Disclaimer:Tanto los personajes como la historia no me pertenecen, los primeros son del anime CCS de las chicas Clamp, mientras que lo segundo es propiedad de Sherrilyn Kenyon, espero les guste el capitulo.
Sumary: El mayor de seis, Shaoran ha pasado su vida entera cuidando de sus hermanos, especialmente de su hermana Shiefa y su hermano Eriol. Él mataría o moriría por proteger a su familia de los Arcadianos que los acosan.
Los Arcadianos lo proclamaron Asesino en su cumpleaños veinticinco y lo han perseguido desde entonces. La recompensa por su cabeza es asombrosa.
Despiadado asesino, es extremadamente territorial y no tiene misericordia con cualquiera que se atreva a pisar su territorio, sean Katagaria o Arcadianos. Sus poderes son legendarios y pocos Centinelas se atreven a desafiarlo. Aquellos que lo hicieron, pagaron con sus vidas.
Solo Shiefa ha conocido su lado tierno. Para el resto del mundo, él es contundente y resuelto. Él hace lo que sea necesario para proteger su patria. Desafiarlo es desafiar a la muerte misma.
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CAPITULO 12 PARTE 1
Los días pasaron mientras Sakura afrontaba lo que debía hacer. Una parte suya estaba desesperada por quedarse con Shaoran, mientras que la otra estaba aterrada. Hasta ahora la tessera no había aparecido, pero eso no significaba que pudieran o debieran relajarse.
Ahora era el Día de Acción de Gracias, y estaba parada en su dormitorio en la casa de Kurogane con un nudo en el estómago. Sus padres la habían invitado, junto con Shaoran y Kero a su casa, para la reunión anual de los Kinomoto.
Le había contado a su familia sobre su nuevo "novio" y no tenía idea de cómo reaccionarían ante él. A nadie de su familia le había importado jamás Taylor y su aire de superioridad. De hecho, su padre rara vez le había dicho más de dos palabras cuando había llevado a Taylor.
¿Qué dirían si descubrieran que Shaoran y su hermano eran lobos? Concedido, les gustaban los animales, pero…
Sólo pensarlo le daba náuseas.
Respirando hondo, se dirigió escaleras abajo para encontrar a Kero y Shaoran esperando en la sala de recibo.
Kero vestía pantalones vaqueros azules, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero negra. Shaoran llevaba pantalones vaqueros negros y un suéter de cuello en V gris y negro, con la camiseta blanca asomándose por sobre el cuello.
—¿Tengo que cambiarme? —le preguntó Kero a Shaoran—. Jamás he comido una cena de Acción de Gracias antes, ¿y tú?
—No. Yo tampoco sé qué ponerme. Le preguntaremos a Sakura cuando baje.
Kero se frotó la nuca.
—Quizás fue una mala idea.
—No sé por qué estás quejándote, Kero. Al menos tú fuiste criado con Arcadianos. Yo no tengo idea de lo que implica una festividad "familiar". A excepción de los Peltiers, que son condenadamente extraños, los Katagaria no celebran precisamente las fiestas.
—Ambos se ven bien —dijo Sakura, entrando a la habitación. De algún modo era dulce y encantador saber que estaban tan nerviosos como ella—. Simplemente no enchufen nada si alguien se los pide. —Kero rió con aprensión. Shaoran parecía poco divertido mientras se ponía de pie—. No se preocupen —los tranquilizó—. Mis padres no muerden. Mucho.
Los lobos intercambiaron una mirada que decía que no estaban tan seguros acerca de eso, antes que Shaoran le ofreciera el brazo y la condujera hacia la puerta.
Sakura se detuvo en los escalones de la casa de Kurogane al ver un elegante Jaguar XKR negro metalizado.
—¡Wow! —susurró—. ¿De quién es el auto?
—De Takashi —dijo Shaoran mientras la llevaba hacia él—. Como se fue a Nueva Jersey, a su casa, para las fiestas, me lo prestó para la visita a tu familia.
—Pensé que conducía un arruinado Chevy IROC rojo.
Kero rió con fuerza.
—Hace eso para irritar a Kurogane. Guarda el Jaguar en la casa de Kimihiro para los fines de semana.
—Takashi es tan malo —dijo ella riendo, mientras Shaoran le abría la puerta y la dejaba entrar mientras que Kero pasaba a la parte trasera por el asiento del conductor.
Un día, Kurogane iba a matar a su Escudero, que parecía no poder exasperar lo suficiente al Dark Hunter.
