Bueno, pues aquí estoy de vuelta, con el tercer drabble de la colección. Ya he terminado de escribir la primera temporada de LDL, por lo que a partir de ahora tendré mucho más tiempo libre y podré dedicarle a esta pareja mucho más tiempo n.n (Aunque ya le dedico mis noches en vela xD) Bueno, pues así fue como se me ocurrió este drabble.
Título: Loneliness (Soledad)
Inspirado en: El otro día no dormí más que dos horas, y mientras daba vueltas en la cama se me ocurrió el argumento para esta pequeña historia n.n
Género: Angustia/Romance
Advertencias: Sasuke ya está de vuelta en Konoha, se ha reincorporado a las filas ninja y acaba de volver de una misión.
Ruegos: Si eres muy sensible, coge un par de pañuelos, anda... Me ha quedado demasiado profundo, hoy estoy en poetic mood :P
Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Loneliness
El suave ulular del viento se colaba por su ventana meciendo las cortinas en un hipnótico baile. Pese a no tener frío se encogió sobre sí mismo en la cama.
No se había duchado al volver de la misión, y tenía el uniforme empapado de sangre. La mayoría no era suya.
Nuevamente el viento le acarició el rostro y sintió una punzada en el pecho.
Quiso pensar que sólo era una herida. Una herida que le habían hecho hacía mucho tiempo y que no había terminado de cicatrizar. Pero que algún día lo haría.
Eso quería pensar.
Se llevó una mano al pecho y cerró el puño en torno a su camiseta. Sentía que la prenda le oprimía los pectorales, inexorable, por lo que se sentó al borde de la cama y se la arrancó con violencia.
Jadeó mientras observaba los jirones en los que se había convertido su indumentaria. Frustrado, se arrancó el resto, hasta quedar completamente desnudo.
Desesperado, se metió en la cama, acurrucándose entre las mantas, intentando recuperar ese calor que había perdido.
Enseguida se percató de que ese frío no era normal. El dolor en el pecho se intensificó, y sintió un escozor en los ojos que había jurado no volver a experimentar.
No quería volver a conocer el sabor amargo de las lágrimas.
Pero el calendario estaba ahí, en su mesilla, al lado de la foto de su antiguo equipo. Con aquel día marcado desde hacía meses, rodeado con un círculo rojo. Sin ningún apunte, no le hacía falta. Tampoco necesitaba que un estúpido trozo de papel se lo recordara, sabía de sobra lo que pasaba ese día.
Giró la cabeza de nuevo, intentando olvidar que el almanaque seguía ahí. Se cogió la cabeza con ambas manos y cerró los ojos con fuerza.
Pero aquella oleada de frío volvió a invadirle, a mecerle en un mar de espinas.
La soledad se le clavó como una flecha, directa al alma. Si es que acaso tenía una.
Jadeó, desesperado. El vacío del pecho aumentaba, el agujero se hacía más grande, año tras año, al llegar ese día.
Sabía que mañana por la mañana, al despertar, tendría aquel sabor amargo en la boca. Que aún sentiría las lágrimas en el paladar, y con ello la certeza de que durante la noche había llorado en sueños todo lo que no lloraba despierto, simplemente porque no podía verse derrumbándose. Había aguantado todo ese tiempo, y aguantar un año más no debería suponerle ningún esfuerzo.
Aunque el levantarse cada mañana, saberse vivo aunque vacío, ya era un tortura que le impedía respirar.
Apretó la mandíbula, encogió las rodillas y escondió la cabeza entre ellas, pero no era suficiente.
La soledad, aquel beso mortífero, no iba a dejarle en paz. Le perseguiría el resto de sus días, cómo había hecho siempre.
Siempre ahí, escondida en su pecho, en el rincón más oscuro de su corazón.
Comenzó a temblar, no sabía si de puro terror o por el frío, pero las sacudidas que experimentaba su cuerpo le hacían convulsionarse completamente.
Y cuando creyó que ya no aguantaría más, que aquel aullido desesperado escaparía de su garganta en cualquier momento, dejó de notar el viento.
Y con él se fue el frío.
Atónito, se dio la vuelta para mirar a la ventana.
Claro, las cortinas ya no se movían. El viento ya no podía entrar, porque había alguien impidiéndole el paso. Recorrió el contorno de aquel cuerpo con la mirada, viendo en él la salvación que tanto tiempo había estado buscando descorazonadamente.
-Sasuke-kun…
Cerró los ojos por puro placer al escuchar su nombre en la voz de otro. Sintió como con aquel susurro la soledad bufaba y se retorcía dentro de él, para quedar relegada a un rincón de su alma donde ya no podría hacer daño.
-Escuché que habías vuelto de la misión y no he podido evitar…
Sasuke sonrió al percatarse de que la kunoichi de pelo rosado se había dado cuenta de estado lamentable en el que se encontraba. Lleno de heridas por todas partes.
