Disclaimer:La historia es de Sherrilyn Kenyon, los personajes que aqui aparecen son de SCC que es propiedad de CLAMP, hago esto sin fines de lucro espero les guste el capitulo.

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Sumary: El mayor de seis, Shaoran ha pasado su vida entera cuidando de sus hermanos, especialmente de su hermana Shiefa y su hermano Eriol. Él mataría o moriría por proteger a su familia de los Arcadianos que los acosan.

Los Arcadianos lo proclamaron Asesino en su cumpleaños veinticinco y lo han perseguido desde entonces. La recompensa por su cabeza es asombrosa.

Despiadado asesino, es extremadamente territorial y no tiene misericordia con cualquiera que se atreva a pisar su territorio, sean Katagaria o Arcadianos. Sus poderes son legendarios y pocos Centinelas se atreven a desafiarlo. Aquellos que lo hicieron, pagaron con sus vidas.

Solo Shiefa ha conocido su lado tierno. Para el resto del mundo, él es contundente y resuelto. Él hace lo que sea necesario para proteger su patria. Desafiarlo es desafiar a la muerte misma.

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CAPITULO 6

Shaoran cogió a Doumeki por la cintura y los dos atravesaron la dura puerta de roble, saliendo al pasillo.

Tomoyo Peltier brincó para alejarse de ellos y comenzó a gritar por ayuda mientras Shaoran tiraba a Doumeki al piso y lo aporreaba con fuerza y con furia.

En vez de atacarlo, Doumeki cambió a su forma de lobo y corrió por las escaleras. Shaoran corrió detrás de él. Pero antes de que Doumeki pudiera escapar de ellos, Yukito, que en su forma humana saltaba hacia ellos, agarró al lobo por el cuello y lo arrastró de regreso al pasillo.

Doumeki gruñó, intentando morder a Yukito. El leopardo lo sostuvo con una confiada fuerza que le dio a Shaoran un descanso. Él no tenía ni idea que el joven y tranquilo Katagari fuera tan fuerte.

Shaoran se detuvo, respirando entrecortadamente, mientras Kaho salía de su cuarto al final del vestíbulo.

Tomoyo corrió hacia su madre mientras Yukito mantenía sujeto al lobo que gruñía.

—¿Qué es lo que pasa aquí? —preguntó Kaho.

Shaoran señaló al lobo. —Él estaba en el cuarto de Eriol.

Doumeki cambió a su forma humana, destellando en su ropa, luego apartó a Yukito de él.

Yukito apenas se alejó un paso y la imagen de su cara prometía un Armageddon si Doumeki lo tocaba otra vez.

Aquella áspera mirada logró tranquilizar a Doumeki y se alejó otro paso del leopardo. —Yo no estaba haciendo nada. Yo sólo comprobaba si ellos realmente estaban aquí —Doumeki curvó su labio hacia Shaoran—. Shaoran me atacó a mí.

Doumeki se volvió hacia Kaho con una expresión que era casi respetuosa. —Pensé que era contra las reglas de El Santuario atacar a alguien sin provocación.

Shaoran estrechó sus ojos mientras comenzaba a entender. Él comprendió demasiado tarde que había sido todo preparado.

Doumeki fue más listo que Shaoran, en eso había que darle el crédito.

—¿Shaoran? —Kaho lo miró—. ¿Lo que dice él es verdad? ¿Lo atacaste?

—Él venía a matar a Eriol. Tu sabes que sí.

—¿Pero él lo atacó?

Shaoran se puso rígido mientras miraba a Doumeki. —Él lo habría hecho sino lo hubiera detenido. -

—¿Él atacó primero, o lo hiciste tu? —insistió Kaho.

La cólera de Shaoran rompió su control. —¿Qué eres tú? ¿Una abogada de mierda?

—Cuida tu tono, Shaoran —advirtió Kaho severamente—. Soy la ley suprema aquí y tú lo sabes.

Shaoran se disculpó aunque se le quedó atascado en el buche hacerlo.

Yukito le brindó una comprensiva mirada que decía que también le gustaría descuartizar a Doumeki. Su cuerpo entero se retorcía por hacerlo, pero se quedó quieto.

Kaho levantó su barbilla aceptando la disculpa de Shaoran. —Ahora dime la verdad. ¿Quién atacó primero?

Shaoran quería mentir, pero Kaho lo sentiría y eso sólo empeoraría las cosas. —Yo lo hice.

Ella cerró sus ojos como si esto le doliera. Cuando los abrió, su expresión decía cuanto lamentaba lo que estaba a punto de decir. —Entonces no tengo ninguna opción excepto desterrarte, Shaoran. Lo siento.

Los ojos de Doumeki brillaron.

En aquel momento, Shaoran los odió a todos por igual. Así que esto era lo que conseguía. Él era castigado por proteger a su hermano.

Así sea. Esta no sería la primera vez que esto le pasaba. Al menos Kaho no lo había azotado como castigo.

—Bien —dijo con los dientes apretados.

