Disclaimer:SCC no me pertenece es de Clamp y la historia es de Sherrilyn Kenyon, hago esto sin fines de lucro solo por diversion y entretenimiento.
Sumary: El mayor de seis, Shaoran ha pasado su vida entera cuidando de sus hermanos, especialmente de su hermana Shiefa y su hermano Eriol. Él mataría o moriría por proteger a su familia de los Arcadianos que los acosan.
Los Arcadianos lo proclamaron Asesino en su cumpleaños veinticinco y lo han perseguido desde entonces. La recompensa por su cabeza es asombrosa.
Despiadado asesino, es extremadamente territorial y no tiene misericordia con cualquiera que se atreva a pisar su territorio, sean Katagaria o Arcadianos. Sus poderes son legendarios y pocos Centinelas se atreven a desafiarlo. Aquellos que lo hicieron, pagaron con sus vidas.
Solo Shiefa ha conocido su lado tierno. Para el resto del mundo, él es contundente y resuelto. Él hace lo que sea necesario para proteger su patria. Desafiarlo es desafiar a la muerte misma.
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CAPITULO 9
Mientras las horas pasaban lentamente estando Sakura confinada a su pequeño cuarto, ella aprendió una cosa.
Esto no era un sueño.
Ella no sabía cómo eso era real, pero no tenía ninguna otra opción excepto aceptar el hecho que este no era el episodio del manicomio de Buffy, o una ilusión. Toda esta gente era real y ellos tenían la peor comida que ella había intentado comer.
Nada le asombraba que todos fueran tan condenadamente delgados.
Apenas había tocado su bandeja de alimentos que estaba sobre la mesa de noche con los libros. Sakura deambulaba por el cuarto, mientras escuchaba a la gente en el pasillo discutir lo que ellos deberían hacerle.
Esto se ponía más horripilante a cada minuto.
De repente ella sintió un movimiento detrás de ella. Sakura giró para encontrarse a un hombre parado que le recordó a Shaoran. Él tenía el mismo cabello negro multicolor y los ojos zafiro, su cara era misteriosamente similar. Totalmente afeitado, él llevaba su cabello más largo que Shaoran y estaba vestido en cuero antiguo y piezas de armadura. Como Ieran, él tenía una espada atada a la espalda con una correa.
Él la miró en una manera que definitivamente le hizo recordar a la de un animal salvaje que examina su presa.
–¿Quién es usted? —le preguntó ella.
Él no habló. En cambio, se acercó para poder tomar su mano en la suya y mirar su palma marcada. El odio ardió en sus ojos.
Antes de que ella pudiera parpadear, ella se encontró de algún modo sacada de su cuarto y en el centro del edificio donde se encontraba el grupo más enfadado de gente del planeta. Ella se sintió como si fuera la única roca caliente en un nido de víboras.
Sus voces ruidosas aumentaron diez veces su volumen cuando ella apareció.
—¡Wang! —Sonó el grito del anciano—. ¿Por qué la has traído aquí?
El parecido a Shaoran echó una mirada malévola a Sakura. —Pido un timoria contra su compañero.
La aceptación se hizo eco en la muchedumbre.
—No —dijo Ieran mientras empujaba para abrirse camino entre la muchedumbre para alcanzarlos.
—¿Qué pasa, Madre? —Preguntó desafiante cuando se volvió hacia Ieran—. ¿Han cambiado tus sentimientos por los animales que nos cazan?
—Tú lo sabes bien.
—Entonces déjanos devolverles lo que ellos nos han dado.
Ieran sacó su espada sobre su hijo. —Tomé el juramento de Centinela para proteger...
—¿A una puta Katagaria? —preguntó Wang, interrumpiéndola. Él empujó a Sakura hacia Ieran—. Ella apesta a su olor. Digo que lo liquidemos de una vez por todas.
Una aclamación sonó.
Sakura tembló con el terror.
—¿Padre? —dijo Ieran al anciano—. ¿Este es el modo en que debe ser?
El anciano se tomó su tiempo explorando a la muchedumbre antes de enfrentar a su hija. —Deberías haberme consultado antes traerla aquí, Ieran. Buscaste la protección de uno de nuestros enemigos cuando no hay una sola familia entre nosotros que no haya sido desgarrada por los Katagaria. Dioses del Olimpo, mira lo que ellos le han hecho a nuestra propia familia. He perdido la cordura de tu madre y a todos mis hijos, salvo tu, por ellos. Tu apenas conseguiste escapar de sus garras y eso sólo porque lograste rechazarlos. ¿Ahora pides clemencia para una de ellos? ¿Te has vuelto completamente loca, también, hija?
Él dirigió una mirada menos que comprensiva a Sakura. —Pondremos la timoria a votación. ¿Quiénes de ustedes dicen sí?
El rugido fue tan ruidoso que Sakura tuvo que cubrirse sus oídos.
—¿Quién dice no?
—Yo —dijo Ieran, pero era una solitaria voz en la muchedumbre.
El anciano agarró su bastón y suspiró. —Esto está decidido, entonces. Preparen a la humana para la timoria.
Sakura tenía realmente el mal presentimiento que la timoria no era algo bueno, especialmente cuando tres mujeres avanzaron para arrastrarla.
—¿Qué pasa? —preguntó a las mujeres que la agarraron—. ¿Qué es una timoria?
—Lo siento tanto, Sakura —dijo Ieran antes que fuera apartada—. Por favor perdóneme.
¿Perdonarla por qué?
—i¿Perdónenme?! —gritó Sakura histéricamente mientras intentaba quitarse las manos de mujer sobre ella. Era inútil. —¡Por favor díganme qué va a pasar!
La más alta de las mujeres se dirigió a ella con un gruñido. —Por el apareamiento con un Katagaria, sólo hay un castigo. Te darán a los hombres sin compañera de nuestro clan.
—¿Darme a ellos cómo?
La apariencia de la cara de la mujer lo dijo todo. Ellos tenían la intención de violarla.
Sakura gritó y luchó con todo lo que tenía.