Una vez que ella estuvo dentro del auto, Shaoran cerró la puerta y fue hasta su lado. Hombre, tenía un andar que haría jadear a cualquier mujer. Realmente, nadie debería ser tan innatamente masculino.
Él entró al auto con un fluido movimiento y lo encendió. Sakura le miró fijamente las manos mientras tomaba el volante y ponía el cambio. Si Kero no hubiese estado en el asiento trasero, probablemente no llegarían a casa de sus padres, después de todo.
Shaoran tomó el volante con fuerza mientras escuchaba las indicaciones de Sakura sobre cómo llegar a la casa de sus padres, la cual quedaba en Kenner, a más o menos veinticinco minutos de la de Kurogane. Nunca había estado tan nervioso en su vida. Peor aún, Kero seguía removiéndose en el asiento de atrás.
En el fondo de su mente, continuaba repitiéndose que tenía que hacer esto. Si iba a quedarse con Sakura, ella querría que su familia lo conociera. No podía apartarla de la gente a la que tanto quería. Pero, aún así, esto era difícil como el demonio para él.
¿De qué hablarían?
Hola, mi nombre es Shaoran y le aúllo a la luna tarde por las noches, en forma de lobo. Me acuesto con su hija y no creo que pueda vivir sin ella. ¿Les importa si tomo una cerveza? Oh, y ya que estamos, déjenme presentarles a mis hermanos. Este aquí es un lobo letal, conocido por matar sólo porque lo miren torcido, y el otro está en coma porque unos vampiros le chuparon la vida luego que ambos hubiésemos sido sentenciados a morir por nuestro celoso padre.
Sí, esto saldría realmente mal.
En cuanto a eso, ¿qué les diría Kero? Shaoran ya había amenazado de muerte al lobo si avergonzaba a Sakura de algún modo.
Shaoran sólo esperaba no ser él quien la avergonzara.
Este era el mayor fiasco esperando para ocurrir.
Demasiado pronto estaban ingresando por camino de entrada de una casa nueva, estilo Victoriano. Ya había cinco automóviles aparcados allí.
—Mi hermano y hermana —dijo ella antes de abrir la puerta del auto.
—Dum dum dum, duuuum. —Kero tarareó la canción de Dragnet desde el asiento trasero.
—Cállate, Kero —le dijo Shaoran mientras bajaba.
Aunque, para ser sincero, el murmullo de Kero le parecía un poco tranquilizador, ya que le recordaba al excéntrico sentido del humor de Eriol.
Kero salió último y se quedó atrás, del lado de Shaoran, mientras Sakura los conducía hacia la puerta principal.
Shaoran realmente sentía como si estuviera yendo a su ejecución. Padres. Ajjj.
Sakura llamó a la puerta, luego giró para darles una sonrisa de aliento.
Shaoran le ofreció una pálida, en respuesta.
La puerta se abrió para mostrar a una mujer más o menos siete centímetros más baja que Sakura, que tenía exactamente la misma figura. Su corto cabello negro estaba abundantemente salpicado de gris, y era una versión más vieja del rostro de Sakura.
—¡Bebé! —exclamó la mujer antes de aferrar a su hija en un fuerte abrazo. Mientras abrazaba a Sakura, la mujer levantó la mirada hacia él. Shaoran se sintió enfermo, y luchó contra el impulso de retroceder. No porque pudiera, con Kero parado en las escaleras detrás de él—. Tú debes ser Shaoran—dijo alegremente la madre de Sakura—. He oído tanto de ti. Por favor, pasa.
Sakura entró primero a la casa. Shaoran ingresó y giró mientras Kero, que tenía las manos en los bolsillos, se unía a ellos.
—Tú debes ser Kero—dijo su madre, estirando la mano hacia él—. Soy Nadeshiko.
—Hola, Nadeshiko —dijo Kero, estrechándosela.
Shaoran esperaba lo mismo pero, en cambio, Nadeshiko lo atrajo en un fuerte abrazo. Le palmeó la espalda y lo soltó.
—Sé que probablemente estén nerviosos. No lo estén. Sólo siéntanse como en casa y…
Un enorme rottweiler negro apareció corriendo desde la parte trasera de la casa para saltar encima de Shaoran.
—¡Titus! —exclamó Nadeshiko.
El perro la ignoró mientras se echaba de espaldas, en una postura sumisa. Shaoran se inclinó y lo acarició, para hacerle saber al perro que reconocía su rango y para afirmar su propia jerarquía alfa.
