera y completamente, y era lo único que importaba.

Seto mordió con un poco de fuerza el labio de su amante, escuchando con cierto regocijo sádico el quejido del rubio.

-No sé que mal sana satisfacción encuentras en morderme de esa manera. Recriminó el de ojos melados, golpeando levemente el brazo de su compañero.

-Una. Señaló el aludido.-Que ya te he dicho en la cama también.

Joey rió con nerviosismo.

De un tiempo a la fecha, Kaiba se portaba inusualmente cariñoso y posesivo. Tal vez tanta noticia abrumadora por fin le había dañado el cerebro.

-¿Sabes algo?. Señaló el millonario, permitiendo que su mano reposara sobre la de su pareja.

-Dime.

-Te amo más que antes. Reveló, besando la frente provista de cabellos rubios.

-No digas eso. Debatió el otro.

-¿Por qué no?.

-Porque es imposible que puedas amarme más que antes.

-No pongas en duda mi afecto, o me enfadaré.

Joey negó tras sentarse en el regazo de su amante.

-No lo digo por eso, sino porque veo imposible que me ames así, cuando yo desde siempre he sobrepasado los límites del amor contigo.

Seto no se esperaba eso.

-Desde que declaraste, que tengo deseos de revelarte esto. Aclaró el muchacho, sintiendo las manos del castaño acariciar su espalda.-Tú me enseñaste a amar y a ser amado.

Me diste un afecto que creí jamás merecería y me dejaste descubrir tantas cosas que no conocía.

El millonario sonrió, permitiéndole a su pareja terminar de expresarse.

-Por un momento pensé, que nuestros caminos ya jamás volverían a unirse.

Me maldije por débil y por no gritarte que te Amaba y que no te deseaba lejos de mi ni un momento.

-¿Por qué no lo hiciste?. Quiso saber el ojiazul, siguiendo con sus caricias.

-Por idiota.

-Más bien creo, que por no saber ladrar bien.

Kaiba rió al golpe que le obsequiaron en respuesta.

-Lo digo en serio. Gruñó.-No te lo dije por idiota. Por creer que ya no me amabas, por pensar que yo no podría ser digno jamás de…

-Realmente fuiste tonto, cachorro. Interrumpió el otro tras hacerle elevar la mirada.-¿Es que a caso jamás notaste el cómo te miraba, el cómo te provocaba, el cómo me contenía para no saltarte en sima y retenerte a mi lado?.

-Entonces tú también fuiste un idiota. Asintió el muchacho, acariciando el cabello castaño.-Porque tú tampoco notaste que me derretía de amor por ti y que solo aguardaba tus provocaciones, para fundirme en la enferma idea de saber que era la única manera en que podía permanecer a tú lado un poco más.

Siempre te he amado, mucho más que antes y mucho más que siempre.

Seto no hizo hincapié en aquella promesa hecha una noche desastrosa del pasado.

No le vio caso insistir en lo que habían hecho, solo para darles gusto a sus hermanos.

Siempre se preguntaba si habían hecho lo correcto.

Pero al mirar las orbes castañas de su amante y saberlo completamente entregado a él en cuerpo y alma, no le quedaba más que olvidarlo y ver el presente. Ese dulce futuro que les esperaba en adelante.

Volvió a besarle, no comprendiendo el cómo había podido sobrevivir sin él. Pero lo más importante, el cómo había tardado tanto en develarle nuevamente que lo amaba y que no deseaba volver a perderlo.

El miedo había hecho mella en los dos, oprimiendo sus corazones y sentimientos por creerlos incorrectos u olvidados.

La mente humana había ganado a la intuición del corazón, logrando separarlos mucho más que el contacto físico.

Ninguno de los dos había actuado adecuadamente, pero al menos les quedaba la experiencia y el fuerte golpe de no repetir el error.

Tenerse era lo que contaba y amarse lo que restaba saber.

-No tienes paz¿verdad?. Indagó Joey tras sentir la temperatura elevarse.

-Tú me conoces. Más, cuando te amo tanto.

-No me canso de escucharlo. Aun no puedo creerlo.

-Pues créelo y no te canses. Te amo más de lo que piensas y por ti, podría hacer lo inimaginable.

-¿Cómo comprar esa máquina de pesas para que te compare con Matt Damon?.

El castaño enarcó una ceja.

-¿Te gusta ese sujeto?.

-Pues claro, es un ex super sexy modelo que trabaja en películas de Acción. Es el mejor. Asintió el rubio, obteniendo un mordisco bastante fuerte en el cuello.

-Bien, pues ahora veremos si ese tal Matt no se qué, se compara conmigo.

Entre risas, reclamos y una que otra queja, Joey fue llevado hasta la habitación, de dónde no salieron hasta encontrarse realmente satisfechos.

Una muestra de que su idilio, seguía en pie a pesar de todo.

Y es que habría que recordar la conferencia de prensa, porque a partir de eso todo cambió un poco.

Después de que Joey se hubiera desvanecido, lo habían llevado hasta el privado del millonario, quien había dicho todo lo que tenía que abordar y abandonado la conferencia, solo para verificar el estado de salud de su amante.

El rubio había tardado bastante en volver en si y cuando lo hizo, fue de manera un tanto incrédula.

-"Debes retractarte". Le había dicho a Kaiba con desesperación, saltando del sofá como si nada hubiera sucedido.

-"¿De qué?". Indagó el ojiazul, indicándole a Ed que saliera de la habitación con su hijo.

-"De todo lo que has dicho. Tienes que retractarte, tienes que hacerlo".

El tono histérico del muchacho no dejaba duda de que se encontraba en shock, por lo que el castaño había tratado de tranquilizarlo sin mucho éxito.

-"No entiendo tú afán en decir esas tonterías. Mejor cálmate y respira. Acabas de desmayarte".

-"¡Es que no puedo tranquilizarme!". Alegó, encarando al ojiazul.-"Tienes que hacerlo o si no yo lo haré por ti".

La mirada retadora del millonario había hecho temblar a su compañero, pero ambos se caracterizaban por su obstinación. Así que nadie flaqueó en sus decisiones.

-"¿Por qué quieres que me retracte?".

-"Porque fue una tremenda idiotez decir que yo…que yo…".

-"¿Qué eres el amor de mi vida?".

Kaiba había mirado las pupilas castañas temblar, constatando que algo dentro del rubio estaba combatiendo.

-"Si. Eso. Es una enorme tontería. Lo que deberías decir es que fui una aventura más y que tú estás…"

-"Joey. Mírame". Tal y como sus palabras eran, el aludido obedeció, encontrándose con el azul que aguardaba su contacto.-"¿Crees que lo que dije, es una mentira?. ¿Crees que es digno de anularse, solo por qué tú lo crees falso?".

-"Es que yo…".

-"¿No puedes creer realmente, que yo te amo"?.

Joey había tardado en responder, huyendo al contacto visual.

-"Dímelo". Exigió el genio, elevando el mentón de su pálido compañero.-"¿Crees tú que mentí para salvarme el pellejo nuevamente?. ¿Qué no te amo y te estoy utilizando para mi beneficio?. Mírame y dímelo".

En el fondo, el rubio deseaba afirmar todo aquello y salir definitivamente de esa comedia telenovelesca en la que se había trasformado su vida.

Ya lo había decidido. Ya lo había aceptado. Pero después de escuchar las declaraciones de su amante, simplemente todo se había ido al caño.

Sin tener dominio de sus movimientos, se aventuró a abrazar a su compañero, quien lo recibió sin contratiempos.

-"¿Sabes una cosa?". Había indagado el rubio tras perderse en el calor del otro.-"Tú también eres el amor de mi vida, y quiero pasar el resto de ella a tú lado. Jamás, he dejado de amarte".

Estaba dicho y cerrado. No había nada más que agregar, por lo que inmediatamente después el sonido del desahogo se dejó escuchar.

