Era el día indicado, con 10 minutos faltantes para la hora indicada. Near estaba a una cuadra de lugar caminando hacia el hotel. No era un hotel como los que él solía hospedarse en caso de que tenía que trasladarse. Era más bien de esos, para gente turista de clase media-baja. Bajo la excusa de que viajaría con Roger a La casa de Wammy, Near pudo evitar que sus agentes lo sigan. Y a Roger lo evitó diciendo que viajaría con Rester a alguna parte para resolver un caso. En definitiva, con su intelecto podía manejar como quería a los adultos, aunque nunca necesitó hacerlo, hasta hoy. En cuanto llegó al hotel, cruzó directamente el vestíbulo sin preocuparse por nadie, ya que sabía qué piso y habitación sería la de Mello.

A medida que ascendía por el ascensor, Near se preguntaba que buscaría de él. Sabía perfectamente que no solo era una reunión para verse y contarse sobre su vida. Había algo más entre líneas, pero Near no podía deducir qué. Y por primera vez en su vida, no podía predecir el próximo movimiento de su amigo/rival.

Mil hipótesis distintas armó en su mente pero ninguna respondía a su pregunta ¿Cómo es que Mello seguía con vida? Era imposible. Las pruebas estaban ante sus ojos pero aún no lo creía. Burló a la muerte, a la Death Note, a Kira, a él mismo. El ascensor llegó a su destino y las puertas se abrieron. Near caminó indiferente y con pasos tranquilos. Llegó a la puerta de la habitación y tocó. Unos segundos después la puerta se abrió.

El apartamento estaba a oscuras, buscó el interruptor y cuando lo encontró cerró la puerta. Al prender la luz pudo ver bien; una cocina comedor por un lado. Un escritorio con un computador portátil con la pantalla dividida en cuatro que mostraba las imágenes de las cámaras de seguridad, una cama del otro lado, deshecha, y una puerta que, seguramente, era el baño. Después había un par de decoraciones del hotel, como un esquinero con un florero vacío o un cuadro de una pintura abstracta, pero lo que más llamó la atención de Near era el rubio que estaba de espaldas a él mirando a través del ventanal, admirando el paisaje urbano de Kanto a la noche. Parecía muy concentrado, perdido en sus pensamientos, o melancólico, no podía decidirse por ninguno de los dos. Es como si no hubiera notado que tenía una visita a sus espaldas. Estaba más alto de la última vez que lo vio, su cabello también estaba más largo y en su mano derecha tenía una tableta de chocolate media mordida. Aunque no estaba vestido de negro o de cuero, típico de él, si no de un jean gastado y una camisa azul claro, definitivamente estaba ahí. Vivo.

-Así que viniste. Y según las condiciones pactadas.

-Te di mi palabra de que lo haría.

-Lo sé. – Y por primera vez el rubio miró al albino a los ojos. Su mirada estaba apagada, como si tuviera una gran tristeza guardada, ya no era altanera y soberbia, propio de él. Si Near hubiera sido el frío y calculador de su pre adolescencia, nunca hubiera notado esa mirada sin vida. Tenía grandes ojeras marcadas, producto de seguramente, varias noches en vela. Hasta sus ojos parecían que perdieron su color azul claro, parecían más grises, monótonos. Parecían sus ojos. Estaba más pálido y mucho más flaco. – Siéntate, seguramente tienes muchas dudas. –Ni siquiera se molestó en decirle alguna broma sarcástica, como siempre hacía en el pasado.

Mello se sentó en el sillón, frente a él, y Near decidió sentarse en el piso, en esa posición tan "cómoda" para él.

-¿Podrías explicarme cómo es que estas vivo? - Near trató de sonar indiferente, pero al hablar, toda la preocupación, nerviosismo, ansiedad y hasta podría decirse enojo, aunque también tranquilidad, se vieron reflejados en su voz, y no pasó desapercibido para el rubio.

-¿Ahora hablas como un ser humano normal con emociones? Wow, el puesto de L te ha cambiado Near. –Ni siquiera lo dijo con rencor, o resentimiento como habría esperado Near. Simplemente sonó… indiferente.

-Tú también has cambiado mucho Mello pero creí que vine a que contestaras mis preguntas, no a ser cuestionado. – Dijo Near mientras arqueaba una ceja ¿Era su imaginación, o el albino hablaba con un tono de reproche?