Shaoran se dirigió al cuarto de Eriol para recoger a su hermano, sólo para descubrir que Tomoyo Peltier se precipitaba a detenerlo. Ella cerró de golpe la puerta, luego corrió para bloquear su paso hacia la cama.

Él intentó pasar alrededor de ella, pero ella no lo dejó.

—Shaoran, escúchame. Maman sólo está enfadada. Dale tiempo...

—No, Tomoyo —dijo Shaoran en un tono terriblemente bajo, mientras luchaba por no descargar su cólera en ella—. Yo conocía las reglas y las rompí. Tu madre nunca me perdonará por eso y tú lo sabes.

Tomoyo levantó sus brazos mientras él intentaba pasar por delante de ella. —Deja a Eriol aquí —insistió ella—. Tu y yo y hasta maman sabemos lo que Doumeki está haciendo. Me aseguraré que a Eriol nunca lo dejen solo. Me quedaré con él yo misma cada momento del día y de la noche. Nadie le hará daño mientras él resida en El Santuario.

Su oferta lo confundió. Él no entendía por qué la osa se preocuparía por lo que les pasara. —¿Por qué?

Sus ojos pálidos eran suaves y amables cuando ella alzó la vista hacia él y dejó caer sus brazos hacia sus lados. —Porque nadie debería ser lastimado de la manera en que ustedes lo fueron. Lo que ellos hicieron fue cruel e innecesario. Ese fue un castigo humano, no uno animal. He perdido a hermanos y sé directamente el dolor que ustedes sienten en su corazón por su Shiefa. No dejaré morir a Eriol, lo juro.

Ella echó un vistazo a la mano de él donde su señal estaba escondida, luego ella contempló la puerta detrás de él como si tuviera miedo que alguien pudiera oírla por casualidad. Ella bajó su voz. —Ahora tienes a otra para proteger. La última cosa que necesitas es a Eriol contigo en este estado. Ve y protéjala. Puedes llamarme en cualquier momento, día o noche, para averiguar sobre tu hermano.

Shaoran la tomó entre sus brazos y la abrazó amablemente. —Gracias, Tomoyo.

Ella le acarició la espalda. —Hasta cualquier momento. Ahora ve, y espero que le des de patadas a ese lobo de mierda allí afuera.

Él se rió con poco entusiasmo antes de alejarse de ella y regresar al vestíbulo.

Doumeki arqueó una ceja provocativamente, aguijoneándolo para que Shaoran le hiciera daño.

Pero él no era estúpido.

De acuerdo, Shaoran le haría daño, pero no lo haría en la propiedad de Kaho.

En cambio, Shaoran se dio vuelta hacia Kaho para asegurarse que Doumeki entendía lo que él tenía intención de hacer. —Eriol no rompió ninguna de las reglas. ¿Está a salvo para quedarse?

Kaho asintió, luego le echó una conocedora mirada Doumeki, que maldijo. —Él está bajo nuestra protección y nos aseguraremos que no sufra ningún daño.

Ver la cara de Doumeki no tuvo precio. Y esto le dijo algo. Esto estaba lejos de terminar.

Vamos, atrévete..

Shaoran se dirigió a la escalera.

—Esto no ha terminado —gruñó Doumeki.

—Conozco el cliché —dijo Shaoran fatigosamente mientras hacía una pausa para mirar de nuevo al lobo—. Esto no terminará hasta que uno de nosotros esté muerto —. Él lanzó una sonrisa satisfecha e insultante a Doumeki. —Y para que conste, ese no seré yo.

Douemki gruñó bajo en su garganta, pero sabiamente mantuvo su distancia.

Mientras Shaoran iba a la puerta de calle, Doumeki intentó seguirlo, Yukito lo detuvo.

—Las reglas de El Santuario —dijo tranquilamente—. Shaoran tiene una ventaja y si intentas seguirlo, estarás cojeando... Permanentemente.

Shaoran intentaba decidir lo que debería hacer. Una parte de él estaba aterrorizada de ir a cualquier lugar cerca de Sakura para no conducir a Doumeki y a los demás directamente a ella. La otra parte estaba aterrorizada de dejarla sola.

Sobre todo con Kero allí.

No había ningún modo de que ella pudiera defenderse contra cualquiera de ellos.

Él se abatió mientras recordaba las cicatrices en la cara y el cuello de su madre, las que ella había recibido al luchar con su padre y su téssera. Tessaras eran los pequeños grupos de lobos enviados como soldados o exploradores. Ellos, por lo general, mataban a todo con lo que entraran en contacto.

Y él mataría a cualquiera que tocara a su Sakura. Nadie jamás le causaría daño. Incluso si ella lo rechazaba, ella todavía sería su compañera, y él pasaría el resto de su vida asegurándose que ella tuviera todo lo que necesitara.

En cuanto a Eriol, él estaba a salvo bajo la protección de los osos. Shaoran no tenía duda de esto.

Pero Sakura...