A Shaoran le tomó un minuto conseguir orientarse cuando llegó a la antigua Bretaña. Los viajes en el tiempo siempre lo desorientaban. Le tomaba mucho de sus poderes saltar en el tiempo.
También tenía que ser cuidadoso ahora. Si él enviaba sondas para localizar a Sakura, podrían ser interceptados por su madre o su gente. No es que él les temiera. Pero no quería ir a la guerra sin un ejército.
En este período de tiempo, la gente de su madre gobernaba. Su abuelo era el Regis de uno de los clanes de lobos más poderosos y se decía que los buenos viejos Gramps habían matado más Katagarias que cualquier otro Centinela en su historia.
Shaoran inspiró profundamente cuando divisó el pueblo del otro lado del seto donde él estaba agachado. Ellos lo esperarían.
En cierto modo.
Shaoran oyó algo crujiendo en el bosque detrás de él. Girándose, esperaba que fuera un animal salvaje o alguien de la gente de su madre.
No lo era.
Era Kero.
Shaoran no podía haber estado más sorprendido si hubiera encontrado a su madre directamente frente a él. Al menos esto habría tenido sentido. La presencia de Kero no la tenía, en absoluto.
El lobo cambió al instante a su forma humana, quedando boquiabierto de horror por su desnudez ante Shaoran, quien rápidamente apartó su mirada.
—¿Qué diablos haces aquí? —Se preguntaron el uno al otro simultáneamente.
—Ponme algo de ropa —dijo Kero gruñendo las palabras mientras se tapaba con sus manos.
Antes de quedar ciego, Shaoran rápidamente aceptó y vistió al lobo con vaqueros negros y una camiseta. —¿Por qué estás aquí, Kero?
Él masculló. —Hago lo que te dije que haría. Llevo la tessera lejos de ti y de Sakura, sólo que tú estás aquí mientras ellos están ahí —indicó Kero airadamente a una colina no muy lejos—. Se supone que estás en Nueva Orleans, idiota, no en Bretaña.
Sospechando de Kero, Shaoran frunció el ceño. —¿Por qué trajiste la tessera aquí?
Kero le dirigió una mirada siniestra. — Porque este era el camino más fácil que conocía para eliminarlos de una vez. No puedo hacerlo solo y pensé que las moles de Ieran conseguirían cortar en pedacitos a una de las tesseras de Hien.
Shaoran hasta estaba más confundido y suspicaz que antes. —¿Tú conoces a Ieran?
Kero puso sus ojos en blanco. —Sí, ella alegremente me persiguió y me dejó por muerto varias centurias atrás. ¿Quieres ver las cicatrices?
Shaoran sintió el olor de Doumeki acercándose a ellos.
Kero lo agarró al brazo y lo arrastró hacia un bosquecillo de árboles. —Mira, estamos en serio peligro aquí. Los Arcadianos nos odian con pasión.
—Lo sé.
—No, no lo sabes —dijo Kero, su tono gravemente serio—. Realmente no sabes cuánto pagarían por tenernos a nosotros dos para el desayuno. Tenemos que conseguir salir de aquí.
Shaoran liberó su brazo. —Sakura está en aquel pueblo y no voy en ninguna parte a no ser que ella esté conmigo.
Kero maldijo. —¿Cuánto tiempo ha estado allí?
—No lo sé, recién acabo de llegar. El tiempo no fluye de la misma manera en ambos períodos a la vez, tu sabes eso.
—Bien, tenemos que encontrarla inmediatamente y rezar para que no haya estado allí mucho tiempo.
—¿Por qué piensas que estoy aquí?
Kero no pareció oírlo. —Bien, piensa, piensa, piensa —Él alzó la vista a Shaoran—. ¿Se te ocurre algo?
—Entro allí y encuentro a mi compañera.
—Ieran tendrá un hechizo para disminuir tus poderes.
Shaoran se rió. —Déjala intentarlo.
—Dios, tienes pelotas —dijo él con respeto, en voz baja—. ¿Qué diablos? No puedes vivir siempre. Sólo prométeme que si algo sale mal, me matarás antes de abandonarme a ellos.
Había tal rugiente sinceridad en esa petición que desconcertó a Shaoran. ¿Qué le habían hecho a Kero?
—Júramelo, Shaoran.
—Lo juro.
Antes que Kero pudiera decir algo más, Doumeki, Aloysius, y Petra se abrieron paso por los bosques en forma de lobos. Sus cabezas bajas, los lobos los rodearon, gruñendo y ladrando.
—¡Mierda! —gruñó Kero mientras los lobos se agazapaban, preparándose para atacar.
Un grito resonó en el pueblo.
Shaoran no vaciló. Agarrando a Kero, él los transportó justo cuando Doumeki estaba a punto de alcanzarlos.
Sakura clavó sus talones en la tierra y mordió a una de las mujeres que la sostenían. La mujer gruñó y le pegó con la mano. Sakura la mordió otra vez.
¡Que se condenaran si ella iba a dejarlas atarla! Ella podría no ser Nakuru, pero podía morder y tirar del pelo como la mejor de ellas.
Uno de los hombres avanzó para rodear con su mano el cuello de Sakura.
—Déjenla... ir... —La voz acerada de Shaoran retumbó mientras pronunciaba cada palabra lentamente.
Los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas cuando oyó el sonido más bendito sobre el planeta. Ella miró a su derecha para ver a Shaoran en forma humana, parado ahí, sin un arma, y con su lobo blanco al lado.
¿Por qué no estaba armado?
Los hombres que estaban más cerca de Shaoran atacaron en masa. Atontada, ella miró como él giraba y los pateaba al suelo. Él se movió tan rápidamente que ella apenas pudo verlo.
Entonces Shaoran desapareció, sólo para reaparecer a su lado. Las mujeres se volvieron hacia él. Shaoran envió a una volando hacia la multitud, mientras esquivaba y hacía trastabillar a la segunda. A la tercera la tiró de cabeza al suelo.
Olvida Hollywood, no tenían nada que hacer frente a la agilidad y velocidad de Shaoran.
