CAPITULO 13

Shaoran y Kero estaban afuera, en el patio, con el Labrador otra vez.

—No querrías llevarlo a casa contigo, ¿verdad? —preguntó Fujitaka mientras Kero jugaba con el perro.

—Kurogane se mearía los pantalones —dijo Kero—. ¿Puedo?

Shaoran rió.

—Seguro. Pero Cujo probablemente terminará en El Santuario.

—Sabes —dijo Fujitaka—, debería haber pensado en pedirle eso a los osos.

Shaoran miró a Fujitaka suspicazmente.

—¿Perdón?

—Pero, como es sólo un perro y no un Were, pensé que los osos no le darían la bienvenida. —Shaoran no podría haber estado más pasmado si Fujitaka lo hubiera pateado—. Cierra la boca, Shaoran—dijo Fujitaka en un tono paternal—. Soy el principal veterinario del estado. Carson aún está aprendiendo el ejercicio. ¿A quién crees que llama cuando hay algo que no puede manejar? —Carson era el veterinario residente de El Santuario. Él mismo era un Were-Hunter, tenía sólo cincuenta años, lo cual en su mundo lo hacía poco más que un niño—. También sé todo acerca de Eriol—continuó Fujitaka.

Kero se adelantó para pararse delante de la cerca. Colocó su mano en el alambrado, mientras miraba incrédulo a Fujitaka.

—¿Por qué nos permitió venir aquí?

Fujitaka tomó la mano de Shaoran en la suya. La marca estaba escondida.

—No tenías que ocultarla. Supe lo que había sucedido en el instante en que Sakura me dijo tu nombre. Y sé cómo ustedes protegen a sus compañeras. No puedo decir que esté precisamente feliz por esto, pero al menos no tengo que temer que jamás la lastimes del modo en que Naoko fue herida.

Shaoran apretó los puños.

—¿Nadeshiko sabe…?

—No. No sabe nada acerca de tu mundo, y quiero mantenerlo de ese modo. Jamás le he contado a nadie acerca de El Santuario —Fujitaka soltó la mano de Shaoran—. Si estás buscando mi bendición, la tienes. No estaba seguro hasta que los vi juntos en la cena. Ha pasado mucho tiempo desde que vi a mi pequeñita tan feliz. Pero, recuerda, si alguna vez la lastimas… —miró hacia donde un perro estaba en una jaula, con un cono alrededor de la cabeza.

—Ah, hombre —susurró Kero—. Eso es sencillamente enfermo.

—Estoy definitivamente de acuerdo —dijo Shaoran.

—Sí, bueno, Sakura es mi bebé y sé cómo usar una pistola tranquilizadora y un bisturí.

Shaoran se encogió mientras Kero se cubría.

—¿Shaoran?

Se dieron vuelta, para ver a Sakura caminando hacia ellos.

Fujitaka dio un paso atrás.

—Déjenme buscarles una correa para…

—No la necesitaremos —dijo Kero, abriendo la puerta y dejando salir al perro con él.

—No, supongo que no —dijo Fujitaka.

Fue a acariciar al perro, quien intentó morderlo.

—Compórtate —dijo Kero, sosteniendo a Cujo.

Sakura vaciló mientras se aproximaba.

—Y será mejor que no muerdas a Sakura —le advirtió Shaoran—. O te dejaremos aquí.

El perro movió la cola y se sentó.

—¿Vendrá con nosotros? —preguntó ella.

Su padre asintió.

—Fueron bastante buenos como para adoptarlo.

—Eso es dulce de tu parte —le dijo a Shaoran.

Kero se mofó.

—En realidad no. Me compadezco de cualquiera que sea arrojado a una zanja.

Sakura se estiró y abrazó a Kero. Compadecía al lobo por lo que había pasado.

Kero se aclaró la garganta y retrocedió.

—No te pongas sentimental conmigo, Saku, no sé cómo manejarlo. Al igual que Cujo, mi primer instinto es atacar, y eso haría que Shaoran me dejara parecido a ese pobre muchacho que está allí.

Sakura vio al perro con el cono.

—Auch.

—Exactamente.

