Fotografía.

Resumen: "Ven, Sting, tomemos una fotografía de este momento que nos haga recordar que tú no eres solo un villano despiadado y yo una princesa en cautiverio". Sting/Lucy. Short Fic. AU.

Pareja: Sting Eucliffe-Lucy Heartfilia.

Género: Drama, Romance, Crack.

Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.

Capítulo Cuatro: Conseguir la Libertad.

Escrito por: Amaya-chan.


Cuando Lisanna Strauss estuvo a solas con Lucy Heartfilia, sucedió que ambas se miraron con odio. La rubia alzó en mentón con orgullo, dando a entender que no se dejaría intimidar por nada que la otra decidiera decir y la albina apretó los puños para no abofetearla

―No esperaba encontrarme a alguien como tú por aquí, Lisanna ―fueron las palabras que Lucy usó para comenzar aquella tensa conversación.

―¿No estoy a tu altura, Lucy? ―respondió la otra.

―Pensar que el Señor Zeref sería tan bondadoso como para recogerte e invitarte a una fiesta de gala ―se mofó―. No seas ingenua, Lisanna, el hecho que estés aquí no significa que puedas andar acorralando a la gente en el baño.

―Tampoco el hecho que estés a punto de casarte con ese sujeto te da el derecho de desaparecer, Lucy.

La aludida se encogió de hombros.

―Si no tienes nada más importante que decir, me marcho ―sentenció antes de comenzar a andar hacia la salida.

Lisanna apretó los puños, tratando de contener la ira y, en un rápido movimiento, tomó la muñeca de Lucy obligándola a voltear hacia ella para estampar su mano sobre la mejilla de la rubia. Los ojos de la Heartfilia se abrieron de par en par al sentir el impacto.

―¡¿Por qué le haces esto a Natsu?! ―chilló la Strauss―. Lleva días buscándote, desesperado por no saber dónde… ¡dónde está la chica que ama!

Lucy alzó su vista y notó las lágrimas que comenzaban a formarse en los ojos azules de Lisanna. Curvó levemente la comisura de sus labios, tratando de aguantar la máscara de indiferencia que había aprendido a tener en aquél mundo lleno de mentiras y engaños.

Logró comprender de Minerva unas cuantas tácticas para mantener la serenidad, pero nunca lograría ser como ella y fingir siempre que todo estaba bien.

―Dime, Lisanna, ¿estás preocupada por Natsu o por mí? ―la Strauss se tensó al oír eso, Lucy zafó su mano del agarre de la chica y acarició su mejilla afectada. ―¿No crees que sería maravilloso si yo simplemente desapareciera y tú pudieras quedarte con él?

―No…

Lucy zapateó el piso con fuerza, logrando cortar a la otra chica.

―¡Deja de ser una hipócrita, Lisanna! ¡Sé que esto te hace feliz! ―gritó―¡A todos les hace feliz y tú no eres la excepción!

Las palabras se clavaron en lo más profundo del corazón de la Strauss y comprendió que, a pesar de las diferencias que siempre había existido entre ella y Lucy desde que se conocieron, en realidad sí estaba preocupada por la rubia.

―Dime, Lucy, ¿esto está bien? ―preguntó después de un largo minuto de silencio entre ambas.

―Está bien ―contestó después de un largo rato―. Si puedo proteger a todos… está bien.

Lisanna la miró fijamente un momento antes de acercársele y envolverla en un tímido abrazo, sorprendiéndola con aquél gesto.

―No sé qué es lo que está pasando, Lucy ―admitió―, pero no creo que esto esté bien.

―Eso a ti no te importa ―espetó la otra. Correspondiendo el abrazo con manos temblorosas, Lucy supo que por primera vez alguien estaba dispuesto a compartir su dolor y consolarla.

―No seas tonta, solo porque el chico del que siempre he estado enamorada te mire a ti no significa que te odie, Lucy ―confesó. La aludida se quedó en silencio por un minuto, mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas. ―¿Me dirás qué es lo que sucede? ―preguntó.

―Yo… no puedo ―contestó, apretándola―, si lo hago, te mataran.

Los ojos azules de Lisanna se abrieron de sorpresa.

―¿Qué? ―soltó, alejándola un poco para verla de frente.

―Es la verdad ―afirmó la rubia con seguridad, logrando que la Strauss comenzara a asustarse―. Tienes que irte de aquí, Lisanna. Saca a la niña que vino contigo y vete lejos. Si es posible haz que Mira-san y Elfman no estén en casa hoy. ¡Debes hacerlo antes que…!

