TITULO: Dreams

EPÍLOGO: Dreams

Serie: Yu-Gi-Oh!

Pairings: S/J

CAMPAÑA LE FAY No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

FEEDBACK: podía existir nada comparable a ese momento. A ese mágico momento cuando tras la mejor representación de su vida, el preciado público criticaba su trabajo a través de aplausos.

Y si le sumaba el respeto a su labor, mirar a las personas de pie, era el pago más valioso que nadie jamás y con nada le daría jamás.

En esos momentos, dónde el teatro se llena de sonoras palmas y gritos de celebración, es cuando un actor se da por bien servido.

A tras pueden quedar los nervios pre función. Las riñas con el director, con el elenco. El vestuario desajustado u holgado.

El deseo de devolverlo todo en el retrete o tomar el guión cinco segundos antes y darle el vistazo definitivo.

Todo eso queda en el olvido al ver el resultado de su trabajo.

El sabor del aire en un teatro es insuperable, mucho más cuando toda esa retribución va dirigida, a una sola persona.

La cortinilla se corrió por tercera vez y fue el momento en que los actores y directivos le felicitaron.

-¿Escuchas eso?

-Y quién no.

-Esa, es la ambrosía de los Dioses. Disfrútalo hijo, disfrútalo.

Él lo sabía, por eso sonreía anchamente a lo que tras bambalinas aun escuchaba.

La función había sido todo un éxito.

No importaba que obra hubiera sido o si el personaje era el villano o el protagonista, todo lo que interesaba era ese deleite que solo un verdadero artista como lo era él, podía sentir en ese momento en el corazón.

-Reporteros a las tres en punto. Advirtió el apuntador. Un chico impetuoso que lo admiraba en desmedida y que siempre lo ayudaba si lo necesitaba.

-¿Podrías auxiliarme esta vez, por favor?

El chico no se lo pensó demasiado y tan ágil como solo él, movió a las personas indicadas para salvar a la estrella de ser acosado salvajemente por los tabloides.

Entró con una sonrisa a su camerino y de desvaneció en la silla frente al enorme espejo.

Ahí se encontraba él, sonriente, sudoroso pero con una gran satisfacción que nada jamás obraría de similar manera en su persona.

-Lo hiciste de nuevo. Se dijo, felicitándose mentalmente por todo.

No había mucho que decirse, todo quedaba entre el escenario, el público y él.

Se sentía satisfecho de lo que había hecho y simplemente no podía pedir más.

Tenía veintiocho años. Un físico envidiable, fama, fortuna y una reputación equivalente a mil contrataciones.

¿Qué más podía pedir?

-El perfecto sabor de boca para tú retiro. Felicidades, Joey.

Sonrió a la chica que con dificultad se adentraba en su camerino.

Sin perder el tiempo se abrazó a ella y la estrechó lo más que pudo.

-¿Te gustó?

-Ni yo lo hubiera hecho mejor. Aunque debo decirte que tú coestrella…yo soy mejor que ella. Guiñó en confidencia, mirando al muchacho que en ese momento también hacia su entrada triunfal.

-Hey, enhorabuena. Genial interpretación de…¿Macbeth?

-Idiota. Rió el rubio, abrazando a su amigo.-Qué bueno que pusiste atención a la obra.

-Es que con los antojos de Natalia, me quedó poco tiempo para verla.

La aludida codeó al inglés, quien le cedía una bolsa de lo que parecían papas fritas.

-¿Antojos? Indagó el rubio mirando a su ex compañera de tablas.

-Ni una palabra, Wheeler.

-Yo no dije nada. Se defendió el aludido. Recordando que su amiga era anti alimentos chatarra.

Pero no podías pedirle peras al olmo, ni mucho menos a una embarazada que no tuviera antojos.

Se compadeció de Gabriel, el pobre lucía unas ojeras espectaculares pero sabía que habían valido la pena.

Sus amigos no se encontraban casados, pero habían vivido una hermosa historia que jamás habría creído cierta.

Con ocho meses de embarazo y compitiendo con el Everest, Natalia ex dark y actriz, por el momento, se había retirado para dar a luz a sus gemelos.

Joey realmente se sorprendía de los cambios en la vida. Su amiga un poco arisca y sexualmente activa, al fin había sentado cabeza. Pero lo más importante era que tendría una familia. Esa que siempre había protestado en tener pero que en ese momento deseaba más que nadie.

El afortunado había sido Gabriel, el muchacho finanzas que había aprendido mucho, sobre todo a nunca dar por sentado nada.

Ambos hacían una maravillosa pareja y el rubio podía saberlo por los deslumbrantes ojos grises de su amiga y la sonrisa oculta del inglés.

Si que todo había cambiado.

Se giró un momento para desprenderse del saco de su personaje y se encontró con un dije que todas las noches y sin excepción, dejaba colgado en el espejo de su camerino.

Un dije en forma de candado junto a una llave, que eran su fortaleza y vida de cada día.

Con un suspiro lo tomó y le observó.

Varios años habían pasado desde aquella tarde en casa de Seto Kaiba. Desde el momento en que había decidido retomar sus sueños y reiniciar su camino.

Había triunfado, si, pero a veces la melancolía hacía presa a su corazón.

-Ánimo. Le palmeó Gabriel en el hombro.-Que no es un velorio.

-Lo lamento. Sonrió, colocándose el dije en el cuello.-Es que en ocasiones, las giras me estresan.

-Eso ya terminó. Corroboró el inglés.

-¡Y de qué manera! Chilló la chica.-El perfecto final para el mejor actor de todos los tiempos.

-No es para tanto, Nat. Se azoró el rubio.