—Bueno, ¿no es raro? —dijo Nadeshiko—. Titus generalmente intenta comerse a cualquiera nuevo que conozca.
—Shaoran tiene un don con los animales —dijo Sakura vagamente.
Su madre sonrió.
—Bien, entonces encajarás perfectamente aquí, en el zoológico Kinomoto.
Titus se levantó y fue hacia Kero para lamerle los dedos. Kero palmeó la cabeza del perro mientras Shaoran miraba alrededor de la acogedora casa, que estaba decorada en un estilo campestre. Los sofás tostados eran mullidos y estaban cubiertos de cojines.
Una percha de pájaros vacía se encontraba en una esquina, y un gigantesco acuario con peces de agua dulce había sido construido en la pared del fondo. Shaoran oyó a más perros en el patio, y algo que sonaba como una colección entera de aves cantando escaleras arriba.
—Los hombres están afuera —dijo Nadeshiko mientras los conducía hacia la parte de atrás de la casa, más allá de tres terrarios que contenían una enorme boa constrictora, una especie de lagarto, y dos jerbos—. Tu padre tiene un nuevo perro callejero que llegó hace un par de días, al que nadie puede tratar. La pobre cosita no quiere comer, e intenta mutilar a quien se le acerque.
—¿Qué le sucede? —preguntó Sakura.
—No lo sé. El control de animales lo sacó de una zanja, y piensan que alguien debe haberlo tirado allí. Ha sido terriblemente golpeado, y tenía muchísimos gusanos.
Shaoran se encogió, con compasión.
Entraron a la cocina, donde una mujer rubia, alta y esbelta estaba parada junto a un cuenco para mezclar.
—Mamá, ¿cuánta sal…? —Sus palabras terminaron en un chillido al girar y ver a Sakura—. Hey, pequeñita —dijo antes de aferrarla en un fuerte abrazo.
Sakura la apretó contra sí, y luego dio un paso atrás, para presentarlos.
—Naoko, estos son Shaoran y su hermano Kero.
Shaoran se puso tenso al caer bajo el escrutinio de la hermana mayor de Sakura. Él no le agradaba. El animal en su interior lo percibió inmediatamente.
Aún así, ella estiró la mano.
—Hola —le dijo con una sonrisa falsa.
—Hola —dijo él, estrechándosela.
Ella siguió con Kero, quien hizo lo mismo.
—No pude encontrar esas tortas dietéticas para ti, Sakura—dijo su madre mientras iba hacia el horno a chequear el pavo—. Lo siento.
—Está bien, mamá —dijo Sakura—. De cualquier modo, preferiría comer tu tarta.
Su madre parecía un poco sorprendida, pero no dijo nada. Mientras daba un paso atrás, dos gatos pasaron corriendo por la cocina, persiguiéndose.
—¡Spinel! ¡Marianne! —gritó su madre, pasándole el paño de cocina a Sakura—. Oh, dios querido, será mejor que los atrape antes de que se encuentren con Bart y se los coma.
Su madre salió corriendo afuera.
—¿Bart? —le preguntó Kero a Sakura.
—El lagarto que vive en el patio. Papá lo curó el año pasado, después de que un cazador furtivo casi lo mató con una trampa, y sigue saliendo de su corral.
Kero se rascó la mejilla.
—Hombre, desearía haber conocido a tu padre cuando me metí en una trampa, todavía… —la voz de Kero se desvaneció al darse cuenta de que Naoko se había vuelto hacia él con una ceja arqueada—. No importa.
—¡Hey, Saku!
Shaoran se puso rígido mientras un hombre extremadamente grande y musculoso entraba a gran velocidad por la puerta trasera para alzar a Sakura y la apretaba con fuerza.
Sakura rió.
—¡Bájame, Touya!
Él le gruñó mientras lo hacía.
—No te pongas irritable conmigo, mujer. Te derribaré y te quebraré el brazo.
Sakura se burló de eso mientras Shaoran se ponía furioso.
—Será mejor que no la toques.
Sakura levantó la mirada ante la gruñida sinceridad que escuchaba en el tono de Shaoran. Por la expresión en su rostro, realmente temió por la seguridad de su hermano.
—Está bien, Shaoran —se apresuró a tranquilizarlo—. Sólo está bromeando. No me ha lastimado realmente desde que éramos niños, e incluso entonces fue un accidente.