Nunca era tarde para decirlo y mucho menos para comenzar de nuevo, por lo que desde ese día se dedicaron realmente a vivir lo que le correspondía y a dejar de lado lo demás.

El cierre perfecto para una historia de sufrimiento y dolor, que al final culminaba con el verdadero Amor.

O al menos, eso se dice en los cuentos de hadas, pero este, no es un cuento de hadas.

Ed agradeció a la joven que lo recibió.

-En un momento estará con usted, pase por favor.

El custodio avanzó por el pasillo, hasta entrar en el privado que la chica le señalaba.

Sin más le dejaron solo, envuelto en esa confianza que realmente no caracterizaba a los hombres de dinero.

Miró en derredor, observando los cientos de libros que adornaban los libreros, así como también las fotografías en marcos de madera que acumulaban años y años de recuerdos.

Aquella era una habitación agradable, desde dónde intuía, el dueño llevaba a cabo millones de transacciones y planes para el futuro. Aunque en el último año aquello había decaído.

Se acercó al mapamundi, aquel Atlas en forma de esfera que fijado a su pedestal, podía girarse y buscar en él cualquier país del mundo.

Así lo hizo, deteniendo con el dedo su andar.

-Roma. Murmuró con una sonrisa en los labios.-Todos los caminos llegan a Roma.

-Efectivamente. Todos llegan a él tarde o temprano.

Se separó de la esfera en cuento la voz en la puerta le indicó su arribo.

-Disculpe mi intromisión. Se excusó el custodio, recibiendo una negación por parte del recién llegado.

-Descuide. Si le gusta, puede quedarse con él.

Tomando asiento en una lujosa silla, aguardó a su interlocutor.

-Gracias, pero no puedo aceptar tan lindo detalle. Si mis cálculos no son erróneos, ese Atlas debe tener como cien años.

-Ciento cincuenta, para ser exactos. Fue un regalo de bodas, de mi primera esposa. Comunicó, mirando atentamente a Ed.-Cuando me divorcié quise regresarlo, pero no me lo permitieron.

La línea de tradición se rompió y ahora no solo cargo con el peso de mis decisiones, sino también con el de una familia que no me guarda rencor, pero a la cual si causé un daño irreparable en sus costumbres.

-Lo lamento. Añadió el guardaespaldas, no sabiendo que más decir.

-Descuide, uno tiene que aprender a vivir con eso. Además. Señaló con un toque de gracia.-Estoy empacando y prefiero que el Mundo quede en buenas manos como las suyas, o su familia.

El hombre asintió, dando por terminado ese tramo.

-No quisiera ser grosero, pero cuento con poco tiempo. Usted sabe, en mi trabajo no hay muchos días libres aunque el jefe no haga nada.

-Me lo imagino. Asintió el anfitrión.-Es un trabajo interesante y dedicado. Pero descuide, no le robaré mucho tiempo. Trataré de ser breve.

-Lo escucho.

El hombre frente a él asintió, permitiendo que una línea tenue se extendiera por sus labios.

-Edward¿verdad?.

-Ed. Todo el mundo me dice así. Asintió el aludido, sintiendo algo extraño al escuchar su nombre completo.

-Bien, Ed. Sonrió el otro.-Tal vez se pregunte el por qué lo mandé llamar precisamente a usted¿verdad?.

El custodio asintió. Esa había sido toda su duda desde que salió de casa.

-Sé que no nos conocemos y que el tiempo que hemos interactuado ha sido realmente poco, casi escaso.

Pero sé, no solo por mis observaciones sino por boca de su jefe, que es un hombre confiable y honrado, digno de realizar cualquier tarea que pudiera encomendársele.

-Solo trato de hacer mi trabajo, señor.

-Pero no se apene. Vamos, que si fuera usted parte del ejército, ya habría coleccionado varias medallas por su valor.

El guardaespaldas se movió incómodo en su asiento. Aquel hombre parecía extraño. Tal vez se había drogado.

-Lo lamento. Se disculpó su interlocutor.-Es que las emociones de lo últimos meses me han dejado completamente arruinado. Así que solo puedo reír.

-Ya lo veo, señor Hakuraw.

Roger entendió aquello como una sutil forma de apresurar las cosas, por eso se incorporó de su asiento y se sentó del otro lado del escritorio.

-Tal vez me tilde a cobarde, pero es lo único y último que puedo hacer en pos de mi estabilidad mental.

Como le dije. Agregó, tras extraer un par de sobres de un cajón.-Me mudo, pero antes tengo que encargarle una misión. La cual, por supuesto, se le recompensará perfectamente.

Ed aceptó los sobres, mirando el nombre del destinatario.

-¿Son de usted?. Indagó, teniendo prudencia en sus movimientos.

-Una si. La otra es de…mi esposa.

El guardaespaldas asintió, guardando ambos sobres en el forro de su saco.

-Descuide, serán entregadas a la brevedad posible y con la mayor de las discreciones.

-Se lo agradezco mucho. Sonrió Roger, extendiendo un cheque que Ed negó.

-No hace falta. Tómelo como un favor.

-Realmente es excepcional. Ya no se consiguen hombres como usted. Alabó el otro, mirando la negativa del custodio.

-Simplemente soy leal a mi jefe. Nada más.

Hakuraw asintió, reclinándose en su silla.

Ed aguardó un momento más, sabía que esa entrevista aun no finalizaba.

Había recibido la llamada de Roger Hakuraw la noche anterior. Solicitaba su presencia, pero no había especificado para qué.

Él jamás había tenido trato cercano a ese hombre, solo y el necesario, como él mismo lo había dicho.

Por eso se había intrigado y había acudido a la cita.

Confesaba que se hallaba sorprendido del cambio tan palpable que el siempre adulador hombre mostraba, pero algo le hizo suponer que era por cuestiones importantes y benéficas.

-¿Cómo están?. Preguntó el hombre de negocios, cuando el silencio fue el suficiente.

-Sobreviviendo. Ya se imaginará usted lo que es vivir todos los días con algún nuevo chisme de por medio.

-Si, creo que es difícil. Mucho más para Joey¿verdad?.

-El joven Joey no es de mundo, como usted o el señor Kaiba. Pero se adapta bien.

-He visto aparecer su nombre en los tabloides más veces, de lo que lo hizo en Norte América. Realmente su vida cambió por completo.

-Así es señor Hakuraw, pero se comporta a la altura de las circunstancias.

-Kaiba no es tonto. Rió con gracia.-Sabe elegir muy bien.

Ed enarcó una ceja y se dio el valor de indagar lo que durante tanto tiempo había mantenido en la cabeza.

-Usted mencionó Norte América.

-Si. Y sé lo que estás pensando y la respuesta es Si, yo lo hice.

El hombre de traje negro se tensó.

-Por favor, como si no conociera todo lo que he hecho simplemente por el capricho de una mujer.

-No estoy aquí para juzgarle. Añadió Ed, mirando la sonrisa de Roger.

-Lo sé. Pero quien no aprovecha una oportunidad para aclarar ciertos puntos, puede ser un idiota. Y usted no lo es.

En eso tenía razón.

-¿Entonces usted tiene que ver con la repentina huída del Joven Wheeler de Japón?.

-Así es. Fui el responsable de desaparecerlo de aquí. Asintió el hombre, mirando directamente al custodio.-Y lo hice por una razón.

-Lo sé. Afirmó Ed sorprendiendo al hombre de negocios.

-¿Lo descubrió solo?.

-Digamos que siempre he tenido intuición para este tipo de cosas. No olvide que soy guardaespaldas.

Roger rió largamente antes de serenarse un poco.

-De verdad que es usted único, Ed. Ojala lo hubiera conocido antes.

-Gracias, pero aun no terminamos.

