Fotografía.

Resumen: "Ven, Sting, tomemos una fotografía de este momento que nos haga recordar que tú no eres solo un villano despiadado y yo una princesa en cautiverio". Sting/Lucy. Short Fic. AU.

Pareja: Sting Eucliffe-Lucy Heartfilia.

Género: Drama, Romance, Crack.

Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.

Capítulo Cinco: Situaciones Complejas.

Escrito por: Amaya-chan.


Si bien a Gray Fullbuster le costaba a veces entender muy bien las situaciones que sucedía a su alrededor, en ese momento sabía de antemano que había algo muy importante ocurriendo –y no se estaba refiriendo exactamente al caso de la desaparición de su amiga Lucy Heartfilia-.

Para empezar, se encontraba cenando en un restaurante lujoso en una mesa VIP bastante apartada del resto –algo que jamás él podría costear-, lo siguiente era que estaba usando traje y corbata –lo cual era muy extraño en su persona quien apenas y se dignaba a vestirse- y por último, la persona que se encontraba en frente suyo se había ofrecido a pagar –en realidad aquello no era de sorprenderse, dado que él era un mero invitado, pero lo que no encajaba era que la invitación venía de ella.

Su novia no era específicamente la mujer más generosa del mundo.

―Puedes comer todo lo que quieras.

Gray se removió incómodo en su asiento mientras asentía y trataba de contener su ansiedad. Miró la carta que hacía minutos atrás un camarero le había dejado en sus manos y tuvo que aguantar un grito de espanto al ver los precios exorbitantes de los platillos. Una leve risa le hizo levantar la vista.

Gruñó frustrado.

―Lo siento, Gray ―comenzó su compañera―. Te ves tan lindo cuando te enojas, que no puedo evitar reírme un rato. No importa, así te adoro.

―Ultear ―siseó fastidiado.

La susodicha volvió a reír antes de lanzarle un beso seguido de un guiño, poniendo las mejillas de Gray en un tono carmesí. Todavía no entendía cómo esa mujer podía tener tanto control sobre él.

―Mamá dice que vendrá pronto a visitar ―comentó la morena, revisando la cartilla con sumo interés.

―¿En serio? ―preguntó Gray, entre sorprendido y emocionado.

―Así es. Todavía no me ha dicho la fecha, pero dijo que será muy pronto.

El chico asintió levemente sin poder contener una sonrisa. Adoraba a Ur, la madre de Ultear y la persona que se encargó de criarlo. A decir verdad, a veces le parecía un poco extraña su relación con su novia, puesto que en realidad ambos eran hermanos adoptivos. Y, admitía, que cuando tuvo que enfrentarse a Ur por la mano de Ultear, casi se desmayaba de los nervios.

Pero a Ur en realidad no pareció importarle mucho.

'Mientras no me salgan con la sorpresa de que mi hija está embarazada sin haberse graduado antes, entonces no hay problema'

Esas fueron las palabras textuales que la mujer le dijo a Gray antes de tomar una de sus maletas y se marchara otra vez a sus expediciones, dado que ella era arqueóloga. Sin embargo, Gray se tomó esa advertencia muy a pecho, por lo que decidió mudarse de la casa de Ur e irse a vivir con Lyon, su otro hermano adoptivo, el cual lo recibió con los brazos abiertos. Sabía que no debía preocuparse mucho por Ultear, porque tenía una especie de 'hija adoptiva' llamada Meredy, quien por su parte aceptó mudarse con su querida 'Ul', como le decía cariñosamente.

Así era la historia de su vida: se enamoró de una chica mayor que él quien era su hermana adoptiva. Y afortunadamente fue correspondido.

Sí, Gray reconocía que explicar toda esa situación a las personas era bastante fastidioso, largo y complejo, por eso se limitaba a decir que Ultear y él se conocían desde niños. Punto.

El camarero llegó cuando la chica le hizo unas cuantas señas. Dándole las órdenes, el hombre se alejó rápidamente, dejándolos solos de nueva cuenta. Gray se volvió a remover incómodo en su sitio.

―Entonces… ¿a qué se debe todo esto? ―Se arriesgó a preguntar, echando memoria a su cabeza, pensando que tal vez hoy fuera un día muy importante en su relación y a él se le hubiese olvidado.

Dios quisiera que no fuera así. Ultear era, aunque no lo pareciera, muy sensible con eso de las fechas.

―Me he enterado lo de Lucy ―comentó la chica, mirándolo fijamente―. Pero por lo que he oído, también sé que ya saben dónde está.