-¿Qué no es para tanto? Joey, en verdad a veces pienso que eres ciego o tonto. Tú fama a alcanzado niveles exorbitantes. ¿Cuántas películas has rechazado?

-La verdad…no recuerdo. Medio rió el aludido, sabiendo que lo que su amiga decía era verdad.

-Joey. No sé porque te retiras. Aun eres joven y…

-Debo vivir una vida. Aclaró y recordó, poniendo punto y aparte a una discusión que jamás tenía fin.

Gabriel le advirtió a la chica que tuviera cuidado al exaltarse y esta a regañadientes obedeció.

-Hombres. Bufó, pero en el fondo el rubio sabía que se alegraba por él.

Dar fin a su carrera actoral a tan corta pero exitosa edad, muy pocos lo hacían.

Pero prefería irse así, con la mente en alto y los sueños cumplidos, a haberse quedado con el deseo de realizarlos.

Sus logros, hasta ese momento, eran más de los que había planeado.

Un toque en la puerta distrajo a los presentes, siendo el inglés quien la abriera.

-Ah, hola. Saludó, sabiendo por el cambio en su voz que era alguien importante.

Joey no tuvo que indagar demasiado para adivinar de quien se trataba la visita, por eso y en cuanto Gabriel se apartó del camino, pudo mirar a la personita más hermosa del mundo.

-¡Mokuba!. Gritó, prácticamente corriendo hasta dónde el pequeñín de cinco años lo esperaba con un inmenso ramo de flores. Tan grande que solo resaltaba su abundante cabellera negra.

El niño, en cuanto escuchó la voz del rubio, dejó caer el obsequio, corriendo a los brazos de aquel hombre que tanto quería.

-¡Papi Joey!. Exclamó, siendo abordado por un millón de besos y un abrazo muy fuerte, y un poco asfixiante.

No hubo palabras para ese momento. Simplemente era perfecto y los presentes lo sabían.

El amor entre Mokuba y Joey era a simple vista extraordinario.

-Mi lindo bebé¿cómo estás?

-Ya no soy un bebé. Refutó el niño con su típica altivez Kaiba.-Ya tengo cinco. Indicó, señalando con su mano la perfecta cuenta.

-Oh, lo sé. Sonrió el rubio.-Pero para mí, siempre serás mi bebé.

Mokuba lo sabía, por eso le gustaba recordárselo a Joey, pues este siempre le obsequiaba ese amor tan infinito que con nada jamás podría compararse.

Antes de que el cuadro perdiera su armonía, la puerta volvió a abrirse, revelando esta vez al hombre que manejaba un cuantioso imperio, extendido en esos años por la mitad del mundo.

-Buenas noches. Saludó, con ese tono altivo y estoico que enchinaba la piel.

Gabriel movió la cabeza a modo de respuesta, mientras que Natalia sonrió.

-Creo que debo salir de aquí antes de reventar. Ya no quepo en ningún lado. Indicó, haciéndose espacio y como pudo para llegar hasta Joey.-Te veremos otro día. Felicidades de nuevo. Guiñó, besando la mejilla del rubio.

-Gracias, hasta pronto.

El inglés se despidió de lejos, mientras que de Kaiba lo hizo de mano.

-Te veo el lunes para afianzar detalles sobre el último proyecto.

-Dalo por hecho.

No serían amigos, pero al menos habían alcanzado un alto grado de acercamiento gracias al empleo financiero que el inglés llevaba en KC.

Una mancuerna perfecta para un trabajo perfecto.

El camerino entonces quedó en silencio. Con el olor suficiente para ser considerado íntimo.

Mokuba se bajó de los brazos del rubio y corrió hasta situarse al lado de su padre, quien miraba a Joey esperando algo.

-¿Y bien? Indagó el genio, con toda la poca paciencia que tenía.

El aludido sonrió, caminando hasta quedar de frente al ojiazul.

-Se supone que debes felicitarme.

-¿Por la peor actuación de tú vida? Aja, si claro.

Joey frunció el entrecejo, pero las manos en su cintura y el beso largo y apasionado que le robaron, bien justificó aquel pequeño comentario.

La vida no es siempre como se pinta y tras ese beso había una historia plagada de felicidad.

"¿Quieres casarte conmigo?" Había sido la pregunta que aquella tarde, tras Joey decirle que se iba, el ojiazul le había echo a su pareja.

La respuesta era más que conocida y unos meses después, cuando el rubio había regresado de su renovada gira artística, la boda se había celebrado.

Si la declaración de Kaiba sobre su preferencia amorosa había resultado un revuelo, esta nota se había llevado las de ganar.

A cuatro años del enlace, aun había quien les auguraba poco tiempo.

Eso si, con amarillismo sin censurar y tabloides que alababan y desprestigiaban al actual esposo del hombre más rico del mundo.

Había sido una boda sencilla dónde los amigos del rubio habían asistido.

Una ceremonia que debió de haber efectuado años atrás, en ese viaje suspendido a Paris y en esa pregunta que Kaiba había dejado en el aire durante tanto tiempo.

Pero lo importante era que estaban juntos, unidos más que nunca y compartiendo el sueño sagrado del rubio, que ese día había llegado a su fin.

Una historia maravillosa e increíble, demostrando que Seto Kaiba no dejó solo a su esposo, y que compartió un sin fin de momentos como toda historia normal.

Lo importante era que vivían felices y amándose como nunca nadie amaría.

Se separaron, mirándose con ese amor no desgastado sino avivado por el tiempo.

-¿Entonces, te gustó la obra?

-Yo diría que le faltó mucho. Asintió el ojiazul.-Pero para ser Macbeth, no estuvo mal.