Shaoran envolvió su brazo alrededor de ella y regresaron juntos a la casa, con su padre, Kero, y Cujo siguiéndolos.

Nadeshiko los miró sorprendida al ver al perro con ellos, pero no dijo nada mientras le entregaba a Sakura un enorme paquete de Tupperwares.

—Dividí las sobras entre todos.

—¿Nos tocaron patatas? —preguntó Kero.

Shaoran arqueó una ceja.

—Así que, ¿ahora te gustan?

—Sí, estaban buenas.

Sakura besó a su madre en la mejilla.

—Gracias, mamá.

Touya se encontró con ellos en el living. Le ofreció la mano a Shaoran.

—Fue agradable conocerte, aunque seas traficante de drogas y proxeneta.

—A ti también.

—¿Perdón? —preguntó Sakura.

—Es una larga historia —dijo Kero riendo.

—Tengan cuidado en el regreso a casa —dijo Nadeshiko mientras los acompañaba hacia el auto—. Oh, esperen, déjenme buscar una manta para el perro, para que no arañe los asientos de cuero.

Sakura se tomó unos minutos para volver a decir adiós mientras su madre buscaba la manta y luego la colocaba atrás, para Cujo. Después de haber abrazado y besado a sus padres, Sakura se unió a los lobos y el perro en el auto.

En un abrir y cerrar de ojos estaban yendo de regreso a Garden District.

—Tienes una agradable familia, Sak —dijo Shaoran.

Ella lo miró a él y luego a Kero.

—Sí, así es. Creo que ustedes son lo mejor.

El corazón de Shaoran latió violentamente ante lo que le decía.

—Quise decir tu familia.

—Kero y tú son parte de mi familia, Shaoran. Tú eres la mejor parte de ella.

—Creo que ustedes dos necesitan un poco de privacidad. —Kero se sentó y le apretó la mano a Sakura—. Hasta luego, hermanita.

Entonces él y el perro desaparecieron del asiento trasero.

Shaoran se movió hacia el costado de la carretera y detuvo el auto.

—¿Qué es lo que me estás diciendo, Sak?

Ella levantó la mano para jugar con el cabello de él, mientras miraba fijo a esos increíbles ojos ámbar que tenían su corazón esclavizado.

—Mientras mi hermana me gritaba acerca de cómo un día me dejarías plantada, tuve una revelación. Nunca en mi vida he conocido a nadie como tú, Shaoran, y dudo que jamás lo haga. Me gusta la forma en que me miras, como si ya pudieras saborearme. Me gusta cómo te preocupas por si tengo demasiado frío o si comí lo suficiente. Más que nada, me encanta la forma en que te siento por la noche, cuando me abrazas con fuerza. El modo en que me tocas, como si temieras que fuera a romperme. Y cómo te ocupas de acunarme en tus brazos. —Se detuvo para respirar hondo antes de continuar—. Te amo, Shaoran. Creo que nunca supe lo que era el verdadero amor hasta que entraste en mi vida. —Le mostró su mano marcada—. Estoy preparada para unirme a ti.

Él se veía sobresaltado e inseguro.

—¿Estás segura?

—El simple hecho de que estés haciéndome esa pregunta cuando sabes lo que perderás si digo que no, me prueba lo acertada que estoy respecto a ti. Sí, Xiaolang Li. Estoy segura.

Una lenta sonrisa se extendió por su rostro un segundo antes de que la atrajera a sus brazos y la besara hasta dejarla sin aliento. Shaoran se apartó con un profundo y lobuno gruñido.

—Realmente odio haber tenido que conducir esta cosa. De otra forma, ahora mismo nos transportaría a la cama.

—¿No puedes llevarlo a casa?

—No. Es demasiado grande y pesado, y si lo abandono, lo robarán, y Takashi nunca me perdonará. Ama este condenado pedazo de basura.

La soltó y se recostó en su asiento.

Y estuvo condenadamente cerca de darle un ataque al corazón a Sakura cuando condujo a casa en tiempo récord. Richard Petty no hubiera podido competir con Shaoran mientras se abría paso entre el tráfico.