El chico parpadeó confundido. De todos los temas que Ultear hubiese podido escoger, no esperaba que fuera sobre Lucy Heartfilia. En realidad, ¿cómo sabía ella sobre todo? Se suponía que estaban tratando de manejar todo eso de una forma bastante encubierta para no involucrar a terceros.

―Algo así ―dijo despacio, cuidando sus palabras. Comprendía que estaba pisando terreno peligroso de cierta forma. Si había algo que reconocía Gray, era que Ultear tenía una facilidad de manipular a otros a su antojo.

La chica entrecruzó sus manos sobre la mesa y le dedicó una mirada seria.

―Gray… ¿tienes idea de dónde te estás metiendo?

Silencio, no hubo respuesta por una fracción de segundos.

―No sé de qué hablas ―admitió Fullbuster.

―Y no tienes por qué hacerlo. ―Suspiró―. Lo único que pido es que no participes en toda esa situación. Es peligrosa.

No mentía, él sabía que era así.

―Exactamente, ¿qué tienes que ver tú en todo esto? ―murmuró Gray, mirándola acusadoramente.

¿Acaso todo este tiempo Ul había sabido sobre el paradero de Lucy y no le había dicho nada?

―Aunque no lo creas, tengo mucho que ver ―respondió apartando un poco la mirada.

―O sea que todo este tiempo has sabido dónde Lucy ha estado ―gruñó Gray, visiblemente molesto―, ¿y no me has dicho nada aún cuando te había comentado nuestra preocupación?

―Gray… ―la chica se encogió en su asiento, visiblemente dolida por el tono que su novio había usado―. No te lo he dicho porque no quiero que salgas lastimado.

La ira de Fullbuster fue bajando poco a poco al ver la expresión de ella. Tomó unas cuantas bocanadas de aire para calmarse y luego aclarar:

―No pienso dejar abandonado a uno de mis amigos solo porque lo digas tú, Ultear, creo que eso ya lo había dejado en claro hace mucho tiempo atrás.

Ultear cerró los ojos un momento, conteniendo la rabia. Le molestaba esa actitud suicida de su novio. Tan parecida a la de Natsu Dragneel.

―Si te digo, ¿no irás?

Gray se entrecruzó de brazos y bufó.

―Sabes cuál es mi respuesta. Dime si deseas hacerlo, sino igual iré.

A veces, Ultear Milkovich se preguntaba por qué Gray Fullbuster la había elegido a ella sobre tantas chicas que también lo querían.

De vez en cuando Gray Fullbuster no podía evitar preguntarse qué era lo que veía Ultear Milkovich en él, un chico menor que ella.

Se miraron fijamente y no pudieron evitar sonreírse antes de estallar a carcajadas y la absurda discusión de hacía un momento atrás, quedó en el olvido. Ultear recordó que adoraba la forma en cómo Gray deseaba proteger a todos sus amigos y Gray admitió que le gustaba la manera en cómo Ultear lo sobreprotegía de todo.

Aunque también fuese lo más fastidioso de la personalidad del otro.

―Tu ganas esta vez ―admitió la chica, mientras el camarero llegaba con sus pedidos―. Te diré todo.

Gray suspiró. Esa mujer sí era bipolar.


El mero hecho de saber que Erza Scarlet se encontraba parada en su puerta a las tres de la mañana era indicio de una sola cosa: Ultear le confesó todo a Gray y éste le había dicho todo a Erza.

Una interesante cadena viciosa, si se lo preguntaban.

―Buenas noches, Erza ―saludó cansinamente, con una sonrisa.

La pelirroja lo fulminó con la mirada antes de pasar a su departamento sin ser invitada, pero él no le tomó mucha importancia, después de todo tenía derecho de tratarlo así. Cerró la puerta y la siguió a hasta la cocina, donde había tomado asiento con los brazos cruzados.

Era obvio que estaba muy molesta.

―Trata de no gritar ―pidió―. Meredy está durmiendo en la habitación de invitados. No necesita ver esta discusión.

La pelirroja asintió con cierto recelo. Sabía que la chica era muy sensible con respecto a ver discutir a sus amigos. No le gustaba para nada. De cierta forma, era como una niña pequeña en el cuerpo de una adolescente sobredotada.

El silencio reinó en la habitación mientras que el dueño de la morada le colocaba un vaso de alguna bebida en frente de ella y tomaba asiento en otra silla disponible, lo más alejado de su persona. Su cabeza dolía enormemente, aunque no tanto como su corazón, de eso estaba segura.