El rubio golpeó el brazo del castaño, quien sonrió a la molestia de su esposo.

-Sigue con eso y ya te daré tú Macbeth. Gruñó, permitiendo que Kaiba lo volviera a besar.

Sin embargo, el fogoso contacto se detuvo, cuando una pequeña manita haló el pantalón del actor.

Separándose levemente, Joey miró a su lado, dónde una cabecita castaña aguardaba por su atención.

-¡Dios mío! Exclamó el rubio.-¿Pero en dónde te habías metido, hermosa mía?

-Ahí. Señaló la criaturita, un hueco entre el vestuario.

El de ojos castaños sonrió y al igual que lo hizo con Mokuba, sostuvo entre besos y un enorme abrazo a la niña que reía inconteniblemente.

-Me preocupabas, princesa. En este preciso momento iba a preguntarle a tú padre en dónde estabas.

La pelicastaña rió como solo un niño de tres años puede hacerlo, por ello besó ambas mejillas del rubio y respondió.

-Te quiero, papi. Susurró la pequeña, tendiéndole una maltratada rosa roja.

Para Joey, fue el mejor elogio de todos. Al caño podían irse los aplausos o el néctar de los Dioses. Todo lo verdaderamente importante se encontraba en ese lugar y junto a los niños que lo miraban con absoluta devoción y amor.

-Y yo a ti, Zoe.

La niña sonrió y tras ser regresada al piso, corrió a dónde Mokuba, quien se encontraba sumamente interesado en el vestuario de su padre.

Kaiba sonrió cuando besó la mejilla de su pareja y no necesitó recordarle a Joey que eran una familia.

La niña había llegado dos años después de su enlace.

La idea había nacido prácticamente de la nada. Solo un deseo de tener aun más de la felicidad verdadera.

La elección no había sido fácil, mucho menos con la empalagosa prensa pendiente de sus movimientos cada día. Pero al final, lo único importante había sido el tener a la pequeña entre sus brazos y que Mokuba la hubiera aceptado. Eso era todo lo que importaba.

Zoe Kaiba era el pequeño angelito que había completado su felicidad, y también quien más canas verdes sacaba a sus padres.

-Igualita a ti. Murmuró Seto, tras mirar el desastre que la niña había hecho con el vestuario.

-Si. Pero al menos te puedo culpar por consentirla tanto.

De eso el ojiazul se consideraba culpable. ¿Pero cómo no consentir a los soles de su vida?

Era como pedirle a las personas que no respiraran.

Joey lo sabía, por ello permitía esa "malacrianza" que al final y obviamente solo era amor de padre.

-Bien¿entonces a dónde iremos? Indagó el rubio, quien buscaba su ropa entre todo el desastre que su hija había realizado.

-A dónde quieran. Observó el millonario, besando la mejilla de su consorte y sonriendo a sus dos "angelitos", quienes le tiraban de ambos brazos.

-¡Yo quiero ir a comer pizza! Gritó Mokuba, cuyos ojos azules brillaban con emoción.

-No. Negó Zoe.-Mi quiere Curri.

-Esa no es cena. Riñó el hermano mayor, mirando con el entrecejo fruncido a la niña.

-¿Y? Indagó. Ambos niños evidenciando su tan renombrado apellido.

-¡Que no quiero¡Yo quiero Pizza!

-¡Y yo curri!

-Y yo quiero cenar en casa. Alegó el rubio, quien totalmente vestido auxiliaba a su consorte en esa difícil faena.

-Gracias. Masculló el ojiazul, al mirar que sus hijos se tranquilizaban.

-¡Quiero waffles! Exclamó el pelinegro, brincando a los brazos de su padre rubio.

-¡Y yo hot cakes! Acompañó la castaña, halando a Joey para que la atendiera también.

-Eso es desayuno. Mejor les preparo algo más ligero y fin de la discusión.

Seto sonrió. Joey siempre sabía cómo solucionar hasta el más pequeño de los dilemas. Por eso sus hijos lo amaban y no podía faltar él, quien se sentía gratificado y endemoniadamente feliz de tenerlo como esposo.

El millonario debía confesar que hacía unos años, cuando Joey le habló de realizar su sueño, tuvo miedo de perderlo. Tuvo terror de encontrarse sin él. Pero sobre todo, pánico a no tenerlo más a su lado.

Por eso se había declarado, recibiendo un espectacular "por supuesto que si".

Eso había calmado a sus nervios hasta lo inimaginable, sintiéndose completo hasta que el juez los enlazó de por vida.

Haber encontrado a su esposo, había sido lo mejor. No tenía palabras para expresar su felicidad, mucho menos para gritarla al mundo.

Si su primer matrimonio había sido funesto, este ni siquiera se le comparaba.

Por Joey hacía hasta lo impensable y por sus hijos…ni se hablaba de eso.

Tenía la familia que desde siempre había ansiado y ante tantos fructíferos dones, solo podía agradecerlo haciendo feliz a sus soles.

Esos que le habían regresado la razón de ser y de vivir.

-¿Nos vamos? Indagó Joey, regresándolo a la realidad.

-Por supuesto. Asintió el millonario, tomando de la mano a Zoe, mientras su consorte lo hacía de Mokuba.

-¿Y Ed?. Interrogó el rubio, despidiéndose de quienes habían sido sus compañeros de teatro.

-Afuera. Quiso adelantarse por el auto.

-Siempre tan generoso.

-Lo hace por ti. Ya sabes que le encanta tú trabajo.

El aludido sonrió. Ed siempre le había dicho que era su máximo admirador y eso era un halago tremendo.

-Habrá que hacer algo con su sueldo. Sonrió, abriendo la puerta trasera de la limosina.