—De cualquier modo, esa es la historia a la que me estoy aferrando —dijo Touya mientras le ofrecía la mano a Shaoran—. Me alegra ver que mi hermana está en buenas manos. Touya Kinomoto.
—Xiaolang Li.
—Es un placer conocerte, Shaoran. No te preocupes. Me arrancaría el brazo antes de lastimar a una de mis hermanas. —Shaoran se relajó notablemente—. Tú debes ser el hermano —dijo Touya—. ¿Kero?
—Hola —dijo Kero, estrechándole la mano—. Lo sé, los nombres apestan.
Touya rió.
—¿Quieren una cerveza, muchachos?
Kero miró a Shaoran en busca de la respuesta.
—Sería genial —dijo Shaoran.
Touya se agachó en el refrigerador y extrajo dos antes de pasárselas a ellos.
Mientras las abrían, Touya metió un dedo en la ensalada de papas.
—¡Deja eso! —exclamó Naoko, golpeándole la mano con una cuchara.
—¡Aw! —dijo él, quitando la mano de un tirón y chupándose el dedo.
—Sal de aquí, Touya, o juro que le daré tu parte a los perros.
—Bien, quisquillosa vengadora con síndrome premenstrual. —Le hizo un gesto a Kero y Shaoran—. Sean sabios y vengan afuera conmigo, donde estamos a salvo.
Shaoran vaciló.
—Llámame si necesitas que te rescate de Touya y mi padre —le dijo Sakura antes de ponerse en puntas de pie y besarlo en la mejilla.
Shaoran vio que Naoko lo miraba enojada antes de seguir a Kero y a Touya hacia el patio, donde la madre de Sakura estaba luchando con los gatos para llevarlos de regreso a la casa.
Shaoran le pasó su cerveza a Kero antes de recoger a la gata. Ella se puso tensa un instante, y luego se relajó.
—¿La quiere dentro de la casa?
Nadeshiko asintió agradecidamente mientras acunaba al macho.
Shaoran abrió la puerta y dejó a la gata adentro.
—No vuelvas a hacer eso, Marianne —le dijo.
Ella hocicó la mano y luego salió corriendo.
—Gracias por la ayuda —dijo Nadeshiko mientras pasaba junto a él.
Shaoran regresó para unirse a Kero y a Touya.
—Entonces, Shaoran, ¿qué haces para ganarte la vida? —preguntó Touya.
Kero lo miró divertido, mientras le devolvía la cerveza.
—Vivo de los intereses de mis inversiones.
—¿De veras? —preguntó Touya—. ¿Las inversiones te pagan lo suficiente como para tener un Jaguar de cien mil dólares?
Shaoran podía oler la hostilidad de Touya.
—No —dijo sarcásticamente—, traficar con drogas hace eso. Y obtengo una considerable ganancia de mis proxenetas en Bourbon Street.
La expresión en el rostro del hermano de Sakura fue invaluable.
—Mira, voy a ser sincero contigo. Te metes con mi…
—¿Touya? —Shaoran miró más allá del hermano de Sakura para encontrarse con un hombre que parecía tener cincuenta y pico de años. De buen estado físico y bien parecido, tenía cabello gris bien estilizado y bigote—. No le estás dando a Shaoran el discurso de "Métete con mi hermanita menor y te quebraré el cuello", ¿verdad?
—Estaba intentándolo.
El hombre rió.
—No le prestes atención. Soy el Doctor Kinomoto—dijo, extendiendo su mano hacia Shaoran—. Puedes llamarme Fujitaka.
—Es un placer conocerlo, Fujitaka.
Fujitaka se volvió hacia Kero.
—Tú debes ser el hermano.
—Eso espero, estoy vistiendo sus calzoncillos. —Fujitaka rió—. Así que, usted es el maligno rey castrador —dijo Kero—. Me preguntaba qué apariencia tendría.
—Kero —dijo Shaoran en tono de advertencia.
Fujitaka rió otra vez.
—¿Sabes algo acerca de perros, Shaoran?
—Sí. Un poco.
—Bien. Tengo uno que quiero que conozcas.
—Oh, Jesús, Cujo no, papá. Eso es peor que mi discurso que interrumpiste.
Fujitaka ignoró a su hijo mientras se dirigía a un área alambrada en el fondo, donde Shaoran podía ver un número de casetas de perro.
Mientras Shaoran y Kero pasaban junto a ellos, los perros, percibiendo su parte animal, salieron a ladrarles o para jugar.
Fujitaka los condujo a una jaula al final de la fila, donde un furioso Labrador mestizo estaba encerrado. El perro estaba lleno de rabia y odio.