Otro punto para el custodio. Realmente era digno de su profesión.

-Si, tiene razón. Suspiró el anfitrión.-Aun no terminamos y sin embargo siento, que no es necesario decirlo todo.

-Al menos dígame el por qué se va.

Roger bajó un poco el rostro.

-Mis negocios han mejorado, pero necesito vigilarlos de cerca.

Aquí en Japón no me queda más, así que he decidido comenzar de nuevo lejos de aquí. En el lugar dónde exilié a Joey Wheeler. Que ironía.

Podría ser.

-Pues yo digo que es todo lo contrario. Al joven Joey le fue bien¿por qué a usted no?.

-Veo que está enterado de mucho¿verdad?.

-Es mi trabajo, señor. Enterarme de lo que otros desconocen para no perderlo de vista. Además, júzgueme admirador acérrimo de Joseph Wheeler. No hay nadie como él.

El anfitrión volvió a reír, siendo interrumpido con un toque en la puerta.

Sin esperar invitación, una melena roja hizo su aparición, develando a la señora de esa casa.

-Buenos días, señora. Saludó con respeto el custodio, incorporándose de su lugar en señal de cortesía.

Pero la mujer pasó de largo al guardaespaldas, dirigiéndose específicamente a su consorte.

-Saldré un momento a despedirme de mis amistades. No quiero que la gente murmure cosas que no son ciertas.

Roger la miró, sin moverse ni un ápice.

-No tardes. Aun hay mucho que empacar.

La pelirroja no negó ni asintió, simplemente volvió a salir de la habitación.

-Le costará trabajo asimilar lo que le he dicho. Pero confío en que el tiempo la haga recapacitar del todo.

Ed miró a Roger.

-La señora ha vivido con mucho rencor, espero que pueda ayudarla.

-Y yo también Ed, yo también.

El custodio no volvió a tomar asiento, sino que extendió la mano.

-Un placer verlo, señor Hakuraw, pero debo regresar a mi trabajo.

-Lo sé. Reconoció el hombre.-Le agradezco nuevamente que haya venido. No se me ocurrió otra forma de acercarme a él, más que con usted.

-Debería de verlo. Aconsejó Ed, recibiendo como lo esperaba una negativa.

-No podría. A pesar de que es mi deber, se me cae la cara de vergüenza de solo pensar en verlo de nuevo.

-Pero…

-Créame Ed, mis errores me perseguirán hasta el fin de mis días. Mi único consuelo es saber que puedo empezar de nuevo.

-Esperemos que su esposa también opine lo mismo.

Ese era otro asunto, por lo que el anfitrión solo asintió.

-Mande mis saludos a Seto Kaiba. Tal vez después pueda hacerle una llamada.

A pesar de los errores del hombre, siempre había llevado una relación aceptable con su jefe, por lo que Ed imaginó que no habría problema con ello.

-Le deseo un feliz viaje, señor Hakuraw. Tal vez algún día nos volvamos a ver.

-Tal vez algún día. Sonrió él, despidiendo al más fiel de los amigos que le hubiera gustado tener.

Pero obviamente y a pesar de sus deseos, jamás volvieron a verse, pues la muerte llamó antes de tiempo al de apellido Hakuraw.

Ed se apresuró a llegar al auto y pudo ver a la pelirroja, quien hizo detener su limosina y bajar la ventanilla.

-Señora. Saludó de nuevo Ed, tratando de no esperar demasiado de aquella mujer.

La pelirroja tardó un poco en decidirse en que hacer, por lo que al final simplemente cedió.

-No le de la carta. Murmuró, tan bajo que el guardaespaldas tuvo que agudizar su oído.

-¿Perdón?.

-Mi esposo, le dio dos cartas. No le de la mía.

Ed no necesitó fingir demencia.

-Quémela, tírela, haga lo que quiera, pero no se la de. Es demasiado humillante que Roger me haya obligado a escribirla.

-Pero señora…

-Dígale que jamás lo perdonaré. Dígale que le deseo la peor de las vidas e infelicidades, y que también pruebe el sabor amargo de la humillación y la soledad. ¡Dígaselo!. Ordenó la mujer, mirando fijamente los ojos del custodio.

-Yo…trataré. Indicó el hombre, mirando la conformidad en el rostro de la dama.

-Jamás voy a tolerar lo que está sucediendo entre esos dos. Advirtió, girando su mirada para posarla en el asiento de enfrente.-Jamás voy a hacerlo a pesar de todo lo que Roger me haya dicho.

Para mí, eso no sucedió y se trata de una invención para santificar a ese…muchacho.

-Señora…

-Que tenga buena vida Ed. Si fuera usted, procuraría buscar un mejor trabajo. Las humillaciones apenas comienzan. No sabe la penitencia que les espera, a ese par de idiotas.

Sin más, la mujer de melena roja subió la ventanilla e indicó al chofer que avanzara.

Ed la miró partir con muchas dudas en la cabeza, sobre todo con aquella que siempre había estado consigo desde que había conocido a esa mujer.

No había más que decir, los Hakuraw se iban para jamás volver y eso, a ojo de cualquiera, fue lo más sano y sensato que pudieron hacer después de obsequiar tanto daño.

Mokuba sonreía a su máxima expresión. Se sentía el bebé más afortunado del mundo por tener a dos personas tan maravillosas a su lado.

Por una parte su padre, quien siempre era amoroso con él. Un hombre que imponía respeto pero que detrás de sus ojos azules ocultaba una gama estupenda de sentimientos que solo se presentaban frente a las personas indicadas.

Y por otro lado se encontraba Joey, ese chico rubio que se había sabido ganar su confianza con el paso del tiempo.

En un principio no sentía su afecto, pero después las cosas cambiaron entre ellos, sabiendo que tendría con él más amor y juegos que con nadie en el mundo.

A tan corta edad, el pequeño heredero Kaiba ya sabía distinguir estas cosas, por lo que era inmensamente feliz al lado de su familia.

No podía pedir más. Simplemente todo era maravilloso.

-Un día de estos, nos dará la sorpresa de que ya camina.

Los ojitos azules se elevaron hacia el rubio, quien charlaba amenamente por teléfono.

Por eso y con sonrisa de horilla a horilla, gateó hasta sentarse con dificultad frente al muchacho.

-¡Deberías verlo, Yug, es maravillosamente adorable! Exclamó el rubio, sonriendo al infante que jaló el dobladillo de sus jeans.

-Parece que quiere saludarte. Advirtió el chico, cargando al niño que rió y colocando el altavoz del aparato.

-Hola Mokuba¿cómo estás?

Por un momento el aludido parpadeó, buscando a la persona que estaba llamándole, terminando por reír y abrazarse al pecho del rubio.

-Está desorientado. Afirmó Joey, sonriendo a su bebé.

-Me lo imagino. Es lo malo de esto. ¿Por qué no le pides a Kaiba un teléfono con cámara? Al menos así Mokuba sabrá quien le habla.

-No me des malas ideas, Yug.

-¡¿Yo?! Exclamó el tricolor, escuchando la risita de su amigo.

-Por supuesto. Que ya me enteré sobre "eso" que haces con Yami mientras hablan por video teléfono.

Joey rió aun más cuando el silencio le golpeó los oídos. Estaba seguro que de haber estado presente, su amigo estaría del color de la señal de Alto.

-No sé porque te cuentan esas cosas. Murmuró el bajito, escuchando la risa de su amigo.

-Porque sino, sería aburrido. Recuerda que somos amigos.

-Eso lo sé. Afirmó el otro.-Pero bueno, creo que debo dejarte. Yami no tarda y tenemos un evento.

-Aja, desde que le gustó eso de la dirección, está más insoportable que nunca¿verdad?

Yugi se reservó la respuesta, pero Joey la intuyó.

-Espero vernos pronto, el abuelo quiere que vaya más seguido.