-Ya lo había pensado.

Joey solo asintió, echándole una última mirada al que por algunos años había sido su alma mater.

-¿Extrañarás esto? Preguntó el millonario, sujetando el talle de su esposo.

-Bien sabes que si. Durante estos años ha sido un sueño maravilloso que nunca creí volver a realizar, pero…

-¿Pero?

Joey suspiró, pero inmediatamente después enredó los brazos en el cuello del castaño y lo besó con sensualidad.

-Ahora tengo otros sueños que llevar a cabo. Como me dijiste un día, tus sueños son los míos.

Y él lo agradeció, pues el mayor sueño de Seto Kaiba era ser feliz con una familia.

-Y yo te amo por ello. Sonrió Seto, abordando nuevamente los labios de su consorte.

Como había dicho Natalia, el final perfecto para una estrella perfecta. Pues después de cumplidos los sueños, solo restaba hacer más.

Era costumbre para él pedir libre cada año, ese día en particular. Tomar el auto que su jefe le había regalado y conducir despacio hasta la ciudad.

Le gustaba admirar el trayecto. Amaba, sobre todo, escuchar la emisora de radio que dedicaba viejas sonatas a los radioescuchas y divertirse, en ocasiones, con las personas locas que llenaban las aceras.

Eso, le gustaba hacer.

Pero no era simplemente por capricho, sino que para él era un ritual completo que iniciaba desde que ponía un pie lejos De su hogar.

Si, extraño parecería, mucho más el hecho de estacionar el auto y caminar dos cuadras hasta uno de los mejores restaurantes de la ciudad.

Pero aquí el dato curioso. En lugar de entrar, miraba en ambas direcciones antes de cruzar la calle y caminar, a paso descansado, hasta la limosina, auto o furgoneta que le esperara.

Jamás era el mismo, por eso no le sorprendió que ese día aguardara por él un bello auto negro.

Saludó cortés al chofer, quien le abrió la puerta amablemente y después desapareció. Como siempre.

-Es bueno tener gente discreta alrededor¿no cree?

-No habría podido decirlo de mejor manera. Asintió, quien con una sonrisa dio la bienvenida a Ed.

-Lamento el retrazo.

-Ni lo noté. Pero déjame adivina¿Mokuba y sus saltos improvisados por la escalera?

-Y la señorita Zoe. No debe olvidarla.

-¡Claro! Rió el anfitrión.-Ella también. Vaya casa de locos tiene tú jefe.

-Ni que lo diga, señor.

Ambos hombres rieron al imaginar a los pequeños demonios, o soles, que Seto Kaiba tenía por hijos.

-Serán unos fascinantes adultos.

-¿Usted cree? Indagó el guardaespaldas, pendiente de todos y cada uno de los gestos de su interlocutor.

-Por supuesto. Su estirpe es la de un Kaiba, pero tienen la contraparte Wheeler y sino me equivoco, crecerán con el mayor amor y disposición del mundo. Ya habría yo querido que me tocara eso.

Ed medio sonrió al suspiro que el otro lanzó.

-Lamento su congoja.

-No es congoja. Rió el que miraba por la ventana.-Es envidia. Una que pensé haber dejado de lado, pero que veo no es así.

-La envidia es necesaria, señor.

-En pequeñas dosis. Asintió el otro.-No de un solo empujón. Cómo me sucedió a mí.

-Usted estaba enamorado…

-Corrección. Interrumpió.-Tenía envidia, que es otra cosa.

Ed enarcó una ceja. Pensaba que ese tema estaba más que saldado.

-Señor…

-No viniste aquí por una cátedra de si me enamoré o no de la persona incorrecta. Viniste aquí a charlar de otras cosas.

-Siempre será un placer hablar de lo que sea con usted.

El anfitrión se sintió azorado, pero el movimiento de su mano frente a su rostro impidió que el custodio mirara su sonrojo.

-Infórmame de los nuevos proyectos de tú jefe.

-Con gusto. Sonrió Ed.-Cómo ya le había dicho, el señor Seto ha planificado expandir los laboratorios que maneja y convertirlos en una clínica especializada en aquellos problemas no comunes y también en…

-¿Lo que era antes?

-Si. En ayudar a personas con necesidades distintas también. Aceptó el guardaespaldas, recuperando la confianza en su voz.

-Un proyecto muy ambicioso. Ironizó el interlocutor.-Pero sé que lo sacará adelante. ¿Él lo ayudará?

Ed tardó un momento en descodificar la cuestión.

-No lo sé. Supongo que así será. Como bien sabe, tuvo un buen adiestramiento en fisioterapia.

-Por supuesto. Sonrió.-Pero Seto debe tener cuidado con su esposo. Tal vez aun siga pensando que las sillas de ruedas son perfectas para deslizarlas por los pasillos, mientras juega baloncesto.

Ambos rieron. La sola imagen del rubio era excusa suficiente para hacerlo.

-Se ve que jamás dejará de apreciarlo.

Y Ed se arrepintió de lo que había dicho, pues la faz de su interlocutor decayó notablemente.

-Lo lamento, señor, no fue mi intención…

-Aunque no quiera. Respondió él tras un suspiro.-Es parte de mi vida. El pasado no puede cambiarse ni quedarse en dónde está, aunque uno quiera.

Todos los días al despertarme, evoco escenas y diálogos que creía perdidos. Todas las noches me voy a dormir con el pasado entre mis pensamientos. Y todas las tardes, antes de sentarme a comer, recuerdo los momentos de dicha y tristeza que yo ocasioné.

Créeme Ed, a veces quisiera arrancarme todo y no saber más. Pero es parte de quien soy y me recuerda la gran deuda que aun tengo que pagar.