—No podemos hacer nada con él —dijo Fujitaka—. Mi socio piensaque deberíamos sacrificarlo, pero detesto hacer eso. Me parece una condenada pena matar a un animal que ha sido lastimado.
Kero dejó la cerveza y fue hacia la puerta. El perro salió corriendo de su casa, ladrando y gruñendo.
—Shh —dijo Kero, estirando la mano para que el perro pudiera olfatearlo.
—No haría eso si fuera tú —dijo Touya—. Casi le arrancó la mano al oficial de control de animales que lo capturó.
—Sí, alguien tendría que ponerlos en una jaula y golpearlos por un tiempo —dijo Kero, frunciendo el labio.
El perro continuó atacando.
—Apártate —dijo Shaoran mientras buscaba el pestillo de la puerta.
Kero se puso de pie y se alejó mientras Shaoran la abría. El perro arremetió y luego retrocedió rápidamente.
Shaoran cerró la puerta y se acuclilló.
—Ven aquí, muchacho —le dijo dulcemente, estirando la mano. El perro corrió al interior de su casa y ladró aún más fuerte. Shaoran se arrastró hacia la casa y metió lentamente la mano adentro—. No tengas miedo —le dijo, permitiendo que el perro atrapara su olor.
Podía sentir que comenzaba a calmarse. Sabía que no era completamente humano, y estaba empezando a confiar en el animal que olía.
Luego de algunos segundos de espera, el perro lamió la punta de los dedos de Shaoran.
—Eso es —dijo Shaoran, acariciándole la piel. Miró por sobre su hombro—. ¿Kero? ¿Podrías traer algo para que coma?
—Traeré un tazón —dijo Fujitaka.
Una vez que Fujitaka hubo regresado, le dio el tazón a Kero, quien lo llevó dentro. Kero se agachó fuera de la casa, junto a Shaoran, y depositó cuidadosamente la comida frente al perro.
—Hombre, te jodieron mal, ¿eh? —le dijo Kero al perro.
Shaoran se llenó la mano de comida y la sostuvo hacia el animal. Éste la removió con la nariz hasta que finalmente confió en él lo suficiente como para dar un mordisco.
—Ahí tienes —dijo en voz baja mientras tomaba más comida y alimentaba al perro con la mano.
—Maldición, papá —dijo Touya del otro lado del alambrado—. Jamás vi algo parecido.
Luego de varios minutos, Shaoran terminó de alimentar al perro. El animal trepó al regazo de Shaoran y se quedó allí, necesitando consuelo. Kero le acarició el lomo mientras Shaoran le masajeaba las orejas.
Shaoran sintió a alguien mirándolo. Observando por encima de su hombro, vio a Sakura junto a su padre.
—¿Le diste de comer? —le preguntó ella.
—Sí.
Ella sonrió. Verla allí hizo que le doliera el corazón. ¿Cómo podía algo tan simple como una mera sonrisa causar semejantes estragos en su cuerpo?
—Vine a avisarles a todos que la cena estaba lista. Pero si necesitas más tiempo…
Shaoran se levantó.
—Estará bien por un rato.
Kero palmeó al perro y luego se puso lentamente de pie.
Los dos salieron de la jaula y la cerraron. El perro fue corriendo hacia ellos, aullando.
—Está bien —le dijo Shaoran—. Regresaremos.
—Sí —agregó Kero—, con un lindo regalo para ti.
Shaoran pasó su brazo sobre los hombros de Sakura mientras seguían a su hermano y su padre hacia la casa.
—¿Creciste aquí? —le preguntó a Sakura.
—No. Mis padres se mudaron pocos años atrás, luego de vender su pequeña granja.
—Extraño ese viejo sitio —dijo Fujitaka mientras mantenía la puerta abierta para ellos—. Hay demasiadas ordenanzas aquí. Tuve que obtener una licencia especial sólo para poder mantener a mis pacientes atrás, y tengo que pagar multas habitualmente.
—¿Por qué se mudaron? —preguntó Kero.
Fujitaka se encogió de hombros.
—Su madre quería estar más cerca de la ciudad. ¿Qué puede hacer un hombre cuando su esposa se encapricha con algo?
Entraron al comedor, donde un enorme banquete esperaba junto a Naoko, que aún se veía como si prefiriera que ellos se marcharan.