Se detuvieron con un chirrido fuera de la puerta de Kurogane, y Shaoran los transportó directamente del auto a su dormitorio. En un segundo estaban parados junto a la cama; al siguiente, estaban desnudos sobre ella.

Sakura rió ante su impaciencia.

—No pierdes el tiempo, ¿verdad?

—No quiero que cambies de opinión.

—No lo haré.

Shaoran la besó intensamente. Ya estaba duro por ella.

Sakura pasó su mano por la espalda de él, deleitándose en la sensación. Su piel era tan cálida y masculina.

—Sólo recuerda, esto no te libra de una gran boda japonesa.

Él se rió.

—Lo que haga falta para hacerte feliz.

La sonrisa de ella se desvaneció cuando la seriedad se instaló en lo profundo de su corazón.

—Definitivamente, eso serías tú.

Él volvió a besarla, casi devorándola.

Para el momento en que se apartó, ella apenas podía respirar.

—Muy bien —dijo ella en voz baja—. ¿Qué tenemos que hacer?

Shaoran rodó sobre su espalda y le robó la respiración, el modo en que se veía allí. Su piel bronceada resaltaba a la perfección contra las sábanas color crema. Su cabello estaba suelto y lo hacía parecer todavía más fascinante.

—Tienes que presionar tu palma marcada contra la mía. —Sakura colocó su palma contra la cálida y callosa de él. Shaoran entrelazó los dedos con los de ella—. Ahora tienes que tomarme dentro de tu cuerpo sin mi interferencia.

—Eso es un poco extraño, pero está bien.

—En realidad, no. Fue establecido como garantía para proteger a nuestras mujeres. El Reclamo jamás puede ser forzado sobre una mujer. Ella debe completarlo por su absoluta voluntad.

Sakura se arrodilló y se puso a horcajadas cuidadosamente sobre la delgada cintura de él. Lo miró, preguntándose cómo los cambiaría esto.

¿Los cambiaría?

¿Cómo podía no hacerlo?

Después de esto, estarían emparejados. Ella le pertenecería y, hasta el día en que muriera, él le pertenecería a ella.

Shaoran tomó su mano libre y se la besó con dulzura.

Con el corazón latiendo violentamente, Sakura movió su cuerpo hasta que él estuvo profundamente en su interior. Ambos gimieron ante la sensación.

Shaoran apretó los dientes mientras su mano comenzaba a calentarse. Le hizo falta toda su fuerza de voluntad para no embestir contra ella. Pero esta no era su elección, sino de Sakura.

—Ahora tienes que decir lo siguiente: "Te acepto como eres, y siempre te tendré dentro de mi corazón. Caminaré a tu lado para siempre."

Sakura unió su mirada a la de él mientras su propia palma le cosquilleaba.

—Te acepto como eres, y siempre te tendré dentro de mi corazón. Caminaré a tu lado para siempre.

Los ojos de Shaoran se oscurecieron antes de repetir el juramento para ella. Apenas había terminado de pronunciarlo cuando arqueó la espalda, como si estuviera sufriendo.

Sakura chilló, sorprendida, cuando los colmillos de él crecieron como si estuviera en una película de vampiros.

Shaoran la mantuvo quieta mientras respiraba entrecortadamente. Todo su cuerpo estaba tenso y rígido.

—Está bien, Sak—gruñó—. No tengas miedo. Es sólo nuestro hechizo de Reclamo llamando al thirio, para que podamos unir nuestras fuerzas vitales. Pasará en unos minutos.

—Parece que estuvieras sufriendo. ¿Hay algo que pueda hacer?

—Sólo esperar que pase —jadeó.

—Si nos unimos, ¿se detendrá? —Él asintió—. Entonces, únete a mí.

Él siseó, entonces sostuvo su mirada.

—¿Comprendes lo que es eso, Sak? Si muero, tú mueres conmigo. Instantáneamente. A menos que estés embarazada, y entonces morirás en cuanto nuestro bebé haya nacido.

El corazón de ella triplicó sus latidos. Pero, mientras lo miraba, parecía un precio muy pequeño que pagar. ¿Quería vivir sin él?

—¿Qué diablos? —le dijo—. Si vamos a hacer esto, hagámoslo completo.

—¿Estás segura?