Mientras Shaoran desataba sus manos, ella podía oír al lobo luchar y gruñir.
Sakura lo abrazó al instante que estuvo libre y lo abrazó mientras las mujeres intentaban alcanzarlos, sólo para retroceder ante lo que parecía ser una pared invisible de alguna clase.
—Kero— llamó Shaoran.
El lobo fue corriendo a su lado. El hombre que lo perseguía también rebotó contra la pared.
Kero se materializó en un hombre desnudo y se rió malvadamente de sus perseguidores.
Sakura estaba completamente atónita por el aspecto del hermano de Shaoran desnudo, el que, tenía que reconocerlo, tenía un gran cuerpo.
¿Oh, santo cielo, nadie es lo que parece?
Shaoran chasqueó sus dedos, y la ropa apareció sobre Kero.
Wang los maldijo. —Pensé que habías dicho que mataste a Kero, Madre.
Kero se mofó de Wang con una sonrisa de desprecio. —Oh, lo intentó mucho, hermanito. Pero los animales son grandes supervivientes—. Él miró a Ieran. —¿O no, Madre?
Wang enfiló hacia Kero, sólo para encontrarse lanzado hacia atrás por nada.
De hecho, cada hombre que intentó alcanzar a Sakura, a Kero, o a Shaoran se encontró lanzado al suelo.
—¿Qué es esto? —gruñó Wang, golpeando la pared invisible con su espada.
Kero se rió otra vez. —Esta es tu peor pesadilla, adelfos. Encontrarte con el mayor de nuestra camada —Él señaló hacia Shaoran—. Los poderes de Shaoran ponen en ridículo a todo el mundo aquí, hasta al Abuelo —Él echó un vistazo a Ieran—. Tenías razón, Mamá. La mezcla de Arcadiano y la sangre Katagaria realmente produjo a un hechicero de poder sin par. Solo que no era yo. Lamentablemente.
El corazón de Shaoran palpitaba mientras escuchaba y entendía. Kero realmente era su hermano. Pero esto no era importante para él en este momento, sólo la seguridad de Sakura lo era.
Uno de los hombres Arcadianos fue por detrás de Shaoran. Él giró y lo hizo volar, alejándolo de ellos. —Ustedes tienen suerte que no sea el animal que piensan que soy —gruñó a los Arcadianos—. Pero si se acercan a mi compañera otra vez, lo seré.
Wang se rió cruelmente. —Bien, toma a tu mujer. La luna llena no será hasta dentro de otras tres semanas y esto nos da mucho tiempo para perseguirte y matarte. Tendrás que dormir algún día. Entonces serás nuestro.
Kero sacudió su cabeza. —No oíste ni una palabra de lo que dije sobre Shaoran, verdad? Es una pena que no fuera yo el que nació con su poder. Yo los habría matado a todos ustedes si lo fuera. Pero supongo que él es mejor hombre que yo.
Shaoran rió con frialdad a su hermano "humano". Wang se parecía mucho a Eriol cuando Eriol era humano. Es una pena que el odio de sus padres del uno por el otro hubiera llegado a esto. Que eso hubiera crecido y envenenado una nueva generación completa.
Pero por otra parte, Shaoran nunca había pensado en coexistir con su familia Arcadiana. Ellos lo habían expulsado y proscrito hacía siglos.
Shaoran rió malvadamente a Wang. —A diferencia de ti, hermanito, no necesito ninguna luna apestosa para saltar en el tiempo.
Y en un parpadeo, Shaoran, Sakura, y Kero estaban de regreso en Nueva Orleans, seguramente dentro de la casa de Yue.
—Creo que necesito Tylenol... un frasco —dijo Sakura mientras se tambaleaba al apartarse de Shaoran y se sentaba sobre el sillón más cercano—. Y mucho vodka para bajarlos.
Yue, Rubymoon, y Nakuru entraron corriendo en el cuarto.
—Eso fue rápido —dijo Nakuru—. Maldición, Shaoran, tú no te entretienes, verdad?
Shaoran no hizo caso a la pregunta de Nakuru mientras se arrodillaba delante de Sakura. —¿Estás bien?
—No sé —contestó ella francamente mientras le miraba fijamente con aletargada histeria—. Mi novio es un perro, su madre una sicótica, y casi acabo de perder la oportunidad de ser la atracción principal en una especie de película porno de bajo presupuesto, con vestuario y comida malos. Quiero decir... ¿Qué es esto? "¿Bienvenida a la familia, ahora tienes que dormir con todos mis hermanos, y realmente quiero decir con todos mis hermanos, primos, amigos, demonios, todos?" Sabes, la mayor parte de los suegros sólo te ofrecen un estofado, no una vendetta de cuatro siglos.
Era tan bueno ser capaz de dar ese enfático discurso, pero una parte de ella todavía estaba aterrorizada. Nada se sentía seguro para ella ahora. Nada.
—¿Estoy a salvo, Shaoran? ¿O alguien más va a hacer... ¡zaz! en la sala de estar y agarrarme y llevarme a no sé dónde? ¡No quiero ver al verdadero dinosaurio Barney con trogloditas desnudos persiguiéndolo! No quiero ver otra cosa excepto mi vida normal aquí en Nueva Orleans.
Shaoran tomó su cara entre sus manos. En algún nivel, su contacto la consoló. —Estás a salvo, Sakura. No voy a dejar que nadie más te agarre. Lo juro.
—¿Y puedo creer eso, por qué?
—Porque te doy mi palabra.
—¿Bien, y eso lo resuelve todo, huh? —Sakura sacudió su cabeza—. Después de esto, no puedo esperar para encontrarme con tu padre. Apuesto que él será un barril lleno de risas —Ella miró fijamente a Shaoran mientras el horror de las pocas horas pasadas se abalanzaba sobre ella—. ¿Algunas otras extrañas tradiciones de familia que tenga que conocer? ¿Huesos ocultos en el patio trasero? ¿Tías locas? ¿Pulgas?
Ella miró a Kero. —No tengo que dormir con él ahora, ¿verdad?
