Fotografía.
Resumen: "Ven, Sting, tomemos una fotografía de este momento que nos haga recordar que tú no eres solo un villano despiadado y yo una princesa en cautiverio". Sting/Lucy. Short Fic. AU.
Pareja: Sting Eucliffe-Lucy Heartfilia.
Género: Drama, Romance, Crack.
Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.
Capítulo Dos: Otros puntos de vista.
Escrito por: Amaya-chan
Natsu Dragneel no era específicamente el chico más brillante de toda la Academia Fiore. Cuando se dio a conocer la noticia de que Lucy tendría que tutorear a Sting, tuvieron que amarrarlo a una silla y taparle la boca con cinta adhesiva para que no fuera a interrumpir las clases de ambos rubios.
Eso le costó una paliza enorme por parte de Erza Scarlet.
Aun así, cuando se hubo librado de todo aquello, lo primero que hizo fue encarar a Sting apenas tuvo la oportunidad.
―Aléjate de Lucy ―fue lo que salió de sus labios.
―¿O si no qué? ―retó el otro, con superioridad.
―O si no te partiré la cara ―prometió Natsu, mirándolo con ira.
Sting rió con diversión, lo cual irritó de sobremanera a Dragneel, quien se lanzó sobre él y logró estamparlo contra la puerta de uno de los cubículos del baño.
―Hijo de puta ―murmuró el rubio, quien aceptó gustosamente la invitación a intercambiar un par de golpes.
Allí era un lugar perfecto para pelear, no había nadie a esa hora, ni siquiera los profesores. Y podrían darse con todo sin interrupción alguna.
―¡¿Por qué mierda te importa tanto si estoy o no con ella?! ―gritó Sting mientras le impactaba un golpe en la mejilla de Natsu.
―¡Porque es mi amiga, bastardo, y no dejaré que un imbécil como tú le haga daño!
―¡¿Y qué te hace pensar que la lastimaré?!
El silencio inundó el lugar mientras ambos se reclinaban contra alguna superficie estable y así no perder el equilibro. Jadeaban, sudaban, se miraban con odio, pero nadie estaba dispuesto a rendirse.
―Porque así eres tú, Sting ―habló Natsu―. Todavía no conoces el significado de la palabra 'amistad', tú y todos los gilipollas de tu clase. No les importó humillar a Yukino cuando perdió contra Kagura. ¡Son unos malditos hijos de puta!
―¡¿Y qué vas a venir a hablar tú?! ¡Se hacen llamar amigos de Lucy y ni siquiera se dan cuenta que…! ―Sting se calló abruptamente, mordiendo su lengua para no hablar de más mientras la imagen de Lucy en el acantilado y la del salón de clase llegaban a su mente.
―¿Qué? ―exigió saber Natsu―¿Qué es lo que no me doy cuenta?
―…Vete a la mierda.
Si no hubiese sido por Jellal, quien entraba casualmente al baño en ese momento, lo más probable es que Sting hubiera terminado en el hospital y Natsu con una expulsión de por vida.
Después de eso, el Dragneel comenzó a observar en silencio a Lucy y notó muchas cosas nuevas. Eso solo le causó una emoción: Odio hacia Sting, por tener la razón, y odio hacia él mismo por no haberse dado cuenta antes.
Lucy parecía cada vez más y más lejana a ellos, y no solo físicamente, sino su mente estaba en otra parte. También sonreía con menos frecuencia, y cada vez eran más falsos aquellos gestos. Comía poco, ahora tenía ojeras que ella trataba de esconder con el maquillaje. Se le veía más triste, cansada, estresada y sola.
Tan sola como la primera vez que se conocieron durante una pelea que él tuvo con otro imbécil.
Pero quizás lo más horroroso del caso era que, por más que Natsu trataba de encontrar una respuesta a todos esos cambios y trataba de integrarla nuevamente al grupo, Lucy parecía hundirse cada vez más en sus desdichas.
Frustrado y encolerizado con todo aquello, Natsu incluso llegó al límite de desobedecer a Erza y salirse de la tutoría. No le importó la próxima, y segura, paliza que recibiría, simplemente se dirigió a su casa mientras seguía pensando en la manera de traer de vuelta a su Lucy.
―¡No, Sting, deja de hacerme cosquillas! ―la voz de Lucy lo detuvo a mitad de pasillo, curioso y sorprendido, se acercó con sigilo y se asomó en el aula donde provenía el ruido.
Y allí la observó, feliz y radiante, riéndose como no lo hacía en meses mientras jugueteaba con Sting Eucliffe. Sintió una punzada de dolor en su pecho, pero sonrió un poco algo aliviado de que la Lucy que él daba por perdida, aún estuviera presente.
Así que se marchó y la dejó ser feliz. Se detuvo en la salida de la Academia y observó el cielo manchado de naranja.
―Natsu ―bajó la vista y se encontró con los ojos azules de Lisanna Strauss, quien lo observaba con preocupación.
―Hey ―saludó―, ¿qué hay de nuevo, Lisanna?
La chica se quedó en silencio un momento.