―¿Por qué no me dijiste? ―fue lo único que salió de sus labios luego de una especie de batalla interna en busca de las palabras correctas para empezar esa discusión.

Su anfitrión dudó un momento, como queriendo decir tanto y a la vez nada.

―Porque no quería involucrarte en todo esto ―admitió.

Erza se quedó en silencio por un par de segundos, antes de soltar una carcajada con tono forzado. Lo miró con lágrimas de rabia contenida que claramente indicaban que aquella respuesta no le sentaba para nada bien.

¿Acaso la creía demasiado débil para no manejar todo eso?

¿Tan inservible como para no defenderlo?

―¡Te odio! ―siseó con amargura―Todo este tiempo pensando que tú... ¡Que tú incendiaste el orfanato donde vivíamos y resultó ser falso!

Jellal Fernandes sintió esas palabras clavarse hondo, en su interior, mientras que las memorias de un pasado oscuro se iban colando lentamente por su memoria. Humo, llamas, llantos, sirenas a la lejanía y él parado en medio de todo aquello, viendo cómo Erza trataba de escapar de él.

Muy lejos de él.

―No me malentiendas, Erza ―aclaró, cerrando los ojos―. Sí fui el que comenzó el incendio donde Simón falleció. Yo quemé el orfanato, nuestro orfanato.

La pelirroja bajó la vista, buscando las palabras adecuadas para poder continuar todo eso. Sabía que estaba pisando terreno peligroso, el pasado de ambos era tan miserable que a veces se preguntaba qué habían hecho para merecer todo aquello.

―No lo hiciste porque querías ―susurró la pelirroja―. Eso ahora lo sé.

Jellal escondió el rostro entre sus manos, mientras una sonrisa irónica se posaba en sus labios. Erza era tan estúpidamente noble como para creer en alguien tan miserable como él.

―Déjalo, Erza. Nada de lo que digas cambiará el hecho de que maté a Simón, destruí nuestro único hogar, traicioné a mis amigos y te lastimé.

La mujer apretó los puños sobre su regazo mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas y la ira e impotencia la iban consumiendo lentamente. Alzó el rostro y observó a Jellal, quien seguía sumido en su miseria personal de recuerdos, escondiendo el rostro detrás de sus manos.

No quería encararla.

Frustrada, molesta y dolida, Erza se levantó de su sitio de golpe y se acercó a Jellal, quien había alzado el rostro al oír la silla moverse bruscamente.

―Erza, ¿qué…?

Los labios de la chica acallaron sus palabras antes de que pudiera terminar. Sus ojos se abrieron de par en par ante la sorpresa de aquella acción y, de no ser por el sabor salado de las lágrimas de la pelirroja, Jellal hubiese jurado que estaba soñando.

Ya que era la única respuesta lógica que encontraría para esa situación.

¿Por qué todo entre ellos siempre era tan malditamente absurdo?

―Deja de ser un estúpido masoquista ―murmuró ella viéndolo a directamente―. No es tu puta culpa que ese tal Zeref te estuviese manejando a su antojo.

―Erza…

Otro beso. Más profundo, más anhelado.

―Cállate ―le dijo sin separarse mucho de sus labios―. Sólo no digas nada y escúchame. Sé que estás tratando de sacar a Lucy de todo esto. Déjame ayudarte, Jellal, no soy tan débil como crees. No estás solo…

En ese momento, Jellal realmente no supo qué decir mientras una lágrima bajaba por su mejilla.


Estar amarrado a una silla no era nada divertido, de eso Sting Eucliffe estaba seguro al cien por cierto. Especialmente cuando Rogue, su supuesto mejor amigo, leía un libro de cálculo a un lado suyo y no hacía ni el más mínimo intento para ayudarle a escapar de donde, Dios sabría donde, estaba metido.

¿Aquello no era equivalente a secuestro?

La verdad, tuvo que hacer algo de memoria para recordar cómo diablos terminó en esa situación. No creía que Levy McGarden, con su apariencia de duendecillo, lo hubiese podido noquear de esa manera, así que todas las pistas marcaban a Gajeel Redfox como culpable al mil por ciento de su actual desgracia.

Maldijo entre dientes mientras trataba otra vez de zafarse de aquellas cuerdas, por su puesto fue en todo en vano.

―¡Rogue! ―gritó―¡Sácame de aquí! ¿Acaso también has decidido traicionarme y unirte al lado oscuro?

El moreno, por su parte, rodó los ojos fastidiado. Sting realmente sabía sacarle su mal genio sin mucha dificultad.