-Pero señor, usted no tiene que saldar nada.

-¿Tú lo crees?

Ironía. El custodio la conocía, pero también sabía manejarla.

-Por supuesto. Usted ya ha sufrido bastante.

El interlocutor sonrió y se recargó en el asiento.

-Eres muy bueno, Ed. Vas a ganarte rápidamente tus halas en el cielo.

-No diga eso.

-¡Claro que si! Sonrió con veracidad.-Eres una parte importante en todo esto, sobre todo en la vida de Seto. ¿Cómo no valorarte por lo que eres? Tú fidelidad vale oro.

-Le seré fiel a los dos hasta el último día de mi vida. Intervino el aludido, inclinando la cabeza a modo de respeto.

Lo que Ed no se esperó fue que sus manos fueran tomadas por otras y acariciadas con infinita dulzura.

-Entonces, por mi parte, eso llegó a su fin mi querido amigo.

-¿Cómo?

-Que ya no tienes que serme leal hasta el fin, porque yo mismo te dejo en libertad ahora. Me marcho, desaparezco. Ya nunca más regresaré.

-Señor…

-Vine aquí como todos los años, no solo a pedirte cuentas de lo que Seto hace, sino a despedirme de mí mejor amigo y decirle que ahora puedo vivir. No en paz, porque nunca podré hacerlo, pero al menos me creo con la suficiente fuerza para vivir y seguir adelante.

-Pero…

-He comprendido. Habló, besando las manos entre las suyas.-Que a pesar de andar con el pasado y pecados a cuestas, he visto los frutos de mi redención. Me siento feliz por haberlo hecho, y nada jamás será tan grande como esto.

Me voy tranquilo porque sé que tú velarás por ellos y porque sé, que siempre estarás a su lado. Siendo el amigo fiel de siempre. Gracias Ed, por permitirme hacer un bien dónde antes, solo traje desdichas y desastres.

-Señor…Noa

El muchacho peliazul y de estilizada figura que yacía sentado al lado derecho del custodio, sonrió, mostrando las lágrimas que no se atrevería a derramar jamás.

No después de lo que él llamaba: Su más grande pecado.

Ed no contuvo el deseo de abrazarse a su antiguo señor y estrecharlo con todo el amor que un padre podría profesar.

Él lo había visto crecer y convertirse en un hombre de bien. Hacerse una vida aparte y ser alguien en ese mundo.

Pero sobre todo, lo había visto madurar y corregir los errores del pasado. Esos que jamás dejarían de existir pero que había sabido enmendar.

Noa Kaiba no era más un niño, sino un adulto que regresaba a casa cada año para enterarse sobre lo que su querido hermano mayor hacía en los negocios y en su familia.

Para saber de la dicha infinita que desde hacía unos años invadía a la mansión, y para estrechar la mano del más fiel de sus amigos.

El custodio miró con una sonrisa triste al peliazul, quien tras palmearle el hombro lo exhortó a "comportarse".

-Vamos, vamos, que no me voy a la Patagonia.

-¿Entonces?

-A Londres. Ahí está mi vida ahora.

Ed lo sabía, pero le costaba mucho mirar a ese chico como lo que era.

-Lo lamento, señor Noa. No estaba preparado para esta noticia.

-Lo sé, por eso te la dije despacio.

El aludido rió, secándose las lágrimas con las mangas del saco.

-¿Entonces, ya todo está decidido?

-Si, por supuesto. Recuerda que a pesar de todo sigo siendo un genio, y eso nadie lo pone en duda.

Lo sabía, sobre todo por los relatos del peliazul.

Y aquí fue dónde el custodio retrocedió un poco en el tiempo, a ese desgarrante día dónde le comunicaron que su señor Noa había muerto.

Nada se comparó jamás al dolor experimentado, ni siquiera el mirar a Seto Kaiba destrozado.

Enterarse de que el chico había perecido en un prototipo de auto de carreras, había sido lo peor del universo.

El luto lo llevó sin rendirle cuenta al minutero, mucho menos al calendario.

La vida simplemente se hundió y nada más importaba.

O al menos eso le hizo compañía durante en un largo trayecto, hasta que un día recibió una misteriosa llamada que le llevó directamente a la suite de un lujoso hotel.

"Hola Ed, tanto tiempo sin verte"

Su primera reacción había sido de horror puro, hasta que la risita despreocupada del peliazul lo había regresado a la vida.

"¿Un partido de ajedrez para aminorar el espanto?"

Y sí que había aceptado. El tablero había sido el intermediario perfecto para que el shock se disipara y pudiera escuchar la fantástica historia que al que suponía muerto, le relatara.

"La muerte fue mi única alternativa, sobre todo cuando me di cuenta de lo infeliz que había hecho al que yo supuestamente amaba.

Me miré a mi mismo como el monstruo que realmente era y eso no me agradó…"

Noa le relató entonces el martirio al que había sometido no solo a Joey, sino a su hermano. Ese hombre que dentro de su coraza impenetrable de hielo, habitaba un ser humano desgarrado y moribundo.

Ese muchacho de ojos tan azules como los suyos, que siempre lo cuidó y veló por él, aun a sabiendas de que no era el favorito de su padre.

Ese padre más que hermano al que había tomado su corazón sin miramientos, para después estrujarlo sin remordimientos.

Si, se percató de ello, pero tarde fue para el menor de los Kaiba remediar la situación.

Tras un silencio infame, le relató a su ex guardaespaldas, aquel maldito plan maestro, forjado con empeño por dos mentes pueriles cegadas de amor y envidia. Dispuestas a matar si era preciso.

