Una invitación forzada
León Oswald como haberlo dicho antes es un acróbata temido y adorado a la vez por todos, ahora después de terminar la obra "Toy Story" veía a su última compañera dirigirse al hospital, por una "falta de práctica".
León, el Señor Kennet y Kalos quieren hablar contigo-dijo un joven de ojos azules y cabello rubio.
Si- fue todo lo que dijo antes de ir a los camerinos.
Más tarde se dispuso a irse cuando "recordó" lo anterior, como era de esperarse no hizo caso omiso, y decidió dejarlo para el siguiente día.
Dicho y hecho se fue a su casa a descansar, pero una llamada lo interrumpió, eso molestó a la estrella, por lo que, de mala gana, contestó el teléfono de la pequeña sala.
¿Quién habla?- preguntó con voz fría.
Soy yo- contestó una voz un tanto ronca y grave.
¿Qué pasa?- preguntó.
Necesitamos que venga a la oficina de Kalos mañana a primera hora- dijo un tanto molesto.
De acuerdo- dijo y dicho esto colgó el teléfono y se fue a dormir.
Él durmió sin pensar en lo que ocurriría al siguiente día.
Al día siguiente se levantó desganado, y se preparó para ir a ver qué diablos querían decirle. Ya tenía una idea de que trataba.
- ¿Que es lo que pasa?- preguntó al entrar.
- León, pasa, pasa- dijo el Sr. Kennet sentado en los mullidos sillones de la linda oficina.
- León, queremos decirte que tanto el Sr, Kennet como yo nos hartamos de las demandas y escándalos, por lo que o cambias de actitud ante las compañeras o buscas otro trabajo- dijo un Kalos muy enfadado.
-¿Y qué quieren?- preguntó indiferente
- Vas a realizar una actividad comunitaria- dijo decidido Kennet.
- ¿Qué cosa?- preguntó serio
- Vas a ir a una casa de jóvenes ciegos- dijo Kalos ya sentado en su escritorio- Aquí tienes la dirección, te presentarás ahí y te encargarás de una paciente- dijo dándole la tarjeta.
- ¿Cuando?- preguntó
- Mañana- dijo el Sr. Kennet.
- De acuerdo- dijo tomando la tarjeta de mala gana.
Y así llegó al día siguiente al hospital, para colmo era una mansión en la que decía "Mirando con otros ojos" que decía hasta abajo "casa para jovencitas desamparadas".
Tocó la puerta, y al no ver a nadie tocó el timbre. Ahí sale una joven con apariencia inocente, tal vez de 18 años.
¿Sí?, ¿Qué desea?- dijo asomando su cabeza cubierta por una chaqueta rosa púrpura claro
Busca a Layla Hamilton-dijo con voz indiferente.
Pase, señor, es bienvenido, dijo abriéndole la puerta.