―Creo haberte dicho ya que no tengo autorización para eso, Sting ―murmuró―. Espera a que Levy regrese.

―¡Pero tengo que ir al baño! ―soltó forzado, mientras entrecruzaba las piernas en un intento de aguantar las ganas.

Rogue alzó la vista y lo miró seriamente por un momento, como buscando indicios de que su amigo estuviese mintiendo, pero la expresión de Sting, acompañado de su lenguaje corporal no parecía que estuviese buscando una excusa para escapar. Suspiró fastidiado.

¿Qué se suponía que debía hacer?

Afortunadamente, la puerta se abrió en ese momento y Levy entró vestida con ropa casual. Sting parpadeó confundido, fue en ese momento que notó que Rogue también usaba otro cambio de ropa, lo cual indicaba que el muy maldito se había ido a su casa, comido, tomado un baño y cambiado, mientras que él seguía inconsciente atado a una puta silla.

Increíble amigo se había ganado.

―¡Sting! ―chilló la chica notablemente alegre―¡Qué bueno que has despertado!

El rubio gruñó en respuesta.

―Sé más educado con la anfitriona ―le reprendió Rogue, mientras comía unos pastelitos que tenía a su alcance―. Está haciendo todo lo posible para que estemos cómodos en su habitación.

Ah, así que aquella era su habitación, eso explicaba por qué estaba llena de libros a montón.

―Obviamente no está haciendo un buen trabajo ―murmuró Eucliffe, fulminando a Levy con la mirada.

La chica le dedico una mirada de disculpas al verlo cómo se encontraba.

―Lo lamento, Sting, pero no querías venir por las buenas ―se excusó―. Así que Gajeel tuvo que usar algo de fuerza para traerte.

―¿Algo? ―el susodicho enarcó una ceja―¡Casi me mata!

―No exageres ―murmuró Rogue―. Solo te dejó inconsciente por más de cinco horas.

Sting lo miró perplejo.

―¿Te parece poco? ¡Tenía que alimentar a Lector! ―exclamó visiblemente molesto.

Levy se rió un poco mientras se acercaba a Sting y cortaba las cuerdas con cuidado de no lastimarlo. Apenas se vio libre, el 'secuestrado' masajeó la parte distal de sus antebrazos con algo de delicadeza, lo cual hizo sentir culpable a la McGarden quien pensaba que tal vez había amarrado la soga demasiado.

―Bien, ¿qué es lo que quieres? ―soltó el rubio mientras se estiraba.

Levy parpadeó confundida por un momento.

―¿Disculpa?

―Me has secuestrado por alguna razón ¿no? ―explicó el chico, obviamente molesto por la desubicación de la chica―¿Cuál es?

La McGarden suspiró un momento.

―Que te parece si antes de comenzar, tomas un baño y te pones cómodo ―ofreció―. Rogue ha ido a tu casa por algunas cosas.

El susodicho señaló una bolsa que estaba cerca de la cama de Levy.

―También alimenté a Lector ―comentó encogiéndose de hombros.

Sting dudó un momento y luego aceptó la oferta de la 'secuestradora'. La chica sonrió notablemente aliviada y lo guió hasta la puerta del baño mientras le explicaba algunas cosas de su vida, como que vivía sola dado que sus padres estaban en otro país y demás. En realidad, si no fuese por las circunstancias, y por su novio, Levy podría caerle bien.

―Haré la cena ―le dijo―, ¿quieres que prepare algo en especial?

―¿No se pondrá Gajeel celoso porque me trates bien? ―preguntó en tono de broma.

Levy rió.

―Gajeel no se encuentra aquí ―explicó―. Quizás llegue más tarde.

Sting asintió.

―Lo que quieras, cualquier cosa me alimentará ―respondió. Levy asintió y se marchó justo antes de que Sting cerrara la puerta del baño.

McGarden se encaminó a la cocina donde, para su sorpresa, Rogue se encontraba.

―No creo que debas darle tantas vueltas al asunto, Levy ―admitió el moreno con cierta dureza.

La chica comenzó a sacar los ingredientes para hacer algo sencillo, tratando de ignorar el tono molesto de Rogue.

―No sé cómo comenzar ―soltó la chica.

―Deberías hacerlo con la verdad ―enfatizó el moreno―. No sé si Sting se lo vaya a tomar de buena manera si sigues evadiendo tanto el tema.

Levy lo miró molesta.

―¡No es como si lo estuviese pasando de maravillas!