Ella asintió.

Shaoran se sentó debajo de ella. La acunó contra su pecho y le hocicó el cuello.

—Luego de que te muerda, debes morderme en el hombro.

Antes de que pudiera responder, él hundió sus dientes en ella.

Sakura gritó, pero no de dolor. Un inimaginable placer la desgarró mientras lo sentía hinchándose en su interior. Embistió contra Shaoran mientras un divino orgasmo la atravesaba.

Su visión se nubló mientras sentía sus propios colmillos creciendo en su boca. Algo parecía haberla poseído, y ya no se sentía humana.

Era…

Maravilloso. Lo siguiente que supo fue que había hundido los dientes en el hombro de Shaoran.

Envueltos en éxtasis, se sostuvieron uno al otro mientras los latidos de sus corazones se sincronizaban y la habitación daba vueltas. Sakura nunca se había sentido tan cerca de otra persona en su vida. Realmente era como si fueran una sola persona, unidos. Físicamente.

Espiritualmente. Perfectamente.

Shaoran no podía respirar mientras la saboreaba. Jamás debería haberse ligado a ella y, sin embargo, estaba tan agradecido que estuviera con él. Por primera vez comprendía por qué Shiefa se había unido a su compañero.

No quería perder a Sakura. Ni siquiera quería intentar imaginar un sólo día sin ella.

Ahora no tendría que hacerlo.

Su cabeza dio vueltas mientras su orgasmo se desvanecía y sus dientes retrocedían. Sakura se apartó y lo miró fijamente, como si estuviera ebria.

—¿Ha terminado? —le preguntó.

Él asintió, luego la besó. Y volvió a besarla.

—Eres mía, Sakura Kinomoto. Ahora y siempre.

Ella sonrió.

Shaoran la recostó sobre la cama y se acostó sobre ella. Sólo quería sentirla. Su compañera.

La realidad de eso envolvió su corazón y lo hizo volar.

Sakura lo acunó con todo su cuerpo. Se sentía tan bien allí. Pasó la mano por el cabello de Shaoran y comenzó a reír.

—¿Fue tan divertido?

—Estaba pensando que no todas las mujeres llegan a tener su propio lobo domesticado.

Los ojos de él brillaron.

—No estoy seguro de poder llamarme domesticado. Sólo tú tienes ese efecto sobre mí.

—Eso es lo que más me gusta de todo.

Mientras agachaba la cabeza para besarla, su teléfono sonó. Shaoran se apartó con un gruñido. Estiró la mano y el teléfono voló por la habitación, hasta que lo agarró.

Sakura frunció el ceño.

—No estoy segura que alguna vez me acostumbre a que hagas eso.

Él le mordisqueó el cuello juguetonamente, y luego atendió.

—Hola, Tomoyo —dijo, y entonces se detuvo. La miró, y ella notó la confusión en sus ojos—. Gracias, realmente lo aprecio. Espera un segundo. —Apretó el botón de silencio—. Es uno de los osos de El Santuario, que está cuidando a Eriol. Están teniendo su propia celebración del Día de Acción de Gracias, y han decidido levantar temporalmente mi proscripción si quiero visitar a Eriol esta noche.

—Está bien.

—Me preguntaba si te gustaría ir conmigo y conocerlo. Quiero decir, no es que él esté hablando, pero…

—Me encantaría conocer a tu hermano —dijo ella, interrumpiéndolo.

Shaoran pareció aliviado antes de regresar al teléfono.

—Sí, estaremos allí en un rato. Gracias.

Colgó el teléfono y lo colocó sobre la mesa de luz.

Sakura se quedó recostada allí, en silencio, intentando asumir lo que había hecho. Lo que les había sucedido esa tarde.

—¿Estás seguro de que no estoy envejeciendo? No siento nada diferente.

—Deberías estar unida a mí pero, como nunca me he emparejado antes, no sé cómo deberíamos sentirnos.

Sakura se miró la mano. Su marca ahora era de un vibrante rojo.

—Aunque esto es diferente. ¿Qué hay de la tuya?

—Se parece a la tuya.

Esa era una buena señal.

—¿Tengo que seguir tomando tu sangre?