¿Qué debería hacer? Él deseaba poder quitar la señal de las manos de ambos. De todos los momentos para encontrar una compañera, este no era uno de ellos.

Si ella fuera Katagaria, él sólo tendría que esperar que ella decidiera terminar su unión. Muy pocas hembras Katagaria rechazaban a sus compañeros. Si ellas lo hicieran, el macho permanecería completamente impotente hasta que la hembra muriera. La hembra por otra parte sería libre de tomar tantos amantes como quisiera, pero nunca sería capaz de tener hijos con ellos.

Esto era por lo que los machos se tomaban muy en serio complacer a sus hembras y cortejarlas durante el período de emparejamiento de tres semanas.

Aunque su conocimiento de los humanos fuera limitado, él no creía que Sakura aprobaría que él apareciera, de pronto, desnudo en su cama y para luego ofrecerse a él mismo y su eterna lealtad.

Eso podría incluso, asustarla.

No es que él estuviera ni siquiera pensando en emparejarse con ella, de todas maneras. Él no tenía ni idea del tipo de niños producirían. ¿Qué haría ella si daba a luz a un cachorro?

Al menos su madre humana había tenido la suficiente decencia de no matarlos de cachorritos. Ella se los había dejado a su padre y había desaparecido.

Pero por otra parte, su madre había sido una Arcadiana. Ella sabía y entendía lo que su padre había sido. Y odiaba a su padre por eso desde ese día. Ella odiaba a todos ellos por eso.

No es que nada de eso importara. Shaoran tenía que volver y conseguir alejar a Kero de Sakura. El lobo era imprevisible en lo mejor y terriblemente preciso en el peor de los casos.

Shaoran se transporto dentro de la tienda de ella, teniendo cuidado en escoger un armario en el cuarto trasero donde él dudaba que ella estuviera. No haría nada para asustarla

Él salió y fue al patio trasero donde encontró a Kero fuera de la puerta en forma humana.

—¿Qué estás haciendo? —gruñó Shaoran. Él nunca había querido que Kero estuviera en su forma humana cerca de ella.

—¿Yéndome?

Antes de que Shaoran pudiera responder, Kero cambió a su forma de lobo.

Sakura entró en el patio un segundo más tarde.

Shaoran maldijo mientras se obligaba a volver invisible la ropa de Kero para impedir que ella la viera.

—Ah bueno, regresaste —dijo ella con una sonrisa mientras cerraba la puerta de su tienda. — Pensé que te habías caído dentro.

Shaoran frunció el ceño. —¿Caído dentro de qué?

—Tu hermano dijo que habías ido al baño.

Él ahora estaba más confundido. —¿Mi hermano?

—Kero —Sakura miró alrededor. —¿Dónde se fue? Él estaba justo aquí, cuidando la puerta de atrás mientras cerraba durante unos minutos para almorzar.

Vamos, Shaoran —dijo Kero en su cabeza—. Yo no pude pensar en nada mejor.

Él miró airadamente a Kero. —¿Y por qué estabas en forma humana cerca de ella para empezar, Kero? Se suponía, que eras un lobo.

Yo me asusté. Además, quería conocerla.

¿Por qué?

El lobo rehusó contestarle. —Tú sabes, si no me hubiera convertido en humano, ella habría pensado que te escapaste de ella sin decir adiós. No podía hablarle como lobo, no sin que le diera un ataque.

—¿Shaoran? —preguntó Sakura—. ¿Estás bien?

Shaoran entrecerró aún más sus ojos. —Kero se tuvo que marchar —. Y él mejor se queda lejos como hombre si quiere seguir respirando.

Kero gruñó profundamente en su garganta.

—Oh —Ella miró hacia abajo y sonrió a Kero—. Aquí estás, dulce. Estaba preocupada por ti.

Kero brincó para poner sus patas contra sus pechos y lamerle la cara.

—Ya, abajo —gruñó Shaoran, haciendo retroceder al lobo—. No hagas eso.

—No importa —dijo Sakura generosamente.

Kero meneó su cola y rió malvadamente, luego intentó mirar hacia arriba por debajo del vestido de Sakura.

Shaoran lo cogió rápidamente por el cuello. —¡Para! —le gruñó mentalmente a Kero—. O te arrancaré la cabeza.

Sakura les miró con el ceño fruncido. —¿No te gusta mi lobo?

—Sí —dijo Shaoran, acariciándolo bruscamente en la cabeza—. Él es mi nuevo mejor amigo.

Soy tu único amigo, imbécil.

Shaoran apretó su puño en la piel del lobo como una advertencia. —Sabes que tienes que ser firme con los lobos. Dejarles saber quién es el alfa.

¿Tu padre?

Shaoran le dio una palmada en la cabeza a Kero.

Owww.

—Sí —dijo Sakura —. Esto es lo que mi padre dice sobre todos los caninos.

—¿Tu padre?

Ella asintió. —Él es el Doctor Kinomoto, el principal experto en Luisiana sobre el cuidado de los perros. Él es veterinario en Slidell. Puedes haber visto su publicidad. "Si quiere a su mascota cástrelo o esterilícelo". Él encabezó la campaña completa.