—Ven aquí y siéntate a mi lado, Shaoran—dijo Nadeshiko, indicando la silla a su derecha—. Y Kero, puedes sentarte al otro lado de Sakura. —En el instante en que Kero se sentó, Titus fue corriendo e intentó trepar a su falda—. ¡Oh, buen dios! —exclamó Nadeshiko—. Fujitaka, haz bajar al perro.
—Está bien —dijo Kero, riendo.
Entonces, cuando Shaoran se sentó, Titus corrió hacia él y le lamió la cara.
—Hey, muchacho, cuidado con las pezuñas.
—¿Qué ha pasado con mi perro? —preguntó Nadeshiko, tirando del collar de Titus—. Generalmente es reservado con la gente.
—Los perros reconocen a las buenas personas en cuanto las ven —dijo Fujitaka, sacando un trozo de relleno del pavo—. Titus —dijo, sosteniéndolo para el perro.
Titus corrió a buscarlo.
Sakura se sentó junto a Shaoran. —Bueno, Touya, ¿dónde está Maggie?
—En lo de sus padres. Iré allí más tarde, después de comer. Como nos quedamos a dormir aquí, quería asegurarse que su madre no se pusiera celosa.
—Maggie es la esposa de Touya —le explicó Nadeshiko a Shaoran—. Me hará abuela en la primavera.
—Felicitaciones —le dijo Shaoran a Touya.
—Sí, ya veremos. Estoy asustado como el demonio. Personalmente, no creo que esté preparado para ser el padre de alguien.
—Sí —dijo Sakura riendo—. Podrías tener que compartir tus juguetes.
Touya le hizo una mueca antes de arrojarle un guisante hacia la cabeza por encima de la mesa. Shaoran lo atrapó antes de que hiciera contacto, y se lo devolvió a Touya. Lo golpeó directo entre los ojos.
Sakura rió a carcajadas.
—¡Niños! —exclamó Nadeshiko—. Compórtense o los haré comer en el rincón.
—Buenos reflejos, amigo —dijo Touya, secándose la ceja bondadosamente—. Pienso que deberíamos reclutarte para el equipo.
—No lo creo, Touya —dijo Sakura—. Por alguna razón creo que Shaoran se opondría a vestir una camiseta que diga "Córtalo y abróchalo si lo amas" en la espalda. Es bastante sensible acerca de la castración de perros.
Shaoran arqueó una ceja, pero mantuvo la boca sabiamente cerrada.
Su padre rió con fuerza.
—Puedo apreciar su punto de vista. No muchos hombres quieren jugar para los Castradores. Pero tenemos un montón de veterinarias que, extrañamente, lo hacen.
—Ah, lo persuadiremos —dijo Touya—. Con esos reflejos, definitivamente podríamos usarlo.
Shaoran notó la expresión de tristeza en el rostro de Naoko, pero ella no dijo nada mientras se sentaba y colocaba la servilleta sobre su regazo.
El padre de Sakura dijo la bendición y entonces se puso de pie para cortar el pavo mientras que su madre comenzaba a pasar los platos.
Shaoran sostuvo las fuentes mientras Sakura servía para él y para sí misma.
—¿Hay algo que no te guste? —le preguntó ella.
—En realidad, no.
Ella sonrió.
—Eres tan fácil de convencer.
Él le besó la mejilla impulsivamente, hasta que se percató de que la familia de ella los miraba fijamente.
—Lo siento —dijo, temeroso de haber hecho algo mal.
—No —le dijo Nadeshiko—. Me agrada ver a mi bebé sonriendo por una vez.
Shaoran le pasó el puré de papas a Kero, quien lo miró con un tremendo ceño.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Patatas —le dijo Shaoran.
—¿Qué les hicieron?
—Sólo cómelas, Kero —dijo Shaoran—. Te gustarán, confía en mí.
Touya resopló.
—¿De dónde vienes, que nunca has visto puré de patatas antes?
—De Marte —dijo Kero mientras fruncía el ceño ante el modo en que las papas colgaban de la cuchara.
Tomó sólo un poquito, luego se las pasó a Fujitaka. Kero se inclinó apenas hacia delante y olisqueó las papas en un gesto muy canino.
Sakura sintió la pierna de Shaoran estirarse sobre la suya para patear la silla de Kero debajo de la mesa.
Kero se irguió rápidamente y miró a su hermano, que le estaba dando una mirada de advertencia.
—Realmente, ¿de dónde son? —preguntó Naoko otra vez—. ¿Crecieron aquí?