Nakuru arqueó ambas cejas ante eso. —¿A qué tipo de lugar fue? Suena como si pudiera ser divertido.
—¿Quieres ir? —preguntó Kero—. Puedo llevarte allí.
—Kero —gruñó Shaoran—. Tienes bastante para responder ya. No confundas a la gente.
—Y a Nakuru, tampoco —dijo Yue.
Rubymoon le dio un codazo en el estómago.
—¿Qué? —preguntó Yue con inocencia.
Shaoran se sentó sobre sus talones y miró a Yue y a Rubymoon por sobre su hombro. —Tengo un escudo sobre la casa que no debería dejarlos pasar. Noten que dije debería. No tengo ni idea de que más es capaz de hacer el demonio, sobre todo si Rubymoon lo invita a entrar en la casa otra vez.
—Nada.
Sakura alzó la vista hacia el sonido de una nueva voz profundamente masculina. Bueno, esta era sin duda la última persona que esperaba ver ahí.
Sin embargo, por qué estaba sorprendida, ella no podía imaginárselo. Con el tipo de cosas que estuvieron sucediendo, la mujer que le tomaba el pedido del supermercado muy bien podría ser una Were-Víbora o una zombi.
¿Por qué no?
—¿Clow? —preguntó Sakura, reconociendo al hombre sumamente alto e increíblemente atractivo, que se sumaba al cuarto.
Dos metros, enfundados en cuero negro y poseyendo una aureola que sólo podía ser definida como de pura atracción sexual, Clow Reed era un hombre difícil de olvidar.
—¿Conoces a Clow? —le preguntó Shaoran.
—Sí, él va la tienda cada pocos meses con una linda, aunque rara, novia, que prácticamente compra el lugar entero —Sakura miró de nuevo a Clow. —¿Tú eres uno de los bichos, también?
—Culpable —dijo Clow, ofreciéndole una risa encantadora.
—Genial —suspiró Sakura—. ¿Alguien más sobre el que necesite saber?
Los ocupantes del cuarto se miraron entre sí con vergüenza.
Shaoran se levantó y enfrentó a Clow. —¿Qué sabes sobre Ashura?
—Que está enganchado. Tu madre negoció con él para secuestrar a las compañeras de ti, Kero, y Eriol. Es un boleto de ida. Él le llevó a Sakura a tu madre y no hay nada que ella pueda hacer para negociar con él otra vez.
—¿Estás seguro de eso?
Clow cruzó sus brazos sobre su pecho. —Puedo darte mi garantía personal sobre eso.
—¿Entonces él volverá cuando Eriol se empareje? —preguntó Kero.
—Sí —dijo Clow—Y contestando tu próxima pregunta, sí otra vez. Él vendrá por tu compañera, también.
Kero maldijo.
—Lo siento —dijo Clow—. Pero mira el lado bueno; tu madre hace "divertido" lo disfuncional.
—Tú no eres simpático, Clow —dijo Shaoran—. Pensé que ibas a proteger a Sakura por mí.
—Eso pretendía, pero no tuve tiempo. Incluso yo no puedo estar en dos sitios a la vez.
—Qué pena —dijo Shaoran—. ¿Si sabías sobre Ashura, no podrías habérmelo dicho antes de esto?
—Tú no has estado hablándome exactamente los últimos meses, Shaoran. Además, no es sabio interferir con una orden del Destino.
—Odio cuando comienzas con esa mierda del Destino. Soy yo, Clow, no uno de tus jodidos Dark Hunters. Sé lo que eres y sé lo que puedes hacer. Maldito seas por jugar con nosotros.
El fuego rugía en los ojos de Clow. —No juego contigo, lobo, y mejor reza para que nunca lo haga.
Por la cara de Shaoran, Sakura podía decir que quería arremeter contra Clow, pero sabía que era mejor no intentarlo.
—¿Qué más sabes que no me hayas contado? —le preguntó Shaoran.
—Toneladas de esas cosas. El último destino del mundo. El próximo presidente. Si los Saints ganarán este fin de semana. Demonios, hasta conozco los números de la lotería para esta noche.
–¿De verdad? —preguntó Nakuru, animándose—. ¿Quieres compartirlo? Vamos, Clow, necesito los números del Powerball. Por favor. ¡Por favor, por favor compártelos! Hasta dejaré a Yuko comer todas las palomitas de maíz si me lo dices.
Clow resopló, luego giró hacia Yue, Rubymoon, y Nakuru. —Creo que Shaoran necesita algo de tiempo solo con su hermano y su compañera para hablar.
Nakuru gimoteó. —¡Clow, dame esos números!
Él miró a Nakuru jocosamente. —Seis.
Nakuru sostuvo sus manos en alto y le hizo señas por más. —¿Y?
—Hay definitivamente un seis en algún sitio en los números ganadores.
—Oh, apestas... gran cosa —dijo Nakuru, poniendo mala cara durante un segundo antes de encogerse de hombros afablemente—. Bien, ahora que sabemos que Clow es realmente cruel y Shaoran no es un asesino serial, supongo que mejor regreso a mi tienda —Ella se detuvo al lado de Clow—. ¿Todavía quedamos para la película del viernes a la noche?
Clow asintió. —Allí estaré, como siempre.
—Genial, te veo entonces —Nakuru hizo una rápida salida.
Yue lo miró con la boca abierta. —¿Tienes una cita con Nakuru?
Clow le dirigió una sonrisa burlona. —No, pero la encuentro sumamente divertida. Ella grita las cosas más fascinantes a la pantalla y come más palomitas de maíz que Yuko. Tengo que decir, que Nakuru es definitivamente una de mis personas favoritas.
—Eres un hombre enfermo, Clow —dijo Yue mientras regresaba a la parte de atrás de la casa.
—Creo que eres maravilloso —dijo Rubymoon antes de ponerse en puntas de pie para acercar su cabeza a la suya. Ella besó a Clow en la mejilla. Soltándolo, ella se dio vuelta en la dirección de Yue que se había marchado y levantando su voz. —Y mi marido dormirá en el cuarto de huéspedes por las próximas dos noches.