—En serio —dijo, sonriendo abiertamente a Kero—. Tal vez nosotros deberíamos hacer una cita.

Sí, claro. Inténtalo y morirás.

Shaoran apretó sus puños mientras intentaba ocultar su cólera a Sakura. Él estaba sólo a un paso de distancia de ahogar al lobo delante de ella.

Sakura frunció el ceño mientras ella echaba un vistazo a Kero. —Qué extraño... —ella buscó su pata trasera—. No recuerdo que tuviera una mancha marrón allí.

Shaoran se tragó una maldición mientras comprendía que Kero no era idéntico a él. Maldición, ella era observadora.

—Tal vez sólo no lo notaste antes —dijo él, intentando distraerla.

—Tal vez.

Sakura les condujo a través del patio trasero. Abrió la puerta de su departamento y dejó entrar al lobo. Ella hizo una pausa en la entrada.

Shaoran apoyó su mano contra el marco de la puerta encima de su cabeza y le sonrió. —Estás nerviosa —él dijo suavemente—. ¿Por qué?

—Es que no estoy segura de que haces aquí todavía.

—Estoy hablando contigo.

Ella se rió de eso. —Sabes, precisamente no tengo un manual de etiqueta sobre qué hacer cuando un tipo magnífico pasa por mi vida un día, me da un collar caro por el que he estado muriendo, tenemos el mejor sexo de mi vida, y desaparece.

Entonces aparece de nuevo en cuanto necesito un héroe y paga más dinero de lo que esos peones probablemente hacen en seis meses sólo por echarme una mano. Me lleva a una gran cena y luego pasa una noche entera haciendo que mi cabeza de vueltas. No sé a dónde nos dirigimos

—Tengo que decir que es la primera vez para mí, también —Él extendió la mano y dejó que sus dedos rozaran el mechón de su cabello que descansaba contra su mejilla—. ¿Qué puedo decir? Eres irresistible para mí —suspiró él.

Era difícil quedarse cuerda y racional cuando él la miraba así. Como si estuviera sediento por el sabor de ella.

—Y ahora estás aún más nerviosa —Él suspiró, luego dio un paso atrás.

—Lo siento —dijo ella calmadamente—. No eres tú. En serio. Es sólo que no estoy acostumbrada a que cosas como estas me sucedan.

—Tampoco yo —Bajó su cabeza y la besó. Él paladeó su sabor hasta que recordó que tenían audiencia.

Abriendo los ojos, vio a Kero mirarles fijamente con mucha curiosidad.

Él odiaba a ese lobo. De mala gana, Shaoran se retiró. —¿Por qué no cierras la tienda durante una hora y comes un verdadero almuerzo conmigo?

Sakura vaciló, luego asintió. Almorzar con él sería maravilloso. —Creo que lo haré. Tengo unos espaguetis en el refrigerador. Nosotros podríamos ir a la tienda que está a una calle de distancia y conseguir algo de vino para acompañarlos.

Él pareció bastante incómodo con su sugerencia mientras exploraba el patio exterior. ¿Buscaría a su hermano?

—Eso sería agradable —dijo él, pero su lenguaje corporal desdecía el tono despreocupado.

Por primera vez en su vida, Sakura tuvo una idea realmente radical. Ella comprobó su reloj. Eran casi las dos treinta y nadie había entrado en su tienda durante la pasada media hora. Los viernes por la tarde eran tradicionalmente lentos para ella...

—¿Sabes qué? —dijo ella antes de acobardarse—. ¿Por qué no cierro temprano?

Su mirada ardió con interés. —¿Puedes hacer eso?

Ella asintió. —Dame unos minutos para hacer el trabajo administrativo.

—Tómate tu tiempo. Soy todo tuyo.

La mirada en sus ojos le dijo exactamente qué quería decir eso.

Sakura se mordió su labio ante su invitación. ¿Cuán a menudo una mujer oía algo así de la boca de un hombre que lucía como este?

Sakura regresó a su tienda y rápidamente hizo el arqueo de la caja registradora. Ella hizo su trabajo administrativo mientras Shaoran la contemplaba a través de las estanterías.

Era difícil concentrarse en clasificar talones de pago mientras él estaba allí, distrayéndola. Él le estaba dando la espalda mientras miraba los cajones con anillos. Él tenía el trasero más bonito que jamás honrara la parte trasera de un hombre. Peor, ella podría ver su cara reflejada en el espejo.

Y él podría ser suyo...

Tragando, ella se obligó a llenar una boleta de depósito bancario. Él le pasó por detrás mientras ella ponía todo en un sobre grande con cierre. Apoyando sus brazos a cada lado de ella, él se inclinó y respiró en su cabello como si la saboreaba.

—¿Tienes idea de lo que me haces, Sak?

—No —contestó ella francamente.

Shaoran estaba de pie allí, su corazón palpitando salvajemente. Su cuerpo duro y dolorido.