―El Señor Zeref ya lo ha notado, Lucy ―ambas se sobresaltaron al oír la voz de alguien en la entrada del baño.

Usaba un vestido púrpura con un tigre estampado en la parte inferior, el maquillaje que cargaba hacía resaltar bastante sus rasgos maduros y, como siempre, su cuerpo emitía una fragancia de mujer fuerte y autoritaria. Minerva se cruzó de brazo antes de mostrar una sonrisa de burla.

―Lisanna Strauss, que agradable sorpresa verte en un lugar… demasiado lujoso para ti ―saludó con ironía. La albina se sintió algo incómoda ante aquella mirada dura que le dedicaba la morena, pero trató de mantener la compostura. Alzó el mentón y la miró con seriedad.

―Minerva… ―murmuró Lucy con sorpresa―¿qué haces aquí?

La susodicha se encogió de hombros.

―Muero de aburrimiento ―espetó―, pero como le han mandado a dar caza a esa chica ―señaló a Lisanna―pensé que sería divertido ver cómo se zafaba de esto.

―¿A qué se refiere con 'dar caza'? ―preguntó Lisanna, tratando de llegar a un punto sin acertijos.

La morena sonrió de medio lado.

―¿No se lo has dicho, Lucy? ―preguntó―. Pobre chica.

La Heartfilia se tensó en su sitio y la miró fijamente, tratando de evitar que todo su autocontrol se derrumbara.

―¿Decirme qué? ―exigió saber la otra. Era un poco incómodo saber que hablaban de ella y no le explicaran las cosas como debía ser.

―El Señor Zeref es un asesino, Lisanna ―habló Minerva―. Si creías que esto es una cena entre gente rica que solo desperdicia su tiempo en gastar todo lo que tienen, te equivocaste.

Los ojos de la albina se abrieron de par en par antes de comenzar a sudar frío y, de cierta, forma la mala sensación que Zeref le había causado desde que lo vio parecía más terrorífica.

¿Un asesino? Aquello no podía estar pasando, parecía sacado de una estúpida película de drama que solía ver con Mirajane cuando estaba aburrida, pero al ver que Lucy se ponía pálida y, recordando sus advertencias anteriores, llegó a la conclusión que Minerva no mentía.

―T-tienes que salir de aquí, Lisanna ―murmuró Lucy con rapidez―, antes que te atrape.

―P-pero, ¿qué hay de Wendy? ―preguntó.

―La niña ya fue enviada a casa con los gatos ―respondió la morena que miraba sus uñas desinteresadamente―y si tú te hubieses quedado tranquilita en vez de seguir a Lucy, él no hubiese notado que existía una conexión entre su prometida oculta y tú.

Lisanna se sintió estúpida en ese momento, pero, ¿qué esperaban que hiciera? No podía simplemente marcharse sin conseguir respuestas para Natsu… no después de ver como la desesperación se apoderaba de él.

―A-aun así…

―No te preocupes por eso ―le habló la Heartfilia―. Zeref no le haría daño a Wendy, lo sé. Lo primordial es sacarte a ti de aquí.

Lisanna se calló por un momento y asintió con seriedad.

―Pero, ¿cómo lo haremos si todo está lleno de guardias de seguridad? ― fue lo que salió de los labios de la albina.

Un leve carraspeó las hizo mirar hacia Minerva, quien seguía mirando sus uñas como si fueran las más hermosas del mundo. La mujer les mandó una mirada aburrida al tiempo que señalaba hacia una ventana que estaba a una altura considerable. Tendría que requerir de ayuda si quería alcanzarla.

―Creo que es tu única salida ―dijo Minerva con simpleza.

―¡Muévete, Lisanna! ―chilló Lucy jalándola hacia la ventana―¡Es ahora o nunca!

La chica comenzó a caminar algo aturdida y, con un poco de ayuda por parte de Lucy, logró encaramarse a la ventana y abrirla. Su mente se paralizó al notar que estaba a varios metros de altura. Si saltaba, aquello le dolería bastante.

―¡Apresúrate! ―exclamó la rubia.