-Tienes razón. Te lo explicaré. Te explicaré todo. -Mello dejó a un lado su tableta de chocolate y miró un punto fijo en la habitación mientras volvían a su mente los recuerdos de ese día. El día que casi muere. Otra vez.

-Cuando secuestré a Takada, tenía muy claro, que sólo eso podía hacer para ayudar al caso. Ya no me importaba si moría o no. Mi único objetivo era ganarte, aunque sea una única vez. En fin, llevé a Takada a un camión de carga y cuando la obligué a quitarse toda la ropa en caso de que tenga localizadores, pude notar que tenía un trozo de la Death Note entre su ropa interior. Sabía que, aunque sea solo un pedazo, surtía el mismo efecto, porque… eh, yo mismo la probé cuando maté a algunos agentes de la SPK. – Mello se volvió hacia Near para ver su reacción, pero como casi siempre: no reflejó nada.

-Oh, entiendo. Continúa.

-Al ver que tardaba mucho en quitarse sus últimas prendas, me acerqué a ella, con la excusa de intimidarla con el arma, pero en realidad, le arranqué el pedazo de hoja que tenía, fingiendo que no sabía de que se trataba, lo examiné y en un rápido movimiento le cambie su hoja, por otra, común y corriente. La textura y tamaño del papel eran distintos pero supongo que estaba tan asustada que no se dio cuenta. Aparente indiferencia, y le tire el pedazo de hoja a sus pies, como si no me importara que acabara de salvar mi vida, y me fui al asiento del conductor. A pesar de eso, aún así, solo estaba triste, resignado, porque era lo único que podía hacer por el caso. Ya me resigne a perder el puesto de L, pero resignarme a perder el caso Kira también, fue devastador. Y eso si sumamos la muerte de Matt. Eso no lo vi venir. Y nunca me lo perdoné. No sabes lo que es sentir el constante remordimiento contra uno mismo, por sentir que por tu culpa mataron a un cercano tuyo. – Pero en realidad Near, sí estaba más familiarizado con la sensación de lo que pensaba Mello. – En fin, anteriormente había instalado una cámara, para vigilarla y cuando la vi escribir mi nombre, supe que tenía que fingir mi muerte, por eso me estacioné en las ruinas y fingí el ataque cardíaco. Al minuto Takada llamó por celular pero no podía escuchar que dijo. Si rastreaban el celular, en unos minutos nos encontrarían, pero no podía irme ya que supuestamente estaba muerto. Luego de unos minutos, vi que Takada, prendió fuego todo el lugar con ayuda del encendedor de la guantera de la moto y el tanque de gasoil. Rápidamente me di cuenta que era obra de Kira, para eliminar la evidencia, ya que no había razón para el suicidio si en unos minutos la iban a rescatar. Salí del camión y da la casualidad que un hombre de mi edad pasaba por la carretera en su auto. Le disparé y lo coloqué en mi lugar. Después me robé su auto y desaparecí del mapa. Por los medios me enteré que el cuerpo del secuestrador quedó tan calcinado, que no se pudo averiguar nunca su identidad. Ahora que sabes la historia de cómo estoy vivo, pasemos a lo que realmente importa.

-¿Disculpa? –Near sabía que había algo detrás de todo ese encuentro. A pesar de que su "amigo" se volvió mucho más calculador con sus movimientos, aún tenía ese lado efusivo que le permitía adivinar sus intenciones. Aún así, fingió ser indiferente, aunque no le costó mucho.

-Oh vamos. Es obvio que no me contacte contigo solo porque te echaba de menos. La verdad, y nunca me perdonaré por caer tan bajo, es que necesito pedirte un favor. – Mello cerró los ojos con fuerza y apretó sus manos en puños, como si le costara un horror decir tales palabras. Pero si vamos al caso, si era un horror para su orgullo.

Era increíble como habían cambiado las cosas en tan poco tiempo. Near se volvió más impulsivo, y hasta estúpido en cierto caso, ya que ir solo a encontrarse con tu rival de toda la vida, sin compañía, con la posibilidad de que pase cualquier cosa, incluso morir, era algo verdaderamente imbécil. Ese actuar era típico de Mello, no de él.

Mello también había cambiado mucho. Se volvió más asqueroso, sarcástico y hasta calculador, ya que contactar a L, no es algo tan simple. Su altanería se cambió por la frialdad. Típico de Near, pero no de él.

Sin que ninguno de los dos se diera cuenta, de cierto modo, habían cambiado los roles.