Su presencia aquí era una locura. Él había cubierto su olor antes de aparecerse aquí, pero Doumeki y los demás eran condenados buenos en lo que hacían.

No pasaría mucho antes que ellos lo encontraran.

Desde luego, mientras Sakura llevara su señal, llevaba su olor, e incluso si él la abandonara, ellos probablemente aprovecharían eso y se le aparecerían mientras lo estaban buscando.

Más que eso, ya que Sakura no sabía ocultarse.

Él estaba desesperado por su sabor y él sabía que ella no se negaría. Pero él no podía tomarla otra vez. No a menos que ella entendiera el completo impacto de esa decisión.

Y los peligros inherentes.

Él no debería estar aquí, en la forma humana. Pero a diferencia de Kero, su encarnación más fuerte era de humano. Era como podía protegerse mejor.

Esto también lo hacía incluso más vulnerable a ella.

Inclinándose, él rozó la piel expuesta de su cuello con sus labios. —Deseo que seas mía —él respiró, inhalando el olor cálido de su piel.

Sakura no podía respirar mientras oía el tono profundo, como un gruñido, de su voz.

Ella se sentía como en una especie de extraño sueño. ¿Cómo esto podía ser real? Ella se inclinó hacia atrás contra el pecho de Shaoran para poder alzar la vista hacia él.

La mirada sobre su cara la abrasó.

Una risa juguetona aligeró la intensidad de su mirada. —¿Tomamos las cosas demasiado rápido, verdad?

Ella asintió.

—Lo siento por eso. Cuando yo veo algo que quiero, tengo la mala tendencia de tomarlo primero y pensar más tarde sobre si realmente debería tenerlo.

Él alejó de ella y se dirigió a la puerta. —Vamos —dijo él, indicando la puerta con su cabeza—. Te acompañaré al banco y conseguiremos el vino.

Ella se deslizó de su taburete y lo siguió. Afuera, había un indicio de frío en el aire. Y una aureola de peligro alrededor de Shaoran. Ella tenía la sensación que él le prestaba demasiada atención a las calles que los circundaban. Cada vez que alguien se acercaba, él lo miraba atentamente como si esperara que saltara sobre ellos.

Ella hizo su depósito y luego lo dejó escoger su vino después que cruzaron la calle y entraron en una tienda sobre Canal Street. Cuando ella intentó pagar, podría haber jurado que él le gruñó como un animal.

—Yo lo hago —dijo él.

—Sabes, puedo cuidar de mí por mí misma.

Él se rió de eso mientras tomaba la botella de vino del empleado. —Lo sé. De donde vengo la única cosa más letal que un hombre es una mujer. Créeme, tengo un sano respeto por lo que una mujer muy enojada puede hacer.

¿Él hablaba de la comunidad otra vez? Por cualquier razón ella no lo creyó. —¿De dónde vienes?

—Nací en Inglaterra.

Sakura hizo una pausa ante eso, sorprendida. Pero por otro lado, Shaoran tenía el hábito de sorprenderla constantemente. ¿En serio?

— Aye, amor —dijo él en un perfecto acento inglés—. Nacido y criado.

Ella rió. —Lo haces bien.

Él abrió la puerta de la tienda para ella sin comentarios.

—Gracioso —dijo ella, entrando en la tienda. —Realmente nunca pensé que las Inglesas fueran particularmente crueles.

Él resopló ante esto. —Sí bien, tu nunca has conocido a mi madre. Ella hace que Atila el Huno se parezca a un conejito mullido.

Había mucha cólera y dolor en su tono y en su rostro cuando dijo eso. Su madre realmente no debía tener un verdadero instinto maternal.

—Alguna vez la ves?

Él sacudió su cabeza. —Ella aclaró hace mucho tiempo que no estaba interesada en tener ningún tipo de la relación conmigo.

Sakura enlazó su brazo alrededor del de él y le dio un ligero apretón. —Lo siento.

Él cubrió su mano con la suya. —No lo hagas. Los de mi especie no tienen madres como...

Sakura hizo una pausa en la calle. —¿Tu especie?

Shaoran se detuvo ahí, conmocionado por lo que se le había escapado de la boca. Maldición. Con Sakura era mucho más fácil hablar que lo que debiera ser. Él estaba acostumbrado a estar en guardia cerca de la gente.

—Lobos solitarios —dijo, tontamente tomando prestado el término de Kero.

—Ahh, entonces tú eres uno de esos tipos machos "no-necesito-ningún-tipo-de-ternura".

Él solía serlo, pero después de pasar un tiempo con Sakura...

Lo que sentía por esta mujer lo asustaba como la mierda.

—Algo así.

Sakura asintió mientras emprendía el regreso hacia su tienda. —¿Así que son solamente tú y tu hermano, no?

—Sí —dijo él, con su garganta apretada mientras recordaba a su hermana—. Somos sólo nosotros. ¿Y tú?