-Y no es para menos, nos tienes abandonados.

-¡Oh, Joey! No digas eso. Si ustedes son lo que más quiero.

-Qué no te escuche tú celoso novio o no la cuento.

Risas de camaradería y complicería. Risas que eran necesarias para recordar el poder de esa bonita y enorme amistad.

-Saluda a Kaiba de mi parte y a Moky dale un beso por mí.

-Descuida, lo haré. Cuídate Yug.

-Igualmente.

Y fin de la charla, pero no de todas, porque aun restaban más y muchos días por celebrar su amistad.

A pesar de la distancia, ambos mantenían fresca su amistad, recordándose a cada momento lo maravilloso de haberse conocido.

Yugi vivía feliz al lado de su Egipcio novio y aunque esporádicamente regresaba a Japón, nada comparable con esa sonrisa que atravesaba su rostro, voz y mirada cada vez que se veían o hablaban.

Joey comprobaba que su amigo era inmensamente dichoso y no podía ser más feliz por él.

En esa ocasión había sido el tricolor quien le había llamado. Después de toda la publicidad a su alrededor, al fin se había alcanzado la internacionalidad y Yugi, un tanto preocupado por eso, había marcado a su amigo quien acostumbrado había disipado su turbación.

Habían pasado un par de horas charlando y retomando conversaciones añejas y a pesar de que Joey acostumbraba decírselo todo, en esa ocasión no fue así.

Con un suspiro se incorporó de la cama, tratando de que Mokuba no se dañara los dedos con su cabello.

-No le dije lo de la carta de tú abuelo. Murmuró, mirando al bebé que sonreía y balbuceaba.-No pude decírselo porque…no tiene caso¿verdad?

Los grandes ojos azules del bebé lo miraron y tras sonreír se sintió tonto.

-Tienes razón, ni siquiera es importante.

La puerta se abrió en ese momento, dejando paso al dueño de la casa.

De inmediato Mokuba estiró los brazos y rió con estruendo. Su padre había llegado.

-Hey, hola. ¿Cómo está mi bebé hermoso?.

Joey sonrió. Definitivamente Kaiba era otro en la intimidad.

-Se portó muy bien. Afirmó Joey, recibiendo el beso especial que solo Seto tenía derecho a darle.

-Eso es bueno. ¿Pero qué es eso que escuché al entrar?.

El rubio parpadeó.

-No sé.

-Oh, si. Vamos¿a caso me crees idiota?

El chico negó. Kaiba podía serlo todo menos idiota.

-Te lo cuento más tarde, porque tú traes finta de querer decirme algo.

Y era verdad, pues la imagen del millonario parecía un tanto extraña.

Seto tomó asiento en la cama, mientras hablaba con su hijo. Joey lo acompañó a su derecha.

-Lo mismo de siempre. La oficina es un caos.

-Me lo imagino. Sobre todo porque ya somos noticia internacional.

Kaiba enarcó una ceja.

-Déjame adivinar. Tú amigo con cabello de punta te lo dijo¿verdad?

-¡Hey!. Se quejó Joey, golpeando el brazo de su amante.-Él solo se preocupa por nosotros.

-Aja. Murmuró el castaño, tomando la barbilla del rubio para besarlo lenta y apasionadamente.

-Al menos se que no te afectó. Suspiró Joey cuando el contacto terminó.

-A mi nada me afecta¿te olvidas quien soy?

-¿Cómo olvidarlo?

-Más te vale.

Ambos se sonrieron. Eran felices y nada, ni siquiera la prensa, destruiría lo que tenían.

-Pero hay algo más¿verdad? Cuestionó el rubio, tratando de mirar más allá de las apariencias.

-Se ve que me conoces bien, cachorro. Si, hay más. Asintió el genio, acariciando la cabellera negra de su hijo.-Kisara fue a la oficina.

Joey guardó silencio. Había olvidado a la diseñadora.

Después de la revelación nacional del ojiazul, la chica había desaparecido e intuía que no precisamente por la emoción.

Que se presentara en esos momentos, tal vez significaban problemas para su pareja. Esa mujer era de cuidado.

-¿Y…qué sucedió?

Seto había relatado a Joey lo acontecido con la chica, minutos antes de la conferencia de prensa, por lo que no era secreto para ninguno de los dos que la peliblanca estaba interesada en él.

-Fue algo extraño volver a verla después de estas semanas.

-¿Por qué¿Hizo algo indebido?

-No. Realmente se comportó…bastante bien.

Y Kaiba le relató el cómo la peliblanca, tan hacendosa y hermosa como siempre, había arribado a su despacho esa mañana, solo para exigirle su último pago.

"Puedes considerarte sin asesora de imagen desde ya". Había dicho la chica, quien enfundada en un Carolina Herrera Azul, pedía las cuentas claras a su antiguo cliente.

Tal y como el genio era, le había extendido un cheque con un número extra, por el bono que tan buen profesional merecía.

"No quiero deberte nada". Indicó el millonario, enfrentando la mirada retadora de la chica.

Y había sido justo en ese momento, cuando la voz pacífica y llena de cordura de la mujer, hizo acto de presencia.

-"No voy a ser pesimista, pero sé, que nunca podrás ser feliz con él. No solo por la envidia o las habladurías, sino por todo lo que no has visto ni vivido aun. Ojala que por vez primera no te hayas equivocado en una decisión".

Y sin más, la joven Kizakuya salió de KC para jamás volver.

Nadie supo en dónde había estado esos días, o lo que había hecho, pero tras sus últimas palabras Kaiba pudo concluir que se había aislado para hacer el berrinche de su vida y para recuperar, lo que ella llamaba: un poco de tranquilidad tras las aguas agitadas.

Joey no supo que decir tras el relato de su pareja y concluyó en que el rencor de la peliblanca podía sumarse, tal vez, al que muchas personas sentían hacia él.

-¿Crees que volverás a verla? Indagó, mirando los ojos de su compañero.

-No lo sé y la verdad no me interesa. Esa chica tenía mucho potencial pero…no termina de ser una niña mimada de papá.

En eso Kaiba tenía razón. El rubio jamás le había pedido a su pareja que le relatara el cómo o el porqué había contratado a Kisara, pero estaba seguro que por su linda sonrisa no había sido.

No podía hacer nada al respecto más que aguardar y callar todo lo que esa chica le había dicho a él.

No era por desconfiar, ni mucho menos por miedo, pero estaba seguro que como todo, esas palabras poco a poco se olvidarían y se irían, como el viento.

-Nunca me has preguntado el por qué la contraté.

-No creo que sea por nada fuera de este mundo. Fue la respuesta de Joey, quien mecía a un adormilado Mokuba.

Sintió entonces que Kaiba fruncía el entrecejo y tras ocultar una sonrisa, se arriesgó a indagar.

-Dime¿por qué la contrataste?

Eso pareció aminorar las cosas. Al parecer estaban comenzando a ver los puntos clave dentro de su persona.

-¿Estás seguro que quieres saberlo?

-Claro. ¿Por qué no habría de desearlo?

El gesto del millonario le hizo saber al rubio, que la revelación sería un poco dolorosa.

Pero lo esperaba, porque después de todo nada en esa relación había sido color de rosa.

-Dime. Vamos.

Seto asintió, besando la frente de su compañero.

-La contraté justo cuando te fuiste a América y yo comencé a…

-¿Tener amantes?

Kaiba asintió, viendo que el rubio rehuía su mirada.

-¿Joey?

-Continua. Yo…escucho. Y lo miró, dándole a entender que tenía toda su atención.

El castaño entonces lo adoró aun más, pues pocas personas tenían la valía de su pareja.

-Cometí muchas tonterías, Joey. Tú lo sabes y el mundo lo sabe. Comencé a vivir dentro de un universo lleno de fantasías y deseos que solo me daban más soledad.