―¡N-no es tan fácil como parece! ―se quejó la otra, observó a su alrededor y notó un árbol algo próximo a ella que, casualmente, su otro extremo rozaba la pared perimetral de aquella mansión. Si tenía suerte podría lograrlo―. Lucy, cuídate, no te esfuerces demasiado y te prometo que haré que Natsu te salve ―aseguró. La rubia abrió los ojos de par en par y, antes de que pudiera responder a aquello, Lisanna contuvo el aliento, rezó por su vida y saltó hacia el árbol. Logró agarrarse a una rama con algo de dificultad, también estuvo a punto de caerse, pero después de maniobrar unos minutos, pudo sujetarse con firmeza. Agradeció las horas que pasaba con Natsu escalando árboles para huir del mal genio que su hermana tenía.

―Bien… es hora ―miró hacia la ventana, donde no podía ver a Lucy, pero estaba segura que allí se encontraba―. Volveré por ti ―prometió antes de avanzar lentamente hacia la cerca perimetral.


Lucy Heartfilia se quedó mirando en silencio hacia la ventana mientras las alarmas de seguridad comenzaban a sonar en toda la casa. Por un momento se dio la libertad de pensar que Lisanna podría hacerlo, salir de allí, sin ser notada. Era más lista de lo que parecía, de eso estaba segura.

―Esa chica es una tonta, Lucy ―comentó Minerva una vez que ella y la rubia se quedaron a solas. La chica seguía dándole la espalda, observando fijamente el lugar donde Lisanna había estado hacia un momento atrás―. Natsu no podrá salvarte.

―Él no me salvará ―admitió―. Es muy ingenuo para estas cosas, aun así tal vez haya alguien más por allí que sí pueda.

Le tomó un minuto a Minerva comprender de quien estaba hablando Lucy. Soltó una enorme carcajada de diversión e ironía.

―¡¿Estás pensando en Sting?! ―preguntó con incredulidad―¡Apenas y puede salvarse a sí mismo de ti!

Mordaz, sincera, realista. Lucy sonrió levemente antes de volver a su estado de indiferencia. Sí, era estúpida por pensar que aquello se haría realidad. Que Sting vendría a salvarla de las garras de un villano como en esas películas para niñas que Disney transmitía hasta la saciedad y en las que admitía haber creído alguna vez.

―Sí… tal vez tengas razón ―suspiró antes de encararla―. Gracias por venir a ayudar, Minerva.

La sonrisa de superioridad que la mujer tenía se desvaneció en un segundo.

―¡No me malentiendas!, si he hecho esto es por quiero algo a cambio ―soltó―. Nada en este mundo es gratis.

Bueno, aquello tenía sentido desde la perspectiva de la Heartfilia.

―No sé qué es lo que puedas conseguir de mí ―Lucy la miró seriamente―, pero habla y veré si está a mi alcance.

¡Al fin! Esa era la oportunidad que Minerva había estado buscando.

―Quiero que convenzas al Señor Zeref de romper mi compromiso. No estoy dispuesta a casarme con el hombre a quien mi padre me ha vendido ―rechinó los dientes.

Los ojos de Lucy se abrieron en sorpresa.

―Yo… no creo que sea capaz de…

―Consigue mi libertad, Lucy Heartfilia―la cortó―, y yo te ayudaré a lograr la tuya. Aun cuando eso signifique ir en contra de Zeref.


Mientras Erza Scarlet todavía tenía el teléfono sobre su oído, luego de la extraña conversación que tuvo con Jellal Fernandes, sucedió que alguien llamó a la puerta de su habitación. Tomada con la guardia baja, Erza se sobresaltó en su cama. Solo en ese momento se dio cuenta que había estado conteniendo el aliento y que estaba temblando. Sintió algo de ira recorrer su cuerpo al comprender que, si su intuición no le fallaba, Jellal había estado a punto de declararse y ella no pudo evitar ilusionarse inconscientemente por pensar que al fin oiría las palabras 'Te amo' de la boca de su… ¿amigo?

En realidad, ¿Jellal y ella eran amigos?

―Erza-san ―al abrir la puerta, la pelirroja se encontró cara a cara con Juvia Loxar, una compañera de clases y de dormitorio que vivía dos habitación más allá de la de ella.

―Juvia, ¿qué hay? ―saludó, tratando de aparentar algo de serenidad, y sonrió con cortesía.

La mujer de cabellos azules la observó por un momento detenidamente, logrando incomodarla un poco, antes de devolver la sonrisa con algo de duda.

―Juvia se disculpa si ha molestado a Erza-san en un momento algo inapropiado ―inclinó su cuerpo.

―No te preocupes ―se apresuró a aclarar―. No has interrumpido nada.

―Oh.