Él negó con la cabeza.

—Nunca más.

—Bien. Es realmente asqueroso pensar en eso. —Shaoran se levantó y la sacó de la cama—. ¿Qué estás haciendo?

—Voy a bañarte, Lady Wolf para poder llevarte a El Santuario y alardear contigo frente a todos.

Cómo deseaba Sakura ser tan hermosa como él pensaba que era. Era tan agradable estar con alguien que la veía color de rosa.

Shaoran la llevó al baño y abrió la ducha. Una vez que hubo regulado el agua, abrió la cortina para dejarla entrar primero.

Sakura se sentía un poquito incómoda. Nunca antes se había bañado con un hombre. Pero mientras Shaoran comenzaba a enjabonarle el cuerpo, su incomodidad se desvaneció en una ola de caliente deseo por él.

Él se veía realmente bien desnudo y mojado, y sus manos eran increíbles mientras se deslizaban por cada centímetro del cuerpo de ella.

—Eres verdaderamente talentoso —le dijo, conteniendo la respiración mientras él la lavaba entre las piernas. La besó suavemente, dejó caer la esponja y usó sus dedos para acariciarla—. Nunca estás satisfecho, ¿verdad? —le preguntó Sakura al sentirlo endurecerse nuevamente.

—No cuando se trata de ti.

Presionó la espalda de ella contra la fría pared de azulejos. Le levantó una pierna para envolverla alrededor de su estrecha cintura antes de deslizarse dentro de ella.

Sakura gritó de placer mientras él embestía contra ella. No fue hasta llegar al clímax que ella se percató de que había envuelto ambas piernas alrededor de la cintura de él, y que él estaba aguantando todo su peso mientras continuaba embistiendo.

El cabello de Shaoran estaba mojado y chorreando agua al capturarle los labios. Se enterró profundamente en su interior y entonces se estremeció.

Sakura estaba sólo vagamente consciente del rocío del agua contra sus brazos y piernas mientras observaba el rostro de Shaoran. Su lobo era hermoso cuando llegaba al orgasmo con ella. La sostenía sin esfuerzo mientras su cuerpo continuaba temblando.

Una vez que hubo terminado, Sakura bajó las piernas mientras él se retiraba de ella.

Él suspiró entrecortadamente, luego giró para enfrentar el agua.

Sakura presionó su torso impulsivamente contra su espalda desnuda.

Shaoran siseó ante la sensación de Sakura contra él. Ella envolvió los brazos alrededor de su cintura, deslizando las manos por su cuerpo.

—Sigue haciendo eso y jamás saldremos de esta ducha —le dijo roncamente.

—Claro que sí. No será muy divertido estar aquí si el agua se enfría.

—Cierto.

Entonces, para su deleite, ella lo dejó y tomó la esponja para bañarlo.

Sakura nunca había hecho nada como eso. En realidad, era muy divertido enjabonar esos magníficos músculos y ayudarlo a enjuagarse el cuerpo.

—Eres decadente —susurró.

Él respondió a eso con una sonrisa y un beso.

Una vez que hubieron terminado, salieron de la ducha. Sakura pensó que tendrían que vestirse, pero Shaoran la sorprendió volviendo a vestirlos con la ropa que habían llevado a la casa de sus padres.

—¿Cómo lo haces?

Shaoran se encogió de hombros.

—Es como respirar. Apenas pienso en ello y puf. Es magia.

—Desearía que me advirtieras un poquito antes de hacerlo. Aún estoy acostumbrándome a todo esto.

Para complacerla, la condujo a través de la puerta y por el pasillo hacia la habitación de Kero.

Shaoran golpeó a la puerta.

—¿Sí? —dijo Kero desde adentro.

Shaoran la empujó con el hombro para encontrar a Kero con el perro sobre su cama.

—Íbamos a El Santuario. Me preguntaba si te gustaría venir con nosotros.

—Seguro. ¿Cujo puede ir?

—Supongo que sí. Podemos meterlo en una de las jaulas si se pone nervioso.

—¿Jaulas? —preguntó Sakura.

Shaoran giró para enfrentarla.