Quería escapar pero solo conseguí sumergirme más y más. Por eso la contraté, para que limpiara un poco mi imagen y para que…"ella", no sufriera más.

Joey asintió, mirando la pena que surcaba la faz de su pareja.

-Me di cuenta que yo solo no podría seguir manteniendo mi farsa, mucho menos con medios de comunicación de por medio. Después, con ella todo resultó sencillo. Bocas que comprar, otras tantas que callar y el resto fue una ganga.

Es maravillosa en su trabajo y le debo demasiado. Mi imagen permaneció impecable, mientras estuvo a mi lado.

-¿Y ahora?

Kaiba miró al rubio.

-No la necesito. Ya discutimos eso.

-Lo sé, pero…pueden aparecer más personas del pasado. Como ese chico de la fiesta.

El millonario lo sabía, pero una vez ordenadas sus idead, el viejo y diablo genio empresario había resucitado.

No era fácil meterse con una Kaiba. Mucho menos con él.

-Que lo intenten y verán lo que les espera.

-Pero…

-¿Sigues creyendo que esto es un error?

-Por supuesto que no, es solo que…

-¿Temes que te vuelva a lastimar?

Aquello era duro pero cierto. La verdad era que Joey ya no deseaba sufrir más. Por eso, armándose de valor, dejó salir lo que por años había cargado en el corazón.

-¿Por qué tuviste amantes¿Por qué los tuviste?

Seto no esperaba la pregunta, por eso tardó un momento en responder.

-Joey, no creo que…

-Por favor, responde. Imploró, evitando moverse demasiado para que Mokuba despertara.-Quiero saberlo. Quiero disipar esto que me lastima. Quiero hacerlo.

Realmente si fuera posible amar más a una persona, Kaiba lo haría.

Simplemente adoraba al muchacho que frente a él le pedía explicaciones que pensó, jamás daría a nadie.

-Solo un corazón que ama demasiado, es capaz de pelear por saber la verdad a la duda que lo atormenta. ¿Cómo no amarte más, después de esto?

Joey medio sonrió. Seto siempre decía cosas que lograban azorarlo. Seguramente el millonario sería un excelente guionista teatral.

-Lo hice. Explicó, tratando de no perder la emoción.-Por el único motivo por el que he cometido tontería tras tontería en estos años.

El rubio aguardó la respuesta.

-Por idiota

-¿Qué?

-Por idiota. Por no saber poner en orden mis pensamientos, por no tener el valor de no haber ido a buscarte y decirte: Te amo, te necesito en mi vida. No puedo vivir sin ti.

El aludido parpadeó desconcertado.

-¿Quieres decir, que los buscabas para…?

-Sacarte de mi pensamiento y mi corazón. Por eso, si no te habías dado cuenta, la mayoría eran rubios.

Joey giró la cabeza. Lo que acababa de escuchar era…

-Se que fue idiota de mi parte, pero estaba desesperado. Musitó el castaño, pensando que su amante se había enfadado.-Solo comía y bebía de ti. Me enseñaste a amar y abrir el corazón, y de un día para el otro todo mi mundo cambió. No pude hacerme a la idea de no tenerte y por eso…

-¿Tuviste un bebé?

Kaiba fue ahora el desconcertado.

-¿Un bebé?

-Para lavar tú imagen o para olvidarme¿por eso tuviste un bebé?

Era un reclamo que salía desde el fondo de su corazón y Seto lo supo, porque los castaños ojos de Joey así se lo dijeron.

-No. Negó, intentando no sonar desesperado en ese momento de revelaciones.

-A pesar de lo inmundo que pueda llegar a ser, jamás habría traído al mundo un hijo por eso.

-¿Entonces? Interrogó el otro. También eso necesitaba saber.

-Porque Serenity lo quería.

Dolió, dolió recordar que su hermana era la madre del bebé entre sus brazos.

Dolió recordar la primera vez que lo supo y que miró a ese niño.

Dolió recordar que había odiado a Mokuba y todo por…

-Qué feliz habrá sido, al haber llevado en su cuerpo un pedazo de ti. Murmuró, dejando escapar ese celo, que desde siempre y ocultamente había llevado consigo.

Seto abrazó con fuerza al rubio.

-¿Qué fue todo eso, Joey?

-Nada. Justificó, ocultando las lágrimas.-Algo tonto que me pasó por la mente.

-Serenity no lo tuvo.

-¡¿Qué?! Exclamó el rubio, mirando con ojos muy abiertos a su pareja.-¿Qué acabas de decir?

-Que tú hermana no lo tuvo.

-Pero Seto, ella es su madre.

-Lo es. Asintió el castaño, besando la frente de su hijo.-Pero no lo llevó en su vientre.

-¡Seto!

Eso era demasiado escandaloso hasta para él.

¿Cómo se atrevía él a decir eso, cuando su hermana había querido tanto a ese bebé?

-No te exaltes. Tranquilizó el castaño.-Pensé que ella te lo había dicho. Pero ahora veo que no. Murmuró, permitiendo que cruzara por su mirada un relámpago de algo indescriptible.

-¿Qué quieres decir con eso, Seto?

El millonario respiró, disipando su momentáneo ensimismamiento.

-Yo sé que ella sabía de mis infidelidades. Era muy lista y aunque la tuviera, como me lo dijiste alguna vez, en un claustro, ella sabía muchas cosas.

Joey prefirió no decir nada.

-Así que un día me lo dijo: Quiero ser madre.

Como intuirás, no estaba preparado para ello, por eso traté de convencerla de que no era lo correcto, pero tan empecinada como cierto rubio que conozco, terminó convenciéndome.

-¿Y después?

-Sabes que no dejo nada a la deriva y con su enfermedad…no podía arriesgar ni su salud ni la de mi futuro hijo, por eso la llevé con los mejores médicos, aunque siempre fue la misma respuesta: No es conveniente.

-Pero…

-Obstinada en lo mismo. Continuó relatando.-Tuvimos un par de opciones: O adoptábamos, o lo hacíamos de otra manera. Así que la segunda opción fue la mejor.

-No comprendo. Negó Joey, quien había estado apretando de más al bebé y este repeló entre sueños.

-Lo que trato de decirte, es que utilizamos una madre sustituta para hacer realidad el sueño de tú hermana. De esa forma ella no corría riesgos.

El rubio sintió que de no haber estado sentado, seguramente habría resbalado al piso.

Lo que Seto acababa de decirle simplemente no podía ser verdad. Era de locos.

-Pero…pero…

-Mokuba está perfectamente bien. Desde antes de nacer se le han hecho exámenes y estudios y al parecer él no adquirió la enfermedad de su madre. Es un milagro que agradezco con el alma.

-¡Oh Dios!. Exclamó el rubio, abrazando a la criaturita entre sus brazos.-Yo siempre pensé que te habías acostado con mi hermana y yo…

-Nunca me acosté con ella. Reveló el ojiazul en un susurro, cerca del oído de su amante.-Jamás pude hacerlo, como yo también se que jamás lo hiciste con mi hermano.

Joey elevó la mirada y tras enfocarla en los cerúleos que esperaban su reacción, no pudo más que abrazarse al hombre que amaba más que nada en el mundo.

-Lo lamento, lo lamento. Se excusó el rubio.

-¿Por qué?

-Porque durante este tiempo pensé que tú y ella…que Mokuba…tenía celos, mi amor, celos.

-¿Celos? Indagó Kaiba sin comprender.

-Si. Celos de que mi hermana hubiera podido darte un heredero y de…y de…yo no podía quererlo en un principio.

-¿A Mokuba?

-Si. Porque no toleraba la idea de que tú y Serenity…pero después ganó mi corazón y ahora es una de las dos personas que mas amo en esta vida.