Ed lo observó vuelto un mar de arrepentimiento, mientras el chico continuaba relatando el remordimiento tan grande al verse triunfador, pero también el más grande perdedor. Pues a pesar de que al final Joey se había quedado a su lado, este jamás lo amaría, y en cambio sus ojos y corazón siempre resplandecerían por aquel que en similares circunstancias se encontraba.

Con la decisión que solo la vida forja, Noa Kaiba relató la odisea para simular su muerte.

Un plan perfectamente planeado y ayudado por unas cuantas bocas compradas, quienes fueron de vital importancia en su empresa.

"Solo mi muerte les traería la paz. Solo al irme comenzaría la primera fase de mi plan"

Y así había sido, pues al no estar él atormentando al dueño de los ojos castaños más tristes del mundo, podía moverse con facilidad en dónde lo deseara, dispuesto a realizar una nueva vida.

"Comprendí que era un niño caprichoso y que todo el mal que había hecho siempre estaría en mi. Por eso, me atreví a crecer, pero sobre todo a enfrentar las consecuencias de mis actos"

El guardaespaldas recordaba con media sonrisa de satisfacción, y media de incredulidad, el cómo Noa le había mostrado el trabajo duro que había realizado después de su "muerte".

"Comencé de cero y no me importó. Tuve que aprender a valerme por mi mismo y a escalar sin ayuda.

Eso me forjó el carácter que me faltaba, pero sobre todo, el deseo de enmendar mis errores. Llegué muy lejos por mi mismo y no me arrepiento de haberme muerto.

Porque eso hice, me morí y renací como una nueva persona"

La única congoja del peliazul radicaba en no haber actuado con anticipación, pero como él mismo lo había dicho, primero tenía que ser alguien para después dar rienda suelta a su plan.

Desde esa noche un fortificado Ed se puso a sus servicios nuevamente, listo para entrar en acción.

Pero no por nada Noa seguía siendo un Kaiba, por ello tuvo que repasar lentamente y sin errores, el ingenioso plan que el peliazul tenía para volver a unir al amor.

Comenzando, por supuesto, por quitar obstáculos de enfrente.

Ambos, jugadores claves en la operación: Recuperación, habían trabajado arduamente para que Seto y Joey pudieran unirse de nueva cuenta.

La tarea no había resultado sencilla, mucho menos con el reacio castaño, quien realmente había cometido varios errores casi enmendables.

Afortunadamente para los dos, Noa utilizó perfectamente bien su inteligencia, acercándose a su hermano sin que este se diera cuenta y comprando algunos reporteros que gustosos se unieron a su plan.

"Me volví cliente de uno de sus proyectos, solo para acercarme indirectamente a él y ver cómo trabajaba.

Los reporteros se volvieron mis ojos y los chismes mis oídos.

Si la operación iba a dar frutos, primero tenía que comprobar la disponibilidad de mi hermano, la cual no fue sencilla de descubrir.

Teniendo eso, lo demás fue sencillo, solo llevar por línea recta a los tórtolos".

Pero Kisara había resultado un obstáculo difícil de vencer, por lo que el último y drástico recurso había consistido en las fotografías delatoras del "romance", y por supuesto en la rueda de prensa improvisada.

Con la ansiedad a flor de piel, Noa había aguardado los resultados ese día, festejando con bombo y platillo cuando su hermano al final se había decidido.

"Bien valió lastimarme en el incendio que causé"

Ed lo sabía. El peliazul había resultado con varias heridas no graves, pero si de cuidado.

Sin embargo el muchacho jamás se había preocupado por él, sino en el resultado que cinco días después del incidente, el custodio le notificó como positivo.

Ahí la verdad de años de trabajo y de espionaje. De días y minutos dedicados a reestablecer el cause que jamás debió moverse.

-He cumplido. Aseguró el chico, sacando a Ed de sus memorias.-Ya no hay nada más que pueda hacer. Mi misión ha finalizado.

-Y de qué forma. Alabó el guardaespaldas, sonriendo al sonrojo de su compañero.-En verdad se jugó mucho. Cuánto ama a su hermano.

Noa miró por la ventana, negando la afirmación de su compañero.

-No merezco ni siquiera amarlo, Ed. No merezco ni siquiera el apellido que todavía nos une.

No merezco ni la sangre ni su imagen siempre metida en mi cabeza.

He sido un mal hermano.

-No diga eso. Ya lo hemos discutido. Usted realmente se enamoró del joven Joey y…

-Pero jamás debí de seguir adelante. Ya sabes por qué. Aseguró, mirando con cierta dureza al hombre a su lado.-Me importó un bledo si le hacía daño. Yo solo vi por mí y nada más. Fui, la peor de las escorias.

-Lo rectificó. Aseguró Ed, continuando una charla que era de ley discutir. El remordimiento del más joven era bastante.

-Algo que habría podido evitarse si yo no hubiera sido un imbécil.

-Pero…

-Lo hecho, hecho está Ed y nada se puede cambiar. Ellos son felices ahora, son una hermosa familia. Sonrió, girando el rostro.-Se aman más que nunca, fortalecieron sus lazos y fin de la historia.

-¿Y usted, joven Noa¿Es feliz?

El chico no respondió inmediatamente, se dedicó a mirar un momento la que en antaño fue su ciudad.

Se dedicó a recordar los momentos de infancia, todos vividos al lado de su hermano.

El amor profesado a ese muchacho que solo había lastimado y las millones de veces en las que pensó matar a su propia sangre para así entrar definitivamente en el corazón de Joey.

Deseos que afortunadamente jamás se hicieron realidad, pero que habían estado presentes en su corazón.