—Como El Santuario tiene a muchas especies diferentes de animales, tienen una habitación llena de jaulas en caso de que alguien se ponga desagradable.

Kero y Cujo desaparecieron del dormitorio.

—¿Cómo quieres ir? —le preguntó Shaoran.

Sakura suspiró profundamente.

—Hazme destellar, Scotty.

Shaoran le tomó la mano y los transportó a El Santuario.

A Sakura le llevó un segundo orientarse. Había pasado por este bar millones de veces, pero nunca antes había estado dentro. Había un cartel en la puerta que decía que estaba cerrado. Sin embargo, había mucha actividad adentro. Al menos cincuenta "personas" estaban allí, incluyendo a Kero y Cujo, quien olfateaba a varios ocupantes.

Varias mesas habían sido unidas para formar una mesa de banquete realmente grande, cubierta con manteles blancos. Otra serie de mesas tenía más comida de la que había visto en su vida. Había una docena de pavos, veinte jamones, y al menos dos docenas de tortas y pasteles con cada acompañamiento conocido, y algunos que no pudo identificar.

Pero lo que más la aturdió fue lo increíblemente atractivos que eran todos allí. ¡Dios! Parecía una revista de modelos.

Sakura se sintió extremadamente intimidada.

—Shaoran —dijo un hombre alto y hermoso mientras se acercaba a ellos—. Nos preguntábamos si lograrías venir.

—Hola, Dev.

Sakura vio a dos "Devs" más entrando a la habitación, cargando más comida.

—Somos cuatrillizos —dijo Dev con una traviesa sonrisa—. Puedes distinguirme por esto. —Levantó la manga de su remera para mostrarle su tatuaje de arco y flecha, y luego señaló a sus hermanos—. El de mala apariencia que lleva el gumbo es Remi. El tímido que está allí, con el cachorro de oso en su falda, es Quinn, y Cherif es el que sostiene la fuente de patas de cangrejo. No te preocupes si no puedes recordar quién es quién, sólo grita "cuatri" y responderemos.

Parecía muy abierto y amistoso.

—Soy Sakura—le dijo, extendiendo la mano hacia él—. Es un placer conocerte.

Mientras la saludaba, otro atractivo hombre rubio apareció detrás de Shaoran. Gruñó gravemente, recordándole a un lobo.

—Ni siquiera lo piensas, Sasha —le gruñó Shaoran, mirando letalmente al hombre—. No estoy de humor para tu mierda.

—Lobos —le dijo Dev a Sakura—. Los alfas tienen que hacer esa porquería de la dominación cada vez que se ven. Ves, yo soy un oso. Nos llevamos bien con casi todos. A menos que te metas con nosotros, entonces te arrancamos la cabeza. —Dev inclinó la cabeza hacia Sasha—. ¿Por qué no vas a ayudar a Papa a traer los barriles?

Sasha se aproximó y olfateó a Sakura. Pareció calmarse un poco antes de volver a mirar a Shaoran.

—Seguro, Dev. No querría avergonzar a Shaoran frente a su compañera derrotándolo.

Shaoran dio un paso hacia él, hasta que Dev se metió en el medio.

—Ve, Sasha —le dijo Dev severamente. Sasha finalmente se marchó. Él respiró hondo y le sonrió—. Deberías haber probado con un oso, Sakura. Entonces no tendrías que preocuparte por esto.

—Está bien. Estoy bastante encariñada con los lobos.

Vio que Sasha se acercaba a Kero.

Kero se puso instantáneamente de pie, con un gruñido tan siniestro que realmente la asustó. Siempre relajado y un poquito inepto, no tenía idea de que Kero pudiera verse de ese modo.

Era verdaderamente terrorífico en su personalidad de lobo.

—¡Sepárense, lobos! —dijo una mujer alta y delgada con acento francés mientras se metía entre ellos—. O les arrojaré agua encima a ambos.

Remi apareció a su lado.

—¿Necesitas ayuda, maman?

—No de ti, cher —dijo ella, palmeándole bondadosamente el brazo—. Ve a ayudar a José en la cocina.

Remi lanzó a los lobos una mirada de advertencia antes de obedecer a su madre.