— Mis padres viven en Kenner. Tengo una hermana en Atlanta a la que veo dos o tres veces por año, y mi hermano mayor trabaja para una firma en el distrito comercial.

¿Estás unida a ellos?

—Oh sí. Más unida de lo que quisiera a veces. Ellos todavía creen que deberían dirigir mi vida.

Él sonrió. Así era como Shiefa solía sentirse respecto a él y Eriol. Esto trajo un dolor agridulce a su pecho. —Tú debes ser la más joven.

—Sabes?. Juro que mi madre todavía corta mi carne siempre que voy a casa.

Él era incapaz de imaginarse una madre tan cariñosa como esa. Debía haber sido agradable conocer semejante amor. —No lo rechaces.

—La mayor parte de las veces no lo hago —Sakura frunció el ceño hacia él—. ¿Por qué sigues haciendo eso?

—¿Haciendo qué?

—Vigilando la calle como si tuvieras miedo de que alguien vaya a saltar sobre nosotros.

Shaoran se frotó la parte de atrás de su cuello con nerviosismo. Él tenía que darle su crédito, ella era realmente observadora. Sobre todo para una humana.

Lo último que podía decirle era que realmente lo que temía era eso.

Si Doumeki o los demás alguna vez lo detectaban...

Él no quería pensar en las consecuencias.

—Supongo que no podría decirte que cerraras tu tienda durante un par de semanas y fueras a alguna isla exótica conmigo, verdad?

Ella se rió de él. —Estaría bueno.

Sí. Ella sabía poco, él era bastante serio. Una parte de él estaba tentada a secuestrarla, pero después de lo que había pasado entre sus padres, él supo que era mejor no arriesgarse.

Cuatrocientos años más tarde, su madre todavía estaba emocionalmente herida porque su padre la había secuestrado contra su voluntad. Él no quería destruir la bondad de Sakura. Su risa abierta. Dios la ayudara, ella confiaba en la gente, y esto era tan raro que él haría cualquier cosa para mantenerla así.

Ella abrió la puerta de su jardín y lo condujo a su apartamento donde Kero los esperaba.

Precipitándose hacia ellos, Kero fue directamente a la ingle de Shaoran para atormentarlo en la manera típica de un perro. —Baja —gritó, apartando al lobo.

—Le gustas.

Le gusta molestarme. —Sí, lo noté.

Sakura frunció el ceño mientras se dirigía al estéreo, que tocaba a todo volumen la vieja canción de los Troggs, Wild Thing.

—Qué extraño —dijo ella, apagándolo—. No dejé el estéreo encendido.

Shaoran intensificó su apretón sobre el cuello de Kero.

Eso duele, Shaoran. Déjame.

Él lo hizo de muy mala gana. —¿Qué más hiciste?

Nada, en serio. Sólo miré algo de TV, examiné sus CDs... Ella tiene realmente unas buenas mierdas... E hice algo de café.

¡Kero, se suponía que no te moverías!

Dijiste vigílala, que implica movimiento.

Él se estiró hacia Kero, quien se lanzó hacia Sakura.

—Tal vez tienes un fantasma —dijo Shaoran—. Esto es Nueva Orleans, después de todo.

—No eres gracioso —dijo ella.

Ella tomó el vino que él tenía y se dirigió a la pequeña cocina donde lo puso cerca de su cafetera de dos tazas. Ella sacó la jarra y la miró. —¿Qué diablos pasa aquí?

—¿Qué?

Ella encontró la mirada fija de Shaoran. —¿Hiciste café esta mañana?

Oops —dijo Kero. —En cierto modo lo hice. Yo probablemente debería haberlo tirado una vez que hube terminado.

¿Lo crees?

Sé agradable conmigo, hombre. No tengo que quedarme aquí.

Y realmente no tengo que dejarte vivir, tampoco.

—¿Estás bien? —preguntó Sakura mientras reemplazaba la jarra.

Shaoran sonrió y se obligó a relajar su expresión. —Estoy bien.

—Este café es fresco —. Ella bajo la mirada hacia Kero, luego sacudió su cabeza. —De ninguna manera. Esto es simplemente estúpido.

—¿Qué?

—Nada. Ni siquiera lo diré por miedo a que me encierren por el resto de mi vida.

Ella puso el vino en el congelador para que se enfriara mientras abría los gabinetes y sacaba una cacerola y una cazuela.

Sin pensarlo, Shaoran fue a la diminuta despensa a buscar la salsa de espagueti. Por alguna razón, a ella le gustaba ponerla sobre todo.

—¿Cómo sabías que estaba allí? —preguntó.

Shaoran se encogió. Maldición, él no debería haber sabido donde la guardaba ella. —Este me pareció el lugar más probable.

Ella apareció aceptar eso.

Kero se levantó de un salto y lo empujó hacia Sakura. Shaoran tomó aliento bruscamente como sus cuerpos chocaron y sintió sus curvas lozanas contra él.

Ella alzó la vista, sus labios separados por su jadeo de sorpresa.

—Lo siento —dijo él, su corazón palpitando—. El perro me golpeó.