-¡Sasuke-kun!
Corrió hasta la cama y se sentó al borde, examinando con ojo crítico todos y cada uno de los cortes. Concentró su chakra en la mano y la pasó por encima de las llagas. Una a una se fueron cerrando.
Sasuke observó todo el proceso sin mediar palabra, tan sólo maravillándose por la agilidad con la que deslizaba sus manos a escasos centímetros de su piel.
La kunoichi llegó hasta un profundo corte de kunai en el pecho, e hizo una mueca. Comenzó a aplicar el chakra.
-Te quedará cicatriz.
Sasuke se encogió de hombros, deleitándose con la manera tan cuidadosa que Sakura tenía de tratarle.
-Una más, no importa.
La pelirosada echó un vistazo a todo su cuerpo, lleno de cicatrices y llagas por todas partes, algunas peores que otras.
Terminó de cerrar la herida y acarició con cuidado la pequeña marca.
Sasuke sonrió al escuchar el bramido de dolor. Pero no el suyo, sino de esa pesada carga que se retorcía en su interior al contacto de las tibias yemas de la chica.
Sabía que una parte de él, la dominada por la soledad, la odiaba con todas sus fuerzas, por hacerle sentir tan… querido. Por mostrarle que aún tenía una oportunidad de escapar de esa opresión.
Miró de nuevo a la chica, y la descubrió mirando la mesilla con la tristeza reflejada en el rostro. Al principio creyó que observaba la fotografía, pero se dio cuenta de que miraba fijamente aquel círculo que marcaba el día siguiente.
De nuevo, la soledad ganó avanzó a través de él, imparable, hasta hacerle cerrar los ojos de nuevo, esta vez intentando no mostrar el dolor que le atenazaba el pecho.
-¿Estás bien?
Apretó los párpados, tratando de alejar aquel sentimiento de su mente. Pero se rindió. Sabía que ya no podría hacer nada contra la oscuridad que le acechaba. No podía hacer nada.
No solo.
-Mañana es el aniversario de la muerte de mis padres y no sé qué flores llevar a su tumba.
Y la verdad es que se sintió mejor una vez que lo hubo dicho. Abrió los ojos para estudiar el rostro de su compañera, y encontró una mezcla perfecta entre tristeza y compasión. Tal vez pena.
Tal vez cariño.
O quizás amor.
Ella no contestó. No dijo nada. Sólo se tumbó a su lado y se abrazó a él, dándole el calor que necesitaba, aunque ella no loo supiera.
Ante aquella sensación tan reconfortante, él, inconscientemente, se giró y la abrazó con todas sus fuerzas. Al principio notó como ella se sorprendía y se sonrojaba. Pero lo sabía por experiencia, ya que la oscuridad de la noche no le dejaba verla por completo.
Acarició suavemente su cintura, disfrutando del tacto de seda de su camisón blanco y puro. Recorrió trémulamente con las yemas de los dedos cada curva de su cuerpo, y ella se estremecía bajo su tacto.
Pasaron unos minutos en silencio, mientras él la mimaba con sus manos, sin llegar a excederse con sus caricias.
-Gladiolos.
Él cerró los ojos y dejó que su voz abarcara cada parte de su mente.
-¿Qué significa?
Notó la sonrisa de ella contra su pecho. Él sonrió a su vez.
-"Te echo de menos"
La miró, con las pupilas destilando ternura, y ella se incorporó suavemente, dejando que pelo se ladeara. Se inclinó hasta él y le colocó una mano en el pecho, provocando que la sombra se agitara y revolviera como un animal enjaulado.
Rugió, bufó, gruñó. Pero nada fue suficiente.
No pudo detener sus labios ansiosos por besarle, igual que no pudo obligarle a él a que no les correspondiera con la misma fogosidad.
La soledad se limitó a desaparecer de allí, para siempre.
Sasuke sintió de nuevo el calor, el que desprendía el cuerpo de su compañera. Sintió cómo se cerraba ese orificio en el pecho, reparado por sus caricias y sus besos.
Correspondió a cada roce, a cada suspiro, cada movimiento y cada mirada de deseo.
Y juntos se mofaron de la soledad durante toda la noche, que escapó por la ventana, mecida por el viento y buscando otro corazón donde alojarse.
Porque en el suyo ya no tenía cabida, no si ella estaba a su lado.
Porque con ella ya no estaba solo.
¿Tomatazos? ¿Aplausos? ¿Amenazas de muerte? Puedes decirme lo que quieras en el review n.n
Un beso y un abrazo para todos los que me dejaron review en el capi anterior n.n ¡Os quiero!
¡Se aceptan sugerencias para futuros drabbles!
Sayo!