―Happy ya está mejor, pronto podremos sacarlo del veterinario ―comenzó a hablar la chica―. Solo era una pequeña infección, pero si no la hubiésemos tratado a tiempo podría haber sido peor.
Natsu suspiró aliviado.
―Me alegra oír eso, ¿te parece si vamos a verlo? Muero de ganas por contarle que he vencido a un sujeto de otra institución.
Lisanna sonrió un poco.
―Oye, Natsu, ¿en qué pensabas hace un momento atrás?
El chico la miró fijamente, serio, antes de sonreír con nostalgia.
―Solo me preguntaba qué es lo que tiene él, que ahora no tenga yo.
Lisanna se quedó muda por un momento, incómoda al comprender más o menos el sentido de aquella declaración y a quien se refería.
―Sabes, Natsu, yo también me hago esa misma pregunta.
Levy McGarden era una chica de baja estatura, podría decirse que tenía una apariencia de duendecillo que la hacía tierna a su manera. Su personalidad pacífica también le daban puntos extras, quizás lo único raro de ella era que tenía un novio muy… rebelde. Gajeel Redfox era todo lo contrario a Levy.
A la McGarden le fascinaban los libros, de hecho fue gracias a ese medio que se hizo la mejor amiga de Lucy Heartfilia. Eran inseparables, siempre para arriba y para abajo, leyendo, compartiendo opiniones de algunos libros y disfrutando de la compañía mutua, pero últimamente se había ido abriendo una brecha en su relación.
Levy pensó que tal vez aquello era su culpa, casi nunca tenía tiempo para andar con Lucy porque generalmente se la pasaba con Gajeel y la otra chica estaba de tutora después de clases. Tampoco le tomó mucha atención hasta el día que la vio con Sting Eucliffe, alguien que no debería andar muy cerca de Lucy según su perspectiva.
Por esa razón hizo lo posible y lo imposible para sacar a Lucy a comer después de casi tres meses sin compartir más que unas conversaciones vacías en las clases del maestro Ichiya.
―Esto es tan divertido, Levy ―comentó Lucy mientras comían―. Hace tanto que no salíamos.
McGarden sonrió.
―Sí, bueno, supongo que ambas hemos estado muy ocupadas últimamente.
―Oh, claro ―la cara de Lucy tomó una expresión traviesa―. Tú y Gajeel…
―¡Lu-chan! ―exclamó con la cara roja.
―¡Te has puesto roja! ―la rubia río con ganas―Eres todo un encanto.
―E-es que es mi primer novio ―Levy desvió la mirada, avergonzada―y aún me cuesta adaptarme a esa situación entre nosotros.
―No dices lo mismo cuando andan acurrucaditos en la azotea del instituto ―dijo con un tono pícaro―. ¿Quién lo diría? La tranquilita y el delincuente del salón.
―¡Lu-chan! Deja de decir eso, no es como si fuera la única que anda con chicos malos.
―…
El silencio inundó la mesa, ambas se miraron seriamente por un momento.
―Respóndeme con sinceridad, Lu-chan ―habló la pequeña de la clase―, ¿qué clase de relación tienes con Sting Eucliffe?
―¿A qué te refieres, Levy?
La chica mordió su labio inferior con duda.
―Quiero decir, ¿te gusta Sting?
Ya está, lo había dicho…
―Sí.
Lo más probable es que Lucy se lo negara y…
―¿Qué?
―Sí me gusta, Levy.
Por primera vez desde que la aludida conoció a Lucy Heartfilia se había quedado sin palabras.
Minerva no era específicamente la mala del cuento. No era su culpa encontrar diversión en las desgracias ajenas. Era como un pasatiempo ver con paciencia como lo hermoso se iba construyendo y ser ella quien trajera la horrenda realidad que haría añicos todo aquello.
Sí. No había más satisfacción que ver las lágrimas de las personas correr por sus mejillas por ser tan débiles.
Pero aunque casi nadie, por no decir todo el mundo, creyera que había un lado bueno en ella, Minerva también tenía corazón, solo que lo escondía el noventa y nueve por ciento de las veces. Era como el caparazón que usaba, bajo esa fachada de demonio, para sobrevivir a las exigencias de su propio padre, quien más que verla como una hija, la trataba como un objeto con un valor muy alto.
Un valor que ya había sido pagado.
A ella le habían inculcado una cosa: La reputación por encima de todo.
Pero también tenía otra enseñanza muy arraigada en su ser, algo que su padre jamás se hubiese molestado en meterle en su cabeza: La importancia de los amigos.
―Sting. ―Una sonrisa maliciosa se mostró en sus labios al ver como el chico apartaba la mirada sobre Lucy Heartfilia (quien se encontraba en una mesa bastante alejada) para posarla sobre ella.
―Mi Lady ―la saludó, sonriendo con superioridad―. ¿Qué necesita?
Minerva tomó asiento a su lado y juguetonamente deslizó un dedo sobre sus labios. Sting no la apartó, pero de cierta forma se tensó ante el contacto.