No soy un perro.

Vas a ser comida para perros si no paras.

Oh vamos, idiota. Ella es tu compañera. Sigue adelante.

No puedo obligarla. Créeme, es algo que no haré.

Para su sorpresa, Kero asintió con su cabeza y lo miró hacia arriba. —Sabes, creo que solo por eso te respeto. Eres un buen lobo, Shaoran. Ahora dame tu camisa y déjame salir.

—¿A hacer qué? —Shaoran estaba tan atontado que habló en voz alta.

—¿Qué? —preguntó Sakura.

—Nada —dijo él, preguntándose en qué punto de esa noche ella iba a decidir que él estaba completamente chiflado.

Confía en mí —dijo Kero—. Usaré tu olor para conducir los demás lejos de aquí. Al infierno, cuando acabe con Doumeki, él estará persiguiendo su cola en círculos.

Shaoran estaba impresionado. Esa era una buena idea. —¿Puedo confiar en ti para que no lo conduzcas aquí?

Sí, puedes.

Qué respuesta desacostumbrada para Kero. Shaoran lo miró mientras debatía si realmente podía confiar en él.

Al final, él no tuvo ninguna otra opción.

Kero fue a rasguñar la puerta.

—Lo dejaré salir —dijo Shaoran, dirigiéndose al lobo.

—Gracias —dijo Sakura mientras sacaba los fideos que habían sobrado.

Shaoran siguió al lobo al patio trasero. Se quitó su camisa, luego conjuró una nueva mientras Kero se dirigía en forma humana a tomarla.

—Ponte algo de ropa, Kero. Me voy a quedar ciego si no.

—Cállate —replicó Kero—. No soy tan talentoso como tú con mis poderes y no permanezco como humano el tiempo suficiente como para preocuparme. Solamente quiero decirte que seas cuidadoso. Ella parece una mujer bastante agradable, para ser humana. Sería una maldita pena ver que algo le pasara.

—Lo sé.

Un coche se acercaba a la puerta.

Kero dio un paso en las sombras y desapareció. Shaoran no se movió mientras miraba al coche acercarse. Era la desnudista que vivía en uno de los apartamentos de arriba.

Aliviado de que fuera un coche amistoso, él regresó adentro para encontrar a Sakura revolviendo la salsa en la cazuela.

Él tenía que encontrar algún modo de conseguir que ella accediera a marcharse con él hasta que ellos pudieran separarse seguramente.

Shaoran la miró y sintió algo muy peculiar. En su mundo nadie cocinó para él. Él comía la carne cruda o la compraba en forma humana, luego la cocinaba él mismo.

Nadie jamás había hecho el alimento para él excepto cuando él les pagaba para hacerlo. Esto era casi hogareño. No es que él entendiera cuan hogareño era.

Tal vez esa era la extraña sensación en su estómago. Él sintió dentro el impulsó de tocarla incluso cuando no debería.

—¿Sak? —preguntó, acercándose—. ¿Crees en lo imposible?

Ella sacó un cuenco de ensalada de su refrigerador. —¿Imposible cómo?

—No sé. ¿Hadas? ¿Duendes? ¿Lobos que pueden convertirse en humanos?

Ella se rió. —Ahh, el loup-garou.(N/A:personaje de leyenda, vagabundo y malvado, quién tiene el poder de transformarse en lobo. El término"garou" ya significa hombre lobo.) No estarás comprando leyendas locales, verdad?

Él se encogió de hombros mientras su corazón se estremecía. Era demasiado esperar que ella fuera algo más que una humana típica.

—Aunque —dijo, haciendo que su corazón se aligerarse— realmente tengo una amiga que persigue a vampiros de noche. Ella está chiflada, pero la amamos.

Maldición.

—Sí —él suspiró—. ¿Nakuru está un poco loca, verdad?

Sakura se quedó quieta. —Cómo la conoces...

—Todo el mundo en Nueva Orleans conoce a la cazadora de vampiros local —dijo rápidamente—.Nakuru Akizuki ha estado por ahí desde hace mucho tiempo.

Sakura se rió. —Tendré que decirle que es una leyenda. Eso la complacerá a más no poder.

Shaoran se volvió hacia ella. —¿Pero en cuanto a ti? No crees en cosas extrañas, verdad?

—No realmente. La cosa más espeluznante que alguna vez he visto es a mi contable en abril.

En apariencia, él se rió de eso, pero por dentro temblaba. Ella nunca estaría abierta a su mundo. A la realidad de que, a veces, la gente que pasaba por la calle no era realmente gente en absoluto. Que ellos eran el peor tipo de depredadores.

Déjale tener sus ilusiones. Sería cruel quitárselas. ¿Y con qué objeto? ¿Para que él pudiera mostrarle un mundo dónde perpetuamente los dos serían perseguidos?

¿Dónde sus hijos serían parias?

No, esto no sería justo para ella. Él no necesitaba una compañera, y estaba malditamente seguro que no necesitaba hijos.