-Tal vez algún día lo sea, Ed. Eso no me importa en realidad.

-¿Sigue enamorado del joven Joey?

Noa sonrió.

-¿Y quién no lo estaría?

El custodio asintió. Había sido una mala pregunta.

-Pero eso ya no me preocupa. Ahora está con quien debe estar y yo me encargaré de que su vida…sus vidas, jamás vuelvan a ser oscuras.

Ed lo entendía. Aunque el peliazul ya no estuviera presente, sabía que de alguna forma, solo conocida por él, mantendría vigilada a aquella hermosa familia que en coincidencia, paseaba justo enfrente de ellos.

-Divinos. Exclamó el peliazul, acercándose un poco más a la ventana para observar.-No hay otra palabra para describir, el increíble amor que se profesan y se observa. ¿Cómo pude pensar siquiera en separarlos?

-Ya no se culpe, señor. Como dice, todo está bien.

Noa asintió, no despegando la vista de las cuatro personas que sonrientes, caminaban como quien no tiene presiones en la vida.

-Cuídalos mucho, Ed. Ellos lo valen.

-Lo haré. Pero el que me preocupa es usted.

-No tienes porque. Medio sonrió.-Yo estoy perfectamente resguardado. Tengo miles de custodios, un caro sistema de seguridad y la empresa de videos más grande del mundo. ¿Cómo no estar bien?

El guardaespaldas rió.

Su señor se había labrado un porvenir a base del más cruel sufrimiento, pero aun tenía fe en que algún día sería feliz.

-Debo irme. Mi avión sale en tres horas y aun hay mucho que arreglar.

El custodio asintió. El pecho le dolía realmente.

-Le deseo un buen viaje, señor.

-Y a ti una linda vida Ed. No te entristezcas. Sigo vivo. Guiñó, como tratando de dar ánimos.-Algún día tal vez, nos volveremos a ver.

-Esperaré ese día.

Ambos se abrazaron, sin que nada los detuviera.

Ed era conciente de que separarse era lo mejor. Ambos tenían ya sus vidas forjadas y Noa no deseaba regresar al pasado.

Siempre lo acompañaría, pero jamás regresaría.

-Cuida de ellos, no olvides que es lo más preciado que jamás tendré.

-Lo haré, señor, pierda cuidado.

No hubo más, sabían que no era necesario.

Siempre se tendrían en el corazón. Como padre e hijo. Siempre estarían ahí para emprender un camino, pero sobre todo para iniciar nuevos proyectos.

-Cuídate. Despidió Noa, justo a tiempo para que su chofer hiciera la entrada triunfal.

Ed iba a extrañar a su señor, sobre todo después de haberlo visto "resucitado".

Pero había otros caminos destinados para ambos y esa vez no se unirían.

-Que encuentre la felicidad, Señor Noa. Que sea muy feliz.

Tuvo cuidado de que la familia que aun caminaba por la acera de enfrente no lo viera.

Era mejor evitar las preguntas innecesarias y fuera de lugar.

Por ello se escabulló de su vista y se dirigió en busca de su auto. Después de todo, aun era su día libre.

-Espera. Indicó el peliazul a su chofer, quien estaba por dar la vuelta a la derecha.-Solo déjame mirar este cuadro una última vez.

El hombre no indagó, sino que realizó lo que su jefe le pedía.

Sin embargo por el retrovisor miró la azulina mirada del peliazul envuelta de un extraño resplandor.

Mitad tristeza, mitad felicidad.

¿Qué emociones embargaban a ese muchacho, que era todo un genio en la industria del juego, pero tan solitario en su vida personal?

Algo muy grande sin duda alguna, y aquella familia que a lo lejos observaba, se lo constataba.

Noa suspiró y antes de apartar la mirada se despidió de aquella feliz reliquia. Esa que siempre llevaría tatuada en el alma y el corazón.

-Jamás dejaré de amarte, Joseph Wheeler, pero sé que ahora, ya eres feliz.

No hizo falta que el chofer cuestionara nada, de inmediato continuó con su camino y decidió enfocarse en el asfalto y no en esos ojos azules que repentinamente se habían apagado.

-Hey¿Qué miras? Indagó Kaiba a su consorte, el cual seguía con la vista un auto.

-Ah, nada. Solo creí que alguien nos observaba.

-¿Paranoia?

-Contigo de esposo¿Quién no la tendría?

Seto golpeó el brazo del rubio, pero de inmediato le abrazó y besó. Su ritual único de amor.

Pero cómo en toda familia normal, los hijos impiden muchas veces la expresión total del afecto.

-¡Quiero ir a casa! Expresó Zoe, halando la mano de su rubio padre.

-¡Yo quiero ver televisión! Coreó Mokuba, sujetando la manga del castaño.

Los mayores se miraron y suspiraron en pos del momento perdido.

-Bien, vamos a casa. Al parecer ustedes no entienden el concepto de un día de paseo.

Por toda respuesta, el magnate recibió una algarabía que duró hasta llegar a la limosina.

-Papi. Llamó Mokuba al rubio.-Quiero que nos prepares un postre.

-Definitivamente es un barril sin fondo como tú. Murmuró el ojiazul, riendo a la molestia del rubio..

-Aja, recuerda tus palabras cuando los niños coman pay y tú no.

Los niños chillaron con emoción ante la perspectiva del delicioso dulce, mientras el millonario fruncía el entrecejo.

-¡Yo quiero pay de queso! Exclamó Zoe, prácticamente deslizándose en el enorme asiento del auto.

-¡Y yo de piña! Sugirió Mokuba, haciéndole compañía a su hermanita.

Fue entonces que Joey sintió los brazos del castaño en su cintura y sonrió al beso que recibió en el cuello.