La bebé comenzó a llorar arriba.
—Yo voy —dijo Clow, desapareciendo al instante.
Rubymoon hizo una pausa cerca del sofá. —Estaré en la cocina por si alguien necesita algo.
—Seguro —dijo Sakura—. ¿Tú también vas a hacer ¡zaz! para salir de aquí, Rubymoon?
—No tengo esa capacidad —Ella tocó la mano de Sakura consoladoramente—. Sé cómo te sientes, Saku. Realmente lo sé. Como tú, pensé que mi hermana era una chiflada gritona, y he averiguado a lo largo de los dos últimos años que ella es extrañamente sabia. Solamente respira profundamente y cree en lo imposible —Ella les brindó una sonrisa alentadora, luego los dejó solos.
—Bien —dijo Kero mientras se frotaba la parte de atrás de su cuello—. Supongo que ahora es cuando me das el empujón y salgo disparado. Ustedes muchachos que tengan una buena vida.
—Espera —dijo Shaoran, poniéndose de pie—. Tú en serio no me traicionaste, verdad?
—No. Sólo pensé en traicionar a Doumeki y su grupo de Arcadianos. Era un imperativo moral que jodiera con sus cabezas, no con la tuya —Él miró a Shaoran cautelosamente—. Aunque seré honesto, Shaoran. Te odio y tú me jodes hasta el infinito. Siempre lo hiciste.
—¿Por qué? ¿Qué te he hecho?
—No tienes ni idea —dijo Kero, su expresión fría y enfadada—. Mamá no fue siempre esa chiflada que conociste. Al menos no conmigo.
Kero encontró la mirada de Sakura. —Realmente siento lo que ella te hizo, Saku. Pero tienes que entender lo que los Katagaria les quitaron. Después que fue secuestrada por mi padre, ellos enviaron todos sus Strati para encontrarla. Mientras no estaban en el pueblo, otra manada de Katagarias entró y mató a cada niño que pudo encontrar. Violaron y asesinaron a la mayor parte de las mujeres. Las que sobrevivieron sólo lo hicieron porque ellos las rechazaron, y la mayor parte de ellas, como nuestra abuela, nunca volvieron a estar bien otra vez. Es por eso que no viste muchas mujeres en la ciudad.
Kero suspiró y se volvió a Shaoran. —Tú no sabes sobre nuestra mitad Arcadiana. Desde el primer nacimiento de nuestra clase, hubo un Aristo en la familia materna en cada generación. Su hermano mayor, que fue asesinado cuando ella fue tomada, era uno de ellos. Nuestro abuelo era el otro. Cuando ella volvió conmigo, Wang, y Fuuti, ellos pensaron que yo sería uno, también. Yo tenía un olor extraño que ellos asumieron que era el poder.
—Pero tú no eres Arcadiano.
Kero sacudió su cabeza. —Yo era el yin y tú el yang. Yo era un niño humano, luego cuando llegué a la pubertad, mi forma base cambió a la de lobo.
Shaoran se estremeció. Él entendía tanto a su hermano, que se preocupó. —Lo siento.
—Ah, tú no tienes ni idea. ¿Crees que lo tuviste difícil? Al menos Shiefa y Eriol se quedaron contigo. Protegiéndote. Intenté ocultarme, pero al minuto que Wang averiguó en lo que me había convertido, se lo dijo a Mami. Y ella se comportó, perdón por la grosería, de puta pena conmigo.
Shaoran no esperaba nada menos. Su padre le habría hecho lo mismo si él hubiera alguna vez conocido la verdad. —Ella es una Centinela. Ese es su trabajo, matar Katagarias.
—Sí, lo sé. Yo era demasiado joven para rechazarla. Ella me atacó con una violencia inimaginable y me cortó en tiras —Kero hizo una pausa y se estremeció, como si el recuerdo fuera difícil para él hasta ahora—. Yací desangrándome durante días mientras intentaba ocultarme de ella y de los demás. ¿Quieres saber por qué no puedo manejar dignamente la maldita magia? Nadie jamás me enseñó. Hien, con todos sus defectos, al menos se aseguró que ustedes tres fueran entrenados después que volviste de tu año de supervivencia. Durante cien años, yo estuve totalmente solo. No osé entrar en una guarida Katagaria por miedo que olieran el olor de Arcadiano en mí. La única cosa que alguna vez he aprendido a llevar bien a cabo es camuflar mi olor. Por lo que sabes, podría estar mintiéndote ahora.
Shaoran lo miró fijamente, duro. Peligrosamente. —No lo estás.
—¿Cómo lo sabes?
—Clow no te habría dejado aquí conmigo si lo estuvieras haciendo.
Kero se burló de eso. —Pones demasiada fe en un Dark Hunter que no podría preocuparse menos por nuestra clase.
—No, no lo hago. Pongo mucha fe en un hombre que nunca ha sido otra cosa que un amigo para mí —Shaoran cruzó sus brazos sobre su pecho—. ¿Entonces, porque viniste a nuestra guarida?
—Por la misma razón por la que tu buscaste a Mamá. Quería conocer como era el resto de mi familia. Yo tenía toda la intención de contarte quien era, pero en cuanto vi cuanto Hien los despreciaba a ti y a Eriol, me figuré que sería un error.
—Podrías habérnoslo dicho a nosotros. Te habríamos dado la bienvenida.
—Y otra vez, te recuerdo que Wang, mi compañero de camada, que era mi mejor amigo, ya me había traicionado. Él me entregó a nuestra madre encadenado. Fui criado creyendo que los animales son imprevisibles y poco fiables. ¿Pero sabes qué? Los animales sólo matan por dos motivos: proteger y comer. Los humanos matan por muchos más motivos. A pesar de lo que piensan, no somos ni remotamente tan peligrosos como ellos. ¿Pero tú lo sabes, verdad?
Shaoran asintió.
Kero suspiró y se distanció. —Bien, muchachos tengan una vida agradable o algo así.