Seto acarició los dorados cabellos de su amante y tras sonreírle a su hijo, quien suspiró entre sueños, besó los labios de aquel que había mostrado más cordura y compasión que ni todos los altruistas del mundo.

Lo besó con amor, con pasión, con todas las fuerzas de su corazón.

Lo amaba y era correspondido y jamás, nunca le diría, que noches enteras se desquició con la sola idea de que Joey pudiera haber estado con su hermano.

Los celos se habían apoderado de él infinidad de veces con ese pensamiento y solo, hasta que supo la verdad por labios de Noa, no pudo descansar en paz.

-Te amo. Susurró el millonario, recibiendo una media sonrisa por respuesta.

-Y yo a ti.

Volvieron a besarse, demostrándose que el sentimiento no cambiaba y que todo podía solucionarse con el simple hecho de charlar.

-Pero tú aun tienes que decirme algo. Murmuró Seto un rato después, cuando mecía levemente a su amante.

-¿Algo?

-Aja. Algo importante y que Ed te dio esta mañana.

-Oh, Ed. Sonrió el chico, sabiendo que el guardaespaldas no le ocultaría nada a su jefe.-Si, recuerdo. Pero no es nada importante.

Kaiba mordió con fuerza el cuello del rubio.

-¡Oye! Reclamó el ofendido, mirando ceñudo al ofensor.

-Dímelo o vuelvo a morderte.

-No te atreverías.

-¿Me estas retando?

No, eso nunca. Joey sabía que tenía las de perder, por ello acomodándose dentro del abrazó, le habló de esa dichosa carta.

-Solo me dice que se va y que…lamenta lo que hace años sucedió.

-¿Y eso fue…?

Momentos de verdad

-En realidad él me ofreció la beca en Norte América. No la escuela.

El rubio sintió que su amante se tensaba, por ello lo tranquilizó.

-Yo…acudí a Roger en busca de ayuda y me la dio.

-¿Por qué?

-Porque era martirizante verte con mi hermana, Seto. Tú dijiste que tuviste que hacer algo para tratar de olvidarme. Yo también, y poner mar de por medio fue lo mejor que se me ocurrió.

Seto no dijo nada. Continuó meciendo a sus tesoros.

Habían pasado todo un drama en aquellos años. Las verdades saldrían tarde o temprano. Una a una y causarían dolor pero no uno irreparable. Para sanarse se tenían el uno al otro y nada, jamás, los volvería a dañar de esa manera.

Por ello decidió que era conveniente detenerse en ese punto, o terminarían diciendo cosas que era mejor preservar para el recuerdo.

En ocasiones hay secretos que deben permanecer como tal.

-Al menos se fue. Murmuró, besando el área dañada del cuello.

-Aja. Con mamá.

-¿Ella no te dijo nada?

La negativa de Joey fue todo lo que esperaba y era lo mejor. No le diría que él mismo había destruido la carta que Ed le confió.

Esa mujer no merecía un hijo como Joey. No lo merecía.

-Mamá es…extraña. Pero sé que me odió más que antes.

-¿Por?

-Por estar contigo. Con Mokuba, por "usurpar" el lugar de mi hermana.

-Pero tú no usurpaste nada. Este es tú lugar. Tú legítimo lugar.

-Pero ella no lo sabe y aunque no me haya dicho nada, se que me detesta aun más.

Kaiba no dijo nada.

Conocer a Joey significaba saber el largo historial de disfortunios que había tenido desde el día de su nacimiento.

Conocerlo a él, implicaba ver su vida con otros ojos y saber que sufría, aunque jamás lo dijera.

El principal aspecto era su madre, una mujer pariente de las brujas, que despreciaba a su primogénito por algo insano seguramente, pero que afectaba al muchacho directamente.

Joey jamás había necesitado a su madre para nada, pero no sería humano si dijera que eso no le dolía.

-Joey¿por qué…?

-Voy a acostar a Mokuba en su cuna. Hoy fue un gran día para él. ¿Te dije que casi dijo Papá?

Seto no insistió, sino que puso énfasis en lo que su amante acababa de decirle.

Estaba seguro que Joey, al igual que él era de la idea de ocultar algunas cosas, para evitar abrir heridas innecesarias.

-No, no me lo habías dicho.

-Pues si y fue emocionante. Naya dice que…

Ambos se encaminaron a la habitación del bebé, sumergidos aparentemente en la charla que giraba alrededor del infante, pero pendientes de los movimientos del otro.

Tal vez, algún día Joseph Wheeler podría decirle al hombre que amaba, el por qué Kaede Hakuraw lo odiaba tanto.

Decirle, que una vez, hacía muchos años, su padre la había prácticamente violado y que de esa relación había nacido él.

Que desde siempre lo había odiado, por ser el producto de algo insano y despreciable. Y que cada vez que lo miraba a él, veía al autor intelectual del delito.

Tal vez algún día Joey se armaría de valor y le diría, que desde siempre había sabido la historia de su origen y que solo una vez, cuando su madre había enfermado de gravedad, esta le había dicho que lo quería. Claro, todo producto del delirio de la fiebre, pero que para él había significado la vida misma.

Tal vez algún día…

-Hey tú¿a dónde vas?

Natalia, la chica de ropas negras y ojos grises se detuvo, para esperar a Gabriel.

-A ver a Joey. Indicó, continuando con su camino.

-¿A qué?

-¿Tan interesado estas?

-Es mi amigo. No lo olvides.

-No, ya lo sé.

-Es solo que desde aquella vez que…

-Ya sé que su queridísimo señor millonario no te caía bien, pero ahora dices lo contrario¿verdad?

Gabriel gruñó, no era del tipo demostrativo. Pero tenía que afirmar que lo que decía la chica era verdad.

Solían visitar a su amigo rubio cada y cuando, mucho más, después de aquel mega embrollo que había ocasionado el dueño de KC.

Ciertamente habían decidido creerle al castaño. El amor que profesaba a su amigo era legítimo, sobre todo cuando Gabriel y él se conocieron.

Podía recordarse ese día como el Apocalipsis parte uno, pues ambos eran similares en carácter y hasta en pensamiento. La única diferencia era el dinero, por lo que ambos habían realmente chocado.

Sin embargo no hay mal que por bien no venga y a las pocas horas, ambos muchachos se encontraban discutiendo uno de los temas financieros más importantes de los últimos tiempos.

Al parecer habían encontrado un punto en común y eso era lo que importaba.

Todo parecía fluir bien, sobre todo a cuánto esa trágica relación se refería.

Gabriel debía admitir que Kaiba era un tipo firme y estaba seguro de que Joey jamás volvería a sufrir.

Estimaba a su parlanchín amigo más de lo que nunca había llegado a estimar a nadie, y podía decir que se sentía feliz de que al fin todo ese dolor se esfumara.

-¿Y qué es lo que vas a decirle? Continuó indagando el inglés, tratando de darle a su apretada agenda algo de espacio.

-Pues algo que tal vez le interese.

El chico no podía ni imaginarlo. Con Nat todo era posible, así que aguardaría hasta enterarse al mismo tiempo que el rubio parlanchín.

No tardaron mucho tiempo en reunirse en la misma cafetería de siempre.

Después de todo el embrollo, habían pasado algunos meses y Joey parecía llevar el mismo sol consigo.

Sonreía más, su faz resplandecía y tan solo hablar de Kaiba era como darle los buenos días al universo.

Al parecer el rubio si era feliz.

De eso mismo se constataron al llegar al café, dónde el rubio aguardaba leyendo una revista.

-Ya deja de buscar artículos sobre ti. No todos los días te veremos en primera plana.

El aludido rió, saludando a sus amigos.

-No te esperaba, Gab.

-Vuelve a decirme así y verás lo que es esperar.

Joey rió con más ahínco. Amaba hacer enfadar a su amigo.

-Ustedes dos jamás aprenderán¿verdad? No sé como vivieron juntos.