Silencio. Ambas se miraron fijamente sin saber qué decir o cómo continuar aquél intercambio de frases sueltas y vacías. En realidad, Juvia y ella no eran tan amigas, solo compartían uno que otro gusto en común y de vez en cuando se juntaban con compañeras de clase para salir en plan de chicas, pero que alguna se atreviera a llamar a la habitación de la otra, era fuera de lo normal.

Erza carraspeó un poco.

―¿En qué te puedo ayudar, Juvia?

La susodicha se tensó de inmediato, apartó la mirada, se mordió el labio inferior y parecía tener un debate mental sobre si hablar o no.

―Me he enterado lo de Lucy-san.

Listo, ya había hablado.

―Ya veo… ―fue lo único que respondió Erza mientras la incomodidad volvía a apoderarse de ella.

En realidad, lo último que la pelirroja esperaba era ver a Juvia Loxar hablar sobre Lucy Heartfilia. No se aguantaban ni en pintura, trataban de evitarse al máximo. Mientras la rubia se juntaba con Levy McGarden, la chica de cabellos azules se la pasaba con Lisanna Strauss y ella, Erza, era el puente de comunicación entre ambas parejas. No era muy agradable, especialmente porque cuando la pelirroja deseaba salir, invitaba a todas sus amigas y siempre existía esa inquebrantable línea de silencio entre las cinco que al final todo terminaba disolviéndose.

Parecía mejor ir a beber con Cana hasta la saciedad que juntarse con las otras locas, todo por culpa de un estúpido malentendido con Gray Fullbuster, del cual por cierto ni siquiera el chico se había enterado.

―N-no malentienda a Juvia, Erza-san ―se apresuró a aclarar―. Sé que Lucy-san y Juvia no se llevan muy bien que se diga, pero… pero no por eso la preocupación evita a Juvia. ¡Estoy tan angustiada como el resto!

La pelirroja no pudo evitar impresionarse ante la sinceridad de las palabras de la Loxar, soltó un suspiro y sonrió.

―Tranquila, Juvia, comprendo ―habló―. Ya veremos cómo la encontraremos…

―¡Juvia sabe dónde está! ―la cortó en seco.

Y el mundo para Erza comenzó a dar vueltas.


Tres semanas, cuatro días, ocho horas, catorce minutos, veinticuatro segundos y Sting Eucliffe seguía pensando que tal vez debió haber hecho todo lo posible por embarazar a Lucy Heartfilia en aquél momento que compartieron juntos. Sí, y así podría asegurar un lazo estable e inquebrantable entre ellos. En realidad no es como si él supiera que aquello, el embarazo, no sucedió, pero estaba seguro que eso tampoco haría aparecer a Lucy tan fácilmente.

Cualesquiera fueran la magnitud de sus problemas, ella jamás se lo confesó.

Minerva también era otra desaparecida. No había puesto un pie desde que Lucy se esfumó del mapa, lo cual le dio a entender que quizás la morena sabía más que cualquiera dentro de esa institución sobre lo que realmente tenía a la Heartfilia tan preocupada. Soltó un suspiro de fastidio cuando el profesor de matemáticas pasó a explicar otro punto nuevo que, seguramente, iría para el próximo examen.

Desvió su mirada hacia Rogue, quien copiaba atentamente todo lo que el profesor dictaba, y pensó que aquello era ridículo. Sabía tan bien como el resto de la clase que, aun si no estudiaba, Rogue sacaría la máxima puntuación. Era el único quien en realidad valía la pena en todo ese desastre de clase, quizás Yukino y Rufus también podrían competir por un buen puesto, pero los demás eran un asco.

Él mismo era una mierda.

Cuando la campana sonó, Sting recogió sus cosas perezosamente y le hizo un gesto a Rogue, quien lo esperaba con paciencia, para que marcharan a casa. Ya había perdido su hábito por frecuentar en camas ajenas, lo cual su amigo agradecía en el alma, y de hecho trataba de andar tranquilo por la vida sin pensar.

Porque pensar le hacía recordar que no podía tener a Lucy por más que él lo deseara.

―Creo que deberíamos ir a los videojuegos ―propuso con tranquilidad.

A su lado, Rogue asintió un poco, aceptando la idea de ir a divertirse. En realidad él no era fanático de esos lugares, pero prefería tener un ojo puesto sobre Sting y su nueva rara actitud. Algún momento tendría que explotar todo lo que estaba conteniendo, algo que no quiso compartir con él, y prefería estar cerca para evitar que hiciera alguna locura estúpida.