-Yo quiero de Manzana.

-Mmm, qué lastima. Denegó el rubio, girándose dentro del abrazo.

-¿Por qué?

-Porque yo quería "pay de Seto".

El aludido sonrió y no tuvo que escuchar el resto de la frase para abordar los labios del ser que más amaba en ese mundo.

Eran felices y nada les faltaba, por eso vivían la vida con pasión y dulzura.

Después de tan tormentoso camino, solo les restaba seguir avanzando y dedicarse simplemente a disfrutar de su vida.

Sin embargo, la mente impaciente de un genio jamás deja de funcionar y aunque lejos ya de la escena, no pudo dejar de recordar un momento culmine de su existencia.

-Jamás te dije, mi querido Ed, que antes de mi muerte pude recuperar la movilidad de mis piernas.

Jamás te dije que no podía hacer nada más que desaparecer y nunca sabrás que ella, la hermana del ser a quien más amé, me citó ese día antes de morir.

Y haciendo el último flashback, recordó:

-Necesito que me jures que vas a ayudarles. Indicó la chica pelirroja, quien al pie de la muerte había mandado llamar a aquel ser quien jamás la engañó con su muerte.

-Veo que te carcome la culpa. Expresó el peliazul, paseándose por aquella habitación que supuso, su hermano jamás compartió con ella.

-No es necesario que te lo diga. Indicó ella, mirando al alto chico en el que Noa se había convertido.-Sabes que durante este tiempo…

-No es necesario que me expliques nada. Cuando yo "morí", pensé que tú también rectificarías las cosas.

-Me lo dices con tanta ira, que hasta te aseguro que olvidas que tú también participaste en todo esto.

El peliazul la miró con un dejo de ironía, gesto que hizo temblar a la convaleciente muchacha.

-No lo olvido. Mi condición me lo recuerda a diario. Solo que a diferencia de ti, yo si quiero hacer algo.

Fue golpe bajo, porque Noa había investigado la vida de esa muchacha que incluso se había atrevido a tener un hijo con el afán de retener a su hermano.

Sentía lastima por ella, sobre todo porque realmente iba a morir.

-Lo lamento. Se disculpó el joven.-No pretendía…

-Solo me recordaste lo que soy, es todo.

Ambos guardaron silencio. La habitación parecía más fría de lo normal.

-Se que me iré con este dolor en el alma y que no hice nada por remediarlo.

Lo único que lamento, es no haber podido estar más tiempo con mi hijo.

-¿Es todo? Indagó el chico elevando una ceja.

-Sabes que no. Pero hasta el último momento fui una idiota.

Noa no la culpaba, él la entendía mejor que nadie.

Habían arruinado dos vidas con toda la alevosía del mundo. Para ellos no debía existir el perdón pero si la infelicidad que los dos habían tenido.

-Por eso necesito llevarme la promesa de que harás algo por ellos. Júrame que lo harás. Imploró la pelirroja, sintiendo a la dama negra rondarle más de cerca.

-Sabes que no es necesario que lo jure. Lo haré de todos modos, por eso estoy en donde estoy.

Ella asintió, mirando el techo de la pulcra habitación.

-Perdóname. Musitó, sorprendiendo al invitado.

-¿Por qué?

-Por arrastrarte a todo esto. Por no saber frenar las cosas a tiempo y por ser…

-Ambos lo fuimos, Serenity. Ambos fuimos unos imbéciles.

La chica dejó escapar un par de lágrimas antes de recuperarse.

-Debo irme. Acordó el peliazul, viendo la hora en el reloj.-Pronto regresarán a casa y no deseo que me descubran.

-Por supuesto. Es comprensible.

Ambos se miraron por última vez, pero no hubo despedidas reales ni cordiales. Sabían que no la merecían.

-Hazme un favor. Señaló el muchacho antes de retirarse.-Díselo a mi hermano. Es lo mínimo que se merece después de haberle hecho tanto daño.

No obtuvo respuesta. Serenity siempre sería tan terca como su madre, pero bien sabía que durante esos años había sufrido tanto o más que él.

Jamás regresó a esa casa y nunca supo si Serenity se había quitado aquel gran peso de su corazón.

Intuía muchas cosas, pero nada certeras.

-Pero eso ya no importa. Sonrió, mirando el cielo.-Esta historia ha llegado a su fin como debería y ellos están vivos, disfrutando de su vida y siendo felices.

Las halas de un ave se desplegaron y él sonrió con veracidad.

La vida podía estar llena de todo un matiz de colores y formas, pero al final quien la salvaba era el corazón.

Las personas a las que dejaba le habían enseñado demasiado, desde el amor más intenso hasta el odio más violento.

Todo había estado coloreado según las enseñanzas y en ese momento, en que su real vida empezaba, solo podía mirar hacia delante y sentirse satisfecho.

-Después de todo, la vida está llena de sueños y a esos siempre debemos seguir.

FIN

Bien, el verdadero final está aquí.

Apuesto a que no se lo esperaban¿verdad?

Después de todo y si leen bien el chap anterior, yo nunca dije que se separaban.

Muchas gracias por sus comentarios y bendiciones, no habría llegado aquí sin ustedes.

Les agradezco desde su paciencia hasta todos los sentimientos que hayan aflorado en ustedes, con esta historia.

Jamás lograré pagarles esto, y espero recompensarles con más proyectos míos.

Tengo varios por ahí, así que si me ven por ahí que escribo sobre otra serie que no sea esta, al menos echen un vistazo. A lo mejor les agrada

Un saludo muy grande y hasta siempre.

Nos volveremos a encontrar.

KLF

21 de Diciembre de 2006