-Y separados. Aclaró el inglés a la dark.-No olvides eso.

-Si, si como sea. Total, lo repelas y lo adoras.

Tanto Joey como la chica rieron al sonrojo del inglés. Era tan predecible que causaba risa.

-Bien, aquí me tienes Nat. ¿Para que me querías?

La ojigris ordenó un Laté mientras se acomodaba mejor en el asiento.

Después miró a los presentes y sonrió ampliamente.

-¡Me voy de gira!

-¡¿Te vas?! Cuestionó Gabriel, siendo el primero en reaccionar.

-Si. En dos semanas. La compañía hará una gira por todo Japón. ¡¿No es maravilloso?!

Gabriel miró a Joey quien aun no salía de su asombro.

-Oye, eso es genial. Reaccionó el rubio.- Muchas felicidades.

-Gracias, gracias. Todo se lo debo a mi habilidad como actriz.

Natalia rió. A leguas se veía su felicidad.

-Pero…¿no crees que es muy precipitado? Murmuró el inglés, quien no sabía que más decir.

-Por supuesto que no. ¿Cómo dices eso? Un actor debe estar preparado para todo, incluso para irse de gira cuando menos lo pienses¿verdad, Joey?

El aludido respingó en su asiento. Había estado sumergido en sus recuerdos de Norte América, por lo que la cuestión lo había tomado desprevenido.

-Si. Así es. La profesión requiere entrega.

-¡¿Pero cómo puedes apoyarla?! No está lista para…

-Gab. Llamó la chica.-Si lo que intentas decirme es que vas a extrañarme, yo también. Reveló y sin previo aviso, besó al inglés en los labios.

Joey sonrió a la reacción del extranjero y ocultó la carcajada. Desde hacía unos meses que se había enterado de la "secreta" relación de sus amigos.

Era de esperarse cuando peleaban tanto y se llevaban tan bien.

Jamás se habría imaginado que ellos pudieran compaginar de esa manera, pero ahí estaban, discutiendo como dos chiquillos y adorándose como enamorados.

La historia se le hacía más que conocida, por eso apoyó la relación en el segundo en el que se enteró.

Lo que deseaba era ver a sus amigos felices, y eso tenía.

Sin embargo, la revelación de Nat solo le hizo tener nostalgias de su vida en Estados Unidos.

Ciertamente se había ido para olvidar, pero mentía si se decía que no había disfrutado su estadía en el continente Americano.

Había vivido experiencias únicas en el país y había tenido éxito en la academia de actuación.

Su rostro y nombre habían aparecido en diarios locales, pero tenía que reconocer que de apoco se había ganado un lugar entre los predilectos.

Había vivido al máximo su aventura de actor y había regresado a Japón para revivirla por un tiempo, solo lo suficiente para volver a dejarla.

Mirar a Nat, su ex compañera de tablas, le hacía añorar ese mundo.

Si había elegido ser actor, había sido por todo lo que su corazón le había dictado desde siempre. Por toda esa rebeldía sin reprimir y ese amor hacia algo, que solo había sabido encontrar en un personaje y tras las palmas de un público.

Si, añoraba y también idolatraba regresar, pero en su situación actual, lo veía imposible.

Por eso y en cuanto los tórtolos finalizaron su pequeña discusión, habló.

-Espero que todo salga muy bien, Nat. Te deseo lo mejor.

La chica asintió, dándole un codazo a su novio.

-¿Sabes algo? Deberías de regresar.

-¿Cómo? Inquirió el rubio sin comprender.

-Si. Deberías regresar a las tablas. Yo sé que ahora eres feliz, pero uno nunca es feliz al cien por ciento cuando deja migajas en el camino.

-¿Migajas?

-Sueños, Wheeler. Repeló el inglés, haciendo segunda a su novia.-Sueños inconclusos y que tú aun tienes en el corazón.

Esas palabras acompañaron a Joey durante semanas y meses.

Durante las fiestas y comidas a las que asistía de la mano de su novio y mientras trataba de dormir después de una placentera noche de amor.

Los sueños inconclusos de su corazón seguían latiendo, y él, aunque aparentara tener todo lo que deseaba, no podía seguir fingiendo que no existían.

Ya no podía.

Por eso un día al despertarse y al mirarse en el espejo, se dio cuenta de que había vivido una historia que no empezaba con el clásico: Había una vez.

Sino que había sido una historia real dónde había aprendido a amar y a vivir, a odiar y a encelarse de cosas tan triviales y complejas como la vida misma.

Había tenido una historia de amor y de angustia que había sorteado con creses y que había vivido con el sentimiento al máximo.

Tenía una vida y más de lo que alguna vez de niño, habría podido desear. Había cumplido un sueño, pero aun faltaba llevar a cabo el definitivo.

Así pues caminó lejos del espejo que lo enfrentó con su verdad, que lo hizo recordar su historia de comienzo a fin y que lo llevó directo a la presencia de aquel ser que había amado y amaría tal vez por el resto de su vida, pero que no podía darle lo que tanto y por siempre, había añorado.

-Seto…¿podemos hablar un momento?

El muchacho de ojos azules asintió, incorporándose del asiento giratorio que tenía en su despacho.

-¿Qué ocurre, cachorro? Indagó el millonario.

-Solo…quiero hablar. Sonrió Joey, llevándolo hasta uno de los sofás en la sala.

-¿Mokuba está bien?

-Magnífico. Naya ya no sabe que hacer con él. Solo corre de un lado a otro por la habitación, ya sabes.

Claro que sabía. Había sido un regocijo enorme para Seto Kaiba, contemplar a su hijo caminar y balbucear: "Papá".

-¿Entonces?

El rubio suspiró. Tenía que decírselo.

-Seto¿Cuál es tú sueño?

El genio esperaba cualquier otra pregunta menos esa, por eso se desconcertó un poco.

-¿Mi sueño?

-Aja

-¿Pero a que viene todo eso?

-Solo quiero saber. Animó el muchacho, sintiendo que su pareja lo tomaba por las manos.

-Pues, mi sueño eres tú.

Joey se sintió halagado. Desde que su hermana le había dicho de ese sueño, que siempre había buscado saberlo.

-Tú eres mi sueño y todo lo que necesito para vivir.

-¿En verdad? Preguntó, temeroso de haber escuchado mal.

-Por supuesto¿no te lo digo todos los días?

Por supuesto. No había momento en que Seto no se lo dijera, pero a veces le parecía todo tan poquito, que no podía creerlo.

-Yo no necesito del dinero, ni de casas, autos ni de nada más. Tú y Mokuba son mi sueño. Lo que siempre esperé encontrar y ahora tengo.

-¿Al diablo con la empresa? Indagó Joey tras ser besado.

-Al diablo con ella. Si me pides que nos larguemos a vivir en medio del bosque, nos vamos. Si me pides que lo deje todo, lo dejo. Mi sueño eres tú.

Y se escuchaba tan bien que todo lo que pudo hacer fue abrazarse a su amante y dejarse mecer entre esos brazos que le habían dado desde insultos, hasta el amor más grande.

-¿Qué ocurre, Joey¿Todo bien?

El rubio se separó de su pareja y negó. Había llegado el momento de la verdad.

-Necesito decirte algo, pero no sé como hacerlo.

-Solo dilo. Nos tenemos confianza¿no?

Asintió. Pero era más fácil pensarlo que hacerlo.

Pero debía decirlo.

Por eso tomó aire y antes de hablar, miró a su pareja colocarle algo en el cuello.

-M-mi dije. ¿Pero cómo? Indagó, sorprendiéndose de que el candado y la llave hubieran regresado a su cuello después de tanto tiempo.

-Lo guardé, si lo habías olvidado. Respondió el ojiazul.-Digamos que este pequeño detallito me ha dado fuerzas para no rendirme. No te lo había dado porque quería arreglarlo.