—¿Estás bien? —preguntó ella mientras disponía dos platos.

—Sí, bien.

Él sólo esperaba que ambos estuvieran bien hasta que la señal desapareciera de sus manos.


No le tomó a Kero mucho tiempo encontrar a Doumeki y a los demás que estaban en forma humana en Bourbon Street intentando recapturar el olor de Shaoran.

Tres de ellos estaban fuera de un bar, oliendo a los parroquianos que entraban y salían.

Como siempre, se sorprendió por la belleza de su gente, pero por otra parte, debería haberlo esperado. En su mundo, lo feo o diferente rápidamente era rechazado o aniquilado... Por lo general esto último. Los animales no tenían ninguna piedad por alguien o algo.

No siquiera los animales que se engañaban a sí mismos creyendo que eran en su mayor parte humanos. Él había estado con Arcadianos el suficiente tiempo como para ver por sí mismo que cuando decían que eran humanos, ellos se engañaban a sí mismos.

Tal como la gente lo hacía.

No había nada humano en la humanidad. Al final del día, ellos eran todos animales con sólo instintos de supervivencia.

Era "el-perro-come-al-perro". Y Kero sabía más sobre aquel principio que de lo que gustaba recordar.

Doumeki se giró cuando encontró el olor de Kero.

—Bien, bien —dijo Kero, regalándole una sonrisa satisfecha—. He estado de pie aquí el tiempo suficiente para haberlos matado a todos antes de que ustedes siquiera me sintieran. Te estás volviendo viejo, Doumeki.

—¿Eso es un desafío?

Kero lo recorrió con una mirada divertida. Él tenía la total intención de desafiar al lobo más viejo y un día matarlo.

Ahora mismo, sin embargo, él no estaba de humor.

—No me hagas que te lastime, Doumeki. Puedes hacer cabriolas como un alpha si quieres pero sabemos quien sostiene tu cuerda.

Doumeki lo agarró, pero Kero se liberó de su asimiento.

—No lo hagas, viejo lobo. No quiero avergonzarte.

—¿Qué quieres, Kero? —habló bruscamente Petra.

Kero le dirigió una sonrisa burlona hecha y derecha. Del grupo, ella era la que odiaba más a Shaoran. Durante años la loba había querido ser su compañera, y cuando él la había rechazado, ella había ido por Eriol. Ella había acechado a Shaoran para distracción. Ya que él era el mayor de los hijos del entonces líder, se asumía naturalmente que sería Shaoran quien un día heredara la manada. Incluso aunque su padre lo odiara, Shaoran era sin una duda la más fuerte de todos ellos.

Sólo Kero sabía por qué. Shaoran no era Katagaria y el resto de ellos era demasiado estúpido para comprenderlo.

Él lo había olido en Shaoran en el momento en que se encontraron. Aquel sonido vibrante que sólo venía de los genes humanos. Un supuesto corazón humano. Más que eso, el olor venía de la mayor parte de la elite de los Arcadianos. Shaoran no era solamente un Arcadiano. Él no era sólo un Centinela.

Él era un Aristos. Una clase rara que tenía la capacidad de manejar la magia sin esfuerzo. En el reino Arcadiano, los Aristi eran considerados dioses y eran protegidos entusiastamente por los were-wolves quienes con mucho gusto morirían por ellos.

Era por lo qué él, él mismo, odiaba a Shaoran.

Pero la paciencia era una virtud. No sólo de los humanos, sino sobre todo en los animales.

Petra olió, y luego frunció el ceño. Ella se acercó hasta que enterró su nariz contra la camisa de Kero.

—Shaoran—ella inhaló—. ¿Tú la tomaste?

—¿Dónde se esconde? —preguntó Doumeki inmediatamente.

Kero le lanzó una mirada encapotada a Doumeki. —Son todos tan patéticos. ¿Ninguno de ustedes jamás ha aprendido que la mitad de la diversión de la matanza es perseguirlo en el terreno?

Petra ladeó su cabeza. —¿Eso quiere decir?

—Sé dónde está Shaoran. Pero no es suficiente matar a tu enemigo. Primero jodes con su cabeza.

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Hola gente me he hallado un pequeño espacio finalmente para publicar este pequeño capitulo. ¿y, que tal?, ¿que les parecio?, espero les haya gustado, cierto por poco se me olvidaba agradecer a los que dejan sus comentarios en verdad se los agradezco, nos leemos luego, Love&Peace se despide, hasta el proximo capitulo. o si se me olvidaba en recompensa por mi tardanza les dejare un pequeño adelanto del siguiente cap.

—¿Me quemaste?

—No —dijo él, ofendido que ella pensara tal cosa.

Ella estaba entrando en pánico. Él podía oler su miedo.

—No te hice daño, lo juro.

Ella no le creyó. —¡Vete!

Ah, esto era malo. Él no sabía cómo convencerla. Ella se levantó y agarró su escoba de la esquina.

—¡Fuera! —gritó, blandiéndola contra él.

Ahora si eso es todo amigos