—¿Adónde vas a ir? —preguntó Shaoran.
Kero se encogió de hombros. —A cualquier parte.
—¿Así de simple? —preguntó Shaoran—. ¿Simplemente te me presentas como mi hermano y luego sigues tu camino?
—¿Qué más hay? Tu no me quieres alrededor. Maldición tu, de seguro, no me necesitas.
Shaoran lo miró con el ceño fruncido. Kero no tenía ni idea...
No, no la tenía. La única familia que él alguna vez había conocido lo había traicionado. No era de extrañar que su hermano lo odiara. Al menos él, Eriol, y Shiefa se habían unido contra uno y todos los obstáculos y amenazas.
Kero había estado solo durante siglos. Él siempre estaba apartado en la manada y nunca se había dirigido a nadie. Mientras otros Strati formaban círculos íntimos de amigos y aliados, Kero siempre permanecía solitario. En realidad, él raras veces luchaba para reclamar a una loba.
Eso debe haber sido horrible para él, saber que ellos eran familia y nunca decir una palabra de eso. ¿Cuán a menudo Kero los habría mirado a los tres riendo juntos? ¿Viéndolos agruparse como familia contra el resto de la manda, sabiendo él que debería haber sido incluido en su grupo?
Por esa omisión de amistad, Shaoran siempre se sentiría culpable. Él debería haber sentido el lazo de sangre que los unía.
Kero realmente era bueno ocultando su olor.
—Eres mi hermano, Kero —dijo Shaoran sinceramente—. La Familia significa algo para mí. Si sabes algo sobre mí, deberías saber eso.
—¿Desde cuándo yo soy familia?
—Desde el minuto en que nacimos y desde que viniste a advertirme sobre Doumeki—Shaoran le presentó su mano—. No necesito un juramento para estar ligado a ti, hermanito. Somos familia.
Kero vaciló, luego puso su mano en la de Shaoran. Shaoran lo tiró hacia adelante y lo abrazó.
A Sakura se le hizo un nudo en la garganta ante el dolor que reflejaba la cara de Kero. Era obvio que nunca había esperado la reacción de Shaoran o su aceptación.
—No te traicionaré, Kero —dijo Shaoran—. Jamás. Y si Eriol alguna vez sale, él no va a hacerlo tampoco.
Kero se separó y asintió.
—Y si sales por esa puerta —dijo Shaoran con los dientes apretados— yo deberé estropearte por eso.
Kero se rió. —Bien. Estoy aquí por un tiempo, supongo —Él aclaró su garganta y dio un paso hacia atrás—. Ustedes dos, probablemente, deseen hablar ahora. Iré a estar en la cocina con Rubymoon.
Shaoran esperó hasta que estuvieron completamente solos antes de volverse hacia Sakura. —¿Qué día infernal, no?
Sakura se sentó de nuevo en el sofá y suspiró profundamente para ayudarse a sobrellevar los inusuales acontecimientos de las últimas veinticuatro horas. —Sí, oh sí. Tuvimos bebés voladores, hermanos lobos, mamás sicóticas, novios asesinos seriales, amigas que matan vampiros, y no estoy segura de que más.
Esto estaba más allá de su capacidad de adaptarse. —¿Estoy loca? —le preguntó ella—. En serio, sé honesto.
—Desearía que fuera tan sencillo. Desearía poder decirte si y que Chi podría arreglarte, pero no, no estás loca.
Ella se temía eso. La pregunta ahora era, ¿qué debería hacer?
—Entonces déjame ver si entendí bien a tu madre. Este... —Ella dio vuelta su mano para mostrar la señal— significa que de algún modo nosotros somos algo así como marido y mujer. ¿Pero si te rechazo, te pasas el resto de tu vida impotente y solo? ¿Pero, yo en cambio, soy libre de vivir mi vida como me parezca?
Él asintió.
—Realmente apesta ser tú, ¿verdad?
Shaoran miró al vacío mientras se le tensaba un músculo de la barbilla. —No espero que me aceptes, Sak. Nunca lo hice. Yo, lo esperé aproximadamente una hora o dos, pero no soy estúpido y no vivo en el mundo de... bien, okey, realmente vivo en un mundo de fantasía, pero nunca me he engañado.
Él se arrodilló en el suelo ante ella, tomó su mano y la besó en la palma. Oh, él era tan tierno con ella. Tan amable. Ella tomó entre sus manos sus cálidas y barbudas mejillas.
¿Cómo podría dejar a un hombre como éste?
Él no es humano.
No totalmente, de todos modos. Y vivía en un mundo aterrador, de magia, misterio y monstruos escalofriantes capaces de todas formas de crueldad.
—¿Qué quieres, Shaoran? —preguntó, desesperada por saber—. Se honesto conmigo. ¿Me quieres simplemente debido a esto? —Ella le mostró la palma de su mano—. ¿O me quieres a mí? Lo que quiero decir es... realmente no me conoces, ¿verdad? Tampoco te conozco. Sé que eres un gran tipo en apuros y que tienes una familia que hace que los Addams parezcan normales. Pero no conozco al verdadero tu.
Él tomó la mano de ella sobre su cara y la sostuvo en la suya callosa, mirándola con aquellos penetrantes ojos color ámbar. —La verdad es, no lo sé. Nunca he deseado a ninguna hembra de la manera que te deseo a ti, Sak. Pero francamente no sé si esa es la señal o no. No lo sé.
Al menos le había dicho la verdad. Eso era definitivamente una cosa a su favor. Él nunca se acostaría con ella otra vez.
—¿Cuánto tiempo tengo que tomar una decisión sobre esto? —preguntó ella.
—Dos semanas. Aproximadamente. Excluyendo a cualquier demonio remoto o interferencia materna.
—¿Entonces qué te parece si intentamos actuar normalmente? —Ella se echó a reír ante lo absurdo de aquella declaración. Sí, justamente ellos eran Jack y Jill término medio subiendo la colina del diablo. Ella sólo esperaba que Jack no se rompiera la crisma o que ella se fuera a caer después.