Joey lo miró. A su ojo lucía exactamente igual que siempre.

-Pero Seto…

-Solo quise devolvértelo y…míralo por detrás.

El rubio lo hizo, abriendo los ojos cuando detrás del candadito unas finas letras cursivas le aguardaban: Tuyo desde hace cinco años y para siempre.

Ahí estaba el pequeño arreglo.

Seto aguardó un momento a que la sorpresa se disipara de los ojos de su amante, pero esto no sucedió. Por ello habló.

-Había querido dártelo desde hace mucho, pero he notado que últimamente no te encuentras bien. Por eso quise aguardar hasta hoy para dártelo.

-Hoy hace cinco años que nos conocimos.

-Así es. Sonrió el ojiazul, esperando algo más de su pareja.

Pero cómo en la vida, él fue quien se llevó una sorpresa.

Joey gimió su nombre y volvió a abrazarle.

-No puedo. No puedo. Murmuró, desconcertando al empresario.

-¿No puedes¿Joey, te sientes bien?

Con lágrimas en los ojos, el chico asintió, procurando tomar fuerzas y revelar lo que le ocurría.

-Necesito…necesito irme.

Aquello fue un shock tremendo para Kaiba, por lo que mirando dentro de las piscinas castañas, indagó.

-¿Irte¿A dónde?

-A cumplir mí sueño.

Por más intentos que el millonario hizo por comprender, no hubo ninguna neurona que lo ayudara, por eso y con el alma en un hilo, volvió a preguntar.

-¿Irte de mi lado?

La afirmación del rubio se lo dijo todo.

Jamás habría esperado algo así, mucho menos y después de todos los obstáculos que tuvieron que sortear.

Se incorporó, alejándose de su compañero, huyendo de ese dolor tan profundo e inhumano que volvía a experimentar en el corazón.

Joey se secó las lágrimas y le hizo compañía al ojiazul.

-Seto…

-¿Te falta algo¿Es que no eres feliz?

El rubio sonrió.

-Lo soy. Mucho más de lo que nunca pensé serlo. A tú lado he encontrado todo lo que necesito.

-¡¿Entonces?! Indagó el millonario. Mirándolo, tratando de expresar ese desconcierto y dolor que le estaba quemando el alma.-¿Por qué quieres irte?

Joey comprendía esa desesperación, ese desahuciado sentimiento que su amante experimentaba, porque también era el suyo.

Pero tenía que hacerlo. Debía hacerlo.

-Porque necesito hacer realidad mi sueño. Fue la respuesta que él le dio al genio, tras tomarlo de las manos e indicarle, en ese silencioso y exclusivo idioma, que lo seguía amando más que nunca.

Seto había aprendido infinidad de cosas a lo largo de esos años, la más importante tal vez, a mirar más allá de lo que las palabras permiten.

Ambos se conocían tan bien que simplemente eran perfectos el uno para el otro. Por ello, cuando Joey volvió a abrazarlo, supo a lo que este se refería.

Así pues lo estrechó con todo el dolor y todo el amor que su alguna vez estoico corazón le impidió poseer, y le hizo saber que era correspondido.

-He hecho tantas cosas que si volviera a nacer, volvería a realizarlas. Mi vida estuvo llena de complicaciones, y mentiría si te dijera que tú no eres mi príncipe azul.

-Pero.

El rubio sonrió entre el abrazo.

-Pero alguien me dijo que aunque sea feliz, nunca lo seré completamente si aun tengo sueños inconclusos en el corazón.

Seto gimió.

-Eres mi amor, siempre lo serás pero aun tengo que hacer realidad mi sueño. Ese, que durante los momentos más difíciles de mi vida fue mi sostén y mi compañero.

Yo vine a este mundo para hacer realidad mis sueños y creo, que debo hacerlo. Este, es el momento indicado.

Kaiba lo entendía, si que lo comprendía, pero dolía tanto que era difícil pensar con claridad.

Pero ante todo estaba el amor y si algún día ese ser frente a él había sacrificado tanto, era momento de retribuírselo.

Así pues se separó un poco, lo suficiente para mirarse y darle su dolida bendición.

-Dejarte ir es para mí lo más doloroso del mundo. No sé cómo pude sobrevivir aquella vez, no se si pueda volver a hacerlo pero…Tus sueños son mis sueños, cachorro. Y aunque en el trayecto me rompa en mil pedazos, sé, que debes hacerlo. Cúmplelos.

Aquello era lo más hermoso que nadie, ni el propio Seto Kaiba, le había dicho a Joey jamás.

Por eso y asintiendo, volvió a abrazarle. A fundirse con él y agradecerle su comprensión.

No era cualquier cosa. Para cumplir los sueños se necesita de un gran sacrificio y de la fe suficiente para no rendirse, aunque en el trayecto se deba renunciar a lo más amado.

Permanecieron así por largos minutos. Reconociéndose, saboreándose en un recuerdo que duraría hasta el fin de los tiempos.

-Debo irme ahora. Musitó el rubio. Si no lo hacía en ese momento, jamás sería.

El millonario lo sabía, por eso y ante la cruel perspectiva de una vida vacía, asió al rubio más cerca de él y susurró aquello que tenía reservado para otro momento y lugar.

Joey abrió los ojos y sintió a las lágrimas regresar. Lo que su amante, pareja y eterno amor le estaba diciendo, era simplemente maravilloso.

Así pues al separarse y al ver en los ojos azules la angustia de la espera, sonrió cuan ancho era el mundo.

-Por supuesto que si.

Fue un susurro especial para Seto, pero que equivalió al griterío de un estadio. Por eso asaltó la boca del actor y bebió de ella hasta saciarse por completo.

La angustia y la euforia se fundían en una.

No hubo más palabras ni una última noche.

Joey se fue de la mansión Kaiba al terminar de hacer su equipaje.

Su antigua compañía teatral, aquella que lo había visto nacer lo recibió con los brazos abiertos. Listos para volver a tener en Joseph Wheeler un éxito completo e inigualable.

Y así, al correr de los años la historia de amor no murió. Permaneció en los corazones y en la memoria de todos.

Fue una historia real de angustias y amores. Jamás un cuento de hadas, pues la vida no es así.

Sin embargo, la existencia se forja de Sueños tan poderosos que son capaces de erigir y destruir una vida.

Los sueños son el todo de una vida y tarde o temprano se llega a ellos ya sea a través de sufrimientos o de una gran historia de amor.

FIN

Tú fuiste la lección que yo tenía que aprender.

Yo fui tu fortaleza que tú tenías que arrasar.

El dolor es una advertencia de que algo va mal.

Rezo a Dios para que no dure mucho.

No hay mayor poder

Que el poder del adiós.

(El poder del Adiós

Madonna)

Hace un año, cuatro meses, algunos días, minutos y segundos estaba dando vida a Dreams.

El factor desencadenante fueron cuestiones personales que ahora, al igual que esta historia, he ido superando cada día.

Igual que Joey hoy emprendo un viaje hacia los sueños, dónde a veces hay que dejar lo que más amas, por seguirlos.

Hace un año no tenía prioridades. Estaba llena de miedo y de dolor, pero ahora e igual que los protagonistas, emprendo el vuelo, esperando que mis sueños se hagan realidad.

Jamás podré pagarle a todos y a cada uno de ustedes su paciencia, sus palabras de aliento, sus muchos mensajes y seguimientos hasta aquí.

Se que no es un final del todo feliz, pero cuento con que sea aceptable y que haga recapacitar a muchos que se encuentren si no en iguales, en similares circunstancias.

Gracias, verdaderamente mil gracias por todo y ojala algún día no muy lejano, nos volvamos a ver.

KLF

Diciembre 11 de 2006

Epílogo, próximamente. Aun hay algo que aclarar.