—No —respondió Shaoran—. Viajamos mucho mientras crecíamos. Hemos vivido prácticamente en todos lados.
La hermana lo miró penetrantemente.
—¿Qué los trajo a Nueva Orleáns?
—Naoko—dijo Sakura—. ¿Desde cuándo esta es la Inquisición?
—Desde que mamá dijo que ibas en serio con él. Creo que debemos saber algo más acerca de tu nuevo novio, además de que se ve bien con un par de vaqueros.
—Naoko—dijo Fujitaka en un tono bajo pero severo—. No hagas pagar a Sakura y Shaoran por los crímenes de Josh.
—Bien —exclamó Naoko furiosamente—. Pero cuando él escape con su secretaria y la deje sola para explicarle a sus niños porqué papi es un idiota, espero que recuerdes esto.
Se levantó y abandonó la habitación.
—Lo siento —dijo Nadeshiko, poniéndose de pie—. Sigan adelante, y coman. Regresaré en un minuto.
—El esposo de Naoko la dejó unos meses atrás —le explicó Sakura a Shaoran—. Sus hijos están con él durante el feriado, y Naoko está pasando un mal rato por eso.
—¿Por qué un hum…? —Kero estiró la sílaba de un modo que le hizo saber a Sakura que estaba a punto de decir "humano"—. ¿Humillante idiota haría eso? —dijo, terminando la frase.
—No sé por qué algunos hombres lo hacen —dijo Fujitaka—. Aunque supongo que al fin se quitó de encima a esa basura.
—Estoy de acuerdo —dijo Sakura, mirando a Shaoran, quien jugaba con su muslo por debajo de la mesa, excitándola terriblemente.
Su contacto era electrizante.
Nadeshiko regresó para tomar el plato de Naoko, y luego volvió a salir de la habitación.
Fujitaka suspiró.
—Desearía poder mejorar las cosas para ella. No hay nada peor que ver a uno de tus hijos sufriendo y no ser capaz de detenerlo.
—Podría matarlo para ella —se ofreció Kero. Shaoran se aclaró la garganta—. Bueno, podría tener un accidente —intentó Kero nuevamente—. Los humanos los tienen todo el tiempo.
Touya rió malignamente.
—Tengo una pala.
—Al diablo con eso —dijo Fujitaka antes de tomar un sorbo de su vino—. Tengo un lagarto en el patio.
Todos rieron.
Nadeshiko regresó y se sentó.
—Lo lamento.
—¿Está bien? —preguntó Sakura.
—Lo estará. Lleva tiempo.
Shaoran sintió la tristeza de Sakura. Le apretó el muslo consoladoramente.
—Probablemente no debería haber traído a Shaoran. Fue insensible de mi parte.
—¡Oh, bah! —exclamó Nadeshiko—. No hiciste nada malo, Sakura. Queríamos conocerlo. —Le sonrió a Shaoran—. Eso es asunto de Naoko, ¿está bien?
Sakura asintió.
Terminaron su comida en paz, mientras Touya y Fujitaka bromeaban entre ellos. Entonces Nadeshiko trajo una tarta de nueces de Pecan y una tarta con cuatro capas de chocolate.
Sakura cortó un trozo pequeño de tarta.
—¿No quieres tarta? —le preguntó Shaoran—. Sé que la de chocolate es tu favorita.
Ella la miró fija, anhelantemente.
—No, será mejor que no coma. —Antes de que pudiera pasarla, Shaoran colocó una tajada en su plato—. ¡Shaoran!
—Lo querías. Conozco esa mirada.
Ella puso los ojos en blanco y tomó el tenedor.
—Gracias.
Shaoran asintió. Sintió que su madre lo miraba. Echando un vistazo, recibió una sonrisa agradecida de Nadeshiko, que se estiró y le palmeó suavemente el antebrazo.
Le causó la sensación más extraña. ¿Así era tener el toque de una verdadera madre?
Luego de la cena, Sakura decidió que había torturado a Shaoran y Kero lo suficiente por un día.
—Probablemente deberíamos regresar —dijo.
—¿Qué? —preguntó su padre—. ¿Nada de juegos?
—Tú y Touya pueden mirar el juego, papá.
Para su absoluta conmoción, su padre realmente puso mala cara.
Sakura le dio un abrazo por ser tan bondadoso con Shaoran y Kero.
—Iré a despedirme de Naoko. Sé agradable con los chicos hasta que regrese.
Sakura subió las escaleras hacia las habitaciones de huéspedes. Encontró a Naoko en el último dormitorio del pasillo.