Sakura se puso seria. —Bien, al menos podemos fingir ser normales. Déjame ver al verdadero tú en toda su extrañeza para que yo conozca a lo que tengo que atenerme y luego decidiré si puedo manejarlo sin volverme totalmente loca.
Él parecía atontado ante su sugerencia. —¿En serio no estás huyendo de mí?
—Yo probablemente debería, y no me puedo imaginar por qué siquiera lo estoy considerando. Pero realmente me gusta lo que conozco de ti, Shaoran, y supongo que cada uno tiene sus problemas. No tan profundos como los tuyos, lo sabes, pero al menos contigo, cuando diga a la gente que mi novio es un perro, no solo será en sentido figurado.
Él se rió silenciosamente ante esto.
Sakura apretó su mano. —Entonces muéstrame lo peor de ti, lobo. Y te mostraré lo mío, y después de dos semanas, veremos donde estamos.
Shaoran no podía creerlo. Ella era demasiado buena para ser real. Con toda honestidad, él había esperado que le gritara y saliera corriendo por la puerta, llamándolos a todos ellos chiflados.
Pero ella le daba una oportunidad.
Y esto era algo que él no había tenido en mucho tiempo... Esperanza.
La alegría estalló a través de él ante la idea de que en realidad ella podría quedarse con él. —Hay tantas cosas que tengo para decirte.
Ella se abatió. —No vas a chupar mi sangre, ¿verdad?
Maldición. Ella se agarraría de eso para temerle. Bien, no tenía sentido ocultarle nada a ella ahora. Mejor él ponía todo ante ella para que no se enojara porque él le había ocultado algo. Como su compañera, ella merecía tener respuestas a todas sus preguntas. —No debo hacerlo, no.
Ella lo miró con desconfianza. —¿Qué quieres decir, conque no debes?
—Mi gente no es vampiro, pero hay dos partes en un ritual de acoplamiento. Primero es que me aceptes como tu compañero.
—¿Cómo hago esto? ¿Se parece a una boda?
—Para mi gente lo es. Sólo que lo hacemos desnudos.
Ella quedó boquiabierta. —¿Con testigos? ¡Olvídalo!
—No —dijo él, riéndose de su ultraje. Ella era hermosa siempre que se le coloreaban sus mejillas. Esto hacía que sus ojos jade brillasen—. Eso será solamente entre nosotros. Me tiendo sobre mi espalda, unimos nuestras marcas, y tú me tomas en tu cuerpo, entonces hacemos nuestras promesas verbales el uno al otro.
Ella inclinó su cabeza como si estuviera menos que segura de su honestidad. —¿Eso funciona?
Él asintió. —Es magia.
—Bien, supongo, ¿y luego que es lo que sigue?
—Lo siguiente es opcional y puede ser hecho o no siempre que nosotros lo escojamos. Es donde combino mi fuerza vital con la tuya.
—¿Por qué harías eso?
—Como tú eres humana, si no lo hacemos morirás en menos de cien años, mientras yo todavía tengo otros cuatrocientos a quinientos años antes que me llegue la vejez.
Sakura estaba completamente estupefacta mientras recordaba las palabras de Ieran. En su momento las había atribuido a su propia locura o a la de Ieran. Al parecer, eso era verdadero, justo como el resto de esta locura. —¿Tu realmente tienes cuatrocientos años?
—Cuatrocientos sesenta para ser exacto.
Ella inspiró lenta y suavemente ante eso. ¿Dios querido, cómo sería vivir tanto tiempo? ¿Cuánto podría ver una persona en todo ese tiempo?
Eso era irresistible.
Pero más que eso, esto venía con una comprensión aterradora. Una que hacía que su corazón se apretase mientras una horrible pena aterrorizadora se abría paso por ella. —Yo seguramente sobreviviría a todos los que conozco —suspiró ella—. Nakuru, mi hermano y mi hermana, mis primos. ¿Todo el mundo se habría ido antes que ni siquiera envejeciera?
Él suspiró y asintió. —Esto no es fácil, pero me tendrás a mí, mi familia y amigos —Su expresión se aligeró como si una idea se le hubiese ocurrido—. A Faren Runningwolf. La conoces, ella es inmortal.
Sakura se sobresaltó por eso. Ella conocía a Faren desde hacía años. —Faren inmortal?
—Sí.
—¡Vamos! ¿Desde cuándo?
—Siempre. Tanto ella como su marido lo son.
¡Wow! ¿Quién diría que la mujer que le vendía a Sakura las artesanías que tenía colgadas en su tienda y en su pequeño apartamento era inmortal?
Ella hizo una pausa ante esa idea. ¡Ahora espera un segundo... eso no está bien!
—¿Por qué no podemos ser inmortales?
Shaoran se encogió de hombros despreocupadamente. —Porque mi gente no lo es. Tenemos vidas muy largas, pero ellas son finitas —Su apretón se tensó sobre las manos de ella—. Hay algunas desventajas, sin embargo. Si decides unirte a mí, tendré que tomar tu sangre y tu tendrás que tomar la mía. Un intercambio de sangre es el único modo de hacerlo. En segundo lugar, si uno de nosotros muere, ambos lo hacemos.
Ella se puso pálida. Ese era un pensamiento que la asustaba.
Bien, por otra parte, comparado a otras cosas en el mundo de Shaoran, aquella era probablemente una de las menores preocupaciones.
—Pero no tienes que hacerlo, Sak—él se apresuró a asegurárselo—. Ambas decisiones sólo las tomas tú.
Ella suspiró mientras consideraba todo eso. Era un compromiso infernal lo que Shaoran le estaba pidiendo. Esto llevaba el tradicional "hasta que la muerte nos separe" a un completo nuevo nivel.
Pero mientras ella lo miraba todavía arrodillando en el suelo, no podía menos que preguntarse cuan mala podría ser la vida con este hombre. Era considerado y generoso. Una rareza en su mundo.
Eso valía al menos dos semanas.
—Bien —dijo ella despacio—. Ahora es mi parte de esto. Si nos hacemos compañeros, quiero una boda humana. Mis padres no entenderán nada menos que eso y no estoy segura si quiero decirles sobre todo esto.