Como ir a matar a Natsu Dragneel, por ejemplo, o ponerse a buscar pelea con la presidenta del Consejo Estudiantil, Erza Scarlet.

―Si quieres podemos luego ir a comer algo ―siguió hablando Sting―. Mañana es sábado, no habrá problemas si nos quedamos hasta tarde viendo alguna estúpida película de terror. Así podrás conocer a Lector, ¿qué dices?

El moreno arqueó una ceja y lo miró con duda.

―¿Quién es Lector?

―Mi gato ―sonrió con orgullo.

Los ojos del Cheney se abrieron de par en par. Hasta donde él tenía entendido, Sting odiaba a los gatos con toda el alma, siempre que iba a su casa se quejaba de que tuviera a Frosch suelto por allí, y resulta ser que ahora tenía un gato.

Parecía ser que la abstinencia al sexo o el no ver a Lucy lo estaba poniendo loco. También existía una pequeña, y poco probable, opción de que fuera el no poder tener sexo con la Heartfilia.

Aun así, aunque la última sugerencia mental que él mismo se hizo fuera casi imposible, porque Sting no le había dicho ni pío sobre de que dicho suceso hubiese ocurrido –tampoco es que estuviera interesado en saberlo-, parecía ser la más probable de ser la causa de aquél extraño comportamiento de su amigo.

Por supuesto, cual fuera la opción, Rogue no hizo comentario alguno.

―También podríamos invitar a Yukino ―Sting le lanzó una mirada pícara―, no creo que diga que no.

―Te vuelvo a repetir que entre Yukino y yo no hay nada ―el moreno soltó un suspiro de fastidio.

―Claro, claro. No te preocupes, hermano, no se lo diré a nadie.

Decidió no argumentar, porque eso no llevaría a nada. En vez de eso, se concentró en seguir caminando por los pasillos ya vacíos de alumnos agradecidos de la tan ansiada libertad, que no le prestó atención a la chica de baja estatura que se interpuso en el camino de Sting, dejándolo a él caminando unos cuantos metros solo, antes de chillar con voz fuerte:

―¡Sting Eucliffe, tú vienes conmigo!

Al ver a Levy McGarden con expresión ceñuda, brazos cruzados y pose ruda, Rogue comprendió que en realidad era imposible no pensar que la chica era tierna, salvo por el horrible novio que tenía, el cual por cierto estaba a unos metros de distancia vigilando la situación.

Sting la miró por un momento con indiferencia. Rogue se quedó en silencio, observando.

―No ―fue la simple respuesta que dio antes de moverse hacia un lado y seguir de largo, como si nada ―. Vamos, Rogue, los videojuegos nos esperan.

Lo siguiente que el ojo del moreno captó fue el momento en que Gajeel Redfox noqueó a Sting de un puñetazo, tomándolo desprevenido, y dejando a Rogue paralizado en su sitio.

―¡Gajeel! ―chilló Levy―¡Se suponía que debía ser por las buenas!

―Por las buenas nunca se consigue nada ―respondió el chico con indiferencia―. Ahora, andando, que Erza me matará si no se lo llevamos a tiempo ―Gajeel miró a Rogue que seguía tratando de asimilar lo ocurrido―. Oye, imbécil, ¿quieres venir? Tal vez consigas participar en algo interesante.

Mientras Redfox llevaba a un Sting inconsciente sobre su hombro y Levy seguía enfurruñada por lo violento que era su novio, Rogue pensó si aquello no era equivalente a un secuestro.

Continuará… si quieren.


A/N: ¡Hola!, ¿cómo andan? Yo aquí, aprovechando el momento de inspiración que me llegó :D. Espero que el capítulo haya sido de su agrado, jejejeje, y si tienen alguna duda, sugerencia, reclamo… Háganlo saber por medio de un review, mire que son gratis :).

Por otro lado, les invito a que pasen a leer mi nuevo fic llamado 'Feelings', que es para un reto y dejen su humilde opinión.

Se les quiere :D

Gracias a: kirstty, Toaneo07 Ver2.0, Dream Weaver Dili, Flower of Night, Silverke, RizelHolmes, dened01, Mere Mitsuky Taiyoukay, Antotis, MerryHannonNyan, alinekiryuu, Ankoku No Ojou-sama, Nodoka-nya12345, Lisanna-Fullbuster, Sora Crosszeria, Kerberosclow

PD: Apenas tenga un tiempito, respondo algunos reviews.

Ama-chan off!