Una vez Sasha y Kero tuvieron algo de distancia entre ellos, la mujer se acercó a Shaoran y a ella.

—Aquí estás, finalmente. —Besó a Shaoran en la mejilla y luego se volvió hacia Sakura—. Soy Kaho, pero la mayoría de la gente me llama Mamá.

—Sakura—dijo ella, estrechando la mano de la osa.

Kaho le sonrió a Shaoran.

—Es hermosa, mon petit loup(N.A: pequeño lobo en francés). Has progresado.

Merci, Kaho.

—Vamos —dijo, haciendo un gesto para que entraran más en la habitación—. Shaoran, preséntale tu compañera a nuestra gente mientras me aseguro que mis hijos no peleen. Y no tengas miedo si no puedes recordar nuestros nombres, Sakura. Eres una sola mientras que nosotros somos muchos. Los aprenderás con el tiempo.

Sakura le agradeció y entonces Shaoran la llevó por el salón, y la presentó a los leones, tigres, osos, halcones, chacales y leopardos. Incluso había un par de humanos allí.

Kaho estaba en lo cierto. No podía recordar quién era quién o qué. Como había sólo un puñado de mujeres, la mayor parte de ellas compañeras de los hombres, eran más fáciles de recordar. Pero los hombres… era suficiente para hacerle dar vueltas la cabeza.

—¿Dónde está Eriol? —preguntó mientras Shaoran terminaba de presentarla a la gente en la cocina.

—Está arriba. Vamos, y te lo presentaré.

Shaoran la condujo por una puerta que se abría hacia una enorme sala de recibo Victoriana.

Sakura se detuvo al verla. Lujosa y decorada con antigüedades, la casa era asombrosa.

—Esta es la Casa Peltier —le explicó Shaoran—. Los Were-Hunters vivimos en este lado de las cosas, donde estamos a salvo de ser descubiertos.

—Es hermosa.

Merci —dijo Kaho desde detrás de ellos—. Ha sido nuestro hogar durante más de un siglo. Nuestra meta es mantenerlo de este modo.

—¿Cómo pueden hacerlo sin que nadie descubra quiénes y qué son?

—Tenemos nuestros métodos, chérie —le dijo guiñándole el ojo—. La magia tiene sus beneficios.

Le alcanzó a Shaoran una pequeña vela votiva.

Shaoran vio que el recipiente de vidrio tenía el nombre "Shiefa" grabado. Su corazón sufrió al verlo.

—Siempre recordamos a quienes queremos, que se han ido —explicó Kaho—. Como Eriol no puede honrar a Shiefa, pensé que querrías hacerlo.

Shaoran no podía hablar por el nudo que tenía en la garganta, mientras Kaho lo conducía junto a Sakura dentro de una habitación en la que había cuatro velas en pedestales. La luz de las mismas titilaba como diamantes contra las paredes verde oscuro.

—Hay tantos —dijo Sakura, asombrada por la cantidad de nombres.

—Vivimos mucho tiempo —dijo Kaho—. Y estamos en guerra. Los Katagaria contra los Arcadianos, los Dark Hunters contra los Daimons. Los Apolitas contra todos. Al final, lo único que tenemos son los recuerdos. —Señaló dos velas que estaban sujetas a la pared—. Esas son por mis hijos. Bastien y Gilbert. —Una lágrima cayó por su mejilla—. Es en su honor que fue fundado El Santuario. Juré que ninguna madre, sin importar que fuera humana, Apolita, Katagaria, o Arcadiana, jamás conocería mi sufrimiento mientras su hijo se alojara aquí, bajo mi techo.

—Lo siento tanto, Kaho.

La osa inspiró y le palmeó el brazo.

—Agradezco tus palabras, Sakura. Es por ti que estoy renunciando a la proscripción de Shaoran. —Shaoran se veía estupefacto—. Es mi regalo de bodas —dijo Kaho—. No tienes una manada que la proteja y, como dice Clow, has pagado un precio demasiado alto por tu bondad. Protegiste a Faren para los Dark Hunters, y entonces ahora te protegemos a ti y a tu compañera.

—Gracias, Kaho—dijo Shaoran—. Gracias.