―Últimamente he notado que te la pasas mucho tiempo con Lucy-chan ―comentó, mirándolo fijamente, como si fuera un tigre a punto de devorar una presa.
―Es mi tutora ―se limitó a responder con seriedad.
―Y no hay nada malo en eso porque es algo que la institución exige ―aclaró la chica―, pero…
―¿Pero qué? ―la cortó el chico con cierta dureza.
Minerva borró todo el humor de su rostro y se alejó.
―Solo quería advertirte que ella no es la indicada para ti, querido Sting. ―Esta vez fue Sting quien le dedicó una mirada envenenada. ―Y no es porque seas un rebelde sin causa y ella una niña rica de mansión. Lucy no es indicada para nadie.
Dicho eso se levantó con la elegancia digna de una reina y se iba a marchar del lugar cuando la voz de Sting la detuvo.
―No es como si me gustara ella, Mi Lady ―Minerva volteó para ver como el rubio la miraba con seriedad, usando el mismo tono de respeto con que siempre se le dirigía ―. Simplemente me cae bien, eso es todo.
La chica lo miró detenidamente un momento antes de que la sonrisa juguetona volviera a surcar su rostro.
―Mi querido Sting, no digo que ella te guste, solo que deberías guardar distancias, por si acaso.
Sting bajó la cabeza.
―Eso no pasará…
―Solo no digas que después no te lo dije ―dijo, comenzando a marchar lejos de Sting y el ruido de la cafetería.
Allí estaba, había aportado su granito de arena para ayudar a su amigo, pero sabía que eso no funcionaría. Así que simplemente se dedicó a observar y esperar. Sonrió con prepotencia, pronto tendría más diversión.
Minerva esperó.
Aguardó el momento justo.
Observó cada detalle.
Y no pudo evitar reír a carcajadas cuando el tiempo de espera terminó.
Fue en una cálida tarde seis meses después de que Sting y Lucy comenzaran la tutoría, cuatro desde que Minerva observara la escena del beso y le advirtiera lo problemático que podía ser acercarse mucho a ella.
―Y-yo… lo siento, Sting.
Ah, música para sus oídos.
Vio como Lucy salía corriendo del salón de biología, ni siquiera notó su presencia. Esperó un momento antes de entrar al aula sin molestarse en ocultar el taconeo de sus zapatos y soltó un suspiro de satisfacción al ver a Sting sentado en una de las mesas. Se acercó y colocó una de sus manos sobre el hombro del chico.
―Sting, ¿qué ha sucedido? Hace un momento vi a Lucy salir corriendo de aquí.
No obtuvo respuesta del chico, quien miraba hacia la ventana donde el imponente atardecer se mostraba, tampoco es que la necesitara, había pasado frente al aula justo en el momento en que Sting hablaba, el silencio se hacía presente, Lucy respondía y salía corriendo.
Además, aunque no hubiese oído la parte importante de la conversación, el ramo de rosas acompañado de un pequeño collage de fotografías donde Lucy y Sting aparecían habrían sido más que suficiente para darle a entender todo.
―Mi Lady ―habló el chico, pero sin apartar su vista de la ventana―, creo que he olvidado quien soy.
La aludida pasó sus brazos alrededor del rubio, en un intento de abrazo de consolación y sonrió divertida.
―¿Te lo recuerdo, Sting? ―el chico asintió levemente―Por eso te lo advertí, mi querido, tú solo eres un villano despiadado, aquél que rompe las reglas, que no le importa los demás, que encuentra la diversión en las desgracias ajenas, alguien como yo. ¿Desde cuándo el malo de historia se queda con la princesa en cautiverio?
―Sí… ―murmuró levemente―. Ahora lo recuerdo.
―Bien, ahora deja de llorar y quememos toda esta basura.
Tiempo más tarde, Minerva siguió sonriendo entretenida mientras Sting despedazaba el ramo de rosas e incineraba el pequeño collage que había hecho. La chica incluso encontró entretenido el momento de duda que tuvo Eucliffe antes de usar el yesquero y convertir todo en cenizas.
―No te preocupes, Sting, este momento de debilidad solo quedará entre tú y yo ―prometió―. Nadie sabrá que el grandioso Sting Eucliffe fue rechazado por Lucy Heartfilia.
Continuará… si quieren.
A/N: Bueno, me ha salido para otro capítulo más n.n, espero que hayan disfrutado de éste, sé que quizás sea algo confuso por los saltos de tiempo que ocurren, a veces retrocedemos, y otras avanzamos, pero creo que si se lee con atención, pueden seguir el hilo de la historia.
Dejen reviews, son gratis *-*
Gracias a: Dream Weaver Dili, Flower of Night, Mere Mitsuky Taiyoukay, , MerryHannonNyan, RizelHolmes, Ankoku No Ojou-sama, Acny, nyaanekito, Misaky Eucliffe, kyoko, lucyh, Misaki-Kurosaki, dened01, NEKO AISAKA, Sora Eucliffe, Antotis, RiderJaegerjaqez.
Nos vemos!
Ama-chan off!