—Está bien.
—Eso significa que vas a tener que conocer a mis padres, Shaoran.
—Bien. Ellos no pueden ser tan aterradores como los míos.
—Bien, ellos no son homicidas por lo general, pero son protectores conmigo.
—Ya los amo.
Sakura contestó con una risa nerviosa la pequeña y juguetona sonrisa de él.
—Sabes, yo siempre pensé que encontraría a algún tipo y saldría con él durante un año o dos y luego lo haría agacharse sobre su rodilla en algún sitio romántico para que me pidiera que me casara con él. Nunca soñé que esto fuera mi compromiso —Ella jugó con el broche de su cabello—. Supongo que la vida nunca es lo que queremos que sea, ¿verdad?
Shaoran se abatió por dentro por sus palabras. Él nunca había pensado cambiar su vida tan horrendamente. Él sólo había querido tocarla un momento.
Que lo tocara.
Tal vez eso fuera cruel, pero su corazón no quería que se marchara. Sólo la deseaba a ella.
Tanto el animal como el hombre en él no ansiaban nada más que ser tocados por esta mujer.
—Haré cualquier cosa para hacerte feliz, Sak.
Sakura profundizó su apretón en el cabello de él. En ese momento, sintió como si en realidad pudiera amar a este hombre. Al menos sabía que podría.
Pero ya se había quemado y no conocía a Shaoran muy bien. Ella sólo tenía dos semanas para aprender sobre él. Lo que ella sabía era aterrador... Y maravilloso.
Ella sólo esperaba que él no le mintiera o la engañara. Si él le mostrara al verdadero Shaoran y este hombre-lobo era honesto, entonces ella podría aceptarlo.
Su peor miedo consistía en que al final de las dos semanas, ella pudiera unirse a él y él se convirtiera en el sicótico y rudo animal del que hablaba su madre
¿Qué haría entonces?
Taylor había sido maravilloso al principio de su relación. Hasta le había llevado bombones para su primer Día de San Valentín.
Con el tiempo, él se había convertido en un asno total. ¿Shaoran haría lo mismo?
Y cuatrocientos años... eso era un realmente un largo tiempo para pasar con alguien.
No si lo amas.
Tal vez eso era verdad.
Lo menos que ella podría hacer era intentarlo. Y tener esperanza.
—¿Entonces, adonde vamos desde aquí? —preguntó ella.
—Tengo que encontrar algún lugar donde alojarte por si tengo que dejarte, y en donde estés a salvo.
—¿Y mi tienda?
—Conseguiré a alguien que la maneje por ti.
Eso sonaba un poco demasiado fácil. —¿Cómo?
—Le pediré a Clow otro favor. Ellos tienen gente que ayuda a los Dark-Hunters. Ellos tienen muchos negocios locales aquí en Nueva Orleáns y estoy seguro que pueden enviar a uno de ellos ahí para mantener la tienda abierta por ti. La mayor ventaja es que si uno de mi gente viene preguntando, ellos sabrán cómo manejarlos.
—Bien, entonces. Vamos a comenzar nuestro enlace de manos y ver cómo funcionará todo.
Shaoran se levantó y le presentó su mano.
Sakura vaciló. Ella nunca antes le había temido al futuro, pero ahora lo hacía.
Tomando aire profundamente, para darse coraje, ella colocó su mano en la de él y dejó que él la pusiera de pie.
Ella esperó que él la condujera a la cocina. En cambio, él la destelló al cuarto de los niños.
—Sabes —dijo ella, sintiéndose aturdida por su "viaje"—. Los pies sirven, también.
Shaoran se rió. —Dijiste que querías que fuera yo mismo. Prefiero el destello como medio de transporte. Es mucho más rápido.
Clow estaba sentado en una antigua silla blanca de madera, meciendo al bebé que dormitaba en su regazo mientras los miraba con curiosidad. Él sostenía un biberón de leche medio vacío entre sus piernas mientras la bebé, vestida con un vestidito rosado, chupaba su diminuto puño en el refugio de sus brazos. Había algo tan incongruente en aquella imagen que Sakura no pudo menos que mirar fijamente.
Un hombre vestido con cuero negro y cadenas con el largo cabello rojo y negro y un pendiente de daga en su oreja izquierda definitivamente no se parecía a alguien que pudiera deleitarse cuidando a un bebé. Y ahí estaba, sentado en un cuarto rosado lleno de volantes, acunando plácidamente a la bebé. Clow debería parecer completamente fuera de lugar ahí y, con todo, parecía estar en casa.
—Ya he llamado a Sonomi Amamia para que se haga cargo de tu boutique —les susurró Clow—. Ella solamente necesita saber dónde están los papeles, dónde guardas las llaves de la tienda, y en qué banco hacer los depósitos.
—Maldición, eres bueno —dijo Shaoran.
Clow le dirigió una sonrisa burlona y arrogante. —Absolutamente el mejor.
Shaoran cambió su peso. —Entonces... tu sabes…
—Aquí está la dirección —Clow sostuvo su mano levantada y una tarjeta de visita mágicamente apareció entre sus dos primeros dedos. Él entregó la tarjeta a Shaoran, quien dio un paso adelante para tomarla—. Ustedes estarán a salvo allí. Confía en mí, él es más paranoico que una comuna de Apolitas. Nadie va a entrar en su lugar.
Shaoran miró el nombre sobre la tarjeta y se congeló. —¿Estará de acuerdo con que estemos allí?
Clow se encogió de hombros. —Su casa es lo bastante grande. Sólo intenten mantenerse fuera de su camino —Él miró más allá de Shaoran y le ofreció una sonrisa a Sakura—. Él está un poco nervioso, Saku, pero Kurogane es un buen hombre mientras que no le menciones el nombre de Yue. Él se asegurará que nada les pase.
—¿Kurogane? —preguntó ella.
Shaoran soltó un lento suspiro, luego giró para enfrentarla. —Él es un vampiro con actitud seria.