―No es como si él fuera a sonreír por eso ―contraatacó Rogue.

Frustrada, así se sentía la chica.

―Comprendo cómo te sientes, Levy. ―Suspiró el moreno―. Tu mejor amiga y el mío están o estarán, me refiero a Sting, en situaciones complejas. Yo me preocupo por el idiota y tú te preocupas por Lucy Heartfilia. No estoy en condiciones de reprocharte, pero no me gustaría que Sting se viese involucrado en todo esto solo porque ustedes así lo deseen.

―¿Qué quieres decir? ―preguntó confundida.

―Me refiero que le expliques todo con detalles, no le ocultes nada, que comprenda toda la verdad y si él realmente desea participar, que lo haga ―explicó―. No quiero que lo arrastren por la fuerza solo por su egoísta deseo de 'salvar a Lucy'. Es lo único que pido que me prometas.

Levy bajó la vista, comprendiendo aquél obvio punto de vista y en realidad, Rogue tenía razón.


Mientras Mirajane Strauss observaba a su hermana pequeña hablar con Juvia Loxar y con Natsu Dragneel, sintió que aquella situación no terminaría en nada bueno. Saliendo de la habitación, evitando ser notada, se dirigió con cansancio hacia la entrada de su casa. Tenía la idea de salir un momento a tomar aire y relajarse un poco de toda aquella tensión que había en su hogar desde la noche que Lisanna llegó a su casa usando un vestido sucio y desarreglado con la noticia de la situación de Lucy Heartfilia. De hecho, fue la misma Lisanna quien le pidió a Juvia, su mejor amiga, que se comunicara con Erza y allí fue cuando se prendió todo aquello.

Suspiró cansinamente mientras se colocaba un abrigo, pero para su sorpresa, al abrir la puerta, la figura prepotente de Laxus Dreyar se interpuso en su camino.

―Mirajane ―saludó el rubio algo sorprendido. Obviamente, había tenido la intención de tocar hacía unos segundos atrás.

―Laxus ―respondió Mira, componiendo su siempre dulce sonrisa―. Qué bueno verte, ¿puedo hacer algo por ti?

Dreyar suspiró, se notaba a leguas que la albina estaba bastante cansada, posiblemente había gastado todas sus energías ayudando a Lisanna y a Juvia para que Natsu no fuera a cometer una estupidez.

―Logré robarle los informes a mi abuelo sobre Zeref ―explicó el chico, tendiéndole unas carpetas―. No me agrada nada de lo que pone allí.

Mira les echó una ojeada por encima y suspiró.

―¿Sabes que nada de esto cambiará la decisión de Natsu, verdad?

―Sí ―aceptó Laxus―. Por eso sugiero que pidamos ayuda a mi abuelo, Mira, sino Natsu estará yendo hacia su propia tumba.

Mirajane lo miró fijamente con sus ojos azules y le hizo señas para que salieran lejos de allí. Si querían ellos formar su propio plan B, debían hacerlo bien lejos del estúpido e impredecible Natsu Dragneel.

Después de todo, solo era cuestión de tiempo para que se enterara de que la boda de Lucy Heartfilia estaba prácticamente a la vuelta de la esquina.

Continuará… si quieren.


A/N: ¡Hola gente! ¿Cómo andan? Yo realmente tengo que disculparme por la tardanza, no era que no tenía inspiración para esto, sucedió que me puse a leer One Piece porque perdí una apuesta con un amigo XD, y me tomó casi tres semanas ponerme al día con la serie e.e. Sí, me gustó bastante, he de admitir que tiene buena trama, aunque me vine a enamorar de Luffy y su pandilla fue después del cap. 500 XD. En fin, espero que les haya gustado el capítulo. ¡Estoy bastante sorprendida de todos los reviews que me han llegado! La verdad cuando comencé a escribir esto, no creí que se volviera de cierta forma popular , pero me alegro que les haya gustado. Ojalá en su corazón les nazca dejarme un lindo review, y si no les nace, déjenlo igual C:. ¡Se les quiere!

Gracias a: caro0, Toaneo07 Ver2.0, Ankoku No Ojou-sama, Tsuki Hinamori, Kerberosclow, dened01, kirstty, Misaky Eucliffe, alinekiryuu, LuFFy McCormick, Antotis, Silverke, Lisanna-Fullbuster, Guest, tsukimi-san, yukatsu009, Rushi111, Sora Crosszeria, jfmdohehjflo, Guest, Camille Knightley, Galdoria Graints, KellyMaldonado.

Ama-chan off!