Kaho inclinó la cabeza y entonces se excusó.

Shaoran encendió la vela y la colocó junto a la que era para la madre de Colt. Su mano se demoró sobre el vidrio. Por su expresión, Sakura podía saber que estaba recordando a su hermana. Que estaba sufriendo horriblemente por ella.

Sus ojos estaban brillantes y resplandecientes mientras veía titilar la vela. Un momento después, la miró.

—Vamos —dijo, tomando la mano de Sakura—. Es hora de que conozcas a mi hermano.

Ella lo siguió fuera de la habitación y hacia la escalera.

Mientras pasaban junto a la primera habitación, un hombre salió, a quien Sakura reconoció.

—¿Carson?

Él parecía tan conmocionado por su presencia como ella por la suya.

—¿Sakura? ¿Qué estás haciendo…? —Su voz se desvaneció mientras olfateaba el aire. Sus ojos se ensancharon—. ¿Eres una de nosotros?

—¿Nosotros?

—Carson es un halcón —explicó Shaoran.

—¡No puede ser!

Carson asintió.

—Soy el veterinario residente, y doctor aquí en El Santuario.

Él abrió la puerta del cuarto del que estaba saliendo, para mostrarle una sala de consulta ultramoderna, que estaba llena con algunas de las jaulas que Shaoran había mencionado.

—No puedo creerlo —dijo Sakura mientras miraba fijamente a Carson.

Hacía años que lo conocía.

—Yo tampoco —dijo él. Miró a Shaoran—. Supongo que debo felicitarte. Sí sabes lo que su padre hace para ganarse la vida, ¿verdad?

—Sí. El Rey Castrador.

Carson respiró entre dientes.

—Tienes agallas, lobo. Montones y montones de ellas.

—Sí, lo sé.

—Bueno, supongo que iban camino al cuarto de Eriol. Los veré abajo.

Shaoran la llevó a la siguiente habitación, que era un dormitorio.

Sakura esperaba a medias encontrar a un hombre en la cama, y se sorprendió un poquito al ver a un lobo gris amarronado allí. También había otra mujer rubia extremadamente atractiva, que podría haber sido la hermana menor de Kaho.

Shaoran le presentó a la hija de Kaho, Tomoyp, quien rápidamente se disculpó y los dejó a solas con Eriol.

Shaoran soltó la mano de Sakura mientras se acercaba y se arrodillaba al otro lado de la cama, hacia donde Sakura estaba mirando.

—Hola, hermanito —le dijo en voz baja—. Traje a alguien aquí, que quiero que conozcas. ¿Sakura?

Ella se unió a él.

El lobo no se movió ni un poco.

—Hola, Eriol —dijo Sakura. Miró a Shaoran—. ¿Puedo tocarlo?

—Si quieres.

Ella colocó la mano sobre su cabeza y lo acarició detrás de las orejas.

—Es un placer conocerte finalmente. Shaoran me ha hablado mucho sobre ti.

Aún así, él no se movió.

Sakura quería llorar por los dos. Podía sentir cuánto le dolía a Shaoran que su hermano no los reconociera.

—Supongo que te llevaré abajo —dijo Shaoran con tristeza.

—Está bien. Podemos quedarnos un rato. No me molesta.

—¿Estás segura? —Ella asintió—. Está bien, iré a buscar algo para beber y regresaré enseguida.

—Espera —le dijo ella antes de que pudiera desaparecer—. ¿Hay algún baño cerca?

—Hay uno en la oficina de Carson.

—Bien.

Shaoran desapareció de la habitación. Sakura se fue, para ocuparse de su asunto.

Mientras salía del baño, notó que la oficina de Carson tenía un espejo bilateral que daba a la habitación de Eriol.

Pero no fue eso lo que le hizo detener el corazón.

Parada en el dormitorio de Eriol, estaba Ieran.


N.A:*musica de suspenso* volvio a aparecer la madre de Shaoran que pasará, Eriol podrá despertar todo esto y mas en el siguiente capitulo, que mucho me lamento de decirles es el ultimo, mas el epilogo, claro esta. nos leemos la proxima semana espero que el suspenso no los mate y tambien que les haya gustado el capitulo