—Hey, cariño —le dijo, abriendo la puerta—. ¿Estás bien?
Los ojos de Naoko estaban bordeados de rojo, estaba sentada en la cama, aferrando la almohada contra su estómago. Su plato de comida estaba sin tocar sobre la mesa de luz.
—Estoy bien. Supongo.
Deseando poder hacer algo para ayudar a su hermana, Sakura caminó hacia la cama. Cómo comprendía al corazón roto de Naoko. Se había sentido de la misma manera hasta que Shaoran había aparecido y la había hecho sonreír.
—Lo siento tanto.
—No. Me alegra que el imbécil se haya ido, pero tú… deberías dejar ir a Shaoran.
No fueron tanto las palabras de su hermana lo que la conmocionaron, sino el rencor en el tono de Naoko.
—¿Perdón?
—Vamos, Saku. No seas estúpida. Míralo. Mírate. Ustedes dos no deben estar juntos.
Sakura miró boquiabierta a su hermana.
—¿Cómo dices?
—Taylor era un tipo genial… deberías haberte aferrado a él con ambas manos. Era confiable y estable. Más que nada, era respetado en la comunidad. Pero, en vez de hacer lo que él quería, te rehusaste a perder peso y te dejó porque eres gorda. Ahora aparece este tipo y saltas sobre él como si Taylor nunca hubiese existido. No es que te culpe. Es de primera, pero no seas tonta.
Oh, ese era un golpe bajo y, para ser sincera, Sakura estaba cansada de ser la "inteligente" mientras que Naoko siempre había sido conocida como la "bonita."
—Sólo porque te casaste con una serpiente no significa que Shaoran sea un perro. —Sakura vaciló ante eso. En realidad, Shaoran era un perro, algo así. Pero no de ese modo—. Shaoran jamás me engañaría.
—Sí, claro. Mírame, Saku. Fui la segunda ganadora para Miss Louisiana y hubiese ganado si no hubiera sido tan joven en ese momento. Aún soy condenadamente atractiva y, sin embargo, mi esposo me abandonó. ¿Qué posibilidades tienes tú?
Furiosa con su "perfecta" hermana, Sakura se rehusó a mirarla. En cambio, fue hacia la ventana que daba al patio, donde vio a Shaoran y Kero con su padre.
—Te casaste con Josh por dinero, ¿recuerdas? —dijo Sakura mientras los veía con los perros—. Me lo dijiste la noche antes a la boda.
—Oh, ¿y supongo que tú amas a Shaoran por su personalidad? No soy estúpida. Lo amas por lo bien que se ve su trasero.
Y sin embargo, mientras Sakura observaba a su compañero, sabía la verdad. Shaoran no era humano. No pensaba ni actuaba como humano. A diferencia de Taylor y Josh, jamás la dejaría porque ella no fuera lo que él quería.
La amaba tal y como era. Ni una sola vez Shaoran había intentado cambiarla o alterarla de algún modo. Simplemente la aceptaba, con sus defectos y todo.
Shaoran jamás la engañaría. Nunca le mentiría. Y mataría a cualquiera que la lastimara.
Y en ese momento, mientras lo veía acariciar a un perro al que nadie había sido capaz de llegar, comprendió cuánto lo amaba.
Cuánto lo necesitaba.
La sola idea de vivir sin él la mataba.
No podía. En las últimas semanas, él se había convertido en una parte integral de su vida. Más que nada, era una parte integral de su corazón.
Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras la realidad de ese pensamiento la aplastaba.
Realmente, verdaderamente lo amaba de un modo que jamás había sabido que una mujer pudiera amar a un hombre.
—No tienes idea de lo que estás hablando, Nao. Shaoran es bueno y considerado. Me cuida.
—Sólo hace un par de semanas que lo conoces, y apenas habías terminado con Taylor. Es vergonzosa la manera en que te arrojas encima de él.
Sakura volvió a mirar a su hermana. Sentía lástima de Naoko, pero eso no le daba derecho a su hermana para intentar hacerla sentir mal.
—Estás celosa.
—No, Saku, no lo estoy. Soy realista. Shaoran está completamente fuera de tu alcance.
Sakura miró con furia a su perfecta hermana pero, en el fondo, sentía muchísima pena porque Naoko probablemente nunca conocería el amor que ella tenía con Shaoran.
Si pudiera, le daría ese regalo a su hermana. Pero no eso no era posible.
—Como sea, Nao. Nos veremos después.
